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La gastronomía romana se abre paso en Sagunt

La capital de Morvedre fue elegida para presentar en la C. Valenciana una reproducción de vinos y salazones de la época altoimperial romana

Fuente: Marián Romero > Sagunt  |  Levante-EMV
1 de diciembre de 2017

La presentación de estos productos se realizó en el marco de las I Jornada Arqueogastronomía que se incluyó la conferencia de Manuel León Béjar, director técnico de Dinamo cultural; un acto donde participó la asociación Saguntum Civitas, que realizó una recreación sobre cómo se bebía vino en Roma. En la conferencia, que tuvo lugar en la Via del Pòrtic, se dio a conocer la reproducción de cuatro productos gastronómicos de alto consumo en la época imperial romana elaborados con los mismos ingredientes de antaño y con un similar proceso de producción: Vinos, un paté, una salsa y un queso.

Léon Béjar explicó que su proceso de elaboración responde a un intenso trabajo de investigación científica. En el caso de los vinos, el estudio se ha centrado en las dolias de Pompeya que contenían caldos de esa época así como en los tratados de Plinio o Columela. Se dieron a conocer cinco vinos: «Mulsum», realizado con miel; «Sanguis», de pétalos de rosa, «Antinoo» pétalos de violeta y «Mesalina», de canela. A estos tintos se añadió el «Paladio», un blanco.

Otro producto fue la «Flor de Garum», una especie de salsa de pescado azul que los romanos pudientes utilizaban para condimentar. Junto a ésta presentó el paté «Allec», que se elabora a partir del poso del pescado sobrante de la salsa y el queso «Libum», un queso de cabra sostenible macerado con vino «Mulsum»; toda una oferta que ya se puede adquirir en dos lugares de Sagunt: La Llar del Deus y la Taverna de la Serp.

Tras la conferencia, hubo un recorrido guiado por la Via del Pórtic y una cata de vino ofrecida por la Taverna, en una jornada que finalizó con la oferta de una cena con platos de la época alto imperial en restaurantes como Le Fou.

 

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2 diciembre 2017 at 11:18 am Deja un comentario

Demuestran que la tumba de Cristo data de la época de Constantino, el primer emperador romano y cristiano

Una nueva investigación descubre materiales del siglo IV en la Iglesia del Santo Sepulcro y confirma una tesis que la historiografía ya manejaba

El Santo Sepulcro en Jerusalén – Reuters

Fuente: ABC
30 de noviembre de 2017

La tumba de Cristo, localizada en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, fue completamente destruida en el año 1009. Por ello, siempre ha habido sospecha sobre si realmente fue el sitio donde fue enterrado Jesús: los materiales más antiguos allí encontrados databan «solamente» de hace diez siglos.

Ahora, una investigación de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, aporta evidencias científicas de que realmente el sepulcro fue construido en época romana, ya que quedan restos de piedra caliza en los alrededores del actual sepulcro que así lo indican. Estas nos retrotraen al siglo IV, al tiempo de Constantino, el primer emperador romano y cristiano.

Esto se alinea con la creencia histórica de que efectivamente fueron los romanos, allá por el año 325, los que construyeron un santuario allí para marcar el lugar del entierro de Jesús.

«Es un hallazgo muy importante porque confirma que fue, como se ha demostrado históricamente, Constantino el Grande el responsable de revestir la roca madre de la tumba de Cristo con las losas de mármol», afirmó a AFP Antonia Moropoulou, coordinadora científica principal del proyecto.

Aunque no se puede determinar arqueológicamente si aquel fue el lugar donde realmente enterraron a Cristo, el hallazgo da más base científica a la creencia.

La tumba se abrió por primera vez en siglos en octubre de 2016, cuando el santuario que rodea la tumba, conocido como el Edículo, fue sometido a una importante restauración por parte de un equipo interdisciplinario de la Universidad Técnica Nacional de Atenas.

30 noviembre 2017 at 7:14 pm Deja un comentario

Descubren la primera evidencia de la invasión de Gran Bretaña por parte de Julio César

Arqueólogos británicos sitúan en la punta noreste de Kent el lugar del desembarco romano en el siglo I a.C.

Excavación arqueológica en Ebbsfleet, con vistas a la bahía de Pegwell – UNIVERSIDAD DE LEICESTER

Fuente: ABC
29 de noviembre de 2017

Arqueólogos de la Universidad de Leicester han descubierto la primera evidencia de la invasión romana de Gran Bretaña por Julio César en el año 54 antes de Cristo. El primer desembarco de la flota romana tuvo lugar en Pegwell Bay en la Isla de Thanet, en la punta noreste de Kent.

Este lugar coincide con el propio relato de César de su llegada a lo que sería Britania y tres pistas sobre la topografía del lugar coinciden con que el desembarco se produjera en Pegwell Bay: su visibilidad desde el mar, la existencia de una gran bahía abierta y la presencia de un terreno más alto cercano.

La investigación de la Universidad de Leicester, financiada por Leverhulme Trust, fue impulsada por el descubrimiento de una gran zanja defensiva durante las excavaciones arqueológicas previas a la construcción de una nueva carretera.

La forma de la zanja hallada en Ebbsfleet, una aldea de la isla de Thanet, es muy similar a algunas de las defensas romanas en Alesia (Francia), donde tuvo lugar la batalla decisiva de las Galias en el año 52 antes de Cristo. De unos 4-5 metros de ancho y 2 metros de profundidad, está fechada por los restos de cerámica hallados en el siglo I aC.

El pilum romano UNIVERSIDAD DE LEICESTER

El tamaño, la forma, la fecha de las defensas en Ebbsfleet y la presencia de armas de hierro, incluyendo un pilum romano (jabalina) sugieren que el sitio en Ebbsfleet fue una base romana en en el siglo I a.C.

El sitio, con vistas a la bahía de Pegwell, se encuentra a unos 900 metros hacia el interior, pero en el momento de las invasiones de Julio César estaba más cerca de la costa.

César narra que mientras navegaban desde algún lugar entre Boulogne y Calais, vieron al amanecer Gran Bretaña a lo lejos a su izquierda. Describe cómo los barcos quedaron fondeados en una playa lisa y abierta y cómo resultaron dañados por una gran tormenta. Estos datos se corresponden con Pegwell Bay, la bahía más grande en la costa este de Kent, abierta, llana y lo suficientemente grande como para que todo el ejército romano hubiera desembarcado en un único día como cuenta Julio César. Las 800 naves habrían necesitado de un ancho de unos dos kilómetros.

César también relata que los britanos se habían agrupado para hacer frente a la invasión, pero se vieron sorprendidos por el tamaño de la flota y se refugiaron en un terreno más elevado, que podría corresponderse con el que existe en la Isla de Thanet alrededor de Ramsgate.

«Estas tres pistas sobre la topografía del lugar del desembarco; la presencia de acantilados, la existencia de una gran bahía abierta, y la presencia de un terreno más elevado en las cercanías, son consistentes con el desembarco del año 54 a. C. que se produjo en Pegwell Bay», según explica Andrew Fitzpatrick, investigador asociado de la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester.

Hasta ahora nunca se había considerado a la isla de Thanet como posible lugar del desembarco romano porque estaba separada del continente hasta la Edad Media. «Sin embargo, no se sabe la anchura del canal que lo separaba de la parte continental (el Canal Wantsum)», añade el investigador, que explica que este canal «no era una barrera significativa para la gente de Thanet durante la Edad del Hierro y ciertamente no habría sido una gran desafío a las capacidades de ingeniería del ejército romano».

El último estudio completo de las invasiones de César se publicó hace un siglo, en 1907.

Durante mucho tiempo se ha creído que las invasiones fueron un fracaso, ya que César regresó a Francia sin dejar una fuerza de ocupación. También se creía que, debido a que estas campañas eran breves, habrían dejado pocos restos arqueológicos. Los investigadores de la Universidad de Leicester creen, sin embargo, que en Roma estas campañas fueron vistas como un gran triunfo y el hecho de que César hubiera llegado más allá del mundo conocido causó sensación. También sugieren que la invasión romana tuvo efectos de larga duración en Gran Bretaña, que se constataron casi un siglo después, durante la invasión de Claudio.

El profesor Colin Haselgrove, investigador principal del proyecto de la Universidad de Leicester, cree probable que los tratados establecidos por César formaran la base de las alianzas entre Roma y las familias reales británicas. Cuando el emperador Claudio invadió Gran Bretaña en el año 43 d.C., la conquista del sudeste de Inglaterra se cree que fue rápida, posiblemente porque los reyes de esta región ya eran aliados de Roma.

«Este fue el comienzo de la permanente ocupación romana de Gran Bretaña, que incluía a Gales y parte de Escocia, y que duró casi 400 años, lo que sugiere que Claudio explotó más tarde el legado de César», afirma.

 

29 noviembre 2017 at 4:42 pm Deja un comentario

¿Dónde tenía que ir un madrileño del siglo I a pagar sus impuestos? Así era el Madrid romano

Un reciente estudio propone cinco cabeceras de ciudades en la región hace 2.000 años

Fuente: J. A. AUNIÓN > Madrid  |  EL PAÍS
19 de noviembre de 2017

En la Hispania romana, en torno al siglo I después de Cristo, una persona podía recorrer en carro entre 28 y 35 kilómetros en un día. A partir de este cálculo, de la configuración de la trama de las calzadas, de los restos arqueológicos y epigráficos (inscripciones hechas en materiales duros, como lápidas), los especialistas Julio Mangas, Sandra Azcárraga y Gabriela Märtens han propuesto en un reciente estudio la ubicación de las cabeceras de ciudades que ocuparon la actual región madrileña en torno a aquella época (entre los siglos primero antes y después de Cristo). Estas cabeceras eran los centros administrativos a través de los cuales Roma controlaba sus territorios, a los que los habitantes de los distintos núcleos de población de los alrededores tenían que desplazarse (presumiblemente, sin tener que perder más de un día en el camino) para resolver trámites básicos como inscribirse en el censo o pagar los impuestos. Así, la Comunidad de Madrid de hace unos 2.000 años tendría al menos cinco de esos centros de referencia para distintas zonas: la cabecera de Complutum estaría en lo que hoy es Alcalá de Henares; la de Titulcia en torno a la localidad que ahora lleva ese mismo nombre; la de Mantua, en Villamanta; Miaccum, en algún punto entre Collado Villalba y San Lorenzo de El Escorial; y en Patones se ubicaría una última de nombre latino desconocido.

La región central de la península Ibérica no era ni muchos menos la zona más relevante de la Hispania romana, pero sí era “uno de los más importantes canales de comunicación entre las principales ciudades, Cesaraugusta [Zaragoza] y Augusta Emérita (Mérida)”, explica por teléfono una de las autoras del estudio, Sandra Azcárraga, colaboradora del Museo de Arqueología Regional de la Comunidad de Madrid. Se trataba, prosigue, de un área principalmente rural, pero “ampliamente poblada”.

Tras un primer momento en el que el invasor romano había conquistado la zona y se había asentado sobre los poblamientos de los carpetanos (el pueblo de origen celta que ocupaba el centro peninsular hasta entonces), entre el final de la época republicana y el principio del Imperio se comenzaron a conformar estas caput civitatis que concentraban las funciones administrativas, políticas, jurídicas y religiosas para los núcleos más pequeños de los alrededores, los cuales podían tener tamaños y configuraciones de lo más variado, desde villas a pequeñas aldeas, pasando por los establecimientos de hospedería en mitad de las calzadas… Algunas de las cabeceras se habrían levantado sobre asentamientos anteriores y otras se habrían fundado desde cero; y solo en algunos casos responderían a lo que se entiende tradicionalmente por una gran ciudad romana, con un núcleo importante de población. Por ejemplo, este es el caso de Complutum, la más importante de las cabeceras de ciudades del entorno en aquella época y la mejor documentada de la región junto a Titulcia.

Otras, sin embargo, responderían a lo que recientes avances en la investigación de la época han llamado civitates sine urbe, esto es, sin apenas espacios urbanos más allá de las construcciones oficiales. Este sería el caso de la cabecera de Mantua, en la actual Villamanta. De ella habrían dependido aldeas del entorno ubicadas entre Cenicientos, San Martín de Valdeiglesias, Brunete, Arroyomolinos y Móstoles, aseguran los especialistas.

Y continúan: “Por más que no venga reflejada en los itinerarios romanos, no parece haber duda sobre la existencia de una vía que cruzaba la sierra de Guadarrama por el puerto de la Fuenfría”. Con lo cual, la lógica apunta a otra cabecera de ciudad en el noreste de la región. En este caso, aunque “no hay todavía garantías plenas para sostener dónde se situaba”, apuntan con toda probabilidad al entorno de La Dehesa de la Oliva, en Patones, donde se han encontrado restos que demuestran el poblamiento del lugar desde el Paleolítico hasta la Edad Media. Incluido el periodo de conquista romana, aunque entre el siglo I y el V la población se habría desplazado a un llano cercano a la dehesa, donde se han documentado restos con signos constructivos de la época como el trazado ortogonal de las calles, canales de desagüe y algunos edificios, incluido uno que parece “destinado a albergar pequeñas tiendas”. Además, ese llano está en un punto estratégico para controlar las dos submesetas que separa la sierra y está junto a un antiguo vado del río Jarama.

Yacimiento de Complutum en Alcalá de Henares. SANTI BURGOS

Esto último resulta clave en la investigación, pues numerosas ciudades de aquella época se establecieron junto a vados de ríos: Complutum, Titulcia, Toletum (Toledo), Albura, Caesarobrigra (Talavera de la Reina), Augustobriga (hoy, bajo el pantano de Valdecañas, en Cáceres). “Un buen vado permitía que las tierras del otro lado del río pudieran pertenecer a la ciudad y, por lo mismo, que la población de ambas márgenes acudiera con facilidad a resolver sus obligaciones político-administrativas, a los mercados y a las grandes festividades públicas. Disponer de un buen vado hacía posible incluso que una parte de la población de la ciudad se asentara al otro lado del río e incluso que allí se erigieran edificios públicos”, dice el estudio titulado Mantua y otras posibles cabeceras de ciudades romanas en el ámbito de la Comunidad de Madrid.

Por último, para el noroeste de la región, donde se han encontrado numerosos testimonios de la época en las localidades de Galapagar, Collado Villalba, Alpedrete, San Lorenzo del Escorial, Cercedilla, y, algo más lejos de allí, en Manzanares el Real y Colmenar Viejo, los expertos colocan la cabecera de Miaccum “en o cerca de Collado Villalba o de San Lorenzo de El Escorial”. Esta también tendría un pequeño núcleo urbano.

La ubicación de Miaccum en San Lorenzo de El Escorial cuadraría perfectamente con la existencia de un mutatio (una especie de posada junto a la calzada en “la que se realizaría el cambio de herrajes, el servicio de relevos”) junto a Collado Mediano, donde se encuentra el yacimiento de El Beneficio, según señalan en otro reciente estudio las profesoras Carmen Fernández (de la Autónoma de Madrid) y Mar Zarzalejos (UNED). En su trabajo, sobre los avances más recientes sobre la implantación romana en lo que hoy es la Comunidad de Madrid, ponen algunas precauciones a la propuesta de Mangas, Azcárraga y Märtens —“El registro arqueológico de la región madrileña ofrece datos muy limitados sobre centros urbanos de corte clásico y sobre las cabeceras de las civitates, cuya importancia solo podemos presuponer—, pero admiten que “este modelo organizativo parece verosímil en líneas generales”. Las dos profesoras destacan, en cualquier caso, la necesidad de seguir avanzando en la investigación arqueológica de esta propuesta y, en general, de todo un periodo, el del romano madrileño, al que pesar de los indudables avances, se le sigue otorgando “un papel secundario”, aseguran.

¿Y MADRID?

Los investigadores han ido abandonando poco a poco las teorías que colocaban la romana Mantua en la ciudad de Madrid o Miaccum, en las proximidades de la Casa de Campo. Sin embargo, Sandra Azcárraga y sus colegas plantean la posibilidad de que en la capital hubiera otra de esas caput civitatis, “al menos en los comienzos del Imperio”.

Se basan en el hallazgo del texto de un miliario (una pieza de piedra que marcaba las distancias en las calzadas) en la Puerta de Moros y otras inscripciones en los restos del antiguo poblado —“en los bancos del Manzanares, junto al Puente de los Franceses, en lienzos de la muralla, en las escaleras de una casa cercana a la muralla, en los escalones de Santa María de la Almudena, en la puerta de Guadalajara…”—, así como en la variedad de los restos arqueológicos: villas en la Casa de campo, Carabanchel y Vallecas, una necrópolis en Villaverde Bajo, un poblado carpetano en La Gavia.

Teniendo en cuenta todo ello, así como la cercanía a un vado del Manzanares y la distancia con las cabeceras de las ciudades romanas localizadas (Complutum, Titulcia, Mantua), escriben, “no es imposible, dice que el poblado romano de Madrid equivaliera a la cabecera de una civitas romana”. Como mínimo, aseguran, en Madrid había una pequeña aldea (vicum) que “cumplía a la vez las funciones de mansio [una especie de hospedería para los viajeros] en la vía que venía desde Toletum para dirigirse al norte”.

 

19 noviembre 2017 at 11:22 am Deja un comentario

La UCO publica un nuevo informe sobre la huella de Roma en la civilización europea

El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Córdoba (UCO), Enrique Melchor Gil ha publicado un estudio en la revista ‘Andalucía en la Historia’ en el que presenta al Imperio Romano como la primera sociedad globalizada de la historia, profundizando también la investigación en el legado de Roma presente la civilización europea actual.

Vista parcial del foro romano de Torreparedones, en Baena (Córdoba) (Europa Press/Archivo)

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es
14 de noviembre de 2017

Así, según ha informado la UCO, el estudio plantea que el urbanismo, la vida municipal, el derecho, las leyes, el arte o la literatura actuales son modelos que provienen o tienen sus raíces en la época romana.

Según ha señalado Melchor Gil, “los elementos que perviven de la sociedad romana lo hacen del mismo modo en Andalucía, en Europa y en Estados Unidos”, y cita como ejemplos los modelos arquitectónicos de las ciudades de nuestros días, ya que se planificaron siguiendo los patrones romanos, “o la manera que tenemos de homenajear a las personas ilustres”.

Además, el Imperio Romano estableció la primera unificación monetaria de Europa, con la que “buscó consolidar una meta de la actual Unión Europea, que era crear un espacio económico homogéneo”. Además, según ha argumentado este experto en Historia Antigua, cuando se habla de democracia “parece que ésta se inició con la Revolución Francesa y se olvida que la democracia nació en Grecia y que posteriormente los sistemas de elección de cargos mediante votación del pueblo llegaron a Roma, así como a cientos de ciudades de todo el Imperio Romano”.

De hecho, las votaciones anuales para nombrar a los magistrados encargados de gobernar a cada comunidad cívica, las normas jurídicas y de convivencia y las constituciones por las que se rige toda ciudad o nación y que han llegado a nuestros días ya existían en Roma, así como los documentos jurídicos que regulaban el correcto funcionamiento de las instituciones públicas.

El derecho romano también pervive en parte del derecho moderno de numerosos países europeos, siendo uno de los más importantes legados de Roma. Especialmente, el derecho privado actual está fuertemente influenciado por el romano, como se observa en testamentos, tutelas, servidumbres de paso, compras y ventas.

PRIMER MUNDO GLOBALIZADO

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el estudio considera que el primer mundo globalizado de la historia “no es el actual, sino que ya lo fue el mundo romano, con las limitaciones que había en aquella época, es decir, sin los medios de difusión de la cultura, la ciencia y las ideas y los sistemas de comunicación con los que contamos hoy en día”.

Según el análisis de Melchor Gil, el mundo globalizado actual es una herencia de Roma, pero sin la unidad que primaba en dicha época y que, “no se ha vuelto a lograr”. Es decir, la civilización actual ha evolucionado desde entonces, pero al mismo tiempo “se ha compartimentado, surgiendo los nacionalismos y los particularismos que persiguen mantener los privilegios de una minoría”. Esos particularismos o pequeños poderes locales fueron los que “terminaron desintegrando al Imperio Romano”.

En este punto, el estudio analiza como el Imperio Romano “no fue una sociedad ideal, pero el planteamiento de fondo sí era mejor que el actual, algo que queda demostrado por cómo perduró en el tiempo”. La clave del éxito de Roma estuvo precisamente, según el estudio de Melchor Gil, en su empeño por integrar a los pueblos que conquistó, logrando que formaran parte de un imperio único y evitando así que quisieran terminar con él.

Para el catedrático de la UCO, Roma consiguió que se desarrollasen estructuras económicas, políticas, sociales y culturales comunes para todo el Imperio que permitieron integrar a todos sus habitantes, aunque también buscó respetar los aspectos identitarios de los pueblos que conquistó (lengua, religión, etcétera). Por ello, el análisis publicado en ‘Andalucía en la Historia’ concluye que ese modelo de organización “debería presidir todo proyecto político que aspire a articular, tanto la construcción de Europa, como la de España”.

Este estudio se integra en una línea de investigación más amplia dirigida al análisis de las élites hispanas que colaboraron en el gobierno y en la administración del Imperio y cuyos responsables integran el Grupo ORDO (Oligarquías Romanas de Occidente), del que forma parte Melchor Gil.

 

14 noviembre 2017 at 2:50 pm Deja un comentario

Arqueólogos valencianos investigan en Roma una de las necrópolis más importantes del mundo

El arqueólogo Llorenç Alapont afirma que esta es una gran oportunidad para descubrir aspectos de las costumbres funerarias romanas.

Necrópolis de San Pablo. Sovraintendenza Capitolina

Fuente: ELENA MORALES > Valencia  |  Cadena SER
12 de noviembre de 2017

La Necrópolis romana conocida como la Necrópolis de San Pablo, se excavó hace 100 años, aunque es ahora cuando han comenzado las tareas de investigación y catalogación de todos los restos encontrados en la instalación. Este trabajo lo están desarrollando un equipo de arqueólogos gracias al apoyo de la Sovraintendenza Capitolina de Roma, el Colegio de Arqueólogos de Valencia y la Universidad Europea de Valencia. En la dirección del proyecto está el prestigioso arqueólogo valenciano Llorenç Alapont y Marina Marcelli de la Sovraintendenza Capitolina.

El trabajo de campo consiste en una minuciosa y exhaustiva micro-excavación de los restos depositados dentro de las urnas.

Con este proyecto se logrará identificar las características físicas de los individuos incinerados. Esto nos permitirá extraer sus características biológicas, así como conocer las condiciones de vida y muerte e interpretar los rituales funerarios.

Se trata de un proyecto multidisciplinar destinado a analizar todos y cada uno de los materiales depositados dentro de las urnas de cremación: restos humanos, restos de animales y plantas del banquete fúnebre, objetos tales como lucernas, ungüentarios, monedas, ofrendas vegetales, el lecho funeraria, con el fin de poder reconstruir los gestos y comportamientos de la comunidad romana frente a la muerte.

La necrópolis de Via Ostiense, con un gran número de urnas intactas, es un lugar privilegiado para el estudio de los ritos de muerte y la interpretación de los gestos y costumbres de la civilización romana. En particular, el extraordinario estado de conservación de las cremaciones in situ dentro de los contenedores representa una oportunidad única para el estudio bioantropológico y arqueológico aplicando un método que permita un análisis óptimo de los restos humanos de las condiciones de la vida y costumbres y rituales funerarios.

 

13 noviembre 2017 at 6:10 pm Deja un comentario

Roma también viaja en AVE

  • El arqueólogo Tomás Hurtado realiza un estudio de las monedas aparecidas en unas obras de un tramo del AVE en La Encina (Alicante)
  • Vincula el hallazgo del dinero en un tramo de la Vía Augusta con un ritual religioso previo a la construcción

Tomás Hurtado en una excavación. / LP

Fuente: I. DOMINGO  |  LAS PROVINCIAS
13 de noviembre de 2017

Monedas romanas que responden «a un ritual religioso de expiación por alterar espacios de la naturaleza con la construcción de un tramo de la Vía Augusta». Es la conclusión a la que ha llegado el arqueólogo e historiador colaborador de la Universitat de València Tomás Hurtado, que ha realizado un estudio sobre las monedas romanas aparecidas en las obras del tramo del AVE en el Nudo de la Encina.

Un descubrimiento a cargo del equipo de Juan Antonio Sánchez y Alfonso Ruiz al que Hurtado ha tratado de arrojar luz al ser la primera vez en España que las siete monedas romanas se han hallado dispersas en la base de la construcción, es decir, «en el momento previo a la ejecución de la obra». De ahí la vinculación con «algún tipo de ritual a los dioses de la Naturaleza debido a la alteración del orden existente por las obras», explica Hurtado, que apunta que sólo hay documentado algún paso parecido en Italia.

Cuatro de las monedas fueron acuñadas en Roma, ‘Iltirkesken’, ‘Ercavica’ (Cañaveruelas, en Cuenca; es la moneda más moderna) y la colonia ‘Lepida’ (cerca de Zaragoza), mientras que las otras tres aparecieron en la zona sur de la excavación y «corresponden a finales del siglo I cuando se hizo una reforma en la calzada de la Vía Augusta», explica Hurtado.

El numismático detalla que estas últimas son imperiales: dos son ases de Claudio I de acuñación hispánica y la tercera procede de la época de Augusto. Se conservan en el Museo de Prehistoria.

 

13 noviembre 2017 at 6:04 pm Deja un comentario

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