Posts tagged ‘Ovidio’

Julio César y las supersticiones de Roma

Decir “Salud” al estornudar, entrar en una habitación siempre con el pie derecho o romper un cordón eran algunos de los símbolos supersticiosos de la antigua Roma. Algunos de ellos se heredaron en las civilizaciones posteriores e incluso todavía siguen vigentes en la actualidad

Fuente: JESÚS CALLEJO > Madrid  |  Cadena SER
8 de febrero de 2018

No deja de sorprender que una ciudad-estado como era la antigua Roma, todo un imperio extendido por medio mundo gracias a su poder militar, fuera tan supersticioso como el que más.

En eso no era único ni original. Muchas de sus prácticas mágicas estaban influidas por los griegos, por los etruscos y los caldeos. Es sabido la afición que tenían los romanos de consultar a augures, arúspices y oráculos, prácticas que se incrementaron cuando pasaron de ser una austera República y se convirtieron en Imperio. Los emperadores o césares se creyeron divinos y vitalicios, rindiéndoseles un culto que iba más allá del mero aspecto político. Eso tenía su contrapartida: cualquier desastre militar -o incluso de la naturaleza- se le imputaba a la debilidad del soberano. Al emperador Nerón le achacaron el origen del terremoto ocurrido en la Italia meridional, aparte de algún que otro incendio de sobra conocido.

Cualquier persona que tuviera un sueño profético atinente a la suerte del Estado podía comunicárselo al Senado. Julio César creía en los vaticinios, aunque no los hizo mucho caso en los momentos finales de su vida, Tiberio se rodeó de varios astrólogos y Septimino Severo anotaba cuidadosamente los oráculos que se referían a su persona. Hubo una época en que los adivinos se hicieron imprescindibles hasta que fueron prohibidos por los emperadores cristianos.

Diversos autores latinos se encargaron de darnos a conocer estas múltiples supersticiones romanas. Una obra poco conocida de Cicerón (106-43 a.C.), titulada De Adivinatione, recoge algunas de estas creencias: “El tropezar, romper un cordón y estornudar tienen un significado supersticioso digno de atención”. Ovidio, en los Fastos, asegura: “si los proverbios tienen alguna importancia para tí, la gente dice que no es bueno para las esposas que se casen en mayo”.

Pero, sin duda, fue el escritor y historiador latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) el que se encargó de recopilar muchas de las supersticiones que practicaron los romanos y que luego, durante la Edad Media, pasaron a la cultura occidental. Su sobrino, Plinio el Joven, también se dedicó a esta clase de recopilaciones en su Epistolario, aunque con menos empeño. Hay algunas, tan conocidas hoy en día, como entrar en una habitación siempre con el pie derecho (ya mencionada por Petronio) o el exclamar “¡Salud!” cuando alguien estornuda en nuestra presencia (algo que exigía el emperador Tiberio) o bien el llevar consigo una pata de liebre o de conejo como amuleto para aliviarse de ciertas enfermedades o ahuyentar la mala suerte.

En su Historia Natural (enciclopédica obra compuesta por 37 libros sobre distintos aspectos del mundo de la naturaleza), Plinio el Viejo recoge creencias y supersticiones sobre los asuntos y objetos más variopintos, que van desde los alfileres (“tener varios alfileres que se hayan cogido de una tumba clavados en el umbral de una puerta es una protección contra las pesadillas nocturnas”) hasta los nudos (“Para curar las fiebres se suele poner una oruga en un trozo de lino con un hilo pasado tres veces alrededor y atado con tres nudos, repitiendo a cada nudo la razón por la que el mago realiza la operación”).

Se sabe que portaban toda clase de amuletos y que una de las supersticiones más extendidas era la utilización de tablillas (generalmente de plomo) donde aparecían los nombres a los que se quería hacer daño y que luego eran utilizados en un conjuro mágico.

Lo bueno, o lo malo, es que muchas de esas supersticiones las hemos heredado también nosotros…

 

Anuncios

9 febrero 2018 at 2:49 pm Deja un comentario

“Didáctica del amor” y mitología: así pervive Ovidio 2.000 años después

  • Se cumplen dos milenios de la muerte en el exilio del legendario poeta latino, que sigue siendo editado y traducido
  • El Museo Provincial de Guadalajara le está dedicando un amplio programa de actividades dirigidas a todos los públicos
  • Los expertos Antonio Marco Martínez y Ángel Rodríguez Rebollo nos desgranan su relevancia en la literatura y en el mundo artístico hasta nuestros días

Escultura de Ovidio. UNIVERSIDAD DE CONSTANZA

Fuente: Alicia Avilés Pozo  |  eldiario.es
27 de enero de 2018

“Si hay alguien entre el público que no conozca el arte de amar, que lea esta obra y, cuando se haya documentado leyéndola, que ame”
Arte de amar, de Ovidio

A finales del año 17 de nuestra era moría en el destierro, en los confines del Imperio Romano, el poeta latino Publio Ovidio Nasón. Pero su influjo en la cultura occidental quedó viva para siempre. Cuando se cumplen 2.000 años de este acontecimiento, comprobamos que su influjo y repercusión en la cultura occidental, tanto en la literatura como en el arte, sigue estando presente y que perduran las ediciones y traducciones de su obra. ‘Arte de amar’ y ‘Las Metamorfosis’ son sus publicaciones más conocidas pero navegar por el resto de sus obras supone una continua sorpresa por su belleza literaria. También la controversia ha rodeado su concepción del amor y de las relaciones sentimentales, pero es indiscutible que sus obras han inspirado cuadros y esculturas de colecciones privadas y museos de todo el mundo.

En todas las pinacotecas importantes del planeta se exhiben o almacenan centenares de pinturas que representan mitos grecorromanos narrados por Ovidio. Precisamente, parte de las pinturas con las que Rómulo Cincinato decoró en el siglo XVI algunas de las salas del Palacio del Infantado de Guadalajara están inspiradas directamente en sus relatos. Es el motivo por el que el Museo de Guadalajara le rinde homenaje con un programa de actividades que comenzó en el mes de noviembre.

Durante esta semana se han celebrado dos conferencias para ayudar a conocer mejor la vida y obra de Ovidio, a contextualizar convenientemente las pinturas de Cincinato y a profundizar en el conocimiento de su iconografía. La primera de ellas fue la impartida por el exdiputado socialista, experto en Literatura Clásica y Catedrático de Latín, Antonio Marco Martínez: ‘Ovidio: poeta del amor, de los dioses y del exilio’. En una entrevista con eldiarioclm.es, el profesor explica esta triple vertiente del poeta.

Del amor a los mitos

Recuerda que llegó a Roma muy joven para estudiar Oratoria y Derecho, y que descubrir el amor fue lo que despertó su vocación poética. Escribió entonces ‘Amores’ o ‘Arte de amar’ en los que “enseña la técnica de la seducción o cómo huir de un amor intenso y peligroso”. Sus versos transitaron después hacia asuntos más elevados como los dioses, las fiestas y sus mitos, y de donde deriva ‘Las Metamorfosis’, como “una de las obras que más importancia ha tenido en toda la cultura a lo largo de estos dos mil años, tanto en la literatura como en la pintura, la escultura o la música”. Con 50 años, fue desterrado por el emperador Augusto. Llegó el momento de la “poesía en el exilio” con obras como ‘Tristia’ o ‘Poemas tristes’, poesía “de desterrados” que han servido de modelo hasta nuestros tiempos.

Antonio Marco Martínez destaca que Ovidio fue el poeta latino más leído de su época, pero también en los tiempos posteriores hasta la actualidad y que tuvo el acierto de convertir sus experiencias “en modelo y guía didáctica para futuros amantes”. “Supo fusionar la expresión del sentimiento amoroso con el objetivo didáctico”, explica el profesor, añadiendo que a todo ello unió una enciclopedia erudita de mitología grecorromana, como fue ‘Las Metamorfosis’ que “ha servido de cantera a pintores, escultores y artistas para extraer de él centenares de motivos artísticos que se exhiben en todos los museos más importantes del mundo”.

Resulta sobre todo significativo que la figura de Ovidio siga perviviendo en nuestros días. “Es cierto que todo lo perteneciente al mundo clásico va perdiendo importancia permanentemente en nuestra cultura. Probablemente son menos hoy las personas que puedan leer a Ovidio en su lengua, en latín, pero no deja de seguir siendo editado y traducido para el público en general”. Es más, hoy en día la mayor parte de los poetas siguen escribiendo sobre el amor. “El amor y la relación entre los amantes de hoy es básicamente la misma que la de los amantes antiguos”, concluye.

Fábulas de Ovidio en el Sala Atalanta del Palacio del Infantado. ÁNGEL RODRÍGUEZ REBOLLO

El influjo artístico de Ovidio es el que detalla el experto en Historia del Arte Ángel Rodríguez Rebollo, de la Fundación Universitaria Española, que fue el encargado de la conferencia ‘Las fábulas de Ovidio en las colecciones españolas de los Siglos de Oro. La sala de Atalanta del Palacio del Infantado’. Rodríguez Rebollo es también redactor de Ars Magazine, además de formar parte del grupo de investigación Ars Harsburgica. Incide en la gran importancia del poeta latino en las colecciones artísticas más importantes de esa época, comenzando con la que atesoraron los Austrias, especialmente los reyes Felipe II y Felipe IV.

En el caso concreto de la casa ducal del Infantado de Guadalajara tiene una “especial significación”. Los frescos del palacio alcarreño “son un referente de las decoraciones palatinas de la Europa del momento” y dentro de ese conjunto, la llamada Sala de Atalanta es “la que más claramente toma como referencia” la narración ovidiana de las metamorfosis. Es la muestra de pervivencia de Ovidio a lo largo de los siglos. “Siguiendo la estela de Felipe II, la nobleza castellana llenó sus palacios de lienzos y tapices donde los dioses grecorromanos vinieron a presentar ante los ojos de quienes los contemplaban unos mensajes cifrados de marcado carácter simbólico”, detalla Ángel Rodríguez Rebollo.

En este ámbito, las “fábulas” -como se denominan en ocasiones- o metamorofsis del poeta fueron traducidas y comentadas por grandes eruditos, “que añadieron sus propias interpretaciones de los mitos clásicos allí narrados
para dotarlos de un carácter moral”. Tomando como base estos textos, se crearon importantes conjuntos iconográficos destinados a las élites políticas, que buscaron en ellos transmitir el “prestigio de sus linajes”.

Porque, para este experto, son ‘Las Metamorfosis’ de Ovidio las que ha propiciado que su figura siga vigente en el arte, perdurando hasta la actualidad “con las más diversas interpretaciones”. Esgrime como prueba de ello el proyecto Ovidius Pictus, donde se da cuenta de las ediciones de los mitos ovidianos a través de los siglos. Y la enésima prueba de su carácter eterno.

“Ya terminé mi obra. Desearía que no pudieran borrarla ni hierro, ni fuego ni Júpiter. Cuando se acerque ese día fatal, ineludible, no debe tener poderío sino simplemente sobre mi persona. Lo mejor de mí mismo pervivirá”.

Las Metamorfosis, de Ovidio

 

28 enero 2018 at 3:00 pm Deja un comentario

Roma absuelve a Ovidio del exilio 2.000 años después

El Movimiento Cinco Estrellas italiano ha logrado en el Parlamento revocar una sentencia de exilio impuesta hace 2.000 años por el emperador Octavio Augusto contra el poeta Ovidio, autor de ‘Las metamorfosis’.

Foto: lumsanews.it

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA
15 de diciembre de 2017

El Movimiento Cinco Estrellas italiano ha logrado en el Parlamento revocar una sentencia de exilio impuesta hace 2.000 años por el emperador Octavio Augusto contra el poeta Ovidio, autor de ‘Las metamorfosis’.

La asamblea ha aprobado con 29 votos a favor –en la votación solo ha participado el partido M5S– una moción para que se procediese a “la adopción de las medidas necesarias para implementar la sentencia de absolución y revocar el exilio a Publio Ovidio Nasone, reconociendo la rehabilitación”.

“2.000 años después de su muerte, Roma quiere recordar la magnificencia del mejor poeta latino. Ovidio marcó la historia de la literatura italiana y se vio exiliado por Augusto, por razones nunca aclaradas”, ha señalado Eleonora Guadagno, defensora de la propuesta, en declaraciones recogidas por Europa Press de diversos medios italianos.

“Queremos cambiar estas decisiones que fueron tomadas por Augusto y solo por Augusto. Con esta votación, estamos reparando este mal”, ha añadido Guadagno.

También el teniente de alcalde romano, Luca Bergamo, se ha pronunciado sobre esta revocación, que se convertirá en “un símbolo importante, porque habla del derecho de los artistas a expresarse libremente”. “Es un reconocimiento a Ovidio, perjudicado por un poder absolutista y por razones no aclaradas en la Historia”, ha concluido.

 

15 diciembre 2017 at 10:40 pm Deja un comentario

La UMU conmemora el bimilenario de Ovidio, uno de los mayores poetas latinos

La Universidad de Murcia conmemora el bimilenario de uno de los mayores poetas latinos: Ovidio, autor de obras tan emblemáticas como “El arte de amar” o “La metamorfosis”.

Fuente: Universidad de Murcia
16 de octubre de 2017

La Universidad de Murcia ya fue pionera en los estudios sobre Ovidio en 1964, cuando el profesor Antonio Ruiz de Elvira, fundador del Departamento de Filología Clásica de la UMU, publicó el primer tomo de una edición bilingüe de “La metamorfosis”. Ahora son precisamente tres profesoras de la UMU, antiguas alumnas de Ruiz de Elvira: Rosa María Iglesias, María Consuelo Álvarez Morán y Francisca Moya del Baño, las que han auspiciado este homenaje al poeta romano.

Los días 17, 18 y 19 de octubre, bajo la denominación “Recordando Ovidio”, se celebrarán en el Paraninfo de la UMU (Campus de la Merced), dos conferencias y una mesa redonda en la que se repasarán distintas cuestiones de su obra y su relación con otros poetas.

El martes 17 de octubre, a las 12’30 horas, Francisca Moya del Baño, hablará sobre “Troia invisa puellis. Las mujeres víctimas de la guerra en Heroidas”.

El miércoles 18, María Consuelo Álvarez Morán y Rosa María Iglesias Montiel, disertarán sobre “Texto tejido en las Metamorfosis de Ovidio”.

Por último, y coordinada por Rosa Iglesias Montiel, se celebrará el jueves, a las 18’30 horas, la mesa redonda “Ovidio y los poetas”, con la participación de Vicente Cristóbal (Universidad Complutense de Madrid); Juan Antonio González Iglesias (Universidad de Salamanca) y Rosario Guarino Ortega (Universidad de Murcia).

Las actividades forman parte del ciclo “DeLetreArtes. Logografías culturales”, está organizado por el Departamento de Filología Griega, Facultad de Letras, y en él colabora el Servicio de Cultura de la UMU.

 

16 octubre 2017 at 6:47 pm Deja un comentario

Bayas, la ciudad del vicio de los romanos


/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

Fuente: LORENA PACHO > Nápoles  |  EL MUNDO
20 de agosto de 2017

Si en el imaginario popular, la Atlántida evocada por Platón es el emblema de la ciudad perdida y sepultada por las olas con todos sus enigmas, en el mundo terrenal la ciudad romana de Bayas, ahora bajo las aguas del golfo de Nápoles, es la prueba tangible de la historia más mundana de la Roma imperial. Hoy, sus restos, que en otro tiempo dieron mucho que hablar, reposan en total silencio en el fondo del mar, convertidos en un singular museo sumergido a siete metros de profundidad.

Para adentrarse en la historia de la ciudad perdida de Bayas, lugar de recreo veraniego en la época imperial por antonomasia, es necesario tomar un barco con el suelo de cristal y visión submarina o equiparse con el traje de buceo y las aletas y zambullirse entre mosaicos, esculturas clásicas de ninfas, restos de jardines y pilares de antiguas termas, que ofrecen un espectáculo único en las cristalinas y calmas aguas del Tirreno.

Sus orígenes se sitúan en el siglo III a. C., cuando era un lugar fundamentalmente religioso. En el siglo I a. C., Pompeyo limpió las costas de piratas y los patricios romanos comenzaron a construir allí sus residencias de verano. Sus aguas termales naturales eran ricas en azufre, la climatología era perfecta y sus parajes de ensueño atrajeron a más y más familias, hasta que Julio César construyó allí su villa de veraneo. El lugar se empezó a transformar en el gran complejo hotelero del mundo antiguo. Más tarde se convirtió en el emplazamiento predilecto de los futuros emperadores para tomar un respiro lejos de la política de Roma, desde Augusto hasta el excéntrico Calígula, pasando por el oscuro Nerón o Adriano, que murió allí.

Poco a poco se fue llenando de balnearios y pompa. La casa de la playa que pasó a ser la gran ostentación de la nueva riqueza de la flamante élite romana de la época. Tenía dos complejos termales, sólo superados en tamaño y prestigio por las termas de Roma, acuarios, piscifactorías rudimentarias para asegurar el pescado y marisco fresco todos los días, villas y edificios opulentos decorados con mosaicos, frescos extraordinarios, mármoles y réplicas de esculturas griegas, un muelle privado, fastuosos jardines y la Piscina Mirabilis, con capacidad para cerca de 13.000 metros cúbicos que asegurasen el suministro de agua dulce.Era la cisterna más grande del Imperio, lo que da una idea de la importancia de este enclave.

/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

«Quién quería ser considerado importante en la época, tenía que tener una propiedad en Bayas y, a ser posible fastuosa. Al mismo tiempo era el lugar de deleite y perversión por excelencia», explica a EL MUNDO el responsable del museo arqueológico de Bayas, Pierfrancesco Talamo.

Mucho después de la caída del Imperio Romano, en torno al siglo XVI la ciudad de Bayas desapareció de los mapas. La intensa actividad volcánica de la zona – está rodeada por 24 volcanes, entre ellos el Vesubio – hizo que el mar se la tragara, pero para entonces su nombre ya había corrido como la pólvora.

Sus fiestas desenfrenadas y legendarias, donde corría a raudales el vino, sus numerosos burdeles, los banquetes opulentos con toda clase de vicios y sus largas veladas nocturnas entre excesos, lujos, vanaglorias y hedonismo le valieron el epíteto de «ciudad del pecado» y conmovieron a historiadores, poetas y escritores.

Para Cicerón, Bayas era sinónimo de «desorden moral y perversión». El poeta romano Ovidio la definió como «el lugar más apropiado para hacer el amor» y escribió que la gente «iba a Bayas para curar sus cuerpos con las termas y volvía con heridas en el corazón». Varrón contó en sus sátiras que allí «los viejos jugaban a ser jóvenes y los jovencitos jugaban a ser doncellas». El poeta Marcial contó la historia de la casta Levina: «En Bayas cayó en el fuego del amor, abandonó a su marido y huyó tras un joven; llegó como Penélope y se fue como Helena». Propercio, en sus elegías, advertía: «Márchate lo antes posible de Bayas, la pervertida. Ojalá sus baños, insulto hecho al amor, desaparezcan para siempre». Horacio plasmó que «ningún lugar en el mundo resplandece más que la amena Bayas».

Séneca, que le puso el sobrenombre de «pueblo del vicio», escribió que por el puerto de Bayas sólo se encontraba a borrachos que a duras penas se mantenían en pie, que había fiestas allá donde uno fuera, también en los barcos, y que la música sonaba por todas partes.

A pesar de que a Bayas se le llamaba ciudad, carecía de tal estatus propio y en ella no había ni rastro de foros, templos ni mercados propios de las urbes; solamente enormes villas de lujo engalanadas con todas las comodidades. Era el lugar ideal para huír de la política de Roma, 250 kilómetros al norte, y dejar atrás la máscara de contención que debía acompañar en la vida pública, para abandonarse al ocio y al hedonismo.

/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

Muchos emperadores llegaron a establecerse allí durante períodos más largos. «La ciudad llegó a convertirse en una especie de sucursal de la corte imperial de Roma», apunta Talamo.

Pero Bayas no siempre fue un lugar de reposo lejos del ajetreo de la capital. La política no descansaba ni en verano y la ciudad costera tenía su crónica de poder: allí la élite de Roma también iba a conspirar, con y contra el emperador. Entre sus muros, Pisón tramó su conjura para acabar con Nerón pero, en el último momento, decidió cambiar de escenario para llevar a cabo el plan. Sus dudas le costaron caro. El emperador descubrió sus intenciones y le obligó a suicidarse. El mismo Nerón urdió también al cobijo de Bayas el asesinato de su propia madre, Agripina, que, como él, tenía una inmensa villa propia en la ciudad. Después de varios intentos fallidos en otros lugares, decidió dejar de disimular y mandarla matar allí mismo.

La ciudad de Bayas, «Las Vegas de la antigüedad», «la Beverly Hills de la Roma antigua», «la Pompeya sumergida» o «la pequeña Atlántida romana», con su turbulenta historia, permaneció olvidada bajo el mar hasta que un buzo la descubrió en los 60. Este tesoro olvidado ahora es un importante lugar de referencia de la arqueología subacuática y parque arqueológico submarino que atrae a miles de visitantes.

 

20 agosto 2017 at 9:40 am Deja un comentario

El tupé más famoso de la antigüedad

Alejandro Magno fue una referencia en el mundo romano, una figura que imitar hasta en el peinado

Detalle del mosaico de Isos en el que el conquistador macedonio, melena (y tupé) al viento, carga contra las tropas de Darío III. El mosaico, copia de una pintura griega, fue hallado en la Casa del Fauno, en Pompeya. (DEA / M. CARRIERI / Getty)

Fuente: FÈLIX BADIA LA VANGUARDIA
12 de mayo de 2017

Hace 2.000 años, para ser alguien en la alta política romana, había que parecer, emular, recordar o evocar, aunque fuera remotamente, a Alejandro Magno, el mítico caudillo macedonio que tres siglos antes había construido en tiempo récord un imperio en el sudeste de Europa y Asia. Y había que hacerlo con las obras, pero también con las formas.

Literalmente. Pompeyo, el aliado –primero– y archirrival –después– de Julio César lo creía a pies juntillas, y tras conquistar a sangre y fuego buena parte de Oriente Medio, como hiciera en su día Alejandro, asumió también el apelativo de Magno y, un detalle no tan menor como pudiera parecer, decidió lucir tupé, el característico rasgo del conquistador griego y tal vez uno de los peinados más famosos de la antigüedad.

No se trataba por supuesto de un tupé de aire rockabilly o que anticipara la opinable estética de Donald Trump, sino del peinado que los griegos llamaban ‘anastole’ (poner hacia atrás). A Alejandro se le había representado con él tanto en monedas y esculturas como en pinturas y mosaicos, como el de Isos hallado en Pompeya, en que se le representa en plena carga contra el último rey persa, Darío III.

Pompeyo Magno se hizo representar con un tupé parecido al de Alejandro, y con sus conquistas llegó incluso a emular sus éxitos. Todo ello años antes de perder, literalmente, la cabeza en las costas de Alejandría (Getty)

Para cuando, casi 300 años después, Pompeyo estaba alcanzando el cenit de su celebridad, la figura del conquistador griego se vinculaba de forma inseparable al peinado, así que le faltó tiempo para intentar acercar su imagen a la del general heleno. “Su pelo –explicaba Plutarco– tendía a levantarse en la parte de alta de su frente, y eso (…) producía un parecido, más comentado que real, a las estatuas de Alejandro”.

El detalle es algo más que una anécdota. Peinados al margen, la explotación de la imagen de los líderes y su semejanza o no respecto a los mitos del momento tuvo un papel fundamental en el despiadado juego político del fin de la república (siglo I antes de Cristo). Un uso de la imagen pública que alcanzaría años después su punto más alto ya en el imperio con el reinado de Augusto, quien gracias a ello podría cimentar su poder.

El uso de la representación del líder que se hizo en la antigüedad, recuerda a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, hasta la dulcificada imagen Obama con las mangas eternamente arremangadas que transmitían su disposición a trabajar por su país.

Salvando los siglos transcurridos, este uso de la representación del líder recuerda, y mucho, a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde el culto a la personalidad en las dictaduras –la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, o los brazos cruzados de Hitler mostrando fortaleza–, hasta la dulcificada imagen de los políticos en los sistemas liberales –con las mangas eternamente arremangadas de Obama que transmitían su disposición a trabajar por su país–.

Para un político ambicioso, y en la turbulenta Roma del siglo I antes de Cristo los había a decenas, vincularse, pues, a las mayores celebridades del mundo clásico era fundamental. Pompeyo no se limitó al peinado, sino que incluso llegó a visitar la tumba de Alejandro Magno para hacerse con la capa del conquistador. También la visitaron después los emperadores Calígula, que tomó prestada su coraza, y Augusto, que, no se sabe exactamente cómo, rompió de forma involuntaria la nariz de su momia. Con este ritmo de expolio, no es extraño que la ubicación de los restos de Alejandro, suponiendo que aún existan, sea hoy uno de los grandes misterios de la arqueología.

Para un dandi como Julio César la calvicie fue un verdadero tormento. No ayudaba que la tradición romana considerara la alopecia como un signo de mala salud y de poca masculinidad (Getty)

Julio César también veneraba la figura del conquistador macedonio. Suetonio cuenta que, cuando el que más tarde sería dictador pasó por delante de una estatua de Alejandro en Hispania, se echó a llorar. ¿La razón? Tenía en aquellos momentos 33 años, la misma edad a la que había muerto el caudillo griego, y no había alcanzado hasta el momento ningún logro con el que pasar a la posteridad. Aunque hay dudas sobre la certeza de la anécdota, lo que sí parece claro es la influencia que la imagen de Alejandro tenía en el poder establecido del momento. Quién sabe si Julio César habría deseado también lucir el legendario tupé del conquistador. Sin embargo, tenía un problema prácticamente insalvable: una calvicie precoz.

Es cierto que la imagen era un factor de primer orden que los líderes romanos se apresuraban a explotar a fondo, pero, de la misma manera, constituía un factor que los podía convertir en blanco de las críticas de sus adversarios, y Julio César los tenía en cantidades ingentes. En la cultura romana, la calvicie tenía muy mala prensa, en especial, si era prematura, porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud y fertilidad, y, por tanto, se pensaba que quien la sufría adolecía de falta de esas características. “Feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”, escribió Ovidio. Por eso, uno de los grandes hombres de la antigüedad, el mismo que conquistó Galia y Egipto, y el que puso los cimientos de uno de los imperios más importantes que ha visto el planeta, vivió en realidad atormentado por su falta de cabello.

Los enemigos de Julio César se cebaron en su calvicie, Adriano expresó su amor a Grecia al dejarse barba, y Cómodo ostentó espolvoreándose oro en el pelo

El médico y licenciado en Humanidades Xavier Sierra Valentí explicaba hace unos años en un artículo publicado por la revista ‘Piel’, que Julio César pasaba largas horas intentando disimular su falta de pelo y que incluso se peinaba hacia adelante, porque no soportaba las burlas de sus detractores. Sierra añade que, según Suetonio, obtuvo permiso del Senado para llevar en todo momento la icónica corona de laurel como un honor que además le permitía disimular su falta de pelo. No obstante, no todos veían un problema en su calvicie según textos clásicos, que señalan que sus tropas, al regreso de una de sus conquistas, cantaban por las calles: “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

En cambio, la aristocracia romana tradicional veía en Julio César, además de un enemigo político, a un perfil contrapuesto a los valores conservadores de la República romana, y por ese motivo, explotaron a fondo su lado más frívolo y su fama de playboy. El que sería el hombre más poderoso de su época y uno de los militares más audaces de su tiempo era también un fashionista, pero, como explica Tom Holland en ‘Rubicón’ (Ático de los Libros), sus cinturones de color naranja y sus ropas demasiado holgadas para el gusto canónico del momento fueron aprovechados en campañas en su contra, de la misma manera que su estilo de vida. “Hombre de todas las mujeres y mujer de todos los hombres”, se decía de él en referencia a su comentada y promiscua bisexualidad.

Como todos los emperadores, en cuanto a la moda Adriano era un prescriptor de tendencias. Fue él quien puso de moda la barba en Roma, una estética que hasta entonces se consideraba bárbara en la capital del imperio (Leemage / Getty)

Si bien la alopecia no estaba bien vista, llevar barba era incluso peor porque se veía como una costumbre de bárbaros. Por eso, un ciudadano que cuidara su imagen debía pasar a menudo por el tonsor, un barbero verdaderamente temible encargado de mantener a los varones romanos dentro de la civilización. Ponerse en sus manos no parece que fuera una experiencia especialmente agradable, porque no se utilizaban cremas para el afeitado y porque el instrumental, por afilado y cuidado que fuera, distaba mucho de tener la sofisticación actual.

Así pues, los nobles romanos debían de ser personas de piel acerada, porque era muy raro que alguno de ellos renunciara a afeitarse, al menos durante el siglo I. Sin embargo, con la llegada de Adriano (76-138) y su barba ensortijada, las cosas empezaron a cambiar. Como el resto de los emperadores, este fue un verdadero creador de tendencias. Pero, como en el caso de Pompeyo o de Julio César, esas tendencias eran más que simple estética para traspasar de nuevo el umbral de la comunicación política.

Tras la muerte de su hermano Geta, Caracalla proclamó la ‘damnatio memoriae’ (que se eliminara toda referencia a él). En la imagen Caracalla de niño (derecha) y a su lado Geta, borrado (Getty)

En este sentido, la barba de Adriano era una declaración de intenciones: si el vello facial había sido considerado poco civilizado en Roma, en Grecia, en cambio, el punto de vista era el opuesto, y el nuevo emperador era un enamorado de todo lo que guardaba relación con el mundo helénico. El look adriánico se completaba con un vistoso pelo rizado, posiblemente gracias al calmistro, una herramienta que se calentaba al fuego y luego se aplicaba al pelo. Una técnica sólo para valientes.

La moda de Adriano se siguió durante mucho tiempo. Bastantes años después, al emperador Caracalla (188-217), famoso entre otras cosas por las gigantescas termas que mandó construir en Roma y por haber solucionado la rivalidad con su hermano Geta por la vía rápida –el asesinato–, se le representaba con barba y pelo rizado. Y cara de pocos, muy pocos, amigos. Cómodo (161-192), al que la tradición describe como un emperador sanguinario, paranoico y apasionado de los juegos de gladiadores –tanto que incluso llegó a lanzarse a la arena–, fue otro de los que se apuntaron a esa moda, aunque le dio una vuelta a la tuerca, al, según algunas versiones, espolvorearse el pelo con oro y hacerse representar como Hércules, en, una vez más, un mensaje político. Los tiempos habían cambiado, y donde Pompeyo dos siglos antes evocaba a un conquistador, Cómodo prefería identificarse, directamente, con un semidiós, hijo del mismísimo Júpiter.

Paranoico, sanguinario, ostentoso… a juzgar por las fuentes clásicas, el emperador Cómodo –el de ‘Gladiator’– no fue precisamente un repositorio de virtudes. En la imagen, personificado, ni más ni menos, que como el semidiós Hércules (DEA / G. DAGLI ORTI / Getty)

 

12 mayo 2017 at 10:47 am Deja un comentario

«Si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo»

La investigadora Fátima Díez Platas desvela la luminosa presencia de Ovidio en las bibliotecas gallegas

Imagen: XOAN A. SOLER

Fuente: RAMÓN LOUREIRO > Ferrol  |  La Voz de Galicia
6 de mayo de 2017

Vaya por delante que cuando uno, a propósito del último proyecto de Fátima Díez Platas, habla de la luminosa presencia de Ovidio, el poeta romano de cuya muerte se cumplen ahora 2.000 años, en las bibliotecas gallegas, está haciendo, como es natural, un juego de palabras. Porque no se está refiriendo, en este caso, a los versos del autor del Arte de amar y Las metamorfosis, sino a la muy bella manera en la que se iluminaron ciertos volúmenes, todos ellos magníficos, que recogieron esos versos a lo largo de la historia, y más concretamente los que a día de hoy se custodian, como el verdadero tesoro que son, en las bibliotecas de Galicia. Fátima, investigadora y profesora de Historia del Arte en la Universidade de Santiago, que nació en Madrid pero que desde hace años reside en Cabanas -no muy lejos del pazo en el que vivió el naturalista López Seoane-, es la comisaria de Ovidius Vivit! Mitos, imágenes y libros.

-Y su trabajo ha dado origen a una muestra que a partir de la semana próxima podrá visitarse en el Pazo de Fonseca. Buen lugar, ese, para ir al encuentro de Ovidio.

-Fantástico. Porque además con esta exposición vamos a poder ver desde el incunable de Las Metamorfosis de 1493, que se conserva en la Biblioteca Xeral Universitaria de Santiago, hasta la edición de Parma de 1505, de la misma obra, que pertenece a la Biblioteca del Real Seminario de Santa Catalina en Mondoñedo.

-Que Ovidio vive no lo pondremos en duda, nada más lejos. Pero… ¿cuánta gente estará hoy de acuerdo con esa afirmación?

-Ovidio se sigue leyendo más de lo que se cree y sigue inspirando a muchos artistas.

-Malos tiempos para la poesía, estos, ¿no cree?

-Estos son malos tiempos para la lírica, eso es verdad, pero en cambio son buenos momentos para la imagen. Y lo que aquí tenemos son imágenes que nacen para los libros en distintas épocas: desde el siglo XV hasta el siglo XIX.

-¿Por qué se trata tan mal a las Humanidades?

-El desprecio a las Humanidades está a punto de tocar fondo, y creo que va a terminar. Curiosamente, las redes sociales están trabajando a favor de las Humanidades. Las nuevas tecnologías son un canal excelente para la divulgación. Los humanistas tenemos, ahora más que nunca, la obligación de enseñar a pensar. Frente a la superficialidad, es necesario aprender a profundizar, a ir más allá de lo que está en la superficie. No podemos dejar que todo sea plano, tenemos que avanzar en el conocimiento.

-Si perdemos a Ovidio, ¿qué perdemos? Sin la cultura clásica, ¿qué nos queda?

-Pues muy poco. Porque si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo, porque ya no podemos comprender qué lo sustenta.

 

8 mayo 2017 at 1:57 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

septiembre 2018
L M X J V S D
« Ago    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente