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La fundación de Cartago: El origen de la gran potencia mediterránea

Según la leyenda, la gran ciudad del norte de África fue fundada por una princesa fenicia, Elisa. El viaje desde su Tiro natal evoca el gran movimiento colonizador de los fenicios a partir del siglo IX a.C.

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Desde su fundación en el siglo IX a.C., Cartago estaba llamada a convertirse en la gran potencia del Mediterráneo. Pero a partir del siglo III a.C., sus enfrentamientos con Roma acabaron con la victoria de la emergente potencia y la destrucción de la ciudad púnica. En la imagen, termas de Antonino en Cartago. MANUEL COHEN / ART ARCHIVE

Por Fernando Prados Martínez. Doctor en Historia. Investigador en la Universidad de Alicante, Historia NG nº 139

Uno de los episodios más célebres de la literatura occidental es el de la llegada del príncipe troyano Eneas a Cartago, donde es acogido por la bella reina Elisa, también conocida como Dido. Entre largas conversaciones, banquetes y partidas de caza ambos protagonizan una historia de amor que se verá truncada por la huida intempestiva del troyano para cumplir su destino de fundar una nueva ciudad en Italia, a lo que sigue el suicidio de la reina cartaginesa. Sin embargo, el idilio entre Dido y Eneas no es la única leyenda en torno al origen de Cartago. Una antigua tradición, recogida entre otros por el cronista romano Justino, relata asimismo las circunstancias en que la propia Dido había fundado la ciudad y cómo se inmoló para asegurar su pervivencia.

Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón, Pigmalión, y una mujer, Dido. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Dido, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero sólo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Finalmente, la princesa y un nutrido grupo de fieles se embarcaron hacia Occidente. En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Dido se llevó a unas ochenta mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia –aunque, según la versión de Justino, las doncellas fueron secuestradas–. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.

Las tretas de Dido

Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa, que significa «piel de buey», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento.

La leyenda sigue contando que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Sabedores del horror que sentía Dido por los «bárbaros» africanos, los nobles fenicios intentaron engañarla. Le dijeron que el rey Hiarbas pedía que alguien acudiera a su corte para civilizarlos, y cuando la reina les dijo que cualquiera de ellos debería estar dispuesto a cumplir esa misión aun al precio de su vida, le revelaron la verdadera pretensión de Hiarbas. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo.

Detrás de esta historia legendaria, que conocemos tan sólo por las fuentes grecorromanas, puede adivinarse una realidad histórica. Para empezar, el viaje de Dido y sus compañeros evoca el fenómeno de la colonización fenicia en el Mediterráneo. Sabemos que, desde finales del II milenio a.C., gentes de Tiro, Sidón y otras ciudades fenicias, bajo la amenaza constante del vecino Imperio asirio, surcaron el Mediterráneo en sus barcos. Los marinos fenicios adquirieron un amplio conocimiento no sólo de las técnicas de navegación, sino también de los fondeaderos y los puntos de aguada para sus flotas. Así establecieron rutas marítimas fijas y entraron en contacto con los distintos pueblos de las orillas del Mediterráneo, con los que establecían pactos. La fundación de colonias fue el último paso en este proceso.

Lo que dice la arqueología

Cartago es una de las fundaciones coloniales fenicias más antigua. Según algunos autores (como Filisto de Siracusa, Eudoxo de Cnido o Apiano), su establecimiento se remonta a la época de la guerra de Troya –datada hoy hacia 1200 a.C.–, lo que justificaría el encuentro entre Eneas y Dido. Otras fuentes, con más verosimilitud, sitúan esa fundación hacia finales del siglo IX a.C. Una inscripción del rey asirio Salmanasar III la data entre 825 y 820 a.C., e incluso alude a un rey Mattenos/Mattan de Tiro. Esta última fecha ha sido confirmada por la arqueología y por las dataciones de radiocarbono.

También hay indicios de que los colonos fenicios entraron en contacto con la población indígena del lugar. El nombre de Cartago, en fenicio Qart Hadasht, significa «ciudad nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África o en la península Ibérica, donde los propios cartagineses fundarían en el siglo III a.C. la actual Cartagena. En el caso de Cartago, el topónimo tal vez indica que a la llegada de los tirios existía un asentamiento indígena en la colina de Byrsa. Los arqueólogos han hallado en la zona agujeros de postes, propios de pequeñas cabañas típicas de un asentamiento anterior a la llegada de los fenicios. Estas cabañas, de planta oval, presentan una estructura arquitectónica simple con cimientos de mampostería y muros de adobes. Hemos de imaginar toda la ladera sur de la colina de Byrsa construida con estas cabañas de cubierta vegetal, agrupadas dejando espacios abiertos entre sí a modo de plazas, donde se intercambiarían todo tipo de productos y ganado. No en vano, en la Eneida Virgilio explica cómo Eneas, a la vista de Cartago, «admira esta obra hasta no hace mucho constituida por simples chozas».

Tal como se relatan en el mito, las negociaciones entre Dido y los indígenas de la zona, primero para comprar el terreno y luego para negociar un enlace, también pueden reflejar hechos de épocas remotas. Las relaciones coloniales solían ir acompañadas de pactos, del pago de tributos y de adquisición de terrenos. Además, Cartago no fue una colonia aislada de su entorno, sino que surgió como una cultura mestiza desde su inicio. La base cultural fenicia de la nueva colonia no impidió que los pobladores de origen africano dejaran en ella su rastro, como atestiguan las fuentes documentales. Justino describe cómo, «atraídos por la esperanza de ganancias, los habitantes de los lugares cercanos acudieron en tropel para vender sus géneros a estos nuevos huéspedes, estableciéndose junto a ellos, y su número creciente daba a la colina el aspecto de una ciudad». Las posibilidades que ofrecía el lugar eran óptimas, sobre todo para el desarrollo de la agricultura y la ganadería.

De aldea a gran metrópoli

Asimismo, la arqueología aporta información sobre la fisionomía de la Cartago arcaica. Las casas, de planta rectangular, se disponían en varias alturas y contaban con terrazas y pequeños patios interiores. Desde muy temprano se desarrolló un urbanismo organizado en torno a calles y plazas. De la primera Cartago se han localizado los restos de los puertos, algunos espacios sagrados como el tofet (santuario dedicado a los dioses Tanit y Baal donde se practicaban sacrificios humanos) y las murallas.

Gracias a su posición geográfica y a los beneficios de su actividad comercial, Cartago estableció en pocas décadas su liderazgo sobre el resto de las colonias fenicias del Mediterráneo central, al tiempo que sellaba diversos tratados político-económicos con otros Estados de la región. Todo ello, acompañado por la construcción de una potente armada, sentó las bases del denominado imperialismo cartaginés a partir del siglo V a.C., que acabaría entrando en colisión con el de Roma. En este aspecto, cabe señalar que los cartagineses rompieron con la tradición de las ciudades fenicias. Mientras que éstas se habían centrado en la fundación de colonias comerciales y no habían mostrado interés en controlar el territorio circundante, los cartagineses, siguiendo el modelo colonizador griego, pronto se propusieron extender su dominio sobre amplios territorios, de modo que la primigenia colonia se convirtió en una entidad urbana de carácter estatal.

Esta evolución fue posible gracias al tipo de sociedad mestiza que surgió en Cartago. Prácticamente desde los inicios de su historia, colonos e indígenas compartieron los mismos espacios urbanos y quizá también, transcurridas un par de generaciones, los espacios religiosos y funerarios. Es revelador, por ejemplo, que en las necrópolis de otros núcleos púnicos tunecinos, como Kerkouane, Korba o Sidi Salem, se encuentren epitafios con nombres tanto fenicios como líbicos, griegos o itálicos. Esa integración aseguró el control de Cartago sobre el territorio circundante, lo que fue clave para su posterior desarrollo. Ciudad y territorio se retroalimentaron para el bien común y todo ello fue, sin duda, reflejo del carácter abierto de unos ciudadanos que asumieron desde el origen que su principal riqueza radicaba en el mestizaje.

Para saber más

Cartago. Una ciudad, dos leyendas. C. Wagner. Alderabán, Madrid, 2001.
Los fenicios: del monte Líbano a las columnas de Hércules. F. Prados Martínez. Marcial Pons, 2007.
El silbido del arquero. I. Vallejo Moreu. Contraseña, Zaragoza, 2015.

30 julio 2015 at 9:27 am Deja un comentario

Una lectura de ‘La Ilíada’ abre este jueves el curso de ‘Teatros romanos de Andalucía’ en Itálica

Se celebra además el II Foro Internacional, sobre conservación, uso y gestión cultural de lugares antiguos de espectáculo

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Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

SEVILLA, 22 Jul. – Un espectáculo multidisciplinar sobre ‘La Ilíada’ abrirá este jueves 23 de julio la tercera temporada del ciclo ‘Teatros romanos de Andalucía’ que se celebrará en el yacimiento arqueológico de Itálica (Santiponce, Sevilla) hasta el próximo 15 de agosto. El evento pivota sobre una idea escénica de Jesús Vigorra, con coordinación de José Luis Castro y música en directo de Pony Bravo.

Bajo el título de ‘Homero, Ilíada’ será una lectura dramatizada del conocido texto de Homero basada en la adaptación que realizó el escritor italiano Alessandro Baricco en 1995, donde la historia la cuentan las propios héroes —en lugar de los dioses, como en el texto de Homero— y que incorpora la escena del caballo y la destrucción de Troya, ausentes en el original.

Este ‘Homero, Ilíada’ sobre la versión que Baricco realizó de la traducción de Maria Grazia Ciani, ha sido adaptado para este evento por Carmen Camacho y Antonio Andrés Lapeña.

Bajo la coordinación general de José Luis Castro, se escucharán pasajes de ‘La Ilíada’ en las voces de los propios Vigorra, Castro, Lapeña y Camacho, además de Fernando Mansilla, Julia Oliva, Antonio Garrido, F.M. Poika y Marisol Membrillo. El grupo musical Pony Bravo interpretará música en directo y se emitirán proyecciones —a cargo de Visuales Tama— relacionadas con el enclave y la obra de Homero.

Después de esta apertura comenzarán las representaciones propiamente dichas con ‘Memorias de Adriano’, la célebre obra de Marguerite Yourcenar, a cargo del grupo La Tarasca, a la que seguirán Clásicos Contemporáneos, con ‘Miles Gloriosus’, y Atalaya-TNT, con ‘Restos-Fedra’.

Por otra parte, y asociado a este ciclo escénico, este jueves y viernes se celebra el II Foro Internacional sobre Teatros Romanos, que versará sobre la conservación, uso y gestión cultural de lugares antiguos de espectáculo. El simposio tendrá lugar en el Teatro Central de Sevilla y debatirá sobre la conservación y recuperación arquitectónica, aunque también sobre la adaptación de textos teatrales clásicos. Esta segunda edición del foro está organizada por la Consejería de Cultura y la Universidad de Sevilla, con la colaboración del Instituto Francés.

Reúne a destacados especialistas

La reunión congrega a un panel de destacados especialistas, como los arquitectos Victor Pérez Escolano y Manuel Portaceli; el dramaturgo Alfonso Zurro; Didier Repellin, experto externo de Icomos y responsable de la restauración de numerosos edificios históricos en Francia; Miguel Alba, director científico del Consorcio Ciudad Monumental de Mérida; Juan Ruesga, escenógrafo, o Manuel Corrales, responsable arqueológico del Teatro Romano de Málaga.

Las sesiones de trabajo del II Foro Internacional Teatros Romanos de Andalucía comienzan el jueves 23 a las 10,00 horas, con la intervención de José Beltrán Fortes, catedrático de Arqueología de la Universidad de Sevilla, bajo título de ‘Invesigación y Conservación’. Posteriormente otros ponentes hablarán sobre ‘Las adaptaciones de los clásicos’ y ‘Escenografía en una arquitectura’.

La segunda sesión, por la tarde, versará sobre ‘los teatros romanos de Sagunto, Clunia (Burgos) y Orange et Vaison-La Romaine. El viernes 24 tendrá lugar al tercera y última sesión, bajo el epígrafe de ‘Arqueología y Fruición’, donde se analizará el punto de vista arqueológico de los teatros romanos de Mérida y Málaga. La última intervención correrá a cargo de la investigadora del Museo Nacional de Arte Romano Trinidad Nogales, titulada ‘Teatro Romano y Sociedad’.

23 julio 2015 at 9:33 am Deja un comentario

Alarma en Formia: La villa de descanso de Cicerón corre peligro de derrumbe

Llamamiento desesperado del alcalde de Formia (Lazio, Italia) ante el preocupante estado de conservación del Formianum, la villa de descanso de Cicerón. La propiedad, hoy en manos privadas, fue también residencia de Fernando II

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Fuente: ANSA
Fotos: Gazzetta di Parma

Villa de descanso y tesoro de esculturas y elementos decorativos. Lugar del corazón de uno de los más grandes pensadores de la antigua Roma, no muy lejos de donde quería que fuese enterrada su amada hija Tulia. Y, más recientemente, residencia también de Fernando II de Borbón, que pasaba aquí gran parte de su tiempo. Hoy, sin embargo, está condenada a su deterioro. ”No puede perderse una joya como esta sólo porque se encuentre en una propiedad privada: ayúdennos a salvar la Villa de Cicerón, antes de que se venga todo abajo”. El llamamiento llega directamente del alcalde de Formia (Lazio), Sandro Bartolomeo, desde el corazón de esta tierra con vistas al Golfo de Gaeta donde hace dos mil años los romanos hacían exhibición de poder y riqueza al son de sus casas, sus frescos y sus innovaciones arquitectónicas.

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Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), el gran orador, no fue una excepción y también él quiso tener aquí una suntuosa residencia, el mítico ”Formianum”, su lugar favorito para el estudio y refugio desde donde seguir los acontecimientos políticos de Roma en los tiempos de la guerra civil. En muchas cartas habla de ella, sobre todo en las que escribe a su amigo Tito Pomponio Ático, a quien dice ”Yo aquí no tengo una villa, sino una basílica, debido a las frecuentes visitas de los formianos. Cayo Arrio está muy cerca y no quiere ir a Roma por estar aquí conmigo y poder filosofar todos los días”.

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Construida en tres alturas y con vistas directamente al mar, la villa dispone de un puerto privado que se corresponde con el actual puerto turístico de Caposele. La villa tenía también grandes estanques y dos ninfeos con decoraciones ”rústicas”, pilastras, columnas dóricas, techos abovedados, mármoles y pinturas con fuentes de agua. Como escribe también Séneca, Cicerón se encontraba aquí cuando se enteró de la llegada de los sicarios de Antonio. ”Trató de huir por mar – relata el alcalde Bartolomeo – pero una tormenta se lo impidió. Tomó entonces la Via Appia, mas sólo consiguió llegar hasta el punto que hoy conocemos como su Tumba, y que en realidad no es otra cosa que un sepulcro votivo”.

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La historia de la villa prosigue después de su primer propietario: en el siglo XVII pasó a manos de los Laudato, los duques de Marzano, después a Carlo Ligny, príncipe de Caposele, hasta llegar al rey de Nápoles, Fernando II, quien la promovió como su residencia y la enriqueció con un gran jardín de cítricos. Se convirtió en el cuartel general de las operaciones del Asedio de Gaeta y fue aquí donde el 13 de febrero 1861 se firmó el armisticio tras la rendición de las tropas piamontesas del general Cialdini, un componente clave para el nacimiento del futuro Reino de Italia. Poco después, ”entre 1867 y 1868 – continúa Bartolomeo – la villa fue puesta a la venta por el Estado y fue adquirida por la familia Rubino”, que es actualmente la propietaria de los terrenos. Aún en pie y en gran parte sin descubrir, aunque por obligación, la villa parece ahora condenada al abandono, como también la histórica plantación de cítricos, cuyo mantenimiento correspondería por ley a los propietarios.

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”Desde el momento de la venta hasta hoy – señala Bartolomé – no se ha llevado a cabo ninguna intervención. Se están perdiendo todos los elementos decorativos murales y los estucos, y el terraplén, si continúa en estado de abandono, también cederá. Antes de que los ninfeos colapsen – continúa – sería mejor advertir a los propietarios particulares de que no pueden apropiarse de un pedazo de la historia para a continuación dejar que se degrade”. En verdad, el alcalde ya llevó a cabo hace siete años una primera tentativa proponiendo a los Rubino la compra del área (alrededor de dos hectáreas), pero sin éxito, debido a desacuerdos dentro de la familia. ”Además de un grito de alarma – insta el alcalde -, el mío es un llamamiento a la responsabilidad de todos. La arqueología no termina en Roma”. Por ahora, ha respondido en masa la gente del FAI (Fondo Ambiente Italiano) al elegirlo como el primer sitio de la Región del Lacio entre los Luoghi del cuore para salvar. “Nuestro objetivo – concluye el alcalde – es comprar o expropiar el sitio. El presidente Zingaretti y el ministro Franceschini están convenientemente informados y sobre esto estamos trabajando con gran sinergia entre todas las instituciones”.

22 julio 2015 at 1:51 pm 4 comentarios

Hallada en Salento (sur de Italia) la estatua de Minerva cantada en la Eneida

Salento, la diosa de 4 metros en el lugar del desembarco de Eneas

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Fuente: Lorenzo Madaro  |  La Repubblica    04/07/2015
Fotos: Pasquale Rizzo

La “fortaleza con el templo de Minerva” donde, según Virgilio, desembarcó Eneas tras la caída de Troya podría estar en Salento. En los últimos días en Castro un grupo de arqueólogos dirigidos por Amedeo Galati ha encontrado una estatua femenina mutilada de grandes dimensiones. La obra data presumiblemente del siglo IV antes de Cristo y podría representar a la diosa Minerva, confirmando así la hipótesis de los descubridores del hallazgo, aunque por el tipo de vestido corto también podría tratarse de Ártemis. En tal sentido, serán de utilidad las investigaciones que se llevarán a cabo próximamente en colaboración con la Superintendencia de Bienes Arqueológicos, la Universidad de Salento y el municipio de Castro.

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Hallada a tres metros de profundidad en el centro de Castro, la estatua está desprovista de la cabeza y otros detalles anatómicos, pero muestra rastros excepcionales de púrpura. Los descubrimientos continúan: los arqueólogos han descubierto también la falange de un dedo y un brazo, y se espera poder encontrar con el tiempo los otros elementos que faltan. Si fuera posible recomponerla, la estatua tendría al menos cuatro metros de altura.

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5 julio 2015 at 10:44 am Deja un comentario

Málaga: Un equipo de 40 personas adapta el Teatro Romano para acoger representaciones teatrales

Se pondrán en escena un total de cuatro obras clásicas grecorromanas del 2 al 25 de julio

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Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

MÁLAGA, 26 Jun.- Un equipo técnico de 40 personas trabaja para ultimar el montaje y la adaptación del Teatro Romano de la capital con el fin de acoger las representaciones teatrales de obras clásicas grecorromanas del ciclo Teatros Romanos, que se celebrará del 2 al 25 de julio.

Así, arqueólogos, restauradores, arquitectos, ingenieros, técnicos de sonido, iluminación, maquinaria escénica, carpinteros, electricistas, productores y promotores culturales unen sus esfuerzos para que esté todo listo para las representaciones, tras el adelanto del ciclo al mes de julio y la ampliación de su aforo en 80 plazas mediante una plataforma y módulos de sillares que acercarán en 3,60 metros el público a la escena.

Esta tercera edición se adelanta a julio con el objetivo de atender la demanda de turismo cultural, según han informado desde el Teatro Cánovas, en uno de los meses con mayor afluencia de visitantes y mayor tiempo de ocio que invite al público local al disfrute de las noches veraniegas.

“La zona denominada ‘orchestra’, ubicada frente a la escena, ha sido revestida este año por una estructura metálica recubierta de madera y tres módulos de sillares que permiten avanzar 3,60 metros, aumentando así el aforo hasta alcanzar las 510 plazas”, ha explicado, a través de un comunicado, el director del Teatro Romano, Manolo Corrales. Se recupera así un espacio en el que se sentaban las autoridades y actuaba el coro de la antigua Roma, y además ha sido habilitado para personas de movilidad reducida.

Al pasar por calle Alcazabilla llama la atención una estructura metálica que ocupa buena parte de los 200 metros cuadrados de escenario, y que junto a los pasillos de acceso aledaños, han llevado unas 100 horas de montaje y un trabajo previo de casi un mes.

“Lo más laborioso de la adecuación del yacimiento para uso escénico no ha sido la gran plataforma del escenario, sino salvar los desniveles en los diferentes pasillos de acceso al graderío”, ha apuntado Juan Carlos Montoro, director de la empresa responsable.

Las torres de iluminación y sonido ya están instaladas y en los próximos días albergarán un equipo de 8.000 vatios de sonido y de 80.000 de iluminación. Todo este montaje no interrumpe el funcionamiento habitual del Teatro Romano, que continúa realizando visitas guiadas, aunque con algunas modificaciones en el itinerario.

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Organizado por la Consejería de Cultura, el ciclo Teatros Romanos se concibe para que el espectador disfrute del teatro clásico como un ciudadano romano del siglo I antes de Cristo, bajo la premisa de la conservación del espacio.

Esta edición se desarrolla entre el 2 y el 25 de julio y viene con cuatro clásicos en manos de compañías de la talla de La Tarasca, TNT, Compañía de Clásicos Contemporáneos e Induo Teatro Producciones.

Abre el ciclo ‘Memorias de Adriano’, un relato admirable y una obra maestra de la literatura protagonizada por uno de los actores más laureados de Andalucía e impulsor del Centro Andaluz del Teatro, Roberto Quintana.

Del 8 al 11 de julio la Compañía Clásicos Contemporáneos estrena la divertida comedia ‘Miles Gloriosus’, sobre Pirgopolínices, un soldado fanfarrón del que se burlan hasta los esclavos. Del 16 al 18 de julio llega el turno a ‘Restos/Fedra’, otro estreno, además llevado a escena por Juana Casado, Premio del Certamen Nacional de Directoras de Escena por Medea.

Cierra el programa la compañía malagueña Induo Teatro Producciones con la obra ‘Medea de Eurípides’, entre el 23 y el 25 de julio, que retrata a la perfección la figura de la mujer subordinada a las decisiones de una sociedad patriarcal y lo hace además uniendo flamenco y teatro. Las entradas pueden adquirirse en http://www.ticketmaster.com y los precios oscilan entre los 12 y los 25 euros, según descuentos habituales.

27 junio 2015 at 10:25 am Deja un comentario

En el laberinto de Homero

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN   18/06/2015

freely-el-mundo-de-homero«Homero es joven cada mañana y no hay nada más viejo que el periódico de hoy cuando ya se ha leído», recordaba el escritor católico francés Charles Péguy evocando la eterna vigencia de los poemas de Homero. Y, en efecto, Homero está inserto ineludiblemente, podríamos decir, no sólo en nuestro ADN cultural, sino en nuestras vidas. La guerra de Troya, aquel conflicto mítico y primordial que es epítome de toda la condición humana, de su grandeza y miseria, ilumina desde hace siglos la literatura y la historia de Occidente, que ha engendrado desde sus propios comienzos. El regreso del rey Odiseo, uno de los retornos de los caudillos griegos a sus hogares, culmina el díptico tradicionalmente atribuido a Homero y que supone la génesis no sólo de nuestra manera de entender la literatura antigua y sus muchas reinterpretaciones a lo largo de los siglos, sino también de la propia historia europea, que encuentra en aquella celebrada «materia troyana» la chispa inicial y la inspiración originaria.

Historicidad, guerra y recuerdo

Un triángulo de literatura, historia y recepción, podríamos decir, se despliega gracias a los poemas homéricos: primero el ciclo épico acerca del asedio y la destrucción de Troya, germen de toda literatura para nosotros, que Borges consideraba el ciclo básico y primero de los cuatro en los que subdividía los esquemas literarios; en segundo lugar, la historicidad de una guerra arcaica en un recuerdo lejano, en el que los griegos creyeron ciegamente y que sólo desde 1871, siguiendo a Heinrich Schliemann, pudo demostrarse auténtico y ser investigado por la ciencia arqueológica; y en tercer lugar, la historia de sus innumerables recreaciones y postrimerías en Virgilio, Dante, Cervantes, Joyce y tantos otros. Pero lo más importante de Homero es que nos pertenece a todos. Es un clásico permanente que resulta inmune a los eruditos y abierto a que todo tipo de personas, de diversas épocas, se acerquen a él, de forma tal vez sólo comparable a Shakespeare y Cervantes, que cierran el triunvirato sublime de los clásicos universales. Como decía el viejo adagio de A. v. Schlegel: «Leed, leed a los antiguos, que lo que los modernos dicen de ellos importa más bien poco». Y es que su mensaje es tan poderoso que nadie resulta ajeno a él, como nos recuerda ahora este estupendo libro titulado «El mundo de Homero», de John Freely, físico y profesor, conocido como escritor amante de los viajes (también por tiempos pasados, como muestra ahora).

Freely no es especialista en filología clásica, historia antigua o arqueología, pero fue iluminado por Homero en el transcurso de un viaje por mar cuando servía en la Marina estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces las aventuras de Aquiles y Odiseo quedaron grabadas a fuego en su memoria y años después les dedicó este libro, que supone una completa guía de lectura e introducción al mundo de Homero realizada por un no especialista y dedicada para no especialistas, con todas las virtudes que ello tiene y, por supuesto, con algunos de sus defectos. Pero ante todo es un libro válido para cumplir la misión que se propone. Por un lado, da testimonio de la «Ilíada», el cantar de esa guerra legendaria en torno a las murallas de Ilión, y de sus episodios desde la funesta cólera de Aquiles. La genial concreción de la larga guerra de Troya en la narración de unos pocos días del décimo año exponen la gloria y la tristeza de todo conflicto y, por excelencia, de la condición humana. Desde la ira egoísta de un cruel aristócrata a la reconciliación final entre dos enemigos que se reconocen en su mutua tragedia entre lágrimas, pasando por la efímera vida de cada uno de los contendientes, cifrada en el relato de las muertes y lances guerreros. Por otro lado, la más moderna peripecia del héroe astuto y aventurero, Odiseo, en pos de su ansiada Ítaca, del regreso a casa junto a su mujer: otro ciclo clave de la literatura, como sugería también Borges, que combina aventuras fantásticas, fabulación novelesca, intrigas cortesanas, la «road movie» más singular y el anhelado «happy ending» del reencuentro. Freely nos conduce hábilmente por los episodios de cada uno de los dos poemas, «Ilíada» y «Odisea», glosando sus pasajes más conocidos (algo tal vez tedioso para quien los haya leído) y resumiendo las cuestiones más importantes de la literatura, la historia (y también la geografía) en torno a Homero a modo de guía de viajes o introducción a su mundo. Se configura así como una guía ideal para el lector interesado y no experto en la materia: tanto para el que lo ha leído como para el que no, al que auguramos lo mejor en tal aventura.

Una guía para la vida

Y es que Homero no es sólo, como hemos argumentado, fundamental para la literatura, la historia y en general para la cultura occidental, sino que también puede convertirse, como otros clásicos, en el punto de referencia de una vida. Así nos parece que ocurre, por ejemplo, con John Freely. Y curiosamente con otro libro dedicado a Homero recientemente por otro escritor de viajes, el inglés Adam Nicolson, que, lejos de los corsés académicos y eruditos, se acerca a Homero como guía existencial desde su experiencia personal. Como Freely, también Nicolson redescubre a Homero en un viaje marino y lo convierte desde entonces en una guía para la vida, para mejorar la existencia personal y buscar la felicidad en la literatura de este gran clásico. En fin, dos libros paralelos en cierto modo, de dos no especialistas que, sin embargo, reflejan mejor la fascinación y el entusiasmo por Homero que algunos expertos en la materia de prosa insufrible. En definitiva, comprobamos de nuevo cómo lo que canta el vate griego tiene que ver aún hoy con la vida de cada uno de nosotros en un viaje literario de eterna vigencia.

18 junio 2015 at 10:57 am Deja un comentario

Lecciones de humanismo

Una antología de ensayos de Emilio Lledó ilustra su idea de que es el lenguaje lo que configura al ser humano

Fuente: CARLOS GARCÍA GUAL  | BABELIA /  EL PAÍS    17/06/2015

Emilio Lledó, visto por Sciammarella

Emilio Lledó, visto por Sciammarella

Emilio Lledó mantiene incansable su perfil humanista. Lo es en el doble uso del término: en primer lugar, por su talante ilustrado y liberal, y, también, en la acepción tradicional y más estricta, como lector y apasionado intérprete de los grandes clásicos. A lo largo de muchos años ha reflexionado, enseñado y escrito de filosofía y educación combinando muy bien esas dos características: una mirada sensible y crítica sobre el pensamiento actual y una atención a los grandes textos del pasado, con afán filológico. El presente volumen recoge 23 ensayos en una muy significativa selección que certifican de nuevo esos rasgos que los lectores de otros trabajos y sus numerosos discípulos conocen bien, y que ilustra y subraya con precisión el prólogo de Juan Á. Canal.

Me gustaría subrayar sus páginas sobre “el estilo de Emilio Lledó”. Ese “estilo”, con su propia “hermenéutica”, como dice la introducción, está caracterizado por la búsqueda de claridad y por un tenaz afán de diálogo, iluminado a veces por textos de antiguos. Así a menudo Platón o Aristóteles vienen citados para aclarar o refrendar reflexiones o sugerencias, y con agilidad introduce algún resonante vocablo griego en la discusión —para mayor precisión y sin ninguna pedantería—. Sólo en Grecia la filosofía se expresó en vivaces diálogos, y un buen conocedor de Platón y Aristóteles no puede olvidar esa afición al diálogo crítico y abierto, un rasgo amable de los viejos filósofos. Queda claro que el humanismo no es arqueología ni escolástica, sino un conversar con los grandes pensadores de otros tiempos. Coloquio amistoso, memoria y confianza en el logos, común camino hacia la verdad, mediante el diálogo y la discusión franca. (Con muchas lecturas y relecturas clásicas como paisajes de fondo). Me gustaría recordar, de paso, que hace ya casi 40 años le encargué a Emilio Lledó los prólogos de los Diálogos de Platón y de laÉtica de Aristóteles en la Biblioteca Clásica Gredos, que perduran en sus libros como magníficos ejemplos de su mejor estilo filológico y filosófico. Define al maestro el acercarse a los clásicos con claridad, sencillez y profundidad, como hizo entonces.

Lledó ha insistido en muchos textos que es el lenguaje lo que configura al ser humano como tal y fundamenta así la comunidad cívica, la política y la ética. De las palabras y la razón, de la felicidad y la libertad y la memoria —sus temas de siempre, con variados enfoques y perspectivas, trata siempre invitando a la reflexión—. Pero el libro recoge también muchas notas biográficas y recuerdos personales. De sus años de juventud en la Universidad de Heidelberg, donde escuchó a grandes maestros de la filosofía y la filología alemana, como Gadamer, y donde logró adquirir su maestría universitaria, de profesor de palabra vivaz que incita al saber y la crítica, mantenida siempre en su paso por diversas universidades. Como conferenciante y académico de prestigio muy reconocido, en los muy últimos años ha recibido, casi en cascada, los premios más importantes de nuestro mundo cultural. Tardío, pero claro reconocimiento institucional a su magisterio entusiasta en favor de la filosofía, la educación, los grandes libros y la búsqueda de la verdad, más allá de la fría erudición y las sectas académicas. ¡Salud, pues, a un humanista en una época tan desdeñosa del humanismo! En fin, hay otros libros recientes de ensayos de Lledó. El editado en KRK, con elegante formato pequeño, ofrece una clara y actual perspectiva sobre su vida y su obra.

Palabra y humanidad. Emilio Lledó. Edición y prólogo de Juan Á. Canal. KRK Ediciones. Oviedo, 2015. 614 páginas. 29,94 euros.

18 junio 2015 at 9:06 am Deja un comentario

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