Posts filed under ‘Grecia’

La Universidad de Graz devuelve a Grecia 26 objetos arqueológicos robados por un general nazi

Las piezas se las llevó Julius Alfred Ringel del recinto del Palacio micénico de Cnosos, en Creta

Sir Arthur Evans, descubridor del Palacio de Cnosos – ABC

Fuente: BEGOÑA CASTIELLA  |  ABC
20 de noviembre de 2017

Altos cargos del Ministerio de Cultura heleno recibirán este lunes en la Embajada de Grecia en Viena veintiséis objetos arqueológicos griegos. Los devuelve la Universidad de Graz, la segunda más importante de Austria después de la de Viena. Y se trata de piezas que fueron «robadas» por el general nazi Julius Alfred Ringel del sitio arqueológico donde se encuentra el Palacio micénico de Cnosos, en la isla de Creta.

El general austriaco Julius Alfrend Ringel, que tuvo una distinguida carrera militar en el Ejército Austrohúngaro, se incorporó a la Wehrmacht y fue enviado en 1941 al frente griego al mando de la Quinta división de montaña. Las tropas alemanas se mantuvieron desde 1941 hasta 1944 en territorio heleno y Ringel participó en la sangrienta batalla de Creta (mayo-junio 1941), para luego seguir combatiendo en otros frentes europeos. En algún momento antes de 1945 entregó a la Universidad de Graz veintiséis objetos arqueológicos provenientes del pequeño museo del yacimiento de Cnosos, así como de la famosa Villa Ariadne, donde residió durante años el distinguido arqueólogo británico Sir Arthur Evans, descubridor del Palacio de Cnosos entre 1900 y 1906.

En los últimos años, la universidad austriaca ha estudiado este grupo de objetos: ocho vasijas de cerámica, un jarrón, una vasija de piedra y una lámpara de aceite, provenientes del periodo minoico; cinco vasijas y dos lámparas de aceite de la época clásica/helenista, cuatro fragmentos de ídolos y dos pequeñas piezas de cerámica, un alfiler de hueso y un objeto en piedra.

Uno de sus departamentos estudió estos objetos, consiguiendo identificarlos como provenientes del Museo y de la Villa Ariadne de Cnosos. La Universidad se puso entonces en contacto con el Ministerio de Cultura griego, para anunciarle su decisión de devolver las piezas. Gracias al trabajo del Departamento de Protección de Bienes Culturales del Ministerio de Cultura griego y de la Embajada de Grecia en Viena, se organizó la devolución de dichos objetos, que se destinan al Museo Arqueológico de la ciudad cretense de Heraclio.

Esta no es la primera devolución de patrimonio robado al Estado griego: desde pequeños fragmentos de mármol de la Acrópolis que muchos visitantes extranjeros se llevaron a sus países de recuerdo, hasta valiosos objetos robados por mafias especializadas en objetos arqueológicos son recuperados por las autoridades griegas en estos últimos años.

La devolución mas reciente fue la de 33 objetos arqueológicos procedentes de la Edad de Bronce, así como objetos del periodo geométrico y 600 monedas, que fueron confiscados por la policía de Munich y entregados a las autoridades griegas en el mes de abril de este año, para llevarlas al Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Pero la entrega de ahora es única: es la primera vez que una universidad austriaca devuelve artefactos robados por un general nazi tras su correcta identificación.

 

Anuncios

20 noviembre 2017 at 8:58 am Deja un comentario

Una obra maestra que cambiará la percepción del arte griego prehistórico

La gema representa una batalla entre tres guerreros: el héroe, con escudo y taparrabos, ya ha derrotado a un adversario y está a punto de vencer a un segundo enemigo

Labrado artesanal. “El sello de piedra sólo mide 3,5 centímetros de largo, por lo que debió de ser increíblemente difícil crear una obra tan detallada en una superficie tan pequeña y tan dura. Creemos que fue producida en la Creta Neopalacial y no en la Grecia continental”, sostienen Sharon Stocker y Jack Davis, los directores de la excavación, de la Universidad de Cincinnati. Foto: Courtesy of The Department of Classics, University of Cincinnati

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
8 de noviembre de 2017

La tumba del Guerrero del Grifo (Griffin Warrior), denominada así porque contenía una placa de marfil adornada con un grifo (una critatura mitológica con el cuerpo de un león y la cabeza y las alas de un águila), fue descubierta y excavada en el verano de 2015 por un equipo de la Universidad de Cincinnati en un olivar cercano al yacimiento arqueológico conocido como el Palacio de Néstor, en Pilos (Grecia). La tumba intacta contenía los restos mortales de un probable guerrero micénico o un sacerdote, enterrado alrededor del 1500 a.C., y unos tesoros extraordinarios que se remontan a los orígenes de la civilización griega: una espada con la empuñadura de oro, una daga también revestida de oro, copas de oro, un espejo de bronce con el mango de marfil, decenas de sellos de piedra con diseños intrincados…

La escena resulta muy evocadora de algunas batallas de la ‘Ilíada’, según los investigadores

Escena bélica. La escena, muy evocadora de algunas batallas de la Ilíada, la componen tres guerreros. El héroe, con escudo y taparrabos, ya ha derrotado a un adversario y está a punto de vencer a un segundo enemigo. “La representación del cuerpo humano presenta un nivel de detalle y de musculatura que no se vuelve a ver hasta el período clásico del arte griego, unos 1.000 años más tarde”, expresa Jack Davis. Foto: Courtesy of The Department of Classics, University of Cincinnati

Uno de ellos destaca del resto por su labrado artesanal: el Ágata del Combate de Pilos, una gema que provocó lágrimas entre algunos de sus restauradores. Representa una batalla entre tres guerreros. El héroe, con escudo y taparrabos, ya ha derrotado a un adversario y está a punto de vencer a un segundo enemigo. “No afirmamos que la escena esté directamente relacionada con los poemas de Homero, pero resulta muy evocadora de algunas batallas de la Ilíada. La pieza es, por sí sola, la obra glíptica de la Edad del Bronce más hermosa que se ha descubierto hasta ahora“, explican Sharon Stocker y Jack Davis, los directores de la excavación, de la Universidad de Cincinnati, a National Geographic. “La representación del cuerpo humano presenta un nivel de detalle y de musculatura que no se vuelve a ver hasta el período clásico del arte griego, unos 1.000 años más tarde”, expresa Davis en un comunicado emitido el lunes por la Universidad de Cincinnati.

“El sello de piedra sólo mide 3,5 centímetros de largo, por lo que debió de ser increíblemente difícil crear una obra tan detallada en una superficie tan pequeña y tan dura. Creemos que fue producida en la Creta Neopalacial y no en la Grecia continental. Por lo que sabemos, los micénicos no poseían la tecnología para producir un tesoro tan asombroso”, sostienen Stocker y Davis. “Parece ser que los minoicos producían un tipo de arte que nadie se imaginaba que pudieran producir. Este sello, que debería de incluirse en todos los próximos textos de historia del arte, cambiará la percepción del arte prehistórico“, concluye Stocker.

 

Guardar

8 noviembre 2017 at 7:15 pm Deja un comentario

El misterio de la peste que se alió con los guerreros espartanos para aniquilar a miles de hoplitas atenienses

Durante el segundo año de la Guerra del Peloponeso (430 a. C.) se desató una extraña epidemia que acabó con la vida de unos 100.000 ciudadanos de Atenas. Entre ellos, miles de soldados dedicados a defender la región de Esparta

Fuente: Manuel P. Villatoro  |  ABC
2 de noviembre de 2017

La «Peste de Atenas» para unos, la «Peste del Peloponeso» para otros. Si hay una enfermedad que aúna a la perfección misterio y crueldad, esa es la epidemia que se propagó entre los atenienses en el segundo año de la Guerra del Peloponeso (430 a.C.). Una dolencia de origen enigmático que se llevó la vida de aproximadamente 100.000 personas (entre ellas, más de cuatro millares de hoplitas y unos tres centenares de jinetes) y que impactó tanto a la sociedad de la época que sus efectos fueron narrados por el mismísimo historiador Tucídides en una de sus obras más famosas.

En siglo V a.C., así pues, los guerreros espartanos se vieron favorecidos por un mal que diezmó las filas de sus enemigos de forma mucho más eficaz que un gigantesco contingente versado en decenas de batallas.

Dos mentalidades

El origen de esta peste hay que buscarlo en el siglo V a.C. Por entonces el mundo griego se dividía entre dos potencias: Atenas y Esparta. Ciudades sumamente avanzadas y tradicionalmente enfrentadas debido a sus divergencias políticas y militares. «Esparta representaba la oligarquía gobernada por unos pocos, mientras que Atenas representaba la democracia, gobernada por la decisión de la mayoría. Además, y a nivel militar, Esparta representaba la lucha por tierra, mientras que Atenas representaba la lucha por mar», explica el historiador clásico J. B. Salmón en el reportaje «Las guerras del Peloponeso».

Ni siquiera la alianza que ambas ciudades mantuvieron durante las Guerras Médicas entre el 490 a.C. y el 478 a.C. (contienda en la que Atenas y Esparta expulsaron a los invasores persas y que se hizo famosa por la popular batalla de las Termópilas) logró apagar el fuego de su enemistad. De hecho, la tensión entre ambas ascendió a cotas tales que -apoyadas por sus respectivas aliadas- iniciaron en el año 461 a.C. la Primera Guerra del Peloponeso. Un enfrentamiento que se destacó más por pequeñas escaramuzas y asaltos a urbes clave del contrario, que por su carácter general. Hubo que esperar más de 15 años para que llegase la ansiada paz previa a la contienda que provocó la peste.

«Los hechos de guerra no terminaron hasta el 445 a.C., en que firmaron un pacto según el cual ni Esparta ni Atenas atacarían ciudades griegas», explican los autores de «Ideas y formas políticas. De la antigüedad al renacimiento».

“The Plague At Ashdod” (Nicolas Poussin, 1631)

El tratado resultó efectivo durante nada menos que veintisiete años. Sin embargo, todo cambió en el 431 a.C. Y es que, fue entonces cuando comenzó el que sería uno de los enfrentamientos más cruentos entre ambas potencias, la llamada Guerra del Peloponeso. «Esparta, que lideraba la liga del Peloponeso, invadió el Ática en el año 431 a.C. iniciando así una brutal lucha fraticida que duraría veintisiete años y que cambiaría con el mundo griego y la civilización antigua», destaca Jorge Dagnino en su dossier «¿Qué fue la plaga de Atenas?».

Aquella contienda no fue como las anteriores. No se basó en pequeñas batallas aisladas. Con su avance sobre territorio enemigo, la envidiosa Esparta (que ansiaba la gloria y el crecimiento económico de su enemiga Atenas) inició un período de conflicto masivo. Así lo explicó el historiador ateniense Tucídides (siglo V a.C.) en su popular obra «Historia de la Guerra del Peloponeso». Un texto en el que señala que todos los pueblos tomaron partido por uno u otro bando ya que «ésta resultó ser la mayor convulsión que afectó a los helenos, a los bárbaros y, bien se podría decir, a la mayor parte de la Humanidad».

El historiador Donald Kagan es de la misma opinión en su obra «La Guerra del Peloponeso»: «Desde la perspectiva de los griegos del siglo V a. C., fue percibida en buena manera como una guerra mundial, a causa de la enorme destrucción de vidas y propiedades que conllevó, pero también porque intensificó la formación de facciones, la lucha de clases, la división interna de los Estados griegos y la desestabilización de las relaciones entre los mismos, razones que ulteriormente debilitaron la capacidad de Grecia». Como bien explica el autor, los gobernantes de la época desconocían que la contienda iba a provocar una de las plagas más enigmáticas y masivas y de la historia antigua.

Al abrigo de los muros

Cuando la guerra arribó a sus fronteras, los atenienses acababan de elegir por décimo tercera vez consecutiva al sexagenario Pericles como estratego (gobernador). Y este político, sabedor de la potencia de los hoplitas espartanos en combate terrestre, decidió optar por esconder a sus fuerzas en ciudades amuralladas y evitar la batalla en campo abierto. Así lo señala la catedrática en Historia Antigua María José Hidalgo de la Vega en su obra «Historia de la Grecia Antigua»: «Frente a las tropas enemigas, los efectivos que Atenas y sus aliados podían movilizar eran cuantitativamente inferiores. […] Por ello, el plan estratégico de Pericles era, pues, mantenerse a la defensiva en tierra contando con que la ciudad de Atenas y el Pireo estaban preparadas adecuadamente para resistir cualquier ataque».

Lo cierto es que no le faltaba razón a Pericles ya que, aunque los atenienses podían poner sobre el mar un total de 300 naves con tripulaciones más que versadas en la navegación, poco podían hacer ante la potencia militar espartana.

Esta teoría la corrobora el mismo Kagan en su extensa obra al afirmar que los «espartanos que tenían la ciudadanía no necesitaban ganarse el sustento, y se dedicaban exclusivamente al entrenamiento militar». El experto se atreve incluso a afirmar que, gracias a este sistema de entrenamiento, pudieron «desarrollar el mejor ejército del mundo heleno, una formación de ciudadanos-soldado con entrenamiento y habilidades profesionales sin parangón alguno».

Guerreros espartanos en la batalla de las Termópilas

De la misma opinión es el académico británico Paul Cartledge. Según afirma en su obra «Los espartanos, una historia épica», los ciudadanos de esta ciudad eran unos combatientes más que excepcionales: «Los varones espartanos adquirieron fama de ser los marines de todo el mundo griego, una fuerza de combate excepcionalmente profesional y motivada».

No obstante, para mantener esta casta guerrera recurrían a auténticas barbaridades. «Solo permitían vivir a las cruaturas físicamente perfectas, y a los muchachos se les separaba del hogar a los siete años para que se entrenasen y se endurecieran en la academia militar hasta alcanzar los veinte años de edad. De los veinte a los treinta vivían en barracones y ayudaban, a su vez, a entrenar jóvenes reclutas», completa -en este caso- Kagan.

Así pues, y sabedor de que solo le esperaba la derrota en el campo de batalla, Pericles prefirió esconder a los ciudadanos tras los muros de Atenas para evitar que fuesen masacrados por los crueles espartanos. «Con su aplastante superioridad terrestre, su plan estratégico consistía ante todo en arrastrar a Atenas a una gran batalla en campo abierto. Y consideraron que el proceso para lograrlo era arrasar las cosechas y destruir las propiedades de los atenienses para forzarles a salir en su defensa», explica Hidalgo de la Vega.

La cruel peste

Mientras espartanos y atenienses dirimían sus diferencias a base de estrategia y lanzazos, una epidemia nació en los muros de Atenas. Una enfermedad que, según narra el propio Tucídides en su obra, se originó «en tierras de Etiopía, que están en lo alto de Egipto; y después ascendió de Egipto a Libia; se extendió largamente por las tierras y señorías del rey de Persia; y de allí entró en la ciudad de Atenas».

El propio Tucídides afirma en su obra que la epidemia se contagió entre los ciudadanos debido a la falta de espacio en la ciudad. Teoría que, a día de hoy, corrobora el propio Dagnino: «La población de Atenas se había cuadriplicado con los refugiados, muchos de los cuales vivían hacinados en precarias chozas improvisadas».

Con todo, los historiadores coinciden en que el mejor testimonio para explicar esta epidemia es el Tucídides, quien habitó la región por entonces y quien sufrió la enfermedad en su propia piel.

El historiador clásico empieza de esta guisa su descripción de la enfermedad (tan destacable que le dedica incluso un capítulo): «Sobrevino a los atenienses una epidemia muy grande, que primero sufrieron la ciudad de Lemnos y otros muchos lugares. Jamás se vio en parte alguna del mundo tan grande pestilencia, ni que tanta gente matase. Los médicos no acertaban el remedio, porque al principio desconocían la enfermedad, y muchos de ellos morían los primeros al visitar a los enfermos. No aprovechaba el arte humana, ni los votos ni plegarias en los templos, ni adivinaciones, ni otros medios de que usaban, porque en efecto valían muy poco; y vencidos del mal, se dejaban morir».

Estatua que representa a Tucídides

En palabras de Tucídides, los síntomas de la que actualmente es conocida como la «Peste del Peloponeso» o «Peste de Atenas» empezaban con «un fuerte y excesivo dolor de cabeza». Era lo menor de aquella dolencia ya que, posteriormente, a los enfermos «los ojos se les ponían colorados e hinchados; la lengua y la garganta sanguinolentas, y el aliento hediondo y difícil de salir, produciendo continuo estornudar».

La siguiente fase escalaba todavía más en peligrosidad: «La voz se enronquecía, y descendiendo el mal al pecho, producía gran tos, que causaba un dolor muy agudo; y cuando la materia venía a las partes del corazón, provocaba un vómito de cólera, que los médicos llamaban apocatarsis, por el cual con un dolor vehemente lanzaban por la boca humores hediondos y amargos; seguía en algunos un sollozo vano, produciéndoles un pasmo que se les pasaba pronto a unos, y a otros les duraba más».

El historiador señala además en «Historia de la Guerra del Peloponeso» que, a partir de entonces, a los enfermos les empezaban a salir unas pústulas pequeñas y «por dentro sentían un gran ardor» casi imposible de mitigar. «El mayor alivio era meterse en agua fría, de manera que muchos que no tenían guardas, se lanzaban dentro de los pozos, forzados por el calor y la sed», explica. Esta era la etapa clave de la enfermedad, pues era en la que más personas fallecían. «Algunos morían de aquel gran calor, que les abrasaba las entrañas a los siete días, y otros dentro de los nueve conservaban alguna fuerza y vigor. Si pasaban de este término, descendía el mal al vientre, causándoles flujo con dolor continuo, muriendo muchos de extenuación», completa el testigo.

No había remedio para tal mal. Tan solo cabía esperar que el cuerpo lo rechazase. Aunque, en palabras de Tucídides, aquellos que no morían podían sufrir otro tipo de consecuencias: «Algunos perdían [los brazos]; otros perdían los ojos, y otros, cuando les dejaba el mal, habían perdido la memoria de todas las cosas, y no conocían a sus deudos ni a sí mismos». Al parecer, la dolencia era tan grave que ni las aves carroñeras se acercaban a los cuerpos sin sepultar ya que, «si algunas los tocaban, morían».

La futura «Peste del Peloponeso» era, según el mismo historiador clásico, desesperante. No ya porque causara la muerte, sino porque aquellos que la padecían sabían que no había cura para acabar con ella.

Pericles, estratego de Atenas

«No se hallaba medicina segura, porque lo que aprovechaba a uno, hacía daño a otro. Quedaban los cuerpos muertos enteros, sin que apareciese en ellos diferencia de fuerza ni flaqueza; y no bastaba buena complexión, ni buen régimen para eximirse del mal», destaca en su obra el historiador clásico. Atenas pronto se llenó de cadáveres que se amontonaban en casas, templos, estancias y albergues. Según Tucídides, esto provocó una falta de respeto por la muerte que jamás se había visto en la urbe. Así pues, no era raro ver cómo una familia arrojaba el cuerpo de un fallecido a una pira o un enterramiento ajeno. Algo impensable hasta entonces.

Y, por si todo esto fuera poco, la desesperanza de los ciudadanos les llevó a actuar sin «ninguna vergüenza» y como si el mundo estuviese a punto de acabar. Algo que provocó un caos terrible en la ciudad. «Los pobres que heredaban los bienes de los ricos, no pensaban sino en gastarlos pronto en pasatiempos y deleites, pareciéndoles que no podían hacer cosa mejor, no teniendo esperanza de gozarlos mucho tiempo, antes temiendo perderlos en seguida y con ellos la vida», finaliza Tucídides en su obra.

La cruel «Peste del Peloponeso» terminó extendiéndose durante cuatro años y llevándose consigo -según las estimaciones de Diagnino- de unas 100.00 personas. Entre un cuarto y un tercio de la población de la región en la época.

Muerte de hoplitas

Ni siquiera el ejército se vio libre de la peste. El contagio masivo entre los hoplitas hay que buscarlo en el año 430. Por entonces, Pericles había decidido usar su potencia naval para atacar por mar Esparta mientras sus tierras eran arrasadas por el enemigo. Aquella feliz idea no le salió demasiado bien ya que, tras ser rechazados, se vieron abocados a regresar a la contagiada ciudad.

«La expedición llegó a la ciudad transcurrida la primera mitad de junio, cuando la peste ya llevaba más de un mes en Atenas», añade Kagan. En un intento de que el ejército no se contagiase, Pericles envió a la carrera a sus hombres en una nueva expedición. Un nuevo error.

La peste de Atenas, por Michael Sweerts

«En este mismo verano, Hagnón, hijo de Nicias, y Cleopompo, hijo de Clinias, que eran compañeros de Pericles en el mando de la armada, partieron por mar con el mismo ejército que Pericles había llevado y traído, para ir contra los calcídeos, que moran en Tracia, y hallando en el camino la ciudad de Potidea, que aún estaba cercada por los suyos, hicieron llegar a la muralla sus aparatos y la combatieron con todas sus fuerzas para tomarla. Mas todo aquel nuevo socorro y el otro ejército que estaba antes sobre ella no pudieron hacer nada, a causa de la epidemia que se propagó entre ellos, traída por los que vinieron con Hagnón», añade Tucídides.

Cuando Hagnón regresó había perdido 1.050 hoplitas de los 4.000 que habían partido junto a él. Todos ellos, víctimas de la epidemia. Desde entonces los militares se vieron atacados también por la epidemia hasta tal punto que, cuando la peste desapareció en el año 427 a.C., ya habían muerto «más de cuatro millares de hoplitas y trescientos jinetes», en palabras de Kagan.

 

2 noviembre 2017 at 7:31 pm Deja un comentario

La llama olímpica de Pyeongchang 2018 se enciende en Olimpia, en imágenes

La antorcha olímpica fue encendida en la tradicional ceremonia que marca el inicio de la cuenta atrás para que dé comienzo esta importante cita deportiva que se celebrará del 9 al 25 de febrero del año que viene

Fuente: EL PAÍS
24 de octubre de 2017

La antorcha olímpica de los Juegos de Invierno de Pyeongchang 2018 fue encendida este martes en Olimpia (Grecia), en la tradicional ceremonia que marca el inicio de la cuenta atrás para que dé comienzo esta importante cita deportiva que se celebrará del 9 al 25 de febrero del año que viene. En la imagen, la actriz griega Katerina Lechou (d), enciende la antorcha de la llama olímpica. ARIS MESSINIS (AFP)

 

Esta simbólica ceremonia fue introducida por primera vez antes de los Juegos de Berlín de 1936 y se desarrolló como es habitual en el antiguo primer estadio olímpico, con la presencia del Primer Ministro de Corea del Sur, Lee Nak-yeon, y el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach. En la imagen, una actriz sostiene la llama olímpica durante la ceremonia de encendido de la misma en la antigua Olimpia. YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

El tiempo no acompañó en esta ocasión y el acto se vio alterado por una ligera lluvia y por la presencia de nubes, lo que obligó a la suma sacerdotisa, interpretada por la actriz Katerina Lechou, a usar la llama que se encendió en los ensayos y no realizar el tradicional encendido con el reflector solar, ya que la antorcha sólo puede prender fuego ‘olímpico’. En la imagen, una actriz sostiene la llama olímpica durante la ceremonia. YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

La actriz griega Katerina Lechou (d) sostiene la llama olímpica durante la ceremonia de encendido de la misma en la antigua Olimpia (Grecia). YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

Unos actores luchan durante la ceremonia en el Templo de Hera. MILOS BICANSKI (GETTY IMAGES)

 

La actriz griega Katerina Lechou (d) enciende la antorcha con la llama olímpica durante la ceremonia de encendido de la misma en la antigua Olimpia (Grecia). YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

La actriz griega Katerina Lechou sostiene la antorcha con la llama olímpica durante la ceremonia. YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

El esquiador griego Apostolos Aggelis porta la antorcha con la llama olímpica. YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

Guardias presidenciales griegos cruzan el antiguo Templo de Hera. ARIS MESSINIS (AFP)

 

El excentrocampista surcoreano del Manchester United, Park Ji-sung, fue el primer relevista del país organizador, recogiendo la llama del esquiador griego de la modalidad de nórdico Apostolos Aggelis, que tuvo el honor de ser su primer portador. En la imagen, esquiador griego sostiene la antorcha antes de entregarse al excentrocampista surcoreano. ARIS MESSINIS (AFP)

 

Actrices participan en el acto de encendido de la llama olímpica. COSTAS BALTAS (REUTERS)

 

“Nos aseguraremos de mostrar al mundo cómo hemos crecido, cómo podemos organizar este evento deportivo. Esto es más que los Juegos de Seúl de 1988. Estos son las mayores Juegos de Invierno de la historia y estoy emcionado de formar parte de ellos”, celebró el exfutbolista. En la imagen, el excentrocampista surcoreano del Manchester United Park Ji-sung recoge la llama del esquiador griego Apostolos Aggelis. ALKIS KONSTANTINIDIS (REUTERS)

 

Ahora, la antorcha debe llegar a Corea del Sur la semana que viene, el 1 de noviembre, para que dé comienzo su paso por el país, en lo que los organizadores esperan que sirva para que aumente la hasta ahora baja venta de entradas. En la imagen, el exfutbolista surcoreano Park Ji-Sung corre con la antorcha olímpica durante la ceremonia de encendido de la misma en la antigua Olimpia. YANNIS KOLESIDIS (EFE)

 

24 octubre 2017 at 8:23 pm Deja un comentario

Un teatro griego aflora en un campo de olivos de Mesenia

Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz todo el perímetro de la ‘orchestra’ (el espacio central, donde el coro cantaba y bailaba), cuyo diámetro es de 16,30 metros

Descubierto en 2016. El teatro griego fue descubierto el año pasado en la antigua Touria, en Mesenia, al suroeste del Peloponeso. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
19 de octubre de 2017

Un teatro griego descubierto el año pasado en la antigua Touria, en Mesenia, al suroeste del Peloponeso, en Grecia, ha sido excavado por la Sociedad Arqueológica de Atenas y bajo la dirección de Xeni Arapogianni, según ha revelado hoy el Ministerio de Cultura de Grecia. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz todo el perímetro de la orchestra (el espacio central, donde el coro cantaba y bailaba), cuyo diámetro es de 16,30 metros. También se distingue claramente la canalización por la que discurría el agua, entre la orchestra y la primera fila de asientos.

Detrás de la primera fila de asientos hay numerosos elementos arquitectónicos caídos de los niveles superpuestos, entre ellos muchas partes de asientos intactos; en la parte derecha se han conservado cinco filas de asientos con una gran parte de los asientos en su lugar original. El koilon, el conjunto de gradas reservado para el público, disponía de escaleras y de pasillos. Especialmente significativo es el hallazgo de una parte del escenario, en el lado norte del teatro, donde se conservan tres ranuras paralelas para acomodar el escenario móvil.

Perímetro de la ‘orchestra’. Las excavaciones han sacado a la luz todo el perímetro de la orchestra. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

 

Elementos arquitectónicos. Detrás de la primera fila de asientos hay numerosos elementos arquitectónicos caídos de los niveles superpuestos. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

 

Filas de asientos. Cinco filas de asientos con una gran parte de los asientos en su lugar original. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

 

Ranuras paralelas. Tres ranuras paralelas para acomodar el escenario móvil. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

 

Período helenístico. El antiguo teatro ha sido fechado provisionalmente a comienzos del período helenístico. Foto: Hellenic Ministry of Culture and Sports

 

19 octubre 2017 at 7:55 pm Deja un comentario

Introducción a la sala de Grecia del Museo Arqueológico Nacional

Hace 4000 años nacieron en Grecia valores, creencias e instituciones que construyeron los cimientos de la civilización occidental. Este vídeo (de introducción a la sala sobre la antigua Grecia en el Museo) muestra al visitante los conceptos esenciales que configuran las grandes aportaciones de la cultura griega, permitiendo entender nuestras raíces y muchos de los valores culturales del mundo contemporáneo.

Fuente: Museo Arqueológico Nacional de España

 

12 octubre 2017 at 9:02 pm Deja un comentario

Andrea Marcolongo: “Los políticos tienen miedo de que aprendamos a pensar”

El libro de Andrea Marcolongo ‘La lengua de los dioses’, una reivindicación del griego clásico, es un fenómeno de ventas. Aquí reflexiona sobre la educación y el idioma

Fuente: ANTÍA GARCÍA  |  EL PAÍS
10 de octubre de 2017

SAMUEL SÁNCHEZ

Declinar, una y otra vez, hasta el aburrimiento, de carrerilla, como quien reza un rosario, sin apenas pensar en el porqué de lo que se está haciendo. Esa ha sido la pesadilla de cientos de estudiantes de griego a lo largo de los tiempos, y Andrea Marcolongo no fue una excepción. La autora del superventas —con más de 150.000 ejemplares vendidos en Italia— La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego (Taurus) recuerda su primer contacto con la lengua de Platón como el de cualquier otro estudiante. “Empecé en el liceo con el alfabeto y luego las reglas gramaticales, como el resto de mis compañeros. No soy un pequeño genio que leyera textos de Aristóteles con ocho años”, bromea. Y fue justo allí, en el liceo, donde descubrió su amor por esta lengua. “Me enamoré del griego cuando me di cuenta de una cosa muy obvia. No podía pensar en italiano y traducir al griego. Tenía que pensar en griego”, y así fue como una lengua que ni siquiera sabemos cómo sonaba se convirtió en la brújula de esta milanesa de 29 años.

Marcolongo recibe a Ideas en la sede de Taurus en Madrid, donde presentó su libro la semana pasada. Su obra no pretende ser un manual de griego clásico al uso, sino que va un paso más allá, para que aquel que lo lea comprenda el griego, y puede que sea por eso por lo que ha conseguido enamorar a miles de millennials en Italia.

PREGUNTA. ¿Por qué cree que el griego ha producido siempre tanto rechazo, sobre todo entre los jóvenes?

RESPUESTA. Bueno, podría ser porque es una lengua que se nos presenta muy ajena, y demasiado diferente a nuestra lengua materna. Otro de los errores que se cometen al enseñar griego antiguo es que se transmite como algo perfecto y complicado que es solo para las élites, y no es así. Con este libro, lo único que pretendía era bajarlo de su pedestal y hacer entender que el griego es para todo el mundo. Otro de los puntos que suelen desanimar mucho a los estudiantes es pensar que es una lengua muerta, que hace siglos que nadie habla. Y es cierto, pero a mí me gusta más hacer la distinción entre lenguas fértiles e infértiles, y el griego es una lengua muy fértil que sirve para crear palabras nuevas. A pesar de que pensemos que hoy no tiene utilidad, es un idioma que está en nuestro día a día. Por ejemplo, cada vez que utilizamos la palabra xenofobia. Xenos es extranjero y fobia es miedo; por tanto, xenofobia es el miedo al extranjero, un término griego que se acuñó en el siglo XX. De hecho, los griegos nunca habrían empleado así esta palabra, ya que xenia, de donde deriva xenos, significa hospitalidad, uno de los valores fundamentales en la antigua Grecia.

“En el sistema educativo prima el principio de que todo tiene que ser fácil. Y no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos”

P. La última reforma educativa en España, la LOMCE, ha relegado las asignaturas de filosofía y griego al panel de optativas, cortando así la relación de los alumnos con el mundo clásico.

R. En Italia tenemos la misma discusión en el plano educativo. Creo que cuando los políticos toman esta clase de decisiones es porque tienen miedo a que aprendamos a pensar. Las generaciones actuales son hijos de la crisis, sus padres han perdido su trabajo, y se les ha dicho que tienen que estudiar informática porque es en ese campo en el que van a encontrar trabajo. Es como si estuviéramos persiguiendo un futuro que nunca llega. Dejamos el griego a un lado porque, además de considerarlo inútil, pensamos que es algo muy difícil, y en el sistema educativo actual reina el principio de que todo tiene que ser fácil. Pues no, no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos y debemos enseñarles que no todo en la vida es fácil. Además, tenemos que saber que todas las lenguas, incluso el griego, son política, nos enseñan a pensar, a ponernos en la mente del otro.

P. ¿Qué nos han enseñado los clásicos?

R. Nos dejaron escrito todo lo que hay que saber sobre los seres humanos. Las tragedias griegas nos cuenta cosas de hoy día, porque nos explican que las personas no son pura y enteramente buenas, sino que dentro de nosotros también hay muchas cosas malas y tenemos que aprender a experimentar y gestionar nuestras emociones. Actualmente no sabemos gestionar lo que sentimos; si somos felices, somos sumamente felices, y si estamos tristes, somos las personas más desgraciadas, ya no existen términos medios.

P. En su libro explica que con la expansión del imperio de Alejandro Magno, el griego clásico perdió su esencia en pos de mejorar la comunicación con los “bárbaros”. ¿Estamos perdiendo también nosotros la esencia de nuestras lenguas al implantar tantos anglicismos?

“Cada vez somos más vagos respecto al lenguaje. Ahora en lugar de palabras nos mandamos emoticonos, pictogramas primitivos”

R. Wittgenstein decía que los límites del ser humano son los límites de la lengua que habla. En Italia también estamos invadidos por los anglicismos, utilizamos una palabra inglesa cuando podríamos expresarnos con una en italiano, porque existe, pero no lo hacemos. Yo siempre digo: por favor, cuidemos nuestras palabras, ya que cuidándolas protegemos nuestro mundo italiano.

P. Las nuevas tecnologías y la necesidad de estar siempre en constante comunicación también están degradando el lenguaje tal y como lo conocemos. ¿Cambiarán nuestras lenguas debido a la excesiva economización de comunicación?

R. El móvil, Internet, la tecnología en general son perfectos, son unas herramientas perfectas. Está claro que el móvil es un gran avance respecto a la paloma mensajera, pero hay algo que no ha cambiado: alguien tiene que escribir el mensaje. El problema es que estamos confundiendo el contenedor con el contenido en virtud de esa rapidez, de esa necesidad de responder lo antes posible a todo lo que nos envían. No digo que tardemos años en contestar, pero tampoco hay que hacerlo al segundo y utilizando un lenguaje hiperreducido. Creo que lo que realmente pasa es que nos hemos vuelto demasiado vagos respecto al lenguaje. Lo último ya son los emoticonos, que para mí son más difíciles de entender que el griego. En 2015 Oxford eligió uno de estos emoticonos, uno que se ríe con unas lágrimas (😂), como palabra del año. Cuando lo vi pensé: pero si no es ni una palabra, es un pictograma primitivo. No me parece justo que después de todo utilicemos solo estas caritas que ríen o lloran para comunicarnos; debemos ser más complejos.

OTROS ARTÍCULOS SOBRE LOS ‘CLÁSICOS’ PUBLICADOS EN IDEAS

“Los clásicos nos enseñaron a hacernos preguntas”. Paul Veyne, traductor de Virgilio y autor de numerosos ensayos, reflexiona a los 86 años sobre su vida dedicada a los clásicos y la vigencia de sus textos.

Ulises, el héroe embustero. En el mundo heroico de duelos singulares y brutales choques, descrito por Homero en sus épicos poemas, también hay espacio para movimientos más oblicuos como la mentira y el engaño.

En aguas de Nadie. Con Odisea se desplegó ante los griegos un modelo de actuación en ese nuevo universo que era el Mediterráneo.

 

10 octubre 2017 at 1:50 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

noviembre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente