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La historia del dios castrado, resucitado por amor, oculta en la estatua de Cibeles

Las piñas que se esparcen por la base del monumento madrileño son una analogía de este episodio de la mitología griega

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Fuente de Cibeles, en Madrid / JOSÉ RAMÓN LADRA

Fuente: I. S. C. > Madrid  |   ABC      17/08/2105

La estatua de Cibeles, símbolo y patrimonio de Madrid, es en sí misma una crónica en piedra de la mitología griega. Lo es, evidentemente, por la propia diosa frigia, pero también por el capítulo que esconde sobre la truculenta relación que tuvo con Atis, considerado como la deidad de la vegetación y su renacer. Su figura, imperceptible en un primer vistazo, está representada tanto en la base de la escultura como en la parte delantera del carro.

Cuenta la leyenda griega que Cibeles, diosa de la Madre Tierra, tuvo un nieto del que desconocía su existencia: Atis. Ajena a su parentesco, se enamoró de él de un modo casi enfermizo. También ignorante de que quien lo pretendía era en realidad su abuela, no obstante la rechazó. Despechada, urdió un vengativo plan con el que acabaría volviendo loco a su amado. Ante esta situación Atis huye a la montaña, desesperado, y allí se automutila los genitales; una castración que termina por matarlo desangrado. La vida y relación del eunuco con la diosa, sin embargo, no acabó ahí.

Cibeles, arrepentida por haberlo empujado a la muerte, resquicio del sentimiento que otrora profesó, lo resucita en forma de pino. Erigido entonces como divinidad de la vegetación, dicha condición está representada en la escultura madrileña. Según Marco y Peter Besas en su libro Madrid Oculto (La Libreria.2010), las numerosas piñas que se esparcen por la base del monumento son una analogía de Atis como dios del renacer vegetal; asociación directa con el árbol. Además, en la parte delantera del carro, a los pies de la Cibeles, está tallada su supuesto rostro, expulsando un chorro de agua por la boca.

18 agosto 2015 at 10:01 am Deja un comentario

La ‘Ilíada’, la guerra de todos nosotros

Fuente: GUILLERMO ALTARES  |  EL PAÍS     14/08/2015

Ilustración de Fernando Vicente.

Ilustración de Fernando Vicente.

El dios Zeus ideó una estrategia para ayudar a los troyanos: enviar un falso sueño de victoria al caudillo griego Agamenón, que además acababa de tener un enfrentamiento con el héroe Aquiles. “Pensó que aquel mismo día iba a apoderarse de la ciudad de Príamo, / nada sabía el muy necio todo lo que Zeus tenía previsto hacer”, escribe Homero. No hay nada tan destructivo, tan letal, como la confianza ciega en su propio triunfo, la creencia absoluta en la victoria. Esa es una de las muchas historias universales que contiene la Ilíada. Nunca sabremos con seguridad cuándo y cómo se compuso —los expertos prefieren el verbo “componer” a “escribir” porque no está claro el papel que tuvo la escritura en su creación—. Sobre su autor, Homero, que la tradición describe como un bardo ciego, existen más dudas que certezas. Sin embargo, allí siguen sus relatos, anclados más que nunca en la memoria viva de nuestra cultura.

Como escribió Gore Vidal en sus memorias: “Al igual que las diferentes capas de Troya, donde en algún profundo lugar están todas esas ciudades amontonadas sobre otras ciudades, uno espera encontrarse con Aquiles y su amado Patroclo y con toda esa fuerza con la que dio comienzo nuestro mundo”.

Ahora que Grecia lleva años enfrentándose a sueños de victoria, Homero está presente en las librerías españolas con una oleada de novedades. En los últimos tiempos se han publicado tres libros sobre su obra —El mundo de Homero (Crítica), de John Freely; El eterno viaje. Cómo vivir con Homero (Ariel), de Adam Nicolson, y La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’ (Acantilado), de Caroline Alexander—, además de una historia del mundo en el que surgieron esos relatos, la Grecia clásica, Héroes que miran a los ojos de los dioses (Edaf), del helenista Óscar Martínez García, autor de la última traducción al castellano de la Ilíada (Alianza Editorial, 2010). “Como en todos los libros que llamamos clásicos, en la Ilíada y la Odisea encontramos, nosotros los lectores, el reflejo de nuestra propia experiencia. En estas obras no sólo leemos de forma literal las historias que están contadas: leemos también el texto transformado en metáforas de historias que nos son propias, en símbolos de nuestros temores y deseos”, explica Alberto Manguel, que publicó hace algunos años El legado de Homero (Debate).

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Cromolitografías de 1890 sobre varias escenas de la guerra de Troya, tanto las relatadas por Homero como las basadas en relatos legendarios. / LEEMAGE

Preguntado sobre la recalcitrante actualidad de Homero, Adam Nicolson responde desde su domicilio en Inglaterra: “Tal vez la coincidencia de tantas obras se deba a que estamos viviendo un periodo violento y difícil de nuestra propia historia”. Este autor de grandes libros de viajes y aventuras, cuyo ensayo es a la vez un recorrido vital y literario por Homero, prosigue: “La Ilíada nos cuenta lo que le ocurre a la gente cuando se enfrenta a una realidad brutal. En un mundo caótico, muy inseguro, Homero nos proporciona unos fundamentos muy profundos, es una fuente de conocimiento. Para mí, la gran virtud de su visión es que nos señala que este es el mundo real, el lugar en el que todo ocurre, a diferencia de la tradición cristiana donde la fuerza de la vida parece estar en otro lado. Lo que viene a decirnos Homero es que no se puede dejar la felicidad para más tarde y eso es muy formativo si entra en nuestra mente”.

La fuerza de la Ilíada es tan grande que alguno de los pasajes más famosos de aquella epopeya, como el talón de Aquiles o el Caballo de Troya, ni siquiera aparecen en sus páginas; sino que pertenecen a otras versiones y relatos de aquel conflicto, como la Eneida, de Virgilio, la relectura romana del mito. En sus 15.693 versos, este poema épico relata un episodio de apenas dos semanas del largo asedio de Troya, que enfrenta a diferentes caudillos guerreros griegos con los troyanos. Transcurre en el noveno año de un conflicto que se prolongará uno más, y que es relatado en decenas de poemas e historias que circulaban de padres a hijos.

Homero no oculta que los soldados griegos están deseando volver a casa. Un regreso que, como demuestran las desventuras de Ulises en la Odisea, no será nada fácil. Con los dioses interviniendo constantemente a favor de uno y otro bando, el centro de la narración se encuentra en el enfrentamiento entre dos héroes, el griego Aquiles y el troyano Héctor, después de que este último haya abatido en combate a Patroclo, el gran amigo del griego. La narración acaba con uno de los momentos más emotivos de la literatura universal, cuando Príamo, el padre de Héctor, viaja hasta el campamento griego para convencer a Aquiles de que le entregue el cadáver de su hijo.

“Una de las cosas más emocionantes de Homero es que es capaz de captar un sentimiento nuevo de la humanidad que estaba surgiendo en ese momento: la compasión por el derrotado”, asegura Óscar Martínez. “Nunca trata a los troyanos como enemigos, sino como seres humanos. Eso ocurre en el encuentro entre Aquiles y Príamo. En la Odisea se captura la palabra nostalgia por primera vez, cuando Ulises en la isla de Calipso dice que siente el dolor del regreso. Cómo no va a hablar de nostalgia un poema que nos describe la historia de un pueblo que se había tenido que desperdigar por todo el Mediterráneo”.

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Cromolitografías de 1890 sobre varias escenas de la guerra de Troya, tanto las relatadas por Homero como las basadas en relatos legendarios. / LEEMAGE

Freely, experto en el Imperio Otomano y autor de libros de viajes, que enseña en la Universidad Bogazici de Estambul, trata de buscar en su libro lo que hay detrás de la Ilíada y la Odisea, lo que la arqueología y la historia pueden aportar a nuestro conocimiento de Homero, pero también la obsesión de muchos estudiosos por encontrar restos que nos lleven hasta ese mundo de héroes y dioses. Homero canta desde el siglo VIII antes de Cristo a unos acontecimientos que transcurrieron en el siglo XIII aunque, como explica Óscar Martínez, “su musa es la de la épica, no de la historia”. Sin embargo, sí refleja un momento crucial del mundo griego: su renacimiento después de la Edad Oscura cuando, por motivos que se desconocen, la civilización micénica se hundió en apenas unas décadas y la cultura helénica desapareció durante cuatro siglos hasta que resurgió para convertirse en el principio de todo nuestro mundo. En cierta medida, Homero simboliza la victoria de la poesía y la literatura sobre el desastre y la decadencia.

Caroline Alexander: “Homero describe la guerra de forma sincera y precisa”

La escritora Caroline Alexander.

La escritora Caroline Alexander.

El libro de Caroline Alexander (Florida, 1956) es un profundo estudio de la Ilíada pero, sobre todo, de lo que esta epopeya nos enseña sobre cualquier guerra. Ha colaborado como periodista con numerosos medios, como The New Yorker o National Geographic y es autora de una recreación del desastroso viaje de Ernest Schackleton a la Antártida, Atrapados en el hielo. La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’ nos sumerge en un mundo salvaje y violento, en el que no hay gloria en morir en combate. Pero, sobre todo, demuestra hasta qué punto Homero está cerca de nosotros.

PREGUNTA. En su libro asegura que Homero es nuestro contemporáneo porque trata asuntos tan cercanos como la rebelión ante un dirigente incompetente o la crueldad de la guerra. ¿Por eso seguimos leyéndolo?
RESPUESTA. Creo que la razón por la que leemos la Ilíada generación tras generación, y el motivo por el que esta historia está tan viva para nosotros tantos siglos después, es porque describe la guerra de una forma sincera y precisa. No es una evocación sentimental o poética de la guerra, sino una caracterización de la guerra tomada de la historia y la experiencia. Los hechos básicos de una guerra, sin importar el tiempo y el lugar, no han cambiado; por eso nos importan todavía los personajes de Homero, sus palabras, sus destinos y sus historias. Homero es un gran poeta no porque utilice un lenguaje poético, sino porque describe de forma certera y auténtica la experiencia de la guerra. Y nos reconocemos en ella.

P. Homero nos muestra que no hay nada peor para un ejército que un sueño de victoria, que creerse invencible. ¿Sigue siendo así?
R. En el canto segundo de la Ilíada, Zeus baraja todas las posibilidades para destruir al ejército griego. Podría enviar una plaga, golpearle con rayos, pero la mejor forma es enviar a su comandante en jefe un sueño ilusorio de victoria. Creo que es imposible leer esa escena sin pensar en el presidente estadounidense George W. Bush y su sueño de victoria de invadir Irak. Creo que las ilusiones de los dirigentes en tiempos de conflicto representan un hecho indeleble de las guerras.

P. Usted escribe que Homero se empeña en mostrar que no hay nada glorioso en las muertes en las guerras y que trata de identificar a cada víctima del combate. ¿Es la Ilíada un libro contra la guerra?
R. Creo que la Ilíada nos muestra que un guerrero puede alcanzar la gloria falleciendo en un conflicto, pero también deja muy claro que la gloria no compensa la pérdida de una vida. Homero refleja la muerte de cada uno de los participantes en la batalla como algo terrible, triste, trágico. De tal forma que guerreros desconocidos, cuyos nombres sabemos pero no mucho más, los héroes que ganan y los héroes que pierden, todos sufren a causa de la guerra. Como civiles, una de las escenas más famosas y más bellas de la Ilíada es cuando Héctor se despide de Andrómaca y de su hijo pequeño. Es cuando Homero nos muestra que la guerra afecta a cada vida que toca. No creo que podamos decir que la Ilíada sea pro o antiguerra, creo que la épica es mucho más sutil: Homero considera que la guerra forma parte de la vida humana de la misma forma que la muerte. Nunca desaparecerá y eso es lo que esta triste historia nos muestra.

P. ¿Sabemos algo con seguridad sobre el autor y la historia de la composición de la Ilíada y la Odisea?
R. No podemos dar nada por seguro. Tenemos buenas razones, basándonos en la lingüística, para estimar que fue un poeta que trabajó en torno al 700/730 [antes de Cristo] en una región que es hoy el oeste de Turquía. El hecho de que un poeta ciego cante la guerra de Troya en la Odisea ha llevado a muchos a pensar, desde la Antigüedad, que puede tratarse de algún tipo de autorretrato.

P. ¿Cuál es su personaje favorito de Homero? ¿Y su escena favorita?
R. Me resultar muy difícil señalar un personaje favorito. Me gusta mucho la caracterización de Sarpedón, que no es un personaje principal como Aquiles o Héctor, pero está magníficamente retratado. Dependiendo del momento, elegiría a cualquier personaje ¡menos a Agamenón! En cambio, mi escena favorita es el momento de la embajada en el canto noveno, cuando los griegos visitan a Aquiles para rogarle que regrese a la batalla y le ofrecen presentes muy valiosos. Les deja de piedra cuando les dice que su vida es mucho más valiosa que cualquier regalo. Ese es el mensaje central de la Ilíada y es especialmente significativo que sea un gran guerrero el que lo transmite.

P. Al final de su libro asegura que la Ilíada es un poema sobre la guerra, que concluye que no hay ninguna recompensa para el héroe que muere en el campo de batalla. Sin embargo, parece que la humanidad no ha entendido todavía ese mensaje.
R. Un soldado moderno puede leer la Ilíada y descubrir, punto por punto, una descripción de su propia experiencia. Creo que su grandeza está en que demuestra que la tragedia de cualquier guerra —la ineptitud de los mandos, la pérdida de vidas, el dolor— nunca cambia. G. A.

Homero, hoy

El mundo de Homero. John Freely. Traducción de Teófilo de Lozoya y Joan Rabasseda. Crítica. Barcelona, 2015. 376 páginas. 22,90 euros.

El eterno viaje. Cómo vivir con Homero. Adam Nicolson. Traducción de Gemma Deza Guil. Ariel. Barcelona, 2015. 432 páginas. 19,90 euros.

La guerra que mató a Aquiles. La verdadera historia de la ‘Ilíada’. Caroline Alexander. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez. Acantilado. Barcelona, 2015. 352 páginas. 27 euros.

Héroes que miran a los ojos de los dioses. Óscar Martínez García. Edaf. Madrid, 2015. 327 páginas. 25 euros.

18 agosto 2015 at 8:44 am Deja un comentario

La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

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Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

Una lectura de ‘La Ilíada’ abre este jueves el curso de ‘Teatros romanos de Andalucía’ en Itálica

Se celebra además el II Foro Internacional, sobre conservación, uso y gestión cultural de lugares antiguos de espectáculo

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Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

SEVILLA, 22 Jul. – Un espectáculo multidisciplinar sobre ‘La Ilíada’ abrirá este jueves 23 de julio la tercera temporada del ciclo ‘Teatros romanos de Andalucía’ que se celebrará en el yacimiento arqueológico de Itálica (Santiponce, Sevilla) hasta el próximo 15 de agosto. El evento pivota sobre una idea escénica de Jesús Vigorra, con coordinación de José Luis Castro y música en directo de Pony Bravo.

Bajo el título de ‘Homero, Ilíada’ será una lectura dramatizada del conocido texto de Homero basada en la adaptación que realizó el escritor italiano Alessandro Baricco en 1995, donde la historia la cuentan las propios héroes —en lugar de los dioses, como en el texto de Homero— y que incorpora la escena del caballo y la destrucción de Troya, ausentes en el original.

Este ‘Homero, Ilíada’ sobre la versión que Baricco realizó de la traducción de Maria Grazia Ciani, ha sido adaptado para este evento por Carmen Camacho y Antonio Andrés Lapeña.

Bajo la coordinación general de José Luis Castro, se escucharán pasajes de ‘La Ilíada’ en las voces de los propios Vigorra, Castro, Lapeña y Camacho, además de Fernando Mansilla, Julia Oliva, Antonio Garrido, F.M. Poika y Marisol Membrillo. El grupo musical Pony Bravo interpretará música en directo y se emitirán proyecciones —a cargo de Visuales Tama— relacionadas con el enclave y la obra de Homero.

Después de esta apertura comenzarán las representaciones propiamente dichas con ‘Memorias de Adriano’, la célebre obra de Marguerite Yourcenar, a cargo del grupo La Tarasca, a la que seguirán Clásicos Contemporáneos, con ‘Miles Gloriosus’, y Atalaya-TNT, con ‘Restos-Fedra’.

Por otra parte, y asociado a este ciclo escénico, este jueves y viernes se celebra el II Foro Internacional sobre Teatros Romanos, que versará sobre la conservación, uso y gestión cultural de lugares antiguos de espectáculo. El simposio tendrá lugar en el Teatro Central de Sevilla y debatirá sobre la conservación y recuperación arquitectónica, aunque también sobre la adaptación de textos teatrales clásicos. Esta segunda edición del foro está organizada por la Consejería de Cultura y la Universidad de Sevilla, con la colaboración del Instituto Francés.

Reúne a destacados especialistas

La reunión congrega a un panel de destacados especialistas, como los arquitectos Victor Pérez Escolano y Manuel Portaceli; el dramaturgo Alfonso Zurro; Didier Repellin, experto externo de Icomos y responsable de la restauración de numerosos edificios históricos en Francia; Miguel Alba, director científico del Consorcio Ciudad Monumental de Mérida; Juan Ruesga, escenógrafo, o Manuel Corrales, responsable arqueológico del Teatro Romano de Málaga.

Las sesiones de trabajo del II Foro Internacional Teatros Romanos de Andalucía comienzan el jueves 23 a las 10,00 horas, con la intervención de José Beltrán Fortes, catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla, bajo título de ‘Invesigación y Conservación’. Posteriormente otros ponentes hablarán sobre ‘Las adaptaciones de los clásicos’ y ‘Escenografía en una arquitectura’.

La segunda sesión, por la tarde, versará sobre ‘los teatros romanos de Sagunto, Clunia (Burgos) y Orange et Vaison-La Romaine. El viernes 24 tendrá lugar al tercera y última sesión, bajo el epígrafe de ‘Arqueología y Fruición’, donde se analizará el punto de vista arqueológico de los teatros romanos de Mérida y Málaga. La última intervención correrá a cargo de la investigadora del Museo Nacional de Arte Romano Trinidad Nogales, titulada ‘Teatro Romano y Sociedad’.

23 julio 2015 at 9:33 am Deja un comentario

Alarma en Formia: La villa de descanso de Cicerón corre peligro de derrumbe

Llamamiento desesperado del alcalde de Formia (Lazio, Italia) ante el preocupante estado de conservación del Formianum, la villa de descanso de Cicerón. La propiedad, hoy en manos privadas, fue también residencia de Fernando II

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Fuente: ANSA
Fotos: Gazzetta di Parma

Villa de descanso y tesoro de esculturas y elementos decorativos. Lugar del corazón de uno de los más grandes pensadores de la antigua Roma, no muy lejos de donde quería que fuese enterrada su amada hija Tulia. Y, más recientemente, residencia también de Fernando II de Borbón, que pasaba aquí gran parte de su tiempo. Hoy, sin embargo, está condenada a su deterioro. ”No puede perderse una joya como esta sólo porque se encuentre en una propiedad privada: ayúdennos a salvar la Villa de Cicerón, antes de que se venga todo abajo”. El llamamiento llega directamente del alcalde de Formia (Lazio), Sandro Bartolomeo, desde el corazón de esta tierra con vistas al Golfo de Gaeta donde hace dos mil años los romanos hacían exhibición de poder y riqueza al son de sus casas, sus frescos y sus innovaciones arquitectónicas.

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Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), el gran orador, no fue una excepción y también él quiso tener aquí una suntuosa residencia, el mítico ”Formianum”, su lugar favorito para el estudio y refugio desde donde seguir los acontecimientos políticos de Roma en los tiempos de la guerra civil. En muchas cartas habla de ella, sobre todo en las que escribe a su amigo Tito Pomponio Ático, a quien dice ”Yo aquí no tengo una villa, sino una basílica, debido a las frecuentes visitas de los formianos. Cayo Arrio está muy cerca y no quiere ir a Roma por estar aquí conmigo y poder filosofar todos los días”.

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Construida en tres alturas y con vistas directamente al mar, la villa dispone de un puerto privado que se corresponde con el actual puerto turístico de Caposele. La villa tenía también grandes estanques y dos ninfeos con decoraciones ”rústicas”, pilastras, columnas dóricas, techos abovedados, mármoles y pinturas con fuentes de agua. Como escribe también Séneca, Cicerón se encontraba aquí cuando se enteró de la llegada de los sicarios de Antonio. ”Trató de huir por mar – relata el alcalde Bartolomeo – pero una tormenta se lo impidió. Tomó entonces la Via Appia, mas sólo consiguió llegar hasta el punto que hoy conocemos como su Tumba, y que en realidad no es otra cosa que un sepulcro votivo”.

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La historia de la villa prosigue después de su primer propietario: en el siglo XVII pasó a manos de los Laudato, los duques de Marzano, después a Carlo Ligny, príncipe de Caposele, hasta llegar al rey de Nápoles, Fernando II, quien la promovió como su residencia y la enriqueció con un gran jardín de cítricos. Se convirtió en el cuartel general de las operaciones del Asedio de Gaeta y fue aquí donde el 13 de febrero 1861 se firmó el armisticio tras la rendición de las tropas piamontesas del general Cialdini, un componente clave para el nacimiento del futuro Reino de Italia. Poco después, ”entre 1867 y 1868 – continúa Bartolomeo – la villa fue puesta a la venta por el Estado y fue adquirida por la familia Rubino”, que es actualmente la propietaria de los terrenos. Aún en pie y en gran parte sin descubrir, aunque por obligación, la villa parece ahora condenada al abandono, como también la histórica plantación de cítricos, cuyo mantenimiento correspondería por ley a los propietarios.

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”Desde el momento de la venta hasta hoy – señala Bartolomé – no se ha llevado a cabo ninguna intervención. Se están perdiendo todos los elementos decorativos murales y los estucos, y el terraplén, si continúa en estado de abandono, también cederá. Antes de que los ninfeos colapsen – continúa – sería mejor advertir a los propietarios particulares de que no pueden apropiarse de un pedazo de la historia para a continuación dejar que se degrade”. En verdad, el alcalde ya llevó a cabo hace siete años una primera tentativa proponiendo a los Rubino la compra del área (alrededor de dos hectáreas), pero sin éxito, debido a desacuerdos dentro de la familia. ”Además de un grito de alarma – insta el alcalde -, el mío es un llamamiento a la responsabilidad de todos. La arqueología no termina en Roma”. Por ahora, ha respondido en masa la gente del FAI (Fondo Ambiente Italiano) al elegirlo como el primer sitio de la Región del Lacio entre los Luoghi del cuore para salvar. “Nuestro objetivo – concluye el alcalde – es comprar o expropiar el sitio. El presidente Zingaretti y el ministro Franceschini están convenientemente informados y sobre esto estamos trabajando con gran sinergia entre todas las instituciones”.

22 julio 2015 at 1:51 pm 4 comentarios

Hallada en Salento (sur de Italia) la estatua de Minerva cantada en la Eneida

Salento, la diosa de 4 metros en el lugar del desembarco de Eneas

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Fuente: Lorenzo Madaro  |  La Repubblica    04/07/2015
Fotos: Pasquale Rizzo

La “fortaleza con el templo de Minerva” donde, según Virgilio, desembarcó Eneas tras la caída de Troya podría estar en Salento. En los últimos días en Castro un grupo de arqueólogos dirigidos por Amedeo Galati ha encontrado una estatua femenina mutilada de grandes dimensiones. La obra data presumiblemente del siglo IV antes de Cristo y podría representar a la diosa Minerva, confirmando así la hipótesis de los descubridores del hallazgo, aunque por el tipo de vestido corto también podría tratarse de Ártemis. En tal sentido, serán de utilidad las investigaciones que se llevarán a cabo próximamente en colaboración con la Superintendencia de Bienes Arqueológicos, la Universidad de Salento y el municipio de Castro.

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Hallada a tres metros de profundidad en el centro de Castro, la estatua está desprovista de la cabeza y otros detalles anatómicos, pero muestra rastros excepcionales de púrpura. Los descubrimientos continúan: los arqueólogos han descubierto también la falange de un dedo y un brazo, y se espera poder encontrar con el tiempo los otros elementos que faltan. Si fuera posible recomponerla, la estatua tendría al menos cuatro metros de altura.

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5 julio 2015 at 10:44 am Deja un comentario

Málaga: Un equipo de 40 personas adapta el Teatro Romano para acoger representaciones teatrales

Se pondrán en escena un total de cuatro obras clásicas grecorromanas del 2 al 25 de julio

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Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

MÁLAGA, 26 Jun.- Un equipo técnico de 40 personas trabaja para ultimar el montaje y la adaptación del Teatro Romano de la capital con el fin de acoger las representaciones teatrales de obras clásicas grecorromanas del ciclo Teatros Romanos, que se celebrará del 2 al 25 de julio.

Así, arqueólogos, restauradores, arquitectos, ingenieros, técnicos de sonido, iluminación, maquinaria escénica, carpinteros, electricistas, productores y promotores culturales unen sus esfuerzos para que esté todo listo para las representaciones, tras el adelanto del ciclo al mes de julio y la ampliación de su aforo en 80 plazas mediante una plataforma y módulos de sillares que acercarán en 3,60 metros el público a la escena.

Esta tercera edición se adelanta a julio con el objetivo de atender la demanda de turismo cultural, según han informado desde el Teatro Cánovas, en uno de los meses con mayor afluencia de visitantes y mayor tiempo de ocio que invite al público local al disfrute de las noches veraniegas.

“La zona denominada ‘orchestra’, ubicada frente a la escena, ha sido revestida este año por una estructura metálica recubierta de madera y tres módulos de sillares que permiten avanzar 3,60 metros, aumentando así el aforo hasta alcanzar las 510 plazas”, ha explicado, a través de un comunicado, el director del Teatro Romano, Manolo Corrales. Se recupera así un espacio en el que se sentaban las autoridades y actuaba el coro de la antigua Roma, y además ha sido habilitado para personas de movilidad reducida.

Al pasar por calle Alcazabilla llama la atención una estructura metálica que ocupa buena parte de los 200 metros cuadrados de escenario, y que junto a los pasillos de acceso aledaños, han llevado unas 100 horas de montaje y un trabajo previo de casi un mes.

“Lo más laborioso de la adecuación del yacimiento para uso escénico no ha sido la gran plataforma del escenario, sino salvar los desniveles en los diferentes pasillos de acceso al graderío”, ha apuntado Juan Carlos Montoro, director de la empresa responsable.

Las torres de iluminación y sonido ya están instaladas y en los próximos días albergarán un equipo de 8.000 vatios de sonido y de 80.000 de iluminación. Todo este montaje no interrumpe el funcionamiento habitual del Teatro Romano, que continúa realizando visitas guiadas, aunque con algunas modificaciones en el itinerario.

OBRAS

Organizado por la Consejería de Cultura, el ciclo Teatros Romanos se concibe para que el espectador disfrute del teatro clásico como un ciudadano romano del siglo I antes de Cristo, bajo la premisa de la conservación del espacio.

Esta edición se desarrolla entre el 2 y el 25 de julio y viene con cuatro clásicos en manos de compañías de la talla de La Tarasca, TNT, Compañía de Clásicos Contemporáneos e Induo Teatro Producciones.

Abre el ciclo ‘Memorias de Adriano’, un relato admirable y una obra maestra de la literatura protagonizada por uno de los actores más laureados de Andalucía e impulsor del Centro Andaluz del Teatro, Roberto Quintana.

Del 8 al 11 de julio la Compañía Clásicos Contemporáneos estrena la divertida comedia ‘Miles Gloriosus’, sobre Pirgopolínices, un soldado fanfarrón del que se burlan hasta los esclavos. Del 16 al 18 de julio llega el turno a ‘Restos/Fedra’, otro estreno, además llevado a escena por Juana Casado, Premio del Certamen Nacional de Directoras de Escena por Medea.

Cierra el programa la compañía malagueña Induo Teatro Producciones con la obra ‘Medea de Eurípides’, entre el 23 y el 25 de julio, que retrata a la perfección la figura de la mujer subordinada a las decisiones de una sociedad patriarcal y lo hace además uniendo flamenco y teatro. Las entradas pueden adquirirse en http://www.ticketmaster.com y los precios oscilan entre los 12 y los 25 euros, según descuentos habituales.

27 junio 2015 at 10:25 am Deja un comentario

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