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El último hallazgo del pecio de Anticitera anuncia un museo de esculturas bajo el agua

Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio, que podría albergar entre siete y nueve esculturas completas

El pecio podría esconder entre 7 y 9 esculturas de bronce – Cortesía de ARGO 2017

Fuente: ABC
4 de octubre de 2017

El célebre pecio de Antikythera (Anticitera en español) vuelve a ser noticia. Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio. El buque, probablemente de cincuenta metros de eslora, que se hundió en el año 1 a. C. podría esconder un total de siete esculturas, tal y como explicó a The Guardian uno de los buzos técnicos del proyecto.

El proyecto está promovido por el Ephorate of Underwater Antiquities de la Lund University de Suecia, responsable de toda la arqueología subacuática en Grecia. «Las esculturas están entre las rocas y debajo de ellas», afirmó Brendan Foley, codirector del equipo de excavaciones de la Universidad de Lund. «Creemos que hay un mínimo de siete esculturas de bronce que aún nos esperan allá abajo, quizás nueve».

Las rocas que cubren las piezas pesan varias toneladas y se especula que podrían haber caído sobre el naufragio durante un terremoto masivo que sacudió a la isla de Anticiteray sus alrededores en el siglo IV d. C.

No es la primera vez que aparece una estatua de bronce en el pecio. De hecho, de allí procede la Joven de Anticitera, una escultura helenística que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. «La oportunidad de recuperar otro grupo de estatuas de tamaño natural asociado con el naufragio es extraordinario, porque los bronces suelen encontrarse al azar bajo el mar, recogidos por las redes de pesca o encontrados de forma inesperada por los buceadores», afirmó al diario británico Jens Daehner, comisario asociado del J Paul Getty Museum de Los Ángeles.

Entre otros objetos, los buzos han recuperado también una losa modelada de mármol rojo, una jarra de plata, restos de madera de un navío y un hueso humano. El pasado año, el mismo equipo encontró el cráneo, tres dientes y numerosas costillas de un individuo que falleció en el naufragio.

Más de un siglo de hallazgos en Anticitera

El naufragio de Anticitera se descubrió en 1900 gracias a un grupo de pescadores de esponjas griegos. Desde entonces, los arqueólogos han levantado espectaculares estatuas de bronce y mármol, vidrios ornamentales y cerámicas, piezas de joyería impresionantes y el célebre mecanismo de Antikythera, un artefacto astronómico muy sofisticado cuyo funcionamiento tardó décadas en ser descifrado y cuya precisión para el cálculo astronómico de eclipses, fases de la luna y posiciones estelares asombró a los científicos.

 

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4 octubre 2017 at 10:46 pm Deja un comentario

El agua de mar refuerza el antiguo hormigón romano

El agua de mar que se ha filtrado durante siglos a través del hormigón romano ha favorecido el desarrollo de minerales entrelazados que le han proporcionado al hormigón una cohesión añadida

Perforando una estructura marina. Un investigador perfora una estructura marina de época romana en Portus Cosanus, en la Toscana, en el año 2003. La perforación fue realizada con permiso de la Superintendencia de Arqueología de la Toscana. FOTO: J.P. OLESON / THE UNIVERSITY OF UTAH

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
12 de septiembre de 2017

Las modernas estructuras marinas de hormigón se desmoronan a lo largo de las décadas, mientras que numerosos muelles y espigones romanos de 2.000 años de antigüedad siguen perdurando y de hecho son más sólidos que cuando se construyeron. Alrededor del año 79 d.C., el autor romano Plinio el Viejo escribió en su Naturalis historia que las estructuras de hormigón de los puertos, expuestas al constante embate de las olas de agua salada, se convierten “en una única masa de piedra, inexpugnable para las olas y cada día más fuerte“. El misterio de esta capacidad de resistencia ha sido desentrañado: el agua de mar que se filtra a través del hormigón favorece el desarrollo de minerales entrelazados que le proporcionan al hormigón una cohesión añadida, según explica la Universidad de Utah. El estudio ha sido publicado en American Mineralogist.

El hormigón romano consistía en una mezcla de ceniza volcánica, cal y agua de mar, un mortero con un agregado de trozos de roca volcánica. La combinación de ceniza, agua y cal viva producía la denominada reacción puzolánica (debe su nombre al municipio napolitano de Pozzuoli) y con este conglomerado de hormigón se erigieron edificios como el Panteón, el Mercado de Trajano y diferentes estructuras marinas. La interrelación de minerales entre el mortero y el agregado ha evitado la formación de fisuras longitudinales a lo largo de los siglos, mientras que con el cemento Portland las superficies de los agregados no reactivos (que son inertes, que no producen reacción) no hacen más que propagar las fisuras.

Los investigadores, entre ellos la geóloga Marie Jackson, han concluido lo siguiente: que el agua de mar se filtra en el hormigón de los muelles y espigones romanos, disolviendo componentes de la ceniza volcánica y permitiendo el desarrollo de nuevos minerales procedentes de los fluidos filtrados altamente alcalinos, particularmente la tobermorita aluminosa y la phillipsita. Esta tobermorita aluminosa tiene una composición rica en silíceo, similar a los cristales que se forman en las rocas volcánicas. Los cristales tienen formas laminares que refuerzan la matriz cementante y las placas entrelazadas incrementan la resistencia del hormigón ante una fractura por fragilidad. “Se trata de un sistema que se desarrolla en un intercambio químico abierto con el agua de mar“, destaca Jackson.

Imagen microscópica. Imagen microscópica que muestra el material grumoso y aglomerante de calcio, aluminio, silicato e hidrato que se forma al mezclarse la ceniza volcánica, la cal y el agua de mar. Se aprecian los cristales de tobermorita aluminosa aparecidos en la matriz de cementación. “C-A-S-H” corresponde a “calcium-aluminum-silicate-hydrate”. FOTO: COURTESY OF MARIE JACKSON / THE UNIVERSITY OF UTAH

 

12 septiembre 2017 at 1:42 pm Deja un comentario

Encuentran tuberías venenosas en las ruinas de Pompeya

Los científicos de una universidad danesa no descartan la posibilidad de que el antimonio presente en las cañerías haya causado grandes estragos en la salud pública de esta antigüa civilización romana

Ruinas de Pompeya – ABC

Fuente: EUGENIA MIRAS > Madrid  |  ABC Historia
30 de agosto de 2017

El sistema de agua potable de la antigua ciudad de Pompeya convirtió al Imperio romano en la civilización más avanzada de su época. Sin embargo, unas investigaciones recientes de la Universidad del Sur de Dinamarca han encontrado antimonio, una sustancia química presente en las tuberías, éste pudo haber contribuido al deterioro de la salud pública de los pompeyanos en la Antigüedad. Esta hipótesis se sustenta en sobre un trozo pequeño de cañería, el cual es probable que se encuentre en cada una de ellas. Los teóricos de este prestigioso centro creen que esto pudo haber sido la causa de severas intoxicaciones que resultaron en un punto y final al apogeo de esta metrópoli.

Arqueólogos y científicos siguen preguntándose qué fue lo que provocó la decadencia de la majestuosa Pompeya. Unos estudios anteriores a los que se realizaron en esta universidad danesa, seguraban que el plomo de las tuberías producía graves daños en la salud de los civiles. Después de que algunas comunidades científicas rechazasen la idea tiempo atrás, actualmente los investigadores de este centro académico han encontrado nuevas evidencias sobre los antiguos conductos, los cuales nos remontan a una espantosa epidemia que afectó gravemente al bienestar gastrointestinal de la sociedad romana.

Casa de Loreio Tiburtino, otra villa recuperada – ABC

Al parecer, éstas tuberías presentan índices elevados de toxicidad en la sustancia llamada antimonio, con la que estuvo en contacto la salida del agua potable, dispuesta para ser consumida por todos los habitantes de esta ciudad del Imperio Romano.

Este elemento tan perjudicial pudo haber causado vómitos y diarreas graves, infartos y otros indicios del empozoñamiento.

El grupo de científicos de la Universidad del Sur de Dinamarca asegura que el plomo no era realmente el problema sino el antimonio, el cual se encontró en grandes cantidades en solamente un trozo de cañería de 40 mm.

La arqueóloga y especialista química,  aseguró: «Las concentraciones eran altas y definitivamente problemáticas para los antiguos romanos». Ella se sustentó en un aparato última tecnología para la detección de elementos químicos: el espectómetro de masa de plasma inductivo Bruker 820, asimismo este artilugio permite identificar en donde se encuentran de manera abundante.

La diferencia entre los daños que puede ocasionar el antimonio sobre el plomo es la rapidez en la que afecta al organismo humano, el primero provoca un desastre casi ipso facto, por su elevada toxicidad. El segundo al liberar grandes cantidades de cal insalubres afectan gravemente a quien consuma el agua, solo que el problema no se ve de manera inmediata.

La fontanería subterránea en una Pompeya bajo las cenizas que trajo consigo la erupción del volcán en el 726 d.C. muestra un exceso de plomo en su sistema de agua “potable”, siendo una de las posibles causas del deterioro paulatino en la población.

Los científicos actualmente encuentran grandes trabas para continuar su rigurosa investigación. Toda la ciudad fantasma está protegida por la UNESCO, con lo cual la tarea minuciosa y ligeramente invasiva del muestreo de las tuberías tendrá que esperar u olvidarse. Los académicos quieren terminar de resolver el gran enigma que mermó a los pompeyanos, si el exceso de plomo o el antimonio en el consumo del agua.

 

30 agosto 2017 at 5:02 pm 1 comentario

Mucho antes de Pitágoras

El más célebre de los teoremas matemáticos no fue descubierto por el griego, sino por los babilonios que le precedieron por un milenio

Imagen de la tablilla Plimton 322. UNSW

Fuente: JAVIER SAMPEDRO  |  EL PAÍS
25 de agosto de 2017

¿Hay noticias de hace 3.700 años? Sí, en las matemáticas. Lee en Materia la última. Aprenderás allí cómo dos investigadores australianos han logrado mostrar el significado último de una tableta de arcilla que fue escrita por entonces. Se llama Plimpton 322, y fue hallada hace tiempo en la antigua ciudad de Larsa, la bíblica Ellasar, hoy 250 kilómetros al sur de la castigada Bagdad. Allí, entre los ríos Tigris y Éufrates, nació la civilización moderna, en las mismas tierras en que 7.000 años antes se había inventado la agricultura, y con ella los primeros asentamientos de una especie que llevaba 100.000 años vagando por el mundo en busca del almuerzo. No debería extrañarnos que también las matemáticas surgieran y arraigaran allí. Son las cosas que pasan cuando dejas pensar a la gente que sabe hacerlo.

La tableta Plimpton 322 es una lista de “tripletes pitagóricos”, como ya sospechaban algunos estudiosos y refuerzan ahora los científicos australianos. El primer triplete pitagórico es (3, 4, 5). Eso quiere decir que, si dibujas un triángulo con esos lados, la figura no tiene más remedio que ser un triángulo rectángulo (en el que uno de los tres ángulos es recto, o de 90º). Es una exhibición del teorema de Pitágoras en acción: 32 más 42 da 52, ¿no es cierto? Hay una lista inacabable de tripletes pitagóricos, o listas de tres números que conforman por necesidad un triángulo rectángulo –(5, 12, 13), (7, 24, 25), (21, 20, 29) y así hasta la saciedad—, y su cartografía genera asombrosos patrones geométricos y peculiaridades aritméticas. Ya no hay duda de que los babilonios le pisaron a Pitágoras el teorema.

Tal vez el gran logro de Pitágoras fue descubrir que el placer (o al menos el placer musical) tiene una base matemática

No es un caso único. Tal vez el gran logro de Pitágoras fue descubrir que el placer (o al menos el placer musical) tiene una base matemática. Las combinaciones de sonidos que nos satisfacen guardan las relaciones de longitud de onda más simples (la octava ½; la quinta 2/3; la cuarta ¾, etcétera). Y la escala natural, a menudo llamada pitagórica (do re mi fa sol la si do y vuelta a empezar), emerge de la aplicación reiterativa del algoritmo más simple (cortar a la mitad la longitud de la cuerda). Esta fue la base de la “armonía de las esferas”, la religión de Pitágoras y su secta que sostenía que el cosmos se basaba en los números naturales (1, 2, 3…) y sus fracciones. Otras tablillas encontradas en Mesopotamia demuestran que los babilonios, o como se llamaran en aquel tiempo, ya conocían la “escala pitagórica”. Nuestro Pitágoras leía más literatura antigua de la que nos dio a entender.

El teorema de Pitágoras es uno de los cimientos de nuestra comprensión matemática del mundo. Una de las pocas verdades que se han sostenido durante cuatro milenios. Pero de Pitágoras, lo que se dice de Pitágoras, no parece que fuera.

 

28 agosto 2017 at 9:58 am Deja un comentario

El ADN revela de dónde venían los «padres» de Grecia

Minoicos y micénicos eran genéticamente similares entre sí y procedían de poblaciones neolíticas de granjeros de Anatolia. Los griegos modernos están estrechamente emparentados con ellos

Fresco minoico procedente del gran palacio de Knossos – Lapplaender/FLICKR

Fuente: ABC
4 de agosto de 2017

La civilización minoica (2.600 al 1.100 antes de Cristo) floreció en la isla de Creta entre los años 2.600 y 1.100 antes de Cristo. No solo fueron el primer pueblo alfabetizado de Europa, sino además los miembros de una cultura muy avanzada artística y tecnológicamente. Siglos después de su comienzo, la civilización micénica (1.700 al 1.050 antes de Cristo) se desarrolló en la península del Peloponeso. Esta tradición compartió muchos rasgos culturales de los minoicos y desarrolló una forma temprana del griego.

Pero, ¿de dónde procedía la gente que alumbró estas civilizaciones? La pregunta ha permanecido sin respuesta durante un siglo, pero un estudio publicado recientemente en la revista Nature, que ha analizado antiguas muestras de ADN, ha ofrecido por fin una explicación. Micenos y minoicos eran genéticamente similares y procedían de un mismo grupo de granjeros del Neolítico, y no de dos lugares distintos, como se pensaba hasta ahora.

Tabla inscrita en lenguaje micénico, a su vez procedente de una lengua minoica aún no descifrada– Vintagedept/FLICKR

«Minoicos, micénicos y griegos modernos tienen ancestros relacionados con antiguas poblaciones del Cáucaso, Armenia e Irán», ha resumido George Stamatoyannopoulos, investigador de la Universidad de Washington y autor senior del artículo.

Durante décadas, el origen de los minoicos ha sido un auténtico enigma. Sus innovaciones culturales, como el primer sistema de escritura de Europa, los grande palacios y su rico arte, aparecieron en la aislada Creta, lo que llevó a pensar que los minoicos venían de una sociedad avanzada localizada en otra parte. Por su parte, los micénicos, asentados más firmemente en Grecia, parecieron asimilar a los minoicos, pero no se sabe cómo estaban relacionados ambos.

Investigando en los genes

Los investigadores quisieron averiguar si ambos eran genéticamente distintos o no, quiénes eran sus ancestros, cómo estaban relacionados. Por eso, investigadores de la Universidad de Washington, la Escuela de Medicina de Harvard y el Instituto Max Planck de Historia Humana unieron fuerzas. Así, lograron recopilar una base de datos genética de los habitantes de Grecia, Creta y suroeste de Anatolia durante la edad del Bronce.

Inscripciones dejadas por la milenaria civilización minoica – Zde/WIKIPEDIA

Gracias a eso, han averiguado que grupos de granjeros del Neolítico migraron desde Anatolia hacia Grecia y Creta miles de años antes de que comenzase la Edad del Bronce. Además, han concluido que los griegos modernos son claramente descendientes de los micénicos.

Para hacer estos análisis, los investigadores recogieron muestras de dientes de los restos de 19 personas micénicos, minoicos y procedentes de Anatolia y los compararon con los genomas (conjuntos de genes) de 330 individuos de la antigüedad y con 2.600 de personas actuales.

Los resultados muestran que minoicos y micénicos eran genéticamente muy similares, pero que no eran idénticos. Los segundos tienen una huella dejada por antiguos pobladores del Norte y Este de Europa, una señal ancestral que está también presente en los europeos actuales.

Aunque quedan muchos interrogantes abiertos, el estudio descarta una importante teoría que decía que los micénicos no estaban relacionados con los minoicos, sino que eran una población extranjera que llegó al Egeo. También rechaza la idea de que los griegos modernos no descendían de los micénicos.

Más bien al contrario, esta investigación muestra que en la región hay una continuidad genética desde tiempos antiguos hasta la actualidad, enriquecida, eso sí, con la llegada de personas del Norte y Este de Europa.

 

16 agosto 2017 at 8:13 pm Deja un comentario

Establecen autenticidad de monedas antiguas sin dañarlas

A través de ensayos no destructivos, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) logran identificar elementos para determinar la autenticidad de monedas romanas con más de mil quinientos años de historia.

Las monedas del Imperio Romano son piezas antiguas que tienen una amplia circulación en el mercado, porque a lo largo de la historia se han emitido millones de ejemplares (se estima que más de mil toneladas de oro y el séxtuple de plata). Foto: INTI

Fuente: INTI-Comunicación – Helena Marchini Noticias de la Ciencia y la Tecnología
11 de julio de 2017

Las monedas son elementos de cambio que utiliza el hombre desde hace más de 2 mil quinientos años y que han ido variando su composición a lo largo de la historia. Con el objetivo de aportar una herramienta científica a los coleccionistas de estas piezas antiguas, especialistas del organismo argentino INTI desarrollaron un método de ensayo que permite establecer su autenticidad sin destruir los ejemplares.

“Con el propósito de comparar los resultados que obtuvimos a partir de ensayos visuales, solicité al Laboratorio de Especies Cristalinas del Centro de Química del INTI el estudio de diez monedas romanas, acuñadas entre los años 235 y 285”, explica el especialista Diego Álvarez. Mediante el método de fluorescencia se analizaron los elementos de cada pieza y se pudo determinar que tres de ellas eran falsas porque no poseían los materiales característicos de la época. En ese período contenían aproximadamente 60% de plata, 1% de oro y 40% de cobre; pero en el ensayo se detectó un caso en el que no había oro, otro con más de 90% de plata , y uno que poseía estaño como material principal (para simular superficialmente la plata). Este último contenía además un porcentaje de Niobio, elemento descubierto en el siglo XIX que por anacronismo no podría estar presente.

También se analizaron tres monedas de cobre del Bajo Imperio Romano, pertenecientes a la época alcanzada entre los años 284 y 476. Se pudieron aportar datos desde el laboratorio para conocer las condiciones en las que se fue oxidando el metal y se detectó un caso en el que la pátina había sido alterada recientemente. Esto último se determinó porque se identificaron marcas correspondientes a una sustancia denominada “malaquita”, que es destructiva de las monedas (con lo cual, teniendo en cuenta la antigüedad de los ejemplares, ya debería estar destruida).

“Es muy importante el aporte que podemos ofrecer desde la Arqueometría —nombre con el que se conoce a la disciplina que estudia la composición de materiales arqueológicos— para corroborar la autenticidad de monedas antiguas y evitar su falsificación en el mercado”, concluye Rodrigo Álvarez de INTI. Esta actividad se suma al trabajo que viene realizando el Instituto, que este año celebra su 60º aniversario, para promover el desarrollo en todo el país mediante la innovación y la transferencia tecnológica directa a la industria.

El trabajo ya despertó un fuerte interés de la comunidad numismática internacional, porque es una técnica que en muchos casos resuelve una problemática que al día de hoy no tenía solución. Esta metodología de trabajo —que permite conocer la composición de materiales— también podrá aportar datos para otros estudios antropológicos, sociales o arqueológicos.

 

11 julio 2017 at 5:34 pm Deja un comentario

La receta médica de Hipócrates oculta en el monasterio de Santa Catalina

Los monjes han descubierto el texto durante los trabajos de restauración y digitalización de la biblioteca de este centro ubicado en el monte Sinaí

El monasterio de Santa Catalina (Getty Images)

Fuente: DAVID RUIZ MARULL LA VANGUARDIA
8 de julio de 2017

En una ceremonia celebrada en la sede de su ministerio, el ministro egipcio de Antigüedades Khaled El-Enany anunció un descubrimiento sorprendente. Escondido entre los miles de libros del monasterio de Santa Catalina (o de la Transfiguración), los monjes encontraron un raro ejemplar.

Santa Catalina, ubicada en la boca de un cañón de difícil acceso a pies del monte Sinaí, en Egipto, está construido donde la tradición bíblica supone que el profeta Moisés vio una zarza ardiendo sin consumirse (Éxodo 3) desde donde Dios le habló y le pidió que regresara a Egipto para liberar a los judíos de la esclavitud.

El monasterio de Santa Catalina está ubicado en la boca de un cañón de difícil acceso a pies del monte Sinaí

La biblioteca del monasterio, que está siendo restaurada y digitalizada, cuenta con la segunda colección de códices y manuscritos más extensa del mundo, solo superada por la Biblioteca Vaticana. Son más de 6.000 textos griegos, romanos, coptos, árabes, hebreos, armenios, sirios o etíopes, así como iconos raros, objetos litúrgicos, decretos y reglamentos emitidos por los califas de la primera época del Islam.

Entre tanto material, es normal que algo pueda escaparse. Y lo que se mantuvo oculto durante siglos fue un palimpsesto (manuscrito reutilizada que conserva huellas de otra escritura anterior) del siglo VI d.C. con explicaciones sobre medicina.

Busto de Hipócrates (Getty Images)

Los palimpsestos fueron muy habituales, especialmente a partir del siglo VII, por la escasez de papiro. Este escrito, sin embargo, utilizó un soporte de cuero (que también era muy caro) y, en él, un escriba anónimo recogió cuatro recetas médicas, una de las cuales se atribuye a Hipócrates. Al investigador griego (460-370 a.C.) se le considera el padre de la medicina por aportaciones como el juramento hipocrático.

Uno de los textos incluso contiene dibujos de hierbas medicinales. No obstante, la receta de Hipócrates parece incompleta y los investigadores trabajan en su reconstrucción. El análisis del documento ha revelado que uno de los textos que se borró es el conocido “Códice sinaítico”, una versión griega de la Biblia que tuvo mucho éxito en la Edad Media.

La receta de Hipócrates parece incompleta y los investigadores trabajan en su reconstrucción

A mediados del siglo XIX, el teólogo y filósofo alemán Konstantin von Tischendorf visitó precisamente Santa Catalina y descubrió varios fragmentos de este códice perteneciente al Antiguo Testamento. Tischendorf había sido enviado por el zar Alejandro II de Rusia para descubrir nuevos manuscritos.

La mayoría de los textos del monasterio tratan temas históricos, geográficos y filosóficos. Santa Catalina fue construida entre los años 527 y 565 por orden del emperador bizantino Justiniano I, en el mismo lugar donde la madre de Constantino I el Grande había mandado edificar la capilla de la Zarza Ardiente. El espacio, sagrado para las tres grandes religiones monoteístas (cristianismo, islam y judaísmo), ha estado en uso ininterrumpidamente.

 

8 julio 2017 at 6:13 pm Deja un comentario

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