El Arco de Giano de Roma se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV

Las inscripciones repartidas por el arco, claves para conocer por qué se construyó y su cronología

Foto: EUROPA PRESS / UCO

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA

CÓRDOBA, 31 Jul.- Una investigación desarrollada por el profesor titular de Arqueología de la Universidad de Córdoba (UCO) Ángel Ventura, en colaboración con los investigadores del Instituto de Arqueología del CSIC de Mérida, Pedro Mateos y Antonio Pizzo, ha permitido desvelar que el Arco de Giano de Roma (Italia), ubicado junto a la iglesia romana de San Giorgio al Velabro, se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV.

Según informa la UCO en un comunicado, un exhaustivo análisis de la estructura arquitectónica, un examen de la epigrafía y la exploración arqueológica en el área del monumento han llevado a este equipo científico a afirmar que este arco monumental cuadrifronte (de cuatro caras) fue construido bajo la dirección del senador de Roma Memmio Vitrasio Orfito a mediados del siglo IV para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II tras vencer a Magnentio, asesino de su hermano.

Este trabajo de investigación, publicado recientemente en la revista ‘Journal of Roman Studies’, ha permitido desmentir la creencia de que el arco se situaba en una plaza para afirmar que se ubicaba entre dos calles, una que se dirigía hacia el Foro Boario y el Palatino y otra al Circo Máximo y el Foro Romano. Así, el monumento está justo en la vía triunfal por donde desfilaban los generales o emperadores de la época para celebrar sus victorias.

El estudio contiene un análisis topográfico realizado en colaboración con la Universidad de La Sapienza en Roma que ha permitido generar la planimetría completa del monumento con aplicación de las últimas novedades tecnológicas en esta materia. Gracias a ellos, se ha concluido que el monumento se construyó a base de distintos añadidos.

Según el profesor de la UCO Ángel Ventura, en los siglos III y IV a la ciudad de Roma llegaba poco mármol, lo que provocó que este arco se levantara con material de expolio de otros edificios que estaban en ruinas. Así, en esta edificación se han encontrado piezas procedentes por ejemplo del templo de Venus y Roma, muy cercano al Coliseo Romano y que sufrió un incendió a finales del siglo III.

La clave para conocer el motivo por el que se construyó el arco y aquilatar la cronología del mismo ha sido el estudio de las inscripciones repartidas por el arco, destacando la dedicatoria con que cuenta el ático del monumento.

En esta última, ha señalado Ventura, especialista en la materia, se hace referencia a Constancio II indicando que “visitó solo una vez Roma, en la primavera del 357 y fue entonces cuando se celebró su triunfo por haber vencido a los enemigos del Estado, igualando así las proezas de su padre Constatino el Grande”.

Esta investigación tiene una trascendencia añadida, puesto que ha contribuido a que se emprenda, por parte de las autoridades culturales de Roma, la restauración del arco. Según Ventura, el estudio publicado en ‘Journal Roman Studies’ está aportando mucha información para estos trabajos que permitirán sacar al monumento de la situación de decadencia en la que encontraba hasta el momento.

 

31 julio 2017 at 1:54 pm Deja un comentario

La ciudad perdida de Caraca resurge del olvido en Driebes

Una excavación arqueológica saca a la luz estructuras de esta urbe romana, nudo importante de comunicaciones en la vía de Complutum a Segóbriga camino a Cartago Nova

Trabajos arqueológicos en el Cerro de la Virgen de la Muela – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Fuente: MÓNICA ARRIZABALAGA  |  ABC
31 de julio de 2017

Desde el cerro de la Virgen de la Muela no se divisa ni un pueblo, ni una casa aislada, nada. Driebes, la localidad más cercana, se encuentra a unos seis kilómetros de carretil de piedras, polvo y matojos. En este paraje olvidado de Guadalajara hoy solo quedan en pie las ruinas de la antigua ermita que da nombre al lugar, en medio de un extenso campo de cereal recién cosechado. En otro tiempo, sin embargo, aquí se levantaba la ciudad de Caraca, una importante urbe de la Hispania romana a la que acudían las gentes del entorno para ir al mercado, al foro o al templo. La empinada cuesta que baja hasta el Tajo era entonces un transitado tramo de la calzada romana que conducía a Cartago Nova (Cartagena).

«Donde ahora pisamos debía de estar el foro», indica el arqueólogo Emilio Gamo, mientras muestra el plano con los resultados del georradar y drones que sirvieron en febrero para anunciar el descubrimiento de esta ciudad perdida que citaron Plutarco o Ptolomeo, equidistante de Complutum (Alcalá de Henares) y Segóbriga (Saelices, Cuenca), según el Anónimo de Rávena.

Detalle de un mapa de Claudio Ptolomeo conservado en el IGN, con Caraca en el centro de la imagen – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Se la había situado anteriormente en lugares como Almoguera o Tarancón, pero el hallazgo en 1945 de un tesorillo de plata de unos 14 kilos durante la construcción del canal de Estremera hizo sospechar de la existencia de un yacimiento en Driebes. Los profesores Jorge Sánchez-Lafuente y Juan Manuel Abascal defendieron en los años 80 que se trataba de la ciudad romana de Caraca, pero hasta ahora nunca se había excavado en este lugar.

El georradar reveló que ante la ermita se extendía antiguamente un espacio diáfano, rodeado por una columnata a modo de pórtico. De ratificarse la existencia allí de un foro, como estos datos sugieren, se habrá dado con la primera ciudad romana de la que se tiene constancia en la provincia de Guadalajara.

Las excavaciones que se están llevando a cabo desde el 17 de julio vienen a confirmar el diagnóstico al que llegaron los arqueólogos. «Empezamos a constatar estructuras y una serie de materiales que ratifican los resultados que dio el georradar en la campaña precedente», subraya Javier Fernández Ortea, coodirector del proyecto junto con Gamo.

En las dos catas abiertas, ya se aprecian con claridad algunos muros de antiguas edificaciones públicas romanas, aunque aún es pronto para poder identificarlas como parte del foro y para datar la época en que éste fue erigido, un dato clave para saber cuándo esta población fue promocionada jurídicamente como ciudad romana.

Hay una tercera cata señalada, en el cruce del cardo y el decumano, las dos coordenadas que vertebraban toda urbe romana. Allí el georradar indica que podría conservarse un empedrado con un sistema de alcantarillado. Si es así, servirá para verificar hasta qué nivel de desarrollo llegó Caraca.

Ruinas de la ermita de la Virgen de la Muela – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Con estas primeras intervenciones quirúrgicas, el equipo interdisciplinar que dirigen Gamo Pazos y Fernández Ortea pretende registrar la estratigrafía de la ciudad y conocer así la evolución histórica de este lugar que se cree que estuvo habitado desde comienzos del primer milenio antes de Cristo y fue un «oppidum», un asentamiento carpetano antes de la romanización.

Una ciudad de 1.800 habitantes

La ciudad, de unas 8 hectáreas en el perímetro que creen que pudo estar amurallado y otras cuatro de zona anexa, se abastecía de agua a través de un acueducto de tres kilómetros del que quedan unos 130 metros, según han podido comprobar los arqueólogos en las proximidades del cerro de la Virgen de la Muela. Calculan que llevaba 1,3 litros por segundo, lo que les lleva a pensar en una población de entre 1.500 y 1.800 habitantes.

Bajo el sol de justicia que cae sobre el yacimiento, Javier Fernández comenta que en época romana el clima era más húmedo y había más vegetación. «Posiblemente era un lugar más habitable y había más densidad de población en esta zona hace 2.000 años que ahora», dice.

Sillares en una ladera del cerro, con el Tajo al fondo – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

La ciudad contó con templos, que estarían ubicados bajo la actual ermita derruida, con posibles termas y con un macellum (mercado) donde acudían los campesinos y artesanos de los alrededores para comprar y vender. «Debió de ser una ciudad como Valeria o Ercávica», apunta Gamo haciendo referencia a dos yacimientos romanos de Cuenca.

El arqueólogo de la UNED explica que por su posición estratégica sobre la vera del Tajo y la presencia de atochas en la zona, creen que se dedicaba a la explotación del esparto, tan apreciado en la época por su uso para confeccionar cabos para la navegación o la minería, o para usos cotidianos (calzado, cestas…).

Caraca se destacó también por la exportación del lapis specularis o espejuelo, un yeso traslúcido y brillante que los romanos utilizaron en sus ventanas antes del vidrio. «Quizá el declive del uso del lapis specularis tuvo relación con el abandono de Caraca en el siglo II d.C.», sugiere el arqueólogo Saúl Martín.

Un CSI arqueológico

Los peones que ayudan en la excavación acaban de encontrar un fragmento de interés y requieren el examen de Gamo, que explica: «Esto es como en CSI, investigamos cada pieza, cada detalle, solo que no es una escena de un crimen».

Peones y arqueólogos trabajan en una de las catas abiertas – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

Excavar en un yacimiento virgen como el de Caraca permite estudiarlo desde cero, documentando de forma exhaustiva cada hallazgo, con el apoyo de modernos métodos como el sistema de información geográfica del Instituto Geográfico Nacional o los sistemas de información geocientífica del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). El equipo multidisciplinar cuenta con la ayuda de especialistas en inscripciones latinas, expertos en gestión del patrimonio y especialistas del IGME, así como con la financiación de la Junta de Castilla-La Mancha, el Ayuntamiento de Driebes, la Asociación de Mujeres de Brea de Tajoy y la Asociación de Amigos del Museo de Guadalajara.

Los arqueólogos confían que Caraca arroje luz sobre un periodo histórico aún en parte desconocido. Es «otra tesela más en ese mosaico tan complejo de la romanización en el interior peninsular», subraya Fernández Ortea.

Hasta el 17 de agosto removerán la tierra en busca de cuanta información logren obtener, pero parte de Caraca siempre ha estado ahí, a la vista de cualquiera. En la construcción de la ermita de la Virgen de la Muela en el siglo XVI se reutilizaron fustes de columna que aún permanecen encajados en las paredes, uno incluso numerado con un cinco romano.

Fuste de columna que se reutilizó en la construcción de la ermita – RODRIGO MUÑOZ BELTRÁN

En las laderas del cerro, es fácil ver grandes piedras que formaron parte de edificios públicos de relevancia. Los agricultores las fueron arrojando a un lado cada vez que daban con alguna que les impedía arar el campo. No es ésa una buena tierra para cultivar. Allí donde antes se empedró una calle o se levantó una vivienda no crece igual el cereal.

El cerro de la Virgen de la Muela donde el pastor Mariano Vadillo jugaba solo en su niñez con aquellas piedras y trozos cerámicos de los que desconocía su origen, acapara ahora el interés de lugareños y curiosos, tanto que la Guardia Civil patrulla a menudo por los alrededores, no sea que una porción de la Hispania romana acabe olvidado en la vitrina de algún desaprensivo sin revelar sus secretos.

Fíbula de Driebes – CAROLINA MÍNGUEZ

El tesoro escondido a finales del s. III a.C.

Durante la construcción del canal de Estremera en 1945 se descubrió en un talud del cerro de la Virgen de la Muela un tesorillo de plata de más de 13 kilos en forma de tortas, lingotes y fragmentos de adornos (torques, brazaletes, varillas, sortijas y fíbulas) que actualmente se expone en el Museo Arqueológico Nacional. Son piezas de cultura carpetana, datadas entre los siglos IV y III antes de Cristo o principios del II a.C. «El peso de las tortas, entre 448 y 455 gramos y sus particiones indican que utilizaban un sistema metrológio estandarizado, similar al de Cancho Roano», se indica en la vitrina que contiene las piezas halladas en Driebes. Los fragmentos completarían el valor de su peso en una transacción comercial. Las monedas constituyen solo una pequeña parte del tesoro y en su mayoría están partidas, pues se usaron como pequeños lingotes. Algunas proceden de Cartago y por su datación se ha podido fechar cuándo se ocultó el tesoro, ya que las más modernas fueron acuñadas a finales del siglo III a.C.

La pieza más relevante del tesoro es una fíbula que debió de ser emblema de un personaje de la aristocracia. Muestra un personaje con casco y torques en el pie y una escena simétrica de un felino que devora una cabeza humana en el puente. Ésta representaría a un jefe guerrero que al ser comido por el león se convierte en héroe. Cuando se descubrió, el arqueólogo Julián San Valero Aparisi la llamó «Fíbula de Hércules», creyendo que la imagen del puente representaba al héroe griego vestido con la piel del león de Nemea.

 

31 julio 2017 at 10:47 am Deja un comentario

Las complejas redes de abastecimiento y saneamiento en Lucus Augusti

La captación de agua se efectuaba en O Castiñeiro y en A Piringalla y las dos redes se unían en la Rúa das Fontes

PRADERO

Fuente: ENRIQUE ALCORTA > Lugo  |  La Voz de Galicia
31 de julio de 2017

La elección del emplazamiento de una ciudad romana creada ex novo no se deja al azar, sino que sigue una serie de directrices arquitectónicas y geográficas.  El tratadista Marco Vitrubio Polión, arquitecto romano del siglo I a. C., resume en su obra De architectura las cualidades óptimas que debe tener un emplazamiento para proceder a una fundación urbana: terreno elevado y abierto, despejado de nieblas, con orientación adecuada a ser posible templada, evitando la proximidad de terrenos pantanosos, no muy cerca del mar, en la vecindad de zonas agrícolas y de pasto, etcétera. Por lo demás, haciendo buena la importancia que para una ciudad, una aglomeración humana de cierta entidad, tiene el abastecimiento, salubridad y captación de agua, a ella le dedica todo un capítulo de su obra, el VIII, insistiendo en el concepto del aqua viva, el agua que se mueve y regenera, frente a las aguas estancadas / retenidas consideradas como insalubres.

En este sentido, los romanos entendían claramente que no hay ciudad, que no hay vida urbana sin agua, y además sana y de calidad, y, por tanto, si era necesario, la captaban y localizaban a larga distancia y la transportaban desde aquel lejano punto, a veces a muchos kilómetros, mediante redes hidráulicas más o menos complejas compuestas, en su caso, por canales, acueductos, perforaciones, pozos de aireación, compuertas, sifones, etcétera.

Básicamente, una red hidráulica comprenden cuatro sistemas: captación, transporte, distribución y evacuación. Empezando por el primero, resulta fácil pensar que el abastecimiento de agua de Lucus Augusti estaba garantizado por el Miño. Pero este se encuentra a una cota muy baja con respecto a la ciudad, erigida sobre una colina, y su aprovechamiento hubiera exigido grandes obras hidráulicas. Por eso, se optó finalmente por la captación de manantiales en la zona de O Castiñeiro y A Piringalla. Conocemos bastante bien la primera, a partir de un gran pozo de captación, y que probablemente sería aprovechado y remodelado por el obispo Izquierdo en el siglo XVIII para su traída de aguas a la ciudad, unido mediante canales internos a otros, de los que aún se conservan restos, en los que el agua se acumularía y decantaría ya desde un primer momento.

Ambos ramales de captación, con un volumen aceptable de abastecimiento de agua limpia, se unirían al final de la actual Rúa das Fontes, a la altura del remate de Camiño Real e inicio de la calle Mar Cantábrico. En este punto, los canales de traída verterían el agua a un acueducto que se prolongaría por las calles Milagrosa y pintor Luis Seoane, conocida antiguamente por la calle de la Cañería y en donde se conservan dos fuentes públicas desactivadas, hasta alcanzar la ciudad, en un principio sin la cortapisa de la muralla y, alzada esta, por la Porta do Boquete.

Trazado

Ya dentro del recinto urbano, avanzaría por la plaza de San Marcos, en donde todavía, en una ventana arqueológica, se conservan las cimentaciones del acueducto, hasta alcanzar finalmente la parte más alta del recinto urbano que corresponde con la confluencia de la Praza de Santo Domingo con la calle Progreso, en donde se dispuso el llamado castellum aquae, el depósito distribuidor de la ciudad con diversas salidas en su fondo que permitirían la repartición y el control del agua, del que también se hallaron algunos restos. La elección de un punto alto dominado la ciudad resultaba imprescindible ya que el agua, a falta de medios mecánicos modernos, se distribuiría por gravedad, por su propio peso, necesitándose para ello mínimas pendientes.

Llegados a este punto sería necesario un doble sistema hidráulico, el de abastecimiento de agua limpia y el de retirada de aguas sucias y pluviales. El primero se realizaría por canales y fistulae (cañería o tubos) de barro o plomo, de los que aún se conservan algunos ejemplos. Este sistema estaría completado, en su caso, por el agua obtenida de pozos.

 

31 julio 2017 at 10:43 am Deja un comentario

Ir a Juicio, la gran pasión de los atenienses

En el siglo V a.C., cualquier ciudadano de Atenas podía asistir a un juicio en calidad tanto de juez como de espectador

La Hetera Friné. La Hetera Friné es mostrada a los jueces de Atenas, que ante su belleza, propia de Afrodita, la absuelven de la acusación de impiedad. Óleo por J.-L. Gérôme. 1881. Museo de Arte, Hamburgo. FOTO: BRIDGEMAN

Fuente: ANTONIO PENADÉS. Historiador y escritor  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
30 de julio de 2017

En la Atenas clásica, los juicios tenían mucho de espectáculo público, como hoy sucede con los procesos célebres que captan la atención de las televisiones y la prensa durante semanas. Aristófanes da una ácida visión del asunto en Las avispas, obra estrenada en el año 422 a.C., en la que presenta a Atenas como un nido de pleitos, una ciudad infestada de acusadores, jurados y escritores profesionales de discursos. De hecho, el principal motivo de la crisis del teatro en el siglo IV a.C. fue que los juicios se convirtieron en un espectáculo público mucho más atractivo que la mera ficción.

La crisis del teatro en el siglo IV a.C. fue debida a que los juicios se convirtieron en un espectáculo público mucho más atractivo que la mera ficción

Los juicios en la Atenas clásica se planteaban al modo de un duelo personal. No existían fiscales ni abogados tal y como los entendemos hoy, y el juicio se desarrollaba como una lucha entre dos individuos, un combate dialéctico cara a cara; si se deseaba demandar a varias personas por un mismo caso era necesario formular una acción contra cada una de ellas. Por otra parte, el procedimiento variaba según se tratara de asuntos criminales o civiles.

Quién juzga a quién

Los casos criminales eran competencia de un antiguo tribunal aristocrático, el Areópago, y se desarrollaban según ritos y costumbres muy arcaicos. El juicio comenzaba con una ceremonia dramática en la que los parientes del muerto colocaban una lanza sobre un montículo, lo que representaba una declaración de guerra. Luego seguía la excomunión, que era una proclama que excluía al acusado del ágora y de los lugares sagrados hasta el día de la vista. Tras las tres sesiones de que constaba la instrucción llegaba el juicio, siempre al aire libre para evitar que la mancha del acusado se propagara a los jueces y al acusador. Al comenzar se inmolaba un carnero, un cerdo y un toro, y tras el sacrificio las dos partes se ponían en pie sobre sendos bloques de roca y exponían en dos ocasiones sus argumentos antes de que los jueces votaran la sentencia.

Los asuntos que no concernían a la jurisdicción penal los juzgaba el pueblo. El aumento de los contenciosos de tipo comercial y el desarrollo del Imperio ateniense provocó el nacimiento de la figura de los diaithetes, un tribunal de arbitraje formado por atenienses de más de sesenta años (edad en la que terminaban sus obligaciones militares), que ejercían de árbitros públicos durante un año. Este procedimiento era rápido y barato –las partes debían abonar tan sólo un dracma–, aunque si uno de los litigantes no quedaba conforme con la decisión podía apelar ante un tribunal popular.

Estos tribunales populares funcionaban unos trescientos días al año, y descansaban sólo los días de Asamblea y los festivos. Para garantizar la asistencia de los jurados, habitualmente unos doscientos, había ciudades que imponían multas a los absentistas; en la democrática Atenas, en cambio, se prefería indemnizar a los asistentes con el dinero que se recaudaba en concepto de gastos judiciales y multas. La paga era de dos óbolos diarios –un trióbolo a partir de 425a.C.–, equivalente al salario de media jornada de trabajo, una cuantía que no solía atraer a los ricos ni a las gentes del campo, para quienes no era rentable desatender sus granjas. La mayoría de los jurados pertenecían, por tanto, a las clases medias y bajas de la ciudad y del puerto. Muchos encontraban una magnífica distracción charlando y discutiendo con otros jurados los casos que se juzgaban y, cómo no,alimentando su vanidad al participar en decisiones que podían arruinar o salvar vidas.

Estos tribunales populares funcionaban unos trescientos días al año y la mayoría del jurados pertenecía a las clases medias y bajas

La demanda debía presentarse por escrito ante el magistrado que presidía el tribunal, quien, si la aceptaba, ordenaba a las partes el inmediato depósito de gastos y fijaba un día para la instrucción. Esta fase procesal comenzaba con un juramento y con la presentación de las pruebas: contratos y otros documentos, testimonios, prendas, etcétera. Todo ello se guardaba junto con el expediente en una caja sellada hasta la celebración de la audiencia pública.

Un espectáculo popular

El día de la audiencia, los jurados entraban en el tribunal muy temprano, poco después del alba, y se acomodaban en banquetas de madera recubiertas de esteras de juncos. El presidente se sentaba en una tribuna de piedra y junto a él se disponían un escribano, un heraldo y varios arqueros escitas encargados de la seguridad. Las partes se situaban en los dos extremos de la tribuna. Los juicios se celebraban casi siempre al aire libre, por lo que se congregaba un gran número de curiosos cuando se trataba de un asunto de interés público o de un tema morboso.

A la hora señalada, el presidente ordenaba cerrar la puerta del vallado y se entregaba una ficha a los jurados para que al final la canjearan por la paga. Al igual que las sesiones de la Asamblea, se comenzaba con el sacrificio de un animal y una oración; acto seguido, el heraldo procedía a la lectura de las causas que se iban a enjuiciar en la sesión. El escriba leía la demanda y la declaración del acusado, y entonces se concedía la palabra por turno a acusado y defensor, que tenían que hablar por sí mismos. Los incapaces, las mujeres, los menores, los esclavos y los metecos (los extranjeros) eran representados por su tutor legal, su dueño o su patrono.

Las partes solían recibir la ayuda de los logógrafos, profesionales de la escritura que preparaban discursos para sus clientes. Al no existir los abogados, si una persona era objeto de una demanda tenía que defenderse por sí sola o encargar a un logógrafo uno de esos sugestivos textos y memorizarlo. Los logógrafos solían quedar siempre en la sombra, ya que escribían sus alegatos en primera persona para que diera la impresión de que el cliente hablaba por sí mismo. Sus servicios aunaban las funciones de escritor, de profesor de oratoria y también de abogado, puesto que debían diseñar la mejor estrategia procesal. Lisias (459-380 a.C.) fue tal vez el logógrafo cuyos textos alcanzaron mayor altura literaria. Era, sin embargo, un oficio poco reconocido social y económicamente, y de hecho Isócrates y Demóstenes lo abandonaron en cuanto pudieron para ejercer como director de escuela y como político, respectivamente.

Los incapaces, las mujeres, los menores, los esclavos y los extranjeros eran representados por su tutor legal, su dueño o su patrono

Los litigantes también podían pedir permiso al tribunal para que les reemplazara otra persona con mayor facilidad de palabra, petición que solía aceptarse con la única condición de que esta especie de abogado (sinegora o síndico) no recibiera emolumentos. En ocasiones la ayuda se limitaba a una perorata enérgica que complementaba la explicación dada antes por el interesado.

Cárcel, destierro, muerte

El demandante tenía derecho de réplica y el demandado de contrarréplica, por lo que se hacía necesario medir la duración de los discursos con una clepsidra (un reloj de agua). Cada parte disponía de 20 a 48 minutos para la primera intervención y de 8 a 12 minutos para el discurso de rectificación,según la suma de dinero en juego. La sentencia debía ser pronunciada en el mismo día y sólo una «señal de Zeus» –una tempestad o un terremoto– podía obligar al presidente a levantar antes la sesión.

Terminados los debates, con frecuencia acompañados de gritos de desaprobación o gestos de apoyo, se procedía sin más a la votación en dos ánforas colocadas sobre una mesa. Durante el siglo V a.C., cada jurado se acercaba por orden e introducía una pequeña concha o un guijarro, según fuera favorable a una parte o a la otra; a partir de 390 a.C. depositaban una ficha de bronce entera o una horadada, según el caso. Luego, el heraldo proclamaba los resultados del escrutinio y el presidente pronunciaba la sentencia, que se establecía por mayoría simple. Las penas pecuniarias eran la multa o la confiscación, mientras que las penas aflictivas podían ser la muerte, el destierro, la atimia (privación de derechos cívicos) y el encarcelamiento.

El Partenón en la Acrópolis de Atenas. Delante de la roca sagrada se eleva una pequeña colina, el Areópago, donde tenían lugar los juicios por asuntos criminales. FOTO GTRES

 

El juicio a una Hetera. El orador ateniense Demóstenes fue testigo entre 343 y 340 a.C. del juicio de Neera, una prostituta de Corinto juzgada no por ejercer este oficio, sino por ser extranjera. se la acusó de casarse con un ateniense, estéfano, y hacer que éste adoptara a sus hijos, con lo que consiguió plenos derechos para todos ellos como ciudadanos de Atenas. Y esta acción resultaba intolerable para un ateniense.Mujer acicalándose ante un espejo. Detalle de un vaso nupcial procedente de Líparo. 340 a.C.  FOTO: AKG / ALBUM

 

Demóstenes. Demóstenes dejo de escribir alegatos para juicios ya que era un oficio poco reconocido. Demóstenes. Busto en mármol del siglo II a.C. Museo Nacional Romano. Roma. FOTO: DEA /ALBUM

 

Calumniadores profesionales. Los sicofantas eran personas a sueldo que se dedicaban a calumniar a otras. actuaban a dictado de quienes, guiados por enemistad personal o por rivalidad política, querían apartar a alguien de la vida pública. su trabajo consistía en comprar testigos, falsificar documentos y distorsionar la realidad. Ostracón con el que se votó el destierro de Temistócles. Siglo V a. C. FOTO: AKG / ALBUM

 

Los instrumentos de la justicia en Atenas – Clepsidra. Era un reloj de agua con el que se cronometraba el proceso. Se llenaba de agua hasta el borde y el líquido caía por un tubo de bronce situado en la base hasta un recipiente colocado debajo. Un esclavo público era el responsable de su funcionamiento.  FOTO: ART ARCHIVE

 

Los instrumentos de la justicia en Atenas – Cleroterion. Este bloque de piedra con incisiones en hileras servía para elegir a los miembros de un tribunal. Ciudadanos de cada tribu introducían una ficha (pinakia) en cada agujero. Los dados negros y blancos que se extraían de un embudo decidían la fila agraciada.  FOTO: ART ARCHIVE

 

Los instrumentos de la justicia en Atenas – ficha de voto. Los dikastas, o jurados, recibían dos fichas de voto, una a favor de la defensa y otra a favor de la acusación. La ficha era de bronce, atravesada en el centro por un tubo hueco. Se depositaba el voto válido en una jarra, y el voto no válido en otro recipiente. FOTO: AKG / ALBUM

 

30 julio 2017 at 2:36 pm Deja un comentario

Se refuerza la hipótesis de que la ciudad romana de Pollentia se asienta sobre un campamento militar

Las excavaciones realizadas en la ciudad romana de Pollentia, en Alcúdia, refuerzan la hipótesis de que la urbe se asienta sobre un anterior campamento militar, razón por la cual el equipo de excavación, dirigido por Miquel Àngel Cau, de la Universidad de Barcelona, y Esther Chávez, de la Universidad de la Laguna, continuará trabajando durante los próximos años.

Detalle de la excavación abierta en Pollentia (CONSELL DE MALLORCA)

Fuente: EURPA PRESS  |  20minutos.es
29 de julo de 2017

Según ha explicado el Consell de Mallorca, esta excavación podría dar respuesta a una “problemática histórica”, puesto que las fuentes escritas marcan como fecha fundacional de Pollentia el año 123 a.C., mientras que los restos arqueológicos datan, como máximo, del 70 a.C.

Así pues, el equipo trabaja con la hipótesis de que en el primer momento de conquista militar los romanos habrían fundado un campamento que, una generación después, se habría transformado en la ciudad romana que se conoce.

A raíz de la última campaña, concluida este viernes, y del trabajo de los últimos dos años de prospección geofísica, esta teoría histórica podría tener confirmación arqueológica, ya que se ha encontrado lo que podrían ser los restos del foso de un campamento militar previo a la ciudad romana. Para confirmarlo, se ha abierto una nueva excavación.

Desde julio, unas 120 personas han trabajado en la campaña de verano de excavaciones de la ciudad romana de Pollentia, que aunque finalizó este viernes, continuará con un grupo reducido de personas.

 

30 julio 2017 at 9:50 am Deja un comentario

Berruguete ante el hechizo del Laocoonte

El Museo Nacional de Escultura rastrea las fuentes clásicas que inspiraron al artista castellano y su reinterpretación de los motivos paganos para los encargos religiosos que realizó

Reproducción del Laocoonte y «Sacrificio de Isaac» – Fotos: F. HERAS

Fuente: C. MONJE  |  ABC
29 de julio de 2017

Doce años en la Italia de Miguel Ángel, Rafael, Leonardo da Vinci y Bramante, en el ambiente artístico del Renacimiento que miraba hacia la Antigüedad, necesariamente tenían que dejar huella en Alonso Berruguete. El artista, aún adolescente, viajó a Roma a comienzos del siglo XVI como parte de un séquito eclesiástico, pasó por Florencia y cuando regresó, en 1518, tenía ya treinta años. La escultura clásica que le había impactado en esa época de aprendizaje poco tenía que ver con los encargos de obra religiosa de los que iba a vivir. Pero el de Paredes de Nava no haría borrón y cuenta nueva, sino que trasladó a sus retablos, esculturas y pinturas los referentes paganos asimilados y reinterpretados.

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid conserva la colección más importante del mundo de obras del autor y ahora le dedica la exposición «Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana», instalada en el Palacio de Villena hasta el 5 de noviembre. Las fuentes artísticas que le inspiraron sirven de hilo argumental a una muestra que también ilustra sobre el proceso creativo, explica el comisario y subdirector del centro, Manuel Arias.

Berruguete estaba ya en Valladolid en 1523, cuando asume el encargo del retablo de la Mejorada, en Olmedo. Carlos I le nombra escribano del Crimen de la Real Chancillería, una especie de funcionario de Justicia, lo que le obliga a fijar su residencia en la ciudad castellana.

Aquí trabaja entonces Juan de Juni, pero será el palentino quien se convierta en el artista más relevante para sus coetáneos. La obra de ambos son radicalmente diferentes: Berruguete se desmarca del tipo de escultura «hecha para rezar», precisa Manuel Arias. Su trabajo obedece a razones más artísticas que devotas, aunque los motivos fuesen siempre religiosos. «A partir de él todo cambia». Con él la estatuaria clásica y los adornos profanos se cuelan en los retablos y en la escultura policromada.

Venera y Calvario que coronaban el retablo de San Benito

La exposición desvela a las claras la influencia clásica de Berruguete. Sus obras se enfrentan a otras de la Antigüedad en un relato de similitudes probadas con obras procedentes de los museos del Prado, Arqueológico Nacional, Catedralicio del Burgo de Osma y Diocesano de Palencia, la galería Uffizi de Florencia, las bibliotecas Nacional e Histórica de Santa Cruz, o Chancillería, entre otros fondos.

Un «Ecce Homo» del autor castellano muestra su semejanza con un anónimo romano del Museo del Prado que representa a un joven dios Pan de la mitología griega tocando una flauta; los bustos de San Pedro y San Pablo de la iglesia vallisoletana de Santiago dejan ver su similitud con un retrato masculino también romano. Pero es el Laocoonte, presente en el título de la muestra, la obra de forma más rotunda prueba la influencia de la Antigüedad en Berruguete.

Cuando el todavía aprendiz de artista llegó a Italia, acababa de ser descubierto el grupo escultórico en una villa romana. El hallazgo fortuito de 1506 revolucionó la ciudad. «Se dice que toda Roma pasó a verla», recuerda Arias. Y entre sus más fervientes admiradores estuvo el autor castellano: «se puede decir que Berruguete fue un artista fulminado por el Laocoonte, quizás el escultor del siglo XVI que más manifiesta a lo largo de toda su extensa carrera el efecto sobrecogedor de esta obra maestra helenísica», asegura el historiador del arte Vicenzo Farinella en el catálogo de la exposición.

La reproducción del Laocoonte y sus hijos del siglo XIX, depositada en Museo Nacional de Escultura, preside el espacio central de la exposición. A su lado, la reinterpretación de Berruguete de las mismas figuras en su escultura del sacrificio de Isaac para el retablo de la iglesia vallisoletana de San Benito, y la Natividad realizada para el de la iglesia de Santiago, también de Valladolid. El San José de este último constituye casi una réplica del gesto y la tensión del Laocoonte, lejos de la representación serena habitual del personaje.

Musa pensativa romana, junto a a las sibilas de Berruguete

La pareja de sibilas del retablo de San Benito remiten a una «musa pensativa» romana o a una figura femenina griega que las acompañan. «Siempre se ha hablado de la modernidad de las sibilas de Berruguete, y realmente son modernas, pero ¿de dónde vienen?: de la Antigüedad», señala el comisario de la exposición.

Los parecidos continúa en numerosos elementos ornamentales. En los espacios secundarios de los retablos Berruguete se explaya en los motivos clásicos. Las obras concebidas para lugares de culto se llenan así de elementos paganos, cupidos, máscaras, cabezas de carnero o motivos vegetales.

El proceso creativo que también sirve de argumento a la exposición puede intuirse a partir del dibujo preparatorio que el autor esbozó en el papel de una carta, conservada en la Real Chancillería, en la que se quejaba del trato recibido de los monjes de San Benito. El bosquejo de la escena de la circuncisión de Jesús tomará cuerpo en una pintura realizada para el retablo del Colegio Mayor Fonseca de Salamanca y en una escultura para el de San Benito, a los que complementa otro dibujo ya finalizado que se conserva en la galería Uffizi.

«Circuncisión», dibujo de la galería de los Ufizzi

La sucesión de obras confirma a Berruguete como ejemplo español de hombre del Renacimiento que trabajó todas las disciplinas artísticas. Indirectamente, también la arquitectura. Este aspecto queda patente en otra de las piezas destacadas de la muestra, la gran venera que coronaba el retablo de San Benito, reconstruida y exhibida por primera vez desde que se desmontase en el siglo XIX con la Desamortización y coronada por un gran calvario. La pieza, que formaba parte del gran conjunto de once metros de altura y en el que se aplicaron soluciones arquitectónicas, está inspirada en la Domus Aurea.

La exposición culmina con una tabla inacabada para ese retablo, una representación de San Marcos Evangelista, pintura «musaica», entonces de moda, que imitaba las teselas de los mosaicos romanos. Pero el recorrido invita a pasar del Palacio de Villena al Colegio de San Gregorio, donde se exhiben habitualmente otras partes de los retablos de San Benito y la Mejorada.

Alonso Berruguete no fue el único artista español de su tiempo en beber directamente de las fuentes clásicas, como demuestran las obras expuestas de Machuca, Siloe o Bartolomé Ordóñez, que también viajaron a Italia, pero sí el que mantuvo de forma más prolongada y fructífera esa influencia.

«Su singularidad no estuvo en beber de las fuentes de la arqueología romana y producir un remedo sin mayores perspectivas. Su catálogo no es el de una colección de réplicas miméticas, sino que muy consciente de lo que estaba sucediendo en un entorno en el que participaba activamente, fue capaz de digerir el alimento para trasladar al suelo hispano lo que se estaba llevando a cabo en Italia, con citas pero contra la norma», sostiene Manuel Arias en la publicación editada con motivo de la muestra.

Paredes de Nava se suma al homenaje

La cita con la obra de Berruguete va más allá de la muestra del Museo Nacional de Escultura y llega a la localidad natal del artista. Hasta el 21 de septiembre en la iglesia-museo de Santa Eulalia permanecerá abierta «Alonso Berruguete en Paredes de Nava. A propósito de una exposición», que recuerda la tradición artística familiar iniciada por el pintor Pedro Berruguete, padre de Alonso y autor de los conocidos retratos de reyes incluidos en el retablo del propio templo. Además de obras procedentes del Museo Nacional de Escultura, se exhiben otras del Museo Diocesano de Palencia y de distintas iglesias.

 

29 julio 2017 at 9:41 pm Deja un comentario

Excavan una tumba monumental en Pompeya

La inscripción presente en la tumba de mármol no incluye el nombre del difunto, pero en cambio corrobora ciertos eventos de la historia pompeyana y aporta datos nuevos

Tumba monumental. Excavación de una tumba monumental de mármol cerca de Porta Stabia, en Pompeya. Foto: PARCO ARCHEOLOGICO DI POMPEI

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
28 de julio de 2017

Una tumba monumental de mármol, de un influyente personaje pompeyano, ha sido excavada cerca de Porta Stabia, uno de los accesos a la antigua ciudad de Pompeya, según informó el miércoles el Parque Arqueológico de Pompeya. La tumba monumental, construida poco antes de la violenta erupción del Vesubio en el año 79 d.C., conserva una inscripción funeraria de más de cuatro metros de largo y siete líneas, la más extensa que se ha descubierto hasta ahora en Pompeya. El epígrafe no incluye el nombre del difunto, pero sí sus res gestae o empresas realizadas en vida: adquisición de la toga viril (el paso de la infancia a la adolescencia), casamiento, banquetes públicos, donaciones de dinero, organización de combates de gladiadores y con bestias feroces.

El epígrafe corrobora ciertos eventos de la historia pompeyana, por ejemplo un episodio famoso narrado por Tácito, que ocurrió en Pompeya en el 59 d.C., “cuando durante un combate de gladiadores en el anfiteatro se desencadenó una pelea que degeneró en una lucha armada“, según explica Massimo Osanna, el director general de Parque Arqueológico de Pompeya. La trifulca llegó a oídos del emperador Nerón y, tras las pertinentes indagaciones por parte de las autoridades, a los pompeyanos se les prohibió organizar juegos de gladiadores durante diez años. La tipología del sepulcro y el contenido del epígrafe respaldan la hipótesis según la cual el monumento lo completaba un famoso bajorrelieve marmóreo (con escenas de procesiones, combates de gladiadores y venationes) que se conserva actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

Por otro lado, Osanna sostiene que el difunto podría estar relacionado con la familia de M. Alleius Minius, cuya tumba, semicircular y más antigua, está ubicada en el mismo lado que la tumba monumental recientemente descubierta. “Cn. Alleius Nigidius Maius, uno de los personajes más destacados de la época neroniana-flavia, perteneció a la familia de los Alleii”, afirma Osanna. La tumba pudo ser construida para este Nigidius, “el más conocido de los empresarios de espectáculos de gladiadores de la ciudad“.

Personaje influyente. La impresionante tumba perteneció a un influyente personaje pompeyano. Foto: CESARE ABBATE / ANSA VIA AP / GTRES

 

Difunto anónimo. El difunto podría estar relacionado con la familia de M. Alleius Minius, cuya tumba, semicircular y más antigua, está ubicada en el mismo lado que la tumba monumental recientemente descubierta. Foto: CESARE ABBATE / ANSA VIA AP / GTRES

 

Inscripción funeraria. La tumba conserva una inscripción funeraria de más de cuatro metros de largo y siete líneas. Foto: CESARE ABBATE / ANSA VIA AP / GTRES

 

Epígrafe. El epígrafe no incluye el nombre del difunto, pero sí sus empresas realizadas en vida. Foto: PARCO ARCHEOLOGICO DI POMPEI

 

Nuevos datos sobre Pompeya. El epígrafe corrobora ciertos eventos de la historia pompeyana y aporta nuevos datos acerca de los últimos decenios de Pompeya, antes de la violenta erupción del Vesubio en el 79 d.C. Foto: CESARE ABBATE / ANSA VIA AP / GTRES

 

Bajorrelieve marmóreo. Famoso bajorrelieve marmóreo (con escenas de procesiones, combates de gladiadores y venationes) que se conserva actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles y que pudo completar la tumba recientemente descubierta. Foto: PARCO ARCHEOLOGICO DI POMPEI

 

28 julio 2017 at 8:29 pm Deja un comentario

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