Cultura cifra en 3 millones la adecuación del Teatro Romano de Sagunt para su uso público

La inversión pretende completar el 20 % del proyecto con la instalación del suministro eléctrico o hacer mejoras en la sonorización o la accesibilidad

Fuente: C. MELCHOR / M. ARRIBAS > Valencia  |  Levante-EMV
28 de agosto de 2016

sagunt_teatreLa Conselleria de Cultura ya hace cuentas para adaptar el Teatro Romano de Sagunt a la normativa actual sobre el uso público del patrimonio 23 años después desde la congelación del proyecto de rehabilitación. En concreto, la administración cifra en 3 millones las inversiones para la puesta apunto del Teatro Romano.

Según ha informado la directora general de Patrimonio Carmen Amoraga a Levante-EMV, el proyecto se redactará en 2017 y se ejecutará en varias anualidades. «Se trata de asumir la situación actual del teatro, con la inejecución de la sentencia del TSJ, y adaptarlo a la normativa actual para su apertura al uso público, como mejorar las instalaciones de apoyo a las actividades que se realizan, terminar el escenario, ejecutar la instalación de la luz, mejorar la sonorización, adecuar la accesibilidad y la seguridad, así como proteger el teatro de los incendios», asegura Amoraga.

Dentro de esta inversión también estaría incluida la «restauración del mosaico romano encontrado durante excavaciones arqueológicas, así como la adecuación del espacio situado debajo del escenario de origen romano, donde se conservan determinados muros y elementos arquitectónicos, actualmente sin poder ser visitados», añade la directora.

Cultura ya adelantó el anuncio de una partida de 350.000 euros para dar el suministro eléctrico propio al monumento y al Castillo de Sagunt. La redacción del proyecto se realizará en septiembre con un coste de 18.000 euros. La obra se lanzará en concurso público en el mismo mes y se espera que el grueso de las actuaciones se ejecuten en 2017. «Con la instalación eléctrica, la Conselleria se puede ahorrar una cuantía importante cada año», reconoce Francesc Fernández, alcalde de Sagunt, ya que la entidad tenía que contratar grupos electrógenos cada año para poder realizar el Sagunt a Escena. En concreto, se pretende instalar una línea de media tensión que también daría suministro al Centro de Visitantes del Castillo, que se encuentra pendiente de inaugurar desde hace seis años por la falta de luz.

Poco antes del inicio del festival Sagunt a Escena „todavía en curso„ ya se destinaron 14.000 euros para mejorar la accesibilidad del teatro. Entre las actuaciones, se instaló una tarima en la entrada a la orchestra, semicírculo frente al escenario donde antiguamente se acomodaban las autoridades políticas durante las representaciones, y que llega hasta la primera fila de las localidades.

Esta nueva bomba de oxígeno para el Teatro de Sagunt llega para poner fin a dos décadas de polémica, desde que se truncó el proyecto originado por los arquitectos Grassi y Portaceli. El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, visitó esta semana el certamen escénico, donde manifestó la voluntad de la administración de acabar el 20 % del proyecto que se encuentra pendiente de ejecutar. «Acabaremos el Teatro Romano teniendo en cuenta nuestra situación económica», apuntó el presidente.

 

28 agosto 2016 at 9:30 am Deja un comentario

‘Saxa loquuntur’… o las piedras hablan

Más de un centenar de personas participa este fin de semana en visitas guiadas por el centro impartidas en latín

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Visita guiada en latín al Museo Arqueológico de Madrid. / Jaime Villanueva (EL PAÍS)

Fuente: MARÍA ROBERT > Madrid  |  EL PAÍS
27 de agosto de 2016

Las piedras hablan. O saxa loquuntur. Entre tesoros arqueológicos, en un extremo del espacio dedicado a la Hispania Romana en el Museo Arqueológico Nacional, Antonio G. Amador dispara esta frase, en latín, en un lugar en el que cobra todo su sentido. Mientras, observa en un segundo plano a un grupo de una treintena de personas que oyen ensimismados la historia que esconden los milenarios tesoros. Todos, el que habla y los que escuchan, se comunican en latín, incluso se llaman entre sí por sus nombres traducidos a la lengua madre. Amador es el director de la Asociación Cultural culturaclasica.com y coordinador del Curso de Verano de Latín Vivo, Caelum, que organizan desde hace cuatro años en Madrid. Entre las actividades que más entusiasman a los alumnos, cuenta, resaltan las visitas guiadas en esa lengua por el museo, que se celebran este fin de semana.

La mayoría de los que participan –unas 120 personas– son alumnos y profesores de Filología Clásica, pero también se une gente de otras ramas a los que simplemente les interesa el estudio del latín como lengua, apunta Amador. “Hasta ahora se enseñaba por el método tradicional, destripando textos pero nunca disfrutando de ellos, y lejos de comprender lo que nos transmitían los escritores antiguos. Todos nuestros esfuerzos van encaminados a que los alumnos puedan llegar a leer y a disfrutar de la literatura clásica”, subraya.

Un buen número de los alumnos repiten año tras año. Como Ludovica (o Luisa Blecua), profesora y guía de la visita, que resalta que le supone una buena forma de “aprender herramientas para poder explicar la lengua por el método vivo”. Ante el éxito de convocatoria, han decidido ampliar el recorrido por el museo, y además de adentrarse por el pasado de Grecia y Roma, se pasea también por la exposición de Lusitania. Aparte de la lengua, para Blecua la visita es especial porque “hay mucha interacción con el público”, y eso, según su opinión, es fundamental en el aprendizaje de cualquier lengua.

Kevin Prell, o Eugenius en la jerga de sus compañeros, es estudiante universitario. “Vimos que el latín hablado era una buena forma de acercarse a la lengua, por una parte. Por otra, ayuda a aprender un vocabulario que es más complejo de adquirir solo de forma teórica. Roberto Carfgani, Robertus, completa su argumento. “No hay que olvidar que el latín es un patrimonio cultural. Más incluso que cualquier edificio”.

 

28 agosto 2016 at 9:25 am Deja un comentario

Écija sigue esperando «financiación privada» para restaurar el mosaico expoliado en 2015

«Se trata de una joya, un buen revulsivo como reclamo turístico y cultural que el municipio no puede desperdiciar», explican desde el Ayuntamiento

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El mosaico destrozado en 2015 – ABC

Fuente: ABCdesevilla
27 de agosto de 2016

El Ayuntamiento de Écija (Sevilla), gobernado por David García Ostos (PSOE), continúa «a la espera» de financiación privada por parte de un empresario local, para continuar la restauración del mosaico romano gravemente dañado en 2015, a cuenta del expolio perpetrado por tres sujetos en el yacimiento arqueológico de Plaza de Armas. Se trata del conocido mosaico de doble cara o de figura invertida.

Según ha informado este viernes a Europa Press el concejal de Gestión de Espacio Urbano de Écija, Sergio Gómez, «la restauración de esta joya está ejecutada en un 50 por ciento, cuya inversión supuso un presupuesto de en torno a los 20.000 euros y fue realizada por parte de un empresario local del municipio. Sin embargo, ahora estamos a la espera de poder culminar la restauración, pero para ello dependemos nuevamente de este empresario, que donó este dinero debido a su gran interés por el proyecto».

De esta forma, Gómez ha detallado que «en estos momentos no nos planteamos pedir financiación pública, ya que este empresario se ha comprometido con hacer una segunda aportación económica que posibilite la reparación total del mosaico, aunque en caso de no recibir esos otros cerca de 20.000 euros que harían falta, nos plantearíamos una segunda alternativa».

El nuevo mosaico

Por otro lado, el delegado ha explicado que el municipio «está ahora mismo muy volcado» en el hallazgo de un gigantesco mosaico descubierto también en julio de 2015, al que han denominado ‘Los Amores de Zeus‘, y que tiene más de 40 metros cuadrados. «Este tesoro histórico se encuentra según ‘National Geographic’ entre los diez hallazgos más importantes a nivel mundial del 2015, es por ello por lo que consideramos que su restauración va a afectar positivamente al municipio y queremos llevarlo a pleno para aprobar el proyecto», ha señalado.

Al mismo tiempo, Gómez ha subrayado que «la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Écija van a aprobar un proyecto de confinanciación, después de varias conversaciones, para la mejora y la reparación de este mosaico. La inversión del mismo iba a ser en un principio de entre 190.000 y 230.000 euros, pero finalmente han reducido el presupuesto y oscilará en torno a los 80.000 euros».

Finalmente, el delegado ha recalcado también la «importancia» del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico para poder llevar a cabo dicha restauración, en la que la Consejería de Cultura, pondrá a disposición a parte de sus restauradores para la ejecución de este proyecto de carácter público. «Se trata de una joya, un buen revulsivo como reclamo turístico y cultural que el municipio no puede desperdiciar», ha concluido.

 

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27 agosto 2016 at 11:17 am Deja un comentario

El matrimonio que llegó a Dos Hermanas mucho antes que Elvira y Estefanía

En los terrenos de la antigua ciudad de Orippo se halló la escultura romana de una pareja sentada, que hoy se conserva en el Museo Arqueológico

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Matrimonio sedente de Orippo, en el Museo Arqueológico

Fuente: L. MONTES > Dos Hermanas  |  ABC
26 de agosto de 2016

La tradición cuenta que la ciudad de Dos Hermanas fue fundada por las hermanas Elvira y Estefanía Nazareno, quienes tras la reconquista de Sevilla descubrieron en estos terrenos una cueva en cuyo interior se hallaba una imagen de Santa Ana. En torno a ese espacio se construiría un templo, que poco a poco iría dando lugar a la conformación de una población. Podría considerarse, por tanto, que las dos hermanas, por cuya gesta lleva la ciudad su nombre, son las primeras nazarenas del municipio, siendo también, con toda probabilidad, los personajes de la historia local más reconocidos por sus habitantes actuales.

Sin embargo, mucho antes que ellas ya poblaron la zona otras civilizaciones, que dejaron también su impronta sobre estas tierras. De esos antepasados turdetanos y romanos destaca la presencia de otra pareja, esta vez, de un matrimonio de piedra, cuya figura había quedado oculta durante siglos hasta que a principios del XX fue descubierta por Juan Lafita Díaz, quien fuera director de Museo Arqueológico de Sevilla.

Se trata de la escultura conocida como el «Matrimonio sedente de Orippo», una escultura funeraria perteneciente a la Bética romana, que representa a una pareja sentada y cogida de la mano, y que fue hallada en los terrenos próximos a la Torre de los Herberos, en una parcela del polígono industrial La Isla, donde se asentaba la antigua ciudad de Orippo, al borde también del antiguo cauce del río Guadalquivir, y situada a las afueras de la ciudad actual.

Los restos arqueológicos encontrados bajo estos suelos demostraron que mucho antes de la «fundación» de la ciudad nazarena con la llegada de las dos hermanas, ya existió una ciudad llamada Orippo, de origen turdetano y que se situaba en tiempos romanos en la Vía Augusta de Roma a Cádiz. Tal fue su importancia, que llegó incluso a acuñar moneda propia.

Según relata el arqueólogo Manuel Camacho Moreno en su artículo «El matrimonio sedente de Orippo», publicado en la Revista de Feria y Fiestas de 2015, el grupo escultórico fue descubierto en 1928 por Lafita Díaz. Se sabe que se encontró en una trinchera de poca profundidad abierta al pie de la Torre de los Herberos junto con un capitel jónico. La escultura fue depositada durante un tiempo en el caserío de Tixe, próximo a la zona y propiedad de los Marqueses de Esquivel, quienes en 1944 donarían la pieza al Museo Arqueológico sevillano, donde ocupa en la actualidad un lugar destacado, en la misma sala donde también se expone el capitel.

Enigmático matrimonio

El gesto de ambas figuras, cogidas de la mano, permitió a los investigadores identificarlos como una pareja de esposos así como situar la pieza en la época más temprana de la Bética romana por su técnica escultórica. Su espectacularidad radica también en el tamaño de sus dimensiones, tan solo algo menores que el natural, con 1,14 metros de altura y 90 centímetros de anchura, y se cree que tanto el matrimonio de piedra como el capitel –que en su origen estuvieron estucados y policromados- pertenecieron a una edificación funeraria monumental, al estilo de otros que existían durante aquella época.

Según añade también Camacho en su artículo, se trata de una pieza única ya que no era habitual la presentación de mujer y hombre en la estatuaria romana peninsular. «Estamos, por tanto, ante una tumba perteneciente a una de las familias más ricas de Orippo, que decidió erigir en su memoria un sepulcro acorde a la moda del momento, inspirado en las necrópolis monumentales del Mediterráneo helenístico», apunta el arqueólogo en su análisis.

A qué familia pertenecieron o cuál era el origen de este enigmático matrimonio, cuya representación ha llegado hasta nuestros días, continúan en la actualidad siendo una incógnita aunque su hallazgo ha permitido, al menos, conocer a los que fueron unos de los primeros habitantes que poblaron esas tierras, hoy en el extrarradio del núcleo urbano de Dos Hermanas, mucho antes de que otra pareja -esta vez de hermanas-, propiciaran el origen de la población actual, con el decubrimiento de la talla de Santa Ana.

 

27 agosto 2016 at 11:13 am Deja un comentario

Arqueología bajo el suelo de Londres, un pasado oscuro

Espoleada por un boom de la construcción, la arqueología ahonda en el pasado remoto de la urbe

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Los arqueólogos desenterraron cráneos de la época romana cerca de la estación de Liverpool Street. Enterrados hace unos 1.900 años, los huesos habían ido a parar a un canal fluvial, lo que explica que unos cantos rodados acabaran alojados en una cuenca ocular. Museo de Arqueología de Londres (MOLA); Crossrail

Fuente: Roff Smith  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
26 de agosto de 2016

En un luminoso laboratorio de una de las plantas superiores del Museo de Arqueología de Londres (MOLA), la conservadora Luisa Duarte limpia con cuidado el gran fresco del siglo I que hace unos días ha llegado al museo procedente de una obra de construcción en Lime Street, una de las calles del distrito financiero de la ciudad. Los obreros que excavaban la cimentación de una nueva torre de oficinas de 38 plantas se habían topado con las ruinas de un edificio de la primera época romana. Los expertos del museo lo sitúan en torno al año 60 de nuestra era, datación que convierte el fresco romano en uno de los más antiguos hallados en Londres hasta la fecha. Con unos tres metros de largo y casi dos de alto, es también uno de los más grandes y completos.

“Quienquiera que fuese el que lo encargó, na­daba en la abundancia –dice Duarte, sin dejar de retirar con una espátula la tierra húmeda adherida a la superficie del fresco–. Un comerciante adinerado, o un banquero. Alguien con buen gus­­to, dinero y clase. Este fragmento rojo, por ejemplo, parece cinabrio, un pigmento carísimo que solo encontramos en las obras más exquisitas”.

Los arqueólogos creen que el fresco adornaba un edificio que fue demolido en los albores del siglo II para hacer sitio a una basílica grandiosa, la mayor que construirían los romanos al norte de los Alpes, más grande que la actual catedral de san Pablo. Para ello arrasaron barrios enteros, utilizaron los escombros como material de relleno, y sobre ellos erigieron el sueño de la generación siguiente. Fue el primero de los muchos proyectos de renovación urbana que se sucederían en los siguientes 1.900 años.

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Termina la jornada laboral y los usuarios del metro bajan a la estación de Piccadilly Circus, en el corazón de Londres. Las obras de construcción de una nueva línea de metro han sacado a la luz miles de piezas arqueológicas que narran la historia de la ciudad desde la Edad de Piedra hasta nuestros días. Simon Norfolk

Basta con levantar el pavimento de una urbe tan antigua como Londres para encontrar absolutamente de todo, desde un fresco romano del siglo I hasta unos patines de hielo medievales, incluso un colmillo de elefante. Londres, una de las capitales europeas con más historia, ha estado habitada por una sucesión de romanos, sajones, normandos, personas de la época Tudor, de la época georgiana, dandis de la Regencia y victorianos, cada uno de los cuales añadió su propio estrato. Como resultado de todo ello, la capital se asienta sobre una especie de lasaña arqueológica de hasta nueve metros de grosor.

Para desdicha de los arqueólogos, Londres es también una bulliciosa metrópolis de más de ocho millones de habitantes, un hervidero de calles transitadas y monumentos arquitectónicos. Son pocas las ocasiones de levantar ese velo de hormigón y rebuscar en un suelo cuajado de piezas históricas. Pero la feliz coincidencia en el tiempo de importantes obras públicas y un boom de la construcción en el corazón arqueológico de la ciudad ha ofrecido una oportunidad sin precedentes para husmear en el Londres subterráneo y explorar su pasado remoto.

El botín de joyas arqueológicas resultante es abrumador. Un tesoro que incluye millones de piezas que abarcan la vasta historia de la presencia humana en las márgenes del río Támesis, desde principios del mesolítico, hace 11.000 años, hasta las postrimerías de la época victoriana, a finales del siglo XIX. Entre los descubrimientos no faltan los huesos de miles de londinenses de a pie que recibieron sepultura en cementerios sobre los que luego se levantaron construcciones y fueron olvidados hace muchos siglos.

La historia de Londres escondida en sus entrañas

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Las obra junto a la estación de Farringdon sacaron a la luz el Londres medieval. Los esqueletos de víctimas de la peste inhumadas en la zona revelan que ya entonces Londres atraía a gentes venidas de lejos. Simon Norfolk

“Estas excavaciones nos aportan fascinantes instantáneas de la vida de los londinenses a lo largo de los años –afirma Don Walker, especialista en osteología humana del MOLA–. Te hacen comprender que todos nosotros somos meros personajes secundarios con un brevísimo papel en un relato interminable”.

Uno de los primeros capítulos de esa historia salió a la luz poco después de 2010 en el solar de 1,2 hectáreas donde se construía el Bloomberg London, la sede europea que el imperio financiero Bloomberg está a punto de inaugurar. Lo­calizada en el antiguo distrito de Cordwainer, barrio de zapateros ya desde época romana, la que iba a ser una excavación de 12 metros de profundidad se convirtió en uno de los yacimientos romanos más importantes hallados en Londres.

Al retirar la tierra, calles enteras quedaron al descubierto, escenas urbanas congeladas en el tiempo: tiendas con estructuras de madera, viviendas, vallas y patios. El yacimiento, que data del año 60 en adelante, se encontraba en un estado de conservación tan increíble que los arqueólogos lo apodaron «la Pompeya del norte». Durante el curso de las excavaciones se recuperaron más de 14.000 piezas, entre ellas monedas, amuletos, fuentes de peltre, lámparas de cerámica, 250 botas y sandalias de cuero y tal cantidad de fragmentos de cerámica que llenaron con ellos más de 900 cajas.

“Fue el mayor tesoro de piezas menudas salido de una sola excavación londinense –dice la arqueóloga Sadie Watson, quien supervisó los trabajos para el MOLA–. Nos ofrece una visión sin precedentes de la vida cotidiana en el Londres romano”.

El tesoro incluye casi 400 tablillas de madera, en algunas de las cuales aún son legibles cartas, contratos y documentos financieros. (En otro yacimiento aparecieron listas de compra, invitaciones a fiestas y el contrato de compraventa de una niña esclava.) Tan extraordinario estado de conservación se debe al Walbrook, un arroyuelo olvidado que discurría por el corazón de la Londinium romana y desembocaba en el Támesis. Sus orillas pantanosas y sus tierras anegadas preservaron casi todo lo que fue a parar a ellas.

“La bendita humedad inglesa –dice Watson entre risas–. Gracias al Támesis y sus afluentes, Londres posee uno de los mejores entornos para la conservación con los que puede soñar un arqueólogo. El cuero, la madera y el metal, que en otro lugar se pudrirían o se oxidarían, salen de este suelo en condiciones milagrosas”.

Sin duda las obras del Crossrail, la nueva conexión ferroviaria subterránea este-oeste, han sido una bendición para la arqueología londinense. Con un coste de 20.000 millones de euros, constituye al mismo tiempo uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos y una de las excavaciones arqueológicas más vastas de Europa. Desde que se empezó su construcción en 2009, los 42 kilómetros de túneles y las más de 40 zonas de obras del Crossrail han sacado a la luz miles de piezas arqueológicas y fósiles que dan fe de lo ocurrido en Londres en los últimos 70.000 años.

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Una tuneladora perfora el subsuelo de Londres para la abrir paso al Crossrail, una nueva conexión ferroviaria que unirá la ciudad de este a oeste. Desde que empezó su construcción en 2009, los 42 kilómetros de túneles y las más de 40 zonas de obras han sacado a la luz miles de piezas arqueológicas que dan fe de lo ocurrido en la ciudad en los últimos 70.000 años. Simon Norfolk

La mayor excavación, y también la más espectacular, se inició la pasada primavera delante de la transitada estación de Liverpool Street. El proyecto de construir un despacho de billetes de metro subterráneo pasaba por desmontar el antiguo camposanto de Bedlam, el que fuera el primer cementerio municipal de Londres. Aquello implicaba exhumar los esqueletos de más de 3.300 londinenses, la mayoría fallecidos en los siglos XVI y XVII, cuando las calles de la ciudad sufrían el reiterado azote de la peste.

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La mitad de la población de Londres murió durante la pandemia de peste negra de 1348-1350. Entre las víctimas estaban los dueños de estos esqueletos, desenterrados en las cercanías de Charterhouse Square. Museo de Arqueología de Londres (MOLA); Crossrail

Con los camposantos eclesiásticos a rebosar de víctimas de la peste, las autoridades decidieron abrir un cementerio público para absorber el exceso de cadáveres. Los gestores del Bethlem Royal Hospital –conocido popularmente como Bedlam, el primer manicomio de Europa– vendieron al municipio un acre (0,4 hectáreas) de terreno en 1569. Al no pertenecer a ninguna iglesia en concreto, Bedlam se convirtió en la última morada predilecta de radicales, inconformistas, inmigrantes y marginados, además de las clases trabajadoras pobres. Para cuando echó el cierre definitivo, en torno a 1738, el cementerio había superado su capacidad varias veces: se calcula que en él se enterraron unos 30.000 muertos.

El cementerio de Bedlam es la necrópolis más diversa de Londres –dice Jay Carver, arqueólogo jefe del proyecto Crossrail, cuyo equipo dedicó meses a investigar la zona antes de iniciar la excavación–. En él está representado el espectro social al completo, desde enfermos mentales y malhechores hasta la esposa de un exalcalde de Londres”.

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Lápida de una víctima de la peste de 1665. Cementerio de Bedlam. MOLA; Crossrail

Carver y yo contemplamos la excavación desde una plataforma. En la zanja que hay a nuestros pies, 30 arqueólogos con monos naranjas y cascos azules cepillan la tierra adherida a los cráneos. Se cree que muchos de los individuos exhumados fueron víctimas de la gran peste de 1665, que se llevó por delante entre 75.000 y 100.000 londinenses de un total de 450.000.

Los científicos tienen previsto analizar parte de esos restos con la esperanza de ampliar sus conocimientos sobre la mortífera bacteria de la peste. «Uno de los grandes misterios es por qué la peste nunca volvió a Londres después de 1665 –cuestiona Carver–. Hasta ese momento azotaba la capital con bastante regularidad, pero a partir de ahí desapareció. ¿Por qué? ¿Qué cambió? Confiamos en poder hallar alguna respuesta.»

Identificar los restos de cada una de las personas inhumadas es casi imposible. Pero hay una osamenta que sí podría identificarse: la de Robert Lockyer, un radical populista fusilado en 1649. Fue enterrado en Bedlam con el funeral más multitudinario jamás celebrado en el histórico cementerio. Carver está ojo avizor: «Si damos con algún esqueleto con orificios de mosquete, estaremos bastante seguros de quién es».

Los esqueletos suelen revelarnos mucho más sobre la vida de sus dueños que sobre su muerte

La forma de morir de Lockyer quizá dé a su esqueleto cierto caché histórico, pero los huesos de otros londinenses podrían contar historias más interesantes. “Los esqueletos suelen revelarnos mucho más sobre la vida de sus dueños que sobre su muerte”, apunta Don Walker.

Los análisis osteológicos y de isótopos realizados a unos esqueletos de los siglos XIV y XV, desenterrados durante una excavación en Charterhouse Square, trazan un espeluznante retrato de la vida en el Londres medieval. Muchos presentaban signos de desnutrición y uno de cada seis padecía raquitismo. También eran comunes las patologías y los abscesos dentales, que se su­­maban a una elevada tasa de lesiones de espalda y desgarros musculares, consecuencia del durísimo trabajo físico. Los cuerpos del siglo XV presentaban un inquietante porcentaje de lesiones en la parte superior del tronco, congruentes con posibles altercados violentos en una ciudad donde la ley y el orden se quebrantó debido a la devastación causada por la epidemia.

Sin embargo, por lo visto Londres seguía atrayendo con fuerza a los campesinos que buscaban una vida mejor. El análisis de isótopos revela que casi la mitad de los esqueletos examinados pertenecen a individuos que crecieron fuera de la urbe, algunos de ellos inmigrantes de tierras tan lejanas como el norte de Escocia. «Parece que el Londres del siglo siglo XIV atraía ya a gente de toda Gran Bretaña», dice Walker.

Son las ocho de la mañana de un lluvioso día laborable y la entrada de la estación de Cannon Street es un hervidero de gente que se dirige al trabajo. Pocos –por no decir nadie– reparan en la reja de hierro encastrada en la base del edificio de un antiguo banco al otro lado de la calzada, y decididamente nadie se acerca para atisbar el bloque de piedra caliza que custodian esos barrotes como si de un tesoro se tratase. Es la Piedra de Londres.

Nadie puede decir cuál fue su función original, si bien la leyenda advierte de que la ciudad caerá si la piedra es retirada o destruida. Se menciona en títulos de propiedad que se remontan al año 1108, y ya entonces se tenía por un mojón antiquísimo. William Camden, un estudioso de antigüedades que vivió en el siglo XVI, veía en ella un miliario romano, el punto cero desde el que se medían todas las distancias de la Britania.

También se hace mención a ella en la dramaturgia de William Shakespeare y en la poesía de William Blake. Durante siglos estuvo en medio de la calle, convertida en monumento popular, hasta que en 1742 se decidió que constituía un peligro para el tránsito y fue trasladada al lado norte de la calle, fuera del paso. Allí sigue desde entonces, primero junto a la entrada de la iglesia de Saint Swithins (san Suituno) y después, cuando el templo sucumbió a los bombardeos alemanes, en una hornacina del muro del nuevo edificio.

“La naturaleza de la Piedra de Londres es un misterio –dice Jane Sidell, inspectora de monumentos antiguos de Historic England, el organismo nacional que defiende la conservación del patrimonio histórico–, pero desempeña un pa­­pel en la historia de la arqueología londinense”. Vale la pena recordar que cuando sir Christopher Wren reconstruyó la iglesia de Saint Swithins tras el Gran Incendio de 1666, se preocupó de erigir una cúpula alrededor de la Piedra de Londres para protegerla: este es el primer ejemplo conocido de alguien que tomó la iniciativa de proteger un yacimiento arqueológico in situ.

Muchas menos molestias se tomó Wren cuando descubrió las notables ruinas romanas al ex­­cavar los cimientos de la catedral de san Pablo. Por fortuna para la posteridad sí hubo quien se interesó en ellas: un anticuario londinense llamado John Conyers, quien se dedicó a seguir a todas partes a los trabajadores de Wren, tomó apuntes, embolsó piezas arqueológicas e hizo detallados dibujos en lo que la historiografía moderna considera una de las primeras investigaciones arqueológicas formales.

Unos años más tarde Conyers también documentó la exhumación de un mamut en la zona de Kings Cross, y fue el primero en postular que el hacha de mano de sílex hallada en sus inmediaciones era de factura humana.

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Plato conmemorativo de la coronación de la reina Victoria en 1838. Museo de Arqueología de Londres (MOLA)

Pero habría que esperar a la década de 1840, cuando los ingenieros victorianos empezaron a tunelar el subsuelo londinense para tender un extenso sistema de alcantarillado, para que la nueva ciencia de la arqueología se consolidase. Fue entonces cuando Charles Roach Smith, bo­ticario, numismático y aficionado a las antigüedades, ignoró los convencionalismos sociales y, enfundado en ropas viejas, bajó a los túneles a la zaga de los obreros. Al igual que Conyers, se dedicó a observar, tomar apuntes, hacer bosquejos y salvaguardar cuantas piezas pudo. «Aquello inició la intervención arqueológica en obras públicas y privadas tal y como la conocemos hoy», dice Jay Carver, del proyecto Crossrail.

Roach Smith llegó a ser la primera autoridad de la nación en el tema de la Britania romana. Su colección personal de piezas arqueológicas formaría el núcleo de la futura colección de la Britania romana del Museo de Londres. Curiosamente, en el mismo solar que en su día estuvo su vivienda, en el número 5 de Liverpool Street, está hoy el edificio de oficinas del equipo ar­queológico del Crossrail, una coincidencia que no pasa desapercibida para su arqueólogo jefe. «Roach Smith ocupa un lugar especial en nuestro pensamiento –dice–. Aunque hayan transcu­rrido 150 años, sus observaciones y sus apuntes nos han alertado del potencial de varios yacimientos de la ciudad.»

No toda la arqueología de Londres yace bajo tierra. Imponentes tramos de la muralla original romana del siglo II que en su día circundaba la ciudad todavía pueden verse en lugares como Tower Hill o Saint Alphage Garden. O junto al Museo de Londres, donde un trozo de la muralla romana quedó a la vista en 1940 tras una noche de bombardeos de la Luftwaffe. En un aparcamiento subterráneo de la zona puedes dejar el coche junto a una de las puertas originales de la ciudad. Y en el sótano de la barbería de la esquina de Gracechurch Street con Leadenhall Market hay un arco de la basílica romana del siglo II.

“Pero el yacimiento arqueológico más grande y más visible de Londres es el Támesis cuando baja la marea”, afirma Nathalie Cohen, directora del Programa de Descubrimiento del Támesis del Museo de Arqueología de Londres.

Tras el amanecer de un límpido día de invierno, el sol todavía bajo arranca destellos a la cúpula de la catedral de san Pablo. Estamos a orillas del río, justo al pie de la catedral, bajando los escalones de piedra que conducen a la zona intermareal, que acaba de quedar expuesta. Es una mezcla de adoquines, tejas, huesos de animales, loza, fragmentos de pipas de arcilla, hierros oxidados y trozos de vidrio de colores que la implacable acción de las mareas ha redondeado.

“Casi todo lo que ves aquí es arqueología –dice Cohen, señalando una teja de la época romana o un trozo de porcelana victoriana con motivos azulados mientras avanzamos por el terreno irregular–. La marea lo revuelve todo una y otra vez. Nunca sabes lo que puedes encontrarte”.

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En 2013, mientras excavaban en las obras de un nuevo hotel, los arqueólogos descubrieron una de las esculturas mejor conservadas de la Britania romana, la de una culebra que se retuerce en las garras de un águila. Es posible que la estatua adornase el mausoleo de un alto cargo de la ciudad. Museo de Arqueología de Londres (MOLA); Endurance Land y Aberdeen Asset Management

Gran parte de la zona intermareal es accesible al público y es uno de los destinos favoritos de arqueólogos amateurs y entusiastas de los detectores de metales, aficionados cuyo talento y energía aprovechan Cohen y sus colegas para documentar, vigilar y salvaguardar los puntos protegidos. Uno de estos puntos es Queenhithe, un pequeño entrante en la margen del río justo debajo del puente del Milenio. Mencionado en documentos anglosajones de finales del siglo IX, fue utilizado como muelle hasta bien entrado el siglo XX. También fue la última morada de dos mujeres de la época sajona, una de las cuales debió de ser ejecutada con un golpe en la cabeza y enterrada en este inquietante lugar entre los años 640 y 780. “Entonces debía de ser un lugar espeluznante”, sentencia Cohen.

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Caja de caudales y bala de cañón (que se hacía rodar para simular el sinido de un trueno). Excavación del Rose Theatre, coetáneo de Shakespeare. Museo de Londres

Mientras tanto, en Liverpool Street los arqueólogos han cribado el terreno hasta llegar al estrato de los inicios de la época romana. Aquí, en lo que un día fuera extramuros, en el lodo negro que marca el antiguo curso del río Walbrook, se apuntan un hallazgo intrigante: una vieja cacerola todavía tapada repleta de restos humanos incinerados. Alguien la enterró a orillas del río hace casi dos milenios. Y muy cerca han aparecido también unos 40 cráneos, quizá de rebeldes o criminales ejecutados.

“Desde siempre en el curso del Walbrook han aparecido de cuando en cuando cráneos de la época romana, pero suponíamos que la erosión los había desenterrado de algún cementerio romano y que el río los había arrastrado aguas abajo –explica Carver. Pero los últimos descubrimientos sugieren otra cosa–. Parece que tendremos que revisar los hallazgos de los últimos dos siglos y buscar otra explicación”.

Al bajar la vista hacia la oscura línea de tierra que un día marcó el curso del desaparecido río, con el rumor del tráfico londinense en los oídos, me viene a la mente la primera escena de El corazón de las tinieblas. El narrador de Joseph Conrad, el locuaz marino Marlow, recuerda a sus interlocutores, mientras contemplan la puesta de sol sobre Londres: “También este ha sido uno de los lugares oscuros de la Tierra”.

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Frasco de perfume del siglo XIII procedente de Oriente Próximo. Museo de Arqueología de Londres (MOLA)

 

27 agosto 2016 at 11:08 am Deja un comentario

Un antiguo misterio: ¿dónde está la tumba de Alejandro Magno?

Rey, guerrero, unificador y conquistador; estas palabras se utilizan a menudo para describir al hombre conocido como Alejandro Magno de Macedonia.

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Mosaico en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles que representa a Alejandro en la batalla de Issos. Alejandro, unido por la fuerza a Grecia, conquistó el imperio persa y el de Egipto, conquistando y estableciendo las colonias macedonias en Irán y derrocando el norte de India, por nombrar algunas de sus victorias.

Fuente: PAUL DARÍN  |  LA GRAN ÉPOCA
25 de agosto de 2016

Rey, guerrero, unificador y conquistador; son palabras que a menudo se utilizan para describir al hombre conocido como Alejandro Magno de Macedonia, quien a una temprana edad se dispuso conquistar el mundo conocido y estuvo cerca del éxito antes de completar los 33 años.

“Mi hijo, pide otro reino para ti. Porque lo que os dejo es demasiado pequeño para vosotros”, fueron palabras dichas a Alejandro Magno por su padre Filipo II, Rey de Macedonia, según “El trabajo de referencia Volumen I del Nuevo Estudiante”.

Se convirtió en rey a la temprana edad de 20 años, tras el asesinato de su padre en la boda de su hermana en el 336 a.C..  En dos años, Alejandro fue obligado a unirse a Grecia y a comenzar su conquista de Asia. Pronto el Imperio Persa cayó, y Egipto fue el siguiente. Allí se crearía la gran ciudad de Alejandría. Mientras se dirigía hacia la India conquistó y estableció colonias macedonias en Irán. Derrocó el norte de India, y destronó a Poros, el rey hindú.

Durante la conquista del imperio persa, y habiendo avanzado hasta la India, sus ejércitos se negaron a seguir adelante por estar en los confines del mundo conocido, y Alejandro comenzó su viaje de regreso a Babilonia. Durante éste se mantuvo en etapas preliminares de planificación para realizar una campaña hacia el oeste, incluyendo a Roma y Cartago. Sin embargo, contrajo una fiebre y murió en Babilonia el 10 de junio de 323 a.C.; tenía 32 años.

Así que, ¿dónde está el lugar de su descanso final?

Desafortunadamente, nadie lo sabe a ciencia cierta. En algún momento, Ptolomeo, general de Alejandro y el futuro rey de Egipto (305 A.C.) tomó el control de su cuerpo.

“El cuerpo de Alejandro fue llevado a Memphis por Ptolomeo, en cuyo poder había caído Egipto, y desde allí fue trasladado unos años después a Alejandría, en donde cada señal de respeto se mantiene como pago en memoria a su nombre”, según el antiguo historiador romano Quinto Curcio Rufo, en “Historias de Alejandro el Grande”.

Un descendiente después de Ptolomeo, Ptolomeo Filopator, pudo haber movido nuevamente los restos de Alejandro, colocándolos en un mausoleo común con otros predecesores de Ptolomeo. Esto podría haber ocurrido en algún lugar entre 220 a 205 A.C.

Varios emperadores romanos informaron de su visita a la tumba de Alejandro.  Octavio, el futuro emperador Augusto, al parecer visitó la tumba en el año 30 A.C. ofreciendo sus respetos con flores y colocando una diadema de oro (corona) sobre su cabeza momificada.

La última supuesta visita fue la del emperador romano Caracalla en 215 D.C.; desde entonces, la ubicación de la tercera tumba se ha perdido en la historia.

En busca de la tumba

Muchas organizaciones siguen buscando la tumba perdida de Alejandro. Una de ellas es el Centro Polaco de Arqueología Mediterránea; sin embargo, este fue objeto de una broma en el verano de 2014, cuando algunas agencias de noticias de Internet informaron que el grupo descubrió en el centro de Alejandría la tumba que faltaba, según el Cairo Post.

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Alejandro Magno visita la tumba de Aquiles, pero nosotros no podemos visitar su tumba. Esta pintura es de Giovanni Paolo Panini

En 2008, los investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania anunciaron que una tumba en la aldea norteña griega de Vergina era la de Filipo III Arrideo, hermanastro de Alejandro Magno, según National Geographic News. Entre los artefactos descubiertos había un casco, un escudo y una corona de plata que los investigadores creen podrían haber pertenecido al propio Alejandro, ya que supuestamente su hermano reclamó estos elementos después de su muerte.

En el otoño de 2014, los científicos confirmaron en el Museo Arqueológico de Tesalónica lo que ya se había discutido anteriormente, que los huesos encontrados en las dos tumbas debieron haber sido los de Alejandro Magno padre y del Rey Felipe II, según Discovery News.

La búsqueda de la tumba de Alejandro Magno continúa. Pero, por desgracia, el lugar de descanso muchas veces fue cambiado a lo largo de la historia y los paisajes de la antigua ciudad se han cubierto con más transformaciones, perdiéndose así las edades. Sin embargo los restos de su familia, como los artefactos que probablemente fueron usados en vida, son conocidos por los científicos de hoy, y estos traen la leyenda más cercana a la vida real. Tal vez un día, su lugar de descanso final sea, una vez más, el lugar donde la gente pueda visitarle para ofrecer sus respetos al hombre que casi gobernó al mundo.

 

26 agosto 2016 at 1:26 pm Deja un comentario

Los restos del templo de Isis de Cartagena podrán visitarse en otoño

  • Las excavaciones en el Barrio Romano han recuperado tres capillas y grandes cisternas vinculadas a rituales dedicados a la diosa egipcia
  • La musealización del yacimiento incluye la instalación de pasarelas para que los visitantes puedan observar el santuario

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Los operarios y arqueólogos trabajando en el yacimiento durante el pasado mes de julio. / Felipe García Pagán

Fuente: MARÍA JESÚS GALINDO ­ |  La Opinión de Murcia
26 de agosto de 2016

La excavación arqueológica de la segunda base del Barrio del Foro Romano del Molinete, en el área sacra del templo de Isis, ha finalizado ya prácticamente, por lo que el yacimiento podrá ser visitado a partir del próximo otoño.

En la campaña llevada a cabo a finales de 2015 se descubrió el basamento del citado templo rodeado por una serie de construcciones posteriores. Este año, entre los meses de mayo, julio y parte de agosto se han excavado los niveles tardorromanos, se han recuperado tres capillas, y se ha recuperado todo el entorno original del templo, incluso las grandes cisternas existentes en el subsuelo vinculadas con rituales dedicados a la diosa egipcia Isis.

La vicealcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón, destacó que «el cambio es sustancial», puesto que «cada vez se ve más clara la importancia y espectacularidad del yacimiento», aunque «queda mucho por hacer» en unas intervenciones arqueológicas patrocinada por Puerto de Culturas y la Fundación Repsol.

Desde principios de este mes se están desarrollando los trabajos de restauración y canterería para consolidar todas las estructuras exhumadas y proceder a la anastilosis, es decir, a la reconstrucción de distintas partes del monumento tras el estudio detallado de los restos que componían su estructura.

Esta actuación se completará con la colocación de pasarelas para visitantes y la musealización general de este yacimiento arqueológico, uno de los más destacados de Cartagena, junto con el Teatro Romano.

El director de las excavaciones del Foro Romano, en el Molinete, José Miguel Noguera, ya avanzó hace más de un año que el descubrimiento del citado santuario puede suponer un antes y un después en la arqueología de la ciudad. Y es que, el templo hallado en el yacimiento está entero prácticamente, «lo que sitúa a Cartagena como la cuarta ciudad romana en el mundo con uno de estos complejos enteros tras Pompeya y Ostia, en Italia, y Baelo Claudia, en Cádiz. El grado de conservación del inmueble permitirá conocer los rituales que se hacían en él en época romana: cómo vivían, gracias a los múltiples materiales arquitectónicos, escultóricos, epigráficos y de bronce encontrados.

 

26 agosto 2016 at 10:07 am Deja un comentario

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