Posts filed under ‘Literatura’

Cuando en la Ilíada se decía «tetilla» y no «pecho»

La epopeya griega escrita por Homero, una referencia constante en la literatura, posee tantas versiones como traducciones se han realizado

iliada

Fuente: Óscar Martínez, traductor de la «Ilíada»  |  LA RAZÓN

Aislada en el tiempo dentro de su propia calidad literaria, la «Ilíada» trae los ecos de un pasado en el que ejércitos de héroes combatieron en torno a una ciudad cuya destrucción estaba fijada de antemano. Con su «Ilíada» Homero fraguó una historia imperecedera sobre la que los antiguos griegos volvieron una y otra vez para modelar su espíritu y configurar de ahí en adelante todo un sentido de humanidad en Occidente. A través de los siglos hemos tornado la mirada hacia la obra homérica, guiados en buena medida por sus traductores. Es sabido que cuando la literatura latina dio sus primeros pasos lo hizo a través de la traducción de la «Odisea» realizada por el gramático de procedencia griega Livio Andrónico. La «Odusia» de Andrónico constituyó, pues, el primer peldaño hacia una de las cumbres de la literatura universal: la «Eneida» de Virgilio, que tanto temática como formalmente bebía explícitamente de Homero.

Como contrapartida, Virgilio supo mantener vivo el fuego homérico cuando se perdió de vista la noción de la lengua griega: todo el conocimiento que tenía Dante acerca de Homero cuando lo presentó como «poeta sovrano» en el primer círculo del Infierno se lo debía a Virgilio, ya que el autor de La «Divina comedia» nunca pudo leer a Homero. Petrarca, en cambio, aunque poseía una copia manuscrita de la «Ilíada», se confesaba sordo ante sus palabras al no saber griego. Fue la necesidad de leer al viejo aedo lo que dio lugar a la primera traducción europea de la «Ilíada»: en ello Boccaccio resultó decisivo, pues consiguió como traductor a un tosco monje calabrés llamado Leonzio Pilato que se hacía pasar por griego: hacia el año 1365 los humanistas italianos ya contaban con una traducción en latín –la primera de muchas– con que volver a leer a Homero.

Homero, una presencia constante

Gracias a estas traducciones latinas comenzaron a aparecer las primeras versiones homéricas en las lenguas nacionales (hacia el 1450 apareció en España la «Ilíada en romance» atribuida al hijo del Marqués de Santillana); desde entonces, la presencia de Homero fue constante en las literaturas europeas. En este sentido, George Steiner señala que el mito «natural» de los británicos, el artúrico, acabó cediendo su puesto al imaginario homérico: Chaucer, por ejemplo, abordó la temática troyana en «Troilo y Criseida» hacia 1385, y luego Shakespeare repitió título y temática en 1602: ¿tuvo Shakespeare alguna vez ante sus ojos la «Ilíada» traducida por Chapman (1598), su rival en la composición de sonetos?

Es preciso señalar que no todas las épocas fueron favorables a Homero. La consolidación de una estética neoclásica redundó en la pérdida de favor de sus poemas. Los literatos del momento pasaron a considerar a Homero (por extensión a todos los poetas antiguos) un autor de pésimo gusto: se trata de la famosa «Querella entre los modernos y los antiguos» en la que participaron escritores como Racine, de parte de los antiguos, y los hermanos Perrault o Voltaire por los modernos. Sin duda, en la «Ilíada» existen numerosos pasajes capaces de perturbar la sensibilidad neoclásica: que un rey pudiera disfrutar de un banquete a base de animales de corral trinchados por él mismo o que un héroe tropezara sobre una montaña de estiércol no eran precisamente cualidades versallescas. De esta manera, en España el traductor José Hermosilla se vio obligado a hacer estas aclaraciones a propósito de su traslado de la «Ilíada» (1831): «En general en todo el poema, donde se dice ‘‘tetilla’’, ‘‘ombligo’’, ‘‘nalga’’, ‘‘la vejiga’’, ‘‘las partes pudendas’’, he empleado los nombres de ‘‘pecho’’, ‘‘costado’’, ‘‘cuerpo’’, ‘‘vientre’’, ‘‘ijar’’, u otro equivalente. Porque si bien los términos griegos son más exactos, anatómicamente hablando, sus correspondientes son para nosotros menos poéticos».

La rebeldía de los héroes

Con el cambio de centuria, el mundo heroico de Homero cobró un nuevo sentido: sus héroes evocaban la rebeldía contra lo estático y lo vulgar en pos de unos valores superiores como la fuerza o el coraje. Es la época en que Joyce alcanzaba con su «Ulises» (1922) una de las cumbres de la literatura en lengua inglesa, mientras que en España Machado declaraba en sus «Proverbios y cantares» que en su infancia soñaba con los héroes de la «Ilíada». La nostalgia del héroe épico también se hacía sentir en la definición del esperpento que Valle Inclán plasmó en «Luces de bohemia». Por su lado, Baroja reproducía punto por punto en su «Zalacaín» (1909) la escena de despedida entre Héctor y Andrómaca del canto VI de la «Ilíada», y no es improbable que su inspiración procediera de la «Ilíada» (1908) de Luis Segalá, de marcados acentos modernista.

En cada época la obra homérica adopta su significado. El poeta portugués Manuel António Pina sostiene que tal vez la «Ilíada» no sea sólo un libro, sino la propia idea de la literatura y que todos los demás libros reescriben incesantemente algún verso suyo. El hecho es que en el siglo XXI la epopeya homérica mantiene intacta su capacidad de conmover y perturbar con su vigor expresivo: resaltar el carácter eminentemente narrativo de la «Ilíada» y verter en toda su fiereza la potencia de sus imágenes y su léxico es lo que hemos pretendido al presentar una traducción para el siglo XXI. Continuar leyendo la «Ilíada» a través de nuevas traducciones es una forma de ocupar el puesto que nos corresponde en el proceso de transmisión de toda una forma de humanismo y de cultura.

2 marzo 2015 at 9:07 pm Deja un comentario

‘De Roma a China’, la conquista de la seda mil años antes de Marco Polo

Jean-Nöel Robert descubre en su último libro la peligrosa aventura de los primeros mercaderes en llegar a oriente seducidos por fabulosas riquezas

guerreros-xian

Guerreros de Xian. | Cordon Press

Fuente: LAURA GALDEANO  |  Libertad Digital    26/02/2015

En el primer siglo de nuestra era, dos culturas tremendamente influyentes, en plena expansión, ubicadas en los extremos del mundo conocido y desconocidas entre sí entablan relaciones comerciales con la seda como objeto más codiciado. Mercaderes romanos llegaron a China en una peligrosa expedición, solo apta para aventureros, que propició el intercambio de mercancías, pensamientos y experiencias mucho antes de que Marco Polo pisase esos lugares.

“Fueron recibidos por el emperador Han en la capital, Chang-an, cerca de la Xian moderna. Era el final de un viaje extraordinario en el que, de Alejandría a la India a través de la Bahía de Bengala para la península de Malaca y las costas de Annam, tuvieron que hacer frente a todos los peligros para llegar hasta una China de fabulosas riquezas”.

DeRomaaChinaAsí comienza esta página de la historia, hasta ahora pasada por alto, que nos desvela Jean-Nöel Robert (1949, París), latinista y experto en la historia de Roma, en el libro De Roma a China. La ruta de la seda en época de los césares. Robert, tras un intenso trabajo de documentación basado en la traducción de textos latinos, griegos y anales chinos de la época, describe esos encuentros y la vida de ciudades antiguas ya desaparecidas y de sus gentes.

Un libro ágil y envolvente, que ha sido traducido en más de una treintena de lenguas, incluyendo China, Japón y Corea. Según admite el autor, destinado “a todos aquellos que tengan curiosidad por los acontecimientos poco conocidos de la historia”. Pero principalmente y como recalca Robert, se trata de “una extraordinaria aventura humana que todos los apasionados de la historia disfrutarán al descubrir”.

PREGUNTA. El libro nos presenta la seda, las telas, las especies o los perfumes orientales como objetos de deseo para los romanos. ¿Hasta qué punto influyeron en el devenir de las distintas civilizaciones?

RESPUESTA. ¡No hay que exagerar! No todos los productos de lujo provenientes de Extremo Oriente o los fabricados a partir de materias primas originarias de India o de China tuvieron un impacto determinante para el devenir de la civilización romana. Sin embargo, los productos lejanos que costaban mucho dinero permitieron por su parte a los comerciantes ávidos de enriquecerse recorrer el mundo antiguo más allá del Imperio romano; y por otra parte, en el propio Imperio romano y particularmente en Roma, estos productos de lujo permitieron a una clase privilegiada demostrar claramente su diferencia social con el resto de ciudadanos. Estos productos de lujo jugaron entonces un papel importante sobre la moda de Roma y sobre el tren de vida de los más ricos.

P. Usted asegura en el libro que “no había hombre más internacionalizado que un romano de la época imperial”. ¿A quiénes serían comparables hoy día?

R. Sería arriesgado establecer comparaciones y equivalencias entre la Antigüedad y la actualidad. Sabemos que la historia jamás se repite y las condiciones políticas y económicas de la época eran muy diferentes de las nuestras. La frase que usted cita pretende simplemente resaltar que los romanos construyeron un imperio inmenso y que vivió en paz durante muchos siglos, lo que no se había producido nunca antes en la historia de la Antigüedad, por no decir en la historia del mundo. Los romanos se encontraban en el centro de este inmenso imperio y no vivían sino por él.

“Las ganancias eran lo suficientemente apetecible para que los audaces partieran a la aventura”

P. Se enfrentaban a desiertos, mares embravecidos, terrenos desconocidos y pueblos violentos, como los hunos. ¿Se les puede considerar unos imprudentes? ¿Era tal la recompensa como para arriesgarse de este modo?

R. Hay que considerar en primer lugar que los hombres que se lanzaban al comercio con países lejanos, tanto por vía terrestre como marítima, reunían cualidades de audacia, coraje e incluso temeridad. Los peligros de la ruta eran muchos; los conocimientos geográficos, aunque admirables, eran muy imprecisos, e incluso aquellos que se adentraban en los países vecinos del imperio corrían grandes riesgos. En cuanto a aquellos que recorrieron la ruta completa desde el Imperio romano hasta China, fueron una minoría. Por otro lado, los comerciantes en Roma eran muy poco valorados, aunque sí es cierto que la previsión de las ganancias era lo suficientemente apetecible para que algunos audaces partieran a la aventura.

P. ¿Cuál era el mayor peligro?

R. El abanico es tan grande que es imposible decidirse por uno solo. Entre los peligros más temidos se encontraban las tempestades marítimas y los naufragios en alta mar; el encuentro con bestias salvajes en las montañas de Asia central; las inclemencias del clima, como la nieve que empezaba a caer a mediados de agosto en la Cordillera del Pamir; o el riesgo de que los yaks cargados de mercancías resbalaran y cayeran por algún precipicio; o el calor insoportable de los desiertos en los que uno se arriesgaba a perderse y morir de sed junto a sus camellos. Sin olvidar los numerosos bandidos que, como mínimo podían despojarte de todos tus bienes, y podías considerarte afortunado si te dejaban con vida…

P. ¿Cómo definiría a estos exploradores?

R. Es obvio que estos viajeros debían tener un espíritu valiente, aliñado con una dosis de locura, o al menos de inconsciencia. Pero no eran exploradores (y es una lástima, porque nos hubieran dejado unos impresionantes relatos de sus viajes); simplemente eran unos aventureros.

P. Las hazañas de Marco Polo han sido objeto de estudio de muchos historiadores. Sin embargo, estos romanos han pasado desapercibidos. ¿Por qué?

R. Si las hazañas de estos aventureros de la Antigüedad han caído en el olvido es a causa de diversos motivos. En primer lugar, no dejaron testimonios, solo sabemos de ellos a través de algunas menciones en los anales chinos; además, la existencia de estos comerciantes no era considerada importante (no eran sino simples proveedores). Para terminar, las conmociones que sacudirían el siglo III de nuestra era no solo al mundo romano, sino al resto de imperios, contribuyeron a que cayera en el olvido el hecho de que, un milenio antes de Marco Polo, unos hombres hubieran podido ya establecer contacto entre los dos extremos del mundo conocido.

P. Se fijaron rutas marítimas y terrestres que facilitaron el intercambio comercial, pero ¿se podría hablar también de las primeras rutas turísticas?

R. No, esas rutas no tenían un uso turístico, que no se desarrolló hasta casi nuestros días. Desde luego, en el seno del Imperio Romano, sabemos que los ciudadanos más ricos podían visitar los lugares más conocidos. Por ejemplo, el destino más popular era Egipto y algunos visitantes no dudaron en grabar sus nombres en las pirámides. Pero no iban más allá de las fronteras del Imperio. Estas hazañas aventureras estaban destinadas al comercio.

“Una aldea china se declara descendiente de soldados romanos”

P. Hay un capítulo dedicado a la deportación de diez mil prisioneros romanos tras la muerte de Craso en la batalla de Carras que queda envuelto en misterio. ¿Qué cree que ocurrió con estos hombres?

R. Este asunto está aún rodeado de misterio y no sabemos con seguridad más que el inicio y el final del periplo. En efecto, Plinio el Viejo cuenta que los partos hicieron 10.000 prisioneros tras la batalla de Carras en el 53 a.C., que acabó para los romanos en una derrota particularmente vergonzosa y deshonrosa. Sabemos que los partos enviaban a una buena parte de sus prisioneros al otro extremo de su imperio a fin de evitar cualquier intento de fuga. Resultó que ciertos romanos fueron trasladados cerca de lo que es hoy la frontera de Turkmenistán. Por otra parte, los anales chinos hablan de alrededor de 150 soldados romanos hechos prisioneros en una batalla contra los hunos y que se establecieron en territorio chino en una aldea creada ex profeso para ellos, cerca del Lop Nor, a fin de contribuir a la vigilancia de la frontera china. Todo lo que sucedió entre estos dos puntos de la historia es pura hipótesis. Se trata de una auténtica investigación policial. Pero lo curioso es que hoy, en el s. XXI, los habitantes chinos de un pueblo cercano a la antigua aldea de los romanos se declaran descendientes de esos soldados que se instalaron allí hacia el 35 a.C., y piden que se les someta a estudios científicos.

“Para los romanos, la leyenda no se distinguía de la historia”

P. Resulta bastante curioso para el lector la descripción del paisaje como los “pájaros gigantes con huevos grandes como tinajas”, así como los recibimientos que, en lugares extraños, recibían. ¿Qué repercusión tenían en Roma estás narraciones?

R. Los romanos ponían nombres a las novedades y los descubrimientos que realizaban en función de lo que ya conocían, lo que daba lugar a nombres en ocasiones incongruentes o poéticos. Pero no hay que olvidar que para ellos la leyenda no se distinguía de la historia y que, por ejemplo, Alejandro Magno era tan real como Hércules.

P. Y China, considerado un pueblo de mentalidad algo cerrada, ¿era más favorable por entonces a adoptar técnicas o costumbres extranjeras? ¿Queda algo hoy de aquello que le aportó Roma?

R. Tenemos el testimonio de algunas técnicas romanas que fueron adoptadas por la China de la época, como por ejemplo la formación en testudo o tortuga -es decir, la forma de combatir de los legionarios protegiéndose con sus escudos como una tortuga se protege con su caparazón-, que los chinos rebautizaron como formación “en escamas de peces”. Pero no creo que podamos decir que en la actualidad quede en China algo de influencia romana. Los tiempos han cambiado.

P. ¿Qué era lo más preciado para los mandatarios chinos de los presentes que portaban los romanos?

R. Los supuestos embajadores romanos que se presentaron en la Corte del Hijo del Cielo en el año 166 de nuestra era fueron bastante decepcionantes. Traían algunas baratijas -principalmente coral y bisutería de vidrio comprado en India-, ya que no preveían encontrar un emperador tan fastuoso y una corte tan rica.

P. Bagram, a unos 60 kilómetros al noroeste de Kabul fue punto estratégico en el intercambio comercial. ¿Qué queda hoy de su tesoro?

R. Quedan aún algunas piezas muy hermosas que pueden admirarse en el Museo Guimet de París, pues fueron los arqueólogos franceses quienes contribuyeron a recuperar este magnífico tesoro.

P. ¿Qué proyecto le ocupa ahora?

En tanto que historiador de las mentalidades, en el mes de marzo publicaré una obra que hará hincapié en Pompeya. La vida antes de la erupción del Vesubio no se desarrollaba en realidad como se imagina habitualmente y la fecha de la erupción establecida tradicionalmente no se corresponde con la realidad de los descubrimientos arqueológicos. Se trata entonces de una “relectura” del yacimiento de Pompeya. Y tengo otros proyectos pendientes…

De Roma a China. La ruta de la seda en época de los césares. Jean-Nöel Robert. STELLA MARIS EDITORIAL, 2014. 339 páginas.

26 febrero 2015 at 7:09 pm Deja un comentario

El presente es una piedra

presente-piedra

Fuente: Pablo Raphael / Laberinto | Milenio.com       14/02/2015

Están abrazados. Ella aprieta un pergamino con el puño izquierdo. Él tiene las manos crispadas y su boca lleva veinte siglos abierta. El aliento se le escapó por esa noche interminable que es el pozo de su boca. Ella parece dormida, casi sonríe y mientras guarda la calma el otro mira al cielo: su grito silencioso se ha convertido en un mito cuya verdad apenas fue revelada ayer. Ella cae sobre su cuerpo, como un manto.

Entre las personas que, tras la erupción del Vesubio, fueron convertidas en piedra, la llamada Pareja del pergamino ha sido la que más especulaciones, libros y notas de prensa ha producido. Es conocida la historia de un arqueólogo suicida que, en la nota de despedida, la acusó de su melancolía. La televisión brasileña registró las declaraciones de un guía espiritual formado bajo la sombra de Paulo Coelho que al mirar la pieza aseguró que él hombre había “chamaneado” a la mujer con el discurso de sofista del aquí y el ahora. Por su belleza, cabe destacar el libro de fotografías editadas por Turner que retratan los nombres, dibujos y fechas que los turistas enamorados han escrito a los pies de los amantes.

A finales del siglo XVIII, empezaron los primeros trabajos para desenterrar la biblioteca de Herculano. A dieciséis kilómetros de Pompeya, la erupción cubrió esa villa con más de veinte metros de ceniza y la verdad es que el descubrimiento de Karl Jacob Weber vino a cambiar la historia de la civilización: esta es la única biblioteca de la antigüedad que conserva sus libros.

La fabulosa maquinaria de palancas, poleas y engranes inventada por Piaggio para desenrollar los pergaminos petrificados y, con ello, poder leer sus textos, resulta igual de fascinante que mirar los cientos de anaqueles en los que se da cuenta de la contabilidad, la cocina, el comercio, la ciencia y la filosofía con que los habitantes de Herculano organizaban, consumían y guardaban su memoria.

Desde entonces, poco a poco, “lamiendo la piedra hemos podido arrebatarle sus secretos”, dice el arqueólogo Ezio Mura, descubridor de la copia del pergamino que ella aprieta con el puño. “Hemos avanzado mucho desde que iniciaron los rescates en Pompeya y también aquí en Herculano, pero lo cierto es que los primeros arqueólogos que descubrieron a la Pareja del pergamino hicieron bien en no amputar la mano izquierda que lo sostiene”. En entrevista para este diario, el arqueólogo explica que se hubiera ganado el contenido del documento pero se hubieran perdido esos dedos que sirvieron de modelo a toda la escuela florentina y al neobarroco. “También es probable que, de haber mutilado la pieza, los amantes de piedra no hubieran despertado el interés de los enamorados, tanto como el de la ciencia”. No se habría escrito lo que se ha escrito y, mucho menos, se hubieran reunido los recursos financieros para horadar la piedra y rescatar todo lo que le hemos arrancado a este monumental reloj de arena. “Ningún patrocinador se enamora de una mujer manca”, dice Mura.

En Herculano la ley y el sentido de la memoria obligaban a los amanuenses a dejar siempre una copia de lo que se escribía en la biblioteca. Se sabe que el pergamino que ella sostiene con el puño tiene su origen en Herculano por los acabados del palo de madera que sale de los extremos, idénticos a los cientos que se han rescatado y los muchos más que esperan ser desenterrados. “En el caso de nuestro pergamino solo sobrevive la extremidad inferior, ya que quedó más cerca de los cuerpos. El otro extremo del palo se pulverizó con el calor”.

“Siento ser el que vaya a desengañar a la humanidad —dice Mura— pero hoy, tras cinco años cotejando información y utilizando los sistemas de tomografía aplicada hemos podido comprobar que una de las frases que se alcanzan a leer en el pergamino que ella sujeta con su puño es idéntica a otra más que nuestros paleógrafos han descifrado en uno de los pergaminos hallados en la biblioteca, muy cerca del llamado salón del encargado.

“No sabemos el nombre del autor, pero el documento está firmado con la letra Kappa y es precisamente ese autor quien da cuenta de otra historia muy distinta a la que llevamos imaginando todos estos siglos”.

K o Kappa escribe que Plinio el Joven educó a Yorgos el mago, que Yorgos el mago abandonó la filosofía y el ejercicio de la poesía, seducido por la brujería y las artes del engaño. El mago descubrió que las palabras simples y las obviedades podían transformar el corazón de una mujer herida, robarle literalmente el aliento, contaminarlo con su boca y ofrecerle la paz. En otra línea Kappa da cuenta de su propia vida y del amor que lo motivó a regalar la estrella que todos los enamorados se regalan: “Cuando quieras ver esa estrella, cierra los ojos”. Todo por ella. Implorando a cada uno de los dioses que tienen que ver con el amor, Kappa escribe que se pone de rodillas y jura vivir por L o Lambda. Esa muchacha de “ojos de piedra en agua” se desposa con Kappa, ambos se aman en la playa, compran una casa frente al mar. Nada los va a separar. Nada hasta que Yorgos decide quedarse con ella. El pergamino encontrado explica que Yorgos fue nombrado encargado de la biblioteca de Herculano, que aprovechando el bastón de mando hizo encerrar a Kappa en uno de los sótanos. Luego mintió: se hizo amigo de la mujer, explicó a Lambda que su amado había preferido la guerra, que se había embarcado y que le había pedido cuidase de su dolor. Yorgos tiene mal aliento y ella se resiste, pero la suerte está echada. El corazón es una bomba.

Para Kappa el corazón es una piedra. La frase exacta que aparece en los dos pergaminos y que ayudó a descifrar el enigma, en realidad pertenece a los Upanishads y, en griego, dice: “Esto también pasará”.

Yorgos habla con Lambda del presente y de la verdad. Le miente como hicieron los envidiosos de Odiseo que deseaban a Penélope hasta que casi logran convertir la mentira en verdad. A diferencia del cuento griego, Yorgos lo logró: creyendo que Kappa prefería la guerra al amor, que la había abandonado sin decir una palabra, ella acepta vivir con el mago en Pompeya. En la línea final del pergamino donde Kappa cuenta la verdad, él le habla de esa estrella: “Cierro los ojos y miro que me miras, hazlo también”.

La ceniza forma una nube que ciega al cielo. El mundo está por terminarse y Pompeya por convertirse en lo que es hoy. Ella termina de leer el pergamino que le han enviado y, entonces, Yorgos entra en el salón. La lluvia de polvo cae hirviendo. Ella quiere destruirlo a él en vez del mundo. Yorgos grita y la abraza. Lambda cierra los ojos. Faltan segundos para que la nada y la noche sucedan. En Herculano, a unos metros de donde encontraron la copia del pergamino, los arqueólogos descubrirán una mano que intenta tocar algo.

Solo resta lamer la piedra, aún sin abrir los ojos.

14 febrero 2015 at 7:59 pm Deja un comentario

Virgilio Ortega rastrea el origen de mil palabras soeces en «Palabrotalogía»

Políglota y profundo conocedor de la cultura grecolatina, Virgilio Ortega viaja «en el tiempo» a la antigua Pompeya, poco antes de que desapareciera bajo las cenizas del Vesubio, para documentar en un libro el origen de más de mil palabras soeces. Y lo hace «con mucho humor y pocos prejuicios»

Palabrotalogía

Fuente: Ana Mendoza – EFE  |  Fundéu BBVA   12/02/2015

El resultado de ese viaje es Palabrotalogía, una obra amena, culta y «nada pacata», publicada por Crítica, que guarda una estrecha relación, incluso en el neologismo del título, con Palabralogía, el libro en el que Ortega reconstruía la etimología de centenares de voces de la lengua española.

La diferencia es que ahora el autor, director editorial durante más de cuarenta años en Salvat, Orbis, Plaza & Janés y Planeta DeAgostini, se centra sobre todo en las palabras «guarras» que, como afirma en una entrevista con Efe, «son tan buenas e interesantes como “las otras”, pero quizá por un pudor incomprensible han sido menos estudiadas por los especialistas».

Ortega elige Pompeya, porque el volcán fue «una tragedia» para sus habitantes, pero «un privilegio para nosotros: ha congelado la ciudad en el tiempo».

Se conservan sus edificios y obras de arte, y también las palabras que los pompeyanos habían escrito en las termas, en las escuelas de gladiadores, en los mosaicos de los suelos, en los lupanares.

«Hay más de diez mil grafitos», comenta este autor que, cuando menciona en su libro los nombres de varias prostitutas o del «rufián» del lupanar, no se los inventa sino que los toma de esas inscripciones.

Los grafitos son de todo tipo: políticos, gladiatorios y amatorios. Entre estos últimos, algunos son muy poco románticos: «Aquí me tiré a la tira de tías», dice uno. «Nada más llegar aquí, jodí y me volví a casa», afirma otro.

En una letrina pública, por ejemplo, hay un elocuente escrito en una de sus paredes: «Encolpius hic bene cacavit» (‘Encolpio aquí cagó bien’), señala Ortega antes de recordar que con el verbo cagar (del latín cacare) tienen que ver cagadero y cagatorio (el lugar donde se caga).

A Diógenes le gustaba defecar en el ágora y, cuando alguien se lo reprochaba, decía: «Si comer en el ágora no es indecente, tampoco lo será el descomer».

Y ya metidos en palabras «guarras», el autor, apasionado de las etimologías, comenta que mierda viene del latín merda, que se conserva tal cual en catalán, gallego e italiano.

Y la orina, del latín urina. De ella derivan los urinarios. Sin la lengua del imperio romano «tampoco podríamos “mear”», del latín vulgar meiare y del latín clásico meiere. Y ese verbo significa lo mismo que mingere, del que vienen micción y mingitorio (el lugar donde se mea).

Como si se tratara de «un ensayo novelado», Ortega recrea la vida en Pompeya en el verano del 79, «muy poco antes de la gran catástrofe»; se inventa personajes y diálogos y cita a autores como Petronio, Catulo, Marcial, Cicerón, Ovidio y Juvenal.

Al visitar las termas públicas de Pompeya, el autor ve que las aguas están un poco «guarras», un término que procede de la voz onomatopéyica «gorr-gorr» o «guarr-guarr». Y de ahí derivan gorrino, gurriato, gorrón, gorrona o guarrería

En un grafito de las termas se dice: «Si alguien quiere joder, que busque a Ática. Son 16 ases». Un verbo, el de joder, que viene del latín futuere. En italiano se dice fottere, en francés foutre, en catalán fotre y en gallego y portugués foder, afirma Ortega.

El falo está representado por toda Pompeya y a veces está esculpido en las losas del suelo. «Mal lugar para tropezar», reconoce este políglota, que sabe latín, griego, inglés, francés, italiano, catalán y es un estudioso de los jeroglíficos egipcios.

De hecho, uno de los iconos más famosos de Pompeya es un potente falo con dos turgentes testículos, bordeados por la inscripción latina Hic habitat felicitas (‘Aquí habita la felicidad’).

Y hay grafitos fanfarrones: «Ventaja, y no pequeña, tengo en mi gran carajo: ninguna mujer puede resultarme demasiado ancha». «¡Y luego dicen que el tamaño no importa!», añade el autor antes de recordar que carajo viene del latín characulum  (‘palo’, ‘verga’), igual que el gallego carallo y el portugués caralho.

En latín existen más de cincuenta palabras para mencionar la profesión de «puta», entre ellas «meretrix» (meretriz), «concubina» (con quien se comparte otro lecho o cubículo, sin estar casado con ella) y «culiola» (del latín culus, culo, por ofrecer coito anal). En Pompeya hay una «culibonia», pues tiene «un buen culo», comenta Ortega.

Y a veces utilizan eufemismos para designar la forma de reclutar clientes: la «prostibulatrix» se queda ante su «prostibulum», la «circulatrix» prefiere circular, «hace la calle».

Otros eufemismos son de carácter animal, como «lupa» (loba) o «pecora» (cabra, oveja), de donde viene lo de «mala pécora».

12 febrero 2015 at 10:25 am Deja un comentario

Pompeya, contada por sus supervivientes

La verdadera historia de la erupción es narrada por Alberto Angela en un libro que resume 25 años de investigación

fresco-Pompeya

Uno de los bellísimos frescos conservados en las villas de Pompeya  /  ABC

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC      11/01/2015

En menos de veinte horas el Vesuvius (el monte exterminador que no es el Vesubio que conocemos hoy, como comúnmente se cree) expulsó diez mil millones de toneladas de magma, centenares de millones de toneladas de vapores y de otros gases a una velocidad de 300 metros al segundo. Se calcula que, en términos de energía mecánica y térmica liberada por la erupción del Vesuvius, equivaldría a 50.000 bombas atómicas de Hiroshima.

En Pompeya vivía Faustilla, la usurera que hasta el último momento persigue a sus clientes exigiendo el pago de los créditos mientras Pompeya se derrumba. Vive Novella Primigenia, la actriz que, tras el teatro, intima con hombres poderosos la noche anterior a la tragedia. Se encuentra allí Apollinare, médico personal del emperador Tito, que en su tour por la provincia visita a la bella Rectina, la aristócrata organizadora, incluso pocas horas antes de la catástrofe, de suntuosas fiestas en su villa al pie del Vesuvius.

Una Pompeya viva

Esta narración de la tragedia de Pompeya la ha hecho de una forma inédita el paleontólogo más famoso de Italia y divulgador científico Alberto Angela en su libro «Los tres días de Pompeya», un best seller en Italia. Durante veinticinco años ha estudiado las excavaciones, con la ayuda de vulcanólogos, arqueólogos, antropólogos y otros investigadores, para restituirnos la imagen de una Pompeya viva, que en su cotidianidad se asemeja de forma sorprendente, por las actividades de sus habitantes y la tipología de los mismos, a una ciudad contemporánea. Se alquilaban carros, existía el agua corriente y la mujer estaba emancipada.

Cuando uno llega a las excavaciones de Pompeya se tiene la impresión de que los romanos acaban de abandonar la ciudad. Es prácticamente el único lugar arqueológico en el mundo que cuenta la vida cotidiana de hace dos mil años. Pompeya parece haberse parado en el tiempo. Como en un filme, Angela nos descubre esas pequeñas cosas que se asemejan a nuestro mundo. En esa cuenta atrás de la tragedia, se comienza a las ocho de la mañana del 22 de octubre del 79 d.C., cuando faltan 53 horas para la erupción, que se produce en otoño y no en verano como siempre se ha narrado. La vida de Pompeya durante tres días la reconstruye Alberto Angela con siete supervivientes que históricamente han existido, con sus nombres y apellidos, a los que sigue paso a paso en un recorrido que se puede hacer todavía hoy por calles, casas y locales públicos.

Plinio el Joven y sus cartas

Nos encontramos así con Plinio el Joven, un superviviente que describió la erupción en sus dos famosas cartas dirigidas a Tácito. Plinio habla de la villa de la citada Rectina perteneciente a la élite romana, que también se salvó, al igual que el joven Aulio Furio Saturnino, miembro de una de las más conocidas familias de Pompeya que hacía negocios con ella. Se salvará Flavio Cresto, un liberto que va a jugar a los dados a un casino de Pompeya. Se salva también Tito Suedio Clemente, inflexible tribuno enviado a Pompeya por el emperador Vespasiano para concluir la revisión del Catastro. Por el contrario, poco clemente fue la suerte con la señora Giocondo: ese día había organizado un viaje a su granja fuera de Pompeya. Su marido, el banquero Lucio Cecilio Giocondo, había recibido a una señora rica en su oficina del Foro para gozar de la vida. Pero su esposa no saldrá ya nunca más de la granja, sepultada por la lava, gas y magma.

Siguiendo los pasos de estos supervivientes se descubre una Pompeya de nuevos ricos, habitada sobre todo por exesclavos, que habían encontrado su nuevo estatus social y económico en el comercio. Era un lugar también de excesos, con una treintena de burdeles, una ciudad en crisis: antes de la erupción se habían producido terremotos y el último había impedido a la ciudad surtirse de agua desde hacía meses.

asdfadsfasdfasdfas

Un breve lapso de tiempo ha constituido la diferencia entre la vida y la muerte. Quienes eligieron la fuga en las primeras horas desde que se inició la erupción tuvo la posibilidad de escapar. Por el contrario, los que dudaron o decidieron esperar que el Vesuvius se calmara permaneciendo en la ciudad, encontró la muerte. La mayor parte de los habitantes de Pompeya murió, porque ninguno esperaba tal catástrofe, y cuando lo comprendieron era demasiado tarde. El poeta Cesio Basso podría haberse escapado. El propietario del «hotel» donde se hospedaba, Cossio Libano, viendo las primeras nubes elevarse en el cielo, comprendió enseguida la dimensión de la tragedia que se abatía sobre Pompeya y tuvo tiempo para organizar tres carros y salvar a su familia. Ofreció un puesto al poeta Basso, que lo rechazó.

En un radio de 12-15 kilómetros el territorio en dirección a Pompeya quedará bajo un espesor de tres metros de lava. Cambiará la conformación de la costa, sepultará Herculano bajo veinte metros de fangos volcánicos y Pompeya bajo casi seis metros de lava, piedra pómez y cenizas. Pocos habitantes se salvaron, solo aquellos que se marcharon de inmediato. Datos ciertos sobre los muertos nos los hay, pero se estiman entre ocho y diez mil en Pompeya y de tres mil a cuatro mil en Herculano. El primer esqueleto se encontró el 19 abril 1748, y hasta hoy se han descubierto 1.047 en Pompeya y 328 en Herculano. Falta mucho aún por descubrir.

Era otoño y no fue el Vesubio

Entre las muchas «nuevas» verdades que están surgiendo sobre Pompeya, sin duda la más clamorosa se refiere a la fecha de la erupción. En todas las guías y libros se ha señalado el 24 de agosto del 79 d.C. La fuente principal era Plinio el Joven, que lo cuenta por carta a Tácito. Pero la carta original no existe, sino copias realizadas en el Medievo por amanuenses, posiblemente con errores de transcripción. Algunos investigadores, entre ellos Alberto Angela, sugieren otra fecha y estación del mismo año 79 d.C.: la erupción se habría producido el 24 de octubre. Se basan en indicios importantes: las víctimas no llevaban ya ropas de verano, sino de otoño, en algunos casos incluso voluminosas y pesadas. En muchas casas, como por ejemplo la del Menandro o la de los Castos Amantes, se han encontrado braseros para calentarse, lo que sugiere que había temperaturas bajas. Además, se ha encontrado un gran número de castañas, típicamente del otoño, y nueces y granadas, que habitualmente se recogen entre septiembre y octubre. Los arqueólogos han descubierto terrenos agrícolas que producían vino, y la vendimia, que se realiza en otoño, ya había concluido cuando llegó la erupción.

Además del equívoco sobre la fecha, hay otro mito que Alberto Angela aclara. El verdugo de Pompeya no fue el Vesubio como lo conocemos hoy. En la época de Pompeya no era visible. La erupción se produjo en otro volcán que se encontraba en el mismo punto, pero mucho más antiguo: el Vesuvius o Vesbius, hoy monte Somma. Ya fue catastrófico antes de Pompeya. Al menos tres de sus erupciones prehistóricas debieron ser apocalípticas, similares a la del 79 d.C. De una de ellas hay testimonios escalofriantes: restos arqueológicos en un poblado de la edad de bronce, encontrado en la localidad de Nola. Hace unos 4.000 años el Vesuvius tuvo una erupción violentísima.

11 enero 2015 at 9:17 am Deja un comentario

La importancia de llamarse Augusto

Entrevista a Adrian Goldsworthy, autor de la última biografía sobre el emperador

Adrian-Goldsworthy-Augusto

Fuente: JULIO MARTÍN ALARCÓN  |  EL MUNDO    31/12/2014

El historiador británico Adrian Goldsworthy (1969) autor de Augusto, de revolucionario a emperador -La Esfera de los Libros, 2014- no quiere que la Historia sea aburrida, defiende con vehemencia lo contrario cuando afirma que es interesante, porque narra las vidas de personas extraordinarias, y reivindica una forma tradicional de narrar los acontecimientos a través de esos relatos humanos vivos y que reflejan personas de otras culturas y épocas pero que en esencia son iguales a nosotros. Pero no es un ejercicio de ficción narrativa, debate sobre el problema de las fuentes en el mundo antiguo y asevera la necesidad de ser honestos: explicar qué es lo que se sabe y por qué medios y qué es lo que se presupone o se interpreta en función de otras pruebas. Es una delicia conversar con uno de los historiadores con mejor pulso narrativo y comprometido con la divulgación de la Historia

-¿Cómo es la tarea de documentar un personaje de la antigüedad? Aunque existen historiadores antiguos no eran contemporáneos del emperador…
-Es difícil abordar la figura de Augusto o cualquier otro personaje de la antigüedad porque hay muchas cosas del mundo antiguo que desconocemos, aunque en ocasiones se disponga de fuentes contemporáneas al personaje como en este caso las cartas de Cicerón al joven Augusto, escritas apenas unas horas o días después de un encuentro entre ambos. Pero Cicerón es asesinado en el 43 a. C. por orden de Marco Antonio y el joven Augusto así que tenemos algunos extractos de las cartas enviadas por Augusto y algunas otras piezas de la correspondencia privada pero la mayor parte está escrito mucho después, como la obra de Suetonio al final del siglo I que tuvo acceso a documentos anteriores pero que no deja de ser en un periodo muy posterior. Apiano y Plutarco, el historiador y biógrafo griego, también escribieron en esa época. Por su parte Dión Casio, que brinda la más completa narración de los hechos era romano, senador con educación griega, pero escribe alrededor de 200 años después,por lo que es difícil saber cómo de fieles son todas estas crónicas. Incluso, aunque creyésemos que lo son, aún nos encontraríamos con lagunas. En definitiva existen problemas pero también se dispone de información adicional como la que se encuentra en nobles de la época que se han preservado en inscripciones que constituyen una valiosa evidencia así que al final hay que sopesar ambas para identificar las versiones más probables.

-¿Es Augusto una figura de referencia del modelo de dictador? ¿Cómo se ha tratado en la historiografía?
-Es claramente un contexto distinto y hay un contraste como ocurrió también con la obra de Syme La revolución romana cuya influencia desde su publicación en 1939 ha sido enorme. Entonces, el relato del ascenso de Augusto coincidió con el de Mussolini y Hitler y el fascismo en Europa, de forma que funcionó como acicate para estos fuertes líderes que dominaron la sociedad y la propaganda de su tiempo, aclamando la gloria de una nueva época. Es un poco injusto con la figura de Augusto, porque no era como ellos en mucho aspectos, de hecho, tuvo éxito mientras que Hitler o Mussolini fracasaron. Nadie se puede liberar absolutamente del sustrato de la época en la que vive, la mejor manera es afrontarlo con honestidad y mostrar cuál es la evidencia tomar ese camino, pero respecto a la pregunta si la historia está dictada por ideas o conceptos modernos supongo que como vivimos en democracias tratamos de respondernos cómo de bien está resultando, los problemas que tienen, la falta de confianza en nuestros líderes así que miras atrás y ves en Roma una lejanísima democracia occidental y cómo puede morir.

-A menudo los acontecimientos contemporáneos a un estudio histórico pueden contaminar la Historia…¿Esto ocurre ahora?
-Tratas de no reflejar los condicionantes de tu época hasta donde te es posible pero es evidente ahora, por ejemplo que Mommsen estaba muy influido por la unificación de Alemania en su época y otras ideas del momento pero no sé si hay unas fronteras claras en nuestros días que encajen en un contexto como el del XIX pero si hay alguna, sería probablemente la idea en las potencias occidentales de declive frente a países emergentes de otras partes del mundo que van a jugar un papel dominante y en ese sentido quizás la lección de Roma es la de mirar atrás en busca de una gloria pasada. En cualquier caso será más fácil para alguien dentro de 30 años decir sí, Goldsworthy estaba obsesionado con esto que es lo que pensaba todo el mundo en ese momento pero nosotros nunca llegamos a percibirlo.

-¿En qué se diferencia Augusto de otros hombres poderosos de la Historia?
-Augusto no es especial en el aspecto de ser uno de esos hombres ambiciosos pero sí en cuanto a su éxito, que no ha sido igualado: fue el que consiguió ser el único gobernante del mayor imperio jamás conocido que estaba en expansión. Una gran parte del éxito del imperio romano es el del propio Augusto algo muy relevante en la historia posterior porque el imperio romano tuvo un impacto capital en la cultura occidental que se debe a la forma en la que definió Augusto el imperio. No hay ningún otro dictador cuyo legado haya durado tanto tiempo. Eso es lo que diferencia pero claro en cuanto a la ambición por el poder supremo ha habido muchos otros. En cualquier caso la democracia o más bien el sistema de la República romana estaba ya prácticamente liquidada cuando Augusto nació, de hecho 25 años antes Sula había marchado con sus legiones sobre Roma, la política ya había tomado el camino de la violencia. Una vez que se cruza esa línea es muy difícil para cualquier sociedad volver atrás. Así que volviendo de nuevo a Augusto, en ese contexto al menos él trajo la paz y no hubo ningún otro líder que lo cuestionara, no sufrió ninguna amenaza seria después de la muerte de Marco Antonio. Tuvo la suerte y la oportunidad en su momento necesarias que le permitieron alcanzar sus metas, otros líderes las han tenido pero para el estándar de dictador el suyo fue uno de los mejores porque aunque llegó de una forma salvaje lo uso para el bien común según su propio concepto.

-Es la importancia de llamarse César…
-Es importante porque el mismo enfatiza el término de Princeps, su nombre es Imperator, nosotros deducimos de ahí el título de Emperador, pero no significa lo mismo para los antiguos romanos. Él prefiere usar el concepto de primer tribuno que el de cónsul para marcar su reinado que es un término más amable que así que las palabras son importantes pero nadie en ese momento podía dudar de la verdadera magnitud de su poder y la seguridad de que nadie se lo podía arrebatar a menos que él quisiera ya que controlaba al ejército, es de nuevo el envoltorio, él no quería pasar por un tirano sino por un servidor del estado. Creo que era la forma que él creía que era la correcta. Es una combinación de su personalidad y el dominio de su conducta, tenía tacto para agradar a la gente y prestaba respeto al senado y otras clases romanas especialmente a la vieja aristocracia, pero no tenía por qué. Lo hacía porque como hábil político era consciente de que era la mejor manera pero también porque realmente pensaba que era lo correcto y lo que trasladaba la imagen de un estado que funciona como es debido. Sí, las palabras son muy importantes, son poder.

-¿Qué imagen se ha popularizado en novelas, series, películas y cuáles son sus errores?
-Augusto no ha sido muy retratado en la ficción en profundidad, Respecto al joven Augusto y su ascenso al poder, las guerras civiles con Bruto, Casio, Marco Antonio etc aparece en Shakespeare, en la Cleopatra de Richard Burton y Liz Taylor, la serie de HBO Roma, y se muestra siempre como ese joven calculador, violento pero comedido, disciplinado…el problema está en que en que siempre se le contrapone a Marco Antonio que por contraste es el hombre pasional, de acción, no el cerebro mientras que Augusto es el débil, probablemente cobarde, un poco cruel, no es muy justo porque si acudes a las fuentes se muestra claramente como un apasionado no tienes más que ver su matrimonio con Livia, la obliga a divorciarse de su marido cuando está embarazada por segunda vez, la toma por esposa en cuestión de días tras dar a luz y parta al ex marido, no corresponde con ese arquetipo de frío calculador, no hay ninguna buena razón o artimaña política en esto. Es lo propio de alguien que se encarna en un Apolo, un comportamiento muy emocional lejos de comedido, lo que puedes esperar de un adolescente veinteañero que se convierte de la noche a la mañana en un señor de la Guerra, no un comportamiento muy disciplinado se hace más sobrio con los años, así que el contraste con Marco Antonio no encaja. Una buena parte de su vida nunca ha sido tratada en la ficción, En la obra de Robert Graves Yo, Claudio, se muestra al anciano empequeñecido por la ambiciosa y manipuladora Livia pero nunca en su mejor momento el del hombre que crea un imperio de la nada y es raro porque aparece como si fuera demasiado éxito, sin componente dramático que atraiga a los guionistas o novelistas, lo que es una pena porque es una historia muy interesante de cómo levanta el sistema que duraría siglos.

-Su mujer, Livia, surge como un gigante en la sombra en muchos de los relatos sobre el emperador ¿Fue realmente tan esencial en la vida de Augusto?
-Livia era realmente inteligente, muy capaz, y sabemos por algunos de las cartas que se conservan que Augusto le pedía consejo en muchos asuntos. La mayor parte de la mala prensa provienen del reinado de su hijo Tiberio que heredó el poder de su padre adoptivo Augusto. Cuando comenzó a ser cada vez menos querido la gente culpó a Livia de haber impuesto a su hijo en el poder, al que no debía haber accedido nunca, que Augusto tenía en mente a otro, todas las historias sobre los asesinatos, los complots… no hay evidencia de la época sobre nada de eso y de hecho es muy poco probable pero lo interesante de Livia es que si piensas en Julio César que se casó tres veces o Pompeyo que lo hizo cuatro… el divorcio era muy fácil y común en la Antigua Roma, Augusto quería claramente un hijo fruto de lo cual adoptó a muchos de ellos, el hijo que engendró con Livia nació muerto y ella no se volvería a quedar embarazada, es muy extraño que no se divorciara de ella, que siguieran casado por más de 40 años. Livia era de familia aristocrática, era guapa y era lista pero había otras muchas como ella, pudo divorciarse pero no lo hizo, irónicamente el gran romance de este periodo no habría sido el de Marco Antonio y Cleopatra sino el de Augusto y Livia. Un matrimonio que perduró y les mantuvo unidos, ella fue muy importante para él pero al mismo tiempo con un extraordinario tacto, siempre en la sombra lo que permitió a Suetonio y mucho más tarde a Graves elaborar el relato del poder detrás del trono, Un aspecto que se enfatiza en el libro y del que no se ha escrito apenas nada es la gran cantidad de tiempo que pasó fuera de Roma e Italia viajando por las provincias.

-¿Cuál será su próximo trabajo?
-Lo siguiente que quiero hacer se aparta de la biografía, será algo más temático con el título de Pax Romana y cuyo punto de partida es cómo de pacífico fue el imperio romano ya que se considera uno de los grande éxitos del imperio, cuánto hay de verdad en ello y cómo cambió la vida en otros lugares cuando llegaron los romanos. Del periodo de conquista, que fue muy brutal, al de comercio, cómo se alteró la forma de vida la adaptación de la población a los nuevos cambios y a partir de ahí investigar más allá de esos límites tratando de responder cómo vivían en cambio los que estaban fuera del imperio. Hasta qué punto penetraron las ideas y modelo social y económico de Roma fuera de sus fronteras cambiando las del resto teniendo en cuenta su enorme dimensión y prosperidad. Sobre esto habría que compararlo cómo era respecto a los inicios del imperio cuando se abandonó la República y cómo se desarrollo en esos dos siglos.

1 enero 2015 at 2:57 pm Deja un comentario

El retorno de Ulises como emigrante sin papeles

El escritor Alberto Manguel y el ilustrador Max imaginan qué le sucedería al mito si desembarcara en el mundo de hoy

Ulises-Max

Ulises desembarcando en el puerto, tras una odisea en la que ha viajado sin papeles Max

Fuente: XAVI AYÉN  |  LA VANGUARDIA

Ulises ha vuelto… y no entiende nada. El escritor canadiense Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) y el ilustrador Max (Barcelona, 1956) han imaginado El regreso de Ulises, una fábula adulta recién publicada por Nórdica en la que el héroe es tratado como el simpapeles que es y es pasto del estupor al ver en qué se ha convertido el mundo.

Para empezar, el mítico personaje llega, siguiendo la tradición, por el Mediterráneo, pero tras haber tenido que pagarle una considerable suma de dinero por adelantado a Atena, que le ha escondido entre un cargamento de cueros crudos. Al avistar tierra, desciende y un grupo de sintecho que se calientan en torno a una fogata le observa con recelo. Previamente, en un centro de detención, un compañero de cautiverio le había dicho: “Un exilado es siempre un exilado”. El desdichado Ulises arriba habiendo tenido que desempeñar mil oficios en otros tantos puertos e incluso “dos veces ejercer la prostitución”.

El héroe desembarca en un lugar que no se parece a aquella Ítaca de la que salió. En sus irreconocibles calles, los niños se burlan de una viejecita a la que él identifica enseguida como la Sibila de Cuma. Una sensual chica se contonea ante ella y le grita: “Sibila, ¿me enseñas cómo hacer el amor?”.

El libro se encuentra a medio camino entre el cómic y el relato literario, y es una sugerente reflexión sobre el sentimiento de no pertenencia, el exilio, la identidad y el contraste entre los ideales y la realidad, todo ello investido, a pesar de su brevedad, de un aura de gran parábola. En suma, un cuento de Navidad de nuestros días.

Vea el booktrailer de El regreso de Ulises en:

18 diciembre 2014 at 5:31 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

FriendFeed

View my FriendFeed

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

marzo 2015
L M X J V S D
« feb    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
adultfreindfinder contadores para web Noticias sites

Archivos

RSS Elementos compartidos

  • Ha ocurrido un error; probablemente el feed está caído. Inténtalo de nuevo más tarde.

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.878 seguidores