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Luis Alberto de Cuenca: “La democracia tiene el riesgo de convertirse en una dictadura de la mediocridad y degenerar en demagogia”

Luis Alberto de Cuenca es un humanista pop. Premio Nacional de Crítica (1986), de Traducción (1987) y de Poesía (2015). Le interesa toda la cultura desde antes de Cristo. Como a Terencio. Fue secretario de Estado de Cultura en la etapa Aznar, en el equipo de Esperanza Aguirre

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Luis Alberto de Cuenca es un humanista pop. ÁLVARO GARCÍA FUENTES

Fuente: ÁLVARO SÁNCHEZ LEÓN  |  El Confidencial Digital
17 de septiembre de 2016

El último Premio Nacional de Poesía detesta a los que van de poetas, y tiene medalla de oro en decatlón cultural. Escribe, critica, traduce, observa, reflexiona, investiga, comenta, escucha, ensaya y contempla. Nada de lo humano le es ajeno: desde Sexto Empírico hasta Tintín. En su biografía conviven sin estridencias Eurípides, Esperanza Aguirre, Loquillo y Quentin Tarantino. Iconoclasta del “igualitarismo atroz”. Martillo contra los herejes de la pedagogía que expulsan a las humanidades de las aulas. Político eventual con experiencia y libertad de reflexión. Pre romántico. Post marxista. Uno de la generación del 68 que cree utópicos los versos de Podemos. Ve a Sabina en la RAE. Y a Rajoy leyendo a Homero cuando cuelgue las botas. Un vitalista con la cabeza amueblada de muchos libros, mucha vida y mucha gente.

A esa altura de Madrid en que la calle Alcalá se aburre de sí misma antes de desaparecer del mapa, está la isla. Entre naves al por mayor y  edificios efímeros grises, baratos e inanes, deslumbra el faro. En la mediatriz de Albasanz tiene su sede el Centro de Ciencias Humanas del CSIC, un buque con hechuras de cárcel, lleno de luz y de sabiduría, donde parece imposible que se aposenten las musas…

En este rincón aparentemente insípido se teje la alta cultura española, y aquí trabaja Luis Alberto de Cuenca. Entre estanterías de formica en serie, en este laberinto de individualidades emergentes curra en prosa el poeta, filólogo, traductor, ensayista, crítico, docente, caballero-de-andar-por-casa-sin-ínfulas-de-sonetos-divinos, y hombre cotidiano tan de asfalto y loseta como los tipos en vaqueros del siglo que vivifican sus versos.

De Cuenca es de Madrid de toda la vida. Del Pilar. El año pasado se llevó a la saca de sus galardones el Premio Nacional de Poesía. En sus repisas ya habían echado raíces el Premio Nacional de Crítica y el de Traducción. Llano y esdrújulo. Helénico y pop. Culto y popular. Un escéptico con capacidad para la sorpresa.

Sobre sus espaldas, mucha tinta, muchos libros, muchos versos, y algo de experiencia política. Fue secretario de Estado de Cultura, con Esperanza Aguirre ministra del ramo y mientras José María Aznar gobernaba el último gobierno español de la derecha democristiana.

Sin Gobierno. Con Platón. Con la vuelta al cole y la Educación en babi. Con los versos latentes de un verano semental. Con fondo, pero en viñetas, ordeñamos con preguntas a un humanista pop de los que contagian ilusión por aprender. Como si fuera un Terencio sin formoles, deshilachamos el libro de su sabiduría…

Tengo un hambre feroz de preguntas esta mañana / Voy a empezar con usted un desayuno lleno de preguntas…

¿Ha sido prolífico en versos este verano?

Sí. Habré escrito unos 40 poemas. Una barbaridad. Se parece un poco a la situación que atravesé en el verano de 2012, que fue el más prolífico.

O sea, que de ahí puede salir otro Cuaderno de Vacaciones

De hecho ya hay otro Cuaderno de Vacaciones sin los poemas de 2016. Tenía poemas escritos de 2013, 2014 y 2015. Quizá sea un libro que convenga talar para que no resulte demasiado largo.

Cuándo lee los periódicos, ¿piensa muchas veces: “No queda más remedio que volver a los libros”?

Soy mal lector de periódicos. Me da un poco de vergüenza confesarlo… Si fuera lector asiduo lo pensaría, sin ninguna duda.

¿Su poesía tiene esencias de noble periodismo?

Creo que sí. Me siento también periodista. Siempre me he encontrado muy a gusto como columnista y reseñista en la prensa, y hay un diálogo permanente entre mis columnas y mis poemas.

Lo digo también porque en sus poemas hay mucha calle.

Desde que, a los 16 años, descubrí que se podían abrir las ventanas y al otro lado de la biblioteca discurría una brisa muy agradable que me acariciaba la cara, sí. Antes, pensaba que sólo había biblioteca.

He leído sus respuestas a decenas de entrevistas. Su biografía y sus gadgets me han parecido un sumario interesante para una revista cultural libre, y con presupuesto…

Soy multifacético, y eso me divierte. Acotarse demasiado en una determinada parcela es empobrecer el destino individual que tiene cada uno. Son muchas las puertas que seducen a las personas, y hay que abrir la mayoría de ellas.

En sus respuestas me ha parecido un poeta normal. Entiéndame…

…Detesto a los poetas que van de poetas… Los poetas son personas normales que, además, tienen una técnica para escribir versos, y la manejan con más o menos acierto. No creo en un diálogo especial del poeta con los dioses, ni con los poderes celestiales o infernales…

Quizás, a veces, quienes se dedican a la cultura, y de manera particular los que hacen poesía, son excesivamente metadialogantes

He incurrido poco en ese tipo de poesía. No es malo interrogarse sobre qué es el hecho poético, pero, en cualquier caso, no he abusado de ese tipo de escritura.

Más que de metaliteratura, le preguntaba yo por la poesía metayoica: un poeta alrededor de su ombligo…

Todos los ombligos son parecidos. No tiene sentido escribir obsesivamente sobre el de uno.

Poeta. Futbolero. Latinista. Lector. Mitólogo. Fan acérrimo de Tintín. Seguidor de Marvel. Traductor. Político estacional. Liberal. Letrista de Loquillo. Taurino… Y hay gente en España que vive sin aficiones…

Ellos se lo pierden… El abanico de posibilidades que tiene el mundo, la vida y la sociedad española para interesarse por cosas es tan inmenso que el que no quiere enrollarse con algo es porque no le da la gana.

¿La poesía es élite?

No. La gran poesía –estoy pensando en Horacio, Petrarca, Virgilio, Catulo, o los poetas helenísticos- llegaba a muchísimos espacios sociales y era compartida por mucha gente. A partir del Romanticismo, la poesía se convierte en algo marginal. El Romanticismo es el que se inventa todo este alejamiento del poeta de la sociedad, con Byron y los poetas malditos… Se trataba de poetas que dictaban la conciencia de la sociedad apuntándola con el dedo, pero no mostraban su fraternidad con la sociedad en su condición de poetas instalados en la misma. Es una verdadera pena. Me siento muy anterior al Romanticismo, e incluso a la Revolución Francesa.

¿Los poetas arrogantes están pidiendo a gritos un tsunami?

Me parece excesivo, pobres. El tsunami es muy cruel… Lo que deberían hacer es pensar que no son especiales. Todos tenemos las mismas sensaciones, los mismos problemas, las mismas ansiedades, las mismas desazones… Ni los poetas ni ningún tipo de persona con capacidades creativas son diferentes a los demás.

¿Los columnistas jóvenes de la prensa son los nuevos poetas urbanos?

Hay algunos verdaderamente excelentes. Yo podría convertir las columnas de David Gistau en poemas sin demasiado riesgo…

Y, mientras clavo en mi pupila su pupila azul, ¿qué es política?

Política es el cuidado de la polis, de la ciudad, de la sociedad humana, por parte de esos cuidadores que son los políticos, que deben velar para que todo funcione, y todo vaya acorde con los principios del bien y de la belleza, que creo que son cuestiones que andan unidas. Si todo va bien, el resultado será hermoso.

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Este homenaje inclusivo a Star Wars en su despacho del CSIC define su guerra de poeta a pie de galaxia. ÁLVARO GARCÍA FUENTES

Como política teórica, de acuerdo. Pero, como definición práctica de la política que respiramos…

Una cosa es lo ideal y otra lo real. Ahora, en 2016, vivimos una percepción crítica de la política, pero es la misma que podíamos tener en 1916, y hasta en 1916 antes de Cristo, en las monarquías agrarias del Creciente Fértil. La condición humana es así: se reparte entre esos dos horizontes del hombre que son lo ideal y lo real.

¿Se puede ser político y que “tener los pies en la calle” no sea una figura retórica?

Es difícil, pero se puede. En la política municipal, si no tienes los pies en la calle no haces nada. Tengo muchos amigos alcaldes y concejales y, realmente, si no van por la calle saludando a todo el mundo, se les acaba su misión… Se ha acusado muchas veces a la clase política de ignorar lo que sucede a pie de campo, porque van en los coches oficiales y están aislados de lo demás, y eso es un fallo grande. No hay que olvidar que el político es un ciudadano más, pero encargado de velar por que el resto de la sociedad sea más feliz y cada persona tenga más ocasiones de realizarse a sí misma.

Usted aconseja a los que tienen la sartén por el mango leer a los clásicos. ¿Se imagina a Rajoy leyendo a Homero?

No me lo imagino, porque me parece que no es su lectura favorita, pero le conozco, y estoy convencido de que, cuando deje la política, a lo mejor incluso puede llegar a leer a Homero, y se va a divertir mucho. ¡Si le gusta el deporte, le tiene que gustar Homero! La épica tiene mucho que ver con el deporte moderno. Nuestros héroes de ahora son nuestros deportistas, entre otros.

Pablo Iglesias lee libros, y los regala, y los subraya, y nos lo cuenta a todos en Twitter. ¿Leer es poder?

Leer es saber, y conocer más, y conocerse mejor a sí mismo. Los libros nos dan pistas para saber quiénes somos, y eso es muy importante. Mirarse al espejo no es suficiente para conocer lo que existe en nuestro interior. Entrando en otras vidas a través de la literatura, uno llega a saber qué le ocurre dentro.

Pablo Iglesias hace muy bien en leer. En lo que ya no estoy de acuerdo es en que subraye los libros, pero porque soy un histérico de la bibliofilia, y mis libros están impecables. Los he leído, pero siempre que anoto algo lo hago en un papel adjunto. Quiero que mi biblioteca se conserve sin ninguna huella de uso por mi parte. En eso soy neurótico, porque eso es una neurosis como otra cualquiera…

¿Podemos es política en verso o utopía poética?

Política en verso, no. Conozco a algún poeta de la órbita de Podemos, pero tampoco todos los podemitas son poetas. La palabra poesía para mí es muy importante, y no me gusta mezclarla con nada, y menos con parcelas de la política. La poesía está en todo, también en cada uno de los militantes de cualquier partido político, pero no especialmente en uno. Sin embargo, de la pregunta sí creo que conviene subrayar la palabra “utopía”. El planteamiento ideológico de Podemos sí me parece utópico, con lo que eso tiene de bueno y de malo…

Izquierda Unida optó por un poeta, Luis García Montero, y se acabó Izquierda Unida en Madrid…

Soy íntimo amigo de Luis, y me da la sensación de que hubo muchos intereses espurios de que se acabara Izquierda Unida en Madrid, sobre todo para terminar con él. Luis tenía enemigos probados en su área ideológica, como siempre, porque los enemigos suelen estar en tu propio partido político… Se hubiera merecido otra cosa, porque hizo un gran sacrificio presentándose. Que una persona como él, a la que lo que le gusta es escribir poemas y libros, dar clases y actuar en una órbita cultural, haya hecho ese esfuerzo, es digno de agradecimiento.

¿Qué tiene la política de literatura fantástica?

La política, como es una especie de dedicación muy plural, con muchísimas habitaciones diferentes, debe tener siempre algo de fantasía. Su ejercicio aconseja un temperamento fantástico, para optar por cosas que no son fáciles de conseguir.

¿Y de épica?

En muchas ocasiones la política tiene su épica. Celebré aquella jornada en la que Yeltsin se subió a un tanque desde el Parlamento ruso para dialogar con los golpistas y consiguió desmontar aquel ataque nostálgico hacia el Comunismo. Eso es épica pura. La política dictatorial es más épica que la política democrática, con lo malo y lo bueno que tiene ser más o menos épico.

¿Y de cómic?

En algunos momentos de la historia, la política tiene mucho de cómic, pero en su sentido más de tira cómica festiva…

¿Qué diría el Platón de La República sobre la España de las investiduras fallidas?

Ese Platón se quedaría un tanto perplejo. Entre otras cosas, porque su planteamiento no es el de las mayorías democráticas, sino el de las minorías aristocráticas, en la que los ancianos sabios son los que deben regir la polis… A Platón le parecería muy raro todo lo que está pasando en este momento en España. No estaría nada a gusto con nuestra situación actual.

¿Qué le parece ese afán de los partidos por colocar en pole position a políticos jóvenes, por ser políticos jóvenes?

Es un error. Los chinos, que en parte son herederos de los griegos en cuando a pensamiento político, optan, casi siempre, por personas con experiencia. No digo ancianos venerables, pero casi. Puede haber gente joven que lo haga muy bien, pero la concepción de que por ser joven vas a ser mejor político, menos corrupto o más entusiasta… ¡El entusiasmo no tiene nada que ver con la edad!

¿Ve en la nueva política apertura o dogmas 2.0?

La democracia tiene el riesgo de convertirse en una dictadura de la mediocridad. Puede incurrir en esa degeneración que se llama demagogia, en la que estamos bastante instalados. Por eso hay que preservar, con muchísimo cuidado, las esencias de la democracia, que son enemigas de la demagogia persistente. La aristocracia degenera en tiranía, y la democracia, en demagogia.

Humanistas como Antonio Fontán que estén dispuestos a meterse en la harina política, ¿son fáciles de encontrar?

Dificilísimo. Fontán fue profesor mío en la Autónoma de Madrid, de Filología Latina y de Crítica Textual Latina. Me fascinó su personalidad. Él vio en mí a una persona que también podía aportar algo a la sociedad. Lo que he sido en política se lo debo a Fontán. Debo decirlo porque, si no hubiera sido por él, nunca me habría metido en política. Era un modelo que me parecía digno de ser imitado. Por supuesto, no he llegado a su nivel, pero siempre le he tenido en mente a la hora de actuar en mi paso por la política.

Usted, que es de la generación de mayo del 68, ¿qué diferencias observa entre la indignación social de su época y la del 15-M?

La indignación de mi época era mucho más intelectual, y tenía un elemento importante, que era la superación del marxismo. En las trincheras del 68 veo una posición postmarxista. Sin embargo, en las trincheras de la Puerta del Sol de aquel 15-M veo una vuelta a las posiciones marxistas tradicionales. Es lógico que uno opte por las barricadas de su generación. Yo estoy muy contento con la “indignación” de mi época.

En casi todas las entrevistas recientes que le he leído me ha llamado la atención su ataque al igualitarismo uniforme como tendencia supuestamente liberadora…

¡Es que no somos iguales! ¡Somos iguales ante la ley, y eso debemos defenderlo de manera absoluta! La libertad es la libertad de ser iguales ante la ley, pero en lo demás cada uno es diferente. Nos peinamos de manera diferente, pensamos de manera diferente, nos gustan películas diferentes, leemos libros diferentes… Nadie es igual a nadie, y eso es lo maravilloso de la humanidad. Soy un individualista feroz, y por eso ese igualitarismo atroz que siega la hierba al mismo nivel a quien despunta y a quien no ha llegado a germinar me parece injusto.

Creo en el principio de excelencia. A las aulas ha llegado un igualitarismo absurdo, que pretende subrayar que todos los niños son iguales, cuando es evidente que no. Hay que educar a cada niño como es, según sus circunstancias. Ese igualitarismo feroz hace sufrir a cada individuo. Si se parte de una situación de desigualdad psicológica, que es ley en la humanidad, creo que podríamos llegar, incluso, a un mayor grado de felicidad que si seguimos los dogmas de este igualitarismo ramplón, que socava los principios de nuestra civilización y de nuestra cultura.

La política, dice, no le hizo cambiar. Bien. ¿Qué le hizo aprender?

Me hizo aprender muchas cosas del alma humana. Somos antropoides evolucionados, y todo lo que tiene que ver con el poder genera una curiosa ansia a nuestro alrededor. Me hizo ver que no es bueno basar la vida en la conquista del poder exclusivamente, porque el poder conlleva lacras y problemas que en situaciones normales no se presentan.

¿La expresión “la erótica del poder” es una manera de disfrazar con velos pasiones más bien negativas?

En la etapa que estuve en política sí percibí yo esa erótica del poder, porque vi que había muchas personas atraídas por quien lo ostentaba o parecía ostentarlo. Hablo de personas que ahora no me dirigen la palabra, y que entonces estaban a mi disposición. Patético, pero cierto.

¿Esperanza Aguirre es pasado?

Esperanza Aguirre es presente permanente. Es una persona que está siempre en la trinchera, y lo seguirá estando hasta que se muera.

¿Sobran metáforas en el discurso democrático español?

Faltan metáforas interesantes y sobran metáforas burdas.

Usted es referente del estilo llamado “línea clara”, que representan bien los libros de Tintín. ¿A los españoles se nos pueden decir las cosas como son, o hay que poner una máscara delante de todo para que no nos escandalicemos?

En general se emplean esas máscaras de manera excesiva. Hay máscaras que se superponen al rostro hasta límites insospechados, de tal manera que la última máscara sigue siendo una máscara, porque ya no queda rostro. Se nos pueden decir las cosas de manera menos enmascarada. Sería mejor. Decir la verdad no cuesta tanto. ¿Qué es la verdad? Es muy difícil saber qué es la verdad, pero, en cualquier caso, sobra mala retórica. Se nota cuando un político actúa con una relativa sinceridad, porque la sinceridad absoluta no existe. Y pienso que esa actitud del político sincero se debería premiar.

Hablando de Tintín: A quién le dedicaría un ejemplar de las siguientes obras de Hergé:

Objetivo: la Luna: a Valle-Inclán, que escribió que la luna dibujaba en el cielo la palabra nihil.

El secreto del Unicornio: a mi hija Inés, que adora la fantasy.

Aterrizaje en la Luna: a mi amigo José Luis Garci, que adora la ciencia ficción.

La estrella misteriosa: a Greta Garbo, una estrella especialmente misteriosa.

El tesoro de Rackham el Rojo: a mí mismo. Es mi álbum favorito.

La isla negra: a los celtas, que poblaron Europa y la nombraron.

El cangrejo de las pinzas de oro: a mi amigo José del Río Mons. Es su álbum preferido.

Las siete bolas de cristal: a mis nietas, Genoveva y María.

Estamos de vuelta al cole. Sin Latín. Sin Historia del Arte. Con ipads…

Lo de la Educación es todo un desastre… Desde aquel Libro Blanco de  Villar Palasí del tardofranquismo en el que los pedagogos empezaron a hacer de las suyas… Las grandes leyes de Educación del PP y del PSOE las han redactado las mismas personas, no nos olvidemos de eso. Cuando nos rasgamos las vestiduras con la LOGSE, no nos damos cuenta de que hubo oportunidad de romper de manera absoluta con esa cultura de la educación deshumanizada y deshumanizadora, y no se aprovechó. Latín y Griego, incido aquí voluntariamente en la utopía, debían ser materias obligatorias para cualquier tipo de estudiante. ¿Ciencias? ¿Letras? ¿Qué es eso? Lo que debería hacerse en el bachillerato es estudiar asignaturas históricas que ayudaran a entender lo que nos pasa: Historia de la Música, Historia de la Filosofía, Historia del Arte, Historia del Cine…

¿Qué es la cultura? La cultura es ubicar los acontecimientos en un espacio y en un tiempo; por eso la Geografía es igual de importante que la Historia. Ahora la Geografía y la Historia están enmascaradas tras los nombres de Conocimiento del Medio y Ciencias Sociales… ¡Es un escándalo! De acuerdo con que esta ola pedagógica ha imperado en todo el mundo y ha arruinado los currículos académicos en los cinco continentes, pero es que en España ha sido especialmente cruel, al despojar a los planes de estudio de todo lo que oliera a cultura humanista. Esto no ocurría en el siglo XIX y en la primera mitad del XX. Es bueno que estudien todos los que quieran y puedan, pero, lamentablemente, ha habido un adelgazamiento brutal de contenidos, y estamos ante una auténtica catástrofe.

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De Cuenca es los libros leídos, escritos y asimilados, que suman una sabiduría clásica intangible. ÁLVARO GARCÍA FUENTES

Y Sin Filosofía…

Todas las materias relacionadas con las humanidades forman personas capaces de trabajar mejor. En Estados Unidos, por ejemplo, me consta que los licenciados y doctores en Filología Clásica tienen muy fácil acceso al mundo de la empresa privada, porque las lenguas clásicas amueblan la mente, y la Filosofía no digamos… ¡Enseñar a pensar es bueno para la sociedad, e incluso para ganar dinero! Esa corriente que afirma que el bachillerato debe servir para preparar profesionales para las áreas con déficit de recursos humanos es un error. Lo que hay que hacer es dar una visión amplia del mundo y ayudar a los estudiantes a pensar bien, con inteligencia y con coherencia, porque en cualquier parcela del mundo laboral conseguirán, así, ser líderes.

Usted a los 12 años se leyó la obra completa de Shakespeare. Hoy, uno de 12 está flipando mazo con el Pokemon Go. Así de entrada, puede ser usted un modelo un poco desanimante…

A los 12 años, además de leer a Shakespeare, imagino que haría cosas parecidas a las que hacen los adolescentes de ahora con el Pokemon Go. No me considero una persona especial. A esos niños que juegan con el Pokemon Go, si probaran a leer a Shakespeare, quizá no en la edición de Astrana auténtica y verdadera, pero sí en una versión como la de los hermanos Lamb, Cuentos basados en el teatro de Shakespeare, les podría fascinar. ¡Lo que cuenta Shakespeare les tiene que interesar a los niños de ahora igual que nos interesaba a algunos de los de entonces! Lo que hable del hombre tiene que cautivar al adolescente que está en fase de convertirse en hombre. El problema es la Educación. No hay que pensar en frases como o tempora, o mores, ni en que todo se desmorona. ¡No! Si hubiera buenos planes de estudio, los niños leerían a Shakespeare como yo a los 12 años. Los planes de estudio de mi época eran mejores que los de ahora, obviamente, pero peores que los de los años 30 y 40. Todo ha ido degenerando.

Entonces, ¿los pedagogos del siglo XXI saben mucho de psicopedagogía pero poco de educación?

Esta especialización pedagógica ha arruinado la educación. Pedagogía, en griego, significa “conducir a los niños”. Educación viene a significar lo mismo, en latín. No se trata de separar ambas esferas, sino de fusionarlas. Ese lenguaje críptico de la pedagogía ha alejado los planes de estudio de la realidad, y eso es terrible.

Una vez que Internet lo ha penetrado todo, ¿será más difícil culturizarse?

¡No! Internet es una imagen del mundo. Es un gran mapa de todo lo que nos rodea histórica, geográfica, filosófica, éticamente… En él está todo lo bueno y lo malo, pero subrayo especialmente todo lo bueno. Internet es una herramienta fabulosa de culturización y alfabetización.

Me refiero a que, a lo mejor, usted sabe, y yo voy a Google…

Un primer vistazo de lo que nos cuenta Google es utilísimo para enterarse de las cosas. La profundización llegará a través de otras páginas de internet, porque hay muchísima cultura en internet. Si yo quiero leer a Eurípides en griego, tengo webs que me lo ofrecen según las mejores ediciones críticas que existen en el mundo. Eso hay que considerarlo.

¿Qué significa “intelectual” en la calle contemporánea?

Por lo general, el intelectual se identifica ahora con alguien que tiene una visión progresista del mundo, más o menos socializante, marxistoide, y que lee libros, pero siempre orientados en la misma dirección. No es una palabra que me guste demasiado. Prefiero la palabra “humanista”.

¿Desconfía usted de los intelectuales que miran por encima del hombro a los tebeos?

La cultura es una, y es un error mirar por encima del hombro cualquier cosa. Trabajo en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y aquí se practica lo que se llama alta cultura, o alta investigación. Es posible que algún compañero mío mire por encima del hombro a quien se ocupe de la cultura popular… Sería un error por su parte. Hay que fundir todas las culturas en una. Nada de lo humano nos debe ser ajeno.

¿Hay hueco para un superhéroe humanista, o eso es cosa de frikis?

Podría ser divertido… He estado prologando un magnífico libro que se titula El misterio del asesinato de Benson, de S. S. Van Dine, protagonizado por Philo Vance, que es uno de los grandes detectives de siempre. Un detective que está continuamente yendo a exposiciones, a conciertos, que lee libros eruditos y es especialista en jarrones de época Ming. Es un auténtico snob maravilloso que invito a conocer, porque hace pasar ratos fantásticos. Philo Vance es un humanista y, de algún modo, un superhéroe, porque los detectives no pueden volar, ni tienen rayos X en los ojos, pero sí descifran cosas que no están al alcance del resto de seres corrientes y molientes.

¿Qué papel juega Hollywood en la rehumanización de la sociedad?

Hollywood ha jugado un papel importantísimo, desde el punto de vista estético y moral, sobre todo entre las décadas de los años 20 hasta los 50. Después, creo que se ha convertido en una máquina de hacer dinero. Sigue habiendo películas y directores apasionantes. Yo soy un fanático de Quentin Tarantino, que me parece un rehumanizador del cine, y un gran cinéfilo que refleja en sus películas el cine anterior. Tiene fama de violento, pero a mí me parece fascinante.

Letrista musical: Loquillo. Orquesta Mondragón. ¿Qué voz de cantante le encantaría que sonorizara sus versos?

Siempre he sido muy de Loquillo. Mi sueño cumplido ha sido que cantara mis poemas. No aspiro a que cantantes como Sinatra, u otros del pasado, de ese mundo norteamericano que tanto me interesa, entonen mis versos. Me doy por satisfecho con que un genio español como Loquillo haya cantado mis poemas.

Igual la música de un tipo como Fito se acomoda a sus poesías…

No le he seguido, pero me pierde la curiosidad, de modo que voy a indagar sobre Fito. Te lo agradezco, porque es un descubrimiento que he hecho hoy. Mis conocimientos musicales son muy limitados…

¿Sabina merece un sillón en la Real Academia Española de la Lengua?

Sabina ha manejado el lenguaje de una manera admirable. Probablemente ha compuesto las mejores letras que se han hecho en castellano. ¿Por qué no va a tener un sillón en la RAE? Creo que diría cosas con mucho sentido común sobre el origen y el significado de las palabras.

¿Y usted?

Yo sería feliz allí. Me lo pasaría bomba. Ya disfruto una barbaridad en la Real Academia de la Historia, en la que figuro por el cupo filológico, pero por oficio y por afición, la RAE sería mi casa perfecta.

Usted empezó a escribir poesía para salvarse. ¿Cómo va esa misión?

¡Mal! Pero porque sigo escribiendo pensando que me voy a salvar, y en el fondo estoy seguro de que no me voy a salvar de ninguna de las maneras…

¿Vive o sobrevive?

Vivo. Hasta el último momento hay que vivir. La supervivencia es muy dramática. Sobreviven, por ejemplo, los venezolanos con Maduro. No le deseo a nadie que sobreviva. Es mejor vivir.

¿Su amor a los mitos es una excusa para no tener que creer en Dios?

O una sustitución de esa creencia… De todas formas, tampoco estoy muy seguro de no creer en Dios… Es un mundo tan absolutamente mágico y fantástico como el que nos rodea, en el que la realidad no es más que otra encarnación de la fantasía, ¿por qué no va a existir Dios? En cualquier caso, interesarse por los mitos e interesarse por Dios es una y la misma cosa.

¿La ironía cura o quema?

Para mí siempre ha sido un lenitivo, y nunca un ácido sulfúrico arrojado a granel. Hay una ironía que degenera en el sarcasmo, y que puede quemar. Pero la pura ironía es bondadosa, buena, e incluso solidaria…

¿Platónico, o liberal?

Las dos cosas.

¿Nihilista o dubitativo?

Me atrae mucho el nihilismo, porque leí a Shakespeare a los 12 años. Ese nihilismo se lo han echado en cara a Shakespeare muchas veces, entre otros por Tolstoi. Pero es un nihilismo constructivo. Lo de dubitativo me interesa en la medida en que soy escéptico, y creo que la Historia avanza a golpe de duda. De todas maneras es una palabra que no me gusta. Me gusta la duda que protagoniza los Esbozos Pirrónicos de Sexto Empírico, la duda de la filosofía escéptica, tal y como la configuraron los griegos en la época helenística.

O sea, que tampoco es Descartes…

No. No es la duda metódica de Descartes, sino la de los escépticos griegos, de Pirrón de Elis y, sobre todo, de Sexto Empírico.

¿Amor o muerte?

¡Son tan parecidos! Entre amor y muerte hay muchas fronteras, pero, evidentemente, opto por el amor, porque una vez llega la muerte se acaba el amor y se acaba todo.

¿Cielo o infierno?

Dicen que en el infierno se está más calentito, pero la verdad es que en eso soy tradicional. Prefiero salvarme y estar tan contento en la visión beatífica de Dios por toda la eternidad.

Me cuentan que en Cope aprovechó el otro día su tertulia para despedirse de sus hijos con un poema. ¿Está en ese momento de adioses?

Hay que irse despidiendo. Aunque la muerte puede llegar en cualquier momento, a partir de una determinada edad es sano irse despidiendo, porque eso, en el fondo, puede suscitar emoción en las personas que uno deja. Yo creo que la emoción es importantísima; no hay que perderla nunca. Leí en la radio un poema en el que me despedía de mis hijos y ,si Dios me da vida, seguiré despidiéndome unos años más. Llega un momento en el que, en el fondo, todo es despedida. Es bonito despedirse de una manera apolínea, no dionisíaca.

También digo que estar despidiéndose no significa dar el coñazo a diario… Es una cuestión de actitud, pero vivo con el mismo entusiasmo, la misma entrega y la misma vivacidad que podría tener antes. La despedida, simplemente, es otra faceta de la vida, y hay que intentar llevarla a cabo de una manera cortés, educada, correcta y emocionante.

Pues nos despedimos… Muchísimas gracias.  

REBOBINANDO

Luis Alberto de Cuenca no es un nostálgico, ni el típico poeta que llora lo bonito que fue el pasado mientras desazona sus versos con lo que echa de menos tus dientes como perlas y el arpa olvidada por su dueña en el ángulo oscuro de los salones rococós del Romanticismo. Ni empachos de algodón de azúcar, ni culto al subjetivismo, ni fuga del mundo real.

Luis Alberto de Cuenca ha leído demasiado como para ser sólo una cosa bajo su nombre en la tarjeta de visitas. Y estando abierto al mundo, descubrió personalmente bastantes de sus secretos.

El multifacético De Cuenca es un clásico snob que sabe de letras y de artes, que conoce a los hombres, que ansía el grado más alto de conocimiento sin histerismos intelectuales de derivar al psiquiátrico. Y el que sabe tiene más fácil ser prudente en la vida. Y el que es más prudente en la vida tiene más fácil sugerir y aconsejar con acierto. Así, escuchando al que sabe, perdemos menos el tiempo.

Gente así, con fuste, a la que además le va la marcha, no mira por encima del hombro de la incultura ajena, no mide el nivel de persona por centímetros de páginas leídas, no se ríe si confundes a Pirrón de Elis con un fichaje del Leganés. Gente así, futbolera y callejera, que prefiere ser uno más antes que disfrazarse de pañito rancio de crochet bajo las lámparas encerradas del otoño.

Se entiende perfectamente que los griegos de antes de Cristo convivan en su humanismo con Hollywood, Marvel, Tintín, Loquillo y Quentin Tarantino, porque es un humanismo en presente continuo, auténtico, sin óxidos de olvido en las vitrinas del CSIC.

El “nada de lo humano me es ajeno” es el antónimo más contundente de política de bandos, sectarismos, endogamias docentes, ombliguismos descarados, artistas al vacío y otros trending topics del contexto nuestro de cada día.

Decía Eurípides: “Si tienes palabras más fuertes que el silencio, habla. Si no las tienes, entonces guarda silencio.” Y De Cuenca escribe por los codos.

Cualquiera se creería ahora que hubo una época cercana en la que los humanistas eran altos cargos, incluso a pesar de los partidos…

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De su paso por la política destaca el conocimiento del lado oscuro con el que el poder sobre el alma humana. ÁLVARO GARCÍA FUENTES

17 septiembre 2016 at 11:27 am Deja un comentario

Ramón Irigoyen, pasión por las lenguas

Debolsillo recupera la elogiada traducción de la obra de Cavafis que realizó el filólogo en su estancia en Grecia entre 1966 y 1969

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Imagen: BENITO ORDOÑEZ

Fuente: HÉCTOR J. PORTO  |  La Voz de Galicia
13 de septiembre de 2016

Tenía 24 años cuando llegó a Grecia en diciembre de 1966. Pero ya había vivido antes en Alemania y Francia. En Atenas pasó Ramón Irigoyen (Pamplona, 1942) tres años, y ni el golpe de Estado -y la consiguiente dictadura militar- le impidió dedicar cuatro o cinco horas diarias a traducir poesía. Fue en aquellos días cuando fraguó la base de su elogiada versión de la obra de Constantino P. Cavafis (Alejandría, 1863-1933), que publicó Seix Barral en 1994, gozó de numerosas rediciones en distintas colecciones y que ahora rescata Penguin Random House en su sello Debolsillo. En sus años griegos, recuerda Irigoyen, colaborador de La Voz, le costó mucho entrar en la poesía de Cavafis «por ser su lenguaje de registro coloquial, casi como la lengua del periódico, en muchos casos, y que hace que el lector que no esté educado literariamente de verdad encuentre dificultades. Es una poesía que no es poesía en ciertos momentos», subraya. Precisamente, esa naturalidad del idioma, esa no búsqueda de sofisticación, es un aspecto muy ensalzado de su traducción, como también su esfuerzo por decir lo que Cavafis quiere decir, sin evitar alusión erótica alguna, sin ocultar su explicitud homosexual y, por supuesto, sin descuidar el rigor filológico. «No conozco ninguna traducción con más elogios de Cavafis que la mía», corrobora Irigoyen, que no se anda con falsas modestias de poeta y que, en su esclarecedor prólogo, dedica un amplio espacio a un análisis crítico de otras traducciones.

«La cultura cristiana tan represora del sexo, y todavía peor en el caso de la homosexualidad», ha afectado negativamente al traslado de la poesía de Cavafis, cuya «fuerza está también en que en la misma época en que Proust llamaba albertinas a los albertos, por miedo a hablar de amores homosexuales, él no evitaba llamar a las cosas por su nombre».

Desde el pionero catalán Carles Riba, anota, que hizo una versión excelente, pero que, por su religiosidad, «rebajaba todo lo que tenía que ver con la sensualidad y el placer». Hasta Marguerite Yourcenar [lo llevó al francés] ataca la libertad sexual de Cavafis. El propio José María Álvarez, que descubrió al bardo griego al lector español, «tiene instinto como poeta, pero -lamenta- no ha sido fiel al texto ni filológicamente riguroso, incluso contradice el texto original. Aunque, como tiene un castellano exquisito, le funciona el poema». De Pedro Bádenas únicamente apunta: «Es un gran filólogo, pero usa un castellano pedestre». Así es Irigoyen, que confiesa una «auténtica pasión por la lenguas» que lo llevó a estudiar once idiomas en aquella época y cuya firme base filológica se asienta en los cinco años (de los 12 a los 17) que estudió en el seminario de Pamplona, donde el latín era leído, escrito y hablado. «Hasta hacíamos versos», remacha para defender su buena formación retórica, que saca a colación su propia obra poética –Cielos e inviernos (1979) y Los abanicos del Caudillo (1982)-, y que reivindica «con la humildad de Teresa de Ávila», ironiza.

«Cavafis es un ejemplo de vida y también de poesía»

La traducción de Irigoyen recoge los 154 poemas canónicos, los que el propio Cavafis dejó listos antes de morir, y que se publicaron póstumamente, en 1934. «Simplemente me ciño al canon, respeté su selección. Dejó muchos como rechazados y los filólogos lógicamente, como arqueólogos, desenterradores, como corresponde a su oficio, los rescataron después. Algunos están bien, son buenos, aunque él no tenía interés en ellos». Hay una decena de poemas de Cavafis que son incontestables, joyas absolutas, subraya, y que lo sitúan a la altura de Eliot, Rilke, Pessoa… Pero Irigoyen insiste en poner de relieve su «valor humano», demostrado en un tiempo en que Oscar Wilde entró en la cárcel de Reading por su homosexualidad. «Él deja muy claro el conflicto que tiene de la liberación sexual, como lo ha habido en España hasta que terminó el franquismo. Por eso tiene muchísimo más mérito humano: Cavafis es un ejemplo de vida y también de poesía», y por ello, concluye, está entre la decena de poetas del siglo XX que han ejercido mayor influencia en Occidente.

 

13 septiembre 2016 at 8:20 am Deja un comentario

Pedro Olalla: “Las democracias actuales son oligarquías encubiertas”

No solo se trata de salvar la democracia culpando a los políticos actuales. Hay que dejar la soberbia de lado y asumir con humildad que los antiguos griegos fueron mejores ciudadanos que nosotros.

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Pedro Olalla. Foto Silvano O.C.

Fuente: László Erdélyi EL PAÍS Uruguay
2 de septiembre de 2016

EN GRECIA nació la democracia, y allí está muriendo. La crisis actual toca algo más que el bolsillo de todos los griegos. Es una profunda crisis de valores que obliga a discutir la viabilidad misma de la democracia. El español Pedro Olalla, helenista de vasta trayectoria residente en Grecia, cree sin embargo que todo es un gran malentendido, que las democracias actuales son, en realidad, oligarquías encubiertas, y que ya no hay ciudadanos como sí había en la Atenas antigua, hace más de 20 siglos.

En el libro Grecia en el aire, Herencias y desafíos de la antigua democracia ateniense vistos desde la Atenas actual, Olalla lleva a cabo un viaje muy original mezcla de guía turística, arqueología, historia de las ideas y filosofía. Camina por las ruinas del lugar donde por primera vez se habló de armonía, felicidad y justicia social, sorteando oleadas de turistas que buscan el mejor ángulo para fotografiar el Partenón. Vincula hechos actuales con acontecimientos de hace 20, 25 siglos. Lee los procesos que permitieron construir la democracia como lo que son, procesos, caminos empedrados de buenas y malas intenciones, con mucho sufrimiento, entrega y, a veces, algo de felicidad. Y cuestiona la idealización, esa que pone a aquellos griegos en el pedestal de héroes visionarios pero que luego, como al descuido, los rebaja por ingenuos, pobres inocentes que no entendieron los problemas reales de la democracia, cuando al parecer fue exactamente al revés. Basta un dato. Solón, a comienzos del siglo VI a. C. cuando todavía nadie hablaba de democracia, entendió que la esclavitud por deudas debía ser erradicada y tomó una decisión, la seisachtheia, que la abolió. Separó, así, el poder de la riqueza de la soberanía de los individuos, “intentó corregir la desigualdad económica avanzando hacia la igualdad política” escribe Olalla. Solón, con ese gesto nada inocente, puso sobre la mesa por primera vez los conceptos de dignidad humana, ciudadanía y democracia. Hoy, 25 siglos más tarde, los griegos están al borde del precipicio (nada metafórico) acorralados por una deuda externa impagable, mientras los acreedores imponen condiciones de pago nunca imaginadas. Una suerte de esclavitud por deudas.

GOBERNANTES Y GOBERNADOS

—Usted ha afirmado que las democracias actuales no son una versión más realista, adaptada a las circunstancias, de aquella democracia clásica ateniense. Al contrario, serían su negación.

—Sucede que la democracia, tal como la entendían los atenienses de hace 25 siglos, es un sistema que aspiraba a la identificación máxima entre los gobernantes y los gobernados, donde el interés común debe ser definido y defendido por todos los ciudadanos, que deben participar de forma constante. En las “democracias” actuales estos dos principios no se cumplen, y ya ni siquiera se aspira realmente a ello. Lo prueba la falta de participación ciudadana, o el cultivo silencioso de la desafección política, o las intrincadas estructuras de representación. O también la mecánica de los partidos políticos, los intereses que se defienden, cómo ejercen el poder los grupos de presión, o las flagrantes desigualdades que se dan de hecho. Pero lo más grave es la creciente brecha que hay entre los gobernantes y los gobernados.

Usted cree que la clave de esto se encuentra en el concepto de “representación”, tan central a la democracia actual. En su libro afirma que a ningún ateniense antiguo, electo para un cargo, se le habría ocurrido decir que “representaba” a otros. Es más, el término “representar” podía considerarse casi un insulto.

—Aquel ciudadano ateniense participaba para legislar y juzgar. Ejercía esa potestad democrática, y creía que esa potestad era intransferible. Por cierto que debían dedicar un importante esfuerzo y responsabilidad a la tarea, pero era una suerte de tributo que el ciudadano pagaba para poder gobernarse a sí mismo, una prerrogativa de hombres libres, y un servicio honroso a la comunidad. No debemos olvidar que la democracia es el intento de crear un sistema donde el ser humano pueda realizarse como animal político, un sistema capaz de elevarlo desde su eterna condición de súbdito a la de ciudadano. Es el portador consciente de la esencia política de la sociedad.

¿A qué mecanismos recurrían para proteger esos procesos?

—Recurrían al sorteo y a la alternancia rápida en los cargos, lo cual también entrañaba un riesgo en la idoneidad de su desempeño. Pero, a cambio de asumir ese riesgo, la ciudad evitaba la profesionalización y el monopolio de la vida pública, evitaba la elección exclusiva de los más influyentes, o los más propensos a utilizar los cargos para clientelismo o para intereses privados. La ciudad, entonces, conseguía que los elegidos no fueran su gobierno, sino sus servidores, simples comisionados, y en ningún caso sus representantes.

—Eso debía ser, a la larga, muy formador.

—Es que la ciudad dotaba al ciudadano de experiencia política, al implicarlo en la gestión de lo común. Lo hacía sentir Estado.

—Podían ver la política desde adentro. A su vez los tribunales de justicia de la Heliea también se integraban por sorteo. ¿Buscaban, de esa forma, proteger la idea misma de justicia?

—Exactamente. Hay que insistir en lo que decía Aristóteles, en su definición de ciudadano como “aquel que participa de la facultad de gobernar y de juzgar”. Esa es la clave: juzgar. Una definición, por cierto, que ninguna de nuestras democracias actuales se atrevería a emplear, porque aún sigue siendo una definición altamente ambiciosa y revolucionaria.

—¿Por qué?

—Los ciudadanos actuales ni gobiernan ni juzgan. Están desprovistos de la soberanía que se supone que da legitimidad al sistema. No tienen poder político: ni legislativo, ni ejecutivo ni judicial. El único “poder” que su “democracia” les otorga es el de darle un cheque en blanco, durante algunos años, a los supuestos representantes de sus intereses.

CAZANDO MITOS

—Se suele acusar a aquella democracia ateniense de estar sustentada por el trabajo esclavo.

—En efecto, la esclavitud ha sido la sombra que, a ojos de la modernidad, pesa hoy sobre la democracia ateniense. Había esclavos, sí, pero había muchos más en Asia, en Egipto, en Roma y en Cartago, en todo el mundo antiguo. Y de todos los lugares que antes y entonces conocieron la esclavitud, sólo uno creó la democracia, y lo hizo además tratando de liberar a los hombres de la perversa esclavitud impuesta por la codicia y las deudas.

—Pero los esclavos sostenían el sistema.

—No es cierto. Se ha repetido muchas veces que en la Atenas clásica los ciudadanos podían dedicarse feliz y despreocupadamente a la política gracias a los esclavos, que los exoneraban del trabajo. Sí, hubo esclavos, pero el sistema productivo se sustentaba sobre el conjunto de la población que trabajaba de forma cotidiana, en su gran mayoría en pequeñas empresas o unidades de producción independientes y modestas. Atenas tenía esclavos, pero en menor grado que otras polis griegas. Gracias al desarrollo de la democracia, en aquella Atenas la esclavitud misma fue cuestionada, y los esclavos vivían con mayor dignidad que en el resto del mundo antiguo.

—¿Comparado, por ejemplo, con Roma?

—La gran esclavitud llegó como sistema con la supremacía y dominación de Roma. No sólo la guerra o las deudas producían esclavos; se cazaban esclavos, se inició el comercio humano, el sometimiento de poblaciones enteras, también la esclavitud de clase o como sistema económico y social. Eso no lo detuvo el Cristianismo, ni el mundo feudal, ni su caída. El mundo ha visto sucederse, uno tras otro, imperios esclavistas. Cientos de millones han llevado grilletes. Y la democracia sigue siendo un proyecto inconcluso.

—Además, quién se anima a decir que en el mundo actual no existe el trabajo esclavo, o semi-esclavo.

—Es que siguen habiendo esclavos, millones. Una cosa es clara: si en aquel tiempo lejano era cuestionable la necesidad de la esclavitud para la existencia de la democracia, en nuestro tiempo, vergonzoso e hipócrita, con un grado de riqueza y desarrollo como la humanidad no ha conocido jamás, la esclavitud moderna —la que tiene ese nombre y la que no— es injustificable como supuesto sustento de nuestras aparentes democracias.

—También se suele insistir que las mujeres, las atenienses de entonces, no votaban.

—Sí, la base electoral más amplia es un punto a favor en términos sociales, pero no desde el punto de vista político. La inclusión de la mujer —justa, obvia, pero alcanzada recién en el siglo XX— supuso un avance social, pero el poder político de todos los ciudadanos, hombres y mujeres, es incomparablemente menor al que tenían en la democracia ateniense. Ampliar la base de votantes no es ningún avance si se los desposee de poder político real. No es sólo un espejismo, es un peligroso truco para legitimar, con mayor base numérica, el proceder interesado de los gobernantes. Nada más.

—Otro mito es el de la eterna felicidad que reinaba en el ágora. ¿Eran tan felices, o eran tan humanos y contradictorios como nosotros? Entiendo que la democracia fue real, construida por seres humanos de carne y hueso, no por entidades míticas.

—La democracia ateniense no es un mito, sino un hecho histórico, un sistema para organizar la sociedad que, con todos sus altibajos, consiguió pervivir en el tiempo de una forma más plena y larga que cualquiera de las “democracias” modernas. Hay que decir que la democracia es, por definición, un proyecto in fieri, que se hace a sí mismo día a día, y que busca los medios para hacerse posible de acuerdo a las coordenadas reales de cada momento. Y es frágil. Para poder existir, necesita de la virtud política de los ciudadanos. Por eso es un reto permanente.

—El tema de la virtud fue un asunto complicado para Platón, quien no creía en la democracia ateniense. ¿Era Platón un oligarca y clasista, como se repite hoy en día?

—Yo creo que no. Platón se expresó siempre a través de sus diálogos, que era una polifonía no siempre consensuada, ni exenta de contradicción. Él criticó la democracia ateniense porque entendía que, de un modo u otro, ésta se apartaba del interés común en favor de intereses particulares, o de clase. O sea, que se apartaban de aquella sociedad ideal en la que primaban la concordia y la virtud. Platón no criticó los fundamentos de la democracia, buscó superar sus defectos. Pero no confiaba en la virtud política de sus conciudadanos. Siempre consideró preferible la opinión de los muchos y el control por parte del pueblo a la arbitrariedad de unos pocos, o de uno solo. Llevado al extremo, consideró más tolerable la dictadura de la pobreza que la dictadura del dinero.

ROMA, NO ATENAS

—En el libro usted afirma que somos más ciudadanos romanos que griegos.

—Porque la ciudadanía griega fue, para quien la tuvo, una prerrogativa muy exigente de acción, de implicación, y de responsabilidad política. La ciudadanía romana, en cambio, fue para la mayoría una mera salvaguarda de garantías jurídicas sin derecho a la participación real en la política. Los propios romanos vivían con recelo y contradicción todo lo procedente de Grecia. Catón el Censor advirtió a los romanos que arruinarían la república si dejaban entrar por todas partes las letras de los griegos. La república romana no fue una democracia. Por esa razón, en un sentido histórico, somos mucho más herederos del republicanismo romano que de la democracia ateniense.

—Si un antiguo proveniente del ágora pudiera pararse hoy en la Plaza Syntagma de Atenas, ¿que es lo no podría entender del funcionamiento de las democracias actuales?

—La enorme distancia que hay entre gobernantes y gobernados. O cómo los intereses de ambos son tan opuestos. El ciudadano antiguo nunca entendería esa distancia ni esa oposición. Y si bien es cierto que muchas veces se sintió defraudado por la política de su ciudad, siempre se sintió parte de ella.

—Si ese ateniense antiguo se pusiera a charlar de política con un habitante actual de Atenas, ¿lo reconocería como un igual?

—Lo que sucede es que las democracias actuales no tienen realmente ciudadanos. Tienen votantes, súbditos, contribuyentes, espectadores, consumidores… pero no ciudadanos. No los tienen, ni aspiran a tenerlos, porque no son democracias, sino formas encubiertas de oligarquía.

—Usted dice que Grecia debería capitalizar su potencial histórico y simbólico para liderar un renacimiento de la democracia.

—Sí. Sería maravilloso que en Atenas volvieran a reescribirse las reglas del juego, que fuera capaz de aglutinar las fuerzas para concebir un modelo de democracia nuevo, acorde con el mundo de hoy, y que eso se convirtiera en algo universal. Pero, desgraciadamente, Atenas es hoy un símbolo del desmantelamiento de la democracia. Creo que es un escenario muy significativo, elegido con toda intencionalidad, por su simbolismo.

RECUADRO

El ágora en Google Earth
L.E.

La democracia ateniense existió entre los años 508 a 321 a.C, siendo luego restaurada en en la era Helenística (hasta el 85 a.C.) por varios períodos que suman otros 200 años. Los ciudadanos rondaba los 30 mil sobre una población ateniense total de 300 mil (The Oxford Classical Dictionary, ed. 2003). Si bien los planteos de Pedro Olalla resultan polémicos, porque aún hay varias bibliotecas sobre el tema, la actual crisis de la democracia representativa —y del concepto de representante— obliga a actuar con coraje y a discutir las ideas a fondo. Y nada mejor que un viaje metafórico y real como el que plantea Olalla visitando los sitios que refieren a Solón, a las profundas reformas de Clístenes, al cementerio del Cerámico donde Pericles pronunció su famosa oración fúnebre, los lugares donde se administraba la justicia, el barrio de los marmolistas donde Sócrates fue encarcelado y ejecutado (destacando el reciente hallazgo arqueológico de trece vasijas del tamaño de un puño donde se preparaba la cicuta para los condenados a muerte), el bosque sagrado donde estuvo la Academia de Platón, o las diversas esquinas históricas de la hoy moderna Atenas ocupadas por comercios de alta moda. Para Olalla esas esquinas poseen un simbolismo potente: “el ciudadano crítico sustituido por el consumidor indolente”.

Lo ideal es tomar un avión y pasar unos días en Atenas libro en mano. Es pequeño, tiene menos de 200 páginas. Pero también las nuevas tecnologías como el Google Earth permiten hacer el recorrido. Casi todos los sitios mencionados pueden ser vistos en fotos digitales esféricas. La computadora, entonces, se convierte en una ventana al lugar donde fue posible la justicia.

olalla_grecia_en_el_aireGRECIA EN EL AIRE, de Pedro Olalla. El Acantilado, 2015. Barcelona, 192 págs. Distribuye Gussi.

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2 septiembre 2016 at 1:54 pm Deja un comentario

Mark Zuckerberg y La Eneida de Virgilio

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Mark Zuckerberg pasa delante del Coliseo. Foto: formiche.net

Sabíamos ya que Mark Zuckerberg tiene La Eneida de Virgilio como uno de sus libros de referencia y que esta obra ha sido siempre para él una fuente importante de inspiración. Conocíamos también que la cita virgiliana “La fortuna favorece a los audaces” (Eneida, X, 284) luce en un lugar destacado de su casa californiana, seguramente para recordarle cada día que no es una idea inteligente esperar sentado a que nos venga a buscar la buena suerte. Ahora, el multimillonario cofundador y CEO de Facebook nos ha revelado algún dato más sobre las claves del sorprendente éxito de la popular red social, que cuenta ya a día de hoy con más de 1300 millones de usuarios en todo el mundo. Y, de nuevo, el príncipe de los poetas latinos, aparece detrás.

El pasado lunes, 29 de agosto, tras una sesión de running por los Foros Imperiales (foto), una visita al papa Francisco y una reunión con el primer ministro italiano Matteo Renzi, Zuckerberg acudió en Roma a un encuentro programado con estudiantes y emprendedores.

En una abarrotada Aula Chiessa de la Universidad LUISS “Guido Carli” Mark Zuckerberg habló sobre el futuro (y el pasado) de Facebook y tuvo ocasión de responder a las preguntas que le hicieron los asistentes. ¿Qué hacen para estar siempre centrados? ¿Cuál es el secreto del éxito de Facebook? ¿Cómo se las arreglan para mantener los pies en el suelo? ¿No está arruinando Facebook las relaciones personales en lugar de mejorarlas? Fueron algunas de las preguntas que le formularon desde el auditorio.

Zuckerberg dio respuesta a estas cuestiones combinando episodios de su vida familiar, laboral, de su niñez, y tuvo también algún recuerdo épico de la historia grecolatina.

“Me centro siempre -respondió Zuckerberg a la primera pregunta- porque pienso en lo que me decían mis padres, ambos médicos: respecto a nosotros, tenéis a vuestra disposición más educación, más dinero, más cultura. Aprovecha todo esto para salvar más vidas de las que podemos salvar hoy en día. Pienso siempre que una mayor educación significa más obligaciones respecto a la población”. Y recordando su luna de miel en Roma, “ciudad que amo profundamente”, el fundador de Facebook debatió sobre el latín “la única lengua extranjera que he conseguido aprender porque no tengo que hablarla”. “¿Quién entre vosotros conoce La Eneida, chicos?” Silencio. “Eneas es, en mi opinión, el primer verdadero emprendedor que fundó algo duradero”, citó una frase en latín, recordó las hazañas del héroe virgiliano y, para concluir, expuso su lema: “Misión, equipo, perseverancia; he aquí los tres elementos del mito de Eneas en que se basa el éxito de Facebook”.

Tras la épica, Zuckerberg tuvo también un recuerdo para Einstein, otro de sus personajes favoritos: “Una autobiografía que me gusta mucho es la de Albert Einstein. Él creía que es necesario cometer muchos errores, pero nadie se acuerda de ellos, se habla sólo de sus éxitos. Sin embargo, su descubrimiento de los agujeros negros se produjo a partir de un error”.

Finalmente, respecto al porvenir de Facebook, Zuckerberg expuso que quiere conseguir que cada vez sea más útil a nivel social y que no sea sólo un “sharing for people“. “Creo que puede ser de utilidad cuando desaparecen niños o cuando hay necesidades urgentes de donación de sangre, como ha ocurrido en el terremoto que ha golpeado a Italia hace unos días. O también para extender la educación en el mundo”, en referencia a los drones Aquila que llevarán internet a zonas rurales donde ahora no llega y que beneficiará a 25 millones de personas.

“La educación lo es todo. La receta del éxito reside justo aquí. Estar informado sobre las últimas noticias, aprender cosas nuevas, si es posible de los mejores. En mi compañía las personas tienen que estar en continua actualización, con clases específicas y más. Sólo así pueden llegar nuevas ideas”, ha concluido Zuckerberg.

 

1 septiembre 2016 at 1:18 pm Deja un comentario

La US publica un trabajo que aborda el estudio de los contextos y paisajes pánicos en la cultura griega

La Editorial Universidad de Sevilla ha publicado el trabajo de la profesora María Cruz Cardete del Olmo titulado ‘El dios Pan y los paisajes pánicos. De la figura divina al paisaje religioso’, que aborda el estudio del dios Pan desde la complejidad de los paisajes religiosos, ideológicos, económicos, sociopolíticos y culturales de los que formó parte en el mundo griego antiguo, un libro que ofrece un completo estudio de los contextos y paisajes pánicos.

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Foto: US

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

SEVILLA, 23 Ago.- En una nota, la Universidad de Sevilla (US) ha explicado que Pan es un dios “flexible, apasionado y contradictorio que expresa a la perfección la versatilidad y profunda heterogeneidad de la cultura griega, así como su capacidad de adaptación a diversos espacios, tiempos y costumbres”.

Asimismo, los paisajes pánicos de los que forma parte resultan aún más significativos. Por eso, este libro avanza desde la figura divina al paisaje religioso y no se limita a trazar una biografía del dios, “sino que lo estudia en toda su profundidad histórica”.

A través de una gran diversidad de fuentes literarias, epigráficas y arqueológicas, así como imágenes y mapas que hacen más “completa y fácil” la lectura, la autora analiza a un dios de pastores y cazadores y los paisajes económicos que le dan sentido y que acercan al conocimiento de los modos de vida de los griegos clásicos.

También se introduce en los complejos procesos políticos y las construcciones identitarias que tienen a Pan como protagonista, especialmente en lo que se refiere a la fundación de Megalópolis en Arcadia y la aparición de Pan en Atenas.

Además, despliega la capacidad “transgresora” de Pan, que “salta sobre las convenciones sociales, sobre los límites de la cordura, sobre los dictados sexuales e incluso sobre fronteras físicas, para constituir norma, al tiempo que la destruye, y termina profundizando en el Pan que se alza como sinónimo de la Totalidad del Universo, generador de vida y señor absoluto del cosmos. Un largo y apasionante viaje para una cabra”, concluye la nota.

María Cruz Cardete del Olmo es profesora titular de Historia Antigua en la Universidad Complutense de Madrid y especializada en la construcción y utilización ideológica de paisajes simbólicos en la Grecia Antigua.

 

24 agosto 2016 at 10:38 am Deja un comentario

Medea vuelve al mar Negro

Una gran tormenta en Abjazia obligó a trasladar la ópera en plena función a un teatro con goteras

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Un momento de la representación de Medea en Sujum. Otto Lakoba EL PAÍS

Fuente: PILAR BONET  |  EL PAÍS
4 de agosto de 2016

Medea volvió a las costas del mar Negro donde, según la mitología griega, estuvo situado el reino de la Cólquida. Símbolo del retorno de la trágica figura a la tierra del vellocino de oro fue la representación de la ópera Medea, de Luigi Cherubini, el pasado miércoles en Sujum, una ciudad portuaria de 2.500 años de historia, que tiene sus orígenes en una colonia griega (Dioscurias).

Protagonistas del retorno fueron la soprano Jibla Gerzmava y la compañía del teatro musical Stanislavski y Nemirov-Danchenko de Moscú, dirigida por Alexandr Titel. Gerzmava, que ha actuado en los mejores escenarios del mundo, y Titel son figuras reconocidas internacionalmente. Jibla, además, nació en Abjazia en 1970 y aquí se inició en la música. Durante 15 años seguidos, la soprano ha organizado un festival musical exquisito (Jibla Gerzmava invita…) que con un repertorio clásico, de jazz y blues contribuye a romper el aislamiento político de Abjazia. Desgajado de Georgia durante la desintegración de la URSS, este territorio bello y exuberante entre el Cáucaso y el mar fue escenario de una sangrienta guerra (1992-93), cuyas secuelas son aún visibles en los edificios e infraestructuras destruidas. En 2008, Abjazia se autoproclamó independiente y fue reconocida como Estado por la vecina Rusia, que garantiza su seguridad económica y militar. Formalmente, la mayoría de países de la ONU siguen considerando a Abjazia como parte de Georgia.

El festival Jibla Gerzmava invita… es una joya para melómanos bien informados y su recaudación se dedica a fines benéficos. Este año, el evento tuvo un giro inesperado que confirmó los hechizos y los poderes atribuidos a la heroína de Eurípides.

En Sujum quedan todavía restos de una antigua fortaleza donde, se superponen los legados de distintas civilizaciones llegadas a este litoral, desde los romanos que iniciaron la construcción hasta los otomanos y los rusos, pasando por los bizantinos y los genoveses. En los años cincuenta del siglo pasado, las autoridades soviéticas demolieron parte de las murallas de la fortaleza para construir un paseo marítimo y, a fines de la década de los ochenta comenzaron las excavaciones en el interior de la destruida fortificación. La guerra de 1992-1993 entre abjazos y georgianos truncó aquella tarea. Durante más de dos décadas la zona a explorar se llenó de escombros urbanos. Hasta que la pasada primavera surgió la idea de continuar el trabajo interrumpido y trasladar la cita anual con Gerzmava al recinto de la fortificación, según cuenta Batal Kobajia, viceministro de Cultura de Abjazia. Con ello, Abjazia afirmaba la voluntad de recuperar el patrimonio arquitectónico y cultural descuidado durante la época en que la prioridad fue la supervivencia. La cantante aceptó el desafío y trajo a Sujum la ópera Medea, que se estrenó en Moscú en 2015 y que fue premiada en el festival la Máscara de Oro. Varios meses de intenso trabajo dejaron al descubierto el contorno de viejas ruinas, desde una lápida del siglo IV dedicada a un legionario romano convertido al cristianismo al perímetro de una basílica de planta octogonal, unas termas romanas y también los cuarteles de las tropas del imperio ruso que conquistaron el Cáucaso en el siglo XIX. Sobre este suelo saturado de historia fueron armados un escenario y unas gradas desmontables con un aforo para más de mil personas, todo ello, al aire libre. Tras un minuto de silencio por el gran escritor de Abjazia, Fazil Iskander, fallecido el pasado 31 de julio a los 87 años, comenzó la representación, para la que cerca de trescientas personas (entre músicos, cantantes y técnicos) se desplazaron desde Moscú a Sujum. En el horizonte, detrás del escenario, podían verse los mástiles iluminados de los buques que surcaban el mar Negro. Jasón y los argonautas, con botas hasta la rodilla, pantalones abombados y camisa de lino, sujeta a la cintura, evocaban a Stalin y sus camaradas del Cáucaso durante los años treinta. Gerzmava, de negro riguroso, intentaba en vano ejercer sus hechizos sobre Jasón.

Concluía el primer acto y la soprano invocaba a los dioses para que castigaran a Jasón, cuando comenzaron a caer las primeras gotas. El calor sofocante se disolvió en un aguacero primero, y en una espectacular tormenta después. Los espectadores huían despavoridos: las damas de traje largo hundiendo sus tacones afilados en el fango y los caballeros convertidos en esponjas a partir de las hombreras de sus americanas. Los “Mercedes” y coches de lujo de los espectadores representativos o adinerados se desplazaban como lanchas sobre los charcos. La naturaleza desencadenada parecía haber vencido sobre la cultura y la voluntad. Parecía. De amigo a amigo, se trasmitió el mensaje a quienes no se habían rendido ya: el espectáculo continuaba en otro lugar: el Teatro Nacional de Abjazia, un local (cerrado) a la orilla del mar Negro. Las puertas del teatro se abrieron, mientras la tormenta volvía a arreciar. En el techo del teatro, restaurado en 2013, aparecieron goteras y hubo que colocar cubos en el escenario para recoger el agua que llegó a caer a chorro. Hubo problemas para trasladar bajo la lluvia los instrumentos de la orquesta, especialmente las piezas delicadas como el violonchelo. Para todos los que se habían reunido en el teatro, entre los que se encontraba Raúl Jádzhimba, el presidente de Abjazia, estaba claro que la ópera debía seguir.

Pasaba de la una de la madrugada del jueves cuando dio comienzo el segundo acto y eran casi las tres cuando concluyó el tercero. Tras los aplausos ensordecedores, las flores, los “bravos” y la sensación de victoria, salimos a la calle, donde, en lugar de charcos, había verdaderos ríos, torrentes desbocados que arrastraban ramas y troncos arrancados de los árboles por el huracán. Por la mañana, Sujum era intransitable y en el centro de la ciudad el agua alcanzaba la altura de la rodilla. La electricidad funcionaba de forma intermitente y la alcaldía declaró estado de catástrofe natural, interrumpió el transporte público y recomendó a los particulares abstenerse de circular. La maldición de Medea había hecho efecto y los abjazos empapados de historia lo interpretaban como una clara señal de que la heroína de la tragedia griega había sido abjaza, es decir había pertenecido a una de las tribus que, junto con otras, formaron el conglomerado humano del reino de la Cólquida.

 

16 agosto 2016 at 7:48 pm Deja un comentario

El chándal y el olivo

Píndaro enunció que la gloria olímpica perdura más allá de la muerte

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Dibujos de una vasija de la antigua Grecia, del Museo Olímpico de Lausana.

Fuente: JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS  |  EL PAÍS
3 de agosto de 2016

En el mundo antiguo los poetas y los escultores modulan la presencia social de lo divino. Por eso están en el corazón del certamen olímpico. Los atletas victoriosos ceñían sus sienes con una corona de olivo, cortada con una hoz de oro por un joven elegido. Después venían los honores a largo plazo: una estatua o un poema. Aunque ya no estamos en una época literaria, nuestra percepción del olimpismo sigue siendo estatuaria y poética. Queremos seguir teniendo los cuerpos proporcionados de los mármoles helénicos. Y, sin haber leído a Píndaro, anhelamos que se cumpla la promesa de sus odas triunfales. Él fue quien enunció (como los matemáticos enuncian un axioma) que la gloria olímpica perdura más allá de la muerte. En el siglo VI a. C. este poeta tebano representa ideales a la vez arcaicos y aristocráticos, dos líneas fuertes que permanecen agazapadas en el misterio del deporte olímpico, porque las innovaciones sociales y tecnológicas se desvanecen cuando llega el momento de la verdad. Aunque sucede en público, la gloria olímpica sigue siendo un secreto.

Píndaro escribió varias colecciones de odas. Las más famosas son las Olímpicas. En una sociedad educada en la literatura, los atletas competían poéticamente. Soñaban su futuro poema mientras lanzaban el disco. Con precisión y belleza, como debe hacer un poeta, Píndaro definió para siempre el mito del olimpismo: “el juicio sagrado de los Grandes Juegos / y la fiesta cada cuatro años”. El poeta retransmite, los Juegos Olímpicos en un diferido que vale más que cualquier directo: “el néctar destilado de los Juegos, ese don de las Musas, / yo los envío a los hombres”. Leerlo es difícil. Traducirlo requiere a veces un adivino más que un intérprete. Resulta oscuro hasta que destella. En el principio de su Olímpica primera estableció que lo mejor es el agua (“el agua es bien precioso/ y entre el rico tesoro / como el ardiente fuego en noche oscura /así relumbra el oro”). Profetizó las medallas de oro y hasta la natación olímpica, que en el mundo antiguo no existían.

La Grecia antigua se nos aparece ahora como metáfora en miniatura de nuestro mundo. El certamen olímpico daba cohesión nacional a los griegos, atomizados en ciudades-estado diferentes. Pitágoras comparó la vida con los Juegos Olímpicos, a los que acuden tres tipos de personas: los atletas, por la gloria; los comerciantes, por el dinero: los espectadores, que buscan solo la contemplación, son los mejores, como los filósofos.

Por otra parte, el ritmo cuatrienal pautaba la vida de los griegos. Los biógrafos nos cuentan que Platón vivió veinte olimpiadas. Bella manera de nombrar los ochenta años que quizá acabe retornando.

En el siglo I a. C. Horacio describe la literatura como deporte. En su Arte poética, la Carta Magna de la Literatura, describe los sacrificios del atleta, que han cambiado muy poco: “El que ahora se esfuerza por llegar /corriendo hasta la meta deseada, /mucho sufrió de niño, entrenó mucho, /sudó y se quedó frío, se privó / de Venus y de vinos”. No sabemos si los escritores deben también privarse de fiestas y de sexo. Pero si alguno quiere publicar algo verdaderamente nuevo “sude mucho y se esfuerce”. El premio será como el del atleta: “¡Tan grande honor le corresponde a los vocablos!”.

Cuando se restauró el olimpismo con los Juegos Modernos, Pierre Fredy de Coubertin (1863-1937) quiso recuperar el proyecto clásico, incluyendo competiciones literarias y artísticas, con medallas tan válidas como las deportivas. Como en el deporte, se intentó excluir a los profesionales, lo cual perjudicó la calidad. Curiosamente el mismo Coubertin ganó, bajo seudónimo, la primera edición literaria con una Oda al deporte.

Los Juegos Olímpicos de París en 1924 se vieron envueltos en una eclosión literaria digna de la Hélade. Se acuñó la categoría de “escritores deportivos”. Se debatió si debían ser también deportistas. La poetisa inglesa Margaret Stuart ganó la medalla de plata de París con Sword songs. La de bronce fue para Francia con Vers le dieu d’Olympie, de Charles Gonnet, quien además de escritor era jugador de rugby, nadador y patinador. En Berlín, el italiano Bruno Fattori se llevó la plata con unas odas triunfales tituladas Profili Azzuri. Estos escritores no solo han caído en el olvido. Sus obras están perdidas y, lo peor, sus nombres han sido borrados del medallero olímpico.

Meditaciones y relatos

La gran obra que queda de esa efervescencia poética son las Olímpicas de Henry de Montherlant, que en 1924 era un hidalgo aficionado a practicar el fútbol y el atletismo. Montherlant alterna poemas con meditaciones y relatos. Fue un acontecimiento la gran atención que dedicó al cuerpo femenino musculado, cosa no del todo incoherente con su misoginia. Describió mucho mejor los cuerpos masculinos, el sudor, la camaradería de los que compiten: “Si se rindiese culto a las Horas, adoraría la Hora en que puse mi pie en este estadio”, dejó escrito.

Cartel de los juegos de París en 1924, del Museo Olímpico de Lausana.

Cartel de los juegos de París en 1924, del Museo Olímpico de Lausana.

Las vanguardias literarias acogieron eufóricas todas las modalidades deportivas. Paradójicamente, al mismo tiempo, el olimpismo pasó a ser un fenómeno de masas, y se encargaron de representarlo otros: el cine, la televisión y últimamente internet.

De los recientes destellos olímpicos en nuestras letras, mencionaré solo tres, desordenadamente. La revista literaria Matador ha publicado hace menos de un mes un número espléndido dedicado a los Juegos Olímpicos. Su gran formato hace que las ilustraciones y los textos parezcan tener las dimensiones de la gran pantalla o incluso del estadio, magnitudes que se nos hacen inevitables cada vez que pensamos en el deporte olímpico.

Antes, Luis Antonio de Villena celebró al gimnasta ruso Alexei Nemov invocando el número de oro. Y, en fin, Aurora Luque, la más griega de nuestros poetas, nos dio en 2004 la síntesis perfecta, por posmoderna, de los Juegos Olímpicos de Atenas: “Esta mezcla del chándal y el olivo”.

Juan Antonio González Iglesias es poeta, autor de Olímpicas (2005) y Decatletas (2012), y profesor de Filología Latina en la Universidad de Salamanca.

EL ECLIPSE OLÍMPICO

Los Juegos Olímpicos antiguos contaron con la animadversión de las grandes religiones monoteístas. El historiador Flavio Josefo, que nació alrededor del año 37 después de cristo, cuenta que Herodes el Grande organizó competiciones deportivas entre los judíos, y llegó a ser uno de los más generosos patrocinadores de los Juegos griegos. Los judíos ortodoxos criticaron ese derroche por corromper sus tradiciones.

Algo similar les pasó a los primeros cristianos. El emperador Teodosio, en el año 393, consolidó el cristianismo como única religión y abolió los Juegos. El Islam llegó tarde a esta batalla. ¿Qué les molestaba? ¿El paganismo de la fiesta? Sí, y quizá más sus manifestaciones concretas: el cuerpo, el desnudo, el erotismo. La posibilidad de un cumplimiento pleno del ser en este mundo. También la felicidad física (y metafísica): el ánthropos en el kósmos, el continuum feliz de la piel con el mundo.

Aunque el Papa Juan XXIII bendijo los Juegos de Roma en 1960, la reconciliación del cristianismo con el olimpismo empieza antes, por vía literaria. En la Salamanca del XVI, Fray Luis de León tradujo la Olímpica Ide Píndaro, El agua es bien precioso. A finales del XIX, el obispo Montes de Oca tradujo todas las Odas de Píndaro en su México natal, comparándolo con la Biblia e imitando prudentemente a Fray Luis. También en esto el fraile es un adalid de nuestra modernidad literaria y un hito de la literatura olímpica. Merece la corona de olivo junto a la de laurel. Y un oro absoluto.

 

16 agosto 2016 at 5:06 pm Deja un comentario

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