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Cómo eran los robots y los cines que ya existían en la antigua Grecia

 

Fuente: Dalia Ventura  |  BBC Mundo
17 de febrero de 2018

Clitemnestra, amante de Egisto, quien trató de matar a Orestes cuando era niño, mata a su esposo Agamenón. Orestes vuelve a matar a su madre y a su amante… ¡la vida no era sencilla en la Antigua Grecia!

Clitemnestra, la esposa de Agamenón, lo mata poco después de su llegada triunfal de Troya. Orestes, el hijo de ambos, llega a vengar la muerte de su padre y mata a su madre. Pero ahora, él mismo está a punto de convertirse en otra víctima de un asesinato de honor.

¿Cómo terminará esta historia de venganzas sin final?

Cuando los relatos se complicaba mucho y no parecía haber salida, los antiguos griegos tenían una solución, a la que el filósofo Aristóteles llamó deus ex machina.

Quizás el concepto te sea familiar: así se conoce al artificio literario que introduce un elemento, personaje o fuerza externa que no tiene mucho que ver con la lógica interna de la trama para solucionar el problema.

El deus en este caso -el de “La Orestíada” de Esquilo- es Apolo, quien salva a Orestes y declara que un juicio pondrá fin al baño de sangre de generaciones que ha plagado a la familia.

Pero, ¿cómo era la machina misma?

Porque aunque con el tiempo la frase se volvió metafórica, en la antigua Grecia era lo que su nombre indicaba: un dios en una máquina.

Y alguien que sabe cómo era esa máquina es Konstantinos Kotsanas.

“La danza mágica”, cuyo mecanismo hacía que se movieran las figuras de abajo. (Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas).

El ingeniero mecánico no sólo es un apasionado de la tecnología de la antigua Grecia sino que, notando que a diferencia de la Filosofía, las Bellas Artes y la Ciencia, la contribución de sus antepasados en este campo no es tan conocida, no se conformó con convertirse en un perito y dictar conferencias.

Lejos de eso.

A costo propio, y con exhibiciones personales, Kotsanas ha fundado hasta la fecha tres museos que alojan aproximadamente 450 modelos funcionales de inventos griegos antiguos.

Es decir, basándose en descripciones de los aparatos que aparecen en textos de la época, recreó las máquinas que se usaban en ese entonces.

Hay desde las más sencillas -como la deus ex machina- hasta aquellas creadas por Arquímedes y el prodigioso mecanismo de Anticitera.

A Kotsanas le pedimos que escogiera -aparte de esas- tres máquinas de todas las que ha recreado: la que más lo sorprendió, la que lo maravilló y la que más lo divirtió.

Sorprendente

La primera elección de Kotsanas concuerda con su objetivo de “demostrar que la tecnología justo antes del final del mundo griego antiguo era extremadamente similar al comienzo de nuestra tecnología moderna“.

El sirviente automático de Philon. (Foto cortesía del Museo Kotsanas)

El sirviente automático de Philon es el primer robot operativo de la humanidad… Es más que sorprendente: ¡es un logro! ¡Una verdadera innovación!”, le dijo a BBC Mundo.

Tenía forma humana y en su mano derecha sostenía una jarra de vino. Cuando le ponían una copa en la palma de la mano izquierda, automáticamente vertía vino primero y luego agua, mezclándolos si se deseaba.

¿Cómo lo lograba?

Ilustraciones del Museo Kotsanas en Atenas.

1. Dentro del ‘sirviente’ había dos contenedores herméticos (con vino y agua, respectivamente). En su parte inferior, dos tubos que llevaban su contenido a través de su mano derecha hasta el borde de la jarra de vino. Cuando la copa se coloca en la palma, su mano baja y los tubos de la articulación se levantan. El orificio de una tubería está alineado con el tubo de aire del contenedor de vino, el aire ingresa al contenedor y el vino fluye desde el tubo hacia la copa.

2. Cuando la copa de vino está medio llena, la mano (debido al peso) desciende más, el paso del tubo de aire de vino se obstruye y el flujo se detiene. Al mismo tiempo, el otro tubo se alinea con el tubo de aire del recipiente de agua y comienza a fluir, diluyendo así el vino.

3. Cuando la copa está llena, la mano (debido al peso) desciende más, el paso del tubo de aire con agua se obstruye y el flujo se detiene.

4. Además, si se retira la copa en cualquier momento, la mano izquierda se eleva, los tubos de la articulación descienden, cortando las tuberías de aire, creando vacío en los contenedores y deteniendo el flujo de líquido.

Maravilloso

En cuanto a la máquina que mejor ilustra cuán maravilloso es la tecnología de los antiguos griegos, para Kotsana “sin duda es el teatro automático de Garza de Alejandría, el llamado ‘cine’ de los antiguos griegos”.

“Los antiguos griegos tenían exactamente las mismas necesidades que nosotros. Cuando se trata de entretenimiento, buscaban una historia con elementos de gran estética y sorpresa”.

En este caso esa historia es “una serie de la Guerra de Troya y los diferentes episodios describen el mito de Nauplio”, explica Kotsanas.

¿Cómo? Con una máquina que “contiene 32 mecanismos, muestra una historia y tiene imagen en movimiento“, detalla.

El teatro automático de Herón de Alejandría. (Foto cortesía del Museo Kotsanas).

Fíjate en la parte de abajo de esta la imagen, en el pie del pedestal, en el medio de la parte roja, puedes ver una cuerda: el único movimiento manual que se requería para hacer funcionar el teatro automático era halar esa cuerda… y la historia empezaba (y sigue haciéndolo de igual manera en el modelo que hizo Kotsanas).

Entre las escenas, las puertas del teatro se abre y se cierran. (Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas).

En la primera escena, aparecen los aqueos reparando sus barcos -las figuras se mueven mientras martillan o serruchan, y se escuchan los sonidos que hacen las herramientas.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En la segunda y tercera escena, empujan los barcos al mar. En la tercera, van navegando de derecha a izquierda del la imagen, mientras los delfines saltan a su lado. El mar se va poniendo más picado.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En la cuarta escena, Nauplio, parado en un promontorio, con una antorcha encendida, envía una señal falsa a los aqueos instigado por la diosa Atenea.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En las últimas escenas, se ven los restos dispersos de los barcos naufragados y Aeas nadando en el mar. Atenea aparece (como deus ex machina), cruza el escenario y desaparece. Mientras se escuchan rayos y truenos, la figura de Aeas se pierde.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

Divertido

Para Kotsanas, la máquina más entretenida es sin duda el “pájaro gorjeador y el búho giratorio”.

Se trata del autómata hidráulico de Filón.

“Los pájaros están cantando pero cuando el búho se vuelve hacia ellos, les da miedo y detienen su hermosa canción. Cuando el búho se aleja de ellos, comienzan a cantar otra vez”.

Cuando el búho esta de espaldas, los pájaros cantan; cuando el mecanismo hace que se voltee y los mire, los pájaros se callan. (Imagen cortesía del Museo Katsanos de Atenas).

“Vale la pena mencionar que esta pieza está a la entrada del Museo Kotsanas en Atenas, de manera que a lo largo de toda la calle Pindaru, en el corazón de la capital griega, se oyen el cantar de los pájaros. La gente nos dice que se siente como si la naturaleza estuviera floreciendo, aunque estemos en medio del invierno”, señala Kotsanas.

¿Y qué fue de deus ex machina, la máquina que traía un dios cuando todo se complicaba demasiado?

Pues aquí está: una sencilla palanca que hacía aparecer a los actores con roles divinos en el escenario.

Te la dejamos, en caso de que la necesites.

¡Siempre vale la pena tener un dios a la mano… uno nunca sabe cuándo lo va a necesitar, en la vida o en el teatro!

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

 

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18 febrero 2018 at 2:26 pm Deja un comentario

Los arqueólogos encuentran en Turquía una «puerta del infierno» de la época romana

Hallan en un templo de Hierápolis dedicado a los dioses del inframundo una cueva con emanaciones mortales de dióxido de carbono

Cerbero, el perro guardián del inframundo griego con tres cabezas, pintado por William Blake

Fuente: ABC
18 de febrero de 2018

Muy pocos griegos y romanos bajaron al infierno y pudieron contarlo. Los mortales llegaban en brazos de Mercurio hasta la orilla de la laguna Estigia y allí Caronte, el barquero, pagado con la moneda enterrada con el cadáver, les pasaba al otro lado. En ocasiones míticas, como Orfeo, el viaje empezaba en la puerta del infierno, donde tenía que burlar al perro de tres cabezas, y era de ida y vuelta si lograba conmover a los dioses del inframundo con su arte y pedir que permitieran el regreso de su amada Eurídice a la vida. Pero también hubo quien, como Ulises, se acercó a las orillas del inframundo a consultar al adivino Tiresias cómo sería su regreso a Ítaca, para lo cual le alimentaba con sangre de los sacrificios… Beber la sangre fresca calmaba a los muertos en su mundo ceniciento. El gran guerrero Aquiles dice a Ulises al reconocerle allí: «Preferiría ser el más pobre y sucio de los rudos campesinos que se revuelcan en los estercoleros sobre la tierra, que ser el gran rey Aquiles en este mundo de sombras subterráneas».

Gruta del Plutonium por la que salen los gases carbónicos que mataban a los animales en los sacrificios

De todo este comercio con el infierno grecorromano se colige que algunos mortales sabían cómo llegar. Había puertas que llevaban hasta el inframundo y una de ellas, mítica, estaba en lo que hoy es Turquía. Los arqueólogos han podido perfilar el lugar y su utilización en ritos religiosos durante la época romana en la ciudad de Hierápolis. Según han publicado en la revista «Science» Allí hay un templo que desciende hasta una gruta en la que los animales eran sacrificados sin intervención de la mano del hombre… ¿Cómo? Era la puerta del infierno

Junto a las ruinas del Plutonium, el templo a Plutón, dios romano del inframundo, todavía desfallecen los pájaros que se aventuran a volar por las inmediaciones. Caen muertos y allí quedan junto a las piedras gastadas. Hay una gruta de la que emana dióxido de carbono volcánico en concentraciones mortales.

Caronte, el barquero del inframundo

En los tiempos de Roma los sacerdotes utilizaban esas emanaciones para dejar que toros y otros animales sacrificiales cayeran muertos milagrosamente, sin intervención humana, dedicados a las deidades ctónicas. Bóvidos perfectamente sanos eran conducidos hacia la boca de una gruta puesta en el interior de una estructura rectangular del templo. Morían rápidamente pero los sacerdotes castrados que los acompañaban no sufrían daño alguno. ¿Cómo era posible?

Los arqueólogos han dado con una posible respuesta a esta pregunta tras un nuevo estudio de las ruinas del Plutonium. La entrada de la gruta, o puerta del infierno, fue redescubierta hace 7 años en Hierápolis. El patio rectangular se situaba en el perímetro del templo y estaba rodeado de gradas para que los fieles se sentaran a contemplar la sagrada escena. La ciudad se sitúa en una zona geológicamente muy activa y famosa por sus aguas termales.

El entorno del Plutonium de Hierápolis

Esos manantiales ya eran famosos hace 2.200 años, por su poder curativo. La grieta junto al templo emite grandes cantidades de dióxido carbónico de origen volcánico que se acumula como una neblina en el cerco rectangular. Ahora esas emisiones han sido estudiadas y medidas por vulcanólogos de la Universidad alemana de Duisburg-Essen.

Durante el día, el sol disuelve la neblina, pero durante la noche el gas, algo más pesado que el aire, queda concentrado en el rectángulo como en una piscina. Es coincidiendo con el amanecer cuando la concentración se vuelve más mortal. A medio metro del suelo su concentración es del 35%, suficiente para asfixiar a cualquier ser vivo. Pero esa concentración disminuye intensamente al aumentar la altura. Así que los sacerdotes que conducían a los toros respiraban prácticamente aire puro, mientras los bóvidos iban ahogándose en cuanto pisaban el recinto.

Mercurio conducía las almas hacia el infierno

Por eso los sacrificios tenían lugar nada más comenzar el día, en plena aurora. El aliento del Can Cerbero, guardián de la puerta del infierno solo afectaba a los animales que respiraban cerca del suelo. Y a medida que se mareaban bajaban más la cabeza, quedando sentenciados en minutos. Los sacerdotes eunucos, sin embargo no llegaban nunca a caer en el ámbito mortal del templo.

Estrabón visitó el Plutonium hace dos mil años y dejó escrito que los sacerdotes incluso acercaban la cabeza a la cueva (a la parte alta de la misma) sin recibir daño alguno, en un ejercicio demostratorio con algo de circense. Lo que el escritor romano pensó entonces es que tal vez la castración les salvaba de algún modo.

Lo que el equipo de arqueólogos y vulcanólogos están muy excitados por el resultado de sus investigaciones y por haber logrado demostrar que las fuentes históricas tenían, una vez más, razón. Esa es la localización de una de las terribles puertas del infierno.

 

18 febrero 2018 at 11:38 am Deja un comentario

Los babilonios que se adelantaron mil años al teorema de Pitágoras

Una tablilla cuneiforme escrita hace más de tres mil años demuestra la genialidad matemática del antiguo pueblo de Oriente Medio

La tablilla, llamada Plimpton 322, y su descubridor, Edgar Banks – UNSW/Andrew Kelly/WIKIPEDIA

Fuente: Pedro Gargantilla  |  ABC
29 de enero de 2018

El nombre de Edgar Banks (1866-1945), un anticuario, arquitecto y novelista estadounidense, deja frío a la mayoría del gran público, posiblemente el interés por este personaje cambie cuando se añade que sirvió de inspiración a Georges Lucas para crear al popular Indiana Jones.

Con esta tarjeta de presentación es fácil imaginar que Banks fue un entusiasta del misterio, de la búsqueda de antigüedades y un apasionado de las antiguas civilizaciones, sabemos que hablaba varios idiomas y que llegó a ejercer de profesor de lenguas orientales y arqueología en la Universidad de Toledo.

Además, Banks fue durante un tiempo el cónsul estadounidense en la ciudad de Bagdad, trabajo que compaginaba con la realización de excavaciones sumerias en Tell Ibrahim o Babilonia. Durante esa época llevó a cabo dudosos negocios relacionados con la compra de antigüedades sumerias, que luego revendía a museos, universidades y bibliotecas norteamericanas por precios astronómicos.

Si hubo algo que fascinó sobremanera a Banks fue, sin lugar a dudas, la civilización sumeria. Hace ahora más de cinco mil años surgió en Mesopotamia, en lo que actualmente es Irak, la escritura cuneiforme, realizada a base de trazos de cuña en tablillas de arcilla. El análisis de decenas de miles de esas tablillas nos ha permitido acercarnos a la historia de la cuna de la civilización.

De esta forma hemos podido saber que los sumerios tenían conocimientos avanzados de astronomía, matemáticas y medicina. Sus tablillas pueden ser consideradas los primeros “libros” de la historia y, por qué no, los antecedentes de nuestras actuales “tablets”.

De su civilización hemos heredado muchas cosas, desde la notación posicional de los números (se les asigna un valor en función de la posición que ocupa el número en la cifra, así el valor del 6 es totalmente diferente en 692 que en 26) hasta el sistema sexagesimal o en base 60, que regula la forma de medir el tiempo en horas de 60 minutos.

Muy probablemente las matemáticas sumerias se desarrollaron inicialmente como respuesta a las necesidades burocráticas surgidas en torno una sobreproducción. Cuando se pasó de una economía de subsistencia agrícola a una economía excedente era preciso medir las parcelas, tributar riquezas, cuantificar la cosecha…

La tablilla Plimpton 322

Banks descubrió una tablilla cuneiforme –la llamada Plimpton 322- escrita entre los años 1822 y 1762 a.C, que produjo un giro inesperado en la historia de las matemáticas, ya que contiene una de las tablas trigonométricas más antiguas y precisas del mundo. Fue descubierta en la ciudad de Larsa, al sur de Irak, a comienzos del siglo veinte y actualmente permanece en la Biblioteca de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Columbia (Nueva York). Su nombre hace referencia al editor neoyorkino George Arthur Plimpton que la compró en 1922.

El análisis de esta tablilla ha desconcertado a matemáticos de todo el mundo ya que ha permitido demostrar que los babilonios usaban el célebre teorema de Pitágoras incluso mil años antes de que el propio Pitágoras (569-475 a.C.) hubiese nacido. Fue en el siglo VI a.C. cuando el matemático griego se puso a divagar con los triángulos y formuló su conocido teorema: “en todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los catetos”. Tiempo después Hiparco de Nicea (190-120 a.C.) “inventaría” la trigonometría.

La clave para poder descifrar la escritura cuneiforme, al igual que sucedió con los jeroglíficos egipcios, fue una inscripción trilingüe (elamita, babilonio y persa antiguo). Fue encontrada por una expedición británica dirigida por Henry Rawlinson (1810-1890). En aquel momento los tres lenguajes eran desconocidos, pero gracias a que el persa antiguo tiene únicamente 43 signos se lograron descifrar.

 

29 enero 2018 at 9:17 am Deja un comentario

Un test de ADN confirma que los fenicios eran un pueblo comerciante y no guerrero

Muestreo de la Tumba 351 Monte Sirai. / Universidad Libanesa Americana

Fuente: Beatriz de Vera  |  N + 1
11 de enero de 2018

La civilización fenicia surgió en 1800 a.C. en el Levante septentrional y en el siglo IX a.C. extendió su cultura por el Mediterráneo a partes de Asia, Europa y África a través de sus redes comerciales y asentamientos. Pero a pesar de su amplia influencia, la mayoría de lo que sabemos sobre los fenicios proviene de documentos griegos y egipcios. Ahora, una investigación sobre antiguo ADN fenicio rastreado en Cerdeña (Italia) y Líbano corrobora la idea histórica de que esta ancestral civilización mediterránea estaba más interesada en el comercio que en la guerra.

El estudio, publicado en Plos One, se ha centrado en analizar los genomas mitocondriales, que son heredados por la madre, en búsqueda de marcadores de ascendencia fenicia, que proporcionara pistas para saber cómo se integraron con las comunidades sardas (de Cerdeña). Los investigadores encontraron 14 nuevas secuencias mitogenómicas antiguas de muestras fenofénicas (1800 a. C.) y fenicias (700-400 d. C) de Líbano y Cerdeña y luego las compararon con 87 nuevos mitogenomas completos del libanés moderno y 21 mitogenomas antiguos prefenicios de Cerdeña recientemente publicados.

Los investigadores encontraron evidencia de la continuidad de algunos linajes de los indígenas sardos después del asentamiento fenicio, lo que sugiere que hubo integración entre estos dos pueblos en Monte Sirai. También hallaron evidencia de linajes mitocondriales nuevos y únicos en Cerdeña y Líbano, que pueden indicar el movimiento de mujeres de sitios de Oriente Próximo o África del Norte a Cerdeña y el movimiento de mujeres europeas al Líbano.

Sitio arqueológico de Monte Sirai, Cerdeña. /Wikipedia

Los autores indican que había un cierto grado de movilidad femenina y diversidad genética en las comunidades fenicias, lo que indica que la migración y la asimilación cultural eran frecuentes. “Esta evidencia de ADN refleja la naturaleza inclusiva y multicultural de la sociedad fenicia. Nunca fueron conquistadores, fueron exploradores y comerciantes”, explica Pierre Zalloua, de la Universidad Libanesa Americana, y primer autor del estudio.

Los fenicios prácticamente no dejaron ningún documento escrito, y hasta el día de hoy, no está claro quiénes fueron sus ancestros. Los historiadores de la Antigua Grecia creyeron que los cananeos llegaron de las orillas del Golfo Pérsico, pero los arqueólogos modernos consideran que ellos son descendientes de los habitantes antiguos del Mediterráneo que llegaron hace 9-10 mil años atrás. Un estudio de ADN publicado en pasado julio, que comparó la secuencia de los genomas de cerca de 300 hombres antiguos y más de 2500 contemporáneas, descubre que los libaneses contemporáneos son genéticamente parecidos a los fenicios, así como a los habitantes de las estepas de Europa del Este. Cerca del 93% del ADN analizado se correspondió con el genoma de los fenicios; y el 7% restante, al ADN de los habitantes de las estepas.

 

12 enero 2018 at 12:00 am Deja un comentario

Cuando los dromedarios llegaban a Lugo

Los restos hallados en un yacimiento romano muestran que las caravanas cruzaban la península desde África

Una caravana de dromedarios en el desierto del Teneré, en Níger. XAVIER ROSSI / GETTY IMAGES

Fuente: MANUEL ANSEDE  |  EL PAÍS
29 de diciembre de 2017

Cuando el emir bereber Yusuf ben Tasufin desembarcó en la península ibérica en el año 1086 para luchar contra las tropas cristianas de Alfonso VI de León, llevaba consigo un arma secreta: un animal exótico y extravagante, de unos 600 kilogramos de peso y unos dos metros de altura a la cruz. “Yusuf ben Tasufin mandó pasar los dromedarios. Y pasaron tantos que cubrieron Algeciras y sus mugidos se elevaron al cielo. Ni los españoles ni sus caballos habían visto jamás un dromedario, y por eso los caballos se espantaban de verlos y de oír sus mugidos”, describió cientos de años después, en el siglo XVII, el historiador argelino Ahmed Mohamed al-Maqqari.

Es fácil imaginar el pavor que sentiría una persona del medievo ante un guerrero a lomos de un animal jamás visto, pero el cronista norteafricano se equivocaba. Los dromedarios llevaban casi un milenio paseando por la península. El historiador Carlos Fernández Rodríguez ha identificado ahora dos vértebras de camélido, muy posiblemente de dromedario, en el Domus del Mitreo, un yacimiento romano datado entre los siglos II y III después de Cristo y descubierto en Lugo en 2003, cuando se excavaba un solar destinado al vicerrectorado del campus universitario. “Este sería el hallazgo más septentrional de restos de dromedario en la península ibérica, pero hay evidencias de que llegaron hasta el río Rin, en Europa Central”, explica el investigador.

Los dromedarios servían de bestias de carga a las legiones romanas y a los comerciantes de aceites, cueros y ánforas

Lugo era por entonces la Lucus Augusti romana. En el Domus del Mitreo, junto a la imponente muralla lucense, han aparecido los restos de una gran casa romana y un templo dedicado al dios Mitra. El siglo III era la época de esplendor del mitraísmo, una religión de origen oriental que se extendió a toda velocidad por las legiones romanas. En sus rituales, los fieles comían pan y bebían vino ante la imagen de Mitra, dios de la luz, dando muerte a un toro con una espada en el pescuezo.

“Hay que pensar en los movimientos del ejército romano entre el norte de África y la península ibérica. Con los soldados se movían poblaciones enteras. En el ejército había camelleros, pero los comerciantes también utilizaban dromedarios para transportar mercancías, como aceites, cueros y ánforas”, detalla Fernández Rodríguez, de la Universidad de León. Su hallazgo todavía no se ha publicado en ninguna revista científica.

Las dos vértebras de camélido halladas en Lugo. CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ

El altar del templo de Mitra se levantó en tiempos de Caracalla (211-217), el emperador célebre por impulsar la construcción de las termas, los baños públicos, de la Roma imperial. Por entonces, la Legión VII, íntegramente hispana, estaba acuartelada en León, pero contaba con una oficina en Lugo para cobrar tributos, al mando de un centurión. En la piedra del altar de Mitra, el oficial romano escribió: “Al nunca conquistado dios Mitra, Gaio Victor Victorino, centurión de la Legión VII Gémina Antoniana, devoto y leal, con mucho gusto erigió este altar en honor del puesto de control militar de Lucus Augusti”.

Las malformaciones detectadas en algunos restos óseos sugieren que los dromedarios recorrían largas distancias con una carga abusiva

Los sacrificios animales, en una atmósfera regada por el vino, eran habituales en el culto a Mitra, pero Fernández Rodríguez aclara que el dromedario no debió de morir en el templo. “Las vértebras aparecen en el material de relleno que se usó en alguna de las fases constructivas del edificio”, apunta. También se han hallado restos de perros enanos, mascotas de lujo para los romanos acaudalados.

Las evidencias arqueológicas de la presencia de dromedarios en época romana son escasas, pero están repartidas por la península ibérica. En 2013, el investigador José Antonio Riquelme, de la Universidad de Granada, publicó un trabajo sobre los hallazgos de restos óseos en Alcalá de Henares (Madrid), Cartagena (Murcia), Linares (Jaén), Astorga (León) y Jaén capital.

Lo normal no es encontrar esqueletos completos, sino huesos sueltos, muy a menudo únicos, que sin embargo aportan mucha información a los que saben leerla. El inusual gran tamaño de las vértebras analizadas sugiere, por ejemplo, que los animales eran castrados para facilitar su manejo. Y las malformaciones detectadas en algunas de las falanges implican que los animales recorrían largas distancias con una carga abusiva, según Fernández Rodríguez. Entre Algeciras y Lugo hay unos 800 kilómetros en línea recta y un abismo en términos climáticos. “Pobrecitos, el frío que debieron de pasar”, sentencia el historiador.

 

29 diciembre 2017 at 1:08 pm Deja un comentario

Heces antiguas revelan parásitos descritos por Hipócrates hace 2.500 años

Investigadores de la Universidad de Cambridge han hallado en heces encontradas en la superficie de huesos pélvicos de esqueletos la presencia de huevos de dos especies de gusanos parásitos que ya describió Hipócrates.

UNIVERSIDAD DE CAMBRIDGE

Fuente: EUROPA PRESS  |  Antena 3 Noticias
15 de diciembre de 2017

Heces antiguas de entierros prehistóricos en la isla griega de Kea han proporcionado la primera evidencia arqueológica de gusanos parásitos descritos hace 2.500 años en las escrituras de Hipócrates, las obras más influyentes de la medicina clásica.

Los investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, Evilena Anastasiou y Piers Mitchell utilizaron microscopía para estudiar el suelo formado por heces descompuestas recuperadas de la superficie de huesos pélvicos de esqueletos enterrados en el Neolítico (cuarto milenio aC), la Edad de Bronce (segundo milenio aC) y los periodos romanos (del año 146 aC al 330 dC).

El equipo de Cambridge trabajó en este proyecto con Anastasia Papathanasiou y Lynne Schepartz -con sede en Atenas- que son expertas en arqueología y antropología de la antigua Grecia. Los investigadores descubrieron que estaban presentes los huevos de dos especies de gusanos parásitos (helmintos): tricocéfalos (‘Trichuris trichiura’) y lombrices intestinales (‘Ascaris lumbricoides’).

El tricocéfalo estaba presente desde el Neolítico, y lombriz, a partir de la Edad del Bronce. Hipócrates era un médico de la isla griega de Cos, que vivió en los siglos V y IV antes de Cristo y que se hizo famoso por desarrollar el concepto de la teoría humoral para explicar por qué las personas enfermaban. Esta teoría, en la que un cuerpo sano tiene un equilibrio de cuatro ‘humores’: bilis negra, bilis amarilla, sangre y flema, siguió siendo la explicación aceptada para la enfermedad seguida por los médicos en Europa hasta el siglo XVII, más de 2.000 años después.

El médico y sus alumnos describieron muchas patologías en sus textos médicos, y los historiadores han estado tratando de determinar qué enfermedades eran. Hasta ahora, tenían que confiar en las descripciones escritas originales de los gusanos intestinales para calcular qué parásitos podrían haber infectado a los antiguos griegos. Los textos hipocráticos llamaban a estos gusanos intestinales ‘Helmins strongyle’, ‘Ascaris’ y ‘Helmins plateia’.

Identificados los parásitos que infectaban a los griegos

Los investigadores, cuyo trabajo se detalla en ‘Journal of Archaeological Science: Reports’, dicen que esta nueva evidencia arqueológica identifica sin lugar a dudas algunas de las especies de parásitos que infectaron a las personas en la región. “El gusano ‘Helmins strongyle’ que aparece en los textos griegos antiguos es probable que se refiera a la lombriz intestinal, como el hallado en Kea -asegura el líder del estudio, Piers Mitchell, del Departamento de Arqueología de Cambridge-. El gusano ‘Ascaris’ descrito en los antiguos textos médicos bien podría haberse referido a dos parásitos, lombriz intestinal y tricocéfalo, encontrándose este último en Kea”.

Según Mitchell, hasta ahora solo se tenían estimaciones de los historiadores sobre qué tipos de parásitos se describían en los textos médicos griegos antiguos. “Nuestra investigación confirma algunos aspectos de lo que pensaban los historiadores, pero también agrega nueva información que los historiadores no esperaban, como que esa lombriz estaba presente”, subraya.

La mención de infecciones por estos parásitos en el Corpus hipocrático incluye síntomas de vómito, gusanos, diarrea, fiebre y escalofríos, acidez estomacal, debilidad e hinchazón del abdomen.

El tratamiento para las lombrices intestinales descrito en el corpus fue principalmente a través de medicamentos, como la raíz triturada de la hierba silvestre seseli mezclada con agua y miel tomada como bebida. “Encontrar los huevos de parásitos intestinales ya en el Neolítico en Grecia es un avance clave en nuestro campo -afirma Evilena Anastasiou, una de las autoras del estudio-. Esto proporciona la evidencia más temprana de gusanos parásitos en la antigua Grecia”. “Esta investigación muestra cómo podemos unir la arqueología y la historia para ayudarnos a entender mejor los descubrimientos de los principales médicos y científicos de primera línea”, concluye Mitchell.

 

15 diciembre 2017 at 2:58 pm Deja un comentario

El último hallazgo del pecio de Anticitera anuncia un museo de esculturas bajo el agua

Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio, que podría albergar entre siete y nueve esculturas completas

El pecio podría esconder entre 7 y 9 esculturas de bronce – Cortesía de ARGO 2017

Fuente: ABC
4 de octubre de 2017

El célebre pecio de Antikythera (Anticitera en español) vuelve a ser noticia. Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio. El buque, probablemente de cincuenta metros de eslora, que se hundió en el año 1 a. C. podría esconder un total de siete esculturas, tal y como explicó a The Guardian uno de los buzos técnicos del proyecto.

El proyecto está promovido por el Ephorate of Underwater Antiquities de la Lund University de Suecia, responsable de toda la arqueología subacuática en Grecia. «Las esculturas están entre las rocas y debajo de ellas», afirmó Brendan Foley, codirector del equipo de excavaciones de la Universidad de Lund. «Creemos que hay un mínimo de siete esculturas de bronce que aún nos esperan allá abajo, quizás nueve».

Las rocas que cubren las piezas pesan varias toneladas y se especula que podrían haber caído sobre el naufragio durante un terremoto masivo que sacudió a la isla de Anticiteray sus alrededores en el siglo IV d. C.

No es la primera vez que aparece una estatua de bronce en el pecio. De hecho, de allí procede la Joven de Anticitera, una escultura helenística que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. «La oportunidad de recuperar otro grupo de estatuas de tamaño natural asociado con el naufragio es extraordinario, porque los bronces suelen encontrarse al azar bajo el mar, recogidos por las redes de pesca o encontrados de forma inesperada por los buceadores», afirmó al diario británico Jens Daehner, comisario asociado del J Paul Getty Museum de Los Ángeles.

Entre otros objetos, los buzos han recuperado también una losa modelada de mármol rojo, una jarra de plata, restos de madera de un navío y un hueso humano. El pasado año, el mismo equipo encontró el cráneo, tres dientes y numerosas costillas de un individuo que falleció en el naufragio.

Más de un siglo de hallazgos en Anticitera

El naufragio de Anticitera se descubrió en 1900 gracias a un grupo de pescadores de esponjas griegos. Desde entonces, los arqueólogos han levantado espectaculares estatuas de bronce y mármol, vidrios ornamentales y cerámicas, piezas de joyería impresionantes y el célebre mecanismo de Antikythera, un artefacto astronómico muy sofisticado cuyo funcionamiento tardó décadas en ser descifrado y cuya precisión para el cálculo astronómico de eclipses, fases de la luna y posiciones estelares asombró a los científicos.

 

4 octubre 2017 at 10:46 pm Deja un comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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