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El tupé más famoso de la antigüedad

Alejandro Magno fue una referencia en el mundo romano, una figura que imitar hasta en el peinado

Detalle del mosaico de Isos en el que el conquistador macedonio, melena (y tupé) al viento, carga contra las tropas de Darío III. El mosaico, copia de una pintura griega, fue hallado en la Casa del Fauno, en Pompeya. (DEA / M. CARRIERI / Getty)

Fuente: FÈLIX BADIA LA VANGUARDIA
12 de mayo de 2017

Hace 2.000 años, para ser alguien en la alta política romana, había que parecer, emular, recordar o evocar, aunque fuera remotamente, a Alejandro Magno, el mítico caudillo macedonio que tres siglos antes había construido en tiempo récord un imperio en el sudeste de Europa y Asia. Y había que hacerlo con las obras, pero también con las formas.

Literalmente. Pompeyo, el aliado –primero– y archirrival –después– de Julio César lo creía a pies juntillas, y tras conquistar a sangre y fuego buena parte de Oriente Medio, como hiciera en su día Alejandro, asumió también el apelativo de Magno y, un detalle no tan menor como pudiera parecer, decidió lucir tupé, el característico rasgo del conquistador griego y tal vez uno de los peinados más famosos de la antigüedad.

No se trataba por supuesto de un tupé de aire rockabilly o que anticipara la opinable estética de Donald Trump, sino del peinado que los griegos llamaban ‘anastole’ (poner hacia atrás). A Alejandro se le había representado con él tanto en monedas y esculturas como en pinturas y mosaicos, como el de Isos hallado en Pompeya, en que se le representa en plena carga contra el último rey persa, Darío III.

Pompeyo Magno se hizo representar con un tupé parecido al de Alejandro, y con sus conquistas llegó incluso a emular sus éxitos. Todo ello años antes de perder, literalmente, la cabeza en las costas de Alejandría (Getty)

Para cuando, casi 300 años después, Pompeyo estaba alcanzando el cenit de su celebridad, la figura del conquistador griego se vinculaba de forma inseparable al peinado, así que le faltó tiempo para intentar acercar su imagen a la del general heleno. “Su pelo –explicaba Plutarco– tendía a levantarse en la parte de alta de su frente, y eso (…) producía un parecido, más comentado que real, a las estatuas de Alejandro”.

El detalle es algo más que una anécdota. Peinados al margen, la explotación de la imagen de los líderes y su semejanza o no respecto a los mitos del momento tuvo un papel fundamental en el despiadado juego político del fin de la república (siglo I antes de Cristo). Un uso de la imagen pública que alcanzaría años después su punto más alto ya en el imperio con el reinado de Augusto, quien gracias a ello podría cimentar su poder.

El uso de la representación del líder que se hizo en la antigüedad, recuerda a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, hasta la dulcificada imagen Obama con las mangas eternamente arremangadas que transmitían su disposición a trabajar por su país.

Salvando los siglos transcurridos, este uso de la representación del líder recuerda, y mucho, a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde el culto a la personalidad en las dictaduras –la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, o los brazos cruzados de Hitler mostrando fortaleza–, hasta la dulcificada imagen de los políticos en los sistemas liberales –con las mangas eternamente arremangadas de Obama que transmitían su disposición a trabajar por su país–.

Para un político ambicioso, y en la turbulenta Roma del siglo I antes de Cristo los había a decenas, vincularse, pues, a las mayores celebridades del mundo clásico era fundamental. Pompeyo no se limitó al peinado, sino que incluso llegó a visitar la tumba de Alejandro Magno para hacerse con la capa del conquistador. También la visitaron después los emperadores Calígula, que tomó prestada su coraza, y Augusto, que, no se sabe exactamente cómo, rompió de forma involuntaria la nariz de su momia. Con este ritmo de expolio, no es extraño que la ubicación de los restos de Alejandro, suponiendo que aún existan, sea hoy uno de los grandes misterios de la arqueología.

Para un dandi como Julio César la calvicie fue un verdadero tormento. No ayudaba que la tradición romana considerara la alopecia como un signo de mala salud y de poca masculinidad (Getty)

Julio César también veneraba la figura del conquistador macedonio. Suetonio cuenta que, cuando el que más tarde sería dictador pasó por delante de una estatua de Alejandro en Hispania, se echó a llorar. ¿La razón? Tenía en aquellos momentos 33 años, la misma edad a la que había muerto el caudillo griego, y no había alcanzado hasta el momento ningún logro con el que pasar a la posteridad. Aunque hay dudas sobre la certeza de la anécdota, lo que sí parece claro es la influencia que la imagen de Alejandro tenía en el poder establecido del momento. Quién sabe si Julio César habría deseado también lucir el legendario tupé del conquistador. Sin embargo, tenía un problema prácticamente insalvable: una calvicie precoz.

Es cierto que la imagen era un factor de primer orden que los líderes romanos se apresuraban a explotar a fondo, pero, de la misma manera, constituía un factor que los podía convertir en blanco de las críticas de sus adversarios, y Julio César los tenía en cantidades ingentes. En la cultura romana, la calvicie tenía muy mala prensa, en especial, si era prematura, porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud y fertilidad, y, por tanto, se pensaba que quien la sufría adolecía de falta de esas características. “Feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”, escribió Ovidio. Por eso, uno de los grandes hombres de la antigüedad, el mismo que conquistó Galia y Egipto, y el que puso los cimientos de uno de los imperios más importantes que ha visto el planeta, vivió en realidad atormentado por su falta de cabello.

Los enemigos de Julio César se cebaron en su calvicie, Adriano expresó su amor a Grecia al dejarse barba, y Cómodo ostentó espolvoreándose oro en el pelo

El médico y licenciado en Humanidades Xavier Sierra Valentí explicaba hace unos años en un artículo publicado por la revista ‘Piel’, que Julio César pasaba largas horas intentando disimular su falta de pelo y que incluso se peinaba hacia adelante, porque no soportaba las burlas de sus detractores. Sierra añade que, según Suetonio, obtuvo permiso del Senado para llevar en todo momento la icónica corona de laurel como un honor que además le permitía disimular su falta de pelo. No obstante, no todos veían un problema en su calvicie según textos clásicos, que señalan que sus tropas, al regreso de una de sus conquistas, cantaban por las calles: “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

En cambio, la aristocracia romana tradicional veía en Julio César, además de un enemigo político, a un perfil contrapuesto a los valores conservadores de la República romana, y por ese motivo, explotaron a fondo su lado más frívolo y su fama de playboy. El que sería el hombre más poderoso de su época y uno de los militares más audaces de su tiempo era también un fashionista, pero, como explica Tom Holland en ‘Rubicón’ (Ático de los Libros), sus cinturones de color naranja y sus ropas demasiado holgadas para el gusto canónico del momento fueron aprovechados en campañas en su contra, de la misma manera que su estilo de vida. “Hombre de todas las mujeres y mujer de todos los hombres”, se decía de él en referencia a su comentada y promiscua bisexualidad.

Como todos los emperadores, en cuanto a la moda Adriano era un prescriptor de tendencias. Fue él quien puso de moda la barba en Roma, una estética que hasta entonces se consideraba bárbara en la capital del imperio (Leemage / Getty)

Si bien la alopecia no estaba bien vista, llevar barba era incluso peor porque se veía como una costumbre de bárbaros. Por eso, un ciudadano que cuidara su imagen debía pasar a menudo por el tonsor, un barbero verdaderamente temible encargado de mantener a los varones romanos dentro de la civilización. Ponerse en sus manos no parece que fuera una experiencia especialmente agradable, porque no se utilizaban cremas para el afeitado y porque el instrumental, por afilado y cuidado que fuera, distaba mucho de tener la sofisticación actual.

Así pues, los nobles romanos debían de ser personas de piel acerada, porque era muy raro que alguno de ellos renunciara a afeitarse, al menos durante el siglo I. Sin embargo, con la llegada de Adriano (76-138) y su barba ensortijada, las cosas empezaron a cambiar. Como el resto de los emperadores, este fue un verdadero creador de tendencias. Pero, como en el caso de Pompeyo o de Julio César, esas tendencias eran más que simple estética para traspasar de nuevo el umbral de la comunicación política.

Tras la muerte de su hermano Geta, Caracalla proclamó la ‘damnatio memoriae’ (que se eliminara toda referencia a él). En la imagen Caracalla de niño (derecha) y a su lado Geta, borrado (Getty)

En este sentido, la barba de Adriano era una declaración de intenciones: si el vello facial había sido considerado poco civilizado en Roma, en Grecia, en cambio, el punto de vista era el opuesto, y el nuevo emperador era un enamorado de todo lo que guardaba relación con el mundo helénico. El look adriánico se completaba con un vistoso pelo rizado, posiblemente gracias al calmistro, una herramienta que se calentaba al fuego y luego se aplicaba al pelo. Una técnica sólo para valientes.

La moda de Adriano se siguió durante mucho tiempo. Bastantes años después, al emperador Caracalla (188-217), famoso entre otras cosas por las gigantescas termas que mandó construir en Roma y por haber solucionado la rivalidad con su hermano Geta por la vía rápida –el asesinato–, se le representaba con barba y pelo rizado. Y cara de pocos, muy pocos, amigos. Cómodo (161-192), al que la tradición describe como un emperador sanguinario, paranoico y apasionado de los juegos de gladiadores –tanto que incluso llegó a lanzarse a la arena–, fue otro de los que se apuntaron a esa moda, aunque le dio una vuelta a la tuerca, al, según algunas versiones, espolvorearse el pelo con oro y hacerse representar como Hércules, en, una vez más, un mensaje político. Los tiempos habían cambiado, y donde Pompeyo dos siglos antes evocaba a un conquistador, Cómodo prefería identificarse, directamente, con un semidiós, hijo del mismísimo Júpiter.

Paranoico, sanguinario, ostentoso… a juzgar por las fuentes clásicas, el emperador Cómodo –el de ‘Gladiator’– no fue precisamente un repositorio de virtudes. En la imagen, personificado, ni más ni menos, que como el semidiós Hércules (DEA / G. DAGLI ORTI / Getty)

 

12 mayo 2017 at 10:47 am Deja un comentario

«Si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo»

La investigadora Fátima Díez Platas desvela la luminosa presencia de Ovidio en las bibliotecas gallegas

Imagen: XOAN A. SOLER

Fuente: RAMÓN LOUREIRO > Ferrol  |  La Voz de Galicia
6 de mayo de 2017

Vaya por delante que cuando uno, a propósito del último proyecto de Fátima Díez Platas, habla de la luminosa presencia de Ovidio, el poeta romano de cuya muerte se cumplen ahora 2.000 años, en las bibliotecas gallegas, está haciendo, como es natural, un juego de palabras. Porque no se está refiriendo, en este caso, a los versos del autor del Arte de amar y Las metamorfosis, sino a la muy bella manera en la que se iluminaron ciertos volúmenes, todos ellos magníficos, que recogieron esos versos a lo largo de la historia, y más concretamente los que a día de hoy se custodian, como el verdadero tesoro que son, en las bibliotecas de Galicia. Fátima, investigadora y profesora de Historia del Arte en la Universidade de Santiago, que nació en Madrid pero que desde hace años reside en Cabanas -no muy lejos del pazo en el que vivió el naturalista López Seoane-, es la comisaria de Ovidius Vivit! Mitos, imágenes y libros.

-Y su trabajo ha dado origen a una muestra que a partir de la semana próxima podrá visitarse en el Pazo de Fonseca. Buen lugar, ese, para ir al encuentro de Ovidio.

-Fantástico. Porque además con esta exposición vamos a poder ver desde el incunable de Las Metamorfosis de 1493, que se conserva en la Biblioteca Xeral Universitaria de Santiago, hasta la edición de Parma de 1505, de la misma obra, que pertenece a la Biblioteca del Real Seminario de Santa Catalina en Mondoñedo.

-Que Ovidio vive no lo pondremos en duda, nada más lejos. Pero… ¿cuánta gente estará hoy de acuerdo con esa afirmación?

-Ovidio se sigue leyendo más de lo que se cree y sigue inspirando a muchos artistas.

-Malos tiempos para la poesía, estos, ¿no cree?

-Estos son malos tiempos para la lírica, eso es verdad, pero en cambio son buenos momentos para la imagen. Y lo que aquí tenemos son imágenes que nacen para los libros en distintas épocas: desde el siglo XV hasta el siglo XIX.

-¿Por qué se trata tan mal a las Humanidades?

-El desprecio a las Humanidades está a punto de tocar fondo, y creo que va a terminar. Curiosamente, las redes sociales están trabajando a favor de las Humanidades. Las nuevas tecnologías son un canal excelente para la divulgación. Los humanistas tenemos, ahora más que nunca, la obligación de enseñar a pensar. Frente a la superficialidad, es necesario aprender a profundizar, a ir más allá de lo que está en la superficie. No podemos dejar que todo sea plano, tenemos que avanzar en el conocimiento.

-Si perdemos a Ovidio, ¿qué perdemos? Sin la cultura clásica, ¿qué nos queda?

-Pues muy poco. Porque si perdemos la cultura clásica somos incapaces de entender nuestro mundo, porque ya no podemos comprender qué lo sustenta.

 

8 mayo 2017 at 1:57 pm Deja un comentario

Badalona saca ‘pectus’ de su pasado romano

La antigua Baetulo dedica la XIII Magna Celebratio a Ovidio y al primer campeón olímpico de Hispania

Una biga romana por las calles de Badalona, en la Magna Celebratio del 2009. JOAN CORTADELLAS

Fuente: CARLES COLS > Barcelona  |  El Periódico
23 de abril de 2017

La puerta del tiempo vuelve a abrirse por decimotercera vez en Badalona. Llega esta semana, a partir del jueves, la XIII Magna Celebratio, y lo de emplear los números romanos para clasificarla es, claro, de lo más oportuno, porque, como cada año desde el 2004, Badalona dedica cuatro intensas jornadas a rememorar su pasado como Baetulo, ciudad vitivinícola de Roma, que conforme la arqueología de urgencias lo permite se certifica que fue más importante y extensa de lo inicialmente supuesto. El pasado febrero se presentó en sociedad la última ‘domus’ descubierta, en el lado montaña de la autovía C-31, lejos, pues, del centro de Badalona, así que la extensión de Baetulo vuelve a estar en discusión. Era magna, sin duda, del calibre de esa suerte de fiesta mayor pagana que se avecina del 27 al 30 de abril.

La Magna Celebratio llega muy oportuna, tras el reciente hallazgo de una ‘domus’ que revisa al alza el tamaño de la antigua Baetulo

Cada edición tiene su qué. En esta (el 13, por cierto, no era número de mal agüero para los romanos) se pondrá el acento en dos cuestiones. Primero, Ovidio. El poeta murió hace 2.000 años. Era una celebridad en su tiempo, lo que no le evitó el exilio al que le condenó Augusto, otro personaje fijo en la Magna Celebratio. En la edición del 2014, se teatralizó la boda de Augusto con Livia, pero no por aquello de hacer un ¡Hola! o un Lecturas en latín, sino porque aquel primer emperador llevó como nadie la política a la alcoba, más incluso que Enrique VIII, que ya es decir. En esta edición, el sábado, en el Museu de Badalona, se profundizará en Augusto, en sus tejemanejes dictatoriales, según se mire, con influencia hasta la actualidad. A su manera, aquel longevo emperador convirtió a su pobre hija Julia en una suerte de puerta giratoria de la Antigüedad, pues la casó, descasó y volvió casar cuantas veces quiso para asegurarse favores políticos. Pero, lo dicho, el protagonista principal se pretende que sea Ovidio, no por el triste exilio en la actual Rumanía a la que le condenó Augusto, sin que se sepa aún por qué, sino por algunas de sus más celebradas obras, como Ars Amatoria (El arte de amar) y La metamorfosis. Un taller práctico de cosmética extraído de las enseñanzas de Ovidio es algo a tener en cuenta, ni que solo sea porque 2.000 años de solera son muchos.

Soldadesca romana en las calles de Badalona. PERE JIMÉNEZ

La otra materia en la que la XIII Magna Celebratio hará hincapié este 2017 será, tangencialmente, el 25 aniversario de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de los que Badalona fue subsede, y a lo grande, nada menos que con todos los partidos de las selecciones de baloncesto, ‘dream team’ de EEUU incluida. La razón de la inclusión de este aniversario en la Magna Celebratio tiene truco, claro. El motivo es que Badalona puede presumir de que por sus calles paseó el primer campeón olímpico de la historia de Hispania, Lucius Minicius Natalis Quadronius Verus, que en el año 120 D.C., en la misma ciudad de Olimpia en la que en la ficción Astérix ganó una palma de oro, sin poción mágica alguna, fue campeón en la disciplina de cuádrigas.

Por la calle de Badalona paseó un campeón olímpico casi 2.000 años antes que Mireia Belmonte

Aquel campeón estaba emparentado con un prohombre de Baetulo, el cabeza de familia de los Licinio, pero no hay que imaginarle como un Ben-Hur. El campeón no era quien llevaba las riendas de la cuádriga, sino el dueño de la (digamos) escudería. Ese era Lucius. Él se llevó la gloria. Lo cual es en parte injusto. De poner los puntos sobre la íes en esta cuestión se encarga también, en cierto modo, la Magna Celebratio. Este año regresan las bigas, es decir, la versión comedida de las cuádrigas.

CON UN PAR DE BIGAS

Las bigas son carros de dos caballos. Las cuádrigas, como es obvio, de cuatro. Es la diferencia entre un deportivo resultón y un Ferrari de gama alta. Años atrás, Joan Mayné, director del Museu de Badalona e impulsor indispensable de la Magna Celebratio, tuvo la oportunidad de ponerse a las riendas de una cuádriga, cual Charlton Heston. “¡Aquello era pura potencia!”, recordaba, aún impresionado, años más tarde. Fue una experiencia única, pero también una sabia lección: para una fiesta como la de Badalona, con una biga basta. De hecho, habrá dos, y recrearán, con extrema prudencia, una carrera, porque las cuatro jornadas romanas de la ciudad son una gran fiesta (pasan por sus distintas actividades, cocina A.C. incluida, unas 15.000 personas) y, también, una instructiva inmersión en el pasado.

La Magna Celebratio, en resumen, no es una versión con peplum de las habituales ferias medievales que recorren los pueblos de Catalunya los fines de semana. Va más allá, por la calidad de las conferencias y por la teatralización en la calle. Pero, sobre todo, es una oportunidad que cada año aprovecha la tercera ciudad de Catalunya para ganarle al menos un pulso a Barcelona, que tiene también un pasado romano del que presumir, pero a la hora de la verdad le saca muy poco lustre a sus escudos.

La cocina antes del tomate

Roma fue una formidable potencia militar, pero nada espartana. Fue una sociedad amante de los placeres de la vida, que no faltan, por supuesto, en la Magna Celebratio. Son varios los restaurantes de la ciudad que se suman a la recreación histórica con un reto que no es fácil, es decir, la cocina antes de América, sin tomates, sin patatas… Es una oportunidad para saborear platos inusuales, como el pollo a la númida, pero sin caer, eso sí, en el uso del garum, la pestilente salsa de pescado que empleaban los romanos para realzar el sabor de sus platos en ausencia de sal.

Eran, también, un pueblo de vino. El que producía Badalona, según los autores clásico, no era especialmente apreciado en Roma. Pero, por si acaso, eran también aficionados a una bebida mucho más antigua, la cerveza. Las leyes romanas fijaban de un modo muy estricto el proceso de elaboración. Con más libertad, los maestros cerveceros de Badalona recrean cada año una de aquellas fórmulas. La Magna Celebratio es una ocasión para degustarlas.

 

24 abril 2017 at 9:28 am Deja un comentario

La irreverente cópula de Atalanta e Hipómenes que enfureció a Cibeles

¿Quienes son los leones de la fuente más famosa de Madrid y por qué tiran del carro de la diosa?

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Fuente: S. L. |  ABC    17/03/2016

Los leones que tiran del carro de la fuente dedicada a la diosa Cibeles no se miran entre ellos. Llevan la carga de la responsabilidad por haber ofendido a la diosa griega. Pero, ¿quienes son y qué hicieron para sufrir este castigo eterno? Los protagonistas de esta curiosidad son dos personajes mitológicos: Atalanta e Hipómenes. La historia de amor de estos dos jóvenes, transformados en leones, es el punto de partida del mito representado en este emblemático monumento de Madrid. Los pétreos felinos son obra del escultor francés Robert Michel.

Hipómenes se enamoró de una ninfa llamada Atalanta. Consagrada a Artemisa, la joven presumía de ser la mejor cazadora. No había nadie que ganara en rapidez a la ninfa. Su ventaja sobre el resto era tal que no había hombre capaz de alcanzarla corriendo. Cansada de recibir proposiciones y alabanzas por su belleza, retó a todos sus pretendientes a una carrera en la que el ganador tendría derecho a ser su amante. Los perdedores serían castigados con la muerte. La ninfa, convencida de su capacidad para vencer a cualquiera, había consagrado incluso su virginidad a la diosa Artemisa.

Sin embargo, Hipómenes tenía un plan para lograr vencer. Durante la carrera Atalanta venció a todos sus pretendientes, menos a él. Pero no lo logró por méritos propios. Para conseguirlo necesitó la ayuda de Afrodita, la diosa del amor. Ambos urdieron un plan para ser más astutos que la joven ninfa. La diosa dio a Hipómenes tres manzanas de oro de sus jardines que debía dejar caer durante la carrera para distraerla.

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Mito de Atalanta e Hipómenes en un cuadro de Guido Reni

Atalanta consiguió recoger las dos primeras manzanas de oro y alcanzarle de nuevo en la carrera. La tercera, hechizada para retenerla durante más tiempo, fue la que hizo que Hipómenes ganara la carrera, y con ella, el amor de Atalanta.

Según el poeta romano Ovidio, el amor triunfó entre ambos y, durante los primeros compases de su nueva vida, Atalanta e Hipómenes vivieron felices. Vivieron con tanta pasión que mantuvieron, sin saberlo, relaciones sexuales en el interior de un templo dedicado a Cibeles. Según el poeta lo hicieron bajo la influencia de Afrodita, que engañó a los jóvenes con artes lujuriosas, provocando la furia de la diosa. Los dos fueron transformarlos en leones y obligados eternamente a tirar de su carro.

18 marzo 2016 at 2:22 pm 1 comentario

El Imperio Romano se apodera de Badalona durante la Magna Celebratio

Las recreaciones históricas recordarán la vida de Julia, hija del emperador Augusto

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Magna Celebratio 2012. Badalona Museu de Badalona / Antonio Guillén

Fuente: LA VANGUARDIA     24/04/2015

Badalona. (Redacción).- Badalona vuelve atrás en el tiempo este fin de semana durante la Magna Celebratio, el festival que recrea las costumbres y los oficios en época romana. La novedad de esta edición es la representación de dos espectáculos dedicados a la hija del emperador Augusto.

Uno de ellos es Julia Octavia que se representa en el espacio arqueológico del Museu de Badalona el sábado 25 de abril a las 22h. La actriz Mercè Rovira es Julia y se explica la relación que tuvo con poetas y filósofos como Ovidio u Horacio, así como sus amores y los matrimonios de conveniencia o la relación que tenía con su padre, el hombre más poderoso del Imperio. El domingo por la mañana, en el mismo espacio, la Associació Projecte Phoenix presenta a la familia de Augusto a través de una cena en Gens Julia. La familia de Augusto y el poder.

Durante todo el fin de semana, la Plaça Assemblea de Catalunya recrea los oficios más tradicionales de la época como el de herrero, la elaboración de objetos de cerámica, los accesorios de piel o la creación de mosaicos. Además, la Magna Celebratio enseña cómo eran las escuelas donde se entrenaban los gladiadores y los objetos que utilizaban.

El festival romano de Badalona también tiene un lugar para la restauración ya que cinco restaurantes de la ciudad elaboran platos siguiendo las recetas recogidas por Apici, Columella y Paladio.

24 abril 2015 at 4:48 pm Deja un comentario

Hallan la villa del general romano Mesala, el enemigo de Ben Hur

  • Era conocida como Villa Le Grotte y se encuentra en la isla de Elba
  • Pertenecía a un importante general romano que también ejerció como orador y mecenas
  • Las inscripciones de las tinajas de vino han sido determinantes para averiguar de quién era propiedad este complejo, prácticamente arrasado por el fuego a finales del siglo I d.C.

Mesala-Ben-Hur

Stephen Boyd en en el papel de Mesala en la película Ben Hur (1959).

Fuente: LIDIA GÓMEZ  |  EL MUNDO     19/02/2015

Una de las villas del archienemigo de Ben Hur, Marco Valerio Mesala Corvino, ha sido identificada partiendo de unas antiguas tinajas de vino en la Toscana. Lo cierto es que los arqueólogos habían sospechado durante mucho tiempo que dicha villa situada en la isla toscana de Elba habría sido en el pasado la residencia del general Mesala, pero no habían encontrado hasta el momento suficientes evidencias que pudieran respaldar a ciencia cierta esta hipótesis.

Sin embargo, un equipo de investigadores ha encontrado recientemente un dolium con varias marcas o señales que lo relacionarían directamente con este general romano. Este objeto era un tipo de vasija muy popular en la antigua Roma, de tamaño considerable y utilizada para almacenar y transportar bebida y alimentos. Se estima que muchas de estas tinajas podrían llegar a albergar entre 1.000 -1.500 litros de vino.

El sorprendente descubrimiento se produjo mientras un equipo de arqueólogos -entre los que se encontraba el especialista en metodología arqueológica Franco Cambi– excavaba un área situada en las proximidades de la antigua villa romana. Según apuntan las evidencias encontradas, parece ser que había una finca muy cercana a la villa de cuyos alimentos se servían los inquilinos de la impresionante propiedad del general Mesala.

La elegante construcción era conocida como Villa Le Grotte. La mayor parte de Villa Le Grotte fue destruida al final del siglo I, a causa de un gran incendio. Sin embargo, sobrevivieron a la destrucción algunos objetos hechos de arcilla o barro, entre ellos las tinajas antes citadas.

Al hilo de ello, cabe recalcar que uno de los hallazgos determinantes para esclarecer si la villa pertenecía a Mesala fue la inscripción que aparecía en muchas de las tinas de vino encontradas: “Hermia Va(leri) (M)arci s(ervus) fecit“. Su significado -“hecho por Hermias”- no dejaría lugar a dudas, puesto que Hermias habría sido uno de los esclavos de Mesala. En otra estampa aparece un delfín tallado junto a las letras h y e, en alusión de nuevo a Hermias.

Política y arte en la vida de un audaz general romano

Ben Hur fue un personaje de ficción creado por Lewis Wallace, también conocido como Lew Wallace, en su novela Ben Hur: una historia de los tiempos de Cristo (Ben-Hur: a tale of Christ, en inglés original). La obra fue publicada en 1880 y narra el enfrentamiento entre Ben Hur y Mesala y fue llevada a la gran pantalla en 1959, con Charlton Heston en el papel del aguerrido Ben Hur y Stephen Boyd en el del general Mesala.

Al contrario que Ben Hur, Mesala no era un personaje ficticio: había nacido en el año 64 a.C. en una de las familias romanas más antiguas e influyentes de la época. Además, su nombre ya había estado unido en el pasado reciente a otros hallazgos arqueológicos de notable importancia.

En el verano de 2012 se encontraron evidencias de gran valor en una villa de su propiedad en la capital italiana, entre las que destacaba un impresionante conjunto escultórico que representaba el mito griego de Níobe, el cual Ovidio plasmó en Las metamorfosis. Algunos estudiosos apuntaron que quizá habría podido ser el propio Ovidio quien sugirió a Mesala la colocación de las estatuas, aunque la veracidad o no de esta hipótesis aún sigue siendo un enigma.

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Una de las estatuas halladas en 2012 en la villa romana de Marco Valerio Mesala, en Ciampino (Roma). | National Geographic.

De lo que no cabe duda es de que Marco Valerio Mesala Corvino fue un personaje influyente en la sociedad romana de la época, debido a su prestigio como general y a su perspicacia y agudeza como orador. Asimismo, su defensa de la cultura y su papel como protector de diversos personajes destacados de las letras romanas, como Ovidio, Tibulo o Propercio, también fueron aspectos determinantes para comprender su figura y le valieron fama de erudito.

19 febrero 2015 at 6:02 pm Deja un comentario

El Museo del Prado presenta “Dánae, Venus y Adonis. Las primeras poesías de Tiziano para Felipe II”

El Museo del Prado exhibirá desde este miércoles 19 de noviembre hasta el próximo 1 de marzo de 2015 ‘Dánae’ y ‘Venus y Adonis’, las dos primeras ‘poesías’ que pintó Tiziano entre 1553 y 1554 para el entonces príncipe español Felipe, futuro Felipe II

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Dánae (después de la restauración), Tiziano, Oleo sobre lienzo, 192, 5 x 114, 6 cm, The Wellington Collection, Apsley House, vía  Museo del Prado

Según ha explicado el comisario de esta exposición, Miguel Falomir, estas pinturas recibieron del propio autor el nombre de ‘poesías’ en las cartas que enviaba a Felipe II. Las interpretaciones de esta denominación podrían ser varias, pero Falomir aclara que se centran en dos cuestiones.

Por un lado, el autor italiano reivindicaría de esta forma “una antigua aspiración” de los pintores para homologarse con los poetas. Por el otro, sería una forma de Tiziano de “reclamar la libertad” de la pintura para interpretar las fuentes escritas, en este caso tomando ‘Las Metamorfosis’ de Ovidio como texto original.

De hecho, en la obra ‘Venus y Adonis’ se puede observar como el protagonista masculino intenta desasirse del abrazo de Venus, quien se encuentra de espaldas al observador del cuadro. Esta recreación, según Falomir, es invención de Tiziano (puesto que la escena no estaba registrada en ningún texto) y, posteriormente, ha servido de inspiración para muchos escritores, incluido William Shakespeare.

Dentro de la producción de Tiziano se denomina ‘poesías’ al conjunto de obras mitológicas que pintó para Felipe II entre 1553 y 1562, integrado por estas dos obras además de ‘Perseo y Andrómeda’, ‘Diana y Adonis’, ‘Diana y Calisto’ y ‘El rapto de Europa’.

Probablemente fue el propio Felipe II quien encargó a Tiziano en Aubsburgo un conjunto de pinturas mitológicas, dándole libertad para elegir los temas y su plasmación pictórica. “Tiziano era el nuevo Ovidio, con capacidad para fecundar la mitología”, ha explicado el comisario.

En el caso de ‘Dánae’, ilustra el momento en que Júpiter la posee en forma de lluvia de oro. Tiziano ya había pintado una primera Dánae para el cardenal Alessandro Farnese y le sirvió de modelo para esta segunda, si bien cambiando al Cupido original por una anciana celadora.

Este cuadro (que durante muchos años permaneció en el Alcázar) terminó en manos del duque de Wellington gracias a la ayuda que prestó en la Guerra de la Independencia española evitando la fuga de estas y otras piezas a manos de José Bonaparte. Descripciones antiguas y una copia flamenca revelan que en el tercio superior del cuadro, eliminado por razones de conservación, se incluía el rostro de Júpiter y un águila con los rayos, atributos del dios.

PINTURA CONTRA ESCULTURA

Por su parte, ‘Venus y Adonis’ recoge el intento de la primera por retener a Adonis, fruto de la invención de Tiziano y tema que retomaría años después en varias composiciones. Esta obra recoge a la diosa de espaldas para demostrar que la pintura podía representar distintos puntos de vista, equiparándose con la cultura.

Esta exposición también cuenta con un tercer cuadro, otra ‘Dánae’ propiedad del Museo del Prado y, que según ha revelado Falomir, en un principio se creía parte de estas poesías. No obstante, las investigaciones para esta exposición han demostrado lo contrario.

En 1565, Tiziano pintó la ‘Dánae’ que se conserva en el Prado posiblemente para Francesco Vrins, mercader flamenco residente en Venecia. Velázquez compró esta obra durante su primer viaje a Italia y la vendió a Felipe VI con destino al Palacio del Buen Retiro y, más tarde, sustituyendo a la ‘Dánae’ de Felipe II en el Alcázar.

EL TIZIANO “MÁS ERÓTICO”

Para el director adjunto de conservación e investigación del Prado, Gabriele Finaldi, estas obras responden al Tiziano “más sensual y erótico”. En cuanto a Felipe II, estas obras fueron adquiridas durante una etapa de “interés” por la cultura mitológica que perderá más tarde con su “acentuamiento de la religiosidad”.

El proceso de restauración de estas obras ha sido llevado a cabo por la técnico del museo Elisa Mora con el apoyo de la Fundación Iberdrola. El trabajo ha consistido en eliminar todo aquello que interfería en la lectura correcta de las obras, realizando una limpieza de los barnices oxidados y una eliminación de los repintes.

Fuente: EUROPA PRESS

18 noviembre 2014 at 7:25 pm 1 comentario

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