El verdadero rostro de Cleopatra

Cleopatra VII Filopátor fue la última reina del Antiguo Egipto y de la dinastía ptolemaica, fundada por un general de Alejandro Magno

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Fuente: ABC.ES / MADRID     01/08/2015

La pasión que Cleopatra Filopátor (69 a. C. – 30 a. C.), la última reina del antiguo Egipto, despertó en Julio Cesar y Marco Antonio dejó en la historia una leyenda de belleza insuperable capaz de volver locos a los dos poderosos líderes romanos. Durante los siguientes dos mil años, ella sería conocida por su gran belleza física, inspirando innumerables obras de arte que la representan como una seductora irresistible. Pero, ¿como era realmente? ¿Hay alguna base sólida para la leyenda sobre su belleza física sin igual? Un vistazo a la evidencia histórica y arqueológica sugiere que el atractivo de Cleopatra fue más bien mito.

Dos siglos después del reinado de Cleopatra, el historiador romano Dión Casio describe Cleopatra como «una mujer de una belleza sorprendente». Sin embargo, el griego Plutarco, escribiendo más de un siglo antes que Dión, sostiene que «su belleza no era demasiado excepcional». Pero los relatos históricos contradictorios hacen dificil decidir en cual creer. Quedan de ella algunas imágenes que la representan en antiguas monedas, donde su cara presenta una gran nariz y un aspecto varonil. Sin embargo, se debe recordar que las monedas en el mundo antiguo eran una poderosa pieza de propaganda política. La representación deliberada de Cleopatra con rasgos masculinos parecidos a los de sus antepasados Ptolomeos podía ser un intento de legitimar el imperio de una reina joven.

También es importante tener en cuenta que los ideales antiguos de belleza eran muy diferentes a las del mundo occidental moderno. Las antiguas representaciones griegas de Afrodita, la hermosa diosa del amor, muestran invariablemente una mujer con una nariz prominente. Una mujer que la sociedad moderna probablemente aconsejaría perder peso. Preguntarse si Cleopatra era hermosa quizá deba hacerse en función de los parámetros culturales de la civilización y el tiempo en que vivió.

Cuenta Dión Casio que Cleopatra tenía «la más deliciosa voz y el conocimiento para hacerse agradable a todos». Del mismo modo, Plutarco afirma que la conversación con Cleopatra «tenía un encanto irresistible, y su presencia, junto con la capacidad de persuasión de su discurso, tenía efectos estimulantes sobre los hombres». Escribió también que «el tono de su voz era de una gran dulzura y su lengua, como un instrumento de muchas cuerdas, que podría convertirse fácilmente en cualquier idioma que quisiera».

El mensaje es claro: el encanto de Cleopatra tenía poco que ver con su apariencia física y mucho que ver con su intelecto, carácter y el tono de su voz. Si tenemos en cuenta la profunda pasión que ocasionó tanto en César como en Marco Antonio es obvio que debe haber habido algo más en juego que un cuerpo joven. Después de todo, ambos eran mujeriegos notorios y la atracción sexual de la Reina de Egipto se vería aumentada por la posibilidad de conquistar toda una civilización. Crear una nueva dinastía y fusionar el mundo romano y el Egipto de los Ptolomeos, con su herencia helenística y faraónica suponía dominar el mundo conocido en la antigüedad.

1 agosto 2015 at 10:12 am Deja un comentario

La arqueóloga Trinidad Gómez señala las diferencias entre los mosaicos de Carmona y otros pueblos cercanos

Trinidad Gómez, arqueóloga del Servicio de Arqueología del Ayuntamiento de Carmona (Sevilla), ha desmenuzado las diferencias existentes entre los mosaicos romanos de Carmona y los de otras localidades cercanas como pueden ser los descubiertos en el también municipio sevillano de Écija.

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Mosaico hallado en 2008 en el casco histórico de Carmona donde aparece representado el dios Vertumnus  /  EP

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

CARMONA (SEVILLA), 31 Jul. – Ha sido en el marco de los Cursos de Verano que la Universidad Pablo de Olavide (UPO) está realizando en la Casa Palacio de los Briones, donde esta arqueóloga ha impartido la ponencia ‘El mosaico romano de Carmona’, dentro del curso ‘Patrimonio histórico: el mosaico romano en Carmona. Taller práctico de elaboración’.

El pueblo sevillano de Carmona desde su fundación se ha nutrido por multitud de civilizaciones que han dejado su impronta en las calles; como tartessos, fenicios, cartagineses y, más tarde, los romanos. En la actualidad, la Delegación de Patrimonio Histórico y el museo de la ciudad son los encargados de preservar y estudiar el patrimonio de la localidad.

La mencionada experta ha desmenuzado las diferencias existentes entre los mosaicos de Carmona y los de otras localidades cercanas como Écija. “Carmona no posee un número muy elevado de mosaicos. Sin embargo, los que posee destacan por su calidad y por su variedad. Aquí tenemos mosaicos bicromos geométricos, algunos con un interesante efecto óptico que dan lugar a composiciones más complejas”, ha asegurado la experta.

Gómez ha expuesto cómo, en el caso de Carmona, las excavaciones arqueológicas siempre están motivadas para evitar la pérdida de información que ocasionan las obras en el subsuelo. “Durante el desarrollo de los trabajos se sacan a la luz estructuras y artefactos que necesitan ser cuidadosamente documentados. El hecho de hacer una excavación supone un proceso destructivo, así que es necesario realizar una catalogación donde se recojan de forma exhaustiva toda la información obtenida”.

Este proceso de catalogación, antes de exponer las piezas en el museo de la localidad, consiste en crear una especie de DNI de las mismas, donde se les asigna un número de registro y se describen todas sus características físicas.

La arqueóloga ha constatado cómo, en la actualidad y en comparación con años atrás, se ha producido un descenso de obras de nueva planta, “donde era necesario realizar mayor cantidad de excavaciones. A día de hoy, al existir un mayor número de rehabilitaciones de viviendas antiguas es menor la tasa de excavaciones”.

Sin embargo, ha añadido Gómez que “aunque se han realizado numerosas excavaciones arqueológicas a lo largo de 30 años, estas afectan a un porcentaje de terreno que hoy día es relativamente pequeño”. Desde el museo de la localidad, continúan apostando por la investigación y la difusión, según la experta, “ya que es la única forma de que la ciudadanía valore y pueda protegerse más eficazmente contra el expolio”, ha concluido.

1 agosto 2015 at 10:08 am Deja un comentario

El MARQ alberga una exposición sobre candiles de aceite de época romana

El Museo Arqueológico de Alicante exhibe hasta el próximo mes de septiembre la exposición ‘Luz de Roma’, una muestra que recopila 43 piezas procedentes de varias colecciones y formada por candiles de aceite de época romana.

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Fuente: Diputación de Alicante     31/07/2015

El objetivo de esta nueva propuesta cultural, que impulsa el gobierno provincial de Alicante, es el de dar a conocer la utilidad, forma y decoración de estos pequeños objetos que fueron cambiando a lo largo de los siglos de dominio romano.

El diputado de Cultura y Educación, César Augusto Asencio, ha presentado esta mañana en la Biblioteca del MARQ, espacio en el que se exhibe la colección, esta iniciativa que se refuerza con diversos paneles explicativos en los que se abordan temas relacionados con la elaboración y comercio de las lucernas, así como dos audiovisuales que aportan información complementaria. Asencio ha estado acompañado por el director del museo alicantino, Manuel Olcina, la comisaria de la muestra, Anna García, y el director regional de Alicante de la Fundación Banco Sabadell, Juan Merino, patrocinador de la propuesta.  

Asencio ha puntualizado que “la palabra lucerna es un término con una gran raigambre” y ha indicado, además, que “estos objetos pueden parecer pequeños o insignificantes en el contexto de una vida o de una cultura, pero muchas veces la historia se refleja a través de esos detalles y esta muestra nos permite ver su evolución histórica”.

Los objetos que forman esta compilación proceden tanto del Museo Arqueológico de Alicante, como del Museo Monográfico de La Alcudia de Elche y del Museo Arqueológico Municipal de Elda. De entre todos ellos, destaca un ejemplar realizado en bronce, una lucerna vidriada y decorada con dos cabezas de caballo y una lámpara de forma circular y dotada con numerosos agujeros de luz.

El recorrido de esta exposición, que posteriormente itinerará por varios municipios, se realiza de manera cronológica, iniciándose en la época ibérica. No obstante, el espacio principal de la muestra se centra en las piezas de época romana distribuidas en sus diferentes etapas: republicana, altoimperial, bajoimperial y tardorromana.

Además, se presentan otros dos apartados, uno de ellos dedicado al repertorio decorativo de época romana, con el que se pretende mostrar al público la variedad de temas representados, y otro en el que se incluyen varias piezas con la marca del fabricante.

Finalmente, la comisaria de la muestra ha indicado que “las lucernas son objetos realizados en materiales perdurables como cerámica y metal y han sido fundamentales desde la antigüedad ya que, con ligeras transformaciones, han pervivido hasta hace prácticamente 50 años, cuando aún se utilizaban los candiles de metal”.

1 agosto 2015 at 10:04 am Deja un comentario

La representación de la naturaleza en la mitología grecorromana

  • El Palacio Real de Milán acoge hasta enero del año que viene una muestra con más de 200 obras características de lo que es la raíz histórica de la cultura occidental
  • Las piezas exhibidas oscilan entre el siglo VIII a.C y el II d.C.

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Fuente: CARMEN DEL VANDO  >  Milán  |  EL MUNDO      31/07/2015

En su conjunto, la mitología constituye una masa de narraciones legendarias de todo orden y época. La primera distinción resulta del origen del texto: ciertas leyendas son romanas y la mayor parte helénicas. Lo cierto es que las dos mitologías se enlazan en muchos puntos de contacto, aunque siguieron caminos distintos y de diferente extensión antes de encontrarse. Y no cabe duda de que el pensamiento mítico griego es sobremanera el más rico, el que impondría sus formas al siguiente.

Las más recientes investigaciones han revelado que las estratificaciones más profundas de la mitología romana se remontan a la prehistoria de la ‘estirpe’ latina. De hecho, son las fábulas clásicas de la mitología latina -a menudo variantes banales de narraciones helénicas que dejan entrever un elemento nacional-, a las que la leyenda da una explicación: aparentemente Minerva en Roma no representa más que otra denominación de Atenea, si bien sus aventuras se comprenden única y justamente dentro de la mitología latina.

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Fresco de un jardín de Pompeya (30-35 d. C.)

Prácticamente la división entre ambos pensamientos es bastante difícil, aunque no imposible y se sabe a ciencia cierta que la cultura romana, receptora de una primera influencia griega, supo mantener cierta originalidad por las diversas aportaciones: substrato latino, disciplina etrusca e impregnación sabélica permitieron al pensamiento romano encanalar en cierto sentido la evolución incomparablemente más copiosa que la de la mitología helénica. En lo que respecta a las leyendas funcionó como en la escultura, pintura o arquitectura desarrolladas en Roma gracias a técnicos helénicos, cuya trayectoria no fue insignificante, alcanzando su máximo relieve bajo el imperio.

Mitología y naturaleza

La cita milanesa penetra en los hogares, en los templos, en los ritos sociales y religiosos, en los campos para ofrecer los testimonios de esta vasta cultura mediterránea, griega y romana, la raíz histórica de la civilización occidental. Lucen las figuraciones más fascinantes de la naturaleza, con más de doscientas obras de arte griego, magnogriego y romano: vasijas, terracotas votivas, estatuas, frescos y objetos de lujo de oro y de plata, ordenados cronológicamente del siglo VIII a.C. al II d.C., en seis secciones temáticas, enfocando la producción artística de la Italia sureña helenística y romana, en especial modo los hallazgos arqueológicos de la zona vesubiana y la pintura mural pompeyana.

Una de las piezas exhibidas en la muestra

Una de las piezas exhibidas en la muestra

‘El espacio de la naturaleza’ muestra las primeras figuraciones de la edad arcaica que representan una naturaleza salvaje y sobre todo las repetidas escenas marinas como el naufragio, reproducido de forma grandiosa e inquietante en la escena de la vasija del siglo VIII a.C. del Museo de Ischia. ‘El mar y su fauna’ inmortalizados en las monedas del siglo V y en las célebres pinturas funerarias de Paestum, se expanden en las grandes vasijas de figuras rojas de la Magna Grecia del V y IV a.C. ‘La naturaleza como señal y metáfora’, es decir la relación del hombre con el ambiente, se desarrolla en sentido simbólico como demuestra la excepcional lastra funeraria,’la zambullida’, de Paestum.

Sobresale el valor metafórico de plantas o animales en la decoración ceramista griega y magnogriega de los siglos V y IV a.C. El arte figurativo elabora las historias de Dionisio centradas en el vino, las de Demetra en el trigo así como las de Triptólemo, que enseñó a sembrar al hombre. En cuanto a ‘La naturaleza cultivada don de los dioses’, la estatua de Triptólemo de Santa María Capua Vetere y las lastras votivas de Locri, espléndidos ejemplos de bajorrelieves en terracota de los siglos V y IV a.C. muestran unas magníficas ilustraciones de las divinidades de la vid y el trigo.

Estatua de Triptólemo (siglo I a.C.-I d.C.)

Estatua de Triptólemo (siglo I a.C.-I d.C.)

Se prosigue con ‘El jardín encantado’ a través de la decoración de una naturaleza exuberante que evoca jardines mágicos de la vida beata tras la muerte donde la naturaleza está figurada como adorno, no realística. Los motivos naturalísticos que aparecen en los recipientes de figuras rojas del siglo IV a.C. se transmiten hasta la época romana a través de vasijas, pinturas, elementos arquitectónicos y decorativos, en objetos de plata y en relieves marmóreos.

Las obras de ‘El Paisaje’ hacen su entrada en el arte de época helenística y llegan a Roma a inicios del siglo I a.C a las viviendas aristocráticas y burguesas de la edad imperial. Por otro lado, ‘El verde real y el verde pintado’ reúne espectaculares ilusiones pictóricas de jardines en las ‘domus’ romanas y campanas. Mientras ‘El Mediterráneo a los pies de los Alpes’ se concentra en los modelos que las lujosas villas marítimas difundieron en las grandiosas residencias lacustres durante la romanización de la Italia norteña.

31 julio 2015 at 12:11 pm Deja un comentario

Reabre al público tras su restauración la basílica de Pompeya

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La basílica de Pompeya tras la restauración llevada a cabo en el marco del Gran Proyecto Pompeya

Fuente: Adnkronos    29/07/2015

A partir de hoy vuelve a ser visitable la basílica de Pompeya, tras concluir las intervenciones arqueológicas de seguridad previstas en el Gran Proyecto Pompeya que están afectando a toda la Regio VIII, que rodea al edificio. Las intervenciones se han centrado particularmente en los estucos y en las columnas de ladrillo de la basílica, donde se evidenciaban grietas y pérdidas de material.

Se ha procedido, por tanto, a acciones de integración muraria y sellado de las juntas de las columnas, rellenado de las grietas y fijación de los estucos. El objetivo de las intervenciones ha sido sobre todo proceder a la reconstrucción de las partes deterioradas, utilizando materiales con un impacto muy reducido, como en el caso de los escalones de acceso al edificio, recompuestos con mortero a base de cal (sin cemento).

Se trata de una intervención adicional de la Gran Proyecto Pompeya que permite la restitución a los visitantes de un importante edificio público, una etapa obligada en los principales itinerarios de visita al recinto arqueológico.

La basílica, un edificio destinado a la administración de justicia y a las transacciones económicas, fue construido en la segunda mitad del siglo II a. C., en el ámbito del proyecto general de monumentalización de la ciudad.

El suntuoso edificio es de planta rectangular y tiene 3 naves, con cubierta a dos aguas directamente desde las columnas centrales y las semicolumnas de la parte superior de las paredes, donde quedan decoraciones  del “primer estilo”. Al fondo está el tribunal, al que se accede a través de una escalera de madera, donde se sentaban los magistrados. La entrada para el público será posible únicamente desde el acceso lateral del edificio que se encuentra en la Vía Marina.

30 julio 2015 at 10:59 am Deja un comentario

La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

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Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

Los secretos del milenario arte del mosaico romano resurgen en la ‘Carmo’ del siglo XXI

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EUROPA PRESS / UPO

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

CARMONA (SEVILLA), 29 Jul. – “Estábamos buscando algo nuevo y, sin darnos cuenta, nos hemos encontrado con algo muy antiguo: el mosaico romano, un arte milenario”, ha asegurado Santiago Recio, técnico auxiliar de Arqueología y Musivario y monitor de cursos de formación, para quien el mosaico romano es “una forma de parar el tiempo”, de volver a la tranquilidad huyendo del acelerado ritmo de vida de la sociedad actual. “Por experiencia personal puedo dar fe de que los mosaicos son una forma de relajación, concentración y beneficio personal”, ha asegurado.

Santiago Recio ha realizado estas declaraciones con motivo de la inauguración del curso que dirige, titulado ‘Patrimonio histórico: el mosaico romano en Carmona. Taller práctico de elaboración’, y que se celebra hasta el viernes en el marco de los cursos de verano que la Universidad Pablo de Olavide (UPO) organiza cada año en su sede de Carmona (Sevilla).

Para este experto, la máxima romana que reza “sólo las musas o los inspirados por ellas pueden realizar un mosaico” ya no es un mito, sino que se hace realidad por segundo año consecutivo en la sede de la UPO en Carmona convertida, por unos días, en una “auténtica oficina musivaria” al estilo de las originales que un día poblaron la antigua Carmo. “Cuando cortas tu primera tesela con el tagliolo y la martellina —tajadera y martillo—, te das cuenta de que este oficio milenario desprende algo especial”, ha confesado.

De hecho, la segunda edición del curso, eminentemente práctico, ha pasado de 15 a 20 horas lectivas, y de cuatro a seis talleres distribuidos en tres días a lo largo de los cuales los alumnos confeccionan sus propios mosaicos romanos con bocetos tomados de piezas expuestas en el museo y en el Ayuntamiento.

Recio ha explicado que el mosaico era una de las “formas de decoración más apreciadas entre las clases aristocráticas del mundo antiguo”. Conocida bajo dos formas —el mural y el pavimental—, la técnica consiste en la yuxtaposición de teselas de piedra, mármol o pasta vítrea y fue utilizado ampliamente en Hispania y en la Bética durante la época romana.

En aquellos tiempos, los mosaicos eran una suerte de alfombras contemporáneas, de manera que las clases altas los sustituían periódicamente en una forma de hacer ostentación de su riqueza, “alcanzando el proceso una organización de métodos de trabajo casi industrial”, ha afirmado el experto.

Pero a pesar de la alta especialización que requería todo el proceso, los artesanos que se dedicaban a este oficio “no eran excesivamente bien considerados”, ha señalado. Era una profesión colegiada, donde cada artesano se encargaba de una parte específica del trabajo “bajo la protección tutelar de la diosa Minerva”. Así, en cada taller convivían desde el maestro hasta el operario que preparaba la cal, diseñaba los mosaicos, cortaba las teselas o las colocaba.

El experto ha enmarcado el origen del mosaico romano en la prehistoria. Los ejemplos más antiguos “fueron hallados en la región de Mesopotamia, como el arpa del ajuar funerario de la reina Subad en Ur (2500 a.C.)”. Le siguieron los pavimentos de Creta y Grecia, realizados con guijarros blancos y negros (1600-1000 a.C.). Precisamente, es durante la época griega cuando se perfecciona este arte, “evolucionando desde unos diseños geométricos hacia otros figurativos, con representación de temas mitológicos”.

Con la expansión del Imperio, “los romanos adoptan la técnica, la desarrollan y expanden sus conocimientos”. En el siglo I a.C. nace en Roma el término mosaico, “que en principio sólo designaban a los mosaicos consagrados a las musas, y luego se aplicó también a los murales”, ha concluido.

29 julio 2015 at 9:46 pm Deja un comentario

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