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El Coliseo será un parque arqueológico y podrá tener un director extranjero

El Coliseo y su zona circundante será un nuevo parque arqueológico con mayor autonomía en su gestión respecto al Ayuntamiento de Roma y podrá ser dirigido por un extranjero, una medida que anunció hoy el Ministerio de Bienes Culturales.

Vista del Coliseo desde la “Viña Barberini”, desde el Palatino Romano. EFE/Archivo

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA
25 de julio de 2017

El nuevo parque arqueológico no solo incluirá el monumento italiano más conocido en el mundo, sino otras 78 hectáreas de terreno que incluyen los Foros, el Palatino o la Domus Aurea, entre otros lugares históricos.

Esa declaración de parque arqueológico ha enfrentado al ministerio y al ayuntamiento, que llegó a los tribunales para suspender esa decisión, pero ahora el Consejo de Estado ha anulado la sentencia del Tribunal Administrativo Regional del Lacio que falló a favor del recurso presentado por la alcaldesa de la capital, Virginia Raggi.

El ministro de Cultura, Dario Franceschini, señaló hoy, en una rueda de presa, que el Consejo de Estado ha considerado válido el acuerdo de valorización del área arqueológica central de Roma al que llegó en abril de 2015 con el entonces alcalde de Roma Ignazio Marino.

Franceschini consideró “muy relevante” la creación del parque arqueológico del Coliseo, porque se unirá a un sistema “ya experimentado”, que es “muy apreciado tanto en el extranjero como dentro del país” y que ha supuesto una reforma “de verdad”.

A pesar de que Franceschini (Partido Demócrata, en el Gobierno) rechazó calificar el conflicto con el Ayuntamiento de Roma (gobernado por el Movimiento Cinco Estrellas) de “político”, sí expresó su extrañeza por que el Coliseo no estuviera entre los 31 parques arqueológicos nacionales de Italia.

“Causaba estupor” que todos los ayuntamientos donde hay museos o parques arqueológicos apoyaran la medida y el trabajo de sus directores, “mientras que el Ayuntamiento de Roma decidió presentar un recurso” en contra de la medida, agregó.

Franceschini defendió la necesidad de encontrar formas de colaboración que afecten no solo a los parques arqueológicos sino al resto de patrimonio de la ciudad y lamentó que, hasta el momento, el Ayuntamiento de Raggi no le haya hecho partícipe de ninguna de sus decisiones en el aspecto cultural.

Se estima que en 2017 las visitas al Coliseo superarán los siete millones de personas.

La decisión del Consejo de Estado abre también la puerta a que el nuevo parque arqueológico tenga un director extranjero, según confirmó Franceschini.

El ministro apuntó que de las 82 personas que han presentado su candidatura, 16 no son italianos, y que tras el procedimiento de selección de una comisión de expertos, el nuevo director comenzará a ejercer en enero de 2018 y sus funciones se ajustarán, sobre todo, a la gestión económica.

Además, reveló que la directora general de la Unesco, la búlgara Irina Bolkova, será parte del consejo de administración del nuevo parque arqueológico.

El nombramiento el año pasado de expertos no italianos a la cabeza de algunos de los museos más importantes del país, como la Galería de los Uffizi o la Academia, ambos en Florencia, causó polémica en el país y acabó en los tribunales.

Finalmente el pasado mayo un tribunal anuló el nombramiento de cinco de ellos por considerar que el proceso de selección no contemplaba la posibilidad de que participaran ciudadanos no italianos, decisión que Franceschini ya anunció en aquel momento que recurriría.

 

25 julio 2017 at 5:17 pm Deja un comentario

El atroz Vietnam de las legiones romanas

Recorrido por el campo de batalla de Teutoburgo de la mano de Valerio Manfredi, autor de una novela sobre la derrota de las tropas de Augusto por los germanos

Legionarios romanos en un acto de reconstrucción histórica en Kalkriese.

Fuente: JACINTO ANTÓN > Kalkriese  |  EL PAÍS
16 de julio de 2017

Valerio Manfredi se arrodilla y deposita sentidamente una rosa sobre la hierba (una rosa, por cierto, que le han prestado en una cafetería cercana). Aquí y en los alrededores, de hecho a todo lo largo de una ruta infernal de unos 50 kilómetros a través de los espesos bosques de Germania, cayeron millares de legionarios romanos, compatriotas del novelista (Castelfranco Emilia, 1942), hace dos milenios, masacrados a lanzazos y espadazos por las tribus enfurecidas de los queruscos, brúcteros y angivaros, entre otros. La peor derrota de Roma junto a Cannas, Carras y Adrianópolis. Manfredi suspira y agita la leonina cabeza orlada de cabello blanco mientras con porte de centurión musita un fragmento de Velleius Paterculus sobre el combate, en latín.

Estamos en uno de los escenarios estelares de la batalla de Teutoburgo, una de las mayores y de más trascendencia de la Antigüedad, pues acabó con el sueño de romanizar Germania y convertirla en provincia del imperio (lo que hubiera ahorrado muchos problemas futuros, aunque quizá también nos habría privado de Beethoven, Kant y Beckenbauer). Junto al lugar de la genuflexión del escritor se ha reconstruido parte del terraplén que en su día, en aquel tempestuoso y sangriento final de verano del 9 después de Cristo, levantaron con insólito sentido de la estrategia los guerreros germanos para, tras varios días de acosarlas, estrechar el ya difícil paso de las legiones, embotellarlas entre montaña y pantanos y diezmarlas con hierro. Esto es el “Varusschlacht”, el lugar del desastre de Varo, la gran trampa al pie de la colina de Kalkriese, al noroeste de Alemania, por encima de Bonn y Colonia, el único espacio identificado arqueológicamente hasta ahora de la famosa batalla de Teutoburgo. En ella, desarrollada a lo largo de varias jornadas de enfrentamientos salvajes, culminados un (otro) infausto 11 de septiembre, se desangraron hasta la aniquilación completa tres legiones enteras, el orgullo de Roma, las numeradas XVII, XIIX (el 18 lo escribían así) y XIX, junto con sus correspondientes tropas auxiliares, hasta un total de unos 17.000 combatientes, más la impedimenta y seguidores civiles, un concepto que incluía desde comerciantes y familiares de los militares a prostitutas que marchaban animosamente detrás del ejército.

El museo sobre la batalla de Teutoburgo, en Kalkriese.

Manfredi ha dedicado su última y muy emocionante novela, Teutoburgo (Grijalbo, 2017), a narrar las causas y el desarrollo de esa batalla, remontándose a la juventud del artífice de la victoria germana, el caudillo y príncipe querusco Arminio, al que el relato le imagina una estancia como rehén en Roma, donde aprende el funcionamiento y las tácticas de las legiones, lo que le permitirá luego –después de formar parte del mando de ellas, lo que sucedió en la realidad- destruirlas (el clímax de la novela).

Si la llegada de las tropas romanas al matadero de Teutoburgo, mandadas por un inepto y arrogante general, Publio Quintilio Varo –amigo del emperador Augusto-, fue un Via Crucis, la nuestra a esta zona de Baja Sajonia no ha sido menos complicada (salvando las distancias). El trayecto desde Colonia, a altas horas de la noche, con un automóvil alquilado que no conseguíamos arrancar y cuyo sistema de navegación solo informaba en alemán, resultó complejo. Además, la reserva en el hotel de Gütersloh, donde debíamos pernoctar había sido hecha por error para el mes siguiente. Así que tuvimos que refugiarnos durante unas horas en un tronado bar regentado por armenios y frecuentado por seguidores del Olympiakos griego, antes de conseguir in extremis una única habitación en otro hotel, que compartimos con alivio (“dalle stalle alle stelle”, se exclamó el novelista) y gran sentido de la camaradería, lo que permitió la excepcional visión del célebre autor de Alexandros en calzoncillos.

Hacerle de auriga a Manfredi, que decidió no conducir en todo el trayecto y dedicarse a recitar los clásicos, resulta muy ameno. El escritor va desgranando tanta información sobre la antigüedad que uno ya no sabe si está a la altura de Osnabrück o en un desvío al reino de los marcomanos, adonde Arminio envió la cabeza de Varo, que se suicidó durante la batalla (el rey de los marcomanos, Marbod, se la mandó a su vez a Augusto, por quedar bien: así acaso el emperador pudo decirle a la cara aquello de “¡Varo, devuélveme mis legiones!”). Manfredi explica que en una ocasión se vio involucrado en un acto de recreación histórica de la batalla de Teutoburgo en la que participaban entusiastas italianos caracterizados de legionarios y empeñados en ganar a sus rivales alemanes. Un profesor de Heildeberg les hizo ver lo inadecuado e inexacto de su testaruda actitud y solo entonces se dejaron masacrar, pero con desgana.

Un letrero de “Teutoburger Wald” (Bosque de Teutoburgo) nos hace saltar de entusiasmo en la autopista. Luego vemos un MacDonald’s. Al poco llegamos por carreteras secundarias al Varusschlacht Museum und Park de Kalkriese, el moderno centro creado en 2002 para explicar los hallazgos arqueológicos de la batalla de Teutoburgo. Entramos en tromba, como los galos de Astérix. Del edificio de admisión, con las taquillas y tienda de recuerdos (desgraciadamente con la mayor parte de los libros en alemán), se accede a través de un espacio abierto, en el que unos niños están formando una cohorte bajo el entusiasta mando de una profesora, al museo propiamente dicho, que es un cubo con una alta e intimidatoria torre revestida de hierro oxidado. Es evidente que alude al armamento y a las atalayas de vigilancia de la frontera del Rhin. La panorámica en lo alto es espectacular.

Manfredi, en la terraza del museo de Kalkriese.

En las salas se despliegan una pormenorizada y muy didáctica explicación de la historia de la batalla, con dispositivos multimedia (Arminio, de 26 años, y Varo de 51, en 3D se materializan para darte sus versiones de lo ocurrido) y los hallazgos arqueológicos que atestiguan que una parte sustancial de la contienda tuvo lugar aquí. Las excavaciones en los alrededores las inició el voluntarioso cazatesoros, entusiasta del detector de metales y oficial británico estacionado en Osnabrück Tony Clunn, reconocido descubridor en 1987 del lugar de la batalla, un enigma durante siglos aunque la localización en Kalkriese había sido ya propuesta por el gran Mommsen hacia 1880.

Manfredi, con una réplica de la máscara de caballería romana hallada en Kalkriese.

Los trabajos arqueológicos han permitido desenterrar un material tan fascinante como elocuente y que prueba sin lugar a dudas que hubo en el sitio un choque espectacular entre las legiones y los bárbaros germanos en las fechas exactas que atestiguan las fuentes clásicas (Tácito, Patérculo –esencial para Manfredi, que recuerda que el historiador era legado en Germania en la época de la batalla), Dion Casio y Floro, principalmente). Millares de objetos, más de seis mil –piezas de equipo militar, armas, proyectiles (piedras o plomos de honda con “SMS” como “culum pete”, “dale en el culo”), restos humanos, monedas, hasta sandalias-, la mayoría hechos trizas, reflejan la enormidad e intensidad del combate. Aquella, recalca Manfredi, fue una lucha feroz, despiadada, una “batalla de aniquilamiento” que culminó en una matanza salvaje de romanos, incluido luego el terrible sacrificio de prisioneros a los dioses germanos. Un soporte de penacho de un casco de centurión apareció junto a un trozo de mandíbula, un cráneo mostraba espeluznantes heridas de espada. Incluso se encontraron (y se exhiben), restos de las acémilas que empleaban las legiones aniquiladas, así como testimonios de la vida cotidiana de los soldados.

Manfredi, que recorre la exhibición sobrecogido, recuerda que los objetos son solo lo que quedó tras el minucioso pillaje de los vencedores. Y señala que la escasez de material propiamente germano se explica porque su equipo era más somero (era tradición combatir desnudo, empuñando la temible framea, la lanza germana) y los que portaban equipamiento Premium es porque éste era precisamente de factura romana (arrebatados en los puestos de vigilancia sobre el territorio). En una vitrina se muestra la famosa e inquietante máscara de jinete romano hallada en las excavaciones y que, multiplicada en reproducciones y postales, se ha convertido en el omnipresente icono del museo y de la batalla de Teutoburgo. La Historia misma parece mirar a través de sus ojos vacíos. Originalmente estaba revestida de una capa de plata que le fue arrancada. “Generalmente se usaban para ejercicios de equitación, no sabemos por qué la llevaría un combatiente”, apunta Manfredi, que hace aparecer la máscara en su novela y que se ha probado una réplica en la tienda. Richard Helmer, experto en reconstrucción facial (identificó los huesos de Mengele) ha realizado un molde del rostro que se escondía tras la máscara.

Soldados romanos en el bosque de Teutoburgo en un espectáculo de reconstrucción histórica en Kalkriese.

En el centro de la sala principal se despliegan las tres legiones en miniatura para que te hagas un efecto de cómo era el inmenso ejército de Varo en formación de marcha: una columna de 20 kilómetros de largo: cuando los últimos salían de un campamento los primeros ya estaban construyendo el siguiente. Mantener la capacidad operativa y las comunicaciones con esa extensión en un paisaje accidentado, sufriendo ataques sorpresa y con mal tiempo (hubo grandes tormentas, “horribile caelum”, dice Manfredi citando a Tácito), resultó tarea imposible, incluso para los romanos. Varo pagó el exceso de confianza, considera Manfredi, al dejar en manos de los auxiliares germanos, mandados por el propio Arminio la misión de explorar y detectar posibles peligros para las legiones, lo que era como confiar al zorro el cuidado de las gallinas. El general creía que Germania estaba ya pacificada, y no solo sometida, y se fiaba completamente del príncipe querusco romanizado, que hablaba latín y hasta poseía el rango ecuestre. No se dio cuenta de que se metía en una trampa.

“En formación de marcha y en ese terreno, boscoso y embarrado por las lluvias, la máquina de guerra de las legiones no pudo desplegarse y se vio atascada”, explica Manfredi, al corro que se ha formado espontáneamente a su alrededor; “una fuerza invencible en orden abierto se convirtió en muy vulnerable”.

Las legiones de Varo en miniatura en el Museo de Kalkriese.

El museo barre un poco para casa (al cabo la batalla ha sido uno de los elementos míticos de la construcción del imaginario del nacionalismo alemán) al enfatizar cómo los germanos lograron resistir y hasta vencer al imperio romano, que entonces contaba con 38 legiones, 11 flotas, 7.000 ciudades, 100.000 kilómetros de calzadas, y 70 millones de habitantes, una tercera parte de la humanidad. Pero Arminio, el gran líder pangermánico, aunque parte de la historiografía alemana lo ha reivindicado como un libertador y Hitler lo calificó de “el gran arquitecto de nuestra libertad”, no deja de ser un personaje complejo. “Es un héroe difícil de manejar”, recalca Manfredi. “Se lo puede ver como un traidor doble, primero a los suyos, a los que combatió como oficial de las tropas auxiliares romanas, y luego a sus camaradas de las legiones: es un ciudadano romano que crea una emboscada fatal a su propio ejército”. A Manfredi, pese a convivir con él toda una novela, no le es muy simpático el querusco.

Salimos del museo hacia la Killing zone. Seguimos un pequeño sendero en el bosque empedrado con planchas de metal cuadradas que sugieren escudos romanos o lápidas. De los árboles penden algunas cuerdas para trepar y columpiarse, a fin de amenizar la visita a los niños, pero que causan un efecto perturbador; crees ver a los germanos emboscados o los cadáveres de los prisioneros romanos ofrecidos a Wotan colgados de las ramas. Manfredi no resulta muy tranquilizador evocando la matanza. “Había una tempestad, caían árboles derribados por los rayos, el suelo estaba enfangado. De repente surgió el clamor de los bárbaros escondidos en la colina”. Es como visionar las primeras escenas de La caída del imperio romano o Gladiator. Pero aquí los germanos ganan por goleada. Los soldados se vieron atacados por el flanco, desde la altura, apelotonados en el estrecho paso que dejaba el muro disimulado con vegetación en un lado y los pantanos en el otro”.

Hoy el lugar, el campo llamado Oberesch, está muy cambiado. Hace solete y canta un petirrojo. Los pantanos de antaño son una amable y extensa planicie cubierta de hierba y diente de león, excepto una pequeña porción que, con cañas e inundada artificialmente, permite imaginar cómo era el terreno en el que lucharon y murieron los romanos. Nos acercamos al talud germano reconstruido. Frente a él se indica el lugar del hallazgo de una asombrosa cantidad de elementos, incluida la máscara, trozos de armas, y restos humanos. Los legionarios, apunta Manfredi, probablemente trataron de escalar el letal terraplén componiendo la testuto valaria, la tortuga para escalar muros, protegiéndose con los escudos y subiendo una fila de soldados sobre los de los compañeros (espero que no quiera que lo probemos: seguro que me toca a mí debajo). En todo caso, no sirvió. El autor evoca in situ, de manera impresionante -como en su novela- a las tropas romanas diezmadas, apretados los legionarios escudo con escudo, hombro con hombro, los gladios en la mano, protegiendo sus enseñas alzadas, resplandecientes fugazmente los golpeados y ensangrentados cascos y corazas por la iluminación fugaz de un relámpago. “No les quedaba más que coraje”.

Restos humanos con marcas de heridas de armas en el Museo de Kalkriese.

En el cielo vuelan muy alto tres rapaces. ¿Serán las águilas perdidas de las legiones? Los germanos capturaron las preciosas insignias, incluida la que trató de esconder sumergiéndola en el pantano su portador. “Se tardó años en recuperarlas las tres, y con ellas el honor de Roma”, recuerda Manfredi. “Los germanos las habían depositado en los altares de sus dioses”.

Tras hacer Manfredi su ofrenda floral y picarme yo con una ortiga (¡herido en Teutoburgo!) al tratar de coger lo que me parecía un denario romano y que resultó ser una chapa de cerveza, regresamos cabizbajos. Como reliquia me he llenado los bolsillos con tierra del lugar, tierra que una vez estuvo empapada de sangre, me parece más emotivo que un pin. “Esto fue el Vietnam de Roma”, comenta el novelista. “Y el fin de un sueño de imperio universal, Augusto no buscaba llevar la frontera hasta el Elba, 600 kilómetros al este del Rin, sino más allá, hasta el confín del mundo conocido”. Manfredi acaba el paseo como su libro: “Con la batalla de Teutoburgo Roma perdió Germania, y Germania perdió Roma”.

 

16 julio 2017 at 9:34 am Deja un comentario

Roma expone el relieve de «Mitra matando al toro» tras su recomposición total

Las romanas Termas de Diocleciano exhiben desde hoy esta pieza del siglo III d.C ahora recompuesta gracias al hallazgo de las últimas partes extraviadas

El general del comando de los carabineros para la tutela del patrimonio cultural, Fabrizio Parrulli (i), presenta en rueda de prensa un fragmento del relieve en marmol “Mitra Tauroctonos” en las Termas de Diocleciano en Roma, Italia, hoy 14 de julio de 2017. EFE / Giuseppe Lami

Fuente: EFE  |  LA RAZÓN
14 de julio de 2017

Las romanas Termas de Diocleciano exhiben desde hoy un relieve del siglo III d.C que representa al dios Mitra matando a un toro, una pieza ahora recompuesta gracias al hallazgo de las últimas partes extraviadas.

El relieve fue expuesto hoy al completo, después de que los Carabineros (policía militarizada) entregara al Museo Nacional Romano la última pieza desaparecida, que corresponde a la mano izquierda de la deidad y al morro del animal.

Se trata de un relieve en mármol de Carrara descubierto en 1964 durante unas obras en el municipio romano de Tor Cervara pero dividido en 57 fragmentos, explicaron los Carabineros en un comunicado.

Una vez que los expertos y las autoridades recompusieron la pieza arqueológica llegaron a la conclusión de que representaba al dios Mitra mientras mata a un toro.

Esto a pesar de que en la composición faltaba la cabeza de la divinidad y el morro del animal.

Así, incompleto, fue ubicado en 1965 en las Termas de Diocleciano de la capital italiana hasta que se descubrió que una exposición en el museo de la ciudad alemana de Karlsruhe (sudoeste) en 2013 tenía una pieza de mármol que podría pertenecer al relieve de Tor Cervara.

Era la cabeza del dios que, tras confirmarse su procedencia y gracias a una serie de acuerdos entre las autoridades italianas y alemanas, fue devuelta a Roma e integrada a la composición.

Por último, en febrero de este mismo año, los Carabineros se incautaron de una serie de bienes en un anticuario de Cagliari (isla de Cerdeña), entre ellos un relieve marmóreo en el que se apreciaba el morro de un animal y una mano izquierda.

Finalmente se descubrió que se trataba de la última pieza del relieve descubierto en 1964 y, tras su incautación, las autoridades investigan si el dueño del anticuario incurrió en un delito de encubrimiento de bienes.

El “Mitra Tauroctonos”, que representa a dicho dios de origen persa y vinculado al sol, cuenta con unas dimensiones de 2,5 metros de ancho por 2,20 metros de alto y tiene un valor estimado de unos dos millones de euros, según el cuerpo policial italiano.

 

14 julio 2017 at 11:26 pm Deja un comentario

El Foro Romano y el Palatino mostrarán sus rincones más secretos

El Foro y la colina del Palatino de Roma mostrarán a partir de septiembre sus rincones más secretos, zonas normalmente cerradas o de acceso limitado que podrá visitarse con un proyecto presentado hoy por el Ministerio de Cultura italiano.

Roma. Casa de Augusto en la colina del Palatino

Fuente: EFE  |  El Periódico
13 de julio de 2017

Ocho áreas monumentales y museísticas se podrán visitar a partir del 28 de septiembre, una vez que terminen los trabajos de restauración y la incorporación de tecnologías dirigidas a ayudar a los visitantes en su comprensión.

El visitante podrá recorrer dos áreas distintas y que normalmente están cerradas al público.

En la colina del Palatino, se podrá apreciar la Domus de Augusto y de Livia, residencias privadas del emperador y su esposa, la subterránea Aula Isíaca o la Logia Mattei, ejemplo raro de la recalificación del área arqueológica en el Renacimiento.

En segundo lugar, el Foro Romano, se podrá apreciar la iglesia de Santa María Antigua, el templo de Rómulo, el Oratorio de los Cuarenta Mártires, del siglo VI d.C, o la conocida como Rampa imperial de Domiciano, uno de los tesoros ocultos de la zona.

Se trata de lugares que debido a su delicadeza no pueden ser visitados por un número excesivo de visitantes, por lo que se venderá un billete adjunto al que permite el ingreso en el Coliseo, el Foro y el Palatino y que podrá ser utilizado durante dos días.

Uno de los más interesantes quizá sea la casa de Augusto, el primer emperador romano, donde una proyección de vídeo mostrará la evolución de la casa y un mapa de luces acompañará a la descripción de los frescos que decoraron sus estancias.

También la casa de la esposa de Augusto, Livia, será visitada con una ambientación en penumbras en la que las habitaciones únicamente se iluminarán puntualmente, mostrando frescos con escenas mitológicas, según explicó el Ministerio de Bienes Culturales.

Por el momento, en la presentación a la prensa se permitió el ingreso a través de un “cripopórtico” o corredor subterráneo de 130 metros de longitud de la época de Nerón en el que una proyección introduce al visitante a la pintura y arquitectura antiguas.

En otro avance de lo que se podrá observar desde el 28 septiembre, el Aula Isíaca abrió sus puertas para mostrar los frescos con temática egipcia que se pusieron de moda en el ocaso de la Roma republicana, en el I siglo a.C.

Sobre ella se encuentra la galería Mattei, uno de los últimos ejemplos de pintura del Renacimiento que todavía existen en el Palatino y cuyos autores se basaron en el grutesco, un tipo de decoración descubierta a finales del siglo XV en los subterráneos de la Domus Aurea.

En declaraciones a Efe, el superintendente de Bienes Arqueológicos de Roma, Francesco Prosperetti, calificó la iniciativa como “revolucionaria” porque, dijo, “muchos visitantes tendrán por primera vez la posibilidad de entrar en lugares que permanecían secretos”.

Se prevé que este año las visitas al Foro Romano y el Palatino lleguen a los siete millones, un número que el superintendente calificó como “gigantesco”.

“Debemos ponernos a la altura de los (turistas) que tienen expectativas diferentes de la masa, los más especializados, y debemos ser capaces de darle lo que esperan”, sostuvo.

 

13 julio 2017 at 7:52 pm Deja un comentario

Roma: Descubiertas tres nuevas estancias del Palacio de Helena, madre del emperador Constantino

Fuente: La Repubblica    7 de julio de 2017
Fotos: AFP

Nuevos descubrimientos en la zona arqueológica de la Santa Cruz de Jerusalén en el interior del Palacio de Constantino. Gracias a nuevas investigaciones de la Superintendencia Especial de Roma han salido a la luz tres estancias hasta ahora desconocidas de la Domus de los retratos, que aclaran la estructura y las funciones de la residencia de los dignatarios de la corte de Helena, madre del emperador Constantino.

La zona de la Domus de los retratos y de la Domus de la fuente también ha sido restaurada por completo, haciendo hincapié en los muros y en el pavimento, con sus preciosos mosaicos del siglo IV. Los trabajos de limpieza de las estancias y los nuevos hallazgos harán más fácil para los visitantes la lectura de este complejo residencial con sus divisiones y funciones. La apertura especial  del complejo de la Santa Cruz de Jerusalén – ha anunciado la Superintendencia- se hará en dos fases: a partir de mañana 8 de julio hasta el 16, las visitas guiadas serán gratuitas y sin reserva de 19 a 20 horas. Del 21 de julio al 1 de septiembre todos los viernes habrá una apertura gratuita de 20 a 23 horas, con visitas guiadas y cita previa.

“La excavación arqueológica de estos espacios amplía la excavación de las Domus. No son otra cosa que las residencias de los cortesanos de Helena, madre de Constantino, que en el siglo IV se instala en Roma como regente, mientras su hijo va a Constantinopla” ha explicado el superintendente Francesco Prosperetti. “Hemos sacado a la luz nuevas estancias que dan nuevas noticias de una entrada a la Domus principal, la Domus de los retratos. La restauración también ha permitido determinar mejor las divisiones entre las diferentes salas”, ha señalado la arqueóloga Anna De Santis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 julio 2017 at 9:14 pm Deja un comentario

La pequeña Pompeya de Roma

Las excavaciones para la nueva línea del metro hallan una excepcional casa del siglo II d.C.

Uno de los frescos hallados en las excavaciones en Roma.

Fuente: LUCIA MAGI > Roma  |  EL PAÍS
28 de junio de 2017

Un incendio estalla de repente en una acomodada casa del Celio, una de las colinas del sureste de Roma. La vida que transcurre tranquila en su interior se detiene de golpe. Las llamas truncan un día cualquiera del año 200 d. C. y lo cristalizan para la eternidad. Porque los restos de aquella edificación de la época imperial media fueron hallados mil ochocientos años después por los obreros que excavan las entrañas de la capital italiana para ampliar la red del metro.

Los arqueólogos y los restauradores de la Superintendencia municipal velan en todo momento sobre las obras activas en la Ciudad Eterna. Estaban allí mientras, a pocos metros de la basílica San Juan en Laterán, se abría un pozo para airear las galerías donde correrán los trenes. A nueve metros de profundidad las excavadoras tuvieron que parar frente al descubrimiento de esta “pequeña Pompeya” (como la han definido los medios italianos) y dejar paso a los guantes, a los pinceles y a los ojos emocionados de los arqueólogos.

“Lo que acerca estas ruinas a Pompeya o Herculano es el hecho excepcional de que podamos contemplar un fragmento embalsamado de vida cotidiana, algo que sucede solo en condiciones ambientales y climáticas excepcionales o tras acontecimientos excepcionales —dice el superintendente especial para las áreas arqueológicas de Roma, Francesco Prosperetti—. El incendio provocó el desplome de la segunda planta sobre la primera. En pocos minutos quedó todo carbonizado, sellado”, agrega. Como para fortalecer su argumentación, se acerca a una caja llena de barro negro del que sobresale un pequeño esqueleto. “Esta es la única víctima segura del fuego: el perro de la casa. Estaba acurrucado frente a una puerta, probablemente quedó atrapado en la habitación”, explica.

El hallazgo incluye también fragmentos de un fresco pegado a una pared que conserva por detrás las tuberías donde corría el agua ardiente para calentar la habitación; un fragmento de pavimento de mosaico fino blanco y negro; partes de un entrepiso de madera perfectamente conservado (hasta se ve un gran clavo de hierro hundido en una viga). Es este último lo que hace brillar los ojos del equipo que desde diciembre excava y barre en el fondo del pozo. “No podíamos creerlo: las materias orgánicas no suelen llegar intactas hasta nosotros”, cuenta uno de los restauradores, Adone Pelly, encaramado en los andamios con casco amarillo y chaleco fluorescente. Nueve metros por debajo de sus botas, cuatro compañeros mueven con esmero los pinceles.

Del pasado también volvieron piezas del mobiliario: la pata carbonizada de un taburete, un gran cajón, el plano de una mesa. “Esta edificación se encuentra a la misma profundidad del cuartel romano descubierto en 2016 unos doscientos metros más allá. Por la riqueza de los adornos, la abundancia de los muebles y el nivel tecnológico del sistema de calefacción pienso que fue la casa del comandante”, baraja Simona Morretta, responsable científica de las excavaciones.

Este pozo de ocho metros de diámetro fue construido después de delicadas inspecciones. “Sabíamos que había algo allí abajo —explica Prosperetti—. En la colina del Celio surgían mansiones y jardines de las familias patricias. A sus pies, donde estamos ahora, se extendía un gigante acuartelamiento para los legionarios, que el emperador Aureliano ordenó derribar a mediados del tercer siglo d.C. para construir nuevas murallas”. Unos años antes, un incendio había engullido la casa del comandante. “Este tramo del metro correrá en un área tan tupida de historia que representa un unicum en el mundo. Por eso cuesta tanto abrirse paso en sus entrañas. Sacaremos las ruinas de aquí y las expondremos en la futura estación”, sonríe confiado Andrea Sciotti, el ingeniero que coordina las obras del nuevo tren subterráneo. Probablemente el suyo sea uno de los oficios más delicados de la capital: Sciotti tiene que preservar los restos de la Roma imperial y tutelar a la vez sus habitantes contemporáneos, que necesitan desplazarse por una ciudad inmensa y eternamente atascada.

 

28 junio 2017 at 6:54 pm Deja un comentario

La casa romana de madera que las llamas conservaron en Roma

Un incendio carbonizó y petrifico dos habitaciones de un edificio que data del siglo II y conservó el suelo, patas de sillas y mesas e incluso el esqueleto de un perro

La casa encontrada durante las excavaciones

Fuente: LA VANGUARDIA
26 de junio de 2017

Un suelo de madera, patas de mesas y taburetes, los esqueletos de un perro y probablemente de un gato… y preciosos mosaicos. Eso es lo que han descubierto unas excavaciones arqueológicas durante la ampliación de la línea C del metro de Roma, que han dejado a la luz los restos de un cuartel de soldados romanos.

Como en Pompeya (aunque sin volcán), el fuego de un incendio carbonizó y petrificó dos habitaciones de un edificio que data del siglo II después de Cristo. Este espacio se encontraba debajo de un perímetro de hormigón de ocho metros de diámetro y catorce de profundidad, de los cuales diez ya han sido excavados, según informa La Reppublica.

Las excavaciones arqueológicas coinciden con la ampliación de la línea C del metro de Roma

Iniciada en diciembre de 2016, la excavación de este pozo ha permitido encontrar dos espacios que datan de la época de Trajano (siglo II d. C.) con reordenamientos posteriores. El pasado 23 de mayo, sin embargo, sorprendió el descubrimiento de los primeros restos del piso de madera carbonizada.

En las capas más altas se encontraron grandes partes de un suelo de fragmentos blancos de mosaico y de yeso pintado procedente de las paredes y el techo. El fuego conservó las vigas de madera rectangulares. También se han encontrado unas patas de la silla o mesa y otra pieza que podría ser de una balaustrada de madera, además de una gran mesa rectangular.

Un mosaico descubierto durante las excavaciones

En la planta baja del edificio, una pared con un fresco de principios del siglo II, en la dinastía Severa, con paneles con motivos de fantasía. Durante la excavación han aparecido los esqueletos de un perro que estaba delante de una puerta y quedó atrapado en el edificio en el momento del incendio. Una hipótesis que barajan los investigadores es que el fuego pudo ser causado por un terremoto.

El edificio podría ser parte de los cuarteles militares que se encontrarían en medio de la Via Ipponio. En este caso, las habitaciones podrían ser las salas de recepción del edificio militar, teniendo en cuenta que ha aparecido un sistema de calefacción. O tal vez era algún tipo de spa y por eso habría los revestimientos, mosaicos, frescos y placas de mármol en algunas paredes.

El edificio podría ser parte de los cuarteles militares que se encontrarían en medio de la Via Ipponio

Otra hipótesis es que los entornos descubiertos son parte de uno de los módulos aristocrática del barrio de Celio. No muy lejos de esta zona se han encontrado espacios tales como la domus de los Valerios, que colapsó de la misma manera.

Las paredes y revestimientos serán desmontados y trasladados a espacio para ser analizados. El pozo se ha excavado para compensar cualquier desplazamiento del suelo debido a la ampliación de las galerías de la línea C del metro.

Otra hipótesis es que los entornos descubiertos son parte de uno de los módulos aristocrática del barrio de Celio

 

26 junio 2017 at 8:00 pm Deja un comentario

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"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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