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Las Murallas Aurelianas, el monumento más grande de la Roma imperial

La Superintendencia Capitolina de Bienes Culturales ha encargado la primera campaña fotográfica integral sobre el recorrido entero de las Murallas Aurelianas, de más de 12 kilómetros de largo

Desde un puente
El Muro Torto desde el puente de la Villa Borghese.

Foto: Andrea Jemolo

Fuente: Alec Forssmann National Geographic
20 de junio de 2018

Las Murallas Aurelianas fueron erigidas por Lucio Domicio Aureliano (emperador romano entre el 270 y el 275 d.C.) para defender la ciudad de Roma de las invasiones bárbaras y, a lo largo de los siglos, se integraron en el tejido urbano: solemnes o solitarias, en palacios, cementerios, obras, a lo largo de avenidas u ocultas por la naturaleza. Las Murallas Aurelianas, con sus más de 12 kilómetros de largo en la actualidad, son el monumento más grande de la Roma imperial y el cinturón mural urbano más largo, antiguo y mejor conservado de la historia, según explicó ayer en un comunicado la Superintendencia Capitolina de Bienes Culturales, que ha encargado la primera campaña fotográfica integral sobre el recorrido entero de las murallas, incluso en los puntos no accesibles al público.

El elegido para documentar el recorrido de las Murallas Aurelianas ha sido el fotógrafo Andrea Jemolo, nacido en Roma el 10 de marzo de 1957, quien ha obtenido unas imágenes de gran definición. La exposición Walls. Las murallas de Roma. Fotografías de Andrea Jemolo, ideada por Claudio Parisi Presicce y comisionada por Federica Pirani y Orietta Rossini, abre hoy al público en el Museo dell’Ara Pacis de Roma y se podrá visitar hasta el 9 de septiembre de 2018. La muestra reúne una selección de 77 fotografías en color y en gran formato: cada una representa un pedazo de la historia y de la vida cotidiana. Hoy en día, tal y como expresa Marco Lodoli en el catálogo de la exposición, “las murallas siguen ahí, maravillosas, derrotadas, poéticas en su potente rendición, y el romano no les presta atención, como si esa gran serpiente formara parte de un paisaje eterno e indiferente, una arruga del tiempo, una melancolía habitual (…) Pocas obras en el mundo son tan grandiosas y melancólicas, tan trágicas y bellas, capaces de enseñarnos tantas cosas y quizá una sola cosa, pero decisiva: que de la vida no nos defendemos”.

 

Entre dos calles
Tramo de muralla entre la Via Campania y el Corso d’Italia, junto al parque de la Villa Borghese.

Foto: Andrea Jemolo

 

Interior de una muralla
El Estudio Randone, una escuela de cerámica, en el interior de la muralla de la Via Campania.

Foto: Andrea Jemolo

 

Tramo de muralla
Tramo de las Murallas Aurelianas a lo largo del Viale del Policlinico.

Foto: Andrea Jemolo

 

Reutilización de una muralla
Muralla reutilizada en el Viale di Porta Tiburtina, al lado de la estación de Roma Termini.

Foto: Andrea Jemolo

 

Junto a un edificio moderno
Las Murallas Aurelianas a la altura del Piazzale Labicano y el edificio del distribuidor hídrico, construido en 1935.

Foto: Andrea Jemoloç

 

Acueducto superior
Tramo de muralla con un acueducto superior, a lo largo de la Via Casilina Vecchia.

Foto: Andrea Jemolo

 

Integrada en un acueducto
La muralla y el acueducto a lo largo de la Via Casilina Vecchia.

Foto: Andrea Jemolo

 

A lo largo de una avenida
La muralla a lo largo del Viale Carlo Felice.

Foto: Andrea Jemolo

 

Torre defensiva
Torreón de la Porta Asinaria, una de las puertas de las Murallas Aurelianas, en el barrio de San Giovanni.

Foto: Andrea Jemolo

 

Junto a las obras del metro
La Porta Asinaria y las obras del metro.

Foto: Andrea Jemolo

 

Arcadas
Tramo interno de la muralla a lo largo del Viale di Porta Ardeatina.

Foto: Andrea Jemolo

 

Con una pirámide incluida
La Porta San Paolo con la Pirámide Cestia o de Cayo Cestio. La pirámide está incluida en la Muralla Aureliana.

Foto: Andrea Jemolo

 

A lo largo del río Tíber
Torreón sobre el Lungotevere Testaccio.

Foto: Andrea Jemolo

 

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20 junio 2018 at 2:24 pm Deja un comentario

Hallazgo en Roma: la Tumba del Atleta, una sepultura intacta de época republicana

La Tumba del Atleta o de los Estrígilos ha sido denominada así porque contenía dos estrígilos de hierro, unas piezas que utilizaban los atletas para retirar el sudor y el aceite del cuerpo tras la actividad física

Tumba del Atleta
En la parte superior de la imagen se distingue uno de los estrígilos, una especie de bandeja alargada que usaban los atletas para retirar el sudor y el aceite del cuerpo.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
4 de junio de 2018

Unos trabajos de arqueología preventiva, con motivo del redoblamiento de la captación de agua del acueducto Castell’Arcione-Salone, en la zona de Case Rosse, al noreste de Roma, ha sacado a la luz una tumba intacta de época republicana que ha sido fechada entre el siglo IV y el III a.C., según informó el viernes la Superintendencia Especial de Arqueología, Bellas y Artes y Paisaje de Roma. La Tumba del Atleta o de los Estrígilos ha sido denominada así porque contenía dos estrígilos de hierro, unas piezas que utilizaban los atletas de la época para retirar el sudor y el aceite del cuerpo tras la actividad física.

La sepultura está formada por una cámara excavada a unos 2 metros de profundidad y con cuatro inhumaciones realizadas en momentos diferentes: dos hombres adultos, de unos 50 y 30-39 años de edad respectivamente, cuyos restos estaban depositados sobre unos bancos laterales tallados en la roca; y dos individuos, un hombre de 35-45 años de edad y una mujer de edad indeterminada, cuyos restos óseos estaban depositados en el fondo del hueco que hay entre ambos bancos.

La sepultura está formada por una cámara excavada a unos 2 metros de profundidad

La Tumba del Atleta destaca por su ajuar funerario en óptimo estado de conservación: una espléndida vajilla de cerámica de pintura negra y algunas piezas con restos de decoración blanca y motivos geométricos y vegetales; dentro de dos platos y de dos copas se han podido identificar los restos de las ofrendas alimentarias que fueron realizadas durante los ritos funerarios: los huesos de un conejo y los de un cabrito o cordero. Los arqueólogos también han encontrado una moneda de aleación de bronce, con la cabeza de la diosa Minerva con casco y, en la otra cara, una cabeza equina con la palabra “ROMANO”, fechada entre el 335 y el 312 a.C. “Una zona lejana al centro de la capital vuelve a deparar nuevos y soprendentes hallazgos”, destaca la Superintendencia.

 

Hallazgo de la tumba
La tumba ha sido descubierta durante unos trabajos de arqueología preventiva en la zona de Case Rosse, al noreste de Roma.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Entrada de la tumba
La sepultura está formada por una cámara excavada a unos 2 metros de profundidad del suelo actual.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Bancos laterales
Sobre unos bancos laterales tallados en la roca estaban depositados los restos de dos hombres adultos.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Ajuar funerario
La Tumba del Atleta destaca por su ajuar funerario en óptimo estado de conservación.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Prácticamente intacta
La tumba, prácticamente intacta, ha sido fechada en la época republicana, entre el siglo IV y el III a.C.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Excelente estado de conservación
Esqueleto de un individuo y ajuar funerario en buen estado de conservación.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Ofrendas alimentarias
Dentro de dos platos y de dos copas se han podido identificar los restos de las ofrendas alimentarias que fueron realizadas durante los ritos funerarios: los huesos de un conejo y los de un cabrito o cordero.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Diosa Minerva
Moneda de aleación de bronce, con la cabeza de la diosa Minerva luciendo un casco.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

Cabeza equina
Moneda de aleación de bronce con una cabeza equina con la palabra “ROMANO”, fechada entre el 335 y el 312 a.C.
Foto: Soprintendenza Speciale Archeologia, Belle Arti e Paesaggio di Roma

 

4 junio 2018 at 1:53 pm Deja un comentario

Russell Crowe regresará al Coliseo en junio con un espectáculo de “Gladiator”

Russell Crowe volverá el 6 de junio a pisar la arena del Coliseo de Roma con un espectáculo que revivirá al general romano Máximo de “Gladiator” (2000), con la proyección de la oscarizada película y un concierto que interpretará la banda sonora.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Roma, 15 may.-  La estrella hollywoodiense asistirá a este evento como invitado especial y también estará presente el compositor Hans Zimmer, autor de la banda sonora, confirmó hoy a Efe la compañía sinfónica Orchestra Italiana del Cinema, organizadora del espectáculo junto con CineConcerts.

Los organizadores además han extendido la invitación al actor Joaquin Phoenix, que dio vida al cruel Cómodo, y al director de la película, Ridley Scott, quien no podrá asistir por compromisos laborales.

Se trata de una iniciativa solidaria que permitirá a solo 300 amantes de esta cinta, ganadora de cinco premios Óscar (entre ellos mejor película y actor protagonista), volver a disfrutar de las épicas luchas de Máximo Décimo Meridio, el leal general romano traicionado por Cómodo, hijo bastardo del emperador Marco Aurelio.

Pero además de ver la película en un escenario privilegiado, los asistentes disfrutarán de la banda sonora en directo con un concierto de la Orchestra Italiana del Cinema, dirigido por el maestro Justin Freer y con la participación extraordinaria de la cantante Lisa Gerrard, intérprete vocal de la película.

El espectáculo revivirá los combates entre gladiadores en el Anfiteatro Flavio por una buena causa.

Los fondos recaudados irán destinados a la Campaña “End Polio Now”, un programa de erradicación de la poliomielitis apoyado por Rotary International, la Fundación Bill y Melinda Gates, la Organización Mundial de la Salud, Unicef y los Centros estadounidenses para el control y la prevención de enfermedades.

Además, financiarán la instalación de un nuevo ascensor que permitirá a las personas en silla de ruedas subir hasta el tercer nivel de este anfiteatro, símbolo de Roma y construido en el siglo I.

La directora del parque arqueológico del Coliseo, Alfonsina Russo, celebró esta iniciativa en un comunicado y destacó que gracias a ese ascensor estas personas podrán tener “una visa completa del monumento”.

“La cultura es y debe ser siempre un derecho, del que ninguno debe sentirse excluido”, dijo.

El evento será de nuevo ofrecido al público los días 8 y 9 de junio en el Circo Máximo, donde más de 200 músicos y coristas de la Orchestra Italiana del Cinema interpretarán la banda sonora, mientras la película será proyectada en alta definición, en una pantalla de más de 20 metros.

 

15 mayo 2018 at 7:06 pm Deja un comentario

El aceite, artículo multiusos de los romanos

En la antigua Roma, el aceite de oliva se utilizaba para aliñar los platos, iluminar las casas o cuidarse la piel en las termas

Una factoría aceitera romana. El método de extracción del aceite de oliva era totalmente manual e implicaba un enorme esfuerzo físico. En este dibujo se muestran los diversos sistemas de molienda de la aceituna para la obtención del aceite, en los que participaba mano de obra esclava, en algunos casos ayudada por animales de carga. Ilustración: Inklink Musei – Sovrintendenza Archeologica di Firenze

Fuente: María José Noain  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
14 de mayo de 2018

“Hay dos líquidos que son especialmente agradables para el cuerpo humano: el vino por dentro y el aceite por fuera. Ambos son los productos más excelentes de los árboles, pero el aceite es una necesidad absoluta, y no ha errado el hombre en dedicar sus esfuerzos a obtenerlo”. No erraba Plinio el Viejo al expresarse de este modo en su Historia natural: el aceite de oliva fue un producto indispensable para la vida diaria de los antiguos romanos, que no sólo lo usaban como ingrediente en la cocina, sino también como combustible para la iluminación y como un higiénico ungüento en las termas. No es extraño que en torno a él se desarrollara toda una industria de producción, comercialización y transporte.

La elaboración de aceite en la antigua Roma vino de la mano de fenicios y griegos, aunque fueron los romanos quienes lo produjeron a gran escala y lo convirtieron en algo consumido habitualmente por todas las clases sociales. El aceite se obtenía en las villas, explotaciones agrícolas de carácter rural que también solían cultivar cereal y elaborar vino.

Producción y categorías

Tras su recolección, la aceituna se almacenaba en el tabulatum, una estancia con un suelo impermeabilizado y ligeramente inclinado sobre el que se depositaba la aceituna para que soltara el alpechín. Este líquido oscuro y maloliente, según nos narra el mismo Plinio, podía ser empleado como insecticida, herbicida y fungicida.

Tras este paso, se procedía a la molienda. Los distintos mecanismos que se empleaban molían las aceitunas sin romper el hueso, puesto que se consideraba que éste daba mal sabor al aceite. El sistema de molienda más común era el trapetum. Este gran molino se componía de una zona fija denominada mortarium y de dos piedras semiesféricas llamadas orbis, que dos hombres hacían girar sobre el mortarium empujando un eje horizontal. Así se obtenía una pasta de aceitunas que se sometía al prensado en una habitación conocida como torcularium. En este espacio se encontraba la prensa (llamada también, por extensión, torcularium), un complejo mecanismo capaz de someter la pasta a una gran presión. El aceite así obtenido se decantaba en grandes vasijas globulares de cerámica llamadas dolia, que solían estar semienterradas, y luego se almacenaba en ánforas en la llamada cella olearia.

El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre

Según su calidad, el aceite se dividía en tres tipos. El oleum omphacium, el de mejor calidad, se extraía de las aceitunas aún verdes y se elaboraba en septiembre. Se destinaba principalmente a las ofrendas religiosas y la fabricación de perfumes que, siglos antes de la incorporación del alcohol, utilizaban el aceite como base. En palabras de Plinio, “el mejor [aceite] de todos lo da la aceituna verde y que aún no ha empezado a madurar; éste es de un sabor excelente. Cuanto más madura es la aceituna tanto más grasiento y menos agradable es el jugo”. El oleum viride se elaboraba en diciembre, con aceitunas que variaban entre el verde y el negro. Era un aceite más suave y afrutado. Por último, el oleum acerbum se fabricaba con las aceitunas que habían caído al suelo y por este motivo era de inferior calidad.

La categoría intermedia, es decir, el oleum viride, que era el más empleado en gastronomía, podía dividirse a su vez en tres variedades según su calidad: el oleum flos era el aceite virgen obtenido con la primera presión, que podríamos equiparar a nuestro aceite virgen extra; el oleum sequens era un aceite de calidad inferior, ya que se obtenía con una segunda presión, más intensa, y por último, el oleum cibarium, el más ordinario de los tres, provenía de las siguientes prensadas.

Aceite en todos los platos

Como ocurre hoy en día en la denominada “dieta mediterránea”, el aceite era un elemento fundamental de la alimentación romana. Apicio, en su célebre recetario De re coquinaria, nombra el aceite en más de trescientas recetas. Podía usarse tanto para aliñar como para condimentar, cocinar y freír. Además era un ingrediente básico en la preparación de salsas; aunque éstas variaban según el tipo de alimento al que acompañaban, todas tenían en común el aceite. Por ejemplo, para la carne hervida Apicio recomienda una salsa blanca compuesta de “pimienta, garum, vino, ruda, cebolla, piñones, vino aromático, un poco de pan macerado para espesar y aceite”. Además, antes de servir un plato en la mesa, fuera a base de pescado, carnes, verduras o legumbres, era frecuente rociarlo con unas gotas de aceite. Éste tenía igualmente cabida en la repostería. Apicio nos da la fórmula de un “plato que puede usarse como dulce”: “Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite”.

Una receta dulce de Apicio decía: “Tostar piñones, nueces peladas; mezclar con miel, pimienta, garum, leche, huevos, un poco de vino puro y aceite”

Un indicativo de la importancia del aceite en la dieta romana es que Julio César lo incorporó a la annona, abastecimiento gratuito de grano que se entregaba al ejército para su manutención. A partir de entonces, la demanda de aceite se incrementó en gran manera. La presencia de este producto entre los soldados acantonados en la frontera norte del Imperio indica que los pueblos del centro y norte de Europa lo fueron incorporando a su dieta.

Ungüentos y perfumes

El aceite tenía otras utilidades fundamentales en la vida cotidiana de los romanos. Por un lado, se empleaba como combustible para la iluminación. Los romanos utilizaban lucernas fabricadas a molde y huecas que se llenaban con el aceite de oliva de peor calidad. Éste empapaba una mecha de fibras vegetales, como lino hilado o papiro, que de este modo podía mantenerse largo tiempo encendida.

El aceite se utilizaba también como ungüento; de ahí justamente la frase de Plinio “el vino por dentro y el aceite por fuera”. Los que practicaban ejercicio físico en las termas se ungían el cuerpo con aceite antes de entrenarse en la palestra o gimansio. De esta forma protegían su piel del sol y la hidrataban. Tras el entrenamiento se limpiaban el cuerpo con un estrígilo, una herramienta curvada de bronce que les permitía quitarse la capa de aceite, polvo y sudor acumulada. Aunque cueste creerlo, esta mezcla era muy cotizada y los directores de los gimnasios la vendían para usos medicinales. Como explicaba Plinio, “es conocido que los magistrados que estaban a su cargo [de la palestra] llegaron a vender las raspaduras del aceite a ochenta mil sestercios”. El equipo del deportista incluía, por tanto, uno o varios estrígilos y un pequeño frasco, también de bronce o vidrio, donde guardar el aceite.

No sólo los deportistas lo utilizaban; el aceite también se aplicaba como un hidratante corporal y como ungüento para curar heridas. En medicina podía usarse solo o como excipiente, y se prescribía para tratar úlceras, calmar los cólicos o bajar la fiebre. Los unguenta, modalidad de aceite perfumado asociado con la cosmética y la perfumería, se extendieron entre la sociedad romana a partir del siglo II a.C. No sólo tenían como base el aceite de oliva, sino que también podían emplear otras modalidades como el aceite de almendra, de laurel, de nueces o de rosas. A los difuntos también se los ungía con estos aceites perfumados, de ahí que los pequeños ungüentarios de vidrio fueran un objeto habitual en los ajuares funerarios.

Factoría de producción de aceite de oliva en el norte de África. En el espacio central, o “torcularium”, se encuentran las prensas para elaborarlo. La provincia de la Bética, la actual Andalucía, se convirtió durante el Alto Imperio en el centro más importante de producción de aceite. Según Plinio, sólo el procedente de Histria (actual Croacia) y el aceite licinio, originario de la Campania italiana, superaban en calidad al aceite andaluz. Desde las ciudades béticas se exportaba a todo el Imperio, tanto para abastecer al ejército como a la propia Roma. A partir de Augusto, el emperador pasó a controlar la producción del aceite bético, marcando asimismo el precio de mercado. Era un comercio que iba de la mano de las salazones de pescado,  que también contaban en la zona andaluza con un importante foco de producción. Durante el Bajo Imperio, África se erigió como otro importante centro de producción de aceite, compitiendo directamente con la Bética. Foto: Acuarela de Jean-Claude Golvin. Musée départemental Arles antique. © éditions errance

 

Recogida de la aceituna. Museo Arqueológico, Córdoba. Dieta de olivas. Las aceitunas eran un alimento muy difundido en Roma. En su tratado sobre las labores agrícolas, Catón el Viejo recomendaba a los terratenientes conservar las olivas que caían espontáneamente del árbol y usarlas como alimento de los esclavos. Foto: Prisma / Album

 

Ánforas especiales. Para comercializar y transportar el aceite se usaban ánforas. En el caso de la Bética, se empleaba un tipo de ánfora olearia llamada Dressel 20 (como la de la imagen), caracterizada por su forma globular y cuello corto, menos estilizada que las usadas para el vino o las salazones de pescado. Se han localizado cerca de un centenar de alfares a orillas del Genil y Guadalquivir. Foto: Prisma archivo

 

Mosaico del siglo III. Dos esclavos manejan una  prensa para machacar las aceitunas. Museo de Saint-Romain-en-Laye. Foto: Dea / Scala, Firenze

 

Bronce del siglo I. Lucerna en forma de máscara de comedia. Las lucernas eran huecas y se llenaban con aceite de mala calidad que empapaba una mecha. Museo de Rabat. Foto: Dea / Album

 

14 mayo 2018 at 4:53 pm 1 comentario

Entre el psicópata y el pirómano… la verdad sobre el Emperador con parálisis cerebral que estabilizó Roma

Entre Calígula y Nerón, reinó un Emperador que todos consideraban débil, y tal vez lo era físicamente, pero con él vinieron años de estabilidad y avances a Roma

Grato proclama a Claudio emperador. Detalle del cuadro A Roman Emperor 41AD (Un emperador romano, 41 d. C.)

Fuente: César Cervera  |  ABC
9 de mayo de 2018

Un gran número de senadores y miembros del ejército romano planearon el 24 de enero del año 41 d.C castigar con la muerte las extravagancias y violencia crecientes de Calígula. Ese día, un tribuno de la guardia de corp imperial apuñaló a Calígula cuando estaba absorto en la contemplación de un espectáculo teatral. Según el mito popular, la guardia pretoriana descubrió a Claudio, tío de Calígula, escondido tras unos cortinajes y decidió nombrarle Emperador a la vista de lo fácil que iba a resultar manejarlo.

Y sí. Claudio, que es conocido por el gran público gracias a la novela «Yo Claudio», aparentó durante toda su vida una debilidad física y psicológica que, llegada su oportunidad de acceder al poder, jugó en su favor. Así y todo, pronto se vio que Claudio no era ni remotamente tan tonto como había imaginado su familia, que desde tiempos de Tiberio había descartado que supusiera una amenaza debido a sus diversas discapacidades. Nacido con un pie deforme y, como apunta David Potter en «Los emperadores de Roma» (Pasado y Presente), con cierto grado de discapacidad intelectual (una parálisis cerebral le afectaba desde niño), Claudio permaneció en segundo plano durante los reinados de Tiberio y Calígula. Eso a pesar de que su padre, Druso el Mayor, era hermano de Tiberio y su madre, Antonia la Menor, era hija de la hermana del Emperador Augusto.

Una risa desagradable, una cólera más repulsiva

Que Claudio hubiera llegado a adulto en el seno de una familia cuyos miembros solían caer, con gran frecuencia, muertos en circunstancias extrañas se explica, sobre todo, por la discreción del susodicho. Solo gozó de cierto protagonismo político en un breve periodo del reinado de Calígula, quien le nombró cónsul y luego no dejó pasar la ocasión de humillarle mientras ejerció el cargo.

Pero, más allá de las humillaciones y de la anécdota novelada de Claudio apareciendo entre los cortinajes, lo cierto es que el tío de Calígula se reveló pronto más astuto de lo que parecía. Fue él, según las fuentes clásicas, quien se acercó al campamento de los pretorianos al enterarse de la muerte del Emperador psicópata. Estaba enterado de la conjura, sino implicado, y se encargó de negociar con el Senado para que también ellos dieran el visto bueno a su nombramiento. El Senado maniobró, sin éxito, para restaurar el sistema republicano en Roma, pero, con la simpatía del pueblo, la guardia pretoriana logró coronar a Claudio imaginándole un inepto y para evitar así que el Senado recuperara terreno al estamento militar.

Su aislamiento respecto a las clases senatoriales, que nunca se habían molestado en tratar con él, sentó las bases de un reinado realmente fructífero

Claudio, que había pasado su vida entregado a la lectura y a la escritura, era un inexperto en el terreno político, como antes que él lo había sido Calígula, cuyo reinado había devenido en terrorífico. Tenía graves problemas para tratar con los senadores y tendencia a tartamudear en cuanto le alejaban de sus libros, lo cuales versaban en su mayoría sobre la Antigüedad más arcaica. Aquel periodo le fascinaba.

El historiador clásico Cayo Suetonio Tranquilo realizó un semblante que describe a la perfección los problemas para socializar del nuevo Emperador:

Estatua del Emperador Claudio

«Su persona ostentaba cierto aspecto de grandeza y dignidad, ya en pie o sentado, pero sobre todo en reposo, pues era alto y esbelto, tenía un rostro bello, hermosos cabellos blancos, y cuello robusto; pero cuando marchaba, sus inseguras piernas le hacían tambalearse, y cuando hablaba, tanto en broma como en serio, le afeaban sus taras: una risa desagradable, una cólera más repulsiva aún, que le hacía echar espumarajos por la boca, nariz goteante, un insoportable balbuceo y un continuo temblor de cabeza que crecía al ocuparse en cualquier negocio por insignificante que fuese».

Su aislamiento respecto a las clases senatoriales, que nunca se habían molestado en tratar con él, sentó las bases de un reinado sorprendentemente fructífero. A los senadores les reemplazó en sus tareas de gobierno esclavos libertos, bien formados y con menos intereses creados; una forma de gobierno que, en términos modernos, podría ser calificado de tecnocracia.

Los escándalos finiquitan la calma

El gobierno de libertos desarrolló un importante plan de obras públicas, entre cuyos proyectos destacó la construcción de un nuevo puerto comercial en la desembocadura del río Tíber, al norte de Ostia, que permitió la entrada regular de trigo en toda la Península itálica.

En materia militar, el reinado de Claudio fue conocido por la invasión de Britania dos años después de la muerte de Calígula. Aulo Plaucio acometió la campaña que se le había resistido al mismísimo Julio César, ampliamente admirado por Claudio, en un intento del nuevo régimen por demostrar que el Emperador tartamudo era un hombre fuerte y decidido. 40.000 legionarios lograron derrotar a los britones e iniciar un proceso de pacificación que se alargaría casi un siglo y que, en el caso de algunas regiones norteñas, nunca pudo concluirse del todo.

El Emperador Claudio partió precipitadamente al norte a atribuirse él el mérito de la conquista, ignorando que aquel dominio del territorio solo era nominal. Sus enemigos, muy numerosos en el Senado, no dejaron de recordárselo.

Britania en la Tabula Peutingeriana

La falta de astucia política de Claudio impulsó el ascenso de ministros con gran preparación, pero también de advenedizos que estaban interesados en enriquecerse más que en el bien público. Estos libertos se introdujeron en todos los rincones del palacio y orquestaron algunos sonados escándalos.

Tras el terremoto de la vida privada de Calígula, la de Claudio y sus libertos no le fue a la zaga. A finales de la década del 40 a.C., el Emperador se distanció de su tercera esposa, la joven Mesalina, y se lanzó a buscar amantes entre el gran caladero de esclavas. Mesalina respondió al fuego con más fuego… En su particular guerra por mostrar a Roma que podía tener más amantes que su marido, se dice que pasó una noche en un burdel practicando el sexo con todos los que pagaron por sus servicios, para demostrar que podía superar a una prostituta experimentada.

En un banquete celebrado a finales del año 54, Agripina envenenó a su marido con setas tóxicas

Como explica David Potter en el mencionado libro, la gota que colmó la paciencia de Claudio fue que, habiéndose ausentado de Roma, Mesalina simuló una boda con uno de sus amantes. En represalia, Claudio ordenó la ejecución de su esposa y varios de sus amantes. Después de aquel divorcio súbito, tomó una nueva mujer, su sobrina Julia Agripina, por consejo de sus asesores libertos. Un escándalo incestuoso, que obligó al Emperador a cambiar las leyes y a introducir en palacio a una de las mujeres más ambiciosas de la historia romana.

El poder de Agripina, nieta adoptiva de Augusto, creció con rapidez hasta controlar todo el entorno familiar. En un banquete celebrado a finales del año 54, Agripina envenenó a su marido con setas tóxicas. Su hijo Nerón, de otro matrimonio, fue proclamado Emperador en detrimento de Británico, llamado así por Claudio tras la victoria militar en las Islas. Nerón, que terminaría revelándose un gobernante insensato, era mayor que Británico, como bien calculó Agripina, y podía acceder al trono antes que su hermanastro. Una maniobra subterránea que la esposa de Claudio acompañó con otra mucho menos sutil: envenenó también a Británico poco después.

 

13 mayo 2018 at 12:09 pm 1 comentario

¿Todos los caminos conducen a Roma? Un estudio intenta comprobar si es así y esta es su conclusión

Un equipo de investigadores decidió averiguar si el famoso dicho es cierto

Un mapa del proyecto ‘Roads to Rome’. moovellab.com

Fuente: RT Actualidad
8 de mayo de 2018

Un equipo de investigadores alemanes en el marco del proyecto ‘Roads to Rome‘ (Caminos a Roma) ha analizado las rutas terrestres para verificar el famoso dicho, que afirma que todos los caminos conducen a la ciudad eterna.

Los autores eligieron 486.713 puntos de partida, desde los cuales pretendían llegar a Roma, en una red de caminos que cubre 26.503.452 km². Para elaborar las rutas se usó un algoritmo, desarrollado específicamente para el proyecto, que eligió los caminos más cortos desde los puntos dados hasta la capital de Italia. El estudio utilizó datos de Open Street Map y ‘software’ de código abierto.

Como resultado, el equipo obtuvo un mapa: cuanto más a menudo se utiliza una determinada ruta, más intensamente se marca la línea en el mapa. “Al menos para Europa es obvio: ¡Todos los caminos conducen a Roma!”, fue la conclusión los autores.

En su apogeo, el Imperio romano creó una extensa red de carreteras en toda Europa, desde el Reino Unido hasta Turquía, conectando 113 provincias mediante 373 rutas con una longitud de más de 80.000 kilómetros. El estudio demostró que hasta el día de hoy, las principales vías públicas de Europa coinciden con los antiguos caminos romanos.

 

9 mayo 2018 at 5:36 pm Deja un comentario

El español que se arruinó para llevar las corridas en Roma

Pintura de B. Pinelli de 1810 con espectáculos de toros en el Mausoleo de Augusto

Fuente: GIULIO MARIA PINTADOSI  |  EL INDEPENDIENTE
5 de mayo de 2018

El emperador Octaviano Augusto no le habría gustado que su mausoleo se convirtiera en establo de vacas. Suficientemente grande para contener la tumba de todos los emperadores romanos y sus familias durante casi un siglo; cuando fue terminado, en el I d.C., la estatua de bronce de Augusto que dominaba el monumento se podía ver desde toda la ciudad de Roma. Mil seiscientos años después fue ahí donde el desafortunado empresario español Bernardo Matas intentó establecer las corridas de toros en Roma. Era el año 1780 cuando Matas alquiló las ruinas del mausoleo al noble portugués Don Vicente Mani Correia. Vincenzo Correa para los romanos.

De todos los monumentos antiguo que hay en Roma, el mausoleo de Augusto es el que peor suerte ha tenido. Fue castillo, jardín renacentista, plaza de toros y sala de conciertos hasta que Benito Mussolini decidió devolverle su esplendor original. Ahí sigue, al lado del río Tíber, en ruinas, cubierto de telas y paneles, atrapado en una interminable obra de rehabilitación que debería acabar en 2019.

Pero cuando Bernardo Matas firmó el contrato de alquiler con Vincenzo Correa, se conformó con lo que quedaba del edificio, añadiendo unas pocas gradas. La gran explanada circular que sobresalía encima de las estructuras del antiguo monumento era más que suficiente para las corridas. Su baza era el capital humano: se llevó a los toreadores desde España “para divertir a la nobleza y el pueblo”.

La plaza de toros de Roma

“Matas poseía una familia extensa. Para mantenerla y al mismo tiempo aumentar sus rentas transformó el mausoleo de Augusto en una hostería y sus jardines, previa licencia pontificia, en un lugar de espectáculos”, dice Jorge García Sánchez, docente de la Universidad Complutense de Madrid, a El Independiente. Autor del libro La Italia de la Ilustración, Sánchez ha estudiado en profundidad el intento de Matas de llevar a Roma la corrida de toros española. “Resucitó en Roma una tradición que había sido olvidada desde hacía siglos. Las corridas -o giostre en lengua italiana- se practicaban desde la Edad Media en la zona del Monte Testaccio. Estos juegos se trasladaron a la más céntrica área de Plaza Venecia hasta 1566, cuando el Papa Pío V decretó la prohibición de estos espectáculos”.

El Mausoleo de Augusto en la actualidad / WIKICOMMONS

La primera lidia se organizó en julio de 1780, sin embargo el público no respondió. En apenas tres años Matas tuvo que devolver al Correa la recién nacida plaza de toros. El noble portugués, que tenía más olfato para los negocios, reformó el sitio añadiendo un palco de honor y amplió la oferta de entretenimiento. Como no había suficientes toros en Roma los reemplazó con vacas y puercos. Organizó carreras de sacos y torneos de piñata. Cómo las leyes del Estado de la Iglesia permitían estos tipos de actividades hasta “la hora del Ave María”, por las noches organizaba espectáculos con fuegos artificiales. En 1788 se intentó, sin éxito, el vuelo de un globo aerostático.

El Anfiteatro Correa se conviritió en uno de los lugares más de moda de Roma. Entre los espectadores que pasaron por ahí estuvo también Wolfgang Goethe. Escribe en su diario el poeta alemán: “Hoy hubo combate de animales en la tumba de Augusto. Este edificio redondo […] sirve ahora como especie de Anfiteatro para las corridas de toros. Podrá contener de cuatro a cinco mil personas. El espectáculo en sí no me ha gustado mucho”.

Estampa de 1780 del Barbazza con la Giostra de Bernardo Matas en el Anfiteatro Correa

Diferencias con la corrida española

Para García Sánchez la diferencia entre la corrida española y la lidia italiana era el aire circense de esta última. “La giostra tiene una función eminentemente efectista y teatral, donde la figura del matador es inexistente”, explica Sánchez. Como en el caso de las estampas de la Tauromaquia de Goya o los óleos de Antonio Carnicero, también en Roma las corridas inspiraron los artistas locales que nos han dejado el único testimonio visual de aquellos acontecimientos. Una vez reformado, el Anfiteatro Correa fue el edificio más parecido a una plaza de toros que nunca existió en Roma: con una arena de 40 metros de diámetro, un palcos y gradas cubiertas. En 1790 los Correa vendieron la propiedad el inmueble que siguió llevando su nombre.

La “Giostra della bufala”, así se llamaban las corridas en Roma, echó el cierre en el siglo XIX.

La “Giostra della bufala”, así se llamaban las corridas en Roma, echó el cierre en el siglo XIX. Otra vez por orden de un papa. Fue Pío VIII que, en su breve pontificado de apenas dos años entre  1829 y 1830, tuvo tiempo para prohibir todos los espectáculos con animales en el anfiteatro Correa por considerarlos peligrosos.

En 1881, después de la construcción de una cubierta de hierro y vidrio, la tumba de Augusto se convirtió en teatro y sala de música. Será la última reencarnación del mausoleo hasta 1936, cuando Benito Mussolini decidió derrumbar todas las estructuras adicionales para sacar a luz el monumento original y convertirlo en su tumba. Después de la caída del fascismo el proyecto fue aparcado y el conjunto cayó en el abandono. Primero fue un jardín para mascotas y sólo en los últimos años ha sido cerrado mientras a la espera de que las autoridades italianas decidieran qué hacer con tamaños restos. Ahora, casi 12 millones de euros más y una rehabilitación larga setenta años, el Mausoleo de Augusto podría estar listo para volver a abrir al público en abril de 2019. Por lo que a las corridas se refiere, en Italia quedaron ilegalizadas hasta 1994, cuando el primer gobierno de Silvio Berlusconi levantó una prohibición establecida en 1940.

 

5 mayo 2018 at 2:20 pm Deja un comentario

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