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A favor de latín y griego

 

NEREA CASAHUGA CUADRA – Terrassa  |  LA VANGUARDIA
23 de abril de 2018

Parece importante decirle al mundo que el latín y sobre todo el griego clásico están amenazados de muerte. Como muchos otros institutos, el mío, IES Terrassa, ha tenido la idea de quitar del currículo el griego presencialmente el próximo curso.

Sí, somos muy pocos los que a pesar de todo queremos estudiar griego, pero ¿no merece la pena conservar la materia aunque sea para un solo alumno? Además de que somos pocos los interesados en mantener viva una lengua tan importante, no hacen más que ponernos obstáculos. No ofertando el griego, están impidiendo que otros jóvenes la conozcan y se apasionen por él, como yo.

Dicen que es una lengua muerta, pero ¿qué hay más vivo que una lengua que nos ha legado miles de palabras que usamos en nuestro día a día? Es la lengua que nos ha dejado La Ilíada, La Odisea, la lengua en la que fue escrito el Nuevo Testamento y la que hablaban Sócrates, Platón o Aristófanes. ¿No hablamos, hoy más que nunca, de democracia, palabra de origen griego?

Quizá el griego está más vivo que nunca y por eso no podemos dejar que lo quiten del bachillerato. ¿Vamos a olvidarlo ahora después de más de 2.500 años?

 

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23 abril 2018 at 8:20 pm Deja un comentario

Ganadores de la IX Olimpiada de Clásicas de Valencia

El pasado sábado 24 de marzo tuvo lugar en la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València la prueba de la IX Olimpiada de Clásicas. El certamen está organizado por el Departamento de Filologia Clàssica de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació y la Delegació d’Incorporació a la Universitat y tiene como objetivo estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la enseñanza secundaria y la Universidad.

En esta edición se han inscrito un total de 146 estudiantes de latín y griego de segundo de bachillerato pertenecientes a 41 centros públicos y concertados de la Comunidad Valenciana.

Los ganadores de la IX Olimpiada de Clásicas han sido los siguientes:

La Universitat de València concederá a los/-as estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada un premio de 1.000 €.

La fecha y hora del Acto de entrega de premios se indicará próximamente en la web de la Olimpiada.

Desde aquí nuestra felicitación a los alumnos premiados y a sus profesores.

 

28 marzo 2018 at 8:06 pm Deja un comentario

En busca de Homero

Cada generación cuenta con su nueva traducción de los clásicos para que ocupen un lugar en la cadena de transmisión cultural

Ilustración de John Flaxman (1755–1826) de la muerte de los pretendientes de Penélope a manos de Odiseo (en latín, Ulises). CULTURE CLUB (GETTY)

Fuente: ÓSCAR MARTÍNEZ EL PAÍS
24 de enero de 2018

En Sodoma y Gomorra (cuarto volumen de En busca del tiempo perdido), la abuela de Proust declaraba su rechazo a una Odisea en la que los nombres de los dioses no aparecieran en su forma latina en vez de la correspondiente griega. Hoy día una traducción de las obras de Homero en la que figurara Minerva en lugar de su homóloga griega Atenea haría que la mirásemos con recelo, pero para la abuela de Proust ese era el rasgo que la reconfortaba frente a modernos traslados que apostaban por emplear la versión griega de los nombres de los dioses: audacias de los nuevos tiempos y de unas traducciones que no le proporcionaban la confianza de aquella cuya lectura la acompañaba desde siempre, porque cada generación cuenta con su propia traducción de los clásicos.

El hecho traductor es tan antiguo como las ruinas de Babel, pero la traducción artística nació en Roma allá por el siglo III a. C. de manos de un prisionero de guerra llamado Andrónico procedente de las ciudades griegas del sur de Italia. Convertido en liberto con el nombre de Livio, Andrónico puso en latín los versos de la Odisea, cuyos primeros compases sonaban así: “Virum mihi, Camena, insece versutum” (“Dime de aquel varón suave Musa”, según la Ulyxea del siglo XVI debida al secretario de Felipe II, Gonzalo Pérez; o “Háblame, Musa, del hombre de múltiples tretas”, en la versión de Carlos García Gual).

Con la Odisea de Livio Andrónico comenzó no solo la historia de la traducción artística, sino también de la épica latina, que tuvo su cumbre en otro gran clásico de la literatura universal: la Eneida de Virgilio, que bebía en la forma y en el fondo de la Iliada y la Odisea homéricas. Gracias a Virgilio, el prestigio del viejo Homero llegó intacto al Renacimiento, pero no así su obra, que a duras penas podía ser reconocida a través de las narraciones sobre Troya que atravesaron el medievo. Dante podía ensalzar a Beatriz mediante el verso homérico “No parecía hija de un hombre mortal, sino de Dios” y presentar a Homero como “poeta soberano” en el primer círculo infernal de su Divina comedia, pero no podía leer ni en original ni en traducción la obra del aedo ciego. La misión de devolver los poemas de Homero a la cultura europea fue asumida por Petrarca y Boccaccio, quienes tras conseguir una copia manuscrita de los poemas se pusieron en contacto con Leoncio Pilato, un monje calabrés que se hacía pasar por griego. A él se debe la prima traslatio europea —al latín— de la Iliada y la Odisea. Aunque conscientes de las deficiencias de la versión del impostor calabrés, Petrarca y Boccaccio se arrogaron el redescubrimiento del verdadero Homero, y durante todo el Quattrocento la traducción al latín de sus dos obras se convirtió en objetivo del humanismo. Ello supuso el despegue de las aladas palabras homéricas a las diversas lenguas nacionales, convirtiéndose en una presencia constante en sus literaturas.

Cada traducción se inscribe necesariamente en un tiempo histórico concreto y pone de manifiesto el papel que un determinado clásico puede desempeñar en la cultura que lo recibe. Como la naturaleza oral de la poesía de Homero conllevaba la repetición de largas tiradas de versos o el empleo de epítetos fijos en lugares determinados, estas características fueron sentidas como flagrantes fallos de estilo en un periodo, el neoclásico, que se mostraba férreamente estricto en los aspectos formales. A ello se sumaban las particularidades del universo homérico, que contemplaba situaciones inaceptables para el guion cultural de la época: que un rey troceara con sus propias manos animales de corral o que los compañeros de Odiseo, héroes de Troya, fueran transformados en cerdos por la maga Circe convertían a Homero en un autor literario sin goût ni delicatesse, por lo que los traductores se sentían autorizados a embellecer sus traslados. Este fenómeno, conocido en Francia como el de les belles infidèles, presidió la mayoría de las versiones homéricas entre los siglos XVII y XIX. En España, Antonio de Gironella sembró su Odisea (1851) con notas como esta en la que justifica la traducción de “lechón” en lugar de “cerdo” en el episodio de Circe: “He procurado poner el nombre menos repugnante del animal escogido por Homero. ¿Por qué no tomaría el ciervo, la ardilla u otro de tantos seres agraciados de la naturaleza, sin ir a buscar el más inmundo?”. “Sagrada basura, aunque cocinada por Homero”, llegó a escribir el conde de Roscommon en un ensayo sobre la traducción.

Las lenguas clásicas deben ser rescatadas si no queremos convertirnos en un país de grandes traductores de traductores de Homero

Todo lo contrariova a ocurrir en el siglo del Ulises de Joyce, el siglo en el que Machado declaraba en sus Proverbios y cantares que en su infancia soñaba con los héroes de la Iliada, y Baroja modelaba sobre la escena de despedida entre Héctor y Andrómaca (canto VI de la Iliada) la despedida entre Catalina y el aventurero Zalacaín. En el siglo XX tanto el universo heroico de Homero como su lenguaje expresivo tenían cabida en un mundo que se rebelaba contra lo estático y aspiraba a renovar el lenguaje emergiendo sobre las ruinas del lenguaje anterior. De esa pulsión surgieron en España las versiones en prosa de Luis Segalá, que rompía con las traducciones del XIX y se caracterizaba por su lenguaje inusual y un acento modernista (“cornígero”, “longividente”, “tornátiles”, “solípedos”…). El hecho de que estuviera en prosa ya marcaba distancias con toda la tradición anterior.
¿Prosa o verso? Antes del siglo XX no existía tal cuestión: la Iliada de Hermosilla o la Odisea de Baraibar estaban traducidas en endecasílabos. Pero a partir de la pasada centuria, la traducción de los poemas de Homero (poesía, sí, pero narrativa) ha gozado en todas las lenguas de múltiples posibilidades de plasmación: el empleo de prosa rítmica o de versos creados que remedan la versificación original, el uso de metros consagrados por la tradición, prosa que respeta la disposición en verso del original, y así hasta conformar esa “galería internacional de obras en prosa y verso” que, gracias a su “oportuno desconocimiento del griego” eran para Borges las versiones homéricas.

Cada época cuenta, o debería contar, con su traducción de los clásicos, pues es a través de las traducciones como los lectores ocupamos el puesto que nos corresponde en la cadena de transmisión del humanismo que estos contienen. Otros países de cultura así lo entienden: es de envidiar que en lengua inglesa haya aparecido una decena de traducciones de la Odisea en las dos últimas décadas, siendo Emily Wilson la última en prestar la voz de nuestro tiempo al poeta que puso los cimientos de la literatura occidental. Pero para que en nuestro país se produzca la renovación de estos motores del humanismo y del pensamiento es necesario que las lenguas clásicas sean rescatadas del ostracismo, si no queremos convertirnos en un país de excelentes traductores de los traductores de Homero.

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Óscar Martínez es traductor de Homero (La ‘Iliada’, en Alianza Editorial). Preside la delegación de Madrid de la Sociedad Española de Estudios Clásicos.

 

24 enero 2018 at 6:46 pm Deja un comentario

El Homero apócrifo

Detrás del nombre del poeta, de controvertida identidad, se transmitieron más obras aparte de la «Ilíada» y la «Odisea». Una espléndida traducción castellana de los «Himnos homéricos» vuelve sobre la cuestión de la literatura apócrifa en nombre del gran vate, símbolo de la épica griega.

La identidad de esta máscara hallada en 1876 se ha atribuido a Agamenón, uno de los personajes de la «Ilíada»

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
7 de enero de 2018

Indiscutiblemente, la «Ilíada» y la «Odisea», atribuidas al mítico Homero, son los primeros monumentos literarios de occidente y han dado forma a nuestra tradición cultural desde su composición, probablemente entre los siglos VIII y VII a.C.. Los poemas homéricos han dejado una huella indeleble en nuestra cultura y su estudio, de hecho, marca los orígenes de los estudios literarios, ya en época de los filólogos alejandrinos o bizantinos, en pos de un texto más depurado. No en vano, Homero fue la base de toda la educación literaria en el mundo antiguo. Pero el nombre que está detrás de su autoría lleva suponiendo, desde la constitución de la filología clásica como disciplina autónoma en lo moderno, uno de los debates más vivos y fascinantes. La llamada «Cuestión Homérica», sobre todo lo que se centra en quién compuso ambos poemas, surgió con fuerza desde los «Prolegomena ad Homerum» (1795), de F. A. Wolf, padre de la «Altertumswissenschaft», que señalaba el origen de los poemas en una larga tradición oral de piezas más breves, compiladas en algún momento posterior por escrito. El estudio analítico de la obra atribuida a un «Homero» mítico, cuya estela biográfica es totalmente ahistórica, se alterna desde entonces con otra tradición crítica, la unitaria, que cree poder reconocer la voz de un autor genial tras la «Ilíada» y la «Odisea», o al menos parte de ellas.

Hoy día, como señala en «Inventing Homer» (Cambridge UP, 2002) Barbara Graziosi, una de las más reconocidas especialistas actuales en Homero, persisten ambas tendencias, representadas, respectivamente, por estudiosos como Griffin y Latacz o Nagy y West en cuanto a quienes creen en «un» Homero y quienes dicen que «Homero» es un nombre colectivo que designa un tipo de épica panhelénica. Eso por no hablar de las múltiples teorías, más o menos solventes, sobre la relación de Homero con el mundo oriental, hitita o asirio, etc.. Pero es que, añade Graziosi, en esta época nuestra postbarthesiana, en la que los estudios de recepción han diluido un tanto las nociones de autor y autoría y han centrado la cuestión en el receptor, no parece acaso ya tan importante individuar a un Homero con biografía determinada.

Pero hay otro «Homero», a menudo eclipsado por esas dos obras aurorales de la literatura occidental, pues ya en la antigüedad circularon otros poemas atribuidos al bardo, como los «Nosto», la «Batracomiomaquia», o el «Margites». Entre toda esa colección de obras destacan sobre todo los llamados «Himnos homéricos», a los que se dedica ahora un estupendo libro destinado a convertirse en la edición de referencia en nuestra lengua. La publicación bilingüe con comentario de estos apasionantes textos del Homero apócrifo corre a cargo de Alberto Bernabé, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense y uno de los grandes expertos internacionales en los poemas que circulan bajo el nombre del gran vate griego. Bernabé presenta, traduce y comenta, en un libro que admite al menos tres niveles de lectura –para el público general, para estudiantes y para especialistas– estos 33 poemas, obras en honor a un dios determinado, con una extensión variada y de acento muy diferente a las hazañas heroicas de la épica tradicional de la «Ilíada» o la más novelesca y fabulosa «Odisea». También se alejan de la épica didáctica de Hesíodo, ya que se dedican a narrarnos las historias de los dioses olímpicos, sus peripecias fundacionales y los mitos clave para establecer su poder en sus determinados ámbitos geográficos, culturales o conceptuales: Apolo en Delfos y Delos, Deméter en Eleusis o Dioniso y su culto errante son solo algunos de los ejemplos más memorables de los muchos y familiares mitos que contienen estos himnos y con los que el lector recordará las peripecias primordiales de los grandes dioses griegos.

Una lengua artificial

Como recuerda la introducción general, estos poemas solo tienen de homérico el nombre, además de, por supuesto, el estilo, los recursos literarios, la lengua artificial –esa «Kunstsprache» inconfundible que nunca se habló– y el hexámetro dactílico, un conglomerado reconocido en la antigüedad como lenguaje de la épica desde Homero, en la época arcaica, a Nono de Panópolis, al final de la Antigüedad. Los himnos alternan entre la decena de versos escasos del más breve, dedicado a Deméter, y los más de 500 del himno a Hermes, que cuenta la infancia del dios «trickster» por excelencia. Muchos de los más significativos se pueden datar en época no lejana a la de la composición de la «Ilíada» y la «Odisea», remontando incluso al siglo VII a.C.. Pero también hay variedad y discusión en cuanto a sus fechas, llegando a considerarse alguno de ellos, como el 8, con influencias neoplatónicas, fechable en la antigüedad tardía.

El comentario se centra con preferencia, como no podía ser de otra manera, en los más interesantes, que son los himnos largos, y que se presentan en detalladas introducciones y notas. Éstas explican los mitos tradicionales de cada dios protagonista con su problemática propia, desde las fuentes, los paralelos orientales y el contexto hasta la recepción. Las historias tienen a menudo que ver con la resolución de una situación de crisis y suele ser protagonizada por el propio dios: se diría que siguen en ello también esquemas del cuento popular, que estudiara Propp, y contienen muchos de los «Leitmotiven» del folclore, que sistematizan repertorios como el Aarne-Thompson. Se comienza con un problema, a veces causado por el nacimiento del propio dios, como en los Himnos 3 (Apolo) o 4 (Hermes), o un conflicto surgido entre varios dioses. Tras diversas peripecias, la resolución de la crisis reajusta el propio sistema olímpico y el marco de culto de los dioses. Por ello, afirma Bernabé, estos mitos de los himnos homéricos bien pueden considerarse parte de la cosmogonía griega, en la medida en que siguen las funciones etiológica y justificativa de la mitología, mostrando la configuración actual del mundo.

Uno de los aspectos más apasionantes para la crítica es pensar en qué contexto se pudieron recitar estos himnos, abundando en la estética de la recepción. En uno de ellos, el Himno a Apolo, se hace referencia a esta circunstancia y parece que lo está recitando un aedo ambulante en la isla de Delos (pág. 134). El cantor se presenta como un «ciego de Quíos» en referencia al propio Homero, un nombre por lo demás extraño, como han estudiado Nagy o West, que, lejos de sus sentidos tradicionales («rehén» o «ciego», en algún dialecto), podría tener relación con los «tejedores de cantos» pindáricos –en referencia a los Homeridas– o con paralelos orientales. Tal vez fuera el apodo con el que se identificaban estos profesionales itinerantes que cantaban los poemas en ese dialecto literario. Ahondando también en los paralelos orientales en la cultura griega, que estudiaron West o Burkert, Bernabé nos ofrece en esta edición interesantes comentarios sobre algunos de los motivos de los himnos.

Esta edición de los «Himnos homéricos» (Abada), como decía al principio, será de referencia por sus varios niveles de lectura: por un lado sirve de introducción general para un público amplio, en lenguaje accesible y con una traducción detallada, verso a verso, no exenta de encanto literario. Pero, por otro, también contiene el texto griego, notas minuciosas, referencias a una bibliografía completa y actualizada, con copiosos índices de nombres, y, aunque no es una edición crítica, sí presenta las variantes textuales que sigue el autor, por lo demás un reconocido experto en edición de textos griegos. El libro viene, en fin, a reivindicar la potencia poética de unos textos cuya fortuna crítica no fue grande ya en la antigüedad y a los que no benefició el análisis tradicional de Wolf como una suerte de preludios antes de los grandes poemas del ciclo: hoy quedan, por tanto, rehabilitados como poemas con entidad propia.

Puede que Homero nunca haya existido, como quieren algunos estudiosos, o que haya sido ese gran genio sobre el que fantaseamos, pero los poemas que, de forma inspirada, han circulado bajo su nombre desde la antigüedad, desde las imprescindibles «Ilíada» y «Odisea» a estos magníficos himnos a los dioses, seguirán resonando para siempre en nuestra tradición cultural, como bien prueba este libro, como una ganancia para los amantes de la mitología y la literatura clásicas.

TRAS LOS PASOS DE LA LEYENDA HOMÉRICA

En 1870, Heinrich Schliemann comenzó a excavar en la colina de Hisarlik, en Asia Menor. Este millonario prusiano, que había logrado reunir una gran fortuna, dejaba de lado todos los negocios para cumplir uno de sus sueños: descubrir las ruinas de Troya. En contra de la comunidad científica, que consideraba la «IIliada» un mero cuento, una leyenda heredada del pasado, él sí creía en la total veracidad de lo que se decía en el relato homérico. Para su propósito contó con un guía excepcional: el propio poeta. Siguiendo las descripciones incluidas en la «Iliada» llegó a Hisarlik, clavó su pala y, para sorpresa de todos, encontró Troya ante la estupefacción de los historiadores. No fue más que su primer éxito. Siguiendo igual método, la lectura de la obra del vate griego, se marchó al Peloponeso y allí, con semejante fortuna, nada más comenzar a excavar dio con la otra gran ciudad de la época: Micenas. Entre sus ruinas halló una serie de tumbas y desenterró una máscara que popularmente se ha creído que correspondía con la cara de Agamenón. La ciencia ha demostrado que no es así. Pero la ciencia también probó que Homero, sea quien sea, no mentía.

 

8 enero 2018 at 5:47 pm Deja un comentario

IX Olimpiada de Clásicas de Valencia

La Universitat de València convoca la  IX OLIMPIADA DE CLÁSICAS, un certamen que tiene como objetivos fundamentales estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la Enseñanza Secundaria y la Universidad.

PARTICIPANTES

Podrán participar en la Olimpiada de Clásicas 2018 todos los alumnos de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana matriculados durante el curso 2017-2018 en las asignaturas de Latín y/o Griego de 2º de bachillerato. La participación es individual.

INSCRIPCIÓN

Las inscripciones se realizarán del 19 de febrero al 11 de marzo de 2018. Una vez cumplimentada la ficha, se enviará por correo electrónico (futura@uv.es) o por fax (963983200) a la Delegación de Incorporación a la Universidad la ficha de confirmación de inscripción de cada estudiante, acompañada del visto bueno del profesor de la asignatura y del director del centro.

CALENDARIO DE EXAMEN

El examen tendrá lugar el sábado día 24 de marzo de 2018 a las 11,00 horas en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación (Avda. Blasco Ibañez, 32, 46010 Valencia). Los alumnos inscritos serán convocados a las pruebas sin necesidad de comunicación personal posterior. Excepcionalmente, se podrá modificar la fecha y la hora si las circunstancias así lo aconsejan; en este caso, los centros serán informados oportunamente.

TEMARIO

La materia objeto de examen incluirá el programa de las asignaturas de Latín y Griego de 1º y 2º de bachillerato.

TIPO DE EXAMEN

El examen tendrá una duración ininterrumpida de 75 minutos y constará de 100 preguntas tipo test:

  • 50 sobre cuestiones de lengua griega y latina, incluyéndose aquí algunas preguntas de etimología y derivados léxicos, y
  • 50 sobre literatura griega y latina, cultura clásica y cuestiones de realia.

Dos errores anulan un acierto. Las preguntas no contestadas no se tendrán en cuenta. Todas las preguntas tendrán la misma valoración.

PREMIOS

La Universitat de València concederá un premio de 1.000 € (con la correspondiente retención de IRPF) a los/las seis estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada que se matriculen en cualquiera de los estudios oficiales que se imparten en la Universitat de València.

Los premios obtenidos serán personales e intransferibles y se podrán hacer efectivos en los dos cursos siguientes a la obtención del premio. Si el/la estudiante ha sido ganador/-a de las fases locales de una o más Olimpiadas, sucesiva o simultáneamente, podrá hacer uso de un único premio y para una única titulación de la Universitat de València.

CALENDARIO

  • Inscripción: del 19 de febrero al 11 de marzo de 2018.
  • Realización de la prueba: sábado 24 de marzo de 2018, a las 11.00 horas. Facultad de Filología, Traducción y Comunicación, Universidad de Valencia.
  • Publicación de resultados: 29 de marzo de 2018
  • Acto de entrega de premios de la Olimpiada de Clásicas de Valencia 2018: El día y la hora serán indicados oportunamente.

Más información

Universitat de València

Web de la Olimpiada

 

13 diciembre 2017 at 9:45 pm Deja un comentario

La última batalla griega

El padre de un alumno almeriense al que se le impide cursar Griego emprende una cruzada reivindicando las Humanidades

Fernando Basanta, profesor que reclama el aprendizaje de griego – MAYA BALANYA

Fuente: RAQUEL PÉREZ > Almería  |  ABC
13 de diciembre de 2017

El Instituto de Educación Secundaria Abdera de Adra (Almería) recibe su nombre de la antigua ciudad de la región griega de Macedonia oriental y Tracia. Pero eso pocos de sus alumnos lo conocen. Menos aún dado que este curso no pueden estudiar la asignatura de griego de forma presencial. Tienen que hacerlo «online» ante la negativa del centro de asignar a un profesor con el horario necesario para esta materia.

Fernando Basanta, profesor jubilado, exdirector del IES Murgi de la cercana localidad de El Ejido y padre de uno de los alumnos afectados, ha emprendido una batalla para exigir a la Junta de Andalucía que se imparta dicha asignatura en el centro. «La profesora de Cultura Clásica solo tiene trece horas de su especialidad, de modo que hasta 21 semanales que la norma prevé como tope máximo, tiene la posibilidad de ofrecer esta enseñanza», reivindica. «Realmente la Ley sí protege las humanidades, pero tanto la dirección del instituto como la delegación de Educación en Almería han hecho caso omiso», se queja Basanta. Esta lucha llegará próximamente al Parlamento Andaluz y al Senado, donde se pretende que la «depreciación del griego» se tenga en cuenta en el seno de la ponencia sobre el pacto educativo.

Son siete los alumnos que escogieron este curso la de griego como asignatura troncal, frente a los 15 que marca la normativa autonómica para garantizar la impartición de la materia.

La «batalla por el griego» ha cruzado la frontera almeriense y ya ha cosechado el apoyo de académicos de todo el territorio nacional. El director del Departamento de Filolología Griega de la Universidad de Granada, Pedro Pablo Fuentes, solicita a la Junta que permita a estos alumnos estudiar la asignatura. También lo ha hecho la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC), al considerar que «no es admisible que, teniendo la profesora que debía impartir esta materia, con un horario holgado para poder asumir la docencia, se le asignen cuatro horas de Lengua Española».

Desde la implantación de la Lomce, advierte la SEEC, «se vienen produciendo situaciones en las que los centros sacrifican materias minoritarias, aunque importantes, a costa de privar a los estudiantes de sus legítimas expectativas de formación». En concreto, la oferta del griego «está sufriendo de un modo especial una alarmante merma». Según los datos aportados, en toda España se constata una reducción del 20% en la impartición de griego en los dos últimos cursos académicos. La lengua de Platón poco a poco desaparece de las aulas españolas, una asignatura tradicional que se encuentra en peligro de extinción por la irrupción de otra especie invasora, en este caso materias más innovadoras y tecnológicas.

 

13 diciembre 2017 at 7:38 pm Deja un comentario

Robin Lane Fox: “Leer a Homero te cambia para siempre”

Ensayista y profesor, divide su vida entre los clásicos y la jardinería; entre sus clases en Oxford y las plantas, sobre las que escribe en la prensa británica. Cree que muchas respuestas a la actualidad se encuentran en textos de hace siglos.

El ensayista Robin Lane Fox, en los jardines del New College de la Universidad de Oxford. MANUEL VÁZQUEZ

Fuente: Guillermo Altares  |  EL PAÍS SEMANAL
11 de diciembre de 2017

Robin Lane Fox tiene una doble vida profesional que transcurre en algún lugar entre Atenas y los jardines ingleses. Por un lado, es uno de los grandes clasicistas de Reino Unido, profesor emérito del New College de Oxford y autor de ensayos como El mundo clásico (Crítica), que fue elegido uno de los mejores libros del año en 2007 por los críticos de Babelia. También ha escrito una célebre biografía de Alejandro Magno, que Oliver Stone utilizó como base para su película sobre el conquistador heleno, en la que trabajó como asesor —y como extra, ya que formó parte de las tropas del general macedonio—. Eruditos, amenos y sorprendentes, sus libros han servido como introducción a Grecia para muchos lectores. Pero además Lane Fox, de 71 años, es un jardinero profesional. Desde hace casi medio siglo escribe una sección de jardinería en la edición de fin de semana del Financial Times y también tiene a su cargo varios jardines en Oxford. La entrevista se celebró en Córdoba, donde acudió como jurado a la primera edición del Festival Internacional de las Flores, que se celebró en octubre. Estaba encantado con el evento y con la temperatura de Andalucía a finales del otoño, pero se mostraba impaciente por regresar. Lane Fox es un hombre cordial, con mucho humor, pero no bromea cuando dice que no le gusta pasar mucho tiempo lejos de su jardín: “Si tengo que quedarme tres noches fuera de casa, sufriría lo que llamo ‘sueños verdes’. Soñaría con mi jardín, pero luego tendría pesadillas pensando que todo se ha quemado y tendría que volver a casa”.

¿Cuál era la relación de los griegos y los romanos con los jardines? Por ejemplo, en la Domus Aurea, el palacio de Nerón en Roma, eran un elemento esencial. Para los griegos, los jardines significaban sobre todo frutas y hortalizas. Las flores eran un lujo solo para los ricos y el agua no abundaba. Cuando cambió la estructura social y llegaron los reyes, los jardines se pusieron de moda entre los griegos poderosos. En el mundo romano, a los líderes les gustaba exhibir sus parques y jardines. Cultivaban algunas flores, pero no tantas como en un jardín inglés. Los emperadores romanos eran dictadores como Ceaucescu o Sadam Husein, o los dos a la vez, y les encantaba construir parques en los que mostraban su grandiosidad. El enorme parque de Adriano en su villa de Tívoli es un ejemplo. Pero yo respeto a la gente que hace crecer cosas. No me impresionan tanto los que pagan por mantener grandes jardines.

“Me encanta la jardinería, no la contemplación de las plantas. Respeto a la gente que hace crecer cosas, no a los que pagan por mantener grandes jardines”

¿Es muy grande la diferencia? Enorme. A veces es la misma persona, pero no siempre. A mí lo que me encanta es la jardinería, no la contemplación de jardines.

En sus libros explica que los primeros jardines botánicos fueron griegos, de un discípulo de Aristóteles. Teofrasto, que dispuso ser enterrado en su jardín. Conocemos algunas de las plantas que cultivó, pero su objetivo era más científico que estético.

¿Y cuál es su jardín botánico favorito? Hay dos grandes en el mundo. Los dos primeros son Múnich y Edimburgo. Trabajé en Múnich en 1965 cuando tenía 18 años y es el mejor jardín del mundo. Tiene plantas excepcionales. En Edimburgo, los escoceses llevan a cabo un trabajo excelente y tienen acceso a las plantas que vienen de China y de Extremo Oriente. Admiro el jardín botánico de Madrid, cerca del Museo del Prado. Comencé a admirarlo en los años noventa, cuando fue renovado. Es precioso. En Reino Unido me gustan los jardines privados. Los botánicos no tienen nada que ver con la jardinería, que es un oficio, un arte relacionado con la exposición. Están interesados en la ciencia, en un esfuerzo ridículo por salvar a las plantas del mundo.

¿Por qué cree que es ridículo? Es algo que no se puede hacer. Actualmente el 30% de las plantas del mundo solo se conservan en jardines botánicos. ¿Por qué las salvan? Kew Gardens [los jardines botánicos de Londres] mantiene un proyecto para recopilar todas las semillas del mundo, pero nadie las planta. Allí están, en un refrigerador. ¿Qué van a hacer con ellas? Soy bastante escéptico con eso.

Ejemplares de Cosmos Rubenza, presentes en el jardín del New College que Lane Fox supervisa. MANUEL VÁZQUEZ

¿Cómo afecta el cambio climático a su trabajo como jardinero? Enormemente. En Inglaterra, mi jardín dura mucho más tiempo con flores. Pero sé que en Italia este año ha sido una catástrofe para jardines como el de Ninfa, al sur de Roma, que depende de las fuentes naturales. Ha padecido una crisis enorme tras nueve meses sin lluvia. No ha pasado nada igual en sus ocho siglos de historia. Y España supongo que vivirá el mismo desastre. En Inglaterra es magnífico. Los inviernos son cada vez más suaves. En febrero el jardín está fantástico, todo florece en marzo. Mi jardín está magnífico en esta época del año y por eso no estoy totalmente contento de hallarme en Córdoba porque no puedo verlo.

¿En cuántos jardines trabaja? Ahora mismo tengo tres responsabilidades. Los jardines del New College de Oxford, los mejores de la ciudad. Tenemos muchísimos visitantes, sobre todo por las películas. Uno de los árboles ha sido utilizado en la serie de filmes de Harry Potter y todos los años 50.000 jóvenes japonesas nos visitan para fotografiarse bajo el árbol. El jardín también ha sido utilizado en Mamma Mía II, veremos cómo una joven Meryl Streep deja la universidad en ese jardín y tendremos otros 50.000 visitantes, porque la gente no distingue entre realidad y ficción. Me ocupo de un segundo jardín, Yarnton Manor, cerca de Oxford, que es una academia de verano. Y por encima de todo trabajo en mi propio jardín.

¿Sabe cuántas plantas tiene? No, no las cuento, son demasiadas. Llevo 60 años siendo jardinero.

¿Qué tipo de jardines le gustan, los barrocos o los sencillos? Me gusta cultivarlos. No me importa que sea con semillas o plantas compradas en un vivero. Lo malo es que la gente joven ya no puede comprar casas, son demasiado caras. Yo pude disponer de mi propio jardín a los 30 años, pero ahora resultaría imposible. Representa una crisis tremenda para la jardinería inglesa.

En Córdoba existen algunos jardines musulmanes. ¿Son reales o son recreaciones románticas? ¿Sabemos cómo eran los jardines de la antigüedad? En algunos casos podemos recrearlos. Gracias a fuentes árabes, tenemos una lista de plantas que fueron traídas desde Siria y Egipto y que se cultivaron en el sur de España, pero no las verán en la Alhambra. De la Antigüedad conocemos pocos jardines, el de Plinio es uno de ellos. Y podríamos recrearlo. Pero los nuestros son mucho más interesantes de lo que nunca pudieron ser los romanos o los griegos, gracias a China. El oeste de China y Tíbet son el paraíso para las plantas y las flores silvestres. En Inglaterra ahora tenemos 90.000 plantas para elegir.

MANUEL VÁZQUEZ

Recientemente publicó un artículo en el que relataba un viaje a Rumania en busca de flores silvestres. ¿Cuál es la flor que nunca ha visto en la naturaleza y que le gustaría ver? La Gentiana farara, pero eso significaría viajar a China. Y me gustaría volver a ver la Campanula covadonga en los Pirineos. Fue encontraba en los años treinta por un gran investigador inglés y su hijo me dio unas semillas. Es violeta oscuro. La tuve hace 50 años, pero la perdí, no logré reproducirla.

¿Podemos contar la historia del mundo a través de las plantas? Sería muy interesante porque nunca se ha hecho bien. Quiero realizar un programa de televisión sobre lugares de Grecia donde todavía crecen plantas famosas en la literatura clásica. En la Iliada, el poema más grande del mundo, Hera quiere seducir a Zeus, el rey de los dioses, en el monte Ida. Es irresistible y Zeus hace el amor con ella sobre un lecho de flores. Afortunada pareja. Y si uno va en marzo al monte Ida puede encontrar las mismas flores… También se producen sorpresas con el origen de las plantas. Por ejemplo, siempre se pensó que los melocotones llegaron de China en la Edad Media. Sin embargo, unos arqueólogos alemanes encontraron en Samos un hueso de melocotón en un nivel muy antiguo. Todavía me pregunto si lo tiraron ellos. La historia antigua de las plantas es muy disputada.

Cuando la conversación se interna en la otra profesión de Lane Fox, el profesor no tarda en preguntar a su interlocutor si es capaz de leer el griego clásico. Ante la respuesta negativa, explica que “nunca es demasiado tarde” y realiza una defensa de la necesidad de aprender aquella lengua: “Tenemos muchas razones para estudiar griego clásico, pero una se eleva por encima de todas. Si ha leído los poemas de Homero en su lengua original, su vida tiene sentido. Cuando usted termine su día, pensará: ‘¿Qué he hecho hoy?’. He grabado una entrevista en inglés, he leído unos artículos. Pero si lees a Homero te cambia para siempre”.

Hace un año entrevisté a un latinista francés, Paul Veyne… Le conozco, un hombre muy inteligente.

Ejemplares de clemátide Bill Mackenzie del jardín del New College. MANUEL VÁZQUEZ

Y me explicó que su teoría es que ya queda tan poca gente que hable latín y griego que tendría más sentido utilizar el tiempo que se dedica a esas lenguas en el bachillerato a la lectura de los autores clásicos. En otras palabras, que es más importante leer a Homero como sea que leer algunos versos de Homero con dificultad en la lengua original… Eso no tiene sentido. Veyne es un historiador, muy importante, pero no es un hombre de letras. No me importa quién lea griego, de hecho a veces me gustaría que algunos profesores de griego no lo conociesen por las cosas que escriben, pero Homero está ahí para todos. ¿Por qué deberíamos negar a la mayoría de la humanidad el acceso a lo más grande que se ha producido en su historia? No puedo estar de acuerdo, tendría que enseñarse a Homero en griego clásico en las escuelas. La pregunta correcta sería más bien por qué tenemos que aprender francés en el colegio.

La literatura clásica nos ilumina sobre los grandes periodos de crisis, como el helenismo o la caída de la República romana. ¿Cree que estamos viviendo uno de esos momentos de cambio total? No. Básicamente no está ocurriendo nada. El Brexit es una estupidez, pero no representa ni de lejos una crisis comparable a una conquista romana o el ascenso de Alejandro. No deberíamos creer que podemos aprender lecciones del mundo clásico. Tenían esclavos. A veces me pregunto si no debería escribir cada vez “Pericles, el ateniense dueño de esclavos”. De hecho, sí que existe una poderosa lección moral del mundo griego: no se puede tratar a otras personas de esa forma.

“Tendría que enseñarse a Homero en griego clásico en las escuelas. La pregunta correcta sería más bien por qué tenemos que aprender francés”

¿Por qué termina su libro El mundo clásico con Adriano, emperador de 117 a 138 d. C. y no con el final del imperio romano de Occidente, en el siglo V? Porque creo que es la primera persona que mira hacia atrás y contempla el mundo griego como si fuese clásico. Es la primera vez que una mirada clásica sobre el mundo se convierte en dominante y, con ella, cambia la mirada sobre el pasado. Y además es español…

¿Tenemos una idea clara de por qué el mundo se convirtió en cristiano, por qué se abandonaron los viejos dioses para adoptar uno nuevo? Sí, conocemos muchas razones. Una de ellas fue la conversión del emperador Constantino, que además dedicó mucho dinero a la Iglesia y a los cristianos. Eso animó a mucha gente a seguir ese camino. La conversión del mundo clásico a la cristiandad fue un proceso lento, no acabó hasta el final del siglo V. Era una religión que unió las creencias con la ética, que antes habían estado siempre separadas; que promete una vida después de la muerte…

Ejemplares de salvia Royal Bumble. MANUEL VÁZQUEZ

Pero en su libro dice que cuando Jesús muere debía de tener en torno a 30 seguidores. Sí, sin duda es extraordinario. Es una de las grandes historias de la humanidad. No creo en el mensaje, pero respeto lo que logró.

En su libro explica que Cicerón se construyó una casa enorme en Roma que podía ser contemplada desde muchos lados porque le gustaba exponerse en público. ¿No está ocurriendo ahora mismo algo parecido con las redes sociales? No había pensado en ello, pero me parece muy interesante. ¿Cómo tuitearía Cicerón? Me encantaría reconstruir los tuits de Cicerón.

¿Y era Cicerón un idiota, con un ego gigantesco, o uno de los hombres más inteligentes de todos los tiempos, o un poco de cada cosa? Si eres un hombre de izquierdas, no puedes soportarle, pero muchas veces te quita el aliento. No puedo evitar sentir simpatía hacia él. De verdad. Muy pocos de mis colegas simpatizan con él, salvo los especialistas en su obra. Los historiadores le consideran un horror, alguien que nunca se preocupa por el pueblo, un nuevo rico que se equivoca en todo… Pero, qué puedo decir, las cartas son maravillosas. Se equivoca siempre: piensa todo el rato que todo el mundo le está esperando para que vuelva y lo arregle todo, y nunca es así. Siempre que puede equivocarse, se equivoca… Pero el mundo sería mucho más gris sin Cicerón. Cuando tenga 80 años y ya no escriba libros, volveré a leer todas sus cartas. Siendo ya viejo relata la visita que hizo Octavio [el futuro emperador Augusto]. Y tenemos la descripción de aquel encuentro entre el joven más letal del mundo y un anciano hombre de Estado que quiere volver a ser importante… ¿Es irónico cuando escribe: “Creo que va a hacer todo lo que le he sugerido”? Es maravilloso. Y en otro momento le visita César, porque le gustaba Cicerón siempre que no hablasen de política. Llega con un séquito de 2.000 personas y se pasan toda la noche hablando de teatro griego, mientras que Cicerón está deseando que le pregunte por la actualidad política. Tras la visita, Cicerón escribe un comentario: “Creo que no es el tipo de persona que volvería a invitar”. Son cosas inmortales.

Ceratostigma willmottianum que hay en el jardín que supervisa Lane Fox. MANUEL VÁZQUEZ

Ha escrito usted durante 40 años para el mismo diario… Todavía más, durante 47.

¿Cuál es el mayor cambio que ha visto en el periodismo en este medio siglo? En mi trabajo, que soy mejor. Ahora llego a más lectores. Cuando empecé, escribía para lectores que vivían en el sur de Inglaterra y que querían aprender a cultivar plantas y flores. Ahora, el Financial Times del fin de semana es un diario global, uno de los más importantes y leídos del mundo. Escribiré sobre mi viaje a Córdoba. La gente quiere leer sobre muchas más cosas, no solo sobre jardinería. Soy mucho menos provinciano.

¿Y desde el punto de visto técnico? Al principio no escribía, creo en Homero y la literatura oral: dictaba mis textos. Luego escribía a mano y lo mandaba a un editor que lo enviaba a su secretaria, que lo pasaba a máquina. Luego volví a dictar. Y ahora todo se ha convertido en digital y ya no dicto. Me gustaría volver a hacerlo, pero sé que no me van a dejar.

 

11 diciembre 2017 at 5:19 pm Deja un comentario

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