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Bayas, la ciudad sumergida en el golfo de Nápoles

Unas fotografías aéreas descubrieron frente a Bayas (Italia) los restos, cubiertos por el mar, de un ninfeo y dos lujosas villas romanas

Estatua sumergida
Un arqueólogo submarino observa una de las estatuas sumergidas que en su día adornaron la villa de los Pisones, en la localidad costera de Bayas.

FOTO: Antonio Busiello

Fuente: Rubén Montoya  |  National Geographic
17 de julio de 2018

En la década de 1940, unas fotografías aéreas realizadas por el piloto Raimondo Baucher en el golfo de Pozzuoli, 23 kilómetros al norte de Nápoles, revelaron un amplio conjunto de estructuras ocultas en el fondo del mar. Las imágenes crearon gran expectación y llamaron la atención de aficionados y estudiosos, siempre atentos a nuevos hallazgos arqueológicos en un área muy próxima a los célebres yacimientos de Pompeya y Herculano, perfectamente conservados gracias a la erupción del Vesubio del año 79 d.C.

Pronto se comprobó que esta erupción no fue la única que propició milagros arqueológicos en la región. Desde principios de la Edad Media, un proceso denominado bradisismo, característico del área volcánica vesubiana, había hundido en el mar gran parte de la costa entre Pozzuoli (la antigua Puteoli) y Cumas, y con ella un conjunto de lujosas construcciones romanas que la arqueología podía ahora rescatar. Los restos detectados en las fotografías se encontraban en el pequeño golfo que se extiende ante Bayas, la antigua Baiae. Este lugar era ya conocido por los arqueólogos y amantes de las antigüedades, pues allí, en el área costera que no se había sumergido, se conservaban importantes vestigios arquitectónicos de época romana como edificios termales con salas abovedadas y cúpulas, e incluso restos de lo que pudo haber sido un palacio imperial de finales del siglo II.

Área residencial

A lo largo del siglo I a.C., la zona se desarrolló como lugar de retiro y diversión para los romanos ricos, y luego para los emperadores, debido a la calidad de sus aguas. Autores clásicos como Horacio, Estacio y Marcial elogiaron su belleza, mientras que otros, como Séneca y Varrón, criticaron los vicios y excesos de sus ricos inquilinos estacionales.

En el siglo I a.C., Bayas se convirtió en lugar de retiro y diversión para los romanos ricos

Por otra parte, en 37 a.C. se emprendió en el golfo de Pozzuoli la construcción de un gran complejo portuario, el llamado Portus Iulius, destinado a servir de base a la armada romana. El puerto estaba cerrado por un muelle de 371 metros de longitud, que iba desde Pozzuoli hasta punta Epitafio, y comprendía dos grandes «lagos», el lacus Avernus y el lacus Locrinus. Más allá de la punta Epitafio o el Portus Iulius conectaba con la bahía de Bayas, que también se cerró mediante una serie de construcciones para formar un tercer «lago» o puerto, el Baianus lacus. El puerto de Bayas tuvo un carácter de recreo y comercial, y en él se construyeron una serie de villas residenciales con espectaculares vistas al mar.

Entre los siglos III y V, y de nuevo entre los siglos VII y VIII, los movimientos tectónicos de nidos como bradisismo provocaron el hundimiento de gran parte de la costa entre Pozzuoli y Cumas, incluida Bayas. Pese a ello, ésta mantuvo su fama como balneario: en el siglo VI, el rey godo Atalarico y su secretario Aurelio Casiodoro recomendaban la zona por sus aguas termales, y durante el Renacimiento humanistas como Flavio Biondo y Ciríaco de Ancona mencionaban las propiedades terapéuticas del agua del golfo. A finales del siglo XV se construyó, sobre restos de época romana, el castillo Aragonés, sede del Museo Arqueológico de Bayas, donde se reunieron los hallazgos arqueológicos que se realizaban en la zona.

Primeros hallazgos

Siguiendo la pista de las fotografías de Baucher, en 1959 se realizaron las primeras prospecciones submarinas a cargo de Nino Lambolia –precursor de la arqueología subacuática italiana– y bajo las directrices de Amedeo Maiuri. Se escogió para ello una zona del golfo de Bayas a orillas de punta Epitafio, en cuyas inmediaciones habían aflorado, de manera fortuita, diversas esculturas, elementos arquitectónicos y estructuras desde 1920, durante la urbanización de la zona portuaria. Valiéndose de los medios disponibles entonces, los exploradores hallaron, a 6 metros de profundidad, una calle enlosada, bordeada por dos edificios y restos de estructuras que continuaban mar adentro.

Diez años después, en 1969, la marea descubrió, en el ábside de un edificio, dos esculturas de mármol de gran calidad: ambas formaban parte de un grupo escultórico entre cuyos personajes se reconoció a Odiseo (Ulises), lo que parecía estar relacionado con una antigua tradición que recoge Estrabón, según la cual Bayas derivaría su nombre de un personaje de la Odisea de Homero, el timonel Bayo, enterrado allí por Odiseo.

Según una tradición, el nombre de Bayas derivaría de Bayo, un compañero del héroe Odiseo

En 1980, la primera excavación subacuática sistemática puso al descubierto diversas estancias ricamente decoradas con mármoles. Los investigadores concluyeron que las estructuras correspondían a un complejo termal y a un ninfeo –un espacio con función de triclinio o sala de banquetes–, construidos en época del emperador Claudio (41-54). El ninfeo tenía una planta rectangular rematada por un ábside –donde habían aparecido las estatuas del grupo escultórico de Polifemo y Odiseo–, así como una serie de nichos ornados con dos estatuas de Dioniso, una de Antonia la Menor, madre del emperador Claudio, y posiblemente una hija de éste. Las paredes estaban decoradas con mármoles polícromos. Se especula con que las termas y el ninfeo formasen parte de una residencia imperial.

Mansiones de lujo

El trabajo de los arqueólogos desveló también otros restos sumergidos en la misma zona. Entre ellos destaca la denominada villa de los Pisones, una lujosa residencia con una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados. El complejo, situado a unos 150 metros de la costa y a unos ocho metros de profundidad, fue construido a finales del siglo I a.C. y constaba de diferentes estancias termales y residenciales distribuidas en torno a un amplio jardín porticado; la zona abierta al mar estaba dispuesta en terrazas. La villa contaba con una serie de piscinas ligadas a la actividad pesquera. Los restos de mosaicos y pinturas de algunas habitaciones manifiestan la riqueza de sus propietarios. El nombre de la familia de los Pisones aparece en sellos de plomo hallados en tuberías del complejo, lo que ha llevado a identificar esta residencia con la villa de Cayo Calpurnio Pisón en Bayas, donde Tácito sitúa el origen de la conjura liderada por este personaje contra Nerón. Al final, el emperador confiscó la propiedad y se cree que el complejo fue remodelado para acoger una segunda villa marítima en época de Adriano (117-138).

En la villa de los Pisones, Tácito sitúa el origen de una conjura contra el emperador Nerón

La villa de Protiro

La zona urbanizada de Bayas se comunicaba hacia el suroeste con otras propiedades a través de una calle a la que se abrían numerosas tabernas y que conducía a la entrada monumental de otra villa privada con vistas al Baianus lacus. Los arqueólogos la bautizaron como villa de Protiro porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada (en griego, pro thyra). La villa se dividía en dos secciones, una residencial y otra de termas privadas, separadas por una piscina de agua marina anqueada por numerosas esculturas. Destacan algunas estancias decoradas con mosaicos geométricos de tema mitológico y revestimientos de mármol. En la zona también se han hallado restos de pórticos y otras estructuras.

La villa de Protiro bordea el canal de más de doscientos metros de largo que comunicaba el mar con el lago artificial, y que ahora está hundido a entre seis y ocho metros de profundidad. Se cree que más allá de este canal, en la mitad meridional del muelle que cerraba el Baianus lacus, había construcciones similares, pero no se conservan restos debido a la erosión causada por siglos de fondeos y actividades portuarias. En esta zona tan sólo se han recuperado restos de estructuras asociadas a la pesca y algunos cimientos.

 

Estatua rescatada
Los buzos extraen del mar, en 1969, la estatua de uno de los compañeros del héroe Odiseo, que lleva un odre con vino para emborrachar al cíclope Polifemo. Esta pieza formaba parte de un grupo escultórico.

FOTO: Paul Fearn / Alamy / ACI

 

Una minuciosa restauración
Unos especialistas limpian y restauran una de las estatuas recuperadas en el yacimiento submarino de Bayas.

FOTO: Jonathan Blair / Getty images

 

El dios Dioniso
Estatua del dios del vino procedente del ninfeo o fuente monumental de Bayas. Museo Arqueológico de los Campos Flégreos.

FOTO: DEA / Album

 

El golfo de Pozzuoli
Mapa que muestra cómo era el golfo de Pozzuoli en el siglo XVI.

FOTO: Bridgeman / ACI

 

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17 julio 2018 at 11:45 am Deja un comentario

Perfumes en Roma: el aderezo más preciado

Para los antiguos romanos, los perfumes eran “una de las cosas más exquisitas y más nobles” de la vida

La mujer y el perfume
Esta delicada pintura muestra a una joven ricamente ataviada que vierte con cuidado perfume en un alabastrón. Museo Nacional Romano, Roma.

FOTO: Scala, Firenze

Fuente: María José Noain National Geographic
14 de julio de 2018

El escritor latino Plinio el Viejo decía del perfume que era el más superfluo de los lujos, dado su carácter efímero, y que sólo servía «al placer del que se ha perfumado». El propio origen de la palabra, proveniente del latín per fumum, ya nos está indicando su volatilidad: olor «por medio del humo», ya que en su origen los aromas para perfumar el ambiente se obtenían quemando resinas, raíces y maderas olorosas que producían un humo perfumado. ¿Y hay algo más volátil que el humo?

El origen de la palabra perfume viene del latín per fumum, olor por medio del humo

Pero aunque la palabra que empleamos en nuestros días proviene del latín, el origen del perfume se retrotrae en el tiempo. El gusto de los seres humanos por acicalarse y perfumarse no es un concepto contemporáneo, como podríamos pensar. Desde tiempos inmemoriales hemos buscado el modo de elaborar fragancias, campo en el que los antiguos griegos y romanos alcanzaron una gran pericia.

En la Antigüedad, los fabricantes de perfumes fijaban el aroma en una sustancia cremosa o grasa que retuviera el olor, ya que el alcohol, que habitualmente asociamos con la elaboración de los perfumes, no comenzó a ser utilizado como base de los mismos hasta el siglo XIV.

Fórmulas y materias

La composición del perfume constaba de dos elementos. El primero era la base, de carácter líquido y composición grasa, que amalgamaba y permitía la conservación de los aromas. Estaba formada por un aceite vegetal, principalmente el de oliva, aunque también podía usarse el de sésamo o el de lino. Cuanto más graso era el aceite –como el de almendras–, mayor era la duración del olor. A esta base líquida se le podían añadir conservantes y colorantes, como el cina brio o la orcaneta (una planta vellosa con flores amarillas). El segundo componente, de carácter sólido, eran las plantas, flores, raíces o resinas que se añadían al aceite y le aportaban la fragancia. El repertorio de aromas era muy amplio, aunque el de las rosas destacaba sobre los demás. Otras sustancias empleadas eran la mirra, la canela, el azafrán, el nardo, el narciso o el membrillo.

Las fórmulas para la elaboración de los perfumes, en sus distintas variedades y calidades, podían ser realmente complejas. Plinio aporta los ingredientes de una de estas recetas, compuesta de flor de rosa, aceite de azafrán, cinabrio, cálamo aromático, miel, junco oloroso, flor de la sal, orcaneta y vino. Por su parte, Dioscórides, en su obra De materia medica, precisa incluso las cantidades de cada ingrediente, como los mil pétalos de rosa que, según indica, han de utilizarse para obtener el perfume de esta flor.

Crear una buena esencia

Para obtener el aroma a partir de las materias vegetales, podía usarse el prensado, la maceración en frío o la maceración en caliente. El prensado consistía en aplastar las materias olorosas tensando una tela. En la maceración en frío se colocaban el aceite y los pétalos en capas alternas. Éstos se iban sustituyendo periódicamente para impregnar más y mejor la grasa, llegando a realizarse varios enflorados. Cuantas más veces se añadieran y removieran las flores, más intenso era el aroma. La maceración en caliente, el método más empleado, se efectuaba de la misma manera, pero calentando la mezcla en un caldero o en un horno.

En Roma, los perfumes se comercializaban en tiendas especializadas, las tabernae unguentaria. Estos establecimientos se agrupaban en barrios (vicus unguentarius) que, como los gremios medievales, reunían a estos profesionales. Eran grupos familiares cerrados que guardaban los secretos del proceso y transmitían las fórmulas de generación en generación. Al parecer, era habitual la presencia de mujeres en el negocio, tal y como se desprende de ciertos epitafios funerarios. No queda claro, sin embargo, si se dedicaban sólo a la venta del producto o también a su elaboración.

Los perfumistas pertenecían a grupos familiares cerrados que guardaban celosamente el secreto de su elaboración

Los contenedores de perfumes pasaron a ser elementos de vital importancia, de tal modo que un producto de lujo no estaba formado sólo por el contenido, sino también por el continente. No todos los materiales conservaban igual los aromas: el alabastro, por ejemplo, era una piedra especialmente valorada, dado que era impermeable y estanca, aunque muy cara. La cerámica, muy popular en Grecia, fue sustituida en Roma por el vidrio, que poseía también excelentes cualidades de conservación pero era un material mucho más asequible, reutilizable y reciclable.

Perfumes para todos

Hombres y mujeres se perfumaban por igual, pero no con las mismas esencias, que podían clasificarse en masculinas y femeninas. Decía el poeta Marcial en uno de sus epigramas: «Me seducen los bálsamos porque éstos son los perfumes de los hombres: vosotras, matronas, exhalad los olores deliciosos de Cosmos [famoso perfumista de la época]». Múltiples son las citas que indican que era una costumbre arraigada en ambos sexos. «No todo el mundo puede oler a perfumes exquisitos como hueles tú», dice Tranión a Grumión –ambos personajes masculinos– en la comedia Mostellaria de Plauto. Se decía del emperador Nerón que gustaba de impregnarse las plantas de los pies con perfume, mientras que en la Domus Aurea, su lujoso palacio en Roma, había introducido un curioso método de aromatización según recoge Suetonio: «El techo de los comedores estaba formado por tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de las cuales brotaban flores y perfumes».

El tipo de aroma también variaba según las clases sociales. Los plebeyos utilizaban perfumes baratos o adulterados, hechos con aceites de baja calidad como el de aceitunas verdes o el de ricino, y aromatizados con plantas como el junco oloroso. Era el caso de las prostitutas. Adelfasia, personaje de la comedia Poenulus de Plauto, le dice a su hermana: «¿Acaso quieres mezclarte allí entre estas prostitutas […], despojos de mujeres de baja estofa, miserables harapientas perfumadas con perfume barato?». Nada que ver con los perfumes destinados a las élites, más densos, aromatizados con exóticos productos y que podían llegar a costar precios astronómicos. El indiscutible valor del perfume queda recogido en uno de los epigramas de Marcial. Concretamente en su libro Xenia, en el que describe los regalos que solían intercambiarse en las fiestas de las Saturnales, dice: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos. Tenga él tu dinero; éstos todos a ti mismo dátelos».

El poeta Marcial decía: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos»

En cambio, su uso era criticado por los moralistas e, incluso, en la Atenas de Solón y en la Roma republicana se emitieron leyes para prohibirlos. También los espartanos, conocidos por su austeridad, echaron de su territorio a los vendedores de este tipo de mercancías. Lo cuenta el estoico Séneca, que en uno de sus textos moralizantes recuerda cómo «los lacedemonios expulsaron de su ciudad a los perfumistas y les instigaron a que se apresurasen a pasar la frontera porque desperdiciaban el aceite». Para la mayoría de los filósofos latinos y para ciertos emperadores, el uso del perfume era una frivolidad imperdonable. Suetonio, en la vida de Vespasiano, cuenta cómo el emperador «habiéndose presentado muy cargado de perfumes un joven a darle gracias por la concesión de una prefectura, se volvió disgustado y le dijo con severidad: “Preferiría que olieses a ajos”, y revocó el nombramiento».

Sin embargo, los perfumes se aceptaban plenamente en ciertos contextos. Por ejemplo, el uso de aceites perfumados en el mundo del deporte aparece desde tiempos de Homero. En Roma, los atletas que acudían a practicar deporte a las termas solían llevar consigo un «kit de belleza», con ungüentarios que contenían el preciado aceite con el que se ungían antes del ejercicio y que retiraban después con el estrígilo, una pieza curva de bronce.

Para los dioses y los difuntos

Perfumar el ambiente para sacralizar los ritos y las ceremonias, tanto en los templos como en el ámbito doméstico, era asimismo algo habitual en la Antigüedad. Los aceites olorosos podían entregarse como ofrendas en los altares familiares a los dioses o a los antepasados, y también se perfumaban las estatuas de culto y los animales para el sacrificio. «El efecto placentero de los perfumes ha sido admitido […] entre las cosas agradables de la vida más exquisitas e incluso más nobles, y su consideración ha comenzado a extenderse hasta para las honras fúnebres», cuenta Plinio. En las necrópolis romanas, los ungüentarios de vidrio eran uno de los elementos funerarios más comunes. Contenían los perfumes y aceites necesarios para ungir el cuerpo del difunto. Narra el mismo autor, hablando de la canela, que «ni con la cosecha de un año se cubriría tanta cantidad como la que el emperador Nerón mandó quemar en el último adiós a su [esposa] Popea».

Para saber más

La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. J. Carcopino. Temas de Hoy, Madrid, 2001.

Històries de tocador (catálogo). Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2018.

Historia natural. Plinio el Viejo. Gredos, Madrid, 2010.

 

Caja para cosméticos
Arqueta de madera, con elaboradas incrustaciones de marfil, que contenía útiles de belleza. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

FOTO: DEA / Album

 

Cupidos perfumistas
Este fresco de la casa de los Vettii en Pompeya recrea una escena de fabricación y venta de perfume, cuyos protagonistas son pequeños cupidos.

FOTO: Foglia / Scala, Firenze

 

Víctima sacrificial
Un sacerdote vierte aceite perfumado sobre un toro que va a ser sacrificado. Relieve. Museo de Historia, Berna.

FOTO: AKG / Album

 

14 julio 2018 at 6:00 pm Deja un comentario

¿Es cierta la historia de la Guerra de Troya?

 

Fuente: BBC Mundo
7 de julio de 2018

Todos oímos hablar del famoso caballo de Troya. Pero ¿existió esa ciudad y la guerra narrada en la Ilíada y la Odisea? GETTY IMAGES

En la antigüedad, los griegos precristianos no tenían un equivalente a la Biblia.

Lo más similar que tenían —y no era muy parecido— era a Homero: una sola palabra que representa tanto al supuesto autor de la Ilíada y la Odisea como a su canon.

Esos poemas épicos, compuestos en verso hexámetro, han tenido un impacto impresionante en la cultura mundial. No es exagerado describirlos como las dos obras fundacionales de la literatura griega y europea.

Al menos siete ciudades griegas lo reclamaron como su hijo predilecto. ¿Pero quién era exactamente Homero? ¿Cuándo vivió? y ¿para quién escribió sus obras?

Los griegos tampoco se ponen de acuerdo sobre esto, principalmente por falta de evidencias.

Datar las epopeyas y su temática es un tema que genera debate. Los antiguos griegos sostenían que la Guerra de Troya se libró entre 1194 y 1184 a.C. —una fecha ampliamente aceptada por algunos estudiosos modernos— y que Homero vivió a finales del siglo VIII a.C.

Pero hay dos cosas en las que casi todos los griegos antiguos coincidieron: que Homero fue el autor de ambos poemas épicos y que el conflicto que describen, la Guerra de Troya, era una batalla que realmente sucedió.

Sin embargo, esta última creencia requiere un nuevo análisis y una reevaluación a la luz de recientes investigaciones lingüísticas, históricas y, sobre todo, arqueológicas.

“Mitos”

Las historias relatadas en la Ilíada y la Odisea son increíbles, de ahí que hayan sobrevivido tanto tiempo. Son lo que los griegos llamaron “mitos” en el sentido original de la palabra: cuentos tradicionales transmitidos de generación en generación, primero oralmente y luego de forma escrita.

Las increíbles historias relatadas en la Ilíada y la Odisea han sobrevivido por miles de años, pero ¿están basadas en un mito? BBC/WILD MERCURY

Una parte clave del genio del autor -o quizás de los autores- de estas dos epopeyas fue la selectividad. De la masa de historias tradicionales transmitidas oralmente a lo largo de muchos siglos, que describen las hazañas y las aventuras de una era dorada de héroes, “Homero” se enfocó solo en dos: Aquiles y Ulises (también llamado Odiseo).

La Ilíada es realmente sobre la ira de Aquiles expresada y saciada a través de un heroico duelo con el campeón defensor de Troya, Héctor. La Odisea narra los viajes y tribulaciones del héroe epónimo cuando luchó durante 10 años para regresar de Troya a su reino natal de Ítaca.

¿Qué estaban haciendo Aquiles y Ulises en Troya en primer lugar? Homero no da muchos detalles, en parte porque era un tema ampliamente conocido entre su audiencia.

Pero ¿hay algo que sea verídico de todas las historias que narra? ¿Hubo realmente una Guerra de Troya como la que se describe en las obras, o al menos una Guerra de Troya real aunque distinta a la que representó con tanto detalle el o los poetas etiquetados bajo el nombre “Homero”?

No pasó mucho tiempo antes de que los críticos pusieran en duda una de las presuposiciones fundamentales de la historia de Troya.

Según el poeta siciliano-griego Estesícoro, que vivió en el siglo VI a.C., la reina Helena de Esparta, quien según la epopeya fue llevada a Troya por su secuestrador, el enamorado príncipe Paris, en realidad estuvo en Egipto durante la Guerra de Troya, y solo una imagen de su espíritu fue llevada a Troya.

Según esta versión los griegos luchaban en revancha por una imagen de su reina, es decir un espejismo o un fantasma.

Helena y Paris, según la versión de la serie de televisión “Troya, la caída de una ciudad”, producida por la BBC y Netflix. BBC/WILD MERCURY

El historiador Heródoto, del siglo V a.C., tenía otra versión: estaba de acuerdo con Estesícoro en que Helena probablemente no había sido secuestrada en primer lugar, pero él creía que ella había abandonado a su marido espartano, Menelao, para huir con su amante troyano por elección propia.

Esta teoría era escandalosa pero al menos dejaba intacta la autenticidad histórica de la guerra. Sin embargo, ¿sucedió así?

Desastre arqueológico

Heinrich Schliemann, un hombre de negocios prusiano del siglo XIX adinerado y ultramoderno, no tenía dudas. Creía que Homero no solo había sido un gran poeta sino también un gran historiador.

Y para comprobarlo decidió excavar (o, al menos, desenterrar) los sitios originales descriptos en la epopeya: Micenas, la capital del reino de Agamenón y, por supuesto, Troya.

Para realizar su búsqueda, Schliemann siguió las pistas dejadas por los antiguos griegos.

Desafortunadamente, en Hisarlık (hoy noroeste de Turquía), donde según la mayoría de los expertos habría estado Troya si realmente hubiera existido, cometió errores graves y causó un desastre arqueológico que ha tenido que ser limpiado una y otra vez por científicos estadounidenses y alemanes.

Se ha excavado mucho en la zona y aunque no cabe duda de que este sitio de cumbres, sólidamente fortificado y con una considerable ciudad extendiéndose por debajo, fue de gran importancia en el período pertinente (aproximadamente del siglo XIII al siglo XII a.C.), los expertos no pueden decidir cuál de las capas excavadas pertenece al período homérico.

Esto se debe a que hay poca o ninguna evidencia arqueológica de la presencia griega en el sitio y tampoco hay rastros de la presunta agresión griega del tipo narrado por Homero, que supuestamente duró diez años.

Algunos creen que Troya existió en lo que hoy es el noroeste de Turquía pero las evidencias no son concluyentes. GETTY IMAGES

Todo ello resulta muy irritante para los más escépticos que dudan de la veracidad fundamental de todo el mito de la Guerra de Troya.

Catástrofes

¿Tenían los griegos de la postguerra troyana alguna buena razón para inventar y embellecer semejante historia?

Un estudio sociohistórico comparativo de lo épico como género de literatura comunitaria sugiere dos cosas relevantes: primero, que sagas como la Ilíada presuponen ruinas; y segundo, que en la esfera sagrada de la poesía épica, las derrotas se pueden convertir en victorias y las victorias se pueden inventar.

Es un hecho bien documentado que en algún momento alrededor del año 1200 a.C., el antiguo mundo del Mediterráneo oriental griego sufrió una serie de grandes catástrofes.

Estas calamidades incluyeron la destrucción física de ciudades y ciudadelas seguida de una despoblación severa, transmigración interna masiva y una degradación cultural casi total.

No sabemos con certeza qué o quién causó las catástrofes. Sin embargo, podemos identificar sus consecuencias negativas: económicas, políticas, sociales y psicológicas.

A esto siguió una edad “oscura” analfabeta que perduró en algunas zonas hasta cuatro siglos y que terminó solo con el renacimiento del siglo VIII a.C.

Fue entonces cuando los griegos redescubrieron la escritura, inventaron un nuevo alfabeto y reiniciaron el comercio con sus vecinos del este.

Solo entonces la población aumentó notablemente y se forjó una noción rudimentaria de ciudadanía política. Los griegos comenzaron entonces a emigrar del centro del mar Egeo a puntos más lejanos al este y mucho más al oeste.

Hay evidencias de que el mundo griego sufrió una serie de grandes catástrofes alrededor del año 1200 a.C. que podrían explicar la necesidad de crear mitos sobre una “época de oro”. GETTY IMAGES

Aquí tenemos una explicación para el impulso de crear o fabricar el mito de la Guerra de Troya: la apremiante necesidad de postular una era de oro “de antaño”, durante la cual los griegos pudieron reunir una fuerza expedicionaria de más de 1.000 barcos, liderada por reyes heroicos, que castigaban a una molesta ciudad extranjera que se había atrevido a robar y aferrarse a una de sus mujeres más importantes e icónicas.

Imperio hitita

Mientras tanto, uno de los grandes avances científicos de los últimos tiempos ha sido el desciframiento de textos cuneiformes y jeroglíficos del Imperio hitita, que abarcó gran parte de Asia Menor hasta la época de la supuesta Guerra de Troya.

Tanto los topónimos como los nombres personales que suenan misteriosamente griegos se han encontrado en los registros hititas. Estos incluyen el nombre de la ciudad Wilusa, que cuando se pronuncia suena un poco como ‘Ilión’ (el término griego para Troya – de ahí ‘Ilíada’).

Sin embargo, a pesar de todas esas similitudes lingüísticas (o coincidencias), los registros hititas que hasta ahora se han descubierto y publicado no contienen ninguna referencia a nada que se parezca a una Guerra de Troya homérica.

Del mismo modo, aunque contienen pruebas de que las mujeres reales podían estar involucradas en intercambios diplomáticos entre las grandes potencias del entonces Medio Oriente, aún no ha aparecido una Helena o su equivalente.

Hay, además, razones para que seamos escépticos sobre la afirmación de que las epopeyas homéricas son documentos históricos, y para dudar de la idea de que implican antecedentes históricamente auténticos.

Los restos arqueológicos del Imperio hitita no muestran evidencias de una Guerra de Troya. GETTY IMAGES

Un ejemplo es el problema de la esclavitud. Aunque la institución y la importancia de la esclavitud se reconocen en las epopeyas homéricas, el autor o los autores no tenían absolutamente ninguna idea de la escala de esclavitud que se practicaba en las grandes economías de los palacios micénicos de los siglos XIV o XII a.C.

Pensaban que 50 era una posesión apropiadamente considerable para un gran rey, mientras que en realidad un Agamenón de la Edad de Bronce podía comandar el trabajo no libre de miles de personas. Tal error de escala sugiere una gran fragilidad en el rigor histórico de la obra.

“Nunca existió”

En resumen, estoy con aquellos que creen que el mundo de Homero es inmortal precisamente porque nunca existió fuera del marco de los poemas épicos, ya sea en su versión oral o su posterior transcripción y difusión.

Y gracias a Dios por eso. Sin la creencia de los antiguos griegos en una Guerra de Troya no tendríamos el género del drama trágico, uno de los inventos más fértiles e inspiradores de los griegos, para deleitarnos, prevenirnos e instruirnos.

(Se dice que el gran dramaturgo ateniense Esquilo se refirió a sus obras de teatro, modestamente, como meras sobras del banquete de Homero).

Hay un mundo en Homero: un mundo literario de recepción, alusión y colusión. Sin él, todos seríamos mucho más pobres, espiritual, artística y culturalmente hablando.

Homero vive y ¡larga vida a Homero! Pero ¿la guerra de Troya? Lo más probable es que se haya perdido.

 

7 julio 2018 at 12:16 pm Deja un comentario

Descubiertos en León restos arqueológicos del Praetorium de la Legio VII

Los restos arqueológicos descubiertos en la plaza de San Pelayo de León corresponden al Praetorium, o vivienda del máximo responsable militar que estaba al frente de la Legio VII, según la experta que dirige los trabajos, María Luz González, que califica el hallazgo de “espectacular”.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Cuarenta y ocho horas después del descubrimiento de restos arqueológicos con motivo de la rehabilitación de las calles del casco histórico, el alcalde, Antonio Silván, ha visitado los hallazgos y ha afirmado que el Ayuntamiento instará a la Junta de Castilla y León y al Estado a la conservación de los mismos para disfrute de los visitantes y para su investigación y análisis por parte de los expertos.

En este sentido, ha señalado que procede la valoración de los restos, la propuesta de actuación en su caso, y “como ciudad, se pedirá a la Junta de Castilla y León y al Estado que este entorno romano se vea como un todo, integral, y no parcial”.

Los estudios preliminares apuntan a que los hallazgos podrían corresponder al Praetorium, la casa del pretor, del comandante en jefe de la legión en la ciudad y podrían datarse entre los siglos I y III.

El alcalde ha destacado que estos yacimientos acreditan “el origen romano de León en un año en el que la ciudad celebra el bimilenario de su fundación por Roma.

Las catas se extenderán a prácticamente la totalidad de la plaza y, según añadió la arqueóloga responsable de los trabajos, al recodo de la calle Serranos.

Silván ha agradecido la unidad de acción del Ayuntamiento y de la Junta de Castilla y León así como el trabajo de los técnicos y expertos de ambas administraciones y de la empresa adjudicataria de las obras.

Según la arqueóloga de la empresa adjudicataria, los restos corresponden a un edificio “de entidad, de porte” que estaba ubicado en el punto neurálgico del campamento, por la situación cercana de los Principia y en el cruce de las vías Principalis y Decumana.

“Es un edificio de grandes dimensiones”, señaló la arqueóloga, que ha añadido que, de momento, lo que ha salido a la luz se identifica con la cámara caldaria, lo que serían los baños de la casa del pretor.

Han sido hallados muros de ladrillo de un metro de anchura que tienen continuidad hacia el norte, hacia el solar de los números 8 y 9 de la plaza.

El alcalde ha anunciado que se propondrá la revisión del catálogo de los números 8 y 9 de la plaza con el fin de favorecer la accesibilidad y visibilidad de lo que hay en el solar, de titularidad privada.

Las catas fueron autorizadas por la Comisión Territorial de la Junta de Castilla y León el 25 de abril, que recomendó un sondeo amplio en la zona.

La idea es que se realicen catas en prácticamente toda la plaza, según señaló la arqueóloga, aunque “de momento sólo se ha intervenido en esta zona porque hay que dejar espacio para el tránsito pero está previsto actuar en el entorno”.

 

2 julio 2018 at 5:32 pm 1 comentario

La «pena del saco», el bestial castigo para los parricidas en la Antigua Roma

El suplicio se justificaba en que «la profanación» (violatio) de los padres y de los dioses debe expiarse del mismo modo. El castigo tenía un componente ceremonial

La justicia de Trajano, de Eugène Delacroix

Fuente: CÉSAR CERVERA ABC
30 de junio de 2018

Dios pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac como muestra de fe: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moriá, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré». El patriarca judío se disponía a «inmolar a su hijo» cuando un ángel apareció para evitarlo. Dios supo así que Abraham sacrificaría cualquier cosa por él, pero no iba a permitir que se cometiera un pecado de esa gravedad. La tradición judeocristiana repudia el parricidio, al igual que Grecia y Roma, que reservaban a este crimen uno de los castigos más salvajes. Lo más peculiar de los romanos es que eximían a los padres del delito.

Más allá de dioses y titanes, el parricidio más conocido de la cultura helena es el que sucede durante el mito de Edipo. Ante la profecía de que moriría asesinado por su hijo, el rey de Tebas no se atrevió a matar a su único vástago con sus manos, pero atravesó con fíbulas sus pies y lo entregó a un pastor para que lo abandonara. Creía que nadie recogería a un recién nacido con los pies atravesados. Sin embargo, el niño sobrevivió cuidado por unos pastores y, posteriormente, por la reina de Corinto, quien le llamó Edipo, que significa «el de pies hinchados».

Siendo adulto, Edipo se encontró con su padre, el rey de Tebas, y sin saber que era sangre de su sangre le mató por un incidente de poca importancia. Aunque Edipo llegó a rey y vivió años dichosos, el parricidio cayó sobre él como si fuera una maldición. En una de las versiones, Edipo se quitó los ojos con los broches del vestido de su madre, Yocasta, que también era su esposa, y se exilió de Tebas al saber que había matado a su padre y se había casado con su madre.

Un delito extremo contra la divinidad

En la legislación de Atenas, el parricida podía ser perseguido y muerto por cualquier ciudadano, mientras que el autor de un homicidio simple solo podía ser acusado por los parientes próximos de la víctima. A nadie le era lícito prestarle asilo, pues consideraban que era un delito supremo. No en vano, el reformador y legislador Solón se negó a anular penas en Atenas para los parricidas, a razón de que no creían que hubiera personas tan perversas que osasen romper los vínculos sagrados de la naturaleza. Solo los animales podían hacer algo así.

Posteriormente, en Roma se llamó parricidio a todas las formas de homicidio sobre un hombre libre o ciudadano, un «par» o un «igual». El Derecho Romano primitivo equiparaba «parricidium» a homicidio voluntario, pero ya con la ley de las XII Tablas se catalogó solo como la muerte de los padres ocasionada por los hijos. Aquí no entraban los crímenes contra los hijos o los esclavos porque el padre romano tenía máximo control sobre su familia, incluso si decidía exponer a peligro de muerte a sus hijos o desheredar a alguno de ellos.

La muerte reservada para los asesinos de sus padres se llamaba «Poena Cullei» o «Culleum» (un contenedor de cuero con cierre estanco dedicado a transportar alimentos) y consistía en lanzar al condenado desnudo al mar o a un río metido en un saco de cuero con una víbora (de la que se creía que era un animal parricida), una mona (la caricatura del hombre), un gallo (feroces, capaces de enfrentarse a un león) y un perro (animal considerado «immundus» por los romanos). En un pasaje del jurista romano Herenio Modestino se describe que «los culpables de parricidio eran primero perseguidos con “las virgae sanguineae” y luego cosidos en el interior de un “culleum”». Al reo se le cubría la cabeza con un gorro de piel de lobo y se calzaba con zapatos hechos de madera para que no pudiera defenderse.

Se les producía la muerte por ahogo con la creencia de que el agua tenía una cualidad purificadora, además de que al homicida había que privarle de una sepultura digna. Los animales desempeñaban una doble tarea. Por un lado torturar al reo mientras estuviera vivo; después, fundir sus restos hasta que fuera imposible distinguir al animal del hombre.

¿Quién introdujo un castigo tan cruel para este tipo de delito en Roma? Según Valerio Máximo fue el rey etrusco Tarquino, quien ordenó «el culleum» para castigar al decenviro M. Atinio, culpable de haber divulgado los secretos de los ritos civiles sangrados. El suplicio se justificaba en que «la profanación» (violatio) de los padres y de los dioses se debe expiar del mismo modo. El ataque contra el pater es el crimen contra la divinidad, por lo que el castigo tenía un componente ceremonial.

Su crudeza recordaba a la que en el Antiguo Egipto se reservaba también al parricida, al que después de torturarle con pequeñas cañas aguzadas, se le cortaban pedazos de carne, y colocado sobre haces de espinos se le quemaba a fuego lento.

La Europa cristiana hereda el «culleum»

La Lex Pompeia de Parricidi anuló este tipo de ejecución pero extendió la pena del parricidio para otros parientes, desde hermanos, primos, suegros, nueras, yernos, marido y mujer, padrastro, patrón y patrona. En este grupo se seguía excluyendo del castigo al que ejerciendo la patria potestad matara a sus pupilos. La ley reconocía el derecho que tenía el padre de matar a sus descendientes, ya fueran hijos o nietos. Con el ascenso de César Augusto se desempolvó de nuevo el «culleum», e incluso se le achaca a él (otras fuentes dicen que fue Adriano) estipular qué animales debían ser introducidos en el saco.

Todo el procedimiento era excepcional. Ningún otro condenado a muerte era sometido a tanta y tan estudiada ceremonia. Sin ir más lejos, las vergas con las que se les fustigaba debían ser «sanguineae», es decir, del color rojo de la sangre. Una forma de hacer pagar con sangre al que atenta contra su propia sangre. Constantino, que legalizó la religión cristiana, diría de este castigo que era «para que en vida le falte el aire, y ya muerto esté privado de sepultura», lo cual significa que todavía en el siglo tres seguía vigente.

En la Edad Media algunas instituciones romanizadas conservaron esta idea de ajusticiamiento. Ese fue el caso de las Partidas, un cuerpo normativo redactado en la Corona de Castilla durante el reinado de Alfonso X que recuperó la pena del saco de cuero cerrado, si bien en una versión más simbólica que efectiva. Según el legalista Joaquín Escriche, la pena del «culleum» se mitigó en la práctica haciendo «llevar al reo al patíbulo, en serón de esparto, y luego meter el cadáver en cubo grande donde estaban pintados aquellos animales, y hacer la simulación de arrojarlo al río, dándole después la correspondiente sepultura».

 

1 julio 2018 at 8:48 am 2 comentarios

El Orson Welles que tiró el acueducto de Segovia

¿Puede un bulo convertirse en una verdad? Jesús Arroyo ha demostrado que sí. Con su falsa iniciativa de derribar el monumento romano ha probado que es posible crear una corriente de opinión en la sociedad a partir de una noticia falsa.

Jesús Arroyo no quiere derrumbar el monumento pero ha conseguido que cunda el pánico en Segovia. Foto: Cipriano Pastrano

Fuente: Olaya González LA RAZÓN
28 de junio de 2018

Corría el 30 de octubre de 1938 cuando Orson Welles sembró el caos en Estados Unidos tras advertir en un boletín radiofónico urgente que la Tierra se encontraba bajo amenaza alienígena. A pesar de que entonces las noticias no se propagaban con la rapidez que lo hacen hoy gracias a las redes sociales, el bulo corrió como la pólvora. Y ahora ha vuelto a suceder. Ni siquiera el autor de esta «Guerra de los Mundos» del siglo XXI, Jesús Arroyo, experto en comunicación estratégica y postverdad, imaginó la repercusión que iba a tener su experimento. Arroyo lanzó una propuesta cuanto menos controvertida: demoler el Acueducto de Segovia. ¿Qué perseguía con esto? Demostrar cómo se puede generar una corriente de opinión de manera artificial y así probar la debilidad del sistema. Ahora ha llegado el momento de desmentir el bulo. «Por supuesto que no queremos derribar el Acueducto de Segovia», recalca en una conversación con LA RAZÓN.

El primer paso fue escoger el objetivo perfecto, una diana que debía cumplir varias características: ser muy significativa para una ciudad, querida por todos y libre de connotaciones políticas y religiosas. «Quería algo completamente nuevo, no iba a subirme a la cresta de ninguna ola», apunta. Si conseguía dar con algo que todo el mundo ve con buenos ojos, su objetivo de probar que se puede crear una corriente de opinión contraria a cualquier cosa, independientemente de su prestigio, estaría más que conseguido. Entonces fue cuando lo vio claro: lo que buscaba estaba en Segovia.

«Quise ser brutal: derribarlo con los motivos más extremos», indica Arroyo. ¿Cuál es la razón principal? Que se trata de un símbolo de opresión de los romanos contra el pueblo español –«a pesar de que en esa época ni siquiera había españoles»–. En su lugar, el experto en postverdad planteó construir un centro de recuperación de la memoria de los esclavos que lo construyeron –«a pesar de que ni siquiera se sabe que lo hayan construido esclavos»–.

La reacción de la gente no se hizo esperar y sobrepasó las fronteras segovianas, cuyos habitantes fueron los más indignados cuando descubrieron que alguien quería acabar con su mayor símbolo. «Empezaron a dar argumentos en contra y nosotros rebatimos esas afirmaciones. Habíamos creado el debate», subraya. Hasta 25 medios de comunicación se hicieron eco de la iniciativa, e incluso el ex futbolista Álvaro Arbeloa compartió la noticia en su cuenta de Twitter. El primer objetivo estaba conseguido, tanto que en la actualidad 750 personas han firmado la petición «con nombres y apellidos».

El segundo paso era probar que el sistema no está preparado para afrontar los nuevos retos que ha generado la eclosión de las nuevas tecnologías. Una noticia falsa puede no solo acabar con la reputación de una persona, sino que también puede suponer una seria amenaza para la seguridad. «Esto demuestra que si un grupo está bien organizado puede crear una realidad inexistente», puntualiza. En una conferencia que impartió a expertos en seguridad nacional, Arroyo advirtió que el país no está preparado para atajar un ataque «con este tipo de armas».

«Imaginemos que una persona pone en su Twitter que ha habido un atentado terrorista en el centro de Madrid y además adjunta fotografías. La gente que está justo en ese lugar ve que no es así, pero cinco calles más allá puede cundir el pánico», indica. Una sola persona puede lograr que se colapse el centro de una gran ciudad y sembrar el caos. «Además, eso puede hacer que la Bolsa caiga en los siguientes minutos, justo hasta que se compruebe que es un bulo», añade. Desde su faceta de economista asegura que más de uno puede beneficiarse de eso.

Los organismos competentes no están preparados para atajar una situación similar, un hecho que puede ocurrir en cualquier momento: «La Policía o el Ejército pueden tratar de contrarrestarlo pero van a ir a remolque». Arroyo lamenta que hoy en día no hay manera de frenar esa situación, «solo se puede multar o detener al autor, pero el daño ya estará hecho». Eso pasa porque no existe ningún mecanismo de control: «No podemos depender de que nadie se decida a hacerlo; no podemos confiar solo en la buena voluntad de la gente».

El experto advierte que estas situaciones pueden ser aprovechadas por individuos con «mucha fuerza y mucho dinero» según sus propios intereses: «Yo no tenía fines políticos ni económicos, pero ya hay gente que se está beneficiando con esto». De hecho, Arroyo ha recibido innumerables ofertas de programas de televisión para defender sus argumentos. Las rechazó todas. De haber aceptado alguna se habría estado lucrando de una mentira.

La comunicación, una guerra

Hasta 19 de las 20 primeras entradas en Google sobre el Acueducto corresponden a esta campaña. La otra es Wikipedia. Sin embargo, el experto en comunicación tuvo mucho cuidado a la hora de elegir sus argumentos para que en ningún caso pudieran dañar la imagen del monumento a largo plazo. Es más, Arroyo considera que incluso le ha podido reportar publicidad positiva a Segovia.

Pero, ¿qué habría pasado de haber puesto el foco en una persona? Que su reputación estaría por los suelos. «Aunque parezca difícil a primera vista, en un par de días se puede bajar del pedestal al mayor ídolo español, europeo o mundial», afirma. No se librarían ni Rafa Nadal, ni Miguel Induráin, ni siquiera la Selección Española de Fútbol.

Y es que hoy en día la comunicación se ha convertido en una guerra: «El problema es que ahora mismo hay gente que sigue yendo a la batalla con el arco y la flecha pero otros utilizamos kalashnikovs». Arroyo advierte que para esa «guerra» no están preparadas ni las personas ni los partidos ni las empresas: «Lo ideal es que no haya guerra, que se frene al primer disparo», indica. Pero en muchos casos eso no sucede así.

«Hoy en día tienes que pensar qué quieres ser y lo alucinante es que puedes ser lo que tú quieras. En concreto, Arroyo asegura que en la actualidad una persona es lo que Google dice de ella. «¿Qué es la realidad? ¿La verdad o la postverdad? Pues yo creo que es lo segundo», expone, y explica que la postverdad es «la imagen que los demás tienen de ti»: «Tú puedes influir en ella».

Otra de las partes positivas es que para este experto «se puede salir de todo» siempre que se prepare una buena estrategia de comunicación. Como ejemplo pone la caída de la ex presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes. «Yo habría organizado una visita a una institución que tratase problemas de cleptomanía y le diría que hiciese un discurso en el que mencionase su problema. Así, si sale el vídeo los que quedan mal son los que lo filtran».

 

28 junio 2018 at 8:40 am Deja un comentario

La loba capitolina

¿Y quién amamantó a Rómulo y Remo?

Roma, Italia
Foto: AgePhotoStock

Fuente: National Geographic
26 de junio de 2018

¿Y quién amamantó a Rómulo y Remo? ¿Una loba de cuatro patas o de dos?

Virgilio Ortega, autor de Palabralogía -2014- y Palabrotalogía -2015- explica en esta entrevista, además del origen etimológico de otras muchas palabras, uno de los posibles orígenes de la leyenda de los fundadores de Roma.

En aquella época había abandono de niños y una loba ¡se los merendaría! “Lupa” era una de las formas para decir “puta”. ¿Qué es el lupanar de Pompeya? Donde trabajaban las putas, las lobas. ¿Quién amamantó a Rómulo y Remo? ¿Una loba de cuatro patas o una lupa de dos patas? Era humana, buena persona, los recogió y les dio de mamar. Pero luego llegan los romanos y en una operación de marketing muy clara piensan: “¡No vamos a decir que somos unos hijos de puta!”. Entonces se inventan la historia de la loba, que es de origen etrusco.

 

26 junio 2018 at 1:09 pm Deja un comentario

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