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Descubren nuevos datos sobre la extraña enfermedad que avergonzaba a Julio César

Un nuevo estudio ha roto el mito sobre el dictador romano desvelando que sufría de apoplejía, y no de epilepsia

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La muerte de Julio César / WIKIMEDIA

Fuente: ABC     25/05/2015

Fue un general destacado en las Galias que, tras años de leal servicio a Roma, tomó el poder y ejerció como dictador. Sin embargo, no son pocos los textos que afirman que padecía una enfermedad que le provocaba unos extraños ataques de forma periódica. Su pequeño talón de Aquiles. Hasta ahora, esta dolencia había sido considerada como una mera epilepsia en base a los datos encontrados. Sin embargo, dos investigadores del Imperial College de Londres han publicado hace menos de un mes un estudio en el que se afirma que el genio militar que dirigió a las legiones romanas hasta innumerables victorias sufría realmente de apoplejía.

La extraña enfermedad que acompaña al César era, hasta hace poco, un misterio. Y es que, únicamente se sabe que –pocos años de ser asesinado en el año 44 a.C.- este líder contaba con una serie de problemas de salud tales cómo mareos, debilidad de las extremidades, dolores de cabeza, depresión y, finalmente, la que más le avergonzaba: una serie de ataques que hacían que se cayera repentinamente al suelo. Durante siglos, la mayoría de los historiadores han aceptado que se trataba de epilepsia.

No creen lo mismo los doctores Francesco M. Galassi y Hutan Ashrafian quienes, tras reevaluar los síntomas de César y estudiar su historial familiar, han establecido en un artículo publicado en la revista especializada «Ciencias Neurológicas» que –realmente- sufría de pequeños derrames cerebrales que dañaron seriamente su salud. «La teoría de que padecía epilepsia no parece tener bases muy serias. Reexaminando las pruebas cuidadosamente, los síntomas se asemejan más a los de una apoplejía», determinan los expertos en su investigación y recogidas por «Discovery News».

Con todo, estos expertos también determinan que, el problema de este diagnóstico, es que sólo se ha hecho en base a lo que algunos historiadores de la época escribieron sobre César. Y es que –a pesar de que él narró pormenorizadamente sus vivencias en los campos de batalla- nunca hizo referencia a su salud. Así pues, son conscientes de que esta teoría es imposible de demostrar.

Los síntomas

Entre los diferentes síntomas que padecía, el biógrafo romano Gayo Suetonio habló de «desmayos repentinos y pesadillas». El historiador Apiano señaló, por su parte, que sufría convulsiones, mientras que Mestrio Plutarco padecía «moquillo de cabeza y ataques epilépticos». En palabras de este último, César se derrumbó repentinamente en la campa de Córdoba (en el 46 a.C.) y, posteriormente, tuvo que retirarse de la batalla de Thapsus (Túnez) después de que su «enfermedad habitual» hiciese mella en él.

Por tanto, tras analizar nuevamente todos los textos, los expertos han determinado que esta enfermedad se correspondería con pequeños ataques cerebro vasculares, los cuales se producen cuando el cerebro se queda temporalmente sin sangre. A su vez, los investigadores han determinado que su personalidad y sus continuas depresiones podrían haber estado inducidos por esta dolencia. «Todos los síntomas cuadran y son compatibles con la apoplejía», explica Galassi en declaraciones recogidas por el diario «The Guardian».

Como prueba de que padecía realmente esta enfermedad, los investigadores hacen referencia a un curioso texto en el que se afirma que el César permaneció sentado mientras el Senado le hizo entrega de un premio. Plutarco señaló que eso se debía a su enfermedad, que hizo que «se sacudiera, girara, tuviese vértigos e insensibilidad». Estos síntomas, según determinan, nada tienen que ver con la epilepsia. «Esa idea es infundada. Creemos que se parte de la suposición de que la padecía, nuestra teoría es más simple y más lógica», añaden Galassi y Ashrafian.

A su vez, los investigadores han logrado establecer que en su familia había antecedentes de este tipo de dolencias. Así lo demuestra Plinio el Viejo, quien escribió que el padre del emperador y otro de sus familiares fallecieron sin previo aviso mientras se ponían sus zapatos. «Incluso si César participó en un estilo de vida activo y se vio beneficiado de una dieta mediterránea, existe la posibilidad añadida de la predisposición genética», completan en el estudio.

Entonces, ¿por qué se extendió la idea de que sufría epilepsia? Al parecer, porque en aquel momento podría haberse entendido como un signo de posesión divina (y aumentaba la leyenda que afirmaba que mantenía contacto directo con los dioses).

25 mayo 2015 at 9:43 pm Deja un comentario

El pecio Bou Ferrer: un naufragio en la época de Nerón

En 1999, dos buceadores deportivos hallaron los restos de un navío cargado con miles de ánforas hundido en Villajoyosa, en el siglo I d.C.

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Los lingotes de plomo descubiertos en la bodega del Bou Ferrer llevan impresa la leyenda IMP GER AUG, por lo que sólo pueden referirse a un emperador con triunfos en Germania como Calígula, Claudio, Nerón o Domiciano, aunque los investigadores se inclinan por Nerón. También llevan la leyenda CCV, que indica el peso del lingote: 205 libras romanas, que equivalen a 64 kilos cada uno.

Por Carme Mayans. Historiadora. Historia NG nº 136

En la década de 1990, José Bou y Antoine Ferrer, dos buceadores deportivos del Club Náutico de la localidad alicantina de Villajoyosa (La Vila Joiosa), se dedicaban a su afición de buscar barcos pesqueros hundidos en la zona. Una vez localizados, hacían fotografías de los restos de las barcas y de la fauna marina que se asentaba sobre ellas para luego mostrarlas  a los pescadores que tenían curiosidad por saber qué había sido de sus embarcaciones naufragadas.

A finales de 1999, un día en que regresaban de una inmersión que no había dado los resultados esperados, Bou y Ferrer decidieron que podría ser un buen momento para intentar localizar La Barqueta, una embarcación pesquera de madera en desuso que hacía poco había sido hundida intencionadamente en un punto muy cercano del puerto, aunque allí el suelo marino no tenía demasiado atractivo para los buceadores.

Vasijas en aguas turbias

Bou y Ferrer disponían de las coordenadas del hundimiento de La Barqueta, por lo que navegaron hasta el lugar para localizarla mediante una sonda acústica. Una vez fondeados, y cuando se estaban equipando para bajar, un inesperado viento de poniente les arrastró a unos veinte metros de su posición inicial. Los buceadores intentaron levar el ancla, pero al tirar de ella se dieron cuenta de que estaba enganchada y decidieron hacer una inmersión para liberarla.

Cuando hubieron descendido 25 metros, Bou y Ferrer descubrieron que el ancla estaba enganchada en una vasija. Y no una vasija cualquiera, sino que parecía tratarse de un ánfora romana. Los dos amigos realizaron ese día otras tres inmersiones para cerciorarse de su hallazgo y pudieron ver algunas ánforas más. Pero las aguas turbias les impedían la visión más allá de un metro de distancia, por lo que no se dieron cuenta de que en realidad había cientos de recipientes diseminados sobre la estructura de un antiguo navío sorprendentemente bien preservado. Más tarde, cuando las condiciones de visibilidad mejoraron, los dos buceadores volvieron a la zona armados con una cámara y pudieron tomar fotografías del fondo marino y de los espectaculares restos arqueológicos que se conservaban allí.

Huellas de saqueo

En abril del año 2000, Bou y Ferrer comunicaron su descubrimiento al Museo Municipal de Villajoyosa y entregaron las fotografías que habían realizado. El museo informó al Centro de Arqueología Subacuática de la Comunidad Valenciana, que tomó cartas en el asunto y en enero de 2001 encargó a los arqueólogos Carlos de Juan y Gustavo Vivar que acudiesen al enclave con los descubridores. Tras varios intentos fallidos localizaron el yacimiento, pero cuando Bou y Ferrer se sumergieron vieron enseguida que no se hallaba en el mismo estado. Sin duda, se había difundido la voz del hallazgo y en los meses anteriores otros buceadores habían sustraído gran número de ánforas. Los arqueólogos, alarmados, cobraron conciencia de que si no se ponía freno al expolio el yacimiento desaparecería en poco tiempo.

Fue así como en mayo de 2001 se puso en marcha un proyecto de protección que preveía la colocación de una estructura sobre el cargamento de ánforas. En 2006, un equipo dirigido por Carlos de Juan y Franca Cibecchini –con financiación de la Dirección General de Cultura de la Generalitat Valenciana, la Universidad de Alicante, el Vila Museu y el Club Náutico de Villajoyosa– emprendió las excavaciones en el pecio, que recibió el nombre de sus descubridores: Bou Ferrer. Los arqueólogos constataron que se trataba de una nave romana de unos treinta metros de eslora, lo que la convertía en el mayor barco romano en excavación de todo el Mediterráneo. El navío llevaba un enorme cargamento de ánforas, de las que hasta la fecha se han localizado unas tres mil. Cada una contenía 40 kilos de salsa de pescado elaborada con boquerón, caballa y jurel.

Travesía peligrosa

Las ánforas fueron colocadas en la bodega del navío entre sarmientos de vid para su protección durante el transporte. A ambos lados de la sobrequilla se localizaron doce lingotes de plomo de sierra Morena, de 64 kilos cada uno, con la contramarca «Emperador Germánico Augusto», por lo que los arqueólogos han podido datar el pecio en el siglo I d.C. También la madera del barco se hallaba en un excelente estado de conservación, lo que ha permitido estudiar su técnica constructiva. En un estudio publicado en 2014 se llegó a la conclusión de que el navío se construyó en algún astillero de la zona de Neápolis (la actual Nápoles).

Es posible incluso reconstruir de modo bastante fiable la historia del naufragio del Bou Ferrer. El navío zarpó a mediados del siglo I de algún puerto cerca de Cádiz, con destino posiblemente a Roma o Narbona, con su valioso cargamento de ánforas y lingotes. Tal vez en su tránsito hacia las Baleares tuvo problemas y, en un intento por salvarse, la tripulación hizo una maniobra de aproximación a la costa a favor del viento. Pero la tentativa resultó fallida y el pesado barco mercante romano naufragó a escasos mil metros de la costa, donde ha yacido imperturbado durante casi dos milenios.

Para saber más

facebook Pecio Bou Ferrer
Categoría: Organization
Website: https://twitter.com/bouferrer

21 mayo 2015 at 8:36 am Deja un comentario

El Teatro Romano de Cádiz reabre al público tras cinco años de obras

Escolares gaditanos han tenido hoy la suerte de ser los primeros visitantes del Centro de Interpretación del Teatro Romano de Cádiz, que permitirá asomarse de manera real y virtual a este espacio escénico, considerado el segundo más grande del mundo y que llevaba cinco años cerrado por obras.

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Interior del Centro de Interpretación del Teatro Romano de Cádiz. EFE/Archivo

Fuente: EFE  |  YAHOO Noticias

Cádiz, 20 may.- La apertura al público, el próximo 27 de mayo, del Centro de Interpretación del Teatro Romano de Cádiz no permitirá, de momento, pisar sus suelos, pero sí asomarse a sus gradas desde unas grandes ventanas y recorrer su historia y su significado a través de restos arqueológicos hallados en las excavaciones, grabados, maquetas y un vídeo que recrea cómo fue este recinto escénico.

Mientras se abren las cinco salas que conforman este Centro de Interpretación, los arqueólogos continúan los trabajos que permitirán en breve abrir el acceso desde su interior a los vomitorios y la base de sus gradas.

Pero en tanto llega ese momento, Cádiz, cuyo subsuelo está salpicado de vestigios de sus más tres de tres mil años de historia, puede celebrar ya la puesta en valor de su Teatro Romano, seguramente el buque insignia de los numerosos restos arqueológicos hallados y por hallar en la ciudad más antigua de Occidente.

El Teatro Romano de Cádiz, el segundo de mayor tamaño de Occidente tras el de Pompeyo en Roma, fue construido en el siglo I antes de Cristo por encargo de Lucio Balbo el Menor, de una rica familia gaditana y cuyo tío, Lucio Cornelio Balbo Mayor, fue amigo de Pompeyo y César.

La ciudad era entonces un rico enclave comercial, que en la época romana amplió mucho su extensión y lo hizo al estilo de la capital del imperio e incluyendo edificios e infraestructuras como este teatro, que, según las referencias, tuvo 500 asientos.

El Teatro Romano de Cádiz fue abandonado en las postrimerías del siglo III y sobre sus restos se asentó durante las siguientes centurias el núcleo de la ciudad medieval, conocido hoy como barrio del Pópulo.

Por eso sus restos estuvieron ocultos hasta que en 1980 una parte salió a la luz tras un incendio.

Las excavaciones y las visitas al recinto convivieron hasta que en 2010 se cerraron para hacer unas obras de emergencia y consolidación muy delicadas, ya que los trabajos arqueológicos se realizan debajo de viviendas habitadas.

Además de las complicaciones técnicas, las obras de consolidación, que han contado con un presupuesto de 1.800.000 euros, han sufrido en los últimos años algún retraso por problemas de financiación.

Pero ahora, en apenas unas semanas, ya podrá ser disfrutado desde el colindante Centro de Interpretación, mientras continúan las excavaciones que permitirán en breve, según los técnicos, caminar por un vomitorio y pisar la base de la grada y en un futuro quizá abrir su escenario a funciones.

El Teatro Romano de Cádiz recibió el último año antes de su cierre, en el 2009, 103.000 visitas.

La ciudad no ha dejado de reclamar a la Junta de Andalucía en este tiempo la apertura de este espacio, para poder ofrecer a los turistas uno de los mayores vestigios de su historia.

21 mayo 2015 at 8:16 am Deja un comentario

Griegas de bote

La muestra ‘Serial classic’ en la Fundación Prada de Milán desnuda el gran malentendido del arte clásico: las piezas que veneramos como originales son casi siempre réplicas de las piezas originales

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Exposición en la Fundación Prada de Milán

Fuente: MÒNICA BERNABÉ  >  Milán   |  EL MUNDO    20/05/2015

La famosa escultura de un atleta que se dispone a lanzar un disco, el ‘Discóbolo’ que se puede ver en el Museo Vaticano, es un plagio. Y también la bella ‘Venus agachada’, que se exhibe en el Museo del Louvre, en París. O incluso el esbelto ‘Satiro versante’, expuesto en el Museo Británico de Londres. Todas las obras son copias del original griego, del que no queda absolutamente nada o simples añicos.

La Fundación Prada inauguró hace dos semanas en Milán una insólita exposición, ‘Serial classic’, en la que por primera vez se pone en evidencia que muchas esculturas romanas que se conservan en la actualidad y que tanto causan nuestra admiración son sólo imitaciones de la obra original griega de bronce. La muestra se exhibe en la impresionante nueva sede de la Fundación Prada en el sur de Milán: una antigua destilería que se ha rehabilitado como un innovador espacio expositivo con una superficie total 19.000 metros cuadrados, y que con ‘Serial classic’ abrió sus puertas.

Para demostrar que las esculturas romanas son plagios, en la exposición comisariada por Salvatore Settis y Anna Anguissola, se exhiben las diversas copias de mármol que existen en la actualidad de una misma obra y que se esculpieron a semejanza de la escultura original griega.

Por ejemplo, se exponen hasta seis ejemplares de la ‘Venus agachada‘, la mayoría esculpidos entre el siglo I y II después de Cristo y que en la actualidad se encuentran expuestos en museos tan diversos como el Louvre, el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles o el Museo Nacional Romano en la capital italiana. De la misma manera también se pueden apreciar cuatro copias del ‘Satiro versante’, que datan todas de final del siglo I d.C. y fueron descubiertas juntas, pero que ahora también están dispersas en diferentes museos.

O aún más singular es el caso del ‘Discóbolo’. En la Fundación Prada se puede ver la famosa escultura, ahora patrimonio del Museo Vaticano, pero también fragmentos de otras copias que existieron -un torso, dos cabezas, un brazo, una mano…-, y un ejemplar del siglo I d.C. que se encuentra en el Museo Capitolino de Roma, pero que fue restaurado erróneamente como un guerrero herido, medio encorvado y con un puñal en la mano, en vez de un disco.

“Lo que no hay ninguna duda es el gusto de los romanos por las series“, destaca Salvatore Settis, es decir, por esculpir diversas copias en mármol de una misma escultura griega original de bronce. En la exposición se pueden ver hasta una quincena de series de obras conocidas. Y no sólo eso.

A los romanos también les fascinaba pintar con diversos colores las esculturas de mármol para así conferirles mayor apariencia humana. La Fundación Prada también presenta en su sede milanesa una copia del ‘Apolo de Kassel’, realizada en yeso en 1991 y coloreada como lo habrían hecho los romanos. Parece un maniquí, más que una escultura tradicional romana.

Las obras de mármol que se conservan en la actualidad son de color blanco, no porque no las pintaran, sino simplemente porque su color se ha ido perdiendo a lo largo de los siglos, de la misma manera que las obras originales griegas desparecieron. En la muestra también se pueden ver algunos de los pequeñísimos fragmentos de bronce de esas esculturas originales, que se preservan en el Museo Arqueológico de Olimpia, y datan del siglo V a.C.

Tal vez el colmo del plagio es la ‘Cariátide’. La escultura original se encuentra en la Acrópolis de Atenas, pero existen decenas de copias en todo el mundo. Sin ir más lejos, la ‘Cariátide’ sirve de columna en las sedes del Banco de España, el Instituto Cervantes y el Ministerio de Agricultura en Madrid.

20 mayo 2015 at 1:50 pm Deja un comentario

El Puerto de Trajano, ‘hub’ de la antigüedad, abre al público

Construido en el siglo II, fue el centro principal de comunicaciones del imperio

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Fuente: CARMEN DEL VANDO > Roma  |  EL MUNDO    20/05/2015

Tras varios años de cierre al público, ya se puede acceder al sitio arqueológico del antiguo Puerto Romano de Trajano, que los visitantes recorrerán acompañados por los alumnos de las escuelas de la vecina localidad de Fiumicino, que se han preparado en la historia de este antiguo hub, un destino puerta de enlace entre varias rutas de la antigüedad. Hace ya dos milenios, el Puerto de Trajano era el centro de articulación de las comunicaciones, algo así como el aeropuerto internacional de Fiumicino, del que dista sólo un par de kms. De hecho, acogía a los grandes navíos que, procedentes de todo el mundo, descargaban las mercancías destinadas a Roma, capital del imperio, y tras ser distribuídas en pequeñas embarcaciones remontaban las aguas del río Tíber.

Durante la República, el sistema portuario estaba constituido por los puertos marítimos de Ostia, en la desembocadura del Tíber, y de Pozzuoli

En el siglo II a.C., durante la República, el sistema portuario utilizado por Roma estaba constituido por los puertos marítimos de Ostia, en la desembocadura del Tíber, y de Pozzuoli (la antigua Puteoli) en el golfo de Nápoles, además del puerto fluvial dentro de la ciudad (el emporium) realizado en la orilla izquierda del Tíber en el actual barrio de Testaccio.

El intenso crecimiento demográfico de Roma, registrado entre finales de la edad republicana y la primera edad imperial (I sec. a.C./ I sec. d.C.), que acarreaba los consecuentes problemas de aprovisionamiento de la ciudad, evidenció los límites logísticos del sistema portuario republicano debidos a la insuficiente capacidad del cercano puerto de Ostia y a la excesiva lejanía del de Pozzuoli.

Las infraestructuras de Claudio

La situación se demostró de tal gravedad que indujo al emperador Claudio a ordenar construir, a partir del 42 d.C., un nuevo embarcadero marítimo a 3 kms de Ostia. El proyecto de Claudio comprendía la realización de un gran puerto con una superficie de 200 hectáreas aproximadamente y de algunos canales para contener las crecidas del Tíber y para conectarlo con el nuevo sistema portuario. Mas, este gran puerto se reveló en breve tiempo poco seguro contra las tempestades y con tendencia a enarenarse…Y así, en menos de medio siglo, el emperador Trajano (Itálica, 53 d.C. – Selinunte 117), a inicios del II siglo ordenó un nuevo proyecto, un puerto adyacente, excavando una cuenca interior exagonal de unas 32 hectáreas, unido al de Claudio (aún utilizado como una rada exterior) a través de un amplio canal y abriendo al sureste del nuevo puerto otro canal que mejoraba la conexión con el Tíber.

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El sitio arqueológico del Puerto de Trajano, parejo en sus tiempos al de Alejandría de Egipto, está formado por dos contextos cercanos pero bien distintos; por una parte, con los restos de los muelles de Claudio, con sus relativas estructuras, y el Museo de los Barcos Romanos, contiguos al aeropuerto de Fiumicino, y, por otra, con el Puerto de Trajano, cuya estructura original sigue ofreciendo una buena lectura para su memoria. El área del Puerto de Trajano, con los primeros restos arqueológicos que se remontan a los principados de Claudio y de Nerón, forma el parque estatal del Puerto de Trajano, con acceso por la carretera Portuense en las cercanías de Roma.

Italia recuperó para el patrimonio público en los años 90 las 32 hectáreas (con exclusión de la cuenca exagonal que sigue siendo de propiedad privada), la parte principal de la mayor infrastructura portuaria del mundo romano antiguo unida a un importante patrimonio naturalístico, una reserva de biodiversidad caracterizada de más de 2.300 árboles de altos troncos, algunos centenarios, que enriquecen el excepcional paisaje arqueológico.

Bajo Trajano en Roma (cuando alcanza 1 millón y medio de habitantes) además de llevarse a cabo las restauraciones del Circo Máximo y del templo de Venus, se construyeron un nuevo teatro y un odeón de incierta colocación, un nuevo acueducto que del lago de Bracciano transportaba agua a la XIV región urbana de Trastévere, las grandiosas termas cuyos restos aparecen en la colina Oppia y, de más importancia aún, el centro monumental del Foro Trajano con la columna de franjas historiadas , que narran las secuencias de las dos guerras dacias en el año 113, además de otras obras esparcidas en Italia y en las provincias, como la ya descrita: el urgente remedio a las insuficiencias del puerto ostiense de Claudio.

Ahora y hasta el 21 de junio (los sábados y los domingos) el público puede descubrir este prodigio de ingeniería, atribuido a Apolodoro de Damasco, titulado ‘Área Arquelógica de los puertos imperiales de Claudio y Trajano’.

En la Terminal 3 del aeropuerto Leonardo da Vinci (Fiumicino) se ha instalado un centro de información dedicado a los puertos imperiales de Claudio y Trajano. Y en los días de apertura del sitio arqueológico un sistema de autobuses transporta a los visitantes a este parque arqueológico directamente desde el aeropuerto de Fiumicino.

20 mayo 2015 at 1:36 pm Deja un comentario

Cleopatra, reina de El Canal

La controvertida vida, personalidad e imagen de Cleopatra serán protagonistas de la próxima exposición en el Centro Arte Canal en Madrid

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Fuente: MARTA PALACIO  |  LA RAZÓN    18/05/2015

Para algunos historiadores fue una «devora-hombres» para otros poco más que una «prostituta»; se la ha descrito como «astuta», «cruel», «seductora» y «ambiciosa», pero lo cierto es que poco o nada se sabe de su aspecto, y de su historia tampoco se conoce bien dónde acaba la mujer y empieza el mito. Los misterios y leyendas de Cleopatra VII, la última reina y la más famosa del Antiguo Egipto –vivió hasta el año 30 antes de Cristo– protagonizarán la próxima exposición del Centro Arte Canal, una muestra que tiene previsto abrir sus puertas el 30 de noviembre y cerrarlas el 8 de mayo de 2016 y que el Centro ya ha comenzado a preparar.

A pesar de que su apasionante historia ha sido llevada a más de 200 obras de teatro, óperas, ballets, obras literarias y conocidas películas, en las que se ha retratado a una atractiva «reina del Nilo», lo cierto es que a penas hay referencias arqueológicas sobre su aspecto físico, ya que muchas de las piezas que podrían haber servido para conocer sus rasgos han sido destruidas. Es más, algunos estudiosos han puesto en duda la belleza que hasta ahora se le había atribuido –entre otras cosas porque se casó cuatro veces con algunos de los hombres más poderosos de su tiempo– y han señalado inlcuso que su atractivo estaba más en sus modales seductores y en su inteligencia que en su aspecto físico, al que le atribuyen una nariz prominente, baja estatura y sobrepeso.

Después de la buena acogida del recorrido por la vida y conquistas de Hernán Cortés, el Canal de Isabel II vuelve a apostar por un personaje histórico de la talla de Cleopatra para la exposición de su Centro situado en el 214 del Paseo de la Castellana. La muestra será una oportunidad para acercarse a una de las reinas con más poder de la historia. Supo moverse con astucia en un mundo de hombres, como esposa de Julio César y de Marco Antonio, junto a cual dice la leyenda que se suicidó después de que el ejército romano de Octavio le derrotara en Alejandría y no sin antes intentar conquistar –esta vez sin éxito– el corazón del asesino de su amado. Antes de acabar sometida y esclava del reino del que había sido soberana, la reina del Nilo decidió entonces terminar con su vida, según dice la leyenda, dejándose morder por una víbora áspid. Dicen sus biógrafos que mandó ser enterrada junto al general Marco Antonio y los últimos hallazgos de la abogada dominicana Kathleen Martínez, sitúan su enterramiento en el templo de Taposiris Magna, en los alrededores de Alejandría. De su tumba no sólo se espera hallar los cuerpos de los dos amantes y despejar así algunas dudas sobre su aspecto; debido al poder que amasó la faraona se prevé que su sepultura esté decorada con algunos de sus bienes más preciados que además ofrezcan datos sobre su controvertida historia. Cleopatra hablaba nueve lenguas y, según cuenta la historia, con una voz embriagadora con la que consiguió llegar hasta el corazón de Roma para convertirla en su mejor aliada para reinar en Egipto. Pero para llegar hasta Julio Cesar y Marco Antonio, antes tuvo que casarse con dos de sus hermanos –una costumbre habitual en la época– a los que luego no dudó matar para hacerse, a los 18 años, con el trono egipcio de forma absoluta; una historia que lleva 20 siglos atrayendo a las distintas generaciones.

El mito de Cleopatra sustituirá a las joyas con las que el Centro Arte Canal ha repasado desde el pasado diciembre la leyenda de Hernán Cortés, la duodécima muestra del antiguo depósito de agua de Plaza de Castilla que cerró sus puertas el pasado 3 de mayo.

Ni el famoso conquistador ni la reina del Nilo son los primeros personajes históricos que conquistan el Canal, cuyas instalaciones ha acogido muestras sobre otros personajes de leyenda como Alejandro Magno o Leonardo Da Vinci. En sus más de 2.000 metros cuadrados, el Centro de exposiciones, que se estrenó en 2004 con «Guerreros de Xi’án», acoge cada año muestras que llegan a lo más alto del ranking de las más visitadas. En estos once años han destacado «Pompeya, catástrofe bajo el Vesubio»; «Star Wars. The Exhibition», «Roma Senatus Populus Que Romanus» o «Fernando Alonso Collection».

18 mayo 2015 at 5:47 pm Deja un comentario

Palmira, el imperio de Zenobia

  • Los yihadistas del Estado Islámico iniciaron la semana pasada una ofensiva contra la ciudad de Tadmor, que alberga los restos arqueológicos de Palmira (siglo III)
  • Se trata de los últimos vestigios de un imperio que, pese a su fugacidad, plantó cara a romanos y persas y extendió su autoridad desde Asia Menor hasta Egipto

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Vista aérea de las ruinas de Palmira (Homs), joya arqueológica amenazada por el Estado Islámico.

Fuente: MIGUEL ÁNGEL NOVILLO  > Historiador  |  EL MUNDO      18/05/2015

Situada en los confines del desierto sirio, en la moderna provincia de Homs, la ciudad nabatea de Palmira se transformó en provincia romana en el siglo I. Punto geoestratégico rico en recursos naturales y fronterizo con Roma y Persia, la ‘perla del desierto’ era parada obligatoria de las rutas caravaneras. A mediados del siglo III, en una fecha que las fuentes no han podido precisar, se produjo el nacimiento de Septimia Bathzabbai Zainib, más conocida como Zenobia -se acepta la fecha de 245 como la de su nacimiento-. Su madre fue una esclava egipcia y su padre un gobernador romano de la ciudad, Julio Aurelio Zenobio, pero quedó huérfana a muy temprana edad.

Cabeza idealizada de mujer (Zenobia), copia del s. XVI de un dibujo de Miguel Ángel

Cabeza idealizada de mujer (Zenobia), copia del s. XVI de un dibujo de Miguel Ángel

Hacia 258 contrajo matrimonio con el príncipe Septimio Odenato de Palmira, cliente de Roma, quien ya era padre de un hijo de un matrimonio anterior, Septimio Herodes, y quien ese mismo año fue nombrado por el emperador Valeriano (253-260) cónsul de Roma. Fue la recompensa por sus campañas triunfales contra el ejército persa y por su preciosa ayuda para extender las fronteras del Imperio hasta Mesopotamia. En 266, la pareja real engendró a Lucius Iulius Aurelio Septimio Vaballathus Atenodoro, conocido popularmente como Vabalato. Un año más tarde, y con objeto de vengarse de un castigo, Meonio, sobrino de Odenato, asesinaba a su tío y a Septimio Herodes.

Fue a partir de ese momento cuando Zenobia tomó sin ningún titubeo la dirección del reino, en calidad de corregente, a la espera de que su hijo alcanzara la edad para poder reinar. Tanto a Zenobia como a Vabalato les fueron concedidos los títulos honoríficos de augusta y augusto. Bajo su potestad quedaban Palmira y los territorios recientemente conquistados en Oriente, desde el Éufrates hasta Bitinia. Muy pronto, Meonio fue capturado y sacrificado a los dioses en memoria del difunto rey.

La reina del desierto se ganó muy fácilmente el respeto y el apoyo de sus súbditos. Dotada de una excelente astucia política y de una excepcional capacidad de persuasión, fue una extraordinaria estadista con una amplísima cultura. En este sentido, supo rodearse de eminentes consejeros, entre los que destacaron Apolonio de Tiana o el célebre filósofo neoplatónico Casio Longino.

Política expansiva

Si bien su reinado fue muy fugaz, de 267 a 272, consiguió dotar a Palmira, que por aquel entonces superaba los 150.000 habitantes, de un esplendor hasta entonces desconocido mediante su fortificación (las murallas que rodeaban la ciudad contaban con más de 21 km. de circunferencia) y la puesta en marcha de una extraordinaria política edilicia. Aún hoy podemos contemplar las majestuosas ruinas de las columnas corintias de más de 15 metros de altura de su vía principal, de templos como el del Sol, de monumentos y edificios como el teatro, o de los jardines y las estatuas de héroes y benefactores.

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Pero la soberana de Palmira no solo se limitó a embellecer su reino, sino que también dirigió una imponente política expansiva. Por aquel entonces, Roma se encontraba sumida en un auténtico caos: sus fronteras comenzaban a verse progresivamente amenazadas y las tentativas de usurpación por parte de los viri militares eran constantes. Tras la muerte del emperador Galieno (260-268) en 268, y viendo que su sucesor, Claudio el Gótico (268-270), tenía que dedicar todos sus esfuerzos a frenar una invasión goda, Zenobia sublevó al reino de Palmira e intentó crear su propio imperio, con el propósito a su vez de dominar a los dos imperios -el romano y el sasánida- que rodeaban su territorio.

La política expansionista de Zenobia contemplaba la conquista de Egipto, la provincia más rica de las sometidas a Roma, alegando que era heredera de la dinastía de los Ptolomeos -en este sentido, se consideraba descendiente directa de Cleopatra VII Philopator, a la que admiraba y con la que muy frecuentemente se la comparaba-. En 269, los ejércitos de la reina de Palmira lograron la conquista de Egipto con la ayuda de su aliado egipcio Timagenes. El prefecto romano de Egipto, Probo, trató de evitar la derrota, pero los efectivos militares de la reina lograron capturarlo y decapitarlo.

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Zenobia se proclamó reina de Egipto y acuñó monedas con su nombre. A partir de ese momento sus dominios se extendieron desde el Nilo hasta el Éufrates. Además, desde ese instante Palmira ya no estaría subordinada a Roma, sino que, en realidad, todas las provincias orientales girarían en torno a ella. El nuevo panorama pondría en jaque tanto a romanos como a sasánidas.

Reconquista romana

Ante el desinterés de Roma por los territorios de Oriente, la ambiciosa soberana emprendió expediciones con su gran ejército logrando la conquista de Anatolia hasta Ancira y Calcedonia, y a continuación Siria, Palestina y el Líbano. Todas estas conquistas trajeron consigo el control de numerosas rutas comerciales de vital importancia para Roma. Vabalato, reconocido por Roma solo con el mismo título que su padre, corrector totius orientis, tomó la decisión de transformarse en rey de Palmira y de otros muchos territorios romanos. De este modo, Roma encontró el pretexto para intervenir de nuevo en Oriente, si bien la situación que se vivía en los Balcanes y en Italia impidió a Claudio el Gótico llevar a cabo la proyectada campaña oriental.

En 270, Lucio Domicio Aureliano, proclamado emperador por las legiones del Danubio, asumió la dirección del Imperio, estabilizando en poco tiempo la frontera del Danubio y poniendo orden en las distintas zonas que se encontraban en conflicto. De este modo, no solo consiguió poner punto y final a la guerra gótica de su antecesor con una victoria contra los alamanes y el rechazo de una invasión bárbara en el norte de Italia, sino que restauró el dominio de Roma sobre la Galia, Britania e Hispania, territorios que aún se encontraban bajo el control del usurpador Tétrico.

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La reina Zenobia dirigiendo a sus soldados. Su hijo Vabalato aparece a sus pies (G. B. Tiepolo, 1730).

La respuesta de Aureliano para frenar los avances de Zenobia no se hizo esperar. Inició una campaña militar contra Egipto provocando el retroceso de sus fuerzas hasta Siria. La reina de Palmira sería despojada progresivamente de sus posesiones territoriales, perdiendo aliados a medida que las legiones romanas proseguían su avance. Pese a contar con un instruido y aguerrido ejército de arqueros y catafractos (caballería pesada en la que tanto el jinete como el caballo estaban dotados de armaduras), nada pudo hacer para evitar la pérdida de Egipto.

La derrota decisiva de Zenobia se produjo en la ciudad de Emesa, la actual Homs. Si bien logro huir, fue capturada junto con su hijo en las proximidades del río Éufrates cuando intentaba llegar al reino persa para solicitar asilo al rey Chapur. Gracias a los jefes árabes del desierto, que la reina había anteriormente desdeñado, Aureliano logró acabar con la resistencia de Palmira.

Símbolo de la resistencia

A la par que la ciudad era asediada por decisión del emperador, según Trebelio Polión, uno de los autores de la Historia Augusta y biógrafo de la reina del desierto, Zenobia fue traslada a Roma en calidad de prisionera para ser exhibida junto al usurpador Tétrico durante el desfile triunfal que Aureliano celebraría en 274. Marcharía con su diadema imperial y con sus joyas, arrastrando unas pesadas cadenas de oro y diamantes que dos esclavos le ayudarían a sostener.

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Zenobia desfila encadenada durante el paseo triunfal de Aureliano en Roma, en el año 274 (G. B. Tiepolo, ).

Si bien se desconoce el destino final de Zenobia, probablemente recibió el perdón de Aureliano, que quedó profundamente prendado de ella, terminando sus días en una mansión de Tívoli, cerca de la villa Adriana, donde vivió, rodeada de lujo, como una filósofa de la alta sociedad romana. Según el historiador griego Zósimo, fue objeto de un largo juicio en Emesa; otros refieren que murió poco después de llegar a Roma, bien por enfermedad o por decapitación, o que contrajo matrimonio con un rico senador romano. Algunas inscripciones señalan que su descendencia permaneció entre las familias nobles romanas. Sea cual fuese su final, Zenobia personifica para muchos el símbolo de la diversidad y de la resistencia nativa frente a la opresión de Roma, aunque hay quienes opinan que la reina hizo tan suyo ese imperio que al final ansió poseerlo.

La belleza, la astucia y la inteligencia de Zenobia llevarían a los historiadores y artistas del siglo XIX a forjar una imagen idealizada de la mujer que puso contra las cuerdas a Roma. Fue realmente culta (dominaba el árabe, el arameo, el griego y el copto), fomentó las artes, fue tolerante en materia religiosa y destacó como hábil estadista y política. Entre sus colaboradores sobresalió Pablo de Samosata, uno de los más importantes teólogos de la época, que hizo carrera como protegido de la soberana. Zenobia apoyó una versión más judaizante del cristianismo que pudiera imponerse al cristianismo romanizado imperante en aquel momento. Las doctrinas de Pablo de Samosata fueron desarrolladas por su discípulo Arrio, fundador del arrianismo, que tanto arraigó con los visigodos en la península ibérica y que fue tildado de hereje por la Iglesia de Roma.

Aunque fuera derrotada y humillada, Zenobia se convirtió en un ideal femenino lleno de coraje, belleza, fortaleza e inteligencia, a la que le faltó poco para convertir a Palmira en la capital de un gran Estado oriental, o lo que es lo mismo, en una Roma del desierto.

18 mayo 2015 at 2:05 pm 1 comentario

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