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El Homero apócrifo

Detrás del nombre del poeta, de controvertida identidad, se transmitieron más obras aparte de la «Ilíada» y la «Odisea». Una espléndida traducción castellana de los «Himnos homéricos» vuelve sobre la cuestión de la literatura apócrifa en nombre del gran vate, símbolo de la épica griega.

La identidad de esta máscara hallada en 1876 se ha atribuido a Agamenón, uno de los personajes de la «Ilíada»

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
7 de enero de 2018

Indiscutiblemente, la «Ilíada» y la «Odisea», atribuidas al mítico Homero, son los primeros monumentos literarios de occidente y han dado forma a nuestra tradición cultural desde su composición, probablemente entre los siglos VIII y VII a.C.. Los poemas homéricos han dejado una huella indeleble en nuestra cultura y su estudio, de hecho, marca los orígenes de los estudios literarios, ya en época de los filólogos alejandrinos o bizantinos, en pos de un texto más depurado. No en vano, Homero fue la base de toda la educación literaria en el mundo antiguo. Pero el nombre que está detrás de su autoría lleva suponiendo, desde la constitución de la filología clásica como disciplina autónoma en lo moderno, uno de los debates más vivos y fascinantes. La llamada «Cuestión Homérica», sobre todo lo que se centra en quién compuso ambos poemas, surgió con fuerza desde los «Prolegomena ad Homerum» (1795), de F. A. Wolf, padre de la «Altertumswissenschaft», que señalaba el origen de los poemas en una larga tradición oral de piezas más breves, compiladas en algún momento posterior por escrito. El estudio analítico de la obra atribuida a un «Homero» mítico, cuya estela biográfica es totalmente ahistórica, se alterna desde entonces con otra tradición crítica, la unitaria, que cree poder reconocer la voz de un autor genial tras la «Ilíada» y la «Odisea», o al menos parte de ellas.

Hoy día, como señala en «Inventing Homer» (Cambridge UP, 2002) Barbara Graziosi, una de las más reconocidas especialistas actuales en Homero, persisten ambas tendencias, representadas, respectivamente, por estudiosos como Griffin y Latacz o Nagy y West en cuanto a quienes creen en «un» Homero y quienes dicen que «Homero» es un nombre colectivo que designa un tipo de épica panhelénica. Eso por no hablar de las múltiples teorías, más o menos solventes, sobre la relación de Homero con el mundo oriental, hitita o asirio, etc.. Pero es que, añade Graziosi, en esta época nuestra postbarthesiana, en la que los estudios de recepción han diluido un tanto las nociones de autor y autoría y han centrado la cuestión en el receptor, no parece acaso ya tan importante individuar a un Homero con biografía determinada.

Pero hay otro «Homero», a menudo eclipsado por esas dos obras aurorales de la literatura occidental, pues ya en la antigüedad circularon otros poemas atribuidos al bardo, como los «Nosto», la «Batracomiomaquia», o el «Margites». Entre toda esa colección de obras destacan sobre todo los llamados «Himnos homéricos», a los que se dedica ahora un estupendo libro destinado a convertirse en la edición de referencia en nuestra lengua. La publicación bilingüe con comentario de estos apasionantes textos del Homero apócrifo corre a cargo de Alberto Bernabé, catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense y uno de los grandes expertos internacionales en los poemas que circulan bajo el nombre del gran vate griego. Bernabé presenta, traduce y comenta, en un libro que admite al menos tres niveles de lectura –para el público general, para estudiantes y para especialistas– estos 33 poemas, obras en honor a un dios determinado, con una extensión variada y de acento muy diferente a las hazañas heroicas de la épica tradicional de la «Ilíada» o la más novelesca y fabulosa «Odisea». También se alejan de la épica didáctica de Hesíodo, ya que se dedican a narrarnos las historias de los dioses olímpicos, sus peripecias fundacionales y los mitos clave para establecer su poder en sus determinados ámbitos geográficos, culturales o conceptuales: Apolo en Delfos y Delos, Deméter en Eleusis o Dioniso y su culto errante son solo algunos de los ejemplos más memorables de los muchos y familiares mitos que contienen estos himnos y con los que el lector recordará las peripecias primordiales de los grandes dioses griegos.

Una lengua artificial

Como recuerda la introducción general, estos poemas solo tienen de homérico el nombre, además de, por supuesto, el estilo, los recursos literarios, la lengua artificial –esa «Kunstsprache» inconfundible que nunca se habló– y el hexámetro dactílico, un conglomerado reconocido en la antigüedad como lenguaje de la épica desde Homero, en la época arcaica, a Nono de Panópolis, al final de la Antigüedad. Los himnos alternan entre la decena de versos escasos del más breve, dedicado a Deméter, y los más de 500 del himno a Hermes, que cuenta la infancia del dios «trickster» por excelencia. Muchos de los más significativos se pueden datar en época no lejana a la de la composición de la «Ilíada» y la «Odisea», remontando incluso al siglo VII a.C.. Pero también hay variedad y discusión en cuanto a sus fechas, llegando a considerarse alguno de ellos, como el 8, con influencias neoplatónicas, fechable en la antigüedad tardía.

El comentario se centra con preferencia, como no podía ser de otra manera, en los más interesantes, que son los himnos largos, y que se presentan en detalladas introducciones y notas. Éstas explican los mitos tradicionales de cada dios protagonista con su problemática propia, desde las fuentes, los paralelos orientales y el contexto hasta la recepción. Las historias tienen a menudo que ver con la resolución de una situación de crisis y suele ser protagonizada por el propio dios: se diría que siguen en ello también esquemas del cuento popular, que estudiara Propp, y contienen muchos de los «Leitmotiven» del folclore, que sistematizan repertorios como el Aarne-Thompson. Se comienza con un problema, a veces causado por el nacimiento del propio dios, como en los Himnos 3 (Apolo) o 4 (Hermes), o un conflicto surgido entre varios dioses. Tras diversas peripecias, la resolución de la crisis reajusta el propio sistema olímpico y el marco de culto de los dioses. Por ello, afirma Bernabé, estos mitos de los himnos homéricos bien pueden considerarse parte de la cosmogonía griega, en la medida en que siguen las funciones etiológica y justificativa de la mitología, mostrando la configuración actual del mundo.

Uno de los aspectos más apasionantes para la crítica es pensar en qué contexto se pudieron recitar estos himnos, abundando en la estética de la recepción. En uno de ellos, el Himno a Apolo, se hace referencia a esta circunstancia y parece que lo está recitando un aedo ambulante en la isla de Delos (pág. 134). El cantor se presenta como un «ciego de Quíos» en referencia al propio Homero, un nombre por lo demás extraño, como han estudiado Nagy o West, que, lejos de sus sentidos tradicionales («rehén» o «ciego», en algún dialecto), podría tener relación con los «tejedores de cantos» pindáricos –en referencia a los Homeridas– o con paralelos orientales. Tal vez fuera el apodo con el que se identificaban estos profesionales itinerantes que cantaban los poemas en ese dialecto literario. Ahondando también en los paralelos orientales en la cultura griega, que estudiaron West o Burkert, Bernabé nos ofrece en esta edición interesantes comentarios sobre algunos de los motivos de los himnos.

Esta edición de los «Himnos homéricos» (Abada), como decía al principio, será de referencia por sus varios niveles de lectura: por un lado sirve de introducción general para un público amplio, en lenguaje accesible y con una traducción detallada, verso a verso, no exenta de encanto literario. Pero, por otro, también contiene el texto griego, notas minuciosas, referencias a una bibliografía completa y actualizada, con copiosos índices de nombres, y, aunque no es una edición crítica, sí presenta las variantes textuales que sigue el autor, por lo demás un reconocido experto en edición de textos griegos. El libro viene, en fin, a reivindicar la potencia poética de unos textos cuya fortuna crítica no fue grande ya en la antigüedad y a los que no benefició el análisis tradicional de Wolf como una suerte de preludios antes de los grandes poemas del ciclo: hoy quedan, por tanto, rehabilitados como poemas con entidad propia.

Puede que Homero nunca haya existido, como quieren algunos estudiosos, o que haya sido ese gran genio sobre el que fantaseamos, pero los poemas que, de forma inspirada, han circulado bajo su nombre desde la antigüedad, desde las imprescindibles «Ilíada» y «Odisea» a estos magníficos himnos a los dioses, seguirán resonando para siempre en nuestra tradición cultural, como bien prueba este libro, como una ganancia para los amantes de la mitología y la literatura clásicas.

TRAS LOS PASOS DE LA LEYENDA HOMÉRICA

En 1870, Heinrich Schliemann comenzó a excavar en la colina de Hisarlik, en Asia Menor. Este millonario prusiano, que había logrado reunir una gran fortuna, dejaba de lado todos los negocios para cumplir uno de sus sueños: descubrir las ruinas de Troya. En contra de la comunidad científica, que consideraba la «IIliada» un mero cuento, una leyenda heredada del pasado, él sí creía en la total veracidad de lo que se decía en el relato homérico. Para su propósito contó con un guía excepcional: el propio poeta. Siguiendo las descripciones incluidas en la «Iliada» llegó a Hisarlik, clavó su pala y, para sorpresa de todos, encontró Troya ante la estupefacción de los historiadores. No fue más que su primer éxito. Siguiendo igual método, la lectura de la obra del vate griego, se marchó al Peloponeso y allí, con semejante fortuna, nada más comenzar a excavar dio con la otra gran ciudad de la época: Micenas. Entre sus ruinas halló una serie de tumbas y desenterró una máscara que popularmente se ha creído que correspondía con la cara de Agamenón. La ciencia ha demostrado que no es así. Pero la ciencia también probó que Homero, sea quien sea, no mentía.

 

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8 enero 2018 at 5:47 pm Deja un comentario

Nuccio Ordine: “Si no te paras, no piensas”

Profesor de la Universidad de Calabria, en sus libros, superventas, reivindica a los clásicos como la mejor escuela para la vida actual

Fuente: LUZ SÁNCHEZ-MELLADO  |  EL PAÍS
7 de enero de 2018

Llega el profesor Ordine, bate a punto de nieve la diestra que se le ofrece, suelta el torrente de su discurso por esa boca y una escucha o escucha. No extraña que sus clases en la Universidad de Calabria se llenen de jóvenes atraídos por la apasionada invitación a la vida, la alegría y la cultura a través de la lectura de los clásicos de este humanista y filósofo experto en el Renacimiento. Su 1,90 a ojo, el traje y la corbata que se tendrían solos de tanto apresto y el tumbao que llevan los italianos al caminar también hacen su parte. Pero dejemos hablar al clásico vivo.

Hay chicos a quienes les piden leer La Celestina, ven un vídeo y aprueban. ¿Qué hacemos mal?

Los padres tienen una responsabilidad limitada. Ahí se ha equivocado la escuela y la universidad que formó a los profesores que piensan que pueden atraer el interés de los jóvenes por los clásicos con un vídeo o Internet. Y eso es una mentira enorme. Si el vídeo sustituye al clásico es la muerte. Tenemos muchas herramientas, pero solo leyendo a los clásicos te puedes enamorar de ellos y pueden servir para entender la vida.

Siempre te puedes enamorar del chico del pupitre de al lado.

Sí, pero hasta para eso sirven los clásicos. De chico, para seducir a mis novias, recitaba poemas de Montale, y me funcionaba.

El 40% de los españoles dice no leer jamás. ¿Qué se pierden?

La vida. En Italia pasa igual. Hay más gente que escribe que lectores, políticos que publican libros y no han leído ninguno y es terrible. Borges dijo estar más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito. Si eso no es una lección de vida…

Mi abuela era analfabeta, soy la primera licenciada de mi casa. ¿Mis abuelos se perdieron la vida?

No es eso, eran artesanos. Yo también soy el primero de la mía. Igual que hay maestros de y en los libros, los hay de y en la vida.

¿Qué cree que lee Trump?

Trump no ha leído nada, es un ignorante y se ve inmediatamente en sus discursos. Volvemos a Borges. En La muralla y los libros describe a un emperador chino que prende fuego a las bibliotecas y construye una muralla. Eso es lo que pasa en América.

¿Hay un clásico del siglo XXI?

Probablemente, pero para poder definirlo así necesitamos tiempo. Clásico es un texto que a lo largo de los siglos responde a las preguntas de los lectores. Cien años de soledad fue un clásico inmediato, la excepción a la norma.

Los jóvenes reciben mucha presión familiar y social para estudiar lo que demanda el mercado. ¿Cómo pueden rebelarse?

Elegir carrera basándose en el mercado es la muerte de la universidad. Si voy a la escuela ha de ser para convertirme en una persona mejor, no para aprender un oficio. También hay una razón práctica. Quien estudia por pasión, será un buen profesional y un tipo feliz y encontrará trabajo.

Pero hay que comer, témome.

No solo está el pan del cuerpo, sino el del espíritu. Y si no alimentamos el espíritu tendremos, tenemos, directivos que evaden, destruyen sus empresas y destruyen empleos. Eso es pensar solo en el propio pan. Y lleva a la barbarie.

¿Salud, amor y dinero, pues?

Salud y amor son muy importantes. El dinero también, claro, pero si tienes que renunciar a tus pasiones y perder tu dignidad es mejor ganar menos y de una forma digna. Ser profesor no está bien pagado. Si trabajara en una empresa, ganaría cinco o seis veces más. Pero prefiero una pasión que me rinda 2.000 euros al mes que un trabajo sin ella por 15.000.

Antes de los móviles inteligentes, me bebía tochos de 600 páginas y ahora se me hacen bola tres párrafos. ¿Qué me pasa, profe?

Si no te paras y te recoges, no reflexionas, no piensas, no puedes aprender. Tanto ruido, tanto estímulo, nos impide recogernos y pensar. Los chicos no se concentran y los adultos tampoco.

El verdadero lujo sería, entonces, poder pararse y pensar.

Y leer, y hacer lo que te gusta. Los chicos han de entender que hay cosas que se hacen por el placer de aprender y sirven para entender la vida. Facebook ha paralizado las relaciones. Uno es rico si tiene tres amigos, no 3.500.

HACIENDO AMIGOS

Ordine (Calabria, 1958) no es precisamente diplomático con los poderosos, a los que acusa de no invertir en educación deliberadamente. En La inutilidad de lo inútil y Clásicos para la vida, superventas mundiales, defiende a los clásicos como la más actual escuela de vida.

 

7 enero 2018 at 5:52 pm Deja un comentario

Pretorianos, la oscura fuerza detrás del trono de los césares

Dos libros revisan la cruenta historia de la vilipendiada guardia imperial de la antigua Roma

Los pretorianos del Louvre

Fuente: JACINTO ANTÓN  |  EL PAÍS
6 de enero de 2018

Pocas unidades militares arrastran tan mala fama como los pretorianos, la guardia de los  emperadores de Roma, su privilegiada (cobraban mucho más que los legionarios y servían menos tiempo) y a menudo petulante escolta. El cuerpo, que también acompañaba en campaña al emperador, entrando en combate como soldados, tuvo múltiples funciones incluyendo las de policía secreta, espionaje y operaciones clandestinas (como asesinar a enemigos del Estado). Fue precursor de las unidades de élite y de los guardaespaldas de los líderes modernos, influyó en contingentes como la Guardia Suiza, la Guardia Imperial de Napoleón o las SS, y su eco llega hasta La Guerra de las Galaxias, en cuya nueva entrega, Los últimos Jedi, el malvado líder supremo cuenta con una guardia personal inspirada directamente en ellos (aunque armada con espadas y lanzas láser en lugar de gladios y pilums).

A los pretorianos originales, a los que hemos podido ver haciendo de malos malísimos en decenas de películas de toga y sandalia, entre ellas Quo Vadis, La caída del imperio romano o Gladiator, sin olvidar la serie Yo, Claudio, se los denostó ya en la antigüedad por convertirse a menudo en el poder detrás del trono y por su fea costumbre de poner y quitar (matándolos, claro) césares a su antojo. Se los habituó a recibir una paga extra cada vez que había un relevo de emperador, lo que fomentó su deseo de cambio. Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

De ellos escribió el gran Gibbon, que les achacó ser síntoma y causa de la decadencia de Roma: “Su orgullo se vio alimentado por la conciencia de su peso irresistible (…) Les enseñaron a percibir los vicios de sus señores con consabido desdén y a obviar el temor reverencial hacia sus amos que solo la distancia y el misterio pueden preservar”. En sus filas militaron algunos de los nombres más detestables de la historia romana, verdaderos sinónimos de traición, despotismo, crueldad e infamia, como Casio Quera, Sejano, Tigelino o Plauciano, que llegó, se cuenta, a castrar a cien ciudadanos nobles (de origen senatorial) para que su hija Plaucila pudiera ser atendida por eunucos, que ya es capricho.

Las carreras de los líderes de los pretorianos llegaron a ser muy prósperas –el propio Plauciano fue suegro del emperador Caracalla- y algunos incluso accedieron ellos mismos al trono, como Macrino y Filipo el Árabe, que antes de emperadores fueron prefectos del pretorio, es decir comandantes de la guardia. La indignidad de los más conocidos no debe hacer olvidar que hubo pretorianos decentes y que varios de sus mandos supremos murieron en campaña al frente de sus tropas (como el prefecto Cornelio Fusco, caído en combate contra los dacios cuando servía a Domiciano).

A reseguir la historia del famoso cuerpo, que estuvo activo 340 años, desde época republicana hasta que lo disolvió Constantino tras la batalla del puente Milvio (312) en la que habían apoyado a su rival Majencio, y a dilucidar hasta qué punto merecía su pésima fama, dedica el especialista británico Guy de la Bédoyère su documentadísimo libro La guardia pretoriana, ascenso y caída de la escolta imperial de Roma (Pasado & Presente, 2017), que coincide además en librerías con Pretorianos, la élite del ejército romano, del historiador de la Complutense Arturo Sánchez Sanz (La Esfera de los Libros, 2017).

El autor británico tiene muy claro de dónde viene el oscuro carisma de los pretorianos, y por qué nos fascinan tanto. “Eran peligrosos”, responde sin ambages. “Siempre cerca del centro del poder”. ¿Su reputación de malos está justificada? “Se los podía comprar, pero cuando los emperadores eran buenos y tenían gran prestigio, los pretorianos se comportaban. Fue sobre todo en los casos de emperadores incompetentes o vulnerables que los pretorianos cubrían los vacíos con su ambición y se convertían en codiciosos hacedores de reyes. El autoexilio de Tiberio en Capri, el desastroso reinado de Calígula…”.

La guardia pretoriana de ‘Gladiator’

De la Bédoyére señala que buena parte de lo malo que hicieron los pretorianos, “una de las fuerzas más poderosas y caprichosas de la historia de Roma”, hay que achacarlo a emperadores “que dejaban mucho que desear”. Distingue entre los soldados de la guardia, que mayormente, dice, fueron en general leales a sus emperadores, y sus oficiales y prefectos, “de los que no se puede decir lo mismo”. Y recalca que de una manera u otra, los pretorianos “eran como un volcán dormido que amenazaba con entrar en erupción cuando lo permitiesen las circunstancias”.

Uno de los episodios más famosos en que intervinieron los pretorianos fue cuando tras asesinar a Calígula, hicieron emperador al reticente Claudio que se había escondido detrás de una cortina y que les concedió una generosa propina como soborno para comprar su lealtad.

Sánchez Sanz muestra bajo una luz más favorable que De la Bédoyére a los pretorianos y cree que hay que desmitificar su imagen de “dueños del poder” que, opina, corresponde en puridad a sus colegas legionarios, que fueron los grandes impulsores de las candidaturas imperiales. Señala que los pretorianos probablemente “salvaron la vida a tantos emperadores como a los que se la arrebataron”. La guardia pretoriana, resume con cierto tono de admiración, “eran los soldados de élite de imperio. Muchas veces se aprovecharon de ello, otras tantas lo demostraron”.

Claudio implora ente los pretorianos que deciden nombrarlo emperador tras el asesinato de Calígula, en una pintura de Alma-Tadema de 1869

El libro de Sánchez Sanz, especialista en historia antigua, es muy rico en detalles sobre la organización, los uniformes y el equipamiento de los pretorianos, un tema complejo por la escasez de fuentes iconográficas y la variedad de funciones que carcaterizaba al cuerpo.

Los pretorianos empezaron siendo un destacamento de soldados, veteranos de confianza, que protegían como escolta personal a los generales en época republicana, tomando su nombre de la tienda de éstos, el praetorium, el pretorio. Hay referencias a las “cohortes pretorianas”, que es el tipo de unidad del ejército romano en que se agrupaban, desde tiempos de Escipión el Africano, aunque líderes como Julio César poseían otros guardaespaldas (en su caso, una guardia de hispanos que el malogrado dictador tuvo la mala idea de disolver antes de los idus de marzo). En todo caso, no encontramos verdaderamente institucionalizados a los pretorianos de la manera que los conocemos hasta época de Augusto. Fue él el que estableció una fuerza permanente de nueve cohortes, compuestas cada una por 500 o mil hombres, según las fuentes (De la Bédoyére es partidario de los mil), con campamento en Roma, destinada a proteger al emperador y a su familia, a suprimir disturbios y a desarticular complots.

Al frente de los pretorianos estaban dos prefectos del pretorio, que fueron cobrando mayor poder y protagonismo por su posición tan cercana al emperador. Los pretorianos contaban con una unidad de caballería propia, los equites singulares Augusti.

Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas.

Para De la Bédoyére (Wimbledon, 1957), el momento más sórdido de la historia de la guardia (y de Roma) fue la subasta que hicieron los pretorianos de la dignidad imperial en el año 193, tras el asesinato de Pértinax, que había intentado meterlos en cintura después de que en tiempo de Cómodo se hubieran acostumbrado a hacer lo que les daba la gana, incluso pegar a los transeúntes. “Ofrecieron el trono al mejor postor, una puja indigna y degradante, uno de los momentos en que ellos, y Roma, cayeron más bajo”. Compró el trono, al alza, Didio Juliano, que no duró sino 66 días al no poder pagar la suma acordada con los pretorianos.

Con las necesidades del imperio cada vez más acuciantes en las fronteras, se había ido combinando el uso de los pretorianos como fuerza militar de combate, y acompañaban al emperador como hueste personal en sus cada vez más frecuentes campañas (como en los casos deTrajano en Dacia y Marco Aurelio en Marcomania), hasta convertirse en una parte más, aunque siempre privilegiada y por ello envidiada, del ejército regular.

¿Qué calidad militar tenían? “Durante bastante tiempo, sorprendentemente poca”, responde De la Bédoyére. “Buena parte de ellos pasaban el rato holgazaneando en Roma como maniquíes militares y bravucones libertinos, capaces de asesinar pero poco aptos para la guerra real. Septimio Severo renovó la guardia con legionarios experimentados. Por desgracia, eso los hizo aún más peligrosos para el emperador”.

Los pretorianos desplegados en campaña, según la reconstrucción de un juego de ordenador.

Al preguntarle al estudioso por la inquietante similitud entre la guardia pretoriana y las SS, que también empezaron como guardia personal y acabaron convertidas en poderosas unidades de élite dentro del ejército alemán, De la Bédoyére reconoce el parecido y apunta que, “sin duda, de haber vivido Hitler hasta hacerse viejo sus rivales se habrían vuelto hacia las SS prometiéndoles más dinero y privilegios a cambio de que los apoyaran para convertirse en nuevos Führers, igual que en la antigua Roma”.

Los pretorianos tienen mucho de inasibles. En parte porque eran un cuerpo muy polivalente, además de que fueron cambiando con el tiempo. Su iconografía, su armamento y su indumentaria no están claros, lo que ha permitido fantasear mucho con ellos. “Eran espías (con una rama especial dedicada a esa tarea, los speculatores), soldados, escoltas, pero también topógrafos, mineros, ingenieros, armeros”, señala el estudioso británico. “Hacían todo lo que el emperador necesitara. Hasta de escuadrones de la muerte o de parte de la escenografía imperial: participando en espectáculos del poder. Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas. Cumplían misiones en todas partes. Incluso se envió una unidad a explorar Nilo arriba hacia Etiopía, una de las aventuras más curiosas del ejército romano”.

En cuanto a su aspecto, “cambiaba continuamente, llevaban uniformes vistosos al estar de guardia en palacio, armaduras especialmente diseñadas para ellos en las paradas y equipamiento más funcional en campaña. Pero a menudo, en el día a día, en Roma, eran muy discretos, vestían de paisano y no los reconocías si no los observabas muy de cerca”.

Cuando actuaban sigilosamente llevaban una característica capa con capucha, la paenula. El autor opina que la película que mejor nos los ha mostrado probablemente sea Gladiator, “pero tampoco es muy exacta”. Un aspecto desconcertante es que a veces llevaban calcetines.

¿Cuál es la herencia de los pretorianos? “Mostraron qué inestable es la cuerda sobre la que se sostiene un gobernante autoritario en el poder”, resume De la Bédoyére. “Necesita apoyo para mantenerse ahí, pero su guardia ha de ser poderosa para darle ese soporte. Y su poder puede llegar a ser mayor que el de él en cualquier momento… y entonces, está acabado”.

PERSONAJES FAMOSOS

Vinio Valente, centurión pretoriano de época de Augusto, era un sansón capaz de detener un carro con una mano. Lo cita Plinio.

Sejano, consiguió un poder omnipotente con Tiberio. El primer pretoriano que mostró lo peligrosos que podían ser. incurrir en su enemistad significaba una pena de muerte. Dion Casio asegura que yacía con las esposas de hombres relevantes para atesorar información. En su caída arrastró a toda su familia, y a su hija Junila, aún virgen, la forzó el verdugo para justificar la ejecución como la de una mujer adulta.

Macrón, también prefecto del pretorio como Sejano, fue el primero en participar en la muerte de un emperador, acelerando la de Tiberio. Previamente le había ofrecido su mujer al césar para que tuviera una aventura con ella.

Casio Querea, asesinó a Calígula tras sufrir numerosas humillaciones y que el emperador lo tachara continuamente en público de afeminado

Tigelino, el sicario de Nerón, cínico y disoluto. Un verdadero canalla.

Gayo Vedennio Moderato. La otra cara de la guardia, un pretoriano que sirvió larga y fielmente durante los flavios. Un buen soldado especialista en artillería y que era un crack usando la balista.

 

6 enero 2018 at 12:27 am Deja un comentario

El otro Imperio Romano, a través de sus grafitis

El historiador Jerry Toner explica la intrahistoria de la cultura romana «desde abajo»

Uno de los grafitis de la ciudad de Pompeya – ABC

Fuente: Bruno Pardo Porto > Madrid  |  ABC
18 de diciembre de 2017

¿Conocemos realmente el mundo antiguo? Pensemos más allá de las túnicas planchadas, el mármol blanco y el esplendor de la alta cultura. Olvidemos «Ben-Hur» y «Gladiator» y recordemos que en Roma, la capital del Imperio, olía mal. Muy mal. Los excrementos y la basura se acumulaban en las calles, pues los impresionantes progresos en alcantarillado llegaron a muy pocas zonas. Casi la mitad de los niños se moría antes de cumplir los cinco años y el hambre llevaba a muchos (afortunados) a comer carne de perro. Lo que conocemos de la Antigüedad nos ha llegado a través de los textos (y restos) de lo que podríamos llamar alta sociedad, un porcentaje ínfimo de aquella realidad que ningún estadista admitiría como representativo. Pero ¿cómo era la gente de a pie? ¿Qué pensaban? ¿De qué se reían? La respuesta a estas preguntas está más cerca de los grafitis de Pompeya que de los tratados de Cicerón. Es la intrahistoria, que diría Unamuno. Es la gran olvidada.

Al historiador Jerry Toner siempre le han quemado esas dudas, que ha tratado de digerir −más que responder− en su último ensayo: «Mundo Antiguo» (Turner). «Mi objetivo es explorar hasta qué punto podemos acercarnos al mundo romano «desde abajo»», explica. ¿Cómo? Esquivando las fuentes tradicionales y metiendo las narices en fábulas, libros de chistes, testimonios de oráculos y grafitis. Muchos grafitis. Porque lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad, aunque sea una pintada obscena en una pared de Pompeya: «Amplícato, sé que Ícaro te da por culo. Salvio escribió esto». Virgilio nunca llegó tan lejos.

Anónimos y firmados

«El grafiti nos muestra un lado de la cultura romana diferente al de la élite», explica. Además, se trata de una forma de expresión bastante extendida: tan solo en Pompeya se conservan unos 12.000. Algunos están en las paredes de las casas, otros en la vía pública. Los hay anónimos, pero muchos de ellos están firmados. «Aufidus estuvo aquí, adiós», reza uno. Otro nos muestra que deambular ya era un arte antes de que los franceses del XIX plagasen sus novelas de «flâneurs»: «Fueron necesarios 640 pasos para ir desde aquí hasta allí diez veces». Quizás vagabundeaban porque no tenían trabajo. La pobreza y la desigualdad eran un gran problema entonces. «La vida es incierta para un pobre cuando un rico codicioso vive cerca».

El sexo se consideraba una parte normal en la vida y sus representaciones (y práctica) se incluían en todo tipo de contextos. «Teófilo, no les hagas sexo oral a las chicas apoyadas en la muralla como si fueras un perro», advierte una inscripción. Aunque algunos se ponían románticos -«El que ame, que florezca. Muerte a quien no conozca el amor»-, muchos grafitis revelan a una sociedad violenta y profundamente machista. Para muestra, esta perla: «Toma a tu sirvienta cuando quieras; estás en tu derecho». La virilidad se consideraba toda una virtud de la que había que presumir: «Floronio, soldado muy bien dotado de la Séptima Legión, estuvo aquí. Las mujeres no lo sabían. Solo seis se enteraron, muy pocas para un semental como él».

Aunque el mundo era cruel, aunque pasaban hambre, aunque los vagabundos se morían en las calles con «heridas supurantes o tumores malignos», la romana era una sociedad profundamente festiva. Pan y circo era el acuerdo para que el Imperio no se desmoronase. La vida social se hacía en las tabernas: allí comían y bebían, pero los locales también ofrecían distracciones como la música, la prostitución o y los juegos de azar. «En Pompeya, una ciudad relativamente pequeña, existen ruinas de ciento cuarenta posadas y bares, un establecimiento por cada ciento cuarenta y cinco habitantes», subraya Toner.

Allí se destilaba un sentido del humor bastante ácido, pero fundamental para entender a este estrato de la sociedad. Se establecía una jerarquía del ingenio y se esperaba de todos que todos aceptaran las burlas. «El toma y daca ayudaba a crear comunidad -explica el autor- porque los individuos de las clases bajas se necesitaban para sobrevivir, ya fuera trabajando juntos en un barco de pesca o sirviendo en las legiones». No sabremos nunca cómo se tomó Epafrás que lo llamasen calvo o qué le respondió Quíos a aquel que le deseó «que las hemorroides le doliesen como nunca», pero sí que esta clase de dardos eran muy comunes. Además, los grafitis nos revelan que el chismorreo era también una constante en Roma y que se usaban como una forma de denuncia para regular más allá de la ley el comportamiento colectivo. «Ampliatus Pedania es un ladrón» y «Restitutus ha engañado a muchas chicas muchas veces» dan buena muestra de ello. En esto de la denuncia pública no hemos evolucionado tanto.

«Tal vez queramos pensar que el mundo ha cambiado mucho desde la Antigüedad y que nos hemos librado de su influencia y sus prejuicios, pero la potencia de las ideas antiguas y la resonancia que han tenido a lo largo de los siglos ejercerán siempre una atracción», escribe Toner al final del libro. Aunque las ideas que plantea se asientan en siempre en el territorio de la suposición, abren los ojos a una realidad distinta, más pedestre que los tratados de Séneca, pero más cercana a la realidad del día a día. «Nos hemos familiarizado tanto con el mundo antiguo a través de las películas, la pintura y la arquitectura neoclásica que la mayoría de nosotros pensamos que si nos ponemos una túnica y nos metemos en nuestra máquina del tiempo nos sentiríamos muy cómodos allí. Si algo he tratado de hacer una cosa en mi breve ensayo es desafiar esta sensación de familiaridad», concluye.

 

18 diciembre 2017 at 9:00 am Deja un comentario

Roma absuelve a Ovidio del exilio 2.000 años después

El Movimiento Cinco Estrellas italiano ha logrado en el Parlamento revocar una sentencia de exilio impuesta hace 2.000 años por el emperador Octavio Augusto contra el poeta Ovidio, autor de ‘Las metamorfosis’.

Foto: lumsanews.it

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA
15 de diciembre de 2017

El Movimiento Cinco Estrellas italiano ha logrado en el Parlamento revocar una sentencia de exilio impuesta hace 2.000 años por el emperador Octavio Augusto contra el poeta Ovidio, autor de ‘Las metamorfosis’.

La asamblea ha aprobado con 29 votos a favor –en la votación solo ha participado el partido M5S– una moción para que se procediese a “la adopción de las medidas necesarias para implementar la sentencia de absolución y revocar el exilio a Publio Ovidio Nasone, reconociendo la rehabilitación”.

“2.000 años después de su muerte, Roma quiere recordar la magnificencia del mejor poeta latino. Ovidio marcó la historia de la literatura italiana y se vio exiliado por Augusto, por razones nunca aclaradas”, ha señalado Eleonora Guadagno, defensora de la propuesta, en declaraciones recogidas por Europa Press de diversos medios italianos.

“Queremos cambiar estas decisiones que fueron tomadas por Augusto y solo por Augusto. Con esta votación, estamos reparando este mal”, ha añadido Guadagno.

También el teniente de alcalde romano, Luca Bergamo, se ha pronunciado sobre esta revocación, que se convertirá en “un símbolo importante, porque habla del derecho de los artistas a expresarse libremente”. “Es un reconocimiento a Ovidio, perjudicado por un poder absolutista y por razones no aclaradas en la Historia”, ha concluido.

 

15 diciembre 2017 at 10:40 pm Deja un comentario

Robin Lane Fox: “Leer a Homero te cambia para siempre”

Ensayista y profesor, divide su vida entre los clásicos y la jardinería; entre sus clases en Oxford y las plantas, sobre las que escribe en la prensa británica. Cree que muchas respuestas a la actualidad se encuentran en textos de hace siglos.

El ensayista Robin Lane Fox, en los jardines del New College de la Universidad de Oxford. MANUEL VÁZQUEZ

Fuente: Guillermo Altares  |  EL PAÍS SEMANAL
11 de diciembre de 2017

Robin Lane Fox tiene una doble vida profesional que transcurre en algún lugar entre Atenas y los jardines ingleses. Por un lado, es uno de los grandes clasicistas de Reino Unido, profesor emérito del New College de Oxford y autor de ensayos como El mundo clásico (Crítica), que fue elegido uno de los mejores libros del año en 2007 por los críticos de Babelia. También ha escrito una célebre biografía de Alejandro Magno, que Oliver Stone utilizó como base para su película sobre el conquistador heleno, en la que trabajó como asesor —y como extra, ya que formó parte de las tropas del general macedonio—. Eruditos, amenos y sorprendentes, sus libros han servido como introducción a Grecia para muchos lectores. Pero además Lane Fox, de 71 años, es un jardinero profesional. Desde hace casi medio siglo escribe una sección de jardinería en la edición de fin de semana del Financial Times y también tiene a su cargo varios jardines en Oxford. La entrevista se celebró en Córdoba, donde acudió como jurado a la primera edición del Festival Internacional de las Flores, que se celebró en octubre. Estaba encantado con el evento y con la temperatura de Andalucía a finales del otoño, pero se mostraba impaciente por regresar. Lane Fox es un hombre cordial, con mucho humor, pero no bromea cuando dice que no le gusta pasar mucho tiempo lejos de su jardín: “Si tengo que quedarme tres noches fuera de casa, sufriría lo que llamo ‘sueños verdes’. Soñaría con mi jardín, pero luego tendría pesadillas pensando que todo se ha quemado y tendría que volver a casa”.

¿Cuál era la relación de los griegos y los romanos con los jardines? Por ejemplo, en la Domus Aurea, el palacio de Nerón en Roma, eran un elemento esencial. Para los griegos, los jardines significaban sobre todo frutas y hortalizas. Las flores eran un lujo solo para los ricos y el agua no abundaba. Cuando cambió la estructura social y llegaron los reyes, los jardines se pusieron de moda entre los griegos poderosos. En el mundo romano, a los líderes les gustaba exhibir sus parques y jardines. Cultivaban algunas flores, pero no tantas como en un jardín inglés. Los emperadores romanos eran dictadores como Ceaucescu o Sadam Husein, o los dos a la vez, y les encantaba construir parques en los que mostraban su grandiosidad. El enorme parque de Adriano en su villa de Tívoli es un ejemplo. Pero yo respeto a la gente que hace crecer cosas. No me impresionan tanto los que pagan por mantener grandes jardines.

“Me encanta la jardinería, no la contemplación de las plantas. Respeto a la gente que hace crecer cosas, no a los que pagan por mantener grandes jardines”

¿Es muy grande la diferencia? Enorme. A veces es la misma persona, pero no siempre. A mí lo que me encanta es la jardinería, no la contemplación de jardines.

En sus libros explica que los primeros jardines botánicos fueron griegos, de un discípulo de Aristóteles. Teofrasto, que dispuso ser enterrado en su jardín. Conocemos algunas de las plantas que cultivó, pero su objetivo era más científico que estético.

¿Y cuál es su jardín botánico favorito? Hay dos grandes en el mundo. Los dos primeros son Múnich y Edimburgo. Trabajé en Múnich en 1965 cuando tenía 18 años y es el mejor jardín del mundo. Tiene plantas excepcionales. En Edimburgo, los escoceses llevan a cabo un trabajo excelente y tienen acceso a las plantas que vienen de China y de Extremo Oriente. Admiro el jardín botánico de Madrid, cerca del Museo del Prado. Comencé a admirarlo en los años noventa, cuando fue renovado. Es precioso. En Reino Unido me gustan los jardines privados. Los botánicos no tienen nada que ver con la jardinería, que es un oficio, un arte relacionado con la exposición. Están interesados en la ciencia, en un esfuerzo ridículo por salvar a las plantas del mundo.

¿Por qué cree que es ridículo? Es algo que no se puede hacer. Actualmente el 30% de las plantas del mundo solo se conservan en jardines botánicos. ¿Por qué las salvan? Kew Gardens [los jardines botánicos de Londres] mantiene un proyecto para recopilar todas las semillas del mundo, pero nadie las planta. Allí están, en un refrigerador. ¿Qué van a hacer con ellas? Soy bastante escéptico con eso.

Ejemplares de Cosmos Rubenza, presentes en el jardín del New College que Lane Fox supervisa. MANUEL VÁZQUEZ

¿Cómo afecta el cambio climático a su trabajo como jardinero? Enormemente. En Inglaterra, mi jardín dura mucho más tiempo con flores. Pero sé que en Italia este año ha sido una catástrofe para jardines como el de Ninfa, al sur de Roma, que depende de las fuentes naturales. Ha padecido una crisis enorme tras nueve meses sin lluvia. No ha pasado nada igual en sus ocho siglos de historia. Y España supongo que vivirá el mismo desastre. En Inglaterra es magnífico. Los inviernos son cada vez más suaves. En febrero el jardín está fantástico, todo florece en marzo. Mi jardín está magnífico en esta época del año y por eso no estoy totalmente contento de hallarme en Córdoba porque no puedo verlo.

¿En cuántos jardines trabaja? Ahora mismo tengo tres responsabilidades. Los jardines del New College de Oxford, los mejores de la ciudad. Tenemos muchísimos visitantes, sobre todo por las películas. Uno de los árboles ha sido utilizado en la serie de filmes de Harry Potter y todos los años 50.000 jóvenes japonesas nos visitan para fotografiarse bajo el árbol. El jardín también ha sido utilizado en Mamma Mía II, veremos cómo una joven Meryl Streep deja la universidad en ese jardín y tendremos otros 50.000 visitantes, porque la gente no distingue entre realidad y ficción. Me ocupo de un segundo jardín, Yarnton Manor, cerca de Oxford, que es una academia de verano. Y por encima de todo trabajo en mi propio jardín.

¿Sabe cuántas plantas tiene? No, no las cuento, son demasiadas. Llevo 60 años siendo jardinero.

¿Qué tipo de jardines le gustan, los barrocos o los sencillos? Me gusta cultivarlos. No me importa que sea con semillas o plantas compradas en un vivero. Lo malo es que la gente joven ya no puede comprar casas, son demasiado caras. Yo pude disponer de mi propio jardín a los 30 años, pero ahora resultaría imposible. Representa una crisis tremenda para la jardinería inglesa.

En Córdoba existen algunos jardines musulmanes. ¿Son reales o son recreaciones románticas? ¿Sabemos cómo eran los jardines de la antigüedad? En algunos casos podemos recrearlos. Gracias a fuentes árabes, tenemos una lista de plantas que fueron traídas desde Siria y Egipto y que se cultivaron en el sur de España, pero no las verán en la Alhambra. De la Antigüedad conocemos pocos jardines, el de Plinio es uno de ellos. Y podríamos recrearlo. Pero los nuestros son mucho más interesantes de lo que nunca pudieron ser los romanos o los griegos, gracias a China. El oeste de China y Tíbet son el paraíso para las plantas y las flores silvestres. En Inglaterra ahora tenemos 90.000 plantas para elegir.

MANUEL VÁZQUEZ

Recientemente publicó un artículo en el que relataba un viaje a Rumania en busca de flores silvestres. ¿Cuál es la flor que nunca ha visto en la naturaleza y que le gustaría ver? La Gentiana farara, pero eso significaría viajar a China. Y me gustaría volver a ver la Campanula covadonga en los Pirineos. Fue encontraba en los años treinta por un gran investigador inglés y su hijo me dio unas semillas. Es violeta oscuro. La tuve hace 50 años, pero la perdí, no logré reproducirla.

¿Podemos contar la historia del mundo a través de las plantas? Sería muy interesante porque nunca se ha hecho bien. Quiero realizar un programa de televisión sobre lugares de Grecia donde todavía crecen plantas famosas en la literatura clásica. En la Iliada, el poema más grande del mundo, Hera quiere seducir a Zeus, el rey de los dioses, en el monte Ida. Es irresistible y Zeus hace el amor con ella sobre un lecho de flores. Afortunada pareja. Y si uno va en marzo al monte Ida puede encontrar las mismas flores… También se producen sorpresas con el origen de las plantas. Por ejemplo, siempre se pensó que los melocotones llegaron de China en la Edad Media. Sin embargo, unos arqueólogos alemanes encontraron en Samos un hueso de melocotón en un nivel muy antiguo. Todavía me pregunto si lo tiraron ellos. La historia antigua de las plantas es muy disputada.

Cuando la conversación se interna en la otra profesión de Lane Fox, el profesor no tarda en preguntar a su interlocutor si es capaz de leer el griego clásico. Ante la respuesta negativa, explica que “nunca es demasiado tarde” y realiza una defensa de la necesidad de aprender aquella lengua: “Tenemos muchas razones para estudiar griego clásico, pero una se eleva por encima de todas. Si ha leído los poemas de Homero en su lengua original, su vida tiene sentido. Cuando usted termine su día, pensará: ‘¿Qué he hecho hoy?’. He grabado una entrevista en inglés, he leído unos artículos. Pero si lees a Homero te cambia para siempre”.

Hace un año entrevisté a un latinista francés, Paul Veyne… Le conozco, un hombre muy inteligente.

Ejemplares de clemátide Bill Mackenzie del jardín del New College. MANUEL VÁZQUEZ

Y me explicó que su teoría es que ya queda tan poca gente que hable latín y griego que tendría más sentido utilizar el tiempo que se dedica a esas lenguas en el bachillerato a la lectura de los autores clásicos. En otras palabras, que es más importante leer a Homero como sea que leer algunos versos de Homero con dificultad en la lengua original… Eso no tiene sentido. Veyne es un historiador, muy importante, pero no es un hombre de letras. No me importa quién lea griego, de hecho a veces me gustaría que algunos profesores de griego no lo conociesen por las cosas que escriben, pero Homero está ahí para todos. ¿Por qué deberíamos negar a la mayoría de la humanidad el acceso a lo más grande que se ha producido en su historia? No puedo estar de acuerdo, tendría que enseñarse a Homero en griego clásico en las escuelas. La pregunta correcta sería más bien por qué tenemos que aprender francés en el colegio.

La literatura clásica nos ilumina sobre los grandes periodos de crisis, como el helenismo o la caída de la República romana. ¿Cree que estamos viviendo uno de esos momentos de cambio total? No. Básicamente no está ocurriendo nada. El Brexit es una estupidez, pero no representa ni de lejos una crisis comparable a una conquista romana o el ascenso de Alejandro. No deberíamos creer que podemos aprender lecciones del mundo clásico. Tenían esclavos. A veces me pregunto si no debería escribir cada vez “Pericles, el ateniense dueño de esclavos”. De hecho, sí que existe una poderosa lección moral del mundo griego: no se puede tratar a otras personas de esa forma.

“Tendría que enseñarse a Homero en griego clásico en las escuelas. La pregunta correcta sería más bien por qué tenemos que aprender francés”

¿Por qué termina su libro El mundo clásico con Adriano, emperador de 117 a 138 d. C. y no con el final del imperio romano de Occidente, en el siglo V? Porque creo que es la primera persona que mira hacia atrás y contempla el mundo griego como si fuese clásico. Es la primera vez que una mirada clásica sobre el mundo se convierte en dominante y, con ella, cambia la mirada sobre el pasado. Y además es español…

¿Tenemos una idea clara de por qué el mundo se convirtió en cristiano, por qué se abandonaron los viejos dioses para adoptar uno nuevo? Sí, conocemos muchas razones. Una de ellas fue la conversión del emperador Constantino, que además dedicó mucho dinero a la Iglesia y a los cristianos. Eso animó a mucha gente a seguir ese camino. La conversión del mundo clásico a la cristiandad fue un proceso lento, no acabó hasta el final del siglo V. Era una religión que unió las creencias con la ética, que antes habían estado siempre separadas; que promete una vida después de la muerte…

Ejemplares de salvia Royal Bumble. MANUEL VÁZQUEZ

Pero en su libro dice que cuando Jesús muere debía de tener en torno a 30 seguidores. Sí, sin duda es extraordinario. Es una de las grandes historias de la humanidad. No creo en el mensaje, pero respeto lo que logró.

En su libro explica que Cicerón se construyó una casa enorme en Roma que podía ser contemplada desde muchos lados porque le gustaba exponerse en público. ¿No está ocurriendo ahora mismo algo parecido con las redes sociales? No había pensado en ello, pero me parece muy interesante. ¿Cómo tuitearía Cicerón? Me encantaría reconstruir los tuits de Cicerón.

¿Y era Cicerón un idiota, con un ego gigantesco, o uno de los hombres más inteligentes de todos los tiempos, o un poco de cada cosa? Si eres un hombre de izquierdas, no puedes soportarle, pero muchas veces te quita el aliento. No puedo evitar sentir simpatía hacia él. De verdad. Muy pocos de mis colegas simpatizan con él, salvo los especialistas en su obra. Los historiadores le consideran un horror, alguien que nunca se preocupa por el pueblo, un nuevo rico que se equivoca en todo… Pero, qué puedo decir, las cartas son maravillosas. Se equivoca siempre: piensa todo el rato que todo el mundo le está esperando para que vuelva y lo arregle todo, y nunca es así. Siempre que puede equivocarse, se equivoca… Pero el mundo sería mucho más gris sin Cicerón. Cuando tenga 80 años y ya no escriba libros, volveré a leer todas sus cartas. Siendo ya viejo relata la visita que hizo Octavio [el futuro emperador Augusto]. Y tenemos la descripción de aquel encuentro entre el joven más letal del mundo y un anciano hombre de Estado que quiere volver a ser importante… ¿Es irónico cuando escribe: “Creo que va a hacer todo lo que le he sugerido”? Es maravilloso. Y en otro momento le visita César, porque le gustaba Cicerón siempre que no hablasen de política. Llega con un séquito de 2.000 personas y se pasan toda la noche hablando de teatro griego, mientras que Cicerón está deseando que le pregunte por la actualidad política. Tras la visita, Cicerón escribe un comentario: “Creo que no es el tipo de persona que volvería a invitar”. Son cosas inmortales.

Ceratostigma willmottianum que hay en el jardín que supervisa Lane Fox. MANUEL VÁZQUEZ

Ha escrito usted durante 40 años para el mismo diario… Todavía más, durante 47.

¿Cuál es el mayor cambio que ha visto en el periodismo en este medio siglo? En mi trabajo, que soy mejor. Ahora llego a más lectores. Cuando empecé, escribía para lectores que vivían en el sur de Inglaterra y que querían aprender a cultivar plantas y flores. Ahora, el Financial Times del fin de semana es un diario global, uno de los más importantes y leídos del mundo. Escribiré sobre mi viaje a Córdoba. La gente quiere leer sobre muchas más cosas, no solo sobre jardinería. Soy mucho menos provinciano.

¿Y desde el punto de visto técnico? Al principio no escribía, creo en Homero y la literatura oral: dictaba mis textos. Luego escribía a mano y lo mandaba a un editor que lo enviaba a su secretaria, que lo pasaba a máquina. Luego volví a dictar. Y ahora todo se ha convertido en digital y ya no dicto. Me gustaría volver a hacerlo, pero sé que no me van a dejar.

 

11 diciembre 2017 at 5:19 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: «El progreso no explica el sentido de la vida»

El escritor y filólogo presenta una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), una obra que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria»

El escritor y filólogo Carlos García Gual – ABC

Fuente: Bruno Pardo Porto  ABC
22 de noviembre de 2017

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) se refiere al presente como «el mundo moderno», una distancia que no tiene tanto que ver con su edad como con el hecho de que ha pasado más de medio siglo viviendo entre textos griegos, enseñando una lengua muerta que permanece viva en una de sus pasiones: los mitos. Tiene en sus ojos el brillo de la leyenda, una pátina que no termina de casar con una realidad demasiado rápida y repetitiva. Para Gual, el tiempo pasado, en efecto, fue mejor. Resulta difícil moverle de la certeza de que hay más encanto en la fantasía que en la vida, pues él conoce muy bien los horizontes de ambas. «El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un lugar de historias interesantes. No hay pasiones nuevas. No hay aventuras. Las grandes pasiones y los grandes personajes están en la literatura», sostiene con nostalgia.

Acaba de publicar una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), que escribió hace ahora veinte años movido por el pulso de sus lecturas. Es una selección subjetiva que baila entre la antiguëdad y los superhéroes, que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria». Por ahí aparecen Ulises y Edipo, pero también Don Quijote, Carmen y Superman.

– ¿Qué tienen en común todas estas figuras que se pasean por el libro?
– Yo hablo de los mitos no tanto como creencias religiosas, sino como historias que se han mantenido en el imaginario colectivo. Son esos relatos que se han transmitido durante siglos, que ejercen una extraña fascinación en la cultura y en la imaginación de la gente. Mi definición del mito es que se trata de un relato tradicional, un tanto paradigmático, y que tiene personajes extraordinarios que viven en un pasado prestigioso y lejano.

– ¿Qué es lo que nos fascina de ellos?
– Que nos hablan de las grandes pasiones, de las grandes aventuras. Sus personajes son héroes, con su condición humana y mortal, pero que hacen cosas extraordinarias. Los mitos presentan figuras más grandiosas, más fuertes, más terribles y más aventureras que los individuos corrientes.

– En el texto que abre el libro habla de que, a pesar de que somos racionales, no podemos prescindir de nuestra vocación mítica, de los relatos.
– Es que la razón técnica no explica el sentido de la vida. Ayuda a vivir más cómodamente, sí, pero las grandes preguntas siguen ahí: ¿Qué sentido tiene vivir?, ¿vivir para qué? Indudablemente, el progreso nos ayuda a vivir mejor, pero no explica el sentido de la vida. Digamos que la razón, muchas veces, tampoco llega a convencer sobre esas cuestiones. Los mitos proponen historias fantásticas que tampoco dan una solución, pero que proporcionan un horizonte atractivo de fantasía. Nos animan a vivir en otras épocas, en otros mundos. Nos transportan a unos horizontes más vastos, más amplios, más animados.

– ¿Más animados que la vida?
– Las grandes pasiones y los grandes personajes están mucho más en la literatura y en la fantasía que en la realidad. La vida es mucho más monótona si uno no conoce la mitología.

– Habla de los mitos como algo vivo, que no paran de crecer con el paso del tiempo y las reescrituras.
– No hay que olvidar que los mitos griegos estaban a cargo de los poetas, no de los sacerdotes. Eso daba a las recreaciones de los mitos una cierta libertad, una cierta capacidad de variar detalles. Eso los vuelve algo muy vivo, que perdura en los siglos, que nos dice algo nuevo. El Ulises antiguo no es exactamente el de James Joyce, pero la figura mantiene un eje o un núcleo esencial.

– Es esa idea de Joseph Campbell de hay una serie de motivos y temas que se repiten a lo largo de la historia de forma inevitable.
– Es que en la vida humana las circunstancias y los elementos básicos son casi siempre los mismos: el amor, la audacia, la cobardía, la envidia, la lucha por el poder… Todo eso lo recoge la mitología. En eso Campbell tiene razón: los mitos son las grandes historias, a veces sumergidas, recobradas por la literatura. Y cada cultura les da un color especial.

– En la portada de esta nueva edición del diccionario aparecen Zeus y Superman. ¿Son los superhéroes la nueva mitología?

Portada de la nueva edición del «Diccionario de mitos» – ABC

– Yo creo que los superhéroes del mundo moderno son héroes muy banalizados, muy triviales. No son grandes figuras míticas. Son figuras poderosas. A veces vuelan, como Superman, o dan saltos enormes, como Spiderman, pero son un poco héroes de papel, superficiales, un tanto planos. Y no solo hay mitos modernos, sino que también existe una pervivencia de los mitos clásicos en la cultura de hoy. «La guerra de las galaxias», desde un punto de vista mítico, revela muchos rasgos antiguos como el enfrentamiento con el padre o el villano encarnado en una figura que tiene mucho de demoníaca. Incluso las vestiduras de los personajes que recuerdan al mundo artúrico.

– Parece que no le gustan mucho los superhéroes.
– Siempre insisto: la otra gran fuente literaria del presente la forman el cine y la televisión. Lo malo es que cuando uno ve lo que se produce da la sensación de un cierto agotamiento temático. Hay mucha más violencia y más carreras de coches, pero los argumentos no son nuevos. Yo pienso que en muchas películas el autor es el director de los efectos especiales: se ha convertido en el gran constructor. El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un mundo de historias interesantes. No hay pasiones nuevas, no hay grandes historias. El otro día vi en la televisión «50 sombras de Grey». Que eso haya vendido millones de ejemplares muestra la necedad y la pobreza de la imaginación moderna.

– En esta reedición añade al Quijote, el único mito que nace y muere en la misma pluma.
– Según mi idea de que un mito se construye a través de la tradición, en la que el personaje se mantiene y cambia al mismo tiempo, no encaja. Todo el mito del Quijote está en el libro de Cervantes, en las dos partes. Se han escrito continuaciones y otras versiones, pero no brillan al lado de la original. Sin embargo, me he dado cuenta de que aunque no hayan trascendido más aventuras del personaje, sí que ha habido muchas reinterpretaciones. Y eso hace de él un mito.

– ¿Cómo ha cambiado su interpretación?
– En el siglo XVI era un personaje cómico. Pero para los franceses e ingleses del XVII se transforma en una figura seria, que plantea unos problemas muy importantes. Después, para los alemanes románticos del XVIII, es un ideal. Luego viene la generación del 98, que ofrece unas interpretaciones simbolistas en las que el Quijote puede representar la España decadente. Creo que el relato de Don Quijote está todo en Cervantes, pero las interpretaciones hacen de él una figura mítica.

– También añade a Sherlock Holmes.
– La novela policiaca siempre me ha gustado, desde pequeño. Sherlock Holmes tiene el atractivo del detective que con su inteligencia lo resuelve todo. Es un homenaje a la inteligencia deductiva. Tiene algo de heroico, pero es un individuo victoriano un poco raro que toca música y se inyecta morfina. Y es fantástico: los casos de Holmes no se podrían resolver. Es un personaje mítico de su tiempo al que todos los detectives de la novela negra deben algo.

– Con tantas adaptaciones, el cine también le debe mucho a ese detective.
– Se ha dicho que el cine es una fábrica de mitos, pero más bien es una empresa de recogida de mitos. Toma mitos que ya estaban en la literatura: Sherlock Holmes, Tarzán, Superman… Todos nacieron por escrito.

– El legado español se cifra en su diccionario en dos dones: Don Quijote y Don Juan.
– Sí, aunque podría haber incluido, tal vez, al personaje del pícaro. Pero este no está encarnado en una figura concreta porque el Lazarillo no conforma del todo el prototipo. Y está Carmen, que es un tipo de heroína española aunque su autor no fuese español.

– En su momento, los mitos ayudaban a crear conciencia de pertenencia a la polis.
– Por supuesto. Por eso decía que los mitos tienen algo de ejemplar. Son ejemplos de grandeza. En el mundo griego los héroes buscan la inmortalidad a través de la fama: saben que van a morir, todos mueren de hecho, pero arriesgan la vida por la gloria eterna. Y de alguna manera lo han logrado.

De nuevo, candidato a la RAE

Hace unos días, conocíamos que Gual es uno de los candidatos a ocupar la silla «J» de la Real Academia Española, un honor que comparte con Alfredo Conde y que se decidirá el próximo 30 de noviembre. En mayo de este año ya se «disputó» el asiento «M» con Rosa Montero, pero ninguno de los dos alcanzó la mayoría absoluta. El escritor y filólogo se muestra ilusionado, aunque afirma que la elección no le quita el sueño. «Me hace ilusión por lo que tiene de reconocimiento a una trayectoria, por haber estado escribiendo libros y enseñando griego durante cincuenta años. Además, creo que hay una serie de personas muy dignas con las que puedo pasar buenos ratos y servir de algo a la lengua española. Pero no es que sea un fanático de las academias», señala.

 

22 noviembre 2017 at 6:52 pm 1 comentario

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