Posts filed under ‘Greece’

Grecia restaurará la Acrópolis de Atenas gracias a la UE

El coste de la obra alcanzará los cinco millones de euros (5,5 millones de dólares) y se sufragará con los fondos de cohesión europeos

El Partenón de Atenas – AFP

Fuente: EFE – ABC
26 de junio de 2017

Desde que en 1983 se creara la Comisión para la Conservación de los Monumentos de Acrópolis, los trabajos de conservación y de restauración del monumento han permanecido ininterrumpidos. Ahora, el Ministerio de Cultura griego ha anunciado el inicio de una nueva fase de restauración y conservación del espacio que durará hasta 2020, con intervenciones en el Partenón, en los Propileos y en las murallas. La obra será financiada con los fondos de cohesión europeos.

El coste de la restauración alcanzará los cinco millones de euros (5,5 millones de dólares) y las acciones más importantes tendrán lugar en la parte occidental del Partenón e incluidos el frontón y las vigas del techo.

La semana pasada fue retirado el montante del tímpano del frontón occidental y el próximo paso será la retirada de tres piedras del tímpano y de otras cinco del muro situado detrás de esta pieza del frontón, que se han roto a causa de la corrosión de las uniones de hierro instaladas en los años 30. Esta intervención concreta durará dos años y ha sido considerada urgente.

Además, serán retiradas las vigas del techo en la parte occidental del monumento para su restauración y se trabajará en las estrías verticales de las columnas del vestíbulo, además de realizarse labores de restauración y conservación en la pared norte del monumento.

En los Propileos -acceso a la Acrópolis- se restaurarán partes que no han sido intervenidas desde hace muchos años. También habrá intervenciones en las partes norte y sureste de la muralla de la Acrópolis.

 

27 junio 2017 at 8:22 am Deja un comentario

La Antigua Grecia en 15 minutos, con Academia Play

Fuente: Canal de academiaplay en Youtube

 

12 junio 2017 at 7:52 pm Deja un comentario

El Tesoro de Troya, a la vista por primera vez en Atenas

Hasta el 30 de julio, los visitantes del Museo Arqueológico Nacional podrán ver la colección que la esposa de su descubridor, Henrich Schliemann, regaló a la pinacoteca en 1892

Algunas de las piezas que se exhiben – ABC

Fuente: BEGOÑA CASTIELLA  |  ABC
11 de junio de 2017

Hasta el 30 de julio, los visitantes del Museo Arqueológico Nacional de Atenas podrán ver la colección de Troya que la esposa griega de su descubridor, Sophia Schliemann, regaló a la pinacoteca en 1892, dos años después del fallecimiento de su esposo Henrich. Este museo, que es el mayor de Grecia y el que tiene más objetos de la Antigüedad griega, fue renovado antes de los Juegos Olímpicos de 2004 y ahora está abierto todos los días de la semana.

Para aumentar el interés de sus visitantes, sigue una iniciativa original: el «Museo Invisible». Es decir, muestra al público objetos nunca expuestos de su propio almacén. Los objetos provenientes de la excavación de Troya que donó Sophia Schliemann al museo se expondrán hasta el 30 de julio. Y en días contados, siempre que se inscriba uno anteriormente en la página web del museo, habrá una visita guiada con arqueólogos que mostrarán en detalle la colección y explicarán la fascinante historia del Tesoro de Troya y como acabó repartido en muchos museos europeos.

Lo que se muestra ahora de la pequeña colección de Sophia Schliemann se puede ver en una vitrina en la sala central que lleva a las escaleras para subir al primer piso del museo, así como en la vitrina 13 de la sala V. Son objetos provenientes de la ciudad de Troya y fechados entre los años 2.500 y 2.300 a.C. En la primera vitrina hay partes de pequeños objetos, cerámica, ánforas, y en la segunda se pueden observar pequeñas joyas de oro, collares y pendientes en los que el oro se trabaja con la técnica denominada «granulada», así como figuras antropomórficas de mármol, pesos utilizados para telares, además de instrumentos y otras joyas más modestas en bronce.

La denominada colección de Sophia Schliemann es una parte mínima de lo encontrado en las excavaciones realizadas por su marido Heinrich Schliemann en la década de 1870 en Troya (Turquía). Fue lo que Sofía, que era griega, acabó teniendo en su posesión tras la inesperada muerte de su marido en 1890, que era 30 años mayor que ella, y que ella acabó regalando al mayor museo de su país dos años mas tarde.

El viaje de Schliemann

Porque Schliemann era un inteligente comerciante alemán que se enriqueció comenzando como modesto empleado y se convirtió, gracias a su inteligencia y tesón, en un riquísimo comerciante. A mediados de siglo decidió retirarse de los negocios y dedicarse a su pasión, la arqueología, y a su obsesión, encontrar la ciudad de Troya. Se divorció de su primera esposa rusa, a la que dejó con sus cuatro hijos. Y como quería tener una nueva esposa, le pidió a su amigo y profesor de griego Theoklitos Vimpos, que era un obispo ortodoxo, que le encontrara una esposa que fuera griega, tuviera «el mismo carácter angélico que su madre y hermana», que fuera guapa, culta, bastante joven para tener niños, que le gustara la Antigüedad griega, así como su literatura y geografía y que quisiera acompañarle en sus viajes.

Heinrich Schliemann y su segunda esposa, la griega Sophia Engastromenos – ABC

Así conoció a la guapa Sophia Engastromenos, de 17 años, con la que se casó en 1869 y tuvo dos hijos, Andromaca y Agamenón. Gran parte de lo que descubrió este arqueólogo amateur en Troya se quedó en Turquía, otra parte fue a Berlín y terminó en el Museo Pushkin de Moscú. Schliemann se gastó gran parte de su fortuna en excavaciones arqueológicas y viajes, algo que le encantaba ya que era además un gran políglota que se comunicaba en mas de ocho idiomas.

Y ahora se puede ver la donación de Sofía, a pocas salas de distancia de dónde está expuesto en el museo lo que Schliemann descubrió en Micenas y Tirinto. Y en el centro de Atenas se encuentra la espectacular residencia privada de la familia, una casa neoclásica con extraordinarios artesonados y techos pintados, que ahora es el Museo Numismático.

 

11 junio 2017 at 9:48 pm Deja un comentario

La verdad sobre Jerjes I, el rey persa «degenerado» que clavó en una lanza al espartano Leónidas

Después de su victoria en las Termópilas, el monarca se sintió libre de avanzar con su mastodóntico ejército hacia Atenas e iniciar el saqueo del Ática arrasando los santuarios de la Acrópolis ateniense. Ninguno de los autores griegos que le presentaban como un hombre débil, mujeriego y controlado por los eunucos podían disimular que, en verdad, sentían fascinación por sus riquezas y su poder

Leónidas y Jerjes I en una escena de la película «300»

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
1 de junio de 2017

Jerjes I es representado por la tradición griega como uno de esos reyes asiáticos degenerados, excesivos, esclavistas y dados al lujo extremo que demostraban que la democracia ateniense era el mejor sistema político posible. Una suerte de titán loco capaz incluso de castigar a las fuerzas naturales que se interponían en sus planes. El historiador griego Herodoto narra que el rey persa ordenó dar 300 latigazos a las aguas del estrecho de Helesponto porque le impedían cruzar a su ejército y a él. «Agua amarga, este castigo te da el Señor porque te has atrevido contra él, sin haber antes recibido de su parte la menor injuria. Entiéndelo bien, y brama por ello; que el rey Jerjes, quieras o no quieras, pasará ahora sobre ti. Con razón veo que nadie te hace sacrificios, pues eres un río pérfido y salado», exclamó el persa según las crónicas helenas.

Representación clásica de Jerjes

Pero más allá de la figura literaria del rey degenerado que acaba pagando cara su arrogancia, ¿cuánto sabemos de ese monarca obsesionado con conquistar la Grecia continental? En sus 21 años de reinado Jerjes trató de continuar con los planes expansionistas de su padre Darío, así como su enemistad con Atenas, Esparta y las otras polis griegas que no aceptaban su hegemonía en Asia Menor. A pesar de no ser el primogénito, su padre le designó a él para que heredara la corona por delante de su medio hermano Artabazanes. En su lecho de muerte Darío I le pidió, según la leyenda, que vengara la derrota sufrida en la batalla de Maratón, durante la Primera Guerra Médica (490 a. C.), y la intromisión ateniense en la Revuelta jónica en Asia Menor.

La mejor entrada a Grecia: las Termópilas

A Jerjes no le costó mucho prepararse para la guerra. La expansión y la conquista estaban en el ADN persa. Los persas se habían levantado contra la todopoderosa Babilonia, allá por el siglo VI a. C., con su rey Ciro II al frente. Con más astucia que recursos, los persas plantaron cara a sus sojuzgadores y de su victoria nació un imperio aún mayor del soñado por los babilonios. Los reyes que sucedieron a Ciro: Cambises, Darío y Jerjes, consiguieron engrandecer su imperio desde Asia Menor hasta la India. No en vano, en su afán expansivo se toparon con una piedra en el camino, la Grecia continental que, escudada por el mar Mediterráneo y una infantería superlativa, lograron rechazar las invasiones persas.

Antes de la campaña griega, en el 486 a.C., Jerjes (designado en la Biblia como «Asuero») debió enfrentarse a las habituales revueltas que seguían a la muerte de aquellos dueños de imperios tan heterogéneos. Asumió el poder luego de una guerra civil con Bardiya, esto es, un miembro de otra rama de la dinastía aqueménida.

Tras pacificar Egipto y las revueltas producidas en Babilonia, emprendió la conquista griega instigado por su primo Mardonio. Más allá del mito de los 300 espartanos defendiendo heroicamente las Termópilas, lo cierto es que la campaña no pudo empezar con mejor pie para los intereses persas. Uno de los reyes espartanos, Leonidas, presentó una insuficiente y luego mitificada defensa en el desfiladero de las Termópilas que únicamente duró dos días. Al final los espartanos fueron masacrados y Jerjes ordenó que le cortaran la cabeza al rey griego para colocarla en una pica. Pretendía así hundir la moral de las filas griegas, que en Termópilas perdieron más de 1.500 hombres. En contrapartida, Jerjes perdió probablemente más de 1.000 hombres, aunque la leyenda eleva esta cifra hasta los 20.000.

Otro éxito persa similar aconteció en la batalla naval de Artemisio, donde la resistencia griega apenas duró tres días, aunque en este caso los persas perdieron cientos de barcos. El poeta tebano Píndaro comentó que en Artemisio fue «donde los hijos de Atenas colocaron la primera piedra de la libertad» y no con el sacrificio de los 300.

La batalla de Salamina, óleo sobre tela pintado en 1868 por Wilhelm von Kaulbach

Después de sus victorias en las Termópilas y en Artemisio, Jerjes se sintió libre de avanzar con su mastodóntico ejército (las fuentes antiguas hablan de cientos de miles de hombres, lo cual es exagerado hasta el extremo) hacia Atenas e iniciar el saqueo del Ática arrasando los santuarios de la Acrópolis ateniense. La ciudad había sido evacuada previamente por orden de Temístocles, de manera que el ejército persa solo tuvo que enfrentarse a la guarnición de la Acrópolis, mientras las fuerzas espartanas y atenienses establecían su última línea de resistencia en el istmo de Corinto y el golfo Sarónico.

Habiendo humillado a Atenas, Jerjes sintió que la obra de su padre estaba cerca de cumplirse. A sus 32 años, Jerjes era descrito como un conquistador alto y apuesto, al estilo de su abuelo materno Ciro II. «Héroe entre reyes», «El Rey que es un verdadero hombre»… Sus exagerados sobrenombres daban fe de la dimensión de un rey que, según la Biblia, «gobernó 127 provincias desde la India hasta Cush», el mayor imperio hasta entonces. Una moneda de oro puro con él representado armado de un arco y una lanza, «el darico», se convirtió en el «dólar» de su tiempo, el primero en adquirir esa dimensión internacional.

En este sentido, los autores griegos le presentan como un rey dado al lujo y a creerse por encima de los dioses. Solo con propaganda podían combatir su enorme superioridad de tropas y riquezas. Como explica Nic Fields en «La leyenda de los 300: Termópilas» (Osprey Ediciones), en su campaña en Grecia Jerjes y sus ingenieros dieron una exhibición logística inédita: mejoraron las carreteras para permitir el avance del ejército persa, construyeron un canal tras el monte Atos, tendieron un puente en el Helesponto y abrieron depósitos de alimentos para mantener a miles de hombres alimentados.

La propaganda griega contra Jerjes

Y no solo de obras militares vivió su reinado. Jerjes I fue recordado en la memoria persa como un gran constructor y promotor de obras públicas. Las terrazas de Persépolis se completaron durante su reinado, siendo su sala de audiencias, con relieves de piedra caliza, una muestra cumbre de la grandiosidad del Imperio persa. Se conoce, además, que el monarca envió a sátrapas a intentar la circunnavegación de África por primera vez. De tal manera que ninguno de los autores griegos que le presentaban como un hombre débil y controlado por las mujeres y los eunucos podían disimular que, en verdad, sentían fascinación por sus riquezas y su poder. A su capacidad de movilizar fuerzas lo llamaron «hubris», arrogancia ante los dioses; y a sus éxitos siempre los dibujaban en medio de una corte llena de intrigas y decadencia moral.

Así y todo, el ejército persa sí contaba con ciertas limitaciones respecto a los griegos. Las huestes de Jerjes estaban compuestas de soldados de diferentes procedencias, que no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Si bien tenían la superioridad numérica de su parte, su falta de coordinación y su pobre armamento les hacían vulnerables frente a los hoplitas. Los escudos de mimbre y lanzas cortas eran su punto débil, mientras que su caballería era sensible frente al erizado de lanzas que era la falange griega.

De sus tropas de élite, los inmortales, su ventaja era que todos ellos eran persas y gozaban de una posición estable en el aparato imperial, si bien estaban peor equipados y peor entrenados que sus equivalentes griegos. En total eran unos 10.000 hombres, entre los cuales había además un «Hazarabam» (1.000 combatientes) cuyos miembros eran seleccionados para ser la guardia privada del rey persa.

En lo que no exageraba Herodoto era en la ingente cantidad de intrigas por metro cuadrado en la corte persa. Jerjes se pasó sus últimos años combatiéndolas

La suerte de Jerjes y sus ejércitos en Grecia duraron hasta el verano de 480 a. C. cuando fueron derrotados en la batalla de Salamina. La flota persa luchó contra los griegos, sobre todo atenienses, en los términos que éstos más deseaban. Más de 200 embarcaciones persas fueron aquel día hundidas en una franja de agua demasiado estrecha para hacer valer su superioridad numérica, si es que la conservaban, siendo aquello el principio del fin de la invasión persa. Aunque la guerra aún se alargó debido a las diferencias entre las distintas ciudades estado, en verdad los persas erraron en sus siguientes movimientos terrestres y Grecia pudo expulsar al fin a los bárbaros. Jerjes se tuvo que retirar hacia Asia junto con gran parte de su ejército tras Salamina, dejando a su general Mardonio y a sus mejores tropas para intentar completar la conquista de Grecia. En su ausencia, la batalla terrestre de Platea mostró de nuevo la superioridad de los hoplitas sobre los soldados orientales, aunque a esas alturas ya no estaba tan claro que los persas fueran mayores en número.

En lo que no exageraba Herodoto era en la ingente cantidad de intrigas por metro cuadrado que poblaban la corte persa. Jerjes se pasó sus últimos años combatiéndolas. En el año 465 a.C, el Gran Rey y su hijo mayor fueron asesinados en su palacio durante un golpe de estado palaciego. Artabano, comandante de la guardia real, dirigió el intento de destronar a los aqueménidas y colocar a sus siete hijos en posiciones clave del gobierno. Según una de las versiones griegas, Artabano engañó a otro de los hijos de Jerjes, Artajerjes, para que matara a su hermano mayor, pero al final descubrió la verdad y castigó a los asesinos de su padre. Él heredó el trono del que todavía era el mayor imperio conocido.

Si Ciro II y sus descendientes habían encabezado la expansión del imperio; con Jerjes llegó la estabilización imperial, y no, como presumen las fuentes helenas, la decadencia persa. Sus sucesivas derrotas en la Grecia continental no impidieron que durante el siglo y medio siguiente aún mantuviera el Imperio persa el control bajo la mayor parte de los estados helenos de Asia Menor y siguiera tomando parte con oro o con métodos sibilinos en los conflictos entre las grandes polis griegas.

 

1 junio 2017 at 6:48 pm Deja un comentario

Exploran las estructuras portuarias y los naufragios de la isla sagrada de Delos

Unas exploraciones subacuáticas recientes han permitido conocer sus restos antiguos y olvidados, entre ellos un dique y cientos de ánforas del Mediterráneo occidental

Exploraciones subacuáticas. Un arqueólogo subacuático examina unas ánforas del período helenístico. Foto: Ministry of Culture, Greece

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
29 de mayo de 2017

Las exploraciones subacuáticas realizadas durante este mes de mayo en la pequeña isla de Delos, uno de los lugares más sagrados de la Antigua Grecia, han permitido investigar sus restos sumergidos, especialmente el gran dique que antiguamente protegía el puerto principal de la isla y sus naufragios, que datan desde el siglo V a.C., cuando Atenas formó la Liga de Delos para continuar la guerra contra los persas, hasta el período helenístico, cuando Delos fue atacada por Mitrídates VI, rey del Ponto.

El dique que protegía el puerto principal de Delos de los fuertes vientos del oeste se oculta actualmente por debajo del nivel del mar, que ha aumentado más de dos metros desde los tiempos antiguos, según explica el Ministerio de Antigüedades de Grecia en un comunicado que ha difundido hoy. La construcción sumergida es maciza e impresionante, de 160 metros de largo y con unos enormes bloques de granito en su estructura superior.

El dique protegía el puerto de los fuertes vientos del oeste

Por otro lado se han encontrado diferentes restos de época helenística, sobre todo cientos de ánforas que fueron utilizadas para el transporte de vino y aceite de Italia y del Mediterráneo occidental. “Resulta interesante la presencia de ánforas de fuera del mar Egeo (Italia, España y el norte de África), lo que demuestra la amplitud comercial de Delos durante el período helenístico”, destaca el comunicado. Los hallazgos arqueológicos confirman que Delos “fue una importante base comercial y durante un tiempo formó parte de una ruta marítima y comercial que unía el Mediterráneo oriental y occidental“.

Cientos de ánforas. Cientos de ánforas permanecen en el fondo marino de Delos. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

Ánforas del Mediterráneo occidental. Cientos de ánforas que fueron utilizadas para el transporte de vino y aceite de Italia y del Mediterráneo occidental. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

Amplitud comercial de Delos.“Resulta interesante la presencia de ánforas de fuera del mar Egeo (Italia, España y el norte de África), lo que demuestra la amplitud comercial de Delos durante el período helenístico”, destaca el Ministerio de Cultura de Grecia. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

Restos de un naufragio. Las ánforas formaban parte del cargamento de diferentes embarcaciones que naufragaron. Foto: Ministry of Culture, Greece

 

30 mayo 2017 at 7:59 am Deja un comentario

El mito de la batalla de Maratón: los «pacíficos» atenienses enseñan a los espartanos a aplastar persas

Para los persas la derrota de Maratón fue solo el prólogo de la invasión de dimensiones bíblicas que estaba por llegar en tiempos de Jerjes y Leónidas

Fotograma de «300: El origen de un imperio» con un grupo de hoplitas atenienses cargando

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
25 de mayo de 2017

Filipides corrió y corrió durante 42 kilómetros. Corrió hasta literalmente el último aliento. Según la leyenda (no recogida en los textos de Herodoto), este soldado fue enviado a Atenas para avisar de que los persas habían sido derrotados en la localidad de Maratón y evitar que los atenienses rindieran la ciudad. Nada más entregar su mensaje, y con ello evitar la rebelión en ciernes de los aliados de los persas, cayó muerto Filipides en el sitio. Una anécdota recogida 600 años después, y por tanto probablemente falsa (¿por qué ir andando pudiendo ir a caballo?), pero que advierte de lo mitificado que están todos estos episodios de la Antigüedad. La posterior glorificación de los heroicos «hombres de maratón» en la literatura ateniense escondió el hecho de que su triunfo fue limitado y pospuso el problema solo por unos años.

La guerra de Occidente contra Oriente

Una década antes del sacrificio espartano en el paso de las Termópilas la rivalidad entre el Imperio persa y las polis griegas vivió un primer simulacro de guerra. El rey persa Darío I, padre de Jerjes, organizó en 492 a. C. la invasión de la Grecia Continental como castigo a las polis de Atenas y Eretria, que habían apoyado un levantamiento en las ciudades controladas por los persas en Asia Menor y Chipre. La autoridad persa no resultaba excesivamente opresiva en estas ciudades jonias, aunque la naturaleza autocrática del poder de Darío y los cambios en el sistema de tributos amenazaba con estallar tarde o temprano en una revuelta.

Esta primera parte de la guerra empezó favorable a los intereses del ejército persa, que volvió a subyugar Tracia y obligó a Macedonia a ser vasalla del reino de Persia. Sin embargo, una tormenta sorprendió a la flota del general persa mientras costeaba el Monte Athos y retrasó un año más las operaciones. Todas las partes de Grecia aceptaron someterse ante los enviados persas excepto Atenas y Esparta, las cuales ejecutaron a los embajadores al más puro estilo cinematográfico «This is Sparta!».

Reconstrucción moderna de una formación de falange hoplítica

Fue a raíz de estas ejecuciones cuando Darío ordenó una segunda campaña militar, dirigida por los generales Datis y Artafernes, que tenía como objeto expreso destruir Atenas y Esparta. Según la leyenda, el rey persa preguntó: «¿Quién es esa gente que se llama atenienses?», a lo que añadió él mismo sin aceptar explicaciones: «¡Oh Ormuz (divinidad persa), dame ocasión de vengarme de los atenienses!». Una flota de casi veinte mil infantes y jinetes se concentró en Cilicia (la zona costera meridional de la península de Anatolia) y fue saltando el terror y la destrucción de isla en isla hasta desembarcar en Eretria, que fue arrasada y sus ciudadanos esclavizados. Finalmente, el ejército expedicionario se dirigió al Ática, desembarcando en Maratón por sugerencia del tirano ateniense Hipias. El otrora dictador de Atenas, que durante unos años impuso un reinado represivo en la polis, se había refugiado en la corte persa de Darío I después de ser derrocado por los espartanos. Cuando Persia amenazó con atacar a Atenas y reponer a Hipias lo hizo sabiendo que el viejo tirano tenía todavía muchos partidarios en la ciudad.

Milcíades creía que el lugar escogido por Hipias, en la zona nororiental del Ática, no era muy propicio para una batalla de grandes dimensiones

Al conocer que los persas habían desembarcado cerca de su metrópolis, la joven democracia ateniense pidió ayuda a los soldados de Esparta (el nombre correcto es lacedemonios, puesto que Esparta como polis no existía), que retrasó su apoyo por hallarse en plenas fiestas Carneas. Un viejo conocido persa, Milcíades, asumió el mando de las tropas atenienses, apenas 10.000 hoplitas, y propuso salir al encuentro persa a pesar de su enorme superioridad numérica, 20.000 efectivos, según Herodoto. Milcíades creía que el lugar escogido por Hipias, en la zona nororiental del Ática, no era muy propicio para una batalla de grandes dimensiones, porque la llanura estaba dividida transversalmente por el torrente Caradro, pero sí para que las falanges hoplitas dieran su máximo potencial.

El grito de los atenienses

En su origen los hoplitas eran ciudadanos propietarios de pequeños terrenos agrícolas que, de cara a defender su ciudad, se compraban su propia armadura (grebas de bronce, yelmo, un escudo cóncavo, coraza, jabalina de punta doble y una espada como arma secundaria) y acudían al frente. Su formación en falange permitía que la unión de todos ellos fuera una perfecta arma para la guerra: las apretadas filas establecían un muro de escudos altos y las lanzas salientes de las tres primeras filas los hacían imbatibles frente a la caballería enemiga. El código agrario desaconsejaba las gestas individuales fuera de las filas de la falange y las unidades de arqueros no eran habituales. No en vano, precisamente antes de la batalla de Maratón fueron liberados esclavos atenienses para servir de infantería ligera, honderos y lanzadores de jabalina. Además, un millar de platenses –ciudad bajo la tutela de Atenas– reforzaron en esta contienda a los atenienses.

Por su parte, las fuerzas persas que estaban presentes en Maratón bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, estaban compuestas de soldados de diferentes procedencias que no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Si bien tenían la superioridad numérica de su parte, su falta de coordinación y su pobre armamento las hacían vulnerables frente a los hoplitas. Los escudos de mimbre y lanzas cortas hacía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo, mientras que su caballería era débil frente al erizado de lanzas que era la falange ateniense.

Escena de ánfora de figuras negras de Atenas (siglo VI a. C., Museo del Louvre).

Durante varios días, ambos ejércitos permanecieron en actitudes defensivas. La distancia entre los dos ejércitos era de 1.500 metros, lo que permitía a los persas escuchar con nitidez el grito de guerra de los atenienses: «Ελελεσ! Ελελεσ!» (Eleleu, Eleleu). Los persas no se atrevían a desalojar a los griegos de su ventajosa posición, situados en un terreno consagrado a Heracles; mientras que los atenienses no se atrevían a descender a la llanura, donde quedarían a merced de las flechas de los persas. Y de nuevo la versión mitificada presenta a Milcíades como el defensor de atacar cuanto antes a los persas, frente a otros oficiales más conservadores. Lo más probable es que los mandos griegos apuraron el máximo no por excesiva prudencia, sino con la esperanza de que pudieran llegar los refuerzos espartanos a tiempo.

El 11 de Septiembre del 490 a.C. (según el calendario griego) se impuso el plan del estratega y mandó que el cuerpo de hoplitas atacara a la carrera para cubrir rápidamente el terreno que les separaba y esquivar las flechas, lo cual era otro de los puntos fuertes de la infantería griega: su velocidad. En este sentido, autores modernos cuestionan que los hoplitas pudieran desplazarse tan rápido con un armamento tan pesado durante tantos metros y exponiéndose a perder su preciada formación.

La verdad detrás del mito

Los persas tenían su fortaleza invertida en sus arqueros, que no tuvieron ocasión de actuar debido a la sorpresiva iniciativa ateniense, y en la caballería, que en Maratón estaba ausente porque Datis, el otro comandante persa, había zarpado con todos los jinetes para emplearlos en la llanura de Falero.

Las infanterías enfrentadas en el centro mostraron vencedor a los persas en un principio, mientras que en los flancos los atenienses destrozaron a los persas sin que cupiera respuesta. La táctica de Milcíades consistía en atacar por los flancos, de modo que la maniobra envolvente fuera engullendo a los persas y dejando a su centro aislado como un islote rodeado de miles de hoplitas. Su plan fue un éxito. Los atenienses aprovecharon la jornada para masacrar a los persas, que en su huída acabaron atrapados en tierras pantanosas. Herodoto estima en 6.400 las bajas persas, frente a las exiguas 192 muertes griegas. No en vano, Datis todavía conservaba fuerzas suficientes para dirigirse en barco hacia Atenas. Sabía que, con las tropas fuera de la ciudad, bastaba la llegada de la flota persa para que los partidarios del tirano Hipias iniciaran una revuelta y entregaran la ciudad.

Un hemerodromo (los corredores profesionales de Atenas) corrió desde Maratón hasta Atenas, 42 kilómetros sin pausa, para advertir de la victoria ateniense y de la llegada de los persas, cayendo muerto nada más pronunciar estas palabras en su último aliento: «Hemos ganado». Más una leyenda que una realidad… pues Herodoto (para él Filipides fue un atleta que recorrió 200 kilómetros para pedir la ayuda espartana) no recogió esta historia; mientras que otros autores no se ponen ni siquiera de acuerdo con el nombre del atleta: Luciano de Samósata le llama Filipides, y Plutarco le nombra como Tersipo. El filólogo Michel Bréal se inspiró en su historia para proponer a Pierre de Coubertin la celebración de una carrera llamada maratón dentro del programa de los modernos Juegos Olímpicos.

Pintura de la llegada de Fidípides a Atenas, por Luc-Olivier Merson

Finalmente, Datis se retiró a Falero con unos 10.000 hombres antes de volver a casa y los partidarios de Hipias no levantaron Atenas. ¿Fue el atleta el que evitó con su gesta maratoniana la caída de Atenas? ¿Por qué renunció Datis a atacar la ciudad con los enemigos a más de 40 kilómetros de distancia? Lo cierto es que los textos más mitificados se cuidaron en ocultar que el mismo día de la batalla un ejército de 2.000 espartanos se dirigió a Atenas tras recorrer en dos días más de 200 kilómetros. Los atenienses preferían la inverosímil historia del heraldo heróico antes de reconocer los méritos de sus vecinos, ahora aliados, en otro tiempo rivales.

Para los persas la derrota de Maratón fue solo el prólogo de la invasión de dimensiones bíblicas que estaba por llegar. Convencidos como estaban de que podían someter la Grecia Continental, los persas prepararon una nueva intentona una vez se lamieron las heridas internas. Tras la sublevación de Egipto (486 a. C.) y la muerte de Darío (486 a. C.), Jerjes I preparó la madre de todas las flotas y el padre de todos los ejércitos de «inmortales». En tanto, los atenienses ensalzaron esta victoria a niveles legendarios, disimulando en sus textos que los persas seguían siendo un imperio impenetrable y que Maratón no había sido una lucha entre un puñado de griegos y un ingente número de bárbaros, sino un triunfo a raíz de un error táctico de los orientales.

Poseído por los elogios, Milcíades intentó atacar la Isla de Paros en el 489 a.C aprovechando la supuesta debilidad persa. Sin embargo, pronto Milciades tuvo que volver sin la victoria prometida, muriendo poco después por una herida de guerra. Una cosa era defenderse y otra muy distinta trasladar la guerra al terreno persa. Grecia todavía no estaba preparada para esa guerra.

 

27 mayo 2017 at 12:06 pm Deja un comentario

Qué es el mecanismo de Antikythera: el misterioso tesoro de la antigua Grecia

El artefacto cumple 115 años desde su hallazgo y aún sigue guardando numerosos enigmas

Reconstrucción del Mecanismo de Antikythera

Fuente: ALBERTO LÓPEZ  |  EL PAÍS
17 de mayo de 2017

Si preguntáramos a un alumno que cursa Secundaria que quién inventó la calculadora o dónde fue inventada, las respuestas podrían ser miles, pero ninguna estaría cerca de la realidad y muchos menos harían referencia a una calculadora astronómica con más de 2.100 años de antigüedad.

 

El mecanismo de Antikythera fue encontrado por unos buscadores de esponjas marinas entre los numerosos restos de joyería, monedas y estatuas de bronce y mármol de una galera romana que naufragó frente a la costa de la isla griega que le da su nombre, Antikythera.

Los 82 fragmentos de bronce localizados – hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas – estaban dentro de una caja de madera en cuyas tapas se mostraban numerosas inscripciones con información valiosísima (nombres de meses en corintio, planetas..)

No todos los expertos están de acuerdo con la interpretación del mecanismo. Fue el arqueólogo Stais en 1902 el que creyó que se trataba de un reloj astronómico. Edmunds y T.Freeth creían que el artefacto se utilizaba para predecir eclipses solares y lunares y tendrían como referencia los conocimientos en progresión aritmética de los babilonios y Edmunds aseguraba que podría mostrar planetas como Venus y Mercurio.

Sin embargo Price, tenía una teoría más celestial, se utilizaría para establecer el cronograma de festivales agrícolas y religiosos. Y Wright con la reconstrucción del instrumento (72 engranajes) añadía que podría mostrar los movimientos de los cinco planetas conocidos en ese tiempo.

“Quienquiera que lo hizo, lo hizo extremadamente bien”

Por último otros estudiosos revelaron que podría servir para determinar la fecha exacta de celebración de los Juegos Olímpicos y se apoyan en las inscripciones que se han encontrado, (empezaban con la luna llena más cercana al solsticio de verano y era necesario un cálculo lo más exacto posible y un gran conocimiento de astronomía para establecer la fecha concreta)

Lo que parece claro es que el Mecanismo de Antikythera consta al menos 37 ruedas dentadas de precisión, hechas de bronce, con el que se podría calcular con exactitud posiciones y movimientos astronómicos, recrear la órbita irregular de la Luna y, quizás establecer la posición de planetas.

Restos del Mecanismo de Antikythera: MUSEO ARQUEOLÓGICO DE ATENAS

Posterior a esta calculadora se encontró un calendario luni-solar mecánico persa del año 1000 con una gran precisión tecnológica y no fue hasta la Edad Media cuando aparecieron aparatos complejos en los relojes de las catedrales medievales.

Hoy en día somos capaces de llegar a los lugares más insospechados, calcular distancias sorprendentes y alcanzar todo aquello con lo que los griegos soñaron alguna vez, tan sólo pensar que un artefacto de semejantes características como el Mecanismo de Antikythera fuera creado hace más de 2.000 años, es para asegurar que estábamos ante una civilización mucho más cercana a la nuestra de lo que podemos imaginar.

 

17 mayo 2017 at 12:31 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

junio 2017
L M X J V S D
« May    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente