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La Macedonia de Alejandro Magno, los orígenes del temible imperio que nació entre las cabras

La tierra de Filipo II y Alejandro Magno es una gran desconocida en España más allá de la campaña de conquistas que estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa. El libro «Macedonia: la cuna de Alejandro Magno» pretende remediar este vacío

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
22 de junio de 2017

Un reino de pastores de cabras y jinetes de frontera pasó en cuestión de un siglo a convertirse en el imperio más grande conocido hasta entonces en Occidente. La Macedonia de Filipo II y Alejandro Magno es una gran desconocida en España más allá de la campaña de conquistas que estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa. Para remediar este vacío, el periodista especializado en historia, arqueología y patrimonio Mario Agudo Villanueva ha publicado recientemente «Macedonia: la cuna de Alejandro Magno» (Colección DSTORIA- Antigua) sobre la evolución económica, política y religiosa de «este pequeño pero decisivo reino de la Antigüedad».

–Los atenienses consideraban a los macedonios unos bárbaros, aunque hoy se estime su historia irrenunciablemente helena, ¿por qué de esta contradicción?

–Macedonia no era a nivel cultural y político igual que el resto de Grecia. Todas las polis griegas tenían su propia idiosincrasia, pero es que Macedonia además era un reino. El rey tenía el poder absoluto, tanto político, militar como religioso. Su clima y su paisaje eran distintos, rodeados de montañas y en una planicie aluvial. Lo que les concedía mucha vegetación y riqueza minera y ganadera… Los rituales también eran muy distintos. Sus tradiciones de enterramiento con piras funerarias eran más propias de tiempos heroicos. Además, los jóvenes macedonios tenían que pasar por un ritual de acceso a la edad adulta que consistía en matar un animal por sus propios medios. Tenían valores arcaicos a ojos del resto de Grecia. Desde Atenas no los consideraban griegos y se los cita frecuentemente como bárbaros. Lo más curioso es que hoy es al revés. La historia de Macedonia es algo irrenunciable para los griegos actuales como consecuencia del impacto de la figura de Alejandro.

–Tal vez la primera pregunta es, ¿que se consideraba griego en aquel periodo?

–Sí usamos a Atenas como la propagadora del ideal griego, pues los macedonios estaban lejos de serlo. Pero es que ellos tenían una Democracia y su propia variante del idioma griego. Cada polis era distinta. Sabemos que el reino de Macedonia tenía la aspiración de ser considerados griegos, pero cabe preguntarse si eso fue real o fue una construcción propagandística posterior para justificar en tiempos de Filipo II su dominio sobre Atenas. La dinastía Argéada, que reinaría hasta la muerte del hijo de Alejandro Magno, presumía de tener un origen tebano (tres tebanos que emigraron hacia el norte), lo que demuestra cierto interés por vincularse con el mundo griego de alguna manera. También hay que tener en cuenta que varios reyes macedonios abrieron su corte a la llegada de intelectuales de polis griegas, como ocurrió con el rey Arquelao allá por el siglo cuarto antes de Cristo con la llegada del escultor Calímaco o el gran Eurípides. Eso sí demuestra claramente que mantenían interés por acercarse a la cultura griega.

–Tradicionalmente se presenta a Macedonia como una sociedad muy belicosa, poco interesada por la cultura.

–Los macedonios eran bastante aguerridos, entre otras cosas porque tenían vecinos terribles: los tracios en el norte y los ilirios por el oeste. Su posición estratégica, estando en la ruta terrestre entre Europa y Asia, y teniendo grandes cantidades de la madera fundamental para la flota ateniense; los situaba en un terreno bélico de primer orden y les involucró en muchos conflictos. De hecho, fue en las guerras del Peloponeso donde empezaron a despuntar un poquito. Pero eso no significa que no tuvieran también cierta vida cultural, con una orfebrería avanzada, exquisitos relieves, tallados de marfil… El problema es que cómo las fuentes son atenienses pues siempre se presentan deformados los macedonios y los tracios; porque en otro tiempo fueron sus enemigos.

–El filósofo Aristóteles era macedonio y rompe con esta idea de un pueblo de cabreros.

–Aristóteles es el caso más conocido. Nació en Estagira, un territorio que estaba cambiando de manos cada pocos años, pero que en tiempos de Aristóteles y su padre, el médico Nicómaco, quedó férreamente en manos macedonias. A Aristóteles le pesó ser macedonio a ojos de los atenienses y preceptor de Alejandro Magno. De hecho cuando Alejandro murió el filósofo se fue de Atenas.

–¿Cuándo y cómo se convirtió este reino de cabreros en una potencia militar?

–Hubo una serie de pasos previos. Alejandro I, un rey macedonio en tiempos de las Guerras Médicas, se movió con cierta astucia y apareció en los textos como un filoheleno (esto demuestra, de nuevo, que no eran considerados griegos). Macedonia entró con él en el primer plano de la historia de Grecia. Por su parte, el rey Arquelao reformó el Ejército y acogió a intelectuales griegos. Pero el salto definitivo es sin duda con Filipo II, el padre de Alejandro, cuando se gestó la hegemonía sobre Grecia. Alejandro no se puede entender sin la figura de su padre y es muy probable que no hubiera podido llegar tan lejos sin él.

–¿En qué consistieron los cambios encabezados por Filipo II?

–Filipo II heredó un reino en descomposición asediado por todos sus vecinos y lleno de peligros. Con astucia, habilidad diplomática y tácticas militares reunificó el reino, amplió sus fronteras y preparó la campaña asiática. Logró en la batalla de Queronea vencer a Tebas y Atenas, siendo el dominador del escenario político griego. Cuando Filipo fue asesinado por un tema de intrigas amorosas, había ya tropas macedonias en Asia. Filipo marcó el camino a Alejandro.

–¿Qué tenía diferente el ejército macedonio respecto al resto de griegos?

–En sus orígenes el ejército macedonio era en su mayoría caballería, con buenos jinetes y excelentes caballos. Su infantería no era poderosa y no tuvo un ejército en garantías hasta las reformas militares de Arquelao y de Filipo II. Filipo había sido rehén en Tebas y se había dado cuenta de que había otras formas de guerrear más allá de la caballería. Añadió a la buena caballería una poderosa infantería equipada con sarisas, que eran unas largas picas de 3 a 7 metros de longitud. El mayor peso de la pica se compensó con una reducción en el peso del escudo macedonio, que algunos autores apuntan que se inspiró en el tradicional escudo tracio. Asimismo, Filipo entrenó mucho a sus soldados y mejoró sus tácticas. Creó así la imbatible falange macedonia.

Otro de los éxitos macedonios es que fueron incorporando a otras fuerzas auxiliares a su ejército, como la caballería tesalia; y luego unidades procedentes del Imperio persa, ya en tiempos de Alejandro Magno.

–¿Da usted crédito a la idea de que Alejandro estuvo detrás del asesinato de su padre?

–A Filipo II le mató un amante llamado Pausanias por despecho, según las crónicas. No podemos saber lo que ocurrió realmente por la falta de materiales y testimonios. Alejandro salió beneficiado, pero eso era lógico. En el libro cuento que Filipo II nunca dudó de que su hijo le sucedería y cuando salió a hacer sus campañas fuera de Macedonia le dejó de regente, lo cual fue alabado por los emisarios extranjeros, a los que el joven les dejó alumbrados. En su cabeza era la única posibilidad de sucesión, pues era el más preparado y capaz.

–Filipo II fue asesinado y a la muerte de Alejandro también sus herederos y su madre fueron perseguidos, ¿por qué tenía la monarquía macedonia esta tendencia a las intrigas violentas?

–Hay ciertas turbulentas en la historia de Macedonia, con varios reyes en poco tiempo. Estaban en una zona muy peligrosa y era fácil que murieran en combate. No obstante, a partir de Filipo II si hubo cierta continuidad. Y en general desde que reinó la dinastía Argéada hubo más estabilidad, incluso más que en la democracia ateniense. Los macedonios consideraban a esta dinastía los padres fundadores de la patria, sin los cuales no hubiera existido el reino como tal. La dinastía era sólida dentro de las turbulencias.

–¿Cree usted que con Filipo II la campaña asiática hubiera llegado a buen puerto o carecía del talento de su hijo?

–Aquí entramos en el terreno de la historia ficción. Filipo II era un gran estratega, un buen político, un hábil diplomático y el diseñador del inicio de la campaña. El día de su muerte había destacamentos a punto de cruzar a Asia. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido. Alejandro tenía un carácter diferente en algunas cosas a su padre, con el que tenía una relación de hostilidad y admiración a partes iguales. Eran diferentes y a la vez iguales.

–¿Alejandro tenía alguna idea de cómo gestionar el imperio creado o solo era un conquistador?

–Es un debate siempre abierto. Yo creo que Alejandro sí tenía una idea para gestionar este imperio. Fue adoptando las estructuras administrativas del imperio persa, las satrapías, y fue asumiendo decisiones sobre los territorios. Él se preocupaba por la gestión de estos territorios más allá de la campaña de conquista, aunque fuera para su explotación o para dejar a sus heridos. No es que tuviera una preocupación cosmopolita de expandir el helenismo, sino desde una perspectiva macedonia tenía preocupaciones muy inminentes.

–A quien dice que Alejandro terminó obsesionado con Asia y alejándose de Macedonia.

–Sí, hay una tendencia a presentar a Alejandro como la víctima de un hechizo persa, fascinado por esta cultura, pero en verdad tenemos la certeza de que se comportó como un macedonio hasta su muerte. Cuando falleció su amigo Hefestión mandó construir una pira funeraria como ordenaba el rito habitual de los macedonios. Además, se hacía acompañar de adivinos y él dirigía los sacrificios en persona. Para su pueblo, el poder del rey se lo daban los territorios que hubiera conquistado y cómo se comportaba, no el título en sí. Y aunque hay una evolución en su personalidad durante la campaña, lo cierto es que reinó como un macedonio toda su vida.

 

22 junio 2017 at 8:23 am Deja un comentario

El legado de Adriano en Sevilla

El segundo emperador hispano de origen itálico del Imperio romano y cuyo ascenso se produjo hace 1900 años, también benefició al desarrollo de la antigua ciudad de Híspalis

Espacio interior de la cisterna que mandó construir el emperador en la ciudad hispalense y arriba a la derecha, espacio exterior de la misma en la plaza del Pescadería. / Mariñas arquitectos

Fuente: FRANCISCO J. CÁRCELES > Sevilla  |  El Correo de Andalucía
13 de junio de 2017

El 1900 aniversario del ascenso al poder de Adriano, el emperador nacido en Itálica, uno de los más reconocidos por el Imperio Romano –junto al Emperador Trajano– y que pasaría a la posteridad en el transcurso de la historia universal, fue la excusa perfecta escogida por la Universidad Pablo de Olavide para trazar un ciclo de conferencias que quiso denominar como Adriano, de Itálica al Imperio.

Celebrado en el marco de los proyectos que tienen lugar en la Casa de los Poetas y las Letras del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), una de las lecciones más reveladoras de estas jornadas estuvo en las manos de Juan Manuel Cortés Copete, profesor titular de Historia Antigua, y de Rafael Hidalgo Prieto, profesor titular de Arqueología, ambos de la Universidad Pablo de la Olavide. La pericia de los docentes logró trasladar a los presentes hasta la Hispalis que en su día se vio agraciada por las obras del emperador.

«¿Qué nos lleva a relacionar Adriano con Sevilla?», reflexionaba Hidalgo Prieto antes de realizar una radiografía arqueológica por, la hasta ahora descubierta, Sevilla romana. Por un lado, el profesor afirmó que Itálica, situada en las inmediaciones de Santiponce, fue favorecida por un programa urbanístico excelente por parte directamente del emperador Adriano. Sin embargo, actualmente, y a partir de las excavaciones que se han realizado, «podemos saber que Itálica no fue la única beneficiada por Adriano», por lo que ese interés del emperador que hasta ahora se limitaba a esta ciudad, afecta también a las capitales de Conventus más cercanas como el Conventus Astigi (en Écija) o el Conventus Hispalensis (en Sevilla).

La cisterna romana

La evidencia arqueológica, que permite afirmar que la antigua Hispalis «fue objeto de un programa de transacción del emperador Adriano» a la ciudad de Sevilla, es la cisterna que en el año 2005 apareció en la Plaza de la Pescadería, cuando se estaba llevando a cabo la renovación del pavimento de la zona de La Alfalfa. Aunque está compuesta por tres grandes cisternas, la excavación se limitó solo a la mitad de la construcción. Este tipo de estructura, en el mundo de la arquitectura hidráulica romana era muy frecuente, ya que el agua no se conduce bajo presión sino a partir de la gravedad. El agua se llevaba a un «grandísimo depósito» que estaba siempre junto a la ciudad (el castellum aquae), y mediante tuberías se acometía el transporte por un triple circuito para abastecer a los edificios y fuentes públicas, mientras que otro recorrido llevaba el agua a las casas. Este depósito, según el profesor Hidalgo Prieto, «se ha podido fechar en la época de Adriano y tipológicamente coincide con la gran ampliación adrianea», que conlleva que la ciudad donde nace su tío Trajano, Itálica, triplique sus dimensiones. No obstante, el castellum aquae de la plaza de la Pescadería mide 45 metros de longitud por 20 de anchura, y el de Itálica mide 30 metros de longitud por 15 de anchura, por lo que, siendo sustancialmente más pequeño, «¿qué no abastecería este de la plaza de la Pescadería si el de la ciudad de Adriano abastecía a una de las poblaciones más importantes del Imperio?», se pregunta Hidalgo Prieto, a la misma vez que afirma que este gran contenedor de agua, que normalmente se colocaba a extramuros, esta vez al encontrarse situado en el centro de la ciudad, significaría «que existió una demanda de agua inmensa en esta localización». Por lo cual, «se puede afirmar que es un proyecto de época adrianea que conllevaba la utilización de una cantidad de agua descomunal», que se va a utilizar desde la plaza de la Pescadería –casi con total seguridad– a la calle Sierpes, plaza del Pan, Salvador y los alrededores más cercanos, y «que por otra parte es dónde tradicionalmente se ha situado el foro de la ciudad», uno de los espacios públicos más importantes de Hispalis.

La calle Mármoles

En la calle Mármoles aparecieron entre seis y ocho columnas, de las que «tres actualmente se encuentra en la misma calle in situ, dos se llevaron a la Alameda de Hércules y otra a los Reales Alcázares, la cual que se rompió en el transporte».

Tradicionalmente los arqueólogos han defendido que, al encontrarse en la parte más alta de la ciudad, se trataba de la zona del foro romano, pero un reciente estudio del profesor de Arqueología Carlos Márquez, de la Universidad de Córdoba, ha diseccionado el material de estas columnas para justificar su función y procedencia. De los capiteles solo se conservan los dos situados en la Alameda de Hércules y, por una parte, uno de ellos, desde un punto de vista estilístico, es claramente de la época de Adriano, ya que se encuentra directamente emparentado con el Traianeum de Itálica –que es el gran centro de culto de la ciudad y uno de los templos más importantes de la península ibérica–, y que contribuye a visualizar la arquitectura oficial de Adriano presente en Hispalis. Del otro se ha corregido su datación y «se plantea que sea un capitel que procede directamente de la basílica Ulpia de Roma, de las maestrías romanas», fabricado por los mismos artesanos y artistas que se encontraban haciendo la basílica en esta ciudad entre el 110 y 112 después de Cristo.

Todo ello indica que la ciudad hispalense no solo se beneficia por Adriano, sino también de Trajano, y que el emperador envía desde los talleres sus propios materiales a Sevilla, con los que además se estaba construyendo la basílica Ulpia. Los fustes igualmente «nos trasladan a la arquitectura de Adriano», porque en este caso el material de construcción utilizado es un granito muy característico en sus obras, procedente del centro de Turquía. Las basas, que indiscutiblemente pertenecen a esta época, están emparentadas con el Traianeum de Itálica. Las dos basas de la Alameda y dos de la calle Mármoles son corintias, y la que está más cerca del acerado es de basa ática, algo bastante extraño en la arquitectura de aquel entonces. La diferencia de basas corintias y áticas, junto con el intercolumnio de diferente longitud –la separación entre las columnas es dispar–, constatan que esas columnas «no son colocadas ahí en tiempos de Adriano, porque la arquitectura era geométricamente exacta y nunca se hubiera aplicado un criterio en el que se utilizasen diversas basas e intercolumnio diferente, aunque si pertenecen esta época», afirma Hidalgo Prieto. Todo ello permite plantear que son materiales procedentes del Traianeum de Itálica. La suposición que estos investigadores barajan es que estas columnas fueron traídas por un obispo de Sevilla de época tardoantigua y llevadas hasta la calle Mármoles para construir uno de los edificios más importantes del episcopado de aquel entonces.

Los fustes menos conocidos

Otras maneras de buscar a Adriano en Sevilla es «por las esquinas», afirma convencido el experto en arqueología. En el casco histórico de Sevilla hay bastantes guardacantones conformados por fustes monolíticos de columnas romanas, y entre estos se encuentran materiales de granito que nos permiten identificar claramente a Adriano. No obstante, muchos de los actuales guardacantones pueden proceder tanto de Adriano como de Trajano.

Perímetro de la Catedral

En el entorno de la Catedral se observa una gran cantidad de fustes que sujetan las cadenas que la rodean y que pertenecen a la época romana. Muchos de ellos son de granito, pero también se observa, entre los fustes, otro tipo de material, un mármol de tipo cipollino, caracterizado porque se compone de varias capas y otro componente, en este caso localizado en las tiendecitas de la Plaza del Pan –en la trasera del Salvador–, compuesto por granito y caracterizado por la presencia de un tipo de brecha en su estructura y que es muy frecuente en Itálica.

 

14 junio 2017 at 8:27 pm Deja un comentario

La Antigua Grecia en 15 minutos, con Academia Play

Fuente: Canal de academiaplay en Youtube

 

12 junio 2017 at 7:52 pm Deja un comentario

El fuego griego, la misteriosa sustancia empleada por los bizantinos para frenar los ataques árabes

Incluso hoy se desconoce la composición exacta de la fórmula original perdida en los saqueos a Constantinopla de 1204. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y se cree que la mezcla incluía nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina) y azufre

Uso del fuego griego, según una ilustración de una crónica bizantina.

Fuente: CÉSAR CERVERA ABC
9 de junio de 2017

Constantinopla, la segunda Roma, sobrevivió toda la Edad Media a los ataques musulmanes como una isla cristiana a las puertas de Oriente y un agente de equilibrio entre ambos mundos. Las murallas de la ciudad, su poder militar, su capacidad de adaptarse a los tiempos sin renunciar a las tradiciones romanas…. muchos elementos explican la longevidad del Imperio bizantino, pero ninguna responde a la pregunta de cómo pudieron prevalecer ante asedios que llevaron a miles de naves a sus puertas. Un arma secreta, incluso hoy imposible de desentrañar, salvó al menos en dos ocasiones al último imperio romano de su destrucción.

El fuego griego recibió muchos nombres en la Antigüedad: «fuego romano» para los árabes, «fuego griego» para los cruzados que se dirigían a tierra santa y «fuego bizantino» para los otomanos. Entre los siglos VII y XIII, el Imperio bizantino empleó una sustancia inflamable en las batallas navales y en los asedios contra Constantinopla, que le daba una clara ventaja táctica y tecnológica contra enemigos con recursos y hombres muy superiores. Este fuego era capaz de arder sobre el agua y la única forma de apagarlo era asfixiándolo. Tratar de apagarlo con agua solo avivaba aún más la llama. Y si bien hoy en día se utilizarían espumas y polvo químico para extinguir el fuego, en la Antigüedad y la Edad Media la única posibilidad probablemente sería la de usar orina (por su alto contenido en sales inorgánicas y urea), esteras de esparto e si acaso vinagre.

El secreto mejor guardado de la historia militar

Los bizantinos usaban dos métodos para lanzar el líquido inflamable. Uno de ellos consistía en derramar a presión la sustancia a través de un inyector con un ajuste giratorio, después de que un brasero instalado en el barco calentara previamente la mezcla. Otro forma era llenando granadas de cerámica con el material y arrojándolas sobre los barcos enemigos, siempre buscando prender sus velas. Cuando el líquido rozaba el agua o alcanzaba cierta temperatura entraba en ignición e incendiaba las embarcaciones enemigas. Entonces se producían «truenos» y una aparatosa nube de humo. Además de los efectos destructivos, hay que tener en cuenta que la sustancia resultaba tóxica para quienes la respiraban.

El hecho de que incluso hoy resulte un misterio saber la composición exacta de esta sustancia convierte la fórmula en uno de los secretos mejores guardados de la historia del mundo. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto y los fabricantes vivían aislados del mundo exterior, hasta el punto de que hoy en día solo cabe especular sobre los componentes y las proporciones, sin que existan muestras o documentos que estudiar. La mezcla incluía probablemente nafta (una fracción del petróleo también conocida como bencina), azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. El nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible.

No obstante, otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.

«Granadas» de cerámica que se rellenaban del fuego griego

Ya en el año 214 a. C., se considera que el inventor griego Arquímedes había usado una sustancia también inflamable para combatir al ejército romano en su intento de conquistar la ciudad griega de Siracusa. Pero nada demuestra que su fuego griego fuera el mismo que el bizantino… La invención de este segundo se le atribuye a un ingeniero militar llamado Callínico, procedente de la actual Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe de 674. Se cree, no obstante, que el propio Callínico se basó en los trabajos del alquimista, astrónomo e inventor griego Esteban de Alejandría, que se trasladó en 616 a Constantinopla.

Todas estas fechas flotan en torno al primer gran asedio árabe de Constantinopla, cuando la lucha entre el Imperio bizantino y el Califato Omeya devino en el asedio de la gran ciudad, bajo el mando de Constantino IV. En esta batalla, los omeyas fueron incapaces de abrir una brecha en las Murallas Teodosianas, que bloqueaban la ciudad a lo largo del Bósforo, y fueron derrotados a nivel marítimo gracias al invento de aquel sirio loco. La armada bizantina lo utilizó decisivamente para destrozar a la marina omeya en el mar de Mármara y en la posterior batalla de Silea, en las costas de Panfilia, en el año 678. El cronista Teófanes menciona en sus textos la sorpresa táctica que supuso el fuego para los árabes durante el largo asedio de cuatro años:

«Por entonces había huido a territorio romano un arquitecto de Heliópolis de Siria llamado Calínico, inventor del fuego marino, gracias al cual los navíos árabes se incendiaron y todas sus tripulaciones se quemaron. Así los romanos volvieron vencedores y descubrieron el fuego marino».

El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzad

Durante año las acometidas árabes perecieron ante la superioridad de la flota bizatina. En el 717, las fuerzas musulmanas aprovecharon un periodo de inestabilidad bizantina para iniciar un nuevo asedio. Después de casi un año de cerco, una escuadra árabe compuesta por 400 naves de refuerzo se sumó a las 300 naves que mantenían el asedio en Constantinopla. Una superioridad numérica que no amilanó a la flota bizantina, que, recuperando la sustancia de Calínico, contraatacó por sorpresa hacia las naves árabes. Esto puso en fuga a los árabes y muchas naves fueron destruidas por el «fuego griego», encaminando el asedio a su último desenlace.

Pasada la sorpresa inicial de estos dos asedios, los árabes aprendieron a combatir este fuego, que en tierra resultaba poco útil y en el mar su empleo era limitado. Árabes, venecianos, písanos, normandos y demás rivales del Imperio bizantino aprendieron a contrarrestar los efectos del fuego griego y a neutralizar su valor táctico. El arma se continuó utilizando hasta 1204, cuando se perdió la fórmula original durante los saqueos y destrucción que sufrió Constantinopla en la cuarta cruzada. Sin la mezcla primitiva, los ingenieros bizantinos buscaron alternativas en otras sustancias inflamables usadas en la Antigüedad, aunque su poder de destrucción nunca alcanzó la densidad del fuego griego original. Estas mezclas alternativas fueron la que probablemente usaron para defenderse del Imperio otomano en 1453, año en el que cayó definitivamente la ciudad.

Sabías qué…

La ficción se ha inspirado en el fuego griego para presentarlo como una sustancia casi mágica en libros, películas e incluso videojuegos. En la televisiva serie «Juego de Tronos», a su vez inspirada en los libros de «Canción de Hielo y Fuego», el fuego griego tiene su equivalente en el fuego valyrio, que juega un papel importante en una de las batallas navales de la saga. No en vano, aquí el fuego es verde y es casi imposible de apagar, además de mucho más inestable que el original. En el videojuego «Assassin’s Creed: Revelations» el protagonista Ezio Auditore utiliza un cañón similar a los que utilizaron los bizantinos para incendiar un puerto de Constantinopla. Y en Age of Empires II existen unos barcos bizantinos que escupen fuego a las naves enemigas.

 

9 junio 2017 at 11:17 pm Deja un comentario

Descubierto un tesoro de finales del Imperio romano en los Países Bajos

Las monedas cubren un amplio período de tiempo y en ellas aparecen representados los emperadores Valentiniano II, Honorio, Constantino III, Jovino y Mayoriano

Monedas de oro. Conjunto de monedas de oro de finales del Imperio romano. Foto: Museum Het Valkhof, Nijmegen

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
5 de junio de 2017

Un conjunto de al menos 41 monedas de oro, de los últimos años del Imperio romano, ha sido descubierto en una huerta de la provincia de Gelderland, en el este de los Países Bajos, según anunciaron el viernes pasado la Universidad Libre de Ámsterdam y el Museo Het Valkhof de Nimega. El tesoro romano incluye monedas con la efigie del emperador Mayoriano, quien reinó entre el 457 y el 461 d.C., es decir, unos pocos años antes del final del Imperio romano de Occidente, en el año 476 d.C.

Los investigadores creen que el tesoro pudo ser el pago realizado por los romanos a un caudillo del pueblo franco a cambio de ayuda en su lucha contras las tribus germánicas. En el siglo XIX había un montículo artificial en el lugar del hallazgo, probablemente levantado por el propietario de las monedas con el fin de regresar y recuperar el tesoro, pero nunca lo hizo, por motivos que se desconocen. Las monedas cubren un amplio período de tiempo, desde finales del siglo IV hasta finales del siglo V, y en ellas aparecen representados los siguientes emperadores: Valentiniano II, Honorio, Constantino III, Jovino y Mayoriano.

Anverso de una moneda. Anverso de un sólido de Mayoriano. Foto: Museum Het Valkhof, Nijmegen

 

Lugar del hallazgo. El tesoro ha sido descubierto en una huerta de la provincia de Gelderland. Foto: Museum Het Valkhof, Nijmegen

 

Hallazgo de monedas romanas. Hallazgo de monedas romanas en los alrededores de Leiden. Foto: Museum Het Valkhof, Nijmegen

 

5 junio 2017 at 8:43 pm Deja un comentario

Itálica se lanza a la candidatura de Patrimonio Mundial de la Unesco

Imagen del anfiteatro de Itálica, en Santiponce. PACO PUENTES

Fuente: ÁNGELES LUCAS  |  EL PAÍS
2 de junio de 2017

Que la tierra y las piedras que pisaran los emperadores romanos Trajano y Adriano sean Patrimonio Mundial de la Unesco. Que consigan el reconocimiento el trazado de la ciudad de Itálica, sus calles y espacios, su anfiteatro y su teatro, las teselas de sus mosaicos. Que sus hogares de vida cotidiana, donde hace dos mil años pasearan con sus togas los habitantes del enclave  alcancen Valor Universal Excepcional (VUE), una catalogación por la que se decide que un bien se considere digno del reconocimiento que supone la inscripción en la lista del organismo internacional. Es el objetivo que la sociedad civil, con apoyo de instituciones, lanzó ayer con el proyecto Itálica Patrimonio Mundial en el histórico recinto de la localidad sevillana de Santiponce.

Se tardaría años. “No es empeño fácil, pero no tenemos prisa ni somos presa fácil al desaliento”, dijo ayer Concha Cobreros, directora del proyecto y coordinadora de Cultura de Civisur, unión cívica del sur de España, impulsora de la candidatura. “Esto fue la primera ciudad romana fuera de territorio italiano, y que mantiene su trazado original”, añadió Cobreros, que además resaltó que este año es el 1.900 aniversario de la muerte de Trajano y del ascenso al poder de Adriano. “Ya tenemos el consejo asesor con 22 profesionales entre arquitectos, historiadores, arqueólogos, profesionales de la comunicación y otros expertos”, que son los que preparan los primeros borradores del proyecto.

La presentación de la iniciativa ha estado precedida por un seminario de expertos que han puesto en valor el conjunto histórico e informado sobre los criterios de concesión de la Unesco. “Es un patrimonio singular, con un modelo de ciudad que extendió Adriano, patria suya y de Trajano, y además tiene una significación importante dentro de la arqueología, fue uno de los yacimientos que más tempranamente se investigó, y es Monumento Nacional desde 1912”, señala el arqueólogo José Beltrán como ejes clave de la puesta en valor de este conjunto monumental, donde además también se celebran actividades artísticas en festivales y eventos.

Fragmento de un mosaico de Itálica.

“No solo es importante además el objetivo de conseguir la candidatura, es también el proceso y dotarle un lugar destacado en Andalucía y España, y que la sociedad lo mire y le dé el lugar que le corresponde”, dice Beltrán, que forma parte del proyecto, apoyado por la universidades de Sevilla, Pablo de Olavide y la Internacional de Andalucía, además de las diputaciones, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Santiponce. “Los mejores logros nacen de la movilización social. Estáis donde no llegamos. Este es el segundo momento dependiente de la Junta más visitado después de la Alhambra de Granada, y cuando viene un volumen de visitas y actividad tenemos que doblegar esfuerzos”, declaró José Manuel Girela, delegado territorial de Cultura de la Junta de Andalucía, que ha recibido protestas de los trabajadores de Itálica por la falta de personal.

La teniente de Alcalde y delegada de Cultura del municipio, Cristina López, reconoce tener ilusión en el proyecto y considera que son “los cimientos de una gran andanza” en la que se debe trabajar en equipo. “Se reivindica su patrimonio, y también es un impulso para nuestro desarrollo económico. Todavía tiene que haber infraestructuras de accesibilidad, un importante centro de interpretación, más empresas turísticas, se tiene que promover la mentalidad emprendedora”, apunta la delegada, que asegura que se ha observado un repunte en el turismo desde que se supo que la serie norteamericana Juego de Tronos filmaba en el conjunto histórico.

 

2 junio 2017 at 9:06 pm Deja un comentario

La verdad sobre Jerjes I, el rey persa «degenerado» que clavó en una lanza al espartano Leónidas

Después de su victoria en las Termópilas, el monarca se sintió libre de avanzar con su mastodóntico ejército hacia Atenas e iniciar el saqueo del Ática arrasando los santuarios de la Acrópolis ateniense. Ninguno de los autores griegos que le presentaban como un hombre débil, mujeriego y controlado por los eunucos podían disimular que, en verdad, sentían fascinación por sus riquezas y su poder

Leónidas y Jerjes I en una escena de la película «300»

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
1 de junio de 2017

Jerjes I es representado por la tradición griega como uno de esos reyes asiáticos degenerados, excesivos, esclavistas y dados al lujo extremo que demostraban que la democracia ateniense era el mejor sistema político posible. Una suerte de titán loco capaz incluso de castigar a las fuerzas naturales que se interponían en sus planes. El historiador griego Herodoto narra que el rey persa ordenó dar 300 latigazos a las aguas del estrecho de Helesponto porque le impedían cruzar a su ejército y a él. «Agua amarga, este castigo te da el Señor porque te has atrevido contra él, sin haber antes recibido de su parte la menor injuria. Entiéndelo bien, y brama por ello; que el rey Jerjes, quieras o no quieras, pasará ahora sobre ti. Con razón veo que nadie te hace sacrificios, pues eres un río pérfido y salado», exclamó el persa según las crónicas helenas.

Representación clásica de Jerjes

Pero más allá de la figura literaria del rey degenerado que acaba pagando cara su arrogancia, ¿cuánto sabemos de ese monarca obsesionado con conquistar la Grecia continental? En sus 21 años de reinado Jerjes trató de continuar con los planes expansionistas de su padre Darío, así como su enemistad con Atenas, Esparta y las otras polis griegas que no aceptaban su hegemonía en Asia Menor. A pesar de no ser el primogénito, su padre le designó a él para que heredara la corona por delante de su medio hermano Artabazanes. En su lecho de muerte Darío I le pidió, según la leyenda, que vengara la derrota sufrida en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 a. C.), y la intromisión ateniense en la Revuelta jónica en Asia Menor.

La mejor entrada a Grecia: las Termópilas

A Jerjes no le costó mucho prepararse para la guerra. La expansión y la conquista estaban en el ADN persa. Los persas se habían levantado contra la todopoderosa Babilonia, allá por el siglo VI a. C., con su rey Ciro II al frente. Con más astucia que recursos, los persas plantaron cara a sus sojuzgadores y de su victoria nació un imperio aún mayor del soñado por los babilonios. Los reyes que sucedieron a Ciro: Cambises, Darío y Jerjes, consiguieron engrandecer su imperio desde Asia Menor hasta la India. No en vano, en su afán expansivo se toparon con una piedra en el camino, la Grecia continental que, escudada por el mar Mediterráneo y una infantería superlativa, lograron rechazar las invasiones persas.

Antes de la campaña griega, en el 486 a.C., Jerjes (designado en la Biblia como «Asuero») debió enfrentarse a las habituales revueltas que seguían a la muerte de aquellos dueños de imperios tan heterogéneos. Asumió el poder luego de una guerra civil con Bardiya, esto es, un miembro de otra rama de la dinastía aqueménida.

Tras pacificar Egipto y las revueltas producidas en Babilonia, emprendió la conquista griega instigado por su primo Mardonio. Más allá del mito de los 300 espartanos defendiendo heroicamente las Termópilas, lo cierto es que la campaña no pudo empezar con mejor pie para los intereses persas. Uno de los reyes espartanos, Leonidas, presentó una insuficiente y luego mitificada defensa en el desfiladero de las Termópilas que únicamente duró dos días. Al final los espartanos fueron masacrados y Jerjes ordenó que le cortaran la cabeza al rey griego para colocarla en una pica. Pretendía así hundir la moral de las filas griegas, que en Termópilas perdieron más de 1.500 hombres. En contrapartida, Jerjes perdió probablemente más de 1.000 hombres, aunque la leyenda eleva esta cifra hasta los 20.000.

Otro éxito persa similar aconteció en la batalla naval de Artemisio, donde la resistencia griega apenas duró tres días, aunque en este caso los persas perdieron cientos de barcos. El poeta tebano Píndaro comentó que en Artemisio fue «donde los hijos de Atenas colocaron la primera piedra de la libertad» y no con el sacrificio de los 300.

La batalla de Salamina, óleo sobre tela pintado en 1868 por Wilhelm von Kaulbach

Después de sus victorias en las Termópilas y en Artemisio, Jerjes se sintió libre de avanzar con su mastodóntico ejército (las fuentes antiguas hablan de cientos de miles de hombres, lo cual es exagerado hasta el extremo) hacia Atenas e iniciar el saqueo del Ática arrasando los santuarios de la Acrópolis ateniense. La ciudad había sido evacuada previamente por orden de Temístocles, de manera que el ejército persa solo tuvo que enfrentarse a la guarnición de la Acrópolis, mientras las fuerzas espartanas y atenienses establecían su última línea de resistencia en el istmo de Corinto y el golfo Sarónico.

Habiendo humillado a Atenas, Jerjes sintió que la obra de su padre estaba cerca de cumplirse. A sus 32 años, Jerjes era descrito como un conquistador alto y apuesto, al estilo de su abuelo materno Ciro II. «Héroe entre reyes», «El Rey que es un verdadero hombre»… Sus exagerados sobrenombres daban fe de la dimensión de un rey que, según la Biblia, «gobernó 127 provincias desde la India hasta Cush», el mayor imperio hasta entonces. Una moneda de oro puro con él representado armado de un arco y una lanza, «el darico», se convirtió en el «dólar» de su tiempo, el primero en adquirir esa dimensión internacional.

En este sentido, los autores griegos le presentan como un rey dado al lujo y a creerse por encima de los dioses. Solo con propaganda podían combatir su enorme superioridad de tropas y riquezas. Como explica Nic Fields en «La leyenda de los 300: Termópilas» (Osprey Ediciones), en su campaña en Grecia Jerjes y sus ingenieros dieron una exhibición logística inédita: mejoraron las carreteras para permitir el avance del ejército persa, construyeron un canal tras el monte Atos, tendieron un puente en el Helesponto y abrieron depósitos de alimentos para mantener a miles de hombres alimentados.

La propaganda griega contra Jerjes

Y no solo de obras militares vivió su reinado. Jerjes I fue recordado en la memoria persa como un gran constructor y promotor de obras públicas. Las terrazas de Persépolis se completaron durante su reinado, siendo su sala de audiencias, con relieves de piedra caliza, una muestra cumbre de la grandiosidad del Imperio persa. Se conoce, además, que el monarca envió a sátrapas a intentar la circunnavegación de África por primera vez. De tal manera que ninguno de los autores griegos que le presentaban como un hombre débil y controlado por las mujeres y los eunucos podían disimular que, en verdad, sentían fascinación por sus riquezas y su poder. A su capacidad de movilizar fuerzas lo llamaron «hubris», arrogancia ante los dioses; y a sus éxitos siempre los dibujaban en medio de una corte llena de intrigas y decadencia moral.

Así y todo, el ejército persa sí contaba con ciertas limitaciones respecto a los griegos. Las huestes de Jerjes estaban compuestas de soldados de diferentes procedencias, que no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Si bien tenían la superioridad numérica de su parte, su falta de coordinación y su pobre armamento les hacían vulnerables frente a los hoplitas. Los escudos de mimbre y lanzas cortas eran su punto débil, mientras que su caballería era sensible frente al erizado de lanzas que era la falange griega.

De sus tropas de élite, los inmortales, su ventaja era que todos ellos eran persas y gozaban de una posición estable en el aparato imperial, si bien estaban peor equipados y peor entrenados que sus equivalentes griegos. En total eran unos 10.000 hombres, entre los cuales había además un «Hazarabam» (1.000 combatientes) cuyos miembros eran seleccionados para ser la guardia privada del rey persa.

En lo que no exageraba Herodoto era en la ingente cantidad de intrigas por metro cuadrado en la corte persa. Jerjes se pasó sus últimos años combatiéndolas

La suerte de Jerjes y sus ejércitos en Grecia duraron hasta el verano de 480 a. C. cuando fueron derrotados en la batalla de Salamina. La flota persa luchó contra los griegos, sobre todo atenienses, en los términos que éstos más deseaban. Más de 200 embarcaciones persas fueron aquel día hundidas en una franja de agua demasiado estrecha para hacer valer su superioridad numérica, si es que la conservaban, siendo aquello el principio del fin de la invasión persa. Aunque la guerra aún se alargó debido a las diferencias entre las distintas ciudades estado, en verdad los persas erraron en sus siguientes movimientos terrestres y Grecia pudo expulsar al fin a los bárbaros. Jerjes se tuvo que retirar hacia Asia junto con gran parte de su ejército tras Salamina, dejando a su general Mardonio y a sus mejores tropas para intentar completar la conquista de Grecia. En su ausencia, la batalla terrestre de Platea mostró de nuevo la superioridad de los hoplitas sobre los soldados orientales, aunque a esas alturas ya no estaba tan claro que los persas fueran mayores en número.

En lo que no exageraba Herodoto era en la ingente cantidad de intrigas por metro cuadrado que poblaban la corte persa. Jerjes se pasó sus últimos años combatiéndolas. En el año 465 a.C, el Gran Rey y su hijo mayor fueron asesinados en su palacio durante un golpe de estado palaciego. Artabano, comandante de la guardia real, dirigió el intento de destronar a los aqueménidas y colocar a sus siete hijos en posiciones clave del gobierno. Según una de las versiones griegas, Artabano engañó a otro de los hijos de Jerjes, Artajerjes, para que matara a su hermano mayor, pero al final descubrió la verdad y castigó a los asesinos de su padre. Él heredó el trono del que todavía era el mayor imperio conocido.

Si Ciro II y sus descendientes habían encabezado la expansión del imperio; con Jerjes llegó la estabilización imperial, y no, como presumen las fuentes helenas, la decadencia persa. Sus sucesivas derrotas en la Grecia continental no impidieron que durante el siglo y medio siguiente aún mantuviera el Imperio persa el control bajo la mayor parte de los estados helenos de Asia Menor y siguiera tomando parte con oro o con métodos sibilinos en los conflictos entre las grandes polis griegas.

 

1 junio 2017 at 6:48 pm Deja un comentario

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