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Las lecciones que nuestra economía de hoy puede aprender del colapso de la antigua ciudad de Troya

La caída y saqueo de la ciudad de Troya a manos de un vengativo ejército griego ha sido contada desde hace unos 3.000 años, pero en ella hay pistas de un colapso global mucho más amplio, con lecciones para el mundo del siglo XXI.

Helena y Paris interpretados en “Troya, la caída de una ciudad” producido por la BBC y Netflix. (Foto: BBC/Wild Mercury)

Fuente: Tim Bowler BBC Mundo
24 de febrero de 2018

En el año 1300 a.C., en la cumbre de la Edad de Bronce, las grandes potencias de Egipto, Grecia, Babilonia, el imperio hitita en el centro de Turquía y las ciudades-Estado de Medio Oriente parecían estar a salvo a los ojos de cualquier barco mercante que navegara por el Mediterráneo.

Ninguno podía estar más seguro que la ciudad amurallada de Troya, en la costa noroccidental de Turquía junto al estrecho de los Dardanelos.

En la Edad de Bronce, Troya podía obligar a pagar impuestos a los barcos mercantes que entraban y salían del mar Negro. GETTY IMAGES

Con frecuencia, los barcos eran obligados a esperar en su bahía hasta la llegada de vientos apropiados para adentrarse en el mar de Mármara y en el mar Negro, así que estaba ubicada en un lugar ideal para enriquecerse aplicando impuestos sobre este comercio.

No obstante, apenas poco más de un siglo años más tarde, en torno al año 1170 a.C., casi todas estas civilizaciones habían colapsado y la era oscura que vino tras el derrumbe se perdió hasta el arte de la escritura.

En la mitología griega, la historia de la caída de Troya quedó encapsulada en dos épicas: La Ilíada y La Odisea, tradicionalmente atribuidas al poeta Homero y registradas sobre papel unos 400 años más tarde.

Un mundo interconectado

La Edad de Bronce se caracterizaba por la interacción entre Estados palatinos que eran parcialmente dependientes entre sí, lo que guarda similitudes con nuestra era con sus mercados financieros, sus economías interconectadas y sus cadenas de proveedores internacionales.

El estrecho de los Dardanelos sigue siendo un punto vital en las redes de comercio mundial. GETTY IMAGES

La materia prima clave de la época era el bronce, sin el cual ningún país podría equipar un ejército.

El cobre procedía de Chipre, pero la hojalata tenía que recorrer unos 4.000 kilómetros desde Afganistán, transportada por tierra a través de Siria y luego, al llegar a la costa, en barcos. Era algo tan vital como es el petróleo en la actualidad.

Carol Bell, del University College de Londres, dice que conseguir suficiente hojalata para producir armas de bronce debía preocupar a los gobernantes de la época “tanto como preocupa a un mandatario de Estados Unidos poder suministrar gasolina a un costo razonable para los conductores de ese país”.

Comercio vulnerable

En el siglo XXI aún somos vulnerables a las interrupciones en el comercio global.

Barcos de Irán en el estrecho de Hormuz, por donde circula 20% del suministro petrolero del mundo. GETTY IMAGES

En 2012, los precios globales del petróleo aumentaron cuando Irán amenazó con cerrar el estrecho de Hormuz, a través del cual circula 20% del suministro de petróleo global. Irán dijo que eso causaría una conmoción en los mercados que “ningún país” podría manejar.

El año pasado, un informe de Chatam House, el prestigioso centro de estudios con sede en Londres, urgía a los gobiernos a hacer más para proteger los puntos clave en los que se puede causar un estrangulamiento de las rutas comerciales.

Señalaba que los Dardanelos eran “particularmente importantes para el trigo”, pues una quinta parte de sus exportaciones globales pasan por allí cada año.

“Una interrupción grave de uno o más de estos cuellos de botella podría llevar a caídas en los suministros y a aumentos de los precios con consecuencias sistémicas que podrían llegar más allá del mercado de alimentos”, añadía.

Knossos, Creta: las economías palatinas eran vulnerables a las perturbaciones económicas. GETTY IMAGES

De vuelta en la Edad de Bronce, no se necesitaba mucho para causar el caos económico. Solo necesitabas unas “pequeñas interrupciones o problemas ambientales”, dice Andrew Shapland, especialista en la Grecia antigua del Museo Británico.

Cambio climático

Entonces como ahora, el cambio climático era un factor clave. “Sabemos que llevó a hambrunas”, afirma Eric Cline, profesor de Arqueología en la Universidad George Washington, Estados Unidos.

De hecho, análisis científicos muestran que en ese período hubo sequías durante 300 años. El Mediterráneo se enfrió significativamente durante esa época, lo que redujo la cantidad de lluvias.

Micenas fue posiblemente fue la capital de la Grecia de la Edad de Bronce. Allí el palacio fue construido directamente sobre una falla geológica. GETTY IMAGES

Pero las potencias de la Edad de Bronce fueron golpeadas por múltiples eventos. No solamente por largas sequías y hambrunas, también por numerosas erupciones volcánicas, terremotos, revueltas populares, crisis migratorias, interrupciones del comercio y guerras.

“Si solo te ocurre una cosa puedes sobrevivir. La diferencia hacia el final de la Edad de Bronce es que tenías la tormenta perfecta. Con uno, dos, tres o cuatro eventos te encuentras con un efecto multiplicador. No puedes sobrevivir“, apuntó Cline.

En 2011, el terremoto y el tsunami en Fukushima afectaron la cadena global de suministros de partes de computadoras y de tecnología de información. GETTY IMAGES

Nuestro propio mundo puede ser más resiliente, pero aun así los terremotos actuales pueden causar un caos económico. Cuando Japón fue golpeado en 2011 por el terremoto y el tsunami en Fukushima, el impacto económico se sintió en todo el continente asiático.

Múltiples impactos

Para el año 1250 a.C., los problemas se estaban acumulando. Una reina hitita pidió ayuda de Egipto diciendo: “No tengo granos en mi tierra”. Un comerciante sirio advirtió: “Hay hambre en nuestra casa, si tú no llegas aquí pronto todos moriremos de hambre”.

Para ayudar a aliviar la situación, los egipcios comenzaron a enviar cargamentos de comida a sus vecinos.

Cuando fueron golpeados por el hambre, los hititas pidieron ayuda a los egipcios. GETTY IMAGES

Incluso en la Edad de Bronce, los gobiernos estaban dispuestos a promover sus programas de ayuda internacional.

Un faraón presumía que él “había hecho llevar granos en barcos para mantener con vida la tierra de los hititas”.

Pero esta cooperación internacional no fue suficiente.

Gracias al Nilo, Egipto estaba en mejor posición que otros estados para sobrevivir a las sequías.  TIM BOWLER

No está claro si quienes vivían alrededor de los palacios se alzaron contra sus gobernantes porque no tenían qué comer o porque habían perdido sus trabajos.

Pero a medida que las cosechas y las economías fallaban, comenzaron a producirse guerras civiles y la migración masiva de refugiados.

Ciudades saqueadas

Es cierto que Troya fue saqueada en torno al año 1200 a.C., aunque no hay nada de allí o griego (los registros administrativos griegos son poco más que listas administrativas) que arroje luces sobre lo que ocurrió.

Pero en Siria tenemos las voces de una catástrofe más amplia.

El nombre de los hititas para los griegos era Ahhiyawa. Para Homero eran los aqueos. (Foto: BBC/Wild Mercury)

El gobernante de Ugarit, sorprendido por eventos repentinos, solicitó ayuda diciendo: “Todas mis tropas y carrozas están en la tierra de hitita y todos mis barcos están en la tierra de Lukka. Por tanto, el país ha quedado abandonado”.

Su llamamiento parece haber caído en oídos sordos, quizá sus vecinos también estaban pasando por apuros. Si acaso recibió alguna ayuda debe haber llegado demasiado tarde, de acuerdo con una de las últimas tablillas rescatadas de la ciudad caída.

Cuando llegó tu mensajero, el Ejército estaba humillado y la ciudad fue saqueada. La comida que estaba en el lugar de la trilla fue quemada y nuestros viñedos también fueron destruidos. Nuestra ciudad fue saqueada. ¡Debes saberlo!”.

Aquellos que sobrevivieron posiblemente acabaron siendo vendidos como esclavos o se unieron al creciente número de refugiados o de saqueadores sin ley que surgieron en la medida que las sociedades se derrumbaban.

Culpando a los inmigrantes

Por su parte, los egipcios tenían una respuesta simple a lo que causó el colapso de todos los estados de la Edad de Bronce: era la culpa de diferentes grupos que venían del Mediterráneo, a los que ellos llamaban “la gente del mar”.

Las economías de la Edad de Bronce dependían de este tipo de embacaciones para aprovisionarse de bienes de lujo, así como de vidrio, hojalata y cobre. GETTY IMAGES

“Los países extranjeros hicieron una conspiración en sus islas. Todas las tierras fueron sacudidas y desperdigadas en el combate al mismo tiempo. Ninguna tierra podía mantenerse en pie ante sus armas”, dice una inscripción egipcia.

No obstante, Egipto parece haber tenido tiempo de defenderse y su ejército derrotó a la “gente del mar”, señala el profesor Cline, y el faraón Ramsés III proclamó: “Yo saqué a aquellos que invadieron desde sus tierras… quedaron como aquellos que no existen”.

Andrew Shapland advierte que hay que ser cuidadosos a la hora de leer estas declaraciones de los gobiernos.

Ramsés simplemente está convirtiendo a los inmigrantes en agresores. ¿Qué tal si está haciendo lo que hace en la actualidad cualquier político actual de derecha: buscando un grupo de gente foránea y culpándola por los problemas económicos?”

Victoria pírrica

Si los griegos realmente derrotaron a los troyanos, su victoria duró poco.

La mayor parte de los palacios griegos también fueron destruidos o abandonados poco después; los hititas, las ciudades estado sirias, los asirios y los babilonios también colapsaron.

Solo los egipcios sobrevivieron.

La historia que cuenta Homero sobre Troya es para Eric Cline un cuento con moraleja que nos recuerda que, al final, todas las civilizaciones fracasan. GETTY IMAGES

A diferencia de los gobernantes de la Edad de Bronce, que cuando fallaban las cosechas solamente podían rezarle a su dios de las tormentas para que lloviera, nosotros tenemos mucha más conciencia de los problemas globales y tenemos muchos más recursos técnicos para gestionar los problemas, señala Cline, quien argumenta que la de Homero es una historia con moraleja.

“Toda civilización en el mundo ha terminado por colapsar. Sería muy arrogante pensar que seremos la única civilización en sobrevivir”.

 

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25 febrero 2018 at 12:45 pm Deja un comentario

Cómo eran los robots y los cines que ya existían en la antigua Grecia

 

Fuente: Dalia Ventura  |  BBC Mundo
17 de febrero de 2018

Clitemnestra, amante de Egisto, quien trató de matar a Orestes cuando era niño, mata a su esposo Agamenón. Orestes vuelve a matar a su madre y a su amante… ¡la vida no era sencilla en la Antigua Grecia!

Clitemnestra, la esposa de Agamenón, lo mata poco después de su llegada triunfal de Troya. Orestes, el hijo de ambos, llega a vengar la muerte de su padre y mata a su madre. Pero ahora, él mismo está a punto de convertirse en otra víctima de un asesinato de honor.

¿Cómo terminará esta historia de venganzas sin final?

Cuando los relatos se complicaba mucho y no parecía haber salida, los antiguos griegos tenían una solución, a la que el filósofo Aristóteles llamó deus ex machina.

Quizás el concepto te sea familiar: así se conoce al artificio literario que introduce un elemento, personaje o fuerza externa que no tiene mucho que ver con la lógica interna de la trama para solucionar el problema.

El deus en este caso -el de “La Orestíada” de Esquilo- es Apolo, quien salva a Orestes y declara que un juicio pondrá fin al baño de sangre de generaciones que ha plagado a la familia.

Pero, ¿cómo era la machina misma?

Porque aunque con el tiempo la frase se volvió metafórica, en la antigua Grecia era lo que su nombre indicaba: un dios en una máquina.

Y alguien que sabe cómo era esa máquina es Konstantinos Kotsanas.

“La danza mágica”, cuyo mecanismo hacía que se movieran las figuras de abajo. (Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas).

El ingeniero mecánico no sólo es un apasionado de la tecnología de la antigua Grecia sino que, notando que a diferencia de la Filosofía, las Bellas Artes y la Ciencia, la contribución de sus antepasados en este campo no es tan conocida, no se conformó con convertirse en un perito y dictar conferencias.

Lejos de eso.

A costo propio, y con exhibiciones personales, Kotsanas ha fundado hasta la fecha tres museos que alojan aproximadamente 450 modelos funcionales de inventos griegos antiguos.

Es decir, basándose en descripciones de los aparatos que aparecen en textos de la época, recreó las máquinas que se usaban en ese entonces.

Hay desde las más sencillas -como la deus ex machina- hasta aquellas creadas por Arquímedes y el prodigioso mecanismo de Anticitera.

A Kotsanas le pedimos que escogiera -aparte de esas- tres máquinas de todas las que ha recreado: la que más lo sorprendió, la que lo maravilló y la que más lo divirtió.

Sorprendente

La primera elección de Kotsanas concuerda con su objetivo de “demostrar que la tecnología justo antes del final del mundo griego antiguo era extremadamente similar al comienzo de nuestra tecnología moderna“.

El sirviente automático de Philon. (Foto cortesía del Museo Kotsanas)

El sirviente automático de Philon es el primer robot operativo de la humanidad… Es más que sorprendente: ¡es un logro! ¡Una verdadera innovación!”, le dijo a BBC Mundo.

Tenía forma humana y en su mano derecha sostenía una jarra de vino. Cuando le ponían una copa en la palma de la mano izquierda, automáticamente vertía vino primero y luego agua, mezclándolos si se deseaba.

¿Cómo lo lograba?

Ilustraciones del Museo Kotsanas en Atenas.

1. Dentro del ‘sirviente’ había dos contenedores herméticos (con vino y agua, respectivamente). En su parte inferior, dos tubos que llevaban su contenido a través de su mano derecha hasta el borde de la jarra de vino. Cuando la copa se coloca en la palma, su mano baja y los tubos de la articulación se levantan. El orificio de una tubería está alineado con el tubo de aire del contenedor de vino, el aire ingresa al contenedor y el vino fluye desde el tubo hacia la copa.

2. Cuando la copa de vino está medio llena, la mano (debido al peso) desciende más, el paso del tubo de aire de vino se obstruye y el flujo se detiene. Al mismo tiempo, el otro tubo se alinea con el tubo de aire del recipiente de agua y comienza a fluir, diluyendo así el vino.

3. Cuando la copa está llena, la mano (debido al peso) desciende más, el paso del tubo de aire con agua se obstruye y el flujo se detiene.

4. Además, si se retira la copa en cualquier momento, la mano izquierda se eleva, los tubos de la articulación descienden, cortando las tuberías de aire, creando vacío en los contenedores y deteniendo el flujo de líquido.

Maravilloso

En cuanto a la máquina que mejor ilustra cuán maravilloso es la tecnología de los antiguos griegos, para Kotsana “sin duda es el teatro automático de Garza de Alejandría, el llamado ‘cine’ de los antiguos griegos”.

“Los antiguos griegos tenían exactamente las mismas necesidades que nosotros. Cuando se trata de entretenimiento, buscaban una historia con elementos de gran estética y sorpresa”.

En este caso esa historia es “una serie de la Guerra de Troya y los diferentes episodios describen el mito de Nauplio”, explica Kotsanas.

¿Cómo? Con una máquina que “contiene 32 mecanismos, muestra una historia y tiene imagen en movimiento“, detalla.

El teatro automático de Herón de Alejandría. (Foto cortesía del Museo Kotsanas).

Fíjate en la parte de abajo de esta la imagen, en el pie del pedestal, en el medio de la parte roja, puedes ver una cuerda: el único movimiento manual que se requería para hacer funcionar el teatro automático era halar esa cuerda… y la historia empezaba (y sigue haciéndolo de igual manera en el modelo que hizo Kotsanas).

Entre las escenas, las puertas del teatro se abre y se cierran. (Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas).

En la primera escena, aparecen los aqueos reparando sus barcos -las figuras se mueven mientras martillan o serruchan, y se escuchan los sonidos que hacen las herramientas.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En la segunda y tercera escena, empujan los barcos al mar. En la tercera, van navegando de derecha a izquierda del la imagen, mientras los delfines saltan a su lado. El mar se va poniendo más picado.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En la cuarta escena, Nauplio, parado en un promontorio, con una antorcha encendida, envía una señal falsa a los aqueos instigado por la diosa Atenea.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

En las últimas escenas, se ven los restos dispersos de los barcos naufragados y Aeas nadando en el mar. Atenea aparece (como deus ex machina), cruza el escenario y desaparece. Mientras se escuchan rayos y truenos, la figura de Aeas se pierde.

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

Divertido

Para Kotsanas, la máquina más entretenida es sin duda el “pájaro gorjeador y el búho giratorio”.

Se trata del autómata hidráulico de Filón.

“Los pájaros están cantando pero cuando el búho se vuelve hacia ellos, les da miedo y detienen su hermosa canción. Cuando el búho se aleja de ellos, comienzan a cantar otra vez”.

Cuando el búho esta de espaldas, los pájaros cantan; cuando el mecanismo hace que se voltee y los mire, los pájaros se callan. (Imagen cortesía del Museo Katsanos de Atenas).

“Vale la pena mencionar que esta pieza está a la entrada del Museo Kotsanas en Atenas, de manera que a lo largo de toda la calle Pindaru, en el corazón de la capital griega, se oyen el cantar de los pájaros. La gente nos dice que se siente como si la naturaleza estuviera floreciendo, aunque estemos en medio del invierno”, señala Kotsanas.

¿Y qué fue de deus ex machina, la máquina que traía un dios cuando todo se complicaba demasiado?

Pues aquí está: una sencilla palanca que hacía aparecer a los actores con roles divinos en el escenario.

Te la dejamos, en caso de que la necesites.

¡Siempre vale la pena tener un dios a la mano… uno nunca sabe cuándo lo va a necesitar, en la vida o en el teatro!

(Imagen cortesía del Museo Kotsanas de Atenas)

 

18 febrero 2018 at 2:26 pm Deja un comentario

Hallan estructuras romanas monumentales y misteriosas en el antiguo puerto de Corinto

Este año han sido excavadas por primera vez las estructuras romanas del puerto de Lequeo, que fue el principal puerto de Corinto (Grecia)

Diques monumentales. Los diques monumentales L-M1 (izquierda) y L-M2 (derecha) dominando el puerto exterior de Lequeo. Foto: K. Xenikakis & S. Gesafidis

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
14 de diciembre de 2017

La antigua ciudad de Corinto estaba localizada en el istmo que une la Grecia continental con la península del Peloponeso y junto al Acrocorinto, una elevación rocosa, donde se practicaba la prostitución sagrada. Corinto era un hervidero de negocios y placer, de mercados negros y vicios oscuros que atrajeron a ricos y ambiciosos comerciantes de todos los rincones del Mediterráneo. La ciudad, gracias a su inmejorable posición estratégica, controlaba el tráfico naval y el comercio marítimo entre el este y el oeste del Mediterráneo. Mucho antes de la construcción del canal de Corinto (finales del siglo XIX) ya existía el Diolkos, una calzada que permitía acarrerar barcos y su carga de forma segura y de un lado al otro del istmo, con lo cual los barcos se ahorraban el viaje alrededor de la ventosa península. Roma derrotó a los ejércitos griegos y arrasó Corinto en el 146 a.C. Pasó más de un siglo hasta que la ciudad de Corinto fue reconstruida, en época de Julio César, quien reconoció su valor estratégico. En el año 44 a.C., la colonia fue nombrada en su honor: Colonia Laus Iulia Corinthiensis.

Un monumento misterioso y los posibles cimientos de un faro

Este año han sido excavadas por primera vez las estructuras romanas del puerto de Lequeo, que fue el principal puerto de Corinto, por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Copenhague y de la Eforía de Antigüedades Subacuáticas de Grecia, según informa Bjorn Lovén, el codirector del proyecto, a National Geographic. Los restos de un misterioso monumento, ubicado en una isla en medio de la dársena 3 del puerto, han sido datados a comienzos del siglo I d.C. La estructura probablemente fue erigida como parte de un programa romano de construcción cuya finalidad era la recuperación de Corinto, lo mismo que un enorme dique de 45 metros de largo y cuatro de alto, construido con la misma orientación que la misteriosa estructura en la isla. “Además hemos detectado una nueva dársena de unos 40.000 m² en el puerto exterior, y los posibles cimientos de un faro“, asegura Lovén, de la Universidad de Copenhague, quien dirige el proyecto junto con Dimitris Kourkoumelis. “El monumento de la isla fue destruido por un terremoto entre los años 40 y 125 d.C. Podría tratarse de la primera evidencia del terremoto que tuvo lugar en torno al año 70 d.C., en tiempos del emperador Vespasiano, y que se menciona en los textos clásicos. Más tarde, en el siglo VI d.C., otro gran terremto sacudió Lequeo e hizo que el puerto se elevara al menos 1,2 metros. Es posible que la dársena 4 del puerto, flanqueada por enormes pilas de escombros, fuera construida durante ese período”, señala Guy Sanders, el antiguo director de las excavaciones en Corinto.

Excavación de un dique. Los arqueólogos subacuáticos Matej Školc y Alex Tourtas excavan el dique L-M2 en el puerto exterior. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Imagen detallada. Imagen detallada de la excavación del dique L-M2. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Cimentación de un dique. El arqueólogo subacuático Matej Školc excava cuidadosamente la cimentación del dique L-M2. Foto: Vassilis Tsiairis / LHP 2017

 

Ajetreo diario. Ilustración de Yiannis Nakas que muestra el ajetreo diario en el puerto romano de Lequeo. Ilustración: Yiannis Nakas 2017 / LHP 2017

 

Monumento misterioso. Los restos del misterioso monumento situado en una isla en el centro de la dársena 3 del puerto de Lequeo. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Ancla. Ancla encontrado durante la excavación del misterioso monumento en la isla. Foto: Vassilis Tsiairis / LHP 2017

 

Moneda corintia. Moneda corintia de época romana (177-192 d.C.) que muestra un faro. Foto: Münzkabinett der Staatlichen Museen zu Berlin Acc. 1852/9550

 

Reconstrucción artística del faro. Reconstrucción artística del faro que aparece en la moneda corintia de época romana. Ilustración: Yiannis Nakas 2017 / LHP 2017

 

Poste de madera. Poste de madera de 2.000 años de antigüedad perfectamente conservado. Foto: Angeliki Zisi / LHP 2017

 

Mapa de Grecia. Mapa de Grecia que muestra dos rutas marítimas importantes en tiempos antiguos: una por el sur del Peloponeso y otra más directa a través del istimo de Corinto. Imagen: ASCSA CC BY-SA 2015 / Bjorn Lovén

 

 

14 diciembre 2017 at 11:58 pm Deja un comentario

La Tumba de Anfípolis será abierta al público dentro de tres años

Fuente: AMNA – A. MakrisGreek Reporter
22 de noviembre de 2017

En una conversación con periodistas durante la presentación de una nueva exposición temporal sobre el emperador Adriano en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, la ministra de Cultura y Deportes Lydia Koniordou ha señalado este miércoles que la tumba de Kasta en Anfípolis abrirá probablemente sus puertas a los visitantes dentro de tres años.

“Estamos presionando en todo caso a la autoridad regional de Macedonia Central y al programa transfronterizo Interreg”, ha señalado, indicando que 1,5 millones de euros serán aportados por la autoridad regional y 1,3 millones de euros por Interreg.

Preguntada sobre si estas cantidades serán suficientes, la ministra ha señalado que serán suficientes para preparar el sitio para recibir visitantes, pero “no para todo”. Se trata de un monumento muy complejo, que necesita una restauración y unos estudios en función de lo que vaya surgiendo. Es un proyecto que va a ser monitoreado constantemente a medida que se vaya restaurando”, ha indicado.

Koniordou ha explicado que algunas secciones del monumento parecen haber sido construidas en diferentes períodos de tiempo, aunque principalmente lo fueron durante la época helenística en el siglo IV a.C. Lo interesante, ha añadido, es que se ha encontrado en los alrededores una gran cantidad de materiales de construcción que se retiraron durante la época romana y que serán devueltos a Kasta.

El ministerio seguirá también adelante con las expropiaciones de tierras alrededor de la Tumba con el fin de fusionar el sitio arqueológico y permitir más trabajos de excavación, ha añadido. A principios de esta semana, Koniordou había anunciado la inclusión de las obras de restauración del monumento en los nuevos programas europeos. Las obras de restauración estructural de la Tumba comenzarán a finales de 2018 o principios de 2019 y estarán terminadas en un año. A ello le seguirá la preservación de todos los murales, suelos y elementos decorativos y la construcción de una cubierta para proteger el monumento que se espera que tenga lugar en 2021.

 

23 noviembre 2017 at 9:39 am Deja un comentario

La Universidad de Graz devuelve a Grecia 26 objetos arqueológicos robados por un general nazi

Las piezas se las llevó Julius Alfred Ringel del recinto del Palacio micénico de Cnosos, en Creta

Sir Arthur Evans, descubridor del Palacio de Cnosos – ABC

Fuente: BEGOÑA CASTIELLA  |  ABC
20 de noviembre de 2017

Altos cargos del Ministerio de Cultura heleno recibirán este lunes en la Embajada de Grecia en Viena veintiséis objetos arqueológicos griegos. Los devuelve la Universidad de Graz, la segunda más importante de Austria después de la de Viena. Y se trata de piezas que fueron «robadas» por el general nazi Julius Alfred Ringel del sitio arqueológico donde se encuentra el Palacio micénico de Cnosos, en la isla de Creta.

El general austriaco Julius Alfrend Ringel, que tuvo una distinguida carrera militar en el Ejército Austrohúngaro, se incorporó a la Wehrmacht y fue enviado en 1941 al frente griego al mando de la Quinta división de montaña. Las tropas alemanas se mantuvieron desde 1941 hasta 1944 en territorio heleno y Ringel participó en la sangrienta batalla de Creta (mayo-junio 1941), para luego seguir combatiendo en otros frentes europeos. En algún momento antes de 1945 entregó a la Universidad de Graz veintiséis objetos arqueológicos provenientes del pequeño museo del yacimiento de Cnosos, así como de la famosa Villa Ariadne, donde residió durante años el distinguido arqueólogo británico Sir Arthur Evans, descubridor del Palacio de Cnosos entre 1900 y 1906.

En los últimos años, la universidad austriaca ha estudiado este grupo de objetos: ocho vasijas de cerámica, un jarrón, una vasija de piedra y una lámpara de aceite, provenientes del periodo minoico; cinco vasijas y dos lámparas de aceite de la época clásica/helenista, cuatro fragmentos de ídolos y dos pequeñas piezas de cerámica, un alfiler de hueso y un objeto en piedra.

Uno de sus departamentos estudió estos objetos, consiguiendo identificarlos como provenientes del Museo y de la Villa Ariadne de Cnosos. La Universidad se puso entonces en contacto con el Ministerio de Cultura griego, para anunciarle su decisión de devolver las piezas. Gracias al trabajo del Departamento de Protección de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura griego y de la Embajada de Grecia en Viena, se organizó la devolución de dichos objetos, que se destinan al Museo Arqueológico de la ciudad cretense de Heraclio.

Esta no es la primera devolución de patrimonio robado al Estado griego: desde pequeños fragmentos de mármol de la Acrópolis que muchos visitantes extranjeros se llevaron a sus países de recuerdo, hasta valiosos objetos robados por mafias especializadas en objetos arqueológicos son recuperados por las autoridades griegas en estos últimos años.

La devolución mas reciente fue la de 33 objetos arqueológicos procedentes de la Edad de Bronce, así como objetos del periodo geométrico y 600 monedas, que fueron confiscados por la policía de Munich y entregados a las autoridades griegas en el mes de abril de este año, para llevarlas al Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Pero la entrega de ahora es única: es la primera vez que una universidad austriaca devuelve artefactos robados por un general nazi tras su correcta identificación.

 

20 noviembre 2017 at 8:58 am Deja un comentario

El Teatro Romano de Guadix, del siglo I, abierto por “obras”

El proyecto de construir un aparcamiento subterráneo en Guadix (Granada) desenterró hace una década su Teatro Romano, una edificación del siglo I que destaca por su buen estado de conservación y sus peculiaridades, y que ha vuelto a ser escenario de actuaciones que le permiten estar “abierto por obras”.

Fuente: EFE  |  Canal Sur
19 de noviembre de 2017

Cuando Guadix se llamaba Julia Gemella Acci, en el siglo I, los romanos construyeron un teatro, un gran edificio que ordenó levantar el emperador Tiberio hacia el año 25 y que echó el telón en el año 300.

Los espectáculos abandonaron su escenario y la imponente gradería quedó como mero atrezo hasta que tomó una nueva vida, ya en época andalusí, cuando los árabes la expoliaron y usaron como cantera para construir otros símbolos de esta ciudad que ha vuelto a dar vida a su gran teatro.

El proyecto de un aparcamiento subterráneo tropezó hace una década con los restos arqueológicos de un monumento, el Teatro Romano, que ocupó unos 5.000 metros cuadrados, y ofreció a Guadix las claves para escribir otra obra, un texto que combina turismo y cultura para recuperar el pasado y mejorar el futuro.

El arqueólogo Antonio López se convirtió en 2008 en el director de este espectáculo teatral y desde entonces, con siete intervenciones, ha constatado las peculiaridades de un Teatro Romano que destaca por el buen estado de sus restos, la importancia de sus estructuras y elementos exclusivos, como los frescos que decoraban el frente del escenario cuando la moda marcaba hacerlo con mármol.

López ha explicado que el Teatro Romano de Guadix destaca además por las dos entradas principales a ‘orchestra’, curvas y no rectas, y por sus jardines, galerías porticadas con fuentes que solo se han documentado en cuatro de la veintena de teatros de la época.

Dos inundaciones cubrieron con cuatro y dos metros de lodo la estructura del teatro y de sus jardines y, como si fuera una tragicomedia, salvaron la infraestructura del expolio y el deterioro.

Desde que comenzaron las excavaciones arqueológicas, el Ayuntamiento de Guadix combina los trabajos de campo con “microespectáculos” que han devuelto el teatro al Teatro, y suma visitas guiadas para descubrir parte de la poderosa Acci, que quedó enterrada en barro, y refleja el poderío romano oculto a escasos metros de la imponente catedral que silueteó la época cristiana.

El Teatro Romano permanece abierto por obras desde que el año pasado inició visitas didácticas para exponer su valor a escolares, tres citas semanales en las que López desgrana los entresijos de estos restos y que tuvieron que ampliarse por la creciente demanda.

Además, la oficina de Turismo de Guadix inició el pasado febrero visitas guiadas los sábados que también estudia ampliar.

Las tablas -o sillares- que pisaron entonces los romanos han recuperado el pulso para convertirse en escenario de espectáculos nocturnos gracias a recitales de poesía y música, representaciones teatrales e incluso espectáculos flamencos que han logrado el lleno en cada uno de sus pases.

Hasta el momento, solo se ha descubierto una parte de este teatro con 49 metros de longitud y al menos otros 38 de ancho, que se seguirá excavando el próximo año con fondos europeos y un proyecto del Grupo de Desarrollo Local, para resucitarlo paso a paso.

Guadix sigue así escribiendo su particular obra teatral, un texto que combina investigación arqueológica con turismo y espectáculos y que pretende concluir, quizá en una década, con la musealización y puesta en escena de un teatro romano que seguirá abierto por obras.

 

19 noviembre 2017 at 7:15 pm Deja un comentario

El misterio de la peste que se alió con los guerreros espartanos para aniquilar a miles de hoplitas atenienses

Durante el segundo año de la Guerra del Peloponeso (430 a. C.) se desató una extraña epidemia que acabó con la vida de unos 100.000 ciudadanos de Atenas. Entre ellos, miles de soldados dedicados a defender la región de Esparta

Fuente: Manuel P. Villatoro  |  ABC
2 de noviembre de 2017

La «Peste de Atenas» para unos, la «Peste del Peloponeso» para otros. Si hay una enfermedad que aúna a la perfección misterio y crueldad, esa es la epidemia que se propagó entre los atenienses en el segundo año de la Guerra del Peloponeso (430 a.C.). Una dolencia de origen enigmático que se llevó la vida de aproximadamente 100.000 personas (entre ellas, más de cuatro millares de hoplitas y unos tres centenares de jinetes) y que impactó tanto a la sociedad de la época que sus efectos fueron narrados por el mismísimo historiador Tucídides en una de sus obras más famosas.

En siglo V a.C., así pues, los guerreros espartanos se vieron favorecidos por un mal que diezmó las filas de sus enemigos de forma mucho más eficaz que un gigantesco contingente versado en decenas de batallas.

Dos mentalidades

El origen de esta peste hay que buscarlo en el siglo V a.C. Por entonces el mundo griego se dividía entre dos potencias: Atenas y Esparta. Ciudades sumamente avanzadas y tradicionalmente enfrentadas debido a sus divergencias políticas y militares. «Esparta representaba la oligarquía gobernada por unos pocos, mientras que Atenas representaba la democracia, gobernada por la decisión de la mayoría. Además, y a nivel militar, Esparta representaba la lucha por tierra, mientras que Atenas representaba la lucha por mar», explica el historiador clásico J. B. Salmón en el reportaje «Las guerras del Peloponeso».

Ni siquiera la alianza que ambas ciudades mantuvieron durante las Guerras Médicas entre el 490 a.C. y el 478 a.C. (contienda en la que Atenas y Esparta expulsaron a los invasores persas y que se hizo famosa por la popular batalla de las Termópilas) logró apagar el fuego de su enemistad. De hecho, la tensión entre ambas ascendió a cotas tales que -apoyadas por sus respectivas aliadas- iniciaron en el año 461 a.C. la Primera Guerra del Peloponeso. Un enfrentamiento que se destacó más por pequeñas escaramuzas y asaltos a urbes clave del contrario, que por su carácter general. Hubo que esperar más de 15 años para que llegase la ansiada paz previa a la contienda que provocó la peste.

«Los hechos de guerra no terminaron hasta el 445 a.C., en que firmaron un pacto según el cual ni Esparta ni Atenas atacarían ciudades griegas», explican los autores de «Ideas y formas políticas. De la antigüedad al renacimiento».

“The Plague At Ashdod” (Nicolas Poussin, 1631)

El tratado resultó efectivo durante nada menos que veintisiete años. Sin embargo, todo cambió en el 431 a.C. Y es que, fue entonces cuando comenzó el que sería uno de los enfrentamientos más cruentos entre ambas potencias, la llamada Guerra del Peloponeso. «Esparta, que lideraba la liga del Peloponeso, invadió el Ática en el año 431 a.C. iniciando así una brutal lucha fraticida que duraría veintisiete años y que cambiaría con el mundo griego y la civilización antigua», destaca Jorge Dagnino en su dossier «¿Qué fue la plaga de Atenas?».

Aquella contienda no fue como las anteriores. No se basó en pequeñas batallas aisladas. Con su avance sobre territorio enemigo, la envidiosa Esparta (que ansiaba la gloria y el crecimiento económico de su enemiga Atenas) inició un período de conflicto masivo. Así lo explicó el historiador ateniense Tucídides (siglo V a.C.) en su popular obra «Historia de la Guerra del Peloponeso». Un texto en el que señala que todos los pueblos tomaron partido por uno u otro bando ya que «ésta resultó ser la mayor convulsión que afectó a los helenos, a los bárbaros y, bien se podría decir, a la mayor parte de la Humanidad».

El historiador Donald Kagan es de la misma opinión en su obra «La Guerra del Peloponeso»: «Desde la perspectiva de los griegos del siglo V a. C., fue percibida en buena manera como una guerra mundial, a causa de la enorme destrucción de vidas y propiedades que conllevó, pero también porque intensificó la formación de facciones, la lucha de clases, la división interna de los Estados griegos y la desestabilización de las relaciones entre los mismos, razones que ulteriormente debilitaron la capacidad de Grecia». Como bien explica el autor, los gobernantes de la época desconocían que la contienda iba a provocar una de las plagas más enigmáticas y masivas y de la historia antigua.

Al abrigo de los muros

Cuando la guerra arribó a sus fronteras, los atenienses acababan de elegir por décimo tercera vez consecutiva al sexagenario Pericles como estratego (gobernador). Y este político, sabedor de la potencia de los hoplitas espartanos en combate terrestre, decidió optar por esconder a sus fuerzas en ciudades amuralladas y evitar la batalla en campo abierto. Así lo señala la catedrática en Historia Antigua María José Hidalgo de la Vega en su obra «Historia de la Grecia Antigua»: «Frente a las tropas enemigas, los efectivos que Atenas y sus aliados podían movilizar eran cuantitativamente inferiores. […] Por ello, el plan estratégico de Pericles era, pues, mantenerse a la defensiva en tierra contando con que la ciudad de Atenas y el Pireo estaban preparadas adecuadamente para resistir cualquier ataque».

Lo cierto es que no le faltaba razón a Pericles ya que, aunque los atenienses podían poner sobre el mar un total de 300 naves con tripulaciones más que versadas en la navegación, poco podían hacer ante la potencia militar espartana.

Esta teoría la corrobora el mismo Kagan en su extensa obra al afirmar que los «espartanos que tenían la ciudadanía no necesitaban ganarse el sustento, y se dedicaban exclusivamente al entrenamiento militar». El experto se atreve incluso a afirmar que, gracias a este sistema de entrenamiento, pudieron «desarrollar el mejor ejército del mundo heleno, una formación de ciudadanos-soldado con entrenamiento y habilidades profesionales sin parangón alguno».

Guerreros espartanos en la batalla de las Termópilas

De la misma opinión es el académico británico Paul Cartledge. Según afirma en su obra «Los espartanos, una historia épica», los ciudadanos de esta ciudad eran unos combatientes más que excepcionales: «Los varones espartanos adquirieron fama de ser los marines de todo el mundo griego, una fuerza de combate excepcionalmente profesional y motivada».

No obstante, para mantener esta casta guerrera recurrían a auténticas barbaridades. «Solo permitían vivir a las cruaturas físicamente perfectas, y a los muchachos se les separaba del hogar a los siete años para que se entrenasen y se endurecieran en la academia militar hasta alcanzar los veinte años de edad. De los veinte a los treinta vivían en barracones y ayudaban, a su vez, a entrenar jóvenes reclutas», completa -en este caso- Kagan.

Así pues, y sabedor de que solo le esperaba la derrota en el campo de batalla, Pericles prefirió esconder a los ciudadanos tras los muros de Atenas para evitar que fuesen masacrados por los crueles espartanos. «Con su aplastante superioridad terrestre, su plan estratégico consistía ante todo en arrastrar a Atenas a una gran batalla en campo abierto. Y consideraron que el proceso para lograrlo era arrasar las cosechas y destruir las propiedades de los atenienses para forzarles a salir en su defensa», explica Hidalgo de la Vega.

La cruel peste

Mientras espartanos y atenienses dirimían sus diferencias a base de estrategia y lanzazos, una epidemia nació en los muros de Atenas. Una enfermedad que, según narra el propio Tucídides en su obra, se originó «en tierras de Etiopía, que están en lo alto de Egipto; y después ascendió de Egipto a Libia; se extendió largamente por las tierras y señorías del rey de Persia; y de allí entró en la ciudad de Atenas».

El propio Tucídides afirma en su obra que la epidemia se contagió entre los ciudadanos debido a la falta de espacio en la ciudad. Teoría que, a día de hoy, corrobora el propio Dagnino: «La población de Atenas se había cuadriplicado con los refugiados, muchos de los cuales vivían hacinados en precarias chozas improvisadas».

Con todo, los historiadores coinciden en que el mejor testimonio para explicar esta epidemia es el Tucídides, quien habitó la región por entonces y quien sufrió la enfermedad en su propia piel.

El historiador clásico empieza de esta guisa su descripción de la enfermedad (tan destacable que le dedica incluso un capítulo): «Sobrevino a los atenienses una epidemia muy grande, que primero sufrieron la ciudad de Lemnos y otros muchos lugares. Jamás se vio en parte alguna del mundo tan grande pestilencia, ni que tanta gente matase. Los médicos no acertaban el remedio, porque al principio desconocían la enfermedad, y muchos de ellos morían los primeros al visitar a los enfermos. No aprovechaba el arte humana, ni los votos ni plegarias en los templos, ni adivinaciones, ni otros medios de que usaban, porque en efecto valían muy poco; y vencidos del mal, se dejaban morir».

Estatua que representa a Tucídides

En palabras de Tucídides, los síntomas de la que actualmente es conocida como la «Peste del Peloponeso» o «Peste de Atenas» empezaban con «un fuerte y excesivo dolor de cabeza». Era lo menor de aquella dolencia ya que, posteriormente, a los enfermos «los ojos se les ponían colorados e hinchados; la lengua y la garganta sanguinolentas, y el aliento hediondo y difícil de salir, produciendo continuo estornudar».

La siguiente fase escalaba todavía más en peligrosidad: «La voz se enronquecía, y descendiendo el mal al pecho, producía gran tos, que causaba un dolor muy agudo; y cuando la materia venía a las partes del corazón, provocaba un vómito de cólera, que los médicos llamaban apocatarsis, por el cual con un dolor vehemente lanzaban por la boca humores hediondos y amargos; seguía en algunos un sollozo vano, produciéndoles un pasmo que se les pasaba pronto a unos, y a otros les duraba más».

El historiador señala además en «Historia de la Guerra del Peloponeso» que, a partir de entonces, a los enfermos les empezaban a salir unas pústulas pequeñas y «por dentro sentían un gran ardor» casi imposible de mitigar. «El mayor alivio era meterse en agua fría, de manera que muchos que no tenían guardas, se lanzaban dentro de los pozos, forzados por el calor y la sed», explica. Esta era la etapa clave de la enfermedad, pues era en la que más personas fallecían. «Algunos morían de aquel gran calor, que les abrasaba las entrañas a los siete días, y otros dentro de los nueve conservaban alguna fuerza y vigor. Si pasaban de este término, descendía el mal al vientre, causándoles flujo con dolor continuo, muriendo muchos de extenuación», completa el testigo.

No había remedio para tal mal. Tan solo cabía esperar que el cuerpo lo rechazase. Aunque, en palabras de Tucídides, aquellos que no morían podían sufrir otro tipo de consecuencias: «Algunos perdían [los brazos]; otros perdían los ojos, y otros, cuando les dejaba el mal, habían perdido la memoria de todas las cosas, y no conocían a sus deudos ni a sí mismos». Al parecer, la dolencia era tan grave que ni las aves carroñeras se acercaban a los cuerpos sin sepultar ya que, «si algunas los tocaban, morían».

La futura «Peste del Peloponeso» era, según el mismo historiador clásico, desesperante. No ya porque causara la muerte, sino porque aquellos que la padecían sabían que no había cura para acabar con ella.

Pericles, estratego de Atenas

«No se hallaba medicina segura, porque lo que aprovechaba a uno, hacía daño a otro. Quedaban los cuerpos muertos enteros, sin que apareciese en ellos diferencia de fuerza ni flaqueza; y no bastaba buena complexión, ni buen régimen para eximirse del mal», destaca en su obra el historiador clásico. Atenas pronto se llenó de cadáveres que se amontonaban en casas, templos, estancias y albergues. Según Tucídides, esto provocó una falta de respeto por la muerte que jamás se había visto en la urbe. Así pues, no era raro ver cómo una familia arrojaba el cuerpo de un fallecido a una pira o un enterramiento ajeno. Algo impensable hasta entonces.

Y, por si todo esto fuera poco, la desesperanza de los ciudadanos les llevó a actuar sin «ninguna vergüenza» y como si el mundo estuviese a punto de acabar. Algo que provocó un caos terrible en la ciudad. «Los pobres que heredaban los bienes de los ricos, no pensaban sino en gastarlos pronto en pasatiempos y deleites, pareciéndoles que no podían hacer cosa mejor, no teniendo esperanza de gozarlos mucho tiempo, antes temiendo perderlos en seguida y con ellos la vida», finaliza Tucídides en su obra.

La cruel «Peste del Peloponeso» terminó extendiéndose durante cuatro años y llevándose consigo -según las estimaciones de Diagnino- de unas 100.00 personas. Entre un cuarto y un tercio de la población de la región en la época.

Muerte de hoplitas

Ni siquiera el ejército se vio libre de la peste. El contagio masivo entre los hoplitas hay que buscarlo en el año 430. Por entonces, Pericles había decidido usar su potencia naval para atacar por mar Esparta mientras sus tierras eran arrasadas por el enemigo. Aquella feliz idea no le salió demasiado bien ya que, tras ser rechazados, se vieron abocados a regresar a la contagiada ciudad.

«La expedición llegó a la ciudad transcurrida la primera mitad de junio, cuando la peste ya llevaba más de un mes en Atenas», añade Kagan. En un intento de que el ejército no se contagiase, Pericles envió a la carrera a sus hombres en una nueva expedición. Un nuevo error.

La peste de Atenas, por Michael Sweerts

«En este mismo verano, Hagnón, hijo de Nicias, y Cleopompo, hijo de Clinias, que eran compañeros de Pericles en el mando de la armada, partieron por mar con el mismo ejército que Pericles había llevado y traído, para ir contra los calcídeos, que moran en Tracia, y hallando en el camino la ciudad de Potidea, que aún estaba cercada por los suyos, hicieron llegar a la muralla sus aparatos y la combatieron con todas sus fuerzas para tomarla. Mas todo aquel nuevo socorro y el otro ejército que estaba antes sobre ella no pudieron hacer nada, a causa de la epidemia que se propagó entre ellos, traída por los que vinieron con Hagnón», añade Tucídides.

Cuando Hagnón regresó había perdido 1.050 hoplitas de los 4.000 que habían partido junto a él. Todos ellos, víctimas de la epidemia. Desde entonces los militares se vieron atacados también por la epidemia hasta tal punto que, cuando la peste desapareció en el año 427 a.C., ya habían muerto «más de cuatro millares de hoplitas y trescientos jinetes», en palabras de Kagan.

 

2 noviembre 2017 at 7:31 pm Deja un comentario

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