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Asterix y Obélix salen de Francia en el álbum número 37 de su historia

La editorial Albert René, que publicará el libro en octubre, mantiene en secreto los escenarios donde transcurrirá esta nueva aventura

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Fuente: EFE  |  ABC
20 de enero de 2017

Un nuevo álbum de aventuras de Asterix y Obelix que se desarrollan fuera de Francia en escenarios que se mantienen confidenciales, el número 37 de su historia, se publicará el próximo mes de octubre, anunció la editorial Albert René.

Este nuevo álbum será el tercero a cargo de la pareja formada por el dibujante Didier Conrad, y Jean-Yves Ferri, responsable del guión, y coincidirá con dos aniversarios de los dos creadores de los famosos personajes de cómic. Este año se celebra el 90 aniversario de Albert Uderzo, y el 40 aniversario de la muerte de René Goscinny, para los que se han organizado diferentes homenajes.

Sobre el contenido de las nuevas historias que saldrán a la venta el 19 de octubre, Albert René se limitó a avanzar que «se tratará de un viaje al extranjero como lo quiere la tradición de la alternancia», en alusión a que el último cómic, «El papiro de César» (2015), se desarrollaba en Francia.

«Nuestros héroes embarcarán esta vez a los lectores para una aventura más allá de las fronteras. En el programa: visita de monumentos históricos, descubrimientos gastronómicos y otros encuentros con autóctonos y famosos». Y todo eso aderezado con «aventura humana, humor, personajes deliciosos y situaciones rocambolescas».

Hasta ahora, se han vendido 370 millones de ejemplares en todo el mundo en 110 lenguas y dialectos, de los diferentes álbumes de los famosos galos bajo el imperio romano.

 

20 enero 2017 at 5:01 pm Deja un comentario

Esa extraña piedad de los muy ricos

El historiador irlandés Peter Brown analiza con claridad y rigor el papel que la riqueza tuvo en la caída de Roma y en la gestación de lo que hoy llamamos Occidente

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Detalle del fresco ‘La leyenda de Constantino y San Silvestre.

Fuente: ENRIQUE LYNCH  |  EL PAÍS
16 de enero de 2017

Agustín de Hipona afirmaba que el pasado y el futuro eran en el fondo inaccesibles y que lo tangible es ese presente insoslayable desde el cual nos referimos a ellos. La historia, pues, tiene algo de irreal, pues de lo único que podemos hablar con cierta confianza racional es de la época en que nos toca vivir. Todo lo demás —lo que alguna vez sucedió y lo que algunos aseguran que ocurrirá— solo puede ser mera conjetura. Quizá por eso, casi todos los grandes historiadores —y Peter Brown está, sin duda, entre ellos— no se limitan a reconstruir lo “que efectivamente pasó”, como reclamaban Ranke, Mommsen y los positivistas que tanto influyeron en la historiografía marxista, sino que son sagaces narradores de un género híbrido donde se traman corazonadas y finas especulaciones inspiradas en unos pocos recursos de la memoria histórica. Los grandes historiadores hurgan en documenta et monumenta, es decir, en los viejos textos y en los vestigios arqueológicos, pero nunca renuncian a interpretar los hechos.

Por el ojo de una aguja es un ejemplo cabal de esa historiografía que recrea con todo detalle el pasado sin renunciar a interpretarlo. La vocación de desentrañar la verdad histórica jamás abandona la voluntad de generar un sentido. En las más de mil páginas que forman esta obra capital, Brown acumula y procesa un inmenso caudal de datos y referencias críticas, eruditas y arqueológicas sobre los primeros siglos del Occidente cristiano. Arranca desde la conversión de Constantino y desemboca en las primeras décadas del siglo V que dan comienzo a la llamada Edad Media. El libro, pues, recorre el fascinante proceso de cristianización del Imperio Romano, cuando se gestó lo que llamamos “Occidente”, con especial referencia a los años 370 a 430, que Brown compara con una insólita belle époque de la antigüedad.

Peter Brown es el característico historiador anglosajón, somero y riguroso, pero su modelo historiográfico es afín a la imaginación desbordante de la escuela francesa de los Annales y a la antropología cultural del mundo antiguo que fundara Louis Gernet, donde la historia de la religión y la cultura son examinadas siempre en estrecha relación con la historia social, con el lenguaje y el arte, lo que es imprescindible cuando se aborda un periodo de transición tan complejo como este.

Su investigación se orienta por una anomalía. En la obra de Paul Veyne —­otro gran especialista en el Imperio Romano tardío— también se ponía especial atención en algunas anomalías del desaparecido mundo antiguo. Por ejemplo, en El pan y el circo, Veyne abordaba la extraña afición de los romanos por los combates de gladiadores y el culto a la divinidad del emperador. Una misma curiosidad por lo anómalo lleva a Brown a seguir la pista de las donaciones cristianas, realizadas durante una época en que, contrariamente al mito de la decadencia, el Imperio Romano de Occidente se caracterizaba por su opulencia. En suma, estudia por qué un buen día los ricos decidieron desprenderse de sus bienes y dieron lugar a la acumulación originaria que todavía cimenta el inmenso poder económico y espiritual de la Iglesia. Estudia por qué —al contrario de lo que manda la parábola crística— esos ricos acabaron por entrar en las iglesias guiados por el “amor por los pobres” que predicaban los Padres de la Iglesia: Ambrosio, Agustín, Jerónimo, Paulino de Nola. Las asombrosas y cuantiosas donaciones cristianas podría pensarse que son una variante del evergetismo pagano, pero Brown observa en ellas una importante diferencia: el gesto del evergeta servía para su gloria mundana; en cambio, la renunciación cristiana perseguía consumar una gigantesca transferencia de riqueza, del mundo al cielo.

No es la primera vez que Brown revoluciona nuestro conocimiento del Imperio Romano tardío. Su biografía de Agustín de Hipona conseguía reconstruir el perfil de ese intelectual formidable que fue Agustín sin incurrir en hagiografía; y en El cuerpo y la sociedad, dedicada a estudiar las costumbres de las élites tardorromanas, buscaba desentrañar el misterio que rodea el dogma del celibato eclesiástico. ¡Qué cosa más extraña que durante siglos los hombres y mujeres más civilizados de la sociedad antigua renunciaran a la riqueza y a la sexualidad!

A veces se derivan conclusiones sorprendentes de su trabajo. La renuncia sexual implica que el ascetismo cristiano originario estaba ya prefigurado en la ataraxia de los estoicos, que ganó las costumbres civilizadas de las clases altas romanas hacia el siglo II, pero también implica reconocer que la abstinencia que predica el Opus Dei es, por decirlo así, más auténticamente cristiana que la secuela del Concilio Vaticano II y la rebelión contra el celibato por parte de la Reforma protestante. Entre muchas otras observaciones sugestivas, Brown muestra en este libro extraordinario que la enormemente influyente noción de la humanitas, entendida como el trato que una persona dedica a otra en razón de una naturaleza humana compartida, es una herencia cristiana y que esa noción y la desaparecida idea de la verecundia —la consciencia de ocupar un lugar propio y de responder moralmente por él— justifican que la donación antigua, más que una limosna, deba ser comprendida como una acción mística que aseguraba al donante un lugar junto a Dios padre. Y más aún: para nosotros, que estamos desengañados del misticismo, es una prueba tangible de que un sistema económico basado en una aplastante presión fiscal puede seguir generando riqueza.

Por el ojo de una aguja. Peter Brown. Traducción de Agustina Luengo. Acantilado, 2016. 1.223 páginas. 48 euros

 

16 enero 2017 at 2:47 pm Deja un comentario

El curioso origen de algunos de los mitos del increíble poema épico griego “La odisea”

Muchos conocemos la historia de los antiguos griegos con el caballo de madera, pero ¿cuán bien conocemos su secuela?

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Varias fuentes habrían inspirado a Homero para crear a Escila. ALAMY

Fuente: 15 de enero de 2017

“La odisea” de Homero relata lo que sucedió después del saqueo de Troya, específicamente el viaje épico de Ulises (también conocido como Odiseo) de regreso a casa.

Es ficticio, pero según los expertos proporciona información valiosa sobre la vida en la Antigüedad, incluyendo la flora y la fauna.

El retorno de nuestro héroe abarca diez años de incursiones en islas, atormentado por dioses vengativos, monstruos voraces, ninfas seductoras y raros hechizos. Es un relato clásico que ha fascinado a los estudiosos desde que fue publicado en el siglo VIII a.C.

Los investigadores han explorado el texto para hallar significados y han explicado las partes más llamativas de la historia. En algunos casos, la verdad se acerca mucho a la ficción.

Lotófagos

Una de las primeras equivocaciones en la travesía de Ulises se produce cuando fuertes vientos del norte lo desvían a la tierra de los devoradores de loto o lotófagos.

Los marineros disfrutan tanto de la delicia local que se olvidan de volver a casa y Ulises tiene que arrastrarlos de vuelta a los barcos. Hay varias teorías de lo que podría ser el loto, por ejemplo vino fuerte u opio.

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¿Es posible que Ulises haya comido estas frutas, Diospyros lotus? ALAMY

Otro contendiente es una planta llamada Diospyros lotus, nombre científico que significa “fruto de los dioses”. Las frutas son redondas y amarillas y se dice que tienen el sabor del cruce entre un dátil y una ciruela.

En su libro “La búsqueda del loto” (The Lotus Quest), el experto en plantas Mark Griffiths identifica la fruta de Homero como el Ziziphus lotus, una especie vegetal que, según se dice, tiene propiedades psicoactivas.

Los expertos consideran otra posibilidad: el nenúfar (Nymphaea sp.) que crece a lo largo del río Nilo.

El consumo de la planta induce a un estado de apatía pacífica y en algunos países europeos hoy se clasifica como una sustancia prohibida.

Todavía queda por discutir si su reputación era suficiente para que Homero pudiera percatarse de ello desde la otra orilla del Mediterráneo.

Cíclopes

Buscando suministros en otra isla, Ulises y algunos de sus tripulantes se encuentran con Polifemo, un gigante que devora hombres. Varios marineros perecieron antes de que Ulises finalmente lograra cegar al monstruo clavándole una estaca en su único ojo.

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Polifemo era un gigante que comía humanos. ¿Quizás inspirado en un elefante enano? ALAMY

En los mamíferos, la condición ciclópea es un trastorno congénito en el que las órbitas de los ojos no se desarrollan en dos cavidades separadas.

Las complicaciones asociadas al cerebro, la nariz y el sistema respiratorio significan que pocos nacidos con la enfermedad sobreviven.

Como agricultores, los antiguos griegos habrían explorado el paisaje y podrían haber hecho algunos descubrimientos inusuales.

En particular, los cráneos de elefantes enanos y mamuts tienen una cavidad nasal ampliada que podría haberse confundido con el único orificio ocular de un enemigo bestial.

“Las cuevas de las islas contienen los fósiles desconocidos de mamuts enanos, rodeados por montones de huesos de mamíferos que en la antigüedad fueron tomados como huesos de las víctimas del gigante de un solo ojo”, dice la historiadora Adrienne Mayor de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, quien sugiere que los restos fosilizados de especies antiguas podrían haber inspirado a Homero.

La magia de Circe

Cuando son arrastrados hasta la hechicera Circe, los aventureros son drogados y encerrados como cerdos. Afortunadamente Ulises es protegido de su hechizo comiendo una hierba santa llamada moly.

Los botánicos apuntan a la hierba jimson (Datura stramonium) como el ingrediente que hace que los marineros actúen tan extrañamente.

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El estramonio contiene alcaloides tóxicos. ALAMY

La planta está relacionada con la belladona y la mortaja, y contiene alcaloides tóxicos que bloquean los neurotransmisores en el cerebro.

Si se ingiere, provoca alucinaciones, delirio y amnesia, mientras el cerebro enfrenta dificultades para enviar y recibir mensajes.

Homero es muy específico en su descripción de moly: tiene una raíz negra y una flor blanca.

Pero eso en sí no es una combinación rara, por lo que ha habido mucha discusión sobre su identidad.

Basado en su capacidad de neutralizar los platos con la droga de Circe, los investigadores creen que la campanilla de invierno (Galanthus nivalis) es otro candidato muy probable.

Se sabe que la flor crece en la región.

Ahora se utiliza en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y la demencia, ya que puede ayudar a equilibrar los productos químicos en el cerebro.

Escila, el monstruo marino

Los marineros encaran adversarios aún más terribles cuando pasan por un estrecho canal.

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Los calamares gigantes no son comunes en el Mediterráneo. ALAMY

Se enfrentan a Escila, un desafiante monstruo de múltiples cabezas. Homero describe a esta bestia de las cavernas como poseedora de 12 piernas y seis cuellos, cada uno con una cabeza feroz que devora hombres y exhibe tres filas de dientes.

Con el tiempo Escila se ha confundido con el kraken (una criatura de la mitología escandinava que se describe como un pulpo o calamar gigante), pues todos esos cuellos y piernas podrían ser, después de todo, tentáculos.

Pero el calamar gigante es una rareza en el Mediterráneo y, además, Escila vive en una cueva a medio camino de un acantilado, que no es lugar para ninguna especie de océano.

Aristóteles registró una serpiente de dos cabezas en el año 350 a. C. Aunque la condición es a menudo limitante de vida para los animales salvajes, es posible que Homero haya oído hablar de ella o incluso la haya presenciado.

Luego está el uso de serpientes como armas biológicas. Hay al menos un registro histórico de serpientes que fueron soltadas por Aníbal durante una batalla naval contra las fuerzas del rey Eumenes de Pérgamo.

El poeta combinó hábilmente marineros estresados, nuestro malestar con una característica biológica inusual y la amenaza de serpientes para crear un monstruoso cóctel”

Aunque no se conoce el monstruo Escila, el poeta combinó hábilmente marineros estresados, nuestro malestar con una característica biológica inusual y la amenaza de serpientes para crear un monstruoso cóctel.

Caribdis

Frente a Escila, Odiseo y su tripulación encuentran a Caribdis. Este torbellino monstruoso regularmente traga agua de mar y cualquier cosa que navega por el lugar.

Podría sorprenderte saber que Caribdis fue marcado en cartas navales en el siglo XIX, entre el extremo noreste de Sicilia en el Estrecho de Messina. El estrecho pasadizo es bien conocido por sus fuertes vientos y corrientes.

Pero es la actividad de las mareas que lo convierte en un reto para los marineros.

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Ulises y su tripulación se toparon con un remolino gigante, como éste. ALAMY

Dependiendo de la actividad de las mareas, aparecen remolinos. Según los oceanógrafos, uno de los mayores se desarrolla en Punto del Faro, lugar donde Caribdis fue históricamente ubicado.

Aunque estos peligros son navegables para la mayoría de las embarcaciones modernas, habrían sido más riesgosos en la época de Homero.

Rebaños del Dios del Sol

Ulises y su tripulación finalmente arriban a la isla de Trinacia, donde el Dios del sol -Helios- pasta su ganado.

Estos animales son sagrados, pero eso no impide que la tripulación temeraria los cace cuando sus suministros se agotan.

Los académicos han sugerido que la isla podría ser la Sicilia actual.

Hay evidencia tanto de ganado domesticado como de sus parientes salvajes, los uros o bisontes (Bos primigenius) en los sitios neolíticos del lugar, según el historiador Jeremy McInernery, de la Universidad de Pennsylvania, EE.UU.

De estas dos especies, el uro salvaje es el más llamativo. Medía 1,5 metros hasta la parte más alta de su lomo y ciertamente tenía la “frente amplia” y grandes “cuernos curvos” descritos por Homero.

“Antes de que la moneda llegara a Grecia en el siglo VI, el ganado era una medida primaria de riqueza. Al igual que otras sociedades pastorales, los griegos valoraron la riqueza ganadera: de ahí el énfasis puesto sobre el ganado en los poemas épicos”, dice McInerney.

El castigo por disponer del ganado sagrado es, por tanto, apropiadamente brutal.

Zeus destruye las naves y los marineros con un rayo y solamente Ulises sobrevive para contar su relato épico.

Evidentemente, todavía hoy estamos aprendiendo de él.

Lee la historia original en inglés en BBC Earth

 

15 enero 2017 at 6:10 pm Deja un comentario

La huella romana en Cuntis (Pontevedra)

Héitor Picallo documenta la existencia de dos balnearios en el municipio en el siglo I

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Presentación del libro en A Estrada. / Bernabé/Luismy

Fuente: Silvia Pampín > A Estrada  |  Faro de Vigo
15 de enero de 2017

La huella arqueológica romana en Cuntis emerge en el libro Cuntis na época romana que el investigador cuntiense Héitor Picallo presentó ayer en la Sala Abanca de A Estrada, arropado por el también investigador y diseñador del volumen Martiño Picallo; la politóloga y edil de Móvete, Mar Blanco; el arquitecto y presidente de Apatrigal, Carlos Henrique Fernández Coto; la historiadora Iria Blanco Brey; y el historiador y técnico documentalista del Arquivo Histórico Diocesano de Santiago, Damián Porto Rico.

El libro es fruto de la ardua labor investigadora realizada por Picallo en distintos archivos como el de la Real Academia de la Historia de Madrid o el Diocesano de Santiago. La documentación y la información arqueológica que maneja le permite concluir que Cuntis ya era una urbe en el siglo I. Ha podido acreditar documentalmente que ya tenía al menos dos balnearios. Las monedas halladas en uno de ellos -situado junto al río Gallo, en la misma margen donde ahora está el Hotel da Virxe- datan de la época del emperador Tiberio, que rigió los destinos del Imperio Romano entre los años 14 y 37 después de Cristo. Ahí aparecieron restos de ladrillos y de infraestructuras balnearias. Una segunda infraestructura balnearia estaría radicada a la altura de la actual Rúa do Balneario, entre las plazas de Galicia y de Ferrol. El médico precursor de la balneoterapia moderna Jacobo Fernández Mariño halló entre junio y julio de 1831 un baño romano hecho en argamasa y piedra de 4,50 por 4,50. Bajo las casas habría otros dos. Y junto a los lavaderos, habría otra burga en piedra, que en virtud de una moneda también se dataría en la época de Tiberio. Tendría 3 metros cúbicos y sería de granito, con un metro de planta y 2,8 metros de altura.

 

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15 enero 2017 at 12:59 pm Deja un comentario

18 maneras de morir…como un héroe

Carlos García Gual publica “La muerte de los héroes”: aquí algunas de las maneras de irse de los héroes.

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Baco, cómplice de la muerte de Penteo, despedazado por mujeres

Fuente: JUAN CARLOS LAVIANA  |  El Español
14 de enero de 2017

Carlos García Gual es uno de los mayores especialistas españoles en la Grecia clásica. Cada nueva publicación suya es un acontecimiento. No sólo para el mundo académico, sino para el lector en general, al que el catedrático sabe entusiasmar con la mitología, como si se tratara de un libro de aventuras sin perder una pizca rigor.

Esta vez se ha centrado en un aspecto muy concreto: La última escena de la trayectoria de mitos y héroes, personajes especiales hasta en su manera de morir. Vivir como un héroe es difícil, pero morir heroicamente es mucho más complicado. Al fin y al cabo, la muerte es el más humano de los actos de los mortales. En La muerte de los héroes (Turner), García Gual, repasa la aventura final de seres que tuvieron una vida llena de fascinantes peripecias. Y es que, como escribe el autor en la introducción, “el mero morir no es algo extraordinario”. Estas son sólo algunas de las maneras de irse de los héroes, probablemente el momento en que se muestran más humanos.

1. Anciano, ciego y exiliado

No es una manera muy heroica de morir, pero así acabó sus días Edipo. El rey de Tebas se arrancó los ojos y se condenó a sí mismo al exilio. Tamaño castigo era el precio pagado por haber mantenido relaciones con su madre, Yocasta, que se suicidó sobre el tálamo conyugal, tras descubrir que se había casado con su propio hijo.

2. Abrasado por una túnica

Heracles fue víctima de un regalo de su esposa. No se lo ocurrió mejor cosa que volver a casa, tras la batalla, con la bella y joven hija del rey al que acaba de vencer. Su mujer untó con sangre de un centauro una túnica que había hecho con todo su amor para el marido. Cuanto éste se la puso empezó a sufrir horribles dolores, a abrasarse y agitarse entre gritos de desesperación. Ordenó que prendieran fuego a una pira y se lanzó sobre ella hasta ser consumido por las llamas. Cruel agonía. Afortunadamente, la historia no acaba aquí. Zeus, por un favor especial, lo hizo inmortal como premio a su heroicidad.

3. Petrificado

Perseo utilizaba la cabeza que había cortado a una medusa para dejar petrificado al enemigo cuando se la enseñaba. En una pelea con Cegeo, padre de su amada Andrómeda, usó su arma, pero no hizo ningún efecto, ya que el viejo era ciego. Volvió la cabeza hacia así, creyendo que el arma había perdido su efecto, y el que se quedó petrificado fue él. El autor no da mucha fiabilidad a esta versión, pero sí le concede un gran sentido del humor.

4. Despedazado por mujeres

El poeta y cantor Orfeo se volvió misógino después de perder a su joven mujer, que murió envenenada tras pisar una serpiente. El poeta, que decía haber descubierto la forma de curar enfermedades y evitar la venganza divina, arrastraba tras de sí a un buen número de hombres. Sus mujeres, enfurecidas y envalentonadas por ritos báquicos, lo despedazaron miembro a miembro y lanzaron sus restos al mar.

De forma muy parecida encuentra la muerte Penteo, joven rey tebano. Diniosio (Baco) había convencido a las mujeres de Tebas de que abandonaran a maridos e hijos para ir al bosque a bailar día y noche con las bacantes. Disfrazado de mujer, Penteo intentó averiguar lo que pasaba, ya que se imaginaba que allí se celebran orgías de toda índole. Pero fue descubierto y descuartizado por las mujeres furiosas. Su propia madre, creyendo que era un león, le arrancó la cabeza. Sus restos aparecerían repartidos por las ramas. Cuentan que a punto de expirar, Penteo exclamó: “¡Ahora comprendo!”.

5. Partido por un rayo

Es una muerte frecuente, símbolo de la ira de los dioses y de purificación como el fuego. Algunas versiones aseguran que Orfeo murió así y no atacado por las mujeres. Lo que parece más seguro es que eso fue lo que le ocurrió a Asclepio. El centauro que le había criado le había enseñado poderes especiales para curar enfermos, y hasta llegó a resucitar a un muerto. Zeus no lo podía tolerar -temía que le hiciera la competencia- y puso fin a la historia fulminándolo con un rayo.

6. Aplastado por un mástil

Héroe y mujeriego, Jasón, el capitán de la célebre nave Argo, la de los argonautas, puso fin a sus aventureras tras algunos fracasos y después de mucho vagar sin rumbo. Deprimido, se encontraba sentado junto a su nave, ya en un estado ruinoso, cuando de repente se le vino encima el mástil que le aplastó.

7. Tragado por la tierra

Anfiarao -rey, héroe y profeta- tenía la desgracia de prever el futuro. Fue uno de los siete magníficos que asediaron Tebas. Sabía que iba a morir en la batalla, pero no logró persuadir a sus compañeros para retirarse, así que su honor le obligó a seguir adelante. Una enorme zanja se abrió a su paso –otra vez la acción de un rayo de Zeus-, y la tierra le devoró a él y a sus caballos.

8. En una emboscada

Alcmeón participó heroicamente en la segunda ofensiva sobre Tebas, la de los hijos de los siete magníficos. Pero no moriría de forma ejemplar, sino de una forma mucho más mundana: en una emboscada de su suegro y sus cuñados tras haber engañado a su mujer.

9. Despeñado en un barranco

A Teseo, monarca y aventurero, se le atribuyen un sinnúmero de hazañas, pero alcanzó la fama tras secuestrar a Helena, la espartana. Huido de Atenas, fue a visitar al rey de los escirios, Licomedes, probablemente en busca de ayuda. Pero el monarca era fiel a las nuevas autoridades, así que le persuadió para subir a una montaña con la excusa de enseñarle los campos. Desde lo alto, le empujó al vació por un barranco. Hay quien dice que no, que, en realidad Teseo estuvo torpe, se tropezó y se cayó.

10. Una muerte en vida

Sísifo fue condenado a trabajos forzados por haber desafiado a los dioses, tratando de evitar la muerte. Ya se sabe, subir la piedra a lo alto de la montaña; y una vez allí, ver que invariablemente la piedra rueda ladera abajo… y vuelta a empezar. El castigo eterno. Probablemente Sísifo ya no quisiera evitar la muerte visto lo visto, pero para su desgracia moriría de viejo.

11. Descabalgado del caballo

Belerofonte, soberbio y arrogante, también desafió a los dioses. Cabalgando su caballo alado, Pegaso, trató de cruzar los cielos, para alcanzar el reino divino. Zeus, enfurecido, lo desmontó haciéndole caer al vacío.

12. A hachazos en la bañera

Hay al menos dos versiones de la muerte del rey Agamenón. Una asegura que la adúltera de su esposa le cubrió con una red para inmovilizarle cuando se estaba bañando, y a continuación acabó con él a hachazos. Y la otra sostiene que murió por los tajos de la espada del amante de su mujer en medio de un banquete organizado en su propia casa por su ‘maldita esposa’ y el rival.

13. Un flechazo en el talón

La de Aquiles es probablemente la muerte más célebre de la Antigüedad. Recién nacido, había sido sumergido por su madre en la laguna Estigia para hacerlo invencible, con tan mala fortuna que al tenerlo cogido por los tobillos impidió que los talones se mojaran. Y claro, en una batalla de la guerra de Troya, una flecha fue a dar precisamente en su talón. Menos claro está quién le mató: si fue Zeus directamente, si fue su enemigo Paris, o si Paris disparó la flecha, pero Zeus la dirigió. El caso es que murió.

14. Clavándose la propia espada

De un heroico guerrero del tamaño de Ayax, famoso por su gran estatura y por el tamaño de su lanza y de su escudo, cabía esperar una muerte sublime, pero no. En un rapto de locura, había degollado varios carneros en el campamento. Se sintió tan avergonzado al volver en sí, que espetó la espada por la empuñadura en la arena de la playa, y se lanzó con todas sus fuerzas contra el filo enhiesto.

15. Ahogado en el mar

Ayax el menor fue otro que también desafió a los dioses. Al volver de la guerra de Troya, sobrevivió milagrosamente a un naufragio. Se jactaba de forma soberbia de haber eludido los designios divinos. Poseidón lo oyó y de un arrebato partió en dos la roca en la que se encontraba Ayax, de forma que el arrogante marino se hundió en las profundidades.

16. Atravesado por una lanza

El más legendario de los héroes homéricos, Ulises, tampoco tuvo una muerte a la altura de su vida. Disfrutaba de una “suave vejez” en Ítaca. Oyó ruido y pensó que alguien intentaba robar su ganado. Intentó impedirlo, pero un intruso le atravesó con una lanza reforzada por la espina de una raya. El extraño, que no había reconocido al viejo, era en realidad Telégono, el hijo que Ulises había tenido, sin saberlo, con Circe durante uno de sus viajes.

17. En un duelo

Paris, el raptor de Helena, el que desencadenó la guerra de Troya, murió asaetado durante un duelo de arqueros con Filoctetes. Primero disparó Paris y falló. Luego disparó su oponente y le atravesó una mano. Volvió a disparar y le dio en el ojo. Luego, le traspasó ambos pies cuando ya huía. Finalmente, lo remató ya en el suelo.

También en un duelo, pero en este caso de lanzas, murió Héctor. Se midió con Aquiles. Tras fallar los dos contendientes en el primer lanzamiento, la diosa Atenea le dio a Aquiles una nueva lanza, con la que éste fulminó a Héctor. Es sabido que los dioses también tienen sus debilidades.

18. Ahorcada en su propio sepulcro

Antígona es la heroína rebelde por excelencia, defensora de los intereses privados de su familia frente a los públicos del Estado. El rey Creonte había prohibido dar sepultura a su hermano Polinices, acusado de traidor. Antígona desafió al monarca echando un puñado de tierra sobre el cadáver. Fue detenida y encerrada viva en una sepultura excavada en una roca, pero ella se ahorcó adelantándose así la ejecución de su condena.

 

14 enero 2017 at 2:11 pm Deja un comentario

Guía mortuoria de mitos, héroes y semidioses. Entrevista a Carlos García Gual

Carlos García Gual explica en su última obra, La muerte de los héroes cómo, dónde y por qué terminó la gloria de diferentes personajes míticos griegos.

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Ilustración de Odisea. | ULISES CULEBRO

Fuente: MARTA RÓZPIDE  |  EL MUNDO
27 de diciembre de 2016

La mitología no es una cultura muerta, pero los héroes también mueren. Lo confirma Carlos García Gual con su última obra, La muerte de los héroes (Turner Noema). Se trata de una narración hecha con relatos cortos donde García Gual cuenta la muerte de Píndaro, Apolo, Antígona, Paris o Casandra. El escritor, profesor y traductor recoge en menos de 200 páginas el final, a veces trágico y otras irónico, de 25 héroes y heroínas. Lo hace diferenciándolos en tres capítulos distintos: Los héroes míticos, Los héroes homéricos y Tres heroínas trágicas. Mas allá de la filosofía, estas estampas ilustran de forma sencilla, no simple, la condición humana de aquellas figuras de culto con poesía y sin barroquismos.

El destino fatal de la efímera condición humana, al contrario que la inmortalidad de los dioses, sirve para adentrar al lector en una reflexión sobre la antigua Grecia y sus leyendas. El también articulista, crítico y dos veces Premio Nacional de Traducción, se detiene con mimo en cómo, dónde y por qué mueren los héroes. Algo que descubre, incluso para el mismo autor, anécdotas y aspectos de algunos personajes con los que ya llevaba tratando medio siglo. Lo hace en un mundo moderno que “sufre un total desprestigio de las humanidades”, en el que sería “raro ver a un político español con un libro en las manos” y en el que “se piensa en que hay que educar a la gente sólo para que produzca y consuma”. Pero Carlos García Gual es optimista: los niños todavía quieren escuchar la historia de Ulises o la guerra de Troya.

P. En La muerte de los héroes aborda el encuentro de la muerte de héroes y heroínas. Algo que hasta ahora, no había sido motivo de un libro.

R. Con estos textos caí en la cuenta de que la muerte de los héroes, las muertes sueltas digamos, pintorescas en muchos casos, no estaban reunidas en ningún libro. Las historias de los héroes tratan de las grandes hazañas, los amores, los logros, pero dejan aparte la muerte porque no contribuye tanto a su gloria, sino que es el final de ella. Entonces se me ocurrió la idea de reunirlos.

P. ¿Cuál fue la que más llamó su atención?

R. Hay alguna muerte que está contada en una tragedia, por ejemplo la muerte de Edipo, ya viejo, solitario y sin patria; y la muerte de Heracles (en latín, Hércules). Ésta es quizá una de las más trágicas, porque se muere al ponerse una túnica envenenada que le envía su mujer sin saber que estaba contaminada. De manera que, cuando el héroe regresa a su casa tras muchas batallas, cuando piensa que ya va a descansar junto a la persona que más le quiere y a quien quiere, se encuentra con esta trampa mortal que es terrible para él y para ella, que acabará suicidándose.

P. La muerte es algo propio de la condición humana. Festejada y respetada en algunas culturas y temida en otras. En Occidente parece incluso estar hasta prohibida. No se permite envejecer. ¿No es un poco grotesca esta actitud?

R. Bueno, creo que la gente tiende a olvidarse de la muerte con gusto. Es verdad que algunos filósofos decían que la vida es una preparación para la muerte, pero creo que esa es ya una idea del pasado. Las culturas antiguas sí pensaban en eso, pero la cultura actual tiende a distraernos de la muerte.

P. ¿Es la literatura clásica una cultura muerta?

R. Curiosamente, la mitología griega sigue teniendo cierto atractivo. Hay muchos niños y jóvenes que cuando se encuentran a estos héroes y personajes sienten por ellos una especial simpatía. Es algo común encontrar a niños que quieran escuchar la historia de Ulises o la guerra de Troya. Creo que tiene mucha más vigencia la mitología que, por ejemplo, la hagiografía con los relatos de los santos. Eso sí que ha desaparecido totalmente de nuestra cultura. Ahora incluso en las universidades de letras se vuelve a estudiar mitología, que hace años que no se estudiaba.

P. ¿A qué cree que se debe?

R. Primero porque es muy atractiva. Y luego porque está en las bases de muchas obras literarias clásicas.

P. España lidera el ranking en consumo de antidepresivos. La gente busca respuestas sobre su existencia día a día, pero no las encuentra. ¿Puede ser que tenga algo de relación el haber dejado aparcado y denostado el mundo de las humanidades?

R. Creo que vivimos en una sociedad de consumo y de consumo desenfrenado. Es verdad que las humanidades cada vez están más olvidadas, en general todas las letras. Este es un país de futbolistas y cocineros. Pasa lo mismo en toda Europa, lo diferente es que en España la capa culta es mucho más delgada tradicionalmente. En Francia o Alemania las humanidades en el siglo XVIII o el XIX van a tener un peso enorme en la cultura. En España no, el siglo XIX es un siglo culturalmente muy pobre. Ha habido una época durante la última mitad del siglo XX en la que se ha vuelto a las humanidades en universidades y el mundo de las clásicas ha tenido una cierta vigencia.

P. ¿Y ahora?

R. Ahora estamos en una clara decadencia, en un ocaso general de las humanidades. Se piensa sólo que lo importante es lo rentable. La gente cree que hay que educar sólo para lo que sea rentable, para que se gane dinero, y una vez que se gane dinero, la cultura no tiene importancia. Estamos en un sitio donde se da más importancia, como se ve en la tele, a la cocina, a la gastronomía y al fútbol. La capa cultural que había en la ilustración europea en España fue muy pobre y ahora está en un mal momento.

P. ¿Peor incluso?

R. Sí, en los últimos años hay un retroceso, se ve en los estudios de bachillerato y en el nivel de las universidades de letras. Hay un desprestigio total de las humanidades.

P. ¿Qué le parece que quieran retirar como obligatoria la asignatura de Filosofía en Bachillerato?

R. Es un reflejo más. Hoy en día se piensa en que hay que educar a la gente sólo para que produzca y consuma. No se educa en cosas que estimulen la reflexión, la lectura, el teatro… Todo eso no es rentable. Eso y que la sociedad española ha sido educada por la religión y nada más.

P. ¿Por qué cree que nuestros políticos no reconocen las letras?

R. En general los políticos españoles en ese aspecto son poco cultos. Si uno compara como hablan los políticos franceses con los españoles se da cuenta de que la diferencia es inmensa. Es muy raro ver a un político español con un libro en las manos. Empezando por el Presidente del Gobierno que lee, al parecer, cosas de deportes. No parece que lea otra cosa. Pero vamos, es una característica normal.

P. ¿Cuáles serían los problemas más graves a los que se enfrentarían esos jóvenes que desconozcan a Sócrates, Aristóteles o Platón?

R. Mucha gente vive sin saber nada de filosofía y no le pasa nada. A la gente es fácil acostumbarla a los usos o las modas corrientes. Es bastante feliz aunque sólo se le de fútbol o gastronomía mientras se le permita vivir de un sueldo. Luego de ganarse la vida, orientarla hacia la reflexión, las artes es un camino que parece que no interesa ahora, por lo menos a los políticos.

P. Fue profesor durante seis años en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid. ¿Cómo estaba el panorama entonces?

R. Lo recuerdo como una etapa muy agradable. Debo decir que el nivel que tenían mis alumnas al acabar el preuniversitario es parecido al que tienen ahora mis alumnos en el tercer año de universidad.

P. ¿De verdad?

R. Sí, había un ambiente cultural mucho mejor que el de ahora. En general lo había en Madrid. Mucho más teatro, más de todo. Es conocido cuántas librerías han cerrado los últimos años. Ahora hay mucha más televisión, la gente vive pendiente de pantallas más grandes o más pequeñas. Hay más música de consumo, pero leer ha dejado de ser un entretenimiento para parte de nuestros alumnos.

P. ¿Qué papel ha jugado internet en todo eso?

R. Internet pone al alcance de todo el mundo una información general de casi todo de forma inmediata. En cambio, la literatura invita a una cierta reflexión a formarse como persona individual con criterio propio. Yo creo que es verdad el título ese que pusieron a uno de mis artículos, Los clásicos nos hacen más críticos. Eso internet no lo da, más bien lo destruye.

P. Comenzó a interesarse por el mundo de los clásicos gracias a la biblioteca familiar y a sus profesores de instituto. ¿Cuánta importancia tiene lo que se lee en casa?

R. Yo me formé como lector en la biblioteca de mi abuelo. No se necesita que sea una gran biblioteca. Hay una gran diferencia entre los alumnos que vienen de una familia donde leían libros en los y aquellos que vienen de una casa donde no leían libros. La influencia que pueden tener a veces los profesores es un tanto secundaria respecto a la inclinación que ya tienen los alumnos. Ni el instituto ni la universidad pueden formar del todo. La formación tiene que estar relacionada también en el ambiente, en la casa, en los amigos. Si una persona pasa seis horas delante del televisor no será unos grandes críticos nunca.

P. ¿Qué lecturas recomendaría a alguien que quiere bucear por primera vez en la cultura clásica?

R. Algún libro clásico que sea fácil, como la Odisea, o alguna tragedia griega como Edipo rey, Antígona. También antología de poetas antiguos. La gente así joven que se inicia puede descubrir que esos poetas antiguos, como Safo, son tremendamente jóvenes y actuales. Yo creo que los griegos son muy fáciles de leer. Algunos, no todos.

P. ¿Es este un libro difícil para principiantes en la mitología?

R. Algunos libros sí son fáciles. Éste no lo es tanto. Tiene muchos nombres propios, las historias que se cuentan son un poco abreviadas a veces. Creo que requiere una cultura ya un poco avanzada. Se da por descontado que el lector ya conoce a los personajes. Otros serían más fáciles, como mi libro Historia mínima de la mitología es más fácil, porque cuando hablo de los dioses explico sus historias y no hace falta saberlo previamente. Muchas veces hay que conocer mejor a los personajes para degustar mejor el relato.

P. Ha sido Premio Nacional de Traducción dos veces. ¿Es muy difícil el proceso de traducción del griego clásico?

R. Traducir a los antiguos no es mucho más difícil que a los modernos. Requiere una previa cultura. Las instituciones son otras, la ciudad griega no era como la moderna, pero no es muy difícil. Además en España hemos tenido suerte. Hay muy buenos traductores, jóvenes en general que han hecho una labor de traducción excelente. En los últimos 50 años se ha traducido toda la literatura clásica como no se había hecho nunca. Ha habido una época dorada de la traducción, eso ahora está frenando, pero ya está hecha.

P. Lleva también al menos 50 años tratando con Homero, por ejemplo. ¿Sigue descubriendo cosas con sus obras?

R. Sí, cuando vuelvo a releer textos siempre descubro algo. Por ejemplo éste es un libro curioso porque he descubierto ciertas anécdotas y he redescubierto a ciertos personajes que conocía mal. Se da uno cuenta de que la mitología griega es un mundo muy humano. Es fácil entender sus pasiones, mucho más que en cualquier otra mitología.

P. Y nosotros ahora, ¿son cada vez menos humanos?

R. No lo creo, hay un progreso clarísimo en muchos aspectos de la vida: la medicina y el transporte actuales. Pero el progreso es también un progreso de sensibilidad, de sensibilidad por el dolor ajeno. Es curioso como mientras los estados son muy cicateros en las ayudas a los demás, existen ONG, existen esos jóvenes que van al tercer mundo. Hay una cierta sensibilidad por los demás muy superior. Lo que pasa es que no es la dominante. Son una minoría dentro de una masa dominada por el consumo y una torpeza para entender a los demás. Esa minoría es la mejor parte de la sociedad y es algo nuevo, muy moderno.

P. Y la literatura contemporánea, ¿ha llegado a sorprenderle (gratamente) algún escritor?

R. Sorprender ahora es muy difícil. Soy un lector voraz de literatura moderna. De hecho fui de los primeros que escribió sobre Borges, sobre García Márquez. Creo que hay grandes poetas como Szymborska. Pero es difícil sorprenderse. Hay tanta literatura y tan rica, que uno lo que siente es no tener más tiempo. Lo difícil es a veces elegir entre tanta literatura.

 

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28 diciembre 2016 at 11:55 am Deja un comentario

Los héroes también mueren, y generalmente de mala manera

Carlos García Gual repasa en su nuevo libro el final de 25 famosos personajes de los mitos griegos. “No abunda la bella muerte”, subraya el escritor, crítico y traductor

ayax_muerte

Áyax se da muerte con su espada, siglos VI-IV antes de Cristo.

Fuente: JACINTO ANTÓN > Barcelona  |  EL PAÍS
18 de diciembre de 2016

La última aventura del héroe es su muerte, y a menudo no resulta acorde con su vida. Grandes héroes clásicos han tenido muertes malas, miserables, infames, extrañas y hasta risibles. Al aventurero Jasón, el líder de los Argonautas que consiguieron el Vellocino de Oro, lo mató su propio barco, el viejo Argo, cuando un día que el héroe descansaba a la sombra del navío varado y carcomido le cayó en la cabeza el mástil, que ya es muerte tonta cuando has lidiado con una serpiente monstruosa y con los guerreros spartoi nacidos de los dientes del dragón de Ares.

A Perseo, vencedor de la gorgona Medusa, una fuente le atribuye haber muerto de una forma aún más absurda: enfurecido con su suegro Cefeo, extrajo la cabeza del monstruo y la alzó para que la mirada petrificara al padre de Andrómeda, olvidando que este era ciego; sorprendido porque la cabeza no produjera el acostumbrado efecto, la volvió para observar porqué fallaba y se convirtió en piedra él mismo.

Son algunas de las historias sorprendentes que cuenta Carlos García Gual (Palma, 1943) en su último libro, La muerte de los héroes, un breve —un centenar y medio de páginas— pero absolutamente apasionante compendio de mitos griegos en torno al final de 25 personajes clásicos que el escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense acaba de publicar en Turner. El libro se divide en tres apartados: en el primero se recogen las muertes de héroes míticos (Edipo, Heracles, Teseo, Belerofonte…), en el segundo las de héroes homéricos (Agamenón, Aquiles, Ulises, los dos Áyax…) y en un tercero se añaden las muertes de tres heroínas trágicas: Clitemnestra, Casandra y Antígona.

“Me ha quedado más tristón que el libro de las sirenas, ¿verdad?”, reflexiona García Gual. “Estos héroes son viejos amigos en sus últimos momentos, cuando cae el telón. En los mitos y leyendas a menudo la muerte queda aparte y no se cuenta, solo salen las hazañas. Yo he espigado textos y autores, acá y allá, en busca de datos literarios sobre esas muertes de héroes, muchas veces poco conocidas. En algún caso, la muerte se cuenta en fuentes primeras, como la de Edipo en Edipo en Colono. En otros he usado fuentes muy secundarias o tardías”.

“Lo interesante del héroe”, medita el autor, “es su fragilidad, que no sea de una pieza. El héroe al final se rompe. Muere y cae”. García Gual resalta que se dan muy pocas “bellas muertes” entre los héroes griegos y apunta que en el momento final se destaca más el páthos, el sufrimiento, que el kléos, la gloria.

Hay muchas muertes malas, en cambio. “Sí, quizá la peor la de Heracles, Hércules, que se lanza a una pira atormentado por la túnica envenenada que le regala, ignorante de lo que provoca, su amada Deyanira. Morir por culpa de quien te ama… qué trágico es eso. O la de Ulises —que no se cuenta en la Odisea—, muerto a manos del hijo que tuvo con Circe, Telégono, que lo mata sin saber que es su padre”. Lo mata con una lanza que tiene por punta una espina de raya. “Con eso cumple la profecía de que la muerte le vendría del mar. Es curioso, ¿no es cierto? He leído que algunos pueblos en Oceanía usan esas espinas o dardos como armas”.

La muerte de Jasón en cambio, apunta el estudioso, resulta irónica, como la de Perseo. La de Agamenón, muerto como una res sacrificial bajo el hacha que esgrime su esposa Clitemnestra también es mala malísima. “Pero estaba justificada, había inmolado a su propia hija Ifigenia para propiciar a Artemisa y que la flota griega pudiera partir contra Troya, y regresaba a casa con una princesa troyana cautiva como amante, Casandra”. ¿No prefigura Clitemnestra, “de ojos de perra”(Homero), a Lady Macbeth en su sangrienta decisión? “Puede ser, pero Lady Macbeth no mata a su marido, lo de Clitemnestra es más grave”.

El escritor tiene una debilidad por la muerte de Héctor. “Es el héroe más moderno y humano de la Ilíada, el más querido por Homero. No lucha por la gloria sino por los suyos y por su patria: es un héroe cívico. Aquiles, en cambio, aunque un pedazo de héroe épico sin duda, es un héroe de corte más primitivo: egoísta, soberbio”. Héctor vence a su miedo para afrontar la muerte segura a manos de Aquiles. “Sí, cumple su deber. Hay algo en ese episodio muy conmovedor, la Ilíada es tanto la tragedia de Héctor como la cólera de Aquiles”. Algunas muertes de héroes clásicos recuerdan aquella frase de Batman en El caballero oscuro: “O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en villano”.

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Aquiles mata a Héctor en una pintura de un vaso griego del siglo VI antes de Cristo. / BRITISH MUSEUM

¿Hay ecos de los héroes griegos en los de ahora? “Sí, sin duda; pero los héroes actuales, que se refugian en el cómic o en el cine de género, en La guerra de las galaxias, por ejemplo, son como calderilla en comparación. Les veo poca personalidad propia. Los antiguos tenían más carácter individual, Aquiles, Héctor, Ulises. ¡Eso son palabras mayores! Los de ahora me parecen algo aburridos, todos tienen que echar mano de la ambigüedad, la traición, la maldad incluso. ¿Superman? Un birrioso, es más lista su novia”. Por Lobezno ya ni le pregunto.

García Gual sostiene que “los héroes hoy no están en boga” y que vivimos “una época sin grandes héroes”, de “héroes menores”. Puesto a citar un héroe moderno que le guste, tras pensarlo mucho, nombra a Lawrence de Arabia. Reconoce que ha escrito su libro, además de para mostrar “qué variados son los caminos que los conducen al Hades”, para recordar y reivindicar a los viejos héroes. Lo hace “con cierto ardor, con la intensidad de quien visita a antiguos amigos en el momento de la despedida”.

ASÍ ACABARON…

Las muertes de los héroes griegos son muy variadas y algunas pintorescas. Esta es una sucinta lista de algunas de ellas:

Orfeo: Descuartizado por las bacantes. Su cabeza siguió cantando.

Alcmeón: Asesinado por su suegro y sus cuñados.

Teseo: Empujado a un barranco. Según otras fuentes, tropezó.

Belerofonte: Derribado del caballo (volador).

Áyax Telamón: Suicidado con su propia espada.

Áyax el Menor: Ahogado en el mar.

Ulises: Atravesado por la lanza marina (con punta de espina de raya) del hijo que tuvo con Circe y al que no conocía.

Aquiles: Muerto por las flechas de Paris (o del mismísimo Apolo).

Paris: Asaeteado por Filoctetes; quien a flecha mata…

Asclepio: Fulminado por un rayo de Zeus por resucitar a un muerto.

Menelao: Uno de los pocos que murió en la cama (otro es Néstor, rey de Pilos). Desde luego no lo mató Eric Bana (Héctor) como en el filme Troya.

 

19 diciembre 2016 at 2:24 pm 2 comentarios

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