Posts filed under ‘ciencia’

Establecen autenticidad de monedas antiguas sin dañarlas

A través de ensayos no destructivos, técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) logran identificar elementos para determinar la autenticidad de monedas romanas con más de mil quinientos años de historia.

Las monedas del Imperio Romano son piezas antiguas que tienen una amplia circulación en el mercado, porque a lo largo de la historia se han emitido millones de ejemplares (se estima que más de mil toneladas de oro y el séxtuple de plata). Foto: INTI

Fuente: INTI-Comunicación – Helena Marchini Noticias de la Ciencia y la Tecnología
11 de julio de 2017

Las monedas son elementos de cambio que utiliza el hombre desde hace más de 2 mil quinientos años y que han ido variando su composición a lo largo de la historia. Con el objetivo de aportar una herramienta científica a los coleccionistas de estas piezas antiguas, especialistas del organismo argentino INTI desarrollaron un método de ensayo que permite establecer su autenticidad sin destruir los ejemplares.

“Con el propósito de comparar los resultados que obtuvimos a partir de ensayos visuales, solicité al Laboratorio de Especies Cristalinas del Centro de Química del INTI el estudio de diez monedas romanas, acuñadas entre los años 235 y 285”, explica el especialista Diego Álvarez. Mediante el método de fluorescencia se analizaron los elementos de cada pieza y se pudo determinar que tres de ellas eran falsas porque no poseían los materiales característicos de la época. En ese período contenían aproximadamente 60% de plata, 1% de oro y 40% de cobre; pero en el ensayo se detectó un caso en el que no había oro, otro con más de 90% de plata , y uno que poseía estaño como material principal (para simular superficialmente la plata). Este último contenía además un porcentaje de Niobio, elemento descubierto en el siglo XIX que por anacronismo no podría estar presente.

También se analizaron tres monedas de cobre del Bajo Imperio Romano, pertenecientes a la época alcanzada entre los años 284 y 476. Se pudieron aportar datos desde el laboratorio para conocer las condiciones en las que se fue oxidando el metal y se detectó un caso en el que la pátina había sido alterada recientemente. Esto último se determinó porque se identificaron marcas correspondientes a una sustancia denominada “malaquita”, que es destructiva de las monedas (con lo cual, teniendo en cuenta la antigüedad de los ejemplares, ya debería estar destruida).

“Es muy importante el aporte que podemos ofrecer desde la Arqueometría —nombre con el que se conoce a la disciplina que estudia la composición de materiales arqueológicos— para corroborar la autenticidad de monedas antiguas y evitar su falsificación en el mercado”, concluye Rodrigo Álvarez de INTI. Esta actividad se suma al trabajo que viene realizando el Instituto, que este año celebra su 60º aniversario, para promover el desarrollo en todo el país mediante la innovación y la transferencia tecnológica directa a la industria.

El trabajo ya despertó un fuerte interés de la comunidad numismática internacional, porque es una técnica que en muchos casos resuelve una problemática que al día de hoy no tenía solución. Esta metodología de trabajo —que permite conocer la composición de materiales— también podrá aportar datos para otros estudios antropológicos, sociales o arqueológicos.

 

11 julio 2017 at 5:34 pm Deja un comentario

La receta médica de Hipócrates oculta en el monasterio de Santa Catalina

Los monjes han descubierto el texto durante los trabajos de restauración y digitalización de la biblioteca de este centro ubicado en el monte Sinaí

El monasterio de Santa Catalina (Getty Images)

Fuente: DAVID RUIZ MARULL LA VANGUARDIA
8 de julio de 2017

En una ceremonia celebrada en la sede de su ministerio, el ministro egipcio de Antigüedades Khaled El-Enany anunció un descubrimiento sorprendente. Escondido entre los miles de libros del monasterio de Santa Catalina (o de la Transfiguración), los monjes encontraron un raro ejemplar.

Santa Catalina, ubicada en la boca de un cañón de difícil acceso a pies del monte Sinaí, en Egipto, está construido donde la tradición bíblica supone que el profeta Moisés vio una zarza ardiendo sin consumirse (Éxodo 3) desde donde Dios le habló y le pidió que regresara a Egipto para liberar a los judíos de la esclavitud.

El monasterio de Santa Catalina está ubicado en la boca de un cañón de difícil acceso a pies del monte Sinaí

La biblioteca del monasterio, que está siendo restaurada y digitalizada, cuenta con la segunda colección de códices y manuscritos más extensa del mundo, solo superada por la Biblioteca Vaticana. Son más de 6.000 textos griegos, romanos, coptos, árabes, hebreos, armenios, sirios o etíopes, así como iconos raros, objetos litúrgicos, decretos y reglamentos emitidos por los califas de la primera época del Islam.

Entre tanto material, es normal que algo pueda escaparse. Y lo que se mantuvo oculto durante siglos fue un palimpsesto (manuscrito reutilizada que conserva huellas de otra escritura anterior) del siglo VI d.C. con explicaciones sobre medicina.

Busto de Hipócrates (Getty Images)

Los palimpsestos fueron muy habituales, especialmente a partir del siglo VII, por la escasez de papiro. Este escrito, sin embargo, utilizó un soporte de cuero (que también era muy caro) y, en él, un escriba anónimo recogió cuatro recetas médicas, una de las cuales se atribuye a Hipócrates. Al investigador griego (460-370 a.C.) se le considera el padre de la medicina por aportaciones como el juramento hipocrático.

Uno de los textos incluso contiene dibujos de hierbas medicinales. No obstante, la receta de Hipócrates parece incompleta y los investigadores trabajan en su reconstrucción. El análisis del documento ha revelado que uno de los textos que se borró es el conocido “Códice sinaítico”, una versión griega de la Biblia que tuvo mucho éxito en la Edad Media.

La receta de Hipócrates parece incompleta y los investigadores trabajan en su reconstrucción

A mediados del siglo XIX, el teólogo y filósofo alemán Konstantin von Tischendorf visitó precisamente Santa Catalina y descubrió varios fragmentos de este códice perteneciente al Antiguo Testamento. Tischendorf había sido enviado por el zar Alejandro II de Rusia para descubrir nuevos manuscritos.

La mayoría de los textos del monasterio tratan temas históricos, geográficos y filosóficos. Santa Catalina fue construida entre los años 527 y 565 por orden del emperador bizantino Justiniano I, en el mismo lugar donde la madre de Constantino I el Grande había mandado edificar la capilla de la Zarza Ardiente. El espacio, sagrado para las tres grandes religiones monoteístas (cristianismo, islam y judaísmo), ha estado en uso ininterrumpidamente.

 

8 julio 2017 at 6:13 pm Deja un comentario

Descubierto el ingrediente secreto que explica la fuerza del hormigón de la antigua Roma

Científicos buscan la receta que usaban los romanos para construir sus puertos, algunos aún en pie

Extracción de muestras de un muelle del ‘Portus Cosanus’ en la costa toscana, construido hace más de 2.000 años. J. P. OLESON

Fuente: MIGUEL ÁNGEL CRIADO  |  EL PAÍS
3 de julio de 2017

“¿Quién se admirará bastante de la parte arruinada de ella [la Tierra] y por esto llamado polvo en las colinas de Puteoli para oponerse al reflujo del mar, y sumergido de inmediato se hace una piedra irrompible por las olas y más fuerte cada día…?” Así describía Plinio el Viejo las maravillas del hormigón romano en el año 79 de nuestra era. Durante siglos, Roma construyó sus puertos con una combinación de caemento, cal viva y materiales volcánicos que la ingeniería moderna tardó siglos en igualar. Ahora, geólogos e ingenieros buscan en los restos de los puertos romanos la fórmula exacta para el hormigón del futuro.

El hormigón moderno empieza a deteriorarse nada más echarlo al mar. La reacción con el agua salina le hace perder alcalinidad y carbonatarse. Hasta que dejó de usarse el hormigón armado, la química dictaba que, en unas décadas, lo que parecía sólida roca se disolvería como un azucarillo. Sin embargo, con todos los avatares de la historia y hasta de la orografía, aún quedan espigones, rompeolas o muelles de los puertos construidos por los ingenieros romanos hace 2.000 años.

“Contrariamente a los fundamentos del hormigón moderno basado en el cemento, los romanos crearon un hormigón que mejora con el intercambio químico abierto con el agua de mar”, explica la geóloga de la Universidad de Utah (EE UU), Marie Jackson, que lleva años buscando la fórmula del hormigón romano. Tanto entonces como ahora se usa un aglomerante. En la actualidad, la base es el cemento tipo Portland, compuesto por calizas y arcillas calentadas a más de 1.500º. Los romanos recurrían en especial a la cal viva, óxido de calcio. Como aglomerado, hoy se usan arenas y gravillas. Entonces, escombros de todo tipo.

Los romanos usaban cal como aglomerante y materiales volcánicos como aglomerado

Pero la clave está en el aliño. Antes de ellos, la construcción en las sociedades más avanzadas de entonces, como la griega, usaban una argamasa calcárea que al secar hacía de aglomerante. Ya fuera por casualidad, cercanía geográfica o ensayo y error descubrieron que los materiales volcánicos que usaban reaccionaban con el agua como lo hace hoy el cemento Portland. De hecho, como escribió Plinio el Viejo, aquel hormigón mejoraba con la exposición al agua marina.

Jackson y un grupo de colegas han usado tecnologías muy avanzadas para analizar muestras tomadas del interior de la estructura de dos puertos romanos y un espigón construidos entre el siglo I antes de nuestra era y el siglo I de esta. Las escanearon con microscopio electrónico, con el sincrotón que tiene el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (EE UU) y la técnica de espectroscopia Raman. Las piedras revelaron todos sus secretos.

“Pudimos identificar los diferentes minerales y las enigmáticamente complejas secuencias de cristalización a escala microscópica”, cuenta Jackson. Según los resultados de su investigación, publicada en la revista especializada, American Mineralogist, la cal, expuesta al agua marina, reaccionó con las cenizas volcánicas usadas en la mezcla de forma muy rápida. Pero lo que han comprobado también es que, tras agotarse la cal, se inició una segunda fase mucho más lenta.

Hormigón procedente de un espigón de la bahía de Nápoles de hace 2.000 años visto al microscopio electrónico. MARIE JACKSON

Ahora los protagonistas son dos minerales que ni habían sido descubiertos en tiempos de los romanos, la tobermorita y la phillipsita. En el hormigón marino romano, estos minerales forman finas fibras y placas que lo hacen más resistente y menos susceptible a la fractura. La tobermorita fue descubierta en el siglo XIX. En estado natural ha sido detectada en emisiones de algunos volcanes islandeses y, de forma artificial, también ha aparecido como subproducto de la reacción del hormigón usado en los cementerios nucleares con la roca.

Tanto la tobermorita como la phillipsita se usan hoy para elaborar los cementos especiales con los que hacer el hormigón masa (sin armazón) con el que se levantan los puertos actuales. El problema es que hay que quemar el mineral a muy alta temperatura. “Nadie ha creado tobermorita a 20º, excepto los romanos”, comenta Jackson.

Los puertos romanos se construían con las mismas cenizas volcánicas de la región de la actual Nápoles

Para el profesor de ingeniería de la construcción de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), Víctor Yepes, “el hormigón romano era mejor que el mal hormigón actual pero no superior al buen hormigón”. Sí reconoce que los romanos encontraron en la naturaleza unos materiales que la ciencia moderna tardaría siglos en igualar con el descubrimiento del cemento Portland.

Yepes también reconoce que los materiales volcánicos usados por los romanos son más ecológicos. La industria del cemento es responsable del 5% de las emisiones de CO2 que están detrás del cambio climático. Hasta llegar al hormigón hay que obtener el clinker (el polvo base del cemento) en grandes hornos que emiten doblemente: con la energía que necesitan para calentar las materias primas a más de 1.500º y como subproducto del propio cemento. Además, usan las cenizas de siderúrgicas y centrales termoeléctricas alimentadas con carbón como los romanos usaban las del Vesubio, alimentando sus propias emisiones.

Si se pudiera recrear la reacción fría del hormigón marino romano, la aportación de la industria cementera al calentamiento global se reduciría de forma significativa. En eso trabajan Jackson y otros, como el Departamento de Energía de EE UU. Aunque se han realizado experimentos en condiciones similares, usando agua de la bahía de San Francisco, y materiales volcánicos del oeste de EE UU, el hormigón obtenido aún no tiene las características del romano. Desvelados todos los ingredientes de la fórmula del hormigón romano gracias a la tecnología moderna, Jackson reconoce que lo que no han resuelto es “la preparación de las materias primas y los procedimiento”.

 

3 julio 2017 at 8:24 pm Deja un comentario

“Los romanos trepanaban para curar fracturas en el cráneo”

El presidente de la Real Academia de Medicina y cirugía de Galicia quiere alejarse de la medicina romana «de los libros» y se referirá solo a sus propios hallazgos antropológicos en distintas excavaciones. Esos restos servirán al doctor Carro Otero para repasar qué cirugías se hacían en la época romana en el noroeste peninsular en la ponencia que dará hoy en el Hula a partir de la una de la tarde

El doctor José Carro Otero

Fuente: María PiñeiroEl Progreso
29 de junio de 2017

La cirugía tal y como la conocemos necesitó de descubrimientos recientes para recibir un verdadero impulso, pero algunas intervenciones ya se realizaban con éxito en Roma.

¿Estaba muy desarrollada la cirugía en Roma o habían heredado todas las técnicas de los griegos?

La medicina romana es un tercer tiempo, secuenciado con dos fases previas: la griega y la egipcia. Los emperadores romanos procuraban contratar siempre como médicos de la corte a griegos porque estaban enormemente prestigiados.

¿Qué aprenden los romanos de ellos?

Todo, perfeccionando algunas cosas. Es obvio que no se podían hacer maravillas porque entonces no era posible. Para muchos aspectos, la cirugía necesita de unos descubrimientos que solo se van a producir en el siglo XIX, como la anestesia general. Conseguían adormecer de alguna manera a los pacientes porque tenían el opio y el enfermo llegaba con su administración a una fase de analgesia razonable pero, para ciertas cosas, no era suficiente. No podían abrir el abdomen porque al no poder suprimir el tono muscular, que solo se consigue con una anestesia a un nivel intenso, se saldrían las tripas y no habría quien las pudiera volver a meter. Lo que hacían se llamaba cirugía externa, que excluye la torácica y abdominal. Son las extremidades: pared y tronco, sin llegar a entrar; el cuello, por supuesto y, en la cabeza, sí trabajaban la cavidad encefálica porque hacían trepanaciones. En la conferencia voy a presentar la primera y única trepanación de época romana que hasta ahora se encontró en Galicia.

¿Para qué se hizo esa trepanación?

Es complicado saberlo. Sabemos que es grande y afecta a buena parte del hueso parietal derecho, está cicatricada al 50%, lo que quiere decir que el individuo tuvo una supervivencia que pudo haber sido de un año. El aspecto del área cicatrizada nos indica que no hubo infección grave, por tanto que no se murió como consecuencia de la trepanación en si. No sabemos si la trepanación se hizo para intentar aliviar algún problema del cerebro. Había una serie de enfermedades que el enfermo situaba en alguna zona porque sentía un dolor especial y se hacía entonces una trepanación en ese sitio, trepanaban bajo demanda. También se trepanaba para curar las fracturas locales en el cráneo. A alguien le daban con una piedra en un sitio determinado, le producían una fractura del hueso del cráneo que se rompía en trozos pequeños y entonces el cirujano hacía lo que haría cualquiera si tuviera cuerpos extraños: intenta sacárselos. Se trepanaría para eliminar los fragmentos óseos producidos en una fractura. Además, habían aprendido que era bueno sanear los bordes, cortar por lo sano…

¿Para las infecciones?

Exactamente. Y para que no quedaran trozos a medio romper. Trepanaban por lo sano, hacían el agujero más grande dejando un borde limpio. Luego reponían la piel y el agujero quedaba solo protegido por la piel, que cicatrizaba. Se cubrían después con un casco.

¿Qué otras cirugías eran comunes en esa época?

Aunque no se hacía cirugía de cavidades, se pueden operar muchas cosas en superficie. Las extremidades, en principio, no darían mayor problema y una de las cosas que se hacían, de las que llevo dos casos, son amputaciones. Llevo un caso, encontrado por mí y por primera vez en Galicia, de una amputación de las dos manos.

¿Por qué se le amputaron?

Es una amputación complicada de interpretar. Puede ser punitiva, de castigo, o terapéutica, para curar algo. En este segundo caso, tendría que ser, por ejemplo, que la cayese una piedra en ambas manos. Había dos formas de amputación: una con prestigio social y otra sin él. Con prestigio social, sería si el ciudadano es un prisionero de guerra y se le castiga amputándole las manos. Esto lo hacían muchísimo los romanos porque, de esa manera, no mataban a la persona pero la eliminaban como futuro combatiente: no podía usar el arco, ni la espada, ni el escudo… Y, además, castigaban a su familia y amigos porque tenían que atenderlo en todo, no podía ni vestirse solo, ni alimentarse… era una carga. En ocasiones estas amputaciones se hacían incluso de forma colectiva. No era degradante socialmente porque la hace el enemigo, luego para los suyos más bien era un héroe. Se ve porque el individuo está enterrado en un sepulcro muy correcto, no hay proscripción social.

¿Y la segunda amputación?

Es la amputación de una pierna, también con supervivencia, se hizo por encima del tobillo, en el tercio medio y quedó perfectamente cicatrizada. El hueso peroné y la tibia se unieron por un callo cicatricial que hace un puente de un hueso al otro. Usó durante un tiempo una pata postiza. Imagínese un palo al que arriba, forrado para que no lastime, se le hace una especie de copa. El muñón se mete en ese copa y con las correas se sujeta a la pierna. Al caminar, como el hueso es más bien convexo, se redondea y hace un inverso de la copa cóncava que se le ha puesto. No hay duda de que tuvo una prótesis.

“La romana más longeva es Severina, una mujer de 91 años enterrada en Parga”

¿Qué usaban los romanos para desinfectar?

Nada que se sepa eficaz con seguridad. La mayoría de heridas se infectaban porque no había antisepsia ni asepsia. Fíjese si estaban acostumbrados a las infecciones que, cuando una herida no supuraba, se preocupaban muchísimo porque no estaba siguiendo el patrón habitual. Se estima que el 80% de las fracturas se infectaban. Sabemos que lavaban las heridas con agua caliente. No tenían jabones eficaces, se usaban cosas hechas con sosa que más quemaban que limpiaban… Las heridas iban curando por la propia mecánica de las defensas naturales. Naturalmente, las curaciones tardaban mucho, con molestias y las heridas quedaban de aquella manera, con imperfecciones. Solo se consiguió una desinfección eficaz en la segunda mitad del siglo XIX; es decir, ayer.

Hablará también de la duración de la vida en Galicia en la época romana…

Se vivía muchísimo menos que ahora. Para este estudio utilicé lapidas romanas porque tienen inscripción con el nombre; por tanto sé si cada persona es hombre o mujer, y la edad a la que se muere. Resulta que la mujer más longeva con mucho es una señora cuya lápida se encontró en Parga, Guitiriz. Tenía 91 años y se llamaba Severina. Hay un Victorinus, que sale con 120, pero creo que debe ser un error. De 70 años solo pasaba el 20%. El 50% de la población no pasa de los 40 años.

 

Guardar

30 junio 2017 at 8:52 pm 1 comentario

Qué es el mecanismo de Antikythera: el misterioso tesoro de la antigua Grecia

El artefacto cumple 115 años desde su hallazgo y aún sigue guardando numerosos enigmas

Reconstrucción del Mecanismo de Antikythera

Fuente: ALBERTO LÓPEZ  |  EL PAÍS
17 de mayo de 2017

Si preguntáramos a un alumno que cursa Secundaria que quién inventó la calculadora o dónde fue inventada, las respuestas podrían ser miles, pero ninguna estaría cerca de la realidad y muchos menos harían referencia a una calculadora astronómica con más de 2.100 años de antigüedad.

 

El mecanismo de Antikythera fue encontrado por unos buscadores de esponjas marinas entre los numerosos restos de joyería, monedas y estatuas de bronce y mármol de una galera romana que naufragó frente a la costa de la isla griega que le da su nombre, Antikythera.

Los 82 fragmentos de bronce localizados – hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas – estaban dentro de una caja de madera en cuyas tapas se mostraban numerosas inscripciones con información valiosísima (nombres de meses en corintio, planetas..)

No todos los expertos están de acuerdo con la interpretación del mecanismo. Fue el arqueólogo Stais en 1902 el que creyó que se trataba de un reloj astronómico. Edmunds y T.Freeth creían que el artefacto se utilizaba para predecir eclipses solares y lunares y tendrían como referencia los conocimientos en progresión aritmética de los babilonios y Edmunds aseguraba que podría mostrar planetas como Venus y Mercurio.

Sin embargo Price, tenía una teoría más celestial, se utilizaría para establecer el cronograma de festivales agrícolas y religiosos. Y Wright con la reconstrucción del instrumento (72 engranajes) añadía que podría mostrar los movimientos de los cinco planetas conocidos en ese tiempo.

“Quienquiera que lo hizo, lo hizo extremadamente bien”

Por último otros estudiosos revelaron que podría servir para determinar la fecha exacta de celebración de los Juegos Olímpicos y se apoyan en las inscripciones que se han encontrado, (empezaban con la luna llena más cercana al solsticio de verano y era necesario un cálculo lo más exacto posible y un gran conocimiento de astronomía para establecer la fecha concreta)

Lo que parece claro es que el Mecanismo de Antikythera consta al menos 37 ruedas dentadas de precisión, hechas de bronce, con el que se podría calcular con exactitud posiciones y movimientos astronómicos, recrear la órbita irregular de la Luna y, quizás establecer la posición de planetas.

Restos del Mecanismo de Antikythera: MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ATENAS

Posterior a esta calculadora se encontró un calendario luni-solar mecánico persa del año 1000 con una gran precisión tecnológica y no fue hasta la Edad Media cuando aparecieron aparatos complejos en los relojes de las catedrales medievales.

Hoy en día somos capaces de llegar a los lugares más insospechados, calcular distancias sorprendentes y alcanzar todo aquello con lo que los griegos soñaron alguna vez, tan sólo pensar que un artefacto de semejantes características como el Mecanismo de Antikythera fuera creado hace más de 2.000 años, es para asegurar que estábamos ante una civilización mucho más cercana a la nuestra de lo que podemos imaginar.

 

17 mayo 2017 at 12:31 pm Deja un comentario

Asperitas, volutus, flumen… Naciones Unidas identifica 12 nuevos tipos de nubes

La revisión del atlas de masas nubosas incluye formaciones como las asperitas, similares a la superficie del mar

Altostratus asperitas, en el Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). RUBÉN DEL CAMPO

Fuente: MANUEL ANSEDE  |  EL PAÍS
25 de marzo de 2017

La Organización Meteorológica Mundial presentará mañana el nuevo Atlas Internacional de Nubes, una publicación de referencia que no se actualiza desde 1987. Aquella edición en papel, anterior a la era de internet, ha llegado a ser un libro de culto entre los aficionados a observar el cielo.

El atlas se publicó por primera vez en 1896, con tan solo 28 imágenes en color. La edición de este año, en formato digital, incluye cientos de fotografías e identifica 12 nuevos tipos de nubes. Como los animales, las nubes se clasifican en géneros, especies y otras categorías inferiores, con nombres en latín. Los géneros describen la apariencia aproximada de las nubes y dónde se forman, como ocurre con los altocumulus, unas formaciones que en el cielo parecen un rebaño y protagonizan el refrán “Borreguitos en el cielo, charquitos en el suelo”. El nuevo atlas no añade ningún nuevo género a los 10 ya existentes.

Una nube de tipo cavum captada con un teléfono móvil. RUBÉN DEL CAMPO

La versión de 2017 sí describe una nueva especie, bautizada volutus o nube enrollada. Es una masa nubosa de escasa altura, en forma de tubo que parece enrollarse en un eje horizontal, según detalla un comunicado de la Organización Meteorológica Mundial. La institución, de Naciones Unidas, también incluye una nueva nube accesoria, denominada flumen o cola de castor. Suele aparecer asociada a fuertes tormentas en rotación conocidas como supercélulas.

La entidad añade a su vez cinco nuevos rasgos complementarios: asperitas, cavum (con un agujero), cauda (o nube de cola), fluctus y murus (o nube de muro). El primero, asperitas, llega al atlas entre un clamor popular, gracias a una campaña de la asociación británica Cloud Appreciation Society, dedicada a promover la admiración de las masas nubosas. La ONG propuso su inclusión en 2008, después de que muchos de sus miembros captaran por todo el mundo fotografías de nubes que se asemejaban a la superficie ondulante del mar vista desde abajo. “Es el clásico ejemplo de ciencia ciudadana, en la que las observaciones de la población, permitidas por la tecnología de los teléfonos inteligentes e internet, han influido en un sistema de clasificación oficial”, sostiene la asociación.

Una nube de tipo fluctus. RUBÉN DEL CAMPO

El nuevo atlas también introduce cinco nubes especiales más. Cuatro de ellas están relacionadas con factores localizados que disparan la formación de las nubes: cataractagenitus, vinculadas a cataratas; flammagenitus, observadas sobre fuentes de calor intenso, como incendios forestales; silvagenitus, típicas de bosques húmedos; y homogenitus, generadas a partir de las estelas de condensación que dejan los aviones. Las homomutatus son nubes ya existentes que se modifican con el paso de aeronaves.

“Han tardado 30 años, pero han hecho una revisión bastante buena. Es una guía de referencia que ya era necesaria”, opina el especialista español Rubén del Campo, observador de nubes en la Agencia Estatal de Meteorología. El nuevo atlas incluye una imagen tomada por él de un cirrus castellanus, una nube poco frecuente con una especie de torrecillas.

Una nube homogenitus, generada a partir de la estela de un avión. RUBÉN DEL CAMPO

“Si queremos predecir el tiempo, debemos entender las nubes. Si queremos modelizar el sistema climático, debemos entender las nubes. Y si queremos predecir la disponibilidad de recursos hídricos, debemos entender las nubes”, ha defendido el finlandés Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial.

El sistema internacional de clasificación de las nubes se remonta al trabajo pionero del británico Luke Howard, un meteorólogo aficionado que en 1803 publicó un ensayo sobre la modificación de las masas nubosas. En la actualidad se conocen unos 100 tipos de nubes, sumando las combinaciones entre las diferentes categorías.

 

28 marzo 2017 at 8:37 pm Deja un comentario

La química saca los colores a la escultura clásica romana

Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba en el Instituto Universitario de Química Fina y Nanoquímica documenta la existencia de pigmentos amarillos, azules y rojos en tres grandes estatuas de la ciudad romana de Torreparedones.

Fuente: Universidad de Córdoba
20 de marzo de 2017

A simple vista, las grandes estatuas romanas que llenan las calles de Roma, los museos arqueológicos de media Europa y siguen apareciendo en los yacimientos arqueológicos del territorio que ocupó el antiguo Imperio son de un blanco casi inmaculado. Así llevan siglos presentándose ante los ojos de quienes han querido mirarlas con más o menos pasión. Los artistas renacentistas las idolatraron y considerado un ejemplo de virtuosismo artístico. El arte clásico fue considerado la esencia del genio humano. Miguel Ángel creó su David y su Piedad imitando a los escultores griegos y romanos, tallando en la inmaculada piedra dos de las grandes obras de la Historia Universal del Arte.  Se le olvidada, sin embargo, un detalle. Las estatuas romanas no fueron blancas en su origen, estaban laboriosamente pintadas de vivos colores aunque ni los ojos de los renacentistas ni de cualquier persona del año 2017 sea capaz de verlos.

Así lo han sospechado durante décadas los arqueólogos y así lo ha demostrado recientemente la ciencia. Uno de los últimos trabajos en este sentido ha sido el publicado por un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba en el Instituto de Química Fina y Nanoquímica integrado por los profesores José Rafael Ruiz Arrebola y César Jiménez Sanchidrián y los investigadores Daniel Cosano Hidalgo y Laura Dara Mateos Luque en la revista Microchemical Journal, en la que constatan la existencia de pigmentos de amarillo, azul y rojo en tres grandes estatuas aparecidas en el yacimiento arqueológico de Torreparedones (Baena, Córdoba), cuyas excavaciones dirige el profesor Carlos Márquez.

Para sacar los colores a las esculturas, el equipo de la UCO, perteneciente al Departamento de Química Orgánica, ha recurrido a la espectrometría Raman, consistente en irradiar la muestra con un láser y medir la luz dispersada, correlacionando el número de onda de dicha luz dispersada con diferentes enlaces químicos que hacen posible determinar la naturaleza del pigmento empleado en la pintura.

Según detallan en el artículo, para conseguir conocer los colores concretos que adornaron las vestimentas de los emperadores Augusto y Claudio y la que posiblemente representara a Livia, esposa del primero de ellos, los investigadores de la UCO calibraron el espectrómetro de acuerdo con los materiales que se pensaba que eran utilizados para colorear este tipo de estatuas. Tras someter las tres esculturas a este análisis, los investigadores concluyeron que los artistas de la Bética emplearon el oxihidróxido de hierro (goethita) para conseguir el amarillo, el óxido de hierro (hematites) para el rojo y el “azul egipcio”, un pigmento conocido desde la antigüedad, sintetizado a base de arena silícea, calcita y cobre.

El virtuosismo de aquellos antiguos pintores de estatuas no se limitó a emplear los colores planos, sino que los mezclaron con carbonato y fosfato cálcico y sulfatos para matizarlos, logrando diferentes tonalidades y dotando a sus esculturas de una profundidad, que, si se hubieran conservado, probablemente hubieran impresionado como hizo todo su arte a los renacentistas.

D. Cosano, L. Dara Mateos, C. Jiménez-Sanchidrián, J.R. Ruiz, Identification by Raman microspectroscopy of pigments in seated statues found in the Torreparedones Roman archaeological site (Baena, Spain), Microchemical Journal, 130 (2017) 191-197.

 

21 marzo 2017 at 12:17 am 1 comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

julio 2017
L M X J V S D
« Jun    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente