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Ganadores de la VIII Olimpiada de Clásicas de Valencia

El pasado sábado 8 de abril tuvo lugar en la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació de la Universitat de València la prueba de la VIII Olimpiada de Clásicas. El certamen está organizado por el Departamento de Filologia Clàssica de la Facultat de Filologia, Traducció i Comunicació y la Delegació d’Incorporació a la Universitat y tiene como objetivo estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la enseñanza secundaria y la Universidad.

En esta edición se han inscrito un total de 171 estudiantes de latín y griego de segundo de bachillerato pertenecientes a 50 centros públicos y concertados de la Comunidad Valenciana.

Los ganadores de la VIII Olimpiada de Clásicas han sido los siguientes:

La Universitat de València concederá a los estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada un premio de 1.000 €.

La fecha y hora del Acto de entrega de premios se indicará próximamente en la web de la Olimpiada.

Desde aquí nuestra felicitación a los alumnos premiados y a sus profesores.

 

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12 abril 2017 at 7:27 pm Deja un comentario

Asperitas, volutus, flumen… Naciones Unidas identifica 12 nuevos tipos de nubes

La revisión del atlas de masas nubosas incluye formaciones como las asperitas, similares a la superficie del mar

Altostratus asperitas, en el Observatorio Atmosférico de Izaña (Tenerife). RUBÉN DEL CAMPO

Fuente: MANUEL ANSEDE  |  EL PAÍS
25 de marzo de 2017

La Organización Meteorológica Mundial presentará mañana el nuevo Atlas Internacional de Nubes, una publicación de referencia que no se actualiza desde 1987. Aquella edición en papel, anterior a la era de internet, ha llegado a ser un libro de culto entre los aficionados a observar el cielo.

El atlas se publicó por primera vez en 1896, con tan solo 28 imágenes en color. La edición de este año, en formato digital, incluye cientos de fotografías e identifica 12 nuevos tipos de nubes. Como los animales, las nubes se clasifican en géneros, especies y otras categorías inferiores, con nombres en latín. Los géneros describen la apariencia aproximada de las nubes y dónde se forman, como ocurre con los altocumulus, unas formaciones que en el cielo parecen un rebaño y protagonizan el refrán “Borreguitos en el cielo, charquitos en el suelo”. El nuevo atlas no añade ningún nuevo género a los 10 ya existentes.

Una nube de tipo cavum captada con un teléfono móvil. RUBÉN DEL CAMPO

La versión de 2017 sí describe una nueva especie, bautizada volutus o nube enrollada. Es una masa nubosa de escasa altura, en forma de tubo que parece enrollarse en un eje horizontal, según detalla un comunicado de la Organización Meteorológica Mundial. La institución, de Naciones Unidas, también incluye una nueva nube accesoria, denominada flumen o cola de castor. Suele aparecer asociada a fuertes tormentas en rotación conocidas como supercélulas.

La entidad añade a su vez cinco nuevos rasgos complementarios: asperitas, cavum (con un agujero), cauda (o nube de cola), fluctus y murus (o nube de muro). El primero, asperitas, llega al atlas entre un clamor popular, gracias a una campaña de la asociación británica Cloud Appreciation Society, dedicada a promover la admiración de las masas nubosas. La ONG propuso su inclusión en 2008, después de que muchos de sus miembros captaran por todo el mundo fotografías de nubes que se asemejaban a la superficie ondulante del mar vista desde abajo. “Es el clásico ejemplo de ciencia ciudadana, en la que las observaciones de la población, permitidas por la tecnología de los teléfonos inteligentes e internet, han influido en un sistema de clasificación oficial”, sostiene la asociación.

Una nube de tipo fluctus. RUBÉN DEL CAMPO

El nuevo atlas también introduce cinco nubes especiales más. Cuatro de ellas están relacionadas con factores localizados que disparan la formación de las nubes: cataractagenitus, vinculadas a cataratas; flammagenitus, observadas sobre fuentes de calor intenso, como incendios forestales; silvagenitus, típicas de bosques húmedos; y homogenitus, generadas a partir de las estelas de condensación que dejan los aviones. Las homomutatus son nubes ya existentes que se modifican con el paso de aeronaves.

“Han tardado 30 años, pero han hecho una revisión bastante buena. Es una guía de referencia que ya era necesaria”, opina el especialista español Rubén del Campo, observador de nubes en la Agencia Estatal de Meteorología. El nuevo atlas incluye una imagen tomada por él de un cirrus castellanus, una nube poco frecuente con una especie de torrecillas.

Una nube homogenitus, generada a partir de la estela de un avión. RUBÉN DEL CAMPO

“Si queremos predecir el tiempo, debemos entender las nubes. Si queremos modelizar el sistema climático, debemos entender las nubes. Y si queremos predecir la disponibilidad de recursos hídricos, debemos entender las nubes”, ha defendido el finlandés Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial.

El sistema internacional de clasificación de las nubes se remonta al trabajo pionero del británico Luke Howard, un meteorólogo aficionado que en 1803 publicó un ensayo sobre la modificación de las masas nubosas. En la actualidad se conocen unos 100 tipos de nubes, sumando las combinaciones entre las diferentes categorías.

 

28 marzo 2017 at 8:37 pm Deja un comentario

El Instituto Cambó vende la Bernat Metge al Grup Som

Los editores de Ara Llibres y la revista ‘Sàpiens’ relanzarán la mítica colección de clásicos grecolatinos en mayo

Una estantería llena de libros de Bernat Metge

Fuente: CARLES GELI > Barcelona  |  EL PAÍS
22 de marzo de 2017

Signos de los tiempos, para bien o para mal. En 1922, Francesc Cambó, que ya hacía años que decía que le gustaría fundar en Cataluña “alguna cosa importante de cara los clásicos”, impulsa y financia la Bernat Metge, empresa editora de una, con el tiempo, cuidada y exquisita colección en catalán de clásicos grecolatinos en edición bilingüe que se estrena en 1923 con De la natura, de Lucrecio. Exactamente 417 títulos y 94 años después, el Instituto Cambó, la fundación que gestiona el legado del mecenas, ha decidido vender la mítica colección al Grup Som, antiguo Cultura 03, editor de los sellos Ara Llibres y Ámsterdam y propietario de la productora Batabat, entre otras empresas culturales.

“A estas alturas de la revolución digital ya sabemos que la potencia está en los contenidos, ahí radica el valor”, justifica Oriol Soler, presidente del Grup Som, una operación en la que también ha intervenido la Fundación Bancaria La Caixa. Ni unos ni otros explicitan el montante, si bien la entidad financiera se habría comprometido a un apoyo económico hasta 2022, año del centenario de la Bernat Metge; asimismo, ha adquirido cinco colecciones enteras, una de las cuales depositará en el Palau Macaya, mientras las otras cuatro serán regaladas a universidades del mundo que se distingan en la difusión de los clásicos.

Soler reivindica la recuperación del espíritu y “el grado de locura que significó en 1922 el proyecto” y lo equipara con algunas de las iniciativas que han llevado a cabo su grupo, como el lanzamiento de una revista de Historia como Sapiens (“hoy, con unos 20.000 ejemplares, es la más vendida en catalán y cuenta con casi 9.000 suscriptores”), el de la guía de ocio Time Out de Barcelona o el del diario Ara, posteriormente vendido. Un punto de atrevimiento tiene relanzar la Bernat Metge, que hoy apenas cuenta con unos 400 suscriptores, lejos de los 2.000 de sus mejores tiempos (“nuestra experiencia y cartera de clientes nos permitirá ampliar las fidelizaciones”), y que, además, es muy difícil encontrar en librerías, ajena por temática, formato (está encuadernada en tela) y precio (35 euros de media) a la vorágine de novedades efímeras que hoy marcan la industria del libro.

El éxito de una operación de relanzamiento en 2009 (y que llevó una selección de 50 de sus títulos en facsímil a los quioscos, logrando captar en algún título a 7.000 compradores) y otra posterior de 2011 (con el diario Ara y que está en la génesis del acuerdo actual con el grup Som), hace cobijar esperanzas al equipo actual en reposicionar la colección. Así, bajo la dirección del editor Raül Garrigasait, coordinador del grupo de edición de la Bernat Metge desde hace ocho años, y del director editorial de Ara Llibres, Joan Carles Girbés, quiere asegurarse la visibilidad de la colección en un selecto grupo de librerías y, en paralelo, en las redes sociales. Este miércoles, un acto en Caixaforum, con intervención del escritor y traductor Joan Francesc Mira, calentaba el 95º aniversario de la iniciativa.

En el plano estrictamente editorial, a razón de cuatro títulos al año, están garantizados ya los próximos 20, bajo la premisa de “ir cerrando proyectos importantes que restan abiertos”, según Girbés. En esa línea estarían previstos los volúmenes finales de La Ilíada de Homero (se han publicado tres), los Discursos de Cicerón, las Tragedias de Séneca o la Metafísica de Aristóteles (esta, para 2018). Abrirá fuego a partir del próximo mayo la sexta entrega de las Tragedias de Eurípides (que incluye Las troyanas), las Argonàutiques, de Cayo Valerio Flaco, y, por vez primera en catalán, la Poética de Aristóteles. Por el momento, manteniendo precios y formatos.

El escritor e intelectual Joan Estelrich, con solo 26 años, fue el brazo ejecutor del proyecto de Cambó. Copió casi literalmente el modelo de la colección francesa Guillaume Baudé; con ella y junto a la inglesa Loeb, hoy son colecciones que honran una cultura. Falló, quizá, en la quimérica voluntad de popularizar masivamente los clásicos grecolatinos: los acabaron comprando una clase media culta, de corte catalanista y cercana a la Lliga. Pero el mecenas creía también que con la Bernat Metge “en estos tiempos de perturbación y de anarquía que vive la Humanidad, y que tan acentuadamente sufrimos en Cataluña, la difusión de la cultura clásica puede hacer un gran bien: puede traernos un sentido del equilibrio y de mesura que no siempre hemos tenido en Cataluña”. La recuperación parece, pues, oportuna.

 

22 marzo 2017 at 10:25 pm Deja un comentario

Italia: El Senado inicia el proceso para declarar el latín y el griego patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad

unesco

Fuente: OrizzonteScuola
23 de febrero de 2017

“Es realmente una gran satisfacción haber contribuido a iniciar, gracias al orden del día aprobado ayer en la Comisión de Educación del Senado, el proceso que llevará a la inclusión del latín y el griego en el “Patrimonio Cultural de la Humanidad” reconocido por la UNESCO”.

Es lo que declara el senador Fabrizio Bocchino (Sinistra Italiana), primer firmante de la moción que insta al gobierno a “convertirse en «garante de la salvaguardia del latín y el griego» como disciplinas de soporte, junto con la filosofía, de una escuela formativa no profesionalizadora, y de una educación global y humana de las nuevas generaciones, también mediante una continua sensibilización a través de políticas educativas”, continúa el senador.

“De lenguas muertas, nada: el latín y el griego están más vivas que nunca, ya que en ellas se basa la estructura del pensamiento lógico, y por lo tanto del pensamiento científico, filosófico, histórico, político. Dar valor a estas lenguas como patrimonio inmaterial de la humanidad contribuye a darnos un sentido de identidad y de continuidad, proporcionándonos una conexión con nuestro pasado, que atraviesa el presente y tiende hacia el futuro”, concluye el senador.

 

28 febrero 2017 at 12:17 am 2 comentarios

¿Por qué la XL tiene que ser más grande que la L?

Ha comenzado a circular, con la boca pequeña y entre guiños, la propuesta de adoptar el latín como lengua oficial de Europa

parlamento_europeo

Vista general del Parlamento Europeo. / VINCENT KESSLER ( REUTERS)

Fuente: JORGE MARIRRODRIGA  |  EL PAÍS
13 de febrero de 2017

Algo ha comenzado a cambiar de manera imperceptible en la cabeza de muchos europeos. La decisión de los británicos de abandonar el proyecto europeo y la de los estadounidenses de optar por un aislacionismo político similar al existente antes de la I Guerra Mundial está haciendo variar la percepción respecto a la lingua franca del siglo XXI. Estamos comenzando a mirar de otra forma al inglés. Claro que una hirundo non facit ver. Una golondrina no hace verano.

Reconozcámoslo, lo nuestro con el inglés nunca ha sido un camino de rosas. Un colega aseguraba —con razón— que el inglés le servía para comunicarse con cualquier persona del mundo, siempre y cuando esta no fuera ni británica, ni australiana, ni norteamericana (salvo con mexicanos, que también son Norteamérica).

Tenemos el récord europeo de primeros ministros incapaces de comunicarse en esa lengua durante el ejercicio de su cargo. Esto otorga una ventaja inestimable en los corrillos de las cumbres en Bruselas a los jefes de Gobierno de Lituania, Malta o Chipre. El de España siempre aparece en las fotos sentado solo y concentradísimo mirando unos papeles mientras los demás comparten risas. Tal vez cuentan chistes de españoles. Pero nuestro representante asegura que estamos en la pomada. Homines libenter quod volunt credunt. Los hombres creen lo que quieren creer.

Ahora, a lomos del éxito de un libro de un profesor italiano, ha comenzado a circular, con la boca pequeña y entre guiños, la propuesta de adoptar el latín como lengua oficial de Europa, en respuesta al plantón anglófono. La cosa tiene su punto gamberro de resistencia al sistema.

Así, por ejemplo, podríamos comenzar por escribir en todos los formularios oficiales la fecha en números romanos, o presionar a las marcas de ropa para que la talla XL no sea mayor que la L, o hacer que los aeropuertos anuncien sus vuelos en latín, o exigir que se renombren las autovías, haciendo además que los GPS hablen latín. Que no es igual ir a Salou por la AP-7 que a Salauris por la Vía Augusta. Y, naturalmente, nuestro representante en Eurovisión debería cantar en latín. El corte de mangas es opcional.

Pero, tomada seriamente, tal vez no sea una buena idea. Y por una cuestión de fondo. El latín, pese a quien pese, en más de XX siglos nunca ha sido una lengua de exclusión, sino de inclusión. Hasta hace muy poco fue la lengua de la ciencia, de la religión y de la ley. Ya los romanos tenían la suficiente seguridad en sí mismos para no preocuparse por quién lo aprendía, y no necesitaban contestar con el arma del idioma a nadie. El latín es mucho más grande que el Brexit y Trump y no merece ser hablado contra nadie. Lo de Britannia es habitual a lo largo de la Historia. Boadicea siempre acaba perdiendo. Roma vincit!

 

13 febrero 2017 at 8:33 am Deja un comentario

El latín, ¿lengua oficial de la UE?

El éxito editorial de un profesor italiano demuestra que el idioma fundacional de la cultura europea goza de buena salud y podría resucitar como argumento identitario para un continente en horas bajas

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El arco de Tito, en el foro de Roma, construido para celebrar las victorias del emperador en Judea. / RON SACHS (CORDON PRESS)

Fuente: RUBÉN AMÓN  |  EL PAÍS
9 de febrero de 2017

Una de las escenas más pintorescas de Il sorpasso (Dino Risi, 1962) concierne al pasaje en que unos sacerdotes alemanes detienen el Alfa Romeo descapotable donde viajan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Se les ha averiado su coche, han pinchado, necesitan un gato, pero no saben cómo explicárselo a sus interlocutores. Y es entonces cuando uno de los curas decide hacerlo en latín: “Elevator nobis necesse est”.

Trintignant, que es francés, explica la problemática a Gassman, que es italiano, pero no puede satisfacer la emergencia de los religiosos. Y les responde inequívocamente: “Non habemus gato, desolatus”.

La escena es ilustrativa de la raigambre del latín en la cultura occidental. De su vigencia como argumento de comunicación. Y hasta de su valor identitario en el acervo de continente, más aún ahora que las presiones de Trump y de Putin han estimulado una suerte de reacción y de orgullo.

El inglés predomina sobre las demás lenguas y es la más extendida en los planes escolares. El problema es que identifica también un sabotaje, el sabotaje del Brexit. Y que podría subvertirse, hasta el extremo de convertir el latín en el idioma hegemónico de la Unión Europea. Tolerando incluso expresiones tan macarrónicas como el “desolatus” de Gassman.

La idea, la provocación, proviene de un profesor italiano, Nicola Gardini, y de la popularidad —de la fiebre— que ha adquirido en su propio país un ensayo, un libro, concebido, en realidad, sin las menores ambiciones comerciales.

Las ha conseguido como si la sociedad estuviera reclamando un ejercicio retrospectivo de autoestima hacia una lengua que está demasiado viva para considerarla muerta. La LOMCE española (2013), por ejemplo, la ha rehabilitado como asignatura troncal del bachillerato, pero el latín también representa un vehículo de comunicación extraordinario en el ámbito del derecho, la medicina, la filosofía, la liturgia religiosa, el ejército, la ingeniería, la arquitectura y el lenguaje cotidiano.

Decimos motu proprio, quid pro quo, de facto, ergo, ex profeso o in extremis, quizá no demasiado conscientes de que estamos evocando un hito fundacional de la cultura europea cuyo aliento todavía relaciona sobre el asfalto a un cura alemán con un latin lover italiano.

Es el contexto en el que ha resultado providencial la publicación de Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile. Ocho ediciones lleva la iniciativa de la editorial Garzanti, y el título no requiere de traducción al español, precisamente por la raíz común del idioma. Y porque España fue uno de los territorios más fértiles de la romanización, y también más dotados en la exportación de talentos al imperio. No ya por las figuras de Adriano o Trajano en la nómina de los emperadores, sino por la envergadura de filósofos y escritores que contribuyeron a enriquecer el latín.

Nicola Gardini destaca a Séneca. Y se congratula de la felicidad que nos ha proporcionado el maestro estoico. Tanto en la forma cristalina de su literatura como en los matices conceptuales. Vivir el presente —aunque el carpe diem es de Horacio—, eludir la superstición de la esperanza, disfrutar lo que tenemos mucho más que frustrarnos por aquello que nos falta.

“El latín de Séneca”, escribe Gardini, “es el reflejo directo de su lucidez y de su propensión a la síntesis, va derecho al meollo de las cuestiones, sin complicaciones, sin alzar la voz. Un latín espontáneo. Un latín de quien medita y de quien transforma las ideas en reglas de vida”.

Es el antagonismo perfecto a la retórica ampulosa de Cicerón, aunque Gardini no se la reprocha. Todo lo contrario, le atribuye un valor muy superior al artificio lingüístico. Sostiene que Cicerón dice las cosas adecuadas de la manera adecuada. Y que su oratoria es una ciencia de las emociones, pero también el medio desde el que se desglosa un sistema de valores. “Hablar bien es una filosofía. Escribir bien es una manera de hacer el bien. Y Cicerón lo ha demostrado, exponiendo su propia elocuencia al servicio de una sociedad amenazada por la tiranía. Fue el enemigo jurado de cualquier despotismo y fue un heroico portavoz del Senado. Su arma fue una palabra: libertas” (libertad, si es que la traducción hace falta).

Regresar al latín, a juicio de Gardini, no sería una regresión ni una extravagancia anacrónica, sino un recurso de Europa para reconocerse en su identidad y en el idioma que la ha estructurado en su idiosincrasia civilizadora. Escribir y hablar en latín nos haría buenos, como Cicerón. Y obscenos, como Catulo. Y conmovedores, como Virgilio. Y profundos, como Lucrecio, aunque este monumento de la lengua latina nunca se hubiera engendrado sin la evangelización de Catón (234-149 antes de Cristo) y de Plauto (250-184 antes de Cristo). Sujetaron ellos las columnas del idioma, predispusieron el primer hálito de un prodigio que ha sobrevivido mucho más allá de su tiempo y de su espacio. Lo demuestran las misas pontificias y las patadas que le damos al diccionario latino (de motu propio, a grosso modo, el quiz de la cuestión…), tanto como lo hacen la adhesión al idioma en que llegaron a significarse por los siglos de los siglos Patriarca, Milton, Ariosto, Tomás Moro, pero también Rilke, Montale, Beckett, Joyce o Jorge Luis Borges.

“No sin cierta vanagloria, había comenzado en aquel tiempo el estudio metódico del latín”, escribió el sabio argentino. Evoca la frase Gardini al inicio de su ensayo. O habría que decir en el incipit, pues cualquier libro está lleno de expresiones y abreviaciones latinas (circa, sic, op. cit.), como los garbanzos que el profesor italiano nos ha puesto por delante para seguir el camino hacia “la plenitud cultural” y la resistencia ciceroniana.

“Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas”. Y para entenderse con un cura alemán que está tirado con el coche en la carretera. Y decirle: “Desolatus”.

 

9 febrero 2017 at 6:32 pm 1 comentario

Las lenguas clásicas siguen vivas

“Me dijeron que si estudiaba letras me moriría de hambre”, cuenta la presidenta de la Asociación de Profesores de Latín y Griego

lenguas-clasicas

Fuente: Verónica Yáñez | La Opinión de Murcia
5 de febrero de 2017

El Instituto de Educación Secundaria José Planes de Espinardo gana por tercer año consecutivo el Sello de Calidad Europeo eTwinning, que se suma a los tres Sellos de Calidad Nacional, dos premios nacionales de educación y al Sello a la Buena Práctica Iberoamericana que acumula el centro.

Aunque muchos no lo crean, las lenguas clásicas siguen vivas y es por eso que cada vez más alumnos se animan a cursar estas asignaturas desde 4º de la ESO, en el caso de Latín, y 1º de Bachillerato con Griego.

No solo se centran en aprender vocabulario y formas gramaticales, como muchos piensan, sino que van más allá y se meten de lleno en la cultura y la forma de vida de la sociedad grecolatina. Según Rosa Almaida, profesora de Latín y Griego en el I.E.S. José Planes (Espinardo), que ha ganado por tercer año consecutivo el Sello de Calidad Europeo eTwinning, estas asignaturas «nos hacen humanos, nos unen a nuestra historia y una persona que no conoce su historia se convierte en autómata». Este es, en su opinión, el motivo por el que estas asignaturas deben seguir en las aulas.

Los «valientes» que se atreven a escoger Latín cuando llegan a 4º de la E.S.O. son pocos, pero desde la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego, Amuprolag, llevan a cabo distintas actividades, como encuentros grecolatinos, para que estas materias no queden en el olvido. También realizan un concurso llamado CICERO, para el que desarrollan actividades de traducción y preguntas sobre cultura. Unas jornadas que tienen muy buena acogida por parte de alumnos y profesores. Esta es una de las iniciativas a través de las cuales Rosa saca el Latín y el Griego fuera del aula, además de exponer algunos trabajos en los pasillos del centro para involucrar a todo el centro.

Amuprolag sabe las dificultades por las que los profesores de estas asignaturas tienen que pasar y luchan por la igualdad de oportunidades tanto para los docentes como para los alumnos que quieren estudiar las materias ya mencionadas. «Hay muy pocas horas destinadas al Latín y al Griego, por lo que, si no hay un amplio número de alumnos que quiera cursarlas, el equipo directivo del centro o la administración decide que no se impartan esas asignaturas. Así, el profesor debe cambiar de centro y los alumnos tienen que irse a otro o dar unas asignaturas que no quieren”, explica Marta Díaz, presidenta de Amuprolag y profesora en el I.E.S. Oróspeda (Caravaca).
Desde Amuprolag destacan que muchas veces no se les da la información adecuada, algo en lo que coinciden tanto Rosa Almaida como sus alumnos. «Quienes demandan estas asignaturas son aquellos que no tienen miedo y a los que se les ha informado correctamente sobre las salidas profesionales». Alba García, estudiante de 1º de Bachillerato de Humanidades, afirma que uno de los problemas por lo que muchos piensan que esta carrera no tiene salidas es porque a la sociedad no le interesa, pero es algo que «está a nuestro alrededor».

 

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5 febrero 2017 at 10:44 am Deja un comentario

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