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Así era, hace 1.800 años, el mejor «spa» del mundo

Una reconstrucción permite admirar en 3D, como eran en el 216 d.C., cuando se inauguraron, las Termas de Caracalla en Roma

Reconstrucción de las Termas de Caracalla – ABC

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC
14 de enero de 2018

Hoy en Roma se pueden visitar las impresionantes Termas de Caracalla y admirarlas como las veían los antiguos romanos. Es el milagro de la realidad virtual. Se podrá comprobar cómo los mejores spa de la actualidad, con sus masajes y tratamientos de belleza, solamente son una remota imitación o recuerdo de una muy refinada forma de cuidarse y mimarse de los antiguos romanos. «Caracalla IV dimensión. Sumergíos en las termas más bellas del mundo» es la denominación que se da al innovador proyecto de la Superintendencia de Arqueología de Roma.

1.800 años separan estas dos imágenes de las Termas de Caracalla -ABC

La tecnología consiste en un visor en tres dimensiones que muestra cómo eran los ambientes de las termas, hoy en ruinas, en su inauguración en el año 216 d.C. Se trata del primer gran sitio arqueológico italiano que se puede admirar en su totalidad en 3D, gracias a la reconstrucción que se ha efectuado basada en los estudios de los últimos treinta años.

Saqueos

El público tiene una oportunidad única de comprender la grandiosidad y belleza de las termas. El lugar era mágico, de sublime belleza: maravillosos mosaicos en los pavimentos, estatuas en 156 nichos, imponentes esculturas, unos techos artesonados en las bóvedas que alcanzaban cincuenta metros de altura, luz natural que se difundía suavemente en el interior… Las termas eran un tesoro y continuaron siéndolo durante siglos, porque fueron saqueadas y sus joyas arquitectónicas acabaron en palacios, iglesias e incluso plazas.

1.800 años separan estas dos imágenes de las Termas de Caracalla -ABC

En Roma dos grandes bañeras de granito adornan la céntrica plaza Farnese, mientras una veintena de columnas de la Biblioteca de las Termas se encuentran desde el siglo XII en la nave central de la basílica romana de Santa María in Trastevere. Entre los principales tesoros del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles están el grupo escultórico del «Toro Farnese», la gran estatua «Hércules Farnese» y la bañera en pórfido rojo del Frigidarium (local para los baños fríos), procedentes de Caracalla. Los visitantes de las termas pueden ver hoy en 3D todas esas joyas artísticas resplandeciendo en sus sitios originales.

Reconstrucción de las Termas de Caracalla – ABC

En este ambiente de lujo, relajación y bienestar se introducían cada día unos 800 romanos. Hablando de política o de sus cosas cotidianas, se bañaban en la Natatio, se refrescaban en el Frigidarium y o se calentaban en el Calidarium con baños de agua caliente antes de los masajes. También podían jugar a una especie de minigolf, hacer gimnasia, leer textos en griego y latín en dos espléndidas bibliotecas. Para comer tenían a su disposición tabernas en los jardines.

Tesoro y cantera

En las plantas subterráneas, centenares de esclavos quemaban

Reconstrucción de las Termas de Caracalla -ABC

10 toneladas de leña cada día para calentar el agua y los diversos ambientes. Había gran pompa y elegancia en las termas, pero también eran un lugar con hacinamiento, ostentación y cierto griterío, según el filósofo Séneca, que vivía en las proximidades: «Se oyen las voces del pastelero, del salchichero y de todos los dependientes de las tabernas, cada uno de los cuales modula de forma diversa su voz», recuerda Lucio Anneo Seneca en la representación en 3D.

Reconstrucción de las Termas de Caracalla -ABC

Esta fue la vida que se llevaba en las Termas de Caracalla durante más de tres siglos, hasta que en el 537 el ejército mandado por el rey ostrogodo Vitiges cegó todos los acueductos de Roma para lograr su rendición. Con el agua cortada, las termas terminaron en ruinas y fueron utilizadas como tesoro de joyas arquitectónicas y cantera de materiales. La última columna que desapareció de las termas fue en 1563 y pesaba 50 toneladas. El Papa Pío IV se la regaló a Cosimo de Médici, quien la colocó en la plaza de la Santa Trinidad de Florencia para ensalzar a la Justicia.

En definitiva, gracias a las nuevas tecnologías se puede realizar un viaje en el tiempo entre el pasado y el presente para conocer las costumbres y el arte antiguo que hacen de Roma una auténtica Ciudad Eterna.

 

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14 enero 2018 at 4:10 pm Deja un comentario

La creatividad de Fornasetti se mezcla con la escultura clásica en Roma

Los innovadores diseños del polifacético artista italiano Piero Fornasetti se mezclan ahora en Roma con la colección de escultura clásica del Palacio Altemps, con la que ironizan y dialogan en armonía.

Foto: MiBAC

Fuente: EFE  |  ABC
10 de enero de 2018

Lo hacen con ocasión del vigésimo aniversario de la apertura al público de este palacio, una de las sedes del Museo Nacional Romano, que acoge hasta el 6 de mayo la exposición “Citazioni pratiche. Fornasetti a Palazzo Altemps” (“Citas prácticas. Fornasetti en el Palazzo Altemps”).

De la mano del diseñador que llevó “lo antiguo a lo contemporáneo” se pretende así acercar a las nuevas generaciones el patrimonio arqueológico alojado en su interior, que va desde el siglo V a. C. hasta el XVII, a fin de que “puedan preservar y mejorar la memoria del pasado”, explicó a Efe la directora del centro, Daniela Porro.

Creador de impresiones surrealistas y fantasiosas, Fornasetti (1913-1988) tomaba motivos clásicos de lo antiguo, como la diosa Afrodita, la serpiente o el sol, del Renacimiento y hasta del barroco, y los plasmaba en una gran variedad de objetos decorativos.

Su técnica la llevó a mobiliario, objetos de porcelana, alfombras, ceniceros, juegos de café, lámparas o biombos, todos los cuales, y más, se han dispuesto en una especie de “horror vacui” (horror al vacío) en varias de las habitaciones del primer piso de este museo hasta dar forma a la estética de los que fueron sus antiguos apartamentos.

Juega así el arquitecto con el doble alma del inmueble, otrora residencia del embajador de España y alojamiento histórico de aristócratas familias italianas como los Orsini, Altemps o Hardouin.

De sala en sala, y en un escenario aparentemente antagónico, la colección de escultura clásica y antigua del palacio se envuelve y confronta con veintisiete de las incursiones artísticas de este moderno creador, en las que se despliegan hábilmente alrededor de ochocientas de sus piezas, de las más de trece mil que ejecutó.

“Una comparación a veces fantástica, otras irreverente, pero siempre sabia, que permite leer la colección del Palazzo Altemps de una nueva manera”, valora Porro.

Un busto de mármol del dios romano Plutón se rodea de platos en forma de constelación; de cerámica y coloridos por otro lado son los gatos, símbolo de la antigua Roma, que se alternan sobre restos romanos.

Hay hasta paragüeros y cojines colocados en varias salas del museo, en el que el mensaje que se transmite es la imaginación desenfrenada del autor en la que todo cabe.

En innumerables ocasiones, el artista alude a Grecia, y tanto rodea con bocetos eróticos antiguas esculturas de sus dioses o criaturas mitológicas, como ironiza con sus narices, arquetipo clásico, comparándolas con fotografías de la suya.

Fue defensor de la funcionalidad en el diseño de los objetos, pues decía que “una silla está hecha para sentarse y, sobre todo, debe ser cómoda”, tal como recuerda a Efe su hijo Barnaba Fornasetti.

Cual artesano renacentista, Fornasetti gestó un sello distintivo e inconfundible desde las paredes de un taller sito en su ciudad natal, Milán, que lo han llevado a ser considerado uno de los creadores de más talento del siglo XX.

Su secreto fue la originalidad y la falta de contemporaneidad de su arte, según lo resume su hijo, actualmente a las riendas del estudio familiar.

Muestra de la atracción por las obras de Fornasetti es que un mueble con su firma se vendiera por 53.500 euros (unos 64.000 dólares) en una subasta en la casa “Christie’s” en Londres en 2016.

O que se pujara hasta los 22.500 euros (unos 27.000 dólares) por una serie de 24 platos en los que figuraba uno de sus recurrentes “leitmotivs”, la cara de la soprano italiana Lina Cavalieri.

Nunca conoció a esa artista pero sintió “fascinación formal y gráfica” por su rostro, asegura Barnaba sobre una cara a la que su padre regresó constantemente en el curso de su carrera artística.

“Como el mismo Piero explicó, el rostro de la mujer es como una estatua griega, enigmático como la Mona Lisa y modelable a través de la intuición visual”, evoca Barnaba sobre palabras de su padre quien, apunta, “reinventó y reinterpretó, dejando flotar su imaginación con rigor, otros temas como las cartas, los arlequines o las manos”.

Varias de estas cuelgan, invitando a ser estrechadas, del techo de una sala del Palacio Altemps, donde lo antiguo y lo moderno se dan la mano.

Ver Galería fotográfica en Corriere della Sera

 

10 enero 2018 at 7:16 pm Deja un comentario

Pretorianos, la oscura fuerza detrás del trono de los césares

Dos libros revisan la cruenta historia de la vilipendiada guardia imperial de la antigua Roma

Los pretorianos del Louvre

Fuente: JACINTO ANTÓN  |  EL PAÍS
6 de enero de 2018

Pocas unidades militares arrastran tan mala fama como los pretorianos, la guardia de los  emperadores de Roma, su privilegiada (cobraban mucho más que los legionarios y servían menos tiempo) y a menudo petulante escolta. El cuerpo, que también acompañaba en campaña al emperador, entrando en combate como soldados, tuvo múltiples funciones incluyendo las de policía secreta, espionaje y operaciones clandestinas (como asesinar a enemigos del Estado). Fue precursor de las unidades de élite y de los guardaespaldas de los líderes modernos, influyó en contingentes como la Guardia Suiza, la Guardia Imperial de Napoleón o las SS, y su eco llega hasta La Guerra de las Galaxias, en cuya nueva entrega, Los últimos Jedi, el malvado líder supremo cuenta con una guardia personal inspirada directamente en ellos (aunque armada con espadas y lanzas láser en lugar de gladios y pilums).

A los pretorianos originales, a los que hemos podido ver haciendo de malos malísimos en decenas de películas de toga y sandalia, entre ellas Quo Vadis, La caída del imperio romano o Gladiator, sin olvidar la serie Yo, Claudio, se los denostó ya en la antigüedad por convertirse a menudo en el poder detrás del trono y por su fea costumbre de poner y quitar (matándolos, claro) césares a su antojo. Se los habituó a recibir una paga extra cada vez que había un relevo de emperador, lo que fomentó su deseo de cambio. Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

De ellos escribió el gran Gibbon, que les achacó ser síntoma y causa de la decadencia de Roma: “Su orgullo se vio alimentado por la conciencia de su peso irresistible (…) Les enseñaron a percibir los vicios de sus señores con consabido desdén y a obviar el temor reverencial hacia sus amos que solo la distancia y el misterio pueden preservar”. En sus filas militaron algunos de los nombres más detestables de la historia romana, verdaderos sinónimos de traición, despotismo, crueldad e infamia, como Casio Quera, Sejano, Tigelino o Plauciano, que llegó, se cuenta, a castrar a cien ciudadanos nobles (de origen senatorial) para que su hija Plaucila pudiera ser atendida por eunucos, que ya es capricho.

Las carreras de los líderes de los pretorianos llegaron a ser muy prósperas –el propio Plauciano fue suegro del emperador Caracalla- y algunos incluso accedieron ellos mismos al trono, como Macrino y Filipo el Árabe, que antes de emperadores fueron prefectos del pretorio, es decir comandantes de la guardia. La indignidad de los más conocidos no debe hacer olvidar que hubo pretorianos decentes y que varios de sus mandos supremos murieron en campaña al frente de sus tropas (como el prefecto Cornelio Fusco, caído en combate contra los dacios cuando servía a Domiciano).

A reseguir la historia del famoso cuerpo, que estuvo activo 340 años, desde época republicana hasta que lo disolvió Constantino tras la batalla del puente Milvio (312) en la que habían apoyado a su rival Majencio, y a dilucidar hasta qué punto merecía su pésima fama, dedica el especialista británico Guy de la Bédoyère su documentadísimo libro La guardia pretoriana, ascenso y caída de la escolta imperial de Roma (Pasado & Presente, 2017), que coincide además en librerías con Pretorianos, la élite del ejército romano, del historiador de la Complutense Arturo Sánchez Sanz (La Esfera de los Libros, 2017).

El autor británico tiene muy claro de dónde viene el oscuro carisma de los pretorianos, y por qué nos fascinan tanto. “Eran peligrosos”, responde sin ambages. “Siempre cerca del centro del poder”. ¿Su reputación de malos está justificada? “Se los podía comprar, pero cuando los emperadores eran buenos y tenían gran prestigio, los pretorianos se comportaban. Fue sobre todo en los casos de emperadores incompetentes o vulnerables que los pretorianos cubrían los vacíos con su ambición y se convertían en codiciosos hacedores de reyes. El autoexilio de Tiberio en Capri, el desastroso reinado de Calígula…”.

La guardia pretoriana de ‘Gladiator’

De la Bédoyére señala que buena parte de lo malo que hicieron los pretorianos, “una de las fuerzas más poderosas y caprichosas de la historia de Roma”, hay que achacarlo a emperadores “que dejaban mucho que desear”. Distingue entre los soldados de la guardia, que mayormente, dice, fueron en general leales a sus emperadores, y sus oficiales y prefectos, “de los que no se puede decir lo mismo”. Y recalca que de una manera u otra, los pretorianos “eran como un volcán dormido que amenazaba con entrar en erupción cuando lo permitiesen las circunstancias”.

Uno de los episodios más famosos en que intervinieron los pretorianos fue cuando tras asesinar a Calígula, hicieron emperador al reticente Claudio que se había escondido detrás de una cortina y que les concedió una generosa propina como soborno para comprar su lealtad.

Sánchez Sanz muestra bajo una luz más favorable que De la Bédoyére a los pretorianos y cree que hay que desmitificar su imagen de “dueños del poder” que, opina, corresponde en puridad a sus colegas legionarios, que fueron los grandes impulsores de las candidaturas imperiales. Señala que los pretorianos probablemente “salvaron la vida a tantos emperadores como a los que se la arrebataron”. La guardia pretoriana, resume con cierto tono de admiración, “eran los soldados de élite de imperio. Muchas veces se aprovecharon de ello, otras tantas lo demostraron”.

Claudio implora ente los pretorianos que deciden nombrarlo emperador tras el asesinato de Calígula, en una pintura de Alma-Tadema de 1869

El libro de Sánchez Sanz, especialista en historia antigua, es muy rico en detalles sobre la organización, los uniformes y el equipamiento de los pretorianos, un tema complejo por la escasez de fuentes iconográficas y la variedad de funciones que carcaterizaba al cuerpo.

Los pretorianos empezaron siendo un destacamento de soldados, veteranos de confianza, que protegían como escolta personal a los generales en época republicana, tomando su nombre de la tienda de éstos, el praetorium, el pretorio. Hay referencias a las “cohortes pretorianas”, que es el tipo de unidad del ejército romano en que se agrupaban, desde tiempos de Escipión el Africano, aunque líderes como Julio César poseían otros guardaespaldas (en su caso, una guardia de hispanos que el malogrado dictador tuvo la mala idea de disolver antes de los idus de marzo). En todo caso, no encontramos verdaderamente institucionalizados a los pretorianos de la manera que los conocemos hasta época de Augusto. Fue él el que estableció una fuerza permanente de nueve cohortes, compuestas cada una por 500 o mil hombres, según las fuentes (De la Bédoyére es partidario de los mil), con campamento en Roma, destinada a proteger al emperador y a su familia, a suprimir disturbios y a desarticular complots.

Al frente de los pretorianos estaban dos prefectos del pretorio, que fueron cobrando mayor poder y protagonismo por su posición tan cercana al emperador. Los pretorianos contaban con una unidad de caballería propia, los equites singulares Augusti.

Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas.

Para De la Bédoyére (Wimbledon, 1957), el momento más sórdido de la historia de la guardia (y de Roma) fue la subasta que hicieron los pretorianos de la dignidad imperial en el año 193, tras el asesinato de Pértinax, que había intentado meterlos en cintura después de que en tiempo de Cómodo se hubieran acostumbrado a hacer lo que les daba la gana, incluso pegar a los transeúntes. “Ofrecieron el trono al mejor postor, una puja indigna y degradante, uno de los momentos en que ellos, y Roma, cayeron más bajo”. Compró el trono, al alza, Didio Juliano, que no duró sino 66 días al no poder pagar la suma acordada con los pretorianos.

Con las necesidades del imperio cada vez más acuciantes en las fronteras, se había ido combinando el uso de los pretorianos como fuerza militar de combate, y acompañaban al emperador como hueste personal en sus cada vez más frecuentes campañas (como en los casos deTrajano en Dacia y Marco Aurelio en Marcomania), hasta convertirse en una parte más, aunque siempre privilegiada y por ello envidiada, del ejército regular.

¿Qué calidad militar tenían? “Durante bastante tiempo, sorprendentemente poca”, responde De la Bédoyére. “Buena parte de ellos pasaban el rato holgazaneando en Roma como maniquíes militares y bravucones libertinos, capaces de asesinar pero poco aptos para la guerra real. Septimio Severo renovó la guardia con legionarios experimentados. Por desgracia, eso los hizo aún más peligrosos para el emperador”.

Los pretorianos desplegados en campaña, según la reconstrucción de un juego de ordenador.

Al preguntarle al estudioso por la inquietante similitud entre la guardia pretoriana y las SS, que también empezaron como guardia personal y acabaron convertidas en poderosas unidades de élite dentro del ejército alemán, De la Bédoyére reconoce el parecido y apunta que, “sin duda, de haber vivido Hitler hasta hacerse viejo sus rivales se habrían vuelto hacia las SS prometiéndoles más dinero y privilegios a cambio de que los apoyaran para convertirse en nuevos Führers, igual que en la antigua Roma”.

Los pretorianos tienen mucho de inasibles. En parte porque eran un cuerpo muy polivalente, además de que fueron cambiando con el tiempo. Su iconografía, su armamento y su indumentaria no están claros, lo que ha permitido fantasear mucho con ellos. “Eran espías (con una rama especial dedicada a esa tarea, los speculatores), soldados, escoltas, pero también topógrafos, mineros, ingenieros, armeros”, señala el estudioso británico. “Hacían todo lo que el emperador necesitara. Hasta de escuadrones de la muerte o de parte de la escenografía imperial: participando en espectáculos del poder. Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas. Cumplían misiones en todas partes. Incluso se envió una unidad a explorar Nilo arriba hacia Etiopía, una de las aventuras más curiosas del ejército romano”.

En cuanto a su aspecto, “cambiaba continuamente, llevaban uniformes vistosos al estar de guardia en palacio, armaduras especialmente diseñadas para ellos en las paradas y equipamiento más funcional en campaña. Pero a menudo, en el día a día, en Roma, eran muy discretos, vestían de paisano y no los reconocías si no los observabas muy de cerca”.

Cuando actuaban sigilosamente llevaban una característica capa con capucha, la paenula. El autor opina que la película que mejor nos los ha mostrado probablemente sea Gladiator, “pero tampoco es muy exacta”. Un aspecto desconcertante es que a veces llevaban calcetines.

¿Cuál es la herencia de los pretorianos? “Mostraron qué inestable es la cuerda sobre la que se sostiene un gobernante autoritario en el poder”, resume De la Bédoyére. “Necesita apoyo para mantenerse ahí, pero su guardia ha de ser poderosa para darle ese soporte. Y su poder puede llegar a ser mayor que el de él en cualquier momento… y entonces, está acabado”.

PERSONAJES FAMOSOS

Vinio Valente, centurión pretoriano de época de Augusto, era un sansón capaz de detener un carro con una mano. Lo cita Plinio.

Sejano, consiguió un poder omnipotente con Tiberio. El primer pretoriano que mostró lo peligrosos que podían ser. incurrir en su enemistad significaba una pena de muerte. Dion Casio asegura que yacía con las esposas de hombres relevantes para atesorar información. En su caída arrastró a toda su familia, y a su hija Junila, aún virgen, la forzó el verdugo para justificar la ejecución como la de una mujer adulta.

Macrón, también prefecto del pretorio como Sejano, fue el primero en participar en la muerte de un emperador, acelerando la de Tiberio. Previamente le había ofrecido su mujer al césar para que tuviera una aventura con ella.

Casio Querea, asesinó a Calígula tras sufrir numerosas humillaciones y que el emperador lo tachara continuamente en público de afeminado

Tigelino, el sicario de Nerón, cínico y disoluto. Un verdadero canalla.

Gayo Vedennio Moderato. La otra cara de la guardia, un pretoriano que sirvió larga y fielmente durante los flavios. Un buen soldado especialista en artillería y que era un crack usando la balista.

 

6 enero 2018 at 12:27 am Deja un comentario

Coliseo: Aquí sí murieron cristianos

¿Fueron martirizados en el Coliseo los cristianos? Esta pregunta que durante años ha dividido a los historiadores parece haber encontrado respuesta en un reciente estudio del profesor de Historia de la Iglesia de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, Pier Luigi Guiducci.

Fuente: Gianluca Teseo / Álvaro De Juana  |  LA RAZÓN
28 de diciembre de 2017

La hipótesis que el experto ha puesto sobre la mesa desmiente lo sostenido hasta ahora por algunos estudiosos modernos, según los cuales los cristianos en Roma no encontraron la muerte en el célebre anfiteatro, sino en otros lugares como el Circo Máximo, el de Nerón o las cárceles de la época.

Sin embargo, con el nuevo estudio presentado por Guiducci se ha logrado identificar –gracias a las últimas restauraciones del Coliseo– un dibujo de una cruz sobre un tramo de yeso que data del siglo III y que lleva a una «reformulación» de la historia.

«Mientras estaba terminando de escribir un libro sobre los mártires romanos del siglo I al IV, me encontré en internet con tres fotografías sobre los trabajos de limpieza del Coliseo. Rápidamente observé un trozo de pared que se encuentra en el corredor de servicio que conduce al tercer nivel. A la izquierda había dibujada una cruz. Esta se apoya sobre una línea que une dos grandes letras: una “T” y una “S”, explica el profesor Guiducci a LA RAZÓN.

Estas dos letras, prosigue el experto, «expresan de manera sintética una exclamación típica del público de la época que asistía a los espectáculos y esperaba que saliese a la arena la bestia contra los condenados: “Taurus, taurus, taurus”, es decir “toro”».

La pequeña cruz fue añadida para contrarrestar un grito de violencia y de muerte, una referencia a Cristo que salva. «El descubrimiento de ese mensaje conduce hacia la consideración de que en el Coliseo, por lo tanto, hubo cristianos».

Las novedades presentadas por el docente encuentran, de hecho, una sólida conexión con hallazgos de las diversas catacumbas de la época romana, como por ejemplo, en el «diseño de la escena bíblica del profeta Daniel entre los leones» que se encuentra en las de San Calixto. Tal imagen pictórica puede ser elegida como referencia de los cristianos que debían afrontar la «damnatio ad bestias», literalmente la «condena a las bestias». Además, se debe considerar el hecho de que los juegos con animales feroces en tiempos de los romanos solo se desarrollaban en los anfiteatros por cuestiones de seguridad de los espectadores.

A estos datos hay que añadir las sentencias de muerte de más prefectos de Roma, las referencias de escritores cristianos como Tertuliano o San Agustín, así como de otros autores paganos y la organización en Roma de los «juegos» que duraban semanas y que requerían de un elevado número de bestias y de hombres.

Todo lo argumentado por Guiducci se encuentra en las fuentes históricas del siglo II d.C. Por ejemplo, se conoce que después de vencer a Dacia (la actual Rumanía y Moldavia), Trajano organizó combates en el Coliseo por más de 120 días. En este contexto, ·no es extraña la hipótesis de que entre los condenados a muerte hubo también cristianos·, como narra por ejemplo «la historia del obispo de Antioquía, Ignacio, contada por Eusebio de Cesarea, en el “Chronicon”, al tratar los años 107-108 d.C.», dice el profesor.

«Lo que llama la atención de estos escritos es la elección de no acentuar el drama de lo acontecido, sino el reforzar la unidad de las primeras Iglesias locales», añade a su vez. Aunque el recuerdo de los mártires comenzó a documentarse solo en los tiempos posteriores a las persecuciones, «en la memoria de la gente no se pierde, a través de los siglos, el recuerdo de personas inocentes que encontraron la muerte en más lugares de Roma», asegura el profesor.

«Si pensamos en los cristianos asesinados en sus estancias, en las catacumbas, en los anfiteatros o en zonas poco distantes de los muros de la ciudad utilizados para ejecuciones» se puede comprender por qué «alguno comenzó a grabar cruces en los ambientes cercanos a la arena del Coliseo». El profesor de la Lateranense apunta que no es casualidad que en el tiempo litúrgico de Cuaresma, la Iglesia de Roma recorra el Vía Crucis precisamente cerca del majestuoso anfiteatro, y que los distintos Papas, a lo largo del tiempo, «quisieran identificar el Coliso como un lugar en el que recordar a todos los mártires».

Para Guiducci «la memoria de estos mártires nos lleva también a los mártires de nuestro tempo cuyo número es muy elevado», dice en referencia a la situación en Oriente Medio.

 

28 diciembre 2017 at 2:42 pm 4 comentarios

La casa privada de Trajano, una maravilla bajo el suelo de Roma

El sensacional descubrimiento está en el centro de la plaza del templo de Diana, en el centro histórico de la ciudad eterna

Dos arqueólogos, en la villa privada de Trajano – ABC

Fuente: Ángel Gómez Fuentes  |  ABC
23 de diciembre de 2017

Es un tesoro escondido en el Aventino, un barrio en el centro histórico de Roma. El sensacional descubrimiento, que según los arqueólogos se trata de la rica villa privada de Trajano antes de ser emperador, está en el centro de la plaza del templo de Diana, a diez metros de profundidad. Los espeleólogos y arqueólogos acceden solo por una tapa de alcantarilla.

Esta joya arquitectónica se ha mostrado por primera vez al público en un video que puede verse en la exposición «Trajano. Construir el Imperio, crear Europa». Se trata de cinco maravillosas salas, de seis metros de altura, perfectamente conservadas y decoradas con frescos con motivos floreales y recuadros rojos y amarillos.

Es uno de los mil tesoros escondidos de Roma, inaccesible; como el Acueducto Trajano -mostrado también en el mencionado video-, una imponente obra hidráulica con un recorrido de 32 kilómetros, para traer el agua desde el lago de Bracciano a Roma.

La casa del emperador, conocida como «Privata Traiani Domus», representa el lujo discreto, mientras el acueducto es la «magnificencia pública», ejemplo de sus obras de utilidad pública, para obtener consenso popular, con buena administración y leyes que todavía hoy son la base de la jurisprudencia moderna.

La fama de Trajano pudo así llegar hasta nuestros días, una «inmortalidad» del emperador hispano celebrada también por Dante Alighieri en el Purgatorio.

 

23 diciembre 2017 at 9:35 am Deja un comentario

La tercera dimensión devuelve a las termas de Caracalla a su máximo esplendor

Las antiguas termas romanas de Caracalla, consideradas unas de las más grandes y lujosas del Imperio Romano, recuperaron desde hoy su aspecto original gracias a la realidad virtual, con la que han mostrado de nuevo su máximo esplendor.

Fuente: Agencia EFE  |  YAHOO Noticias

Roma, 19 dic.- Construidas en el siglo III (211-217 d.C.) por el emperador romano que les da nombre, estas antiguas termas son en la actualidad un conjunto de ruinas que a simple vista solo dan una idea del grado de belleza que alcanzaron cuando aún corría el agua en su interior.

Sin embargo, gracias a un proyecto de realidad virtual presentado hoy, ahora los restos arqueológicos cobran vida a través de un visor que permite al espectador un viaje al pasado y un paseo por sus escultóricas instalaciones.

Recorriendo sus marmóreos pasillos, quien acuda a las Termas de Caracalla para disfrutar de esta experiencia puede incluso encontrarse con el mismísimo Séneca, asiduo visitante de este lugar a faldas del monte Aventino.

Colores, formas y materiales originales se presentan con todo lujo de detalles sobre los impresionantes mosaicos con teselas en blanco y negro que antaño cubrieron los pavimentos del “Apodyterium” (vestuario) o las baldosas rojas y verdes del gimnasio.

Entre las diez estancias recreadas con esta tecnología tridimensional, es posible pasear bajo los techos abovedados o los pórticos que delimitaban los baños y cuyos capiteles y grabados parecen cobrar vida con esta tecnología.

El recorrido comienza con una introducción sobre la figura, las campañas militares y las políticas del emperador Caracalla (188-217 d.C), de la dinastía de los Severos, y posteriormente inicia la visita por las termas, de las que cada día disfrutaban entre seis mil y ocho mil personas.

En el “frigidarium”, lugar en el que los romanos se zambullían en gélidas aguas, se topará asimismo el visitante con una reproducción de la gran estatua del “Toro Farnesere”, famosa y majestuosa escultura de mármol que hoy alberga el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (sur).

Y también podrá adentrarse por los varios kilómetros de galerías y recovecos que recorrían el suelo de las termas para calentar sus ambientes.

Con una perspectiva que cubre todo el espacio visual, las gafas logran envolver entre las cristalinas aguas de la piscina al visitante, antes de despedirle de un complejo arquitectónico que incluía entre sus espacios sauna, sala de masajes y espacios destinados a los baños calientes.

Más allá de centro para el cuidado del cuerpo, estas termas imperiales fueron también lugar de estudio y reunión, siguiendo aquel precepto clásico de la “mens sana in corpore sano” (mente sana en un cuerpo sano).

De ahí que a través del visor, las ruinas den paso a las dos bibliotecas que el lugar atesoraba en su interior, una griega y otra latina.

En la presentación de este recorrido virtual, el superintendente del área arqueológica de Roma, Francesco Prosperetti, destacó que el proyecto permite una confrontación continua entre la realidad física y la realidad virtual.

Un instrumento que a su juicio “enriquece la visita” y demuestra “la grandeza arquitectónica” de un lugar que, con el paso de los siglos, fue saqueado y algunas de sus partes acabaron en otros edificios de la capital del Tíber, como las columnas de sus bibliotecas, ahora en la basílica de Santa María de Trastevere.

En definitiva las gafas “ofrecen la impresión de estar dentro” de este lugar, a pocos pasos del Circo Máximo o del Coliseo y del que quedan solo ruinosos vestigios.

Prosperetti subrayó la facilidad de uso de la herramienta tecnológica, de la que valoró su aplicación “en términos de comprensión del mundo antiguo”.

La iniciativa, denominada “Caracalla IV Dimensione” (“Caracalla 4ª Dimensión), es fruto de una meticulosa investigación arqueológica por parte de la asociación Coopculture, promotora del proyecto, en colaboración con la Superintendencia de Roma y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Ver Galería de imágenes en La Repubblica

 

20 diciembre 2017 at 8:32 am Deja un comentario

Trajano, el emperador sevillano que llevó la alegría a los romanos

Una gran exposición en Roma le rinde homenaje a los 1.900 años de su muerte

Vista de la obra «Trajano recibe embajadores frente a la representación de la ciudad Drobeta», uno de los relieves de las Columnas de Trajano – EFE

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES ABC
17 de diciembre de 2017

«Optimus princeps», es decir, el mejor entre los emperadores romanos. Este es el título que le dedicó al hispano Trajano el historiador Plinio el Joven, su contemporáneo. Ahora, a los 1.900 años de su muerte, se le rinde homenaje con la exposición «Trajano, construir el Imperio, crear Europa», un título significativo porque se muestra un pasado que sirve para indicar un camino al presente. Para una Europa que afronta tensiones sociales y diversos desafíos como el de la inmigración, la lección de Trajano puede tener actualidad, porque «Trajano fue un soberano atento a las exigencias de su pueblo», según el profesor Claudio Parisi Presicce, que ha ideado esta exposición en el Museo de los Foros Imperiales, en las salas de los mercados que llevan el nombre de Trajano.

Nacido en el año 53 en la ciudad de Itálica, en la Bética, una de las provincias romanas de la Península Ibérica, llamada Hispania por los romanos, Marco Ulpio Trajano fue el primer emperador que no pertenecía a una dinastía imperial. Fue nombrado en el año 98 por sus méritos y no por relaciones familiares. Trajano escaló rápidamente los grados de la carrera militar, demostrando dotes de estratega de guerras y de paz. Supo ser un sabio administrador, ganándose el consenso y la fidelidad absoluta de sus hombres. Por eso el emperador Nerva lo «adoptó» como su sucesor. «Llevó al Imperio a su máxima extensión (6,5 millones de kilómetros cuadrados, de los que 5 millones son los confines actuales de Europa), pero el sentido de sus conquistas no está ligado al de la sumisión, sino al de la inclusión», subraya el profesor Presicce. Esto se evidencia en las siete secciones en que se divide la exposición. Trajano conquistó tierras y pueblos, pero lo hizo implantando reformas sociales, potenciando las infraestructuras más remotas, aplicando buena administración y leyes, sin olvidar nunca la capacidad de persuasión para mantener el consenso y el afecto del pueblo.

Guerrero

«Trajano era un guerrero, lo indican las fuentes, pero lo que ganaba en la guerra lo invertía en el territorio», destaca uno de los tres comisarios de la exposición, Lucrecia Ungaro, explicando que el emperador hispano se concentró tras las guerras en la construcción, viendo cómo el comercio se extendía y el Estado se enriquecía con la pacificación. Por eso, Plinio el Joven le dedicó llamativas alabanzas: «Trajano supo traer alegría a los romanos. Él nos ordenó ser felices, y lo seremos».

Trajano es conocido por su amplio programa de construcción de edificios públicos. Aún perduran numerosos monumentos, como el Foro de Trajano, los mercados que también llevan su nombre y la famosa Columna Trajana, situada en el foro, un monumento de mármol de Carrara de 38 metros de altura, incluyendo el pedestal en el que está la tumba que conserva sus cenizas y las de su mujer, Plotina. La columna está decorada con 135 bajorrelieves en espiral para conmemorar sus victorias en Dacia (actual Rumanía), tras cruentas campañas desde el año 101 al 106. El recorrido de la exposición aprovecha el gran poder evocador de estos monumentos, así como del genial arquitecto civil y militar Apollodoro di Damasco, que gozó de la plena confianza de Trajano.

Una estrella «pop»

La exposición parte de la sección que recuerda su muerte en el año 117 en Asia Menor, donde cayó enfermo. Se convirtió en el primer emperador en morir fuera de Roma. La comisaria Lucrecia Ungaro resalta que la exposición pretende ofrecer un conocimiento en profundidad del personaje histórico, pero en una clave «pop», lo que significa «para todos, popular, porque no es para especialistas, sino que lleva a la atención de todos los públicos materiales extraordinarios. Hemos querido contar la historia, la construcción del Imperio teniendo presentes cuáles son hoy los confines legales de Europa».

Por su parte, el profesor Presicce subraya que «Trajano fue un constructor material y simbólico»: «Esta idea de construcción -añade Presicce- hemos querido unirla a Europa, que nace siglos después, pero que nos restituye el sentido de sus conquistas, en las que no hay sumisión, sino inclusión». La exposición refleja la dedicación de Trajano por mejorar los territorios conquistados con monumentos, calzadas, puertos, puentes o termas. Entre esas obras destacan el puente sobre el Danubio o el de Alcántara (Extremadura), denominado de Trajano. Todo ello sirvió para unificar el Imperio y dar una imagen de vida civil y cultura común. El recorrido se completa con extraordinarias piezas arqueológicas, bustos y monedas de la época. Trajano pertenecía a una óptima familia (Ulpia) de la rica Bética.

En la exposición se recuerdan también las mujeres que rodearon al emperador: su hermana Marciana, su mujer, Plotina; y su sobrina Matidia, a las que dedicó estatuas, monumentos e inscripciones. Las tres recibieron el título honorífico de Augusta. Fueron mujeres de poder con influencia sobre Trajano. Justo antes de morir designó como sucesor a Adriano, casado con Sabina, una sobrina nieta de Trajano. Durante casi un año, hasta el 16 septiembre de 2018, el emperador hispano, convertido en estrella «pop», será celebrado en Roma, que lo consideró el mejor hombre del Imperio.

 

17 diciembre 2017 at 8:19 pm Deja un comentario

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