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El mito de Numancia se hace cómic

En unos meses, el célebre episodio histórico de la resistencia numantina frente a Roma se codeará con los héroes del universo Marvel

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Boceto de la nueva novela gráfica sobre Numancia. Foto: Canal de Numanguerrix en Facebook

Fuente: J. S. > Soria  |  Diario de Soria
4 de diciembre de 2016

El mito de Numancia nació gracias a su lucha contra el Imperio Romano y en pleno siglo XXI, en cuestión de meses, la célebre gesta numantina se codeará con los héroes del universo Marvel. La empresa soriana Numanguerrix está trabajando en la elaboración de una novela gráfica que contará, a través de los recuerdos de un esclavo numantino, los hechos sucedidos durante el asedio de Roma a la ciudad celtíbera.

«Se trata de un cómic sobre la historia de Numancia, hemos guionizado la historia y creado los personajes, pero está todavía en el horno», comentó Rubén García. El representante de Numanguerrix aseguró que «el guión ya está terminado y pulido». «Estamos plasmando la historia en las viñetas, queda dibujar la historia y después todo el proceso de edición», incidió.

García comentó que la posibilidad de llevar Numancia a un cómic siempre estuvo presente desde el nacimiento del proyecto empresarial Numanguerrix. «Yo soy muy fan de las historia de Astérix y Obélix, si juntas dibujos y Numancia parece que es algo natural, siempre lo hemos tenido ahí», apuntó.

El guión para el cómic, según explica García, nace de un guión nace a través de la elaboración de una historia para una recreación histórica. «Empezamos a escribir la historia y se convirtió en un guión para un corto y ahora hemos decidido que sea un cómic, pero la posibilidad de que se convierta en corto también está ahí», asegura.

La aventura del cómic se sitúa en el año 114 A.C., según comentó García, es decir, casi dos décadas después de la caída de la ciudad celtíbera. En ese momento un general romano, Mario, visita una Numancia convertida ya en una ciudad romana. El general romano llega a la ciudad acompañado de un esclavo numantino. Según comentó García, la historia de Numancia se hará presente a través de los recuerdos que la visita a la ciudad suscita en la mente del esclavo numantino. «El esclavo es el hilo conductor que narra la historia de Numancia de forma resumida», aseveró García añadiendo que «cuenta toda la lucha contra los romanos desde el momento en el que Numancia decida acoger a los segedenses».

La publicación del cómic no se producirá hasta, al menos, la Semana Santa del próximo año, aunque desde Numanguerrix aseguraron que no tienen una fecha fijada. García comentó que el primer objetivo es terminar el cómic que tiene entre manos, pero no descartan que si la respuesta del público es buena se planteen la publicación de nuevas historias. «Esta historia está contada como un recuerdo, pero sí que a futuro se podría estirar cada batalla», subrayó. «Todos los personajes están documentados menos el protagonista, hay una base histórica, pero con los episodios de la guerra numantina tendríamos muchos episodios que contar», concluyó.

 

4 diciembre 2016 at 12:52 pm Deja un comentario

Las Termas de Lugo, casi únicas en el Imperio Romano por su conservación

Presentan un libro donde se recogen estudios y datos inéditos sobre el balneario

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Fuente: SUSO VARELA > Lugo  |  La Voz de Galicia
25 de noviembre de 2016

Lugo fue conocido durante años por sus aguas termales, tanto desde el punto de vista medicinal como del patrimonio. La promoción y conservación en los últimos años de la Muralla, el Camiño Primitivo y el puente romano dejó de lado la importancia histórica que tuvieron las termas romanas. Para volver a poner en primer término su valor se presenta hoy el libro 2.000 anos do Balneario de Lugo: un modelo de activación do patrimonio termal. Se trata de un volumen de más de 700 páginas en el que el arquitecto Mario Crecente y la arqueóloga Silvia González Soutelo recogen artículos y estudios de treinta autores de diferentes ámbitos disciplinares: médicos, hidrólogos, historiadores, arquitectos, arqueólogos e hidrogeólogos.

«Un monumento declarado BIC en 1931 merecía que se reuniese en un volumen toda la información, mucha de ella inédita, que se ha ido elaborando sobre este edificio tan singular», señala la arqueóloga y editora Silvia González. Tanto ella como Crecente -quien se encargó en su momento de diseñar las obras de ampliación del balneario- accedieron a imágenes de instituciones como el Archivo Nacional, el Museo de Arte de Sevilla o el Archivo de León y juntaron los estudios para poner en contexto el edificio y sus termas. «Las aguas medicinales siempre han manado, fue un recurso que tuvo la ciudad, y sobre ellas se fueron construyendo edificios que permitieron que siguiesen funcionando», explica la arqueóloga.

Precisamente en este punto es donde radica la importancia de las termas romanas de Lugo y que el libro pone en primer plano: «Son singulares dentro del Imperio, porque han permanecido dentro del edificio, sus salas abovedadas se ha integrado y conservado bastante bien y además se han usado siempre durante sus dos siglos de historia», señala Silvia González. Este hecho, explica esta especialista, solo se puede comparar al caso del balneario de Alange, en Mérida, donde también se conservan dos bóvedas y la piscina.

Otro aspecto que destaca el volumen es el origen del edificio romano. Los autores proponen una hipótesis -basada en los trabajos arqueológicos y en comparación con otros balnearios romanos franceses-, en la que se demostraría que para nada las termas fueron una realidad reducida al ámbito rural, «sino que se diseñó un conjunto más grande y espectacular de lo que pensamos». Además, señalan que la vía romana y luego el Camino de Santiago pasaron cerca del balneario para que fuese aprovechado.

«Hay que buscar una fórmula para conectar las termas con la ciudad»

Silvia González es especialista en arqueología de balnearios romanos y editora del libro.

-¿Qué aporta el libro?

-Recoger mucho material inédito y resumir por fin los numerosos estudios y trabajos arqueológicos que se hicieron. Además, ofrecemos una hipótesis de como fue el balneario en su origen.

-También ofrecen sugerencias.

-Sí porque creo que junto a la Muralla y el Camino deberían formar un trío histórico y patrimonial de referencia para la ciudad. Creemos que las termas tendrían que tener más protagonismo en el conjunto monumental, integrarlo de alguna manera en la ciudad. ¡Es que solo está a 800 metros del centro! Hay que buscar una manera de conectar el balneario con la ciudad porque la carretera en su momento marcó la distancia.

-En el libro hacen una propuesta de cómo fue el edificio original.

-Usamos los restos arqueológicos que conocemos, pero sería bueno poder verificarlos en el futuro con más excavaciones. Hace unos años se descubrió una piscina de diez metros por quince. Solo se excavó una área de dos por tres metros y se encontró un conjunto de 14 aras votivas. Imagínese lo que podemos encontrar si se continúa con la excavación.

-¿Cuáles son los balnearios romanos a imitar?

-En Chaves están desde el 2008 con una excavación y una musealización que será un ejemplo para Lugo. Luego, están bien excavadas las termas de Civitavecchia (Roma), Bath (Inglaterra), Bandenweiler (Alemania), Fortuna (Murcia), Caldas de Malavella (Girona) y Alange (Mérida).

 

25 noviembre 2016 at 10:00 pm 1 comentario

Una novela rescata la figura de Apicio, gastrónomo inmerso en las intrigas del imperio romano

La escritora e historiadora cordobesa Almudena Villegas presenta «Triclinium» el próximo día 24 en Sevilla

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Almudena Villegas rescata la vida de Marco Gavio Apicio en su novela «Triclinium» – VALERIO MERINO

Fuente: ANDRÉS GONZÁLEZ-BARBA  |  ABC
16 de noviembre de 2016

Almudena Villegas (Córdoba, 1964) es una historiadora y escritora especializada en temas de gastronomía, disciplina sobre la que ha realizado numerosas publicaciones. Fruto de esa pasión nace su primera novela, «Triclinium» (Almuzara), en donde hace un excelente retrato de las intrigas en la Roma del siglo I d.C. a través de la figura Marco Gavio Apicio, un rico gastrónomo lleno de excentricidades que vivió entre los reinados de Augusto y Tiberio. Este libro será presentado el próximo día 24 de noviembre en la Fundación Valentín de Madariaga.

Preguntada sobre los documentos que ha tenido que investigar a la hora de retratar la vida de Apicio en esta novela, la historiadora cordobesa confiesa que «el primero fue su obra, como es natural, “De re coquinaria“, mi memoria de licenciatura, en la que obtuve sobresaliente con opción a premio extraordinario de carrera y por cuya investigación me dieron el Premio Nacional de investigación en gastronomía». Asimismo, ha usado todas las fuentes latinas a su alcance: análisis arqueológico, epigrafía, etc., siempre siendo «absolutamente exhaustiva», asegura. Asimismo, afirma Villegas que «ha sido un trabajo apasionante y sorprendente por lo que fui encontrando». Por otro lado, hace años le concedieron a esta autora una beca en Italia que le permitió extraer las primeras investigaciones, «y de ahí en adelante he hecho varios viajes a Roma para seguir de cerca los pasos de Apicio y mostrar al lector esa Roma vibrante del s.I. Ha sido un largo camino entre viajes, documentos, bibliotecas…»

A pesar de que Almudena Villegas es escritora e historiadora, en su trayectoria profesional siempre ha destacado especialmente por sus amplios conocimientos gastronómicos, algo que ha influido decisivamente en la gestación de esta obra. «Era inevitable que apareciera la gastronomía, pero es que, claro, Apicio es el primer y más importante personaje de la gastronomía mediterránea, y esa combinación de conocimiento histórico y gastronómico ha sido providencial para la génesis de esta novela», asegura. «La gastronomía proporciona a esta historia una estrecha relación con la realidad, una dosis de realismo y de vitalidad que era imprescindible para una obra en la que busco que el lector sienta esa Roma viva, palpitante».

«Apicio era un personaje completo y polifacético, pero no fue capaz de proteger lo más querido»

Por otra parte, hay que considerar que Apicio tuvo una posición económica privilegiada y destacó por ser consejero del emperador Tiberio. Preguntada por la forma en que éste se vio envuelto entre las diversas intrigas propias de aquella época, la escritora cordobesa admite que «se movió hábilmente, diría que muy diestramente». «Sin embargo, y a pesar de su riqueza, de sus relaciones y sus capacidades, la vida, de repente, hizo un quiebro y el viento cambió. Era un personaje francamente completo y polifacético, pero no fue capaz de proteger lo más querido, y es que el dinero o el poder no siempre protegen del dolor, de la tragedia. La de “Triclinium” es una historia humana en el más amplio sentido de la palabra».

En ese complejo entramado de conspiraciones, el personaje de Sejano jugó un papel muy destacado. Según comenta esta historiadora, éste era «el atractivo malvado de la historia, seductor de princesas, ambicioso, conspirador e inteligente». «Sejano era nada más y nada menos que yerno de Apicio. Tener como yerno y padre de tus nietos a un personaje de esta calaña supuso una serie de grandes complicaciones que se fueron enredando hasta el momento en que todo salta en un gran estallido desde la vida privada a la pública».

Apicio ha pasado también a la historia por ser un gastrónomo que llevaba una vida sibarita y llena de excentricidades. No obstante, se ha hablado de que, a pesar de amasó una inmensa fortuna, terminó arruinándose, algo que pone en tela de juicio esta autora: «En realidad, la ruina que se le atribuyó era ridícula, un dardo envenenado que sus enemigos usaron para ridiculizarle ante sus compatriotas y ante la historia». «El historiador no debe creer a pies juntillas todas las fuentes, sino más bien mostrarse circunspecto ante ellas. Sin duda había intereses, posicionamientos, parcialidad… por tanto, hay que ser crítico ante ellas y tratar de extraer lo realmente crucial, analizando a fondo las posiciones de los distintos actores».

Portada de la novela - ABC

Portada de la novela – ABC

Pero si se habla de Apicio, hay que referirse a su obra «De re coquinaria», un tratado gastronómico fundamental en la historia, sobre el que existen dudas en cuanto a su verdadera autoría. Respecto a este tema, Almudena Villegas es clara. «Los expertos en el tema estamos de acuerdo en que la obra no es un único libro, como algo completo, sino más bien una colección de recetas a la que varios personajes que viven entre los siglos I y III fueron añadiendo sus trabajos y beneficiándose con ello del prestigio del primer Apicio. Pero es visible que el latín de unos libros y otros es diferente, ya que la lengua evoluciona con el paso del tiempo. El asunto se complica más aun cuando, tras su época, se comenzó a llamar Apicio a los cocineros, y a algunos platos, como unos dulces, se conocían como apicios. Este Apicio al que yo retrato, el primero, el gran sibarita y millonario no fue autor del libro completo, pero sí de alguno de sus capítulos, y tuvo incluso una academia de cocineros. Fue el que realmente crea historia y es emblema de todos los apicios posteriores».

Respecto al papel que desempeñó la gastronomía dentro de la cultura romana, la autora de «Triclinium» asegura que «como en todas las civilizaciones, alimentarse es lo primero, lo necesario, el combustible de la vida. Sin embargo, en Roma hay una gran diferencia que marca la calidad: Roma organiza, administra y crea un gran mundo de una forma admirable y que ha permanecido hasta la actualidad. Y con ello genera excelentes sistemas de explotación de recursos naturales: pesca, agricultura, ganadería…, todas ellas básicas para una buena gastronomía». Asimismo, asegura que «cuando la romanización consigue que la alimentación sea adecuada en todos sus territorios, la gastronomía crece. Las mesas se refinan y conocen uno de los pocos momentos cumbre en la historia mundial de la gastronomía, con excelentes productos, técnicas asociadas, instrumentos, métodos de trabajo, en fin, todo un riquísimo mundo culinario que finalmente desempeña un papel de prestigio y de poder».

Finalmente, y preguntada sobre si la gastronomía va a ser fundamental en sus próximas novelas, Almudena Villegas admite que la historia de la alimentación «será un tema recurrente porque tengo mucho que contar aún y porque es apasionante, ya que camina de la mano de la propia historia del hombre y nos proporciona claves esenciales. Por otro lado, no sé si mi próximo trabajo será una novela o no. De momento trabajo, como siempre, en varios frentes, hasta que uno de ellos me requiere de forma imperiosa, y me pide algo, como ha sucedido con Apicio, que ha tomado protagonismo y se ha transformado en Triclinium».

 

17 noviembre 2016 at 7:17 pm Deja un comentario

Wajdi Mouawad visita a Sófocles y la sangre de los clásicos

El autor de «Incendios» presenta sus dos últimos trabajos en el Valle-Inclán

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Wajdi Mouawad, el autor de Incendios

Fuente: JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN  |  ABC
1 de noviembre de 2016

Por si hubiera alguna duda, que no la hay, el díptico sofocleano que Wajdi Mouawad, actual director del parisino Teatro de la Colina, ha presentado en el ciclo del CDN «Una mirada al mundo» bastaría para despejarla: es uno de los indiscutibles grandes creadores escénicos de nuestros días, un poeta del escenario, como lo denominó mi colega y amigo Javier Vallejo. Mouawad se asoma al teatro de Sófocles y en su itinerario salta de la Grecia clásica a la de hoy hilvanando las hazañas y pesares de aquellos héroes trágicos sujetos a los designios de los antiguos dioses con los latidos de la actualidad crispada: el dolor se declina igual en todas las épocas y el demiurgo libanocanadiense irriga su indagación con la sangre viva de los clásicos, nuestra misma sangre.

Los moribundos del título del díptico son Filoctetes, el héroe griego abandonado por sus compañeros aqueos en la isla de Lemnos a causa de una herida hedionda, y Edipo, el desterrado y ciego rey de Tebas que, con su hija Antígona como lazarillo, busca el lugar donde morir; pero lo son también quienes, al borde del último aliento, bracean en el piélago del infortunio, carne de cañón de un cataclismo económico que es una de las plagas con que hoy azotan a los hombres los nuevos dioses, tan incomprensibles y caprichosos como aquellos moradores del Olimpo.

En «Inflammation du verbe vivre», a partir de una puesta en escena de “Filoctetes” frustrada por la muerte del poeta y traductor Robert Favreau, Mouawad se zambulle, de manera literal, en una búsqueda de respuestas sobre la vida y la función de la creación artística. Intentaré contar someramente lo que contiene. Es un viaje al Hades que comienza medio ahogado entre rocas, atraviesa la laguna Estigia, llega a un aeropuerto abandonado donde le espera un taxista llamado Lefteris («mi nombre quiere decir Libertad», le dice) y desemboca en un escenario parecido a la actual Atenas; allí, en un insondable basurero donde se depositan los dolores olvidados e inmensas bandadas de gaviotas campan a sus anchas, encuentra el reflejo de su alma en los ojos de un perro, habla con adolescentes suicidas, se topa en el oráculo de Delfos con un Apolo que hoy es un obeso granjero que vive en Estados Unidos y le revela que «la verdad es siempre un error». Por fin encuentra en la morada de los muertos el lugar de los poetas (Louise Labé, María Zambrano, Tucídides, Georg Trakl, Borges, Robert Walser…, son algunos de los nombres citados) y allí, a su amigo Favreau. De vuelta a la vida, la respuesta que ha hallado es un lápiz, el instrumento para reinventar el lenguaje y reinventarse en él.

Este viaje iniciático y de transformación, donde la profundidad del misterio es abordada con sencillez consoladora, Mouawad lo narra fluidamente con imaginación pasmosa: está solo en el escenario, sobre una pantalla formada por tiras blancas elásticas se proyecta una película en la que él entra y sale perfectamente sincronizado; personajes, paisajes, escenarios, imágenes desoladas hondamente evocadoras, su voz siempre presente… Cine y teatro de la mano, un recurso integrado de manera orgánica en la narración dramática y que huye de la grandilocuencia del despliegue técnico. Elocuente, emocionante, doloroso y pleno de amor a la vida y piedad cómplice por quienes sufren. Un trabajo desbordante de ironía metafísica y poderoso aliento dramático en el que resuenan los ecos admirativos por el teatro de Robert Lepage, otro gran creador que también nos llega desde Canadá de la mano de la afanosa Pilar Yzaguirre, cuyo instinto para apostar por el buen teatro parece infalible.

«Les Larmes d’Œdipe» tiene como base «Edipo en Colono». El viejo rey que se arrancó los ojos cegado por la culpa llega a Atenas en compañía de su hija Antígona y se refugia en un antiguo teatro donde un corifeo le informa de que la ciudad llora la muerte de un joven en las protestas contra la crisis que en 2008 tuvieron por escenario el barrio de Exarchia. El pasado y lo contemporáneo respiran a la vez: «Hoy como ayer –se dice– es necesario penetrar en el laberinto de la palabras para que resuene el eco de las infancias perdidas y de una fraternidad invisible más allá de la muerte, en un último gesto de apaciguamiento y de reconciliación».

Wajdi Mouawad utiliza la técnica del teatro de sombras para desarrollar esta suerte de oratorio con tres personajes: un círculo de luz rojiza se centra en el telón blanco a través del que se transparentan las sombras, que son como esas figuras negras que sobre fondo rojo pueblan las antiguas vasijas helénicas, una fascinante referencia a la caverna platónica y un regreso al teatro primigenio en un ceremonial intenso que, aunque a veces llega a saturar, emociona e inquieta. Como en todos sus trabajos, es el ser humano la clave sobre la que gravita el espectáculo. En ninguna de las dos creaciones presentadas en «Una mirada al mundo» utiliza Mouawad el combustible de la demagogia o el alegato político.

La presencia en Madrid de este poeta del escenario –actualmente se puede ver en el Teatro de la Abadía el gran montaje que de la formidable «Incendios» ha realizado Mario Gas– es todo un acontecimiento teatral. Lástima que sólo haya sido por tres días.

“Des mourants”

Texto y dirección: Wajdi Mouawad. Escenografía: Emmanuel Clolus. Iluminación: Sébastien Pirmet. Vestuario: Emmanuelle Thomas. Intérpretes: Wajdi Mouawad y Dimitris Kranias (“Inflammation du verbe vivre”). Jêrome Billy, Charlotte Farcet y Patrick Le Mauff (“Las lágrimas de Edipo”). Ciclo “Una mirada al mundo”. Teatro Valle Inclán. Madrid.

 

1 noviembre 2016 at 10:05 pm Deja un comentario

Paul Veyne: “La destrucción de Palmira es un crimen contra los recuerdos”

La destrucción sufrida por Palmira (Siria) por la acción deliberada del Estado Islámico es no solo un atentado contra el patrimonio histórico y arqueológico, sino “un crimen contra los recuerdos” y contra la memoria de quienes habitaron esta ciudad siria hace 2.000 años.

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Vista de las ruinas del Castillo de Palmira (castillo de Fakhr-al-Din al-Ma’ani) en dicha ciudad histórica en Siria. EFE/Archivo

Fuente: EFE  |  YAHOO Noticias

Madrid, 27 oct.- Esa es la opinión que expresa a Efe el arqueólogo e historiador francés Paul Veyne, especialista en la Roma antigua y con energía, a sus 86 años, para alzar la voz y denunciar tanto una “dramática destrucción” como el desconocimiento generalizado de “lo que era exactamente Palmira”.

En “Palmira, el tesoro irremplazable” (Ariel) traza un retrato breve y destinado al gran público sobre la larga y rica historia del sitio grecorromano de Palmira, el más suntuoso de los excavados por los arqueólogos junto a Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía).

“Cuando supe de la destrucción de templos en Palmira -los de Baal Shamin y Bel principalmente- estaba tan furioso que como no podía sacar un fusil, decidí escribir el libro”.

Una obra que es una versión aligerada de un volumen más detallado y erudito que Veyne escribió hace quince años sobre la brillante historia de Palmira, en el que ahora el autor incluye algunas reflexiones sobre la destrucción de algunas de sus joyas arqueológicas, así como fotos del antes y el después de que fuera tomada por el Estado Islámico.

“Con la destrucción de Palmira por la organización terrorista Dáesh, toda una parte de nuestra cultura y de mi objeto de estudio acaban de volar brutalmente en pedazos”, señala Veyne en la introducción.

Y se pregunta: “¿Por qué un grupo terrorista saquea los monumentos inofensivos de un lejano pasado (o los pone a la venta)? ¿Por qué destruir esta Palmira que fue declarada por la Unesco patrimonio mundial de la humanidad?”.

Tras la salida del EI en marzo pasado, se pudo constatar la desaparición del Arco del Triunfo y la destrucción de los templos de Baal Shamin y Bel, además de graves daños en el Hipogeo de los Tres Hermanos.

“Hablamos de una destrucción dramática”, asegura Veyne en una conversación telefónica.

Por un lado “se han destruido vestigios, reliquias que no son reliquias de una religión sino de la Humanidad” y por otro es “un atentado, un crimen contra un momento histórico (…), contra nuestros hermanos de hace 2.000 años”.

Porque la mayor parte de los restos arqueológicos de Palmira corresponden a la época de ocupación romana, que se desarrolló desde el siglo I a.C hasta el III d.C.

Unos restos “suntuosos”, de una riqueza solo comparable a la de Pompeya (Italia) y Éfeso (Turquía), resaltó el historiador, para quien el objetivo de los terroristas islámicos no es tanto la destrucción en sí misma sino atacar a las convicciones de Occidente.

“Saben que nosotros, los occidentales, respetamos los momentos del pasado humanos. Ellos no, para ellos la historia comienza en el año 622” cuando el profeta Mahoma huye de La Meca a Medina.

Antes de esa fecha, solo existen los “falsos dioses” y por eso para el EI destrozar Palmira es un ataque directo y voluntario contra Occidente, no un acto de guerra, señaló el experto.

Además han elegido Palmira y no otros lugares arqueológicos porque antes de la guerra era uno de los puntos más visitados por los turistas occidentales.

Y a la destrucción de algunos de los templos mejor conservados de la ciudad se une el tráfico ilícito de piezas, que están siendo vendidas a coleccionistas principalmente de América del Sur y Japón, resaltó Veyne.

Un problema, alertó, que ahora afecta a Siria pero que se podría extender a lugares como la Alhambra o la catedral mezquita de Córdoba, también en el punto de mira de los islamistas.

Como señala Veyne en el cierre de su libro: “Decididamente, no conocer, no querer conocer más que una cultura, la propia, es condenarse a vivir en la oscuridad”.

 

27 octubre 2016 at 2:55 pm 1 comentario

Por qué leer a los clásicos

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Virgilio / EL MUNDO

Fuente: PEDRO G. CUARTANGO |  EL MUNDO
24 octubre de 2016

SIEMPRE he sentido inclinación a leer a los clásicos y he pasado ratos memorables con los textos de Homero, Platón, Virgilio, Dante y Shakespeare. He encontrado en ellos una profundidad y una compresión de la naturaleza humana que me han ayudado a entenderme a mí mismo.

Pero aprecio a estos autores no sólo por lo que transmiten, sino también por cómo lo transmiten. Nada más placentero que la métrica de La Eneida, un libro que me gusta leer en voz alta. En su testamento, Virgilio ordenó que se destruyesen sus versos, pero su protector Octavio Augusto no sólo lo prohibió sino que contrató a dos escribas para que copiasen la obra sin la más mínima alteración.

La Eneida tiene fragmentos maravillosos como cuando Eneas, fundador de Roma, se topa con su madre Venus, disfrazada de ninfa, tras su llegada a las costas de Libia después de perder parte de su flota.

Si uno lee este largo poema épico, inevitablemente encuentra hexámetros que parecen sacados de La Ilíada o La Odisea. El mismo Eneas, que sobrevive de la guerra de Troya, viaja por el Mediterráneo hasta llegar a las playas de Roma, al igual que Ulises retorna a Ítaca tras sufrir penalidades sin cuento.

Estos libros se han convertido en clásicos porque han tocado la fibra más sensible de los lectores de diferentes generaciones. Es imposible no conmoverse con la desesperación de Eneas al perder sus barcos en la tormenta provocada por Eolo o por el llanto de Príamo al pedir a Aquiles que le entregue el cadáver de su hijo Héctor.

En ese sentido, es imposible que la obra de Homero fuera la recopilación anónima de una serie de relatos míticos porque sus libros tienen vida, han sido escritos por una persona con una gran empatía hacia los sentimientos humanos hasta el punto de que cualquier lector de hoy puede reconocerse en sus personajes. El dolor de Aquiles por la pérdida de Patroclo es auténtico, no es una mera creación literaria, como sabe cualquier conocedor de La Ilíada.

Creo que quien no es capaz de leer a estos autores se pierde una dimensión de la existencia humana que sólo se puede percibir en estas grandes obras, que, al fin y a la postre, transmiten una acumulación de experiencia. Cuando uno lee a Shakespeare se puede dar cuenta de que los sentimientos de los hombres no han cambiado en cuatro siglos y que la tecnología es un barniz que apenas cubre una fractura interior que todos llevamos dentro.

No podría vivir sin estos libros porque sería como perder una parte esencial de mí mismo. En cierta forma, tengo la impresión de que somos depositarios de ese inmenso legado cultural del que formamos parte activa. Los clásicos no son ellos, somos nosotros. Yo soy Hamlet, Eneas, Don Quijote, Madame Bovary y Aquiles. Todos viven en mi interior y he sido un poco de todos ellos mientras leía estas obras.

Por eso me gusta tanto el final de Fahrenheit 451, la película de François Truffaut, cuando los personajes pasean por el bosque y recitan en voz alta los libros prohibidos que sobrevivirán en su memoria porque nadie podrá matar jamás a Homero.

 

24 octubre 2016 at 1:46 pm Deja un comentario

“Los clásicos nos enseñaron a hacernos preguntas”. Entrevista a Paul Vayne

Paul Vayne es traductor de Virgilio, autor de numerosos ensayos, este estudioso reflexiona a los 86 años sobre su vida dedicada a los clásicos y la vigencia de sus textos

Fuente: GUILLERMO ALTARES  |  EL PAÍS
21 de octubre de 2016

/ HULTON ARCHIVE (GETTY IMAGES)

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Indignado por la destrucción de templos y tumbas de Palmira por parte de las huestes yihadistas del Ejército Islámico, espeluznado por el asesinato del arqueólogo Jaled Asaad en el verano de 2015 en el teatro de la ciudad romana, el veterano historiador Paul Veyne (Aix-en-Provence, 1930) decidió escribir un libro sobre una urbe que en la Antigüedad unió Occidente y Oriente como ninguna otra del imperio. En realidad, era una adaptación de un capítulo de una de sus obras más conocidas, El Imperio greco-latino, pero liberado de todo el aparato crítico y aligerado para dirigirse a un público más general. En unos pocos meses, Palmira (que ahora sale en España en Crítica en traducción de Carme Castells) vendió 150.000 ejemplares, una cifra inédita para un libro de historia clásica, incluso para un autor tan respetado y conocido como Veyne.

Profesor del Collège de France donde fue compañero e íntimo amigo de Michel Foucault, autor del capítulo dedicado a Roma de la Historia de la vida privada con la que George Duby revolucionó la forma de mirar al pasado, traductor de la Eneida, Veyne ha publicado a lo largo de su dilatada carrera numerosos ensayos, como ¿Creían los griegos en sus dioses? o El sueño de Constantino. Cuándo el mundo se hizo cristiano. El año pasado, sus memorias, Et dans l’éternité je ne m’ennuierai pas (y en la eternidad no me aburriré), un recorrido por el siglo XX desde sus recuerdos de la II Guerra Mundial hasta su jubilación o su amistad con Foucault y René Char, dieron mucho que hablar y ganaron el premio Femina de ensayo, uno de los más prestigiosos de Francia. Ahora vive retirado, en una casa situada en las afueras del pueblo de Bédoin, en su Provenza natal, pero el peso de sus 86 años no ha disminuido su energía. Acaba de publicar en Gallimard un ensayo sobre la Villa de los Misterios de Pompeya y sigue tratando de mantener viva la idea que ha impulsado toda su vida profesional: lo que los clásicos nos aportan como sociedad y la forma de mantener viva su herencia.

Pregunta. Emmanuel Carrère le cita varias veces en su libro sobre San Pablo, El reino, y siempre con enorme respeto. Dice que usted explica que el gran invento del cristiano es el centralismo religioso, que en la Antigüedad los templos eran pequeñas iglesias privadas. ¿Fue eso lo que hizo tan potente al cristianismo?

Respuesta. Es la única religión del mundo, que yo sepa, que está organizada como un Ejército. Tiene un general, el Pontífice, los obispos, los arzobispos, los sacerdotes. Es una religión en la que se obedece. El islam suní no es así, todo el mundo es soldado. No hay jefes. Por eso, el cristianismo dio un marco muy claro a la población. Desgraciadamente tengo 86 años, pero me hubiera gustado escribir un libro, que habría sido el último, sobre por qué esta religión se organizó como un Ejército y que el principio de autoridad fuera tan fuerte. No lo sé, y que yo sepa nadie se ha planteado la pregunta, pero creo que es una cuestión muy importante.

P. Una frase suya que cita también Carrère es: “El oficio de historiador consiste en darle a la sociedad en la que vive el sentimiento de la relatividad de sus valores”. ¿Podría explicarla?

R. Si se describe correctamente el pasado, si se analiza bien, siempre se demuestra que la gente, incluso en las conductas más banales, expresaba ideas, reglas, principios, que no son los actuales.

P. Pese a ese relativismo, ¿hay alguna lección que podamos tomar del mundo clásico?

“La intolerancia y el totalitarismo vienen del cristianismo. Eso no existía en la Antigüedad”

R. Roma y Grecia eran civilizaciones perfectamente refinadas y civilizadas, pero que no tienen nada que ver con nosotros. Bueno, tal vez sí hay una cosa: la costumbre que tienen los griegos y los romanos, que es la misma civilización porque los romanos se convirtieron en griegos, de plantearse preguntas, de reflexionar sobre sí mismos. Ahora mismo nos estamos haciendo preguntas sobre nosotros mismos. Eso prepara al nivel individual la relatividad de la que hablábamos. Nos preguntamos lo que somos, lo que debemos hacer. El mundo no es evidente, preguntarse sobre nosotros y no dar nada por sentado: eso lo hemos aprendido de los clásicos. Incluso los cristianos se preguntaban sobre sí mismos. Eso viene de la Antigüedad, del mundo grecorromano. Séneca se pasa la vida preguntándose lo que hay que ser, lo que hay que hacer.

P. Escribió el libro sobre Palmira por la indignación que le causó la destrucción de varios monumentos. ¿Cree que los destruyeron por todo lo que significan para nosotros?

R. Tenían dos objetivos: el primero, destruir los templos de los viejos dioses y, al mismo tiempo, también era una forma de mostrarnos que desprecian la gran religión que nos caracteriza desde hace un siglo: el culto de los monumentos históricos.

P. ¿Era Palmira especial en el Imperio Romano?

R. Era un puerto en el desierto como Venecia era un puerto en el Mediterráneo. Era el lazo entre Oriente, de un lado, y el inmenso Imperio Romano, del otro, para las caravanas que viajaban desde China por tierra. Traían muchos productos pero sobre todo seda: todo noble romano, incluso si se trataba de un hombre, se vestía de seda. Un puñado de seda costaba tanto como un puñado de oro. Y otra cosa que no encontramos más que en Oriente: el incienso para todos los templos paganos del imperio.

P. Hace poco encontraron dos esqueletos enterrados en el Londres romano que han sido identificados como chinos. ¿Es posible que hubiesen pasado por Palmira?

R. Existe un relato de un embajador chino en Palmira que quería descubrir por qué la seda era tan valorada en el Imperio Romano, más que en Persia. Y, por otro lado, los romanos conocieron la existencia de la Gran Muralla. La seda hasta el siglo III era algo extraordinario que venía de regiones misteriosas y lejanas.

P. Otra cosa que explica es que el mundo romano estaba formado por ciudades.

R. La clase alta posee la tierra. Vive de los beneficios de la agricultura, de sus granjeros. También existe una clase media, por ejemplo los padres del poeta Virgilio. Son ricos propietarios y también algunos mercaderes. Todos ellos viven en la ciudad de lo que les proporciona la tierra. En las ciudades, habitan los ricos, su enorme servicio y los comerciantes que les proporcionan todo lo que necesitan. Esa oligarquía es la que ostenta el poder político, reunida en una especie de Senado, que mandan y dirigen. Palmira funciona así salvo que los ricos, en vez de explotar la tierra, tienen caravanas.

P. En Palmira escribe: “Nuestra época habla mucho de imperialismo cultural y de la identidad, pero olvidamos que la modernización por adopción de costumbres extranjeras juega un papel en la historia más importante que el nacionalismo”. ¿Qué explica eso de nuestro presente?

R. La civilización que llamamos romana es griega, adoptaron todo de los griegos, incluido el ritmo de la poesía. La poesía romana abandonó los viejos ritmos itálicos y adoptó los ritmos de la gran poesía de la época griega.

P. En su libro El sueño de Constantino. Cuándo el mundo se convirtió en romano, insinúa que tal vez hubiese podido ser de otra forma, que el mundo podría no haber sido cristiano. ¿Cuándo?

R. Tal vez si Juliano el apóstata hubiese tenido un sucesor pagano las cosas habrían sido diferentes. Lo que ocurrió es que Constantino se convirtió personalmente, no obligó a la población a ser cristiana, sino que fue pagana hasta mucho más adelante. Pero dio a la Iglesia sumas enormes, dilapidó el tesoro imperial y concedió sumas gigantescas a la curia. Se construyeron por todas partes edificios, y las poblaciones rurales comenzaron a entender quiénes eran los nuevos amos. En Túnez, en la época de san Agustín, les ven ocupar un palacio episcopal. Sabían que la autoridad estaba ahí. Ocuparon el terreno materialmente.

P. ¿Por qué en la Antigüedad no se producen guerras de religión?

R. Porque se pueden elegir los dioses sin problemas. No hay disputas. Cuando se descubre que un pueblo lejano tiene un dios peculiar, se estudia y, al igual que se trajeron plantas útiles como la patata de América, se importa esa divinidad. La intolerancia, el totalitarismo vienen del cristianismo. Eso no existe en la Antigüedad. Se construyen templos a los dioses que les gustan sin importar de dónde vengan. En el año 200 antes de Jesucristo, los romanos están siendo derrotados por Aníbal y un senador dice que ha viajado a Oriente y ha encontrado una diosa que les puede ayudar, Cibeles. Propuso traerla. Fueron a buscar una estatua y sacerdotes y la introdujeron de forma solemne en Roma sin ningún problema.

P. ¿Qué es lo que más le choca de la civilización romana?

R. Creo que los gladiadores. Puedo llegar a comprender la violencia, pero ¿cómo se puede asistir a eso? Ser gladiador se consideraba un deporte noble y era voluntario, para intentar garantizar un buen espectáculo. La damnatio ad bestias, las condenas a muerte, eran otra cosa. Por la mañana se podían ver carreras, gladiadores y, luego, lo que llamaban espectáculos de mediodía. Se evacuaba el anfiteatro y comenzaban los suplicios más horrendos que se pueda imaginar para condenar a los criminales. Ahí se quedaba mucha menos gente, un público que no era totalmente normal. Séneca, por ejemplo, admiraba a los gladiadores, pero no los suplicios. La inventiva en la atrocidad era extraordinaria, pero el propio Séneca decía que sólo asistían los tarados. Entonces también había gente que no podía soportar la violencia.

P. ¿Por qué Roma conquistó el mundo?

R. Por el mismo motivo que los nazis: por el fenómeno de la colaboración. Los nobles galos, que poseen muchas tierras, ven que los romanos les adoptan y dejan en el mismo lugar a las clases que tienen bienes. Una ciudad conquistada sigue siendo gobernada por la oligarquía gala. Y si la gente se rebelaba, vendrán los romanos y arrasarán con todo.

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Paul Veyne, en febrero pasado. / JOEL SAGET (AFP)

G.A

Fundado por Francisco I en el Renacimiento, el Collège de France (Colegio de Francia) es una institución única. Depende del presidente de la República, aunque sus 50 miembros se eligen entre ellos. Una vez que son seleccionados, deberán pasarse el resto de su carrera investigando y publicando, con la única obligación de dar una serie de conferencias al año. La entrada es totalmente libre. En su novela recién editada, La séptima función del lenguaje, que transcurre entre profesores del Collège y que gira en torno a la muerte de Roland Barthes, Laurent Binet describe las conferencias de Michel Foucault a las que asistía tanta gente que ocupaban dos aulas: una con gente sentada en todos lados y otra en la que se transmitía por radio. Una medievalista que estudió en París recordaba también las conferencias de George Duby en las que se congregaba toda la alta burguesía parisiense sin dejar casi sitio para los alumnos.

Veyne fue durante dos décadas profesor en esta misma institución, sobre la que cuenta jugosas anécdotas en sus memorias, como cuando la gran helenista Jacqueline de Romilly protestó tras la elección de Barthes asegurando: “¿Quién será el siguiente, Eddy Merckx?”, un ciclista entonces muy famoso. Sin embargo, esa larga experiencia de investigación y divulgación le ha llevado a reflexionar sobre la forma de que los clásicos griegos y latinos sigan vivos en la sociedad y a proponer algunas ideas que pueden parecer extrañas para un latinista como sacar el latín del bachillerato.

P. ¿Por qué a pesar de haber dedicado al latín toda su vida considera que es mejor que los alumnos estudien inglés en vez de latín o griego?

R. Nos obstinamos en enseñar el latín a los niños. Cuando terminan son incapaces de articular una frase y, entre nosotros, la profesora tampoco. Lo que tendríamos que hacer es darles dos horas a la semana, o tres, durante las que les explicaríamos el mundo clásico y les haríamos leer a autores como Virgilio en traducciones. Eso les mostraría un mundo totalmente diferente del nuestro, una literatura a la que no están acostumbrados. Les enseñaríamos no tanto el latín como la civilización grecorromana.

P. ¿Pero no correríamos el riesgo de que al final nadie sepa traducir el latín?

R. Mi segundo proyecto era crear en Francia un instituto de estudios de la Antigüedad. Existe una escuela de lenguas orientales en la que se aprende el ruso, el árabe o el persa. Se trataría de una escuela de lenguas antiguas, como una carrera, para aquellos que hayan sentido la pasión por los clásicos. Aprenderían el latín o el griego. Cada generación contaría con 50 especialistas de la Antigüedad, que escribirían libros y serían capaces de traducir a Virgilio y Homero.

P. ¿Qué libros de la Antigüedad recomendaría a un lector no especializado?

R. Los clásicos pueden resultar difíciles. El Satiricón puede leerlo todo el mundo porque habla de la vida cotidiana. Juvenal, al ser una sátira, mostraba cómo funcionaba esa sociedad. Para mí los dos grandes escritores romanos son Virgilio y Tácito. Tal vez Horacio, pero es muy difícil.

P. ¿Cree que las traducciones de clásicos hay que rehacerlas?

R. Sin duda, cada generación o como máximo cada dos generaciones hay que volverlas a hacer, como en las novelas rusas, porque se quedan viejas.

P. ¿Por qué eligió traducir la Eneida en prosa en vez de en verso?

R. Al traducir la Eneida, lo más importante no creo que sea respetar el verso, sino la velocidad de la lectura. No puedo leer novelas contemporáneas, tienen demasiados detalles. La Eneida o la Ilíada van muy rápido.

 

23 octubre 2016 at 3:33 pm Deja un comentario

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