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Las cuadrigas de Ben-Hur correrán en el festival de Mérida

El Ballet Nacional de España inaugurará la 64ª edición del certamen con su espectáculo «Electra»

El teatro romano de Mérida – ABC

Fuente: Julio Bravo > Madrid  |   ABC
21 de marzo de 2018

Las cuadrigas de Ben-Hur correrán en el teatro romano de Mérida, en una adaptación de la célebre película de William Wyler que dirigirán David Ottone y Juan Ramos Toro (Yllana). Éste es, sin duda, el montaje a priori más llamativo del 64º festival de teatro clásico de Mérida, que se ha presentado en la ciudad extremeña.

El certamen se desarrollará del 29 de junio al 26 de agosto, e incluirá nueve espectáculos. Además del teatro romano, el festival, que dirige Jesús Cimarro, se desarrollará en diversos especios de la ciudad, donde se desarrolla la programación off, y en las localidades de Medellín, Regina y Cáparra, en la provincia de Cáceres.

Además, y de manera excepcional, esta edición estrena una extensión temporal en Tarragona, con motivo de los Juegos Mediterráneos 2018, donde podrán verse las obras «Edipo Rey», de Sófocles, dirigida por Denis Rafter (9 y 10 de junio); y «Calígula», de Albert Camus, dirigida por Mario Gas (16 y 17 de junio).

El festival vuelve a apostar por los grandes nombres para la cabecera de sus carteles; entre los actores que estarán en Mérida figuran Lolita Flores, Pepe Viyuela, Silvia Abascal, Raúl Arévalo, Loles León, Pedro Casablanc, Rafael Álvarez El Brujo, Itziar Miranda, José Manuel Seda, Olivia Molina, Maxi Iglesias, Tina Sáinz, Laura Pamplona, Alberto Amarilla y Eva Marciel, entre otros.

Como ya ocurriera en la pasada edición, Cimarro no apuesta en la programación por los grandes textos del teatro romano y griego, sino por los espectáculos de nueva creación a partir de personajes o temas clásicos. Así, además de «Ben-Hur», presentará «Nerón», de Eduardo Galán; «Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia», que presentará Rafael Álvarez «El Brujo»; «Fedra», de Paco Bezerra; y «Las amazonas», un espectáculo de Magüi Mira basado en «Pentesilea», de Von Kleist.

«Electra», una producción del Ballet Nacional de España con coreografía de Antonio Ruz -a la que acompañará la Orquesta de Extremadura-, abrirá el certamen, cuya programación off incluirá, además de las habituales representaciones teatrales de pequeño formato en distintos escenarios de la ciudad, proyecciones cinematográficas, conferencias, exposiciones, campo de voluntarios, cuentaclásicos para los niños, una serie de lecciones magistrales, talleres formativos, la programación paralela se enriquece este año con el primer Encuentro Internacional sobre Periodismo Móvil y Cultura.

Programación

«Electra». Del 29 de junio al 1 de julio. Ballet Nacional de España. Orquesta de Extremadura. Coreografía: Antonio Ruz. Dirección: Antonio Najarro.

«Ben-Hur», de Lewis Wallace. Del 4 al 8 de julio, Versión: Nancho Novo. Dirección artística: David Ottone y Juan Ramos Toro. Con Eva Isanta, Agustín Jiménez, Elena Lombao y Richard Collins.

«Nerón», de Ediardo Galán. Del 11 al 15 de julio. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer. Con Raúl Arévalo, Itziar Miranda, José Manuel Seda, Francisco Vidal, Javier Lago, Daniel Migueláñez y Carlota Díaz.

«Esquilo. Nacimiento y muerde de la tragedia». Del 18 al 22 de julio. Versión, dirección e interpretación: Rafael Álvarez El Brujo.

«Filoctetes», de Sófocles. Del 25 al 29 de julio. Dirección: Antonio Simónl Con Pepe Viyuela, Pedro Casablanc, Félix Gómez y Alberto Jiménez.

«Fedra», de Paco Bezerra. Del 1 al 5 de agosto. Dirección: Luis Luque. Con Lolita, Tina Sáinz y Críspulo Cabezas.

«Las amazonas». Del 8 al 12 de agosto. Versión y dirección de Magüi Mira, basada en «Pentesilea», de Von Kleist. Con Silvia Abascal, Loles León, Olivia Molina, Laura Pamplona, Maxi Iglesias, Xabi Murua y Karina Garantivá.

«La comedia del fantasma», de Plauto. Del 15 al 19 de agosto. Versión y dirección de Miguel Murillo. Con Ángel Ruiz, Eva Marciel, Juan Carlos Castillejo, Rafa Núñez, Roser Pujol, Chema Pizarro, Francis Lucas, Cándido Gómez, Manuela Serrano y José Carlos Valadés.

«Hipólito», de Eurípides. Del 22 al 26 de agosto. Versión: Isidro Timón y Emilio del Valle. Dirección: Emilio del Valle. Con Alberto Amarill, Camila Almeda, Amelia David, Mamen Godoy, Cristina Gallego, Rubén Lanchazo, Gustavo del Río, Rüll Delgado, Javier Uriarte, Raquel Bravo, Guadalupe Fernández, Estefanía Ramírez, Carolina Yuste y Álvaro Rodríguez Barroso.

 

21 marzo 2018 at 8:28 pm Deja un comentario

Wajdi Mouawad visita a Sófocles y la sangre de los clásicos

El autor de «Incendios» presenta sus dos últimos trabajos en el Valle-Inclán

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Wajdi Mouawad, el autor de Incendios

Fuente: JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN  |  ABC
1 de noviembre de 2016

Por si hubiera alguna duda, que no la hay, el díptico sofocleano que Wajdi Mouawad, actual director del parisino Teatro de la Colina, ha presentado en el ciclo del CDN «Una mirada al mundo» bastaría para despejarla: es uno de los indiscutibles grandes creadores escénicos de nuestros días, un poeta del escenario, como lo denominó mi colega y amigo Javier Vallejo. Mouawad se asoma al teatro de Sófocles y en su itinerario salta de la Grecia clásica a la de hoy hilvanando las hazañas y pesares de aquellos héroes trágicos sujetos a los designios de los antiguos dioses con los latidos de la actualidad crispada: el dolor se declina igual en todas las épocas y el demiurgo libanocanadiense irriga su indagación con la sangre viva de los clásicos, nuestra misma sangre.

Los moribundos del título del díptico son Filoctetes, el héroe griego abandonado por sus compañeros aqueos en la isla de Lemnos a causa de una herida hedionda, y Edipo, el desterrado y ciego rey de Tebas que, con su hija Antígona como lazarillo, busca el lugar donde morir; pero lo son también quienes, al borde del último aliento, bracean en el piélago del infortunio, carne de cañón de un cataclismo económico que es una de las plagas con que hoy azotan a los hombres los nuevos dioses, tan incomprensibles y caprichosos como aquellos moradores del Olimpo.

En «Inflammation du verbe vivre», a partir de una puesta en escena de “Filoctetes” frustrada por la muerte del poeta y traductor Robert Favreau, Mouawad se zambulle, de manera literal, en una búsqueda de respuestas sobre la vida y la función de la creación artística. Intentaré contar someramente lo que contiene. Es un viaje al Hades que comienza medio ahogado entre rocas, atraviesa la laguna Estigia, llega a un aeropuerto abandonado donde le espera un taxista llamado Lefteris («mi nombre quiere decir Libertad», le dice) y desemboca en un escenario parecido a la actual Atenas; allí, en un insondable basurero donde se depositan los dolores olvidados e inmensas bandadas de gaviotas campan a sus anchas, encuentra el reflejo de su alma en los ojos de un perro, habla con adolescentes suicidas, se topa en el oráculo de Delfos con un Apolo que hoy es un obeso granjero que vive en Estados Unidos y le revela que «la verdad es siempre un error». Por fin encuentra en la morada de los muertos el lugar de los poetas (Louise Labé, María Zambrano, Tucídides, Georg Trakl, Borges, Robert Walser…, son algunos de los nombres citados) y allí, a su amigo Favreau. De vuelta a la vida, la respuesta que ha hallado es un lápiz, el instrumento para reinventar el lenguaje y reinventarse en él.

Este viaje iniciático y de transformación, donde la profundidad del misterio es abordada con sencillez consoladora, Mouawad lo narra fluidamente con imaginación pasmosa: está solo en el escenario, sobre una pantalla formada por tiras blancas elásticas se proyecta una película en la que él entra y sale perfectamente sincronizado; personajes, paisajes, escenarios, imágenes desoladas hondamente evocadoras, su voz siempre presente… Cine y teatro de la mano, un recurso integrado de manera orgánica en la narración dramática y que huye de la grandilocuencia del despliegue técnico. Elocuente, emocionante, doloroso y pleno de amor a la vida y piedad cómplice por quienes sufren. Un trabajo desbordante de ironía metafísica y poderoso aliento dramático en el que resuenan los ecos admirativos por el teatro de Robert Lepage, otro gran creador que también nos llega desde Canadá de la mano de la afanosa Pilar Yzaguirre, cuyo instinto para apostar por el buen teatro parece infalible.

«Les Larmes d’Œdipe» tiene como base «Edipo en Colono». El viejo rey que se arrancó los ojos cegado por la culpa llega a Atenas en compañía de su hija Antígona y se refugia en un antiguo teatro donde un corifeo le informa de que la ciudad llora la muerte de un joven en las protestas contra la crisis que en 2008 tuvieron por escenario el barrio de Exarchia. El pasado y lo contemporáneo respiran a la vez: «Hoy como ayer –se dice– es necesario penetrar en el laberinto de la palabras para que resuene el eco de las infancias perdidas y de una fraternidad invisible más allá de la muerte, en un último gesto de apaciguamiento y de reconciliación».

Wajdi Mouawad utiliza la técnica del teatro de sombras para desarrollar esta suerte de oratorio con tres personajes: un círculo de luz rojiza se centra en el telón blanco a través del que se transparentan las sombras, que son como esas figuras negras que sobre fondo rojo pueblan las antiguas vasijas helénicas, una fascinante referencia a la caverna platónica y un regreso al teatro primigenio en un ceremonial intenso que, aunque a veces llega a saturar, emociona e inquieta. Como en todos sus trabajos, es el ser humano la clave sobre la que gravita el espectáculo. En ninguna de las dos creaciones presentadas en «Una mirada al mundo» utiliza Mouawad el combustible de la demagogia o el alegato político.

La presencia en Madrid de este poeta del escenario –actualmente se puede ver en el Teatro de la Abadía el gran montaje que de la formidable «Incendios» ha realizado Mario Gas– es todo un acontecimiento teatral. Lástima que sólo haya sido por tres días.

“Des mourants”

Texto y dirección: Wajdi Mouawad. Escenografía: Emmanuel Clolus. Iluminación: Sébastien Pirmet. Vestuario: Emmanuelle Thomas. Intérpretes: Wajdi Mouawad y Dimitris Kranias (“Inflammation du verbe vivre”). Jêrome Billy, Charlotte Farcet y Patrick Le Mauff (“Las lágrimas de Edipo”). Ciclo “Una mirada al mundo”. Teatro Valle Inclán. Madrid.

 

1 noviembre 2016 at 10:05 pm Deja un comentario

Siete estrenos para la 62 edición del Festival de Mérida

Del 6 de julio al 28 de agosto siete espectáculos y un concierto van a pasar por la arena del teatro romano. Verónica Forqué, Paloma San Basilio o Estrella Morente debutan en el Festival

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Sócrates en el Teatro Romano de Mérida / Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

Fuente: JOSÉ EMILIANO BARRENA > Mérida  |  Cadena SER    13/04/2016

Clásico. Moderno. Intemporal, ese es el eslogan con el que llega la 62 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Por el escenario del Teatro Romano van a pasar a lo largo de los meses de julio y agosto siete obras, además de un concierto. Entre ellas, «La décima musa», «Alejandro Magno», «Los hilos de Vulcano», «Aquiles, el hombre», «La guerra de las mujeres (Lisístrata)», «Los Pelópidas» y «Marco Aurelio» además del concierto el 8 de agosto del músico Ara Malikian.

Entre las novedades, Estrella Morente debuta en este Festival junto a Aída Gómez y Antonio Canales con «la guerra de las mujeres», en el que vamos a poder disfrutar de una versión flamenca e inédita de «Lisístrata».

Otra de las debutantes va a ser Paloma San Basilio que abre la edición de este año con «La décima musa», que consiste en una revisión del papel de los clásicos musicales dirigida por Josep María Mestres. Nerviosa e ilusionada se mostraba en la presentación de la edición de 2016 Vernónica Forqué, debuta también este año en la obra «Los hilos de Vulcano». Además, otras nombres que van a estar presente en este festival, Toni Cantó, Fele Martínez, Carmen París o Aitor Luna.

Además de las obras que se representan en Mérida hay que sumar los teatros romanos de Medellín, donde se van a representar obras del 29 al 31 de julio. En este teatro romano se podrán ver obras del año pasado como la «Asamblea de las mujeres», «Hércules» y «el Cerco de Numancia». En cuanto a Regina, el seis de agosto donde estará «el Cerco de Numancia». Entre los objetivos que ha detallado el director del festival, Jesús Cimarro, la apuesta por la nueva creación, con textos inéditos y originales para conquistar nuevos públicos, sobre todo el joven.

La edición de este año arranca, del 6 al 10 de julio, con «La décima musa», un espectáculo de Guillem-Jordi Graells coproducido por el Festival y el Teatre Romea, en la que la voz de Paloma San Basilio dará vida a los grandes éxitos de los musicales ambientados en el teatro clásico bajo la batuta de Josep María Mestres y acompañada por Ignasi Vidal.

Del 13 al 17 de julio llegará «Alejandro Magno», la obra de Jean Racine en una versión de Eduardo Galán y dirigido por Luis Luque. Esta coproducción con Pentación Espectáculos traerá al romano la grandeza y hazañas de este personaje de nuestra historia a las que darán vida nombren de la escena española como Armando del Río, Amparo Pamplona, Unax Ugalde, Diana Palazón, Aitor Luna o Marina San José.

Durante la tercera semana, el protagonismo será para el dios Vulcano, dios del fuego y los volcanes, hijo de Júpiter y Juno y esposo de Venus, que a través del espectáculo «Los hilos de Vulcano», escrito y dirigido por Marta Torres, llenará de luz y sonido el Teatro Romano del 20 al 24 de julio. La singular compañía Toom-Pack pondrá en pie este espectáculo con un gran reparto escénico con figuras como Verónica Forqué, que debuta en el Festival, Carmen París, Fele Martínez, Melani Olivares, Tomás Pozzi, Javi Mora o Nur Al Levi.

La programación de julio concluirá con un héroe: «Aquiles, el hombre». Esta obra de Roberto Riveray dirigida por José Pascual nos narrará del 27 al 31 de julio la leyenda de este guerrero prácticamente inmortal, protagonista de La Iliada de Homero, cuyo único punto débil estaba en su talón. Y para dar vida a esta coproducción de Tal y Cual Producciones se subirán a escena Toni Cantó, Ruth Díaz, Pepe Ocio, Philip Rogers, Daniel Muriel, Lourdes Vergel o Miguel Hermoso, entre otros actores.

Las dos primeras semanas de agosto, del 4 al 7 y del 9 al 14, el público del Teatro Romano de Mérida tendrá el privilegio de asistir a la representación de la obra inédita de Miguel Narros: «La guerra de las mujeres» , una adaptación de Lisístrata. Por primera vez en versión flamenca a través del talento de Estrella Morente, Antonio Canales y Aída Gómez. El espectáculo de danza y música está dirigido por José Carlos Plaza con la dirección musical de Juan Carmona.

Esta edición habrá un concierto, será del gran violinista Ara Malikian el 8 de agosto. Malikian funde en este espectáculo ópera, música clásica, contemporánea y popular con el fin de llegar a todos los estratos de la sociedad. Artistas de gran envergadura como Lola Flores, Paco de Lucía, Led Zeppelin o Verdi tendrán un hueco en el que será el culmen de ‘Ara Malikian 15’, un concierto que ya han visto 40.000 espectadores y que llega a Mérida en el marco del Festival.

Y como viene siendo habitual, Pentación propone dedicar la recta final del festival a dos coproducciones con compañías extremeñas. Este año se estrenan Suripanta Teatro con la comedia «Los Pelópidas», de Jorge Llopis, que dirigirá del 17 al 21 de agosto Esteve Ferrer y con un gran reparto formado por Eva Gómez, Simón Ferrero, Eulalia Donoso, Ana García, Paca Velardiez, Juan Carlos Tirado, Pedro Rodríguez y Jesús Martín Rafael.

La clausura de esta 62 edición correrá a cargo de la compañía extremeña Teatrapo. Del 24 al 28 de agosto pondrá en escena la tragedia «Marco Aurelio», de Agustín Muñoz Sanz y dirigida por Juan Margallo y Olga Margallo, que nos retratará al filósofo y emperador romano, llamado el último de los “cinco buenos emperadores”. La compañía cuenta para ello con un reparto integrado por Vicente Cuesta, José Vicente Moirón, Gabriel Moreno, Cándido Gómez, María Luisa Borruel, María Lama,Fermín Núñez y Roberto Calle.

En cuanto a la programación Off en esta edición, cuyas intervenciones sirven para divulgar la cultura clásica a través de acciones lúdicas y artísticas, incluye representaciones teatrales, proyecciones cinematográficas, mesas redondas, exposiciones, un nuevo campo de trabajo, nuevos cuentaclásicos para los niños y hasta una clase magistral para actores, directores y escritores.

Con esta iniciativa, coproducida y dirigida por TAPTC Teatro y el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, se contribuye a revitalizar espacios arqueológicos de la ciudad como el Templo de Diana, el Pórtico del Foro, las Termas de calle Pontezuelas y este año también la Alcazaba, devolviendo a estos escenarios la cultura clásica grecolatina durante los meses de julio y agosto.

Veremos títulos teatrales como La Paz, El Pseudolus, Medea, Orfeo y Eurídice y Al caer el día. Y se proyectarán las películas Resucitado; Excalibur, Un día perfecto, Sueños de Sal, Mad Max, Brave, Turbo y The Blues Borthers.

Además, se celebrará el Ciclo de Conferencias Encuentro con los clásicos, que un año más coordinará el catedrático de la Universidad de Extremadura Santiago López Moreda; y tendrá lugar el segundo Campo de Trabajo Internacional en coordinación con el Instituto de la Juventud de la Junta de Extremadura.

La organización ha puesto hoy a la venta 120.000 entradas, sin contar las obras en los teatros romanos de Medellín y Regina. A partir de esos 1,4 millones por taquilla, si hubiera superávit el 95 por ciento sería para la Junta de Extremadura y el cinco por ciento para su empresa, ha advertido.

14 abril 2016 at 1:37 pm Deja un comentario

Jan Fabre, el galáctico del teatro, asalta Grecia para construir la nueva Europa

El director, performer y artista es el nuevo curator del Festival Internacional de Atenas y Epidauro, uno de los más importantes de Europa de artes escénicas y visuales

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El director belga Jan Fabre en Atenas (P.Campos)

Fuente: PRADO CAMPOS > Atenas  |  El Confidencial      30/03/2016

Jan Fabre se ha marcado un enorme nuevo reto: convertir por medio del arte a la Grecia asfixiada por la crisis y la austeridad y a la Grecia de los refugiados en el epicentro del diálogo multicultural y en el espejo de la nueva identidad y diversidad europeas. El director, actor, performer y artista plástico belga es una auténtica rockstar del teatro. Siempre ambicioso y polémico, suma ahora a su currículo un nuevo reto: ser el curator del Festival Internacional de Atenas y Epidauro, una de las citas de artes escénicas y visuales más importantes de Europa que se celebrará desde finales de junio en Grecia.

«Atenas es el centro de Europa, la matriz de la sociedad y de la democracia europeas. Es el lugar perfecto porque representa la crisis que está viviendo la propia Europa. Su intuición y su historia posibilitan que se abra nuevas puertas», explica Fabre a El Confidencial en Atenas tras presentar las líneas maestras de lo que serán sus cuatro años al frente del conocido como Festival Helénico. «En estos momentos, con todos los problemas políticos que tenemos, es importante mirar hacia la semana que viene. Al futuro. Y este festival quiere hablar sobre la belleza y el cuerpo humano, porque el cuerpo humano es sujeto y objeto de investigación de todas las artes. Cuando hablamos de cuerpos humanos, desde dentro y desde fuera, hablamos de política, de filosofía, del comportamiento social».

Atenas es el centro de Europa, la matriz de la democracia. Es el lugar perfecto porque representa la crisis que está viviendo el continente

Por eso, Fabre va a tomar templos tan míticos como los teatros de Epidauro y el Odeón de Herodes de la capital con la idea de que Grecia siga siendo la cuna de la civilización y de la cultura donde, desde el arte y el diálogo, se repiense la nueva identidad europea. “La diversidad no procede únicamente de la gente de fuera o de los refugiados. Somos todos y cada uno de nosotros. Y el arte es la mejor forma de hacer comunidad”, garantiza.

Este primer año el ‘galáctico’ del arte al frente del festival va a homenajear a Bélgica. Toda la programación (teatro, danza, exposiciones, performances, literatura, cine…) se centrará en su cultura porque, afirma, Bélgica es el ejemplo perfecto de la multiculturalidad europea. Lo explica con otro símil futbolístico: la selección belga, los llamados ‘diablos rojos’. «Son de Marruecos, Uganda, Congo… de diferentes razas y religiones. La selección belga es la metáfora de Europa. La nueva Europa tiene que estar abierta a nuevos colores y religiones» porque precisamente eso es Bélgica y Europa: «una sociedad abierta y plural».

“A los refugiados hay que abrirles los brazos”

Acto seguido añade que lo que está pasando con las fronteras europeas y los refugiados sirios «es un escándalo«. «A los refugiados hay que abrirles los brazos y recibirles porque es gente que viene de situaciones muy difíciles y no es la primera vez en la historia que pasa esto. Es mejor aceptar que Europa está cambiando, es histórico, por eso es mejor acoger a esta gente, ayudarles y ayudarnos. La solución no es dejarlos en la frontera para hacernos más fuertes. Mira lo que pasó con los húngaros. En 1958 miles de húngaros vinieron a Europa y no cerramos las fronteras. Es un escándalo. Yo creo que nuestro deber como humanos es ayudarnos los unos a los otros», prosigue.

Precisamente, subraya, en este primer año habrá encuentros con filósofos y artistas griegos -el grueso de la programación la protagonizarán belgas- cuya recaudación se destinará a las pequeñas localidades que están acogiendo a los refugiados. Además, presentará la performance ‘Preparatio Mortis’, protagonizada por Annabelle Chambon, y su espectacular ‘Monte Olimpo‘, una pieza que pasó a principios de marzo por Sevilla con todo vendido y en la que durante 24 horas ininterrumpidas desgrana la tradición teatral griega en una catársis colectiva que simula las fiestas dionisiacas. Una catársis, puntualiza, de plena actualidad.

«Europa es como Medea. Todo el mundo tiene su tragedia familiar pero Medea es la historia de la lucha de poder entre la sociedad matriarcal y patriarcal. Medea es una mujer emancipada que viene de una sociedad matriarcal. Es la metáfora de las madres sirias, que prefieren arriesgar a sus hijos que dejarlos en manos del ISIS», garantiza.

Es por eso que en estas más de tres décadas rompiendo la percepción tradicional y los límites escénicos Fabre sigue defendiendo con la misma fuerza el poder del arte como forma de comunicación y no como moneda de cambio. Esa coherencia es la que trae ahora a Grecia y la búsqueda de esa nueva Europa. “Mi trabajo es poner el arte fuera, ir contra el sistema. No creo que sea construir un mercado económico”, remacha el curator del festival, que no director como recalca contundente mientras fuma un cigarro. Más que programar, confirma, pretende “enfrentar diferentes ideas y abrirse al futuro».

“El arte es necesario siempre. Siempre lo ha sido en la historia de la humanidad. Es contemplación, reconforta, crea compasión, empatía… y por esa razón en esta Europa en crisis lo mejor que pueden hacer los gobiernos es invertir tanto dinero como sea posible en cultura y arte. Un político inteligente sabe que quitar dinero de la cultura y del arte destruye la sociedad. Cuanto más dinero se de a la cultura mejor irá la economía y mejor será la salud de la sociedad”.

En esta Europa en crisis lo mejor que pueden hacer los gobiernos es invertir tanto dinero como sea posible en cultura y arte

Si este año los artistas belgas, además de los jóvenes griegos que pasen por la Academia de Jóvenes Artistas y las exposiciones que recorrerán las acciones de Fabré desde 1976 hasta la actualidad así como el arte belga -en colaboración con el museo de Amberes-, centrarán la programación del festival, en 2017 el tema será la consiliencia. En 2018 Fabre presentará una nueva performance con Isabelle Hubbert y en 2019, para despedirse, ‘Greek Matrix’ se rendirá al arte griego mientras el belga estrenará otra performance basada en la tradición clásica griega.

Pero no es lo único que tiene entre manos el polifacético Fabre, este mes de mayo llevará a Florencia la exposición ‘Spiritual Guards‘ y en octubre presenta otra en el Hermitage de San Petersburgo. También volverá a Sevilla el año que viene con la performance ‘Belgian rules’. Mientras tanto Grecia, como aseguró su ministro de Cultura, Aristides Baltas, espera con expectación a su fichaje estrella porque son los artistas e intelectuales los que deben “remover y despertar las conciencias” para que todo el mundo, y no solo su país, asuma su responsabilidad colectiva con los refugiados. El arte, recordó mirando a la esperanza belga, sirve para “ser conciencia del mundo y asegurar la memoria de la humanidad y la continuidad de la historia”.

30 marzo 2016 at 6:36 pm Deja un comentario

La epopeya mítica de Jan Fabre

El artista belga recrea la fiesta de las Grandes Dionisias con una bacanal griega de 24 horas en el Teatro Central de Sevilla

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Fuente: EVA DÍAZ PÉREZ > Sevilla  |  EL MUNDO      07/03/2016

¿Es un sueño? ¿O un sueño dentro de otro sueño? Quizás, una hechizante pesadilla que envuelve al espectador que ya no sabe lo que es. ¿Alguien que sueña o que recuerda? El Teatro Central de Sevilla acogió el estreno en España de la última epoyeya del artista belga Jan Fabre: Mount Olympus. Una auténtica bacanal griega de 24 horas -desde la tarde del sábado a la del domingo- con la que Fabre quiso recrear las Grandes Dionisias, las fiestas de la antigua Grecia en las que durante tres días con sus noches se representaba teatro, se comía, se bebía, se dormía…

Los espectadores acudían al Teatro Central como a un templo. «Quiero que el teatro sea como un lugar para sanar las heridas de nuestra mente», explica Fabre que se mantiene las 24 horas controlando la mesa de luces, del sonido o los camerinos donde los actores se preparan.

Fabre no duerme, es casi un insomne y ha trasladado al público a ese viaje al no-sueño para habitar las sombras del contrasueño. El teatro está preparado para una jornada intensa. La cafetería no cerrará en toda la noche y en la planta alta se han instalado colchonetas y tumbonas para el público.

La obra se ha representado ya en Berlín, Ámsterdam, Brujas y Amberes. Después de Sevilla viajará a Viena y Bruselas. Hay que aplaudir a Fabre su osadía para la experimentación, su desmesura artística precisamente en estos tiempos de mercantilismo y culturicidio. No es fácil representar un espectáculo de 24 horas donde se representan hasta treinta y tres tragedias griegas -realizadas con el codramaturgo de la obra Hans-Thies Lehmann- con treinta actores que quedan literalmente exhaustos.

Por el escenario pasan Eteocles, Edipo, Odiseo, Dionisos, Fedra, Hipólito, Alcestes, Heracles, Agamenón, Electra, Orestes, Medea, Antígona, Ayax… «Mi teatro se remonta a los orígenes de la tragedia. A veces me siento una especie de viejo brujo griego», explica Fabre.

El brujo griego ha convocado a un público expectante. La gente se sienta y se apagan las luces. El tiempo se ha vuelto líquido y baja por las escaleras del teatro, llena el escenario y salpica el patio de butacas. Arranca la máquina de sueño que devora almas en una performance de 24 horas, de teatro y tornateatro en busca de la catarsis como en las antiguas tragedias.

La bacanal griega comienza sin concesiones. Dos hombres-estatua miran al público. Por detrás aparecen dos bailarines a cuatro patas, bestias de templos antiguos que meten literalmente la cara en el trasero de los mensajeros y desde allí balbucean o gruñen para que por las bocas de los hombres-estatua salgan frases inteligibles que advierten del ritual que se avecina.

En la oscuridad, un hombre completamente desnudo tiene una erección que el público contempla en silencio. Y empieza todo. Una orgía sobre el escenario que durará todo un día. Dionisos aparece animando a los bailarines enfebrecidos por la espectacular música de Dag Taeldeman, líder del grupo de rock A Brand y distribuida en España por Bertus Distribution.

A lo largo de 24 horas habrá de todo: monólogos de dioses y de hombres, escenas de guerra, asesinatos, violaciones, masturbaciones colectivas y vísceras lanzadas sobre el escenario. Pronto el teatro huele a sangre. Es una de las obsesiones de Fabre, recuperar lo salvaje, lo primitivo, lo excesivo, la crueldad de los tiempos arcaicos. «Los instintos han sido enterrados bajo una espesa capa de civilización», aclara.

La gente entra y sale de la sala para comer, beber, ir al lavabo o descansar. En el escenario continúa la danza con figuras que parecen salir de antiguas cráteras y vasijas de terracota. También esa particular estética contemporánea de la crueldad, lo grotesco y la belleza del exceso. Puro Fabre con guiños al Bosco, Goya, Pollock, Pasolini, Mozart, Racine y a todos los sedimentos del imaginario cultural que durante siglos ha narrado el mito.

Es la una de la mañana. En el escenario, suenan los grillos e imaginamos un paisaje nocturno de olivos y lechuzas, ruinas de templos olvidados. Ruidos de una noche cualquiera de hace siglos. La extrañeza de un recuerdo del pasado.

Casi a las tres de la madrugada llega la hora del sueño. Habrá tres interrupciones en las que los bailarines duermen sobre el escenario envueltos en sábanas-crisálidas.

Entran los primeros rayos de sol en el Teatro Central que en la zona de los vestíbulos tiene paredes de cristal. Se ve el Guadalquivir y gente que pasea en la calle. Dentro, Electra y Orestes relatan su tragedia. En 24 horas hay mucho material de desecho narrativo. A Fabre no le interesa la presentación, el nudo y el desenlace. No existe el clímax, todo es un fluir. Pero eso es la vida ¿no? Llena de momentos sin asombro, de puro aburrimiento.

Corre un aire sonámbulo por el teatro. La sangre se ha secado sobre el escenario, pero nadie quiere irse. El público está hechizado, sin poder salir del teatro como si formaran parte del argumento de El ángel exterminador de Buñuel. Hay espectadores que ya huelen un poco a hiena. A los actores-bailarines se les supone.

Es de día. Hay gente que desayuna con la sensación de haber descendido en la noche al Hades, paseado por el Ática, la Tracia, los campos de batalla de Troya, la Argólida, la Cólquida. Y el vago recuerdo de haber dormido en el lecho maldito de Edipo y Yocasta. Fabre ha conseguido convertir nuestra memoria en el lugar de la representación.

7 marzo 2016 at 8:55 pm 1 comentario

Danzad, malditos dioses

Jan Fabre deconstruye la condición humana y los mitos griegos en una ‘performance’ de 24 horas sin pausa en el Concertgebouw de Brujas

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Una escena de Monte Olimpo – Para glorificar el culto a la tragedia, de Jan Fabre, en el Concertgebouw de Brujas (Wonge Bergmann)

Fuente: MARICEL CHAVARRÍA > Brujas  |  LA VANGUARDIA    10/12/2015

Un día entero, con su día y su noche, debería ser una unidad de tiempo excesiva para una performance de danza-teatro, tanto para los que la brindan como para quienes la atienden desde sus butacas. Pero el visionario Jan Fabre ha convertido la experiencia en una terapéutica inmersión en la condición humana que pasa en un abrir y cerrar de ojos. Ha sucedido este fin de semana en el Concertgebouw de Brujas, en el estreno belga de su ya celebrado Monte Olimpo -Para glorificar el culto a la tragedia, una performance de 24 horas (sin una puñetera pausa) que una treintena de artistas asumen con bravura.

Es la última pirueta escénica del provocador y lúcido creador belga –también dramaturgo, diseñador y coreógrafo– que gusta de llevar las cosas al límite sin salirse, eso sí, del refinamiento y la belleza. Pone al público frente a ese oscuro espejo que es el escenario y le somete de nuevo, pim pam, a una descarnada visión de su previsible y decadente existencia sirviéndose esta vez de gran cantidad de mitos griegos. Edipo, Fedra, Odiseo, Hércules, Dioniso, Agamenón, Electra, Antígona… dioses, ninfas, semidioses. Los deconstruye teatralmente en esa unidad tan humana de tiempo, desde que se pone el sol hasta que vuelve a ponerse, y convierte el cuerpo, la carne, en el campo donde se libran todas las batallas, todas las tragedias griegas. Presididas, claro, por la pulsión sexual. ¡Qué implacable!

“Sé que debería salir ya y descansar, pero no puedo evitar pensar que me pierdo algo importante”, dice Frank, un periodista deportivo, en la cafetería del Concertgebouw cuando se cierne la medianoche. “Es desconcertante, no soy gran fan de Fabre, es arrogante, se sabe artista, pero desde el arranque de la performance, con aquel actor a cuatro patas hablándole al culo desnudo de otro que a su vez traduce sus palabras… ¿cómo es posible hacer eso con esa belleza? Es poético”.

Frank ha salido un minuto a tomar una cerveza. El público entra y sale a su antojo. Se ha provisto la sala de un bar extra con sopa caliente y hay enseres para la toilette matutina en los servicios. El hall de esta sala de conciertos que se entrega anualmente al festival December Dance está ahora lleno de sillones vintage y apiladas en los pasillos aguardan las colchonetas en las que pernoctar un par de horas para reponer fuerzas. También hay sesiones de yoga, sofás de masaje mecánico, un área silenciosa y charlas sobre mitología griega, en plan urgente, para no perderse en este monumental mix de tragedias.

Los artistas de Troubleyn, el taller teatral de Fabre que busca la conciencia física y las capacidades expresivas, no escatiman en esfuerzo. Van a ser 14 capítulos, con tres momentos para dormir en escena como parte del show. Antes de que acabe el día, ya es bestial la escena en que una docena de ellos se maquillan y transforman en criaturas mitológicas, ejecutando una danza de guerra. Es el cierre del capítulo de Odiseo.

La improvisación es el origen de muchos de los cuadros escénicos paridos por Fabre y, sin embargo, la realización es impecable. Ocho hombres agitan su badajo a golpe de cadera como cierre del episodio de Edipo, para luego celebrar desnudos la danza sirtaki. “¡Todo hombre precisa de un poco de locura!”, gritan, mantra que se repite a lo largo del fin de semana. Luego es el turno de ellas: simulan orgasmos en un bosque con el sonar de los grillos como única sintonía erótica, para estallar en una bacanal de carcajadas. Derrames de simientes, fugaces pasiones. El sexo y su angustia, dueño absoluto, el cuerpo rendido a la pulsión sexual, una broma que se han permitido los dioses con la humanidad. Hasta el coro de filósofos contrasta pareceres a base de sonidos orgásmicos…

“¿Qué estado debería escoger? ¿Estar permanentemente despierto o dormir para siempre?”, se pregunta Fabre. “En esta vida no hay elección. ¡Tendré mi ración de ambos, espero!”. El planteamiento existencial de su Monte Olimpo no es el quiénes somos y para qué hemos venido, sino el cómo pasamos por este mundo.

Por la mañana, la sintonía con el público ya es total. La platea, legañosa y algo maloliente, celebra el desperece de los performers en una danza, cómo no, pélvica. Vestida ingenuamente de Navidad, Brujas se antoja como un desplegable neogótico de pequeños placeres mientras en su Concertgebouw se calienta una bomba de relojería: el carrusel de eros y tánatos gira sin parar, y el dios Dioniso se descojona a costa de los humanos: “Les di una brizna de locura para que así pudieran seguir viviendo en la decadencia”, ríe.

Pasarán por escena Casandra, maldiciendo a los dioses que la han condenado al descrédito en sus predicciones; Clitemnestra, que ha matado a su esposo Agamenón por entregar a su hija Ifigenia a los dioses, y Electra, que posa masajeándose el clítoris. Y llegará Medea, encarnada en una Maria Callas travesti, al tiempo que suena un aria suya con la que baila a ritmo de vogue. “¿Por qué cuando se trata de sexo los hombres nunca son culpables ni se les llama zorras?”, se preguntan.

Todo transcurre bajo un manto de esteticismo. La belleza es la garantía de que el espectador no podrá evitar reconocerse. Incluso en el apoteósico final, en el que Fabre ha preparado una batalla de amor –lucha libre, cuerpos desnudos– seguida de una maratón festiva que premia a quien da “todo su amor”. Frenético baile final –¿de dónde sacan los artistas fuerzas de flaqueza?– con conclusión de Dioniso: “La verdad es la locura”. El clímax es tal que el público aplaude puesto en pie durante ¡38 minutos! ¿No debería acoger Barcelona este prodigio escénico, digno de capital europea? Si no creemos en los grandes equipamientos, creamos al menos en los grandes artistas.

11 diciembre 2015 at 10:20 am Deja un comentario

Por las venas de Antígona corre la sangre siria

Primero fue «Las troyanas» en Jordania. Después, «Antígona». Los versos de Eurípides y Sófocles, actualizados, llegan hasta Amán y Beirut de la mano de proyectos teatrales que convierten en actrices a las refugiadas sirias. Una iniciativa que ya es imparable

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Un momento de los ensayos de «Antígona de Siria» – Tabitha Ross

Fuente: ROBERTO PIORNO  |  ABC.es      27/11/2015

Dos mil quinientos años después, los versos de Sófocles siguen teniendo recorrido. Cualquier refugiada siria podría reconocerse, de hecho, en los lamentos e infortunios de Antígona, a quien una ley tiránica promulgada por Creonte prohíbe dar sepultura a su hermano.

En un tiempo en el que el «Estado Islámico» se esmera en volar por los aires la huella grecorromana en Oriente Próximo hay quien se atreve a tender puentes, con éxito, entre el mundo clásico y el cruel presente de un país como Siria. El eco de la tragedia griega por antonomasia se llena de matices en boca de un grupo de refugiadas sirias en Líbano y Jordania. Imposible encontrar mejor prueba de la vigencia y universalidad de los clásicos.

En 1993 Susan Sontag se atrevió a «romper» el asedio de Sarajevo proyectando la voz de Bertolt Brecht entre las ruinas de la ciudad bosnia. En plena guerra de Yugoslavia la escritora estadounidense puso en pie, en condiciones extremadamente difíciles, un montaje de «Esperando a Godot» con un extraordinario valor simbólico. Veinte años después Charlotte Eagar, periodista y productora, y su marido, el escritor William Stirling, cogieron el testigo de Sontag y llevaron los versos de «Las troyanas», de Eurípides, a Amán (Jordania), en un proyecto apadrinado por Oxfam. Su objetivo, aliviar los traumas de medio centenar de refugiadas sirias que, como Hécuba y demás viudas de Troya, lo habían perdido todo.

Un lenguaje común

Así nació el Syria Trojan Women Project. Con un equipo de trabajo de origen mayoritariamente sirio, las refugiadas intervinieron durante un año en los talleres-ensayos percibiendo un salario y participando activamente en la adaptación a la realidad siria del texto de Eurípides, que se transformó sobre la marcha para incorporar las desgarradoras experiencias personales de las actrices.

Un año después, una nueva productora, Aperta Productions, apadrinada por algunos de los artífices del proyecto original, repetía el mismo método de trabajo con una treintena de mujeres sirias. El fin, exportar estos talleres teatrales terapéuticos a otros países de lengua árabe en Oriente Medio y en el Norte de África, tendiendo puentes entre artistas de países occidentales y musulmanes a través de un lenguaje común: las obras maestras de la tragedia griega. El programa también está siendo un éxito en Beirut.

El texto de Eurípides se transformó sobre la marcha para incorporar las desgarradoras experiencias personales de las actrices

Itab Azzam era parte del equipo de producción del Syrian Trojan Women Project en Jordania, y ahora repite experiencia en Líbano. «Como siria, tuve dudas. ¿Valía la pena gastar todo ese dinero? ¿No era mejor dárselo a la gente que más lo necesita? –se pregunta–. Pero luego veo los resultados y creo que empresas como esta proporcionan una verdadera ayuda emocional a un gran número de personas. En la familia siria todo gira alrededor de la figura materna, y queremos mujeres psicológicamente sanas, ambiciosas y realizadas que puedan transmitir toda esa fortaleza a sus hijos y, por extensión, a la sociedad».

Itab trabaja en Beirut con las refugiadas de Shatila y de otros campos de la región, cuyo enemigo no es exclusivamente el «Estado Islámico» o el régimen de Al Assad; luchan también contra una asfixiante opresión patriarcal en una sociedad en la que, más allá del ámbito familiar, desempeñan un rol irrelevante. «Antígona es una heroína rebelde –explica–, se rebela por lo que cree que es justo. Como mujer, la admiro. Admiro su coraje y tenacidad. En «Las troyanas», las mujeres son las víctimas. En «Antígona», la dinámica es muy diferente: habla de una mujer fuerte decidiendo su propio destino».

La opción del suicidio

La tragedia de Antígona, que pierde a sus dos hermanos en la guerra, es muy familiar para las actrices. Muchas de ellas son viudas, otras vieron morir a sus hijos en la guerra o arrastran la frustración de no haber podido dar sepultura a sus muertos, y como Eurídice, la esposa del inflexible Creonte, algunas intentaron recurrir al suicidio. Los talleres, y la reflexión en torno a los versos de Sófocles, ha sido una liberación para ellas.

Dina Mousawi, profesora de interpretación, era la encargada de lograr que las actrices aprendieran a canalizar sus emociones a través del teatro. «Lo más interesante –cuenta– es que se sentían identificadas con diferentes personajes. Unas se sentían próximas a la hermana de Antígona, Ismene, porque, como ella, no harían preguntas ni osarían desafiar el poder establecido, obedeciendo por miedo. Otras se sentían identificadas con Creonte (en el que quieren ver a Bashar Al Assad), como una mujer que había perdido dos hijos y tuvo que tomar decisiones muy difíciles que la enemistaron con otros miembros de la familia. Y por supuesto, muchas se identificaban con Antígona, no solo por haber vivido historias muy similares, sino porque habrían hecho exactamente lo mismo en su lugar».

Lo que comenzó como un grupo de mujeres tímidas y dubitativas se convirtió en uno de mujeres valientes y atrevidas (Dina Mousawi)

«A veces el ánimo estaba por los suelos, y la razón era la muerte de alguien cercano o quizá una bomba en su pueblo natal. Otras, era la dinámica del ejercicio la que repercutía en el estado de ánimo –recuerda Dina–. Un día, queriendo que las actrices aprendieran a hablar más alto y a respirar usando las técnicas que les había enseñado, les pedí que se dirigieran al rincón más lejano de la habitación y, simplemente, dijeran una fase cualquiera. Al principio se trataba de frases irrelevantes y sin sentido, pero poco a poco se convirtieron en emotivas reivindicaciones políticas. Al finalizar el proyecto me sorprendió ver la confianza que tenían en sí mismas. Lo que comenzó como un grupo de mujeres tímidas y dubitativas se convirtió en un grupo de mujeres valientes, atrevidas y llenas de energía».

El musical «Oliver!»

La catarsis llegó al punto más alto el pasado mes de diciembre en el teatro Al Madina de Beirut. El duro trabajo dio sus frutos sobre el escenario cuando «Antigone of Syria» vio la luz. Sin embargo, el sueño de llevar a cabo una gira internacional se vio frustrado ante las extremas dificultades en la obtención de los visados.

Pero Amán y Beirut son solo el principio. Hace unas semanas, el proyecto de Jordania volvió a ser noticia con el estreno de una versión en árabe del musical «Oliver!» interpretado por una compañía de niños procedentes de los campos de refugiados; mientras, en Beirut, Dina Mousawi prepara «Terrestial Journeys», una mezcla de poesía, teatro y artes visuales, con un equipo integrado por algunas de las actrices de Antígona.

Como dijo Augusto Boal, padre del Teatro del Oprimido: «Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida». Las refugiadas sirias de Shatila dan fe de ello.

4 diciembre 2015 at 5:36 pm 1 comentario

Andrómaca en Teherán

Actores y actrices no pueden tocarse. El Estado acecha. Y, sin embargo, la ciudad se ha llenado de salas. La primavera del teatro en Irán

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Fuente: ZAHIDA MEMBRADO > Teherán  |  EL MUNDO    28/09/2015

Cuando se encienden las luces los ocho actores aparecen sentados en semicírculo. Ellas a la derecha, ellos a la izquierda. Ningún elemento en la obra de Jean Racine justifica tal distribución de los actores sobre el escenario. Más bien parece el resultado de la costumbre de segregar los sexos en este país. Esta noche, en la Sala Bzighar de Teherán se estrena Andrómaca, la tragedia más famosa del dramaturgo francés del siglo XVII. Los actores se ciñen a leer la obra, texto en mano. Si el resultado de esta primera representación es el esperado, dentro de seis meses el gran Teatro Valiasr acogerá su puesta en escena completa.

La actriz Kamelia Karimi, que encarna a Andrómaca, es la primera en levantarse. Anda unos pasos y se sienta, de nuevo, frente a una de las dos mesas cuadradas que ocupan el diminuto escenario, a escasos dos metros del público. Con una fuerza admirable empieza a interpretar su papel. Se le acerca Pirro y arranca el diálogo. Durante una hora y media, los ocho actores van discurriendo por el escenario leyendo la tragedia griega inspirada en la guerra de Troya, sin el menor contacto. Solo, de vez en cuando, un fugaz cruce de miradas les acerca lo moralmente permitido.

Hacer teatro en Teherán es un ejercicio delicado, complejo y, a veces, de riesgo. La ley es muy clara y prohíbe cualquier tipo de contacto entre actores y actrices. Tampoco están permitidas las escenas de amor, por no hablar de secuencias eróticas. ¿Cómo hacer teatro, entonces?

«Tenemos que buscar caminos alternativos que permitan sortear ese beso prohibido. Por ejemplo, una escena en la que debe producirse una declaración de amor, él se acercará a su amada, abrirá los brazos a medio metro de distancia del cuerpo de ella y cuando esté a punto de consumar el acto (abrazo), la escena se acabará», explica Hamid, que interpreta a Orestes, y cuya voz, de una gravedad atronadora, llena la sala de solemnidad. «También se juega con la música y las luces. El público entiende que es una escena de amor», agrega.

Resulta cuando menos sorprendente que el teatro esté tan vivo en Irán, con numerosas salas repartidas por la ciudad, en las que nunca falta público, habida cuenta de las limitaciones que cercenan la puesta en escena. Davood Namvar es el director de la obra. Lleva más de 15 años escribiendo guiones para teatro y televisión. Sentado junto a los actores, horas antes del estreno, explica cómo con el actual presidente, Hasan Rohani, se han dado permisos para abrir muchas salas nuevas. «Si tras él viene otro presidente que está en contra del teatro, entonces se empezarán a cerrar teatros, como ya ha pasado», apunta. «Si viene otro presidente [más conservador], las que seguro que saldremos perdiendo seremos las actrices», le interrumpe Andrómaca. De pronto, se forma una algarabía en la sala. Todos quieren decir la suya. Actores y actrices trabajan a sabiendas de que su ocupación está mal vista por una parte importante de la sociedad. «Los sectores más tradicionales censuran que las actrices de televisión anden por ahí, a altas horas de la madrugada, grabando una escena en un parque, si el guión lo requiere, rodeadas de hombres», señala la actriz, que relata cómo su padre desaprobó que se dedicara al teatro. «Tú verás, es tu vida», le dijo.

Ingeniera agrónoma de profesión, esta poderosa mujer de 38 años, soltera y sin hijos, encarna a un perfil minoritario y censurado en su país. «La sociedad tiene que cambiar. Es inevitable. Las mujeres van a la universidad en masa. Lo que no es posible es que después se las relegue», arroja con la misma fuerza con la que actúa. El Islam prohíbe que las mujeres toquen a los hombres que no son de la familia. Es algo tan arraigado en el Irán posterior a la Revolución Islámica, que a nadie sorprende asistir a obras de teatro en las que jamás existe el contacto físico entre el hombre y la mujer.

La indumentaria también está sujeta a limitaciones. Hace cuatro meses, en un teatro de la capital, un actor se quitó la camiseta. El gesto impúdico llegó a las autoridades, que clausuraron el teatro.

El teatro significa rebelión, no hay duda de que así se vive en la vibrante pero limitada escena teatral de este país. Como reacción natural a lo prohibido, parece lógico que exista en Teherán una corriente teatral underground, donde se actúe en libertad. El director contesta con precaución: «Este tipo de teatro es muy peligroso. Se debe de realizar en lugares minoritarios, muy cerrados. Yo nunca he asistido a ninguna representación. Si el gobierno lo descubre y caza a las mujeres sin hijab representando escenas prohibidas, los actores tendrán muchos problemas». Irán a la cárcel y deberán pagar una multa millonaria.

28 septiembre 2015 at 4:18 pm Deja un comentario

Sócrates, la primera víctima de la democracia

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Sócrates consideraba una «deserción criminal» conducirse de manera diferente a sus ideas por miedo a la muerte. Jacques-Louis David plasmó en este cuadro su muerte, por ingestión de cicuta

Fuente:  Miguel Ayanz  |  LA RAZÓN     07/07/2015

Atenas. Año 399 a. C. En la asamblea, 556 jueces dictaminan el futuro de un hombre. Allí están probablemente Critón. Y Critias, que años después será Tirano de la ciudad cuando caiga ante los espartanos. Y desde luego están Melito y Ánito, los acusadores. Y un hombre ya anciano –contaba 70 años de los de entonces–, algo grueso y tenido por feo, que defiende quizá su vida, aunque los hechos probarán que le interesa más salvaguardar la verdad. Muchos le quieren muerto por frases como ésta: «No me canso de deciros que la virtud no viene de las riquezas, sino, por el contrario, que las riquezas vienen de la virtud, y que es de aquí de donde nacen todos los demás bienes públicos y particulares». Es Sócrates, el pensador que jamás escribió una línea, uno de los padres de la filosofía, o sea, del amor al conocimiento. Él que se decía el más sabio por reconocer que nada sabía en realidad. Sócrates impartía su doctrina entre los jóvenes de la ciudad. Y, como ya es obvio, para algunos atenienses hacía años que se había convertido en un problema.

Le acusaron de impiedad, de corromper a los jóvenes y de ir contra las leyes. En «Apología de Sócrates», su discípulo Platón, al que le debemos que le diera voz en sus escritos, recrea el juicio, del que fue testigo. El filósofo se defendía de extraña manera aludiendo a su condición de hombre más sabio que el resto –según el oráculo de Delfos, consultado por Querefon, no había otro más sabio que él–. ¿Soberbia? En absoluto: Sócrates relata cómo visitó a los políticos, poetas y artistas y cómo sus conclusiones no hicieron sino crearle enemigos. «Razonaba conmigo mismo y me decía: yo soy más sabio que este hombre. Puede muy bien suceder que ni él ni yo sepamos nada de lo que es bello y de lo que es bueno; pero hay esta diferencia: que él cree saberlo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio porque no creía saber lo que no sabía». De ésta y otras acusaciones se defendió en vano el hombre que nada tenía –fue soldado y senador, pero abandonó sus negocios personales por dedicarse al bien de la ciudad–, salvo algunos discípulos fieles.

Un marginal desastroso y pobre

Pensamiento, historia, política, filosofía y drama vuelven a hermanarse hoy en el Teatro Romano de Mérida en un montaje teatral, «Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano», con dramaturgia y dirección de Mario Gas y protagonizado por José María Pou. «Pocos conocemos a Sócrates, y aquí vamos a acercarnos a él como personaje, en una obra a la altura de los grandes títulos del teatro clásico», explica Pou a LA RAZÓN. ¿Y cómo era? El retrato, que conocemos por Platón, de nuevo, es chocante. El actor lo resume así: «Era un personaje muy singular, que andaba como un desastrado, por las calles, sin un duro. Hoy estaría detenido en un psiquiátrico. Iba hablando en contra del Gobierno por las aceras…».

La asamblea le escuchó y decidió: 281 jueces votaron en contra del pensador; 275 a favor. Según las leyes, él mismo podía escoger su pena entre varias, pero le impusieron la muerte. «Hay una cosa muy honesta que me impresiona –cuenta Pou–: su enorme respeto por la democracia. Se puede decir que él mismo se sacrificó por no perjudicarla. Tuvo la oportunidad de escaparse, de sobornar a los guardianes, pero dijo: ‘‘En absoluto. Supondría que las leyes no sirven para nada’’. Decía: ‘‘Si yo llevo años luchando, acusando a todos esos miembros de las altas esferas que se saltan las leyes, yo no puedo ahora desobedecer las que me han condenado a muerte’’». En lugar de eso, leemos en Platón, prefirió tener la cabeza bien alta: «Hubiera sido para vosotros una gran satisfacción haberme visto lamentar, suspirar, llorar, suplicar y cometer todas las demás bajezas que estás viendo todos los días en los acusados (…) No me arrepiento de no haber cometido esta indignidad, porque quiero más morir después de haberme defendido que vivir por haberme arrastrado ante vosotros», les dijo a los jueces que le habían sido adversos. La cicuta pasó a estar asociada a su nombre.

Pocos pensadores han sido tan influyentes en la cultura occidental como Sócrates a través de Platón. Sin embargo, su figura no ha sido muy reflejada por las artes. Quizá se pueda culpar de este abandono a la dificultad que plantea la filosofía de por sí. Tampoco es que haya muchas obras de teatro sobre Aristóteles, Spinoza, Kant o Wittgenstein. Quizá tenga algo que ver lo esquivo del personaje. Pero algún retrato ha habido. Roberto Rossellini imaginó la Atenas posterior a sus muerte, para luego saltar hacia atrás y narrar su juicio, en su película «Sócrates» (1970). Y Adolfo Marsillach dirigió y protagonizó en 1972 un montaje de idéntico nombre, con dramaturgia de Enrique Llovet inspirado en los «Diálogos» de Platón. Aquélla fue una producción nívea, limpia, según cuentan las crónicas de la época, una propuesta que descansaba en la palabra con una escenografía geométrica resuelta en cubos y diez actores. «Que yo sepa, aunque no es la primera vez que se hace una obra sobre Sócrates, porque está la de Marsillach, sí va a ser la primera que éste va a tener entidad dramática en las piedras de un teatro como el de Mérida», cuenta Pou.

Para construir al personaje, cuenta el actor que existen «referencias incluso de su aspecto físico, que no tenía nada que ver conmigo, a traves de las esculturas. Se burlaban de él en Atenas porque decían que era bajito, gordo y feo, sobre todo muy feo. Lo que Platón y Jenofonte ponen en su boca define al personaje. Tú tienes que tratar de encontrar qué tipo de persona es. Y es el hombre libre, independiente, que casi no se preocupaba ni de su aspecto personal».

Corromper a la juventud

Tres fueron los cargos contra Sócrates. El primero, corromper a la juventud. «Hay que tener cuidado porque no se trata de meterse en la cama con los jóvenes –matiza el actor–, sino de inculcarles ideas nuevas. Les dice: ‘‘No aceptéis porque sí lo que os cuentan vuestros padres, cuestionaros todo…’’». Otro fue no creer en los dioses de la ciudad, no respetar la religión oficial. «Eran tres pretextos. Resultaba un ser incómodo. Preguntaba ‘‘por qué’’ a todo. Hay quien dice que fue el primer juicio y el primer condenado a muerte por la democracia. Una víctima del mal ejercicio de este sistema». El que, defendía el pensador, le había dado todo a Atenas.

En los textos de Platón en los que habla Sócrates la palabra «verdad» se repite. Mario Gas ha trabajado sobre todo a partir del «Critón», el «Fedón»… «Si pudiéramos hacer un análisis, la primera palabra más repetida es ‘‘verdad’’. Él empieza definiéndose como un señor que busca la verdad. Gran parte de su defensa es que le castigan por decirla, porque está denunciando a los corruptos y a los líderes, a los que se burlan de la democracia y la justicia. Él dedica su vida al placer de hurgar en todo aquello que está por aclarar. Esta hablando al espectador constantemente del sentido de la realidad por encima de las riquezas. Estaba hablando a los chavales jóvenes». Era un hombre bueno y sabio, y el suyo fue sencillamente un juicio político. Como tal, hoy tiene una lectura que va más allá de las pequeñas miserias de la Atenas del siglo IV a. C. «Está dirigido al espectador de hoy para hacerle reflexionar sobre lo que nos está pasando. Todo lo que digo es su alegato, su defensa, dirigiéndose al tribunal, a los miembros de la asamblea que le juzgaban. Al principio, nos ponía los pelos de punta, porque es un discurso del Parlamento de hoy, del español, el griego o cualquier otro. Un lenguaje muy actual, deliberado, que pretende construir la prosodia de la época». Y deja claro que, «sin ir vestidos de época, el espectáculo tiene esa mezcla de lo antiguo con lo nuevo. Son siete actores dentro de un escenario muy elemental, un inmenso círculo de 11 m de diámetro, durante hora y media, donde está clarísimo que estamos hablando de hoy. Tiene algo de ese teatro brechtiano que todos hemos consumido tanto».

Se trata de una obra concebida, escrita, pergeñada y construida por Mario Gas en colaboración con Alberto Iglesias, actor y dramaturgo, explica Pou. Juntos han montado un texto basado «en lo que hay que basarse»: los escritors de Platón, de Jenofonte y otros autores, con escenas de creación propia. «La obra es una especie de oratorio ‘‘light’’, una celebración de la figura de Sócrates teniendo como elemento central lo que fue el juicio», cuenta su protagonista. Un proceso que a ratos rompe la irrupción de soliloquios que son «flashbacks» para situar al espectador en los hechos. «Es un espectáculo muy interactivo que desde la primerísima frase se dirige e interpela al público, que va a ser parte de esa asamblea, espectador del juicio y al mismo tiempo miembro del tribunal». Es, prosigue el actor, «un montaje lleno de emociones». Junto al rotundo protagonista estarán Carles Canut, Amparo Pamplona –que interpreta a la esposa del filósofo–, Borja Espinosa, Guillem Motos, Pep Molina y Ramon Pujol. Paco Azorín firma la escenografía de este juicio escénico; Txema Orriols, la iluminación; y Antonio Belart, los figurines. Después de Mérida, el montaje irá en septiembre al Teatro Romea de Barcelona. Después girará por varias ciudades antes de pisar, en febrero de 2016, el Teatro Español de Madrid.

8 julio 2015 at 1:51 pm Deja un comentario

Los imprescindibles de Mérida

Ana Belén en el papel de Medea abre el festival de teatro que comienza este miércoles

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Ana Belén en ‘Medea’, obra dirigida por José Carlos Plaza. / JERO MORALES

Fuente: R. H. B.  | EL PAÍS   01/07/2015

Comienzan las noches de teatro clásico en Mérida. La luna llena de este miércoles, 1 de julio, iluminará el escenario emeritense que volverá a pisar Ana Belén en el papel de Medea, uno de los hitos de esta 61ª edición del Festival Internacional del Teatro Clásico de Mérida. Los 3.000 espectadores que se sentarán las próximas cinco noches en las gradas verán el montaje dirigido por José Carlos Plaza, que junto a la actriz madrileña culmina una trilogía de mujeres: Fedra, representada en 2007, y Electra en 2012. El texto lo firma el escritor y dramaturgo Vicente Molina Foix y se podrá ver hasta el domingo 5 de julio. Esta Medea abre el telón de Mérida que se bajará el 27 de agosto, pero no será la única. El 15 de julio Aitana Sánchez-Gijón encarnará a la Medea de Séneca bajo las órdenes de Andrés Lima.

El relevo lo toma otro estreno absoluto Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano, de Mario Gas. José María Pou dará vida del 8 al 15 de julio al filósofo ateniense condenado a muerte por denunciar la corrupción y la superstición.

Otro texto griego ocupará la escena de este teatro romano, la adaptación de Alfredo Sanzol de Edipo rey. Del 29 de julio al 9 de agosto llegará uno de los momentos más esperados, Juan Echanove se estrena como director en la capital extremeña con La asamblea de las mujeres, de Aristófanes, liderada por Lolita, que también debuta en este festival y estará acompañada, entre otras, por María Galiana y Pastora Vega.

La erótica del poder y el poder de la erótica de César & Cleopatra ocuparán del 22 al 16 de julio el escenario con 2.000 años de historia. Una dramaturgia de Emilio Hernández dirigida por Magüi Mira, con Ángela Molina y Emilio Gutiérrez Caba en escena.

La última representación será la producción extremeña El cerco de Numancia, de Miguel de Cervantes, en versión de Florián Recio bajo la dirección de Paco Carrillo.

No solo en el teatro romano vive Mérida, el templo de Diana también será lugar de representaciones de la parte Off del festival. Allí se podrán ver Mujeres de Roma y Andrómaca. El foro será el espacio de proyecciones de películas con temática más o menos clásica como Ágora, de Alejandro Amenábar el 6 de julio; Poderosa Afrodita de Woody Allen, el 13 de julio, y Caravana de Mujeres, de William A. Wellman el 17 de agosto.

El homenaje en las calles de Mérida será para las musas. Durante los días 4, 11, 18 y 25 de julio; y 1, 8, 15, 22 y 27 de agosto, tomarán la ciudad en un pasacalles dedicado a estas divinidades que inspiran a los creadores que tendrán su protagonismo en las veraniegas noches extremeñas.

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1 julio 2015 at 8:16 pm Deja un comentario

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