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Los diez insultos más ingeniosos de la Antigua Roma

Los romanos también se veían en la necesidad de insultarse… y lo hacían con gran creatividad

Estatua de Cicero en el antiguo Palacio de la Justicia en Roma

Fuente: ABC
8 de noviembre de 2017

Las poesías de Ovidio, la obra moralista de Séneca, la retórica de Cicerón… de la Antigua Roma nos han llegado un buen número de textos, muchos de ellos todavía admirados por su excelente calidad literaria. Sin embargo, no todo lo que se decía y se escribía en aquella época era lo que estudiamos de los clásicos en la escuela o el instituto. En el blog History of the Ancient World encontramos una interesantísima compilación con los diez mejores insultos de la Antigua Roma.

Esta bitácora ha recopilado algunas de las oraciones traducidas más curiosas del libro «How To Insult, Abuse & Insinuate In Classical Latin», de Michelle Lovric y Nikoforos Doxiadis Mardas.

Aulo Persio Flaco (34 – 62 d.C.): «¿Todavía estás roncando? ¿Está tu cabeza desencajada de tu cuerpo, tu cara atorada por los bostezos tras la juerga de ayer? ¿Tienes alguna meta en la vida? ¿Tiene algún sentido tu existencia?» (Stertis adhuc? Laxumque caput conpage soluta oscitat hesternum dissutis undique malis? Est alquid quo tendis, et in quod derigis arcum?).

Décimo Junio Juvenal (s. II d.C.): «Hace el mismo ruido que un gallo regañando a su gallina». (Ille sonat quo mordetur gallina marito).

Quinto Horacio Flaco (65 – 8 a.C.): «Finges ser un pez gordo» (Longos imitaris).

Cayo Salustio Crispo (86 – 34 a.C.): «Su mente es un vasto páramo» (Vastus animus).

Apuleyo (s. II a.C.): «Eres como el hedor de una letrina pobre» (Foetorem extremae latrinae).

Cayo Petronio Árbitro (14/27 – 65/66 d.C.): «Lo único que haces es correr de un lado a otro con una expresión estúpida, nervioso como una rata en una olla» (Curris, stupes, satagis, tanquam mus in matella).

Cayo Valerio Catulo (87 – 57 a.C.): «No tiene ni el cerebro de un niño de dos años dormido en brazos de su padre» (Nec sapit pueri instar bimuli termula patris dormientis in ulna).

Marco Valerio Marcial (40 – 103 d.C.): «Eres un chivato y un calumniador, defraudador, comerciante sin escrúpulos, estafador, gigoló y experto en el mal. Todo eso, Vacerra, y sorprendentemente, estás en bancarrota» (Et delator es et calumniator, et fraudator es et negotiator, et fellator es et lanistra, miror quare non habeas, Vacerra, nummos).

Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a.C.): «Nadie cree que seas digno de su atención, de su tiempo, de su voto, de un lugar en la sociedad, ni siquiera de la luz del día» (Nemo congressu, nemo aditu, nemo suffragio, nemo civitate, nemo luce dignum putet).

Tito Maccio Plauto (254 – 184 a.C.): «Todo lo que dices es tan aburrido, por Hércules, que podrías cometer asesinato por monotonía» (Ah, lassitudinem Hercle verba tua mihi addunt, enicas).

 

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8 noviembre 2017 at 7:23 pm Deja un comentario

Griego antiguo: por qué un idioma muerto es más útil hoy que estudiar robótica

  • La lengua de los dioses’ se publica en España tras vender 150.000 ejemplares en Italia
  • Universidades como Harvard o Berkeley dedican programas de verano a los textos de Homero

Andrea Marcolongo, autora del ‘best seller’ en Italia ‘La lengua de los dioses’. SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

Fuente: JOSE MARÍA ROBLES  |  EL MUNDO
4 de noviembre de 2017

«La primera reacción de cualquier alumno de instituto ante un texto griego oscila entre el terror y el miedo, hasta incluso el pánico». Andrea Marcolongo hace tiempo que dejó de traducir La odisea en clase, pero recuerda la sensación paralizante de enfrentarse a aquellos pasajes escritos en un alfabeto extraño. Y también el vértigo de asomarse a la Historia cuando se es menor de edad. «El griego lleva muerto más de 1.000 años y todavía sigue suscitando un miedo pavoroso en quien se acerca a él. Hasta tal punto que he llegado a pensar que el terror es una conditio sine qua non para su estudio», bromea.

Marcolongo (Milán, 1987) se ha convertido en uno de los fenómenos editoriales de la temporada en Italia después de vender 150.000 ejemplares de La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego (Taurus). En el libro, que es más una colección de apuntes personales que un manual, la autora repasa el origen del idioma de nuestros tatarabuelos, sus singularidades, su evolución, su impacto en la cultura universal y su importancia como vehículo de pensamiento. Todo ello procurando no intimidar y sí hacer pensar. «He querido bajar el griego del pedestal y hacer ver que es accesible para cualquiera, no sólo para una élite», resume la helenista durante su estancia promocional en Madrid.

Quien vea el griego antiguo como una simple moda o una rareza debe saber que el idioma conserva intacto su prestigio intelectual, como corrobora la aparición de neologismos como xenofobia, nostalgia o televisión. Por no hablar de que algunas de las universidades más prestigiosas del mundo anglosajón (Harvard, Berkeley, CUNY) lo incluyen en su plan de estudios, y no como una polvorienta reliquia.

«EN UN MUNDO CADA VEZ MÁS DESHUMANIZADO, LOS CLÁSICOS OFRECEN LA ÚNICA CLAVE DE LO HUMANO»

«Las razones para aprender griego antiguo son tan diversas como las personas que quieren aprenderlo», comenta Michael L. Konieczny, especialista en Lenguas Clásicas y Literatura en Harvard. A su juicio, que el griego sea un idioma valioso para alguien de Connecticut tiene que ver con «la continuidad» (al leer textos en griego antiguo participamos en una tradición de siglos y contribuimos a su transmisión a las generaciones futuras) y con «el conocimiento» (muchas personas se acercan a esos textos para entender cuestiones básicas sobre la condición humana: el amor, la muerte, la política, la guerra, la religión, etc.).

«¿Ha leído a Homero? Yo en griego, en West Point», le dice con suficiencia el coronel Gordon Tall (Nick Nolte) al capitán Staros (Elias Koteas) en la película La delgada línea roja. Antony Makrinos pertenece al departamento de Griego y Latín de la University College de Londres (UCL). También es el coordinador del campus de verano dedicado a Homero. No le extraña en absoluto que estudiantes de habla inglesa encuentren «beneficioso» estudiar lo que se escribió en papiro o mármol en el lejano Peloponeso. «En un mundo cada vez más deshumanizado, los clásicos ofrecen la única clave de lo humano», razona el docente.

Y es que el éxito de La lengua de los dioses está en las ventas y, sobre todo, en el descubrimiento de que un idioma extinto, diferente del griego contemporáneo, vuelve a interesar en estos tiempos donde sólo parece haber sitio para lo práctico. Para lo supuestamente útil, que en realidad es una forma poco elegante de referirse a lo que se puede comprar o vender.

La famosa tribuna de las cariátides del Erecteón, en la Acrópolis, reinterpretada por Ulises Culebro.

«La cultura está para formar, no para producir clientes o consumidores», se rebela contra esa visión mercantilista Marcolongo. «Estudiar griego prepara para la vida de tres formas. Primero, porque es difícil. Yo rechazo la tentación contemporánea de la facilidad. La vida no es fácil, para conseguir cualquier cosa hace falta esforzarse; segundo, porque requiere tiempo, lo que choca con nuestra obsesión por la velocidad, por querer preparar una tarta con un tutorial de dos minutos en YouTube; y tercero, porque nos ayuda a conocernos mejor».

El griego antiguo permite expresar conceptos o ideas que no existen en ningún idioma. Es el caso del número dual (aplicable a los ojos o los amantes), el género neutro (que hace referencia a las cosas sin alma) o el optativo, un modo verbal que se emplea para expresar deseo.

Son algunas de las curiosidades que han encontrado los lectores italianos de La lengua de los dioses, entre los que se cuentan amantes de la antigüedad clásica ya canosos y también imberbes post millennials matriculados en el Liceo Clásico (una de las cuatro ramas de la enseñanza secundaria local). ¿Qué puede llevar con 14 años a elegir el griego antiguo en vez de asignaturas como robótica, estrategia digital o idiomas con los que sí se comunican en la actualidad millones de personas?

Rosa Mariño, vicesecretaria de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC) y profesora de griego en el IES Gregorio Marañón (Madrid), plantea esa misma cuestión a sus alumnos al principio de cada curso. «Como jóvenes humanistas que son ya, tienen intereses muy amplios y no entienden la pregunta», señala la docente a propósito de chavales que aspiran a convertirse en profesionales en áreas como Traducción e Interpretación, Historia, Arqueología, Filología, Periodismo, Derecho e incluso Criminología. Chavales que sienten curiosidad por cómo un término como hipócrita ha adquirido connotaciones negativas cuando en griego antiguo simplemente designaba al actor de teatro. Chavales que, sin embargo, se ven obligados a pelear por hacer valer su decisión en su propio entorno, donde sufren incomprensión.

«Compañeros que estudian matemáticas me dicen que las voy a necesitar en el futuro, pero el griego me hace pensar y me servirá para estudiar Traducción», admite Blanca Velasco. Alumna de Mariño de 17 años, subraya que lo griego sobrevive incluso en aspectos de la cultura popular: «Mucha gente no sabe que la imagen del fantasma con cadenas viene de allí».

«ESTUDIAR GRIEGO ANTIGUO PREPARA PARA LA VIDA PORQUE ES DIFÍCIL, EXIGE TIEMPO Y AYUDA A CONOCERNOS MEJOR»

Lo de las salidas profesionales parece importar poco en la Accademia Vivarium Novum. Situada a las afueras de Roma, es la impulsora de Athenaze, un método inductivo-contextual que propone enseñar griego a los niños de forma natural. Es decir, como si se tratase de una lengua tan viva como el inglés. Sin dar tanto la matraca con las reglas gramaticales y priorizando lo visual, a través de viñetas que cuentan la vida del entrañable campesino Diceópolis.

Athenaze se presentó en 2009. Cinco años después entraba en vigor la LOMCE en España. Hasta entonces, el Bachillerato de Humanidades contemplaba la obligación de cursar dos años de griego. Ahora es una troncal optativa en 1º y 2º. «En muchos centros públicos y privados ha desaparecido, amparándose en la autonomía pedagógica de la que gozan para fijar los planes de estudios (y no impartir esa materia es ahorrar en un profesorado que requiere además una fuerte especialización) o bajo el pretexto de que no hay suficiente demanda para formar grupo, cuando en algunos casos ni siquiera se ofrece en la matrícula y los alumnos tienen que cambiar de centro para seguir su vocación. Años de fuertes recortes en la educación pública han agravado aún más el problema», critica la profesora Mariño.

Marcolongo sostiene que estudiar griego imprime carácter en la forma de hablar, escribir y pensar. Que declinar (colocarle a un sustantivo o adjetivo el sufijo correspondiente a su función sintáctica) es más una cuestión existencial que lingüística. «En cierto modo, ir al Liceo Clásico es como ser el protagonista (sin saberlo) de las tragedias y comedias griegas: en ellas se guarda el sentido primitivo y feroz del hecho de estar en el mundo», afirma.

Seguramente el paseo lunar de Neil Armstrong no hubiera sido posible si en la NASA alguien no hubiera leído -o traducido- el mito de Ícaro.

Matices del griego antiguo que se han perdido

Alejandro Magno logró que la koiné (la lengua común del helenismo) se hablase en el imperio que forjó desde Atenas a la India. Por el camino, sin embargo, el griego antiguo fue empobreciéndose.

  • Número dual: existía al margen del singular y el plural. Se utilizaba con una entidad doble que viene dada por la naturaleza (los ojos, las manos) o de forma circunstancial (los amantes).
  • Género neutro: existía al margen del masculino y el femenino. Se utilizaba para expresar conceptos abstractos (el regalo, los sueños), objetos inanimados (la lanza) y el cuerpo humano.
  • Modo optativo desiderativo: se utilizaba para expresar voluntad o súplica. En castellano se emplea el condicional.
  • Tema de aoristo: correspondía a una acción puntual e irrepetible, ajena a cualquier tiempo. Por ejemplo, amo, huelo y soy feliz.

 

 

4 noviembre 2017 at 10:29 am Deja un comentario

El caballo de Troya era un barco de origen fenicio

Un profesor de la Universidad de Marsella considera que se interpretó mal este episodio de la ‘Odisea’ de Homero

Fotograma de película ‘Troya’, protagonizada por Brad Pitt (LV)

Fuente: DAVID RUIZ MARULL  |  LA VANGUARDIA
3 de noviembre de 2017

“Mis ojos jamás pudieron dar con un hombre que tuviera el corazón de Odiseo, de ánimo paciente, ¡Qué no hizo y sufrió aquel fuerte varón en el caballo de pulimentada madera, cuyo interior ocupábamos los mejores argivos para llevar a los troyanos la carnicería y la muerte! Viniste tú en persona -pues debió de moverte algún numen que anhelaba dar gloria a los troyanos- y te seguía Deífobo, semejante a los dioses. Tres veces anduviste alrededor de la hueca emboscada tocándola y llamando por su nombre a los más valientes y, al hacerlo, remedabas la voz de las esposas de cada uno de los argivos”.

Esta es la primera mención sobre el caballo de Troya que hace Homero en la Odisea , escrita alrededor del siglo VIII antes de Cristo. Mientras en el palacio de Menelao (legendario rey de Esparta) se celebraba un banquete de bodas aparece Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope. Poco después llega Helena, que había sido raptada por Paris y originó la guerra de Troya. Es el propio Menelao el que cuenta el pasaje.

La leyenda del caballo de Troya aparece en la ‘Odisea’ de Homero

El cerco de la ciudad de Troya, según cuenta la leyenda, duró 10 años. Hasta que los generales de los ejércitos aqueos (surgidos de la unión de todos los griegos) idearon una estratagema: introducir un caballo (hippos, en griego) de madera con soldados escondidos en su interior mientras el resto de la armada fingía partir. Los troyanos se fueron a celebrar la supuesta victoria y, de noche, los griegos salieron de su escondite, abrieron las puertas de la muralla y se lanzaron a saquear l aplaza sin piedad.

Durante siglos se interpretó este suceso mitológico como una gran demostración del ingenio humano, una trampa que finiquitó de un plumazo una guerra enquistada. Pero, ¿qué pasaría si todo lo que creímos saber a partir de este episodio no fuera cierto?¿y si la leyenda no dice realmente lo que siempre se ha interpretado?

El Caballo de Troya rodeado por guerreros troyanos, con los griegos disimulados en su interior, en una ánfora funeraria del siglo VII a.C. (.)

El profesor Francesco Tiboni, de la Universidad Aix Marsella, ha puesto en duda que el caballo de Troya fuera realmente un caballo. En un artículo publicado en la revista Archaeologia Maritima Mediterranea, Tiboni considera que el caballo de madera construido por el soldado Epeo “fue en realidad uno de los barcos que los antiguos griegos solían llamar Hippoi”.

“(El caballo) no es un recipiente sagrado, sino un mercante con una cabeza de caballo en el mascarón de proa comúnmente utilizado por los marineros fenicios y levantinos para comerciar y pagar tributos a reyes extranjeros reyes. Un barco conocido por los autores griegos de la era clásica y posiblemente también por Homero”, apunta.

El profesor Francesco Tiboni pone en duda que el caballo de Troya fuera realmente un caballo

No es este profesor universitario el primero que plantea una revisión del mito, el geógrafo e historiador Pausanias (siglo II a.C.) ya planteó dudas en su libro Descripción de Grecia. “ El trabajo de Epeo era una invención para hacer una brecha en la pared de Troya“, escribió para, más adelante, añadir que la “leyenda dice que era un caballo”.

Pausanias no fue el único autor antiguo que negó el mito del caballo de Troya. A esa teoría se apuntaron el dramaturgo Eurípides (Las Troyanas), el poeta épico egipcio Trifiodoro (La toma de Ilión) o Quintus Smyrnaeus (su Posthomerica continúa la narración de la guerra de Troya).

Un hippos aparece en una moneda fenicia (LV)

“A pesar de su importancia cultural, las evidencias arqueológicas de este episodio, tanto textuales como iconográficas, son extremadamente pobres en la antigua Grecia. Solo aumentan durante las épocas romana y moderna, posiblemente debido al papel jugado por la Eneida de Virgilio”, explica Francesco Tiboni.

Su conclusión es que, analizando el episodio desde el punto de vista naval, la arqueología sí permite “dar una respuesta a la duda de Pausanias”. Los hippoi fenicios eran embarcaciones ligeras, rápidas y maniobrables que se propulsaban gracias a las velas y los remos. Sus mástiles eran fácilmente desmontables.

Los hippoi fenicios eran embarcaciones ligeras, rápidas y maniobrables

Los hippoi fueron ampliamente usados en el periodo precolonial (desde finales del segundo milenio a.C. hasta el siglo VIII antes de Cristo), cuando los marineros fenicios tenían como misión principal descubrir nuevos emplazamientos costeros. Estos barcos permitían huir con facilidad su las cosas se ponían feas durante alguna exploración.

Su calado era reducido, lo que facilitaba navegar ríos y acceder a zonas de poco fondo. Los tartesos utilizaron estas embarcaciones con asiduidad y hay indicios de varios viajes a la zona de Cádiz o a lo largo de las costas atlánticas. El propio Homero reconoce en su obra que el barco de Ulises sería una variante del hippoi.

“Examinando las evidencias textuales, iconográficas y arqueológicas consideramos -dice Tiboni- que estos hippos (barcos) se convirtieron en caballos después del período homérico. El barco fenicio rompiendo la pared de Troya pudo convertirse en un caballo como consecuencia de una posible malentendido que, en tiempos posteriores, ha sido ampliamente aceptado por los eruditos. El significado original de la palabra hippos, de hecho, se perdió en la traducción”.

El significado original de la palabra hippos se perdió en la traducción

 

3 noviembre 2017 at 5:54 pm Deja un comentario

Nuccio Ordine: “La Ítaca de los alumnos universitarios de hoy se reduce a un título”

Fuente: Jorge Dávila > Santa Cruz de Tenerife  |  eldia.es
2 de noviembre de 2017

En las páginas de “La utilidad de lo inútil” (Acantilado) da un grito de alarma, una llamada a la lucha a través de la palabra. El profesor Nuccio Ordine (1958) afirma que tiene un español de andar por casa, pero sus reflexiones son claras y certeras: “La dictadura del utilitarismo está estropeando la idea de educación, de ciencia y las relaciones personales”, sostuvo el filólogo y escritor italiano antes de debatir con Manuel Rivas y Juan Cruz Ruiz en CajaCanarias sobre la utilidad de aquellos saberes cuyo primer objetivo no es producir unas ganancias inmediatas.

¿Cuál es mensaje de “La utilidad de lo inútil”?

Hay un pensamiento generalizado sobre la idea de que lo que un gobierno corta o recorta es algo que no es útil, pero lo cierto es que las cosas que se pierden están vinculadas con el arte, las bibliotecas, la cultura, la educación, las escuelas… Cuestiones que los políticos señalan como injustamente inútiles son muy útiles para hacer a la humanidad algo más humana.

¿Esta es una crisis del conocimiento, cultural o de la palabra?

Es una crisis del conocimiento y, sobre todo, de unos valores sociales y culturales que pueden exprimirse a través de la palabra. Las primeras palabras que aprende un universitario son crédito y deudas… El paradigma de la economía está invadiendo unos territorios que no debería tocar… En ese sentido, la universidad tendría que ser un espacio impenetrable. Si la idea de ganar dinero se apodera de las aulas, el concepto de empresa va a limitar los conocimientos, es decir, si no se obtienen unos beneficios inmediatos, se corta…

Eso significa que la inmediatez prevalece sobre el conocimiento a largo plazo, ¿no?

Hay idiomas como el griego, el latín o el sánscrito que podemos usar como ejemplo para explicar esa búsqueda casi obsesiva de la rentabilidad. Si un profesor únicamente tiene en su clase a dos estudiantes que quieren aprender sánscrito, la universidad se puede llegar a plantear que esa realidad no es productiva y eliminarla. Eso es un lujo que no todos están dispuestos a pagar. Ahora avancemos 100 años en el tiempo, cuando los últimos conocedores de esas lenguas ya no se encuentren en este mundo, ¿quién podrá descifrar un hallazgo arqueológico? Eso es una pérdida de memoria, y perder la memoria significa no comprender el pasado.

¿De su discurso se desprende la idea de que se puede pasar por la universidad sin llegar a adquirir unos conocimientos que ayuden a mejorar la humanidad?

El objetivo de la universidad hoy no es formar ciudadanos cultos, es crear profesionales. Los alumnos se matriculan para buscar un título que les garantice unos ingresos económicos. La mayoría de los jóvenes caen en la red de un sistema corrupto que al final se reduce a enmarcar un trozo de papel para colgarlo en una pared. Hay una hermosa poesía de un autor griego que se llama Cavafis que yo leo a mis alumnos al principio de cada curso. En ese poema nos advierte: “Cuidado, cuidado lector. No es Ítaca la cosa más importante. La experiencia más gratificante es el viaje que hay que completar para llegar a Ítaca: las experiencias que has compartido, los nuevos conocimientos que se adquieren en él, cómo se resolvieron las dificultades”. La Ítaca de los alumnos universitarios de hoy se reduce a un título.

¿Cómo se puede derrotar a ese materialismo?

En Italia hay gente que compra un título universitario. Ahora hay un escándalo bastante fuerte en el que está involucrado el hijo de un político que compró el suyo en Albania. Este señor era un ignorante antes de pagar por el título y lo seguirá siendo cuando lo exhiba en la pared de su casa o de un despacho. El título no da la sabiduría, pero ayuda a presumir de algo que no tienes.

¿Eso no implica que el saber individual siempre estará por encima de los intereses colectivos?

El saber requiere un esfuerzo que nadie puede hacer por ti, pero la suma de ese conocimiento termina generando una serie de réditos que son importantes para el colectivo. El ser humano es individual por naturaleza, pero necesitamos compartir esa información. No es nada fácil derrotar al egoísmo y, sin duda, eso requiere de un esfuerzo. La clave es saber identificar qué es lo que puedo hacer, hasta dónde estoy dispuesto a llegar, con el único fin de alcanzar mis objetivos.

Si vivimos en la sociedad de la comunicación y de los avances tecnológicos, ¿por qué cuesta tanto acceder a un conocimiento que no sea de usar y tirar?

Esa es la manera más sencilla de vivir con superficialidad las relaciones humanas. El otro día fui a almorzar al restaurante de la universidad y me senté al lado de dos jóvenes. Por cómo se comportaban, creo que eran algo más que amigos. Estuve mirándolos unos 40 minutos y no se dirigieron ni una sola palabra. Los dos no se separaron un instante de sus móviles. La gran perversión de la sociedad en la que vivimos es que una conversación virtual que se establece entre dos o más personas que están separadas por kilómetros tiene un valor superior al intercambio de información que pueda establecerse entre dos personas que quedan para comer. Si no van a hablar de nada interesante, ¿para qué se reúnen? Eso es un disparate, una simplificación de la idea de crear lazos invisibles o relaciones inertes.

¿Las redes sociales fomentan esa superficialidad de la que habla?

En una de mis clases hay tres o cuatro alumnos que levantan la mano cuando pregunto cuántos de los presentes no tienen un perfil en Facebook. Los otros 300 o 350 presumen de tener mil o mil quinientos amigos. Para qué te sirven mil amigos en el Facebook si llegas al final de tu vida sin tres de verdad. El concepto de amistad que domina a la sociedad actual se reduce a un clic de un ordenador o un móvil. La amistad es un valor que no se puede comprar, es un tesoro que requiere de unas ataduras que hay que consolidar durante mucho tiempo.

Usted es un gran defensor de la literatura que hace sentir y pensar. Si falta una de esas dos partes, ¿lo literario pierde valor?

La literatura, la música y el arte en general son campos del conocimiento que están obligados a crear esos lazos de los que hablamos con anterioridad. Un libro está muerto si no encuentra a un lector que se haga preguntas sobre lo que está leyendo. Eso es lo que da vida a un texto, a un cuadro, a una obra de teatro, a un concierto… Los saberes considerados injustos por la sociedad son muy útiles para avanzar en el conocimiento. La única cosa que es importante en los tiempos que vivimos es dar una respuesta a una pregunta que domina nuestra existencia: ¿Para qué sirve? Ese es el estrés con el que convive una humanidad que se paraliza cuando alguien se cuestiona para qué sirve una poesía o realizar una investigación científica. Todo lo que no genere un crédito instantáneo está en crisis o bajo sospecha. Hay una frase muy conmovedora de Einstein que leí en The New York Times que decía: “Solo una vida vivida por los demás merece la pena ser vivida”.

¿Usted es muy crítico con este modelo de Europa donde prima lo económico sobre lo racional?

Vivimos en una Europa que está dominada por los bancos, egoísta y racista que no se corresponde con una Europa de la cultura. Estamos amenazados por nacionalismos y regionalismos que limitan el pensamiento.

¿Cuál es su análisis sobre los aires independentistas que afloran en el viejo continente?

Un día trabajando en la Biblioteca de París di con una frase de Giordano Bruno que me marcó mi vida para siempre. “Para el verdadero filósofo todo terreno es patria”. La patria es eso. Es aquel lugar en el que te sientes con la libertad de mejorar tu vida. La identidad no se puede convertir en una cárcel, sino en una oportunidad para escuchar al otro. Bruno entendió ese pensamiento global: estaba orgulloso de sus raíces pero, a su vez, comprendió que había que avanzar hacia un espacio sin fronteras. Los problemas de identidad de la vieja Europa los crean políticos sin lazos culturales.

 

2 noviembre 2017 at 7:38 pm Deja un comentario

La UMU conmemora el bimilenario de Ovidio, uno de los mayores poetas latinos

La Universidad de Murcia conmemora el bimilenario de uno de los mayores poetas latinos: Ovidio, autor de obras tan emblemáticas como “El arte de amar” o “La metamorfosis”.

Fuente: Universidad de Murcia
16 de octubre de 2017

La Universidad de Murcia ya fue pionera en los estudios sobre Ovidio en 1964, cuando el profesor Antonio Ruiz de Elvira, fundador del Departamento de Filología Clásica de la UMU, publicó el primer tomo de una edición bilingüe de “La metamorfosis”. Ahora son precisamente tres profesoras de la UMU, antiguas alumnas de Ruiz de Elvira: Rosa María Iglesias, María Consuelo Álvarez Morán y Francisca Moya del Baño, las que han auspiciado este homenaje al poeta romano.

Los días 17, 18 y 19 de octubre, bajo la denominación “Recordando Ovidio”, se celebrarán en el Paraninfo de la UMU (Campus de la Merced), dos conferencias y una mesa redonda en la que se repasarán distintas cuestiones de su obra y su relación con otros poetas.

El martes 17 de octubre, a las 12’30 horas, Francisca Moya del Baño, hablará sobre “Troia invisa puellis. Las mujeres víctimas de la guerra en Heroidas”.

El miércoles 18, María Consuelo Álvarez Morán y Rosa María Iglesias Montiel, disertarán sobre “Texto tejido en las Metamorfosis de Ovidio”.

Por último, y coordinada por Rosa Iglesias Montiel, se celebrará el jueves, a las 18’30 horas, la mesa redonda “Ovidio y los poetas”, con la participación de Vicente Cristóbal (Universidad Complutense de Madrid); Juan Antonio González Iglesias (Universidad de Salamanca) y Rosario Guarino Ortega (Universidad de Murcia).

Las actividades forman parte del ciclo “DeLetreArtes. Logografías culturales”, está organizado por el Departamento de Filología Griega, Facultad de Letras, y en él colabora el Servicio de Cultura de la UMU.

 

16 octubre 2017 at 6:47 pm Deja un comentario

Vivir para leer: La revolución de la cultura. Entrevista a Nuccio Ordine

Cortesía del Grupo Penta

Fuente: Santiago Díaz Benavides  |  El Espectador
14 de octubre de 2017

Si todos tuviéramos profesores de literatura, verdaderos maestros de este arte que susurra, personas apasionadas y sumamente comprometidas como Nuccio Ordine, seguramente, seríamos mejores lectores y seres humanos, por encima del índice, de las estadísticas y los reportes.

A este profesor italiano, nacido en 1958, el amor por las letras le recorre todo el cuerpo y se le nota cuando habla. Todo él es literatura y, con su ejemplo, enseña a otros lo que el arte puede generar en una vida, la puede salvar, le puede brindar sentido.

Ha publicado varios libros de ensayo, pero solo tres han sido traducidos al español: El umbral de la sombra (2008), La utilidad de lo inútil (2013) y Clásicos para la vida (2017). Con motivo de la presentación de éste último título, publicado por la editorial catalana Acantilado, el autor experto en la literatura renacentista y amplio conocedor de la obra de Giordano Bruno, visitó Bogotá y pudo compartir con sus lectores y colegas lo importante de enseñar a otros el amor por las letras. Pero, la charla no habría sido posible sin la colaboración de Verónica Pachetti, traductora de Lingua Viva; a ella agradezco por servir de intérprete en esta charla fabulosa.

¿Qué es lo que nos diferencia de quienes vivieron la época del Renacimiento? ¿Para qué estudiar literatura? ¿No basta con disfrutarla?

Montaigne es un filósofo y literato al mismo tiempo; Galileo Galilei era un científico y un literato. Hoy en día, con esta tendencia a ultra-especializarnos, estamos separando los saberes y, al mismo tiempo, dentro de las mismas disciplinas hay una ultra-especialización. [En el renacimiento esto no ocurría]. Entonces, tenemos un ortopedista que es especialista en manos, un médico que es especialista en rodilla… Pero, ¿cuál es el riesgo que se corre? Nos perdemos el punto de vista general. El médico que conoce solamente el órgano sobre el cual está trabajando, que lo conoce muy bien, desconoce asimismo cómo funciona, en su complejidad, el cuerpo. Ese no es un buen médico.

Ahora bien, yo pienso que no hay diferencia entre estudiar y disfrutar. Cuando estudio, disfruto. Tu pregunta es interesante si quien la responde usa la literatura con otro fin, en un sentido utilitarista, pero si yo amo y estudio la literatura, lo primero que surge es ese placer, ese gusto por entender lo que está escrito. Las dos cosas no se pueden separar. Alguien que estudia la literatura, y no la ama, que no siente gusto, entonces no entiende nada de lo que está estudiando. [Estudio y disfrute] son inseparables, sumamente unidos.

En La utilidad de lo inútil, se realiza una revisión rigurosa acerca de los vacíos que la literatura como arte no ha podido cubrir. ¿Cuál es la intención con este libro?

Este libro lo escribí, sobretodo, para mis estudiantes. Lo hice con el fin de que pudieran entender que uno no estudia para obtener un título; no se va al colegio para graduarse. Se estudia con el objetivo de ser mejor, de ser mujeres y hombres libres capaces de pensar con su propia cabeza. Sin embargo, las escuelas y universidades no están hechas para transmitir estos valores que yo defiendo. Hoy en día, están pensados estos sitios como si fueran empresas. ¿Qué hace una empresa? Tiene que vender. ¿Qué venden las escuelas y universidades? Diplomas. ¿Quién compra los diplomas? Los estudiantes, quienes se vuelven clientes. Es un sistema que está totalmente equivocado. La historia de la universidad nos ha demostrado que lo que allí ocurre no se puede manejar como al interior de una empresa. Pensemos: Cuando en una empresa no funciona un departamento, ¿qué se hace? Se corta. En cambio, en la universidad se debe defender, ante todo, el bien aquello que “no produce”. Hago un ejemplo, lo que está sucediendo en Europa y el mundo antiguo con las lenguas clásicas. Ya no se estudia griego, o latín, o sanscrito. ¿Por qué? Si yo, un profesor que estudia las lenguas antiguas, tengo un curso con dos estudiantes a quienes les interesa el sanscrito, para la junta directiva de la universidad no será rentable. No se pueden dar ese lujo de tener un profesor para dos estudiantes, entonces, se cortan esas materias: el latín, el griego, la filología, la arqueología, la paleografía, todos esos estudios que son importantísimos para mantener vivo el contacto con el pasado. ¿Qué va a suceder dentro de 100 años cuando ya estén muertos los últimos conocedores del griego, del latín, del sanscrito, y estemos ante un descubrimiento arqueológico? Ya nadie va a poder leer un epígrafe. Pero, ¿qué significa todo esto? Es una cosa gravísima para el futuro de la humanidad, de la democracia. ¿Por qué? Si yo corto el vínculo con el pasado, no podré entender el presente, y no podré prever el futuro. Es por esto que yo creo que la cultura puede ser una forma de resistir ante ese utilitarismo, ante la dictadura del dinero. Lo digo por tres motivos. El primero: Con el dinero se puede comprar de todo, pero hay una cosa que no se puede comprar, y es el conocimiento, el saber. Se trata de un esfuerzo individual que nadie puede ejercer en lugar de otro. Si yo te pago y no me esfuerzo, tú no puedes enseñarme nada, porque el saber no es un don, es fruto de una conquista con mucho trabajo. El segundo: La lógica del mercado se puede destruir a través de la cultura. ¿Cómo es ésta lógica? En cada intercambio hay alguien que gana y alguien que pierde. Un ejemplo… Si yo compro un esfero, estoy perdiendo mi dinero a cambio de ese esfero. El comerciante que me ha vendido el esfero, toma mi dinero y pierde el objeto. Este es un ejemplo típico de cualquier intercambio comercial. Siempre hay una perdida y una ganancia. Todos los días, en este mundo, hay un milagro que se compra; en una pequeña escuela colombiana, o en el desierto del Sahara, o en el Amazonas, o en una ciudad como Nueva York… Un profesor entra a un salón de clase y enseña el teorema de Pitágoras; él no lo pierde, y los estudiantes lo aprenden. Esto significa que la cultura no empobrece nunca. El tercero: Esto viene de un gran escritor irlandés, ganador él del Premio Nobel, George Bernard Shaw. Él dice una cosa que yo aplico en esta conversación, teniendo en cuenta el caso colombiano. Imaginemos a dos jóvenes de una universidad de Bogotá que van a una librería. Cada uno trae de su casa una manzana. Entre ellos se intercambian las manzanas y, en la noche, vuelven a sus casas, cada uno con una manzana. Cambiemos los escenarios… Dos jóvenes que salen de sus casas, cada uno con una idea, llegan a una librería y se intercambian las ideas. Por la noche llegan a su casa. Ahora, cada uno tiene dos ideas. Esa es la revolución de la cultura: Ésta no empobrece, siempre enriquece a todos sus protagonistas.

En dicho texto hay una referencia directa a David Foster Wallace. ¿Qué opinión merece este autor en el mundillo cultural italiano?

David Foster Wallace es muy amado por los jóvenes. Claramente, es un autor que te permite reflexionar, debido a su trágico final. En la anécdota de los peces (This is Water) yo lo leí, y lo disfruté. Se lo he leído a mis estudiantes jóvenes. He visto su rostro en el momento en que yo leía esas líneas. Era pura alegría. Esa es la fuerza de la literatura: decir con una palabra lo más simple del mundo y convertirlo en imagen, hacernos ver lo invisible y entender lo que nunca entendemos. Foster Wallace, con su escritura paradójica y aparentemente oscura, tiene esta fuerza de dar a conocer. Los jóvenes lo aman mucho en Italia.

¿Cómo es recibido el legado de Gabriel García Márquez por parte de los lectores italianos?

Yo soy un lector enamorado de Gabriel García Márquez. Mi generación ha estado muy involucrada en la vida política, y Cien años de soledad fue un libro muy importante en esos días. En este texto (La utilidad de lo inútil) tomo muchas cosas de la novela, como por ejemplo, aquel pasaje en que el Coronel Aureliano Buendía está fabricando los pescaditos de oro, solamente por el placer del trabajo. Y Úrsula pregunta “¿para qué lo hace?”. Lo que dice el Coronel es que no es la ganancia lo que le interesa, sino el trabajo. Esto me ha servido enormemente para hacerle entender a los jóvenes la importancia del trabajo como tal. Lo más bello de la literatura de Gabriel García Márquez es que logra construir un mundo con la valentía de decir lo que los libros de historia de América Latina no lograron. Esto no es solo de García Márquez, sino de toda la literatura latinoamericana, de aquella generación del boom. Existe este ejemplo bellísimo de la llegada de las compañías bananeras a Macondo, que fue literalmente borrada de la historia; esta masacre solo vive en los cuentos de los Buendía. Significa, entonces, que la literatura, a menudo, puede contar aquello que los historiadores no tuvieron la valentía de contar. Yo conocí Colombia a través de las obras de García Márquez. Visité Cartagena por primera vez hace dos años. Y cuando la vi, sentí que ya había estado ahí. En El amor en los tiempos del cólera, Florentino Ariza estaba siguiendo a su enamorada por el Paseo del Dulce. ¡Yo caminé por allí! Ahí entendí que la literatura te permite visitar otros lugares que no has visto nunca… Hay un poema bellísimo de Baudelaire que dice: “El mundo se conoce mejor a través de los libros, de las letras, que cuando uno está físicamente en el lugar”. Un turista, ignorante él, puede ir a Cartagena y nunca entender nada de esa ciudad. Pero uno que ha leído a García Márquez, puede entender la esencia de Cartagena. Esa es la fuerza de la literatura.

¿Es Clásicos para la vida un homenaje a los libros que nos han formado? ¿Cuál es la razón por la que leemos, una y otra vez, libros publicados hace ya tanto tiempo?

Sí. Es un libro escrito para defender a los clásicos. Puede verse que cité varios versos de Borges. Él dice: “Yo no estoy orgulloso de lo que he escrito, pero sí lo estoy de las cosas que he leído”. Es bellísimo eso. En un momento como el que estamos viviendo, en el que muchos jóvenes ya no leen a los clásicos, sino que leen resúmenes, o manuales, o estudios críticos, [es necesario defenderlos]. Por eso, este libro es una manera de dar a entender que los clásicos no se estudian para superar un examen; los clásicos nos ayudan a entender el mundo que nos rodea… Hice cincuenta ejemplos de pequeños pasajes que hablan de nuestra vida. Estudiar un clásico solo para tener un título es una estupidez. No sirve para nada. Es importante, entonces, encontrar buenos profesores que puedan dar a entender a los estudiantes que la literatura te ayuda a vivir, no porque sigas cierta profesión, sino porque te brinda los elementos para poder entenderte a ti mismo y al mundo que te rodea.

Un libro clásico es aquel que es capaz de responder a las preguntas que se generan los lectores a través de los siglos. Cada lector, cada siglo, se hace preguntas, y los clásicos las responden. Los clásicos siempre nos hablarán del presente… Hoy, en Europa, hay un “odio” por lo extranjero. Los inmigrantes que llegan a Europa son considerados como enemigos. Si uno leyera a Homero, lo extranjero, el visitante que llega de lejos a una ciudad es un enviado de los dioses; se trata de una persona que uno tiene que respetar. Toda la literatura nos muestra que la relación con el otro es una cosa fundamental para nuestra vida. Si uno no tiene a ese otro, uno no logra entender el sentido de su propia vida… Hay un pasaje bellísimo de un poeta inglés, John Donne se llama él, y dice: “Los hombres no son islas; los hombres son un continente unido. Cuando un hombre muere, muere una parte de mí”. Es por esto que cuando suena la campana de la Iglesia, no hay que preguntarse por quién está sonando, porque la campana está sonando por ti. Ese muerto que anuncian los campanazos es una parte de ti que se está yendo. La novela de Hemingway (Por quién doblan las campanas), deriva, precisamente, de este pasaje de John Donne… Al leer la literatura, al escuchar la música, al apreciar el arte, podemos entender algo que es bellísimo y que el gran Albert Einstein describió en una fórmula: Solo una vida que es vivida para los demás, es una vida que merece ser vivida.

Flaubert decía “Leer para vivir”. Yo siempre lo recuerdo. ¿Hacemos caso a esa consigna?

Sí… Pero, yo diría “Vivir para leer”. Son dos cosas que van de la mano. Si la literatura sirviera solo como disciplina para lograr un título, sería mejor cerrar las universidades. El peligro, hoy en día, es que los saberes se utilizan solo como instrumentos técnicos, y se permite que se pierda el valor civil de la literatura. Gabriel García Márquez nos hace entender que la literatura es un instrumento para mejorarnos; un instrumento que nos permite entender el presente.

 

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15 octubre 2017 at 1:28 pm Deja un comentario

Andrea Marcolongo: “Los políticos tienen miedo de que aprendamos a pensar”

El libro de Andrea Marcolongo ‘La lengua de los dioses’, una reivindicación del griego clásico, es un fenómeno de ventas. Aquí reflexiona sobre la educación y el idioma

Fuente: ANTÍA GARCÍA  |  EL PAÍS
10 de octubre de 2017

SAMUEL SÁNCHEZ

Declinar, una y otra vez, hasta el aburrimiento, de carrerilla, como quien reza un rosario, sin apenas pensar en el porqué de lo que se está haciendo. Esa ha sido la pesadilla de cientos de estudiantes de griego a lo largo de los tiempos, y Andrea Marcolongo no fue una excepción. La autora del superventas —con más de 150.000 ejemplares vendidos en Italia— La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego (Taurus) recuerda su primer contacto con la lengua de Platón como el de cualquier otro estudiante. “Empecé en el liceo con el alfabeto y luego las reglas gramaticales, como el resto de mis compañeros. No soy un pequeño genio que leyera textos de Aristóteles con ocho años”, bromea. Y fue justo allí, en el liceo, donde descubrió su amor por esta lengua. “Me enamoré del griego cuando me di cuenta de una cosa muy obvia. No podía pensar en italiano y traducir al griego. Tenía que pensar en griego”, y así fue como una lengua que ni siquiera sabemos cómo sonaba se convirtió en la brújula de esta milanesa de 29 años.

Marcolongo recibe a Ideas en la sede de Taurus en Madrid, donde presentó su libro la semana pasada. Su obra no pretende ser un manual de griego clásico al uso, sino que va un paso más allá, para que aquel que lo lea comprenda el griego, y puede que sea por eso por lo que ha conseguido enamorar a miles de millennials en Italia.

PREGUNTA. ¿Por qué cree que el griego ha producido siempre tanto rechazo, sobre todo entre los jóvenes?

RESPUESTA. Bueno, podría ser porque es una lengua que se nos presenta muy ajena, y demasiado diferente a nuestra lengua materna. Otro de los errores que se cometen al enseñar griego antiguo es que se transmite como algo perfecto y complicado que es solo para las élites, y no es así. Con este libro, lo único que pretendía era bajarlo de su pedestal y hacer entender que el griego es para todo el mundo. Otro de los puntos que suelen desanimar mucho a los estudiantes es pensar que es una lengua muerta, que hace siglos que nadie habla. Y es cierto, pero a mí me gusta más hacer la distinción entre lenguas fértiles e infértiles, y el griego es una lengua muy fértil que sirve para crear palabras nuevas. A pesar de que pensemos que hoy no tiene utilidad, es un idioma que está en nuestro día a día. Por ejemplo, cada vez que utilizamos la palabra xenofobia. Xenos es extranjero y fobia es miedo; por tanto, xenofobia es el miedo al extranjero, un término griego que se acuñó en el siglo XX. De hecho, los griegos nunca habrían empleado así esta palabra, ya que xenia, de donde deriva xenos, significa hospitalidad, uno de los valores fundamentales en la antigua Grecia.

“En el sistema educativo prima el principio de que todo tiene que ser fácil. Y no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos”

P. La última reforma educativa en España, la LOMCE, ha relegado las asignaturas de filosofía y griego al panel de optativas, cortando así la relación de los alumnos con el mundo clásico.

R. En Italia tenemos la misma discusión en el plano educativo. Creo que cuando los políticos toman esta clase de decisiones es porque tienen miedo a que aprendamos a pensar. Las generaciones actuales son hijos de la crisis, sus padres han perdido su trabajo, y se les ha dicho que tienen que estudiar informática porque es en ese campo en el que van a encontrar trabajo. Es como si estuviéramos persiguiendo un futuro que nunca llega. Dejamos el griego a un lado porque, además de considerarlo inútil, pensamos que es algo muy difícil, y en el sistema educativo actual reina el principio de que todo tiene que ser fácil. Pues no, no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos y debemos enseñarles que no todo en la vida es fácil. Además, tenemos que saber que todas las lenguas, incluso el griego, son política, nos enseñan a pensar, a ponernos en la mente del otro.

P. ¿Qué nos han enseñado los clásicos?

R. Nos dejaron escrito todo lo que hay que saber sobre los seres humanos. Las tragedias griegas nos cuenta cosas de hoy día, porque nos explican que las personas no son pura y enteramente buenas, sino que dentro de nosotros también hay muchas cosas malas y tenemos que aprender a experimentar y gestionar nuestras emociones. Actualmente no sabemos gestionar lo que sentimos; si somos felices, somos sumamente felices, y si estamos tristes, somos las personas más desgraciadas, ya no existen términos medios.

P. En su libro explica que con la expansión del imperio de Alejandro Magno, el griego clásico perdió su esencia en pos de mejorar la comunicación con los “bárbaros”. ¿Estamos perdiendo también nosotros la esencia de nuestras lenguas al implantar tantos anglicismos?

“Cada vez somos más vagos respecto al lenguaje. Ahora en lugar de palabras nos mandamos emoticonos, pictogramas primitivos”

R. Wittgenstein decía que los límites del ser humano son los límites de la lengua que habla. En Italia también estamos invadidos por los anglicismos, utilizamos una palabra inglesa cuando podríamos expresarnos con una en italiano, porque existe, pero no lo hacemos. Yo siempre digo: por favor, cuidemos nuestras palabras, ya que cuidándolas protegemos nuestro mundo italiano.

P. Las nuevas tecnologías y la necesidad de estar siempre en constante comunicación también están degradando el lenguaje tal y como lo conocemos. ¿Cambiarán nuestras lenguas debido a la excesiva economización de comunicación?

R. El móvil, Internet, la tecnología en general son perfectos, son unas herramientas perfectas. Está claro que el móvil es un gran avance respecto a la paloma mensajera, pero hay algo que no ha cambiado: alguien tiene que escribir el mensaje. El problema es que estamos confundiendo el contenedor con el contenido en virtud de esa rapidez, de esa necesidad de responder lo antes posible a todo lo que nos envían. No digo que tardemos años en contestar, pero tampoco hay que hacerlo al segundo y utilizando un lenguaje hiperreducido. Creo que lo que realmente pasa es que nos hemos vuelto demasiado vagos respecto al lenguaje. Lo último ya son los emoticonos, que para mí son más difíciles de entender que el griego. En 2015 Oxford eligió uno de estos emoticonos, uno que se ríe con unas lágrimas (😂), como palabra del año. Cuando lo vi pensé: pero si no es ni una palabra, es un pictograma primitivo. No me parece justo que después de todo utilicemos solo estas caritas que ríen o lloran para comunicarnos; debemos ser más complejos.

OTROS ARTÍCULOS SOBRE LOS ‘CLÁSICOS’ PUBLICADOS EN IDEAS

“Los clásicos nos enseñaron a hacernos preguntas”. Paul Veyne, traductor de Virgilio y autor de numerosos ensayos, reflexiona a los 86 años sobre su vida dedicada a los clásicos y la vigencia de sus textos.

Ulises, el héroe embustero. En el mundo heroico de duelos singulares y brutales choques, descrito por Homero en sus épicos poemas, también hay espacio para movimientos más oblicuos como la mentira y el engaño.

En aguas de Nadie. Con Odisea se desplegó ante los griegos un modelo de actuación en ese nuevo universo que era el Mediterráneo.

 

10 octubre 2017 at 1:50 pm Deja un comentario

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