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Arqueólogos griegos restauran el comedor ritual más antiguo del Egeo

Un equipo de arqueólogos griegos ha comenzado a restaurar en Despotikó, un islote deshabitado del mar Egeo próximo a la isla turística de Paros, tras 20 de años de excavaciones, un comedor ritual del siglo VI a.C. único en esta zona de Grecia por estar situado al lado de un templo de Apolo.


Fuente: EFE  |  eldiario.es
14 de abril de 2017

“Es el más antiguo comedor ritual de Egeo y el único edificado junto a un templo. Hemos averiguado que fueron los mismos constructores del templo de Apolo los que planearon levantar poco después el comedor”, explicó a Efe Yannos Kurayos, arqueólogo que dirige las excavaciones.

Tanto el comedor como el propio templo forman parte de un santuario que contiene en total de 18 edificios, en algunos de los cuales la excavación aún no ha empezado.

Según Kurayos la construcción de dicho templo, cuya fachada tiene siete pilares, de 3,8 metros de altura cada uno, data del 580 a.C., mientras que la del comedor del 550 a.C.

En esa misma época se comenzó a edificar en Atenas el tempo de Zeus Olímpico, que llegaría a ser el más grande del mundo helenístico.

El culto a Apolo en Despotikó, no obstante, viene de más antiguo, pues algunos de los hallazgos en el sitio arqueológico relacionados con la adoración al dios datan del siglo VIII a.C.

“En un extremo del comedor ritual hay tres altares donde se hacían los sacrificios. Además hay tres habitaciones, todas de 10 metros de ancho y de 10, 7 y 5 metros de largo respectivamente, con puertas orientadas tanto al este y como al oeste”, describió Kurayos.

Además el comedor tenía una altura tres metros, con un techo inclinado cubierto de cerámica, y en el interior se han hallado huellas de sofás usados para comer y restos de cerámica de platos y vasos.

Los animales sacrificados eran asados en el altar y, según el ritual, sus partes traseras se distribuían entre los creyentes.

“A los creyentes nunca se les ofrecían los intestinos, la cabeza o las partes frontales”, precisó Kurayos.

Los arqueólogos hallaron asimismo huesos de cerdos, cabras, conejos, liebres, perdices y jabalíes, pero también de delfines y de atunes.

Un poco más alejado del conjunto del templo y del comedor se hallaron otros tres edificios, al parecer almacenes, donde estaban guardados el aceite, los cereales, las aceitunas y las legumbres.

Despotikó está situado en el centro de Egeo y era destino obligado para los barcos que atravesaban el mar cerca de la Cícladas por su puerto seguro, formado de manera natural por la geografía de la parte oriental de la isla, pues los arqueólogos suponen que, en los siglos anteriores al periodo clásico de la antigüedad griega, un istmo lo unía allí a la isla de Antíparos, al oeste de Paros.

“Hemos hallado objetos fabricados en Corinto, en Egipto y en Asia Menor. Los que hacían las ofrendas allí eran marineros de todo el Mediterraneo oriental”, aseveró Kurayos.

Kurayos recalcó que el de Despotikó es el segundo santuario más importante de las Cícladas después del de la isla de Delos.

Dicho santuario fue construido y controlado por la ciudad de Paros, muy rica en la época y posteriormente gracias a las canteras del famoso mármol de su isla, que se exportaba a todo el Mediterráneo oriental.

En Despotikó, además del culto al dios griego Apolo también se adoraba a Artemisa y Hestia.

Según Kurayos las excavaciones avanzan a un paso rápido, gracias a donaciones de fundaciones privadas, y en unos tres años el sitio arqueológico podrá ser visitado.

 

14 abril 2017 at 9:22 pm Deja un comentario

El viaje de las almas al Más Allá. El infierno de los griegos

Según la mitología, tras la muerte las almas de los hombres iban a parar a un lúgubre reino subterráneo, gobernado por el terrible dios Hades y su esposa Perséfone. Héroes como Orfeo, Heracles o Ulises se atrevieron a visitarlo

El guía de las almas en los infiernos. Hermes, mensajero de los dioses y guía de las almas hacia el inframundo, aparece rodeado de los espíritus de los difuntos que esperan a orillas del Estige para ser transportados por Caronte al reino de Hades. Óleo por Adolf Hirémy-Hirschl. 1898. Galería Belvedere, Viena. Foto: Culture-images / Album

Fuente: DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
6 de abril de 2017

Al igual que el cristianismo y otras religiones creen en un Más Allá donde pervive el alma, los griegos de la Antigüedad también imaginaban un inframundo al que las almas de hombres y mujeres eran conducidas tras su muerte. Para los griegos, el reino de los muertos estaba bajo el poder de Hades, hermano de Zeus y Poseidón. Estos tres dioses viriles y barbados, que encarnan la masculinidad regia en el panteón griego, se repartieron los diversos ámbitos de nuestro mundo tras derrocar a su tiránico padre Crono y vencer a los poderosos Titanes en una épica lucha por el dominio del universo.

Conocer el Más Allá

La visión que tenían los griegos del Más Allá cambió con el tiempo. Al principio, el inframundo o Hades –como se le llamaba por el dios que lo gobernaba– parecía un lugar poco deseable, como cuenta a Odiseo (el Ulises romano) la sombra del héroe Aquiles en un episodio de la Odisea de Homero; Aquiles manifiesta su deseo de volver a la tierra como sea, incluso como un simple jornalero. Sin embargo, al menos desde el siglo VI a.C. se empezó a ver el Más Allá desde una perspectiva ética, con una división de los muertos entre justos e injustos a los que corresponden premios o castigos según su comportamiento en vida. Así, se creía que los justos se dirigían a un lugar placentero en el Hades, los Campos Elíseos, o a las Islas de los Bienaventurados, el reino idílico del viejo Crono, convertido en soberano de ese Más Allá. Seguramente esta nueva concepción del inframundo obedecía al desarrollo de la idea de la inmortalidad del alma, e incluso a la introducción del concepto de reencarnación por parte de algunas sectas religiosas y filosóficas.

El deseo de conocer cómo era el Más Allá para encajar nuestra alma mejor en él propició el desarrollo de uno de los motivos más fascinantes de la cultura griega: el descenso a los infiernos o katábasis. La literatura griega posee numerosos relatos sobre héroes míticos o épicos, así como filósofos o figuras chamánicas, que descendían al reino de Hades para cumplir una misión, obtener conocimiento religioso o, simplemente, probar la experiencia mística de morir antes de la muerte física para conseguir un saber privilegiado. Una de las historias más famosas es la del cantor Orfeo, figura mítica que se convertiría en patrón de una secta mistérica de gran predicamento, que garantizaba a sus iniciados una vida más feliz después de la muerte. Otros héroes viajeros, como Odiseo y Eneas, o figuras divinas como Dioniso y Hefesto, coinciden en la peripecia de ida y vuelta al inframundo.

Hubo asimismo figuras semilegendarias a las que se atribuyó un especial conocimiento del Más Allá gracias al vuelo del alma o démon para visitar esas regiones antes de su hora postrera. Un ejemplo es Abaris, un mítico sacerdote de Apolo Hiperbóreo que, según la leyenda, viajaba sobre una flecha de oro voladora y era amigo de Pitágoras. O Zalmoxis, un chamán tracio del que se cuentan extrañas noticias sobre un descenso subterráneo para mostrar que era capaz de morir y renacer. Otro caso es el del viajero y poeta Aristeas de Proconeso, del que se contaba que cayó muerto en un batán y luego fue visto en distintos lugares. Decía de sí mismo que había acompañado a Apolo en un viaje espiritual transformado en cuervo. También el filósofo Pitágoras realizó varios descensos al otro mundo a través de grutas.

Entradas infernales

Tan enraizada estaba durante la Antigüedad la creencia en el inframundo, que existían numerosas tradiciones que situaban la entrada al infierno en puntos geográficos concretos. Podía tratarse de lagunas, pues el agua era el elemento conductor por excelencia, como el lago del Averno, cerca de Nápoles, que ocupa el cráter de un volcán extinto y cuyos gases tóxicos acababan con la vida de las aves que intentaban anidar en sus proximidades. También podía tratarse de grietas en el suelo, como la que se abría bajo el Plutonio o Puerta de Plutón en Hierápolis (actual Turquía), o una fisura en Sicilia, en la antigua Ena, por donde se decía que Hades salió del inframundo para raptar a Perséfone.

Algunas grutas o cuevas que también se han considerado puertas al infierno son la cueva Coricia, en una ladera del monte Parnaso, cerca del santuario del dios Apolo en Delfos, o las cuevas del cabo Ténaro en Grecia. La boca al infierno por excelencia en Occidente se identificó con la cueva de la Sibila en Cumas, cerca del lago Averno, lugar donde vivían estas mujeres que podían profetizar el futuro. En la Eneida de Virgilio, el príncipe troyano Eneas, guiado por la Sibilia de Cumas, entra en la cueva para acceder al reino de Hades.

Estas grutas de paso al Más Allá se encontraban a menudo junto a importantes oráculos: el de Éfira, donde una tradición afirma que Ulises bajó al inframundo por indicación de la maga Circe para consultar el espíritu del adivino Tiresias; el antiguo oráculo de la diosa Gea (la Tierra) en Olimpia, bajo el cual se abría una grieta en el suelo, según Pausanias; el oráculo de Apolo en Ptoion; el santuario oracular de Trofonio en Lebadea, o el oráculo que había en Heraclea Póntica (en la actual Turquía), míticamente situado en la desembocadura del río Aqueronte, al Oriente. Hoy en día hay allí una gruta llamada Cehennemagzi (en turco, “puerta del infierno”).

La pasión del dios infernal. Este magnífico grupo escultórico, obra de Gian Lorenzo Bernini, recrea el rapto de Perséfone por el dios Hades, soberano del inframundo, contemplado por el can Cerbero. 1622. Galería Borghese, Roma. Foto: l. Romano / Scala, Firenze

 

La geografía del inframundo. Las múltiples descripciones del Hades por autores antiguos y modernos permiten representar el desolador paisaje del infierno de los griegos, repleto de lugares horrendos. Tras entrar por cualquiera de las bocas del infierno existentes, el difunto se dirigía a la orilla del Estige, el río que rodea el inframundo y que cruzaba a bordo de la barca de Caronte. En la otra ribera el alma se encontraba con el guardián Cerbero y con los tres jueces del inframundo. Los autores explican que en su penar por el Hades las almas encuentran tres ríos de infausto recuerdo: el Aqueronte o río de la aflicción, el Flegetonte o río ardiente y el Cocito, el río de los lamentos. También separan nuestro mundo del Más Allá otros lugares prodigiosos, como las aguas del Leteo, el río del Olvido, que John Milton describe en su Paraíso perdido. Las almas de los justos van a parar a lugares felices como los Campos Elíseos o las Islas de los Bienaventurados. Los iniciados en los misterios, que a veces se hacían enterrar con instrucciones para emprender su viaje, se aseguraban la llegada sin problemas a los Campos Elíseos invocando el poderoso nombre de Deméter, Orfeo o Dioniso. Por último estaba el Tártaro, lugar de tormento eterno donde iban a parar los condenados. Foto: Marzolino / Shutterstock

 

Monedas para pagar el pasaje. Era costumbre colocar en la boca del difunto una moneda para pagar el viaje a Caronte. Si el alma no disponía de moneda, se veía obligada a vagar durante cien años por las orillas del Estige hasta que el barquero accedía a llevarla gratis. Moneda con el rostro de Perséfone, 260 a.C. Numismática Jean Vinchon, París. Foto: Bridgeman / Aci

 

Hipnos y Tánatos. En las tumbas, sobre todo las femeninas, se acostumbraba a disponer como ofrenda un tipo de cerámica característico, el lécito, de color blanco y decorado con escenas apenas esbozadas. El que se reproduce junto a estas líneas, atribuido al llamado pintor de Tánatos, muestra a los gemelos Hipnos y Tánatos levantando el cuerpo de un guerrero. Siglo V a.C. Museo Británico, Londres. Foto: British Museum / Scala, Firenze

 

Cortejo funerario. En los entierros, las mujeres iban detrás del cortejo y sólo podían acudir si tenían más de 60 años, a no ser que fueran familiares próximas. En cambio, para los ritos fúnebres se contrataban flautistas, cantantes, plañideras y danzantes, como las que aparecen en esta escena, procedente de una tumba de Ruvo, en la Campania, del siglo IV a.C. Foto: Museo Archeologico Nazionale, Naples / Bridgeman / Aci

 

Los jueces del inframundo. Gustave Doré realizó en el siglo XIX esta inquietante pintura en la que aparecen los tres grandes jueces del inframundo: Minos, Radamantis y Éaco, entronizados y dispuestos a juzgar a la miríada de almas que se agolpan temerosas y desesperadas a sus pies. Museo de Bellas Artes de La Rochelle. Foto: Bridgeman / Aci

 

Hades, Perséfone y Cerbero. En un templo dedicado a los dioses egipcios Isis y Serapis, en Gortina, en la isla de Creta, se descubrieron estas estatuas que dan fe del sincretismo religioso imperante en el mundo antiguo. Perséfone, la reina de los infiernos, porta elementos típicos de la diosa Isis, como el sistro y el creciente lunar en la frente, y el dios Hades porta un kálathos, un tocado característico de Serapis, dios grecoegipcio. Siglo II. Museo de Heraclion. Foto: Dea / Scala, Firenze

 

Ixión. Tras obtener el perdón de Zeus por matar al rey Deyoneo, su suegro, Ixión, rey de los lapitas, intentó seducir a Hera, esposa de Zeus. Furioso, el dios lo castigó atándolo a una rueda ardiente que giraba sin cesar y lo precipitó al Tártaro, junto con los grandes criminales. El cruel castigo se muestra en este óleo de Jules-Élie Delaunay, de 1876. Museo de Bellas Artes, Nantes. Foto: Bridgeman / Aci

 

Sísifo. Tiziano muestra en este óleo, pintado entre 1548 y 1549, el terrible castigo al que fue condenado Sísifo, el embaucador que se había atrevido a engañar al mismísimo dios infernal. Fue condenado a empujar una enorme roca hasta lo alto de una colina, para luego verla caer y volver a empezar de nuevo. Prado, Madrid. Foto: Album

 

Heracles y Cerbero. Uno de los doce “trabajos” de Heracles consistía en bajar a los infiernos para llevarse al can Cerbero. El héroe se presentó ante Hades para pedirle que le prestara a su guardián. El dios accedió, siempre y cuando Heracles pudiera atraparlo con las manos desnudas. Éste es el momento que recrea muy gráficamente el óleo de Domenico Pedrini, que muestra al héroe, con su clava y cubierto con la piel de león, arrastrando encadenado al fiero can fuera del Hades. Siglo XVIII. Foto: Christie’s Images / Scala, Firenze

 

Odiseo y Tiresias. En la Odisea, Homero relata cómo Odiseo acude a las puertas del reino de Hades para consultar al espíritu del adivino Tiresias sobre los peligros que le esperan durante su vuelta a Ítaca. Este relieve muestra al héroe ofreciendo la sangre del sacrificio a la sombra de Tiresias, que acude presta a beber antes de poder contestar las preguntas del héroe. Museo del Louvre, París. Foto: H. Lewandowski / Rmn-Grand Palais

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6 abril 2017 at 10:58 pm 1 comentario

Arqueólogos descubren parte del puerto de la batalla de Salamina

Una investigación arqueológica en la costa este de la isla de Salamina, en Grecia, ha alegado haber descubierto una parte del puerto en el que amarraba la flota de varias ciudades-estado helenas antes de la batalla de Salamina, una de las más importantes en la historia de la Antigua Grecia.

Salamina. Vista aérea donde se aprecian los restos de un muro de 160 m. de longitud, al noroeste de la bahía de Ampelakia

Fuente: El Confidencial
Fotos: Ministerio de Cultura de Grecia

Atenas, 17 mar (EFE).- De acuerdo a un comunicado emitido por el Ministerio de Cultura, el descubrimiento se trataría del “puerto comercial y posiblemente militar de Salamina, una de las ciudades más grandes y cercanas al otrora estado ateniense”.

El puerto, según el comunicado, se encuentra “al lado de algunos de los monumentos más importantes de la Victoria: el Poliandrion (tumba) de los soldados de Salamina o el Trofeo en Kinosoura”, a lo que añade que existen “varias referencias a este lugar en los trabajos de los geógrafos clásicos Skilakos (4 a.C.), Stavron (1 a.C.-1 d.C.) y Pausanias (2 d.C.)”.

El principal campo de investigación fue la parte interior de la bahía de Ampelakia y entre los hallazgos se incluyen estructuras, fortificaciones y varias instalaciones.

Salamina. Torre circular de 7 m. de diámetro de la antigua fortificación del puerto, en la bahía de Ampelakia

Los resultados han confirmado que los tres lados de la bahía se mantuvieron sumergidos desde la Antigüedad y gradualmente emergían y se hundían debido a los cambios del nivel del mar.

La investigación fue realizada entre noviembre y diciembre de 2016 por un equipo de 20 expertos y científicos de varias universidades y cuerpos arqueológicos y fue financiada por la Fundación Británica Honor Frost, que apoya la arqueología marítima en el Mediterráneo oriental.

Salamina. Restos de los cimientos de un edificio de época clásica, junto con la estructura de un muelle de construcción más reciente, al norte de la bahía de Ampelakia

La batalla de Salamina enfrentó en el 480 a.C. a Grecia y Persia y se ha convertido en una de las contiendas más famosas de la Antigüedad.

La victoria decisiva del ejército heleno, comandado por Temístocles, supuso el fracaso de la segunda invasión persa, que tuvo lugar durante las Guerras Médicas.

 

18 marzo 2017 at 9:44 pm 1 comentario

La sagrada Acrópolis de Atenas

Recorremos este magnífico testimonio de la época dorada de la Grecia antigua

Desde lo alto de la colina sagrada. En la cima del monte sagrado, la Acrópolis contempla el paso de los siglos sobre la ciudad de Atenas. En ella se reúnen los símbolos de la época de mayor esplendor de la Grecia antigua, el siglo V a.C., todos construidos en un mármol reluciente que el tiempo y las numerosas vicisitudes han transformado en uno de los vestigios antiguos más admirados del planeta. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC
17  de marzo de 2017

Poseidón y Atenea se disputaron una vez el corazón de los atenienses y el nombre de su ciudad. En lo alto de la colina de la Acrópolis, el dios del mar clavó su tridente mientras que la diosa de la sabiduría y la guerra plantó un olivo. El resto de divinidades declararon a Atenea ganadora del singular combate y los habitantes le dedicaron la mayoría de los templos.

Mitología e Historia se entrecruzan a lo largo del recorrido por este recinto de templos que se eleva sobre los populosos barrios de la capital griega. Habitada ya en el Neolítico (4.000-3.000 a.C.), fortificada durante la época micénica y destruida por los persas, la Acrópolis ganó su monumentalidad de la mano de Pericles, gobernador de Atenas entre los años 461 y 429 a.C., quien la dotó de templos con estatuas de bronce y de mármol, pintadas o recubiertas de oro y piedras preciosas.

Acudir a la Acrópolis por aquel entonces equivalía a penetrar en el Olimpo, un templo de templos. El visitante quedaba maravillado desde la misma entrada, donde se erigían la estatua de nueve metros de Atenea Promakos (Campeona) y el conjunto de los Propileos, un vestíbulo con cinco puertas, techo pintado con estrellas doradas, una pinacoteca y varios altares.

Al salir de los Propileos, la vía Panatenaica conducía al Partenón, el colosal edificio dórico terminado el año 438 a.C. que albergaba una estatua de doce metros de Atenea Partenos (Virgen). En el sector norte se erigía el Erecteion, allí donde Atenea y Poseidón se disputaron el nombre de la ciudad y la veneración de sus habitantes. Y mientras las oraciones se realizaban en lo más alto, los espectáculos tenían lugar en el teatro de Dionisos, en la ladera, un “templo” de las artes.

La originalidad del Erecteion. Construido entre el año 421 y el 406 a.C, el Erecteion es uno de los edificios más originales de la Grecia clásica. Debido a que las irregularidades del terreno del monte sagrado no podían anivelarse, el arquitecto construyó un templo único cuyas naves y pórticos quedan a diferentes alturas unas de otras. En el lugar del templo se encontraban las tumbas de Cécrope y Erecteo, míticos reyes griegos, y los regalos que Poseidón y Atenea habían ofrecido a los atenienses durante la lucha por la posesión de la ciudad: un pozo de agua salada y un olivo respectivamente. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Columnata de las Cariátides. En la parte sur del templo se puede contemplar el majestuoso pórtico de las cariátides, que además ofrece una instantánea única sobre la gran extensión urbana de Atenas. La leyenda dice que, puesto que los gobernantes de la ciudad de Karys dieron su apoyo a los persas durante las Guerras Médicas, los atenienses apresaron y esclavizaron a sus bellas mujeres. Como mensaje para futuros enemigos, las colocaron como columnas soportando eternamente el peso del templo sobre sus cabezas. Foto: Shutterstock

 

El Partenón de Atenas. La impresionante estructura del mayor edificio de la Acrópolis está formada por dos cuerpos, la naos y el opistódomos, algo inédito en la época, que reposan sobre una plataforma llamada estilobato. En la naos había un espacio destinado a albergar una enorme estatua de la diosa Atenea esculpida por Fidias en oro y mármol. Una de las partes más interesantes del templo es la fachada, en cuya parte superior se hallan los frisos. Estos representaban las Panateneas –una procesión anual para llevar ofrendas a los dioses– los frontones narraban escenas de la vida de Atenea y en en el resto de los frisos aparecía la historia de diferentes guerras, entre ellas la de Troya. Foto: Gtres

 

El emblema de la democracia griega. Se trata de un templo octástilo (ocho columnas al frente) y períptero (rodeado de columnas) construido bajo la supervisión de Fidias por los arquitectos Calícrates e Ictinos. Dedicado a la diosa Atenea, protectora de la ciudad, se considera el templo más importante de estilo dórico que se conserva actualmente y un símbolo de la Grecia clásica y de su sistema democrático. Fue construido como una ofrenda –eximiéndolo de su función de culto– bajo el gobierno de Pericles, quien otorgó a todos los edificios un carácter público. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Una entrada solemne. El arquitecto Mnesicles terminó la monumental entrada de los propileos en el año 432 a.C. y fueron durante mucho tiempo la única vía de acceso por la que se podía alcanzar el recinto sagrado de la Acrópolis. El aspecto que presentaban era el de un templo hexástilo (de seis columnas en la fachada) de estilo dórico con una separación en medio por donde pasa el camino de entrada. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Los Propileos. La función de los Propileos era acompañar y guiar al visitante hasta la puerta de la ciudad de los dioses. Además, debido al desnivel que producía la altura del monte, esta construcción también servía para facilitar la subida, algo que el arquitecto Mnesicles consiguió domando las irregularidades topográficas mediante diferentes niveles y escalones. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

El templo de Atenea Niké. El geógrafo griego Pausanias describió este pequeño edificio clásico construido en el año 421 a.C. como el templo de la Victoria áptera o sin alas. Está dedicado a la diosa Atenea y conmemora la batalla de Salamina en la que los griegos vencieron a los persas bajo el influjo de la diosa, en este caso representada sin alas para que nunca pudiera abandonar la ciudad. Foto: AP Images

 

Un templo para la victoria. Calícrates fue el arquitecto encargado del proyecto quien, junto con Ictino, diseñó un templo de pequeñas dimensiones acorde con el espacio que se le había otorgado en uno de los promontorios de los propileos. De orden jónico y planta tetrástila (cuatro columnas en la fachada principal), el friso de este edificio representa escenas de las Guerras Médicas, el acontecimiento que conmemoraba. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

El Odeón de Herodes Ático. En la ladera sur de la colina de la Acrópolis, el cónsul romano Herodes Ático construyó, durante el siglo II d. C., este Odeón. Dicho edificio se usaba tanto en Grecia como en Roma para representaciones de tipo musical, teatral o lírico. Tiene una estructura muy parecida a la de un teatro romano, con la diferencia de que los odeones solían estar cubiertos. En sus gradas podía albergar hasta 5.000 espectadores y todavía hoy en verano se celebran conciertos al aire libre. Foto: Gtres

 

Vista aérea de la Acrópolis. Durante los inicios del siglo V a.C., después de vencer a los persas en Marathon y de sufrir y repeler un nuevo ataque por su parte, los atenienses empezaron a construir algunos de los templos, ahora protegidos por la recién construida muralla de Temístocles (en la parte izquierda superior de la imagen). Durante la segunda mitad del siglo V a.C. se construyeron los principales templos que hoy en día siguen en pie: el Partenón, el Erecteion, Atenea Niké y los Propileos. En la esquina inferior derecha se halla el Odeón de Herodes Ático, y en la superior izquierda los restos del teatro de Dionisos, que acogía obras de Sócrates, Esquilo y Eurípides. Foto: Age Fotostock

 

17 marzo 2017 at 7:42 pm Deja un comentario

Melina Mercouri, la ministra griega que se enfrentó al expolio de Gran Bretaña

La era una estrella antes de ser política, desde donde luchó por una Europa construida sobre la cultura.

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Melina Mercouri ante el Partenón

Fuente: MIGUEL A. DELGADO  |  El Español
7 de enero de 2017

En un momento en el que Europa no parece saber muy bien qué es, y en el que nadie tiene demasiado interés en recordar que la cultura debía ser uno de los ejes que marcarían la identidad de su proyecto, resulta aún más ilustrativo hablar de Melina Mercouri, probablemente una de las mujeres que más han hecho por definir lo que debía haber sido el sueño europeísta.

Pero lo más curioso es que lo hizo desde una apuesta por recuperar primero lo local. Cuando se convirtió en la primera mujer ministra de Cultura griega, en 1981 y con 61 años, ya era toda una estrella, después de protagonizar películas como Nunca en domingo (por la que fue galardonada en Cannes y nominada a un Oscar), Fedra o Topkapi, dirigidas por su marido Jules Dassin, y en las que compartió cartel con estrellas como Anthony Perkins, Peter Ustinov o James Mason, y de rodar con Juan Antonio Bardem Los pianos mecánicos. Además, había destacado también en el teatro y como cantante.

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La actriz en la película Nunca en domingo (1960)

Sin embargo, nunca estuvo ajena a la política: era nieta de un histórico alcalde ateniense, y durante el Régimen de los Coroneles (1967-1974), que la sorprendió en el extranjero, se convirtió en uno de los mayores altavoces contra la dictadura, a la que atacó desde todos los púlpitos mundiales a los que tuvo acceso. Cuando a causa de ello le retiraron la nacionalidad, declaró: “nací griega y moriré griega. El señor Patakós [ministro del Interior de la Junta Militar] nació fascista y morirá fascista.”

Cuando accedió al ministerio, diseñó una política que buscó recuperar el inmenso legado clásico de Grecia. No sólo lo hizo promoviendo el establecimiento de parques arqueológicos donde los monumentos pudieran ser estudiados y disfrutados igualmente por los visitantes, sino que hizo de ello una reivindicación nacional. Hasta tal punto que impulsó la remodelación del Museo de la Acrópolis, para el que pretendía además recuperar los conocidos como Mármoles de Elgin, una gran colección escultórica que el británico lord Elgin se llevó a Inglaterra entre 1801 y 1805 tras ordenar retirarlos del Partenón. En aquellos años, Grecia estaba bajo gobierno otomano, y la península helénica era el tablero en el que se medían todas las grandes potencias del momento.

Deben entender lo que los mármoles del Partenón significan para nosotros: son nuestro orgullo, son nuestros sacrificios, son nuestro símbolo de excelencia más noble

La parte más destacada de la valiosísima colección, que puede visitarse en una sala especial del Museo Británico desde 1939, son dos tercios del friso del Partenón, la parte más simbólica y cuya vuelta a territorio griego ha sido reivindicada a lo largo de las décadas. Pero pocas veces con tanta virulencia como lo hizo Mercouri, que tanto durante su primer mandato como ministra, entre 1981 y 1989, como en el breve entre 1993 y 1994, se esforzó en aprovechar cualquier oportunidad que se le presentara para hacer la reclamación. En 1986 no dudó en afirmar en Oxford que “deben entender lo que los mármoles del Partenón significan para nosotros: son nuestro orgullo, son nuestros sacrificios, son nuestro símbolo de excelencia más noble, son un tributo a la filosofía democrática, son nuestras aspiraciones y nuestro nombre, son la esencia del ser griego”.

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Melina Mercuri, actriz y ministra griega.(Melina Mercouri Foundation

Sin embargo, la cultura para Mercouri tenía una importancia que iba más allá de lo exclusivamente nacionalista. Fue suya la idea de que anualmente se designaran capitales culturales europeas (la primera de ellas fue Atenas, en 1985). También se esforzó en crear estrategias comunes entre los países miembros, dado que el Tratado de Roma que había dado origen al proyecto europeo en ningún momento se preocupaba de la cultura. De la misma forma, luchó porque Grecia volviera a acoger unos juegos olímpicos, sobre todo con la vista puesta en el primer centenario de su instauración en la era moderna, lo que tendría que haber ocurrido en 1996. Pero para ese año se fueron a Atlanta, cuna de la Coca-Cola, y Atenas tuvo que esperar al 2004 (con unos resultados económicos catastróficos, por cierto).

Ella no llegaría a verlo: por entonces, llevaba ya una década muerta. Fumadora empedernida, un cáncer de pulmón acabó con ella a los 73 años, mientras era tratada en Nueva York. A su muerte recibió el reconocimiento y el cariño de todo su pueblo, que incluso depositó numerosas cajetillas de tabaco ante su féretro. En su honor, la UNESCO creó un premio que lleva su nombre para reconocer las iniciativas más destacadas que busquen recuperar los paisajes más emblemáticos de todo el mundo. Su viudo creó la Fundación Melina Mercouri para mantener vivo su legado, que gestionó hasta su muerte en el 2008, aunque la fundación sigue en activo. Y cómo no, uno de sus objetivos principales sigue siendo conseguir que los mármoles del Partenón regresen a Grecia. Una difícil tarea: ni Grecia, ni desde luego Europa, son ya lo que eran cuando ella fue ministra.

 

7 enero 2017 at 2:35 pm 1 comentario

Un grupo de arqueólogos descubre en Grecia una ciudad perdida de 2.500 años

La ciudad había pasado desapercibida porque se pensaba que era un enclave sin importancia del mundo antiguo

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La colina Strongilovoúni, donde se encuentra la antigua ciudad griega. SIA/EFAK/YPPOA

Fuente: MARYA G. NIETO  |  EL PAÍS
13 de diciembre de 2016

Un equipo de arqueólogos internacional de la Universidad de Gotemburgo ha comenzado a explorar una antigua ciudad de la Grecia Clásica, de 2.500 años de antigüedad, llamada Vlochós, que hasta ahora había pasado desapercibida porque se pensaba que era un enclave sin importancia del mundo antiguo. Sin embargo, el descubrimiento de nuevos vestigios puede cambiar el concepto que se tenía de esta área. El lugar explorado es una antigua ciudad prácticamente desconocida a 300 kilómetros al norte de Atenas, situada alrededor y sobre la colina Strongilovoúni, que forma parte de las grandes llanuras de Tesalia. Los vestigios hallados pertenecen a varios periodos históricos.

Entre los restos encontrados en la colina destacan la plaza de una ciudad y la cuadrícula de una calle que indican que se trata de una gran urbe. “El área que se encuentra dentro de la muralla mide más de 40 hectáreas”, explica Robin Rönnlund, estudiante de doctorado en Arqueología Clásica e Historia Antigua en la Universidad de Gotemburgo y líder del trabajo de campo. El investigador asegura que la colina guarda muchos secretos porque han encontrado restos de torres, paredes y puertas de la ciudad, pero la mayoría de estos vestigios se encuentran enterrados, bajo tierra. El objetivo del equipo es evitar las excavaciones y utilizar otros métodos como el radar de penetración de suelo para no dañar la zona. “Como los restos son abundantes, nos gustaría registrarlos antes de comenzar cualquier excavación”, señala Rönnlund.

Restos de cerámica del S.VI aC hallados durante la exploración. SIA/EFAK/YPPOA

Restos de cerámica del S.VI aC hallados durante la exploración. SIA/EFAK/YPPOA

Además de las ruinas de la ciudad, el equipo ha encontrado fragmentos de cerámica y monedas que pueden ayudar a fechar la antigüedad del lugar. “Los hallazgos más antiguos datan alrededor de 500 años antes de Cristo, pero el auge de la ciudad parece estar entre el cuarto y tercer siglo antes de nuestra era. Parece que después fue abandonada, tal vez por la conquista romana de la zona”, explica Rönnlund. Según el investigador, lo que más le ha llamado la atención del descubrimiento ha sido el tamaño del asentamiento y su pintoresca ubicación en las amplias llanuras de Tesalia. “La ciudad antigua debe haber sido muy prominente y visible en toda la región”, señala Rönnlund.

La exploración forma parte del Proyecto Arqueológico de Vlochós (VLAP) y es una colaboración entre el Instituto Sueco de Atenas y el servicio arqueológico local de Karditsa. El trabajo de campo se realizó durante dos semanas en septiembre por un equipo internacional de la Universidad de Gotemburgo y la Universidad de Bournemouth con el objetivo de explorar los restos para comprobar su importancia.

“Se sabe muy poco sobre las ciudades antiguas de la región y muchos investigadores han creído hasta ahora que Tesalia occidental formaba parte de un remanso sin importancia durante la antigüedad”, cuenta Rönnlund, que aclara que los restos explorados se conocen desde hace bastante tiempo por parte de las autoridades locales, pero que no ha sido hasta que han llevado a cabo una investigación más sistemática que han conocido la naturaleza exacta del enclave. El proyecto, por tanto, llena una brecha en el conocimiento de la zona y los investigadores aseguran que aún queda mucho por descubrir en suelo griego.

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Los restos de las murallas serpentean por la colina. SIA/EFAK/YPPOA

Rönnlund explica que encontró el lugar con un compañero suyo mientras trabajaban en otro proyecto el año pasado y fue entonces cuando se dieron cuenta de su gran potencial. “El hecho de que nadie haya explorado nunca la colina es un misterio”, señala Rönnlund. El investigador asegura que la zona del oeste de Tesalia es muy rica en arqueología, como puede verse en el Museo Arqueológico local del Karditsa, y que los arqueólogos tanto griegos como extranjeros están trabajando mucho en descubrir todos los secretos de este paisaje antiguo. “Es posible que haya más restos en la proximidades”, señala.

Rönnlund no cree que los resultados de este proyecto griego-sueco-británico alteren la Historia, pero asegura que demuestran de forma definitiva que la región de la antigua Tesalia fue muy rica e importante. “Y no al revés como se suponía hasta ahora”, concluye el investigador.

 

13 diciembre 2016 at 6:53 pm Deja un comentario

El camino sagrado de Samotracia en la antigua Grecia

Los griegos recurrían a los cultos mistéricos en busca de un sentido para sus vidas y protección para después de la muerte

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Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC
30 de noviembre de 2016

En el santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia, los iniciados accedían a dichos cultos mediante unas ceremonias cuyos detalles permanecen ocultos.

El Propileo de Ptolomeo II servía como entrada para los iniciados al culto de los Misterios de Samotracia. La estructura servía de puente para atravesar un profundo arroyo que separaba el mundo físico del espacio sagrado.

En el Edificio de las Bailarinas, cuyo nombre proviene de las bailarinas representadas en su elaborado friso, se realizaban sacrificios y libaciones en ofrenda a los dioses. Este era el mayor edificio de culto construido en el siglo IV a.C.

Finalmente, en el Hierón los iniciados finalizaban sus ritos tras doblar una esquina y acceder a este lugar equipado con largos bancos pegados a sus paredes y con un ábside curvo al fondo.

Otras partes del santuario de los Grandes Dioses de la isla de Samotracia son:

Anaktoron. Su propósito es un misterio pero que ha sido destruido y reconstruido en tres ocasiones y al que es posible que los iniciados no pudieran acceder.

Rotonda de Arsínoe II. Este gran Tholos, la mayor sala circular cubierta del mundo griego, fue construido en mármol en honor a una princesa de Egipto, hija de Ptolomeo I Sóter.

Sala de banquetes. Es la sala en la que los candidatos celebraban haber sido iniciados fue una donación de una rica benefactora.

Neorion. En este edificio se exhibía un navío entero, probablemente capturado en batalla y ofrecido a los dioses por el vencedor.

Estoa. Se cree que los iniciados pernoctaban aquí durante sus visitas de más de un día. Sus nombres aparecen inscritos en las paredes del que fue el edificio más grande del santuario.

Teatro. Excavado en una ladera de la montaña, el teatro albergaba representaciones públicas y obras dramáticas religiosas en las que se escenificaban relatos de los dioses y los héroes de Samotracia.

Victoria Alada. Descubierta en 1863 y hoy en el Museo del Louvre, esta famosa estatua de Niké, la diosa de la victoria, estaba colocada sobre la escultura de un navío. Se esculpió en mármol y probablemente sirviera para conmemorar una victoria naval del siglo II a.C.

Vídeo: Virtual Tour: Explore the Temples of an Ancient Greek Cult

 

1 diciembre 2016 at 7:07 pm 1 comentario

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