La representación de la naturaleza en la mitología grecorromana

  • El Palacio Real de Milán acoge hasta enero del año que viene una muestra con más de 200 obras características de lo que es la raíz histórica de la cultura occidental
  • Las piezas exhibidas oscilan entre el siglo VIII a.C y el II d.C.

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Fuente: CARMEN DEL VANDO  >  Milán  |  EL MUNDO      31/07/2015

En su conjunto, la mitología constituye una masa de narraciones legendarias de todo orden y época. La primera distinción resulta del origen del texto: ciertas leyendas son romanas y la mayor parte helénicas. Lo cierto es que las dos mitologías se enlazan en muchos puntos de contacto, aunque siguieron caminos distintos y de diferente extensión antes de encontrarse. Y no cabe duda de que el pensamiento mítico griego es sobremanera el más rico, el que impondría sus formas al siguiente.

Las más recientes investigaciones han revelado que las estratificaciones más profundas de la mitología romana se remontan a la prehistoria de la ‘estirpe’ latina. De hecho, son las fábulas clásicas de la mitología latina -a menudo variantes banales de narraciones helénicas que dejan entrever un elemento nacional-, a las que la leyenda da una explicación: aparentemente Minerva en Roma no representa más que otra denominación de Atenea, si bien sus aventuras se comprenden única y justamente dentro de la mitología latina.

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Fresco de un jardín de Pompeya (30-35 d. C.)

Prácticamente la división entre ambos pensamientos es bastante difícil, aunque no imposible y se sabe a ciencia cierta que la cultura romana, receptora de una primera influencia griega, supo mantener cierta originalidad por las diversas aportaciones: substrato latino, disciplina etrusca e impregnación sabélica permitieron al pensamiento romano encanalar en cierto sentido la evolución incomparablemente más copiosa que la de la mitología helénica. En lo que respecta a las leyendas funcionó como en la escultura, pintura o arquitectura desarrolladas en Roma gracias a técnicos helénicos, cuya trayectoria no fue insignificante, alcanzando su máximo relieve bajo el imperio.

Mitología y naturaleza

La cita milanesa penetra en los hogares, en los templos, en los ritos sociales y religiosos, en los campos para ofrecer los testimonios de esta vasta cultura mediterránea, griega y romana, la raíz histórica de la civilización occidental. Lucen las figuraciones más fascinantes de la naturaleza, con más de doscientas obras de arte griego, magnogriego y romano: vasijas, terracotas votivas, estatuas, frescos y objetos de lujo de oro y de plata, ordenados cronológicamente del siglo VIII a.C. al II d.C., en seis secciones temáticas, enfocando la producción artística de la Italia sureña helenística y romana, en especial modo los hallazgos arqueológicos de la zona vesubiana y la pintura mural pompeyana.

Una de las piezas exhibidas en la muestra

Una de las piezas exhibidas en la muestra

‘El espacio de la naturaleza’ muestra las primeras figuraciones de la edad arcaica que representan una naturaleza salvaje y sobre todo las repetidas escenas marinas como el naufragio, reproducido de forma grandiosa e inquietante en la escena de la vasija del siglo VIII a.C. del Museo de Ischia. ‘El mar y su fauna’ inmortalizados en las monedas del siglo V y en las célebres pinturas funerarias de Paestum, se expanden en las grandes vasijas de figuras rojas de la Magna Grecia del V y IV a.C. ‘La naturaleza como señal y metáfora’, es decir la relación del hombre con el ambiente, se desarrolla en sentido simbólico como demuestra la excepcional lastra funeraria,’la zambullida’, de Paestum.

Sobresale el valor metafórico de plantas o animales en la decoración ceramista griega y magnogriega de los siglos V y IV a.C. El arte figurativo elabora las historias de Dionisio centradas en el vino, las de Demetra en el trigo así como las de Triptólemo, que enseñó a sembrar al hombre. En cuanto a ‘La naturaleza cultivada don de los dioses’, la estatua de Triptólemo de Santa María Capua Vetere y las lastras votivas de Locri, espléndidos ejemplos de bajorrelieves en terracota de los siglos V y IV a.C. muestran unas magníficas ilustraciones de las divinidades de la vid y el trigo.

Estatua de Triptólemo (siglo I a.C.-I d.C.)

Estatua de Triptólemo (siglo I a.C.-I d.C.)

Se prosigue con ‘El jardín encantado’ a través de la decoración de una naturaleza exuberante que evoca jardines mágicos de la vida beata tras la muerte donde la naturaleza está figurada como adorno, no realística. Los motivos naturalísticos que aparecen en los recipientes de figuras rojas del siglo IV a.C. se transmiten hasta la época romana a través de vasijas, pinturas, elementos arquitectónicos y decorativos, en objetos de plata y en relieves marmóreos.

Las obras de ‘El Paisaje’ hacen su entrada en el arte de época helenística y llegan a Roma a inicios del siglo I a.C a las viviendas aristocráticas y burguesas de la edad imperial. Por otro lado, ‘El verde real y el verde pintado’ reúne espectaculares ilusiones pictóricas de jardines en las ‘domus’ romanas y campanas. Mientras ‘El Mediterráneo a los pies de los Alpes’ se concentra en los modelos que las lujosas villas marítimas difundieron en las grandiosas residencias lacustres durante la romanización de la Italia norteña.

31 julio 2015 at 12:11 pm Deja un comentario

Reabre al público tras su restauración la basílica de Pompeya

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La basílica de Pompeya tras la restauración llevada a cabo en el marco del Gran Proyecto Pompeya

Fuente: Adnkronos    29/07/2015

A partir de hoy vuelve a ser visitable la basílica de Pompeya, tras concluir las intervenciones arqueológicas de seguridad previstas en el Gran Proyecto Pompeya que están afectando a toda la Regio VIII, que rodea al edificio. Las intervenciones se han centrado particularmente en los estucos y en las columnas de ladrillo de la basílica, donde se evidenciaban grietas y pérdidas de material.

Se ha procedido, por tanto, a acciones de integración muraria y sellado de las juntas de las columnas, rellenado de las grietas y fijación de los estucos. El objetivo de las intervenciones ha sido sobre todo proceder a la reconstrucción de las partes deterioradas, utilizando materiales con un impacto muy reducido, como en el caso de los escalones de acceso al edificio, recompuestos con mortero a base de cal (sin cemento).

Se trata de una intervención adicional de la Gran Proyecto Pompeya que permite la restitución a los visitantes de un importante edificio público, una etapa obligada en los principales itinerarios de visita al recinto arqueológico.

La basílica, un edificio destinado a la administración de justicia y a las transacciones económicas, fue construido en la segunda mitad del siglo II a. C., en el ámbito del proyecto general de monumentalización de la ciudad.

El suntuoso edificio es de planta rectangular y tiene 3 naves, con cubierta a dos aguas directamente desde las columnas centrales y las semicolumnas de la parte superior de las paredes, donde quedan decoraciones  del “primer estilo”. Al fondo está el tribunal, al que se accede a través de una escalera de madera, donde se sentaban los magistrados. La entrada para el público será posible únicamente desde el acceso lateral del edificio que se encuentra en la Vía Marina.

30 julio 2015 at 10:59 am Deja un comentario

La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

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Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

Los secretos del milenario arte del mosaico romano resurgen en la ‘Carmo’ del siglo XXI

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EUROPA PRESS / UPO

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

CARMONA (SEVILLA), 29 Jul. – “Estábamos buscando algo nuevo y, sin darnos cuenta, nos hemos encontrado con algo muy antiguo: el mosaico romano, un arte milenario”, ha asegurado Santiago Recio, técnico auxiliar de Arqueología y Musivario y monitor de cursos de formación, para quien el mosaico romano es “una forma de parar el tiempo”, de volver a la tranquilidad huyendo del acelerado ritmo de vida de la sociedad actual. “Por experiencia personal puedo dar fe de que los mosaicos son una forma de relajación, concentración y beneficio personal”, ha asegurado.

Santiago Recio ha realizado estas declaraciones con motivo de la inauguración del curso que dirige, titulado ‘Patrimonio histórico: el mosaico romano en Carmona. Taller práctico de elaboración’, y que se celebra hasta el viernes en el marco de los cursos de verano que la Universidad Pablo de Olavide (UPO) organiza cada año en su sede de Carmona (Sevilla).

Para este experto, la máxima romana que reza “sólo las musas o los inspirados por ellas pueden realizar un mosaico” ya no es un mito, sino que se hace realidad por segundo año consecutivo en la sede de la UPO en Carmona convertida, por unos días, en una “auténtica oficina musivaria” al estilo de las originales que un día poblaron la antigua Carmo. “Cuando cortas tu primera tesela con el tagliolo y la martellina —tajadera y martillo—, te das cuenta de que este oficio milenario desprende algo especial”, ha confesado.

De hecho, la segunda edición del curso, eminentemente práctico, ha pasado de 15 a 20 horas lectivas, y de cuatro a seis talleres distribuidos en tres días a lo largo de los cuales los alumnos confeccionan sus propios mosaicos romanos con bocetos tomados de piezas expuestas en el museo y en el Ayuntamiento.

Recio ha explicado que el mosaico era una de las “formas de decoración más apreciadas entre las clases aristocráticas del mundo antiguo”. Conocida bajo dos formas —el mural y el pavimental—, la técnica consiste en la yuxtaposición de teselas de piedra, mármol o pasta vítrea y fue utilizado ampliamente en Hispania y en la Bética durante la época romana.

En aquellos tiempos, los mosaicos eran una suerte de alfombras contemporáneas, de manera que las clases altas los sustituían periódicamente en una forma de hacer ostentación de su riqueza, “alcanzando el proceso una organización de métodos de trabajo casi industrial”, ha afirmado el experto.

Pero a pesar de la alta especialización que requería todo el proceso, los artesanos que se dedicaban a este oficio “no eran excesivamente bien considerados”, ha señalado. Era una profesión colegiada, donde cada artesano se encargaba de una parte específica del trabajo “bajo la protección tutelar de la diosa Minerva”. Así, en cada taller convivían desde el maestro hasta el operario que preparaba la cal, diseñaba los mosaicos, cortaba las teselas o las colocaba.

El experto ha enmarcado el origen del mosaico romano en la prehistoria. Los ejemplos más antiguos “fueron hallados en la región de Mesopotamia, como el arpa del ajuar funerario de la reina Subad en Ur (2500 a.C.)”. Le siguieron los pavimentos de Creta y Grecia, realizados con guijarros blancos y negros (1600-1000 a.C.). Precisamente, es durante la época griega cuando se perfecciona este arte, “evolucionando desde unos diseños geométricos hacia otros figurativos, con representación de temas mitológicos”.

Con la expansión del Imperio, “los romanos adoptan la técnica, la desarrollan y expanden sus conocimientos”. En el siglo I a.C. nace en Roma el término mosaico, “que en principio sólo designaban a los mosaicos consagrados a las musas, y luego se aplicó también a los murales”, ha concluido.

29 julio 2015 at 9:46 pm Deja un comentario

El anfiteatro romano de Catania

Tráiler de la reconstrucción virtual del anfiteatro romano de Catania realizado por el equipo del ITLab, coordinado por Francesco Gabellone.

Con una circunferencia externa de 309 metros y una arena de 192 metros, el anfiteatro de Catania era uno de los más grandes de Italia, solo inferior al Coliseo de Roma y al anfiteatro de Verona.

29 julio 2015 at 10:12 am Deja un comentario

Lex Scantinia, la ley del sexo

Esta norma romana regulaba el comportamiento sexual e incluía la pederastia, el adulterio y la práctica pasiva de la homosexualidad

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Grabado con representación de acto homosexual / ABC

Fuente: ABC      29/07/2015

La sexualidad está determinada por los roles de comportamiento socialmente establecidos. Una sociedad o cultura concreta prevé un papel activo o pasivo para cada uno de los sexos. La sociedad romana tenía un sistema patriarcal en el que el rol del varón era ser la autoridad principal, enfatizando en la masculinidad una posición «activa» como premisa de gobierno, poder y estatus. En el caso de las mujeres romanas nacidas libres su modelo de comportamiento era descrito como «tribas fricatrix», que significa «la que se frota con un hombre viril», un término usado para describir a una mujer que demuestra cualidades ejemplares.

La religión romana apoyó la aceptación de la sexualidad, como un aspecto de la práctica religiosa, pero la definición de poder de un individuo se producía a través de la fuerza procreadora del macho. La masculinidad debía ser activa, por lo que se desconoce si la tolerancia religiosa pudo ser aplicable a determinados actos homosexuales.

Los hombres eran libres de tener relaciones sexuales con otros hombres, pero por lo general sólo eran aceptables los casos que no estaban contemplados en la Lex Scantinia. Si existía un acto en que la masculinidad del ciudadano romano nacido libre rompía los preceptos de la ley Scantinia su nombre y la reputación de la familia quedaba manchada por la infamia y suponía castigos penales y la pérdida de la personalidad jurídica o social.

La Lex Scantinia era una norma jurídica romana que los historiadores creen que fue creada para sancionar a cualquier ciudadano varón libre que tuviera un rol pasivo en una relación homosexual. Desde una perspectiva social y cultural, el papel «pasivo» o «sumiso» era una amenaza a la masculinidad y a la estructura social. Ese papel estaba reservado a las mujeres y los esclavos. En las legiones, el acto de la homosexualidad entre los soldados era considerado una violación de la disciplina militar y sujeto a sanciones severas. El historiador Polibio reportaba en sus diarios (200-118 aC) que la actividad sexual entre los soldados era castigada con la muerte. Como con cualquier otro ciudadano nacido libre, a los soldados solo se les permitía participar en relaciones entre personas del mismo sexo si estos eran esclavos, prostitutos o cautivos como un signo de autoridad sexual y siempre con un rol activo.

Un incidente histórico relatado por Plutarco en su biografía de Mario, ilustra la mentalidad y la legislación romana sobre la integridad sexual. En este caso, un legionario llamado Trebonio fue objeto de agresiones sexuales por su oficial superior, Cayo Luscius. Trebonio fue llevado ante un tribunal por haber matado a Luscius, pero quedó absuelto y recibió una corona de valentía por defender su masculinidad y la pureza varón romano nacido libre. En «De Bello Hispaniensi», un libro que se cree fue escrito por Julio César (Aunque la autoría es fuertemente disputada) se detalla las campañas de César en la Península Ibérica y menciona a un oficial romano que mantiene actos sexuales activos con su «concubino».

La Lex Scantinia se menciona en varias fuentes antiguas. Un ejemplo es el juicio contra el edil Gayo Scantinius Capitolino que, hacia el 227 antes de C, fue acusado de abusar sexualmente del hijo de Marco Claudio Marcelo. La Lex Scantinia nunca se ha demostrado como un ataque directo contra la homosexualidad, ni una penalización general y total como un delito. En cambio, fue esencialmente una regla para vigilar la naturaleza masculina de un ciudadano romano que debía tomar el rol «activo» en el sexo.

Violación y esclavitud

De las penas previstas por la Lex Scantinia quedaban exentos los hombres nacidos en el caso de violación o relaciones sexuales pasivas forzadas. Según el jurista Pomponio, «el hombre violado por ladrones o por el enemigo en tiempo de guerra (vi praedonum vel hostium) no debe soportar ningún estigma». Sin embargo, se consideró un crimen castigado con la pena capital para un nacido libre violar a otro ciudadano romano. Para evitar la violación de menores de edad, los niños debían llevar una «toga praetexta», una especie de marca de «estado inviolable».

Pero para un ciudadano romano era posible explotar sexualmente a sus esclavos. Un romano podía violar, torturar y abusar de su propiedad sin cargos ni juicio. Un esclavo no tenía protección civil ni autoridad sobre su cuerpo. En esencia, el cuerpo de un esclavo o esclava se podía utilizar para apaciguar los apetitos sexuales de su Dominus. Sobre este tratamiento a los esclavos y cautivos, fue famoso el caso documentado en los textos romanos del Emperador Adriano (117 a 138), constructor de la muralla que lleva su nombre en Northumberland Inglaterra. Tuvo una relación con un chico de Bitinia. Durante un fatídico viaje por el Nilo, el chico se ahogó (130 dC) en circunstancias que algunos historiadores califican de suicidio. En su memoria, Adriano fundó la ciudad de Antinopolis en Egipto y deificó el nombre de Antinoo. En realidad, los romanos consideraban socialmente aceptable abusar de esclavos varones jóvenes en actos sórdidos de la pederastia.

El término delicatus puer o deliciae (que significa dulce, delicado) se aplicaba a menudo a niños esclavos utilizados específicamente para la satisfacción sexual. Esta práctica se representa en La Copa Warren, una copa romana de plata de la época de la dinastía Julio-Claudia, siglo I después de Cristo. La copa está decorada con relieves ornamentales de actos sexuales, uno de cuyos lados representa a un joven macho adulto penetrando un joven esclavo o puer delicatus.

En los casos más extremos, un delicatus puer se castraba y vestía con atuendo femenino. Era un intento por preservar las cualidades juveniles y prolongar el atractivo «femenino» de los niños y adolescentes. El creciente comercio de esclavos para la satisfacción sexual, en particular el comercio de esclavos delicatus puer durante el Alto Imperio llevó al Senado a aprobar una moción de la legislación que eventualmente prohibido la castración de un esclavo contra su voluntad «por motivos de lujuria».

El famoso emperador Nerón (54 a 68 dC) tuvo un delicatus puer llamado Esporo. Un joven de notable encanto femenino, que fue castrado y vestido con las insignias que habitualmente estaba reservadas a las emperatrices romanas. Algunos historiadores creen que más tarde se casó con Esporo después de la muerte de su esposa Popea Sabina.

El matrimonio del mismo sexo

El derecho romano nunca reconoció oficialmente el matrimonio entre parejas del mismo sexo, pero durante los primeros años imperiales, las bodas entre hombres eran en realidad un lugar común. Marcus Valerius Martialis se refiere al matrimonio entre los hombres como «algo que no ocurre con poca frecuencia, aunque se desaprueba» A pesar de tener no ningún vínculo legal con el matrimonio del mismo sexo, esto no impidió los romanos y a sus emperadores casarse con esclavos y jóvenes amantes.

Un ejemplo fue a principios del siglo III después de C, el emperador Heliogábalo , un gobernante descrito como excéntrico y decadente en la «Historia de Augusto» (una colección romana de biografías). Heliogábalo se casó con una atleta masculino llamado Zoticus en una ceremonia pública en Roma.

Con el tiempo, las actitudes hacia estos actos sexuales comenzaron a cambiar, al igual que la identidad religiosa del Imperio. Los dioses paganos politeístas, como Júpiter y Marte fueron reemplazados por la nueva religión monoteísta del cristianismo y su influencia se extendió en todo el mundo clásico. En el siglo IV después de C, se impusieron una serie de prohibiciones legales contra la práctica del matrimonios homosexuales y comezaron a ser criminalizados por los emperadores cristianos como ocurrió en el «Theodosianus Codex» (Recopilación de Leyes romanas). En el año 390, los tres emperadores cristianos, Valentiniano II, Teodosio I y Arcadio declararon ilegal la homosexualidad en todo el imperio para cualquier romano nacido libre bajo pena de muerte.

Bajo el emperador bizantino Justiniano I, (527-565 dC), se decretó que cualquier forma de comportamiento homosexual era «contrario a la naturaleza», y fuera de la ley en todo el Imperio de Oriente. En este punto, la influencia del cristianismo era la religión dominante del Imperio Bizantino y sus ideales conformaban la cultura y forma de vida de la sociedad.

29 julio 2015 at 9:34 am Deja un comentario

Tarragona: Una fortificación romana se va perfilando en La Secuita

Se ha excavado una pequeña parte de esta fortificación, con muros de hasta dos metros de altura, y se han recuperado piezas de cerámica, entre ellas un ánfora brindisina

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Fuente: Alec Forssmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC

Una fortificación romana del siglo II a.C. se va perfilando en unos terrenos agrícolas de La Secuita, un pequeño municipio situado en los alrededores de Tarragona. “El elemento principal de esta fortificación es una torre, construida con muros de sillares parcialmente conservados, pero que en un tramo conserva una potencia de dos metros de altura. Este muro se prolonga hacia el este y queda oculto por un camino y un campo yermo, con una longitud total de unos 30 metros”, explica Joan Canela, uno de los directores de la excavación, a Historia National Geographic. El yacimiento fue descubierto en 2004 por Marc Dalmau, otro de los integrantes de la excavación, mientras caminaba por el término municipal. La primera intervención arqueológica del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC) se ha desarrollado de forma fugaz, del 6 al 17 de julio, pero ha sido muy fructífera. Se ha excavado una pequeña parte de esta fortificación romana y se han descubierto materiales cerámicos que permiten fechar los hallazgos. “Nos indican, grosso modo, que tanto la construcción como su abandono se remontan al siglo II a.C. Creemos que su construcción debe de ser posterior a la primera fase de la muralla romana de Tarraco, fechada en torno al 200 a.C., y posiblemente anterior a la segunda fase de la misma, en el último tercio del siglo II a.C.”, observa Canela.

Un ánfora con el sello del fabricante

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En los espacios contiguos han aparecido otros muros más antiguos, posiblemente pertenecientes a un poblado ibérico, pero por el momento son todo conjeturas. Se han localizado fragmentos de cerámica que datan del período ibérico pleno (450-200 a.C.), por lo que “la existencia de un asentamiento ibérico en este lugar es bastante plausible”. En los estratos correspondientes al abandono de las estructuras romanas se han recuperado fragmentos de pavimento del tipo opus signinum, de revoque mural con una decoración pictórica “muy sencilla”, según Canela, y un ánfora con una inscripción en una cartela, es decir, con el sello del fabricante. “Se puede leer la palabra CANINI, que corresponde al personaje Caius Caninius. Es un ánfora brindisina, fabricada en el sur de Italia y que data entre el 130 y el 75 a.C.”, afirma el arqueólogo. Las próximas intervenciones arqueológicas, en 2016 y 2017, aportarán más información al respecto. “El hallazgo del conjunto es excepcional porque no se trata de una torre aislada, sino de una construcción militar más potente, posiblemente un fortín”, revela Canela, quien dirige las excavaciones junto con Jordi López y Núria Otero, también del ICAC.

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27 julio 2015 at 1:20 pm Deja un comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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