La cuarta columna de Augusto

Uno de los cuatro pilares del antiguo templo romano de la calle Paradís fue reconstruido con restos de otros derruidos a mediados del siglo XIX y exhibido hasta 1956 en la plaza del Rei

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

Fuente: XAVI CASINOS > Barcelona  |  LA VANGUARDIA
27 de mayo de 2017

El Centre Excursionista de Catalunya custodia, en su sede de la calle Paradís, el más importante vestigio de la antigua Barcino, los restos del templo dedicado al emperador Augusto que presidía el foro romano de la ciudad, en el punto más alto del monte Táber.

Se trata de cuatro columnas que formaban una de las esquinas del edificio. Aunque es realidad son solo tres. La cuarta, conocida como viajera, está en realidad fabricada con restos de otras columnas y que hasta 1956 se exhibía en la plaza del Rei.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

El edificio se supone que fue erigido a principios del siglo I, en tiempos del emperador Tiberio, que fue quien impuso el culto a su predecesor. Con el tiempo, el templo y sus columnas fueron absorbidos por las edificaciones más modernas. Existen antiguos dibujos que documentan la presencia de las columnas como parte de algunas viviendas.

Sin embargo, la existencia de los restos de las columnas fue prácticamente ignorada durante siglos, hasta que en 1830, el arquitecto Antoni Celles realizó una detallada memoria del templo a partir de unas excavaciones financiadas por la Junta de Comerç de Barcelona. No obstante, el recobrado interés por el antiguo templo de Augusto no impidió que continuara la destrucción de las históricas columnas.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

En 1850 existían todavía seis, de las cuales dos fueron derribadas durante las obras de unos edificios de la calle Llibreteria. Miembros de la Acadèmia de Bones Lletres recogieron los restos, con los que lograron reconstruir la cuarta columna que hoy puede admirarse en el Centre Excursionista, la más próxima a la entrada.

Su intención inicial era llevarla al museo de antigüedades que esta entidad había promovido en la capilla de Santa Àgueda, pero a causa de sus dimensiones se decidió finalmente situarla en la plaza del Rei, donde permaneció hasta 1956, cuando se integró de nuevo en el templo, junto con las tres que forman la esquina superviviente y de donde, a diferencia de su compañera, no se han movido desde hace casi 2.000 años.

Las columnas de Templo romano de Augusto se conservan en la calle Paradís de Barcelona. (Xavi Casinos)

 

27 mayo 2017 at 12:11 pm Deja un comentario

El mito de la batalla de Maratón: los «pacíficos» atenienses enseñan a los espartanos a aplastar persas

Para los persas la derrota de Maratón fue solo el prólogo de la invasión de dimensiones bíblicas que estaba por llegar en tiempos de Jerjes y Leónidas

Fotograma de «300: El origen de un imperio» con un grupo de hoplitas atenienses cargando

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
25 de mayo de 2017

Filipides corrió y corrió durante 42 kilómetros. Corrió hasta literalmente el último aliento. Según la leyenda (no recogida en los textos de Herodoto), este soldado fue enviado a Atenas para avisar de que los persas habían sido derrotados en la localidad de Maratón y evitar que los atenienses rindieran la ciudad. Nada más entregar su mensaje, y con ello evitar la rebelión en ciernes de los aliados de los persas, cayó muerto Filipides en el sitio. Una anécdota recogida 600 años después, y por tanto probablemente falsa (¿por qué ir andando pudiendo ir a caballo?), pero que advierte de lo mitificado que están todos estos episodios de la Antigüedad. La posterior glorificación de los heroicos «hombres de maratón» en la literatura ateniense escondió el hecho de que su triunfo fue limitado y pospuso el problema solo por unos años.

La guerra de Occidente contra Oriente

Una década antes del sacrificio espartano en el paso de las Termópilas la rivalidad entre el Imperio persa y las polis griegas vivió un primer simulacro de guerra. El rey persa Darío I, padre de Jerjes, organizó en 492 a. C. la invasión de la Grecia Continental como castigo a las polis de Atenas y Eretria, que habían apoyado un levantamiento en las ciudades controladas por los persas en Asia Menor y Chipre. La autoridad persa no resultaba excesivamente opresiva en estas ciudades jonias, aunque la naturaleza autocrática del poder de Darío y los cambios en el sistema de tributos amenazaba con estallar tarde o temprano en una revuelta.

Esta primera parte de la guerra empezó favorable a los intereses del ejército persa, que volvió a subyugar Tracia y obligó a Macedonia a ser vasalla del reino de Persia. Sin embargo, una tormenta sorprendió a la flota del general persa mientras costeaba el Monte Athos y retrasó un año más las operaciones. Todas las partes de Grecia aceptaron someterse ante los enviados persas excepto Atenas y Esparta, las cuales ejecutaron a los embajadores al más puro estilo cinematográfico «This is Sparta!».

Reconstrucción moderna de una formación de falange hoplítica

Fue a raíz de estas ejecuciones cuando Darío ordenó una segunda campaña militar, dirigida por los generales Datis y Artafernes, que tenía como objeto expreso destruir Atenas y Esparta. Según la leyenda, el rey persa preguntó: «¿Quién es esa gente que se llama atenienses?», a lo que añadió él mismo sin aceptar explicaciones: «¡Oh Ormuz (divinidad persa), dame ocasión de vengarme de los atenienses!». Una flota de casi veinte mil infantes y jinetes se concentró en Cilicia (la zona costera meridional de la península de Anatolia) y fue saltando el terror y la destrucción de isla en isla hasta desembarcar en Eretria, que fue arrasada y sus ciudadanos esclavizados. Finalmente, el ejército expedicionario se dirigió al Ática, desembarcando en Maratón por sugerencia del tirano ateniense Hipias. El otrora dictador de Atenas, que durante unos años impuso un reinado represivo en la polis, se había refugiado en la corte persa de Darío I después de ser derrocado por los espartanos. Cuando Persia amenazó con atacar a Atenas y reponer a Hipias lo hizo sabiendo que el viejo tirano tenía todavía muchos partidarios en la ciudad.

Milcíades creía que el lugar escogido por Hipias, en la zona nororiental del Ática, no era muy propicio para una batalla de grandes dimensiones

Al conocer que los persas habían desembarcado cerca de su metrópolis, la joven democracia ateniense pidió ayuda a los soldados de Esparta (el nombre correcto es lacedemonios, puesto que Esparta como polis no existía), que retrasó su apoyo por hallarse en plenas fiestas Carneas. Un viejo conocido persa, Milcíades, asumió el mando de las tropas atenienses, apenas 10.000 hoplitas, y propuso salir al encuentro persa a pesar de su enorme superioridad numérica, 20.000 efectivos, según Herodoto. Milcíades creía que el lugar escogido por Hipias, en la zona nororiental del Ática, no era muy propicio para una batalla de grandes dimensiones, porque la llanura estaba dividida transversalmente por el torrente Caradro, pero sí para que las falanges hoplitas dieran su máximo potencial.

El grito de los atenienses

En su origen los hoplitas eran ciudadanos propietarios de pequeños terrenos agrícolas que, de cara a defender su ciudad, se compraban su propia armadura (grebas de bronce, yelmo, un escudo cóncavo, coraza, jabalina de punta doble y una espada como arma secundaria) y acudían al frente. Su formación en falange permitía que la unión de todos ellos fuera una perfecta arma para la guerra: las apretadas filas establecían un muro de escudos altos y las lanzas salientes de las tres primeras filas los hacían imbatibles frente a la caballería enemiga. El código agrario desaconsejaba las gestas individuales fuera de las filas de la falange y las unidades de arqueros no eran habituales. No en vano, precisamente antes de la batalla de Maratón fueron liberados esclavos atenienses para servir de infantería ligera, honderos y lanzadores de jabalina. Además, un millar de platenses –ciudad bajo la tutela de Atenas– reforzaron en esta contienda a los atenienses.

Por su parte, las fuerzas persas que estaban presentes en Maratón bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, estaban compuestas de soldados de diferentes procedencias que no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Si bien tenían la superioridad numérica de su parte, su falta de coordinación y su pobre armamento las hacían vulnerables frente a los hoplitas. Los escudos de mimbre y lanzas cortas hacía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo, mientras que su caballería era débil frente al erizado de lanzas que era la falange ateniense.

Escena de ánfora de figuras negras de Atenas (siglo VI a. C., Museo del Louvre).

Durante varios días, ambos ejércitos permanecieron en actitudes defensivas. La distancia entre los dos ejércitos era de 1.500 metros, lo que permitía a los persas escuchar con nitidez el grito de guerra de los atenienses: «Ελελεσ! Ελελεσ!» (Eleleu, Eleleu). Los persas no se atrevían a desalojar a los griegos de su ventajosa posición, situados en un terreno consagrado a Heracles; mientras que los atenienses no se atrevían a descender a la llanura, donde quedarían a merced de las flechas de los persas. Y de nuevo la versión mitificada presenta a Milcíades como el defensor de atacar cuanto antes a los persas, frente a otros oficiales más conservadores. Lo más probable es que los mandos griegos apuraron el máximo no por excesiva prudencia, sino con la esperanza de que pudieran llegar los refuerzos espartanos a tiempo.

El 11 de Septiembre del 490 a.C. (según el calendario griego) se impuso el plan del estratega y mandó que el cuerpo de hoplitas atacara a la carrera para cubrir rápidamente el terreno que les separaba y esquivar las flechas, lo cual era otro de los puntos fuertes de la infantería griega: su velocidad. En este sentido, autores modernos cuestionan que los hoplitas pudieran desplazarse tan rápido con un armamento tan pesado durante tantos metros y exponiéndose a perder su preciada formación.

La verdad detrás del mito

Los persas tenían su fortaleza invertida en sus arqueros, que no tuvieron ocasión de actuar debido a la sorpresiva iniciativa ateniense, y en la caballería, que en Maratón estaba ausente porque Datis, el otro comandante persa, había zarpado con todos los jinetes para emplearlos en la llanura de Falero.

Las infanterías enfrentadas en el centro mostraron vencedor a los persas en un principio, mientras que en los flancos los atenienses destrozaron a los persas sin que cupiera respuesta. La táctica de Milcíades consistía en atacar por los flancos, de modo que la maniobra envolvente fuera engullendo a los persas y dejando a su centro aislado como un islote rodeado de miles de hoplitas. Su plan fue un éxito. Los atenienses aprovecharon la jornada para masacrar a los persas, que en su huída acabaron atrapados en tierras pantanosas. Herodoto estima en 6.400 las bajas persas, frente a las exiguas 192 muertes griegas. No en vano, Datis todavía conservaba fuerzas suficientes para dirigirse en barco hacia Atenas. Sabía que, con las tropas fuera de la ciudad, bastaba la llegada de la flota persa para que los partidarios del tirano Hipias iniciaran una revuelta y entregaran la ciudad.

Un hemerodromo (los corredores profesionales de Atenas) corrió desde Maratón hasta Atenas, 42 kilómetros sin pausa, para advertir de la victoria ateniense y de la llegada de los persas, cayendo muerto nada más pronunciar estas palabras en su último aliento: «Hemos ganado». Más una leyenda que una realidad… pues Herodoto (para él Filipides fue un atleta que recorrió 200 kilómetros para pedir la ayuda espartana) no recogió esta historia; mientras que otros autores no se ponen ni siquiera de acuerdo con el nombre del atleta: Luciano de Samósata le llama Filipides, y Plutarco le nombra como Tersipo. El filólogo Michel Bréal se inspiró en su historia para proponer a Pierre de Coubertin la celebración de una carrera llamada maratón dentro del programa de los modernos Juegos Olímpicos.

Pintura de la llegada de Fidípides a Atenas, por Luc-Olivier Merson

Finalmente, Datis se retiró a Falero con unos 10.000 hombres antes de volver a casa y los partidarios de Hipias no levantaron Atenas. ¿Fue el atleta el que evitó con su gesta maratoniana la caída de Atenas? ¿Por qué renunció Datis a atacar la ciudad con los enemigos a más de 40 kilómetros de distancia? Lo cierto es que los textos más mitificados se cuidaron en ocultar que el mismo día de la batalla un ejército de 2.000 espartanos se dirigió a Atenas tras recorrer en dos días más de 200 kilómetros. Los atenienses preferían la inverosímil historia del heraldo heróico antes de reconocer los méritos de sus vecinos, ahora aliados, en otro tiempo rivales.

Para los persas la derrota de Maratón fue solo el prólogo de la invasión de dimensiones bíblicas que estaba por llegar. Convencidos como estaban de que podían someter la Grecia Continental, los persas prepararon una nueva intentona una vez se lamieron las heridas internas. Tras la sublevación de Egipto (486 a. C.) y la muerte de Darío (486 a. C.), Jerjes I preparó la madre de todas las flotas y el padre de todos los ejércitos de «inmortales». En tanto, los atenienses ensalzaron esta victoria a niveles legendarios, disimulando en sus textos que los persas seguían siendo un imperio impenetrable y que Maratón no había sido una lucha entre un puñado de griegos y un ingente número de bárbaros, sino un triunfo a raíz de un error táctico de los orientales.

Poseído por los elogios, Milcíades intentó atacar la Isla de Paros en el 489 a.C aprovechando la supuesta debilidad persa. Sin embargo, pronto Milciades tuvo que volver sin la victoria prometida, muriendo poco después por una herida de guerra. Una cosa era defenderse y otra muy distinta trasladar la guerra al terreno persa. Grecia todavía no estaba preparada para esa guerra.

 

27 mayo 2017 at 12:06 pm Deja un comentario

Hallan una cabeza de escultura romana en Caldes de Montbui (Barcelona)

Cabeza de escultura romana de mármol blanco hallada en Caldes de Montbui EL MUNDO

Fuente: ENRIC TRIAS > Barcelona  |  EL MUNDO
26 de mayo de 2017

Una cabeza de escultura romana ha sido hallada en Caldes de Montbui durante las excavaciones arqueológicas de los antiguos baños termales del municipio. El equipo de arqueólogos dirigido por Pere Artigas descubrió la cabeza de mármol blanco, que habría pertenecido a una escultura completa a tamaño real, en las nuevas excavaciones que se realizan para la reurbanización de la plaza de la Font del Lleó.

La catedrática del departamento de Ciències de l’Antiguitat i de l’Edat Mitjana de la Facultad de Filosofia i Lletres de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), Isabel Rodà de Llanza, será la encargada de estudiar la cabeza hallada. La académica determinará la procedencia, su fecha y la identificará. Según las primeras hipótesis in situ, se podría tratar de la imagen de una divinidad vinculada con las aguas termales.

Esta pieza ha sido hallada en buen estado de conservación y de momento sólo se le ha realizado una limpieza a cargo de la empresa de conservación y restauración Gamarra i Garcia.

El descubrimiento ha sido anunciado esta mañana durante una visita al yacimiento del alcalde de Caldes de Montbui, Jordi Solé; la directora del Servicio de Arqueologia i Paleontologia del Departament de Cultura, Maite Miró; el arqueòleg director de la excavación, Pere Artigues; el regidor de Patrimoni, Isidre Pineda, y el regidor d’Espais Públics, Jaume Mauri.

 

26 mayo 2017 at 4:52 pm Deja un comentario

‘Alea jacta est’ en las rutas de la Roma sevillana

Entre los siglos II a. C. y III d. C. el pueblo romano dejó un sinfín de testimonios artísticos y culturales de su paso por el territorio sevillano. Hallazgos que la Diputación de Sevilla compila en una guía

Uno de los mosaicos hallados en Écija que hoy se expone en el Palacio de Peñaflor. / El Correo

Fuente: ALBA POVEDA > Sevilla  |  El Correo de Andalucía
25 de mayo de 2017

El paso del pueblo romano por el territorio sevillano dejó muchos más vestigios que los de Itálica o los encontrados en Hispalis. A lo largo y ancho, la provincia cuenta con innumerables ejemplos de la arquitectura, ingeniería y cultura romana, que tuvo su máximo exponente en el territorio con la llegada al poder de Trajano y Adriano. Tanto es así que la Diputación de Sevilla, a través de Prodetur, presentó hace unos meses la guía El legado de Roma en Sevilla, donde recoge los restos hallados hasta el momento, y que articula en tres rutas: la Vía de la Plata, la ruta Bética Romana y la Vía Augusta.

Vía de la Plata. Entre Itálica y Guadalcanal

La Roma sevillana no podría entenderse sin Itálica, al ser el mayor yacimiento hallado hasta el momento en la provincia. Lugar de nacimiento del gran emperador Trajano, es aquí donde empieza el recorrido de la Vía de la Plata. La ciudad, enclavada en la actual Santiponce, fue fundada en el año 206 a. C. por el general Publio Cornelio Escipión, más conocido como El Africano, durante la batalla de Ilipa para resguardar en ella a los soldados heridos en combate.

Fue la primera ciudad levantada por los romanos en la Península, lo que explica el estrecho vínculo que tenía con Roma. Tanto es así, que desempeñó un papel estratégico en materias político-militares y económicas durante el Alto Imperio Romano, relevancia palpable en sus monumentos públicos, el lujo de las viviendas e incluso el trazado urbanístico, que partía de dos grandes vías: el Cardo Maximus –que iba de norte a sur– y el Decumanus Maximus –que cruzaba la ciudad de este a oeste–, siguiendo la tradición romana. Los trabajos arqueológicos desvelaron que Itálica estaba amurallada, pero apenas quedan testimonios visuales.

El desarrollo de la urbe vivió dos etapas. La primigenia, la vetus urbs de Escipión, se encuentra enterrada bajo los cimientos de Santiponce, a excepción del Teatro. Pero con la llegada al poder de Adriano, quien nació en Roma pero se crió bajo el amparo de su tío Trajano en Itálica, la ciudad creció en el primer tercio del siglo II d. C. con la ampliación de la nova urbs, que hoy conforma el Conjunto Arqueológico, descubierto en 1781 por Francisco de Bruna.

Pasear por el yacimiento de Itálica es hacerlo por la antigua Roma. Sus amplias calles, las aceras porticadas y el enlosado de las vías y aceras –que aún se dejan ver– trasladan al visitante a aquella época. La nova urbs que hoy puede visitarse desvela que hubo seis edificios públicos y medio centenar de casas. Ejemplo de ello es la Casa de Exaedra, en la que sobresalen sus termas y el patio central. También la Casa del Patio Rodio, que pese a ser crudamente expoliada, es un claro ejemplo del dominio de la arquitectura y el terreno de los romanos, pues el patio que le da nombre se caracteriza por las galerías (una más alta que las otras) con las que salvaban los desniveles topográficos. En esta vivienda cabe hacer mención del mosaico que viste el suelo de una de sus estancias, rodeado por una hermosa cenefa de roleos vegetales.

Pero para vivir las más pura experiencia romana, el conjunto arqueológico dispone de un centro temático, Cotidiana Vitae, donde el visitante puede trasladarse a la vida pública y privada del siglo II d. C. Además, continuamente se realizan actividades, muchas de ellas teatralizadas.

Sobre la antigua ciudad de Itálica se levantó Sacti Geronti (la actual Santiponce), donde se ubica el Teatro Romano, que también forma parte del Conjunto Arqueológico de Itálica. Fue construido durante la época de Augusto, entre los años 30 y 37 d. C., y con el traslado de la villa durante el siglo XVII quedó soterrado por el caserío, hasta que en 1937, Francisco Collas de Terán y Delorme documentó la existencia de estos restos, que no saldrían a la luz hasta el año 1970. También en Santiponce se encuentran las Termas Menores que construyó Trajano durante su gobierno. Muy cerca de allí, Camas hacía de corredor entre los dos núcleos fuertes de la Sevilla romana, Hispalis e Itálica.

A unos 30 kilómetros, la ruta continua en Aznalcóllar y sube hasta Almadén de la Plata. La romana Tucci (Aznalcóllar) conectaba con la capital a través de su acueducto, el vestigio más importante del municipio, junto a su tradición minera, pues ya los romanos supieron explotar las minas de pirita. El acueducto se construyó en el siglo II d. C. y llevaba el agua hasta Itálica a lo largo de sus 35 kilómetros.

El citado acueducto se encuentra en la carretera Aznalcóllar-Gerena, siguiente parada en el itinerario. Bautizada por los romanos como Vevera, su importancia como asentamiento fue tal que todavía perviven algunos restos del recinto amurallado –fechado en el siglo II a. C.–. Además, llegó a acuñar su propia moneda. Se cree que incluso el poblado llegó a sobrepasar la muralla, pues en la periferia se hallaron los restos de unas termas, así como un complejo de infraestructuras hidráulicas y redes de saneamiento.

Siguiendo el camino, la Vía de la Plata se para en Agilis o Gaelius (o también Guillena). Su mayor impronta es la Casa de Maera, que se trata de un departamento subterráneo de planta casi cuadrada y que está cubierto por una bóveda de cañón.

A pocos kilómetros, se levantaron varias villas, que en la actualidad son parte del municipio de Burguillos. Por allí transcurría un antiguo cruce de caminos, que pasaba por Cazalla de la Sierra y conducía hasta Córdoba. En él se han encontrado sobre todo restos de las labores de campo, como una hoz de hierro forjado, que data del Alto Imperio Romano; aunque también molinos de aceite y granjas.

La ruta que parte de Itálica encamina su salida de la provincia en Almadén de la Plata, cuya principal fuente de riqueza eran las canteras de mármol; material que se ha podido ver en más de uno de los hallazgos.

Pero la deja atrás en Guadalcanal, donde destacan los restos de la época republicana (siglo III d. C.). Allí, varios siglos antes, en el II a. C., se asentaba un castrum (equivalente a los campamentos militares) que se piensa sirvió para frenar el empuje del ejército celtíbero, y que más tarde se convirtió en oppidum (ciudad amurallada). Destaca también el Puente Sevilla, que data del siglo I d. C., y que conectaba con otra de las rutas que hoy se ponen en valor en la provincia, la Vía Augusta.

Bética Romana. De La Rinconada a Peñaflor

Aunque su punto de partida está en Iulia Romula Hispalis –hoy Sevilla–, la Bética Romana recorre más de 100 kilómetros hasta desembocar en San Nicolás del Puerto. Tras hacer parada en cada uno de lo vestigios de la capital hispalense –que se desgranan en el anterior reportaje—, La Rinconada abre paso a este camino romano. Allí se ha encontrado un sinfín de restos, que desvelan la existencia de una villa. Pero fue en La Jarilla donde se hallaron numerosos fragmentos de ladrillo, sillares y teselas, que probablemente decoraron algunas de las domus de la ciudad. Salió también a la luz una necrópolis.

Al norte se erige Ilipa Magna, hoy conocida como Alcalá del Río. La ciudad disfrutó de días esplendorosos, como bien apunta su nombre romano. Su situación estratégica, a orillas del río Guadalquivir, la convirtió en el principal fortín de los romanos, tal y como atestiguan los restos de su muralla. Allí se libró la conocida batalla de Ilipa, que abrió camino al asentamiento de los romanos en la provincia. Durante la segunda Guerra Púnica entre Roma y Cártago, El Africano fue enviado hasta la península para detener el avance del cartaginés. Después de numerosas batallas, El Africano y Asdrúbal (al frente del bando cartaginés) pelearon en una última enfrenta en el entorno del Cortijo de El Vado de las Estacas. Los romanos ganaron la batalla y empezaron a asentarse en la Península. Sin embargo, a partir del siglo III, ante el mayor protagonismo portuario de Hispalis, Ilipa Magna entró en decadencia.

Otra de las grandes urbes de la Roma sevillana fue Carmo (Carmona). Sus calles así lo reflejan todavía, pues, salvo ligeras modificaciones, la ciudad todavía conserva el plano urbanístico romano. Al igual que Vevera, llegó a acuñar moneda propia, cuyo uso se extendió hasta la Edad Media. Pero son sus restos arquitectónicos el mejor regalo del Imperio Romano, después de que conquistara la villa en el 206 a. C, y que le valieron para que la Junta de Andalucía creará por decreto, en 1992, el Conjunto Arqueológico de Carmona. Los romanos se encargaron de rodear la ciudad de un recinto amurallado que la hiciera infranqueable, como señalaba Julio César en su De Bello Civili. En este recinto destaca una de las entradas de más valor estético e histórico de la provincia, la Puerta de Sevilla. Aunque data del siglo XI a. C., con la conquista de la urbe, el pueblo romano fortificó la entrada más fácil de la ciudad para convertirla en la «más fuerte de la Bética durante la antigüedad», según declaró César tras ocuparla.

Otro de los restos más importantes que pueden visitarse en Carmona es la necrópolis, situada a las afueras de la ciudad. Construida en el último siglo de la era precristiana, ésta no se descubriría hasta el siglo XIX, por iniciativa de Juan Fernández López y del arqueólogo Jorge Bonsor. La técnica más utilizada entonces era la incineración, que se realizaba en quemaderos excavados en la roca. Destaca también la presencia de mausoleos, especialmente los de carácter colectivo, que representaban la forma más habitual de enterramiento. Uno de los más llamativos es el de Servilia, que se cree debió pertenecer a una poderosa familia romana de la época de Augusto. Pero también el mausoleo del Elefante, santuario dedicado al culto de las divinidades orientales de Cibeles y Attis.

Cabe resaltar el anfiteatro construido en el último siglo de la era precristiana, que se abrió a finales de 2016 al público. Este edificio se levantó con la intención de acoger espectáculos de fieras. Así como también es destacable el Puente de la Vía Augusta, cuyos 33 metros de largo conectaban la Colonia Patricia (Córdoba) con Hispalis.

Al norte, en Tocina, también se han encontrado restos de vasijas funerarias, lucernas, sillares, así como vestigios de villas romanas y de áreas de servicios.

A pocos kilómetros, se levantó Munigua (la actual Villanueva del Río y Minas), uno de los puertos fluviales más importantes que tenía el Imperio Romano en la provincia. No por ello fue menos importante su actividad minera, que le otorgó esplendor y riqueza a esta villa también conocida como Mulva, descubierta en el año 1765 y declarada como Bien de Interés Cultural. Aunque se le conoce como Castillo de Mulva, la realidad es que se trata de un santuario, que corona el foro, las termas, las casas, la necrópolis y la basílica. Además, dentro de él, se encuentra, en la segunda terraza, el templo de Podio.

La ruta Bética Romana continua al sur, en Obúlcula (hoy Fuentes de Andalucía), que pese a ser de origen Turdetano, pronto pasó a manos de Roma. En el cerro de San Pedro se han extraído restos de cerámica campaniense, mientras que en el de Obúlcula se hallaron las ruinas de lo que pudieron ser unas termas, así como un ataúd de plomo con monedas. Reseñables son también los vestigios de numerosas villas orientadas a la explotación agrícola, como las ruinas de un molino de aceite localizado en la zona de Los Pinos; o los restos de ingeniería romana en Fuente de La Reina.

En plena Campiña, salieron a la luz varias villae rusticae dedicadas a la explotación de olivos, en lo que hoy es La Luisiana. Pero el mayor hallazgo fue el de unos baños, que sobresalen por su valor arqueológico y estético, y que siguieron en uso hasta la Guerra Civil.

La posición de La Luisiana era estratégica, pues estaba cerca de Astigi, la actual Écija, y que todavía guarda su pasado romano en el gentilicio de sus habitantes (astigitanos). Los romanos llegaron a estas tierras en torno al 208 a. C, durante las campañas en Turdetania de Escipión y Silano. Pero el esplendor de esta ciudad llegaría dos siglos después, cuando Augusto, en el año 14 a. C., la ascendió al rango de Colonia Augusta Firma Astigi. Durante su época romana, llegó a convertirse en la capital de uno de los cuatro conventos jurídicos de la Bética; además llegó a ser la principal ciudad exportadora de ánforas de aceite entre los siglos II y III d. C.

Se han encontrado numerosos restos, sobre todo escultóricos, que hoy pueden visitarse en el Museo Histórico Municipal de Écija. Una de las piezas más valiosas es la escultura de una Amazona Herida (también conocida como Sciarra), hallada apenas hace 15 años en un estanque a las espaldas de un templo romano ubicado en el casco histórico de la ciudad. La obra fue oculta intencionadamente sobre el siglo IV d. C., ya que cuando se descubrió estaba protegida por sillares de piedra, lo que explica su excelente estado de conservación. Además, la pieza mantenía la policromía original en el pelo, los ojos y el pilar de apoyo. Como apunta la catedrática de la Universidad de Sevilla Pilar León, también es destacable su «mérito artístico», ya que replica a la perfección un original griego del siglo IV a. C, atribuido a las manos de Policleto.

Igualmente de estimables son los mosaicos que hoy se aprecian en el museo astigitano, como el mosaico de Los Océanos, el Triunfo de Baco o el del Doble rapto, entre otros.

En la Vega Alta se hallaba Celti, hoy más conocida como Peñaflor, un importante puerto fluvial entre la Colonia Patricia, Astigi e Hispalis. La ciudad vivió dos etapas romanas: la republicana –entre los siglos I y II a. C.– y la imperial, entre los siglos I y II d. C, momento en el que llegó a construirse un foro. Entre los vestigios del imperio, sobresale la estructura del oppidum, que hoy está integrada en el Conjunto Arqueológico Casas Cuevas. A las afueras del recinto amurallado se hallaba la necrópolis, formada por cuevas naturales y cavadas por la mano del hombre, que siglos más tarde servirían de vivienda.

La Bética Romana pone fin en San Nicolás del Puerto, cuyo vestigio más afamado es el puente sobre el río Galindón, que en la actualidad sirve a más de uno de trampolín para zambullirse en la playa artificial del municipio.

Vía Augusta. Un paseo de Osset a Herrera

La calzada romana más extensa, con 1.500 kilómetros, da nombre a la tercera de las rutas, que parte desde Osset Iulia Constantia. El pasado romano de la actual San Juan de Aznalfarache salió a la luz durante los trabajos de construcción de la línea 1 del metro, en el año 2005.

Con la llegada al poder de Augusto, la antigua ciudad turdetana de Osset pasó a denominarse Osset Iulia Constantia, principal atalaya defensiva de Hispalis, y que se levantaba en lo que hoy es el barrio del Monumento, donde en la actualidad se aloja el Centro de Interpretación del Patrimonio Arqueológico de San Juan, en el que pueden contemplarse restos del periodo augusteo, como las piletas de fermentación y decantación de un complejo industrial o una bodega de almacenamiento. También pueden contemplarse lo que en su día fue una plaza pública (foro), en la que destaca el excelente estado de conservación de una fuente, o descubrir cómo eran las costumbres romanas. Lejos del espacio museístico pueden verse rastros de la muralla, en el entorno de la plaza de Otto Engelhardt.

Alcalá de Guadaíra también fue testigo del paso de los romanos, así lo atestiguan los yacimientos encontrados a lo que posiblemente fue una villa romana. También son reseñables los mosaicos que se encuentran en la zona próxima al Camino de Pelay Correa.

Al sur se levantaba Utrer (actual Utrera), donde el paso de los romanos dejó la receta de uno de sus dulces más afamados, el mostachón (mustaceum). En latín, su nombre hace referencia a la industria de odres y vinos, lo que marca desde antaño su carácter agrícola. Además de su nombre y la gastronomía, parte del legado romano se encuentra en el Puente de las Alcantarillas, donde en una inscripción reza que por allí pasaba la famosa Vía Augusta. También han aparecido restos de una villa romana, que se cree tenía cierta relevancia por su tamaño.

Hacia el este se cruzaba en el camino Martia (o Marchena), ciudad fundada por los romanos en el 169 a. C. durante el periodo de paz de las guerras púnicas. Los restos, descubiertos durante las obras de mejora de la infraestructura de abastecimiento de agua, apuntan que era una ciudad dedicada a la explotación agrícola.

Sigue el camino hacia Castra, o lo que hoy sería La Puebla de Cazalla. Como su nombre (en latín) indica, la ciudad nació a partir de un campamento militar. Pero destacó porque durante la época romana el núcleo urbano, conocido como Municipium Flavium Villonensi, llegó a tener lex (ley) municipal propia. Once tablas con más de 67.450 letras, que hoy puede verse en el Museo Arqueológico de Sevilla.

Al sur, en El Saucejo, se han encontrado varios yacimientos, donde se desarrollaron actividades agrícolas. En el vado del Yeso se encontró la copia más completa a la ley municipal Flavia, que estaba redactada sobre bronce; además de un texto del Senado Consulto de Neo Pisón Padre, también dispuestas en el Arqueológico de la capital hispalense. A pesar de haber numerosos restos romanos en el municipio, la gran mayoría no son visitables al estar en fincas particulares.

En plena Campiña surgía Urso, considerado el municipio español más antiguo. La actual Osuna salvaguarda su pasado romano en su gentilicio, pues sus habitantes son ursaonenses, pero también en sus calles. Máximo exponente es su teatro romano, a pesar de no ser visitable por estar ubicado en una propiedad privada. Sí pueden contemplarse la necrópolis, en la que destaca la riqueza de la decoración de los muros, o las canteras de la antigua ciudad, conocidas como el Coto de las Canteras, cuyas cuevas de 27 metros de altura impresionan al visitante, y que están consideradas como la Petra de Andalucía. El resto de hallazgos pueden disfrutarse en el Museo Arqueológico de Osuna.

Pero son los hechos políticos y militares los más destacables del paso de los romanos por Osuna. En Urso, Viriato derrotó a Quinto Máximo. Y durante la segunda guerra civil que podría punto y final a la etapa republicana, la ciudad sería el último reducto que apoyaría a Pompeyo contra César. Sin embargo, su esplendor lo alcanzó en la época imperial, etapa en la que formó la Regio Urusaria, un ejército propio de 7.000 soldados; e incluso llegó a tener moneda y leyes propias, como atestiguan los famosos Bronces de Osuna. También obtuvo los títulos de Nutrice y Civitas Inmune.

A 20 kilómetros se hallaba la cantera de piedra más importante del territorio, bautizada como Silex, Gilena ya destacaba en tiempos romanos por la que hoy es su principal actividad económica. Allí se ha encontrado más de una treintena de yacimientos arqueológicos que pertenecieron tanto a la Baja República como a la época Tardorromana, entre ellos una ciudad y unas termas que están declarados como Bien de Interés Cultural.

Muy cerca se hallaba Ostippo (hoy Estepa), ciudad cartaginesa que Lucio Marcio destruyó con su legión en el 206 a. C. Al estar ubicada en una posición estratégica, entre Hispalis y Anticaria (Antequera), la ciudad se gobernaba por sus propias leyes. En la actualidad son visitables los restos de la vieja ciudad, así como los de una antigua domus romana. Pero el paso de los romanos dejaron también una necrópolis, y una basílica pelocristiana. Aunque una parada obligatoria es la del Museo Arqueológico Padre Martín Recio, donde pueden encontrarse restos tanto del periodo púnico como de la época imperial.

En Lora de Estepa el único vestigio que se conserva es un pozo votivo, junto al puente del camino de Casariche, la antigua Ventippo. Allí se encuentra el cerro Bellido, una importante cantera de donde los romanos extraían piedra, como también atestiguan los utensilios de hierro hallados en el entorno. Pero es la Colección Museográfica del Mosaico Romano José Herrera Rodas donde el visitante puede conocer los pormenores del arte y la técnica del mosaico.

El camino sevillano de la Vía Augusta acaba en Herrera, donde además de encontrarse importantes restos arqueológicos de la época, en los que destaca el uso del lujoso mármol, despierta el interés del visitante el Museo de la Medicina Antigua, único en Andalucía, donde se pueden contemplar piezas de uso medicinal y quirúrgico romanas, así como de otras épocas.

 

26 mayo 2017 at 12:56 pm Deja un comentario

Introducción a las salas de Hispania romana del Museo Arqueológico Nacional

Fuente: Canal del Museo Arqueológico Nacional en Youtube

 

25 mayo 2017 at 7:24 pm Deja un comentario

La justicia rechaza a cinco directores extranjeros de importantes museos italianos

El Tribunal Regional del Lacio encuentra fallos en los criterios de valoración de los candidatos elegidos en destacadas pinacotecas

Imagen de la Galería de los Uffizi, en Florencia, Italia.

Fuente: MARÍA SALAS ORAÁ > Roma  |  EL PAÍS
25 de mayo de 2017

El nombramiento de siete extranjeros para dirigir 20 de los museos públicos más importantes de Italia ya despertó la polémica cuando se produjo en el verano de 2015, siguiendo un ambicioso plan del ministro de Bienes Culturales, Dario Franceschini. Casi dos años después, el problema se acrecienta y la reforma del ministro corre peligro después de que el Tribunal Regional del Lacio haya rechazado cinco de estos siete nombramientos.

La sentencia, publicada por el diario Il Sole 24 Ore, recoge que “el proceso de selección no podía admitir la participación en el concurso de ciudadanos no italianos” y añade que “si el legislador hubiera querido extender la platea de aspirantes a la posición de director incluyendo a ciudadanos no italianos, lo hubiera dicho claramente”. Además, la justicia ha encontrado otros supuestos fallos en los criterios de valoración de los candidatos elegidos y cuestiona el hecho de que las entrevistas de la prueba oral se realizaran a puerta cerrada. Todos los directores (diez hombres y diez mujeres) fueron elegidos por una comisión compuesta por profesores universitarios, historiadores del arte y dirigentes de otros museos internacionales.

El ministro ha reaccionado a través de su cuenta de Twitter, donde ha escrito un mensaje crítico con la decisión: “El mundo ha visto cambiar en dos años los museos italianos, y ahora el Tribunal del Lacio anula el nombramiento de cinco directores. No tengo palabras, y es mejor…”. Al hablar del cambio en los museos italianos, el ministro se refiere al récord de visitantes y de ingresos que batieron en 2016. Los directores comenzaron en sus cargos en diciembre de 2015 y su primer año de gestión fue el mejor año en la historia de los museos italianos, con 45,5 millones de visitas y 175 millones de euros en ingresos, unos incrementos del 4 y el 13% respectivamente, según los datos del Ministerio. Un análisis publicado por el diario La Stampa el pasado 5 de mayo, con motivo del año y medio de gestión del alemán Eike Schmidt en la Galería de los Uffici, destacaba que los museos italianos habían “sido salvados por los directores extranjeros” y que “el boom de visitantes premia la gestión de los nuevos responsables”.

El dictamen está ahora en manos del Consejo de Estado, que tendrá que decidir si anula los nombramientos o si apoya la reforma del ministro e, incluso en el caso de que fueran anulados, el Ministerio podría recurrir. No solo está en juego la dirección, sino también otros aspectos de la ley, que otorgó autonomía organizativa, científica, financiera y contable a 32 museos de Italia, entre ellos, la Galería de los Uffizi y la de la Academia (Florencia), el Parque Arqueológico de Paestum o la Galería Borghese de Roma. Los expertos ya han alertado del riesgo que tendría dar marcha atrás.

El periódico Corriere della Sera afirma en un artículo de opinión firmado por Paolo Conti que “hay una cosa que es cierta: ningún dirigente cultural extranjero se aventurará nunca más en nuestro sistema de museos. Ningún experto de arte, ningún arqueólogo con experiencia internacional, ningún historiados de arte que haya tenido responsabilidades en una gran colección norteamericana, británica o francesa perderá tiempo en presentarse a un puesto italiano. ¿Por qué poner en riesgo una carrera ya prestigiosa, trasladando a la familia y cambiando los propios intereses, para después encontrarse literalmente en medio de la nada por los jueces administrativos del Lacio? En el lado contrario se sitúa Giovanna Paolozzi, una de las candidatas autoras del recurso a los tribunales, que ha dicho al Corriere que “en Italia hay normas que tienen que ser respetadas. En vez de crear polémica sería necesario, por el contrario, preguntarse si las cosas se han hecho del modo correcto”.

 

25 mayo 2017 at 7:21 pm Deja un comentario

El Palatino revive en la reconstrucción digital del CNR

Fuente: PAOLO BOCCACCI – LAURA MARI  |  La Repubblica
23 de mayo de 2017

Un museo virtual de personajes, monumentos y jardines que a lo largo de los siglos han ido sucediéndose en la terraza de Vigna Barberini: desde la supuesta Coenatio Rotunda de Nerón hasta los viñedos adquiridos por los Barberini en el siglo XV, pasando por los espléndidos “Jardines de Adonis” de Domiciano, que borraron la memoria de Nerón. Y también el templo de Heliogábalo, después iglesia de San Sebastián en el siglo X. Es el escenario de la instalación digital que se inaugurará el 20 de junio y estará abierta para todos los visitantes del Palatino.

Realizada por el CNR con la Superintendencia Arqueológica, ha sido financiada curiosamente por los organizadores del controvertido musical “Divino Nerón”, cuya celebración ha suscitado en los últimos días las encendidas críticas de arqueólogos del calibre de Adriano La Regina, Andrea Carandini o Filippo Corarelli.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

23 mayo 2017 at 6:48 pm Deja un comentario

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