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Italia: El Senado inicia el proceso para declarar el latín y el griego patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad

unesco

Fuente: OrizzonteScuola
23 de febrero de 2017

“Es realmente una gran satisfacción haber contribuido a iniciar, gracias al orden del día aprobado ayer en la Comisión de Educación del Senado, el proceso que llevará a la inclusión del latín y el griego en el “Patrimonio Cultural de la Humanidad” reconocido por la UNESCO”.

Es lo que declara el senador Fabrizio Bocchino (Sinistra Italiana), primer firmante de la moción que insta al gobierno a “convertirse en «garante de la salvaguardia del latín y el griego» como disciplinas de soporte, junto con la filosofía, de una escuela formativa no profesionalizadora, y de una educación global y humana de las nuevas generaciones, también mediante una continua sensibilización a través de políticas educativas”, continúa el senador.

“De lenguas muertas, nada: el latín y el griego están más vivas que nunca, ya que en ellas se basa la estructura del pensamiento lógico, y por lo tanto del pensamiento científico, filosófico, histórico, político. Dar valor a estas lenguas como patrimonio inmaterial de la humanidad contribuye a darnos un sentido de identidad y de continuidad, proporcionándonos una conexión con nuestro pasado, que atraviesa el presente y tiende hacia el futuro”, concluye el senador.

 

28 febrero 2017 at 12:17 am Deja un comentario

¿Por qué la XL tiene que ser más grande que la L?

Ha comenzado a circular, con la boca pequeña y entre guiños, la propuesta de adoptar el latín como lengua oficial de Europa

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Vista general del Parlamento Europeo. / VINCENT KESSLER ( REUTERS)

Fuente: JORGE MARIRRODRIGA  |  EL PAÍS
13 de febrero de 2017

Algo ha comenzado a cambiar de manera imperceptible en la cabeza de muchos europeos. La decisión de los británicos de abandonar el proyecto europeo y la de los estadounidenses de optar por un aislacionismo político similar al existente antes de la I Guerra Mundial está haciendo variar la percepción respecto a la lingua franca del siglo XXI. Estamos comenzando a mirar de otra forma al inglés. Claro que una hirundo non facit ver. Una golondrina no hace verano.

Reconozcámoslo, lo nuestro con el inglés nunca ha sido un camino de rosas. Un colega aseguraba —con razón— que el inglés le servía para comunicarse con cualquier persona del mundo, siempre y cuando esta no fuera ni británica, ni australiana, ni norteamericana (salvo con mexicanos, que también son Norteamérica).

Tenemos el récord europeo de primeros ministros incapaces de comunicarse en esa lengua durante el ejercicio de su cargo. Esto otorga una ventaja inestimable en los corrillos de las cumbres en Bruselas a los jefes de Gobierno de Lituania, Malta o Chipre. El de España siempre aparece en las fotos sentado solo y concentradísimo mirando unos papeles mientras los demás comparten risas. Tal vez cuentan chistes de españoles. Pero nuestro representante asegura que estamos en la pomada. Homines libenter quod volunt credunt. Los hombres creen lo que quieren creer.

Ahora, a lomos del éxito de un libro de un profesor italiano, ha comenzado a circular, con la boca pequeña y entre guiños, la propuesta de adoptar el latín como lengua oficial de Europa, en respuesta al plantón anglófono. La cosa tiene su punto gamberro de resistencia al sistema.

Así, por ejemplo, podríamos comenzar por escribir en todos los formularios oficiales la fecha en números romanos, o presionar a las marcas de ropa para que la talla XL no sea mayor que la L, o hacer que los aeropuertos anuncien sus vuelos en latín, o exigir que se renombren las autovías, haciendo además que los GPS hablen latín. Que no es igual ir a Salou por la AP-7 que a Salauris por la Vía Augusta. Y, naturalmente, nuestro representante en Eurovisión debería cantar en latín. El corte de mangas es opcional.

Pero, tomada seriamente, tal vez no sea una buena idea. Y por una cuestión de fondo. El latín, pese a quien pese, en más de XX siglos nunca ha sido una lengua de exclusión, sino de inclusión. Hasta hace muy poco fue la lengua de la ciencia, de la religión y de la ley. Ya los romanos tenían la suficiente seguridad en sí mismos para no preocuparse por quién lo aprendía, y no necesitaban contestar con el arma del idioma a nadie. El latín es mucho más grande que el Brexit y Trump y no merece ser hablado contra nadie. Lo de Britannia es habitual a lo largo de la Historia. Boadicea siempre acaba perdiendo. Roma vincit!

 

13 febrero 2017 at 8:33 am Deja un comentario

El latín, ¿lengua oficial de la UE?

El éxito editorial de un profesor italiano demuestra que el idioma fundacional de la cultura europea goza de buena salud y podría resucitar como argumento identitario para un continente en horas bajas

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El arco de Tito, en el foro de Roma, construido para celebrar las victorias del emperador en Judea. / RON SACHS (CORDON PRESS)

Fuente: RUBÉN AMÓN  |  EL PAÍS
9 de febrero de 2017

Una de las escenas más pintorescas de Il sorpasso (Dino Risi, 1962) concierne al pasaje en que unos sacerdotes alemanes detienen el Alfa Romeo descapotable donde viajan Vittorio Gassman y Jean-Louis Trintignant. Se les ha averiado su coche, han pinchado, necesitan un gato, pero no saben cómo explicárselo a sus interlocutores. Y es entonces cuando uno de los curas decide hacerlo en latín: “Elevator nobis necesse est”.

Trintignant, que es francés, explica la problemática a Gassman, que es italiano, pero no puede satisfacer la emergencia de los religiosos. Y les responde inequívocamente: “Non habemus gato, desolatus”.

La escena es ilustrativa de la raigambre del latín en la cultura occidental. De su vigencia como argumento de comunicación. Y hasta de su valor identitario en el acervo de continente, más aún ahora que las presiones de Trump y de Putin han estimulado una suerte de reacción y de orgullo.

El inglés predomina sobre las demás lenguas y es la más extendida en los planes escolares. El problema es que identifica también un sabotaje, el sabotaje del Brexit. Y que podría subvertirse, hasta el extremo de convertir el latín en el idioma hegemónico de la Unión Europea. Tolerando incluso expresiones tan macarrónicas como el “desolatus” de Gassman.

La idea, la provocación, proviene de un profesor italiano, Nicola Gardini, y de la popularidad —de la fiebre— que ha adquirido en su propio país un ensayo, un libro, concebido, en realidad, sin las menores ambiciones comerciales.

Las ha conseguido como si la sociedad estuviera reclamando un ejercicio retrospectivo de autoestima hacia una lengua que está demasiado viva para considerarla muerta. La LOMCE española (2013), por ejemplo, la ha rehabilitado como asignatura troncal del bachillerato, pero el latín también representa un vehículo de comunicación extraordinario en el ámbito del derecho, la medicina, la filosofía, la liturgia religiosa, el ejército, la ingeniería, la arquitectura y el lenguaje cotidiano.

Decimos motu proprio, quid pro quo, de facto, ergo, ex profeso o in extremis, quizá no demasiado conscientes de que estamos evocando un hito fundacional de la cultura europea cuyo aliento todavía relaciona sobre el asfalto a un cura alemán con un latin lover italiano.

Es el contexto en el que ha resultado providencial la publicación de Viva il latino, storie e bellezza di una lingua inutile. Ocho ediciones lleva la iniciativa de la editorial Garzanti, y el título no requiere de traducción al español, precisamente por la raíz común del idioma. Y porque España fue uno de los territorios más fértiles de la romanización, y también más dotados en la exportación de talentos al imperio. No ya por las figuras de Adriano o Trajano en la nómina de los emperadores, sino por la envergadura de filósofos y escritores que contribuyeron a enriquecer el latín.

Nicola Gardini destaca a Séneca. Y se congratula de la felicidad que nos ha proporcionado el maestro estoico. Tanto en la forma cristalina de su literatura como en los matices conceptuales. Vivir el presente —aunque el carpe diem es de Horacio—, eludir la superstición de la esperanza, disfrutar lo que tenemos mucho más que frustrarnos por aquello que nos falta.

“El latín de Séneca”, escribe Gardini, “es el reflejo directo de su lucidez y de su propensión a la síntesis, va derecho al meollo de las cuestiones, sin complicaciones, sin alzar la voz. Un latín espontáneo. Un latín de quien medita y de quien transforma las ideas en reglas de vida”.

Es el antagonismo perfecto a la retórica ampulosa de Cicerón, aunque Gardini no se la reprocha. Todo lo contrario, le atribuye un valor muy superior al artificio lingüístico. Sostiene que Cicerón dice las cosas adecuadas de la manera adecuada. Y que su oratoria es una ciencia de las emociones, pero también el medio desde el que se desglosa un sistema de valores. “Hablar bien es una filosofía. Escribir bien es una manera de hacer el bien. Y Cicerón lo ha demostrado, exponiendo su propia elocuencia al servicio de una sociedad amenazada por la tiranía. Fue el enemigo jurado de cualquier despotismo y fue un heroico portavoz del Senado. Su arma fue una palabra: libertas” (libertad, si es que la traducción hace falta).

Regresar al latín, a juicio de Gardini, no sería una regresión ni una extravagancia anacrónica, sino un recurso de Europa para reconocerse en su identidad y en el idioma que la ha estructurado en su idiosincrasia civilizadora. Escribir y hablar en latín nos haría buenos, como Cicerón. Y obscenos, como Catulo. Y conmovedores, como Virgilio. Y profundos, como Lucrecio, aunque este monumento de la lengua latina nunca se hubiera engendrado sin la evangelización de Catón (234-149 antes de Cristo) y de Plauto (250-184 antes de Cristo). Sujetaron ellos las columnas del idioma, predispusieron el primer hálito de un prodigio que ha sobrevivido mucho más allá de su tiempo y de su espacio. Lo demuestran las misas pontificias y las patadas que le damos al diccionario latino (de motu propio, a grosso modo, el quiz de la cuestión…), tanto como lo hacen la adhesión al idioma en que llegaron a significarse por los siglos de los siglos Patriarca, Milton, Ariosto, Tomás Moro, pero también Rilke, Montale, Beckett, Joyce o Jorge Luis Borges.

“No sin cierta vanagloria, había comenzado en aquel tiempo el estudio metódico del latín”, escribió el sabio argentino. Evoca la frase Gardini al inicio de su ensayo. O habría que decir en el incipit, pues cualquier libro está lleno de expresiones y abreviaciones latinas (circa, sic, op. cit.), como los garbanzos que el profesor italiano nos ha puesto por delante para seguir el camino hacia “la plenitud cultural” y la resistencia ciceroniana.

“Hay que estudiar latín”, concluye Gardini, “no sólo para disfrutar, sino además para educar el espíritu, para darle a las palabras toda la fuerza transformadora que se aloja en ellas”. Y para entenderse con un cura alemán que está tirado con el coche en la carretera. Y decirle: “Desolatus”.

 

9 febrero 2017 at 6:32 pm 1 comentario

Las lenguas clásicas siguen vivas

“Me dijeron que si estudiaba letras me moriría de hambre”, cuenta la presidenta de la Asociación de Profesores de Latín y Griego

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Fuente: Verónica Yáñez | La Opinión de Murcia
5 de febrero de 2017

El Instituto de Educación Secundaria José Planes de Espinardo gana por tercer año consecutivo el Sello de Calidad Europeo eTwinning, que se suma a los tres Sellos de Calidad Nacional, dos premios nacionales de educación y al Sello a la Buena Práctica Iberoamericana que acumula el centro.

Aunque muchos no lo crean, las lenguas clásicas siguen vivas y es por eso que cada vez más alumnos se animan a cursar estas asignaturas desde 4º de la ESO, en el caso de Latín, y 1º de Bachillerato con Griego.

No solo se centran en aprender vocabulario y formas gramaticales, como muchos piensan, sino que van más allá y se meten de lleno en la cultura y la forma de vida de la sociedad grecolatina. Según Rosa Almaida, profesora de Latín y Griego en el I.E.S. José Planes (Espinardo), que ha ganado por tercer año consecutivo el Sello de Calidad Europeo eTwinning, estas asignaturas «nos hacen humanos, nos unen a nuestra historia y una persona que no conoce su historia se convierte en autómata». Este es, en su opinión, el motivo por el que estas asignaturas deben seguir en las aulas.

Los «valientes» que se atreven a escoger Latín cuando llegan a 4º de la E.S.O. son pocos, pero desde la Asociación Murciana de Profesores de Latín y Griego, Amuprolag, llevan a cabo distintas actividades, como encuentros grecolatinos, para que estas materias no queden en el olvido. También realizan un concurso llamado CICERO, para el que desarrollan actividades de traducción y preguntas sobre cultura. Unas jornadas que tienen muy buena acogida por parte de alumnos y profesores. Esta es una de las iniciativas a través de las cuales Rosa saca el Latín y el Griego fuera del aula, además de exponer algunos trabajos en los pasillos del centro para involucrar a todo el centro.

Amuprolag sabe las dificultades por las que los profesores de estas asignaturas tienen que pasar y luchan por la igualdad de oportunidades tanto para los docentes como para los alumnos que quieren estudiar las materias ya mencionadas. «Hay muy pocas horas destinadas al Latín y al Griego, por lo que, si no hay un amplio número de alumnos que quiera cursarlas, el equipo directivo del centro o la administración decide que no se impartan esas asignaturas. Así, el profesor debe cambiar de centro y los alumnos tienen que irse a otro o dar unas asignaturas que no quieren”, explica Marta Díaz, presidenta de Amuprolag y profesora en el I.E.S. Oróspeda (Caravaca).
Desde Amuprolag destacan que muchas veces no se les da la información adecuada, algo en lo que coinciden tanto Rosa Almaida como sus alumnos. «Quienes demandan estas asignaturas son aquellos que no tienen miedo y a los que se les ha informado correctamente sobre las salidas profesionales». Alba García, estudiante de 1º de Bachillerato de Humanidades, afirma que uno de los problemas por lo que muchos piensan que esta carrera no tiene salidas es porque a la sociedad no le interesa, pero es algo que «está a nuestro alrededor».

 

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5 febrero 2017 at 10:44 am Deja un comentario

VIII Olimpiada de Clásicas de Valencia

La Universitat de València convoca la VIII OLIMPIADA DE CLÁSICAS, un certamen que tiene como objetivos fundamentales estimular el estudio de las lenguas clásicas y su cultura entre los jóvenes, premiar el esfuerzo y la excelencia académica y servir de punto de encuentro entre la Enseñanza Secundaria y la Universidad.

PARTICIPANTES

Podrán participar en la Olimpiada de Clásicas 2017 todos los alumnos de centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana matriculados durante el curso 2016-2017 en las asignaturas de Latín y/o Griego de 2º de bachillerato. La participación es individual.

INSCRIPCIÓN

Las inscripciones se realizarán del 1 al 31 de marzo de 2017. Una vez cumplimentada la ficha, se enviará por correo electrónico (futura@uv.es) o por fax (963983200) a la Delegación de Incorporación a la Universidad la ficha de confirmación de inscripción de cada estudiante, acompañada del visto bueno del profesor de la asignatura y del director del centro.

CALENDARIO DE EXAMEN

El examen tendrá lugar el sábado día 8 de abril de 2017 a las 11,00 horas en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación (Avda. Blasco Ibañez, 32, 46010 Valencia). Los alumnos inscritos serán convocados a las pruebas sin necesidad de comunicación personal posterior. Excepcionalmente, se podrá modificar la fecha y la hora si las circunstancias así lo aconsejan; en este caso, los centros serán informados oportunamente.

TEMARIO

La materia objeto de examen incluirá el programa de las asignaturas de Latín y Griego de 1º y 2º de bachillerato (contenidos publicados en el DOCV del 15.07.2008).

TIPO DE EXAMEN

El examen tendrá una duración ininterrumpida de 75 minutos y constará de 100 preguntas tipo test:

  • 50 sobre cuestiones de lengua griega y latina, incluyéndose aquí algunas preguntas de etimología y derivados léxicos, y
  • 50 sobre literatura griega y latina, cultura clásica y cuestiones de realia.

Dos errores anulan un acierto. Las preguntas no contestadas no se tendrán en cuenta. Todas las preguntas tendrán la misma valoración.

PREMIOS

La Universitat de València concederá un premio de 1.000 € a los/las seis estudiantes ganadores/-as de la Olimpiada que se matriculen en cualquiera de los estudios oficiales que se imparten en la Universitat de València.

Los premios obtenidos serán personales e intransferibles y se podrán hacer efectivos en los dos cursos siguientes a la obtención del premio. Si el/la estudiante ha sido ganador/-a de las fases locales de una omás Olimpiadas, sucesiva o simultáneamente, podrá hacer uso de un único premio y para una única titulación de la Universitat de València.

CALENDARIO

  • Inscripción: Del 1 al 31 de marzo de 2017.
  • Realización de la prueba: sábado 8 de abril de 2017, a las 11.00 horas. Facultad de Filología, Traducción y Comunicación, Universidad de Valencia.
  • Publicación de resultados: 12 de abril de 2017.
  • Acto de entrega de premios de la Olimpiada de Clásicas de Valencia 2017: El día y la hora serán indicados oportunamente.

Más información:

http://www.uv.es/uvweb/delegacio-incorporacio-UV/ca/cooperacio-secundaria/olimpiades/classiques/bases-1285870994634.html

https://sites.google.com/site/olimpiadaclassiquesdevalencia/

13 enero 2017 at 11:25 pm Deja un comentario

Salve, magister

El latín resurge: 30 institutos lo usan como lengua vehicular. Los alumnos lo hablan de principio a fin como ocurre en clase de inglés. «Abrimos el cofre de los antepasados, que vivieron las mismas experiencias».

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Los alumnos de 2º de Bachillerato con el profesor Jorge Tárrega, presidente de la asociación Collegium Latinitatis. Kike Taberner

Fuente: Rocío Ruiz LA RAZÓN
25 de diciembre de 2016

Son las 8:30 de la mañana y toca Latín en el Instituto de Enseñanza Secundaria El Grao de Valencia. Un alumno llega tarde a la clase que se imparte en 2º de Bachillerato. Llama a la puerta y asoma la cabeza: «Salve magister: licetne mihi intrare?» («Buenos días, profesor, ¿puedo entrar?). El profesor replica: «sero post tempus venis» («llegas tarde») a la par que autoriza la entrada con un gesto. El joven toma asiento. En clase sólo se habla latín de principio a fin. Los estudiantes saben que deben «ostium pulsare» («llamar a la puerta») por eso cuando es más de uno el que se despista de la hora de entrada son los mismos alumnos los que repiten a modo de letanía: «sero post tempus venis» («llegas tarde»). «Sin darse cuenta, están utilizando un adverbio, una preposición más un acusativo neutro y una segunda persona verbal de la cuarta conjugación. Al principio, no saben analizar todo, pero luego explicamos toda la gramática. Se trata del método inductivo-contextual. Los estudiantes entienden unas estructuras a partir de un contexto en la realidad del aula o en el libro (si leen) y al acabar, se explica toda la gramática», dice Jorge Tárrega, profesor de Latín del instituto. Tárrega es el presidente la asociación Collegium Latinitatis de Valencia, creada en septiembre pasado y ha sido profesor hace unos años en la universidad de Valencia de Sintaxis Latina. En sus clases sólo se hablaba en latín y los alumnos se atrevían a responder a las preguntas del profesor en la lengua de Cicerón. Tiene el honor de ser el primer docente, desde el siglo XIX, en dar una clase íntegramente en latín. Y ahora pasa lo mismo con sus alumnos de 2º de Bachillerato del IES El Grao. Desde octubre estudian épica, comedia y oratoria además de profundizar en el estudio de la lengua. Y todo, en latín sin mediar una palabra de castellano.

El caso de este instituto constata el resurgimiento del latín en las aulas. Es uno de los 30 que existen en España en los que se imparten las clases utilizando el latín como lengua vehicular, explica Carles García, también profesor de Latín y miembro de la asociación cultural Collegium Latinitatis. Además, los alumnos obtienen resultados espectaculares en Selectividad. «Nuestro objetivo es promover en el ámbito educativo y en el de la investigación el empleo de las lenguas clásicas como lenguas vehiculares y promover la cultura clásica a todos los niveles, tenemos siempre como fin último la lectura de los clásicos en versión original», añade. «Generaciones enteras han crecido pensando que, para entender latín, hay que traducir con un diccionario en mano, lo cual es un error grave. La traducción es un elemento, un ejercicio más para acceder a una lengua, no el único», añade Tárrega.

Al igual que en un examen de 5º de Alemán, por ejemplo, se puede poner un texto complejo sobre el que se plantean unas preguntas de comprensión, así se intenta hacer por parte de los profesores que ahora enseñan la lengua indoeuropea con metodologías activas, es decir, con preguntas sobre el texto en el mismo idioma. «Desde el siglo XIX se aplicó una metodología mantenida hasta ahora: entender la lengua como algo muerto y como objeto de estudio en vitrina», insiste. Ahora son ya muchos, no sólo los docentes españoles, los que aplican esta metodología activa de tal manera que los alumnos comienzan estudiando textos sencillos para poder leerlos y comprenderlos sin necesidad de diccionario y después van entrando en textos cada vez más complicados. «Nadie empieza leyendo a Shakespeare en inglés o a Goethe en alemán. ¿Por qué se tiene que empezar en latín analizando penosamente frases de Horacio o Virgilio, sin contexto alguno y analizando cada palabra?», dice el profesor del instituto de Valencia.

Los amantes de esta nueva tendencia creen que «el latín no es más que un vehículo, un instrumento para acceder al tesoro que se ha guardado durante veinte siglos de pensamiento, un tiempo en el que muchos de los pensamientos, de las experiencias, de las vivencias, de los avatares de personas como nosotros que han vivido en este mundo fueron transmitidos en latín. Su estudio nos da la llave para abrir el cofre de nuestros antepasados y para saber que no somos los primeros que vivimos experiencias humanas: «nihil novum sub sole» («nada nuevo bajo el sol»), dice el presidente de Collegium Latinitatis. «El hombre aprende de su historia», insiste. Y lo dice porque la realidad de los latinos no era muy diferente a la de nuestros días: Catulo, en pleno siglo I, hablaba de amor en sus poemas, Cicerón y Salustio de la amistad, César o Tácito sobre política y sus páginas están plagadas de ejemplos que ven su reflejo en el panorama político actual: golpes de estado fallidos (Catilina), políticos corruptos (Verres), gobernadores excéntricos (Calígula). En definitiva, nada que no se parezca a lo que se vive en el mundo actual.

Catulo, Tácito o Petrarca

«Cada vez se nos dirige más gente que está interesada en estudiar latín no para hablar en el aeropuerto o para hablar sobre informática, sino para poder leer y entender inscripciones de sus ciudades o libros de autores que siempre quisieron leer, como Plauto o Cicerón, Catulo o Tácito, Petrarca o Erasmo, Vives o Tomás Moro», explican desde la recién creada Asociación Collegium Latinitatis de Valencia.

Lo cierto es que ya son muchas las asociaciones de Clásicas en España. En Valencia, de hecho, hay varias y cada una se dedica a estudiar algún aspecto concreto del mundo clásico. Ludere et Discere se dedica a cuestiones culturales y de la vida cotidiana, Prósopon-Sagunt, al teatro. En septiembre pasado se fundó el Collegium Latinitatis, toda en latín. «Nuestro objetivo es la divulgación del latín como lengua en la sociedad actual. Queremos centrar muchos de nuestros esfuerzos en que, como empieza a pasar en algunos países, como Alemania, existe un público no especializado que se interese por leer a los clásicos en su idioma original, del mismo modo que ocurría, por ejemplo, en el siglo XVIII», explica su presidente, Jorge Tárrega.

 

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26 diciembre 2016 at 1:35 pm Deja un comentario

Cartularios de Valpuesta: cuando el latín se hizo español

Clonados por primera vez los códices del siglo IX que contienen los vestigios más antiguos del idioma

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Original del Cartulario de Valpuesta (siglo IX) en el Archivo Histórico Nacional.

Fuente: BORJA HERMOSO  |  EL PAÍS
11 de diciembre de 2016

Bajo una helada del demonio y la mirada escrutadora del arcediano, el pobre monje, temeroso de Dios y de que le tiemble el pulso, copia lentamente en su scriptorium la relación de bienes que generosos donantes han regalado al monasterio. Traza con una pluma de ave mojada en hollín desleído en agua:

“Kaballos”. Donde tenía que poner, o donde hasta entonces ponía, “Caballum”.

Luego escribe: “Molino”. No “Mulinum”. Y “Calçada”, y no “Calciata”. “Pozal”, en lugar de “puteale”. “Iermanis” en vez de “frater”.

En su escritorio y en el de otros monjes, el latín vulgar deja de serlo para convertirse en lengua romance y, más allá de eso, en chispazo de lo que mil años más tarde llamaremos “el español”. Un latín torpe y corrompido por el habla que empieza a desplegarse en los campos y en los mercados, en las iglesias y en los burdeles, abre paso a un idioma nuevo.

Pongamos que hace de esto 1.200 años. Estamos en el arcedianato de Santa María de Valpuesta, en lo que hoy es el nordeste de la provincia de Burgos, a 20 kilómetros de Miranda de Ebro y 45 de Vitoria. Allí, en un lugar que hace más de un milenio fue cabeza de diócesis y hoy alberga una aldea minúscula en el valle burgalés-alavés de Valdegovía, los curas escribas lo anotan todo en unas finas vitelas (piel de ternera o cordero nonato): son las cosas relacionadas con la agricultura, la ganadería, los ropajes, los alimentos, las relaciones sociales, los accidentes geográficos… Son los llamados Cartularios de Valpuesta, también conocidos como Becerros de Valpuesta: según algunos de los mayores expertos en la historia del idioma, las primeras dataciones de voces y grafías en español, anteriores incluso a las Glosas Emilianenses y Silenses.

El Becerro Gótico (o Antiguo) consta de 187 documentos escritos en diferentes momentos por más de una treintena de escribanos entre 804 y 1140. El Becerro Galicano contiene 138 cartas del libro antiguo y tres que no constan en aquel. Todas ellas fueron copiadas —digamos que pasadas a limpio— por el canónigo de Valpuesta Rodrigo Pérez de Valdivielso, en 1236. Es el auténtico disco duro de los primeros balbuceos del español: la copia de seguridad que los monjes de Valpuesta guardaban y actualizaban día tras día sobre todas sus posesiones y privilegios.

Ahora, y por vez primera, estos documentos imprescindibles sobre la evolución del idioma, fijados entre los siglos IX y XII y cuyos originales dormitan en la sección de Clero Regular del Archivo Histórico Nacional, resucitan en forma de clon: la versión facsímil que la editorial burgalesa Siloé está a punto de publicar, con una tirada de tan solo 898 ejemplares y una fidelidad al original que hace difícil distinguir cuál es cuál. “El mayor reto es transmitir al público la edad del pergamino y de la vitela, transmitir esa vejez, que es una vejez dispar, además: documentos del siglo IX mezclados con otros del siglo XI o XII, copiados por diferentes escribanos o monjes. Y como dificultad técnica, imitar unos registros de lengüeta que no habíamos visto en otros libros ni en otros códices, y que son una especie de marcapáginas muy complicados de reproducir”, explica Juan José García, cofundador y editor de Siloé junto a su socio Pablo Molinero. Esta edición de los Cartularios de Valpuesta, que verá la luz en febrero y cuyo coste rondará los 4.000 euros, les servirá como fiesta de celebración: la de los 20 años recién cumplidos.

El sacerdote franciscano Saturnino Ruiz de Loizaga (Tuesta, Álava, 1939) pasa por ser el mayor especialista vivo en el tema. Este experto en temas medievales, teólogo, paleógrafo y archivero del Vaticano vive hoy en Roma. Desde allí explica: “Muchos de estos vocablos constituyen las primeras indicaciones o menciones del idioma castellano. Sin lugar a dudas, las primeras voces escritas en lengua romance se encuentran en el Becerro de Valpuesta”. Ruiz de Loizaga explica así la génesis de los cartularios: “Los escribanos de Valpuesta pretendían redactar todos los documentos en latín; pero, por una parte, carecían del conocimiento profundo de este idioma e incurrían en errores imputables a la lengua que hablaban; y, por otra, se veían forzados a utilizar esta última cuando tenían que consignar términos no latinos o cuyo equivalente latino desconocían”.

Sin ánimo de controversia, el teólogo y paleógrafo alavés no duda en confrontar los papeles de Valpuesta con las Glosas Emilianenses, reivindicadas tradicionalmente como origen del español: “Ramón Menéndez Pidal pensaba que las Glosas habían sido escritas en la segunda mitad del siglo X; pero esa datación no se puede sostener hoy. Las Glosas Emilianenses son probablemente de la segunda mitad del siglo XI, mientras que varias actas del cartulario de Valpuesta se redactaron en el siglo X y puede que alguna en el siglo IX”.

La Real Academia Española (RAE) tomó cartas en el asunto hace seis años. En noviembre de 2010 editó en dos volúmenes los Becerros Gótico y Galicano de Valpuesta, en colaboración con el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Los autores del trabajo sostienen en él que los documentos del monasterio burgalés incluyen “términos que son los primeros vestigios del castellano y los más antiguos encontrados hasta ahora”. Desde el otro lado del teléfono, el entonces vicedirector de la RAE José Antonio Pascual, que lleva actualmente las riendas del Instituto de Historia de la Lengua de La Rioja, explica así la relevancia de los Cartularios: “Hasta el siglo XIII prácticamente no se escribe en lengua romance, así que estos documentos, que son de los siglos IX, X, XI y XII, son importantísimos, ya que en esos siglos van surgiendo muchas palabras y grafías, muchos gestos de escritura que van detectando cómo es el romance de esos momentos”.

El académico salmantino dice que espera con impaciencia la primera edición facsímil de los Cartularios: “Una edición facsímil, un clon, es de un valor extraordinario para los filólogos, los historiadores y los paleógrafos, porque podemos comprobar si algunas lecturas de aquellos documentos pueden cambiarse o no”. ¿Y las controversias político-culturales entre el Gobierno de La Rioja y la Junta de Castilla y León sobre si son las Glosas o los Cartularios los documentos que han de ser citados como chispazos primigenios del idioma?: “Explotar estas cosas es un disparate, atiende sobre todo a razones políticas y turísticas y da mucho juego pero evidentemente los filólogos no podemos pararnos a pensar en eso. Hay personas que siempre quieren salir en la foto diciendo ‘aquí nació el español’. Pues muy bien, pero los filólogos pasamos de eso”.

AQUELLAS PALABRAS QUE CAMBIARON LA LENGUA

BORJA HERMOSO

Son numerosos los ejemplos de palabras que, como recogen los Cartularios de Valpuesta, pasaron del latín vulgar a la lengua romance origen del español entre los siglos IX y XII. Estas son algunas:

Cuenca, en lugar de conca.

Fuero, en lugar de forum.

Fresno, en lugar de fraxinum.

Concejo, por concilium.

Piele, por pellem.

Madera, en vez de matera.

Algunos ejemplos concretos de contexto de este tipo de trasvases idiomáticos:

Año 939: una mujer de Alcedo (Álava) de nombre Guntroda dona al monasterio de Valpuesta una viña y en cambio le viene dado un potro castano et una piele (un potro castaño y una piel). Potro deriva del latín pultrus.

Año 944: aparece kasa en vez de domus; capo (cabezal) en vez de caput; matera (madera) en vez de lignum; eglesia en vez de ecclesia; carne en vez de caro; serna en vez de senera; ganato en vez de pecus.

Año 950: Manzanos en vez de pomíferos o pomares; perare (peral) en vez de pirus; y surgen voces como cassios (quesos) o iermanos (hermanos).

 

11 diciembre 2016 at 2:13 pm Deja un comentario

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