Posts filed under ‘Grecia’

Gimnasio, maquillaje y perfume: así buscaban la belleza los antiguos griegos

Con una extraordinaria exposición de 350 piezas, el Museo Arqueológico Nacional griego termina los actos que celebran sus 150 años

Fuente: Begoña Castiella – Atenas  |  ABC
9 de junio de 2018

Ha sido el Presidente de la República, Prokopis Pavlópulos, quien el sábado pasado inauguró esta exposición que muestra un viaje en el tiempo sobre las distintas caras de la belleza. Muestra la belleza, lo que era considerado bello, desde el periodo neolítico hasta el final de la antigüedad tardía, es decir hasta el año 800 d.C. Y lo hace a través de un viaje que muestra las diferentes expresiones de la estética en entornos sociales y culturales distintos, siendo todas las piezas expuestas parte de la colección permanente del museo. La bienvenida al visitante la da la diosa más bella, Afrodita, mostrada semidesnuda con un Eros dormido a su lado. Porque no es casualidad que Afrodita, diosa griega del amor, de la atracción física y del sexo (que en la antigüedad no tenía connotación negativa ni pecaminosa alguna) es siempre la diosa más bella. Eros por su parte, también dios del amor y de la atracción sexual, está siempre representado como un niño o un efebo muy atractivo y la estrecha relación de la belleza y del amor ha sido una de las características del mundo antiguo.

La exposición se ha dividido en cuatro partes distintas. La primera parte, denominada «Estética eterna», muestra objetos de la vida diaria que muestran las distintas expresiones estéticas en el tiempo. Preciosas vasijas, perfumadores, copas y otros objetos fabricadas en cerámica, alabastro, oro, plata, esteatita (un tipo de talco compacto), marfil. La segunda parte trata de «Lo bello y lo deseado», mostrando las preferencias estéticas del mundo antiguo basándose en lo que desvelan la mitología y sus mitos así como los tesoros arqueológicos descubiertos relacionados con ropa, aseo personal, joyas, peinados. La tercera, titulada «Proyectando el cuerpo» analiza la expresión de la belleza en el rendimiento visual del cuerpo humano desde el Neolítico hasta la época histórica. Y la última parte, «Búsqueda sin fin» es una reflexión estética sobre el significado de lo bello y su valor para el hombre.

La música y el perfume de la antigüedad

Durante la inauguración se escuchó «La belleza del sonido» gracias al conjunto musical de instrumentos musicales antiguos «Lyravlos», que interpretó composiciones musicales de la antigüedad y poemas melodiosos. Y la directora del Museo, Dra. Maria Lagogianni-Georgakaraku, pensó también en la idea del perfume en la Antigüedad griega. Gracias a la ayuda de la compañía cosmética griega Korres se presenta con esta exposición tres perfumes basados en materias primas y métodos existentes en el mundo clásico. Porque está demostrado, tanto por escritos como por restos arqueológicos, que los aceites perfumados y los perfumes no solo eran parte de la vida cotidiana de las mujeres del mundo griego y de los deportistas olímpicos, sino también de las distintas ceremonias de la vida social: bautizos, bodas, fallecimiento.

El químico Iordanis Samanidis ha creado tres aromas: uno con rosas, otro con salvia y un tercero con cilandro. Por ahora solo se puede «oler» el de rosas, pero los demás perfumes serán presentados antes del cierre de la exposición a finales del año que viene. Y durante estos meses, en la exposición habrá distintos talleres creados por científicos, artistas y artesanos griegos y extranjeros sobre el tejido en la época neolítica, la ropa utilizada en el Egeo, el traje micénico, las lautilizacion de los colores en las esculturas antiguas…Y se podrá visitar ahora con el nuevo horario de verano del museo, ampliado de 8 de la mañana a 8 de la tarde todos los días, menos los lunes, cuando estará abierto desde las 13.00 hasta las 20.00 h.

 

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9 junio 2018 at 9:45 pm Deja un comentario

Sotheby’s lleva a los tribunales a Grecia por un caballo de bronce

La casa de subastas de Nueva York ha presentado la demanda con el objeto de aclarar la procedencia legítima de la obra. Por su parte, el Ministerio de Cultura griego tiene como prioridad recuperar las antigüedades robadas y proteger su patrimonio cultural

El caballo de bronce / ABC

Fuente: Begoña Castiella  |  ABC
7 de junio de 2018

Por primera vez en la historia la casa de subastas Sotheby’s de Nueva York ha presentado una demanda al estado griego. Lo ha hecho «para clarificar los derechos de los propietarios legítimos» de una escultura de bronce, después que el estado griego exigiera la retirada de esta obra, que iba a ser subastada el pasado 14 de Mayo. La pieza forma parte de la magnífica colección de obras de arte del matrimonio norteamericano Barnet.

El objeto de la discordia es una pequeña escultura de bronce de 14 centímetros de altura, perteneciente al periodo geométrico (s.VIII a.C.) y de estilo corintio, que representa un caballo estilizado. Fue adquirida por los coleccionistas Howard y Saretta Barnet el 16 de noviembre de 1973, gracias al marchante de arte británico Robin Symes, caído en desgracia y arruinado desde hace unos años por su tráfico ilegal de antigüedades. Symes, a su vez, lo había adquirido en una subasta pública suiza de la casa Münzen und Medaillen AG en Basilea, el 6 de mayo de 1967.

Las fechas tiene su importancia: en 1970 se firmó la convención de UNESCO sobre el tráfico ilícito de bienes culturales, que especifica las las medidas «que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, la exportación y la transferencia de propiedades ilícitas de bienes culturales».

El estado griego, a través de su Ministerio de Cultura, solicitó la retirada de este objeto de la subasta. Había sido avisado por el Dr. Cristos Tsirogiannis, un doctor en arqueología griego que ahora vive y trabaja en Inglaterra y había visto el anuncio de la subasta de esta colección, con este caballo figurando en la portada del catálogo. El Ministerio de Cultura envió un día antes de la subasta una carta solicitando la retirada del bronce y su ayuda para conseguir que sea devuelto a Grecia. Subrayaba que no existían pruebas en el archivo del Ministerio de que el objeto hubiera abandonado el país de forma legal y anunciaba que se reservaba el derecho de «tomar las medidas legales necesarias». El bronce fue retirado de la subasta y su venta estaba estimada entre 150.000 y 250.000 dólares.

El arqueólogo detective

Desde hace unos años, un arqueólogo griego consigue con tesón reconocer y avisar a las autoridades griegas del patrimonio heleno ilegalmente en el extranjero: se trata del Dr. Cristos Tsirogiannis, un arqueólogo que hizo la carrera en la Universidad de Atenas, trabajó para el Ministerio de Cultura desde 1994 hasta 2008 y a partir del 2004 cooperó con el departamento especializado en robos de obras de arte de la policía griega que localiza y se ocupa de la repatriación del patrimonio cultural griego saqueado y robado.

Tsirogiannis terminó su doctorado en la universidad de Cambridge sobre las redes internacionales ilegales que trafican con antigüedades. Después trabajó en un proyecto de tráfico de bienes culturales en el Centro de Crimen e Investigación judicial de la Universidad de Glasgow (Escocia) para luego entrar como arqueólogo para la Universidad de Cambridge. Ahora está escribiendo un libro sobre las redes ilegales de antigüedades. Pero eso sí, no ha dejado desde el 2008 de colaborar de forma voluntaria y gratuita con las autoridades griegas, así como con Interpol para detectar las obras de arte que fueron saqueadas, robadas y traficadas.

Y ha sido precisamente este «detective», como le llaman los griegos (también se le bautizó, con ironía, como Indiana Jones), quien se fijó en este caballito de bronce, lo identificó y avisó a las autoridades griegas y a las italianas. También alertó a la Interpol, más concretamente a la señora Françoise Bortolotti, que trabaja en la Unidad de Obras de Arte. Solicitó de Interpol que informara a las autoridades judiciales estadounidenses en Nueva York, así como a las autoridades policiales italianas y griegas, para examinar la casa de subastas Münzen und Medaillen AG en Basilea, con el fin de descubrir la identidad del remitente de ese caballo de bronce en 1967.

Antigüedades robadas

La lucha para conseguir el regreso a Grecia de antigüedades que fueron robadas de excavaciones legales o ilegales es una prioridad para el Ministerio de Cultura. Como botón de muestra, la identificación el año pasado de una parte esculpida de un sarcófago de mármol romano que estaba en venta en la Royal Athena Galleries de Nueva York. Su foto había sido descubierta en el archivo del «ladrón» de antigüedades italiano Gianfranco Becchina en el 2001. La pieza fue confiscada por las autoridades de Nueva York en enero del año pasado. Becchina fue condenado en Italia y Grecia por aceptar y distribuir objetos de arte que eran antigüedades robadas: algunas ya han sido identificadas y repatriadas a Grecia y a Italia, incluyendo una corona de oro macedónica que se encontraba en el Museo Getty en el 2007 y una cabeza esculpida en mármol del dios Hermes devuelta en el 2015. Los coleccionistas son ahora cuidadosos sobre la proveniencia de las obras que adquieren y las casas de subastas aún más: su reputación y sus ventas están en juego, por eso a veces retiran al último momento piezas anunciadas en los catálogos sin dar explicaciones. Y personas como el arqueólogo detective Tsirogianni y muchos funcionarios de Ministro de Cultura no bajan la guardia.

 

7 junio 2018 at 9:00 pm Deja un comentario

El líder de los laboristas ingleses se compromete a devolver a Grecia los mármoles de Elgin

Jeremy Corbyn asegura que las piezas deben retornar al país heleno, ya que fue allí donde se crearon

Fuente: ABC
4 de junio de 2018

Jeremy Corbyn ha afirmado en un periódico griego que devolvería a Grecia los mármoles de Elgin en caso de convertirse en el primer ministro de Reino Unido en las próximas elecciones. El líder de los laboristas ingleses daría solución de esa forma a una polémica con siglos de historia. Las piezas formaban parte del Partenón y fueron retiradas con el permiso del Imperio Otomano, que en ese tiempo gobernaba Grecia.

La colección llegó a Gran Bretaña entre 1801 y 1805 de manos de Thomas Bruce, conde de Elgin y, desde 1939, se expone en el Museo Británico de Londres. Siempre ha planeado sobre ella el debate de si se deberían devolver a Atenas para exponerse en el Museo de la Acrópolis. Grecia ha abanderado numerosas campañas para repatriar las piezas, pero las voces contrarias advierten de que ello supondría devolver otros tesoros artísticos.

Corbyn aseveró en una entrevista el diario Ta Nea que las esculturas «pertenecen a Grecia» y que, en caso de entrar en Downing Street, comenzaría una serie de «conversaciones contructivas» con el Gobierno para comenzar el proceso de retorno.

El líder laborista apoyó su discurso en que los mármoles habían sido creados en Atenas y habían adornado el Partenón durante cientos de años, según ha puesto de manifiesto el periódico británico The Telegraph.

Por su parte, Boris Johnson, secretario de Estado para Relaciones Exteriores, expresó durante su época como alcalde de Londres que «los restos permanecerían en Londres». Esta opinión la comparte el profesor de arqueología clásica de Oxford John Boardmann, quien afirmó que en caso de devolver las piezas «se estaría sentando un pésimo precedente».

El Museo Británico ha explicado en su página web que los mármoles «aquí son contemplados por una audiencia mundial y son estudiados activamente por una comunidad internacional de académicos. Gracias a esto se promueve la comprensión de la cultura griega antigua y su papel en respecto a las culturas del mundo».

 

4 junio 2018 at 1:55 pm Deja un comentario

20 años después, Frank Miller regresa al mundo de ‘300’ con ‘Xerxes’

  • El autor vuelve a encargarse de guion y dibujo, tras una larga enfermedad
  • Narra la decadencia del imperio persa y el ascenso de Alejandro Magno

Detalle de la portada de ‘Xerxes’

Fuente: JESÚS JIMÉNEZ  |  RTVE.es
3 de junio de 2018

Han pasado 20 años desde que se publicó 300 (1998), una de las grandes obras de Frank Miller, uno de los mayores renovadores del cómic norteamericano gracias a títulos como Daredevil, Elektra Asesina, Batman: El Caballero Oscuro o Sin City. Estos últimos años el autor ha sufrido una grave enfermedad que lo mantuvo apartado del cómic. Muchos se temían, incluso, que no volverían a ver más obras suyas.

Pero el año pasado se publicó Batman: Caballero Oscuro III: La raza superior (ECC Cómics), en la que colaboraba con el guionista Brian Azzarello y el dibujante Andy Kubert. Y ahora nos llega una especie de precuela de 300, en la que Miller vuelve a ocuparse de guion y dibujo: Xerxes: La caída de la casa de Darío y el ascenso de Alejandro (Norma Editorial)

Páginas de ‘Xerxes’

Un cómic que recupera el universo y la épica de 300, aunque no sea exactamente una precuela sino una historia ambientada en el mismo universo, el mismo contexto histórico. Este primer número nos sitúa en la batalla de Maratón, diez años antes de los hechos de las Termópilas narrados en 300, y acabará más de un siglo después con el imperio de Alejandro Magno.

Un ambicioso proyecto que pretende mostrarnos esa decadencia del imperio persa, ejemplificada en Jerjes (Xerxes), el rey-dios, y como los griegos se convertirán uno de los mayores imperios del mundo creando a su propio dios: Alejandro Magno, que consumará la venganza griega frente a los persas y creará uno de los mayores imperios de la historia, que se extendió desde Grecia, hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la ciudad de Alejandría. Menos mal que murió con sólo 32 años, en oscuras circunstancias (pero eso es otra historia).

Páginas de ‘Xerxes’

¡Esto es… Atenas!

Olvidaos del famoso grito de guerra de los espartanos (¡Esto es Esparta!), porque ahora la historia está contada desde el punto de vista de los atenienses, por lo que también echaréis de menos las capas rojas de 300.

Además, Miller se encarga de recordarnos que, mientras los espartanos eran los mejores guerreros de su época, los atenienses apenas eran alfareros, granjeros y carpinteros, que cambiaron sus herramientas por armas para enfrentarse al mayor imperio de la época. Así que ya no se comportarán como soldados ni usarán estrategias militares para enfrentarse a sus enemigos, sino su fuerza de voluntad. Así, somos testigos de cómo los protagonistas improvisan constantemente en sus peleas contra los persas.

Otra de las diferencias fundamentales es que los Atenienses no glorifican la guerra, las batallas y el honor, como hacían los espartanos, que sólo vivían para combatir. Ellos luchan por sobrevivir, aunque las montañas de cadáveres que dejan a su paso sean similares.

Entre los personajes históricos que introduce Miller destacamos al guerrero Esquilo, que nos recuerda a un ninja por sus armas y su forma de actuar (incluso pelea con una especie de Nunchakus). Aunque parezca increíble, no es otro que el famoso dramaturgo Esquilo, precursor de Sócrates y Platón, que está considerado como el primer gran representante de la tragedia griega. Y que participó en la batalla de Maratón (490 a. C.), que se narra en este número, y en otras como las de Salamina (480 a.C.)

Páginas de ‘Xerxes’

Las mismas armas artísticas

Para contarnos esta gran epopeya histórica Miller vuelve a usar las armas que tan buen resultado le dieron en 300: la épica, la espectacularidad de las imágenes (que nos recuerdan al arte griego), la lectura horizontal de las páginas (aunque el formato ya no sea apaisado sino el típico del comic-book), las composiciones geométricas y forzadas (en las que los escudos vuelven a ser protagonistas), sus siluetas negras…

En general el tono es mucho menos oscuro, con menos sombras, más brillante y más colorido que el de 300 (que tan bien traslado Zack Snyder al cine), algo que también es responsabilidad del colorista Alex Sinclair, ya que su contribución a los dibujos (a veces casi bocetos) de Miller, es considerable.

Páginas de ‘Xerxes’

Un cómic de culto

En 1998 Frank Miller estaba en la cima de su carrera y sus trabajos se contaban por éxitos. Fue entonces cuando decidió cambiar radicalmente de estilo y temática para dejarnos con la boca abierta con 300. Un cómic que nació de su admiración por la película El león de Esparta (Rudolph Maté, 1962), que contaba la famosa batalla de las Termópilas entre el ejército griego y los invasores persas.

La serie fue un éxito de crítica y público  y ganó tres premios Eisner (Mejor Serie Limitada, Mejor Autor Completo y Mejor Color) y dos premios Harvey (Mejor Serie y Mejor Color), convirtiéndose en un clásico instántaneo.

Y su fama aumentó gracias a la estupenda adaptación cinematográfica de Zack Snyder (2006), protagonizada por Gerad Butler. Un actor que parecía destinado a la grandeza pero cuya fama apenas pasó de las Termópilas.

En 2014 se rodó una secuela, 300: El origen de un Imperio, que no estaba mal pero que pasó sin pena ni gloria, quizá por el escaso atractivo de su protagonista, Sullivan Stapleton, que interpretaba al general griego Temístocles, que luchaba por conseguir la unidad de las polis griegas. La mala de la historia, interpretada por Eva Green, le robaba todo el protagonismo.

Páginas de ‘Xerxes’

El cómic

Es evidente que la enfermedad y la edad le han pasado factura a Miller y sus textos e imágenes no tienen la misma fuerza que hace 20 años. Pero, aun así, nos deja algunas imágenes memorables. Y es que no podemos olvidar que ha sido uno de los grandes narradores del cómic.

Esta claro que a sus fans incondicionales les encantará este nuevo trabajo y sus detractores aprovecharán para criticarlo. Pero Miller es mucho Miller y habrá que esperar a que complete la miniserie, de cinco números, para ver el resultado final. Lo mejor es que juzguéis por vosotros mismos.

Nosotros estamos deseando leer el siguiente número.

Portada de ‘Xerxes’

 

3 junio 2018 at 12:47 pm Deja un comentario

Eligen el Partenón como el edificio más bello del mundo

Fuente: Philip Chrysopoulos  |  Greek Reporter
29 de mayo de 2018

Distinguidos arquitectos de todo el mundo han elegido el Partenón como el edificio más bello del mundo.

Este emblemático edificio de estilo dórico situado en la cima de la colina de la Acrópolis en Atenas, el Templo de Atenea, ha sido considerado por expertos internacionales como el más atractivo, en una encuesta realizada por Business Insider.

La construcción del Partenón comenzó durante el gobierno del gran Pericles y duró unos cinco años. Fue diseñado por los arquitectos Ictino y Calícrates con la ayuda del escultor Fidias.

Fue construido en honor a Atenea, la diosa de la sabiduría, que se cree que salvó la ciudad durante las Guerras Médicas. Se terminó de construir en el año 432 a.C.

Las hermosas columnas dóricas y las arcadas están decoradas con esculturas que muestran imágenes de la antigua Atenas. Según Business Insider, los arquitectos han llamado al Partenón el hito de las construcciones.

Pero también está el significado histórico del Partenón y de la Acrópolis; es el lugar donde nació la democracia, el lugar donde la gente podía expresar sus opiniones sobre los asuntos de Estado y su vida cotidiana.

Veinticinco siglos después, el Partenón todavía domina la ciudad de Atenas, recordando a los atenienses y a los visitantes de todo el planeta que este es el lugar donde nació la civilización griega, que más tarde fue reconocida como la cuna de la civilización occidental.

 

 

 

 

31 mayo 2018 at 7:22 pm Deja un comentario

Cleómenes, el rey loco de Esparta

Hizo de Esparta una gran potencia, pero sus ambiciones políticas y su juego sucio con los oráculos divinos llevaron a sus conciudadanos a apartarlo del poder, hasta que puso fin a su vida con un suicidio

La Esparta imaginada
En el siglo XIX, el pintor y arquitecto inglés Joseph Michael Gandy recreó el centro monumental de la ciudad de Esparta en esta acuarela; la imagen dista mucho de la sobria ciudad del siglo VI a.C. en la que vivió Cleómenes.
Foto: Bridgeman / Aci

Fuente: Francisco Javier Murcia Ortuño  |  National Geographic
28 de mayo de 2018

Aunque en el sistema político espartano las funciones de los reyes se limitaban sobre todo a la dirección del ejército, Cleómenes consiguió –gracias a su gran personalidad y energía– dejar una huella profunda en la historia de Esparta, a la que convirtió en la primera potencia de Grecia durante su reinado de más de 30 años, entre 520 y 488 a.C.

Sin embargo, las fuentes antiguas le son hostiles y lo presentan como un hombre colérico, cruel y mentalmente inestable que despreciaba las normas humanas y divinas. Según escribió el historiador griego Plutarco, Cleómenes tenía su propia norma: “El mal que uno puede hacer a los enemigos es superior a la justicia”.

Heredero por accidente

Las circunstancias de su nacimiento fueron ya inusuales. Su padre, el rey Anaxándridas, estaba casado con una sobrina suya, pero no tenían hijos. Esto preocupaba a los éforos, cinco hombres elegidos anualmente que ostentaban el máximo poder en Esparta y que tenían entre sus funciones el control de los reyes. Los éforos, que velaban por la continuidad dinástica, propusieron a Anaxándridas que repudiara a su esposa para casarse con otra que le pudiera dar hijos. Pero el rey amaba profundamente a su mujer y se negó en redondo a separarse de ella. Según explica Heródoto, los éforos le hicieron entonces una nueva y singular propuesta: “Como te vemos encadenado a la que ahora es tu mujer, ya no te pedimos que la repudies, pero sí que además de ella te lleves a tu casa a otra que te dé hijos”. Anaxándridas lo aprobó y desde ese momento tuvo dos esposas y mantuvo dos hogares.

La nueva esposa pronto dio a luz un hijo, Cleómenes, pero poco después la primera esposa tuvo otros tres hijos. Según las leyes de Esparta, la sucesión recaía en el primer hijo varón nacido después de que su padre subiera al trono y, por tanto, Cleómenes fue considerado el heredero legítimo. Aunque en su juventud ya mostraba síntomas de cierto desequilibrio mental, a la muerte de Anaxándridas los espartanos se ajustaron a su legislación y lo proclamaron rey.

Su primera actuación en el exterior llegó en 510 a.C., cuando dirigió un ejército espartano contra Atenas para derrocar al tirano Hipias. Los espartanos deseaban romper las buenas relaciones que Atenas mantenía con Argos, su gran enemiga; esas buenas relaciones se remontaban al padre de Hipias, Pisístrato, que se había casado con una mujer argiva. Además, Hipias mostraba inclinación hacia los persas y esto llenaba de inquietud a los espartanos, que veían cómo el Imperio persa se extendía poco a poco hacia Occidente.

Cleómenes invadió la región de Atenas, el Ática, y derrotó a Hipias. Tras entrar en la ciudad sitió al tirano, que había buscado refugio en lo alto de la Acrópolis, un recinto bien amurallado. Los espartanos evitaban siempre los combates en las murallas, pues implicaban un gran número de bajas en una lucha sin ninguna gloria, pero tuvieron suerte cuando los hijos del tirano, que pretendían salir en secreto de la Acrópolis, cayeron en sus manos. Hipias pactó entonces su salida de Atenas con su familia y se exilió. Sin duda, la expulsión de Hipias por Cleómenes cimentó la fama de Esparta como enemiga de la tiranía.

Dos años después, Cleómenes volvió a una Atenas alterada por la lucha política entre Clístenes e Iságoras. El primero era partidario de reformas políticas que dieran mayor participación al pueblo, a lo que se oponía Iságoras, que aspiraba a mantener el poder en manos de la aristocracia. Cleómenes había establecido una firme amistad con Iságoras durante su anterior estancia en Atenas (las malas lenguas decían que había sido amante de su esposa), y cuando Clístenes entregó el poder al pueblo, Iságoras llamó a su poderoso amigo. Cleómenes se presentó con escasas tropas, señal de que se trataba de una aventura privada, y entró en Atenas.

Humillado dos veces

El rey de Esparta puso las magistraturas de la ciudad en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.

Los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas

Para ello reclutó un ejército entre sus aliados del Peloponeso e invadió el Ática. Esta vez la expedición estaba autorizada oficialmente por Esparta, ya que se pusieron al mando del ejército los dos reyes que tenían los espartanos: el propio Cleómenes y Demarato, miembro de otra casa real. Pero los aliados que acompañaban a los espartanos ignoraban que el objetivo principal de la expedición era imponer a Iságoras como tirano de Atenas. Cuando atenienses y espartanos se encontraron frente a frente, sus aliados corintios se retiraron al conocer de pronto el motivo de la campaña; lo mismo hizo Demarato, que sin duda se oponía a la aventurera política exterior de su colega Cleómenes. Los otros aliados, al advertir la disensión de los reyes, también se retiraron.

Entonces Cleómenes pensó en reponer a Hipias como tirano de Atenas. Para ello, en el año 504 a.C. convocó a los aliados a una reunión en Esparta, en la que tomó parte el propio Hipias. Cleómenes alegó como excusa que había conocido unos oráculos que anunciaban que los espartanos iban a sufrir mucho por culpa de Atenas (se había llevado los oráculos de la Acrópolis de Atenas cuando estuvo allí). Pero los aliados, y en especial Corinto, que había sufrido un largo período de tiranía, se negaron a apoyar los planes del rey.

La masacre de los argivos

Puesto que no había conseguido doblegar a Atenas, Cleómenes centró su política exterior en asegurar la hegemonía de Esparta en la península del Peloponeso y para ello atacó a Argos, su enemiga acérrima, en 494 a.C. Los dos ejércitos acamparon muy cerca uno del otro, a la espera de la batalla campal. Según Heródoto, los argivos estaban pendientes de las órdenes de los heraldos espartanos y realizaban los mismos movimientos que éstos anunciaban. Al advertirlo, Cleómenes ordenó que los heraldos dieran la señal de almorzar; los argivos se prepararon para hacer lo mismo, y entonces Cleómenes los atacó y mató a muchos. Los supervivientes se refugiaron en un bosque consagrado al héroe Argos, pero Cleómenes los exterminó, un acto impío que conllevaba una maldición.

A continuación, el rey despidió al ejército y con mil hombres escogidos se dirigió al Hereo, el santuario más importante de los argivos, y allí realizó un sacrificio solemne a la diosa Hera. Luego, aunque tenía Argos a su merced, se retiró a Esparta. Sus enemigos, entre los que seguramente se contaba su colega en el trono, Demarato, lo acusaron de aceptar sobornos a cambio de esa retirada, pero Cleómenes se defendió diciendo que mientras realizaba el sacrificio en el Hereo, del pecho de la imagen de la diosa salió una fuerte llamarada y comprendió por aquella señal que no podría tomar la ciudad. Al parecer, los piadosos espartanos consideraron dignas de crédito estas explicaciones. En realidad, es muy posible que Cleómenes considerase que una Argos diezmada, pero no destruida, sería más provechosa para la política espartana: no era conveniente que otras ciudades del Peloponeso, como Corinto, incrementasen demasiado su poder, lo que sin duda harían a costa de una Argos arruinada.

Lo cierto es que Argos quedó sin hombres. Heródoto fija en 6.000 el número de argivos muertos, y otro historiador, Pausanias, habla de 5.000 bajas. La ciudad tardó en recuperarse de aquella matanza y alegaría escasez de varones para justificar su neutralidad durante la futura guerra contra los persas.

Precisamente en el año 491 a.C., el rey persa Darío I envió heraldos por toda Grecia para pedir la tierra y el agua, señal tradicional de sumisión. Los atenienses los arrojaron a una antigua cantera, y los espartanos los tiraron a un pozo diciendo burlonamente que se llevaran de allí la tierra y el agua para su rey. Pero la isla de Egina, que era enemiga de Atenas, aceptó someterse al rey persa. Los atenienses acudieron a Esparta y acusaron a los eginetas de traición. Cleómenes se presentó en Egina para exigir rehenes, pero los eginetas se negaron a entregarlos alegando que no estaban presentes los dos reyes de Esparta, como establecía la ley; los eginetas estaban aleccionados por Demarato que, además, según Heródoto, se dedicaba a difamar a Cleómenes en Esparta.

Lo cierto es que Demarato debía de representar la opinión de muchos espartanos, hostiles a Cleómenes. No habían querido reponer como tirano a Hipias, un amigo de los persas; y no les gustaba el comportamiento siempre colérico y vengativo del rey, que era un motivo de intranquilidad para los aliados de Esparta en el Peloponeso. Este grupo utilizó en adelante a Demarato para frenar las empresas de Cleómenes, como sucedió en Egina. Éste se sintió ultrajado, y antes de castigar a los eginetas quiso encargarse de Demarato.

Triunfo y caída

Aprovechó que había ciertas sospechas sobre la legitimidad de su colega y sugirió que se consultase al oráculo de Delfos. Cleómenes había sobornado a los dirigentes de Delfos de modo que, cuando se formuló la pregunta, la pitia declaró que Demarato no era hijo legítimo. Demarato fue destronado y pasó un tiempo en Esparta soportando las burlas, hasta que escapó a Asia y se refugió en la corte de Darío. En su lugar, Cleómenes colocó a Leotíquidas. Ambos se presentaron en Egina y tomaron rehenes; Cleómenes, como especial venganza hacia los eginetas, los dejó en manos de los atenienses, sus peores enemigos.

Temiendo represalias, Cleómenes huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta

Poco después se descubrió el soborno de la pitia y Cleómenes cayó en desgracia en Esparta. Temiendo represalias, huyó a Arcadia, a cuyos habitantes intentó unir para que lucharan contra Esparta. Entonces los espartanos le dejaron volver a casa, pero al regresar sufrió un ataque de locura y empezó a dar bastonazos en la cara a los que se cruzaban con él. Sus parientes lo encadenaron a un cepo, pero cierto día en que quedó bajo la vigilancia de un ilota (un siervo), Cleómenes le pidió un cuchillo. El ilota se negó a dárselo, pero Cleómenes lo amenazó diciéndole lo que le haría cuando estuviera libre del cepo. El ilota se lo entregó, y Cleómenes, según escribe Heródoto, “empezó a herirse desde las piernas; cortando las carnes a jirones fue subiendo hacia los muslos, y desde los muslos hacia las caderas y las ijadas hasta que llegó al vientre y tras cortárselo en pedazos murió”. Otras fuentes añaden que reía con gesto de dolor mientras se desgarraba las carnes.

Hoy, los historiadores apuntan a que quizá fue ejecutado por los mismos espartanos cuando se convirtió en un peligro para el Estado: su política personalista y ambiciosa era un peligro para el equilibrio de fuerzas en el Peloponeso y, en consecuencia, para Esparta.

 

La ciudad sin murallas
Emplazada sobre el río Eurotas, Esparta o Lacedemonia era la polis griega más temida; confiando en el valor sin parangón de sus soldados, carecía de muralla. En la imagen, el teatro de Esparta, de época helenística y romana.
Foto: J. LANGE / GETTY IMAGES

 

La diosa de Esparta
Arriba, antefija del templo de la diosa de Esparta, Atenea Calcieco, “la del templo de bronce”. Este recinto de culto –como el teatro helenístico– estaba en la Acrópolis que dominaba la ciudad.
Foto: P. HORREE / AGE FOTOSTOCK

 

Atenas, enemiga y aliada
Cuando Cleómenes sitió al tirano Hipias en la Acrópolis de Atenas, en esta gran roca aún no se habían construido los edificios que la harían famosa, como el Partenón o el templo de Erecteo, que vemos en esta fotografía.
Foto: RENÉ MATTES / GTRES

 

Santuario de Apolo en Delfos. La pitia, o profetisa, daba sus respuestas en el gran templo de Apolo
El oráculo de Clístenes
El ateniense Clístenes, enfrentado al tirano Hipias, logró que la pitia, la profetisa de Apolo en Delfos, “sobornada a fuerza de dinero”, ofreciera a los espartanos la misma respuesta a cualquier consulta de uno de ellos: que la voluntad de los dioses era que liberasen a Atenas. Al final, en vista de que siempre recibían del oráculo la misma respuesta, hicieron caso a Apolo y Cleómenes marchó contra Hipias y lo depuso. Así lo explica Heródoto.
Foto: Beaux-Arts de Paris / RMN-Grand Palais

 

El expulsado de Atenas
Clístenes instauró el ostracismo para exiliar a los enemigos del Estado; su nombre se escribía en un trozo de cerámica, como el de la imagen. Cleómenes puso las magistraturas de la ciudad de Atenas en poder de Iságoras y expulsó a los partidarios de Clístenes, unas 700 familias. Pero el pueblo se negó a obedecer, y en la revuelta que siguió Cleómenes ocupó la Acrópolis junto a Iságoras y sus seguidores. Tras dos días de asedio pactó una tregua para salir sin sufrir daño, aunque, según Heródoto, los atenienses partidarios de Iságoras fueron ejecutados. Entonces Cleómenes se sintió humillado y quiso vengarse de los atenienses.
Foto: Akg / Album

 

El teatro de Argos, construido hacia 300 a.C.
Sacrilegio en Argos
Cuando Cleómenes derrotó  al ejército de Argos en 494 a.C., los supervivientes se refugiaron en un bosque sagrado dedicado a Argos (el héroe que daba nombre a su ciudad). Cleómenes no quiso entrar allí y matarlos por miedo a cometer un sacrilegio. Entonces los engañó: por un heraldo les dijo que había llegado su rescate y que salieran sin temor a medida que los llamaran por sus nombres, que conocía gracias a unos desertores. Así mató a unos 50, hasta que los de dentro del bosque advirtieron lo que pasaba. Entonces mandó a los ilotas, los esclavos de los espartanos, que amontonaran leña en torno al bosque y le prendieran fuego. Los argivos fueron exterminados y los ilotas asumieron la culpa del sacrilegio.
Foto: A. Garozzo / Getty images

 

Cubiertos de bronce
En esta escena, los infantes u hoplitas llevan armaduras semejantes a las que vistieron espartanos y argivos en la batalla en la que tuvo lugar el sacrilegio de Argos. Esta ciudad era la gran enemiga de Esparta en la península del Peloponeso. Ánfora del siglo VI a.C. Louvre, París.
Foto: Scala, Firenze

 

Leónidas, yerno de Cleómenes, en las Termópilas. Óleo por Jacques Louis David. 1814. Museo del Louvre, París
Hija de rey, esposa de rey
Cleómenes dejó una sola hija llamada Gorgo, que desde pequeña dio muestras de inteligencia. Cuando Aristágoras intentó sobornar a su padre Cleómenes para que ayudara a los rebeldes jonios contra Persia, prometiéndole una cantidad cada vez mayor, Gorgo, que tenía ocho años, exclamó: “Padre, si no te alejas el extranjero acabará por sobornarte”. Gorgo se casó con Leónidas, hermanastro de su padre y futuro defensor de las Termópilas frente a los persas.
Foto: Erich Lessing / Album

 

Guerreros bien protegidos
La coraza, el casco, las grebas o espinilleras y el escudo constituían el armamento defensivo del hoplita griego.
Foto: Bridgeman / Aci

 

El templo de Apolo en Delfos
Cleómenes se ganó el apoyo de Cobón, un personaje muy influyente en Delfos. Éste persuadió a la pitia Perialo, la profetisa de Apolo, para que dijera que Demarato (adversario de Cleómenes) era hijo ilegítimo.
Foto: Jean Heintz / Gtres

 

Áyax se suicida arrojándose sobre su espada. Gema del siglo VI a.C. El suicidio no estaba bien visto en la Grecia antigua
Las razones de un suicidio
El terrible final de Cleómenes, ejemplo de la capacidad de sufrimiento de un espartano, tuvo diferentes explicaciones. En la versión espartana, Cleómenes enloqueció por su afición a beber vino puro (no mezclado con agua); otros lo vieron como un castigo divino por el sacrilegio cometido en el bosque sagrado de Argos, y también se pensó que fue la culminación de un trastorno que ya se había manifestado en su juventud.
Foto: Museum Fine Arts, Boston / Bridgeman / Aci

 

28 mayo 2018 at 6:20 pm Deja un comentario

Rodin se mide con Fidias

El British Museum de Londres confronta en una excepcional exposición las obras maestras del escultor francés con una selección de los mármoles del Partenón

A la izquierda, figuras de dos diosas procedentes del frontón este del Partenón. A la derecha, «El Beso», de Rodin (versión en yeso) – ABC

Fuente: Natividad Pulido – Londres  |  ABC
21 de mayo de 2018

Desembarco artístico francés esta primavera en Londres con dos de sus tesoros nacionales. Primero lo hizo Monet y sus poéticas arquitecturas en la National Gallery –hay lienzos del maestro impresionista que son pura abstracción– y, más tarde, Rodin en el British Museum con una exposición que habría emocionado al propio escultor al ver muchas de sus mejores creaciones cara a cara con los mármoles del Partenón que tanto admiraba, concebidos por Fidias. Dos de los más excelsos escultores de la Historia del Arte miden su enorme talento en la galería Sainsbury, que por vez primera desde que se inauguró en 2014 deja entrar la luz natural. No es fácil aguantar el tipo junto a las piezas que decoraron el Partenón. Rodin lo logra, demostrando con ello el genial escultor que fue.

A la derecha, «Dios del río Ilisos», figura A del frontón oeste del Partenón. A la izquierda, «Ariadna» (1905), de Rodin – ABC

Pocas veces se ve tanta obra maestra por centímetro cuadrado en una exposición, cuyo elegante montaje está a la altura. El diseño está inspirado en el estudio de Rodin en Meudon, a las afueras de París. Las esculturas se exhiben a la altura de nuestros ojos, como si nos halláramos visitando el taller del artista. En casi todos los casos hay un acceso de 360 grados que permite admirar las piezas desde todos los ángulos. Es una ocasión excepcional poder ver, fuera de sus habituales salas, un buen puñado de joyas del Partenón. Como lo es el generoso préstamo de esculturas del Museo Rodin de París. La ocasión bien lo merecía. Se reúnen, hasta el 29 de julio, con el patrocinio del Bank of America Merrill Lynch, más de ochenta obras en mármol, bronce y yeso, junto a algunos bocetos. La prensa británica se ha rendido al «combate del siglo» entre Fidias y Rodin: «Sorprendente, deslumbrante, sublime» (The Guardian), «Una inspiradora reunión de maestros» (The Times), «Uno de los espectáculos del año» (The Telegraph), «Triunfante» (The Daily Mail), «Extraordinario, impresionante» (The Observer)…

A la izquierda, «Iris», figura N del frontón oeste del Partenón. A la derecha, «Iris, mensajera de los dioses» (1895), de Rodin – ABC

Nunca viajó a Grecia

«Antigüedad es mi juventud», decía Rodin, asiduo lector de Ovidio. Nunca viajó a Grecia, pero siempre sintió fascinación por la escultura griega antigua y, en especial, por el Partenón, que consideraba «un monumento eterno». Fue tal la pasión de Rodin por la Antigüedad que coleccionó cerca de 6.000 piezas. En 1900 construyó un museo en Meudon para acogerlas. En 1881 visitó por vez primera Londres y acudió al British Museum. Se hospedaba en el hotel Thackeray, justo enfrente. Al fin podía admirar «in situ» –hasta entonces tuvo que contentarse con hacerlo en libros o postales– las obras que tanto le obsesionaban y cuya belleza le cautivaba. Hizo algunos bocetos en papel de carta del hotel. Pero nunca haría copias de ellas, tan solo le sirvieron como inspiración. «Amo las esculturas de la Antigua Grecia, han sido y siguen siendo mis maestros», decía Rodin. Visitó el museo al menos en quince ocasiones. «En mi tiempo libre frecuento el British Museum», solía decir. Lo hizo hasta poco antes de su muerte.

Mentor artístico y espiritual

«Palas Atenea con el Partenón» (1896), de Rodin – MUSEO RODIN

Fidias fue un mentor artístico y espiritual para Rodin. Aunque cueste creerlo, 2.320 años separan separan a ambos genios, que fueron los más célebres en sus respectivas épocas. Las esculturas de Fidias (h. 480-90 a.C.-h. 430 a.C) son de una rabiosa modernidad. Las más célebres, las monumentales esculturas de Atenea Virgen del Partenón, y de Zeus en Olimpia, ambas en oro y marfil. Las de Auguste Rodin (1840-1917) semejan reliquias arqueológicas. Y es que, como explica Hartwig Fischer, director del British Museum, Rodin eliminó cabezas y extremidades de sus esculturas, creando un nuevo género artístico moderno. A través de las piezas del Partenón, Rodin descubrió el poder de los fragmentos para transmitir el significado de la obra completa: «Las estatuas dañadas, encontradas en las ruinas, no son menos obras maestras por estar incompletas».

Concibe «El hombre que camina» como una reliquia arqueológica sin cabeza ni brazos, en la que desafía la representación del movimiento. Esta escultura se muestra junto a la figura K de una diosa, también sin cabeza ni brazos, procedente del frontón este del Partenón.

Dos versiones de «El pensador» de Rodin en las salas del British Museum – ABC

Lord Elgin y el expolio

Lord Elgin, embajador británico en Atenas, se llevó a Inglaterra muchas de las esculturas del Partenón que sobrevivivieron: 75 de los 160 metros del friso, 15 de las 92 metopas, 17 figuras de los frontones y algunas piezas del monumento. Lord Elgin le pidió a Antonio Canova que restaurara y reemplazara las partes perdidas. El artista rehusó, pues, al igual que Rodin, hallaba sinceridad e inspiración en los fragmentos. El Parlamento británico firmó la compra de las obras en 1816 y se exhiben en el British Museum desde 1817. «Desde entonces han inspirado a pensadores, poetas, artistas…, pero a ninguno como Rodin», advierte Hartwig Fischer.

«La edad de bronce» (1877), de Rodin – MUSEO RODIN

El Estado francés le encargó a Rodin unas puertas para un museo de artes decorativas que iba a inaugurarse en París. El proyecto no llegó a materializarse, pero «Las puertas del infierno», de seis metros de altura, fueron para el artista una fuente de inspiración constante durante toda su vida. Entre esas figuras, sus celebérrimos «El Beso» y «El pensador», que acabaron siendo esculturas independientes. Hay versiones de ambas en la exposición. De «El Beso» (se inspiró en los amantes Paolo y Francesca de «La Divina Comedia»), una versión en yeso de gran tamaño que Rodin mantuvo toda su vida. A su lado, los cuerpos de dos diosas, una reclinada junto a la otra, figuras L y M del frontón este del Partenón. Se cree que pueden ser hermanas o madre e hija. Tanto ellas como «El Beso» están tallados en un solo bloque de piedra: los dos artistas supieron extraer la carne cálida del frío mármol. En las esculturas de Fidias y Rodin hay intimidad, sensualidad y una fuerte carga emocional. En ambos casos, explica Celeste Farge, comisaria de la muestra, «la expresión y la pasión de las figuras se manifiesta a través del cuerpo». Para Ian Jenkins, también comisario, las figuras del Partenón constituyen un estudio erótico sobre la intimidad, a través de los pliegues mojados de sus vestidos. Cree que «El Beso» es «la mejor respuesta artística a las esculturas del Partenón».

Se cree que ni Fidias ni Rodin hicieron con sus manos todos sus trabajos. Este último pudo modelar en arcilla algunas obras que después otros fundían en bronce o esculpían en mármol. Y Fidias pudo diseñar y modelar las obras del Partenón, pero no ejecutarlas. Vamos que Damien Hirst no es original ni siquiera en eso. Rodin quiso que su arte «expresara las emociones desde las alturas del éxtasis hasta las profundidades de la agonía». Éxtasis y agonía que halló en los mármoles del Partenón que tanto amó, pero que también tanto le atormentaron: «Ningún artista podrá superar a Fidias. El más grande de los escultores nunca será igualado».

Fragmento correspondiente al friso norte del Partenón – BRITISH MUSEUM

De Miguel Ángel a la Acrópolis

Son muchas las conexiones entre Fidias y Rodin presentes en la exposición. Para su escultura «La edad de bronce» (1877), Rodin se inspiró tanto en «El esclavo moribundo», creado por Miguel Ángel en 1513 (Museo del Louvre) -viajó a Italia en 1875-76 y allí descubrió al genio florentino-, como en algunas de las figuras del Partenón. Es el caso de un joven que se prepara para el desfile incluido en el friso norte del principal monumento de la Acrópolis. En ambos casos se repite la pose, el gesto, la misma emoción. Auguste Neyt posó para esta escultura de Rodin.

 

21 mayo 2018 at 7:56 am Deja un comentario

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