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Los mercados de Trajano de Roma exhibirán el legado del emperador hispano

Los mercados de Trajano de Roma exhibirán desde el próximo 29 de noviembre y hasta el 16 de septiembre de 2018 una muestra sobre el legado del emperador nacido en Hispania Marco Ulpio Nerva Trajano en la que destacará su aportación a la creación de Europa, informaron hoy sus organizadores.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA
15 de septiembre de 2017

Roma, 15 sep.- La exposición, titulada “Trajano, construir el Imperio, crear Europa“, destacará la herencia del conocido como “optimus princeps” (“el mejor gobernante”), que llevó al Imperio Romano a su máxima expansión.

Trajano, el primer emperador romano de origen hispano, nació en Itálica (cerca de la actual Sevilla, sur de España), el 18 de septiembre del 53 y murió en Selinonte (Sicilia, Italia) el 9 de agosto del 117.

En la exposición se recordará la vida del emperador, que “se impuso al mundo entonces conocido no solo como gran caudillo, sino sobre todo como ‘constructor a 360 grados’: desde las infraestructuras al programa de bienestar social, desde los incentivos económicos hasta las obras arquitectónicas”, indicaron sus organizadores.

También se mostrarán detalles sobre su figura y sobre su vida privada, así como sobre el papel de las mujeres en la casa imperial.

Se podrán ver restos arqueológicos procedentes de museos de la ciudad de Roma, así como de museos y espacios arqueológicos italianos y extranjeros.

Habrá estatuas, retratos, decoraciones arquitectónicas, moldes de la vecina columna trajana, monedas e instalaciones multimedia e interactivas.

Entre las entidades que participan en la exposición están el departamento de Estudios Clásicos de la Duke University (Estados Unidos), la Real Academia de Bellas Artes de España y el departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Ferrara (Italia).

 

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15 septiembre 2017 at 5:37 pm Deja un comentario

La moneda hallada en Pompeya que cambia la historia

Fuente: Claudia Ausilio  |  Vesubio Live
12 de septiembre de 2017

Durante siglos se ha creído que la erupción del Vesubio, que destruyó las ciudades de Pompeya y Herculano, tuvo lugar el 24 de agosto del año 79 d.C.

Pero una moneda, hallada en Pompeya, podría cambiar la historia de ese día y más aún. La fecha de la erupción está documentada en las cartas de Plinio el Joven, donde se atestigua que se habría producido “Nonum Kal. Septembres”, es decir, nueve días antes de las Kalendas de septiembre (24 de agosto).

Siglos después de aquella terrible tragedia los arqueólogos especulan con la posibilidad de que el catastrófico evento hubiera tenido lugar en otoño, teoría apoyada por el hallazgo de frutas y frutos secos carbonizados, braseros y vino en fase de envejecimiento y precisamente el 24 de de octubre de ese año.

Reforzaría esta tesis la moneda en cuestión, hallada en el tesorillo de la “Casa del Brazalete de Oro” perteneciente a un pompeyano que huía de la furia del volcán. Se trata de un denario de plata con el rostro del emperador Tito (79-81 d.C.) impreso y al lado la inscripción “IMP XV”, haciendo mención a la decimoquinta aclamación imperial del “princeps“, que Tito habría recibido no antes de septiembre del 79 d.C., un terminus post quem para la fecha de la destrucción de la ciudad.

Sin embargo, debe tenerse también en cuenta otra investigación: la de la Dra. Teresa Giove, responsable del MANN. En la presentación de la moneda en el catálogo de la exposición “Historias de una erupción” sostiene que, después de una cuidadosa limpieza del denario, la leyenda resultante sería IMP IIII y no IMP XV.

La moneda, junto con otros hallazgos, se ha conservado durante años en los depósitos de la superintendencia y del Museo Arqueológico de Nápoles, pero ahora está de vuelta con la exposición “Tesoros bajo el lapilli” en el Antiquarium de Pompeya, que puede visitarse hasta el 31 de mayo.

 

14 septiembre 2017 at 7:49 pm Deja un comentario

“Atenas 1917” en 3D

Descubre un avance de la exposición “Atenas 1917: la mirada de la Armada de Oriente” organizada por la Escuela Francesa de Atenas en el Museo Benaki del 15 de septiembre al 12 de noviembre de 2017 con este vídeo, realizado en colaboración con el Museo de la Acrópolis, que ofrece un panorama único de la ciudad de Atenas y sus monumentos.

Web de la exposición

Museo Benaki

Fuente: Canal de la Escuela Francesa de Atenas en Youtube

 

11 septiembre 2017 at 8:26 pm Deja un comentario

Berruguete ante el hechizo del Laocoonte

El Museo Nacional de Escultura rastrea las fuentes clásicas que inspiraron al artista castellano y su reinterpretación de los motivos paganos para los encargos religiosos que realizó

Reproducción del Laocoonte y «Sacrificio de Isaac» – Fotos: F. HERAS

Fuente: C. MONJE  |  ABC
29 de julio de 2017

Doce años en la Italia de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo da Vinci y Bramante, en el ambiente artístico del Renacimiento que miraba hacia la Antigüedad, necesariamente tenían que dejar huella en Alonso Berruguete. El artista, aún adolescente, viajó a Roma a comienzos del siglo XVI como parte de un séquito eclesiástico, pasó por Florencia y cuando regresó, en 1518, tenía ya treinta años. La escultura clásica que le había impactado en esa época de aprendizaje poco tenía que ver con los encargos de obra religiosa de los que iba a vivir. Pero el de Paredes de Nava no haría borrón y cuenta nueva, sino que trasladó a sus retablos, esculturas y pinturas los referentes paganos asimilados y reinterpretados.

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid conserva la colección más importante del mundo de obras del autor y ahora le dedica la exposición «Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana», instalada en el Palacio de Villena hasta el 5 de noviembre. Las fuentes artísticas que le inspiraron sirven de hilo argumental a una muestra que también ilustra sobre el proceso creativo, explica el comisario y subdirector del centro, Manuel Arias.

Berruguete estaba ya en Valladolid en 1523, cuando asume el encargo del retablo de la Mejorada, en Olmedo. Carlos I le nombra escribano del Crimen de la Real Chancillería, una especie de funcionario de Justicia, lo que le obliga a fijar su residencia en la ciudad castellana.

Aquí trabaja entonces Juan de Juni, pero será el palentino quien se convierta en el artista más relevante para sus coetáneos. La obra de ambos son radicalmente diferentes: Berruguete se desmarca del tipo de escultura «hecha para rezar», precisa Manuel Arias. Su trabajo obedece a razones más artísticas que devotas, aunque los motivos fuesen siempre religiosos. «A partir de él todo cambia». Con él la estatuaria clásica y los adornos profanos se cuelan en los retablos y en la escultura policromada.

Venera y Calvario que coronaban el retablo de San Benito

La exposición desvela a las claras la influencia clásica de Berruguete. Sus obras se enfrentan a otras de la Antigüedad en un relato de similitudes probadas con obras procedentes de los museos del Prado, Arqueológico Nacional, Catedralicio del Burgo de Osma y Diocesano de Palencia, la galería Uffizi de Florencia, las bibliotecas Nacional e Histórica de Santa Cruz, o Chancillería, entre otros fondos.

Un «Ecce Homo» del autor castellano muestra su semejanza con un anónimo romano del Museo del Prado que representa a un joven dios Pan de la mitología griega tocando una flauta; los bustos de San Pedro y San Pablo de la iglesia vallisoletana de Santiago dejan ver su similitud con un retrato masculino también romano. Pero es el Laocoonte, presente en el título de la muestra, la obra de forma más rotunda prueba la influencia de la Antigüedad en Berruguete.

Cuando el todavía aprendiz de artista llegó a Italia, acababa de ser descubierto el grupo escultórico en una villa romana. El hallazgo fortuito de 1506 revolucionó la ciudad. «Se dice que toda Roma pasó a verla», recuerda Arias. Y entre sus más fervientes admiradores estuvo el autor castellano: «se puede decir que Berruguete fue un artista fulminado por el Laocoonte, quizás el escultor del siglo XVI que más manifiesta a lo largo de toda su extensa carrera el efecto sobrecogedor de esta obra maestra helenísica», asegura el historiador del arte Vicenzo Farinella en el catálogo de la exposición.

La reproducción del Laocoonte y sus hijos del siglo XIX, depositada en Museo Nacional de Escultura, preside el espacio central de la exposición. A su lado, la reinterpretación de Berruguete de las mismas figuras en su escultura del sacrificio de Isaac para el retablo de la iglesia vallisoletana de San Benito, y la Natividad realizada para el de la iglesia de Santiago, también de Valladolid. El San José de este último constituye casi una réplica del gesto y la tensión del Laocoonte, lejos de la representación serena habitual del personaje.

Musa pensativa romana, junto a a las sibilas de Berruguete

La pareja de sibilas del retablo de San Benito remiten a una «musa pensativa» romana o a una figura femenina griega que las acompañan. «Siempre se ha hablado de la modernidad de las sibilas de Berruguete, y realmente son modernas, pero ¿de dónde vienen?: de la Antigüedad», señala el comisario de la exposición.

Los parecidos continúa en numerosos elementos ornamentales. En los espacios secundarios de los retablos Berruguete se explaya en los motivos clásicos. Las obras concebidas para lugares de culto se llenan así de elementos paganos, cupidos, máscaras, cabezas de carnero o motivos vegetales.

El proceso creativo que también sirve de argumento a la exposición puede intuirse a partir del dibujo preparatorio que el autor esbozó en el papel de una carta, conservada en la Real Chancillería, en la que se quejaba del trato recibido de los monjes de San Benito. El bosquejo de la escena de la circuncisión de Jesús tomará cuerpo en una pintura realizada para el retablo del Colegio Mayor Fonseca de Salamanca y en una escultura para el de San Benito, a los que complementa otro dibujo ya finalizado que se conserva en la galería Uffizi.

«Circuncisión», dibujo de la galería de los Ufizzi

La sucesión de obras confirma a Berruguete como ejemplo español de hombre del Renacimiento que trabajó todas las disciplinas artísticas. Indirectamente, también la arquitectura. Este aspecto queda patente en otra de las piezas destacadas de la muestra, la gran venera que coronaba el retablo de San Benito, reconstruida y exhibida por primera vez desde que se desmontase en el siglo XIX con la Desamortización y coronada por un gran calvario. La pieza, que formaba parte del gran conjunto de once metros de altura y en el que se aplicaron soluciones arquitectónicas, está inspirada en la Domus Aurea.

La exposición culmina con una tabla inacabada para ese retablo, una representación de San Marcos Evangelista, pintura «musaica», entonces de moda, que imitaba las teselas de los mosaicos romanos. Pero el recorrido invita a pasar del Palacio de Villena al Colegio de San Gregorio, donde se exhiben habitualmente otras partes de los retablos de San Benito y la Mejorada.

Alonso Berruguete no fue el único artista español de su tiempo en beber directamente de las fuentes clásicas, como demuestran las obras expuestas de Machuca, Siloe o Bartolomé Ordóñez, que también viajaron a Italia, pero sí el que mantuvo de forma más prolongada y fructífera esa influencia.

«Su singularidad no estuvo en beber de las fuentes de la arqueología romana y producir un remedo sin mayores perspectivas. Su catálogo no es el de una colección de réplicas miméticas, sino que muy consciente de lo que estaba sucediendo en un entorno en el que participaba activamente, fue capaz de digerir el alimento para trasladar al suelo hispano lo que se estaba llevando a cabo en Italia, con citas pero contra la norma», sostiene Manuel Arias en la publicación editada con motivo de la muestra.

Paredes de Nava se suma al homenaje

La cita con la obra de Berruguete va más allá de la muestra del Museo Nacional de Escultura y llega a la localidad natal del artista. Hasta el 21 de septiembre en la iglesia-museo de Santa Eulalia permanecerá abierta «Alonso Berruguete en Paredes de Nava. A propósito de una exposición», que recuerda la tradición artística familiar iniciada por el pintor Pedro Berruguete, padre de Alonso y autor de los conocidos retratos de reyes incluidos en el retablo del propio templo. Además de obras procedentes del Museo Nacional de Escultura, se exhiben otras del Museo Diocesano de Palencia y de distintas iglesias.

 

29 julio 2017 at 9:41 pm Deja un comentario

«Emociones», la nueva exposición del Museo de la Acrópolis

La selección muestra los sentimientos de los mortales, los héroes y los dioses de la Antigüedad a través de 129 obras creadas entre el siglo VII y el II a.C.

Estatua de mármol de Eros, parte de la exposición «Emociones» en el Museo de la Acrópolis de Atenas – Efe

Fuente: BEGOÑA CASTIELLA > Atenas |  ABC
17 de julio de 2017

El lunes por la noche la Ministra de Cultura y Deportes griega Lidía Koniórdo inauguró la exposición «Emociones» en el Museo de la Acrópolis, acompañada del director del Museo, arqueólogo Dimitris Patermalis.

La exposición reúne 129 obras de arte, desde grandes esculturas de mármol y vasos, cráteras y otras vasijas espectaculares hasta pequeñas monedas, todas ellas creadas entre el siglo VII y el II a.C., mostrando una gama de emociones reflejadas en mortales, héroes y dioses de la Antigüedad griega. Se exhiben en un espacio situado en la parte inferior el Museo de la Acrópolis, a trescientos metros a vuelo de pájaro del propio conjunto monumental de Atenas, con un trayecto cíclico en cuyo centro se encuentran dos importantes esculturas con fondo granate: la del Amor, el dios Eros, esculpido en mármol en el s.II, copia de la obra del escultor Lisipo y proveniente del Museo del Louvre de Paris, junto con la escultura del Deseo, otra copia en mármol del s.II de una obra del escultor Escopas, proveniente de los Museos Capitolinos. En contraste a estas dos obras principales que reflejan emociones positivas se encuentra una obra trágica, el Sacrificio de Ifigenia, una tabla proveniente de la Casa del Poeta Trágico de Pompeya. Muestra cómo Ifigenia es llevada al altar donde será sacrificada mientras su padre, lleno de desesperación y culpabilidad, esconde la cara con su toga.

Escena de la guerra de Troya – ABC

La mayoría de las obras provienen de distintos museos griegos, un total de veintidós, comenzando por el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y otros importantes extranjeros como los Museos del Vaticano y los Museos Capitolinos de Roma, el Museo Arqueológico de Napoles, el Louvre de Paris, el British Museum de Londres, la Gliptoteca de Munich, el Museo de Antigüedades y Colección Ludwig de Basilea y el Museo Metropolitano de Nueva York.

Emociones públicas y privadas

La exposición comienza con un grupo de emociones desarrolladas en el ámbito privado de la familia y las residencias privadas: ejemplos de amor, de amistad, de alegría, otras descubriendo un ambiente festivo. Esculturas y relieves mostrando escenas de amor maternal y filial, de amistad y ternura, de juego de niños, grandes banquetes y celebraciones. También se pueden estudiar las emociones desarrolladas en el ámbito público: muestras de agradecimiento a los dioses y a los oráculos, especialmente a los de Delfos y Dodona. Pero también hay vitrinas con muestras de odio o de rechazo, como los trozos de cerámica parecidos a las conchas que en griego clásico se denominaban «ostraca», en la que los ciudadanos libres escribían el nombre del político al que querían desterrar de su ciudad estado (de ahí la palabra ostracismo). Y aun más interesante e inquietante, unas tabletas grabadas en metal con injurias y maldiciones varias, mostrando la envidia, el odio y la soberbia de personas contra sus enemigos.

El sacrificio de Ifigenia – ABC

El espectador puede estudiar también obras que reflejan la adoración e invocación de los mortales a sus dioses, con múltiples ejemplos de exvotos, pequeños altares, así como el complejo arte funerario, tanto para los mortales como los héroes. Las más cercanas son las estelas funerarias dedicadas a los niños fallecidos, encargadas por sus padres en las que aparecen rodados de sus juguetes y sus animales favoritos. La exposición continúa con muestras de pasión, que incluyen los raptos amorosos, como el descrito en un jarrón denominado hidria: el rapto de la bella Oreithyia, hija del Rey Erecteo de Atenas, por Bóreas, dios del Viento del Norte, que se había enamorado locamente de ella contra los deseos de su padre. El dios aparece fuerte y protector mientras que la hija del rey muestra coquetamente su hombro desnudo y no parece muy asustada. Y esta exposición también recoge muestras de actos de violencia, cuando las emociones llevan a una pérdida de control, a la tragedia y al drama. Un ejemplo es el ánfora del Museo Metropolitano de Nueva York que muestra al rey de Salamina, Áyax, persiguiendo a Casandra, la hija del rey de Troya Príamo, de gran belleza y capaz de efectuar profecías, momentos antes de su violación. Otra ánfora muestra la misma escena con Casandra a punto de ser violada, intentando buscar asilo en la estatua de la diosa Atenea, obra que se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York. Áyax no respetó el que Casandra estuviera bajo la protección de Atenea, lo que supone un sacrilegio mas grave que la propia violación.

Textos y tablets para ayudar a los visitantes

Esta exposición ha incluido, además de las obras, muchos textos literarios que explican los mitos y las escenas reproducidas para que el visitante pueda entenderlas. Asimismo existen una serie de tablets que muestran textos y detalles de las obras. Esto ha sido gracias a la Fundación Cultural Onassis, que preparó y expuso esta exposición en su Centro de Nueva York y que ofreció que se pudiera visitar en Atenas. Patermalis insistió en agradecer tanto a la Fundación como al Ministerio de Cultura el haber hecho posible que se pueda ver esta exposición en Atenas hasta el mes de septiembre. Y destacó la labor de los tres arqueólogos que prepararon la exposición: Angelos Chaniotis, Nikolaos Kaltsas y Ioanis Mylonopoulos.

 

18 julio 2017 at 11:53 am Deja un comentario

Cuando los griegos eran perfectos

Una muestra examina en CaixaForum Madrid la pasión competitiva de la Antigua Grecia con 172 tesoros del British Museum, muchos de los cuales se prestan por primera vez

‘Friso de Amazonas’, de 1,80 metros de largo por 0,90 de alto, del mausoleo de Halicarnassus.

Fuente: ÁNGELES GARCÍA > Madrid  |  EL PAÍS
13 de julio de 2017

¿Diría que la competitividad es un rasgo distintivo de este tiempo en el que todo —los seguidores, los likes, las calorías— se mide? Pues no eso no es nada comparado con los antiguos griegos. Creían que la perfección solo se podía lograr mediante la destreza física y una mente en plena forma y le daban a la competencia un significado de honor y de respeto hacia el otro y hacia uno mismo. De todo ello trata la exposición Agón! La competición en la antigua Grecia, presentada ayer en el CaixaForum de Madrid.

A través de 172 piezas (esculturas, monedas, cerámicas, joyas) procedentes del Museo Británico, se examina el espíritu retador de la civilización a la que, entre otra infinidad de cosas, le debemos la democracia y el olimpismo. Muchas de ellas están consideradas obras maestras y han sido restauradas para su presentación por primera vez fuera de Londres. El caso más espectacular es el fragmento del gigantesco friso (tenía 45 metros de altura) del Mausoleo de Halicarnaso. La exposición permanecerá abierta hasta el 15 de octubre y después viajará por los centros que CaixaForum tiene abiertos en España.

La clave es ‘agón’

La palabra clave es agón, término que en griego antiguo significa contienda, desafío, disputa. Peter Higgs, conservador de escultura y arquitectura griega del British Museum y comisario de la exposición, explica que el sentimiento de competitividad acompañaba a los griegos desde la infancia y hasta la muerte: “Desde los relatos épicos de Homero hasta los triunfos deportivos en Olimpia pasando por las victorias de grandes generales, en la antigua Grecia una intensa rivalidad lo dominaba todo. La competición impregnó incluso el universo de las artes, con certámenes de música, teatro, escultura y pintura”.

La preciosa escultura alada de Niké, la diosa de la victoria, con las ropas agitadas por el viento (hacia el año 100 antes de Cristo) indica el recorrido por un mundo en el que la vida no se concibe sin el deseo de ser el mejor. Los héroes, atletas y guerreros, esculpidos o reproducidos en cerámicas, recuerdan que los griegos eran fanáticos del deporte, como demostraban en los juegos panhelénicos que periódicamente se celebraban en Olimpia, Delfos, Itsmia y Nemea. “Los ganadores”, explica el comisario, recibían suculentos premios y eran tratados como héroes. Como ocurre en la actualidad, las competiciones deportivas eran las grandes distracciones del pueblo griego, su particular forma de entretenimiento. La pasión era de tal calibre que, aún en tiempos de guerra se paralizaban las batallas para poder celebrar los juegos.

De manera paralela a las exhibiciones de fuerza y destreza, los griegos mostraban su amor por la cultura a través de concursos de teatro y música a los que asistían decenas de miles de espectadores y en los que participaban escritores como Esquilo, Eurípides, Sófocles o Aristófanes. Un muestrario de máscaras teatrales y pequeñas esculturas sirven para ilustrar que aquellas piezas eran representadas solo por hombres. Los galardones de las competiciones de las artes escénicas consistían en sencillas coronas de hiedra, aunque los actores y dramaturgos que lograban triunfar eran tratados como auténticas celebridades a las que se pagaba con importantes sumas económicas y se les dedicaban esculturas en espacios públicos. La música, la danza y la poesía, considerados esenciales para la educación de los niños, también tenían sus propios concursos.

Escultura de mármol ‘Atleta con disco’.

Aunque entre todos los artes, tal vez sea el de la guerra en el que los griegos daban rienda suelta al espíritu competitivo innato en ellos. Los ejércitos procedían de las clases propietarias, tanto de las ciudades como del campo. La preparación de la lucha era tan importante que los niños se iniciaban en su formación militar con solo siete años y no dejaban de estar disponibles hasta pasados los 50.

Lejos de aplacarse con el final, la rivalidad social se acentuaba ante la muerte; la duración y lujo del funeral tenía que estar en consonancia con la importancia del personaje fallecido. El mejor ejemplo se exhibe en el apartado final de la muestra con el fragmento de la tumba del poderoso rey Mausolo de Caria, hallada en Halicarnaso, hoy Turquía. Es la pura imagen de la clase de poderío que trasciende al más allá.

Relieve de máscaras griegas.

EL MUSEO DE TODO EL MUNDO A PESAR DEL BREXIT

Las colecciones del British Museum están consideradas como las más importantes de todo el mundo en su especialidad y las reclamaciones, como las de los griegos sobre los frisos procedentes del Partenón, han sido constantes. La respuesta pública por parte del museo ha sido siempre que ellos ejercen de cuidadores de un patrimonio que reconocen universal. Pero ahora, con la inminente salida del Reino Unido de la Unión Europea, las preocupaciones han vuelto a aflorar. ¿Qué ocurrirá como consecuencia del Brexit? El director del museo, Hartwig Fischer, tuvo que responder ayer a esa preocupación en la presentación de la exposición en Caixaforum. “Es pronto para decir qué va a ocurrir con el Brexit. Tenemos la esperanza de que se haga lo correcto y que se siga manteniendo la idea de que el British es un museo del mundo para el mundo”.

 

13 julio 2017 at 9:00 pm Deja un comentario

Los papiros, testimonios del difícil camino del conocimiento en la antigüedad

Una pequeña parte se ha salvado y se ha convertido en la base del conocimiento universal, pero el 90 % de la literatura de la antigüedad se perdió para siempre durante épocas en las que la información solo transitaba por complicados y difíciles caminos.

Fuente: Wanda Rudich – EFE  |  YAHOO Noticias
8 de julio de 2017

La muestra “Papiros y Manuscritos. Caminos del conocimiento”, expuesta en la Biblioteca Nacional de Austria, intenta reconstruir algunos de esos trayectos y destaca que el acceso al conocimiento era en el pasado tan importante como ahora, aunque los problemas fueran distintos.

Mientras que en la era de internet abunda la desinformación y la divulgación de noticias falsas (“fake news”), en el pasado, cuando el conocimiento se conservaba en papiros y códices de pergamino, cualquier error de los copistas también podía desvirtuar un texto, aunque no parece haber pruebas de manipulaciones intencionadas.

Además, la decisión de qué documentos se copiaban, y cuáles no, dependía de las más diversas circunstancias, desde preferencias personales de algún abad de monasterio o un aristócrata hasta las exigencias y prohibiciones de la Iglesia católica.

“¿De dónde conocemos los escritos de Aristóteles, de dónde tenemos los discursos de Cicerón? Ello pasa por la larga tradición de las copias manuscritas y eso quiere decir que los libros eran caros, valiosos y raros”, explica a Efe Bernhard Palme, director del Museo del Papiro de Viena.

“Muchos de los textos de la antigüedad los tenemos por primera vez en una copia manuscrita de la plena Edad Media”, cuenta.

“No tenemos prácticamente autógrafos de ningún autor de la Antigüedad”, prosigue este catedrático de papirología.

Explica que solo existen fragmentos de libros antiguos en papiro, por lo que en la mayor parte de los casos se trata “de una copia de una copia de una copia. Es algo que pasa por generaciones”.

“Cuando da tanto trabajo, entonces se copia lo que se considera más interesante y eso es exactamente el gran peligro, porque con el tiempo varía el gusto, el concepto del mundo”, detalla.

Eso pasó, por ejemplo, con la cosmovisión del “Cristianismo en la Edad Media tardía, una actitud totalmente ascética” que sustituyó al espíritu del “goce de la vida del paganismo antiguo”, y mucho de lo que los griegos escribieron 700 años antes se dejó de copiar.

“Así se perdió una gran parte de la literatura antigua, pero todo lo que tenemos se lo debemos al laborioso trabajo de los copistas, que en la Edad Media eran monjes en los monasterios”, indica Palme.

“Estimamos que cerca del 90 % de la literatura de la antigüedad se ha perdido”, afirma el experto y recuerda que de algunos autores se conocen índices de obras, lo que permite cuantificar lo perdido.

Así, por ejemplo, de Amiano Marcelino, “el historiador romano más importante de la antigüedad tardía, solo se ha salvado la mitad de su obra en una sola copia”, cuenta.

En cambio, el texto “De Trinitate” de Hilario de Poitiers (siglo IV), que trata sobre el dogma trinitario y del que en la exposición se puede admirar una copia del siglo VI, se copió muchas veces.

Ello ha permitido a los expertos reconstruir diversas estaciones por la que pasó la obra, quiénes la adquirieron, y también descubrir que es probable que en el siglo XVIII algunas de sus páginas fueron arrancadas y atribuidas a san Agustín.

“Todo lo que tenemos de literatura antigua pasa por los manuscritos de la Edad Media. Y completando eso tenemos un número relativamente pequeño de fragmentos de libros de papiros”, resume.

Eso sí, el experto destaca la importancia que tienen los antiguos papiros al estar más cerca del original.

“No suele significar que tengamos el texto completo, pero con pequeños fragmentos de papiro se puede reconstruir algo del texto original y deducir qué manuscritos, o de qué copista, son de fiar y cuáles son más erróneos”, explica.

Otro aspecto que también se ilumina en esta exposición es que la difusión de un libro era un problema hace varios siglos.

No solamente porque los tomos eran muy escasos, sino además porque había que saber en qué monasterio había un ejemplar y conseguir que lo copiasen.

La exposición en el Museo del Papiro, situada en el sótano de la Biblioteca Nacional de Austria, en el antiguo Palacio Imperial de los Habsburgo, puede visitarse hasta el 14 de enero de 2018.

Sus piezas pertenecen a la Colección de Papiros de Viena, una de las mayores del mundo.

Consta de 180.000 objetos que abarcan tres milenios -desde 1.500 antes de Cristo hasta 1.500 después de Cristo- y de los que, en 130 años de trabajos continuos de investigación, solo 8.000 textos han sido editados hasta ahora.

 

9 julio 2017 at 9:13 pm Deja un comentario

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