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Lindsey Davis: “Los romanos no eran peores que nosotros”

La creadora de Marco Didio Falco se centra en el papel de la mujer en la sociedad romana en su serie de Flavia Albia, de la que Ediciones B publica ‘Mater familias’

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Fuente: ERNEST ALÓS  |  El Periódico
21 de junio de 2016

Lindsey Davis (Birmingham, 1949) vistió a una especie de Philip Marlowe con toga en lugar de gabardina y durante 20 novelas su detective Marco Didio Falco entretuvo a miles de lectores mientras mostraba la vida cotidiana durante el siglo I. Tras jubilar a Falco le tomó el relevo con nuevos bríos su hija adoptada en Britania, Flavia Albia, una joven viuda que, en la tercera novela de la serie que protagoniza, ‘Mater familias’ (Ediciones B), igual dirige una subasta que investiga el origen de un cadáver verdoso que aparece dentro de un cofre o colabora en el juego sucio de una campaña electoral.

Parece que la serie de Flavia Albia es muy especial por usted porque puede mostrar el punto de vista femenino de la historia de Roma.

Sí. Aunque recuerde que he escrito durante 20 años sobre un personaje masculino, así que ya he reflejado los dos puntos de vista. Sí, está bien escribir sobre una mujer romana. ¡Y una mujer romana britana!

¿Realmente es tan britana Flavia Albia, o ha borrado su pasado hasta convertirse en una romana más?

Ella en realidad es una extranjera y eso da un nueva perspectiva a la narración. De hecho a menudo duda de si puede ser completamente romana. Ella está en equilibrio entre dos mundos.

En la tercera novela de Albia eso ya parece superado, lo que no está tan claro es cuál es su situación en la escala social.

Flavia Albia es quien es, ha sido educada por romanos para que sea romana, en muchas ocasiones es una romana de pura ley y solo a veces se siente algo extranjera. Desde el punto de vista de su clase social, su madre es de una familia senatoral, su padre, ecuestre, el hombre con el que se va a casar es un plebeyo, aunque rico, y ella es una mujer. Lo que quiero mostrar es que Roma era multicultural, como decimos hoy, y que podías venir de cualquier lugar del mundo y en tanto que cumplieses determinados requerimientos eras aceptado. Quería mostrar esta movilidad social.

De todas formas, en todas las novelas de Marco Didio Falco tenía un papel importante Helena Justina, la que acabará siendo su mujer. No solo eran novelas de legionarios y gladiadores musculosos. ¿Qué añade Flavia a lo que usted mostraba con su madrastra?

Es mucho más directa. Veíamos a Helena a través de Falco, ahora es Flavia la que habla de sí misma.

Por un lado, la mujer romana tenía que ser modesta y hogareña. Pero por el otro, había muchas mujeres que ejercían su poder, en casa y fuera. Y no solo la famosa Livia. En su novela hay mujeres detectives, intrigantes, banqueras, taberneras…-¿Cuál era en realidad el papel de la mujer en Roma?

No, no se trata solo de la Livia. Tradicionalmente se suponía que la mujer romana debía ser modesta, discreta y que debía criar correctamente a sus hijos y quedarse en la sombra. Pero hay muchas evidencias de que regían negocios, se valían por sí mismas y muchos hombres las respetaban. Pero no aparecen en los libros de texto. El ejemplo paradigmático es el emperador Vespasiano, que adoraba a su abuela, que lo crío, obedecía a su madre y vivió con la mujer a la que amaba cuando la pudo convencer.

¿Qué podemos esperar del dúo que ya claramente, tras esta novela, forman Tiberio Manlio Fausto y Flavia Albia?

Se tendrán que casar para quede claro que no se trata solo de un asunto… ¡y pasará algo en su boda que no le puedo explicar! Pero… pero…

Será en la cuarta novela.

Al final de la cuarta novela habrá una boda, pero… pero… Sucederá algo grave, aunque serán una pareja firme que colaborarán estrechamente en su trabajo durante bastantes libros.

El otro día la historiadora Mary Beard recibió el premio Princesa de Asturias por su labor de divulgación del mundo romano. ¿Son sus novelas también una forma de divulgación histórica?

Somos buenas amigas, y nos respetamos. Me gusta la forma como presenta en sus series de TV la vida de la gente ordinaria. Compartimos el mismo punto de partida: que la sociedad romana era mucho más variada y compleja de lo que los historiadores, que se han concentrado solo en la clase senatorial, nos han explicado durante siglos. Pero yo utilizo la ficción y ella la historia.

Beard nos dijo que era importante no admirar a los romanos. Pero yo creo que a usted sí que la fascinan.

Pues sí, ja, ja, sí estoy fascinada por los romanos. Y admiro algunas cosas de ellos, técnicamente por ejemplo, admiro hasta cierto punto la forma como el imperio era igual para todos. No admiro su religión (yo no soy religiosa).

¿Y los aspectos violentos de su sociedad?

Bien, nosotros tenemos también una sociedad violenta. ¡Mire lo que está sucediendo con la Eurocopa! ¡Esta misma semana una parlamentaria británica ha sido tiroteada y apuñalada en la calle! No puede decir que los romanos eran peores que nosotros. Las dos cosas en las que realmente se diferencian de nosotros son la esclavitud, que traté en la segunda novela de Albia, y los gladiadores. No los admiro en eso, en absoluto… ¡pero aún pienso que su sociedad era mejor que muchas otras, incluso modernas!

¿Y su expansionismo no sería comparable a lo que hoy denominaríamos como genocidio?

Eran horribles como conquistadores, pero al fin y al cabo querían que el imperio fuese pacífico. Había ventajas en pertenecer al imperio.

Ya lo decían Monty Pyton…

¿Qué han hecho los romanos por nosotros, aparte de…?

¿Qué similitudes habría entre una campaña electoral como la de ‘Mater familias’ y las de hoy?

Cuando escribí este libro lo que más me impresionó es leer el libro que escribió el hermano de Cicerón, si es que fue él, aconsejándole cómo actuar para ser elegido cónsul. Su cinismo, pensar cómo conseguirlo y no para qué, tiene paralelismo con los motivos de los políticos hoy en día. Y su actitud me recuerda a la de los actuales ‘spin doctors’.

Hace 1.600 años que se fueron las legiones de Britania. Ha costado unos cuantos años volver a construir algo en Europa… ¿así que, qué opina del Brexit?

Estoy en una difícil situación. Mi madre, una mujer con mucho carácter, me enseñó que una mujer nunca debía decir lo que votaba. Ese secreto absoluto viene de los tiempos en que los hombres podían influir en el voto de sus mujeres. No puedo decirle lo que ya he votado. ¡Pero aquí estoy, en España, hablando de los libros que escribo sobre Italia! Así que, ¿qué cree usted que pienso?

¿Lo dejamos aquí?

Gracias.

Marco Didio Falco no aparece, pero su hija habla de él a menudo, como de un jubilado que pesca en un bote, con su gorra y su caña. ¿Seguirá así, o reaparecerá en algún libro?

Él y Helena serán estarán allí, y su hija hablará de ellos como de unos padres gruñones.

A su boda tendrá que ir…

Sí. Sí. Y Falco hablará. En la escena de la que no le puedo hablar…

Las novelas de Marco Didio Falco se desarrollan durante el imperio de Vespasiano y Tito. Las de su hija, durante el de Domiciano. A este le quedan siete años. ¿Seguirá y llegará a los siguientes, Nerva, Trajano, Adriano…?

Utilizo este periodo porque lo estudié mucho para otra novela. Quería hacer algo con esta serie que fuese reconocible pero al mismo tiempo diferente. Moví un poco la cronología para que cuadrase: una serie se desarrolla bajo un emperador benevolente, la otra bajo un tirano paranoico. Tienes el hecho de que es mujer, que es una ‘outsider’, que la sociedad es la misma pero la situación política no.

¿Se ha fijado un límite de novelas para la serie de Flavia Albia?

Cuando acabé con Didio Falco ofrecí a mi editor una serie que se titularía ‘las siete colinas de Roma’ y mis editores en el Reino Unido y EEUU me dijeron que no. Así que escribí la serie de Albia.. que empieza con un asesinato en el Aventino, la segunda sucede en el Esquilino, la tercera en el Celio, la siguiente en el Viminal… ¡No se han dado cuenta de que estoy escribiendo la serie que rechazaron! Así que han de ser siete. Pero como según cuentes las colinas pueden ser 10 o 12… Pero de momento voy de una a una. Lo que tengo bastante claro es que, a diferencia de Didio Falco, Albia no viajará, me quedan muchas cosas que explicar sin salir de Roma.

 

22 junio 2016 at 9:04 am Deja un comentario

Mary Beard, un péplum impecable

Lo mejor de la historiadora británica Mary Beard, flamante premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, está en «SPQR», síntesis de sus estudios sobre la antigüedad romana

MaryBeard

Mary Beard, autora de «SPQR» – Shutterstock

Fuente: LUIS ALBERTO DE CUENCA > Madrid  |  ABC
10 de junio de 2016

El péplum cinematográfico actual equivale a lo que llamábamos cuando éramos pequeños, allá por los últimos 50 y primeros 60 del siglo XX, «cine de romanos». Pues bien, Mary Beard, catedrática de Clásicas en el Newnham College de Cambridge, Inglaterra, y responsable de temas grecolatinos en el «Times Literary Supplement», publicó en 2015 una monografía de Historia romana, traducida ahora al español por Silvia Furió, que podría perfectamente convertirse en el guión de un péplum del siglo XXI, pues está narrado con una capacidad extraordinaria de sugerir imágenes en el lector. Beard parte de la obra de Marco Tulio Cicerón (veintiocho volúmenes en la edición bilingüe de la Loeb Classical Library), en la idea de que, leyendo al orador y filósofo romano nacido en Arpino, asiste uno en primera fila de patio de butacas a la vida romana del siglo I antes de Cristo sin necesidad de montarse en la máquina del tiempo inventada por H. G. Wells.

Fecha fabulosa

Cicerón nació en 106 a. C. y fue asesinado por orden del triunviro Marco Antonio en 43 a. C. La Historia de Roma de Beard es mucho más amplia: comienza en la fecha fabulosa de la fundación de Roma, 753 a. C., y se prolonga hasta la época del emperador Caracalla (211-217 después de Cristo), concretamente hasta el segundo año de su reinado, 212 d. C., cuando por orden suya se extiende la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio. Pero una y otra vez la historiadora británica vuelve a Cicerón, sirviéndose de abundantes «flashforwards» y «flashbacks» que van desarrollando la marcha de la Historia romana desde sus orígenes míticos y monárquicos a los gloriosos tiempos de la república y a los dos primeros siglos del imperio.

Como clasicista que soy, me fascinan las historias de Grecia y de Roma bien contadas, pues de Grecia y de Roma venimos cuantos formamos parte hoy del mundo democrático occidental, de Grecia y de Roma aprendimos cuanto sabemos de filosofía y de derecho, en Grecia y Roma se originan nuestros géneros literarios, y nuestra concepción de la ciencia es, sin duda, de raíces grecorromanas.

No hay una Historia tan permeable al «voyeurisme» como la romana, y no solo referido a guerras internas, sino también a intimidades de sus protagonistas

Pero entre la Historia de Grecia y la Historia de Roma ha habido siempre, en mi opinión, una clara y notoria diferencia a favor de la segunda en lo que atañe al interés lector. Tanto la monarquía romana, contada por Tito Livio en su «Historia» -parcialmente llegada hasta nosotros-, como la república, con su política de expansión de las águilas de Roma por todo el Mediterráneo, y el imperio, con esa morbosa y siempre novelesca acumulación de poder en una sola persona, son etapas apasionantes para ir siguiéndolas en las narraciones que de ellas nos han dejado los cronistas antiguos y nos ofrecen a diario los modernos historiadores.

No hay una Historia tan permeable al cotilleo y al «voyeurisme» como la romana, y no solo referidos a guerras internas, trifulcas sociales o enfrentamientos con enemigos exteriores, sino también, y sobre todo, a intimidades de sus protagonistas, siguiendo el curso de las noticias conservadas acerca de las monarquías helenísticas, especialmente sobre la corta y heroica vida del gran conquistador Alejandro Magno. Las obras históricas de autores como Tácito y Suetonio resultan paradigmáticas en este sentido. Por ellos conocemos la letra pequeña de la Roma cesárea, su intrahistoria más recóndita.

Emperatriz de Roma

De Mary Beard ha dicho mi maestro y amigo Carlos García Gual, como puede leerse en la sobrecubierta del libro, que «escribe con singular maestría y sabe unir la erudición actual más refinada con un estilo narrativo tremendamente vivaz; refleja el dramatismo de los momentos clave de la Historia y retrata a sus personajes con tremenda agudeza». Y nuestro aclamado novelista de temas romanos Santiago Posteguillo se refiere al libro que nos ocupa en los siguientes términos: «“SPQR” es la obra cumbre de Mary Beard: un auténtico viaje al pasado para entender la antigua Roma desde los reyes hasta los emperadores. Siempre rigurosa, ingeniosa y amena, Mary Beard es, para mí, la augusta Beard, la auténtica emperatriz de Roma en el siglo XXI». Una Beard que ha esperado décadas antes de redactar esta síntesis definitiva de sus estudios históricos sobre la antigüedad romana, y que desde la atalaya de sus sesenta años -a esa edad exacta publicó la edición original de «SPQR», ya que nació en enero de 1955- es capaz de ofrecernos una visión cabal y completísima de la Historia institucional y socioeconómica de Roma sin renunciar por ello a narrar de forma más que fascinante, al estilo «herodoteo» o «gibboniano», los apasionantes episodios que jalonan su devenir.

Mapas, bibliografía, cronología, ilustraciones e índice alfabético ayudan a configurar el plano de excelencia comunicativa -informativa y formativa a la vez- por donde discurre esta Historia de Mary Beard, auténtica proeza de una autora que ya nos había deleitado con otras obras historiográficas muy bien estructuradas y enjundiosas, como «Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana» (Crítica, 2009, sobre la que la BBC realizó una espléndida serie documental), o «La herencia viva de los clásicos». «Tradiciones, aventuras e innovaciones» (Crítica, 2013, un viaje guiado por el mundo grecorromano, desde el palacio de Minos en Cnoso (Creta) hasta el imaginario poblado de Astérix, último bastión de los galos frente al poderío de Roma.

Nadie se llamó Cayo

Y no caigo en el tópico de afirmar que SPQR se lee como una novela, porque hay novelas aburridísimas, y no quiero que nadie piense que la Historia romana de Mary Beard se lee como una novela de Faulkner o de Proust. Hay que pensar en novelistas chispeantes como Stevenson, Zévaco o S. S. Van Dine para dar una idea del placer que proporciona la lectura de esta obra de Beard.

Ni el hecho de encontrarnos con numerosos «Cayos» a lo largo del libro (¡cuántas veces habremos de repetir que nadie se llamó Cayo en la antigua Roma, y que la C inicial de personajes como César o Casio no es más que una grafía arcaica que enmascaraba nuestra G!) ha impedido nuestro intenso disfrute de esta Historia de la antigua Roma, que recomiendo por igual a cualquier tipo de lector, desde el especialista más conspicuo hasta cualquier víctima de la LOGSE que quiera redimirse.

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«SPQR». Mary Beard
Ensayo.Trad. de Silvia Furió.Crítica, 2016. 648 páginas. 14 euros. E-book:14,99 euros

 

10 junio 2016 at 8:49 am Deja un comentario

¿Te sabes el del abderita que se encuentra a un eunuco? Los chistes más viejos de la historia

El ‘Philogelos’ reunió en el siglo IV 265 chistes. Algunos se siguen contando hoy en día

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Escena de ‘La vida de Brian’, que también es un clásico

Fuente: JAIME RUBIO HANCOCK – Verne EL PAÍS
9 de junio de 2016

Voy a comenzar con uno de los chistes más viejos que conozco:

El peluquero pregunta: “¿Cómo quiere que le corte el pelo?”. Y el cliente contesta: “En silencio”.

Es muy posible que lo hayas oído antes. Quizás lo viste en Twitter: son muchos quienes lo han publicado en esta red social. Pero es viejo. Muy viejo. Tiene, como mínimo, unos 1.600 años.

El chiste forma parte del Philogelos, que se puede traducir como “el amante de la risa” y que es una antología de 265 chistes reunidos en un manuscrito del siglo IV o V.

Está en griego, pero, como explica la historiadora Mary Beard, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, en Laughter in Ancient Rome, se trata de un texto romano, con referencias a “sitios y culturas del Mediterráneo” y “referencias veladas a personajes del final de la república y el inicio del imperio”. Algunos de los chistes son incluso anteriores.

Según Beard, Roma y (en parte) el Philogelos, suponen el nacimiento del chiste tal y como lo entendemos hoy en día. De hecho, algunas de las ocurrencias de este libro pueden “deslizarse fácilmente en las convenciones cómicas de nuestra era”.

Eso sí, tampoco podemos olvidar que “hace falta mucho ingenio para lograr (o forzar) una risa moderna”, como se puede comprobar echándole un vistazo a la edición completa online. El contexto cultural y el paso del tiempo no ayudan. Por ejemplo, este chiste sobre crucifixiones tiene hoy en día implicaciones diferentes, al estar la cruz cargada de connotaciones religiosas y al no encontrar tan gracioso el tema de la pena de muerte como hace unos cuantos siglos:

Un abderita ve a un atleta crucificado y dice: “Ya no corre, ahora vuela”.

Y eso por no hablar de los chistes de lechugas, que solo se entienden si sabemos que se consideraba que esta planta ayudaba a calmar los impulsos sexuales.

También hay que tener en cuenta que los chistes (en general) no están pensados para leerse. Cuando alguien nos cuenta uno, nos reímos más por el hecho de estar entre amigos, compartiendo una cerveza, que por la ocurrencia en sí, que suele tener un nivel justito. Todas las antologías de chistes resultan tediosas, como sabrá cualquiera que haya intentado leer una, sea moderna o clásica.

Y ahora que ya hemos dejado claro que no nos vamos a reír, echemos un vistazo a los chistes que se contaban los romanos.

¿Te he contado el del tipo con halitosis?

La mayoría de chistes están protagonizados por una galería de personajes recurrentes. Algunos de ellos siguen siendo objeto de risa en la actualidad, aunque nos parezca poco apropiado. Parece que algunos temas siempre dan para gracietas, como las relaciones, el sexo y la escatología. Hay chistes sobre esposas, por ejemplo:

Un tipo le dice a su amigo: “Anoche me acosté con tu mujer”. A lo que el amigo contesta: “Yo soy su marido y tengo que hacerlo, pero tú, ¿qué excusa tienes?”.

Por cierto, este chiste lo contaba el humorista estadounidense Milton Berle en pleno siglo XX, según recogen Jimmy Carr y Lucy Greeves en Only Joking.

También hay chistes de borrachos:

Un tipo está abroncando a un borracho porque pierde toda noción de la realidad cuando bebe más de la cuenta. A lo que el borracho le contesta, indignado: “Mira quién habla… El tipo que tiene dos cabezas”.

Los hay sobre abderitas, los leperos del imperio romano. De hecho, se trata del segundo grupo de chistes más numeroso, con 60 historias dedicadas a ellos o a los habitantes de Sidón y Cime, de fama similar.

Un abderita ve a un eunuco hablando con una mujer y le pregunta si es su esposa. El hombre le responde que es un eunuco y que no puede casarse. “Ah, entonces es tu hija”, le dice.

También hay chistes protagonizados por misóginos:

Un misógino está frente a la tumba de su mujer. Un desconocido le da el pésame: “¿Quién está descansando ahora?”. A lo que el misógino contesta: “Yo, ahora que por fin estoy solo”.

Y había chistes sobre halitosis, un asunto prácticamente olvidado en el repertorio de los cómicos de hoy en día. Estos chistes dan muestra de un pequeño drama por el que debían pasar a menudo los romanos:

Un hombre con mal aliento decide suicidarse. Así que se envuelve la cabeza hasta que se asfixia.

Hay incluso un chiste que a los británicos les recuerda al famoso sketch del loro muerto de Monty Python. Este es el sketch:

Y este es el chiste:

Un hombre acude al vendedor de esclavos y se queja de que uno de los que acaba de comprar se ha muerto, a lo que el vendedor responde: “¡Nunca hizo nada parecido cuando estaba conmigo!”.

El grupo más numeroso de chistes (103) es el protagonizado por los scholastikos, un término de difícil traducción en este contexto. Beard opta por egghead (intelectual, en tono despectivo), aunque otros prefieren estudiante tonto, pedante o incluso profesor despistado:

Un intelectual vio un pozo muy profundo en su región y preguntó si el agua estaba buena. El campesino le dijo que sí, que sus padres solían beber de ese pozo. El intelectual exclamó: “¡Qué largos debían ser sus cuellos si podían beber de un pozo tan profundo!”.

No se trata de chistes propiamente “de tontos”, sino de burlas a gente que usa un pensamiento tan lógico y tan correcto que llega al absurdo. Más ejemplos:

Un intelectual se cruza con un conocido y le pregunta: “¿Quién murió, tu hermano gemelo o tú?”.

Un intelectual se compra una casa y se asoma por la ventana para preguntar a los viandantes si le queda bien.

Un tipo se encuentra con un intelectual y le dice: “Anoche te vi en un sueño”. “Vaya -contesta el intelectual-, estaba tan ocupado que yo no te vi a ti”.

Pequeñas lecciones de antropología

Según recoge Beard, los chistes (en general) tienen éxito porque nos ayudan a ver nuestras vidas y nuestros prejuicios como si acabáramos de llegar de otro planeta. En este sentido, un cómico funciona en ocasiones como un antropólogo doméstico que pone de manifiesto los errores de lo que consideramos sentido común al hacernos dudar acerca del sentido que tienen estas ideas preconcebidas, más allá de la costumbre. Y, por este motivo, los chistes sobre intelectuales del Philogelos son los que mejor funcionan en la actualidad.

En uno de los chistes, por ejemplo, un intelectual se cruza con su médico y se disculpa por no haber estado enfermo en mucho tiempo, subrayando “lo extraño de nuestra relación con un hombre cuya prosperidad depende de nuestra enfermedad”.

También hay pequeños apuntes acerca de nuestra forma de percibir el mundo, como en el caso del pedante que decide aligerar su deuda de un millón y medio borrando el “y medio” del certificado de deuda.

Encontramos incluso reflexiones acerca de la fragilidad de nuestra identidad:

Un barbero, un calvo y un intelectual están de viaje. Acampan por la noche y hacen turnos para vigilar el equipaje. Durante su turno, el barbero se aburre y le afeita la cabeza al intelectual. Cuando el barbero le despierta para que siga él, el intelectual se toca la cabeza y dice: “Este tío es tonto: ha despertado al calvo en lugar de a mí”.

Los chistes también cuestionan convenciones sociales, jugando con los límites y significados de algunas categorías, como en el caso del intelectual que en mitad de la noche se mete en la cama de su abuela, hasta que su padre le descubre y le da una paliza: “Esto es injusto -dice el intelectual-. Tú te acuestas cada noche con mi madre y yo no te digo nada. En cambio, tú te enfadas por una vez que me acuesto con la tuya”.

No lo contéis en Navidad.

El origen del chiste moderno

Beard subraya que no se puede hablar de un “primer chiste de la historia”, ya que siempre ha habido comentarios graciosos, epigramas, fábulas e incluso pintadas en la pared. Pero el Philogelos muestra que en Roma nace el chiste tal y como lo entendemos hoy en día. Es decir, como una forma encapsulada de humor que funciona a modo de moneda social: “Intercambiamos chistes. Los contamos de forma competitiva. Para nosotros, también, son mercancías que tienen un valor y un origen”.

Y esto ocurría más en Roma que en la Grecia clásica. El hecho de que los chistes se recogieran en manuscritos, se compraran, se vendieran y se intercambiaran, muestra que estas historietas no eran ni transgresoras ni excepcionales, sino que formaban parte de la cultura romana. Y el hecho de que se copiaran sin mencionar al autor muestra que formaban parte de una tradición oral: los romanos se contaban chistes de forma habitual y tanto sus autores como sus protagonistas eran anónimos.

Esto está cambiando de nuevo, como explican Carr y Greeves en Only Joking. Los chistes pocas veces se ponían por escrito y cuando se hacía, ya fuera en el Philogelos o en los “libros de facecias” que se empiezan a recoger a partir del siglo XV, ya nadie recordaba quién era su autor. “Incluso en los años 50 y 60 se veía como perfectamente normal que los cómicos robaran chistes y rutinas enteras de otros humoristas”. En cambio, hoy en día es casi peor robar un chiste que no ser gracioso, como se puede ver por las polémicas acusaciones a Dane Cook y, más recientemente, a Amy Schumer, por ejemplo.

Con la llegada de la televisión y con los primeros discos y cassettes de chistes y monólogos, se empieza a identificar a los autores de estas ocurrencias, sobre todo en el caso de humoristas con una personalidad muy marcada. Nadie le robaría un chiste a Woody Allen o a Andy Kaufman (en caso de que alguna vez hubiera contado alguno).

Y ocurre cada vez más con las redes sociales, a un nivel sin tantas aspiraciones. Muchos se esfuerzan en Twitter por crear chistes y se enfadan, con razón, cuando se reproducen sin citar. Sobre todo (y como ya vimos en su momento) cuando lo hacen cuentas dedicadas a reproducir contenidos en busca de ingresos publicitarios. Es decir, hoy en día los chistes vuelven a tener autor, como en la buena época anterior al Philogelos.

Lo cual no quita que muchos de esos chistes supuestamente originales no sean más que nuevas versiones de chistes muy viejos. Chistes de 1600 años de antigüedad. Como el del peluquero que veíamos al principio. Aunque hay que reconocer que sigue siendo tan válido hoy en día como entonces.

Los chistes del ‘Philogelos’, a prueba

Para probar si estos chistes conservan algo de gracia, el cómico Jim Bowen decidió en 2008 subirse a un escenario y leerlos en voz alta.

Según explica Mary Beard también en Laughter in Ancient Rome, la actuación fue exitosa, pero el mérito es, sobre todo de Bowen y del traductor, William Berg, que adaptaron el lenguaje y el ritmo de los chistes a las expectativas contemporáneas. Además, el público había acudido a la representación con ganas de reír, “hasta el punto de que muchos de los que más se reían también se reían de sí mismos por reírse de estos chistes romanos muy, muy viejos”. Hay algún vídeo en YouTube.

Este vídeo arranca con Bowen hablando del tipo que va al médico porque se siente mareado durante media hora después de despertarse. “Bueno, pues levántase media hora más tarde”, le contesta el doctor. A mí me ha recordado a este chiste que no nos hacía gracia ni de niños:

-Doctor, me duele aquí.
-Pues váyase allí.
-¡Me sigue doliendo!
-¡Doliendo, no sigas a este señor!

Como es perfectamente comprensible, el público no se ríe tanto de la ocurrencia como del hecho de que Bowen les recuerde que aún quedan varios centenares de chistes similares. A menudo nos reímos de lo que nos da miedo.

 

9 junio 2016 at 1:14 pm Deja un comentario

“Un personaje como Trajano le vendría muy bien al siglo XXI”

El escritor español Santiago Posteguillo habla sobre su obra llamada ‘La legión perdida’

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Santiago Posteguillo. Foto: Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

Fuente: CARLOS RESTREPO  |  El Tiempo
5 de junio de 2016

Uno de los mayores obstáculos que enfrentó el escritor español Santiago Posteguillo durante la investigación para su trilogía sobre el emperador romano Marco Ulpio Trajano (53-117 d. de C.) fue la búsqueda de nombres para los personajes femeninos de sus novelas. “Las fuentes clásicas no solían ponerle el nombre a ninguna mujer”, anota el autor.

Por eso, uno de los objetivos que se impuso cuando se sentó a escribir este fascinante viaje por la historia fue darles nombre e identidad a cada una de sus protagonistas.

Y ‘La legión perdida’ –el último libro de una saga que comenzó con ‘Los asesinos del emperador’ y continuó con ‘Circo máximo’– tiene varios personajes femeninos relevantes. “Aparecen, entre otras, una princesa parta, una monja budista que era consejera del emperador Kanishka (dinastía Kushán, del norte de la India) y toda una emperatriz que gobernaba el imperio Han de la China”, anota el escritor, oriundo de Valencia.

Darles nombre a estas mujeres, nacidas en un punto medio entre la realidad y la ficción, no fue tarea fácil. Por ejemplo, el de la princesa parta salió de una tesis doctoral de la Universidad de Oxford. “Y no me parece raro que fuera otra mujer, la autora de la tesis, la encargada de rescatar a una mujer del pasado y de darme los nombres habituales de las dinastías partas para las mujeres”, comenta Posteguillo.

Con una estructura de capítulos cortos, que dejan en punta al lector entre uno y otro, y un ritmo narrativo muy cinematográfico, este hombre de 49 años ha logrado convertir la historia en un ‘best seller’ literario, como si los emperadores romanos tuvieran el encanto de Harry Potter.

Así lo corroboran las asombrosas cifras de esta trilogía y de la anterior, sobre Escipión, ‘El africano’. Con las dos series literarias, el escritor valenciano superó el millón y medio de libros vendidos, algo increíble si además se tiene en cuenta que cada uno de los volúmenes tiene más de mil páginas.

‘La legión perdida’, la novela con la que cierra la vida de Trajano, le tomó dos años y medio de escritura, pero sus lectores se la devorarán en pocas semanas. Sobre este libro, que presentó recientemente en Colombia, Posteguillo conversó con EL TIEMPO.

¿Cómo era la Roma que se encontró el emperador Trajano?

Es una Roma muy compleja porque ha pasado por el final de la dinastía flavia, con Domiciano. Él había sido un tremendo dictador y además un muy incompetente gestor de los recursos económicos, conduciendo a Roma prácticamente a la bancarrota y a un desastre militar, porque las fronteras estaban empezando a ser amenazadas. Por eso es más admirable todo lo que consigue hacer Trajano, porque se encuentra un imperio en crisis y lo llevará a su momento de máximo apogeo.

La novela está contada en dos tiempos: por un lado, la vida de Trajano, y por el otro, la historia de la famosa ‘legión perdida’, que le da el título…

Cuando Trajano va a tratar de conquistar Partia, hoy Siria, no lo hace por un afán de fama o gloria, sino para controlar la ruta comercial emergente más importante del mundo, que era la Ruta de la Seda. Pero cuando está al borde del río Éufrates, con diez legiones, se da cuenta de que los legionarios tienen miedo de terminar como la ‘legión perdida’.

¿Y qué pasó con esta legión?

Que 150 años antes, el cónsul Craso intenta esa misma conquista, pero conduce a sus hombres a un desastre militar y una legión entera acaba prisionera de los enemigos. Esa es la ‘legión perdida’. Y la novela plantea el pulso dramático de quién va a poder más, ¿el fantasma de la ‘legión perdida’ o el poder y el carisma de Marco Ulpio Trajano?

Además de estos dos componentes, la trama se desarrolla en cuatro grandes espacios geográficos…

La novela muestra cuatro imperios que había a principios del siglo II después de Cristo: la gran Roma de Trajano, los imperios Parto y Kushán, del norte de la India (actual Afganistán) y la gran China del Imperio Han. A estos dos últimos se llega a través de la Ruta de la Seda.

¿Por qué era tan importante la Ruta de la Seda?

Esta ruta coge el nombre de uno de los muchos productos que transitan por ella. La seda, tan suave al tacto, era muy apreciada por las clases adineradas. Pero en la ruta se movían también lacas, especias y, claro, ideas. Y todo este intercambio hace que la Ruta de la Seda suponga la primera interacción transimperial de la historia.

¿Cuál es el origen del famoso término ‘craso error’, al que usted se refiere en el libro?

Por mi formación filológica, me gusta hacer ver a mucha gente expresiones que utilizamos hoy y de las cuales hemos perdido la etimología, el origen. Y me pareció que esta iba a provocar una sonrisa en el lector. Nace de ese cónsul, Craso, que conduce a sus tropas a un desastre militar en la Batalla de Carras (53 a. de C.). Él comete un montón de equivocaciones logísticas y militares, que se conocieron como el ‘error de Craso’, expresión que luego se acuña en español como el ‘craso error’. Y la primera acepción del diccionario de la Real Academia es: error indisculpable.

¿Cómo fue la sucesión de Trajano?

La sucesión que él quiso no es la que tuvo lugar. Es verdad que, en un primer momento, Trajano pudo pensar en su segundo sobrino, Adriano, para sucederlo. Pero a medida que se va dando cuenta de que sus posiciones son divergentes en relación con la expansión del imperio piensa en otro, como Lucio Quieto, un norteafricano. Entonces, Adriano plantea un cruento golpe de Estado.

¿Cómo es ese Adriano que usted presenta al lector?

Hago un retrato del personaje más oscuro que el que podemos encontrar en ‘Memorias de Adriano’, de Marguerite Yourcenar. Si bien la de ella es una novela muy evocadora, no es tan histórica, porque ella misma admitió en entrevistas que cogió del personaje Adriano solo lo que le gustó. Y yo entrego a los lectores el paquete completo de su personalidad, con sus claros y sus oscuros.

Al ver en el libro los mapas de los imperios, impresiona su tamaño, comparado con los países de hoy. ¿Qué tanto influye el territorio en el poder?

Pues si la controvertida Unión Europea ha podido gestarse, aunque esté pasando por una crisis, en gran medida fue porque todos estos países de Europa ya estuvieron unidos, en su mayor parte, en aquel antiguo Imperio romano. Y esto lo que nos muestra es que la unión es la que te da herramientas y capacidad, no para imponerte sobre otros, sino para poder relacionarte con otras partes del mundo de igual a igual.

¿Qué lectura tiene de estas uniones geopolíticas?

Son buenas siempre y cuando no se hagan contra los ciudadanos. Hay pactos económicos, por ejemplo, que tendrían que ser objeto de análisis delicado. Pero sí entiendo que tendremos que ir llegando a pactos internacionales. Si ya tenemos algunas uniones de grandes regiones mundiales, es más fácil que luego podamos llegar a pactos en un nivel global. Eso lo veo lógico. En cambio, veo más anacrónico que en algunos lugares del mundo, incluso en Europa, haya estas fuerzas centrífugas de querer volver a ser pequeños.

Usted comenta que la genialidad militar de Trajano fue tal que incluso Estados Unidos y el Reino Unido la copiaron para la guerra del Golfo Pérsico…

Pensemos en un sitio como Mesopotamia, que es un nombre de etimología griega que quiere decir ‘entre ríos’. Y Trajano pensó: si una región se denomina entre ríos es porque a lo mejor ellos son importantes. Es decir, que para controlar esa región tenía que descender por los dos ríos: Éufrates y Tigris. Esto lo tuvieron claro los norteamericanos y los británicos.

Sin embargo, Trajano también tenía una estrategia para el posconflicto, que estos dos países ignoraron…

Lamentablemente, los políticos occidentales –incluido el propio Tony Blair– han reconocido que no tuvieron en cuenta un plan para la posguerra. Probablemente el de Trajano no sea extrapolable, pero sí lo es el hecho de que si había una guerra había que pensar en qué iban a hacer en esta región después de la guerra. Y esto es lo que nuestros gobernantes occidentales no han sabido hacer. Ahora en Eurasia tenemos un problema enorme, con la situación en Siria, Irak, con el Estado Islámico. De haberse tenido en cuenta este concepto de Trajano, probablemente estaríamos hablado en otras circunstancias.

Llama la atención que usted incluye textos en los idiomas originales de la época. ¿Por qué?

Ya en otras novelas que he hecho sobre el mundo romano he procurado incluir citas en latín o en griego clásico porque para mí forman parte de la ambientación. Por una cuestión de ecuanimidad, si aquí aparecen otros imperios como el Parto, el Kushán y el Han, entonces introduje citas en chino clásico, sánscrito y parto. Esto es algo que han hecho escritores universales.

¿De dónde ese interés por rescatar personajes históricos poco tratados?

Intento recuperar personajes que tienen valores positivos, que nos vienen bien hoy. Y creo que recuperar un personaje como Trajano, en un mundo tan complejo como el actual, no está mal. Eran líderes que, aun concentrando enorme poder, eran capaces de gobernar pensando en la mayoría, en los desfavorecidos, haciendo política social y luchando activamente contra la corrupción, como lo hacía él, obligando a los senadores corruptos a devolver íntegramente el dinero, invirtiendo el dinero público en gestión pública, en administración de justicia y en la creación de bibliotecas. Tengo la sensación de que al siglo XXI le vendría muy bien un Trajano o una Trajana, o quizá varios.

 

6 junio 2016 at 6:16 pm Deja un comentario

Un periodista valenciano elabora una guía de viajes por la Hispania romana

El periodista valenciano Javier Ramos de los Santos ha elaborado una guía de viajes que recorre el legado de la civilización romana en la antigua Hispania y que sale a la luz la próxima semana editado por La Esfera de los Libros.

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Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Alicante, 4 jun.- El propio autor ha explicado a EFE que su obra permite “deambular con detenimiento por las calles de Itálica, pasar bajo el arco de Cáparra, cruzar el puente de Alcántara, sentarnos en el graderío del teatro de Cartagena, admirar el acueducto de Segovia o ver caer la tarde con Las Médulas como telón de fondo”.

La “Guía de viajes por la Hispania Romana” invita al lector aficionado a la historia a visitar los principales monumentos y restos arqueológicos romanos que aún se conservan en la Península ibérica.

“Propongo al lector un recorrido sin parangón por todos los rincones romanos que permanecen en pie y se pueden visitar tanto en España como en Portugal”, ha precisado el autor, “un minucioso y detallado catálogo de ciudades, edificios públicos, acueductos, puentes, anfiteatros, murallas, viviendas o artefactos que salen de nuevo a la luz más de dos mil años después”.

Ramos de los Santos pretende con su primer libro dar a conocer de una forma amena un periodo que en el caso de Hispania abarca casi siete siglos.

Repasa así los principales yacimientos arqueológicos existentes en la península, pero también intercala, entre ruta y ruta, los principales hitos que los romanos aportaron a Hispania mientras duró su dominio, como su urbanismo, ingeniería o la acuñación de monedas.

Sin embargo, la guía “también recoge lo que Hispania proporcionó al Imperio: personajes como los emperadores Trajano, Adriano o Teodosio, senadores como Lucio Balbo, filósofos como Séneca, literatos como Marcial o Quintiliano”, puntualiza el escritor.

Igualmente, se detallan “las materias primas que aquí se generaban en abundancia y se exportaban a Roma: conservas de pescado como el garum, aceite de oliva, vino, minerales y cerámica.

La “Guía de viajes por la Hispania Romana” se completa con dos anexos que tratan sobre las fiestas de temática romana que todavía se celebran en España, como Tarraco Viva, Floralia, Emerita Ludica, por un lado, y los locales de restauración abiertos en la actualidad cuya decoración o motivos están ambientados en aquella época, por otro.

El libro sale a la luz el próximo martes con el prólogo del reconocido escritor Javier Negrete, autor de “La gran aventura de los griegos”, “Salamina” o “La hija del Nilo”, entre otras publicaciones.

Ramos de los Santos, de 40 años y afincado en Alicante, ha trabajado en los periódicos Diario 16, 20 Minutos o Las Provincias, entre otros medios, y administra en la actualidad el blog ‘lugaresconhistoria.com’.

 

4 junio 2016 at 12:21 pm Deja un comentario

Si esto es Esparta, este es el gran Peter Connolly

Desperta Ferro publica ‘La guerra en Grecia y Roma’, obra magna del historiador

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La batalla de las Termópilas, por Connolly.

Fuente: JACINTO ANTÓN > Barcelona  |  EL PAÍS
4 de junio de 2016

Son ya varias las generaciones que han descubierto la pasión por la historia antigua y la arqueología en los libros del británico Peter Connolly (1935-2012), historiador, experto en tecnología militar del mundo clásico e inigualable ilustrador que tanto te lleva a visualizar la batalla de las Termópilas como si estuvieras ahí (si esto es Esparta, como diría Leónidas, este es sin duda el gran Connolly) como a entender la composición de la panoplia de los hoplitas, a sentirte partícipe del cruce de los Alpes por Aníbal o a asimilar de un vistazo la evolución de la espada celta o de los cascos romanos.

Su obra magna La guerra en Grecia y Roma, un milenio (del 800 antes de Cristo al siglo V) de historia militar de Occidente, incluyendo el desarrollo y las tácticas de los ejércitos griegos y romanos pero también de sus adversarios, aparece ahora en España, publicada por esos entusiastas que son los editores de Desperta Ferro y que se han lanzado a editar libros con el mismo empeño con que editan sus revistas. El volumen, que agrupa y aumenta sus tres famosas obras El ejército romano, Los griegos y Aníbal y los enemigos de Roma, está considerado uno de los mejores estudios sobre la guerra clásica jamás publicados (Adrian Goldsworthy dixit —el latinismo está aquí justificado—) y se enriquece aún más con prólogos de eminentes especialistas como el propio Goldsworthy (que cuenta cómo descubrió los libros de Connolly a los 9 años y cómo aún los usa de fuente de inspiración) y Fernando Quesada.

El triunfo de Tito tras la guerra con los judíos, recreado por Connolly.

El triunfo de Tito tras la guerra con los judíos, recreado por Connolly.

Con Connolly, cuyos tres libros originales publicó Espasa Calpe en los años ochenta en una edición que muchos recordarán con nostalgia, hemos visto chocar las trirremes en Salamina y presenciado el cruce del Gránico por Alejandro al frente de su caballería; hemos visto a la falange avanzar erizada de sarisas, galopar a los númidas, desplegarse a las legiones, con sus primus pilus, aquilíferos, tribunos, y legado al frente; desfilar el triunfo de Tito, abrirse ante nuestros ojos el puerto de Cartago, y funcionar un trépano de Vitrubio y otros arietes. Hemos contemplado el asedio de Alesia y comprendido la bicircumvallatio de César, el Muro de Adriano o ¡la testudo! —de 27 legionarios—. Hay que ver todo lo que hemos visto y comprendido, y que ahora trae Desperta Ferro.

Miles de vocaciones y de amores por los clásicos han nacido de Connolly, de sus textos, sus dibujos y su capacidad para insuflar vida al pasado. Desde arqueólogos a miembros de grupos de reconstrucción histórica le deben haber empezado a imaginar con propiedad la antigüedad. El estudioso fue él mismo de los primeros que hizo reenactment y participó en la fundación del famoso grupo Ermine Street Guard, pioneros de la reconstrucción en Europa.

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Estudio del gladio romano por Connolly.

Connolly, que se movía entre la alta divulgación y la academia y se adelantó al fenómeno Osprey, trabajó con una minuciosidad asombrosa: se pateo los Alpes tras el rastro de Aníbal, construía réplicas a escala natural de elementos históricos para ver cómo funcionaban. Es célebre el caso de la silla de montar romana, que alteró completamente, lo asevera Goldsworthy, lo que pensábamos que un jinete antiguo podía hacer desde su montura (“la idea de que hasta la invención de los estribos no tenía estabilidad necesaria para cargar quedó descartada de inmediato”). También experimentó con el gladio, el pilum y la sarisa.

“Hemos hecho una actualización y puesta al día muy completa del libro, que era inencontrable”, señalan Javier Gómez y Alberto Pérez, editores de Desperta Ferro e historiadores ambos, “y se ha trabajado mucho para resaltar y potenciar las imágenes; la traducción también es nueva y se ha revisado y pulido muy a fondo”.

Los editores, que no ven peligro de involución en España del interés por la moderna y rigurosa historia militar, han apostado fuerte por la expansión de Desperta Ferro, cuya revista tiene ya cuatro cabeceras, tres de historia militar y una de arqueología, con un centenar de números. Ahora pisan a fondo el acelerador con libros: hasta diez este año y el próximo, como la extraordinariamente visual Ciudades del mundo antiguo, de Jean-Claude Golvin, Dacia, de Radu Oltean, o Hombres de bronce, de Donald Kagan (ed.).

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Alejandro y su caballería, por Connolly.

4 junio 2016 at 8:22 am Deja un comentario

«Vidas de Alejandro y César», Plutarco inagotable

Plutarco ostenta en la Historia de la literatura el título de creador del género biográfico, y todo gracias a sus «Vidas paralelas». Acantilado ofrece las dedicadas a Alejandro Magno y César. Una mezcla de semblanzas y enseñanzas éticas

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Alejandro Magno, uno de los protagonistas de las «Vidas» de Plutarco, en «El mosaico de Issos» (Pompeya)

Fuente: LUIS ALBERTO DE CUENCA  |  ABC
25 de mayo de 2016

La vida de Plutarco transcurre -sigo para los datos el magnífico manual de «Historia de la literatura griega» del austríaco Albin Lesky, reimpreso en 2010 por Gredos- entre pocos años antes del año 50 después de Cristo y pocos años después del 120 de la era cristiana. Nació en Queronea de Beocia, a un paso de Delfos (no Delfi, como se traduce en la, por otra parte, estupenda versión objeto de este comentario), en una región muy ligada a los mitos y tradiciones de la antigua Grecia.

Pertenecía a una de las familias más importantes de la ciudad. Estudió en Atenas con el neoplatónico Amonio y se incorporó a la Academia que fundara antaño Platón, filósofo por el que sintió siempre una gran admiración intelectual. Viajó a Alejandría, donde conoció a fondo la religión egipcia, como atestigua su tratado «De Iside et Osiride», inserto en esa vasta miscelánea suya que llamamos «Moralia».

Un rótulo, este de «Moralia», que caracteriza a la perfección su actitud ante la vida y el ideal de su existencia, presidida en todo momento por una visión ética del mundo. De modo que podemos afirmar, sin miedo alguno a confundirnos, que Plutarco fue, ante todo, un filósofo y un moralista que, educado en el platonismo, muestra elementos en su formación extraídos de las doctrinas pitagóricas y órficas, junto a otros rasgos procedentes del aristotelismo, el estoicismo, la gnosis e incluso, aunque es tema muy controvertido y no hay seguridad al respecto, del judeocristianismo. Como podemos ver, el de Queronea fue todo un paladín del eclecticismo en el mejor, más amplio y más comprehensivo sentido de la palabra.

Junto a sus obras morales («lato sensu» lo son todos los opúsculos contenidos en sus «Obras morales y de costumbres» o «Moralia»), Plutarco ha pasado a la Historia de las letras universales como fundador de la biografía, ese subgénero de la Historia cuya primera obra de auténtica importancia son las «Vidas paralelas». Biógrafo singularísimo, lo que no puede evitar es que incluso en sus «Vidas» se deslice el mensaje moral, la enseñanza ética que constituyó siempre su razón de ser y de escribir.

Anécdotas aisladas

Las «Vidas» abarcan cincuenta biografías, de las que cuarenta y seis están escritas de dos en dos: un personaje griego y otro romano puestos en parangón. Las cuatro sueltas son las de Arato (s. III a. C.), uno de los últimos caudillos griegos; el persa Artajerjes y los fugaces emperadores romanos Galba y Otón.

El sello editorial Acantilado, siempre propicio a ofrecer en su catálogo traducciones nuevas y desprovistas del tantas veces inane academicismo que concurre en las publicaciones especializadas, nos ofrece ahora, en un precioso volumen de su colección «Cuadernos», las vidas paralelas plutarquianas más famosas, o sea, las de Alejandro Magno y Julio César. Se ha hecho cargo de la cuidada versión al español el escritor y traductor navarro Eduardo Gil Bera, autor también de un breve prólogo tan interesante como poco convencional, rotulado «El fortalecedor Plutarco».

Plutarco escribe sus «Vidas» seducido por la magia del «exemplum»

Leyendo con enorme interés esta nueva traducción de «Alejandro y César», me he vuelto a dar cuenta, como advertí la primera vez que leí esas dos biografías -en el volumen «Biógrafos griegos» de Aguilar y en la mítica versión de Antonio Ranz Romanillos (1759-1830)-, de que, si uno no sabe nada previamente de los personajes biografiados por Plutarco, no se hace una idea cabal de su andadura por el mundo.

En resumidas cuentas, no cabe duda de que Plutarco es cualquier cosa menos historiador. Escribe sus «Vidas» seducido por la magia del «exemplum». Le tienta mucho más la moralina que puede deducirse de ciertas anécdotas aisladas de los personajes elegidos que el propio encanto de la narración diacrónica de sus vidas, proezas y milagros. Pese a todo, el lector lo pasa estupendamente con las divagaciones psicológicas y filosóficas del polígrafo de Queronea y con su incontenible retórica, propia de la época que le tocó vivir, mucho más pródiga en genios compiladores y enciclopédicos, de los que él es la muestra más relevante, que en auténticos creadores literarios.

Cultura en griego

Parece que la redacción de estas cincuenta «Vidas paralelas» ocupó la última etapa de la existencia de Plutarco, ya retirado en su ciudad natal, allá por el año 115, en los últimos estertores del gobierno imperial de Trajano. Se dice que, a pesar de la atención dispensada por nuestro autor a la antigüedad romana en detrimento de la griega, no llegó nunca a hablar el latín con fluidez. Eso demuestra hasta qué punto la cultura en griego sobrevivió a la lógica expansión lingüística del latín en el momento de mayor poder y extensión del Imperio Romano. La cuenca oriental del Mediterráneo siempre fue griega, lo seguirá siendo al dividirse el Imperio en dos en tiempos de Teodosio, y continuará siéndolo hasta la caída de Constantinopla en 1453.

Plutarco es muestra inequívoca de la pujanza de lo helénico en plena hegemonía militar y política de la Roma imperial. Su producción es ingente. La «Biblioteca Clásica Gredos» lleva ya publicados hasta la fecha trece tomos de sus «Obras morales y de costumbres» («Moralia») y ocho de sus «Vidas paralelas».

«Vidas de Alejandro y César». Plutarco

Biografía. Trad. de Eduardo Gil Bera. Acantilado, 2016. 240 páginas. 14 euros

 

 

27 mayo 2016 at 7:33 pm Deja un comentario

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