Archive for 19 noviembre 2017

El Teatro Romano de Guadix, del siglo I, abierto por “obras”

El proyecto de construir un aparcamiento subterráneo en Guadix (Granada) desenterró hace una década su Teatro Romano, una edificación del siglo I que destaca por su buen estado de conservación y sus peculiaridades, y que ha vuelto a ser escenario de actuaciones que le permiten estar “abierto por obras”.

Fuente: EFE  |  Canal Sur
19 de noviembre de 2017

Cuando Guadix se llamaba Julia Gemella Acci, en el siglo I, los romanos construyeron un teatro, un gran edificio que ordenó levantar el emperador Tiberio hacia el año 25 y que echó el telón en el año 300.

Los espectáculos abandonaron su escenario y la imponente gradería quedó como mero atrezo hasta que tomó una nueva vida, ya en época andalusí, cuando los árabes la expoliaron y usaron como cantera para construir otros símbolos de esta ciudad que ha vuelto a dar vida a su gran teatro.

El proyecto de un aparcamiento subterráneo tropezó hace una década con los restos arqueológicos de un monumento, el Teatro Romano, que ocupó unos 5.000 metros cuadrados, y ofreció a Guadix las claves para escribir otra obra, un texto que combina turismo y cultura para recuperar el pasado y mejorar el futuro.

El arqueólogo Antonio López se convirtió en 2008 en el director de este espectáculo teatral y desde entonces, con siete intervenciones, ha constatado las peculiaridades de un Teatro Romano que destaca por el buen estado de sus restos, la importancia de sus estructuras y elementos exclusivos, como los frescos que decoraban el frente del escenario cuando la moda marcaba hacerlo con mármol.

López ha explicado que el Teatro Romano de Guadix destaca además por las dos entradas principales a ‘orchestra’, curvas y no rectas, y por sus jardines, galerías porticadas con fuentes que solo se han documentado en cuatro de la veintena de teatros de la época.

Dos inundaciones cubrieron con cuatro y dos metros de lodo la estructura del teatro y de sus jardines y, como si fuera una tragicomedia, salvaron la infraestructura del expolio y el deterioro.

Desde que comenzaron las excavaciones arqueológicas, el Ayuntamiento de Guadix combina los trabajos de campo con “microespectáculos” que han devuelto el teatro al Teatro, y suma visitas guiadas para descubrir parte de la poderosa Acci, que quedó enterrada en barro, y refleja el poderío romano oculto a escasos metros de la imponente catedral que silueteó la época cristiana.

El Teatro Romano permanece abierto por obras desde que el año pasado inició visitas didácticas para exponer su valor a escolares, tres citas semanales en las que López desgrana los entresijos de estos restos y que tuvieron que ampliarse por la creciente demanda.

Además, la oficina de Turismo de Guadix inició el pasado febrero visitas guiadas los sábados que también estudia ampliar.

Las tablas -o sillares- que pisaron entonces los romanos han recuperado el pulso para convertirse en escenario de espectáculos nocturnos gracias a recitales de poesía y música, representaciones teatrales e incluso espectáculos flamencos que han logrado el lleno en cada uno de sus pases.

Hasta el momento, solo se ha descubierto una parte de este teatro con 49 metros de longitud y al menos otros 38 de ancho, que se seguirá excavando el próximo año con fondos europeos y un proyecto del Grupo de Desarrollo Local, para resucitarlo paso a paso.

Guadix sigue así escribiendo su particular obra teatral, un texto que combina investigación arqueológica con turismo y espectáculos y que pretende concluir, quizá en una década, con la musealización y puesta en escena de un teatro romano que seguirá abierto por obras.

 

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19 noviembre 2017 at 7:15 pm Deja un comentario

El último vestigio de la doble muralla de Barcino

Un centro excursionista de la calle Avinyó conserva un pasillo único de la antigua ciudad romana en el que confluyen restos de la fortificación del siglo I aC y de la del siglo IV dC

Pasillo donde se unen las dos murallas romanas de Barcelona, oculto en un principal de la calle Avinyó (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS > Barcelona  |  LA VANGUARDIA
19 de noviembre de 2017

La muralla romana de Barcelona es hoy visible en varios puntos de la ciudad, pero hay un lugar que ofrece una visión única, al ser, casi literalmente, un túnel del tiempo a Barcino. Se encuentra en un principal de la calle Avinyó, en el número 19, en la sede de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (AEEF). Allí, entre dianas para practicar el tiro con arco y otros enseres de esta entidad, se puede admirar un paño del muro defensivo y, justo detrás, un pasillo en el que una de las paredes corresponde a la muralla fundacional de la ciudad romana, y la otra, a la que se erigió unos siglos después como refuerzo de la primera.

En efecto, la Barcelona romana tuvo dos murallas. Una primera fue construida en el siglo I antes de Jesucristo, y más tarde, en el siglo IV dC, se levantó una mayor. Se hizo con urgencia, posiblemente a causa de algún ataque o amenaza, como demuestra que se utilizara para esta segunda todo el material a mano, incluidas las piedras de los monumentos.

La muralla de Barcino, en una sala de reunión de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (Xavi Casinos)

En el relleno entre los dos muros, los arqueólogos han encontrado bustos y otros trozos de estatuas, que fueron sacrificadas para tal menester. Esta segunda muralla, con torres cuadrangulares, es la que hoy puede apreciarse junto a la catedral y en otros puntos del Barri Gòtic.

Más tarde, en la Edad Media, cuando la vieja muralla romana quedó obsoleta y superada por otras defensas más amplias, se utilizó como pared medianera de edificios y viviendas. Sus propietarios aprovecharon entonces para retirar el relleno entre ambas murallas y ampliar así sus casas. Y esto es lo que puede admirarse en la AEEF si uno concierta previamente una cita con Cristina o Núria Lloré, que lo enseñan encantadas por ser parte del enorme legado arqueológico que su padre ayudó a preservar.

Cristina Lloré junto a los restos de muralla que descubrió su padre en la calle Avinyó (Xavi Casinos)

Y es que Barcelona está en deuda con el ya fallecido Alfred Lloré, uno de los primeros socios de esta entidad excursionista –fundada en 1945 y pionera del tiro con arco– y además un gran aficionado a la arqueología. Por ello, fue un apreciado colaborador del Museu d’Història de Barcelona (MUHBA).

Su gran afición era espiar las obras que se hacían en la ciudad y si identificaba la presencia de restos antiguos alertaba al museo, que así podía documentar los hallazgos. Él mismo participaba entusiasmado en muchas de las excavaciones.

Punto donde se aprecia la unión de las dos murallas romanas de Barcelona, dentro de la sede de la Associació Excursionista d’Etnografia i Folklore (Xavi Casinos)

En 1957 descubrió la existencia de parte de la muralla en la sede de la AEEF, escondida tras el revocado. Más tarde localizó el pasillo abierto en la Edad Media donde se unen las dos murallas romanas. Un privilegio y un viaje por la historia poder transitar por él.

La muralla romana visible junto a la catedral fue construida de urgencia en el siglo IV dC

 

19 noviembre 2017 at 12:04 pm Deja un comentario

¿Dónde tenía que ir un madrileño del siglo I a pagar sus impuestos? Así era el Madrid romano

Un reciente estudio propone cinco cabeceras de ciudades en la región hace 2.000 años

Fuente: J. A. AUNIÓN > Madrid  |  EL PAÍS
19 de noviembre de 2017

En la Hispania romana, en torno al siglo I después de Cristo, una persona podía recorrer en carro entre 28 y 35 kilómetros en un día. A partir de este cálculo, de la configuración de la trama de las calzadas, de los restos arqueológicos y epigráficos (inscripciones hechas en materiales duros, como lápidas), los especialistas Julio Mangas, Sandra Azcárraga y Gabriela Märtens han propuesto en un reciente estudio la ubicación de las cabeceras de ciudades que ocuparon la actual región madrileña en torno a aquella época (entre los siglos primero antes y después de Cristo). Estas cabeceras eran los centros administrativos a través de los cuales Roma controlaba sus territorios, a los que los habitantes de los distintos núcleos de población de los alrededores tenían que desplazarse (presumiblemente, sin tener que perder más de un día en el camino) para resolver trámites básicos como inscribirse en el censo o pagar los impuestos. Así, la Comunidad de Madrid de hace unos 2.000 años tendría al menos cinco de esos centros de referencia para distintas zonas: la cabecera de Complutum estaría en lo que hoy es Alcalá de Henares; la de Titulcia en torno a la localidad que ahora lleva ese mismo nombre; la de Mantua, en Villamanta; Miaccum, en algún punto entre Collado Villalba y San Lorenzo de El Escorial; y en Patones se ubicaría una última de nombre latino desconocido.

La región central de la península Ibérica no era ni muchos menos la zona más relevante de la Hispania romana, pero sí era “uno de los más importantes canales de comunicación entre las principales ciudades, Cesaraugusta [Zaragoza] y Augusta Emérita (Mérida)”, explica por teléfono una de las autoras del estudio, Sandra Azcárraga, colaboradora del Museo de Arqueología Regional de la Comunidad de Madrid. Se trataba, prosigue, de un área principalmente rural, pero “ampliamente poblada”.

Tras un primer momento en el que el invasor romano había conquistado la zona y se había asentado sobre los poblamientos de los carpetanos (el pueblo de origen celta que ocupaba el centro peninsular hasta entonces), entre el final de la época republicana y el principio del Imperio se comenzaron a conformar estas caput civitatis que concentraban las funciones administrativas, políticas, jurídicas y religiosas para los núcleos más pequeños de los alrededores, los cuales podían tener tamaños y configuraciones de lo más variado, desde villas a pequeñas aldeas, pasando por los establecimientos de hospedería en mitad de las calzadas… Algunas de las cabeceras se habrían levantado sobre asentamientos anteriores y otras se habrían fundado desde cero; y solo en algunos casos responderían a lo que se entiende tradicionalmente por una gran ciudad romana, con un núcleo importante de población. Por ejemplo, este es el caso de Complutum, la más importante de las cabeceras de ciudades del entorno en aquella época y la mejor documentada de la región junto a Titulcia.

Otras, sin embargo, responderían a lo que recientes avances en la investigación de la época han llamado civitates sine urbe, esto es, sin apenas espacios urbanos más allá de las construcciones oficiales. Este sería el caso de la cabecera de Mantua, en la actual Villamanta. De ella habrían dependido aldeas del entorno ubicadas entre Cenicientos, San Martín de Valdeiglesias, Brunete, Arroyomolinos y Móstoles, aseguran los especialistas.

Y continúan: “Por más que no venga reflejada en los itinerarios romanos, no parece haber duda sobre la existencia de una vía que cruzaba la sierra de Guadarrama por el puerto de la Fuenfría”. Con lo cual, la lógica apunta a otra cabecera de ciudad en el noreste de la región. En este caso, aunque “no hay todavía garantías plenas para sostener dónde se situaba”, apuntan con toda probabilidad al entorno de La Dehesa de la Oliva, en Patones, donde se han encontrado restos que demuestran el poblamiento del lugar desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Incluido el periodo de conquista romana, aunque entre el siglo I y el V la población se habría desplazado a un llano cercano a la dehesa, donde se han documentado restos con signos constructivos de la época como el trazado ortogonal de las calles, canales de desagüe y algunos edificios, incluido uno que parece “destinado a albergar pequeñas tiendas”. Además, ese llano está en un punto estratégico para controlar las dos submesetas que separa la sierra y está junto a un antiguo vado del río Jarama.

Yacimiento de Complutum en Alcalá de Henares. SANTI BURGOS

Esto último resulta clave en la investigación, pues numerosas ciudades de aquella época se establecieron junto a vados de ríos: Complutum, Titulcia, Toletum (Toledo), Albura, Caesarobrigra (Talavera de la Reina), Augustobriga (hoy, bajo el pantano de Valdecañas, en Cáceres). “Un buen vado permitía que las tierras del otro lado del río pudieran pertenecer a la ciudad y, por lo mismo, que la población de ambas márgenes acudiera con facilidad a resolver sus obligaciones político-administrativas, a los mercados y a las grandes festividades públicas. Disponer de un buen vado hacía posible incluso que una parte de la población de la ciudad se asentara al otro lado del río e incluso que allí se erigieran edificios públicos”, dice el estudio titulado Mantua y otras posibles cabeceras de ciudades romanas en el ámbito de la Comunidad de Madrid.

Por último, para el noroeste de la región, donde se han encontrado numerosos testimonios de la época en las localidades de Galapagar, Collado Villalba, Alpedrete, San Lorenzo del Escorial, Cercedilla, y, algo más lejos de allí, en Manzanares el Real y Colmenar Viejo, los expertos colocan la cabecera de Miaccum “en o cerca de Collado Villalba o de San Lorenzo de El Escorial”. Esta también tendría un pequeño núcleo urbano.

La ubicación de Miaccum en San Lorenzo de El Escorial cuadraría perfectamente con la existencia de un mutatio (una especie de posada junto a la calzada en “la que se realizaría el cambio de herrajes, el servicio de relevos”) junto a Collado Mediano, donde se encuentra el yacimiento de El Beneficio, según señalan en otro reciente estudio las profesoras Carmen Fernández (de la Autónoma de Madrid) y Mar Zarzalejos (UNED). En su trabajo, sobre los avances más recientes sobre la implantación romana en lo que hoy es la Comunidad de Madrid, ponen algunas precauciones a la propuesta de Mangas, Azcárraga y Märtens —“El registro arqueológico de la región madrileña ofrece datos muy limitados sobre centros urbanos de corte clásico y sobre las cabeceras de las civitates, cuya importancia solo podemos presuponer—, pero admiten que “este modelo organizativo parece verosímil en líneas generales”. Las dos profesoras destacan, en cualquier caso, la necesidad de seguir avanzando en la investigación arqueológica de esta propuesta y, en general, de todo un periodo, el del romano madrileño, al que pesar de los indudables avances, se le sigue otorgando “un papel secundario”, aseguran.

¿Y MADRID?

Los investigadores han ido abandonando poco a poco las teorías que colocaban la romana Mantua en la ciudad de Madrid o Miaccum, en las proximidades de la Casa de Campo. Sin embargo, Sandra Azcárraga y sus colegas plantean la posibilidad de que en la capital hubiera otra de esas caput civitatis, “al menos en los comienzos del Imperio”.

Se basan en el hallazgo del texto de un miliario (una pieza de piedra que marcaba las distancias en las calzadas) en la Puerta de Moros y otras inscripciones en los restos del antiguo poblado —“en los bancos del Manzanares, junto al Puente de los Franceses, en lienzos de la muralla, en las escaleras de una casa cercana a la muralla, en los escalones de Santa María de la Almudena, en la puerta de Guadalajara…”—, así como en la variedad de los restos arqueológicos: villas en la Casa de campo, Carabanchel y Vallecas, una necrópolis en Villaverde Bajo, un poblado carpetano en La Gavia.

Teniendo en cuenta todo ello, así como la cercanía a un vado del Manzanares y la distancia con las cabeceras de las ciudades romanas localizadas (Complutum, Titulcia, Mantua), escriben, “no es imposible, dice que el poblado romano de Madrid equivaliera a la cabecera de una civitas romana”. Como mínimo, aseguran, en Madrid había una pequeña aldea (vicum) que “cumplía a la vez las funciones de mansio [una especie de hospedería para los viajeros] en la vía que venía desde Toletum para dirigirse al norte”.

 

19 noviembre 2017 at 11:22 am Deja un comentario


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