Las cañerías contaminaron el agua de la antigua Roma

El análisis de muestras tomadas cerca de la desembocadura del río Tíber ha concluido que el agua de las cañerías contenía altos niveles de plomo. Los manantiales no presentaron índices peligrosos de metales pesados

An archaeologist works at Portus

Una arqueóloga trabaja en Portus. Los científicos han concluido los niveles de contaminación por plomo en el suministro de agua en la antigua Roma a partir del análisis de muestras de sedimentos tomadas de la cuenca del puerto de Trajano. Fotografía: Chris Ison / PA, vía The Guardian

El agua de las cañerías de la antigua Roma contenía hasta 100 veces más plomo que aquella que se encontraba al mismo tiempo en los manantiales, concluye un estudio realizado por científicos de las universidades de Lyon II (Francia) y Marsh Rice (Estados Unidos).

Para la investigación se analizaron muestras tomadas en los alrededores del antiguo puerto de Portus -hoy la localidad de Fiumicino, en Roma-, cerca de la desembocadura del río Tíber. El análisis mostró que la cantidad de metales pesados en ese sector en el pasado sobrepasaba con creces al de las fuentes naturales de la época, que el estudio concentra entre los años 100 al 250 a.C.

“Este trabajo da fe de la contaminación generalizada por plomo del agua de los ríos. Esto debido a las cañerías que controlaban su distribución en Roma”, indica el artículo con los detalles del estudio, que se publicó en la revista Procedings of the National Academy of Science.

Si bien el estudio no concluye si el plomo trajo problemas de salud a la población, investigaciones previas realizadas por Jerome Nriagu, de la Universidad de Michigan, nombran al metal como una de las varias razones que produjeron el colapso de la civilización romana.

Fuente: El Mercurio

23 abril 2014 at 12:04 am 1 comentario

Safo reencontrada

Pablo Ingberg | Revista Ñ       22/04/2014

Hallazgo.  Los expertos debaten si dos fragmentos atribuidos a Safo, hasta ahora desconocidos, pertenecen o no a la gran poeta de la isla de Lesbos

Safo-Solomon

Safo, según la imaginó el pintor inglés Simeon Solomon (1840-1905)

La reciente difusión del hallazgo de presuntos versos de Safo antes perdidos agitó el avispero y envolvió en una pequeña novela con visos de policial la figura de la inmensa poeta de Lesbos (isla próxima a Asia Menor) que vivió en torno al 600 aC. Admiradísima en Grecia y Roma, su vasta obra poética dejó de recopiarse cuando su dialecto eólico era ya muy arcaico, y sólo sobrevivió lo que citaron de ella otros autores de obras sí conservadas. Ediciones de esos pasajes y sus traducciones al inglés la revivieron a la admiración del siglo XIX, cuando su leyenda dio origen al significado sexual de su gentilicio “lesbiana”. A fines de ese mismo siglo, con Egipto bajo dominio británico, egiptólogos ingleses encontraron allí enterrados en la antigua ciudad de Oxirrinco gran cantidad de papiros escritos, preservados alrededor de dos milenios por las secas arenas del lugar aunque algo deteriorados por el tiempo y los roedores. Tantos eran que todavía es un proyecto de edición en marcha, hoy dirigido por Dirk Obbink en la Universidad de Oxford. En esos papiros se hallaron muchos fragmentos de Safo, ninguno con pasajes muy enteros. En 2004 el helenista Martin West unió un fragmento de Oxirrinco con otro en posesión de la Universidad de Colonia y logró formar un pasaje completo. Hoy la novedad es que hace poco un coleccionista anónimo de Londres mostró a Obbink lo que éste acaba de difundir como fragmentos desconocidos de Safo: uno de veinte versos bastante completos al que le faltaría el principio y otro de ocho versos poco legibles.

Máscaras y sarcófagos de momias egipcias se moldeaban en “cartonaje” ( cartonnage , palabra franco-inglesa), especie de papel maché (cartón piedra en España) elaborado, entre otros materiales, con papiro usado, esto es, escrito. De piezas de “cartonaje” se rescataron el fragmento de Colonia y estos nuevos. Pero he aquí un viso policial. Algunas de tales piezas fueron sacadas “lícitamente” durante cierto tiempo del Egipto británico; muchas otras fueron objeto de pillaje y posterior venta en el mercado negro. ¿Qué origen tiene la que se da ahora a conocer? Aún no se sabe, y hay revuelo.

Otro costado policial del asunto es el de la autenticidad. ¿Son fragmentos de Safo o falsificaciones? Falsificaciones de textos antiguos hubo alguna muy sonada hace tiempo, pero es difícil que sea el caso: Obbink no echaría por la borda su trayectoria, y engañarlo exigiría una suma de talentos diversos y sutiles en la elaboración del objeto y en la de sus contenidos. Queda entonces por ver la evidencia interna, los textos en sí.

Ambos fragmentos están escritos en dialecto eólico, que conocemos básicamente por Safo y su colega y compatriota Alceo. Luego, están compuestos en estrofa sáfica, así llamada por la recurrencia con que la usó ella: tres endecasílabos más un pentasílabo. Por último, el segundo está dirigido a Cipris (Afrodita), algo no infrecuente en Safo, pero más relevante aún es que en el primero aparecen dos nombres asociados a ella en otras fuentes: Caraxo y Lárico.

Obra de Safo nos ha llegado muy poca; datos biográficos fidedignos, prácticamente ninguno. No es imposible, por ejemplo, que en realidad no haya sido lesbiana en sentido sexual y que la derivación del término sea tan desviada como la de “onanismo”, actividad que no es exactamente la que practicaba Onán según la Biblia (“ … si bien tuvo relaciones con su cuñada, derramaba a tierra…”, Génesis, 38.9). La fuente más antigua para datos sobre Safo es Heródoto, un siglo y medio posterior a ella; como si el primer documento biográfico sobre la escritora argentina Juana Manso (1819-1875) estuviera fechado ayer. Por lo demás, ningún historiador serio tomaría la maravillosa prosa de Heródoto como fuente histórica fidedigna. ¿Por qué tomarla entonces como fidedigna fuente biográfica?

Lo mismo vale para fuentes posteriores, en gran medida inspiradas en versos de la propia Safo; como si atribuyéramos literalmente a Proust hechos del personaje Marcel de En busca del tiempo perdido . Hechas estas salvedades, que no niegan toda validez a tales datos sino que invitan a tomarlos con pinzas, digamos que Heródoto ( Historias , 2.135) cuenta que Caraxo, hermano de Safo, compró en Egipto la libertad de una cortesana y por eso su hermana lo criticó en un poema. Un fragmento de Safo ( 5 LP ) ruega por el regreso de un hermano. Un papiro de Oxirrinco con pasajes de una biografía (1800, c. 200 dC.) y la enciclopedia bizantina Suda (siglo IX dC.) atribuyen a Safo tres hermanos, dos de ellos Caraxo y Lárico, éste el menor según el papiro (según la Suda, dicho sea de paso, la poeta tuvo marido e hija). Estrabón (Geografía, 17.1.33, de la época de Augusto) dice que Caraxo iba a Egipto a vender vino. Ateneo (siglo III dC., frag. 203 LP) dice que Safo se enorgulleció de cierto privilegio aristocrático concedido al joven Lárico. Todos estos datos guardan alguna relación con el primero de los dos nuevos fragmentos. O formulado al revés: esos “datos” podrían provenir de poemas como el ahora recuperado. Queda clara, en cualquier caso, la relación también temática de los “nuevos” fragmentos con la poeta de Lesbos, más allá de que un tal Caraxo o un tal Lárico hayan sido hermanos suyos. Personalmente, veo además rasgos estilísticos propios de la fina arquitectura que caracteriza lo que conocemos de ella, y que mi traducción (incluida en esta página) en estrofa sáfica procura retener: una estructura sólida que fluye delicada entre el rezo y el canto con toques de monólogo dramático y de reflexión, y palabras clave que recurren (reina y rey para dioses supremos, deidades para otras potencias superiores, un adverbio y un par de verbos, uno de ellos con variación de prefijo en griego). No es lo mejor que le conocemos, pero no desentona para nada y además expande temas.

Los interesados encontrarán en la web el artículo de Obbink en el Times Literary Supplement (anticipo de una pronta publicación más exhaustiva en una revista especializada), los debates suscitados, un par de traducciones al inglés, otro par al italiano y hasta un par al castellano.

Pablo Ingberg es poeta y traductor del griego y del inglés. Es autor, entre otros libros, de “Nadie atiende los llamados” .

22 abril 2014 at 2:30 pm Deja un comentario

Un retazo del Imperio romano en el corazón de Barcelona

Barcino-romana

Tarragona, la esplendorosa Tarraco de los romanos, fue indiscutiblemente el centro neurálgico del imperio de los augustos en Hispania, pero también Barcelona, o Barcino, fue una ciudad de importancia considerable, sobre todo a nivel comercial. El conjunto arqueológico de la Puerta de Mar y las termas portuarias de la calle Regomir, junto al centro cívico del Pati Llimona, en el Barri Gòric, y abierto al público en marzo de 2012, da buena fe de ello. “Barcino nace en el año 10 a. C. como una colonia de personas bien situadas”, destaca Joan Roca, director del Museu d’Història de la Ciutat de Barcelona. Sus moradores eran antiguos militares, miembros de la élite del ejército recompensados por el emperador Augusto.

En 1998, una obra de rehabilitación de la finca número 7 y 9 de la calle Regomir sacó a relucir un yacimiento que permite evaluar el peso de Barcino en el comercio mediterráneo. El conjunto incluye un importante tramo de muralla con varias torres de épocas distintas y unas termas portuarias -o suburbanas-, ubicadas originalmente extramuros, que en su apogeo alcanzaron una extensión de 1.500 m2. En palabras de Carme Miró, responsable del Pla Barcino del Servei d’Arqueologia del Institut Cultural de Barcelona, se trata de “un conjunto muy importante para una ciudad pequeña como Barcino, que tenía 10 hectáreas”, y eso que en total se conocen tres termas públicas en la actual Barcelona, además de las privadas.

Según Joan Roca, “las termas portuarias las visitaban tanto personas de Barcino como los mercaderes y viajantes que pasaban por la ciudad, porque eran un buen lugar para hacer contactos”. El emplazamiento, entonces a sólo 150 metros del mar, no es casual. “La fachada marítima era una zona portuaria con tabernas y prostíbulos donde iban muy bien unas termas”, destaca Carme Miró. La arqueóloga enfatiza que “ir a las termas no era lo que nosotros entendemos por ir a la piscina o a un balneario, sino que funcionaban como un centro social”. Amén de a hacer negocios, allí se iba a pasear, a leer -las termas de Roma incluso tenían bibliotecas- y, por supuesto, a hacer el ritual del baño, muy conocido por todos los romanos.

“Lo primero era desnudarse en una sala llamada Apodyterium; luego se pasaba a un ambiente templado, el Tepidarium, y se empezaba el baño por una sala fría, el Frigidarium, donde había una piscina”, explica Miró. El recorrido era complejo. Después del Frigidarium se volvía al ambiente templado, donde no había piscina, sino una fuente; luego se pasaba a una sala cálida o Caldarium, y desde ahí a una sauna o a una sala de masajes y de unción de óleos. “Por último, se volvía a la sala tibia y después a la fría”, concluye la responsable del Pla Barcino. Las termas de Regomir, de hecho, constaban de dos recintos. “Interpretamos que unas eran para hombres y otras para mujeres, un caso que también se da en Pompeya y Herculano“, cuenta Miró.

El agua necesaria para las termas llegaba a Barcino a través de un acueducto que captaba agua de unas fuentes cercanas al río Besòs y permitía los grandes usos del agua pública. “Una parte del acueducto estaba soterrada, pero luego se volvía monumental al llegar a la ciudad”, explica el director del Museu d’Història. Los restos de la colosal estructura se pueden ver aún hoy en la plaza Vuit de Març y dentro de la Casa de l’Ardiaca. “El acueducto iba a parar a un distribuidor importante, o castellum aquae, que debía de estar cerca del templo. Además, creemos que había un segundo distribuidor en la actual plaza de Sant Just i Pastor, desde donde iría el agua a las termas”, concreta Carme Miró.

Barcino prosperó en el siglo I gracias al tráfico de vino laietano, cultivado en viñedos alrededor de la ciudad. La exportación creció en los siglos posteriores de tal forma que, mientras muchas ciudades romanas estaban en decadencia, en el siglo IV Barcino era una urbe emergente. Junto a la Puerta de Mar, donde los mercaderes debían pagar un peaje llamado portoria, se han encontrado monedas de Roma, Arelate (Arles), Lugdunum (Lyon), Siscia (Sisak, Croacia), Nicomedia y Cyzicus (Izmit y Kapu Dagh, Turquía) y Treverorum (Tréveris, Alemania). En aquella época se construyó una nueva muralla de 76 torres alrededor de Barcino y se encerró las termas con un castellum, o fortificación avanzada; signos ambos del esplendor de la ciudad.

Fuente: ALEX CLARAMUNT | EL MUNDO         19/04/2014

19 abril 2014 at 9:07 pm 1 comentario

¿Quién fue Poncio Pilato?

Millones de personas han repetido en la Historia el nombre de este cruel gobernador de Judea, según Filón, y santo para los coptos, que tuvo en sus manos la vida y muerte de Jesucristo

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Piedra hallada en Cesarea en 1961 con una dedicatoria a Tiberio de Poncio Pilato

Ni Julio César, ni Augusto, ni Nerón… La figura del Imperio Romano más evocada en la Historia es la de Poncio Pilato. Millones de cristianos recitan en el Credo desde época muy temprana -al menos desde el s.II- que Cristo «padeció bajo el poder» de este prefecto romano, subrayando así que la muerte de Jesús de Nazareth fue un hecho histórico.

Poco podía imaginar este gobernador de Judea que iba a ser recordado por aquel proceso. Ni que el gesto de lavarse las manos que relata San Mateo en su evangelio para expresar que Jesús fue condenado injustamente asociaría para siempre su recuerdo con el de una persona que pretende descargarse de una responsabilidad. «Pilato se ha convertido en un símbolo tradicional de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses de la política», señalaba José Antonio Pérez-Rioja en su «Diccionario de Símbolos y Mitos».

Del quinto prefecto de Judea, designado por Tiberio, no se sabe con seguridad ni dónde nació ni cómo fue su vida antes de llegar a esta provincia romana que gobernó desde el año 26 al 36 d.C.. El periodista italiano Vittorio Messori, en su investigación sobre la Pasión y Muerte de Jesús titulada «¿Padeció bajo Poncio Pilato?», señala que era de la noble familia de los Poncios, originaria probablemente del territorio samnita próximo a Benevento (Italia). Pertenecía al orden ecuestre, no a la clase senatorial más aristocrática, por lo que a ojos de sus superiores era «un hombre obligado a “hacer carrera”», según el teólogo José Antonio Pagola («Jesús, aproximación histórica»).

Cuando recibió a Jesús aquella víspera de la Pascua del año 784 de la fundación de Roma, llevaba siete años al frente de esta conflictiva provincia romana cuya capital era Cesarea Marítima, a unos 100 kilómetros de Jerusalén, donde contaba con cerca de 3.000 soldados. Pilato solo acudía a la ciudad sagrada de los judíos en las fiestas y entonces se alojaba en el palacio-fortaleza construido por Herodes el Grande. En la ciudad tenía dos cohortes auxiliares de guarnición, con cuartel en la Torre Antonia.

Una piedra del anfiteatro de Cesarea hallada en 1961 por arqueólogos italianos con una dedicatoria de Pilato al emperador Tiberio confirmó el cargo de prefecto de este personaje histórico del que ya daba cuenta Tácito en los Anales, así como Flavio Josefo en sus «Antigüedades judías».

Tanto este último historiador nacido en Roma 37 años después de Cristo, como Filón de Alejandría, coetáneo de Jesús, describen a Pilatos como una persona cruel. Filón señala incluso que se caracterizaba por «su venalidad, su violencia, sus robos, sus asaltos, su conducta abusiva, sus frecuentes ejecuciones de prisioneros que no habían sido juzgados, y su ferocidad sin límite» («De legatione ad Gaium», 302).

Flavio Josefo narra que Pilato introdujo en Jerusalén unos estandartes con el busto de Tiberio, que originaron un gran revuelo hasta que Pilato acabó cediendo y las retiró. Relata también que utilizó dinero del Templo para construir un acueducto. En esta ocasión, sin embargo, las iras judías fueron duramente reprimidas. Hacia el año 35 también reprimió con violencia a los samaritanos en el monte Garizim y ejecutó a sus dirigentes, acción por la que Vitelio, legado de Siria, le ordenó que volviera a Roma para dar cuenta al emperador. Cuando llegó, en la primavera del 37, Tiberio había muerto no hacía mucho. «Según una tradición recogida por Eusebio, cayó en desgracia bajo el imperio de Calígula y acabó suicidándose», señala Juan Chapa, profesor de Teología de la Universidad de Navarra.

Lo cierto es que tampoco se sabe con seguridad cómo y dónde murió Poncio Pilato. Una leyenda cuenta que Pilatos se mató con su propio cuchillo y su cuerpo fue después atado a una rueda de molino y arrojado al Tíber, pero se perturbaron las aguas, por lo que fue llevado a Vienne y hundido en el Ródano. Como volvió a ocurrir lo mismo, se llevó hasta un lago de una montaña cercana a Lucerna (Suiza), aún hoy llamada Pilato.

Otros creen que Pilato fue cesado y desterrado a la Galia donde murió. «Probablemente no fue un hombre tan sangriento y malvado como lo describe Filón, pero ciertamente fue un gobernador que no dudaba en recurrir a métodos brutales y expeditivos para resolver los conflictos», estima Pagola en su aproximación histórica a los hechos.

«Pilato es un tipo de hombre mundano, conocedor del derecho y ansioso de cumplirlo en la medida que pudiera ser hecho sin sacrificio personal de ninguna clase, pero cediendo fácilmente a la presión de aquellos cuyo interés era que él actuase de manera diferente. Él hubiera gustosamente absuelto a Cristo, y hasta hizo serios esfuerzos en esa dirección, pero cedió a la presión de inmediato cuando su propia posición fue amenazada», señala la Enciclopedia Católica.

Tertuliano y Justino Mártir hablan de unas actas hoy desaparecidas sobre el juicio y la crucifixión de Jesús que supuestamente Pilato envió al emperador Tiberio y que dio pie a la creencia de que el gobernador de Judea acabó convirtiéndose al cristianismo, como también lo haría su mujer Claudia Prócula, la misma que según San Mateo le advirtió: «No te mezcles en el asunto de este justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho». A Prócula se la venera como santa en la Iglesia Ortodoxa griega y en la etíope.

Más sorprendente resulta comprobar que el mismo Poncio Pilato, que tuvo en sus manos la vida y la muerte de Jesús, es considerado santo por la iglesia etíope y la copta egipcia. Algunos textos apócrifos le llegan a asignar incluso un final de mártir.

Fuente: M. Arrizabalaga | ABC     18/04/2014

18 abril 2014 at 10:07 am Deja un comentario

Nuestro Apolo y nuestro Dioniso. Luto en la Tierra y en Macondo

Artículo de Jorge Volpi publicado hoy en EL PAÍS en el que el escritor mexicano recuerda las figuras de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez como los dos escritores más influyentes y poderosos de nuestra lengua

GGM

Foto tomada en 1982 por Rodrigo García a sus padres, Gabriel y Mercedes, al conocer la noticia de la concesión a este del Premio Nobel

Una vez que se extingan las ceremonias fúnebres y se adormezca el duelo, que se agoten los homenajes y las exequias, y se desdoren las figuras públicas y se olviden las antipatías abruptas o las declaraciones estertóreas, se volverá una convicción natural lo que algunos han vaticinado desde hace décadas: que los dos colosos surgidos de esa brillantísima Edad de Oro de la narrativa latinoamericana que se prolongó durante la segunda mitad del siglo XX fueron Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. Los dos escritores más influyentes y poderosos de nuestra región y nuestra lengua. Los dos más admirados e imitados en el orbe. En ese juego de dualidades que tanto nos gusta, nuestro Platón y nuestro Aristóteles. O, mejor, nuestro Apolo y nuestro Dioniso.

Sin duda fueron acompañados por una asombrosa cohorte de titanes, con poéticas al gusto de cada uno, de Rulfo a Vargas Llosa, de Donoso a Fuentes, de Sábato a Ibargüengoitia, de Ribeyro a Cortázar, pero las voces más oídas, más singulares, más originales —si entendemos por originalidad una mutación insólita entre las enseñanzas del pasado y la serena rivalidad con sus contemporáneos— fueron las del poeta y cuentista argentino y las del cuentista y novelista colombiano, suma de todos los esfuerzos que los precedieron, de Machado de Assis y Jorge Isaacs a Macedonio Fernández y Alfonso Reyes, y umbrales de todos aquellos que los han seguido, de Roberto Bolaño a quienes hoy publican, a su sombra, sus primeros libros.

A la distancia no podrían parecer más contrarios, más distantes. De un lado, el escritor ciego y puntilloso, tan acerado como melancólico, hierático hasta casi fungir como profeta, dueño de un sutilísimo humor aún malentendido, el hombre cercano —a su pesar— a la derecha, el vate unánimemente venerado que jamás recibiría el Nobel. Del otro, el escritor jacarandoso y bullanguero, tan dotado para desenrollar la sintaxis como para reconducir los mitos, sonriente hasta convertirse en amigo de todas las familias —esas que sin conocerlo hoy sin pudor lo llaman Gabo—, el hombre cercano a la izquierda y a Fidel Castro, el bardo unánimemente adorado que recibió el Nobel más joven que ningún otro en América Latina.

Sí: en lontananza encarnan vías antagónicas. Borges es, evidentemente, el apolíneo. El escultor que pule cada arista y cada ángulo. El prestidigitador que obsesivamente trastoca cada adjetivo y cada adverbio. El criminal que siempre esconde la mano. El modesto anciano que odia los espejos y la cópula y sin embargo multiplica los Borges a puñados. El detective que en su búsqueda esconde que al mismo tiempo es el criminal. El filósofo nominalista y el físico cuántico que se pierde en la Enciclopedia. El autor de las paradojas y bucles más aventajado desde Zenón. García Márquez es, en cambio, el dionisíaco. El torrencial demiurgo de genealogías y prodigios. El audaz dispensador de metáforas y laberintos de palabras. El cartógrafo de la jungla y el cronista de nuestra circular cadena de infortunios. El ídolo sonriente que trasforma la Historia —y en especial la sórdida trama colombiana— en mil historias entrecruzadas, tan tiernas y atroces como inolvidables. El bailarín que, al conducirnos a la pista, nos obliga a seguir su hipnótico ritmo a rajatabla. El sagaz escriba que se burla de los tiranuelos con los que tanto ha convivido. El desmadrado cuentero que finge no seguir regla alguna fuera de su imaginación, excepto que las que él mismo se —y nos— impone.

Apolo y Dioniso. Y sin embargo estas dos vías, como ya apuntaba Nietzsche, no son excluyentes sino complementarias. Las dos mitades del mundo. De nuestro mundo. Para empezar, García Márquez no hubiese escrito como García Márquez sin aprender de Borges, su predecesor y su maestro. Y Borges no habría encontrado mejor continuador que este discípulo rejego, dispuesto no a copiar sus trucos o su doctrina sino a usarlos en su provecho para huir de la Academia y fundar una nueva, exitosísima escuela, el realismo mágico. Ninguno tiene la culpa, por supuesto, de su ingente legión de copistas: sus invenciones resultaban demasiado deslumbrantes como para que cientos de salteadores de caminos no quisieran agenciárselas.

Los dos han sido justamente elevados a los altares. O, mejor aún, a los altares privados que cada uno erige en su hogar: son nuestros penates. Imposible no adorarlos y no querer, a la vez, descabezarlos. Imposible no aspirar a reiterar —Vargas Llosa dixit— su deicidio.

18 abril 2014 at 9:41 am Deja un comentario

La Casa dels Berenguer de Sagunto acogerá un museo permanente de la escena grecolatina

El Ayuntamiento de Sagunto ha firmado un convenio con la asociación cultural Scaena Grecolatina de Madrid para exponer de forma permanente sus fondos de vestuario y atrezzo en la Casa dels Berenguer de esta localidad valenciana

Sagunt-Museo-Escena-Grecolatina

La asociación madrileña cede así su colección de vestidos y atrezzo de obras de teatro clásico grecolatino a Sagunto, de la cual una parte ya se ha expuesto en las dependencias de la Casa dels Berenguer en varias exposiciones acontecidas en 2012 y 2013, según fuentes municipales.

De esta manera, las exposiciones sobre cultura grecolatina que han visitado la Casa dels Berenguer durante los últimos dos años serán a partir de ahora permanentes y contarán además con un área didáctica.

A su vez, el Ayuntamiento pone a disposición de la asociación las salas de exposiciones y cualquier otro espacio susceptible de utilización de la Casa dels Berenguer para convertirlos en sede del museo.

Además, el consistorio se compromete a sufragar los gastos de instalación del museo, hasta un máximo de 3.000 euros, consistentes en transporte, decorado, paneles y folletos divulgativos; y hasta un máximo de 3.000 euros anuales para el mantenimiento, dinamización y divulgación.

El alcalde de Sagunto, Alfredo Castelló, ha destacado durante la firma del convenio, que finalizará el 31 de diciembre de 2014, la importancia de la iniciativa “porque le da sentido y contexto a la Casa dels Berenguers”.

Castelló ha recordado también que Sagunto es conocido hoy en día por su vertiente clásica y la exposición de la escena grecolatina de manera permanente enriquecerá a la localidad y a la Casa dels Berenguers, ya que es un centro de recepción de turistas y visitantes.


Fuente: La Vanguardia

Procedencia de la imagen: Ayuntamiento de Sagunto

17 abril 2014 at 1:54 pm Deja un comentario

Los romanos en Hispania

Rafael Fontán Barreiro. “Los romanos en Hispania” Ed. Edaf | SER Historia

Tras una larga guerra de conquista que Polibio calificó como “guerra de fuego” en alguna de sus fases, Augusto incorpora las Hispanias al imperio con todas sus consecuencias

romanos-HispaniaKapuscinsky y tantos otros afirman que lo que no se puede nombrar no existe. Los griegos nombraron las tierras y los paisajes y los romanos marcaron sus límites y erigieron una organización a su servicio. Con la aportación de los dos pueblos que protagonizaron la Antigüedad clásica hay que decir que se sentaron las bases de lo que hoy conocemos como Europa: tanto la Europa política —la Unión Europea— como la Europa de la cultura y su sociedad.

En las naves de los Escipiones que arribaron a las costas de Emporion en el año 218 a. C., llegaban a Iberia los ejércitos de Roma para tratar de controlar un nuevo territorio inicialmente buscado como objetivo militar por razones diversas y muy complejas, relacionadas con el control del Mediterráneo occidental que los cartagineses les disputaban. Encontraron entonces una tierra poblada por grupos diversos repartidos por su forma de vida en las dos zonas que separa la diagonal imaginaria nordeste-suroeste. Y unos inmensos recursos naturales que merecía la pena explotar.

En la franja ibera, al sur y al este, los romanos encontraron a un pueblo de prácticas urbanas y civilizadas que no tardó en asimilar la cultura que llegaba del otro lado del mar. Por eso fue fácil el primer contacto con Iberia. Sin embargo, solo tras una “guerra de fuego” que duró cerca de doscientos años fue posible la ocupación de la Península que completó Augusto pocos años antes de nuestra era.

Precisamente Augusto, el primero de los emperadores, cerradas las puertas de Jano, pudo desarrollar un programa exhaustivo de romanización en lo que ya eran las Hispanias. Como en otros puntos del imperio, Roma trataba ahora de extender el modelo urbano que constituye una de sus características, entendiendo la ciudad como el lugar donde residen los ciudadanos sujetos de derechos y obligaciones, en muchos casos similares a los actuales. El lugar que ofrece trabajo, ocio y seguridad a sus habitantes.

Con una organización provincial estricta, la legislación municipal establecía además la participación ciudadana basada en los tres pilares que habían sostenido a la República: una asamblea del pueblo, un senado, y unos magistrados elegidos anualmente. Es curioso, porque tal juego institucional había desaparecido del gobierno de la propia Roma.

Así fue como la población, concentrada seguramente en las ciudades cuyas ruinas podemos hoy admirar, se fue sintiendo poco a poco romana.

17 abril 2014 at 9:49 am Deja un comentario

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"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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