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El Instituto Cambó vende la Bernat Metge al Grup Som

Los editores de Ara Llibres y la revista ‘Sàpiens’ relanzarán la mítica colección de clásicos grecolatinos en mayo

Una estantería llena de libros de Bernat Metge

Fuente: CARLES GELI > Barcelona  |  EL PAÍS
22 de marzo de 2017

Signos de los tiempos, para bien o para mal. En 1922, Francesc Cambó, que ya hacía años que decía que le gustaría fundar en Cataluña “alguna cosa importante de cara los clásicos”, impulsa y financia la Bernat Metge, empresa editora de una, con el tiempo, cuidada y exquisita colección en catalán de clásicos grecolatinos en edición bilingüe que se estrena en 1923 con De la natura, de Lucrecio. Exactamente 417 títulos y 94 años después, el Instituto Cambó, la fundación que gestiona el legado del mecenas, ha decidido vender la mítica colección al Grup Som, antiguo Cultura 03, editor de los sellos Ara Llibres y Ámsterdam y propietario de la productora Batabat, entre otras empresas culturales.

“A estas alturas de la revolución digital ya sabemos que la potencia está en los contenidos, ahí radica el valor”, justifica Oriol Soler, presidente del Grup Som, una operación en la que también ha intervenido la Fundación Bancaria La Caixa. Ni unos ni otros explicitan el montante, si bien la entidad financiera se habría comprometido a un apoyo económico hasta 2022, año del centenario de la Bernat Metge; asimismo, ha adquirido cinco colecciones enteras, una de las cuales depositará en el Palau Macaya, mientras las otras cuatro serán regaladas a universidades del mundo que se distingan en la difusión de los clásicos.

Soler reivindica la recuperación del espíritu y “el grado de locura que significó en 1922 el proyecto” y lo equipara con algunas de las iniciativas que han llevado a cabo su grupo, como el lanzamiento de una revista de Historia como Sapiens (“hoy, con unos 20.000 ejemplares, es la más vendida en catalán y cuenta con casi 9.000 suscriptores”), el de la guía de ocio Time Out de Barcelona o el del diario Ara, posteriormente vendido. Un punto de atrevimiento tiene relanzar la Bernat Metge, que hoy apenas cuenta con unos 400 suscriptores, lejos de los 2.000 de sus mejores tiempos (“nuestra experiencia y cartera de clientes nos permitirá ampliar las fidelizaciones”), y que, además, es muy difícil encontrar en librerías, ajena por temática, formato (está encuadernada en tela) y precio (35 euros de media) a la vorágine de novedades efímeras que hoy marcan la industria del libro.

El éxito de una operación de relanzamiento en 2009 (y que llevó una selección de 50 de sus títulos en facsímil a los quioscos, logrando captar en algún título a 7.000 compradores) y otra posterior de 2011 (con el diario Ara y que está en la génesis del acuerdo actual con el grup Som), hace cobijar esperanzas al equipo actual en reposicionar la colección. Así, bajo la dirección del editor Raül Garrigasait, coordinador del grupo de edición de la Bernat Metge desde hace ocho años, y del director editorial de Ara Llibres, Joan Carles Girbés, quiere asegurarse la visibilidad de la colección en un selecto grupo de librerías y, en paralelo, en las redes sociales. Este miércoles, un acto en Caixaforum, con intervención del escritor y traductor Joan Francesc Mira, calentaba el 95º aniversario de la iniciativa.

En el plano estrictamente editorial, a razón de cuatro títulos al año, están garantizados ya los próximos 20, bajo la premisa de “ir cerrando proyectos importantes que restan abiertos”, según Girbés. En esa línea estarían previstos los volúmenes finales de La Ilíada de Homero (se han publicado tres), los Discursos de Cicerón, las Tragedias de Séneca o la Metafísica de Aristóteles (esta, para 2018). Abrirá fuego a partir del próximo mayo la sexta entrega de las Tragedias de Eurípides (que incluye Las troyanas), las Argonàutiques, de Cayo Valerio Flaco, y, por vez primera en catalán, la Poética de Aristóteles. Por el momento, manteniendo precios y formatos.

El escritor e intelectual Joan Estelrich, con solo 26 años, fue el brazo ejecutor del proyecto de Cambó. Copió casi literalmente el modelo de la colección francesa Guillaume Baudé; con ella y junto a la inglesa Loeb, hoy son colecciones que honran una cultura. Falló, quizá, en la quimérica voluntad de popularizar masivamente los clásicos grecolatinos: los acabaron comprando una clase media culta, de corte catalanista y cercana a la Lliga. Pero el mecenas creía también que con la Bernat Metge “en estos tiempos de perturbación y de anarquía que vive la Humanidad, y que tan acentuadamente sufrimos en Cataluña, la difusión de la cultura clásica puede hacer un gran bien: puede traernos un sentido del equilibrio y de mesura que no siempre hemos tenido en Cataluña”. La recuperación parece, pues, oportuna.

 

22 marzo 2017 at 10:25 pm Deja un comentario

Tom Holland: «Como Nerón, Trump se ha hecho popular insultando a muchos poderosos»

El autor de «Rubicón» relata en «Dinastía» su novedoso retrato de la Roma de los cinco primeros Césares, donde el poder se reinventó

Tom Holland, ayer en Madrid – ISABEL PERMUY

Fuente: JESÚS GARCÍA CALERO  |  ABC
9 de marzo de 2017

El historiador inglés Tom Holland (Wiltshire, 1968) tiene una habilidad especial para moverse entre emperadores romanos. Después de «Rubicón», su exitosa crónica de la implosión de la República con Julio César, publica en España «Dinastía» (Ático de los Libros), un relato muy diferente del «big-bang» del poder absoluto que supuso el Imperio romano. Los cinco emperadores julio-claudios -Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón- escribieron con sangre, en apenas medio siglo, las páginas de todos los excesos y ambiciones del poder.

Holland es un historiador al que desborda un sentido del humor británico y en ocasiones grueso. Pero claro, hablando de críemenes execrables de los Césares no queda otra que asumir la terminología y dedicarse guiños de humor negro. Holland siempre viaja sonriendo de los emperadores a los políticos actuales, del pueblo de Roma al circo de las redes sociales. ¿Como no divertirse cuando las comparaciones van a ser tan odiosas?

-¿Por qué volver a los Césares?

-«Rubicón» reflejaba en la distancia a la superpotencia americana tras el 11-S y la guerra de Irak. Acababa con el asesinato de César y la implosión de la República. Desde entonces tenía pensado volver a la época para contar cómo los romanos se amoldaron a la pérdida de su libertad.

-¿Lo mantiene?

-Creo que la noción de un mandatario autocrático que centraliza el poder y aun así se presenta como un defensor del pueblo ha adquirido mayor relevancia desde que acabé el libro.

-Dice que con el imperio el poder desaparece de la luz, se va del Senado.

-La República es «res publica», lo que se trata en público. Cuando Augusto promete restaurar la República sabe que no es posible. En su casa del Palatino, de donde viene la palabra palacio, la política se hace en susurros por los pasillos, tal vez en la cama. Así que las mujeres, los esclavos, tienen más influencia que un cónsul.

-¿Sabemos o no lo que pasaba?

-La sombra es más difícil de penetrar. Pero al mismo tiempo los romanos, en un grado en que hoy nos reconocemos, eran adictos a los rumores y los cotilleos. A lo que Trump llamaría noticias falsas (risas) había un montón de noticias falsas en la Roma antigua. Había grafitis por todos lados…

-¿Eran tan útiles como hoy?

-Los rumores, escándalos, eran un arma política poderosa.

-El éxito, el triunfo, ¿construyó a los césares al gusto de Roma?

-La tragedia de la República, en efecto, es la de un pueblo destruido por sus mejores cualidades. Murió de cierto éxito, porque su ethos era una sana competencia, pero esa energía fue canalizada fuera contra los enemigos de Roma. Eso resultó letal. La capacidad para conquistar el mundo hizo individuos más poderosos y ricos tal vez no que los mecanismos de gobierno pero sí que las restricciones morales que habían mantenido el poder repartido.

-Julio Cesar se impone pero muere…

-La violencia solo será superada con una autocracia. Y gana el más implacable y ambicioso de los guerreros. Pero habiendo ganado ya tiene lo que quería y reconoce que la violencia ha cumplido el papel que él necesitaba. Con Augusto, bastaba ya con la amenaza de la violencia, como Brando en el Padrino, cuyo nombre permitía, con solo pronunciarse, que la gente obedeciera.

-¿Estamos hoy en la misma dinámica destructiva las democracias?

-No creo. Todo el mundo reconoce el juego de Putin o Erdogan, que están demoliendo las estructuras democráticas. No creo que soportasen una comparación con Augusto, que fue el más perspicaz y calculador, hasta grados supremos, de la historia política occidental. Ni creo que Trump tenga la paciencia para hacer algo así.

-¿Con quien comparamos a Trump?

-Con Nerón. El emperador descubrió que insultando a los líderes políticos y humillándoles en público se convirtió en alguien increíblemente popular (risas). El modo en que Trump trató a Hillary Clinton, o Jeff Bush, y luego a los inmigrantes y a los musulmanes… le ha permitido darse cuenta de que la gente está encantada con el espectáculo.

-Dijo que podría disparar a cualquiera en la calle sin perder popularidad.

-Nerón mató a su madre. No importa lo que haga que le gusto a la gente. Al menos durante un tiempo.

-¿Ve en el Brexit, el Muro de Adriano?

-Adriano levantó el muro para separar a los bárbaros de los romanos, pero eso es más Trump. El Brexit no resolverá nada. Siempre decidimos si somos parte del continente o una isla. Es posible, y probable, que los británicos fuésemos los únicos que quisimos abandonar el imperio en 410, pero las consecuencias de aquello fueron terribles: una implosión económica y demográfica una ruina total (risas). ¡No fue un colapso de la moneda, nos quedamos sin moneda!

—¿En qué sentido es la Europa que tiende a unirse bajo un mando hija de Roma?

—En la Edad Media estaban el Califato del Islam, Bizancio y el Imperio Franco. Pero no ha habido un conquistador europeo que se mirase en el modelo de Roma realmente. Salvo los autócratas de los años 30 del siglo XX. Los fascistas. Musolini se miraba en Augusto, pero Hitler no lo tenía tan claro, si era Arminio o Varo (risas). La unión de Europa, incluye vastas regiones que nunca conocieron a Roma, como Escandinavia. Y luego está la ambivalencia del colonialismo.

-¿Qué?

-Que Francia o Gran Bretaña se miraban en los héroes ancestrales de la libertad que lucharon contra los romanos y a su vez tenían que pensarse como Romas de sus respectivos imperios.

-Ha cambiado el retrato de los emperadores. ¿Por qué?

-Si vemos a Calígula, es muy conocido por «Yo Claudio» y vimos a John Hurt abrir el vientre de su hermana embarazada, pero eso no estaba en el libro de Robert Graves. Suetonio escribe apenas unas décadas tras la muerte de Calígula, y se basa en fuentes que le pintan como un monstruo. Si miramos a las primeras fuentes sobre Caligula, como Séneca -que le odiaba- no comenta nada del incesto. El desafío es volver atrás y tratar de retratar a Calígula tal como debió ser.

-¿Cómo?

-No estaba loco. Era un gobernante muy amanerado, que mantuvo el imperio en paz y era terriblemente popular. Cuando murió hubo disturbios en Roma. Lo que hacía al ofrecer esos espectáculos de humillación de senadores, porque su poder se basaba en el ejército y podía hacer lo que quisiera.

-Distinto era Tiberio

-Tiberio fue brillante en los tabajos grises. Estabilizó las fronteras, algo muy necesario, y fue el padre de la idea de que hay una zona civilizada y otra bárbara. Y de que puedes amurallarla. Tiberio era muy austero, casi vegetariano, y a los romanos no les gustaba. Preferían algo más glamuroso. Calígula entró en Roma con un carro tirado por seis caballos, y el pueblo gozaba viendo a su emperador conducir su deportivo (risas). Es brutalmente divertido recordar lo que dijo en el Senado. «Sois patéticos, os arrastráis ante el emperador, os desprecio y la prueba es que mañana me daréis las gracias por ello». Y se las daban. Vio cómo el poder del Senado se había convertido en polvo y sabía que tenía el respaldo del ejército y del pueblo.

-Ha corregido mucho el retrato del popular emperador Claudio

-Es que era un retrato falso, que Robert Graves hizo para que encarnase a un buen británico de clase alta de los años treinta del siglo XX. Ese Claudio no era romano en absoluto (risas), encarnaba los valores del propio escritor. Suetonio dice que de los tres espectáculos que solían ofrecer los Césares: gladiadores, ejecuciones y luchas con bestias, Claudio tenía un gusto muy específico para las ejecuciones, que no necesitaban mucha habilidad, que solo trataban de torturar hasta la muerte a alguien. Visto desde nuestro mundo era un hombre muy conservador. Incluso construye un acueducto y lo decora como un anticuario. Graves afirma que quería la vuelta de la República y es justo lo contrario. Trajo de vuelta a los Pretorianos en un golpe

-¿Y Nerón? Le brillan los ojos cuando habla de él…

-Es mi favorito. Además de Suetonio tenemos el libro de la Revelación que le pinta como «la Bestia» y también como «la Ramera de Babilonia». Pero cuando murió siempre tuvo flores en su tumba. Tuvo un gran carisma. Fue, como Calígula, un emperador que fundó su poder en el amor del pueblo, que cultivaba de modo ciertamente extravagante. Literalmente encarnó a la más grande estrella en el teatro del mundo de manera consciente y fue capaz de hacerlo por lo bueno que era en eso. Imagine un presidente de Estados Unidos como cabeza del festival de Glastonbury o de un gran festival musical. Imagine un presidente ganando en Formula 1. Nerón ganó una carrera de carros a pesar de haber estrellado el primero que usó. Y era peligroso seguir en la pista con los caballos y las ruedas pasando a toda velocidad. El pueblo pensaba que eso era tremendamente «cool» y lo adoraba.

-Pero mató a su madre

-Porque para él era una amenaza. Creó que en algún momento pensó que matar a su madre sería lo que un héroe mitológico o un semidios haría. Incluso, después de matarla hizo de Orestes, en matricida, en una representación pública.

-Viendo esto, creo que el papel de las mujeres en ese tiempo trasciende todos los tópicos

-En este periodo tuvieron una importancia que no habían tenido en ningún otro periodo. Si el poder está en manos de un autócrata y tú estas casada con él, tienes un gran poder. Y como en el caso de Augusto, si comienza a ser venerado como un dios, la mujer puede quedar embarazada de su estirpe divina, eso la convierte en un valor político, inédito hasta entonces. Sus vientres se convirtieron incubadoras de poder. Pero al mismo tiempo se volvieron peligrosas, y por eso tantas mujeres de la familia imperial fueron eliminadas. Para ello, desgraciadamente, a casi todas se les acusó primero de prostituirse o cometer adulterio, lo que permitía ejecutarlas. Era tan peligroso ser mujer que cuando Nerón muere ya no quedaba ni un solo descendiente de Augusto.

-Se ha impuesto una corrección política en la Universidad inglesa que ha causado polémica porque quiere silenciar incluso el estudio de filósofos clásicos…

-Bueno, para ser justos, en este caso concreto que cita, uno puede entender que en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos algunos alumnos exijan que haya menos filósofos occidentales en el programa, pero el problema en la Universidades no es de censura, sino de que hemos creado una forma normativa de ver las cosas y muchas veces no representa el pensamiento de la gente. Eso y, por supuesto, que no debemos olvidar que todos los estudiantes dicen cosas estúpidas alguna vez (risas).

-Usted recibió ataques por un documental sobre el origen histórico del Islam.

-Pero no creo que esté en peligro la libertad de expresión. Lo ocurrido nos recuerda lo importante que es decir lo que se piensa y estar preparado para hacer las cosas a través del consenso. Lo único que hice fue aplicar metodología histórica al Islam, como aplico a cualquier ámbito de estudio. No ha pasado nada, tuve problemas pero mi vida sigue adelante. Estuve amenazado durante un tiempo, fue molesto, desagradable, pero al final no ocurrió nada. Ahora me han encargado otro documental sobre si el Daesh es islámico. A ver…

 

9 marzo 2017 at 6:38 pm Deja un comentario

Sacrificios, sexo salvaje y depravación en la Antigua Roma: el atroz origen de San Valentín

Las celebraciones en las que se basa esta jornada son las Lupercales («la fiesta de la licencia sexual») y el día en honor de la diosa Juno Februata

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Las Lupercales – ABC

Fuente: MANUEL P. VILLATORO  |  ABC
10 de febrero de 2017

Ni amor, ni pequeños angelitos capaces de volar y de lanzar flechas para entrelazar el destino de dos tortolitos. El origen del Día de San Valentín poco tiene que ver con lo que, a día de hoy, se celebra el 14 de febrero. Por el contrario, esta fiesta en honor a los enamorados se basa en las Lupercales, un festival de depravación y sexo salvaje que se llevaba a cabo en la Antigua Roma con varios objetivos. Entre ellos, lograr que los jóvenes se iniciaran en la sexualidad y perdieran el miedo a mantener relaciones entre sí. La celebración era tan bárbara e imposible de erradicar que la Iglesia se vio obligada a sustituirla por el actual día de los enamorados en el siglo V.

Con todo, esta es solo una de las teorías existentes sobre el origen de San Valentín. Algunas fuentes creen que también se basa en otra fiesta pagana que se quería «cristianizar»: la que se hacía en honor de Juno Februata. El autor John M. Flader afirma en su obra «Tiempos de preguntar. 150 cuestiones sobre la Fe Católica» que, en la Antigua Roma, existía la costumbre de honrar a esta deidad introduciendo los nombres de las jóvenes de la ciudad en una caja. Cada uno de ellos era extraído por un chico y la pareja resultante quedaba unida a nivel sexual. Nuevamente, lo pecaminoso de la celebración hizo que fuera modificada. «Al final, se sustituyeron los nombres de las chicas por los de los santos», afirma el autor.

Lupercales: barbarie y golpes en Roma

Las Lupercales, según la mayoría de los expertos, eran unas fiestas celebradas en la Antigua Roma que incluían varios ritos para que los adolescentes se iniciaran en las relaciones sexuales. Con todo, y según explica el autor Jean-Noël Robert en su obra «Eros romano: sexo y moral en la antigua Roma», el origen de esta celebración ya se consideraba entonces mitológico. «Se trataba de una de las ceremonias más arcaicas, ya que numerosos especialistas coinciden en decir que se remontaba a los tiempos del caos, mucho antes de la fundación de Roma, en la que sin duda se hacían sacrificios humanos», señala.

Oficialmente, la fiesta se celebraba en la misma gruta (la Lupercal) en la que se creía que una loba había amamantado a los fundadores de Roma (Rómulo y Remo) después de que estos hubieran sido abandonados en el río por su familia.

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Jóvenes disfrazados de lobo – Wikimedia

El escritor Carlos Goñi relata en «Una de romanos: un paseo por la historia de Roma», este curioso episodio: «Marte, el flagrante dios de la guerra, amó en secreto a [una joven], quien concibió dos mellizos. Cuando nacieron, [el tio de la chica, Amulio] introdujo a los pequeños en una cesta y los expulsó al Tíber, convencido de que morirían. Sin embargo, la cesta vino a parar a un remanso del río. Los niños empezaron a llorar y la loba los descubrió. El animal los amamantó en una gruta al sur del Palatino, llamada Lupercal».

Desde aquella gruta se iniciaban las Lupercales de manos de un sacerdote. Este era el encargado en primer lugar de sacrificar un carnero en honor a Fauno (el dios de la naturaleza). Lo hacía con el mismo cuchillo con el que, posteriormente, embadurnaba la cara de dos «lupercos» o «luperci» (los jóvenes que debían pasar por aquel ritual).

Mientras corrían, los «lupercos» iban dando latigazos a todo aquel que se ubicaba frente a ellos

«Después, secaba los restos de sangre con vellón de lana mojado en leche; en este punto los dos muchachos debían prorrumpir en risas», explica el autor de «Eros romano». ¿Por qué esta reacción? Al parecer, porque de esta forma emulaban la victoria de la vida sobre la muerte. La «resurrección» por la que, en definitiva, habían pasado los fundadores de la ciudad tras verse abandonados y haber sido recogidos por el animal. Una vez que habían sido ungidos por el sacerdote, estos dos jóvenes (que casi siempre iban desnudos, o ataviados únicamente con taparrabos fabricados con la piel de los animales sacrificados) salían de la gruta. El ritual no acababa en este punto, sino que iniciaban una carrera desquiciada a través de Roma por un itinerario previamente planeado. Un trayecto que llevaban a cabo mientras proferían obscenidades. Mientras corrían, los «lupercos» iban dando latigazos -con una correa fabricada también con los restos del carnero- a todo aquel que, voluntariamente, se ubicaba frente a ellos.

El principal objetivo eran, no obstante, las mujeres en edad de ser madres. «La opinión en que estaban las mujeres era que estos latigazos contribuían a su fecundidad, o a su feliz libertad», se explica en el «Diccionario Universal de Mitología». Las chicas, de hecho, consideraban todo un honor que los «lupercos» les diesen un correazo, pues era una forma de que los dioses les asegurasen un retoño. Los hombres zurrados, por el contrario, entendían que aquellos golpes les purificaban y les permitían entrar «limpios» en el nuevo año (que comenzaba entonces en marzo). Es decir, que llevarse una marca a casa era símbolo de buena suerte.

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Lupercales – Wikimedia

A pesar de todo, los autores le atribuyen varios significados a esta fiesta. Robert señala, por ejemplo, que mediante aquella carrera la «ciudad revivía sus primeros momentos, aquellos en que había pasado de la barbarie y el caos a la civilización, a una nueva vida». Otros tantos son partidarios, por el contrario, de que la ceremonia era principalmente un rito de iniciación entre los más jóvenes. El autor Pierre Jacomet es uno de ellos. El escritor afirma en una de sus obras que aquellas eran «ceremonias destinadas a alejar el miedo a la sexualidad, el temor de ser incapaz, el terror a no poder cumplir con el ritual de la fertilidad, que es la cópula, a perder la calidad de ciudadano del mundo».

¿Qué sucedía después de la carrera? Las teorías son varias. Algunos autores como Jon Juaristi explican en «El bosque originario» que las Lupercales podrían incluir «ritos orgiásticos como la prostitución propiciatoria de las pastoras». Robert, por su parte, añade que ese día también se celebraban otros tantos rituales como «el sacrificio de un perro», una invocación a Juno, o un banquete».

La confusión con Juno Februata

Pero San Valentín no solo podría tener su origen en las Lupercales. Como ya se ha señalado anteriormente, también sería posible que se basara en la fiesta que los romanos celebraban en honor de Juno Februata (la diosa de las purificaciones, según se explica en «Panlexico, vocabulario de la fabula»). No obstante, existe cierta controversia en torno a esta festividad. Algunos autores afirman que era una celebración situada el día 14, mientras que otros la ubican el 15 y, algunos más, llegan a señalar que se celebraba entre el 13 y el 15.

La controversia en torno a esta ella es total. Determinados historiadores señalan que realmente se correspondían con las «februales», unas celebraciones que duraban casi medio mes y que se llevaban a cabo en febrero. Las mismas en las que se detenía el culto al resto de divinidades (pues sus templos se cerraban) y, curiosamente, los matrimonios estaban prohibidos.

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Los “luperci” dan latigazos a las mujeres – ABC

Las teorías sobre cómo se celebraban las fiestas en honor de Juno Februata son también varias. Algunos autores afirman que en ellas se llevaban a cabo sacrificios mientras los presentes portaban antorchas. Otros escritores como Flaver son partidarios de que, en base a las fuentes clásicas, se festejaban de una forma mucho más romántica: «Existía la antigua costumbre de que el 15 de febrero los chicos escribieran los nombres de las chicas en honor de la diosa Juno Februata».

También se cree que, posteriormente, las «papeletas» (por así llamarlas) eran guardadas en una caja y cada joven extraía una. Esa sería su pareja sexual, y con ella llevaría a cabo sus fantasías más perversas. «Para cristianizar dicha costumbre, se sustituyeron los nombres de las chicas por los de los santos», completa el experto. El historiador del XVIII Alban Butler es en quien se basa principalmente este experto, el cual es secundado por otros posteriores como Jack Oruch.

Cristianización

La brutalidad de las Lupercales, así como la necesidad de cristianizar la fiesta ante la imposibilidad de que la olvidasen los ciudadanos, provocó que -allá por el siglo V- la Iglesia tomara cartas en el asunto. Así lo afirma el periodista e historiador Jesús Hernández (autor del blog «¡Es la guerra!») en su obra homónima: «La fiesta de San Valentín fue instaurada en el año 498 por el papa Gelasio I, probablemente en un intento de eliminar la efeméride pagana de las Lupercales, que se celebraban el 15 de febrero. Un festejo relacionado con el amor y la reproducción».

En palabras de este autor, se eligió sustituirla por San Valentín en base a que este religioso desafió a Roma en el siglo III en nombre del amor. Por entonces, el emperador romano Claudio II Gótico (214-270 d.C.) consideraba que «los soldados que estaban casados pecaban de conservadores en el campo de batalla, en unos momentos en los que las fronteras se veían acosadas por alamanes y vándalos».

«Los soldados que estaban casados pecaban de conservadores en el campo de batalla»

El político, que de tonto no tenía un pelo, decidió que lo mejor para que sus legionarios se dejasen la vida y derrochasen valor en el frente era prohibirles contraer matrimonio. Si nadie les esperaba en su hogar, no tendrían reparos en batirse a pilum y gladius.«San Valentín era entonces el obispo de la ciudad de Iteramna (hoy Terni, en Italia), y se avenía a celebrar en secreto las bodas de aquellos soldados que no querían cumplir esa orden del emperador», añade Hernández.

Como era de esperar, al ser descubierto fue apresado por el líder, quien le decapitó el 14 de febrero del año 269. «Se cree que fue enterrado en la Vía Flaminia, a las afueras de Roma, lo que hizo que durante la Edad Media la Puerta Flamina fuese conocida como Puerta de San Valentín», completa el historiador y periodista. En todo caso, la veracidad sobre la biografía del santo hizo que la Iglesia Católica eliminara esta festividad del calendario en el año 1969.

jesushernandezCon todo, existe otra versión sobre esta historia. Según desvela el dossier «El día de San Valentín» (editado por la Consejería de educación en el Reino Unido e Irlanda), Valentino era, allá por el siglo III, un cristiano que continuó practicando su religión a pesar de la prohibición romana. Sus principios le llevaron a la cárcel, donde uno de los guardias le pidió que diese clases a su hija ciega. Tras varias jornadas a su lado, la pequeña recuperó la vista y se convirtió al cristianismo al entender que era la fe verdadera.

«Añade la leyenda que la víspera de la ejecución, Valentino envió una última nota a la niña pidiéndole que se mantuviera en la fe. La nota iba firmada: “de tu Valentino”. Al día siguiente, 14 de febrero, Valentino fue ejecutado. Sus restos se conservan en la Basílica de su mismo nombre, en Terni, donde cada año, el 14 de febrero, las parejas que van a casarse celebran un acto en honor del Santo», se señala en el informe.

 

13 febrero 2017 at 8:42 pm 2 comentarios

El latín, ¿lengua oficial de la UE?

El éxito editorial de un profesor italiano demuestra que el idioma fundacional de la cultura europea goza de buena salud y podría resucitar como argumento identitario para un continente en horas bajas

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El arco de Tito, en el foro de Roma, construido para celebrar las victorias del emperador en Judea. / RON SACHS (CORDON PRESS)

Fuente: RUBÉN AMÓN  |  EL PAÍS
9 de febrero de 2017

Una de las escenas más pintorescas de Il sorpasso (Dino Risi, 1962) concierne al pasaje en que unos sacerdotes alemanes detienen el Alfa Romeo descapotable donde viajan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Se les ha averiado su coche, han pinchado, necesitan un gato, pero no saben cómo explicárselo a sus interlocutores. Y es entonces cuando uno de los curas decide hacerlo en latín: “Elevator nobis necesse est”.

Trintignant, que es francés, explica la problemática a Gassman, que es italiano, pero no puede satisfacer la emergencia de los religiosos. Y les responde inequívocamente: “Non habemus gato, desolatus”.

La escena es ilustrativa de la raigambre del latín en la cultura occidental. De su vigencia como argumento de comunicación. Y hasta de su valor identitario en el acervo de continente, más aún ahora que las presiones de Trump y de Putin han estimulado una suerte de reacción y de orgullo.

El inglés predomina sobre las demás lenguas y es la más extendida en los planes escolares. El problema es que identifica también un sabotaje, el sabotaje del Brexit. Y que podría subvertirse, hasta el extremo de convertir el latín en el idioma hegemónico de la Unión Europea. Tolerando incluso expresiones tan macarrónicas como el “desolatus” de Gassman.

La idea, la provocación, proviene de un profesor italiano, Nicola Gardini, y de la popularidad —de la fiebre— que ha adquirido en su propio país un ensayo, un libro, concebido, en realidad, sin las menores ambiciones comerciales.

Las ha conseguido como si la sociedad estuviera reclamando un ejercicio retrospectivo de autoestima hacia una lengua que está demasiado viva para considerarla muerta. La LOMCE española (2013), por ejemplo, la ha rehabilitado como asignatura troncal del bachillerato, pero el latín también representa un vehículo de comunicación extraordinario en el ámbito del derecho, la medicina, la filosofía, la liturgia religiosa, el ejército, la ingeniería, la arquitectura y el lenguaje cotidiano.

Decimos motu proprio, quid pro quo, de facto, ergo, ex profeso o in extremis, quizá no demasiado conscientes de que estamos evocando un hito fundacional de la cultura europea cuyo aliento todavía relaciona sobre el asfalto a un cura alemán con un latin lover italiano.

Es el contexto en el que ha resultado providencial la publicación de Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile. Ocho ediciones lleva la iniciativa de la editorial Garzanti, y el título no requiere de traducción al español, precisamente por la raíz común del idioma. Y porque España fue uno de los territorios más fértiles de la romanización, y también más dotados en la exportación de talentos al imperio. No ya por las figuras de Adriano o Trajano en la nómina de los emperadores, sino por la envergadura de filósofos y escritores que contribuyeron a enriquecer el latín.

Nicola Gardini destaca a Séneca. Y se congratula de la felicidad que nos ha proporcionado el maestro estoico. Tanto en la forma cristalina de su literatura como en los matices conceptuales. Vivir el presente —aunque el carpe diem es de Horacio—, eludir la superstición de la esperanza, disfrutar lo que tenemos mucho más que frustrarnos por aquello que nos falta.

“El latín de Séneca”, escribe Gardini, “es el reflejo directo de su lucidez y de su propensión a la síntesis, va derecho al meollo de las cuestiones, sin complicaciones, sin alzar la voz. Un latín espontáneo. Un latín de quien medita y de quien transforma las ideas en reglas de vida”.

Es el antagonismo perfecto a la retórica ampulosa de Cicerón, aunque Gardini no se la reprocha. Todo lo contrario, le atribuye un valor muy superior al artificio lingüístico. Sostiene que Cicerón dice las cosas adecuadas de la manera adecuada. Y que su oratoria es una ciencia de las emociones, pero también el medio desde el que se desglosa un sistema de valores. “Hablar bien es una filosofía. Escribir bien es una manera de hacer el bien. Y Cicerón lo ha demostrado, exponiendo su propia elocuencia al servicio de una sociedad amenazada por la tiranía. Fue el enemigo jurado de cualquier despotismo y fue un heroico portavoz del Senado. Su arma fue una palabra: libertas” (libertad, si es que la traducción hace falta).

Regresar al latín, a juicio de Gardini, no sería una regresión ni una extravagancia anacrónica, sino un recurso de Europa para reconocerse en su identidad y en el idioma que la ha estructurado en su idiosincrasia civilizadora. Escribir y hablar en latín nos haría buenos, como Cicerón. Y obscenos, como Catulo. Y conmovedores, como Virgilio. Y profundos, como Lucrecio, aunque este monumento de la lengua latina nunca se hubiera engendrado sin la evangelización de Catón (234-149 antes de Cristo) y de Plauto (250-184 antes de Cristo). Sujetaron ellos las columnas del idioma, predispusieron el primer hálito de un prodigio que ha sobrevivido mucho más allá de su tiempo y de su espacio. Lo demuestran las misas pontificias y las patadas que le damos al diccionario latino (de motu propio, a grosso modo, el quiz de la cuestión…), tanto como lo hacen la adhesión al idioma en que llegaron a significarse por los siglos de los siglos Patriarca, Milton, Ariosto, Tomás Moro, pero también Rilke, Montale, Beckett, Joyce o Jorge Luis Borges.

“No sin cierta vanagloria, había comenzado en aquel tiempo el estudio metódico del latín”, escribió el sabio argentino. Evoca la frase Gardini al inicio de su ensayo. O habría que decir en el incipit, pues cualquier libro está lleno de expresiones y abreviaciones latinas (circa, sic, op. cit.), como los garbanzos que el profesor italiano nos ha puesto por delante para seguir el camino hacia “la plenitud cultural” y la resistencia ciceroniana.

“Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas”. Y para entenderse con un cura alemán que está tirado con el coche en la carretera. Y decirle: “Desolatus”.

 

9 febrero 2017 at 6:32 pm 1 comentario

Diálogos con Catulo

Los ‘Diálogos’ de Ana Pérez Vega con el poeta latino nos acercan aún más de lo que lo hacen sus versos a una de las voces más vivas de la Antigüedad

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Fuente: IGNACIO F. GARMENDIA / ALFONSO CRESPO  |  Diario de Cádiz
5 de febrero de 2017

Desde el redescubrimiento de su obra a principios del XIV, que puso fin al largo silencio de la Edad Media y restituyó el prestigio del que había disfrutado tras su aparición en el último siglo antes de la Era, Catulo es uno de los poetas mayores de la lengua latina que nunca había sonado tan dulce -o tan amarga- como en los versos del veronés, el autor más conocido entre aquellos poetae novi -despectivamente motejados de neotéricos por Cicerón- que se alejaron de la proverbial gravitas romana para recrear los modelos griegos y en particular la lírica alejandrina de Calímaco, pero también la arcaica de la venerada Safo a la que el propio Catulo homenajeó en versiones memorables. Poco más de treinta años le bastaron para abrir una línea que sería celebrada por los más altos poetas del Imperio -de Virgilio a Marcial, pasando por Horacio, Propercio u Ovidio- y sigue deslumbrando por su frescura y elegancia, por su admirable combinación de ingenio, gracia e ironía, por esa maravillosa desvergüenza que han tratado de disimular los traductores más pudibundos. La de Catulo, filoheleno como muchos latinos de la edad de oro, es una voz más de dos veces milenaria pero increíblemente cercana, que inauguró un tono de intimidad desconocido -poesía de la experiencia, al margen del trasfondo autobiográfico- en el que pueden reconocerse los lectores de cualquier tiempo.

Asociamos su nombre a una lírica ligera, famosamente licenciosa, pero la variedad de registros es una de sus cualidades y tanto en los poemas amorosos como en los de asunto mitológico o en los epigramas satíricos, terreno en el que brilló su talento para la invectiva, hay también una veta comprometida que se refleja en una mirada muy crítica sobre los políticos o la sociedad de su tiempo. Fruto de una familiaridad profunda con la obra de Catulo, que ha traducido, comentado y explicado a sus alumnos desde hace décadas, estos Diálogos de Ana Pérez Vega ofrecen la versión castellana y una personalísima aproximación a cada uno de los 113 poemas que integran el corpus catuliano, tradicionalmente agrupados conforme a criterios métricos en tres bloques o libelli que no siguen una ordenación temática ni tampoco, en las series o ciclos dedicados a personajes recurrentes, un itinerario cronológico. Estos personajes son, en primer lugar, la inmortal Lesbia -trasunto de Clodia, la voluble esposa del gobernador Metelo a la que el desdichado Catulo amó y odió simultánea o alternativamente- y el hermoso Juvencio cuyos favores le disputaron los rivales Furio y Aurelio, pero hay otros amigos o enemigos que lo son a menudo en relación con sus aspiraciones sexuales o afectivas.

La conversación que entabla la traductora con los poemas de Catulo -con el mismo Catulo, al que se refiere siempre en segunda persona- parte de un conocimiento exhaustivo tanto de sus versos como del aludido trasfondo biográfico, pero todo ese bagaje no comparece en la forma habitual -distanciada, aséptica, limitada a los meros datos- de las anotaciones eruditas, sino de una original manera que, siendo rigurosa y coherente con el propósito divulgativo, cabe además calificar de literaria. Leemos de este modo los poemas traducidos y a continuación la glosa donde Pérez Vega contextualiza cada uno de ellos por su vinculación al conjunto, pero también entra a fondo en el contenido y en lo que este revela -“tu alma en tus versos”- del poeta o del hombre, revisando a veces sus primeras lecturas o confrontándolas con su visión actual. Tienen por eso sus disquisiciones algo de autorretrato no expreso, por ejemplo a través de las citas de otros autores, incluidos los contemporáneos, que dialogan, ellos también, con los versos de Catulo y abundan en los temas -el amor o el desamor, la búsqueda de lo bello y bueno, la denuncia de la corrupción en cualquiera de sus formas- de su gran poesía.

La figura de Catulo se nos aparece en los comentarios de Pérez Vega como la de un hermano muy querido, cuyos gozos o melancolías, arrebatos o explosiones de furia, experimentamos de un modo solidario o casi en carne propia. “Qué idénticos fueron tu mundo y el nuestro, vuestros corazones y los nuestros”, concluye Pérez Vega, pues si es mucho lo que nos une, pese a los siglos transcurridos, a la sociedad romana de finales de la República, la semejanza es completa en todo lo referido a los amenos o desconsolados dominios de Eros. Lo prueba esta prodigiosa colección de poemas que ha mantenido intacta su capacidad para conmover y es abordada aquí desde una posición de absoluta empatía. Su autora tiene por oficio la filología y no ha dejado de cultivarla en los Diálogos, sólo que de una manera ciertamente heterodoxa: haciendo honor al significado etimológico de un término que remite -aunque algunos de sus practicantes parezcan haberlo olvidado- al puro amor por la palabra.

DIÁLOGOS CON CATULO (En torno a la poesía y las artes)
Ana Pérez Vega. Isla de Siltolá. Sevilla, 2016. 288 páginas. 15 euros

5 febrero 2017 at 11:56 am Deja un comentario

Virgilio y las abejas

abejas

ULISES CULEBRO

Fuente: RAÚL DEL POZO  |  EL MUNDO
24 de enero de 2017

Los poetas han abandonado las églogas y militan en la lírica urbana, el neobarroco intimista o la nueva sentimentalidad; apenas hablan del campo. Los renacentistas cantaban los amores de los pastores, narraban como las palomas zureaban en las torres. Ahora los pastores son rumanos y las palomas turcas. No es que echemos de menos la poesía bucólica, es que si desaparecen las palomas, las alondras, los ruiseñores y las abejas de la poesía, desparecerá después el hombre. “Tú no has nacido para la muerte, ¡oh pájaro inmortal!”, le dice Keats al ruiseñor. Pero las abejas cada vez viven menos en los sonetos y apenas se las ve bebiendo el rocío de las corolas en los libros de poemas, desde que las invocaran como trabajadoras puras y ojivales.

Como todos los años en enero los de Greenpeace nos dan el aviso: el 2017 es el año decisivo para las abejas. Los neonicotinoides, familia de insecticidas, los más vendidos del mundo, diseñados para matar a los insectos considerados como plagas, siguen exterminando a las abejas. Estos insectos laboriosos, republicanos con reina, que superan en la estructura de sus células de cera la habilidad de un arquitecto, construyen almenas góticas de exactitud inexplicable; no solo son la metáfora de la organización social sino el eslabón esencial de la biodiversidad y la existencia humana. Las abejas son esenciales en la producción de alimentos gracias a la polinización cuando están muriendo a millones como los abejorros y las mariposas.

En la época de los partidos verdes hay pocos poetas que escuchen el llanto de la tierra herida cuando 2.000 años antes de los ecologistas, un poeta -según Emilio Lledó un lechón de la piara epicúrea- hizo de la naturaleza bandera. Lo recordamos en estos tiempos malos para la lírica, cuando el nuevo emperador niega el cambio climático y la amenaza a las especies. Hablo de Virgilio, con Homero y Shakespeare la tríada inmortal, el que a pesar de vivir en el Palatino, escuchaba el concierto del bosque. El poeta imperial dejó escrito en su epitafio: “Canté a los pastores, a los campos y a los caudillos”. Y Suetonio escribió: “Preñada de él, soñó su madre que pariría una rama de laurel, que al tocar tierra, echó raíces y creció al momento hasta formar un árbol adulto y henchido de varias frutas y flores”. Cervantes aspiró a ser el Virgilio español. “Yo he leído a Virgilio” exclama Don Quijote. Borges bromea diciendo que si Virgilio y La Eneida son obras de Homero, son las que le salieron mejor. De deslumbrante poesía -ahora que todos estamos amenazados- hay que citar las Geórgicas, donde las abejas son el símbolo de la ciudadanía, los “pequeños romanos” que siguen al rey -no sabía que era reina- libres de pasiones, se suicidan trabajando y mueren felices por la comunidad. El tiempo es breve e irreparable, se va para no volver, pero según el poeta, mientras el río corra, los montes hagan sombra, en el cielo haya estrellas y zumben las abejas debes estar agradecido a la vida.

 

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24 enero 2017 at 9:12 pm Deja un comentario

Asterix y Obélix salen de Francia en el álbum número 37 de su historia

La editorial Albert René, que publicará el libro en octubre, mantiene en secreto los escenarios donde transcurrirá esta nueva aventura

asterix-obelix-francia

Fuente: EFE  |  ABC
20 de enero de 2017

Un nuevo álbum de aventuras de Asterix y Obelix que se desarrollan fuera de Francia en escenarios que se mantienen confidenciales, el número 37 de su historia, se publicará el próximo mes de octubre, anunció la editorial Albert René.

Este nuevo álbum será el tercero a cargo de la pareja formada por el dibujante Didier Conrad, y Jean-Yves Ferri, responsable del guión, y coincidirá con dos aniversarios de los dos creadores de los famosos personajes de cómic. Este año se celebra el 90 aniversario de Albert Uderzo, y el 40 aniversario de la muerte de René Goscinny, para los que se han organizado diferentes homenajes.

Sobre el contenido de las nuevas historias que saldrán a la venta el 19 de octubre, Albert René se limitó a avanzar que «se tratará de un viaje al extranjero como lo quiere la tradición de la alternancia», en alusión a que el último cómic, «El papiro de César» (2015), se desarrollaba en Francia.

«Nuestros héroes embarcarán esta vez a los lectores para una aventura más allá de las fronteras. En el programa: visita de monumentos históricos, descubrimientos gastronómicos y otros encuentros con autóctonos y famosos». Y todo eso aderezado con «aventura humana, humor, personajes deliciosos y situaciones rocambolescas».

Hasta ahora, se han vendido 370 millones de ejemplares en todo el mundo en 110 lenguas y dialectos, de los diferentes álbumes de los famosos galos bajo el imperio romano.

 

20 enero 2017 at 5:01 pm Deja un comentario

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