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Un padre reclama que se imparta griego en un instituto de Almería

Ha remitido una nueva carta a la consejera de Educación, Sonia Gaya, para que se rectifique esta situación tras el “ignominioso desprecio” a estos estudiantes

EP

Fuente: Andalucía Información
29 de junio de 2018

Fernando Basanta, el padre de una de los siete alumnos del IES Abdera de Adra que no ha podido cursar la asignatura de Griego I en el primer curso de Bachillerato, ha remitido una nueva carta a la consejera de Educación, Sonia Gaya, para que se rectifique esta situación tras el “ignominioso desprecio” a estos estudiantes.

La misiva ha sido remitida con copia a la ministra de Educación, Isabel Celaá, y al ministro de Cultura, José Guirao, y ha sido respaldada por padres, alumnos y representantes del Departamento de Filología Griega y Latina de la Facultad de Filología de Sevilla, el Departamento de Filología Clásica. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid o la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, entre otros.

“En los próximos días se iniciará el plazo de matrícula en el curso 2018/2019 para el alumnado de Bachillerato, y qué duda cabe que estamos ante la última oportunidad para que una considerable masa de alumnado a la que se impidió estudiar la materia de Griego durante el pasado curso, a pesar de que la normativa andaluza lo permitía, pueda finalmente hacerlo en el último año”, dice.

Basanta insiste en que esto es necesario para que los estudiantes puedan prepararse “adecuadamente” para los diferentes grados universitarios a los que pretenden dirigirse.

Por ello, reclama a la consejera que “asuma la responsabilidad que su cargo comporta” ante una problemática que afecta a “un sinfín de alumnos y alumnas en toda Andalucía, además de a los siete alumnos del IES Abdera de Adra que acaban de cursar 1º de Bachillerato, y que se traduce en un ignominioso desprecio hacia el estudio de las Humanidades en toda la región”.

Considera que es “urgente y necesario” que Gaya traslade instrucciones “precisas” al Servicio General de Inspección, así como al Servicio de Ordenación Educativa, para que se verifique sin “dilación y con el máximo rigor” la inclusión de la materia de Griego en los sobres de matrícula.

“Muy especialmente en los centros educativos que, al igual que el IES Abdera de Adra, tienen oscuros antecedentes de intentar suprimir la materia de los impresos, teniendo especial cuidado en permitir la matrícula en Griego de 2º al alumnado al que se conculcó el derecho de cursarla en 1º”, añade.

Basanta invita por último a la consejera a “realizar una defensa incontestable del estudio de las Humanidades en Andalucía, que vaya mucho más lejos de unas declaraciones públicas vacías e inconsistentes con la realidad”.

 

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30 junio 2018 at 9:05 am Deja un comentario

A favor de latín y griego

 

NEREA CASAHUGA CUADRA – Terrassa  |  LA VANGUARDIA
23 de abril de 2018

Parece importante decirle al mundo que el latín y sobre todo el griego clásico están amenazados de muerte. Como muchos otros institutos, el mío, IES Terrassa, ha tenido la idea de quitar del currículo el griego presencialmente el próximo curso.

Sí, somos muy pocos los que a pesar de todo queremos estudiar griego, pero ¿no merece la pena conservar la materia aunque sea para un solo alumno? Además de que somos pocos los interesados en mantener viva una lengua tan importante, no hacen más que ponernos obstáculos. No ofertando el griego, están impidiendo que otros jóvenes la conozcan y se apasionen por él, como yo.

Dicen que es una lengua muerta, pero ¿qué hay más vivo que una lengua que nos ha legado miles de palabras que usamos en nuestro día a día? Es la lengua que nos ha dejado La Ilíada, La Odisea, la lengua en la que fue escrito el Nuevo Testamento y la que hablaban Sócrates, Platón o Aristófanes. ¿No hablamos, hoy más que nunca, de democracia, palabra de origen griego?

Quizá el griego está más vivo que nunca y por eso no podemos dejar que lo quiten del bachillerato. ¿Vamos a olvidarlo ahora después de más de 2.500 años?

 

23 abril 2018 at 8:20 pm Deja un comentario

Ganadores de la IX Olimpiada de Clásicas de Valencia

El pasado sábado 24 de marzo tuvo lugar en la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València la prueba de la IX Olimpiada de Clásicas. El certamen está organizado por el Departamento de Filologia Clàssica de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació y la Delegació d’Incorporació a la Universitat y tiene como objetivo estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la enseñanza secundaria y la Universidad.

En esta edición se han inscrito un total de 146 estudiantes de latín y griego de segundo de bachillerato pertenecientes a 41 centros públicos y concertados de la Comunidad Valenciana.

Los ganadores de la IX Olimpiada de Clásicas han sido los siguientes:

La Universitat de València concederá a los/-as estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada un premio de 1.000 €.

La fecha y hora del Acto de entrega de premios se indicará próximamente en la web de la Olimpiada.

Desde aquí nuestra felicitación a los alumnos premiados y a sus profesores.

 

28 marzo 2018 at 8:06 pm Deja un comentario

En busca de Homero

Cada generación cuenta con su nueva traducción de los clásicos para que ocupen un lugar en la cadena de transmisión cultural

Ilustración de John Flaxman (1755–1826) de la muerte de los pretendientes de Penélope a manos de Odiseo (en latín, Ulises). CULTURE CLUB (GETTY)

Fuente: ÓSCAR MARTÍNEZ EL PAÍS
24 de enero de 2018

En Sodoma y Gomorra (cuarto volumen de En busca del tiempo perdido), la abuela de Proust declaraba su rechazo a una Odisea en la que los nombres de los dioses no aparecieran en su forma latina en vez de la correspondiente griega. Hoy día una traducción de las obras de Homero en la que figurara Minerva en lugar de su homóloga griega Atenea haría que la mirásemos con recelo, pero para la abuela de Proust ese era el rasgo que la reconfortaba frente a modernos traslados que apostaban por emplear la versión griega de los nombres de los dioses: audacias de los nuevos tiempos y de unas traducciones que no le proporcionaban la confianza de aquella cuya lectura la acompañaba desde siempre, porque cada generación cuenta con su propia traducción de los clásicos.

El hecho traductor es tan antiguo como las ruinas de Babel, pero la traducción artística nació en Roma allá por el siglo III a. C. de manos de un prisionero de guerra llamado Andrónico procedente de las ciudades griegas del sur de Italia. Convertido en liberto con el nombre de Livio, Andrónico puso en latín los versos de la Odisea, cuyos primeros compases sonaban así: “Virum mihi, Camena, insece versutum” (“Dime de aquel varón suave Musa”, según la Ulyxea del siglo XVI debida al secretario de Felipe II, Gonzalo Pérez; o “Háblame, Musa, del hombre de múltiples tretas”, en la versión de Carlos García Gual).

Con la Odisea de Livio Andrónico comenzó no solo la historia de la traducción artística, sino también de la épica latina, que tuvo su cumbre en otro gran clásico de la literatura universal: la Eneida de Virgilio, que bebía en la forma y en el fondo de la Iliada y la Odisea homéricas. Gracias a Virgilio, el prestigio del viejo Homero llegó intacto al Renacimiento, pero no así su obra, que a duras penas podía ser reconocida a través de las narraciones sobre Troya que atravesaron el medievo. Dante podía ensalzar a Beatriz mediante el verso homérico “No parecía hija de un hombre mortal, sino de Dios” y presentar a Homero como “poeta soberano” en el primer círculo infernal de su Divina comedia, pero no podía leer ni en original ni en traducción la obra del aedo ciego. La misión de devolver los poemas de Homero a la cultura europea fue asumida por Petrarca y Boccaccio, quienes tras conseguir una copia manuscrita de los poemas se pusieron en contacto con Leoncio Pilato, un monje calabrés que se hacía pasar por griego. A él se debe la prima traslatio europea —al latín— de la Iliada y la Odisea. Aunque conscientes de las deficiencias de la versión del impostor calabrés, Petrarca y Boccaccio se arrogaron el redescubrimiento del verdadero Homero, y durante todo el Quattrocento la traducción al latín de sus dos obras se convirtió en objetivo del humanismo. Ello supuso el despegue de las aladas palabras homéricas a las diversas lenguas nacionales, convirtiéndose en una presencia constante en sus literaturas.

Cada traducción se inscribe necesariamente en un tiempo histórico concreto y pone de manifiesto el papel que un determinado clásico puede desempeñar en la cultura que lo recibe. Como la naturaleza oral de la poesía de Homero conllevaba la repetición de largas tiradas de versos o el empleo de epítetos fijos en lugares determinados, estas características fueron sentidas como flagrantes fallos de estilo en un periodo, el neoclásico, que se mostraba férreamente estricto en los aspectos formales. A ello se sumaban las particularidades del universo homérico, que contemplaba situaciones inaceptables para el guion cultural de la época: que un rey troceara con sus propias manos animales de corral o que los compañeros de Odiseo, héroes de Troya, fueran transformados en cerdos por la maga Circe convertían a Homero en un autor literario sin goût ni delicatesse, por lo que los traductores se sentían autorizados a embellecer sus traslados. Este fenómeno, conocido en Francia como el de les belles infidèles, presidió la mayoría de las versiones homéricas entre los siglos XVII y XIX. En España, Antonio de Gironella sembró su Odisea (1851) con notas como esta en la que justifica la traducción de “lechón” en lugar de “cerdo” en el episodio de Circe: “He procurado poner el nombre menos repugnante del animal escogido por Homero. ¿Por qué no tomaría el ciervo, la ardilla u otro de tantos seres agraciados de la naturaleza, sin ir a buscar el más inmundo?”. “Sagrada basura, aunque cocinada por Homero”, llegó a escribir el conde de Roscommon en un ensayo sobre la traducción.

Las lenguas clásicas deben ser rescatadas si no queremos convertirnos en un país de grandes traductores de traductores de Homero

Todo lo contrariova a ocurrir en el siglo del Ulises de Joyce, el siglo en el que Machado declaraba en sus Proverbios y cantares que en su infancia soñaba con los héroes de la Iliada, y Baroja modelaba sobre la escena de despedida entre Héctor y Andrómaca (canto VI de la Iliada) la despedida entre Catalina y el aventurero Zalacaín. En el siglo XX tanto el universo heroico de Homero como su lenguaje expresivo tenían cabida en un mundo que se rebelaba contra lo estático y aspiraba a renovar el lenguaje emergiendo sobre las ruinas del lenguaje anterior. De esa pulsión surgieron en España las versiones en prosa de Luis Segalá, que rompía con las traducciones del XIX y se caracterizaba por su lenguaje inusual y un acento modernista (“cornígero”, “longividente”, “tornátiles”, “solípedos”…). El hecho de que estuviera en prosa ya marcaba distancias con toda la tradición anterior.
¿Prosa o verso? Antes del siglo XX no existía tal cuestión: la Iliada de Hermosilla o la Odisea de Baraibar estaban traducidas en endecasílabos. Pero a partir de la pasada centuria, la traducción de los poemas de Homero (poesía, sí, pero narrativa) ha gozado en todas las lenguas de múltiples posibilidades de plasmación: el empleo de prosa rítmica o de versos creados que remedan la versificación original, el uso de metros consagrados por la tradición, prosa que respeta la disposición en verso del original, y así hasta conformar esa “galería internacional de obras en prosa y verso” que, gracias a su “oportuno desconocimiento del griego” eran para Borges las versiones homéricas.

Cada época cuenta, o debería contar, con su traducción de los clásicos, pues es a través de las traducciones como los lectores ocupamos el puesto que nos corresponde en la cadena de transmisión del humanismo que estos contienen. Otros países de cultura así lo entienden: es de envidiar que en lengua inglesa haya aparecido una decena de traducciones de la Odisea en las dos últimas décadas, siendo Emily Wilson la última en prestar la voz de nuestro tiempo al poeta que puso los cimientos de la literatura occidental. Pero para que en nuestro país se produzca la renovación de estos motores del humanismo y del pensamiento es necesario que las lenguas clásicas sean rescatadas del ostracismo, si no queremos convertirnos en un país de excelentes traductores de los traductores de Homero.

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Óscar Martínez es traductor de Homero (La ‘Iliada’, en Alianza Editorial). Preside la delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

 

24 enero 2018 at 6:46 pm Deja un comentario

El Homero apócrifo

Detrás del nombre del poeta, de controvertida identidad, se transmitieron más obras aparte de la «Ilíada» y la «Odisea». Una espléndida traducción castellana de los «Himnos homéricos» vuelve sobre la cuestión de la literatura apócrifa en nombre del gran vate, símbolo de la épica griega.

La identidad de esta máscara hallada en 1876 se ha atribuido a Agamenón, uno de los personajes de la «Ilíada»

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
7 de enero de 2018

Indiscutiblemente, la «Ilíada» y la «Odisea», atribuidas al mítico Homero, son los primeros monumentos literarios de occidente y han dado forma a nuestra tradición cultural desde su composición, probablemente entre los siglos VIII y VII a.C.. Los poemas homéricos han dejado una huella indeleble en nuestra cultura y su estudio, de hecho, marca los orígenes de los estudios literarios, ya en época de los filólogos alejandrinos o bizantinos, en pos de un texto más depurado. No en vano, Homero fue la base de toda la educación literaria en el mundo antiguo. Pero el nombre que está detrás de su autoría lleva suponiendo, desde la constitución de la filología clásica como disciplina autónoma en lo moderno, uno de los debates más vivos y fascinantes. La llamada «Cuestión Homérica», sobre todo lo que se centra en quién compuso ambos poemas, surgió con fuerza desde los «Prolegomena ad Homerum» (1795), de F. A. Wolf, padre de la «Altertumswissenschaft», que señalaba el origen de los poemas en una larga tradición oral de piezas más breves, compiladas en algún momento posterior por escrito. El estudio analítico de la obra atribuida a un «Homero» mítico, cuya estela biográfica es totalmente ahistórica, se alterna desde entonces con otra tradición crítica, la unitaria, que cree poder reconocer la voz de un autor genial tras la «Ilíada» y la «Odisea», o al menos parte de ellas.

Hoy día, como señala en «Inventing Homer» (Cambridge UP, 2002) Barbara Graziosi, una de las más reconocidas especialistas actuales en Homero, persisten ambas tendencias, representadas, respectivamente, por estudiosos como Griffin y Latacz o Nagy y West en cuanto a quienes creen en «un» Homero y quienes dicen que «Homero» es un nombre colectivo que designa un tipo de épica panhelénica. Eso por no hablar de las múltiples teorías, más o menos solventes, sobre la relación de Homero con el mundo oriental, hitita o asirio, etc.. Pero es que, añade Graziosi, en esta época nuestra postbarthesiana, en la que los estudios de recepción han diluido un tanto las nociones de autor y autoría y han centrado la cuestión en el receptor, no parece acaso ya tan importante individuar a un Homero con biografía determinada.

Pero hay otro «Homero», a menudo eclipsado por esas dos obras aurorales de la literatura occidental, pues ya en la antigüedad circularon otros poemas atribuidos al bardo, como los «Nosto», la «Batracomiomaquia», o el «Margites». Entre toda esa colección de obras destacan sobre todo los llamados «Himnos homéricos», a los que se dedica ahora un estupendo libro destinado a convertirse en la edición de referencia en nuestra lengua. La publicación bilingüe con comentario de estos apasionantes textos del Homero apócrifo corre a cargo de Alberto Bernabé, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense y uno de los grandes expertos internacionales en los poemas que circulan bajo el nombre del gran vate griego. Bernabé presenta, traduce y comenta, en un libro que admite al menos tres niveles de lectura –para el público general, para estudiantes y para especialistas– estos 33 poemas, obras en honor a un dios determinado, con una extensión variada y de acento muy diferente a las hazañas heroicas de la épica tradicional de la «Ilíada» o la más novelesca y fabulosa «Odisea». También se alejan de la épica didáctica de Hesíodo, ya que se dedican a narrarnos las historias de los dioses olímpicos, sus peripecias fundacionales y los mitos clave para establecer su poder en sus determinados ámbitos geográficos, culturales o conceptuales: Apolo en Delfos y Delos, Deméter en Eleusis o Dioniso y su culto errante son solo algunos de los ejemplos más memorables de los muchos y familiares mitos que contienen estos himnos y con los que el lector recordará las peripecias primordiales de los grandes dioses griegos.

Una lengua artificial

Como recuerda la introducción general, estos poemas solo tienen de homérico el nombre, además de, por supuesto, el estilo, los recursos literarios, la lengua artificial –esa «Kunstsprache» inconfundible que nunca se habló– y el hexámetro dactílico, un conglomerado reconocido en la antigüedad como lenguaje de la épica desde Homero, en la época arcaica, a Nono de Panópolis, al final de la Antigüedad. Los himnos alternan entre la decena de versos escasos del más breve, dedicado a Deméter, y los más de 500 del himno a Hermes, que cuenta la infancia del dios «trickster» por excelencia. Muchos de los más significativos se pueden datar en época no lejana a la de la composición de la «Ilíada» y la «Odisea», remontando incluso al siglo VII a.C.. Pero también hay variedad y discusión en cuanto a sus fechas, llegando a considerarse alguno de ellos, como el 8, con influencias neoplatónicas, fechable en la antigüedad tardía.

El comentario se centra con preferencia, como no podía ser de otra manera, en los más interesantes, que son los himnos largos, y que se presentan en detalladas introducciones y notas. Éstas explican los mitos tradicionales de cada dios protagonista con su problemática propia, desde las fuentes, los paralelos orientales y el contexto hasta la recepción. Las historias tienen a menudo que ver con la resolución de una situación de crisis y suele ser protagonizada por el propio dios: se diría que siguen en ello también esquemas del cuento popular, que estudiara Propp, y contienen muchos de los «Leitmotiven» del folclore, que sistematizan repertorios como el Aarne-Thompson. Se comienza con un problema, a veces causado por el nacimiento del propio dios, como en los Himnos 3 (Apolo) o 4 (Hermes), o un conflicto surgido entre varios dioses. Tras diversas peripecias, la resolución de la crisis reajusta el propio sistema olímpico y el marco de culto de los dioses. Por ello, afirma Bernabé, estos mitos de los himnos homéricos bien pueden considerarse parte de la cosmogonía griega, en la medida en que siguen las funciones etiológica y justificativa de la mitología, mostrando la configuración actual del mundo.

Uno de los aspectos más apasionantes para la crítica es pensar en qué contexto se pudieron recitar estos himnos, abundando en la estética de la recepción. En uno de ellos, el Himno a Apolo, se hace referencia a esta circunstancia y parece que lo está recitando un aedo ambulante en la isla de Delos (pág. 134). El cantor se presenta como un «ciego de Quíos» en referencia al propio Homero, un nombre por lo demás extraño, como han estudiado Nagy o West, que, lejos de sus sentidos tradicionales («rehén» o «ciego», en algún dialecto), podría tener relación con los «tejedores de cantos» pindáricos –en referencia a los Homeridas– o con paralelos orientales. Tal vez fuera el apodo con el que se identificaban estos profesionales itinerantes que cantaban los poemas en ese dialecto literario. Ahondando también en los paralelos orientales en la cultura griega, que estudiaron West o Burkert, Bernabé nos ofrece en esta edición interesantes comentarios sobre algunos de los motivos de los himnos.

Esta edición de los «Himnos homéricos» (Abada), como decía al principio, será de referencia por sus varios niveles de lectura: por un lado sirve de introducción general para un público amplio, en lenguaje accesible y con una traducción detallada, verso a verso, no exenta de encanto literario. Pero, por otro, también contiene el texto griego, notas minuciosas, referencias a una bibliografía completa y actualizada, con copiosos índices de nombres, y, aunque no es una edición crítica, sí presenta las variantes textuales que sigue el autor, por lo demás un reconocido experto en edición de textos griegos. El libro viene, en fin, a reivindicar la potencia poética de unos textos cuya fortuna crítica no fue grande ya en la antigüedad y a los que no benefició el análisis tradicional de Wolf como una suerte de preludios antes de los grandes poemas del ciclo: hoy quedan, por tanto, rehabilitados como poemas con entidad propia.

Puede que Homero nunca haya existido, como quieren algunos estudiosos, o que haya sido ese gran genio sobre el que fantaseamos, pero los poemas que, de forma inspirada, han circulado bajo su nombre desde la antigüedad, desde las imprescindibles «Ilíada» y «Odisea» a estos magníficos himnos a los dioses, seguirán resonando para siempre en nuestra tradición cultural, como bien prueba este libro, como una ganancia para los amantes de la mitología y la literatura clásicas.

TRAS LOS PASOS DE LA LEYENDA HOMÉRICA

En 1870, Heinrich Schliemann comenzó a excavar en la colina de Hisarlik, en Asia Menor. Este millonario prusiano, que había logrado reunir una gran fortuna, dejaba de lado todos los negocios para cumplir uno de sus sueños: descubrir las ruinas de Troya. En contra de la comunidad científica, que consideraba la «IIliada» un mero cuento, una leyenda heredada del pasado, él sí creía en la total veracidad de lo que se decía en el relato homérico. Para su propósito contó con un guía excepcional: el propio poeta. Siguiendo las descripciones incluidas en la «Iliada» llegó a Hisarlik, clavó su pala y, para sorpresa de todos, encontró Troya ante la estupefacción de los historiadores. No fue más que su primer éxito. Siguiendo igual método, la lectura de la obra del vate griego, se marchó al Peloponeso y allí, con semejante fortuna, nada más comenzar a excavar dio con la otra gran ciudad de la época: Micenas. Entre sus ruinas halló una serie de tumbas y desenterró una máscara que popularmente se ha creído que correspondía con la cara de Agamenón. La ciencia ha demostrado que no es así. Pero la ciencia también probó que Homero, sea quien sea, no mentía.

 

8 enero 2018 at 5:47 pm Deja un comentario

IX Olimpiada de Clásicas de Valencia

La Universitat de València convoca la  IX OLIMPIADA DE CLÁSICAS, un certamen que tiene como objetivos fundamentales estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la Enseñanza Secundaria y la Universidad.

PARTICIPANTES

Podrán participar en la Olimpiada de Clásicas 2018 todos los alumnos de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana matriculados durante el curso 2017-2018 en las asignaturas de Latín y/o Griego de 2º de bachillerato. La participación es individual.

INSCRIPCIÓN

Las inscripciones se realizarán del 19 de febrero al 11 de marzo de 2018. Una vez cumplimentada la ficha, se enviará por correo electrónico (futura@uv.es) o por fax (963983200) a la Delegación de Incorporación a la Universidad la ficha de confirmación de inscripción de cada estudiante, acompañada del visto bueno del profesor de la asignatura y del director del centro.

CALENDARIO DE EXAMEN

El examen tendrá lugar el sábado día 24 de marzo de 2018 a las 11,00 horas en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación (Avda. Blasco Ibañez, 32, 46010 Valencia). Los alumnos inscritos serán convocados a las pruebas sin necesidad de comunicación personal posterior. Excepcionalmente, se podrá modificar la fecha y la hora si las circunstancias así lo aconsejan; en este caso, los centros serán informados oportunamente.

TEMARIO

La materia objeto de examen incluirá el programa de las asignaturas de Latín y Griego de 1º y 2º de bachillerato.

TIPO DE EXAMEN

El examen tendrá una duración ininterrumpida de 75 minutos y constará de 100 preguntas tipo test:

  • 50 sobre cuestiones de lengua griega y latina, incluyéndose aquí algunas preguntas de etimología y derivados léxicos, y
  • 50 sobre literatura griega y latina, cultura clásica y cuestiones de realia.

Dos errores anulan un acierto. Las preguntas no contestadas no se tendrán en cuenta. Todas las preguntas tendrán la misma valoración.

PREMIOS

La Universitat de València concederá un premio de 1.000 € (con la correspondiente retención de IRPF) a los/las seis estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada que se matriculen en cualquiera de los estudios oficiales que se imparten en la Universitat de València.

Los premios obtenidos serán personales e intransferibles y se podrán hacer efectivos en los dos cursos siguientes a la obtención del premio. Si el/la estudiante ha sido ganador/-a de las fases locales de una o más Olimpiadas, sucesiva o simultáneamente, podrá hacer uso de un único premio y para una única titulación de la Universitat de València.

CALENDARIO

  • Inscripción: del 19 de febrero al 11 de marzo de 2018.
  • Realización de la prueba: sábado 24 de marzo de 2018, a las 11.00 horas. Facultad de Filología, Traducción y Comunicación, Universidad de Valencia.
  • Publicación de resultados: 29 de marzo de 2018
  • Acto de entrega de premios de la Olimpiada de Clásicas de Valencia 2018: El día y la hora serán indicados oportunamente.

Más información

Universitat de València

Web de la Olimpiada

 

13 diciembre 2017 at 9:45 pm Deja un comentario

La última batalla griega

El padre de un alumno almeriense al que se le impide cursar Griego emprende una cruzada reivindicando las Humanidades

Fernando Basanta, profesor que reclama el aprendizaje de griego – MAYA BALANYA

Fuente: RAQUEL PÉREZ > Almería  |  ABC
13 de diciembre de 2017

El Instituto de Educación Secundaria Abdera de Adra (Almería) recibe su nombre de la antigua ciudad de la región griega de Macedonia oriental y Tracia. Pero eso pocos de sus alumnos lo conocen. Menos aún dado que este curso no pueden estudiar la asignatura de griego de forma presencial. Tienen que hacerlo «online» ante la negativa del centro de asignar a un profesor con el horario necesario para esta materia.

Fernando Basanta, profesor jubilado, exdirector del IES Murgi de la cercana localidad de El Ejido y padre de uno de los alumnos afectados, ha emprendido una batalla para exigir a la Junta de Andalucía que se imparta dicha asignatura en el centro. «La profesora de Cultura Clásica solo tiene trece horas de su especialidad, de modo que hasta 21 semanales que la norma prevé como tope máximo, tiene la posibilidad de ofrecer esta enseñanza», reivindica. «Realmente la Ley sí protege las humanidades, pero tanto la dirección del instituto como la delegación de Educación en Almería han hecho caso omiso», se queja Basanta. Esta lucha llegará próximamente al Parlamento Andaluz y al Senado, donde se pretende que la «depreciación del griego» se tenga en cuenta en el seno de la ponencia sobre el pacto educativo.

Son siete los alumnos que escogieron este curso la de griego como asignatura troncal, frente a los 15 que marca la normativa autonómica para garantizar la impartición de la materia.

La «batalla por el griego» ha cruzado la frontera almeriense y ya ha cosechado el apoyo de académicos de todo el territorio nacional. El director del Departamento de Filolología Griega de la Universidad de Granada, Pedro Pablo Fuentes, solicita a la Junta que permita a estos alumnos estudiar la asignatura. También lo ha hecho la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC), al considerar que «no es admisible que, teniendo la profesora que debía impartir esta materia, con un horario holgado para poder asumir la docencia, se le asignen cuatro horas de Lengua Española».

Desde la implantación de la Lomce, advierte la SEEC, «se vienen produciendo situaciones en las que los centros sacrifican materias minoritarias, aunque importantes, a costa de privar a los estudiantes de sus legítimas expectativas de formación». En concreto, la oferta del griego «está sufriendo de un modo especial una alarmante merma». Según los datos aportados, en toda España se constata una reducción del 20% en la impartición de griego en los dos últimos cursos académicos. La lengua de Platón poco a poco desaparece de las aulas españolas, una asignatura tradicional que se encuentra en peligro de extinción por la irrupción de otra especie invasora, en este caso materias más innovadoras y tecnológicas.

 

13 diciembre 2017 at 7:38 pm Deja un comentario

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