Zenobia de Palmira, la reina militar que doblegó al Imperio romano en el siglo III d.C.

24 agosto 2018 at 6:54 pm Deja un comentario

Cuando el emperador Septimio Odenato fue asesinado, la consorte dejó aquel papel secundario para comenzar la expansión de la antigua y esplendorosa Siria

Zenobia de Palmira – ABC

Fuente: Eugenia Miras  |  ABC Historia
24 de agosto de 2018

El día más triste de la reina Zenobia llegó con el asesinato de su esposo el emperador Septimio Odenato en el 267 d.C, pues tanto su marido como su hijastro serían víctimas de ciertas intrigas familiares por la sucesión al trono. Viuda y con un bebé quedaba vulnerable frente a toda aquella miseria humana. Y aunque la nueva regente no tenía ninguna otra ambición más que sobrevivir al luto, terminó por convertir a la ciudad de Palmira en un breve Imperio que eclipsaría a Roma hasta la fecha de su captura por las huestes del emperador Aureliano en el 272.

Con Zenobia de Palmira, aquella tierra homónima -cuyas ruinas fueron destruidas casi en su totalidad durante el terror del ISIS en Siria– pasó a representar un cráter de la expresión estética, del poder, y por supuesto de un amanecer político femenino en Oriente Medio.

Tal como dictaba el patriarcado de aquel tiempo -el cual no suena ajeno ni tan lejano- la figura de la mujer permanecía al margen de las decisiones familiares y del Estado. Sin embargo, quizás por esa naturaleza brava innata a una madre, Zenobia habló fuerte y claro para hacer su voluntad y así empezar a construir ese Imperio que prometió a su hijo Vabalato.

Septimio Odenato – C.C

Nada más enterrar a Septimio Odenato y enjutarse las lágrimas mandó ejecutar al autor de tal mezquindad, un tal Meonio, quien era sobrino de su esposo -y que la misma Historia considera irrelevante-. Así que después de mecer a su hijo de apenas un año le habló de su futuro reino, de una Palmira independiente al Imperio romano, de una ciudad que le hiciera sombra a sus magnánimos templos y plazas, de una nueva fuerza que inspirase temor y respeto a las legiones de Roma, y que si bien anhelaban los temidos persas aquella Siria antigua jamás lograsen alcanzarla más que para admirarla. Y entonces, a partir de ese sueño, Zenobia se hizo la mujer, esa que ungió la gloria y demostró que el poder no es un asunto de género sino de visión.

No obstante el esplendor de Palmira no hubiera resonado en la eternidad si Septimio Odenato hubiera permanecido con vida. El Imperio -aunque breve- fue posible gracias a la determinación de Zenobia, por lo que el sacrificio de aquel patriarca valió un legado histórico y artístico para la humanidad. Las ruinas de la ciudad siria eran la prueba de que la pasión femenina alcanza horizontes que hasta la fecha habían sido inimaginables para el hombre.

De esta manera y en muchas circunstancias a lo largo de la Historia la viudez ha permitido a la mujer el derecho de creer en sí misma. Pues en ese «desamparo» masculino se daba de manera simultánea a la desgracia el bendito despojo de los miedos de todas ellas, esas que tuteladas del hombre tenían la perpetua condena de vivir en silencio y a su sombra.

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Quizás por esa naturaleza brava innata a una madre, Zenobia habló fuerte y claro para hacer su voluntad y empezar a construir ese Imperio que prometió a su hijo Vabalato

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Pero hasta hace menos de medio siglo todas aquellas figuras femeninas que se habían rebelado contra el patriarcado gritaron de manera discontinua, por lo que los tan reclamados caminos paralelos y no subordinados al hombre seguían sin ser posibles, y en los que aún se precisa de una coordinación de esfuerzos que viajen hacia la misma dirección: el fin de la manipulación psicológica que lleva milenios ahogando a las de nuestro sexo, y si no que la vida de Zenobia de Palmira nos sirva de inspiración.

Palmira en comunión con Roma

Cuando el emperador Valeriano inició una de las muchas empresas hacia Oriente Medio fue derrotado y capturado por los persas. La muy mala suerte del romano permitió que una de las figuras más prominentes de Palmira, Septimio Odenato -quien pertenecía a una estirpe romanizada- brillase entre los candidatos para ser rey de la ciudad.

Este territorio que pertenecía a los dominios del Imperio romano tenía dos destinos posibles: bien la comunión con Roma o bien una violenta absorción por parte del Imperio sasánido. En el 250 d.C. entra en escena Septimio Odenato con quien se iniciará un nuevo modelo de gobierno monárquico en en Palmira.

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En el 250 d.C. entra en escena Septimio Odenato con quien se iniciará un nuevo modelo de gobierno monárquico en en Palmira.

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«Palmira no solo sería autónoma de facto, sino que registró la transformación de su secular estructura sinodal de Gobierno en un régimen monárquico. La figura crucial en ese cambio fue Septimio Odenato, vástago de una de las principales estirpes romanizadas de la ciudad. No se conocen con precisión las circunstancias de su ascenso, pero, tras fluctuar entre sasánidas y romanos, asumió el interés de estos últimos al enfrentarse con éxito a los primeros y asegurar la recuperación de los territorios perdidos; obtendría entonces la condición de imperator o rey de Oriente, reconocida por Roma», relató el Conde de Volney (1757 – 1820), reconocido y valorado filósofo, escritor e historiador orientalista en su obra «Las ruinas de Palmira» (EDAF, 1985).

Septimio Odenato se casó dos veces y del primer matrimonio tuvo al que pudo ser su heredero si no lo hubieran asesinado con él, Septimio Herodiano -también conocido como Herodes de Palmira, o Hairan I-. Ambos fueron asesinados por el sobrino del rey, para quedar como único sucesor al trono un bebé de un año llamado Vabalato.

Palmira, el cráter de la belleza cultural

A partir de esta desgracia Zenobia se inspira en la maternidad para dejarle a su hijo un reino digno de admiración. En el 267 toma la regencia de Palmira y tres años después, fue proclamada reina. En un comienzo no debatió la incómoda subordinación al Imperio romano, por lo que Vabalato y su madre fueron llamados Augustos por orden del emperador.

Ruinas de Palmira – ABC

Cuando Zenobia agarró las riendas del Imperio inició poderosos proyectos de fortificación -según las fuentes la muralla que protegía Palmira tenía un radio de 21 kilómetros de circunferencia- y embellecimiento de la metrópoli. Templos, teatros, y columas corintias de hasta más de quince metros se convirtieron en el símbolo de la Palmira imperial, que seguía vivo en sus ruinas.

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Templos, teatros, y columas corintias de hasta más de quince metros se convirtieron en el símbolo de la Palmira imperial

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Sin embargo la reciente destrucción de las mismas como el gran legado arquitectónico y cultural de Zenobia, durante la ocupación del ISIS, ha supuesto una de las grandes pérdidas para Patrimonio de la Humanidad. Pues en ellas estaba el testimonio de una de las épocas de mayor esplendor de las civilizaciones orientales.

La reina militar

Sin embargo las luchas intestinas por el poder en Roma facilitaron no solo la emancipación de Palmira, sino también una asombrosa expansión territorial. Pues Zenobia sería recordada por la historiografía por sus gran capacidad de organización y estrategia militar.

Ruinas de Palmira – ABC

La reina -que fue comparada con Cleopatra por su belleza e inteligencia- sacudió la moral de los romanos y de los persas en cada una de sus campañas bélicas. Asia Menor estaba firmada con su nombre y Egipto caería a sus pies en el año 269.

Cuando el emperador Aureliano toma el poder del Imperio romano en el año 270, la expansión de Palmira sufrirá un revés. Muy celoso del esplendor de Zenobia dirige toda la furia hacia Egipto. Y aunque la reina siria y su hijo Vabalato logran escapar en busca del cobijo persa. Al final como siempre la traición precede y son capturados en el río Éufrates.

Los últimos días de Zenobia de Palmira tienen un final abierto, las diferentes versiones de la Historia narran diferentes escenarios. Se dice que fueron ejecutados en el acto, mientras otras fuentes aseguran que recibió el perdón de Aureliano, para vivir como una ciudadana más de Roma.

 

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