Posts filed under ‘Literatura’

Santiago Castellanos dice que “el saqueo de Roma fue un shock psicológico comparable al del 11-S”

“La conquista y el saqueo de Roma por parte de los godos fue un shock psicológico tan grande que solo se puede comparar con el 11-S: el sentimiento de vulnerabilidad por parte de una potencia que se ve atacada en su propio corazón”, asegura el historiador y escritor Santiago Castellanos

santiago-castellanos

Agencia EFE – El escritor Santiago Castellanos. EFE/Archivo

Fuente: Agencia EFE  |  YAHOO Noticias     25/03/2015

Corrupción, evasión fiscal, choque de religiones, inmigrantes intentando saltar fronteras…¿el siglo XXI?. No, estamos en el año 410, en la caída del imperio romano, donde Castellanos ambienta “Barbarus”, una novela que nos descubre que ni los romanos eran tan romanos ni los godos tan godos.

Considerado una autoridad en la época tardo romana, Santiago Castellanos (Logroño, 1971), profesor titular de Historia Antigua en la Universidad de León, sintetiza, a través de una historia personal de ficción, la vida de los niños godos Eldes y Dago, uno de los episodios más decisivos de la Historia de Occidente: la entrada de los godos y el inicio del fin del Imperio romano en Occidente.

Desde la destrucción del pueblo en el que viven los dos niños, en lo que hoy sería Ucrania, Eldes y Dago viajarán hasta el Danubio, la frontera norte del imperio romano, desde donde tras sufrir las consecuencias de la corrupción militar, llegarán al corazón del imperio, a Roma, donde transcurrirán sus vidas.

Castellanos, cuya primera novela histórica “Martyrium” fue un éxito de ventas, decidió dar un enfoque completamente diferente a este período ya que “desde el lado de Roma es absolutamente mayoritario, tanto en las fuentes de documentación como en el de la literatura”.

Uno de los peligros de la novela histórica es la ausencia de rigor, indica el profesor pero, advierte también de que éste tiene el riesgo de producir “verdaderos ladrillos”. Por eso en su obra ha apostado por lo literario basado en el rigor científico: “Puedes escribir una novela histórica pero nunca puedes ir en contra de la lógica de la Historia”, señala.

“Por supuesto que la crisis de Roma no es idéntica a la actual, son dos períodos históricos diferentes, pero hay elementos concomitantes entre las dos y podemos aprender al realizar esa comparación”, recalca Castellanos.

“En el fin del imperio romano no hay un Lehman Brothers pero sí hay evasión fiscal, hay un choque de religiones, hay miles de inmigrantes que intentan cruzar el Danubio para llegar al Imperio, así como una clase media que fue la gran damnificada”, recuerda.

“Los impuestos les machacaban, porque la clase baja no tenía medios para pagarlos y los nobles habían encontrado sus Sicabs. En esa época no había cuentas en Suiza, pero había almacenes de oro, que eran las Sicab de los poderosos, su forma de evadir impuestos”, agrega.

Los tres pilares de la novela “Barbarus” son la crisis de Roma, los bárbaros y el cristianismo y en los tres el autor desmiente tópicos: “Ni Roma se fue al carajo por la molicie y la corrupción ni los bárbaros eran unos melenudos. Tampoco hubo un solo cristianismo en Roma, todo estaba negociado”.

Los hechos históricos conviven en la novela con muertes y nacimientos, amor, violencia, actos heroicos y crueles venganzas, así como intrigas políticas en los que se ven mezclados los personajes creados por Castellanos, que ha querido relatar cómo los bárbaros no fueron sólo invasores, sino que también hubo integración.

También aborda la quiebra de determinados símbolos presente en todas las crisis, como la desaparición de los gladiadores, un síntoma de cambio cuando los obispos y la aristocracia cristiana se convierten en los nuevos poderes fácticos.

“Barbarus” acaba en agosto de 410 cuando entran los godos en Roma, una conquista en la que hay un pacto para que no se toquen las iglesias cristianas, en particular la de San Pedro, una de las causas de lo que habría sido, sostiene el autor, “el banderazo de salida del patrocinio político del cristianismo”.

26 marzo 2015 at 12:29 am Deja un comentario

Los diarios de Schliemann

schliemann

Heinrich y Sophia Schliemann, vía ascsa

Fuente: Begoña Castiella  |  Blogs ABC    17/03/2015

Desde hace años, los diarios privados de Heinrich Schliemann, el empresario millonario que se volvió arqueólogo por pasión y descubrió Troya y Micenas, dormían en la Biblioteca Yenádios de Atenas. Habían sido cedidos por sus descendientes que finalmente los vendieron a la Escuela Americana  de Estudios Clásicos de Atenas, que es la “dueña” de esta magnífica Biblioteca.Con la particularidad de que estos diarios recogían los pensamientos, viajes y mil detalles mas de la vida de Schliemann en muchos idiomas, ya que era un políglota reconocido: hablaba  además del alemán, inglés, francés, holandés, español, portugués, sueco, danés, polaco, italiano, griego, latin, ruso, árabe y turco.

Pero ahora un grupo entusiasta y multicultural se ha ocupado de estos  diarios, que  aunque están disponibles para investigadores y ya han sido digitalizados y disponibles en la web, presentaban un problema: están escritos en mas de diez idiomas.La Asociación de Embajadoras y cónyuges de Embajadores en Atenas, que tiene el curioso nombre de LAASA (por las iniciales de su nombre en inglés, nada menos que Association of Lady Ambassadors and Ambassador´s Spouses in Athens) ha conseguido identificar en que idioma estaba escrito todas las hojas de los dieciocho manuscritos de la biblioteca. A ello se dedicaron el inglés David Bates, la holandesa Barbel Geijsen, la marroquí Khadija Lyakoubi El Ansari, la brasileña Maria Christina de Mesquita Sampaio, el belga Patrick Nopens, la pakistaní Faiza Saaed, la turca Zeynep Saylan uras, el australiana Pakapat Thipayaprapai y la española Carmen Serrano de Haro. Porque hay que destacar que aunque la lengua mas usada por el arqueólogo era el francés, el español ocupa la quinta posición y aparece en nada menos que 307 páginas. Y Schliemann, que tenía gran facilidad para los idiomas, hacía también “trampas”, como transcribir con letras en árabe palabras en turco.

El documento de identificación lingüística ha sido regalado por LAASA a la Biblioteca Yenádios durante un acto la semana pasada, en la que también se describió la compleja y entretenida vida y obra del arqueólogo alemán.Tanto la Directora de la Biblioteca, Maria Georgopulu, como el Director del Instituto, James C. Wrigth agradecieron el trabajo.

Y quedan constancia en estos diarios anécdotas graciosas, como la visita del arqueólogo a La Granja de San Ildefonso el día en que la Reina Isabel II daba una cena oficial . A Schliemann no se le dejó ver el sitio  de La Granja hasta el día siguiente…

Si tienen curiosidad por saber más, visiten http://www.ascsa.edu.gr/index.php/archives/heinrich-schliemann-finding-aid#Series_A:_Diaries.

El equipo ha anunciado que ahora va a continuar su trabajo, identificando cuales son los lugares concretos  recorridos por Schliemann en sus viajes: son muchos los sitios que recorrió, en muchos países y muchas lenguas. Algunos de los sitios son ahora enclaves desaparecidos o tienen un nombre distinto al utilizado en el s.XIX. Con lo que gracias a su ayuda desinteresada, será muchos los investigadores que podrán estudiar con mas facilidad los manuscritos originales del legendario arqueólogo.

18 marzo 2015 at 6:27 pm Deja un comentario

Aurora Luque: «Para Goethe, un alemán, Grecia era la raíz de nuestra civilización»

La poeta publica «Personal y político», la historia, más o menos, del día en que los dioses griegos se toparon con la Unión Europea

aurora-luque

Aurora Luque  /  ABC

Fuente: MANUEL DE LA FUENTE  |  ABC     14/03/2015

Aurora Luque (Almería, 1963) ama el griego, una lengua que le enamora y subyuga. Se mueve por el Olimpo como Pedro por su casa. Parece la responsable de sus botes sifónicos y sus catenarias que han durado siglos y siglos. Además pisa la tierra (y la Tierra) con firmeza y aprende y enseña a los seres humanos la lengua de Pericles (y del ministro sexy, Varufakis. Su nuevo libro, «Personal & Político» (legendario lema feminista desde Antígona), nos muestra de nuevo a una poeta (como le llame poetisa, seguro que cobro) que pisa las calles y que podría ser es capaz (aunque aún no ha llegado a tanto) de meter a Paris en una despedida de soltero y a Helena en un afterhours, o mandar al bueno de Aquiles al traumatólogo por lo del… talón. Pueden comprobarlo en este poemario que edita la Fundación José Manuel Lara en su colección Vandalia.

-Después de leer su maravilloso poema a Steve Jobs («Hoy ha muerto un Leonardo: la gente va a rezarle: / A Steve Jobs lo veneran en el cubo de Apple»), supongo que este libro habrá sido escrito con un Macintosh.

-Este «Rap para la romería de Steve Jobs» que juega con el Berceo de los Milagros pretende ironizar sobre la idolatría y la veneración hacia los soportes. Como si el fabricante de los pianos en que tocó Chopin fuese más admirable que el artista Chopin.

-Orfeo, Fedra, Ariadna, Platón, Odiseo, Catulo, Marte, Saturno… con este personal que usted invoca y convoca en sus versos, parece imposible escribir un mal libro.

-Orfeo se deprime tras su pésima gestión en el infierno, Fedra se rompe por un jovencito, de Ariadna se sirven como de un cerrajero, Platón insiste en que dialogar nos hace hermosos… Los griegos somos nosotros. Heisenberg de Breaking bad es un héroe de tragedia que comete una clásica falta de hybris, la de sobrepasar los límites de los dioses/ del Poder. Antígona sigue viva porque el juez Garzón quiere enterrar a los insepultos de la polis. Grecia, en fin, dio lecciones imborrables. Yo solo soy alumna «de la escuela que fue Grecia». Y esto último lo dijo un alemán, Goethe.

-Usted traduce, edita y enseña griego. ¿Todavía hay gente que sólo conoce de Grecia los yogures y ahora al ministro Varufakis.

-Somos los más ignorantes en Europa de la gloria que fue Grecia, Cernuda dixit. Ahora más que nunca es necesario recuperar el legado de Grecia como cuna de lo más valioso y alto que representa Europa. Somos europeos porque fuimos griegos. Tenemos que defender a Europa, sus conquistas intelectuales corren peligro. Debemos lealtad a la Grecia de hoy: si cobraran derechos de autor por la invención de la democracia, los griegos no tendrían deuda hoy.

-El Mediterráneo también rompe en muchas páginas de este libro. Sigue siendo el Mare Nostrum o es de Otrum, de los Germanorum, por ejemplo?

-Hay un modo de entender la vida y el paso del tiempo que es mediterráneo. Carpe diem: no es casual que esta fórmula se invente en estos litorales. La poesía más humana y sofisticada tiene su cuna en islas y penínsulas del Mare Nostrum. Los alemanes compran los apartamentos. El arte de vivir es nuestro. Hölderlin lo sabía.

-Me parece usted muy joven para que de vez en cuando escriba sobre la vejez.

-Muchas gracias. Llámelo edad, cansancio, desgaste de los deseos. Se la ve allá a lo lejos. A muchos no se les acerca: Caballero Bonald…

-Cuentan que usted se sabe La Ilíada de memoria, y el título de su libro, Personal & Político, alude al feminismo? ¿Y qué pinta aquí Penélope y su madeja?

-De memoria me sé solamente unos cuantos poemas de Catulo en su latín: me atrevo con ellos entre amigos, si colabora algún buen vino en la tarea.El lema feminista que da origen al título pretendió desmontar la oposición público/privado, plaza/hogar, sociedad/naturaleza que había anulado históricamente a las mujeres. Vale para la poesía: también en la poesía lo pesonal es político (de la polis) y viceversa. A la Penélope homérica la acompañan otras mujeres complejas e inquietantes como Nausicaa, Calipso, Arete, Circe, todas ellas poderosas en sus islas.

-¿Qué héroe clásico nos vendría bien en estos tiempos tan duros que vivimos?

-Antígona. Nos hacen falta muchas Antígonas.

-«Se ajusta a lo ofertado por la empresa / el soñado crucero. / -Qué delicia el buffet y la bodega, / qué amable y gentil el capitán»., escribe. ¿La poesía es un crucero por las aguas (casi siempre turbulentas) de la vida?

-La poesía es la compañera leal en el viaje. ¡Ay de ti si te tomas el viaje de la vida como crucero! Los cruceros de hoy son el antiviaje: un producto precocinado y empaquetado que apenas deja resquicios para la aventura y el conocimiento.

-También reproduce dos crucigramas, uno de ABC y otro de El país. ¿Un poeta es a lo que se dedica, a «atinar» resolviéndolos, a poner los verticales y horizontales de la lengua?

-El poeta, la poeta, se dedica más bien a extraer de una inmensa y confusa sopa de letras un puñado de palabras encendidas.

-¿Un parto puede ser una experiencia poética?

-Toda experiencia intensa contada con según qué herramientas puede convertirse en poema, en canción. Un embarazo es un aprendizaje: se aprende mucho de los cuerpos. Lo que pasa es que la literatura no lo ha prestigiado, por aquello de la oposición público-masculino frente a privado-femenino. Piense en cambio cuánta literatura hay sobre el cuerpo doliente del soldado moribundo, desde la Ilíada hasta el durmiente del valle de Rimbaud.

-¿Encontró a Lorca en su viaje a Nueva York, en Manhattan? ¿Y a Jacinta la Pelirroja de Moreno Villa?

-No vi a Lorca. Lorca viajó con mucha angustia personal a una ciudad angustiada. El Manhattan post 2001 es una ciudad convaleciente pero llena del vigor de sus propios mitos. Jacinta sí andaba por allí. Me siento más afín a las miradas de Moreno Villa y de Juan Ramón Jiménez que a la desesperación lorquiana.

-¿Qué cantan los albertianos poetas andaluces de ahora, aquellos a los que cantaron con tanta belleza los chicos de Aguaviva cuando todavía vivía el Dictador?

-Los poetas andaluces cantamos mucho y muy surtido y variado. Nadie dijo que estuviéramos organizando un coro.

-¿Con qué héroe clásico le gustaría hacerse un selfie?

-Me haría un selfie con Odiseo recién salido del baño en el país de los feacios, actual Corfú. Justo allí.

-Del Olimpo a «Mujercitas» hay un largo camino. Parece que le ha cundido la vida. ¿Es usted la Jo de nuestra poesía?

-Leer amplía la vida: los libros leídos son extensiones vitales; me han dado amistad con poetas, con gentes de otros tiempos y lugares. Se nos cae la baba con las relaciones que posibilita internet. Yo he intimado con Catulo, con Ana Karenina, con Jujú, con Marco Aurelio.

14 marzo 2015 at 10:33 am Deja un comentario

García Gual glosa la historia de las sirenas en la literatura y el arte

El Museo Nacional de Escultura de Valladolid conmemora el Día de la Mujer con una conferencia del especialista en antigüedad clásica

garcia-gual-conferencia

Carlos García Gual, durante la conferencia que impartió ayer en el palacio de Villena. / Henar Sastre

Fuente: J. B. |  El Norte de Castilla     10/03/2015

Las sirenas como mito de seducción cuyo significado y forma de ser representadas en la literatura y en el arte se ha transformado a lo largo de los siglos. Sobre las particularidades de esta evolución disertó ayer en el Palacio de Villena de Valladolid Carlos García Gual, Catedrático de Filología griega en la Universidad Complutense de Madrid y especialista en antigüedad clásica y literatura.

Este experto en filosofía griega y mitología impartió ayer una conferencia con la que el Museo Nacional de Escultura se sumó a la celebración del Día Internacional de la Mujer. Con la afirmación de que «las sirenas no eran mujeres trabajadoras» García Gual comenzó su charla arrancando la sonrisa del público, que llenó el aforo del salón de actos, al que no pudieron acceder una decena de personas.

«Las sirenas son un motivo mítico que no solo aparecen en la literatura, sino que han sido ampliamente representadas en la pintura y la escultura, en el mundo griego, en la época medieval y en el romanticismo, periodos en los que su imagen cambia de forma», explicó el Premio Nacional a la obra de un traductor en 2002.

Situó la primera aparición de la figura de las sirenas en la literatura en el canto doce de ‘La Odisea’, el poema épico de Homero que describe la imagen de Ulises amarrado a un mástil para no sucumbir a sus cantos. En este periodo las sirenas aparecen representadas como mitad mujer mitad pájaro. «En el mundo griego las sirenas están ligadas al mundo de la muerte y al mundo de los vivos, a los que intentan atrapar». A través de la proyección de varias imágenes García Gual mostró cómo desde el año 560 antes de Cristo se crearon representaciones de sirenas en pinturas y cerámicas, siempre con formas aladas. «Son imágenes que muestran encanto, hechizo, felicidad y llamada al placer, aún no a la belleza», apuntó, descifrando el significado de un fresco de una casa de Pompeya.

En la época medieval la sirena pasó a representarse con cola de pez, encarnando una lectura simbólica de vanidad. «Aparecen peinándose o mirándose al espejo. Sucedió en esos primeros siglos de la época cristiana. No sabemos por qué dejaron las alas y asumieron la figura acuática. Los padres de la Iglesia se quedaron con parte de los mitos griegos, que convirtieron en alegorías, de modo que pasan a ser símbolo de tentación voluptuosa, del placer».

Andando los siglos, el romanticismo llevó a resaltar la belleza y el gesto melancólico en la figura de las sirenas de la mano de las leyendas alemanas, hasta que en el siglo XIX pasaron a ser contempladas «como mujeres fatales, que atrapan al hombre en sus garras y le llevan al mundo de la destrucción», resumió García Gual, que sustentó parte de su disertación en su libro ‘Sirenas: seducción y peligro’. Por textos de Kafka y Joyce, y poemas de Luis Cernuda y Luis Martínez de Merlo, desfilaron alusiones a sirenas, siempre tentadoras, que llevaron a García Gual a cerrar su intervención con una pregunta: «¿No valdría la pena haberse perdido dejándose llevar por los cantos de una sirena?».

10 marzo 2015 at 8:41 pm Deja un comentario

Yo, Graves

Longevo (vivió 90 años), poeta de primera fila, autor de exitosas novelas históricas (la versión televisiva de ‘Yo, Claudio’ es un clásico) y de ensayos fundamentales, como ‘La Diosa Blanca’. Graves vuelve a estar de actualidad en el 30 aniversario de su muerte

robert-graves

Graves, autor de libros como ‘La Diosa Blanca’ o ‘Yo, Claudio’, pasea en bici en Gran Bretaña en 1941 / BILL BRANDT

Fuente: ÁNGEL VIVAS  |  EL MUNDO    07/03/2015

Vuelve Robert Graves a la actualidad como deben hacerlo los escritores, por medio de sus libros. Una nueva edición del que, para muchos, es el título central de su producción, ‘La Diosa Blanca’ (Alianza), ampliada, corregida y con nueva traducción a cargo de su hijo William; la reedición, también por Alianza, de ‘Los mitos hebreos’ y ‘Los mitos griegos’, y la aparición en España de un libro de conversaciones (‘Robert Graves. Con los pies en el aire’, Ed. Confluencias) marcan este retorno de un autor imprescindible. Siendo sólo una pequeña parte de su obra (la mayor parte del resto sigue disponible), los títulos citados implican de algún modo a toda la producción de Graves.

‘La Diosa Blanca’ es un libro dirigido a los poetas que muestran el concepto que de la poesía tenía su autor; los libros sobre mitos están relacionados con algunas de sus novelas históricas como ‘Rey Jesús’ o ‘La hija de Homero'; y el de conversaciones nos acerca a la intimidad de Graves.

‘La Diosa Blanca’ para entender a Graves

Y tanto en su vida como en su obra, Graves fue alguien que rompió moldes. Si como artista es “difícil de encuadrar”, como persona es un “vivo ejemplo de esa excentricidad tan típicamente británica” (las citas son del catedrático Bernd Dietz en la ‘Historia de la literatura inglesa’ dirigida por Cándido Pérez Gállego). Y si hay un libro entre los suyos tan atractivo como difícil de clasificar, tan sugerente como extraño, tan complejo como escurridizo, y, en definitiva, tan representativo de “su manera de vivir y ver el mundo” (de nuevo, B. Dietz), ése es ‘La Diosa Blanca’. El responsable de esta nueva y voluminosa edición, Grevel Lindop, sostiene en la introducción que “nadie puede entender a Graves, o su poesía, sin leer ‘La Diosa Blanca'”, ese “fascinante laberinto de poesía, mito y erudición”, un libro “que elude todo juicio simple” y mantiene “su capacidad de inspirar, retar, horrorizar y deleitar”. (Aunque también constata que “no resulta sorprendente que algunos lectores descubran rápidamente que ‘La Diosa Blanca’ es ilegible y abandonen”).

“‘La Diosa Blanca’ es central para entenderle”, dice por su parte William Graves, traductor de la nueva edición y albacea literario de su padre. En cuanto a su dificultad, sostiene lo siguiente: “No es por la prosa. Se lee y se comprende perfectamente. Es difícil porque Graves lo ha escrito, a veces desestructurándolo en sus elementos, de tal manera que para entenderlo a la primera lectura no hay que pensar linealmente, a un solo nivel, sino poéticamente, a varios niveles a la vez. Entre otras cosas, Graves ha empastelado el texto deliberadamente, terminando un capítulo sobre un tema sin rematarlo y empezando el siguiente capítulo sobre otro tema diferente. Luego, cuando menos se espera, deja caer la conclusión del tema anterior fuera de contexto”.

“‘La Diosa Blanca’ viene a ser una fusión de dos libros”, añade William Graves. “Uno sobre el pensamiento poético; el otro, una investigación histórica sobre los matriarcados, de los cuales descubrió indicios en el Mar Negro cuando estaba escribiendo ‘El vellocino de oro’. Esta investigación histórica sobre los orígenes y la supervivencia del matriarcado en las religiones lo realiza a través de la mitología, la arqueología, la antropología, y en poemas con acertijos en cuyas soluciones se escondían alfabetos mágicos de los bardos celtas. Graves entrelaza los dos libros para pormenorizar lo que él llama el único tema poético, la veneración del poeta a la Diosa Blanca”.

Mitología

Obviamente, estamos ante un texto más poético que científico. “Sí”, conviene su hijo. “En la parte del desarrollo histórico usa la filología, pero también una serie de cosas que un científico no usaría, como las migraciones de los pájaros. Y los mitos le parecen tan válidos como la historia, si saben usarse”.

Prueba de ese interés de Robert Graves por los mitos son los otros dos libros ahora reeditados. Uno de sus estudiosos ha dicho que “lanzó extraños resplandores sobre la mitología clásica”. Carlos García Gual, autor de un Diccionario de mitos y de una reciente Historia mínima de la mitología (Turner), destaca, sobre todo, el dedicado a los mitos griegos, “bien articulado, hecho como por mitemas, los pequeños motivos de cada mito, bien ordenado, con una segunda parte que remite a los textos y una tercera con sus interpretaciones personales, que entran ya en la poesía, la imaginación”.

“El valor histórico que Graves da a los mitos es discutible”, añade García Gual. Se ve en El vellocino de oro, donde retoca ciertos temas para hacerlos verosímiles porque toma al episodio del vellocino por un relato casi histórico, lo que no es. Tenía una fe un poco ingenua en los mitos”.

García Gual, que estuvo una vez en la casa mallorquina de Graves, pero no llegó a verle porque éste se encontraba ya muy enfermo, cuenta una anécdota reveladora que le transmitió su hija Lucía: “Contaba ésta que cuando estuvieron en Delfos, siendo él ya mayor, Lucía le preguntó si no le impresionaba aquello y él dijo que no, que ya se lo había figurado”. En el libro de conversaciones que es otra de las novedades sobre Graves, éste, sin referirse a esa anécdota (que quizá no se había producido), viene a corroborarla. “Yo tengo el don de situarme en el pasado y ver lo que está ocurriendo”, les dice a sus entrevistadores. “Así es como las novelas históricas deberían escribirse”.

Por cierto que sus novelas históricas, tan valoradas por algunos (García Gual muestra su preferencia por ‘Yo, Claudio’, “en la que se transparentan sus estudios oxonienses y sus dotes de gran narrador shakesperiano”), no eran muy apreciadas por el propio Graves. Cuenta en el citado libro de conversaciones que escribió esa novela y su segunda parte, ‘Claudio, el dios, y su esposa Mesalina’ en ocho meses, en jornadas de siete u ocho horas, porque tenía que pagar la hipoteca de la casa y no quería perderla.

Aureola legendaria

En esa casa de Deiá vivió Robert Graves muchos años como “un feliz pueblerino”, al decir de Frank L. Kersnowski, editor de Robert Graves. Con los pies en el aire. Unos visitantes le describen vestido con pantalón de pana, suéter de marinero, chaqueta negra de piel de caballo, bufanda colgándole hasta la cintura, y liándose sus propios cigarrillos. Ese aislamiento (relativo, nunca dejó de recibir visitas) fue creando la leyenda del británico excéntrico enamorado del Mediterráneo. ¿Leyenda? William Graves ha evocado esos años en una reciente presentación de ‘La Diosa Blanca': “Mis hermanos y yo nos criamos en el ambiente rural mediterráneo no muy diferente al de los tiempos clásicos. Allí se seguía el ciclo agrícola, un elemento esencial en el único tema poético de Graves, pues es la Diosa quien controla las estaciones. En nuestra finca se labraba con mula y con el arado romano; sembrábamos trigo entre los olivos. Cuando maduraba se segaba con la hoz, y los haces se llevaban a la era donde se separaba el grano de la paja con un rulo de piedra con aristas, tirado por una mula al son de canciones tradicionales… Y veía a mi padre cada mes hacer nueve reverencias a la luna nueva”.

Ese modo de vida de protohippy más algunas cosas que se dicen en ‘La Diosa Blanca’ convirtieron a Graves en una especie de héroe de la contracultura de los años 60. Para su hijo William es evidente que se trata de un malentendido. “Es un poco como la Biblia, que no acabas de hilarlo todo y, al final, es más fácil leer lo que quieres leer”, dice, refiriéndose a esos lectores despistados del libro de su padre. El propio Robert Graves lo dice claramente en alguna conversación, tras constatar que “varios cultos basados en ‘La Diosa Blanca’ comenzaron su andadura en el estado de Nueva York y en California”: “Todavía soy el héroe de aquellos chiflados partidarios del amor y las flores, de los que paraban a los policías y les decían: Señor guardia, le amo. Sigo recibiendo multitud de cartas de aquel aquelarre, pidiéndome ungüentos voladores, recetas mágicas e información esotérica”.

Con todo, algo de la inocencia de los hijos de las flores sí parecía tener un Robert Graves que charlaba con toda facilidad con los niños que lo rodeaban (los libros para niños son otra faceta no desdeñable de su producción). Y también algo de su rechazo al mundo tecnológico moderno. “Uno de los secretos para poder crear es tener el menor número posible de cosas que no estén hechas a mano”, dice en una de las conversaciones del libro citado. Algo que corrobora su hijo William: “Le encantaba que en Mallorca las paredes estuvieran hechas a mano, que no se usara mucho la plomada, eso le relajaba mucho”.

Otro flanco evidente que no dejaron escapar los lectores apresurados de ese libro complejo, poliédrico, difícil y profundo que es ‘La Diosa Blanca’, es el del feminismo. Si habla de la Diosa, la Musa y el matriarcado… Pero en este caso con más razón. Graves no sólo fue “el poeta que amaba a las mujeres”, como le llamó Bernd Dietz con ocasión de su fallecimiento, sino que, más acá de musas y diosas, tenía a las mujeres de carne y hueso en gran estima. Se lo dice, por ejemplo, a Gina Lollobrigida en una jugosa conversación del libro citado: “La sabiduría viene de la mujer, se refleja en el hombre y él la incorpora a la poesía. Los poetas son hombres dignos de sus musas”. Y a continuación habla de “esas bellísimas jóvenes, inteligentes, amables, tan bien cuidadas, con sus medias brillantes, junto a sus acompañantes que esperan, sucios, desaliñados, hablando únicamente de béisbol… ¡Cuando pienso que todas esas muchachas tan lindas tienen que escoger entre esa gente a sus maridos! ¡Qué triste! Hay más mujeres buenas que buenos hombres”.

Treinta años después de su muerte, el artista difícil de encasillar que fue Robert Graves sigue felizmente de actualidad.

7 marzo 2015 at 9:19 am Deja un comentario

Cuando en la Ilíada se decía «tetilla» y no «pecho»

La epopeya griega escrita por Homero, una referencia constante en la literatura, posee tantas versiones como traducciones se han realizado

iliada

Fuente: Óscar Martínez, traductor de la «Ilíada»  |  LA RAZÓN

Aislada en el tiempo dentro de su propia calidad literaria, la «Ilíada» trae los ecos de un pasado en el que ejércitos de héroes combatieron en torno a una ciudad cuya destrucción estaba fijada de antemano. Con su «Ilíada» Homero fraguó una historia imperecedera sobre la que los antiguos griegos volvieron una y otra vez para modelar su espíritu y configurar de ahí en adelante todo un sentido de humanidad en Occidente. A través de los siglos hemos tornado la mirada hacia la obra homérica, guiados en buena medida por sus traductores. Es sabido que cuando la literatura latina dio sus primeros pasos lo hizo a través de la traducción de la «Odisea» realizada por el gramático de procedencia griega Livio Andrónico. La «Odusia» de Andrónico constituyó, pues, el primer peldaño hacia una de las cumbres de la literatura universal: la «Eneida» de Virgilio, que tanto temática como formalmente bebía explícitamente de Homero.

Como contrapartida, Virgilio supo mantener vivo el fuego homérico cuando se perdió de vista la noción de la lengua griega: todo el conocimiento que tenía Dante acerca de Homero cuando lo presentó como «poeta sovrano» en el primer círculo del Infierno se lo debía a Virgilio, ya que el autor de La «Divina comedia» nunca pudo leer a Homero. Petrarca, en cambio, aunque poseía una copia manuscrita de la «Ilíada», se confesaba sordo ante sus palabras al no saber griego. Fue la necesidad de leer al viejo aedo lo que dio lugar a la primera traducción europea de la «Ilíada»: en ello Boccaccio resultó decisivo, pues consiguió como traductor a un tosco monje calabrés llamado Leonzio Pilato que se hacía pasar por griego: hacia el año 1365 los humanistas italianos ya contaban con una traducción en latín –la primera de muchas– con que volver a leer a Homero.

Homero, una presencia constante

Gracias a estas traducciones latinas comenzaron a aparecer las primeras versiones homéricas en las lenguas nacionales (hacia el 1450 apareció en España la «Ilíada en romance» atribuida al hijo del Marqués de Santillana); desde entonces, la presencia de Homero fue constante en las literaturas europeas. En este sentido, George Steiner señala que el mito «natural» de los británicos, el artúrico, acabó cediendo su puesto al imaginario homérico: Chaucer, por ejemplo, abordó la temática troyana en «Troilo y Criseida» hacia 1385, y luego Shakespeare repitió título y temática en 1602: ¿tuvo Shakespeare alguna vez ante sus ojos la «Ilíada» traducida por Chapman (1598), su rival en la composición de sonetos?

Es preciso señalar que no todas las épocas fueron favorables a Homero. La consolidación de una estética neoclásica redundó en la pérdida de favor de sus poemas. Los literatos del momento pasaron a considerar a Homero (por extensión a todos los poetas antiguos) un autor de pésimo gusto: se trata de la famosa «Querella entre los modernos y los antiguos» en la que participaron escritores como Racine, de parte de los antiguos, y los hermanos Perrault o Voltaire por los modernos. Sin duda, en la «Ilíada» existen numerosos pasajes capaces de perturbar la sensibilidad neoclásica: que un rey pudiera disfrutar de un banquete a base de animales de corral trinchados por él mismo o que un héroe tropezara sobre una montaña de estiércol no eran precisamente cualidades versallescas. De esta manera, en España el traductor José Hermosilla se vio obligado a hacer estas aclaraciones a propósito de su traslado de la «Ilíada» (1831): «En general en todo el poema, donde se dice ‘‘tetilla’’, ‘‘ombligo’’, ‘‘nalga’’, ‘‘la vejiga’’, ‘‘las partes pudendas’’, he empleado los nombres de ‘‘pecho’’, ‘‘costado’’, ‘‘cuerpo’’, ‘‘vientre’’, ‘‘ijar’’, u otro equivalente. Porque si bien los términos griegos son más exactos, anatómicamente hablando, sus correspondientes son para nosotros menos poéticos».

La rebeldía de los héroes

Con el cambio de centuria, el mundo heroico de Homero cobró un nuevo sentido: sus héroes evocaban la rebeldía contra lo estático y lo vulgar en pos de unos valores superiores como la fuerza o el coraje. Es la época en que Joyce alcanzaba con su «Ulises» (1922) una de las cumbres de la literatura en lengua inglesa, mientras que en España Machado declaraba en sus «Proverbios y cantares» que en su infancia soñaba con los héroes de la «Ilíada». La nostalgia del héroe épico también se hacía sentir en la definición del esperpento que Valle Inclán plasmó en «Luces de bohemia». Por su lado, Baroja reproducía punto por punto en su «Zalacaín» (1909) la escena de despedida entre Héctor y Andrómaca del canto VI de la «Ilíada», y no es improbable que su inspiración procediera de la «Ilíada» (1908) de Luis Segalá, de marcados acentos modernista.

En cada época la obra homérica adopta su significado. El poeta portugués Manuel António Pina sostiene que tal vez la «Ilíada» no sea sólo un libro, sino la propia idea de la literatura y que todos los demás libros reescriben incesantemente algún verso suyo. El hecho es que en el siglo XXI la epopeya homérica mantiene intacta su capacidad de conmover y perturbar con su vigor expresivo: resaltar el carácter eminentemente narrativo de la «Ilíada» y verter en toda su fiereza la potencia de sus imágenes y su léxico es lo que hemos pretendido al presentar una traducción para el siglo XXI. Continuar leyendo la «Ilíada» a través de nuevas traducciones es una forma de ocupar el puesto que nos corresponde en el proceso de transmisión de toda una forma de humanismo y de cultura.

2 marzo 2015 at 9:07 pm Deja un comentario

‘De Roma a China’, la conquista de la seda mil años antes de Marco Polo

Jean-Nöel Robert descubre en su último libro la peligrosa aventura de los primeros mercaderes en llegar a oriente seducidos por fabulosas riquezas

guerreros-xian

Guerreros de Xian. | Cordon Press

Fuente: LAURA GALDEANO  |  Libertad Digital    26/02/2015

En el primer siglo de nuestra era, dos culturas tremendamente influyentes, en plena expansión, ubicadas en los extremos del mundo conocido y desconocidas entre sí entablan relaciones comerciales con la seda como objeto más codiciado. Mercaderes romanos llegaron a China en una peligrosa expedición, solo apta para aventureros, que propició el intercambio de mercancías, pensamientos y experiencias mucho antes de que Marco Polo pisase esos lugares.

“Fueron recibidos por el emperador Han en la capital, Chang-an, cerca de la Xian moderna. Era el final de un viaje extraordinario en el que, de Alejandría a la India a través de la Bahía de Bengala para la península de Malaca y las costas de Annam, tuvieron que hacer frente a todos los peligros para llegar hasta una China de fabulosas riquezas”.

DeRomaaChinaAsí comienza esta página de la historia, hasta ahora pasada por alto, que nos desvela Jean-Nöel Robert (1949, París), latinista y experto en la historia de Roma, en el libro De Roma a China. La ruta de la seda en época de los césares. Robert, tras un intenso trabajo de documentación basado en la traducción de textos latinos, griegos y anales chinos de la época, describe esos encuentros y la vida de ciudades antiguas ya desaparecidas y de sus gentes.

Un libro ágil y envolvente, que ha sido traducido en más de una treintena de lenguas, incluyendo China, Japón y Corea. Según admite el autor, destinado “a todos aquellos que tengan curiosidad por los acontecimientos poco conocidos de la historia”. Pero principalmente y como recalca Robert, se trata de “una extraordinaria aventura humana que todos los apasionados de la historia disfrutarán al descubrir”.

PREGUNTA. El libro nos presenta la seda, las telas, las especies o los perfumes orientales como objetos de deseo para los romanos. ¿Hasta qué punto influyeron en el devenir de las distintas civilizaciones?

RESPUESTA. ¡No hay que exagerar! No todos los productos de lujo provenientes de Extremo Oriente o los fabricados a partir de materias primas originarias de India o de China tuvieron un impacto determinante para el devenir de la civilización romana. Sin embargo, los productos lejanos que costaban mucho dinero permitieron por su parte a los comerciantes ávidos de enriquecerse recorrer el mundo antiguo más allá del Imperio romano; y por otra parte, en el propio Imperio romano y particularmente en Roma, estos productos de lujo permitieron a una clase privilegiada demostrar claramente su diferencia social con el resto de ciudadanos. Estos productos de lujo jugaron entonces un papel importante sobre la moda de Roma y sobre el tren de vida de los más ricos.

P. Usted asegura en el libro que “no había hombre más internacionalizado que un romano de la época imperial”. ¿A quiénes serían comparables hoy día?

R. Sería arriesgado establecer comparaciones y equivalencias entre la Antigüedad y la actualidad. Sabemos que la historia jamás se repite y las condiciones políticas y económicas de la época eran muy diferentes de las nuestras. La frase que usted cita pretende simplemente resaltar que los romanos construyeron un imperio inmenso y que vivió en paz durante muchos siglos, lo que no se había producido nunca antes en la historia de la Antigüedad, por no decir en la historia del mundo. Los romanos se encontraban en el centro de este inmenso imperio y no vivían sino por él.

“Las ganancias eran lo suficientemente apetecible para que los audaces partieran a la aventura”

P. Se enfrentaban a desiertos, mares embravecidos, terrenos desconocidos y pueblos violentos, como los hunos. ¿Se les puede considerar unos imprudentes? ¿Era tal la recompensa como para arriesgarse de este modo?

R. Hay que considerar en primer lugar que los hombres que se lanzaban al comercio con países lejanos, tanto por vía terrestre como marítima, reunían cualidades de audacia, coraje e incluso temeridad. Los peligros de la ruta eran muchos; los conocimientos geográficos, aunque admirables, eran muy imprecisos, e incluso aquellos que se adentraban en los países vecinos del imperio corrían grandes riesgos. En cuanto a aquellos que recorrieron la ruta completa desde el Imperio romano hasta China, fueron una minoría. Por otro lado, los comerciantes en Roma eran muy poco valorados, aunque sí es cierto que la previsión de las ganancias era lo suficientemente apetecible para que algunos audaces partieran a la aventura.

P. ¿Cuál era el mayor peligro?

R. El abanico es tan grande que es imposible decidirse por uno solo. Entre los peligros más temidos se encontraban las tempestades marítimas y los naufragios en alta mar; el encuentro con bestias salvajes en las montañas de Asia central; las inclemencias del clima, como la nieve que empezaba a caer a mediados de agosto en la Cordillera del Pamir; o el riesgo de que los yaks cargados de mercancías resbalaran y cayeran por algún precipicio; o el calor insoportable de los desiertos en los que uno se arriesgaba a perderse y morir de sed junto a sus camellos. Sin olvidar los numerosos bandidos que, como mínimo podían despojarte de todos tus bienes, y podías considerarte afortunado si te dejaban con vida…

P. ¿Cómo definiría a estos exploradores?

R. Es obvio que estos viajeros debían tener un espíritu valiente, aliñado con una dosis de locura, o al menos de inconsciencia. Pero no eran exploradores (y es una lástima, porque nos hubieran dejado unos impresionantes relatos de sus viajes); simplemente eran unos aventureros.

P. Las hazañas de Marco Polo han sido objeto de estudio de muchos historiadores. Sin embargo, estos romanos han pasado desapercibidos. ¿Por qué?

R. Si las hazañas de estos aventureros de la Antigüedad han caído en el olvido es a causa de diversos motivos. En primer lugar, no dejaron testimonios, solo sabemos de ellos a través de algunas menciones en los anales chinos; además, la existencia de estos comerciantes no era considerada importante (no eran sino simples proveedores). Para terminar, las conmociones que sacudirían el siglo III de nuestra era no solo al mundo romano, sino al resto de imperios, contribuyeron a que cayera en el olvido el hecho de que, un milenio antes de Marco Polo, unos hombres hubieran podido ya establecer contacto entre los dos extremos del mundo conocido.

P. Se fijaron rutas marítimas y terrestres que facilitaron el intercambio comercial, pero ¿se podría hablar también de las primeras rutas turísticas?

R. No, esas rutas no tenían un uso turístico, que no se desarrolló hasta casi nuestros días. Desde luego, en el seno del Imperio Romano, sabemos que los ciudadanos más ricos podían visitar los lugares más conocidos. Por ejemplo, el destino más popular era Egipto y algunos visitantes no dudaron en grabar sus nombres en las pirámides. Pero no iban más allá de las fronteras del Imperio. Estas hazañas aventureras estaban destinadas al comercio.

“Una aldea china se declara descendiente de soldados romanos”

P. Hay un capítulo dedicado a la deportación de diez mil prisioneros romanos tras la muerte de Craso en la batalla de Carras que queda envuelto en misterio. ¿Qué cree que ocurrió con estos hombres?

R. Este asunto está aún rodeado de misterio y no sabemos con seguridad más que el inicio y el final del periplo. En efecto, Plinio el Viejo cuenta que los partos hicieron 10.000 prisioneros tras la batalla de Carras en el 53 a.C., que acabó para los romanos en una derrota particularmente vergonzosa y deshonrosa. Sabemos que los partos enviaban a una buena parte de sus prisioneros al otro extremo de su imperio a fin de evitar cualquier intento de fuga. Resultó que ciertos romanos fueron trasladados cerca de lo que es hoy la frontera de Turkmenistán. Por otra parte, los anales chinos hablan de alrededor de 150 soldados romanos hechos prisioneros en una batalla contra los hunos y que se establecieron en territorio chino en una aldea creada ex profeso para ellos, cerca del Lop Nor, a fin de contribuir a la vigilancia de la frontera china. Todo lo que sucedió entre estos dos puntos de la historia es pura hipótesis. Se trata de una auténtica investigación policial. Pero lo curioso es que hoy, en el s. XXI, los habitantes chinos de un pueblo cercano a la antigua aldea de los romanos se declaran descendientes de esos soldados que se instalaron allí hacia el 35 a.C., y piden que se les someta a estudios científicos.

“Para los romanos, la leyenda no se distinguía de la historia”

P. Resulta bastante curioso para el lector la descripción del paisaje como los “pájaros gigantes con huevos grandes como tinajas”, así como los recibimientos que, en lugares extraños, recibían. ¿Qué repercusión tenían en Roma estás narraciones?

R. Los romanos ponían nombres a las novedades y los descubrimientos que realizaban en función de lo que ya conocían, lo que daba lugar a nombres en ocasiones incongruentes o poéticos. Pero no hay que olvidar que para ellos la leyenda no se distinguía de la historia y que, por ejemplo, Alejandro Magno era tan real como Hércules.

P. Y China, considerado un pueblo de mentalidad algo cerrada, ¿era más favorable por entonces a adoptar técnicas o costumbres extranjeras? ¿Queda algo hoy de aquello que le aportó Roma?

R. Tenemos el testimonio de algunas técnicas romanas que fueron adoptadas por la China de la época, como por ejemplo la formación en testudo o tortuga -es decir, la forma de combatir de los legionarios protegiéndose con sus escudos como una tortuga se protege con su caparazón-, que los chinos rebautizaron como formación “en escamas de peces”. Pero no creo que podamos decir que en la actualidad quede en China algo de influencia romana. Los tiempos han cambiado.

P. ¿Qué era lo más preciado para los mandatarios chinos de los presentes que portaban los romanos?

R. Los supuestos embajadores romanos que se presentaron en la Corte del Hijo del Cielo en el año 166 de nuestra era fueron bastante decepcionantes. Traían algunas baratijas -principalmente coral y bisutería de vidrio comprado en India-, ya que no preveían encontrar un emperador tan fastuoso y una corte tan rica.

P. Bagram, a unos 60 kilómetros al noroeste de Kabul fue punto estratégico en el intercambio comercial. ¿Qué queda hoy de su tesoro?

R. Quedan aún algunas piezas muy hermosas que pueden admirarse en el Museo Guimet de París, pues fueron los arqueólogos franceses quienes contribuyeron a recuperar este magnífico tesoro.

P. ¿Qué proyecto le ocupa ahora?

En tanto que historiador de las mentalidades, en el mes de marzo publicaré una obra que hará hincapié en Pompeya. La vida antes de la erupción del Vesubio no se desarrollaba en realidad como se imagina habitualmente y la fecha de la erupción establecida tradicionalmente no se corresponde con la realidad de los descubrimientos arqueológicos. Se trata entonces de una “relectura” del yacimiento de Pompeya. Y tengo otros proyectos pendientes…

De Roma a China. La ruta de la seda en época de los césares. Jean-Nöel Robert. STELLA MARIS EDITORIAL, 2014. 339 páginas.

26 febrero 2015 at 7:09 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

FriendFeed

View my FriendFeed

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

marzo 2015
L M X J V S D
« feb    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  
adultfreindfinder contadores para web Noticias sites

Archivos

RSS Elementos compartidos

  • Ha ocurrido un error; probablemente el feed está caído. Inténtalo de nuevo más tarde.

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente

National Geographic Historia-1

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.925 seguidores