Posts tagged ‘Ovidio’

La UMU conmemora el bimilenario de Ovidio, uno de los mayores poetas latinos

La Universidad de Murcia conmemora el bimilenario de uno de los mayores poetas latinos: Ovidio, autor de obras tan emblemáticas como “El arte de amar” o “La metamorfosis”.

Fuente: Universidad de Murcia
16 de octubre de 2017

La Universidad de Murcia ya fue pionera en los estudios sobre Ovidio en 1964, cuando el profesor Antonio Ruiz de Elvira, fundador del Departamento de Filología Clásica de la UMU, publicó el primer tomo de una edición bilingüe de “La metamorfosis”. Ahora son precisamente tres profesoras de la UMU, antiguas alumnas de Ruiz de Elvira: Rosa María Iglesias, María Consuelo Álvarez Morán y Francisca Moya del Baño, las que han auspiciado este homenaje al poeta romano.

Los días 17, 18 y 19 de octubre, bajo la denominación “Recordando Ovidio”, se celebrarán en el Paraninfo de la UMU (Campus de la Merced), dos conferencias y una mesa redonda en la que se repasarán distintas cuestiones de su obra y su relación con otros poetas.

El martes 17 de octubre, a las 12’30 horas, Francisca Moya del Baño, hablará sobre “Troia invisa puellis. Las mujeres víctimas de la guerra en Heroidas”.

El miércoles 18, María Consuelo Álvarez Morán y Rosa María Iglesias Montiel, disertarán sobre “Texto tejido en las Metamorfosis de Ovidio”.

Por último, y coordinada por Rosa Iglesias Montiel, se celebrará el jueves, a las 18’30 horas, la mesa redonda “Ovidio y los poetas”, con la participación de Vicente Cristóbal (Universidad Complutense de Madrid); Juan Antonio González Iglesias (Universidad de Salamanca) y Rosario Guarino Ortega (Universidad de Murcia).

Las actividades forman parte del ciclo “DeLetreArtes. Logografías culturales”, está organizado por el Departamento de Filología Griega, Facultad de Letras, y en él colabora el Servicio de Cultura de la UMU.

 

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16 octubre 2017 at 6:47 pm Deja un comentario

Bayas, la ciudad del vicio de los romanos


/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

Fuente: LORENA PACHO > Nápoles  |  EL MUNDO
20 de agosto de 2017

Si en el imaginario popular, la Atlántida evocada por Platón es el emblema de la ciudad perdida y sepultada por las olas con todos sus enigmas, en el mundo terrenal la ciudad romana de Bayas, ahora bajo las aguas del golfo de Nápoles, es la prueba tangible de la historia más mundana de la Roma imperial. Hoy, sus restos, que en otro tiempo dieron mucho que hablar, reposan en total silencio en el fondo del mar, convertidos en un singular museo sumergido a siete metros de profundidad.

Para adentrarse en la historia de la ciudad perdida de Bayas, lugar de recreo veraniego en la época imperial por antonomasia, es necesario tomar un barco con el suelo de cristal y visión submarina o equiparse con el traje de buceo y las aletas y zambullirse entre mosaicos, esculturas clásicas de ninfas, restos de jardines y pilares de antiguas termas, que ofrecen un espectáculo único en las cristalinas y calmas aguas del Tirreno.

Sus orígenes se sitúan en el siglo III a. C., cuando era un lugar fundamentalmente religioso. En el siglo I a. C., Pompeyo limpió las costas de piratas y los patricios romanos comenzaron a construir allí sus residencias de verano. Sus aguas termales naturales eran ricas en azufre, la climatología era perfecta y sus parajes de ensueño atrajeron a más y más familias, hasta que Julio César construyó allí su villa de veraneo. El lugar se empezó a transformar en el gran complejo hotelero del mundo antiguo. Más tarde se convirtió en el emplazamiento predilecto de los futuros emperadores para tomar un respiro lejos de la política de Roma, desde Augusto hasta el excéntrico Calígula, pasando por el oscuro Nerón o Adriano, que murió allí.

Poco a poco se fue llenando de balnearios y pompa. La casa de la playa que pasó a ser la gran ostentación de la nueva riqueza de la flamante élite romana de la época. Tenía dos complejos termales, sólo superados en tamaño y prestigio por las termas de Roma, acuarios, piscifactorías rudimentarias para asegurar el pescado y marisco fresco todos los días, villas y edificios opulentos decorados con mosaicos, frescos extraordinarios, mármoles y réplicas de esculturas griegas, un muelle privado, fastuosos jardines y la Piscina Mirabilis, con capacidad para cerca de 13.000 metros cúbicos que asegurasen el suministro de agua dulce.Era la cisterna más grande del Imperio, lo que da una idea de la importancia de este enclave.

/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

«Quién quería ser considerado importante en la época, tenía que tener una propiedad en Bayas y, a ser posible fastuosa. Al mismo tiempo era el lugar de deleite y perversión por excelencia», explica a EL MUNDO el responsable del museo arqueológico de Bayas, Pierfrancesco Talamo.

Mucho después de la caída del Imperio Romano, en torno al siglo XVI la ciudad de Bayas desapareció de los mapas. La intensa actividad volcánica de la zona – está rodeada por 24 volcanes, entre ellos el Vesubio – hizo que el mar se la tragara, pero para entonces su nombre ya había corrido como la pólvora.

Sus fiestas desenfrenadas y legendarias, donde corría a raudales el vino, sus numerosos burdeles, los banquetes opulentos con toda clase de vicios y sus largas veladas nocturnas entre excesos, lujos, vanaglorias y hedonismo le valieron el epíteto de «ciudad del pecado» y conmovieron a historiadores, poetas y escritores.

Para Cicerón, Bayas era sinónimo de «desorden moral y perversión». El poeta romano Ovidio la definió como «el lugar más apropiado para hacer el amor» y escribió que la gente «iba a Bayas para curar sus cuerpos con las termas y volvía con heridas en el corazón». Varrón contó en sus sátiras que allí «los viejos jugaban a ser jóvenes y los jovencitos jugaban a ser doncellas». El poeta Marcial contó la historia de la casta Levina: «En Bayas cayó en el fuego del amor, abandonó a su marido y huyó tras un joven; llegó como Penélope y se fue como Helena». Propercio, en sus elegías, advertía: «Márchate lo antes posible de Bayas, la pervertida. Ojalá sus baños, insulto hecho al amor, desaparezcan para siempre». Horacio plasmó que «ningún lugar en el mundo resplandece más que la amena Bayas».

Séneca, que le puso el sobrenombre de «pueblo del vicio», escribió que por el puerto de Bayas sólo se encontraba a borrachos que a duras penas se mantenían en pie, que había fiestas allá donde uno fuera, también en los barcos, y que la música sonaba por todas partes.

A pesar de que a Bayas se le llamaba ciudad, carecía de tal estatus propio y en ella no había ni rastro de foros, templos ni mercados propios de las urbes; solamente enormes villas de lujo engalanadas con todas las comodidades. Era el lugar ideal para huír de la política de Roma, 250 kilómetros al norte, y dejar atrás la máscara de contención que debía acompañar en la vida pública, para abandonarse al ocio y al hedonismo.

/ Fotografías: BAIA SOMMERSA

Muchos emperadores llegaron a establecerse allí durante períodos más largos. «La ciudad llegó a convertirse en una especie de sucursal de la corte imperial de Roma», apunta Talamo.

Pero Bayas no siempre fue un lugar de reposo lejos del ajetreo de la capital. La política no descansaba ni en verano y la ciudad costera tenía su crónica de poder: allí la élite de Roma también iba a conspirar, con y contra el emperador. Entre sus muros, Pisón tramó su conjura para acabar con Nerón pero, en el último momento, decidió cambiar de escenario para llevar a cabo el plan. Sus dudas le costaron caro. El emperador descubrió sus intenciones y le obligó a suicidarse. El mismo Nerón urdió también al cobijo de Bayas el asesinato de su propia madre, Agripina, que, como él, tenía una inmensa villa propia en la ciudad. Después de varios intentos fallidos en otros lugares, decidió dejar de disimular y mandarla matar allí mismo.

La ciudad de Bayas, «Las Vegas de la antigüedad», «la Beverly Hills de la Roma antigua», «la Pompeya sumergida» o «la pequeña Atlántida romana», con su turbulenta historia, permaneció olvidada bajo el mar hasta que un buzo la descubrió en los 60. Este tesoro olvidado ahora es un importante lugar de referencia de la arqueología subacuática y parque arqueológico submarino que atrae a miles de visitantes.

 

20 agosto 2017 at 9:40 am Deja un comentario

El tupé más famoso de la antigüedad

Alejandro Magno fue una referencia en el mundo romano, una figura que imitar hasta en el peinado

Detalle del mosaico de Isos en el que el conquistador macedonio, melena (y tupé) al viento, carga contra las tropas de Darío III. El mosaico, copia de una pintura griega, fue hallado en la Casa del Fauno, en Pompeya. (DEA / M. CARRIERI / Getty)

Fuente: FÈLIX BADIA LA VANGUARDIA
12 de mayo de 2017

Hace 2.000 años, para ser alguien en la alta política romana, había que parecer, emular, recordar o evocar, aunque fuera remotamente, a Alejandro Magno, el mítico caudillo macedonio que tres siglos antes había construido en tiempo récord un imperio en el sudeste de Europa y Asia. Y había que hacerlo con las obras, pero también con las formas.

Literalmente. Pompeyo, el aliado –primero– y archirrival –después– de Julio César lo creía a pies juntillas, y tras conquistar a sangre y fuego buena parte de Oriente Medio, como hiciera en su día Alejandro, asumió también el apelativo de Magno y, un detalle no tan menor como pudiera parecer, decidió lucir tupé, el característico rasgo del conquistador griego y tal vez uno de los peinados más famosos de la antigüedad.

No se trataba por supuesto de un tupé de aire rockabilly o que anticipara la opinable estética de Donald Trump, sino del peinado que los griegos llamaban ‘anastole’ (poner hacia atrás). A Alejandro se le había representado con él tanto en monedas y esculturas como en pinturas y mosaicos, como el de Isos hallado en Pompeya, en que se le representa en plena carga contra el último rey persa, Darío III.

Pompeyo Magno se hizo representar con un tupé parecido al de Alejandro, y con sus conquistas llegó incluso a emular sus éxitos. Todo ello años antes de perder, literalmente, la cabeza en las costas de Alejandría (Getty)

Para cuando, casi 300 años después, Pompeyo estaba alcanzando el cenit de su celebridad, la figura del conquistador griego se vinculaba de forma inseparable al peinado, así que le faltó tiempo para intentar acercar su imagen a la del general heleno. “Su pelo –explicaba Plutarco– tendía a levantarse en la parte de alta de su frente, y eso (…) producía un parecido, más comentado que real, a las estatuas de Alejandro”.

El detalle es algo más que una anécdota. Peinados al margen, la explotación de la imagen de los líderes y su semejanza o no respecto a los mitos del momento tuvo un papel fundamental en el despiadado juego político del fin de la república (siglo I antes de Cristo). Un uso de la imagen pública que alcanzaría años después su punto más alto ya en el imperio con el reinado de Augusto, quien gracias a ello podría cimentar su poder.

El uso de la representación del líder que se hizo en la antigüedad, recuerda a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, hasta la dulcificada imagen Obama con las mangas eternamente arremangadas que transmitían su disposición a trabajar por su país.

Salvando los siglos transcurridos, este uso de la representación del líder recuerda, y mucho, a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde el culto a la personalidad en las dictaduras –la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, o los brazos cruzados de Hitler mostrando fortaleza–, hasta la dulcificada imagen de los políticos en los sistemas liberales –con las mangas eternamente arremangadas de Obama que transmitían su disposición a trabajar por su país–.

Para un político ambicioso, y en la turbulenta Roma del siglo I antes de Cristo los había a decenas, vincularse, pues, a las mayores celebridades del mundo clásico era fundamental. Pompeyo no se limitó al peinado, sino que incluso llegó a visitar la tumba de Alejandro Magno para hacerse con la capa del conquistador. También la visitaron después los emperadores Calígula, que tomó prestada su coraza, y Augusto, que, no se sabe exactamente cómo, rompió de forma involuntaria la nariz de su momia. Con este ritmo de expolio, no es extraño que la ubicación de los restos de Alejandro, suponiendo que aún existan, sea hoy uno de los grandes misterios de la arqueología.

Para un dandi como Julio César la calvicie fue un verdadero tormento. No ayudaba que la tradición romana considerara la alopecia como un signo de mala salud y de poca masculinidad (Getty)

Julio César también veneraba la figura del conquistador macedonio. Suetonio cuenta que, cuando el que más tarde sería dictador pasó por delante de una estatua de Alejandro en Hispania, se echó a llorar. ¿La razón? Tenía en aquellos momentos 33 años, la misma edad a la que había muerto el caudillo griego, y no había alcanzado hasta el momento ningún logro con el que pasar a la posteridad. Aunque hay dudas sobre la certeza de la anécdota, lo que sí parece claro es la influencia que la imagen de Alejandro tenía en el poder establecido del momento. Quién sabe si Julio César habría deseado también lucir el legendario tupé del conquistador. Sin embargo, tenía un problema prácticamente insalvable: una calvicie precoz.

Es cierto que la imagen era un factor de primer orden que los líderes romanos se apresuraban a explotar a fondo, pero, de la misma manera, constituía un factor que los podía convertir en blanco de las críticas de sus adversarios, y Julio César los tenía en cantidades ingentes. En la cultura romana, la calvicie tenía muy mala prensa, en especial, si era prematura, porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud y fertilidad, y, por tanto, se pensaba que quien la sufría adolecía de falta de esas características. “Feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”, escribió Ovidio. Por eso, uno de los grandes hombres de la antigüedad, el mismo que conquistó Galia y Egipto, y el que puso los cimientos de uno de los imperios más importantes que ha visto el planeta, vivió en realidad atormentado por su falta de cabello.

Los enemigos de Julio César se cebaron en su calvicie, Adriano expresó su amor a Grecia al dejarse barba, y Cómodo ostentó espolvoreándose oro en el pelo

El médico y licenciado en Humanidades Xavier Sierra Valentí explicaba hace unos años en un artículo publicado por la revista ‘Piel’, que Julio César pasaba largas horas intentando disimular su falta de pelo y que incluso se peinaba hacia adelante, porque no soportaba las burlas de sus detractores. Sierra añade que, según Suetonio, obtuvo permiso del Senado para llevar en todo momento la icónica corona de laurel como un honor que además le permitía disimular su falta de pelo. No obstante, no todos veían un problema en su calvicie según textos clásicos, que señalan que sus tropas, al regreso de una de sus conquistas, cantaban por las calles: “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

En cambio, la aristocracia romana tradicional veía en Julio César, además de un enemigo político, a un perfil contrapuesto a los valores conservadores de la República romana, y por ese motivo, explotaron a fondo su lado más frívolo y su fama de playboy. El que sería el hombre más poderoso de su época y uno de los militares más audaces de su tiempo era también un fashionista, pero, como explica Tom Holland en ‘Rubicón’ (Ático de los Libros), sus cinturones de color naranja y sus ropas demasiado holgadas para el gusto canónico del momento fueron aprovechados en campañas en su contra, de la misma manera que su estilo de vida. “Hombre de todas las mujeres y mujer de todos los hombres”, se decía de él en referencia a su comentada y promiscua bisexualidad.

Como todos los emperadores, en cuanto a la moda Adriano era un prescriptor de tendencias. Fue él quien puso de moda la barba en Roma, una estética que hasta entonces se consideraba bárbara en la capital del imperio (Leemage / Getty)

Si bien la alopecia no estaba bien vista, llevar barba era incluso peor porque se veía como una costumbre de bárbaros. Por eso, un ciudadano que cuidara su imagen debía pasar a menudo por el tonsor, un barbero verdaderamente temible encargado de mantener a los varones romanos dentro de la civilización. Ponerse en sus manos no parece que fuera una experiencia especialmente agradable, porque no se utilizaban cremas para el afeitado y porque el instrumental, por afilado y cuidado que fuera, distaba mucho de tener la sofisticación actual.

Así pues, los nobles romanos debían de ser personas de piel acerada, porque era muy raro que alguno de ellos renunciara a afeitarse, al menos durante el siglo I. Sin embargo, con la llegada de Adriano (76-138) y su barba ensortijada, las cosas empezaron a cambiar. Como el resto de los emperadores, este fue un verdadero creador de tendencias. Pero, como en el caso de Pompeyo o de Julio César, esas tendencias eran más que simple estética para traspasar de nuevo el umbral de la comunicación política.

Tras la muerte de su hermano Geta, Caracalla proclamó la ‘damnatio memoriae’ (que se eliminara toda referencia a él). En la imagen Caracalla de niño (derecha) y a su lado Geta, borrado (Getty)

En este sentido, la barba de Adriano era una declaración de intenciones: si el vello facial había sido considerado poco civilizado en Roma, en Grecia, en cambio, el punto de vista era el opuesto, y el nuevo emperador era un enamorado de todo lo que guardaba relación con el mundo helénico. El look adriánico se completaba con un vistoso pelo rizado, posiblemente gracias al calmistro, una herramienta que se calentaba al fuego y luego se aplicaba al pelo. Una técnica sólo para valientes.

La moda de Adriano se siguió durante mucho tiempo. Bastantes años después, al emperador Caracalla (188-217), famoso entre otras cosas por las gigantescas termas que mandó construir en Roma y por haber solucionado la rivalidad con su hermano Geta por la vía rápida –el asesinato–, se le representaba con barba y pelo rizado. Y cara de pocos, muy pocos, amigos. Cómodo (161-192), al que la tradición describe como un emperador sanguinario, paranoico y apasionado de los juegos de gladiadores –tanto que incluso llegó a lanzarse a la arena–, fue otro de los que se apuntaron a esa moda, aunque le dio una vuelta a la tuerca, al, según algunas versiones, espolvorearse el pelo con oro y hacerse representar como Hércules, en, una vez más, un mensaje político. Los tiempos habían cambiado, y donde Pompeyo dos siglos antes evocaba a un conquistador, Cómodo prefería identificarse, directamente, con un semidiós, hijo del mismísimo Júpiter.

Paranoico, sanguinario, ostentoso… a juzgar por las fuentes clásicas, el emperador Cómodo –el de ‘Gladiator’– no fue precisamente un repositorio de virtudes. En la imagen, personificado, ni más ni menos, que como el semidiós Hércules (DEA / G. DAGLI ORTI / Getty)

 

12 mayo 2017 at 10:47 am Deja un comentario

«Si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo»

La investigadora Fátima Díez Platas desvela la luminosa presencia de Ovidio en las bibliotecas gallegas

Imagen: XOAN A. SOLER

Fuente: RAMÓN LOUREIRO > Ferrol  |  La Voz de Galicia
6 de mayo de 2017

Vaya por delante que cuando uno, a propósito del último proyecto de Fátima Díez Platas, habla de la luminosa presencia de Ovidio, el poeta romano de cuya muerte se cumplen ahora 2.000 años, en las bibliotecas gallegas, está haciendo, como es natural, un juego de palabras. Porque no se está refiriendo, en este caso, a los versos del autor del Arte de amar y Las metamorfosis, sino a la muy bella manera en la que se iluminaron ciertos volúmenes, todos ellos magníficos, que recogieron esos versos a lo largo de la historia, y más concretamente los que a día de hoy se custodian, como el verdadero tesoro que son, en las bibliotecas de Galicia. Fátima, investigadora y profesora de Historia del Arte en la Universidade de Santiago, que nació en Madrid pero que desde hace años reside en Cabanas -no muy lejos del pazo en el que vivió el naturalista López Seoane-, es la comisaria de Ovidius Vivit! Mitos, imágenes y libros.

-Y su trabajo ha dado origen a una muestra que a partir de la semana próxima podrá visitarse en el Pazo de Fonseca. Buen lugar, ese, para ir al encuentro de Ovidio.

-Fantástico. Porque además con esta exposición vamos a poder ver desde el incunable de Las Metamorfosis de 1493, que se conserva en la Biblioteca Xeral Universitaria de Santiago, hasta la edición de Parma de 1505, de la misma obra, que pertenece a la Biblioteca del Real Seminario de Santa Catalina en Mondoñedo.

-Que Ovidio vive no lo pondremos en duda, nada más lejos. Pero… ¿cuánta gente estará hoy de acuerdo con esa afirmación?

-Ovidio se sigue leyendo más de lo que se cree y sigue inspirando a muchos artistas.

-Malos tiempos para la poesía, estos, ¿no cree?

-Estos son malos tiempos para la lírica, eso es verdad, pero en cambio son buenos momentos para la imagen. Y lo que aquí tenemos son imágenes que nacen para los libros en distintas épocas: desde el siglo XV hasta el siglo XIX.

-¿Por qué se trata tan mal a las Humanidades?

-El desprecio a las Humanidades está a punto de tocar fondo, y creo que va a terminar. Curiosamente, las redes sociales están trabajando a favor de las Humanidades. Las nuevas tecnologías son un canal excelente para la divulgación. Los humanistas tenemos, ahora más que nunca, la obligación de enseñar a pensar. Frente a la superficialidad, es necesario aprender a profundizar, a ir más allá de lo que está en la superficie. No podemos dejar que todo sea plano, tenemos que avanzar en el conocimiento.

-Si perdemos a Ovidio, ¿qué perdemos? Sin la cultura clásica, ¿qué nos queda?

-Pues muy poco. Porque si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo, porque ya no podemos comprender qué lo sustenta.

 

8 mayo 2017 at 1:57 pm Deja un comentario

Badalona saca ‘pectus’ de su pasado romano

La antigua Baetulo dedica la XIII Magna Celebratio a Ovidio y al primer campeón olímpico de Hispania

Una biga romana por las calles de Badalona, en la Magna Celebratio del 2009. JOAN CORTADELLAS

Fuente: CARLES COLS > Barcelona  |  El Periódico
23 de abril de 2017

La puerta del tiempo vuelve a abrirse por decimotercera vez en Badalona. Llega esta semana, a partir del jueves, la XIII Magna Celebratio, y lo de emplear los números romanos para clasificarla es, claro, de lo más oportuno, porque, como cada año desde el 2004, Badalona dedica cuatro intensas jornadas a rememorar su pasado como Baetulo, ciudad vitivinícola de Roma, que conforme la arqueología de urgencias lo permite se certifica que fue más importante y extensa de lo inicialmente supuesto. El pasado febrero se presentó en sociedad la última ‘domus’ descubierta, en el lado montaña de la autovía C-31, lejos, pues, del centro de Badalona, así que la extensión de Baetulo vuelve a estar en discusión. Era magna, sin duda, del calibre de esa suerte de fiesta mayor pagana que se avecina del 27 al 30 de abril.

La Magna Celebratio llega muy oportuna, tras el reciente hallazgo de una ‘domus’ que revisa al alza el tamaño de la antigua Baetulo

Cada edición tiene su qué. En esta (el 13, por cierto, no era número de mal agüero para los romanos) se pondrá el acento en dos cuestiones. Primero, Ovidio. El poeta murió hace 2.000 años. Era una celebridad en su tiempo, lo que no le evitó el exilio al que le condenó Augusto, otro personaje fijo en la Magna Celebratio. En la edición del 2014, se teatralizó la boda de Augusto con Livia, pero no por aquello de hacer un ¡Hola! o un Lecturas en latín, sino porque aquel primer emperador llevó como nadie la política a la alcoba, más incluso que Enrique VIII, que ya es decir. En esta edición, el sábado, en el Museu de Badalona, se profundizará en Augusto, en sus tejemanejes dictatoriales, según se mire, con influencia hasta la actualidad. A su manera, aquel longevo emperador convirtió a su pobre hija Julia en una suerte de puerta giratoria de la Antigüedad, pues la casó, descasó y volvió casar cuantas veces quiso para asegurarse favores políticos. Pero, lo dicho, el protagonista principal se pretende que sea Ovidio, no por el triste exilio en la actual Rumanía a la que le condenó Augusto, sin que se sepa aún por qué, sino por algunas de sus más celebradas obras, como Ars Amatoria (El arte de amar) y La metamorfosis. Un taller práctico de cosmética extraído de las enseñanzas de Ovidio es algo a tener en cuenta, ni que solo sea porque 2.000 años de solera son muchos.

Soldadesca romana en las calles de Badalona. PERE JIMÉNEZ

La otra materia en la que la XIII Magna Celebratio hará hincapié este 2017 será, tangencialmente, el 25 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de los que Badalona fue subsede, y a lo grande, nada menos que con todos los partidos de las selecciones de baloncesto, ‘dream team’ de EEUU incluida. La razón de la inclusión de este aniversario en la Magna Celebratio tiene truco, claro. El motivo es que Badalona puede presumir de que por sus calles paseó el primer campeón olímpico de la historia de Hispania, Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus, que en el año 120 D.C., en la misma ciudad de Olimpia en la que en la ficción Astérix ganó una palma de oro, sin poción mágica alguna, fue campeón en la disciplina de cuádrigas.

Por la calle de Badalona paseó un campeón olímpico casi 2.000 años antes que Mireia Belmonte

Aquel campeón estaba emparentado con un prohombre de Baetulo, el cabeza de familia de los Licinio, pero no hay que imaginarle como un Ben-Hur. El campeón no era quien llevaba las riendas de la cuádriga, sino el dueño de la (digamos) escudería. Ese era Lucius. Él se llevó la gloria. Lo cual es en parte injusto. De poner los puntos sobre la íes en esta cuestión se encarga también, en cierto modo, la Magna Celebratio. Este año regresan las bigas, es decir, la versión comedida de las cuádrigas.

CON UN PAR DE BIGAS

Las bigas son carros de dos caballos. Las cuádrigas, como es obvio, de cuatro. Es la diferencia entre un deportivo resultón y un Ferrari de gama alta. Años atrás, Joan Mayné, director del Museu de Badalona e impulsor indispensable de la Magna Celebratio, tuvo la oportunidad de ponerse a las riendas de una cuádriga, cual Charlton Heston. “¡Aquello era pura potencia!”, recordaba, aún impresionado, años más tarde. Fue una experiencia única, pero también una sabia lección: para una fiesta como la de Badalona, con una biga basta. De hecho, habrá dos, y recrearán, con extrema prudencia, una carrera, porque las cuatro jornadas romanas de la ciudad son una gran fiesta (pasan por sus distintas actividades, cocina A.C. incluida, unas 15.000 personas) y, también, una instructiva inmersión en el pasado.

La Magna Celebratio, en resumen, no es una versión con peplum de las habituales ferias medievales que recorren los pueblos de Catalunya los fines de semana. Va más allá, por la calidad de las conferencias y por la teatralización en la calle. Pero, sobre todo, es una oportunidad que cada año aprovecha la tercera ciudad de Catalunya para ganarle al menos un pulso a Barcelona, que tiene también un pasado romano del que presumir, pero a la hora de la verdad le saca muy poco lustre a sus escudos.

La cocina antes del tomate

Roma fue una formidable potencia militar, pero nada espartana. Fue una sociedad amante de los placeres de la vida, que no faltan, por supuesto, en la Magna Celebratio. Son varios los restaurantes de la ciudad que se suman a la recreación histórica con un reto que no es fácil, es decir, la cocina antes de América, sin tomates, sin patatas… Es una oportunidad para saborear platos inusuales, como el pollo a la númida, pero sin caer, eso sí, en el uso del garum, la pestilente salsa de pescado que empleaban los romanos para realzar el sabor de sus platos en ausencia de sal.

Eran, también, un pueblo de vino. El que producía Badalona, según los autores clásico, no era especialmente apreciado en Roma. Pero, por si acaso, eran también aficionados a una bebida mucho más antigua, la cerveza. Las leyes romanas fijaban de un modo muy estricto el proceso de elaboración. Con más libertad, los maestros cerveceros de Badalona recrean cada año una de aquellas fórmulas. La Magna Celebratio es una ocasión para degustarlas.

 

24 abril 2017 at 9:28 am Deja un comentario

La irreverente cópula de Atalanta e Hipómenes que enfureció a Cibeles

¿Quienes son los leones de la fuente más famosa de Madrid y por qué tiran del carro de la diosa?

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Fuente: S. L. |  ABC    17/03/2016

Los leones que tiran del carro de la fuente dedicada a la diosa Cibeles no se miran entre ellos. Llevan la carga de la responsabilidad por haber ofendido a la diosa griega. Pero, ¿quienes son y qué hicieron para sufrir este castigo eterno? Los protagonistas de esta curiosidad son dos personajes mitológicos: Atalanta e Hipómenes. La historia de amor de estos dos jóvenes, transformados en leones, es el punto de partida del mito representado en este emblemático monumento de Madrid. Los pétreos felinos son obra del escultor francés Robert Michel.

Hipómenes se enamoró de una ninfa llamada Atalanta. Consagrada a Artemisa, la joven presumía de ser la mejor cazadora. No había nadie que ganara en rapidez a la ninfa. Su ventaja sobre el resto era tal que no había hombre capaz de alcanzarla corriendo. Cansada de recibir proposiciones y alabanzas por su belleza, retó a todos sus pretendientes a una carrera en la que el ganador tendría derecho a ser su amante. Los perdedores serían castigados con la muerte. La ninfa, convencida de su capacidad para vencer a cualquiera, había consagrado incluso su virginidad a la diosa Artemisa.

Sin embargo, Hipómenes tenía un plan para lograr vencer. Durante la carrera Atalanta venció a todos sus pretendientes, menos a él. Pero no lo logró por méritos propios. Para conseguirlo necesitó la ayuda de Afrodita, la diosa del amor. Ambos urdieron un plan para ser más astutos que la joven ninfa. La diosa dio a Hipómenes tres manzanas de oro de sus jardines que debía dejar caer durante la carrera para distraerla.

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Mito de Atalanta e Hipómenes en un cuadro de Guido Reni

Atalanta consiguió recoger las dos primeras manzanas de oro y alcanzarle de nuevo en la carrera. La tercera, hechizada para retenerla durante más tiempo, fue la que hizo que Hipómenes ganara la carrera, y con ella, el amor de Atalanta.

Según el poeta romano Ovidio, el amor triunfó entre ambos y, durante los primeros compases de su nueva vida, Atalanta e Hipómenes vivieron felices. Vivieron con tanta pasión que mantuvieron, sin saberlo, relaciones sexuales en el interior de un templo dedicado a Cibeles. Según el poeta lo hicieron bajo la influencia de Afrodita, que engañó a los jóvenes con artes lujuriosas, provocando la furia de la diosa. Los dos fueron transformarlos en leones y obligados eternamente a tirar de su carro.

18 marzo 2016 at 2:22 pm 1 comentario

El Imperio Romano se apodera de Badalona durante la Magna Celebratio

Las recreaciones históricas recordarán la vida de Julia, hija del emperador Augusto

Magna_Celebratio

Magna Celebratio 2012. Badalona Museu de Badalona / Antonio Guillén

Fuente: LA VANGUARDIA     24/04/2015

Badalona. (Redacción).- Badalona vuelve atrás en el tiempo este fin de semana durante la Magna Celebratio, el festival que recrea las costumbres y los oficios en época romana. La novedad de esta edición es la representación de dos espectáculos dedicados a la hija del emperador Augusto.

Uno de ellos es Julia Octavia que se representa en el espacio arqueológico del Museu de Badalona el sábado 25 de abril a las 22h. La actriz Mercè Rovira es Julia y se explica la relación que tuvo con poetas y filósofos como Ovidio u Horacio, así como sus amores y los matrimonios de conveniencia o la relación que tenía con su padre, el hombre más poderoso del Imperio. El domingo por la mañana, en el mismo espacio, la Associació Projecte Phoenix presenta a la familia de Augusto a través de una cena en Gens Julia. La familia de Augusto y el poder.

Durante todo el fin de semana, la Plaça Assemblea de Catalunya recrea los oficios más tradicionales de la época como el de herrero, la elaboración de objetos de cerámica, los accesorios de piel o la creación de mosaicos. Además, la Magna Celebratio enseña cómo eran las escuelas donde se entrenaban los gladiadores y los objetos que utilizaban.

El festival romano de Badalona también tiene un lugar para la restauración ya que cinco restaurantes de la ciudad elaboran platos siguiendo las recetas recogidas por Apici, Columella y Paladio.

24 abril 2015 at 4:48 pm Deja un comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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