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¿Cómo murió Alejandro Magno?

A pesar de la vigencia que tiene la hipótesis del envenenamiento, lo más probable es que el general contrajera una fiebre mismática.

Mosaico de Alejandro en la batalla de Issos, una de las grandes victorias de su campaña contra los persas

Fuente: José María Zavala  |  LA RAZÓN
22 de julio de 2017

La prematura muerte de Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno (356-323 a. C.), apenas cumplidos los treinta y tres años, sigue constituyendo hoy uno de los mitos de la Historia universal. Existen razones fundadas para pensar que su fallecimiento no se debió al envenenamiento, como algunos historiadores han pretendido hacer creer. Entre otras cosas, porque la ciencia de los venenos sólo podía basarse en meras conjeturas en una época en la que no se practicaban autopsias.

En cuanto a su incorruptibilidad, la cual ha llegado a afirmarse no debe perderse de vista que para los biógrafos del conquistador, como para todos sus contemporáneos, los monarcas debían gozar entonces de semejante privilegio. El cadáver de un soberano no podía ser pasto de los gusanos, como el del último de sus súbditos.

Pero volviendo al más que improbable emponzoñamiento de Alejandro Magno, debemos advertir al lector que los rumores fueron propalados por la propia madre del difunto monarca, Olimpia de Epiro, para estigmatizar la memoria del general Antípatro, el cual mandaba en Macedonia y gobernaba Grecia mientras el conquistador libraba encarnizadas batallas en el interior de Asia.

Herida en su orgullo de madre, Olimpia de Epiro pretendió dañar también el prestigio de Casandro de Macedonia, hijo de Antípatro, a quien sucedió en el trono. El doctor Foissac manifestó incluso que Olimpia esparció al viento las cenizas de Iolas, hermano de Casandro, a quien acusaba de verter el veneno que mató a su amado hijo. Llegó a decirse, para colmo de maledicencias, que el general Antípatro, celoso de las victorias del joven Alejandro, se puso de acuerdo nada menos que con el impar Aristóteles, que tantos conocimientos brindó al monarca, encargándose el propio filósofo de preparar el brebaje letal. Verlo para creerlo.

Hablando de leyendas, añadamos que existía en la Arcadia, cerca de un lugar llamado Nonacres, un manantial muy frío que surtía de agua a la Estigia, llamada así en la mitología griega.

De acuerdo con una versión popular publicada en la «Revista española» de ambos mundos en 1853, el agua de ese manantial estaba desprovista de olor y sabor, constituyendo un veneno mortal que atravesaba el vidrio y hasta el metal, y con cuanta mayor razón las vísceras de un cuerpo humano como el de Alejandro Magno, por muy rey que fuera. Según esa leyenda, el agua solo podía transportarse en el interior del casco de un caballo; precisamente el medio empleado por Casandro, de acuerdo con las habladurías, para hacerla llegar a sus hermanos Filipo e Iolas, mayordomos del rey. Como las responsabilidades de Filipo e Iolas en la Corte les obligaban a probar antes los alimentos y bebidas, sirvieron primero el agua demasiado caliente. Al rechazarla Alejandro, añadieron entonces el agua fría y venenosa.

Bebamos ahora, nunca mejor dicho, de la gran fuente documental: el propio «Diario de Alejandro Magno». En el primero de sus últimos días en el mundo de los vivos, se hace constar que Alejandro volvió a casa de Medio, uno de sus efebos predilectos, y empezó a sentir ya entonces los primeros accesos de fiebre.

Al día siguiente, llevado en su litera, permaneció acostado hasta la noche. Reunió a los jefes, fijó la ruta de navegación, y ordenó a la Infantería que estuviese preparada. Transportado en litera hasta orillas del Éufrates, lo atravesó en barco, tomó luego un baño y descansó. Durante los últimos diez días, la fiebre aumentó hasta límites insoportables para el ser humano. De ello dan cumplida cuenta los boletines diarios de la enfermedad de Alejandro proporcionados por Arrio, según los diarios de Ptolomeo y de Aristóbulo.

El relato de Plutarco, basado en el Diario del monarca, nos sirve para completar el de Arrio y confirmar que el soberano falleció víctima de las altas fiebres en el plazo de diez días. Es probable que nuestro protagonista perdiese la vida así a consecuencia de la fiebre y no del veneno, teniendo en cuenta que acababa de atravesar una comarca pantanosa, durante su paseo por las marismas que formaban el Éufrates. Para colmo de males, los remedios médicos contra la fiebre –baños fríos, principalmente– resultaron ineficaces por completo. No sería descabellado deducir que Alejandro pudo haber sucumbido en realidad a una fiebre miasmática que progresó de forma acelerada por sus excesos con el alcohol, tal y como manifestaba Efipo en su obra sobre la sepultura de Alejandro y de Hefestión. Alejandro Magno, en efecto, bebía también a lo grande.

 

23 julio 2017 at 10:09 am Deja un comentario

«Emociones», la nueva exposición del Museo de la Acrópolis

La selección muestra los sentimientos de los mortales, los héroes y los dioses de la Antigüedad a través de 129 obras creadas entre el siglo VII y el II a.C.

Estatua de mármol de Eros, parte de la exposición «Emociones» en el Museo de la Acrópolis de Atenas – Efe

Fuente: BEGOÑA CASTIELLA > Atenas |  ABC
17 de julio de 2017

El lunes por la noche la Ministra de Cultura y Deportes griega Lidía Koniórdo inauguró la exposición «Emociones» en el Museo de la Acrópolis, acompañada del director del Museo, arqueólogo Dimitris Patermalis.

La exposición reúne 129 obras de arte, desde grandes esculturas de mármol y vasos, cráteras y otras vasijas espectaculares hasta pequeñas monedas, todas ellas creadas entre el siglo VII y el II a.C., mostrando una gama de emociones reflejadas en mortales, héroes y dioses de la Antigüedad griega. Se exhiben en un espacio situado en la parte inferior el Museo de la Acrópolis, a trescientos metros a vuelo de pájaro del propio conjunto monumental de Atenas, con un trayecto cíclico en cuyo centro se encuentran dos importantes esculturas con fondo granate: la del Amor, el dios Eros, esculpido en mármol en el s.II, copia de la obra del escultor Lisipo y proveniente del Museo del Louvre de Paris, junto con la escultura del Deseo, otra copia en mármol del s.II de una obra del escultor Escopas, proveniente de los Museos Capitolinos. En contraste a estas dos obras principales que reflejan emociones positivas se encuentra una obra trágica, el Sacrificio de Ifigenia, una tabla proveniente de la Casa del Poeta Trágico de Pompeya. Muestra cómo Ifigenia es llevada al altar donde será sacrificada mientras su padre, lleno de desesperación y culpabilidad, esconde la cara con su toga.

Escena de la guerra de Troya – ABC

La mayoría de las obras provienen de distintos museos griegos, un total de veintidós, comenzando por el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y otros importantes extranjeros como los Museos del Vaticano y los Museos Capitolinos de Roma, el Museo Arqueológico de Napoles, el Louvre de Paris, el British Museum de Londres, la Gliptoteca de Munich, el Museo de Antigüedades y Colección Ludwig de Basilea y el Museo Metropolitano de Nueva York.

Emociones públicas y privadas

La exposición comienza con un grupo de emociones desarrolladas en el ámbito privado de la familia y las residencias privadas: ejemplos de amor, de amistad, de alegría, otras descubriendo un ambiente festivo. Esculturas y relieves mostrando escenas de amor maternal y filial, de amistad y ternura, de juego de niños, grandes banquetes y celebraciones. También se pueden estudiar las emociones desarrolladas en el ámbito público: muestras de agradecimiento a los dioses y a los oráculos, especialmente a los de Delfos y Dodona. Pero también hay vitrinas con muestras de odio o de rechazo, como los trozos de cerámica parecidos a las conchas que en griego clásico se denominaban «ostraca», en la que los ciudadanos libres escribían el nombre del político al que querían desterrar de su ciudad estado (de ahí la palabra ostracismo). Y aun más interesante e inquietante, unas tabletas grabadas en metal con injurias y maldiciones varias, mostrando la envidia, el odio y la soberbia de personas contra sus enemigos.

El sacrificio de Ifigenia – ABC

El espectador puede estudiar también obras que reflejan la adoración e invocación de los mortales a sus dioses, con múltiples ejemplos de exvotos, pequeños altares, así como el complejo arte funerario, tanto para los mortales como los héroes. Las más cercanas son las estelas funerarias dedicadas a los niños fallecidos, encargadas por sus padres en las que aparecen rodados de sus juguetes y sus animales favoritos. La exposición continúa con muestras de pasión, que incluyen los raptos amorosos, como el descrito en un jarrón denominado hidria: el rapto de la bella Oreithyia, hija del Rey Erecteo de Atenas, por Bóreas, dios del Viento del Norte, que se había enamorado locamente de ella contra los deseos de su padre. El dios aparece fuerte y protector mientras que la hija del rey muestra coquetamente su hombro desnudo y no parece muy asustada. Y esta exposición también recoge muestras de actos de violencia, cuando las emociones llevan a una pérdida de control, a la tragedia y al drama. Un ejemplo es el ánfora del Museo Metropolitano de Nueva York que muestra al rey de Salamina, Áyax, persiguiendo a Casandra, la hija del rey de Troya Príamo, de gran belleza y capaz de efectuar profecías, momentos antes de su violación. Otra ánfora muestra la misma escena con Casandra a punto de ser violada, intentando buscar asilo en la estatua de la diosa Atenea, obra que se encuentra en el Museo Metropolitano de Nueva York. Áyax no respetó el que Casandra estuviera bajo la protección de Atenea, lo que supone un sacrilegio mas grave que la propia violación.

Textos y tablets para ayudar a los visitantes

Esta exposición ha incluido, además de las obras, muchos textos literarios que explican los mitos y las escenas reproducidas para que el visitante pueda entenderlas. Asimismo existen una serie de tablets que muestran textos y detalles de las obras. Esto ha sido gracias a la Fundación Cultural Onassis, que preparó y expuso esta exposición en su Centro de Nueva York y que ofreció que se pudiera visitar en Atenas. Patermalis insistió en agradecer tanto a la Fundación como al Ministerio de Cultura el haber hecho posible que se pueda ver esta exposición en Atenas hasta el mes de septiembre. Y destacó la labor de los tres arqueólogos que prepararon la exposición: Angelos Chaniotis, Nikolaos Kaltsas y Ioanis Mylonopoulos.

 

18 julio 2017 at 11:53 am Deja un comentario

Los teatros griegos tenían escenarios móviles

Ya disponían de una moderna escenografía hace más de 2000 años

Plano y foto del teatro de Mesene. Kumamoto University

 

Fuente: EurekAlertVicente Fernández  Quo.es
13 de julio de 2017

Los antiguos griegos son los padres del teatro tal y como lo conocemos. Pero, poco a poco, se va descubriendo que algunos de los adelantos técnicos que están presentes en los modernos escenarios, tampoco eran ajenos para ellos. Así se desprende de un estudio realizado por arquitectos de la Universidad Kumamoto, en Japón y, según el cual, algunos teatros helenos ya disponían de escenarios móviles.

Los autores de la investigación han estado estudiando las ruinas del teatro de la antigua ciudad griega de Mesene, y han descubierto una extraña hilera de piedras que también está presente en otro teatro situado en el territorio de la antigua Esparta.

Los análisis realizados demuestran que esas piedras eran usadas como apoyos para transportar diversos escenarios, que se situaban sobre el principal. Existían documentos escritos que apuntaban a esa posibilidad, pero hasta ahora, nunca se había encontrado una prueba material de que fuera realmente así.

Los investigadores han llegado a la conclusión de que tanto el escenario como el llamado proscenio (una pieza situada entre el escenario principal y el foso de la orquesta), eran móviles. Y, aunque todo indica que disponían de ruedas, debió ser necesario un gran despliegue de fuerza para poder moverlos.

Localización de Mesene. Kumamoto University

 

14 julio 2017 at 7:45 pm Deja un comentario

Vivir sin impuestos: La lección de la Antigua Grecia al mundo moderno

Los impuestos no eran obligatorios pero aún así los ricos siempre daban más de lo esperado, todo por el honor y la gloria

Fuente: Dominic Frisby  |  EL MUNDO
10 de julio de 2017

Imaginemos un impuesto progresivo o, en otras palabras, un impuesto que recae sobre aquellos que pueden pagar más. Que tiene como resultado que los ricos pagan de manera voluntaria más de lo que están obligados a pagar en lugar de intentar escaquearse. Un impuesto cuyo destino lo decide quien paga. Un impuesto que conlleva poca burocracia. Tenemos muchas cosas que agradecer a los antiguos griegos: las matemáticas, la ciencia, el teatro, la filosofía…Y a esto habría que añadir su sistema impositivo, o, más bien, la falta del mismo.

Los griegos situaron los impuestos en el terreno de la ética: la libertad o el despotismo de una sociedad se podía medir por su sistema impositivo. Deberíamos admirarlos no tanto por su manera de recaudar impuestos, sino por cómo no lo hacían. La renta no se gravaba. Las tasas no eran la manera en que los más pudientes compartían su riqueza con el pueblo. En su lugar, existía una alternativa voluntaria para hacerlo: la liturgia.

La palabra liturgia, del griego leitourgia, significa servicio público o el trabajo de la gente. La idea de la beneficencia estaba profundamente arraigada en la psicología de los griegos, lo cual tenía sus orígenes en la mitología. El titán Prometeo creó la Humanidad y fue su mayor benefactor, regalándole el fuego que había robado del monte Olimpo. La diosa Atenea dio a los ciudadanos el olivo, símbolo de la paz y la prosperidad, y de ahí viene el nombre de la ciudad de Atenas.

El filósofo Aristóteles desarrolló este tema. Su hombre magnífico donaba enormes sumas a la comunidad. Pero las personas pobres nunca podían llegar a ser magníficas porque no disponían de los recursos financieros para ello. En El arte de la retórica, Aristóteles planteaba que la verdadera riqueza consistía en hacer el bien, en dar dinero y regalos, en ayudar a la existencia de los otros. El físico Hipócrates, fundador de la medicina, también creía en la responsabilidad social: «Ofreced vuestros servicios de vez en cuando a cambio de nada, recordando un acto previo de beneficencia o una satisfacción presente. Y si existe la oportunidad de servir a un desconocido en apuros económicos, ofrecedle una asistencia completa», recomendaba a los doctores.

Puede que la ciudad necesitara algún tipo de mejora en su infraestructura, como por ejemplo un puente nuevo. O que hubiera una guerra en ciernes para la que urgía financiación. Quizás se hacía necesaria algún tipo de festividad. Entonces se apelaba a los ricos. No sólo se esperaba de ellos que pagaran el evento, sino también que lo llevaran a cabo: supervisarlo era su responsabilidad.

La idea subyacente era que los más acaudalados asumieran los gastos de la ciudad, dado que disfrutaban de una parte desproporcionadamente grande de la riqueza de la comunidad. Ni la ley ni la burocracia obligaba a tales contribuciones, sino la tradición y sentimiento público. La motivación de los liturgos era la beneficencia, un sentido del deber público y, sobre todo, la recompensa en forma de honor y prestigio. Si un encargo era llevado a cabo correctamente, la posición del patrón entre la élite a la que pertenecía, así como entre la gente corriente, se elevaría. Si bien en el periodo inicial de la antigua Grecia sólo los guerreros podían convertirse en héroes, más tarde los liturgos también optaron a dicho estatus actuando en el interés público y por el bienestar de los otros. El resultado fue que muchos comenzaron a donar más de lo que se esperaba de ellos, hasta tres y cuatro veces más, un fenómeno a años luz de la cultura actual de pagar tan poco como sea legalmente posible.

Los Juegos Panatenaicos fueron fundados por ciudadanos pudientes que los donaron a la ciudad, igual que sucedió con el Festival de Teatro de Dioniso. La coregía consistía en seleccionar, financiar y entrenar a equipos y artistas para participar en competiciones atléticas, teatrales o musicales en los muchos festivales religiosos de Atenas. Ser un corego era un honor. Muchos donaban más del mínimo exigido. Compartían tanto los elogios hacia sus atletas como los premios que estos recibían. Se erigían trípodes de bronce y monumentos -muchos de los cuales aún están en pie- en honor al corego que había patrocinado los mejores trabajos.

Muchos edificios de la antigua Grecia fueron también construidos por benefactores que competían por honor. Un ejemplo es el Stoa Poikile, Pórtico Pintado o Pórtico de Pisianacte, en Atenas, donde se enseñaba el estoicismo y se exponían pinturas y botines de guerra. Muchos de los trabajos de la Acrópolis, y es posible que incluso el Partenón, se financiaron mediante la liturgia. Aunque no hay evidencia sólida de esto último, el templo albergaba una escultura de culto criselefantina de Atenea, obra del escultor Fidias -que supervisó la construcción del Partenón-, y que llegó gracias a la liturgia (costó más que el propio templo).

La liturgia más prestigiosa e importante, y la más cara con diferencia, era la marina de guerra, conocida como trierarquía. Los trierarcas tenían que construir, mantener y operar un barco de guerra, un trirremo. Los trirremos representaban la principal fortaleza de la marina de Atenas, y mantenían las líneas comerciales libres de piratas. Dado que Atenas era un centro de comercio (de hecho, las tasas comerciales eran otra fuente de ingresos del gobierno), su papel era esencial. En muchos casos también se esperaba del trierarca que se pusiera al frente del barco, a menos que eligiera dejar la lucha en manos de un especialista pagando una concesión.

En Atenas había entre 300 y 1.200 liturgos, dependiendo de la necesidad (en tiempos de guerra el número aumentaba), y la clase litúrgica se renovaba constantemente. Por lo general los responsables de la liturgia eran voluntarios, aunque en ocasiones los nombraba el Estado. También había liturgias mayores y menores, según el patrimonio del liturgo.

No hay duda de que el sistema se explotaba en beneficio personal, concretamente político. Antes de convertirse en general de Atenas, Pericles dejó huella con la obra de teatro Los persas de Esquilo en Las grandes dionisíacas, una liturgia con la que demostró su espíritu benefactor. Su principal rival político, Cimón, hizo lo mismo, y regaló grandes porciones de su enorme fortuna personal ganándose así el favor del público.

Los liturgos que no querían participar se arriesgaban al escarnio público. Pero también había excepciones, concretamente aquellos con otras liturgias en marcha o que ya habían prestado servicios a la ciudad. Y existía la antidosis. Un liturgo podía argumentar que otro ciudadano era más rico que él y por tanto más capaz de asumir el peso económico de la liturgia. Ese otro ciudadano tenía entonces tres opciones: aceptar la liturgia, someterse a un juicio en el que un jurado dirimiría quién era más rico, o intercambiar patrimonio. Un sistema bastante efectivo para determinar cuán rico era alguien frente a lo que afirmaba serlo.

La belleza del sistema de la liturgia residía en que las obras públicas tendían a financiarse y ser dirigidas por gente con experiencia, más que por un funcionario estatal que se hacía menos responsable. Así toda la comunidad se beneficiaba tanto de la riqueza como de la experiencia personal del liturgo, sin burocracia ni intervención gubernamental. El trabajo tendía a hacerse bien porque este último se jugaba su reputación.

En esta era de los super ricos, quizás es hora de revivir la liturgia. Funcionó para los atenienses y podría funcionar también para nosotros.

Dominic Frisbyn es londinense y escribe sobre Economía. Es autor de ‘Bitcoin:¿el futuro del dinero?'(2014) y ‘Vida después del Estado (2013), así como el coautor de documental ‘Los cuatro jinetes'(2012). Publicado originalmente en Aeon Media. Síguelo en Twitter: @aeonmag

 

10 julio 2017 at 9:13 am Deja un comentario

Comienza la restauración del frontón oeste del Partenón de Atenas

La disputa entre Poseidón y Atenea por el dominio del Ática fue representada en el frontón oeste del Partenón que, como el resto del edificio, quedó muy dañado en 1687

Frontón oeste. Las obras en el frontón oeste del Partenón de Atenas comenzaron el jueves 22 de junio. Foto: Ministry of Culture, Greece

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
28 de junio de 2017

El pasado jueves comenzaron unas obras de restauración en el frontón oeste del Partenón que forman parte de un proyecto más amplio de restauración y conservación de los monumentos de la Acrópolis de Atenas, según informa el Ministerio de Cultura de Grecia, que dispone de un presupuesto de 5 millones de euros para tal fin. El Partenón, el edificio principal de la Acrópolis, representa la esencia de la Grecia clásica: proporción, armonía, sobriedad, belleza y racionalidad.

La disputa entre Poseidón y Atenea por el dominio del Ática, en la cual Atenea hizo brotar un olivo que le dio la victoria, fue representada en el frontón oeste del Partenón que, como el resto del edificio, quedó muy dañado en 1687, cuando la flota veneciana atacó Atenas y un cañonazo voló una parte del mismo. La guarnición turca, por su parte, destrozó grandes cantidades del preciado mármol del monte Pentélico y lo redujo a polvo para hacer cal. El templo fue desmantelado posteriormente por lord Elgin, cuyos agentes retiraron cerca de la mitad de las esculturas que aún conservaba el Partenón. Las obras en el frontón oeste durarán unos dos años y también se llevarán a cabo en el lado norte del templo y en los Propileos y el Erecteión.

Acrópolis de Atenas. Con apenas 150 metros de altura, la Acrópolis es visible desde prácticamente cualquier rincón de Atenas. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

Obras de restauración. Las obras de restauración se prolongarán durante dos años. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

Obras de restauración. Unos operarios durante las obras de restauración. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

28 junio 2017 at 8:16 pm Deja un comentario

Grecia restaurará la Acrópolis de Atenas gracias a la UE

El coste de la obra alcanzará los cinco millones de euros (5,5 millones de dólares) y se sufragará con los fondos de cohesión europeos

El Partenón de Atenas – AFP

Fuente: EFE – ABC
26 de junio de 2017

Desde que en 1983 se creara la Comisión para la Conservación de los Monumentos de Acrópolis, los trabajos de conservación y de restauración del monumento han permanecido ininterrumpidos. Ahora, el Ministerio de Cultura griego ha anunciado el inicio de una nueva fase de restauración y conservación del espacio que durará hasta 2020, con intervenciones en el Partenón, en los Propileos y en las murallas. La obra será financiada con los fondos de cohesión europeos.

El coste de la restauración alcanzará los cinco millones de euros (5,5 millones de dólares) y las acciones más importantes tendrán lugar en la parte occidental del Partenón e incluidos el frontón y las vigas del techo.

La semana pasada fue retirado el montante del tímpano del frontón occidental y el próximo paso será la retirada de tres piedras del tímpano y de otras cinco del muro situado detrás de esta pieza del frontón, que se han roto a causa de la corrosión de las uniones de hierro instaladas en los años 30. Esta intervención concreta durará dos años y ha sido considerada urgente.

Además, serán retiradas las vigas del techo en la parte occidental del monumento para su restauración y se trabajará en las estrías verticales de las columnas del vestíbulo, además de realizarse labores de restauración y conservación en la pared norte del monumento.

En los Propileos -acceso a la Acrópolis- se restaurarán partes que no han sido intervenidas desde hace muchos años. También habrá intervenciones en las partes norte y sureste de la muralla de la Acrópolis.

 

27 junio 2017 at 8:22 am Deja un comentario

La Antigua Grecia en 15 minutos, con Academia Play

Fuente: Canal de academiaplay en Youtube

 

12 junio 2017 at 7:52 pm Deja un comentario

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"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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