Posts filed under ‘cultura clásica’

“Troya: historia y mito”, con Academia Play

En la mitología griega, la guerra de Troya fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya (también llamada Ilión y ubicada en Asia Menor) y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto (o fuga) de Helena de Esparta por el príncipe Paris de Troya.

Fuente: Canal de Academia Play en Youtube

 

Anuncios

18 julio 2018 at 9:34 pm Deja un comentario

Pompeya y Herculano se visten de arte contemporáneo

La artista alemana Catrin Huber reinterpreta e interviene los dos sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO con murales y objetos de diseño actual

Criptopórtico intervenido en Pompeya / UNIVERSIDAD DE NEWCASTLE

Fuente: SOFÍA MERINO L. – Madrid  |  EL PAÍS
17 de julio de 2018

Catrin Huber encontró su pasión por las ruinas romanas desde que en 2008 tuvo la oportunidad como estudiante de visitar frecuentemente Nápoles. La originalidad de las pinturas, además de los avances en arquitectura en cuanto a la perspectiva, la conquistaron profundamente. Y entonces comenzó a crear espacios ficticios en los que combinaba estas características con rasgos contemporáneos. Con ellas expuso en lugares como Hatton Gallery de Londres. Pero todo ese trabajo no le bastó, sentía que solo estaba haciendo un repaso superficial, cuando lo que necesitaba era profundizar y sumergirse en ese mundo.

Catrin Huber en su exposición de Herculano / UNIVERSIDAD DE NEWCASTLE

Traducir el pasado en el presente se convirtió en su objetivo y para eso intervino dos espacios característicos de las ruinas romanas: la Casa del Bel Cortile en Herculano y la Casa del Criptopórtico en Pompeya. “La riqueza histórica y las particularidades arquitectónicas de estos dos lugares, los hacían perfectos para nuestra idea”, explica la artista. El proyecto tomó por nombre Expanded Interiors y consistió en crear diseños digitales y réplicas de objetos romanos que se expondrían allí mismo. Huber, quien además es profesora del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Newcastle, reunió a un equipo de expertos en arqueología, tecnología digital y arte contemporáneo de la misma universidad con quienes trabajó durante tres años.

El primer paso fue investigar sobre estas ciudades que quedaron enterradas bajo toneladas de ceniza y piedra pómez cuando estalló el Monte Vesubio en el año 79 d.C. La relación entre la pintura y los espacios en el mundo romano (muros y objetos) fue el foco de atención. La razón es que para Huber, “los objetos mismos son testigos poderosos de la historia del sitio y nos confrontan con nuestra propia vulnerabilidad”. La siguiente etapa fue reinterpretar de un modo contemporáneo, escanear los lugares en 3D para coger las medidas justas, diseñar e imprimir.

Dos exposiciones a la vez

De Herculano poco se sabe debido a la profundidad que quedó sepultada después de la erupción volcánica. Dice la leyenda que el mismo Hércules fue quien la fundó. Aquí se encuentra la Casa del Bel Cortile, cuya excepcional y larga sala de recepción la hace particular. El 17 de mayo, la artista alemana abrió aquí la primera de sus intervenciones. El foco estuvo en la reproducción en objetos e imágenes de extraños artefactos que allí se han encontrado, además de figuras y caras humanas (particularmente estatuillas femeninas). Para el diseño de todas estas réplicas, Huber estudió con especial atención la etapa previa y posterior de la erupción. En la exhibición también se encuentran textos que explican la historia y el contexto del sitio, como por ejemplo que fue el hogar de un Antiquarium (pequeño museo) inaugurado en 1956 por Amedeo Maiuri, arqueólogo y director del sitio en ese momento.

Murales de la artista en Pompeya / UNIVERSIDAD DE NEWCASTLE

La inauguración de la segunda intervención fue el 14 de julio en la Casa del Criptopórtico en Pompeya. Este sitio ha tomado ese nombre por tener uno de los pocos cryptoporticus, pasadizo subterráneo que conecta con una sala de estar (cuyas paredes originalmente estaban decoradas por una serie de escenas inspiradas en la Ilíada de Homero) y cuatro baños termales, que aún no se sabe si eran semi o completamente privados. También fueron pintadas con exquisitas imágenes escénicas. Algunas de ellas han sido recientemente restauradas.

La importancia de estos murales es que responden a las distintas funciones de cada sala, lo que le permitió a la creativa alemana estudiar y responder a diferentes tipos de pinturas. Por eso, las dos exposiciones que realizó aquí se centraron justamente en ello. La primera está compuesta por paneles pintados que van yuxtapuestos al friso romano, además de réplicas de objetos romanos cotidianos como lámparas de aceites y ollas faciales. En la segunda instalación relacionada con los peculiares baños, también destacan pinturas contemporáneas. Huber trasladó la irregularidad y el ritmo que seguía la arquitectura romana a estos paneles cuyos rojos, celestes, amarillos y morados intensos impactan al replicar el efecto de perspectiva de antaño en un plano completamente vanguardista. “Ser conscientes de la importancia que tienen las pinturas murales y los objetos romanos en la práctica contemporánea de las bellas artes era el objetivo final y creo que se cumplió”, añade la artista.

Ambas exposiciones pretenden ser muy diferentes, pero, como las dos exploran la relación entre la decoración de la pared y los objetos, se complementan. La recomendación de la artista es que se visiten en conjunto. Hasta enero de 2019 estarán disponibles.

 

17 julio 2018 at 7:32 pm Deja un comentario

Bayas, la ciudad sumergida en el golfo de Nápoles

Unas fotografías aéreas descubrieron frente a Bayas (Italia) los restos, cubiertos por el mar, de un ninfeo y dos lujosas villas romanas

Estatua sumergida
Un arqueólogo submarino observa una de las estatuas sumergidas que en su día adornaron la villa de los Pisones, en la localidad costera de Bayas.

FOTO: Antonio Busiello

Fuente: Rubén Montoya  |  National Geographic
17 de julio de 2018

En la década de 1940, unas fotografías aéreas realizadas por el piloto Raimondo Baucher en el golfo de Pozzuoli, 23 kilómetros al norte de Nápoles, revelaron un amplio conjunto de estructuras ocultas en el fondo del mar. Las imágenes crearon gran expectación y llamaron la atención de aficionados y estudiosos, siempre atentos a nuevos hallazgos arqueológicos en un área muy próxima a los célebres yacimientos de Pompeya y Herculano, perfectamente conservados gracias a la erupción del Vesubio del año 79 d.C.

Pronto se comprobó que esta erupción no fue la única que propició milagros arqueológicos en la región. Desde principios de la Edad Media, un proceso denominado bradisismo, característico del área volcánica vesubiana, había hundido en el mar gran parte de la costa entre Pozzuoli (la antigua Puteoli) y Cumas, y con ella un conjunto de lujosas construcciones romanas que la arqueología podía ahora rescatar. Los restos detectados en las fotografías se encontraban en el pequeño golfo que se extiende ante Bayas, la antigua Baiae. Este lugar era ya conocido por los arqueólogos y amantes de las antigüedades, pues allí, en el área costera que no se había sumergido, se conservaban importantes vestigios arquitectónicos de época romana como edificios termales con salas abovedadas y cúpulas, e incluso restos de lo que pudo haber sido un palacio imperial de finales del siglo II.

Área residencial

A lo largo del siglo I a.C., la zona se desarrolló como lugar de retiro y diversión para los romanos ricos, y luego para los emperadores, debido a la calidad de sus aguas. Autores clásicos como Horacio, Estacio y Marcial elogiaron su belleza, mientras que otros, como Séneca y Varrón, criticaron los vicios y excesos de sus ricos inquilinos estacionales.

En el siglo I a.C., Bayas se convirtió en lugar de retiro y diversión para los romanos ricos

Por otra parte, en 37 a.C. se emprendió en el golfo de Pozzuoli la construcción de un gran complejo portuario, el llamado Portus Iulius, destinado a servir de base a la armada romana. El puerto estaba cerrado por un muelle de 371 metros de longitud, que iba desde Pozzuoli hasta punta Epitafio, y comprendía dos grandes «lagos», el lacus Avernus y el lacus Locrinus. Más allá de la punta Epitafio o el Portus Iulius conectaba con la bahía de Bayas, que también se cerró mediante una serie de construcciones para formar un tercer «lago» o puerto, el Baianus lacus. El puerto de Bayas tuvo un carácter de recreo y comercial, y en él se construyeron una serie de villas residenciales con espectaculares vistas al mar.

Entre los siglos III y V, y de nuevo entre los siglos VII y VIII, los movimientos tectónicos de nidos como bradisismo provocaron el hundimiento de gran parte de la costa entre Pozzuoli y Cumas, incluida Bayas. Pese a ello, ésta mantuvo su fama como balneario: en el siglo VI, el rey godo Atalarico y su secretario Aurelio Casiodoro recomendaban la zona por sus aguas termales, y durante el Renacimiento humanistas como Flavio Biondo y Ciríaco de Ancona mencionaban las propiedades terapéuticas del agua del golfo. A finales del siglo XV se construyó, sobre restos de época romana, el castillo Aragonés, sede del Museo Arqueológico de Bayas, donde se reunieron los hallazgos arqueológicos que se realizaban en la zona.

Primeros hallazgos

Siguiendo la pista de las fotografías de Baucher, en 1959 se realizaron las primeras prospecciones submarinas a cargo de Nino Lambolia –precursor de la arqueología subacuática italiana– y bajo las directrices de Amedeo Maiuri. Se escogió para ello una zona del golfo de Bayas a orillas de punta Epitafio, en cuyas inmediaciones habían aflorado, de manera fortuita, diversas esculturas, elementos arquitectónicos y estructuras desde 1920, durante la urbanización de la zona portuaria. Valiéndose de los medios disponibles entonces, los exploradores hallaron, a 6 metros de profundidad, una calle enlosada, bordeada por dos edificios y restos de estructuras que continuaban mar adentro.

Diez años después, en 1969, la marea descubrió, en el ábside de un edificio, dos esculturas de mármol de gran calidad: ambas formaban parte de un grupo escultórico entre cuyos personajes se reconoció a Odiseo (Ulises), lo que parecía estar relacionado con una antigua tradición que recoge Estrabón, según la cual Bayas derivaría su nombre de un personaje de la Odisea de Homero, el timonel Bayo, enterrado allí por Odiseo.

Según una tradición, el nombre de Bayas derivaría de Bayo, un compañero del héroe Odiseo

En 1980, la primera excavación subacuática sistemática puso al descubierto diversas estancias ricamente decoradas con mármoles. Los investigadores concluyeron que las estructuras correspondían a un complejo termal y a un ninfeo –un espacio con función de triclinio o sala de banquetes–, construidos en época del emperador Claudio (41-54). El ninfeo tenía una planta rectangular rematada por un ábside –donde habían aparecido las estatuas del grupo escultórico de Polifemo y Odiseo–, así como una serie de nichos ornados con dos estatuas de Dioniso, una de Antonia la Menor, madre del emperador Claudio, y posiblemente una hija de éste. Las paredes estaban decoradas con mármoles polícromos. Se especula con que las termas y el ninfeo formasen parte de una residencia imperial.

Mansiones de lujo

El trabajo de los arqueólogos desveló también otros restos sumergidos en la misma zona. Entre ellos destaca la denominada villa de los Pisones, una lujosa residencia con una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados. El complejo, situado a unos 150 metros de la costa y a unos ocho metros de profundidad, fue construido a finales del siglo I a.C. y constaba de diferentes estancias termales y residenciales distribuidas en torno a un amplio jardín porticado; la zona abierta al mar estaba dispuesta en terrazas. La villa contaba con una serie de piscinas ligadas a la actividad pesquera. Los restos de mosaicos y pinturas de algunas habitaciones manifiestan la riqueza de sus propietarios. El nombre de la familia de los Pisones aparece en sellos de plomo hallados en tuberías del complejo, lo que ha llevado a identificar esta residencia con la villa de Cayo Calpurnio Pisón en Bayas, donde Tácito sitúa el origen de la conjura liderada por este personaje contra Nerón. Al final, el emperador confiscó la propiedad y se cree que el complejo fue remodelado para acoger una segunda villa marítima en época de Adriano (117-138).

En la villa de los Pisones, Tácito sitúa el origen de una conjura contra el emperador Nerón

La villa de Protiro

La zona urbanizada de Bayas se comunicaba hacia el suroeste con otras propiedades a través de una calle a la que se abrían numerosas tabernas y que conducía a la entrada monumental de otra villa privada con vistas al Baianus lacus. Los arqueólogos la bautizaron como villa de Protiro porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada (en griego, pro thyra). La villa se dividía en dos secciones, una residencial y otra de termas privadas, separadas por una piscina de agua marina anqueada por numerosas esculturas. Destacan algunas estancias decoradas con mosaicos geométricos de tema mitológico y revestimientos de mármol. En la zona también se han hallado restos de pórticos y otras estructuras.

La villa de Protiro bordea el canal de más de doscientos metros de largo que comunicaba el mar con el lago artificial, y que ahora está hundido a entre seis y ocho metros de profundidad. Se cree que más allá de este canal, en la mitad meridional del muelle que cerraba el Baianus lacus, había construcciones similares, pero no se conservan restos debido a la erosión causada por siglos de fondeos y actividades portuarias. En esta zona tan sólo se han recuperado restos de estructuras asociadas a la pesca y algunos cimientos.

 

Estatua rescatada
Los buzos extraen del mar, en 1969, la estatua de uno de los compañeros del héroe Odiseo, que lleva un odre con vino para emborrachar al cíclope Polifemo. Esta pieza formaba parte de un grupo escultórico.

FOTO: Paul Fearn / Alamy / ACI

 

Una minuciosa restauración
Unos especialistas limpian y restauran una de las estatuas recuperadas en el yacimiento submarino de Bayas.

FOTO: Jonathan Blair / Getty images

 

El dios Dioniso
Estatua del dios del vino procedente del ninfeo o fuente monumental de Bayas. Museo Arqueológico de los Campos Flégreos.

FOTO: DEA / Album

 

El golfo de Pozzuoli
Mapa que muestra cómo era el golfo de Pozzuoli en el siglo XVI.

FOTO: Bridgeman / ACI

 

17 julio 2018 at 11:45 am Deja un comentario

3 mensajes secretos para que los descifres como lo hacían Julio César, los espartanos y los masones

Cifrados, códigos y claves son parte integral de nuestras vidas

Mensajes cifrados creados especialmente para ti…  GETTY IMAGES

Fuente: BBC Mundo
15 de julio de 2018

Cuando nos comunicamos con nuestros celulares o compramos algo por internet se trasmiten mensajes en formas pensadas para prevenir que la gente no autorizada los entienda.

Han existido diferentes métodos de cifrado a lo largo de la historia. Lo que ha cambiado es que ahora es que dejamos que sean las computadoras las que se ocupen de codificar y descodificar la información.

¿Qué te parece si volvemos a los tiempos en los que la tecnología existente requería más participación de los humanos?

Trata de descifrar estas frases de un ingenioso escritor (y no te preocupes: si no puedes, te damos las claves).

Empecemos con una en…

El cifrado de César

Aquí está la frase para descifrar:

KZ QDZKHCZC EQDBTDMSDLDMSD DR HLOQDBHRZ

Este método fue nombrado en honor al líder militar y político romano Julio César (100-44 a.C) quien -según el historiador y biógrafo romano Gayo Suetonio Tranquilo- lo usaba en mensajes militares y oficiales.

El de César no era el método criptográfico más difícil de descifrar, pero dadas las circunstancias en su época funcionaba muy bien. PIXABAY

El cifrado de César fue una forma segura de mantener secretos durante un tiempo, gracias a que la mayoría de los enemigos de Roma eran analfabetos.

Sin embargo, hay registros que muestran que para el siglo IX d.C. ya había métodos para descodificar ese tipo de comunicaciones utilizando el análisis de frecuencia de Abū Yūsuf Ya´qūb ibn Isḥāq al-Kindī.

Al-Kindi, nació en Kufa y murió en Bagdad -entonces parte del Califato abasí, hoy Irak- alrededor de 801-873 d.C. y además de muchas otras cosas, fue uno de los padres de la criptografía.

Su libro “Manuscrito sobre descifrar mensajes criptográficos” dio lugar al nacimiento del criptoanálisis e incluía varios métodos nuevos para descifrar códigos.

Respecto al cifrado de César -también conocido como cifrado por desplazamiento, código de César o desplazamiento de César- es un simple cifrado por sustitución.

Lo que se hace es reemplazar todas las letras por otras del alfabeto, que están en un número fijo de posiciones más adelante o atrás: lo que necesitas descubrir entonces es cuántas posiciones y en qué dirección.

Julio César, cuenta Suetonio, solía desplazar tres espacios hacia la derecha.

Si tenía que decir algo confidencial, lo escribía usando el cifrado, esto es, cambiando el orden de las letras del alfabeto, para que ninguna palabra pudiera entenderse. Si alguien quería descodificarlo, y entender su significado, debía sustituir la cuarta letra del alfabeto, es decir, la D por la A, y así con las demás“, cuenta en “La vida de los Césares”.

Para la frase que encriptamos, la clave es más sencilla: 1 posición a la derecha.

Así que en vez de escribir A escribimos B; en vez de B, C; en vez de C, D, etc.

Y nuestra frase era: KZ QDZKHCZC EQDBTDMSDLDMSD DR HLOQDBHRZ

Así de fácil: la A es B, la B es C, la C es D… y la Z es la A.

¿Ya la descifraste?

Aquí va la siguiente, con…

La técnica criptográfica de los espartanos

En este caso, lo que recibirías es una cinta con estas letras escritas a lo largo de ella:

MGSEPNUDNAUEOPRRTCOORENAOEEAIQSESIRNSGAEUÉSTEEDAUDNELPA

¿Complicado? De acuerdo, aunque los conocedores describen este cifrado como “elemental”.

Apareció en la Antigua Grecia, fue creado por los éforos de Esparta y, según la Enciclopedia Británica, es la primera criptografía registrada.

En el año 400 a.C. los comandantes militares empleaban un dispositivo de cifrado llamado escítala, el cual consistía en una vara cónica con un cierto número de caras.

A esa vara la envolvían en una tira de pergamino o cuero sobre la cual se escribía el mensaje.

Al desenvolverla, las letras quedaban en otro orden y el mensaje, cifrado.

Aquí, por ejemplo, el mensaje empieza con la “palabra” KEISERAU, pero al desenrollar la tira, lo que se vería serían las letras en otro orden: de la punta de la tira hacia abajo KGR. DOMINIO PÚBLICO

El destinatario tenía que tener un bastón de proporciones idénticas al original para que cuando envolviera la tira a su rededor, reaparecía el texto.

Como no contamos con una escítala para descodificar nuestro mensaje tendremos que valernos de otro método, que no es tan bonito pero funciona: una tabla.

En este caso, imaginamos que nuestra vara tenía 10 caras y que enrollamos la cinta 5 veces. Así, abajo verás una tabla con esas medidas que hace las veces de la vara gemela que tendría el destinatario.

Recordemos el mensaje:

MGSEPNUDNAUEOPRRTCOORENAOEEAIQSESIRNSGAEUÉSTEEDAUDNELPA

Como verás, las letras que te dimos son las que aparecen de arriba hacia abajo en la tabla, como se verían en la tira desenvuelta; pero si las ves de izquierda a derecha, como se verían al enrollar la cinta, podrás develar el mensaje.

Lo único que tienes que agregar son espacios entre las palabras.

Si quieres experimentar con este sistema pero quieres algo más parecido a una escítala, puedes usar un lápiz y una tira de papel.

GETTY IMAGES

¿Listo para el último?

Cifrado francmasón

No se sabe cuándo apareció, pero se cree que antes de 1531.

Es un código escrito que utiliza una variedad de símbolos hechos de construcciones espaciales para representar letras de un alfabeto, a diferencia de otros códigos tradicionales que reemplazan una letra alfabética por otra.

Se lo conoce también como el cifrado rosacruz, pues se le atribuye a un grupo religioso esotérico o sociedad secreta de la Alemania medieval, y como el método masónico, debido a su uso por parte de grupos secretos que supuestamente protegen sus prácticas del escrutinio público.

Lo cierto es que fue utilizado por los francmasones en muchos aspectos de sus vidas; hoy en día se pueden ver lápidas con mensajes cifrados, como éste, especialmente hecho para que trates de resolverlo:

¿Largo y difícil? Lo último que haríamos es subestimar tus capacidades. Pero necesitas las herramientas, así que he aquí cómo funciona:

El proceso de cifrado es bastante sencillo; se reemplaza cada aparición de una letra con el símbolo designado.

Los símbolos se asignan a las letras mediante la clave que verás a continuación.

La letra es reemplazada por la parte de la imagen en la que se encuentra. Así, en los ejemplos que pusimos abajo, de derecha a izquierda, el primer símbolo representa la A; el segundo, la T; el tercero, la M y el cuarto, la W.

Por supuesto, la clave no era siempre la misma: a veces movían las letras de lugar o usaban solo cruces, etc.

Pero ésta es la que utilizamos para encriptar la frase para ti.

¿Te animas a descifrarla… o prefieres leerla aquí abajo?

El autor y las frases (por si no las descifraste

Una pausa, para que no veas las respuestas sin querer. GETTY IMAGES

La realidad frecuentemente es imprecisa

Me niego a responder esa pregunta aduciendo que no sé la respuesta

A alguien que sea capaz de lograr que lo elijan como presidente no se le debería permitir serlo bajo ninguna circunstancia

Todas son frases del escritor y guionista radiofónico e historiador galáctico Cntfzr Zczr (¡no te lo íbamos a hacer tan fácil! Está en cifrado de César, 1 posición a la derecha).

 

17 julio 2018 at 11:38 am Deja un comentario

Perfumes en Roma: el aderezo más preciado

Para los antiguos romanos, los perfumes eran “una de las cosas más exquisitas y más nobles” de la vida

La mujer y el perfume
Esta delicada pintura muestra a una joven ricamente ataviada que vierte con cuidado perfume en un alabastrón. Museo Nacional Romano, Roma.

FOTO: Scala, Firenze

Fuente: María José Noain National Geographic
14 de julio de 2018

El escritor latino Plinio el Viejo decía del perfume que era el más superfluo de los lujos, dado su carácter efímero, y que sólo servía «al placer del que se ha perfumado». El propio origen de la palabra, proveniente del latín per fumum, ya nos está indicando su volatilidad: olor «por medio del humo», ya que en su origen los aromas para perfumar el ambiente se obtenían quemando resinas, raíces y maderas olorosas que producían un humo perfumado. ¿Y hay algo más volátil que el humo?

El origen de la palabra perfume viene del latín per fumum, olor por medio del humo

Pero aunque la palabra que empleamos en nuestros días proviene del latín, el origen del perfume se retrotrae en el tiempo. El gusto de los seres humanos por acicalarse y perfumarse no es un concepto contemporáneo, como podríamos pensar. Desde tiempos inmemoriales hemos buscado el modo de elaborar fragancias, campo en el que los antiguos griegos y romanos alcanzaron una gran pericia.

En la Antigüedad, los fabricantes de perfumes fijaban el aroma en una sustancia cremosa o grasa que retuviera el olor, ya que el alcohol, que habitualmente asociamos con la elaboración de los perfumes, no comenzó a ser utilizado como base de los mismos hasta el siglo XIV.

Fórmulas y materias

La composición del perfume constaba de dos elementos. El primero era la base, de carácter líquido y composición grasa, que amalgamaba y permitía la conservación de los aromas. Estaba formada por un aceite vegetal, principalmente el de oliva, aunque también podía usarse el de sésamo o el de lino. Cuanto más graso era el aceite –como el de almendras–, mayor era la duración del olor. A esta base líquida se le podían añadir conservantes y colorantes, como el cina brio o la orcaneta (una planta vellosa con flores amarillas). El segundo componente, de carácter sólido, eran las plantas, flores, raíces o resinas que se añadían al aceite y le aportaban la fragancia. El repertorio de aromas era muy amplio, aunque el de las rosas destacaba sobre los demás. Otras sustancias empleadas eran la mirra, la canela, el azafrán, el nardo, el narciso o el membrillo.

Las fórmulas para la elaboración de los perfumes, en sus distintas variedades y calidades, podían ser realmente complejas. Plinio aporta los ingredientes de una de estas recetas, compuesta de flor de rosa, aceite de azafrán, cinabrio, cálamo aromático, miel, junco oloroso, flor de la sal, orcaneta y vino. Por su parte, Dioscórides, en su obra De materia medica, precisa incluso las cantidades de cada ingrediente, como los mil pétalos de rosa que, según indica, han de utilizarse para obtener el perfume de esta flor.

Crear una buena esencia

Para obtener el aroma a partir de las materias vegetales, podía usarse el prensado, la maceración en frío o la maceración en caliente. El prensado consistía en aplastar las materias olorosas tensando una tela. En la maceración en frío se colocaban el aceite y los pétalos en capas alternas. Éstos se iban sustituyendo periódicamente para impregnar más y mejor la grasa, llegando a realizarse varios enflorados. Cuantas más veces se añadieran y removieran las flores, más intenso era el aroma. La maceración en caliente, el método más empleado, se efectuaba de la misma manera, pero calentando la mezcla en un caldero o en un horno.

En Roma, los perfumes se comercializaban en tiendas especializadas, las tabernae unguentaria. Estos establecimientos se agrupaban en barrios (vicus unguentarius) que, como los gremios medievales, reunían a estos profesionales. Eran grupos familiares cerrados que guardaban los secretos del proceso y transmitían las fórmulas de generación en generación. Al parecer, era habitual la presencia de mujeres en el negocio, tal y como se desprende de ciertos epitafios funerarios. No queda claro, sin embargo, si se dedicaban sólo a la venta del producto o también a su elaboración.

Los perfumistas pertenecían a grupos familiares cerrados que guardaban celosamente el secreto de su elaboración

Los contenedores de perfumes pasaron a ser elementos de vital importancia, de tal modo que un producto de lujo no estaba formado sólo por el contenido, sino también por el continente. No todos los materiales conservaban igual los aromas: el alabastro, por ejemplo, era una piedra especialmente valorada, dado que era impermeable y estanca, aunque muy cara. La cerámica, muy popular en Grecia, fue sustituida en Roma por el vidrio, que poseía también excelentes cualidades de conservación pero era un material mucho más asequible, reutilizable y reciclable.

Perfumes para todos

Hombres y mujeres se perfumaban por igual, pero no con las mismas esencias, que podían clasificarse en masculinas y femeninas. Decía el poeta Marcial en uno de sus epigramas: «Me seducen los bálsamos porque éstos son los perfumes de los hombres: vosotras, matronas, exhalad los olores deliciosos de Cosmos [famoso perfumista de la época]». Múltiples son las citas que indican que era una costumbre arraigada en ambos sexos. «No todo el mundo puede oler a perfumes exquisitos como hueles tú», dice Tranión a Grumión –ambos personajes masculinos– en la comedia Mostellaria de Plauto. Se decía del emperador Nerón que gustaba de impregnarse las plantas de los pies con perfume, mientras que en la Domus Aurea, su lujoso palacio en Roma, había introducido un curioso método de aromatización según recoge Suetonio: «El techo de los comedores estaba formado por tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de las cuales brotaban flores y perfumes».

El tipo de aroma también variaba según las clases sociales. Los plebeyos utilizaban perfumes baratos o adulterados, hechos con aceites de baja calidad como el de aceitunas verdes o el de ricino, y aromatizados con plantas como el junco oloroso. Era el caso de las prostitutas. Adelfasia, personaje de la comedia Poenulus de Plauto, le dice a su hermana: «¿Acaso quieres mezclarte allí entre estas prostitutas […], despojos de mujeres de baja estofa, miserables harapientas perfumadas con perfume barato?». Nada que ver con los perfumes destinados a las élites, más densos, aromatizados con exóticos productos y que podían llegar a costar precios astronómicos. El indiscutible valor del perfume queda recogido en uno de los epigramas de Marcial. Concretamente en su libro Xenia, en el que describe los regalos que solían intercambiarse en las fiestas de las Saturnales, dice: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos. Tenga él tu dinero; éstos todos a ti mismo dátelos».

El poeta Marcial decía: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos»

En cambio, su uso era criticado por los moralistas e, incluso, en la Atenas de Solón y en la Roma republicana se emitieron leyes para prohibirlos. También los espartanos, conocidos por su austeridad, echaron de su territorio a los vendedores de este tipo de mercancías. Lo cuenta el estoico Séneca, que en uno de sus textos moralizantes recuerda cómo «los lacedemonios expulsaron de su ciudad a los perfumistas y les instigaron a que se apresurasen a pasar la frontera porque desperdiciaban el aceite». Para la mayoría de los filósofos latinos y para ciertos emperadores, el uso del perfume era una frivolidad imperdonable. Suetonio, en la vida de Vespasiano, cuenta cómo el emperador «habiéndose presentado muy cargado de perfumes un joven a darle gracias por la concesión de una prefectura, se volvió disgustado y le dijo con severidad: “Preferiría que olieses a ajos”, y revocó el nombramiento».

Sin embargo, los perfumes se aceptaban plenamente en ciertos contextos. Por ejemplo, el uso de aceites perfumados en el mundo del deporte aparece desde tiempos de Homero. En Roma, los atletas que acudían a practicar deporte a las termas solían llevar consigo un «kit de belleza», con ungüentarios que contenían el preciado aceite con el que se ungían antes del ejercicio y que retiraban después con el estrígilo, una pieza curva de bronce.

Para los dioses y los difuntos

Perfumar el ambiente para sacralizar los ritos y las ceremonias, tanto en los templos como en el ámbito doméstico, era asimismo algo habitual en la Antigüedad. Los aceites olorosos podían entregarse como ofrendas en los altares familiares a los dioses o a los antepasados, y también se perfumaban las estatuas de culto y los animales para el sacrificio. «El efecto placentero de los perfumes ha sido admitido […] entre las cosas agradables de la vida más exquisitas e incluso más nobles, y su consideración ha comenzado a extenderse hasta para las honras fúnebres», cuenta Plinio. En las necrópolis romanas, los ungüentarios de vidrio eran uno de los elementos funerarios más comunes. Contenían los perfumes y aceites necesarios para ungir el cuerpo del difunto. Narra el mismo autor, hablando de la canela, que «ni con la cosecha de un año se cubriría tanta cantidad como la que el emperador Nerón mandó quemar en el último adiós a su [esposa] Popea».

Para saber más

La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. J. Carcopino. Temas de Hoy, Madrid, 2001.

Històries de tocador (catálogo). Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2018.

Historia natural. Plinio el Viejo. Gredos, Madrid, 2010.

 

Caja para cosméticos
Arqueta de madera, con elaboradas incrustaciones de marfil, que contenía útiles de belleza. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

FOTO: DEA / Album

 

Cupidos perfumistas
Este fresco de la casa de los Vettii en Pompeya recrea una escena de fabricación y venta de perfume, cuyos protagonistas son pequeños cupidos.

FOTO: Foglia / Scala, Firenze

 

Víctima sacrificial
Un sacerdote vierte aceite perfumado sobre un toro que va a ser sacrificado. Relieve. Museo de Historia, Berna.

FOTO: AKG / Album

 

14 julio 2018 at 6:00 pm Deja un comentario

Primer capítulo de “Mujeres y poder”, un manifiesto de Mary Beard

Este año la editorial Planeta publicó el libro que recopila algunas de las conferencias de Mary Beard. La inglesa es una académica especializada en estudios clásicos. Es catedrática en la Universidad de Cambridge y, además, una de las voces más importantes del feminismo contemporáneo.

Mary Beard recibió considerables ciberacosos después de que apareciese en enero de 2013 en el programa de la BBC Question Time desde Lincolnshire, y se expresase positivamente sobre los trabajadores inmigrantes que vivían en el condado. / AFP

Fuente: Mary Beard  |  El Espectador
12 de julio de 2018

Quiero empezar por el principio mismo de la tradición literaria occidental, con el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público. Me refiero a un momento inmortalizado al comienzo de la Odisea de Homero, hace casi tres mil años, una historia que tendemos a considerar como el relato épico de Ulises y las aventuras y peripecias a las que tuvo que enfrentarse para regresar a casa tras finalizar la guerra de Troya, mientras su leal esposa Penélope le aguardaba y trataba de ahuyentar a sus pretendientes que la apremiaban para casarse con ella. No obstante, la Odisea es asimismo la historia de Telémaco, hijo de Ulises y de Penélope, la historia de su desarrollo personal, de cómo va madurando a lo largo del poema hasta convertirse en un hombre.

Este proceso empieza en el primer canto del poema, cuando Penélope desciende de sus aposentos privados a la gran sala del palacio y se encuentra con un aedo que canta, para la multitud de pretendientes, las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso al hogar. Como este tema no le agrada, le pide ante todos los presentes que elija otro más alegre, pero en ese mismo instante interviene el joven Telémaco: «Madre mía —replica—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior. Hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo, es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública.

Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie. Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el «relato» está «al cuidado de los hombres», el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de «mito», que es como ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado, no a la clase de charla ociosa, parloteo o chismorreo de cualquier persona, incluidas las mujeres, o especialmente las mujeres. Lo que me interesa es la relación entre este momento homérico clásico en el que se silencia a una mujer y algunas de las formas en que no se escuchan públicamente las voces de las mujeres en nuestra cultura contemporánea y en nuestra política, desde los escaños del Parlamento hasta las fábricas y talleres. Es una acostumbrada sordera bien parodiada en la viñeta de un viejo ejemplar de Punch: «Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presentes quiera hacerla».

Examinemos ahora cómo podría relacionarse esta situación con el abuso al que, incluso hoy en día, están sometidas muchas mujeres que sí hablan, y una de las cuestiones que me ronda por la cabeza es la conexión entre pronunciarse públicamente a favor de un logo femenino en un billete bancario, las amenazas de violación y decapitación en Twitter, y el menosprecio de Telémaco hacia Penélope.

Mi objetivo aquí es adoptar un punto de vista amplio y distante, muy distante, sobre la relación culturalmente complicada entre la voz de las mujeres y la esfera pública de los discursos, debates y comentarios: la política en su sentido más amplio, desde los comités de empresa hasta el Parlamento. Espero que este enfoque desde la lejanía nos ayude a superar el simple diagnóstico de «misoginia» al que recurrimos con cierta indolencia, pese a ser, sin duda alguna, una forma de describir lo que ocurre. (Si uno acude a un programa de debate en televisión y después recibe una avalancha de tuits en lo que se comparan tus genitales con una variedad de vegetales podridos, es difícil encontrar una palabra más adecuada para definir la situación.) No obstante, si lo que queremos es comprender —y hacer algo al respecto— por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír, hemos de reconocer que el tema es un poco más complicado y que hay un trasfondo al que hay que remitirse.

“Por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír”.

El arrebato de Telémaco no fue más que el primer caso de una larga lista, que se extiende a lo largo de toda la Antigüedad griega y romana, de fructuosos intentos no solo por excluir a las mujeres del discurso público sino también por hacer ostentación esta exclusión. A principios del siglo iv a. C., por ejemplo, Aristófanes dedicó una comedia entera a la «hilarante» fantasía de que las mujeres pudieran hacerse cargo del gobierno del Estado. Parte de la broma consistía en que las mujeres no podían hablar en público con propiedad, o más bien que no podían adaptar su charla privada (que en este caso estaba centrada básicamente en el sexo) al elevado lenguaje de la política masculina. En el mundo romano, las Metamorfosis de Ovidio —esa extraordinaria épica mitológica sobre los cambios físicos de los personajes (y probablemente la obra más influyente de la literatura occidental después de la Biblia)— vuelve reiteradamente a la idea de silenciar a las mujeres en su proceso de transformación. Júpiter convirtió en vaca a la pobre Ío para que tan solo pudiera mugir, no hablar; mientras que la parlanchina Eco es castigada a que su voz no sea nunca la suya, a ser un simple un instrumento que repita las palabras de los demás.

En el famoso cuadro de Waterhouse, Eco contempla a su anhelado Narciso sin poder entablar conversación con él, mientras este se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque. Un antólogo romano serio del siglo i d.C. solo pudo recopilar tres ejemplos de «mujeres cuya condición natural no consiguió acallarlas en el foro». Sus descripciones son reveladoras. La primera, una mujer llamada Mesia, se defendió a sí misma con éxito en los tribunales y «dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la “andrógina”». La segunda, Afrania, solía iniciar ella misma las demandas judiciales y era tan «descarada» que las defendía personalmente, por lo que todo el mundo estaba harto de sus «ladridos» o «gruñidos» (no se le concede la gracia del «habla» humana). Sabemos que murió en el año 48 a.C., porque «con semejantes bichos es más importante documentar su muerte que su nacimiento». En el mundo clásico hay solo dos importantes excepciones de esta abominación respecto a las mujeres que hablan en público. En primer lugar, se les concede permiso para expresarse a las mujeres en calidad de víctimas y de mártires, normalmente como preámbulo a su muerte. A las primeras mujeres cristianas se las representaba proclamando su fe a gritos mientras eran conducidas a los leones, y en un conocido relato de la historia arcaica de Roma, a la virtuosa Lucrecia, violada por un desalmado príncipe de la monarquía gobernante, se le concede un papel con diálogo solo para denunciar al violador y anunciar su propio suicidio (o así lo presentaron los autores romanos: no tenemos la menor idea de lo que sucedió realmente). No obstante, incluso esta ínfima y amarga oportunidad de expresión podía ser denegada. En un relato de las Metamorfosis se nos cuenta la violación de la joven princesa Filomela, a la que el violador, para evitar cualquier denuncia al estilo de Lucrecia, sencillamente le corta la lengua.

“El discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”.

Esta idea la recoge Shakespeare en su Tito Andrónico, donde también se le arranca la lengua a Lavinia tras ser violada. La otra excepción es más corriente, pues en ocasiones las mujeres podían levantarse y hablar legítimamente para defender sus hogares, a sus hijos, a sus maridos o los intereses de otras mujeres. Por consiguiente, en el tercero de los tres ejemplos de oratoria femenina planteados por el antólogo romano, la mujer, de nombre Hortensia, se sale con la suya porque actúa explícitamente como portavoz de las mujeres de Roma (y solo de las mujeres), tras haber sido sometidas a un impuesto especial sobre el patrimonio para financiar un dudoso esfuerzo de guerra. Dicho de otro modo, en circunstancias extremas las mujeres pueden defender públicamente sus propios intereses sectoriales, pero nunca hablar en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto. En general, tal y como lo expresó un gurú del siglo ii d. C., «una mujer debería guardarse modestamente de exponer su voz ante extraños del mismo modo que se guardaría de quitarse la ropa». No obstante, en todo esto hay mucho más de lo que se percibe a simple vista. Esta «mudez» no es solo un reflejo de la privación general de poder de las mujeres en el mundo clásico, donde, entre otras cosas, no tenían derecho al voto y su independencia legal y económica era limitada. En la Antigüedad, las mujeres no solían elevar su voz en la esfera política, donde no tenían participación alguna, pero aquí estamos ante una exclusión de las mujeres del discurso público mucho más activa y malintencionada, con un impacto mucho mayor del que reconocemos en nuestras propias tradiciones, convenciones y supuestos acerca de la voz de las mujeres. Lo que quiero decir es que el discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género. Como ya hemos visto con Telémaco, convertirse en un hombre (o por lo menos en un hombre de la élite) suponía reivindicar el derecho a hablar, porque el discurso público era un (o mejor el) atributo definitorio de la virilidad. Es más, citando un conocido eslogan romano, el ciudadano de la élite podía definirse como vir bonus dicendi peritus, «un hombre bueno diestro en el discurso». Por consiguiente, una mujer que hablase en público no era, en la mayoría de los casos y por definición, una mujer.

Si recorremos la literatura antigua, encontraremos un reiterado énfasis sobre la autoridad de la voz grave masculina en contraste con la femenina. Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativo de cobardía femenina. Otros autores clásicos insistían en que el tono y timbre del habla de las mujeres amenazaba con subvertir no solo la voz del orador masculino sino también la estabilidad social y política, la salud, del Estado. En una ocasión, un orador e intelectual del siglo ii d.C. con el nombre revelador de Dión Crisóstomo, que significa literalmente Dión «Boca de Oro», pidió a su audiencia que imaginase una situación en la que «una comunidad entera se viera afectada por una extraña dolencia: que, repentinamente, todos los hombres tuvieran voces femeninas, y ningún varón —niño o adulto— pudiera hablar de manera viril. ¿No sería esta una situación terrible y más difícil de soportar que cualquier otra plaga? No me cabe duda de que enviarían una delegación a un santuario para consultar a los dioses y tratar de propiciar el favor divino con numerosas dádivas». No era ninguna broma.

 

13 julio 2018 at 1:06 pm Deja un comentario

Atenas anuncia: “Descubierta la inscripción más antigua de la Odisea”. Pero los expertos lo desmienten

Hallada en Olimpia una placa de arcilla con 13 versos del poema homérico que narran el regreso de Ulises a Ítaca. Pero la datación es muy posterior a la de algunos papiros conocidos.

La placa con el primer registro de la Odisea hallada en Olimpia, en Grecia (Reuters)

Fuente: Repubblica
11 de julio de 2018

ROMA – Describe el momento largamente esperado en el que Ulises regresa a su Ítaca. Una placa de arcilla con trece versos de la Odisea ha sido encontrada en el sitio arqueológico de Olimpia, en el sur de Grecia. Un hallazgo que el gobierno griego, a través de un comunicado del Ministerio de Cultura, define como “quizás el registro escrito más antiguo jamás encontrado del poema homérico”.

Un anuncio que ha sonado a muchos como rotundo, y que también Repubblica había planteado. Pero alguien en el ministerio debe de haber cometido un error: la placa de arcilla data del siglo III d.C., pero existen papiros egipcios con el texto de la Odisea que se remontan a tres siglos antes del nacimiento de Cristo o, lo que es lo mismo, a 600 años antes. Un error señalado también por muchos usuarios y lectores de Repubblica.

La Odisea fue compuesta oralmente en torno al siglo XI a.C. y luego transcrita a partir del siglo VIII a.C. De las versiones en pergamino han sido hallados fragmentos en Egipto y hasta el momento son los más antiguos.

Los 13 versos encontrados en la placa de arcilla de Olimpia narran el regreso a casa del astuto Ulises después de la Guerra de Troya relatada en la Ilíada. El extracto está tomado del decimocuarto de los 24 libros de la Odisea y ha sido encontrado cerca de los restos del templo de Zeus. La placa de arcilla ha visto la luz después de tres años de excavaciones realizadas por el Servicio Arqueológico Griego, en cooperación con el Instituto Alemán de Arqueología.

 

12 julio 2018 at 10:48 am 1 comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

julio 2018
L M X J V S D
« Jun    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente