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Centenares de piezas de la antigua Numancia regresan a España con motivo de una exposición

Una muestra en el Museo Arqueológico Regional (Alcalá de Henares) presenta las piezas que fueron excavadas por Adolf Schulten en el cerro de La Muela y que él mismo depositó en el Museo de Mainz

Cabeza de lobo. Cabeza de lobo de terracota, fechada entre los siglos II y I a.C. Foto: A. Martínez Levas / MAN

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
21 de abril de 2017

Se habla de resistencia numantina cuando se resiste con tenacidad, hasta el límite y en condiciones precarias. La actitud de los numantinos, una población celtíbera que durante varios años repelió los continuos ataques romanos, impresionó a Roma y a sus escritores, quienes mitificaron a Numancia, cuyo yacimiento arqueológico está situado actualmente en el norte de la ciudad de Soria. A mediados del siglo XIX, Eduardo Saavedra descubrió el emplazamiento de las ruinas de Numancia sobre el cerro de La Muela en Garray, pero hay que atribuir al alemán Adolf Schulten (1870-1960) la excavación del impresionante cerco que Escipión Emiliano levantó a su alrededor para consumar la victoria en el siglo II a.C. La toma de Numancia y su legendaria resistencia al invasor romano no pasaron desapercibidas para el joven profesor alemán, quien hizo de su supuesto descubrimiento la piedra angular de su carrera.

La exposición Schulten y el descubrimiento de Numancia, hasta el 9 de julio de 2017 en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid (Alcalá de Henares), presenta por primera vez en España las piezas que fueron excavadas por el propio Schulten en el cerro de La Muela y que él mismo depositó en el Museo de Mainz. Esta exposición, que se celebra primero en Alcalá y después en el Museo Numantino de Soria, supone el retorno de casi 500 piezas. En total se exhiben casi 700 piezas que reflejan la vida cotidiana de los soldados en los campamentos que se construyeron para el asedio, la realidad indígena y fondos documentales y bibilográficos de gran variedad y riqueza. Algunas piezas destacables: el vaso celtibérico de la doma del caballo, el diario de excavación de Schulten y sigilatas romanas procedentes de los yacimientos de Numancia, cedidas pr el Museo Arqueológico Nacional.

Adolf Schulten: polémico y renovador, odiado por unos y un sabio para otros

De esta forma, el Museo Arqueológico Regional (MAR) conmemora los acontecimientos que se desarrollaron en la ciudad de Numancia hace 2.150 años. Un audiovisual, que recibe al visitante, presenta la ciudad de Numancia y la intervención que Schulten realizó en 1905. “Polémico y renovador, de fuerte y narcisista personalidad, odiado por unos y considerado un sabio por otros, lo cierto es que el legado de Schulten ha sido una larga sombra en el panorama académico español, hasta el punto de que muchas de sus conclusiones tras excavar el cerro de La Muela siguen vigentes o no han conocido una revisión hasta hace poco”, indica el MAR en una nota de prensa.

‘Campamento romano’. Campamento romano, ilustración de Albert Álvarez Marsal. Ilustración: Albert Álvarez Marsal

 

‘Incendio de Numancia’. Incendio de Numancia, del ilustrador Albert Álvarez Marsal. Ilustración: Albert Álvarez Marsal

 

‘El final de Numancia’. El final de Numancia, ilustración de Albert Álvarez Marsal. La escena transcurre en el verano del año 133 a.C., tras 15 meses de asedio. Ilustración: Albert Álvarez Marsal

 

‘Circunvallatio’ escipiónica. La circunvallatio escipiónica de Numancia según Schulten (1927). Foto: Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid

 

Cerámica celtibérica. Jarra del domador de caballos, cerámica celtibérica de Numancia del siglo II a.C. Foto: A. Plaza / Museo Numantino de Soria

 

Adolf Schulten. Adolf Schulten durante las excavaciones de 1906 en Peña Redonda. Foto: Juan Patterson

 

Puntas de flecha. Conjunto de puntas de flecha de gancho (134-133 a.C.) de los campamentos circumvallatio de Numancia. Piezas procedentes del Museo Central Romano-Germánico de Mainz. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

Jarra con pitorro. Jarra con pitorro decorada con cuadrúpedos monocromos, del siglo I a.C. Foto: A. Plaza / Museo Numantino de Soria

 

Copa decorada. Copa de la abubilla (siglo I a.C.) con decoración polícroma, de la excavación de 1918. Foto: A. Plaza / Museo Numantino de Soria

 

Hoja de puñal. Hoja de puñal biglobular, del 134-133 a.C. Procedente del Museo Central Romano-Germánico de Mainz. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

Placa de cinturón. Placa de cinturón con decoración incisa y con motivo trenzado enmarcado, del 134-133 a.C. Procedente del Museo Central Romano-Germánico de Mainz. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

Placas articuladas de cinturón. Placas articuladas de cinturón, del 134-133 a.C. Procedentes del Museo Central Romano-Germánico de Mainz. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

Fíbula de espiral. Fíbula de espiral de la Meseta Oriental, fechada entre los siglos VI y IV a.C. Procedente del Museo Central Romano-Germánico de Mainz. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

Vista de la exposición. Vista de la exposición Schulten y el descubrimiento de Numancia, en el Museo Arqueológico Regional. Foto: Mario Torquemada / MAR

 

21 abril 2017 at 7:33 pm Deja un comentario

Ronald Syme, lecciones de la Roma Antigua para entender el mundo actual

Ronald Syme dejó escrito un libro clásico sobre el mundo romano que sigue ayudándonos a entender el actual.

Lienzo de Vincenzo Camuccini que recrea el asesinato de Julio César a manos de un grupo de senadores. / GETTY

Fuente: GUILLERMO ALTARES  |  EL PAÍS SEMANAL
20 de abril de 2017

RONALD SYME (1903-1989) fue un latinista improbable. Nació en Nueva Zelanda, un país cuya existencia ni siquiera se sospechaba cuando Roma dominaba el mundo, y fue agente de la inteligencia británica durante la II Guerra Mundial en Turquía. Sin embargo, es autor de la obra de estudios clásicos que muchos expertos consideran la más importante del siglo XX: La revolución romana. Este libro sigue siendo extraordinariamente influyente por lo que cuenta sobre el pasado, el momento crucial tras el asesinato de Julio César cuando la República romana desapareció para convertirse en la dictadura personal de Augusto, pero también por lo que narra sobre el presente: fue publicado en 1939, justo cuando los grandes totalitarismos se estaban apoderando de Europa.

La revolución romana es la única obra de Syme que se puede encontrar todavía en castellano, traducida para la editorial Crítica por Antonio Blanco Freijero y prologada por Javier Arce, profesor de arqueología antigua en la Universidad de Lille y un profundo conocedor del mundo romano. El resto de sus libros están desgraciadamente descatalogados en inglés y alcanzan en ocasiones precios estratosféricos cuando aparece algún ejemplar de segunda mano. El primer tomo de su biografía de Tácito, un volumen desgastado, cuesta cerca de 500 euros en Amazon. Del segundo no hay noticias. Sin embargo, el interés por su trabajo nunca ha decrecido, al contrario. Gustavo García Vivas, miembro del Departamento de Historia Antigua de la Universidad de La Laguna, acaba de publicar su tesis doctoral, Ronald Syme. El camino hasta ‘La revolución romana’ (1928-1939), en la que explica la génesis de esta obra maestra.

La revolución romana es una crónica sui generis del ascenso al poder de Octaviano, el futuro Augusto; del establecimiento de su régimen y de su claque, de su grupo de seguidores o, como Syme los llama, su “facción”, palabra que en el momento en que la obra se escribe ofrece siniestras resonancias. Pero el ensayo tiene, sobre todo, la vocación de hablar de su propio tiempo, del auge de los fascismos en la Europa de su época”, explica García Vivas. La importancia del pensamiento de Syme reside en que logró cambiar la imagen de Augusto, del gobernante que construyó un imperio al dictador que destruyó una república. No es una casualidad que en estos tiempos, con la llegada a la presidencia estadounidense de Donald Trump y el empuje ultraderechista en Europa, las referencias a la obra de Syme aparezcan de forma recurrente: un artículo reciente del Financial Times invocaba al experto para hablar de la posverdad.

La importancia del pensamiento de Syme reside en que logró cambiar la imagen de Augusto, del gobernante que construyó un imperio al dictador que destruyó una república

“Las tragedias de la historia no surgen del conflicto entre el bien y el mal convencionales. Son más augustas y más complejas. César y Bruto, los dos, tenían razón de su parte”, escribió este profesor de Oxford en La revolución romana, una frase cuyo alcance va mucho más allá de los idus de marzo del 44 antes de nuestra era. Su genio consiste en someter al lector al ejercicio de comparar el pasado con el presente, pero nunca de forma forzada: casi sin darnos cuenta, nos lleva a leer en la tragedia que significó el final de la República romana lo que el propio Syme estaba viviendo.

Javier Arce, que trató mucho a Syme, escribe sobre él: “Era un hombre brillante, irónico, preciso, modesto. Le gustaban los farias y el rioja. Fue viajero, cáustico, amante de las palabras, observador, distante y trabajador: ‘There is work to be done’, decía”. La principal virtud de este gran investigador fue enseñarnos, con un estilo claro y directo, que lo que ocurrió hace 2.000 años no está tan lejos. El diario italiano La Repubblica definió recientemente su libro como “un clásico que habla de nosotros”. Cada vez más.

 

20 abril 2017 at 7:14 pm Deja un comentario

La espantada de Tiberio, el cornudo que se hartó de las órdenes de su suegro emperador

El hijastro de Augusto ejerció de apagafuegos en el imperio y estuvo la mayor parte del tiempo ausente de Roma. Lo hizo hasta que sorprendió a todos anunciando que quería retirarse de la vida pública para seguir con sus estudios en Rodas, argumentando que estaba agotado tras años de esfuerzo

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
11 de abril de 2017

En Roma el nombre era más importante que la sangre. Los grandes hombres de Roma adoptaban a sobrinos suyos e incluso a hijos segundos de otras familias ilustres con tal de que perdurara su nombre. De ahí que la ausencia de hijos varones del primer princeps, el emperador Augusto, nunca resultara un problema urgente dado que tenía sobrinos que podía adoptar cuando quisiera, como hizo con él su tío Julio César. Su futuro heredero, Tiberio, era de hecho fruto del primer matrimonio de Livia Drusila, que se había divorciado de su primer marido estando embarazada (el marido, Tiberio Claudio Nerón, estuvo de acuerdo con la ruptura y incluso se dice que fue a la boda) para casarse con Augusto.

Tiberio fue así hijo de Tiberio Claudio Nerón hasta que las circunstancias obligaron al emperador a adoptarlo. Si bien nadie tenía claro que debía pasar tras la muerte de Augusto, que había accedido a la cabeza de Roma como supuesto salvador de la República; se daba por hecho que la familia próxima al Emperador heredaría el poder romano. Por supuesto, entre los candidatos recurrentes estaba Tiberio, Druso el Mayor (también hijo del primer matrimonio de Livia) y los nietos de Augusto, Cayo, Lucio y Agripa Póstumo. No obstante, al acercarse la muerte de Augusto la mayoría de los aspirantes habían muerto o bien habían caído en desgracia.

La familia ampliada de Augusto

Tiberio y Druso fueron preparados desde pequeños para tareas militares e iniciaron carreras públicas convencionales, es decir, con los distintos cargos que le correspondían por edad. Se les casó, además, con otros miembros de la familia de Augusto, de modo que Tiberio se emparejó con la hija de Agripa –el más fiel amigo del Emperador– y a Druso con una sobrina del princeps. Sin embargo, las necesidades políticas de Roma y la sorpresiva muerte de Agripa en el 12 a. C. obligaron a Augusto a cambiar de planes y aceleraron las carrera de sus hijos adoptivos.

El princeps necesitaba urgentemente a hombres de su confianza para hacerse cargo de aquellas tareas que hasta entonces había compartido con Agripa. A Tiberio se le forzó a divorciarse de su esposa, que le había dado ya un niño y estaba embarazado de una niña, para que se casara con la viuda de Agripa, Julia. El objetivo era cerrar aún más el círculo familiar y crear una suerte de dinastía.

En sus destinos militares, Tiberio y Druso tuvieron ocasión de aumentar su reputación y de ganarse el aprecio de las legiones. Como explica Adrian Goldsworthy en «Augusto, de revolucionario a emperador», «Tiberio tenía un carácter reservado y complejo, más sencillo de respetar que de querer, mientras que Druso era famoso por su encanto y afabilidad y no tardó en ser popular entre la gente». Augusto no ocultaba que prefería a Druso antes que a Tiberio, al que únicamente trataba con cordialidad.

Druso era enormemente ambicioso y en enero del 9 a.C se convirtió por primera vez en cónsul (un cargo de vital importancia en tiempos de la república), justo una semana antes de su 29 cumpleaños. Pero precisamente el mismo año que regresó desde Germania tuvo un accidente de caballo y de la herida resultante falleció a los pocos días. La sucesión se complicaba por primera vez.

En cuestión de cinco años Augusto había perdido a su amigo Agripa y a su hijastro Druso. En tanto, Augusto miraba cada vez con mejores ojos la opción de Tiberio para sucederle, solo por detrás de los dos nietos mayores del princeps, Cayo y Lucio, todavía en la niñez. Y Tiberio respondió, al menos entonces, dando un paso adelante y encabezando las ceremonias fúnebres de su popular hermano.

No le ayudó a ganar predominancia pública la mala relación que empezó a gestarse entre Tiberio y su esposa, es decir, entre el candidato a emperador y la hija de Augusto. Julia mostraba una actitud despectiva hacia los orígenes ordinarios de su marido, cuyo verdadero padre había sido uno de los perdedores de la guerra civil. Su estilo de vida ostentoso chocaba con la cacareada austeridad de su padre y amenazaba con perjudicar la popularidad de Tiberio que, no obstante, pasaba largos periodos de tiempo fuera de Roma. En el año 8 a.C viajó a reemplazar a Druso en la lucha contra las tribus germanas. Su éxito allí le permitió celebrar su primer triunfo en Roma ese mismo año, así como asumir el consulado de la ciudad. Julia no participó apenas en estas celebraciones.

En los siguientes años Tiberio ejerció de apagafuegos en el imperio y estuvo la mayor parte del tiempo ausente. El problema básico es que, si bien entonces parecía el sustituto perfecto del princeps, solo lo iba a ser hasta que Cayo y Lucio alcanzaran la edad adulta. En el mejor de los casos su papel sería algún día el de regente. Y tal vez previniendo la ingratitud que le aguardaba, Tiberio sorprendió a todos anunciando que quería retirarse de la vida pública para seguir con sus estudios en Rodas, argumentando que estaba agotado tras años de esfuerzo.

Augusto le negó por completo esta posibilidad pero, tras una huelga de hambre de cuatro días, tuvo que resignarse. El emperador condenó la actitud de su yerno por huir de sus responsabilidades, e incluso fingió estar enfermo para retrasar el viaje, si bien le dejó marchar finalmente acompañado por un pequeño grupo de amigos.

El adulterio de Julia se convirtió en un asunto público cuando César Augusto lo llevó al Senado e hizo que un cuestor leyera una carta entre Julo y su distinguida amante.

A sus 57 años, Augusto se quedaba sin su principal asistente, su mano derecha y su más distinguido comandante en activo. La decisión de Tiberio fue vista por él como una traición personal que tenía pocas explicaciones lógicas. Goldsworthy recuerda en el mencionado libro algunas de las razones con las que se especuló en su tiempo para explicar la espantada de Tiberio: ¿estaba celoso de Cayo y Lucio?, ¿no soportaba ya más vivir con Julia? Lo más probable es que no compartiera los planes del Emperador sobre su futuro y que haber pasado ocho de los últimos diez años fuera de Roma le pesaran en el cuerpo. Sus tareas no le gustaban y prefería renunciar a todo antes que seguir un día más así. Si había obedecido era por responsabilidad. Mientras Tiberio partía a su particular exilio, Julia cavó su propia tumba a base de escándalos. En el año 2 a.C, el Princeps encontró evidencias de que su hija mantenía relaciones adúlteras con varias personas, incluidos personajes de orígenes oscuros. Los rumores más extremos afirmaron que Julia se prostituía en las calles y planeaba divorciarse de Tiberio para casarse con Julo Antonio, el hijo de Marco Antonio, viejo enemigo de Augusto. El adulterio de Julia se convirtió en un asunto público cuando César Augusto lo llevó al Senado e hizo que un cuestor leyera una carta entre Julo y su distinguida amante. La verguenza cayó sobre todos los implicados.

El princeps había usado siempre a su familia como ejemplo del adecuado comportamiento romano y no iba a permitir que su hija estropeara su discurso. Adelantándose a una más que probable sentencia de muerte, Julo Antonio se suicidó y varios amantes de Julia partieron al exilio. Julia, por su parte, fue condenada al exilio en una diminuta isla de Pandataria, donde le estaba prohibida la compañía masculina, los lujos y el vino. Tras cinco años, se le permitió trasladarse a una villa más cómoda cerca de Regio, pero el emperador nunca le perdonó por su actitud desenfrenada. Si la esposa del César debe ser honrada y parecerlo, su hija lo debe ser todavía más.

Tiberio seguía en Rodas cinco años después de su retiro, pero su melancolía ya se había pasado para entonces. En esas fechas ya había escrito a Augusto varias veces, sin respuesta, pidiendo indulgencia para su exmujer Julia (el exilio fue acompañado del divorcio) y que le permitieran regresar a Roma como ciudadano privado.

En Rodas asistía a conferencias y debates y era tratado con respeto gracias a que Livia había asegurado para él el rango indefinido de legado. No obstante, para que Augusto no le viera como una amenaza dejó de vestir como un militar y adiestrarse en montar a caballo y el manejo de las armas.

La muerte de los nietos recuperan a Tiberio

La situación de Tiberio continuó sin cambios hasta la muerte de los dos nietos del Princeps. Lucío César murió de una enfermedad contagiosa el 20 de agosto de 2 d. C. en Marsella de camino a un destino en Hispania, a donde se le enviaba para ganar experiencia militar. Al año siguiente, Cayo César acudió a sofocar una rebelión en Armenia y fue herido a traición cuando fue a negociar en persona con los rebeldes. En los siguientes meses la herida no mejoró y, dando muestra de un comportamiento errático, escribió a Augusto, su padre legal, para que también él pudiera retirarse de la vida pública. El 21 de febrero del siguiente año falleció.

Villa de Tiberio en Sperlonga, a mitad de camino entre Roma y Nápoles.

A sus 45 años, Tiberio regresó a Roma sin que le fuera reservado ningún papel público. Fue con el tiempo que Augusto trazó un nuevo plan de sucesión que explicaba por qué había autorizado su vuelta: primero Tiberio adoptaría a su sobrino Germánico (el hijo del fallecido Druso) y posteriormente Augusto adoptaría tanto a Tiberio como a Agripa Póstumo (el nieto maldito del princeps). No había precedentes de una adopción de un excónsul de 45 años adulto, y menos dentro de una adopción triple, pero a situaciones desesperadas se necesitan soluciones arriesgadas. Tiberio Julio César fue adoptado con ese nombre en una ceremonia en el Senado en la Augusto afirmó un enigmático: «Lo hago por el bien de la res publica».

El hijo del Princeps perdió su independencia y ganó un saco de trabajo duro e ingrato. En la siguiente década siguió activo militarmente, apagando fuegos

Tiberio demostró estar a la altura de esta nueva oportunidad y durante el resto de su vida actuó con respeto hacia Augusto. «No debes tomarte muy a pecho que todo el mundo diga perrerías de mí; debemos estar satisfechos si podemos evitar que nadie nos haga daño», recomendó en una ocasión Augusto a Tiberio, en una de sus muchas recomendaciones de padre a hijo. El hijo del princeps perdió su independencia con la adopción y ganó un saco de trabajo duro e ingrato. En la siguiente década siguió activo militarmente, apagando fuegos por todo el imperio. No en vano, la muerte de Germánico en 19 d. C. le dejó a él, con permiso del defenestrado Agripa Póstumo, como único heredero del imperio.

El princeps murió en Nola a la avanzada edad de 76 años. Tiberio –que se hallaba presente junto con Livia en el lecho de muerte de Augusto– asumió la cabeza de Roma y pudo escuchar de primera mano las últimas palabras de Augusto: «Acta est fabula, plaudite» (La comedia ha terminado. ¡Aplaudid!).

Mientras terminaba la función para Augusto, un centurión de la Guardia pretoriana viajó a la isla donde permanecía apartado Agripa Póstumo con la misión de asesinarle. Le sorprendió sin armas y, «aunque se defendió con valor, hubo de ceder después de una obstinada lucha». Murió con 26 años. A su regreso a Roma, el centurión acudió con normalidad a informar a Tiberio como correspondía por ser su comandante, salvo porque éste negó enérgicamente que él hubiera dado la orden de matar a Agripa. Puede que dijera la verdad y que fuera una orden directamente dada por su madre o incluso por Augusto antes de morir. Eso daba igual. Ya solo estaba Tiberio, el emperador.

Julia murió de malnutrición, poco tiempo después que Augusto, en 14 d. C.

 

18 abril 2017 at 7:39 am Deja un comentario

Numancia, una gesta del pasado con futuro

La conmemoración de los 2.150 años de la caída de la ciudad celtíbera, símbolo de la lucha por la libertad, pretende impulsar su candidatura a Patrimonio de la Humanidad

La muralla celtíbera reconstruida en Numancia – RODRIGO MUÑOZ CORTÉS

Fuente: MÓNICA ARRIZABALAGA  |  ABC
17 de abril de 2017

El aire hiela hasta los huesos en este paraje de Garray, a poco más de 7 kilómetros al norte de Soria, donde hace 2.150 años los numantinos escribieron con sangre y dignidad una de las páginas más memorables de la Historia. Apenas quedan vestigios de la indomable ciudad celtíbera de Numancia. Los romanos la asolaron por completo cuando ésta al fin claudicó, tras casi veinte años de lucha y once meses de terrible asedio. Los restos visibles hoy sobre el terreno pertenecen en su mayor parte a la etapa posterior, como ciudad romana, pero en la colina donde debieron de diseminarse antes las chozas de aquellos duros celtíberos, no resulta difícil imaginar el frío que sufrieron, el hambre atroz que les llevó a comerse a sus propios muertos y la desesperación con que mirarían desde su muralla hacia el cerco romano que la aisló por completo del exterior. No había ayuda ni escapatoria posible. Eran ellos, solos y pocos, frente al mejor ejército de la época al mando de Escipión, uno de los más destacados generales del Imperio Romano. Sucumbieron, claro está. Pero fue tan grande su entereza, que hasta sus enemigos admiraron la gesta de esta modesta ciudad que «resistió durante tanto tiempo con sus solas fuerzas a la nación que disponía de todas las del universo», en palabras del historiador romano Floro.

«Los numantinos lucharon hasta la muerte por su libertad y eso se ha convertido en un símbolo histórico para toda la humanidad. Hay otros casos de lucha por la libertad, pero ninguno que sea tan acrisolado, tan simbólico como Numancia. Por eso ha pasado a ser una página, no de la Historia, sino del ideario colectivo de toda la humanidad», subraya Martín Almagro Gorbea, académico anticuario de la Real Academia de la Historia. Antes de inaugurar en Soria los actos que conmemoran los 2.150 años de la caída de Numancia, el reputado catedrático ya jubilado de la Universidad Complutense recorrió el yacimiento arqueológico el pasado 5 de abril, invitado por Amalio de Marichalar, presidente del Foro Soria 21 y principal impulsor de que sea declarado en un futuro Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

«Numancia ha pasado a ser una página, no de la Historia, sino del ideario colectivo de toda la Humanidad». Martín Almagro Gorbea

En el interior de una reproducción de una vivienda celtíbera, Martín Almagro explicaba a ABC que la conquista de Hispania por los romanos «duró dos siglos (la de la Galia por Julio César, seis años), lo que da idea de las dificultades que tuvo Roma aquí». Citando a Floro, que describió a los celtíberos como el pueblo más fuerte y resistente de la Península Ibérica, el reputado historiador destacaba que Numancia fue «probablemente la ciudad celtibérica más importante», es decir, el centro de esta recia gente, el hueso más duro de roer por los romanos.

Almagro relataba cómo Numancia «se convirtió en el pavor de Roma», que trató de doblegarla sin éxito durante casi dos décadas hasta que finalmente envió a Escipión para que resolviera la situación. El general romano, que venía de tomar Cartago, «preparó un ejército muy numeroso, de más de 60.000 personas, frente a 4.000-6.000 que serían los numantinos, y los encerró en un cerco que se ha convertido en un ejemplo en toda la historia militar».

Martín Almagro y Amalio de Marichalar, durante su recorrido por Numancia– RODRIGO MUÑOZ CORTÉS

Los romanos levantaron siete campamentos en los cerros que rodeaban Numancia, unidos entre sí por un muro de unos 9 kilómetros de perímetro reforzado por torres. Controlaron además con fortines la confluencia del Duero con los ríos Tera y Merdancho, impidiendo toda comunicación con la ciudad celtíbera. Aunque los numantinos incitaron a los romanos a entablar batalla, «Escipión, que era un gran general, nunca quiso enfrentarse directamente a ellos porque sabía de su enorme fuerza como guerreros. Estableció el cerco y quiso rendirlos por hambre. No fue el combate, sino el hambre la que mató a los celtíberos», resaltaba el miembro de la Real Academia de la Historia.

Durante los once meses de cruel asedio, nadie salió ni entró en Numancia, salvo el valiente «Retógenes, que con cinco compañeros logró eludir el doble cerco, pero no consiguió que ninguna otra ciudad se atreviera a desafiar a Roma», recordaba Almagro. Los 400 jóvenes de la vecina ciudad de Lutia que quisieron prestarle ayuda fueron apresados por los romanos, que les cortaron la mano derecha.

La situación se hizo tan insostenible en Numancia que llegaron a comerse a los muertos. Escipión, «un hombre frío, un profesional de la guerra» exigía una paz sin condiciones, inaceptable para los numantinos. Muchos se quitaron la vida antes de rendir la ciudad, que fue «destruida de raíz», según Cicerón. El territorio se repartió entre los pueblos vecinos que ayudaron a conquistarla y sus supervivientes fueron vendidos como esclavos. Cincuenta de ellos viajaron con Escipión a Roma para el desfile triunfal que se celebró al año siguiente, en el 132 a.C.

Un símbolo necesario

En el 2.150 aniversario de aquellos hechos, el Foro Soria 21 para el Desarrollo Sostenible, la Fundación Científica Caja Rural de Soria y la Federación de Organizaciones Empresariales Sorianas (FOES), en colaboración con el Instituto de Historia y Cultura Militar, han organizado una serie de actos conmemorativos, dentro del programa «Numancia 2017», que inauguró Martín Almagro con una conferencia en Soria sobre el futuro del yacimiento, vinculado a una anhelada candidatura para ser Patrimonio de la Humanidad.

Para el conde de Ripalda, el aniversario es doble ya que se cumplen 110 años de la cesión al Estado de las ruinas de Numancia por parte de su abuelo, Luis de Marichalar. «En mi familia creímos que había que defender Numancia para el presente y para el futuro de la Historia de España y la Historia Universal», señalaba en el recorrido por el yacimiento. Marichalar instó a «unir fuerzas entre todos para destacar Numancia como ese símbolo que necesita hoy la humanidad» y «recobrar esos valores de libertad, dignidad y honor» para que «sean la base esencial de la construcción del presente y futuro».

Los valores históricos, arqueológicos y paisajísticos de Numancia «son únicos» y «los inmateriales de la defensa de un pueblo por su libertad, su dignidad y su independencia recobran más que nunca una enorme trascendencia en un mundo global como en el que estamos», destacó el presidente del Foro Soria 21, que quiso agradecer especialmente el apoyo de Portugal en la «carrera de fondo» por la candidatura a Patrimonio de la Humanidad, al ser símbolo común de la resistencia de la Península Ibérica a la invasión romana.

«Podríamos hablar de una serie de años, seis, siete, ocho años. Ojalá me equivoque y sean menos, pero lo importante es empezar un proyecto de todos». Amalio de Marichalar

Al recordar la celebración este año del Tratado de Roma, Marichalar destacó la necesidad de Europa «de símbolos irrenunciables y Numancia, como bien dijo en su día el Parlamento europeo, representa el origen más remoto de la historia y cultura común europea».El camino hacia la candidatura aún tiene por delante diversas etapas, como la inclusión de Numancia en la lista de los bienes susceptibles en toda España de proponer a la Unesco como patrimonio de la humanidad y la posterior redacción de una «tesis doctoral cuádruple» para argumentar su defensa, antes de competir a nivel internacional con otras propuestas. Por ello, Amalio de Marichalar no se atrevía a señalar plazos: «Podríamos hablar de una serie de años, seis, siete, ocho años. Ojalá me equivoque y sean menos, pero lo importante es empezar un proyecto de todos».

El viaje más largo se hace dando el primer paso y para éste «ya se han dado muchos con la concurrencia de todos», destacó el presidente de Foro Soria 21 que no alberga ninguna duda de que «lo lograremos porque lo merece. Numancia es parte de la Historia y del alma de España».

Numancia – RODRIGO MUÑOZ CORTÉS

«Acontecimiento de excepcional interés público»

Con 14.000 firmas y el apoyo de instituciones como el Parlamento europeo, el portugués, las Reales Academias de Bellas Artes e Historia, la de Ciencias Morales y Políticas, la de Historia de Portugal, el Instituto Arqueológico alemán, las Universidades Autónoma, Complutense, Oberta de Cataluña, Exeter, Hannover… y personalidades como sir John Elliott, ¿que falta para que el Gobierno plantee la candidatura a Patrimonio de la Humanidad? El Gobierno ha declarado la conmemoración del 2.150 aniversario «acontecimiento de excepcional interés público», pero aún falta que la Junta de Castilla y León y el Gobierno formalicen su voluntad, que ya existe, para incluir a Numancia en la lista indicativa de los bienes que son susceptibles en toda España de proponer a la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

 

17 abril 2017 at 10:36 am Deja un comentario

Valerio Manfredi: “La romanización de los pueblos germánicos habría cambiado Europa”

El autor italiano narra en su última novela, ‘Teotoburgo’, la historia de la batalla homónima que demostró al mundo que Roma no era invencible

Valerio Massimo Manfredi en una fotografía de 2005 |  BEGOÑA RIVAS

Fuente: EFE – Barcelona  |  EL MUNDO
16 de abril de 2017

El escritor y arqueólogo italiano Valerio Massimo Manfredi, que acaba de publicar una nueva novela ambientada en el mundo antiguo, “Teutoburgo”, considera que la romanización de los pueblos germánicos, que se dirimió en la crucial batalla con la que titula su nueva novela, “habría cambiado probablemente la evolución de Europa”.

Manfredi, autor de novelas históricas de éxito como la trilogía “Aléxandros”, publicada en 40 países, “La última legión”, “El imperio de los dragones” o “Los idus de marzo”, narra en “Teutoburgo” (Grijalbo) la historia de la batalla que demostró al mundo que Roma no era invencible y que convirtió a dos hermanos, Arminio y Flavio, en héroes de pueblos enemigos.

Manfredi ha explicado que “faltó muy poco para que la romanización de los pueblos germánicos concluyera, lo que habría cambiado probablemente la evolución posterior de Europa”. A pesar de que en Teutoburgo, un bosque en el norte de Germania, 20.000 soldados romanos perdieron una batalla en el año 9, “no perdieron la guerra y, de hecho, el Imperio Romano siguió existiendo casi cinco siglos más”, recuerda el arqueólogo italiano.

Esa romanización de Germania que no pudo ser “tal vez habría evitado las invasiones bárbaras, las guerras de religión por siglos y siglos, y puede ser que no habría habido necesidad de un Felipe II, de un Napoleón, tampoco de Hitler, ni las dos guerras mundiales del siglo XX”.

La extensión de la romanización, como ha vaticinado Manfredi haciendo historia ficción, habría aportado “una cultura unitaria, fundada sobre un sistema jurídico, económico, de comunicaciones y urbanístico común, pero es peligroso hacer la historia del ‘y si…’, porque en la historia intervienen elementos caóticos que no se pueden prever“.

Aquel “escenario visionario pero posible” que imaginó el emperador Augusto sigue sin resolverse, según el autor, si nos atenemos a las recientes declaraciones del presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, quien afirmó que los países del sur no pueden gastarse el dinero en “licor y mujeres” y después “pedir ayuda”.

Nunca había oído una cosa tan estúpida, idiota y ofensiva“, ha señalado Manfredi, quien ha precisado que “nunca he encontrado borrachos por las calles de Barcelona, Madrid, Roma o Francia, mientras he visto muchos más en los pueblos septentrionales, dicho con el máximo respeto. Soy un admirador de muchos aspectos de la civilización del norte de Europa, pero el sur es la base de la cultura europea”.

La novela y la batalla que le da título es el símbolo de que “Roma perdió la Germania, pero la Germania también perdió a Roma”. Para Manfredi, “el proyecto de Augusto era ambicioso y visionario, no era simplemente una rectificación de fronteras, en realidad quería trasladarlarlas 600 kilómetros al este”.

Los protagonistas de la historia de “Teutoburgo”, Armin y Wulf, hijos del caudillo de los queruscos, capturados por los romanos, son ejemplos de una práctica habitual en la Roma de Augusto: “En la casa del emperador había una especie de orfanato con hijos del enemigo. Dejaban intacto el ‘hardware’ y cambiaban el ‘software’, y así, aunque eran rubios con ojos azules, pensaban como romanos y pasaron a ser Arminio y Flavio“.

El propio Tácito, ha recordado Manfredi, describe una escena en la que Flavio permaneció como soldado fiel al Imperio Romano, mientras Arminio se erigió en jefe de una unificación de las tierras germánicas, como una especie de “Primer Reich”, que ideó a imagen de la estructura política romana.

Según el propio Manfredi, “resulta paradójico e incómodo que los alemanes dedicaran un monumento a Arminio, cuando se sabe que era ciudadano romano, con el rango de équites (segundo rango senatorial) y se había ganado esa posición masacrando a sus consanguíneos luchando con el ejército de Tiberio”.

Rechaza la etiqueta que cuelga sobre sus libros de escritor de la antigüedad: “La mitad de mis obras no se ambientan en períodos antiguos” y, de hecho, añade, el libro que está escribiendo ahora está ambientado en “la crisis del Congo en el período 1960-66 y nada tiene que ver con Tácito o con Homero”.

 

16 abril 2017 at 9:19 pm Deja un comentario

Realidad virtual para viajar al antiguo Jerusalén

Una aplicación y accesorios de realidad virtual para dispositivos móviles permiten recorrer Jerusalén en la época en que murió Cristo. Un equipo de arqueólogos ha asesorado a la empresa que ha desarrollado este sistema, con el que se pueden visualizar escenarios del mundo antiguo, reconstruidos hoy con técnicas de modelado en 3D.

La aplicación y los accesorios de realidad virtual permiten visualizar Jerusalén hace dos mil años. / Lithodomos VR

Fuente: Agencia SINC
12 de abril de 2017

Cuando se visita algún lugar histórico es inevitable retroceder mentalmente a los tiempos en los que estaba en su apogeo e imaginar cómo fue en el pasado.

Ahora, una aplicación ayuda a realizar ese viaje a través de dispositivos móviles y de realidad virtual para que el usuario pueda explorar con sus propios ojos escenarios del pasado, como la ciudad de Jerusalén hace dos mil años. Los visitantes la pueden ver en la época de Cristo y el rey Herodes, observando detalles como el aspecto original del Muro de las Lamentaciones.

La precisión histórica de la app hace que esté dirigida tanto a turistas como a investigadores y educadores

La app y la empresa que lo ha desarrollado se llaman Lithodomos ­–albañil en griego antiguo–. Un equipo multidisciplinar de especialistas en programación en 3D, historiadores y arqueólogos han trabajado en el sistema y en todos los elementos de la reconstrucción.

“Lo que hace a Lithodomos VR algo único es su compromiso con la precisión arqueológica. No somos solo un grupo de informáticos, también somos doctores en arqueología que comprobamos varias veces cada detalle”, explica Simon Young, presidente de la compañía.

Las representaciones que muestra Lithodomos VR se han creado usando fotogrametría (filmando y digitalizando previamente los objetos que se quieren representar) y el modelado de texturas en 3D.

Herramienta para el ocio y el aprendizaje

El software permite ofrecer una reconstrucción no solo de Jerusalén, también de otros lugares del mundo antiguo, como Grecia y Roma. Los usuarios pueden observarlos a través de sus dispositivos de realidad virtual o móviles adaptados –por ejemplo con el accesorio Google Cardboard–, mientras caminan entre las ruinas actuales.

La realidad virtual permite recrear el mundo antiguo en 3D. / Lithodomos VR

La aplicación va dirigida tanto a los turistas visitantes de esos lugares o museos como a investigadores y educadores que quieran usar esta tecnología como herramienta de aprendizaje. El equipo hace hincapié en su vertiente educativa debido al rigor histórico con el que se han realizado las representaciones.

“Nuestro trabajo parte de años de investigación y reflejan las mejores prácticas académicas para asegurar que, al final, el producto sea lo más preciso e informativo posible para el usuario”, afirma el equipo en su página web.

Entre los proyectos desarrollados por Lithodomos VR se encuentran reconstrucciones virtuales del Templo de Venus y la antigua ciudad de Roma, las Arenas de Lutecia en París o, la más reciente, además de la representación de la antigua Jerusalén durante el año 35 DC.

A pesar de estar especializada en representaciones del mundo grecorromano, la empresa está trabajando en un proyecto junto a la Universidad de Córdoba para reconstruir virtualmente el castillo de Bélmez y su entorno durante la época romana y la Edad Media.

 

13 abril 2017 at 8:14 pm Deja un comentario

Hallazgo de 200 denarios en el escenario de la batalla del bosque de Teutoburgo

El Museo y Parque Kalkriese explica en un comunicado que se trata de la mayor acumulación de monedas romanas que se ha descubierto en el antiguo campo de batalla, situado en el norte de Alemania

Denarios de la época de Augusto. Denarios del reinado de Augusto descubiertos en Kalkriese, en el norte de Alemania. Foto: Friso Gentsch / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
12 de abril de 2017

Un espléndido tesoro formado por más de 200 monedas romanas de plata ha sido hallado por un equipo arqueológico en Kalkriese, en el norte de Alemania, en el escenario de la batalla del bosque de Teutoburgo, entre el ejército romano de Publio Quintilio Varo y una alianza de pueblos germanos dirigida por Arminio. El Museo y Parque Kalkriese explica en un comunicado que se trata de la mayor acumulación de monedas romanas que se ha descubierto en el antiguo campo de batalla. En 1987, Tony Clunn, un arqueólogo aficionado británico, descubrió 170 monedas de plata y más recientemente, el año pasado, se recuperaron ocho monedas de oro.

Los denarios, fechados entre finales de la República romana y comienzos o mediados del reinado de Augusto, se encontraban depositados en un mismo lugar, por lo que cabe imaginar que fueron enterrados a la vez. “Una vez más queda demostrada la importancia del lugar, después del hallazgo de monedas de oro realizado el año pasado. Aquí ocurrió, sin duda, un gran acontecimiento“, explica Joseph Rottmann, director del Museo y Parque Kalkriese. “¿El tesoro fue enterrado de forma premeditada o rápidamente por un legionario que quería esconder sus ahorros? ¿Formaba parte del caudal de las tropas? Unos 200 denarios era lo que cobraba aproximadamente un simple legionario al año. Aún quedan muchas cuestiones por resolver…”, expresa el arqueólogo Marc Rappe.

Monedas romanas. Las monedas romanas comparadas con una moneda actual de un euro. Foto: Friso Gentsch / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

 

Denario del reinado de Augusto. Un denario del reinado de Augusto y otras monedas romanas. Foto: Friso Gentsch / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

 

Tesoro romano. Los denarios, fechados entre finales de la República romana y comienzos o mediados del reinado de Augusto, se encontraban depositados en un mismo lugar, por lo que cabe imaginar que fueron enterrados a la vez. Foto: Friso Gentsch / picture-alliance / dpa / AP Images / Gtres

12 abril 2017 at 7:01 pm Deja un comentario

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