Posts filed under ‘cultura clásica’

La UMU conmemora el bimilenario de Ovidio, uno de los mayores poetas latinos

La Universidad de Murcia conmemora el bimilenario de uno de los mayores poetas latinos: Ovidio, autor de obras tan emblemáticas como “El arte de amar” o “La metamorfosis”.

Fuente: Universidad de Murcia
16 de octubre de 2017

La Universidad de Murcia ya fue pionera en los estudios sobre Ovidio en 1964, cuando el profesor Antonio Ruiz de Elvira, fundador del Departamento de Filología Clásica de la UMU, publicó el primer tomo de una edición bilingüe de “La metamorfosis”. Ahora son precisamente tres profesoras de la UMU, antiguas alumnas de Ruiz de Elvira: Rosa María Iglesias, María Consuelo Álvarez Morán y Francisca Moya del Baño, las que han auspiciado este homenaje al poeta romano.

Los días 17, 18 y 19 de octubre, bajo la denominación “Recordando Ovidio”, se celebrarán en el Paraninfo de la UMU (Campus de la Merced), dos conferencias y una mesa redonda en la que se repasarán distintas cuestiones de su obra y su relación con otros poetas.

El martes 17 de octubre, a las 12’30 horas, Francisca Moya del Baño, hablará sobre “Troia invisa puellis. Las mujeres víctimas de la guerra en Heroidas”.

El miércoles 18, María Consuelo Álvarez Morán y Rosa María Iglesias Montiel, disertarán sobre “Texto tejido en las Metamorfosis de Ovidio”.

Por último, y coordinada por Rosa Iglesias Montiel, se celebrará el jueves, a las 18’30 horas, la mesa redonda “Ovidio y los poetas”, con la participación de Vicente Cristóbal (Universidad Complutense de Madrid); Juan Antonio González Iglesias (Universidad de Salamanca) y Rosario Guarino Ortega (Universidad de Murcia).

Las actividades forman parte del ciclo “DeLetreArtes. Logografías culturales”, está organizado por el Departamento de Filología Griega, Facultad de Letras, y en él colabora el Servicio de Cultura de la UMU.

 

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16 octubre 2017 at 6:47 pm Deja un comentario

“Alba Longa nunca existió, fue un invento de los romanos”

“La ciudad que según la tradición dio origen a Roma no ha existido nunca”. Es la tesis del arqueólogo Franco Arietti. Dionisio de Halicarnaso la situaba “cerca del monte que termina en el lago”. Tito Livio decía que “todos los latinos descienden de Alba Longa”.

Fuente: Ester PalmaCorriere della Sera
15 de octubre de 2017

¿Recuerdas la mítica Alba Longa, la ciudad fundada por el hijo de Eneas, Ascanio, la de Rea Silvia, princesa obligada a convertirse en una casta vestal pero que, fecundada por el dios Marte en persona, había dado a luz a Rómulo y Remo, los futuros fundadores de Roma? ¿La patria de los hermanos Curiacios, enfrentados a los romanos Horacios en un combate a muerte que habría marcado el glorioso destino de la Ciudad Eterna? Bueno, pues olvídate de todo. Alba Longa nunca ha existido.

Es un mito, una leyenda que ha sobrevivido al paso de los siglos con su poderosa carga simbólica. No es verdad -como pensaban los romanos- que fue destruida por el igualmente mítico rey de Roma Tulio Hostilio (uno de los siete reyes que se aprenden de memoria en la escuela) alrededor del año 675 a.C. cuando los habitantes se trasladaron a Roma. El descubrimiento es de Franco Arietti, arqueólogo de la Superintendencia Arqueológica, que cuenta en su currículum con hallazgos como el de las momias romano-egipcias de Grottaferrata y la “Tumba principesca del Vivaro”. Lo explica Arietti, quien acaba de publicar un libro sobre este tema,”Alla scoperta della Via Sacra”: “Durante al menos 150 años se ha debatido sobre la existencia o no de Alba Longa, con una inmensa producción literaria y la identificación de al menos 15 sitios. Ambas posturas tenían puntos fuertes: para los partidarios era la unanimidad de las fuentes antiguas sobre la presencia histórica de la ciudad. Los opositores, en cambio, pensaban, con argumentos científicamente sólidos, que era impensable imaginar, incluso en la Edad de Bronce, un asentamiento en torno al lago Albano capaz de “fundar” todas las ciudades del Lacio”.

Pero, ¿cómo ha llegado Arietti a un descubrimiento tan importante? La responsable de obrar el milagro ha sido la Via Sacra, que conducía al famoso santuario de Júpiter Lacial, venerado durante más de mil años, hasta finales del Imperio. Se encuentra en el territorio de Rocca di Papa y llega hasta el Monte Albano con un tramo que se conserva durante más de 2 kilómetros. Es el tramo de calzada romana más largo del mundo y desde hace dos milenios escondía un gran secreto. Se trata de una “N” y una “V” esculpidas en los zócalos, pero sólo en el último tramo, más estrecho y de unos 800 metros de longitud hasta la cumbre: un unicum en la interminable red viaria romana. Ya se había descubierto que eran para “novus” y “vetus”, nuevo y antiguo, refiriéndose evidentemente a una reconstrucción de la calzada. La vía sólo podía ser recorrida a pie y de acuerdo con estrictas normas religiosas. Desde aquí salían hacía el templo los grandiosos cortejos de las Ovationes, los Triunfos de los generales victoriosos, las solemnes procesiones anuales y las delegaciones de los pueblos de Lacio para los ritos de las Ferias Latinas en primavera”.

Arietti comprendió que el camino, que se desvía de la Appia Antica cerca de Ariccia, se vuelve “sagrado” justo en el punto exacto donde atraviesa la delimitación sacra del bosque sagrado de Júpiter Laciar (o Lacial), el dios latino más poderoso: “Y “sub Albano monte” sitúa Tito Livio la ciudad madre de los Latinos. Para Tito Livio el Monte Albano, y lo menciona más de 30 veces en diferentes circunstancias, es siempre y sólo el lucus, el bosque sagrado. Exactamente como todas las fuentes antiguas cuando aluden a Júpiter Lacial. Como Dionisio de Halicarnaso, que la sitúa “cerca de la montaña que llega hasta el lago”, donde por contra no hay espacio para construir una ciudad”.

Alba Longa nunca ha estado allí, pero los romanos han “inventado” en cualquier caso el palacio real. La leyenda debe haberse fortalecido especialmente en el siglo III a.C.: con las Guerras Púnicas Roma necesitaba celebrar su propia supremacía también cultural sobre los pueblos del Mediterráneo. Arietti explica: “La delimitación sagrada separa claramente dos espacios, uno para los dioses y otro para los humanos. Eran el propio Monte Albano y el área subyacente, la llanura del Prato Fabio, demasiado pequeños, con su hectárea, como para haber albergado un palacio antiguo”. En resumen, para los romanos, gente práctica, los irreales reyes del mito debían ser colocados “en un espacio real, como el templo para las divinidades”. Y añade: “Originalmente y durante siglos, el Latium vetus era pequeño, comprendido entre los ríos Tíber y Aniene, con un corazón de roca, como es el macizo volcánico de los Montes Albanos. Y Alba y el Monte Albano encarnan simbólicamente el ethnos latino. De hecho, el mítico rey Latino, a su muerte, era venerado en la cumbre como Iuppiter Latialis, Júpiter Lacial. En esta dinámica, la célebre frase de Tito Livio “Omnes Latini ab Alba oriundi”, todos los latinos descienden de Alba, vale más que mil palabras para explicar la importancia histórica de la ciudad que nunca ha existido”.

La idea detrás de la intuición de Arietti es que ya en 1920 las excavaciones en la zona de Prato Fabio habían sacado a la luz sólo una cisterna y muros: muy poco para hacer pensar en una ciudad e incluso en un palacio real. Pero, ¿qué pasó con el templo de Júpiter Lacial, frecuentado y venerado hasta finales del Imperio? Nunca se ha encontrado, pero ahora sería más difícil que nunca: también porque la zona identificada, en Rocca di Papa, alberga ahora un bosque de torres de comunicación de radio y televisión. La ordenanza local de 2003 para su desmantelamiento fue impugnada, pero las empresas, entre ellas Mediaset, han perdido el recurso. Y mientras prosigue esta batalla, Júpiter continúa seguramente protegiendo Roma desde lo alto, en su sueño milenario.

 

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15 octubre 2017 at 8:41 pm Deja un comentario

Andrea Marcolongo: “Los políticos tienen miedo de que aprendamos a pensar”

El libro de Andrea Marcolongo ‘La lengua de los dioses’, una reivindicación del griego clásico, es un fenómeno de ventas. Aquí reflexiona sobre la educación y el idioma

Fuente: ANTÍA GARCÍA  |  EL PAÍS
10 de octubre de 2017

SAMUEL SÁNCHEZ

Declinar, una y otra vez, hasta el aburrimiento, de carrerilla, como quien reza un rosario, sin apenas pensar en el porqué de lo que se está haciendo. Esa ha sido la pesadilla de cientos de estudiantes de griego a lo largo de los tiempos, y Andrea Marcolongo no fue una excepción. La autora del superventas —con más de 150.000 ejemplares vendidos en Italia— La lengua de los dioses. Nueve razones para amar el griego (Taurus) recuerda su primer contacto con la lengua de Platón como el de cualquier otro estudiante. “Empecé en el liceo con el alfabeto y luego las reglas gramaticales, como el resto de mis compañeros. No soy un pequeño genio que leyera textos de Aristóteles con ocho años”, bromea. Y fue justo allí, en el liceo, donde descubrió su amor por esta lengua. “Me enamoré del griego cuando me di cuenta de una cosa muy obvia. No podía pensar en italiano y traducir al griego. Tenía que pensar en griego”, y así fue como una lengua que ni siquiera sabemos cómo sonaba se convirtió en la brújula de esta milanesa de 29 años.

Marcolongo recibe a Ideas en la sede de Taurus en Madrid, donde presentó su libro la semana pasada. Su obra no pretende ser un manual de griego clásico al uso, sino que va un paso más allá, para que aquel que lo lea comprenda el griego, y puede que sea por eso por lo que ha conseguido enamorar a miles de millennials en Italia.

PREGUNTA. ¿Por qué cree que el griego ha producido siempre tanto rechazo, sobre todo entre los jóvenes?

RESPUESTA. Bueno, podría ser porque es una lengua que se nos presenta muy ajena, y demasiado diferente a nuestra lengua materna. Otro de los errores que se cometen al enseñar griego antiguo es que se transmite como algo perfecto y complicado que es solo para las élites, y no es así. Con este libro, lo único que pretendía era bajarlo de su pedestal y hacer entender que el griego es para todo el mundo. Otro de los puntos que suelen desanimar mucho a los estudiantes es pensar que es una lengua muerta, que hace siglos que nadie habla. Y es cierto, pero a mí me gusta más hacer la distinción entre lenguas fértiles e infértiles, y el griego es una lengua muy fértil que sirve para crear palabras nuevas. A pesar de que pensemos que hoy no tiene utilidad, es un idioma que está en nuestro día a día. Por ejemplo, cada vez que utilizamos la palabra xenofobia. Xenos es extranjero y fobia es miedo; por tanto, xenofobia es el miedo al extranjero, un término griego que se acuñó en el siglo XX. De hecho, los griegos nunca habrían empleado así esta palabra, ya que xenia, de donde deriva xenos, significa hospitalidad, uno de los valores fundamentales en la antigua Grecia.

“En el sistema educativo prima el principio de que todo tiene que ser fácil. Y no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos”

P. La última reforma educativa en España, la LOMCE, ha relegado las asignaturas de filosofía y griego al panel de optativas, cortando así la relación de los alumnos con el mundo clásico.

R. En Italia tenemos la misma discusión en el plano educativo. Creo que cuando los políticos toman esta clase de decisiones es porque tienen miedo a que aprendamos a pensar. Las generaciones actuales son hijos de la crisis, sus padres han perdido su trabajo, y se les ha dicho que tienen que estudiar informática porque es en ese campo en el que van a encontrar trabajo. Es como si estuviéramos persiguiendo un futuro que nunca llega. Dejamos el griego a un lado porque, además de considerarlo inútil, pensamos que es algo muy difícil, y en el sistema educativo actual reina el principio de que todo tiene que ser fácil. Pues no, no tiene que ser así. Estamos formando a futuros ciudadanos y debemos enseñarles que no todo en la vida es fácil. Además, tenemos que saber que todas las lenguas, incluso el griego, son política, nos enseñan a pensar, a ponernos en la mente del otro.

P. ¿Qué nos han enseñado los clásicos?

R. Nos dejaron escrito todo lo que hay que saber sobre los seres humanos. Las tragedias griegas nos cuenta cosas de hoy día, porque nos explican que las personas no son pura y enteramente buenas, sino que dentro de nosotros también hay muchas cosas malas y tenemos que aprender a experimentar y gestionar nuestras emociones. Actualmente no sabemos gestionar lo que sentimos; si somos felices, somos sumamente felices, y si estamos tristes, somos las personas más desgraciadas, ya no existen términos medios.

P. En su libro explica que con la expansión del imperio de Alejandro Magno, el griego clásico perdió su esencia en pos de mejorar la comunicación con los “bárbaros”. ¿Estamos perdiendo también nosotros la esencia de nuestras lenguas al implantar tantos anglicismos?

“Cada vez somos más vagos respecto al lenguaje. Ahora en lugar de palabras nos mandamos emoticonos, pictogramas primitivos”

R. Wittgenstein decía que los límites del ser humano son los límites de la lengua que habla. En Italia también estamos invadidos por los anglicismos, utilizamos una palabra inglesa cuando podríamos expresarnos con una en italiano, porque existe, pero no lo hacemos. Yo siempre digo: por favor, cuidemos nuestras palabras, ya que cuidándolas protegemos nuestro mundo italiano.

P. Las nuevas tecnologías y la necesidad de estar siempre en constante comunicación también están degradando el lenguaje tal y como lo conocemos. ¿Cambiarán nuestras lenguas debido a la excesiva economización de comunicación?

R. El móvil, Internet, la tecnología en general son perfectos, son unas herramientas perfectas. Está claro que el móvil es un gran avance respecto a la paloma mensajera, pero hay algo que no ha cambiado: alguien tiene que escribir el mensaje. El problema es que estamos confundiendo el contenedor con el contenido en virtud de esa rapidez, de esa necesidad de responder lo antes posible a todo lo que nos envían. No digo que tardemos años en contestar, pero tampoco hay que hacerlo al segundo y utilizando un lenguaje hiperreducido. Creo que lo que realmente pasa es que nos hemos vuelto demasiado vagos respecto al lenguaje. Lo último ya son los emoticonos, que para mí son más difíciles de entender que el griego. En 2015 Oxford eligió uno de estos emoticonos, uno que se ríe con unas lágrimas (😂), como palabra del año. Cuando lo vi pensé: pero si no es ni una palabra, es un pictograma primitivo. No me parece justo que después de todo utilicemos solo estas caritas que ríen o lloran para comunicarnos; debemos ser más complejos.

OTROS ARTÍCULOS SOBRE LOS ‘CLÁSICOS’ PUBLICADOS EN IDEAS

“Los clásicos nos enseñaron a hacernos preguntas”. Paul Veyne, traductor de Virgilio y autor de numerosos ensayos, reflexiona a los 86 años sobre su vida dedicada a los clásicos y la vigencia de sus textos.

Ulises, el héroe embustero. En el mundo heroico de duelos singulares y brutales choques, descrito por Homero en sus épicos poemas, también hay espacio para movimientos más oblicuos como la mentira y el engaño.

En aguas de Nadie. Con Odisea se desplegó ante los griegos un modelo de actuación en ese nuevo universo que era el Mediterráneo.

 

10 octubre 2017 at 1:50 pm Deja un comentario

Astérix viaja a Italia para combatir a Roma sobre ruedas en su nueva aventura

Astérix y su inseparable Obélix, los héroes galos más famosos del cómic, se suben a una cuadriga por las vías de Italia en su 37 álbum, el tercero sin la firma de sus creadores Uderzo y Gosciny, en el que los irreductibles personajes demostrarán que no todos los caminos llevan a Roma.

Astérix viaja a Italia para combatir a Roma sobre ruedas en su nueva aventura

Fuente: EFE – París  |  eldiario.es
9 de octubre de 2017

“Roma aparece como una ciudad rodeada de pueblos hostiles”, aseguró hoy a Efe el guionista Jean-Yves Ferri, que junto con el dibujante Didier Conrad firma el tercer álbum consecutivo supervisado por Albert Uderzo, quien creó el personaje con el fallecido René Gosciny en 1959.

Ausente por problemas de salud del acto de presentación hoy en París, el dibujante de 90 años envió un vídeo en el que consideró “formidable” el trabajo que han hecho Ferri y Conrad, tras haber firmado su periplo por Escocia en “Astérix y los pictos” (2013) y por Armórica en “El papiro del César” (2015).

Los creadores apenas ofrecieron detalles de la nueva historia de Astérix y Obélix para mantener el misterio sobre el álbum, que será lanzado de forma simultánea en 25 países el próximo día 19.

Pero revelaron que “Astérix en Italia” se desarrollará “sobre ruedas”, a bordo de una cuadriga con la que se inscribirán a la carrera a la que Julio César invita a todos los pueblos del mundo conocido para mostrar el gran estado de las vías romanas.

Una idea que le ha gustado especialmente a Uderzo, apasionado del automovilismo.

Hasta ahora, las únicas incursiones de los galos en Italia, país de origen de Uderzo, se habían centrado en Roma, adonde viajaron en 1964 (“Astérix gladiador”) y en 1972 (“Los laureles del César”).

Ni el galo del gorro alado ni su inseparable repartidor de menhires Obélix pondrán en esta ocasión los pies en la capital del imperio, que volverá a representar el mal, esta vez encarnado en un nuevo personaje, Coronavirus, un auriga enmascarado que competirá en las carreras con los protagonistas.

Para crearlo, Conrad llegó a dibujar hasta una decena de máscaras diferentes, de entre las que Ferri eligió la que mejor se adaptaba al tipo de malo que quería para esta historia, un personaje fanfarrón, irónico y misterioso.

Coronavirus hará todo lo posible para ganar la carrera frente a la cuadriga de los galos, adornada con el símbolo del poblado, un gallo, y a cuyas riendas estará Obélix, con Astérix de copiloto.

Astérix es siempre, asegura Conrad, un luchador “contra la opresión”, que en tiempos de Gosciny estaba caracterizado por el recuerdo todavía patente de la ocupación nazi de Francia.

Ahora, agrega Ferri, se personifica en otros combates como la globalización, que en la nueva aventura está representado por el centralismo de Roma frente a los otros pueblos que habitaban la península.

Con esa pirueta han encontrado un nuevo caballo de batalla con el que se sienten identificados y que les permite mantener la lucha de los irreductibles galos.

“La imagen del poblado cambia, siempre es diferente, se adapta a las épocas. Es un universo tan bien estructurado que puede transformarse sin problemas sin que sea traicionado”, afirma Conrad, mientras que Ferri agrega que “el poblado es la tribu, es la familia, todo el mundo se reconoce en ello, por eso funciona”.

Los autores reconocen que sienten curiosidad por conocer la acogida que el nuevo álbum tendrá en Italia, pero se muestran esperanzados porque en sus viajes por ese país, en particular para conocer las vías romanas, no han visto el mismo centralismo que hay en Francia.

“Los italianos no se consideran los malos, los malos son los romanos, los malos siempre son los otros”, dijo Ferri, que adelanta que en “Astérix en Italia” aparecen vénetos, umbros, etruscos, oscos, mesapios, apulios, una amplia diversidad de los pueblos que componían la península.

Ferri y Conrad, que poco a poco comienzan a adueñarse del personaje de Gosciny y Uderzo, aseguraron que tienen ofertas para llevar al héroe a todos los lugares del planeta, algunos tan inverosímiles para un galo de la época romana como Argentina.

Y no descartan nada, porque el personaje ha cobrado una talla mundial, con 370 millones de ejemplares vendidos, traducciones en 111 lenguas y dialectos, y 13 películas.

 

9 octubre 2017 at 8:17 pm Deja un comentario

La desconocida dama gallega que fue la primera viajera española de la historia

El relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia en España fue escrito en el siglo IV por Egeria, una gallega que contó sus aventuras en cartas dirigidas a sus amigas

Retrato de Egeria

Fuente: MÓNICA GAIL  |  ABC
2 de octubre de 2017

«Valiente, fresca y humana que, a través de frases sencillas, se revela como una mujer de gran coraje y fuerza». Así describe el periodista Carlos Pascual a la protagonista de su libro: «Viaje de Egeria» (La Línea del Horizonte). Es el relato de viajes más antiguo en nuestro país del que se tiene noticia, escritor por una mujer.

Portada del libro «Viaje de Egeria», de Carlos Pascual Gil

«Viaje de Egeria» es una nueva traducción hecha por Carlos Pascual -un histórico del periodismo de viajes en España- del original códice medieval encontrado en 1884 por un erudito italiano, Gian Francesco Gamurrini, en la biblioteca de Arezzo. Las páginas del códice no encajaban unas con otras, pues unas eran textos de Hilario de Poitiers, un santo padre de la Iglesia, y las otras parecían unas cartas escritas por una mujer, Egeria, y dirigidas a unas dominaes sorores (del latín, literalmente se traduce como señoras y hermanas).

Ahora Carlos Pascual ha podido revisar la historia al detalle y ampliar su conocimiento con los nuevos estudios que se han hecho. El texto original de Egeria, el «Itinerarium ad Loca Sancta», aún permanece en la biblioteca de Arezzo y, aunque no está expuesto al público, se puede ver con los permisos necesarios.

Egeria, la primera viajera-escritora

Las cartas descubiertas en Arezzo fueron obra de Egeria, una valiente viajera que empezó a recorrer mundo en el siglo IV partiendo de la antigua Gaellecia. Estas cartas consistían en una especie de «diario de viajes», cuenta Carlos Pascual. En sus cartas narraba a sus amigas lo que iba haciendo, los lugares que iba viendo… Al principio se atribuyó su autoría a otras personalidades hasta que, finalmente, se supo que fue Egeria gracias a otros documentos, como una carta del siglo VII que hablaba sobre el viaje que habría realizado esta mujer desde el extremo de El Bierzo (antiguamente perteneciente a Gallaecia y actualmente a León), donde está escrita esta carta.

«En aquel momento, lo que ella hizo se consideraba recorrer el mundo, porque era todo lo que se conocía», asevera Carlos Pascual, quien explica en el libro que no se sabe su edad exacta pero se puede aventurar: «Debía de ser, al realizar su viaje, una mujer de edad mediana (…) No una mujer joven; no se compaginaría ese hecho con el de viajar acompañada siempre de «santos varones», presbíteros, diáconos e incluso obispos. Tampoco una mujer anciana; pues en tal caso no hubiera podido seguir el ritmo del viaje (…)».

Retrato de Egeria

Egeria, a pesar de ser una mujer de la alta nobleza y poseer grandes conocimientos, redactaba sus cartas en un latín sencillo y evolucionado a las lenguas romances, por lo que resultaba fácil de traducir. Era un latín casi pobre, el que se hablaba entonces en la calle: el sermo cotidianus. Usaba un estilo coloquial, directo, cercano e, incluso, a veces repetitivo y atropellado. A pesar de que algunas versiones han coregido ese «defecto», Carlos Pascual ha decidido mantenerlo en su traducción porque, según él, «en ese atropello coloquial reside parte del encanto de Egeria».

«Al principio sus cartas eran de lo más farragosas, pero cuando va tomando confianza, demuestra ser un personaje de lo más atractivo», cuenta Carlos Pascual. El periodista quedó impresionado por la frescura y la naturalidad con la que Egeria contaba todo en las cartas. Por ejemplo, una de las anécdotas relata que el obispo de Segor sugirió a Egeria visitar el lugar donde supuestamente se encontraba la mujer de Lot convertida en estatua de sal y ella escribió a sus amigas: «Pero creedme, venerables señoras (…) cuando nosotros inspeccionamos aquel paraje, no vimos la estatua por ninguna parte, no puedo engañaros al respecto».

El itinerario de Egeria

«Egeria hizo su viaje en el momento oportuno», dice Carlos Pascual. Todos los Santos Lugares que había descubierto Santa Helena en los que se empezaron a construir templos, basílicas e, incluso, hospederías para los peregrinos, cayeron en manos de los sarracenos (nombre con el que se denominaba a los árabes o musulmanes; la palabra es muy anterior a Mahoma). Estos cerraron las fronteras y ya no se pudo pasar por ahí nunca más.

A pesar de que las cartas están incompletas, pues faltan hojas del principio y del final, constituyen el itinerarium o peregrinatio que realizó Egeria.

Esta mujer viajera pudo ir a Palestina, Jerusalén o Egipto. Atravesando la Vía Domitia, llega a la capital de la pars orientis del Imperio, Constantinopla, y recorre parajes bíblicos, incluido el Sinaí y algunos lugares de la Mesopotamia romana. Tan sólo llega a una parte de Mesopotamia debido a que estaba dividida en dos: la Mesopotamia romana civilizada, donde se podía llegar, y la Mesopotamia fuera del Nimes, fuera de esta frontera, donde ni Egeria ni nadie podía entrar. «Los mundos de entonces eran mundos cerrados a cal y canto», explica Carlos Pascual.

Egeria pudo viajar desde Gallaecia hasta Mesopotamia casi sin problemas gracias a la pax romana. Esto sucedía entre los años 29 a. C. y 180 d.C.

Tras cuatro años viajando por Tierra Santa, cuando vuelve a Constantinopla (actual Estambul), desde allí escribe la última carta que nos ha llegado en la que dice que si aún le quedan fuerzas, quiere ir a ver el Martyrium (iglesia sobre el sepulcro de un santo) de San Juan en Éfeso. «Por ese ‘si tengo fuerzas’ se ha interpretado que ya estaba mal, pero no se sabe si llegó a ir a Éfeso, murió o regresó a Gaellecia», dice el periodista con incertidumbre.

El comienzo de la investigación

Carlos Pascual se empezó a interesar por esta historia mientras estaba en Gran Bretaña. Estaba haciendo un reportaje sobre la Muralla de Adriano, una construcción defensiva de costa este a costa oeste que también servía de frontera y de la que aún se conservan los restos. «Cada ciertos kilómetros tenían un puesto, como un cuartel, un destacamento», recuerda Carlos Pascual. Uno de esos destacamentos albergaba un museo y el periodista observó con detenimiento unas tablillas de madera escritas a mano con tinta. El hecho de que estuvieran escritas a mano fue lo que realmente le llamó la atención: «Todos los documentos que tenemos latinos, como las tragedias, comedias, etc. todos están escritos por monjes de la Edad Media. No tenemos documentos directos de aquella época».

Además, una de las tablillas acaparó su atención al repetir la palabra soror (del latín, hermana) varias veces. «De ahí vino entonces que a las monjas se les llamara sorores, pero en aquel momento, el significado que tenía soror era ‘amiga’», explica Carlos Pascual. Para mayor sorpresa, al traducir el escrito, descubrió que era una invitación de cumpleaños, seguramente la primera de la historia. La mujer del jefe del destacamento invitaba a una amiga del mismo cuartel para que fuera a su fiesta de cumpleaños.

Excerpta Matritensia relativos al Viaje a Tierra Santa de la Monja Egeria (folio 188 del Manuscrito 10018 de la Biblioteca Nacional) – BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA

Fue a partir de ahí que el curioso periodista empezó a investigar. Y lo primero con lo que se topó fue con una «historieta» que hablaba de la «monja viajera», algo que según Carlos Pascual es totalmente «disparatado».

El malentendido de la «monja viajera»

En el texto original se pudo comprobar que las cartas iban dirigidas a unas dominaes sorores que, literalmente, se traduce como señoras y hermanas. De estas palabras llega la gran confusión: Egeria no era una monja. Esto es lo que Carlos Pascual quiere dejar claro: «Durante 100 años se ha alimentado esa especie de mito de manera un poco interesada porque quienes estudiaron esto eran frailes y curas».

Pensaron que Egeria se refería a «hermanas monjas», algo que desmiente Carlos Pascual: «Yo enseguida empecé a sospechar que no podía ser así por muchas cosas: era imposible que una monja se moviera con un séquito imperial de soldados, sacerdotes e incluso obispos y, además, por aquellas fechas no existían las monjas».

Lo que sí existía, dice el periodista, era un movimiento precursor de mujeres que querían acercarse a la religión pero, por supuesto, no existían los conventos. Lo más parecido eran las llamadas «beguinas», unas asociaciones de mujeres cristianas que ayudaban a los más desamparados, a los pobres, enfermos, mujeres, niños o ancianos. Carlos Pascual explica que eran unas mujeres piadosas que vivían juntas en una especie de comunidad pero «muy a su aire» y que no eran religiosas. Podían salir de la asociación en cualquier momento y, a menudo, eran viudas jóvenes cuyos maridos habían muerto en combate.

«Este malentendido ha llegado tan lejos hasta el punto de que hace poco se editó un sello en España en el que aparecía ‘la monja viajera’», cuenta Carlos Pascual sin salir de su asombro. Además, en 2005 una congregación de monjas inició en Alemania el «Proyecto Egeria» para realizar cada año, hasta 2015, una peregrinación a los lugares que visitó esta antigua viajera.

Sello español en honor al «XVI Centenario del viaje de la monja Egeria a Oriente Bíblico»

¿Cómo se viajaba en el siglo IV?

Para Carlos Pascual, los viajes en el siglo IV no distaban mucho de como se realizan en la actualidad. «Las autopistas de entonces eran las vías. El Imperio tenía como 83.000 kilómetros de vías: la Vía Augusta, la Vía Domitia, la Vía Flavia…», explica el periodista.

Por estas vías caminaban las ya mencionadas mujeres piadosas, los pordioseros, comerciantes, estudiosos, maleantes y ladrones… Todo tipo de gente se juntaba por esos caminos.

«Cada 30 kilómetros, más o menos, que es lo que se puede recorrer en un día -explica Carlos Pascual-, había unas mansiones (plural del término latino mansio, que significa casa) donde se hacían paradas para hacer noche, para encontrar alojamiento». Carlos Pascual las compara con nuestras gasolineras. Entre mansio y mansio había otras más pequeñas, una especie de ventas rápidas, llamadas mutaciones, donde paraban ligeramente para ir al baño, a la cafetería o, básicamente, para cambiar los caballos si venían muy cansados o se habían roto una herradura. Y es que estos eran, lógicamente los «vehículos» de la época: viajaban a lomos de caballería, en barco y, muchas veces, a pie.

Por supuesto, para pasar de unas zonas a otras, de unos territorios a otros, se necesitaban pasaportes. Pero, ¿cuáles eran los pasaportes de entonces? Antiguamente se usaban los llamados diplomas para poderse mover por allí, pues «cualquiera no podía ir, igual que ahora», asegura Carlos Pascual. «Te das cuenta de que los tiempos cambian, pero mucho menos de lo que nos pensamos», añade. Y, por no cambiar, no han cambiado ni las vías, como la Vía de la Plata actual (desde Sevilla hasta Astorga), que sigue el mismo trazado de la antigua Vía de la Plata romana.

Una moda inspirada por Santa Helena

Santa Helena con la Vera Cruz, por Francesco Morandini

Carlos Pascual dice que la «culpable» de que las mujeres en aquella época viajaran tanto fue Santa Helena (250-329 d.C.), madre del Emperador Constantino. Ella se dedicó a «descubrir» todo lo relacionado con la Pasión de Jesús en Jerusalén: la cruz, el santo sepulcro, etc. Así fue como en los últimos años del Imperio Romano, se puso de moda entre las mujeres de la alta aristocracia viajar a Tierra Santa. Pero para esto tuvo que pasar medio siglo, pues los viajes empezaron a ponerse de moda alrededor del año 380 d.C.

«Esto tiene más sentido, empieza a encajar», afirma Carlos Pascual comparándolo con el mito de la «monja viajera».

Además, un profesor de la Universidad de Canadá realizó un estudio sobre este movimiento de mujeres aristócratas que hacían peregrinaciones a los lugares santos descubiertos. Así, pudo comprobar que en la corte del Imperio Romano de Oriente (actual Estambul) muchas de las mujeres que viajaban eran hispanas. Esto podría explicarse porque Teodosio el Grande era hispano y, por tanto, las mujeres de su corte también lo eran.

El poder de las mujeres en la época

«En la corte de Teodosio realmente mandaban las mujeres; incluso su mujer fue la primera que tuvo el título de ‘Augusta’», asegura Pascual. Y es que este título que recibió la mujer de Teodosio, era un título reservado exclusivamente a los emperadores (hombres), que eran considerados Dioses.

«Por lo tanto, este libro es importante también para ver la fuerza y el poder que tenían en aquel momento las mujeres», dice Carlos Pascual. Y se lamenta de que no se le haya dado tanta relevancia «porque, primero, se lo apropiaron los curas y, segundo, por el hecho de que era una mujer». Además, hace una pequeña crítica hacia la falta de curiosidad de los españoles por no indagar o querer saber más sobre la historia.

 

5 octubre 2017 at 6:07 pm Deja un comentario

El último hallazgo del pecio de Anticitera anuncia un museo de esculturas bajo el agua

Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio, que podría albergar entre siete y nueve esculturas completas

El pecio podría esconder entre 7 y 9 esculturas de bronce – Cortesía de ARGO 2017

Fuente: ABC
4 de octubre de 2017

El célebre pecio de Antikythera (Anticitera en español) vuelve a ser noticia. Un grupo de arqueólogos marinos ha recuperado un brazo de bronce de una escultura griega en los restos del naugragio. El buque, probablemente de cincuenta metros de eslora, que se hundió en el año 1 a. C. podría esconder un total de siete esculturas, tal y como explicó a The Guardian uno de los buzos técnicos del proyecto.

El proyecto está promovido por el Ephorate of Underwater Antiquities de la Lund University de Suecia, responsable de toda la arqueología subacuática en Grecia. «Las esculturas están entre las rocas y debajo de ellas», afirmó Brendan Foley, codirector del equipo de excavaciones de la Universidad de Lund. «Creemos que hay un mínimo de siete esculturas de bronce que aún nos esperan allá abajo, quizás nueve».

Las rocas que cubren las piezas pesan varias toneladas y se especula que podrían haber caído sobre el naufragio durante un terremoto masivo que sacudió a la isla de Anticiteray sus alrededores en el siglo IV d. C.

No es la primera vez que aparece una estatua de bronce en el pecio. De hecho, de allí procede la Joven de Anticitera, una escultura helenística que ahora se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. «La oportunidad de recuperar otro grupo de estatuas de tamaño natural asociado con el naufragio es extraordinario, porque los bronces suelen encontrarse al azar bajo el mar, recogidos por las redes de pesca o encontrados de forma inesperada por los buceadores», afirmó al diario británico Jens Daehner, comisario asociado del J Paul Getty Museum de Los Ángeles.

Entre otros objetos, los buzos han recuperado también una losa modelada de mármol rojo, una jarra de plata, restos de madera de un navío y un hueso humano. El pasado año, el mismo equipo encontró el cráneo, tres dientes y numerosas costillas de un individuo que falleció en el naufragio.

Más de un siglo de hallazgos en Anticitera

El naufragio de Anticitera se descubrió en 1900 gracias a un grupo de pescadores de esponjas griegos. Desde entonces, los arqueólogos han levantado espectaculares estatuas de bronce y mármol, vidrios ornamentales y cerámicas, piezas de joyería impresionantes y el célebre mecanismo de Antikythera, un artefacto astronómico muy sofisticado cuyo funcionamiento tardó décadas en ser descifrado y cuya precisión para el cálculo astronómico de eclipses, fases de la luna y posiciones estelares asombró a los científicos.

 

4 octubre 2017 at 10:46 pm Deja un comentario

Reabre al público cuarenta años después el ático del Coliseo

Nuevo recorrido a partir del 1 de noviembre

Fuente: ANSA Latina
Fotos: AGF / La Repubblica

(ANSA) – ROMA, 3 OCT – A partir del próximo 1 de noviembre, con la apertura del Atico del Coliseo romano, el célebre anfiteatro podrá ser visitado tal como era hace 2.000 años, en el apogeo del Imperio.

El fragor de las armas, el rugido de las fieras enfurecidas, los gritos, el público: asistir a un espectáculo en el Coliseo hace 2.000 años -observó la arqueóloga Rossella Rea- debía ser un espectáculo de tintes muy fuertes.

“Una mezcla increíble de ruidos y olores” envolvía a los 50.000 espectadores de todo nivel social, ordenadamente divididos en diversos anillos, cada uno en su asiento: de mármol para los más pudientes, de madera para la plebe, que estaba confinada a las partes más altas, donde apenas se veían los detalles de los combates y también los ruidos llegaban más atenuados.

Desde allá arriba la vista de conjunto era, sin embargo, única y espectacular, una maravilla que después de más de 40 años vuelve a ser accesible a todos, con un nuevo itinerario de visita -a partir del 1 de noviembre- que suma una nueva pieza al encanto del monumento más visitado de Italia.

“Un espectáculo inolvidable”, comentó el ministro de Cultura, Dario Franceschini, que ya apunta a la restauración de los subterráneos (el contrato está por ser firmado y los trabajos durarán un año y medio) y a la cuestionada cobertura de la arena, el proyecto que quiso con fuerza y al que destinó 18 millones de euros.

“Con la reconstrucción de la arena se comprenderá realmente qué quería decir ver un espectáculo en el Coliseo”, reiteró el ministro durante la visita.

Por razones de seguridad, el nuevo recorrido será reservado a grupos de máximo 25 personas acompañadas por un guía. Comienza en el tercer nivel del anfiteatro, después de atravesar la única galería aún conservada como era originalmente.

Una galería intermedia -explicó Rea- que tenía la función de distribuir al público, que desde el segundo nivel (hoy el primer piso del anfiteatro) llegaba a los pisos más altos: primero el “meniano segundo”, en el cuarto nivel, donde sobre amplios asientos de mármol divididos por categorías hallaban lugar los comerciantes y la pequeña burguesía; luego el “meniano in ligneis” reservado a la plebe, a 40 metros por encima de la arena.

Aquí las familias del pueblo pasaban a veces días enteros, se divertían, comían y a veces hasta se preparaban la comida, sobre todo “pollo y cereales”, cocinándolos en hornillos improvisados cuyos restos fueron hallados por los arqueólogos.

Tampoco faltaban los baños, prácticamente agujeros en el pavimento, instalados en la galería. Reconstruido por Luigi Canina en el siglo XIX, el quinto nivel hoy tiene el aspecto de una terraza descubierta, con extraordinaria vista al Coliseo y sobre la capital, pero también expuesta al sol y la lluvia.

En la antigua Roma no era así: si los asientos más lujosos de la cavea -los tronos de mármol para los senadores pero también los asientos de piedra de la burguesía rica- estaban cubiertos por una delgada cortina llamada velum, el sector de la plebe estaba reparado por un amplio pórtico que garantizaba protección.

La nueva visita será “una experiencia fortísima que cada turista se llevará consigo”, agregó Franceschini. Por ahora al paseo se ingresa solo mediante una empinada escalera, pero se está trabajando para instalar un montapersonas que permitirá mayor accesibilidad.

La entrada costará 9 euros, y 15 si la visita se une a los subterráneos y el nivel de la arena, con reserva obligatoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 octubre 2017 at 7:43 pm 2 comentarios

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