Archive for noviembre, 2017

El helenista Carlos García Gual, elegido miembro de la RAE

Filólogo, crítico y traductor, su obra se ha centrado en los mitos y la filosofía

Fuente: MANUEL MORALES > Madrid  |  EL PAÍS
30 de noviembre de 2017

“Solo soy un viejo profesor de griego”. Con estas modestas palabras, el helenista Carlos García  Gual (Palma, 1943) ha agradecido por teléfono su elección como nuevo miembro de la Real Academia Española (RAE). En la votación del pleno celebrado esta tarde en la sede de la institución en Madrid, se ha impuesto en segunda ronda al otro candidato, el escritor gallego Alfredo Conde por 22 votos contra 5. En esa segunda votación son necesarios dos tercios de los votos de los académicos presentes. En la primera, según el propio García Gual, logró 26 votos, aunque fueron insuficientes. En esa votación inicial se necesitan también dos tercios, pero se cuenta el voto de los académicos presentes y de los que envían su papeleta por correo.

El balear García Gual, catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, sucede en la silla J al dramaturgo Francisco Nieva, fallecido en noviembre de 2016. “Me hacía mucha ilusión porque no me esperaba que me lo propusieran tan pronto otra vez”, ha dicho en referencia a su fallido intento del pasado mes de abril, cuando optó a la silla M en pugna con la escritora Rosa Montero y ninguno obtuvo los votos suficientes. “Es el reconocimiento a una trayectoria atenta sobre todo al humanismo, muy larga. Por otra parte, en la Academia hay mucha gente que aprecio”.

Escritor, filólogo, traductor, editor y crítico, entre otros medios, de Babelia, suplemento cultural de EL PAÍS, había sido propuesto por los académicos José Manuel Sánchez Ron, Miguel Sáenz y Carmen Iglesias.

Maestro de griego durante medio siglo en institutos y universidades, Garcia Gual ha publicado obras sobre literatura, mitos y filosofía como Los orígenes de la novela, Epicuro, Historia del rey Arturo, Apología de la novela histórica o Diccionario de mitos, su último libro, publicado este año.  De saber enciclopédico, es, desde 1977, fundador y asesor de la serie griega de la Biblioteca Clásica de Gredos. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción. En 2002 fue por el conjunto de su obra. Entre sus últimas traducciones destaca una versión de la Odisea de Homero.

Tras su elección, García Gual dispone de dos años para dar lectura en la RAE de su discurso de ingreso, del que aún no tiene muy claro sobre qué versará, “seguramente sobre literatura y humanismo”. Hasta ese momento será académico electo, pero no de número en la tricentenaria institución.

Sobre su futura labor en la Academia, García Gual ha destacado que ayudará en el estudio del léxico de origen helénico. “Es curioso que la influencia del griego sigue siendo muy notoria, como ocurre con la formación de nuevas palabras acabadas en –filia y –fobia. El último ejemplo es turismofobia. En el vocabulario científico y médico y en la política hay mucho de origen griego porque ofrece facilidad para dar palabras nuevas”, ha añadido. Por sus conocimientos de la Grecia clásica, espera “influir en que la atención al mundo helénico siga viva”. También le interesa “el estudio de la relación entre la literatura española y otras europeas”.

Preguntado por la reducción del número de horas dedicadas a las Humanidades en la enseñanza preuniversitaria, el nuevo académico confiesa estar “muy preocupado”. “Soy pesimista, es muy grave porque estamos viviendo una crisis de la lectura. Los jóvenes leen menos”. Por eso reconoce que es una “batalla casi perdida, aunque hay que seguir luchando desde las barricadas”.

Tras la votación de hoy, de las 46 sillas académicas de la RAE solo hay una vacante, la M, cuyo último titular fue Carlos Bousoño, fallecido el 24 de octubre de 2015.

ASÍ SE ELIGE A UN ACADÉMICO DE LA LENGUA

Los estatutos de la RAE establecen que para elegir a un nuevo miembro será necesaria, primero, “la presencia de la mitad más uno de los académicos con derecho a voto”. Resultará elegido en primera votación “el candidato que obtuviere el voto favorable de las dos terceras partes. Los académicos ausentes podrán votar mediante envío acreditado de su voto”. Si no es elegido ningún candidato en el primer intento, se votará de nuevo, aunque solo se tendrá en cuenta esta vez el voto de los académicos presentes en el pleno. De nuevo, la condición es obtener dos tercios de los votos. Si tampoco hay fumata blanca, “se procederá en la misma sesión a una tercera votación. En esta resultará elegido el que logre los votos favorables de la mitad más uno de los académicos presentes”. Y si ninguno los obtuviera, la plaza quedará vacante y se procederá a una nueva convocatoria.

 

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30 noviembre 2017 at 11:54 pm Deja un comentario

Recuperado un tramo de calzada romana al noroeste de Madrid

El tramo de 200 metros pertenece a la llamada vía 24 o Itinerario de Antonino, que en el siglo III d.C. unía las ciudades romanas de Augusta Emerita y Caesar Augusta

Tramo recuperado. El tramo recuperado de la Calzada Romana de Galapagar está situado en el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama. Foto: Comunidad de Madrid

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
30 de noviembre de 2017

La Consejería de Educación, Juventud y Deporte de la Comunidad de Madrid ha finalizado los trabajos de excavación y conservación de la Calzada Romana de Galapagar, situada al noroeste de Madrid. El tramo consta de 200 metros pertenecientes a la denominada vía 24 o Itinerario de Antonino, que en el siglo III d.C. unía las ciudades romanas de Augusta Emerita (la actual Mérida) y Caesar Augusta (la actual Zaragoza), según ha informado hoy la Comunidad de Madrid.

La denominada vía 24 unía las actuales ciudades de Mérida y Zaragoza

Calzada romana. El tramo consta de 200 metros pertenecientes a la llamada vía 24 o Itinerario de Antonino. Foto: Comunidad de Madrid

El tramo recuperado de la Calzada Romana de Galapagar, de ocho metros de ancho, está situado en el Parque Regional del Curso Medio del Río Guadarrama, concretamente en la vía pecuaria de las Suertes Nuevas, junto a la carretera de Galapagar a Collado Villalba. El tramo conservado se encuentra junto a una alcantarilla y el puente de un toril, también expuestos en el yacimiento visitable. La actuación de la Dirección General de Patrimonio Cultural se ha centrado principalmente en trabajos de conservación, desbroce y poda, de manera que se ha mejorado el acceso a este camino.

 

30 noviembre 2017 at 7:59 pm Deja un comentario

La batalla en la que el ejército de Numancia aplastó a los temibles elefantes de las legiones romanas

  • Durante el verano del año 153 a. C., el cónsul Quinto Fulvio Nobilior trató de conquistar la urbe celtíbera con el apoyo de 10 paquidermos. El resultado fue un desastre para su ejército
  • Estos animales son una de las unidades que se pueden seleccionar en «Numantia», un nuevo videojuego desarrollado por RECOtechnology que recrea la campaña que puso en jaque a la República más poderosa de su tiempo

Elefantes cargando en la batalla de Zama – ABC

Fuente: Manuel P. Villatoro  |  ABC
30 de noviembre de 2017

Unos animales «duros» y cuya «corpulencia aterraba a los soldados», pero «torpes» y a los que solo se les podía sacar provecho con «muchísimo trabajo». Así es como definió el mismísimo Julio César (100 – 44 a. C.) a los temibles elefantes de guerra. Unas inmensas moles de 5 toneladas de peso y 3,5 metros de altura que causaban estragos cuando cargaban contra el enemigo. Aunque también un arma de doble filo, pues no era raro que, al asustarse, se descontrolaran y provocaran el caos. Ya lo expresó el historiador Apiano (95-165 d. C.) en «Historia de Roma. Sobre Iberia»: «Esto es lo que les suele ocurrir siempre a los elefantes cuando están irritados, que consideran a todos como enemigos. Algunos, a causa de la falta de confianza, los llaman “enemigos comunes”».

El ejemplo vivo de lo peligrosos que eran estos animales para las tropas aliadas lo sufrió en primera persona el cónsul Quinto Fulvio Nobilior en el verano del año 153 a. C. Por entonces, el representante de la República romana fue testigo de cómo una decena de estos paquidermos abandonaban el asalto sobre las murallas de Numancia y se volvían, asustados, contra los mismos legionarios que les habían adiestrado. El resultado de la contienda fue una verdadera humillación para sus hombres, que se vieron obligados a abandonar el asedio y huir para no morir aplastados. Por si fuera poco, aquel desastre se completó cuando los defensores abrieron las puertas de la ciudad sedientos de sangre. «Los numantinos se lanzaron desde los muros, y en la persecución dieron muerte a cuatro mil hombres y tres elefantes», explica Apiano.

 

Imagen del videojuego Numantia – RECO

«Numantia», los elefantes vuelven a la vida

Los elefantes de Nobilior, además de las dos décadas que abarcó la guerra de Numancia, quedan perfectamente recreados en «Numantia», el último videojuego del estudio español RECOtechnology (desarrollador también de «Yasai Ninja» y «Kyurinaga’s Revenge»). Una nueva obra que ya ha salido al mercado.

En «Numantia», el jugador podrá convertirse en un general romano hambriento de territorios o en un líder celtíbero deseoso de doblegar al enemigo. «Aquí no hay buenos ni malos. Roma era una potencia en expansión, pero no debemos olvidar que en Hispania pasaba lo mismo, aunque a nivel local. Numancia era la capital de un imperio regional», insiste a este diario Pablo Serrano, jefe de proyecto. En todo caso, e independientemente del bando seleccionado, aquel que decida adquirir este título se encontrará con un videojuego de estrategia dividido en varios niveles.

Una premisa básica en los videojuegos de este calibre es la fidelidad histórica. Por ello, el mundo de «Numantia» ha sido recreado de forma minuciosa. Desde las armas de los hombres que se dejaron la vida combatiendo en la Península en nombre de la República, hasta la vestimenta de los celtíberos que se enfrentaron al poder de Roma. «Cada espada que incluimos, cada casco…. Todo pasa por el filtro de nuestros asesores para que se ajuste a la realidad», sentencia Serrano.

De todos ellos, el punto fuerte de «Numantia» es la representación de las unidades en el campo de batalla. Ejemplo de ello son los elefantes que Nobilior llevó hasta las murallas de la ciudad celtíbera durante uno de los primeros asedios para acongojar a los defensores.

Entre Cartago y Roma

El origen de esta contienda hay que buscarlo en el siglo III a. C. Época en la que la Península era testigo de los enfrentamientos entre las dos grandes potencias de la época: Cartago y Roma. Una región la primera que, tal y como afirma el estudioso decimonónico Philippe Le Bas en su «Manual de historia romana desde la fundación de Roma hasta la caída del Imperio de Occidente», extendía su comercio por «toda la costa septentrional de África desde los confines de Libia hasta el gran océano», disponía de un «vasto imperio que se extendía sobre las costas occidentales del Mediterráneo» y (afincada por estos lares) se nutría de las minas de Hispania para sufragar sus contiendas contra su eterna enemiga: la República ubicada en Italia.

Así fue como Hispania, conocida como «tierra de conejos» o «tierra de los metales» por los romanos, se convirtió en un campo de batalla obligado para los hermanos Publio y Cneo Escipión. Los generales que, tras la llegada de refuerzos a Ampurias en el 218 a. C., se propusieron expulsar por las bravas a los cartagineses de la Península. La misión les costó a ambos la vida (literalmente) y no se materializó hasta el año 206 a. C. cuando, vencidos en todos los frentes, los hombres de Aníbal y Asdrúbal plegaron banderas y regresaron hasta su hogar en el norte de África. Aquello no fue una derrota más, ni mucho menos. Por el contrario, significó el fin de una de las épocas de expansión más destacables de Cartago. Unos años ligados a la familia Bárquida y que había inaugurado Amílcar Barca desembarcando en Gadir allá por el 237 a. C.

Aníbal, el general que llegó hasta las puertas de Roma junto a una legión de elefantes

Tras la huida de los cartagineses, los romanos debieron dejarse seducir por el sol peninsular y por las ricas minas de oro y plata que el destino había puesto en la región, pues no dudaron en sentar sus reales en la región. Fuera cual fuese la causa, no tardaron en conquistar el territorio y dividirlo en dos grandes provincias: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. Cada una, al frente de un pretor. Por si la dominación territorial no fuese ya poca humillación, obligaron además a las diferentes tribus locales a rendir pleitesía a sus nuevos jefes a base de cobre. «Con la obligación de pagar tributo se establece la acuñación de monedas en las ciudades sometidas, dispuesta por Roma», explica el arqueólogo e historiador Adolf Schulten en «Hispania, (geografía, etnología, historia)».

Primera contienda

Con estos mimbres (una dominación cartaginesa y unos nuevos enemigos) los nativos decidieron dejar de ser testigos mudos para iniciar una contienda en contra de la dominación romana. Un enfrentamiento que, a día de hoy, conocemos como Primera Guerra Celtibérica y que se inició en el 181 a. C. cuando los habitantes de la Hispania Citerior reunieron un contingente de 35.000 combatientes para enfrentarse a los romanos. Al menos, según explica el conocido historiador Tito Livio en sus textos. Para enfrentarse a este inmenso ejército, Marco Fulvio Flaco (pretor de la Hispania Citerior) logró armar un contingente que, aunque inferior en número, reprimió durante dos años a los sublevados.

Entre las contiendas más destacadas protagonizadas por Flaco (quien inició desde la ciudad de Aeruba -en la demarcación de Toledo- su conquista) quedó grabada a fuego la de Carpetania (en el centro de la geografía española). Un enclave que era considerado la llave para la conquista romana de Celtiberia. El mismo Livio desveló en sus textos que, durante esta lid, los defensores lucharon hasta la extenuación contra las legiones: «Los celtíberos tuvieron unos instantes de indecisión e incertidumbre; pero como no tenían dónde refugiarse si eran derrotados y toda su esperanza radicaba en el combate, reemprendieron la lucha de nuevo con renovado brío». Su bravura no les valió de nada, pues fueron derrotados amargamente.

Los elefantes de Aníbal

Lo mismo les sucedió cuando a la Península llegó (en el 180 a. C.) el nuevo pretor de la Citerior: Tiberio Sempronio Graco. El mandamás logró romper el asedio de la ciudad de Caraúes (aliada de Roma) y detener drásticamente la sublevación local tras la batalla de Moncayo (en la que causó a sus enemigos unas 22.000 bajas). Fue tan letal que los alzados pactaron entregar a Roma una serie de tributos anuales y ceder hombres para sus legiones a cambio de la paz.

«Pese a que la moderna historiografía se refiere a las iniciativas de Graco como “acuerdos” […] nos hallamos ante imposiciones unilaterales. […] Esencialmente pasaron por la entrega de armas, la disolución de la alianza militar celtibérica y la rendición incondicional […]. Desde ese momento se prohibió la fundación celtibérica de nuevos centros urbanos», explica el profesor de Historia Antigua Enrique García Riaza en su artículo «Roma y la Celtiberia hasta la paz de Graco» (incluido en el número 41 de la revista «Desperta Ferro»). A su vez, también se les impidió fortificar sus dominios para evitar que, a la postre, costase tanto destruir sus defensas.

Una revuelta más

La «pax» deseada se extendió 23 años desde el 177 a. C. Al menos oficialmente, pues durante aquellos años se sucedieron varios enfrentamientos que (aunque fueron sofocados por los gobernadores locales) dieron más de un calentamiento de cabeza a los invasores. A pesar de todo, Roma únicamente mantuvo dos legiones en la Península durante la mayor parte de este período. Poco después las tensiones volvieron a aflorar por enésima vez. Y con razón, pues los tratados de Graco habían sido tan humillantes para los celtíberos que hasta la mismísima Roma había intentado rebajar posteriormente las represalias con el objetivo de reducir la tensión en Hispania.

Nada de nada. A pesar de la calma que se había intentado forjar, en el 154 a. C. volvieron a resonar tambores de guerra. La razón del comienzo de las disputas fue que la ciudad de Segeda (en Zaragoza) decidió ampliar su muralla 8 kilómetros. Una medida que violaba los mencionados acuerdos de Graco.

Así lo explicó Apiano en «Historia de Romas»: «Segeda es una ciudad perteneciente a una tribu celtíbera llamada belos, grande y poderosa, y estaba inscrita en los tratados de Sempronio Graco. Esta ciudad forzó a otras más pequeñas a establecerse junto a ella; se rodeó de unos muros de aproximadamente cuarenta estadios de circunferencia [aproximadamente 7,2 kilómetros] y obligó también a unirse a los titos, otra tribu limítrofe. Al enterarse de ello, el senado prohibió que fuera levantada la muralla, les reclamó los tributos estipulados en tiempo de Graco y les ordenó que proporcionaran ciertos contingentes de tropas a los romanos. Esto último, en efecto, también estaba acordado en los tratados».

Segeda no solo hizo caos omiso a las exigencias romanas, sino que sus ciudadanos afirmaron a la República que habían sido liberados de las mencionadas obligaciones hacía meses. Así lo confirma el mismo Apiano: «Acerca del tributo y de las tropas mercenarias, manifestaron que habían sido eximidos por los propios romanos después de Graco. La realidad era que estaban exentos, pero el senado concede siempre estos privilegios añadiendo que tendrán vigor en tanto lo decidan el senado y el pueblo romano».

Fresco de la ermita de San Baudelio de Berlanga que representa un elefante de guerra

Aquellas diferencias le vinieron como anillo al dedo a una Roma ansiosa de batallas para ampliar (todavía más si cabe) y afianzar su dominio en la zona. En este caso, para dar un castigo ejemplar a los desobedientes hispanos arribó a la demarcación el cónsul Quinto Fulvio Nobilior. Y no lo hizo solo, sino con 30.000 combatientes divididos en cuatro legiones. La llegada de este contingente hizo que los habitantes de Segeda solicitasen asilo en la fortificada Numancia. Urbe que se había mantenido al margen del enfrentamiento y que, a partir de entonces, se convirtió en uno de los centros neurálgicos de la resistencia contra Roma.

Para liderar la guerra contra Nobilior, los segedanos y numantinos (además de varios pueblos más que varían atendiendo a las fuentes) eligieron a un general llamado Caro. Según desvela Apiano, un hombre sumamente belicoso que no tardó en plantar cara a los romanos el 23 de agosto del año 153 a. C. «A los tres días de su elección, apostando en una espesura a 20.000 soldados de infantería y 5.000 jinetes, atacó a los romanos mientras pasaban», explica el autor. Aquel primer enfrentamiento tuvo un sabor agridulce para los nuestros. La parte positiva fue que acabaron con más de 6.000 legionarios y lograron poner en fuga al resto. La negativa fue que, durante la «desordenada persecución» posterior de los enemigos, los republicanos lograron tender una trampa al militar hispano y acabar con su vida.

Esa victoria con sabor amargo soliviantó todavía más a Nobilior quien, cansado de no poder hacerse con el control de Numancia, solicitó refuerzos para conquistarla de una vez. El resultado fue que el rey Masinisa (uno de los más fervientes colaboradores de Roma en el norte de África) le envió unos 300 jinetes númidas y 10 elefantes, los «carros de combate» de la época.

Paquidermos

Los elefantes, cuya función militar es sumamente conocida a día de hoy gracias a Aníbal, no eran tan habituales por entonces. De hecho, habían llegado a Occidente poco tiempo antes, y de la mano de un genio militar: Alejandro Magno. Personaje que, a su vez, había quedado prendido de ellos tras combatirlos en batallas como la del río Hidaspes. «Con un peso de 5 toneladas y una talla de 3,5 metros, un elefante de guerra cargando a 30 kilómetros por hora causa terror y confusión. Con su dura piel cubierta con armadura de cuero o metal, es casi inmune a las heridas. Estos atributos hicieron del elefante el vehículo elegido por las élites guerreras de Asia meridional desde los tiempos de Buda hasta la época de los mongoles», explica Philip De Souza en «La guerra en el mundo antiguo».

Imagen del videojuego Numantia -RECO

En «La sirena de Fiji y otros ensayos sobre historia natural y no natural», el autor Jan Bondeson afirma que Alejandro quedó tan fascinado con los elefantes que capturó algunos y los llevó como trofeo de guerra hasta Macedonia. Posteriormente, estos «carros de combate» fueron adoptados por los romanos tanto a nivel militar, como ceremonial. «Los romanos nobles usaban con frecuencia a los elefantes en las ceremonias y desfiles triunfales. A partir de los tiempos de Augusto fue costumbre que el emperador viajara en un carro tirado por cuatro elefantes en las procesiones y festivales triunfales», añade el autor.

Con el paso de los años los romanos perfeccionaron el entrenamiento de los elefantes de guerra. Concretamente, adiestraban a estos animales para que aplastaran a sus enemigos y no se asustaran en plena batalla. El trabajo, como señaló posteriormente Julio César, era tedioso y requería de mucho tiempo, aunque merecía la pena. No obstante, las horas dedicadas a aleccionarles no evitaban que estas monturas se diesen la vuelta en plena contienda y huyeran atravesando las líneas aliadas.

Cifras exageradas

Apiano explica en sus textos que, para cuando Nobilior unió aquellos refuerzos africanos a sus legiones, ya había avanzado sobre Numancia sediento de venganza. «Tres días después [de la batalla contra Caro], marchó contra ellos y fijó su campamento a una distancia de veinticuatro estadios. Después que se le unieron trescientos jinetes númidas enviados por Masinisa y diez elefantes, condujo el ejército contra sus enemigos, llevando oculto en la retaguardia a los animales», explica el autor clásico.

¿Cuántos hombres se enfrentaron aquella jornada? Apiano no ofrece cifras concretas. Sin embargo, se pueden usar como punto de partida las que otorga al principio de la contienda. Es decir, 30.000 romanos y 25.000 «belos, titos y arévacos». Con todo, estos números han sido desmentidos por el arqueólogo Fernando Quesada Sanz en su completísimo dossier «Los celtíberos y la guerra: tácticas, cuerpos, efectivos y bajas. Un análisis a partir de la campaña del 153». Tal y como afirma el experto español en la mencionada investigación, es más que probable que Nobilior contara con esos efectivos, pero es casi imposible que los defensores pudieran reunir esa inmensa cantidad de fuerzas.

«En conjunto, pues, creemos que las cifras de efectivos de ambos bandos proporcionadas por las fuentes para la campaña de 153 a. C. son asumibles, aunque cabría pensar en una cierta exageración en el caso de las fuerzas celtibéricas, cuya magnitud no es mensurable con precisión alguna, con lo que resulta metodológicamente más aceptable ceñirnos a las fuentes existentes», explica el experto español en su dossier.

Elefantes en Numancia

Narra Apiano que Nobilior avanzó sobre Numancia el 26 de agosto y que, al ver sus intenciones, los jinetes celtíberos salieron de las murallas para detenerle. Al menos, hasta que las legiones se abrieron para dejar paso a los elefantes de Masinisa. «Cuando se entabló combate, los soldados se escindieron y quedaron a la vista los elefantes», añade el historiador. La visión de aquellos terroríficos animales fue algo demasiado impactante para los numantinos y para sus aliados quienes, aterrorizados, decidieron refugiarse en la fortificada ciudad. «Los celtíberos y sus caballos, que jamás antes habían visto elefantes en ningún combate, fueron presa del pánico y huyeron hacia la ciudad», destaca el autor.

Nobilior, casi paladeando la victoria, dirigió a los paquidermos contra las murallas de Numancia. Para su desgracia, y a pesar de que en principio los animales combatieron con bravura, las tornas cambiaron drásticamente gracias a un golpe de suerte de los defensores. «Un elefante, herido en la cabeza por una enorme piedra que había sido arrojada [desde las murallas], se enfureció y, dando un fortísimo barrito, volvió grupas contra sus amigos y mató a todo aquel que se le opuso en su camino, sin hacer distinción entre amigos y enemigos», completa el autor.

Toma de Numancia, de Alejo Vera y Estaca

Dice la tradición que los desastres nunca vienen solos. Y eso fue lo que le sucedió a Nobilior. Por si un paquidermo descontrolado fuese poco problema, sus compañeros también se enardecieron ante sus berridos y, asustados, abandonaron la batalla provocando el caos entre las legiones romanas. «Los otros elefantes, excitados por el barrito de aquel, hacían todos lo mismo y comenzaron a pisotear a los romanos, a despedazarlos y a lanzarlos por los aires. Esto es lo que les suele ocurrir siempre a los elefantes cuando están irritados, que consideran a todos como enemigos. Y algunos, a causa de esta falta de confianza, los llaman “enemigos comunes”», añade Apiano en su obra.

El descontrol de los «carros de combate» de la antigüedad provocó un desconcierto general entre las tropas de Nobilior, que iniciaron una retirada desordenada para evitar morir bajo las patas de los paquidermos. El desastre se completó cuando los numantinos se percataron del alboroto y decidieron aprovecharse de él. «Los numantinos, al darse cuenta de ello, se lanzaron desde los muros, y en la persecución dieron muerte a cuatro mil hombres y tres elefantes y se apoderaron de muchas armas y enseñas. De los celtíberos murieron alrededor de dos mil», finaliza Apiano.

Aunque Quesada considera el número de bajas exagerado, lo cierto es que la contienda supuso un duro revés para la República romana.

Imagen del videojuego Numantia – RECO

Tres preguntas a Jaime Díaz de Arcaya, director de márketing de «Numantia»

1-¿Qué importancia tienen los elefantes en vuestro videojuego?

Los elefantes son una de las unidades especiales de Numantia y que se pueden manejar en la campaña romana. Estos paquidermos son una de las unidades más temibles del juego ya que son capaces de resistir grandes cantidades de daño y poseen un ataque devastador; sin embargo, su tamaño limita su movimiento, obligándoles a moverse con más lentitud y convirtiéndoles en objetivo de las unidades de proyectiles enemigas.

2-¿En base a qué textos o documentos los habéis recreado?

Hemos contrastado nuestra investigación con nuestro propio historiador y hemos consultado un gran número de archivos romanos y estudios de la fauna y la flora de la época.

3-¿Cuál fue su actuación en Numancia?

Contrario a la opinión popular, el uso de elefantes no era muy común en campañas de esta índole. Los elefantes son unidades muy costosas de transportar y de alimentar, y se asustan fácilmente durante una batalla. La primera vez que aparecen en el juego, coincidiendo con la campaña real romana en la Península, es gracias al cónsul Quinto Fulvio Nobilior quien, frustrado por una anterior derrota contra los celtíberos, decide atacar Numancia con el apoyo de arqueros y elefantes enviados por el rey númida Masinisa, el aliado de Roma en África.

Hay una anécdota que cuenta cómo uno de los elefantes, aturdido y asustado por los numerosos impactos de piedras en la cabeza provenientes de los honderos numantinos, se giró y comenzó a cargar contra sus propias filas, causando numerosas bajas en el ejército romano. No sería la última vez que se enviarían elefantes a la campaña numantina: Gracias a la influencia de Escipión Emiliano (el general que sitió Numancia), Masinisa envió elefantes de nuevo. Al igual que su nieto Yugurta, años después.

 

30 noviembre 2017 at 7:20 pm Deja un comentario

Demuestran que la tumba de Cristo data de la época de Constantino, el primer emperador romano y cristiano

Una nueva investigación descubre materiales del siglo IV en la Iglesia del Santo Sepulcro y confirma una tesis que la historiografía ya manejaba

El Santo Sepulcro en Jerusalén – Reuters

Fuente: ABC
30 de noviembre de 2017

La tumba de Cristo, localizada en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, fue completamente destruida en el año 1009. Por ello, siempre ha habido sospecha sobre si realmente fue el sitio donde fue enterrado Jesús: los materiales más antiguos allí encontrados databan «solamente» de hace diez siglos.

Ahora, una investigación de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, aporta evidencias científicas de que realmente el sepulcro fue construido en época romana, ya que quedan restos de piedra caliza en los alrededores del actual sepulcro que así lo indican. Estas nos retrotraen al siglo IV, al tiempo de Constantino, el primer emperador romano y cristiano.

Esto se alinea con la creencia histórica de que efectivamente fueron los romanos, allá por el año 325, los que construyeron un santuario allí para marcar el lugar del entierro de Jesús.

«Es un hallazgo muy importante porque confirma que fue, como se ha demostrado históricamente, Constantino el Grande el responsable de revestir la roca madre de la tumba de Cristo con las losas de mármol», afirmó a AFP Antonia Moropoulou, coordinadora científica principal del proyecto.

Aunque no se puede determinar arqueológicamente si aquel fue el lugar donde realmente enterraron a Cristo, el hallazgo da más base científica a la creencia.

La tumba se abrió por primera vez en siglos en octubre de 2016, cuando el santuario que rodea la tumba, conocido como el Edículo, fue sometido a una importante restauración por parte de un equipo interdisciplinario de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.

30 noviembre 2017 at 7:14 pm Deja un comentario

Privata Traiani, la domus del emperador en el subsuelo del Aventino

Vídeo de la Superintendencia de Bienes Culturales de Roma realizado con motivo de la exposición “Trajano. Construir el Imperio, crear Europa” que revela las grandiosas salas subterráneas de la residencia del emperador en el Aventino.

 

29 noviembre 2017 at 9:48 pm Deja un comentario

El legado del emperador romano Adriano en una exposición en el Museo Arqueológico de Sevilla

Con el título ‘Adriano-Metamorfosis. El nacimiento de una nueva Roma’, se ha inaugurado una exposición que se podrá visitar hasta el 8 de abril de 2018.

Fuente: Sevilla Directo
29 de noviembre de 2017

El rector de la Universidad Pablo de Olavide, Vicente Guzmán Fluja, y el consejero de Cultura de la Junta de Andalucía, Miguel Ángel Vázquez Bermúdez, han inaugurado esta mañana de miércoles la exposición ‘Adriano-Metamorfosis. El nacimiento de una nueva Roma’ en el Museo Arqueológico de Sevilla. Esta muestra conmemora la llegada al trono del emperador Adriano en el año 117, de la que se cumplen 1.900 años en 2017. Con la organización de la Universidad Pablo de Olavide, la Universidad de Sevilla y la Consejería de Cultura, la exposición se podrá visitar hasta el 8 de abril de 2018 en el Museo Arqueológico (Plaza de América, s/n) y en el Conjunto Arqueológico de Itálica (Santiponce).

En su intervención, Vicente Guzmán ha agradecido la participación de la Universidad de Sevilla y de la Universidad Carlos III en esta iniciativa del profesor de la Universidad Pablo de Olavide Juan Manuel Cortés Copete, así como a la Consejería de Cultura por su apoyo dentro del concepto de política cultural que tiene la Junta de Andalucía.

“La universidad tiene que ser capaz de recuperar las experiencias históricas positivas para ponerlas en valor hoy en día y apostar por la cohesión, aparcando la conquista por las armas para hacerla por la cultura, ya que las diferencias pueden ser factores de enriquecimiento”, ha señalado el rector. En último lugar, Vicente Guzmán ha aprovechado el acto inaugural para reivindicar la importancia de los estudios humanísticos, ya que “no se puede prescindir de las Humanidades puesto que son necesarias para comprender al ser humano en todas sus manifestaciones. De esta forma, la universidad cumple con su función de transmisora de conocimiento para construir una sociedad mejor”.

Por su parte, el consejero de Cultura se ha referido a la muestra como una exposición “de primer nivel y que nos llena de orgullo poder compartir en la oferta cultural de Sevilla y Andalucía”. Miguel Ángel Vázquez ha agradecido a las entidades y personas que se han comprometido con ‘Adriano-Metamorfosis’, haciendo de esta colección una muestra de cómo el mundo cambió con Adriano, favoreciendo la convivencia entre diferentes culturas. Finamente, ha reclamado para el Museo Arqueológico de Sevilla la inversión necesaria por parte del Gobierno central para que la colección que atesora y su capital humano siga siendo un “referente nacional”.

Juan Manuel Cortés Copete, profesor del Departamento de Geografía, Historia y Filosofía de la Universidad Pablo de Olavide y comisario de la exposición, ha recordado que Adriano es el más desconocido de los grandes emperadores de Roma. “El hecho de que procediese de las provincias y llegase a gobernar un imperio, lo hizo singular, además de tratarse de un gobernante de personalidad complejísima. Adriano entendió que la diversidad cultural no tenía que ser solapada en Roma sino que era una esencia del imperio, transformándolo en una realidad romana pero profundamente múltiple”, ha señalado Cortés Copete. El profesor, además, ha recordado la iniciativa que pretende hacer del Conjunto Arqueológico de Itálica Patrimonio de la Humanidad porque “el legado italicense, principalmente adrianeo, es único en el mundo”.

La Exposición Adriano-Metamorfosis nace del Proyecto de I+D+i Adriano y la Integración de la Diversidad Regional, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad y está concebida como una iniciativa común conjunta de cinco países europeos. Este proyecto tiene su sede en la Universidad Pablo de Olavide, en colaboración con la Universidad de Sevilla, y en él participa personal investigador de instituciones académicas y científicas de Grecia, Italia, Alemania y Gran Bretaña, junto con instituciones y universidades españolas.

 

29 noviembre 2017 at 8:28 pm Deja un comentario

Descubren la primera evidencia de la invasión de Gran Bretaña por parte de Julio César

Arqueólogos británicos sitúan en la punta noreste de Kent el lugar del desembarco romano en el siglo I a.C.

Excavación arqueológica en Ebbsfleet, con vistas a la bahía de Pegwell – UNIVERSIDAD DE LEICESTER

Fuente: ABC
29 de noviembre de 2017

Arqueólogos de la Universidad de Leicester han descubierto la primera evidencia de la invasión romana de Gran Bretaña por Julio César en el año 54 antes de Cristo. El primer desembarco de la flota romana tuvo lugar en Pegwell Bay en la Isla de Thanet, en la punta noreste de Kent.

Este lugar coincide con el propio relato de César de su llegada a lo que sería Britania y tres pistas sobre la topografía del lugar coinciden con que el desembarco se produjera en Pegwell Bay: su visibilidad desde el mar, la existencia de una gran bahía abierta y la presencia de un terreno más alto cercano.

La investigación de la Universidad de Leicester, financiada por Leverhulme Trust, fue impulsada por el descubrimiento de una gran zanja defensiva durante las excavaciones arqueológicas previas a la construcción de una nueva carretera.

La forma de la zanja hallada en Ebbsfleet, una aldea de la isla de Thanet, es muy similar a algunas de las defensas romanas en Alesia (Francia), donde tuvo lugar la batalla decisiva de las Galias en el año 52 antes de Cristo. De unos 4-5 metros de ancho y 2 metros de profundidad, está fechada por los restos de cerámica hallados en el siglo I aC.

El pilum romano UNIVERSIDAD DE LEICESTER

El tamaño, la forma, la fecha de las defensas en Ebbsfleet y la presencia de armas de hierro, incluyendo un pilum romano (jabalina) sugieren que el sitio en Ebbsfleet fue una base romana en en el siglo I a.C.

El sitio, con vistas a la bahía de Pegwell, se encuentra a unos 900 metros hacia el interior, pero en el momento de las invasiones de Julio César estaba más cerca de la costa.

César narra que mientras navegaban desde algún lugar entre Boulogne y Calais, vieron al amanecer Gran Bretaña a lo lejos a su izquierda. Describe cómo los barcos quedaron fondeados en una playa lisa y abierta y cómo resultaron dañados por una gran tormenta. Estos datos se corresponden con Pegwell Bay, la bahía más grande en la costa este de Kent, abierta, llana y lo suficientemente grande como para que todo el ejército romano hubiera desembarcado en un único día como cuenta Julio César. Las 800 naves habrían necesitado de un ancho de unos dos kilómetros.

César también relata que los britanos se habían agrupado para hacer frente a la invasión, pero se vieron sorprendidos por el tamaño de la flota y se refugiaron en un terreno más elevado, que podría corresponderse con el que existe en la Isla de Thanet alrededor de Ramsgate.

«Estas tres pistas sobre la topografía del lugar del desembarco; la presencia de acantilados, la existencia de una gran bahía abierta, y la presencia de un terreno más elevado en las cercanías, son consistentes con el desembarco del año 54 a. C. que se produjo en Pegwell Bay», según explica Andrew Fitzpatrick, investigador asociado de la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester.

Hasta ahora nunca se había considerado a la isla de Thanet como posible lugar del desembarco romano porque estaba separada del continente hasta la Edad Media. «Sin embargo, no se sabe la anchura del canal que lo separaba de la parte continental (el Canal Wantsum)», añade el investigador, que explica que este canal «no era una barrera significativa para la gente de Thanet durante la Edad del Hierro y ciertamente no habría sido una gran desafío a las capacidades de ingeniería del ejército romano».

El último estudio completo de las invasiones de César se publicó hace un siglo, en 1907.

Durante mucho tiempo se ha creído que las invasiones fueron un fracaso, ya que César regresó a Francia sin dejar una fuerza de ocupación. También se creía que, debido a que estas campañas eran breves, habrían dejado pocos restos arqueológicos. Los investigadores de la Universidad de Leicester creen, sin embargo, que en Roma estas campañas fueron vistas como un gran triunfo y el hecho de que César hubiera llegado más allá del mundo conocido causó sensación. También sugieren que la invasión romana tuvo efectos de larga duración en Gran Bretaña, que se constataron casi un siglo después, durante la invasión de Claudio.

El profesor Colin Haselgrove, investigador principal del proyecto de la Universidad de Leicester, cree probable que los tratados establecidos por César formaran la base de las alianzas entre Roma y las familias reales británicas. Cuando el emperador Claudio invadió Gran Bretaña en el año 43 d.C., la conquista del sudeste de Inglaterra se cree que fue rápida, posiblemente porque los reyes de esta región ya eran aliados de Roma.

«Este fue el comienzo de la permanente ocupación romana de Gran Bretaña, que incluía a Gales y parte de Escocia, y que duró casi 400 años, lo que sugiere que Claudio explotó más tarde el legado de César», afirma.

 

29 noviembre 2017 at 4:42 pm Deja un comentario

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