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Aranegui desmonta el mito de que Sagunt fue una colonia griega

La catedrática de Arqueología explicó que este argumento se utilizó para justificar la Guerra Púnica

Aranegui, al entrar en la sala junto al alcalde y ante Ribelles. Daniel Tortajada

Fuente: Marián Romero > Sagunt  |  Levante-EMV
18 de enero de 2018

La catedrática de Arqueología de la Universitat de València, Carmen Aranegui, desmontó el mito de que Sagunt era una colonia griega y apuntó que la creencia se mantuvo para «justificar la Guerra Púnica», afirmó.

Ésta fue una de las afirmaciones más llamativas que Aranegui realizó durante su ponencia «El Comerç d´Arse», en el centro cultural Mario Monreal de Sagunt dentro del ciclo de conferencias «La Ciutat Ibèrica», en el marco de la candidatura de Sagunt a Patrimonio de la Humanidad.

En su intervención, la catedrática explicó que el comercio propició un cambio cultural «de forma mucho más efectiva que la colonización» y que «los lugares con puerto son lugares donde hay tráfico de gente de sitios muy distintos», como fue el caso de Arse; argumento que utilizó para reforzar su teoría sobre el mito romano, que pidió no seguir alimentando. «Éste era un puerto abierto y no hay base documental de su origen colonial». «Se navegaba desde el mes de marzo hasta el mes de septiembre, y por lo tanto había veces que las tripulaciones de los comerciantes hibernaban en un determinado lugar. Por lo tanto, allí se establecían una serie de convivencias que daban lugar a cambios culturales», expuso Aranegui.

Tras esta explicación matizó que «los edetanos de Arse forjaron su historia mirando al mar», ya que el mar fue en la antigüedad la principal via de comunicación, añadió.

La conferencia de Aranegui, que estuvo coorganizada por el Centro Arqueológico Saguntino y el Ayuntamiento de Sagunt, como el resto del ciclo de ponencias, se centró en dar a conocer cómo era el comercio en Arse durante la época íbera, un comercio que vino marcado por un enclave importante: el Grau Vell, «el puerto documentado más antiguo del litoral valenciano», dijo.

Según los estudios realizados, fue un puerto con un comercio de larga distancia y de distintas mercancías, desde cereal, vino, aceite, a manufacturas y metales, apuntó la catedrática.

Esto demuestra que Arse también fue un importante centro productor que «incentivaría todas las posibilidades de producción que le permitía la tierra». En definitiva, un centro de distribución al que llegaban y del que salía mercancía.

Los restos arqueológicos encontrados en el Grau Vell demuestran la participación del puerto en un tráfico internacional, como «bienes que proceden de Grecia, Cartago, Roma o Ibiza», además de la la existencia de envases para almacenar.

Epigrafía mercantil

Aranegui insistió en que el Grau Vell «no fue un puerto menor», y justificó su aseveración en varios puntos. Uno de ellos en la epigrafía íbera, con un claro carácter mercantil. A esto suma la existencia de un torreón (torre de vigilancia), «importante y bien construido», que no tenían todos los puertos, o la conservación de estructuras en tierra firmes como las construcciones que datan del 500 A.C. en las que el 50% del material encontrado era de importación, aseguró.

La excavaciones subacuáticas también corroboran la importancia del Grau Vell, dada la detección de naufragios , que ponen de manifiesto la presencia de grandes buques, lo que descarta que fuera un fondeadero.

Precisamente en este punto, la catedrática tuvo unas palabras de recuerdo para el cronista Bru i Vidal del que dijo que «gracias a él se clarificaron muchas cuestiones del puerto de Sagunt» que, en un principio, algunos estudiosos situaban en Almenara.

 

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18 enero 2018 at 6:48 pm Deja un comentario

El abandono de la antigua ciudad aragonesa que cambió el calendario

Las ruinas de Segeda permanecen desde 2013 sin investigación ni inversión tras la disolución de su fundación.

Imagen de las ruinas de Segeda. | Fundación Segeda

Fuente: Víctor Millán > Zaragoza |  Heraldo.es
15 de enero de 2018

Entre los pueblos de Mara y Belmonte de Gracián, en Calatayud, se esconden las ruinas de la que durante un tiempo fue una de las ciudades más importantes del norte de lo que hoy es España. Los antiguos Belos, pueblo celtíbero, erigieron en este entorno la ciudad de Segeda o Sekeida, una urbe que llegó a acuñar moneda, consiguió reunir a 30.000 hombres para combatir al ejército romano, y que incluso obligó a sus cónsules a cambiar la fecha de su calendario para poder actuar con mayor celeridad ante la posible rebelión de sus habitantes.

El yacimiento de Segeda creció en nombre y repercusión después de que el Catedrático de Prehistoria de la Universidad de Zaragoza Franciso Burillo comenzara a investigarlo a mediados de los ochenta. Fue objeto de una importante dotación económica en materia de patrimonio cultural con el fin de afianzar sus excavaciones desde el año 2004, sin embargo ahora, desde hace cuatro años, sus ruinas permanecen sin apenas cuidados y sin mayor material que unos paneles para quien quiera visitarlos.

“Estamos hablando de una población que consiguió alterar la política romana por su magnitud, lo que nos da una idea de la cantidad de personas que vivían ahí, en una zona que hoy paradójicamente sufre la despoblación. Segeda fue la ciudad más importante de inicios del siglo II a.C en su zona de acción, con 44 hectáreas de extensión. Para hacerse una idea, Numancia tiene 7,6”, explica Burillo.

Segeda fue hasta el año 153 antes de Cristo uno de los núcleos más importantes de las distintas tribus celtibéricas preexistentes a la llegada de los romanos junto con Numancia. Las fuentes documentales cuentan que, en medio de la tregua tras las primeras Guerras Celtibéricas, el Senado Romano tomó como casus belli que los Belos quisieran ampliar las murallas de Segeda para acoger a poblaciones vecinas. El miedo de los romanos a no poder enviar sus tropas antes de la llegada del invierno obligó a adelantar su año político -que entonces se iniciaba en los llamados Idus de Marzo- para elegir antes a los nuevos cónsules. Una modificación que dio como resultado que hoy todo el mundo occidental tenga el 1 de enero, y no la mitad de la primavera, como fecha de inicio de cada año.

El yacimiento de Segeda vivió sus años de mayor investigación entre 2004 y 2011, cuando el equipo dirigido por Burillo firmó un convenio con la DPZ -entonces presidida por Javier Lambán- que llegó a contar con unos 300.000 de euros de presupuesto anual y un equipo de unas 30 personas. “Se hizo un proyecto para hacer vino como se hacía en la época, se hacían visitas, y se consiguió sacar a la luz hitos arqueológicos importantes”, comenta Burillo.

En la zona de esta antigua urbe se encuentran tres asentamientos distintos: el primero el yacimiento de Segeda I, la ciudad original en El Poyo de Mara, Segeda II, ciudad construida ya bajo control romano tras la destrucción de la primera en Durón de Belmonte y un campamento romano en los Planos de Mara desde donde se supone que se sitió la ciudad. Estos restos, junto con lo que parece un santuario astronómico, dan a Segeda un valor fundamental para conocer la evolución de la cultura celtibérica, carente en muchos casos de grandes restos por su solapamiento con la romana tras la invasión.

Burillo recuerda que en torno a Segeda se crearon muchas actividades en su época de apogeo divulgativo. “Se realizaron las fiestas históricas más antiguas de la provincia de Zaragoza, con los Idus y la Vulcanalia. Un programa de Segeda Didáctica. Arqueología experimental con el descubrimiento del lagar, el más antiguo de los conocidos del Tajo y la recuperación de 5.000 adobes para construir la primera fase del Museo del Vino, donde se hacía vino al modo celtibérico. Además, el santuario con orientación astronómica permitió el desarrollo del proyecto Cosmóbriga” señala el profesor.

La llegada de la crisis económica hizo que la Fundación creada para gestionar el yacimiento quedara inactiva al restringirse los fondos para patrimonio cultural, y el Ayuntamiento de Mara, miembro de la fundación, solicitó su disolución. Desde entonces no se ha vuelto a excavar. “El peligro en casos como estos no es solo el hecho de no poder investigar y sacar partido a un patrimonio que podría traducirse en turismo y visitas, sino también la falta de acondicionamiento para mantener lo que ya se ha conseguido”, señala el profesor.

La historia de este yacimiento, declarado Bien de Interés Cultural y de Interés turístico, en cierto modo es similar a otras decenas que han languidecido a raíz de la crisis, con presupuesto cero, y que la mejora económica de momento no ha recuperado a excepción de algunos puntos, como Bílbilis, que tras años con solo labores de acondicionamiento el verano pasado se valló con fondos del Ayuntamiento de Calatayud. Otros, como la villa romana de La Malena, también abandonada, se recuperará en 2018 esta vez sí con fondos de la DGA tras las protestas de Apudepa y vecinos de la zona.

Por el momento, el mayor recuerdo que queda vigente del pasado de Segeda es la fiesta que los vecinos de Mara celebran cada mes de agosto, recreando con ambientación antigua la Vulcanalia y el momento en el que las tropas celtibéricas y las romanas chocaron por primera vez después de que Segeda obligara a cambiar el calendario.

 

16 enero 2018 at 2:43 pm 1 comentario

El extraño sistema político de Esparta: dos «reyes» con sangre de Hércules para gobernar a la vez

Los diarcas no se repartían el poder, sino que ambos ostentaban las mismas responsabilidades. Los dos reyes eran sacerdotes de Zeus, ambos eran jefes militares permanentes y en un principio podían salir de campaña juntos o por separado

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
12 de enero de 2018

La monarquía espartana es uno de los escasos y extraños casos de diarquía en la antigüedad, esto es, un sistema en la que reinan a la vez dos personas, representantes de dos dinastías distintas. Un concepto que también aparece en Cartago e incluso en Roma, cuya herencia más evidente estuvo en los cónsules republicanos que gobernaban a la vez. Precisamente la batalla de Cannas (216 a. C), el mayor desastre militar de la historia romana, demostró las desventajas de tener el poder absoluto dividido entre dos personas. Eso sin mencionar lo irresistible que es para los que quieren medrar y conjurar en la Corte poder bascular entre dos bandos.

Como explica Nic Fields en su libro «La leyenda de los 300: Termópilas» (Osprey Ediciones), lo más peculiar del sistema político espartano estaba en su monarquía dual, con dos familias reales al frente del país. Los agíadas y los euripóntidas compartían antepasados comunes y cada uno tenía su propio rey, tal vez como remanente de dos tribus que se unieron y decidieron compartir el poder en otro tiempo. No obstante, la mitología griega relata que los dos primeros diarcos fueron Proeles y Euristenes, hijos gemelos del Rey Aristodemo, descendiente de Hércules, que reinaron juntos en Esparta ante la imposibilidad de distinguir quién era el mayor.

Leónidas I fue el 17.º rey agíada de Esparta.

Los diarcas no se repartían el poder, sino que ambos ostentaban las mismas responsabilidades. Los dos reyes eran sacerdotes de Zeus, ambos eran jefes militares permanentes y en un principio podían salir de campaña juntos o por separado, lo cual cambió por los problemas generados sobre el terreno. Con el tiempo se prohibió que los dos reyes dirigiesen a la vez al Ejército, de modo que uno se quedaría en la ciudad, mientras el otro salía en campaña militar.

Aristóteles definió así esta diarquía como un generalato hereditario y vitalicio. Pero que fuera hereditario no hacía de este sistema una monarquía en sí. El poder real descansaba realmente en una asamblea de guerreros, «apella», y en un consejo de ancianos, «gerousia», formado por los dos reyes y otros 28 miembros elegidos entre los espartanos de más de 60 años. En este sentido, estos dos órganos tenían capacidad para deponer o mandar al exilio a los reyes, si bien los diarcas espartanos se encargaron de mantener bajo su control ambas asambleas aprovechando sus victorias militares para aumentar poder. El frágil equilibrio entre las instituciones regulada por la Retra (le Ley suprema espartana) fue el demoninador común de este reino griego.

La diarquía más allá de Esparta

Otras potencias antiguas también emplearon fórmulas parecidas a la espartana, entre ellas Cartago, algunas tribus de Dacia y Germania) y la propia Roma. En los inciertos primeros años de la fundación de la ciudad, se estableció una diarquía entre el mítico Rómulo y Tito Tacio, instaurada tras la guerra de Roma con los sabinos. Esta monarquía dual se prolongó hasta el momento en el que Tacio fue muerto por una familia enemiga y Rómulo no intervino ni en su defensa ni para vengar a su compañero. Con la instauración de la República Romana, la diarquía pervivió en parte a través del sistema de dos cónsules que se alternaban a la cabeza del gobierno y del ejército. Una fórmula que a nivel militar resultó desastrosa a cuenta de que a veces los cónsules les preocupaba más destacarse frente a sus compañeros de gobierno, normalmente rivales políticos, que colaborar con ellos en pos de la Res publica.

El ejemplo de diarquía más conocido y cercana hoy es el del Principado de Andorra, cuyos gobernantes son el Presidente de Francia y el Obispo de Urgell. Un coprincipado vigente desde 1278, cuando se firmó el «Pariatge» entre el Obispo de Urgel y el Conde de Foix. Caso parecido al de la República de San Marino, gobernada en forma colegiada por dos Capitanes Regentes y el Reino de Swazilandia, cuyas cabezas de Estado son el Rey y su madre.

 

12 enero 2018 at 8:33 pm Deja un comentario

La Universidad de Jaén participará en Italia en la localización de la de la Batalla del Metauro

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (Jaén) va a participar en la localización de la Batalla del Metauro (Italia), gracias al convenio específico firmado con la Superintendencia de Arqueología, Bellas Artes y Paisajes de la Región de Marche y la Universidad Carlo Bo, de Urbino. De esta manera, las tres instituciones trabajarán conjuntamente en la realización del proyecto denominado ‘Studio per la identificazione dei luoghi della Battaglia del Metauro’.

Posible tumba de Asdrúbal en Metauro. EUROPA PRESS / UJA

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA
10 de enero de 2018

El investigador del Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA, Juan Pedro Bellón, ha explicado en un comunicado que esta batalla constituye una clave por diversas cuestiones. En primer lugar, porque uno de sus protagonistas, Asdrúbal Barca, también lo fue de la Batalla de Baecula tan solo un año antes de este enfrentamiento, “por lo que los materiales esperables en el campo de batalla deberían ser similares a los localizados en Baecula, de los cuales poseemos un amplio muestrario”.

En segundo lugar, porque su localización puede enfocarse desde el uso de las fuentes clásicas y las claves que aportan, dando protagonismo a las distintas propuestas historiográficas sobre su localización. Y finalmente, porque va a permitir testear un modelo de muestreo de prospección fundamentado en el módulo/escala de la Batalla de Baecula.

En el equipo de investigación se integran investigadores italianos que han desarrollado su actividad tanto en el entorno de la zona, como especialistas de prestigio en el ámbito de la Guerra Púnica, como Giovanni Brizzi.

Además, también dentro del equipo de investigación se integra un grupo vanguardista en el uso de técnicas de análisis del territorio mediante tecnologías SIG y datos Lidar, perteneciente al Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la UJA, que permitirá a los investigadores una gestión de calidad de los datos del terreno y el análisis de fotografía aérea histórica de la zona, elemento que ha sido fundamental para otros casos de estudio.

Desde el año 2001, el Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA desarrolla una línea de investigación relacionada con el análisis de la Segunda Guerra Púnica en el Alto Guadalquivir, que ha permitido el diseño de una metodología de prospección aplicada a la localización y estudio sistemático de campos de batalla, los cuales se caracterizan por un tipo de contexto/registro particular, al tratarse de procesos/eventos de pocas jornadas, afectados por procesos de limpieza (botín) y los propios procesos postdeposicionales, finalmente tratados siempre desde el condicionante de la lectura crítica de las fuentes clásicas.

El primer caso de estudio, la Batalla de Baecula, permitió a los investigadores de la UJA no sólo la localización del sitio o el análisis del posterior proceso de conquista/cambios en el territorio local del oppidum ibérico, sino dos elementos trascendentales para la investigación arqueológica de los campos de batalla en la antigüedad: el patrón/módulo de las dimensiones de una batalla campal en el marco de la Segunda Guerra Púnica; y, por otra parte, un corpus de elementos/indicadores arqueológicos que funciona de referencia/contraste para otros casos de investigación.

Esta línea de trabajo se ha reforzado con los casos de estudio de Puente Tablas e Iliturgi (donde se han localizado los restos del asedio de Escipión el Africano a la ciudad ibérica en el 206 a.n.e.) y, en Numistro (Italia).

“Más allá del análisis de la Batalla del Metauro, pretendemos articular su investigación con el impacto de la misma en el ámbito local y regional del conflicto, recogiendo las ideas braudelianas de los tiempos en el ámbito de los procesos históricos, del evento al tiempo largo, la ‘longue durée’ de los efectos de la batalla”, ha indicado Juan Pedro Bellón.

 

12 enero 2018 at 8:17 pm Deja un comentario

Pretorianos, la oscura fuerza detrás del trono de los césares

Dos libros revisan la cruenta historia de la vilipendiada guardia imperial de la antigua Roma

Los pretorianos del Louvre

Fuente: JACINTO ANTÓN  |  EL PAÍS
6 de enero de 2018

Pocas unidades militares arrastran tan mala fama como los pretorianos, la guardia de los  emperadores de Roma, su privilegiada (cobraban mucho más que los legionarios y servían menos tiempo) y a menudo petulante escolta. El cuerpo, que también acompañaba en campaña al emperador, entrando en combate como soldados, tuvo múltiples funciones incluyendo las de policía secreta, espionaje y operaciones clandestinas (como asesinar a enemigos del Estado). Fue precursor de las unidades de élite y de los guardaespaldas de los líderes modernos, influyó en contingentes como la Guardia Suiza, la Guardia Imperial de Napoleón o las SS, y su eco llega hasta La Guerra de las Galaxias, en cuya nueva entrega, Los últimos Jedi, el malvado líder supremo cuenta con una guardia personal inspirada directamente en ellos (aunque armada con espadas y lanzas láser en lugar de gladios y pilums).

A los pretorianos originales, a los que hemos podido ver haciendo de malos malísimos en decenas de películas de toga y sandalia, entre ellas Quo Vadis, La caída del imperio romano o Gladiator, sin olvidar la serie Yo, Claudio, se los denostó ya en la antigüedad por convertirse a menudo en el poder detrás del trono y por su fea costumbre de poner y quitar (matándolos, claro) césares a su antojo. Se los habituó a recibir una paga extra cada vez que había un relevo de emperador, lo que fomentó su deseo de cambio. Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

Uno de sus emblemas era el escorpión, que les iba como anillo al dedo aunque en realidad lo tomaron del signo zodiacal del emperador Tiberio.

De ellos escribió el gran Gibbon, que les achacó ser síntoma y causa de la decadencia de Roma: “Su orgullo se vio alimentado por la conciencia de su peso irresistible (…) Les enseñaron a percibir los vicios de sus señores con consabido desdén y a obviar el temor reverencial hacia sus amos que solo la distancia y el misterio pueden preservar”. En sus filas militaron algunos de los nombres más detestables de la historia romana, verdaderos sinónimos de traición, despotismo, crueldad e infamia, como Casio Quera, Sejano, Tigelino o Plauciano, que llegó, se cuenta, a castrar a cien ciudadanos nobles (de origen senatorial) para que su hija Plaucila pudiera ser atendida por eunucos, que ya es capricho.

Las carreras de los líderes de los pretorianos llegaron a ser muy prósperas –el propio Plauciano fue suegro del emperador Caracalla- y algunos incluso accedieron ellos mismos al trono, como Macrino y Filipo el Árabe, que antes de emperadores fueron prefectos del pretorio, es decir comandantes de la guardia. La indignidad de los más conocidos no debe hacer olvidar que hubo pretorianos decentes y que varios de sus mandos supremos murieron en campaña al frente de sus tropas (como el prefecto Cornelio Fusco, caído en combate contra los dacios cuando servía a Domiciano).

A reseguir la historia del famoso cuerpo, que estuvo activo 340 años, desde época republicana hasta que lo disolvió Constantino tras la batalla del puente Milvio (312) en la que habían apoyado a su rival Majencio, y a dilucidar hasta qué punto merecía su pésima fama, dedica el especialista británico Guy de la Bédoyère su documentadísimo libro La guardia pretoriana, ascenso y caída de la escolta imperial de Roma (Pasado & Presente, 2017), que coincide además en librerías con Pretorianos, la élite del ejército romano, del historiador de la Complutense Arturo Sánchez Sanz (La Esfera de los Libros, 2017).

El autor británico tiene muy claro de dónde viene el oscuro carisma de los pretorianos, y por qué nos fascinan tanto. “Eran peligrosos”, responde sin ambages. “Siempre cerca del centro del poder”. ¿Su reputación de malos está justificada? “Se los podía comprar, pero cuando los emperadores eran buenos y tenían gran prestigio, los pretorianos se comportaban. Fue sobre todo en los casos de emperadores incompetentes o vulnerables que los pretorianos cubrían los vacíos con su ambición y se convertían en codiciosos hacedores de reyes. El autoexilio de Tiberio en Capri, el desastroso reinado de Calígula…”.

La guardia pretoriana de ‘Gladiator’

De la Bédoyére señala que buena parte de lo malo que hicieron los pretorianos, “una de las fuerzas más poderosas y caprichosas de la historia de Roma”, hay que achacarlo a emperadores “que dejaban mucho que desear”. Distingue entre los soldados de la guardia, que mayormente, dice, fueron en general leales a sus emperadores, y sus oficiales y prefectos, “de los que no se puede decir lo mismo”. Y recalca que de una manera u otra, los pretorianos “eran como un volcán dormido que amenazaba con entrar en erupción cuando lo permitiesen las circunstancias”.

Uno de los episodios más famosos en que intervinieron los pretorianos fue cuando tras asesinar a Calígula, hicieron emperador al reticente Claudio que se había escondido detrás de una cortina y que les concedió una generosa propina como soborno para comprar su lealtad.

Sánchez Sanz muestra bajo una luz más favorable que De la Bédoyére a los pretorianos y cree que hay que desmitificar su imagen de “dueños del poder” que, opina, corresponde en puridad a sus colegas legionarios, que fueron los grandes impulsores de las candidaturas imperiales. Señala que los pretorianos probablemente “salvaron la vida a tantos emperadores como a los que se la arrebataron”. La guardia pretoriana, resume con cierto tono de admiración, “eran los soldados de élite de imperio. Muchas veces se aprovecharon de ello, otras tantas lo demostraron”.

Claudio implora ente los pretorianos que deciden nombrarlo emperador tras el asesinato de Calígula, en una pintura de Alma-Tadema de 1869

El libro de Sánchez Sanz, especialista en historia antigua, es muy rico en detalles sobre la organización, los uniformes y el equipamiento de los pretorianos, un tema complejo por la escasez de fuentes iconográficas y la variedad de funciones que carcaterizaba al cuerpo.

Los pretorianos empezaron siendo un destacamento de soldados, veteranos de confianza, que protegían como escolta personal a los generales en época republicana, tomando su nombre de la tienda de éstos, el praetorium, el pretorio. Hay referencias a las “cohortes pretorianas”, que es el tipo de unidad del ejército romano en que se agrupaban, desde tiempos de Escipión el Africano, aunque líderes como Julio César poseían otros guardaespaldas (en su caso, una guardia de hispanos que el malogrado dictador tuvo la mala idea de disolver antes de los idus de marzo). En todo caso, no encontramos verdaderamente institucionalizados a los pretorianos de la manera que los conocemos hasta época de Augusto. Fue él el que estableció una fuerza permanente de nueve cohortes, compuestas cada una por 500 o mil hombres, según las fuentes (De la Bédoyére es partidario de los mil), con campamento en Roma, destinada a proteger al emperador y a su familia, a suprimir disturbios y a desarticular complots.

Al frente de los pretorianos estaban dos prefectos del pretorio, que fueron cobrando mayor poder y protagonismo por su posición tan cercana al emperador. Los pretorianos contaban con una unidad de caballería propia, los equites singulares Augusti.

Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas.

Para De la Bédoyére (Wimbledon, 1957), el momento más sórdido de la historia de la guardia (y de Roma) fue la subasta que hicieron los pretorianos de la dignidad imperial en el año 193, tras el asesinato de Pértinax, que había intentado meterlos en cintura después de que en tiempo de Cómodo se hubieran acostumbrado a hacer lo que les daba la gana, incluso pegar a los transeúntes. “Ofrecieron el trono al mejor postor, una puja indigna y degradante, uno de los momentos en que ellos, y Roma, cayeron más bajo”. Compró el trono, al alza, Didio Juliano, que no duró sino 66 días al no poder pagar la suma acordada con los pretorianos.

Con las necesidades del imperio cada vez más acuciantes en las fronteras, se había ido combinando el uso de los pretorianos como fuerza militar de combate, y acompañaban al emperador como hueste personal en sus cada vez más frecuentes campañas (como en los casos deTrajano en Dacia y Marco Aurelio en Marcomania), hasta convertirse en una parte más, aunque siempre privilegiada y por ello envidiada, del ejército regular.

¿Qué calidad militar tenían? “Durante bastante tiempo, sorprendentemente poca”, responde De la Bédoyére. “Buena parte de ellos pasaban el rato holgazaneando en Roma como maniquíes militares y bravucones libertinos, capaces de asesinar pero poco aptos para la guerra real. Septimio Severo renovó la guardia con legionarios experimentados. Por desgracia, eso los hizo aún más peligrosos para el emperador”.

Los pretorianos desplegados en campaña, según la reconstrucción de un juego de ordenador.

Al preguntarle al estudioso por la inquietante similitud entre la guardia pretoriana y las SS, que también empezaron como guardia personal y acabaron convertidas en poderosas unidades de élite dentro del ejército alemán, De la Bédoyére reconoce el parecido y apunta que, “sin duda, de haber vivido Hitler hasta hacerse viejo sus rivales se habrían vuelto hacia las SS prometiéndoles más dinero y privilegios a cambio de que los apoyaran para convertirse en nuevos Führers, igual que en la antigua Roma”.

Los pretorianos tienen mucho de inasibles. En parte porque eran un cuerpo muy polivalente, además de que fueron cambiando con el tiempo. Su iconografía, su armamento y su indumentaria no están claros, lo que ha permitido fantasear mucho con ellos. “Eran espías (con una rama especial dedicada a esa tarea, los speculatores), soldados, escoltas, pero también topógrafos, mineros, ingenieros, armeros”, señala el estudioso británico. “Hacían todo lo que el emperador necesitara. Hasta de escuadrones de la muerte o de parte de la escenografía imperial: participando en espectáculos del poder. Claudio los puso a cazar panteras ante el público y matar una orca varada en el puerto de Ostia, y Nerón los convirtió en claque de sus actuaciones artísticas y deportivas. Cumplían misiones en todas partes. Incluso se envió una unidad a explorar Nilo arriba hacia Etiopía, una de las aventuras más curiosas del ejército romano”.

En cuanto a su aspecto, “cambiaba continuamente, llevaban uniformes vistosos al estar de guardia en palacio, armaduras especialmente diseñadas para ellos en las paradas y equipamiento más funcional en campaña. Pero a menudo, en el día a día, en Roma, eran muy discretos, vestían de paisano y no los reconocías si no los observabas muy de cerca”.

Cuando actuaban sigilosamente llevaban una característica capa con capucha, la paenula. El autor opina que la película que mejor nos los ha mostrado probablemente sea Gladiator, “pero tampoco es muy exacta”. Un aspecto desconcertante es que a veces llevaban calcetines.

¿Cuál es la herencia de los pretorianos? “Mostraron qué inestable es la cuerda sobre la que se sostiene un gobernante autoritario en el poder”, resume De la Bédoyére. “Necesita apoyo para mantenerse ahí, pero su guardia ha de ser poderosa para darle ese soporte. Y su poder puede llegar a ser mayor que el de él en cualquier momento… y entonces, está acabado”.

PERSONAJES FAMOSOS

Vinio Valente, centurión pretoriano de época de Augusto, era un sansón capaz de detener un carro con una mano. Lo cita Plinio.

Sejano, consiguió un poder omnipotente con Tiberio. El primer pretoriano que mostró lo peligrosos que podían ser. incurrir en su enemistad significaba una pena de muerte. Dion Casio asegura que yacía con las esposas de hombres relevantes para atesorar información. En su caída arrastró a toda su familia, y a su hija Junila, aún virgen, la forzó el verdugo para justificar la ejecución como la de una mujer adulta.

Macrón, también prefecto del pretorio como Sejano, fue el primero en participar en la muerte de un emperador, acelerando la de Tiberio. Previamente le había ofrecido su mujer al césar para que tuviera una aventura con ella.

Casio Querea, asesinó a Calígula tras sufrir numerosas humillaciones y que el emperador lo tachara continuamente en público de afeminado

Tigelino, el sicario de Nerón, cínico y disoluto. Un verdadero canalla.

Gayo Vedennio Moderato. La otra cara de la guardia, un pretoriano que sirvió larga y fielmente durante los flavios. Un buen soldado especialista en artillería y que era un crack usando la balista.

 

6 enero 2018 at 12:27 am Deja un comentario

Las cenizas de un legionario romano del siglo II, halladas en una olla en Israel

Una olla de cocina con restos, probablemente, de un legionario romano. / Yotam Tepper

Fuente: Ekaterina Rusakova / Texto traducido por María Cervantes | N + 1
29 de diciembre de 2017

Los arqueólogos de la Oficina de Antigüedades de Israel hallaron edificios de piedra y varios cientos de artefactos durante las excavaciones del antiguo campamento militar romano en el norte de Israel, informa Haaretz. Los científicos también encontraron una cueva artificial en la que había una olla de cocina con restos de un hombre incinerado, probablemente un soldado. En los siglos II-III d. C. en el campamento fue acantonada la Legio VI, que participó en la represión de la rebelión de Bar Kojba en 132-135.

La Legio VI Ferrata (Legio VI Ferrata Fidelis Constans) fue formada en la época de la República Romana. Bajo el liderazgo de Julio César, los legionarios participaron en la Guerra de las Galias. Más tarde, el gobernante los transfirió a Egipto. Desde el año 69 d. C., la Legio VI participó en la toma de Jerusalén. En el año 132, los soldados fueron enviados a luchar contra el levantamiento judío dirigido por Bar Kojba. Después de su represión, la Legio VI fue acuertalada en Galilea, cerca de la ruta comercial de importancia estratégica que lleva de Egipto a Siria. El lugar donde se construyó el fuerte lo empezaron a llamar Legio. En ese momento, las legiones tenían de 4.000 a 6.000 meimbros. Para el Mediterráneo oriental de esa época, un asentamiento de 5.000 personas se consideraba una gran ciudad. La última mención conocida de la legión se encuentra en las monedas con su número, halladas en Cesarea, Israel, que datan del año 244. A finales del siglo IV se considera que la legión fue disuelta, ya que no se menciona en la lista de autoridades del Imperio Romano.

Tabla de la Legio VI: VEXILLA TIO LEG VI FERR (escuadrón VI de la legión blindada)

Las excavaciones en Legio se llevaron a cabo en los años 2002 y 2003 y luego en 2013. Los arqueólogos liderados por Yotam Tepper descubrieron fragmentos de edificios, incluido el pretorio -la casa del comandante-. En 2017, los investigadores descubrieron los restos de la sede de la legión. Era un gran complejo con dimensiones de 100 × 100 metros, con una columnata en la fachada y una columnata dentro del edificio.

Las puertas que dirigen a la sede de la legión. / Yotam teper

 

Huellas de la sandalia de un legionario. / Yotam Tepper

Los arqueólogos han revisado lo hallado en la sede de la legión. Además de los productos petrificados de los legionarios, encontraron 200 monedas romanas de los siglos II-III d. C., fragmentos de cerámica, pedazos de vidrio y huesos de animales. Además, los científicos encontraron en el campamento una cueva artficial, y en ella una olla de cocina con los restos de un hombre incinerado, probablemente un soldado. “El entierro de restos cremados en ollas de cocina era una práctica común de los soldados romanos de la época. Encontramos varios otros entierros similares en todo el campamento”, dice el jefe de excavación Jotam Tepper.

Recientemente, arqueólogos israelíes descubrieron el lugar donde las tropas romanas irrumpieron en Jerusalén durante la guerra de los años 69-73. La ciudad fue destruida casi por completo, y el templo de Jerusalén fue destruido por el fuego.

 

30 diciembre 2017 at 11:06 am Deja un comentario

Cuando los dromedarios llegaban a Lugo

Los restos hallados en un yacimiento romano muestran que las caravanas cruzaban la península desde África

Una caravana de dromedarios en el desierto del Teneré, en Níger. XAVIER ROSSI / GETTY IMAGES

Fuente: MANUEL ANSEDE  |  EL PAÍS
29 de diciembre de 2017

Cuando el emir bereber Yusuf ben Tasufin desembarcó en la península ibérica en el año 1086 para luchar contra las tropas cristianas de Alfonso VI de León, llevaba consigo un arma secreta: un animal exótico y extravagante, de unos 600 kilogramos de peso y unos dos metros de altura a la cruz. “Yusuf ben Tasufin mandó pasar los dromedarios. Y pasaron tantos que cubrieron Algeciras y sus mugidos se elevaron al cielo. Ni los españoles ni sus caballos habían visto jamás un dromedario, y por eso los caballos se espantaban de verlos y de oír sus mugidos”, describió cientos de años después, en el siglo XVII, el historiador argelino Ahmed Mohamed al-Maqqari.

Es fácil imaginar el pavor que sentiría una persona del medievo ante un guerrero a lomos de un animal jamás visto, pero el cronista norteafricano se equivocaba. Los dromedarios llevaban casi un milenio paseando por la península. El historiador Carlos Fernández Rodríguez ha identificado ahora dos vértebras de camélido, muy posiblemente de dromedario, en el Domus del Mitreo, un yacimiento romano datado entre los siglos II y III después de Cristo y descubierto en Lugo en 2003, cuando se excavaba un solar destinado al vicerrectorado del campus universitario. “Este sería el hallazgo más septentrional de restos de dromedario en la península ibérica, pero hay evidencias de que llegaron hasta el río Rin, en Europa Central”, explica el investigador.

Los dromedarios servían de bestias de carga a las legiones romanas y a los comerciantes de aceites, cueros y ánforas

Lugo era por entonces la Lucus Augusti romana. En el Domus del Mitreo, junto a la imponente muralla lucense, han aparecido los restos de una gran casa romana y un templo dedicado al dios Mitra. El siglo III era la época de esplendor del mitraísmo, una religión de origen oriental que se extendió a toda velocidad por las legiones romanas. En sus rituales, los fieles comían pan y bebían vino ante la imagen de Mitra, dios de la luz, dando muerte a un toro con una espada en el pescuezo.

“Hay que pensar en los movimientos del ejército romano entre el norte de África y la península ibérica. Con los soldados se movían poblaciones enteras. En el ejército había camelleros, pero los comerciantes también utilizaban dromedarios para transportar mercancías, como aceites, cueros y ánforas”, detalla Fernández Rodríguez, de la Universidad de León. Su hallazgo todavía no se ha publicado en ninguna revista científica.

Las dos vértebras de camélido halladas en Lugo. CARLOS FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ

El altar del templo de Mitra se levantó en tiempos de Caracalla (211-217), el emperador célebre por impulsar la construcción de las termas, los baños públicos, de la Roma imperial. Por entonces, la Legión VII, íntegramente hispana, estaba acuartelada en León, pero contaba con una oficina en Lugo para cobrar tributos, al mando de un centurión. En la piedra del altar de Mitra, el oficial romano escribió: “Al nunca conquistado dios Mitra, Gaio Victor Victorino, centurión de la Legión VII Gémina Antoniana, devoto y leal, con mucho gusto erigió este altar en honor del puesto de control militar de Lucus Augusti”.

Las malformaciones detectadas en algunos restos óseos sugieren que los dromedarios recorrían largas distancias con una carga abusiva

Los sacrificios animales, en una atmósfera regada por el vino, eran habituales en el culto a Mitra, pero Fernández Rodríguez aclara que el dromedario no debió de morir en el templo. “Las vértebras aparecen en el material de relleno que se usó en alguna de las fases constructivas del edificio”, apunta. También se han hallado restos de perros enanos, mascotas de lujo para los romanos acaudalados.

Las evidencias arqueológicas de la presencia de dromedarios en época romana son escasas, pero están repartidas por la península ibérica. En 2013, el investigador José Antonio Riquelme, de la Universidad de Granada, publicó un trabajo sobre los hallazgos de restos óseos en Alcalá de Henares (Madrid), Cartagena (Murcia), Linares (Jaén), Astorga (León) y Jaén capital.

Lo normal no es encontrar esqueletos completos, sino huesos sueltos, muy a menudo únicos, que sin embargo aportan mucha información a los que saben leerla. El inusual gran tamaño de las vértebras analizadas sugiere, por ejemplo, que los animales eran castrados para facilitar su manejo. Y las malformaciones detectadas en algunas de las falanges implican que los animales recorrían largas distancias con una carga abusiva, según Fernández Rodríguez. Entre Algeciras y Lugo hay unos 800 kilómetros en línea recta y un abismo en términos climáticos. “Pobrecitos, el frío que debieron de pasar”, sentencia el historiador.

 

29 diciembre 2017 at 1:08 pm Deja un comentario

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