Posts tagged ‘Julio César’

¿Sabías que a Julio César lo llamaban “la Reina de Bitinia”?

Fuente: National Geographic en Español
15 de febrero de 2018

El grandioso líder político y militar romano Julio César (100 a.C. – 44 a.C.) era un hombre de absoluta belleza. Sometido a un intenso entrenamiento físico, era delgado, viril, y muy fuerte, montaba a pelo e incluso decían que era capaz de guiar al caballo con los brazos atados a la espalda. Todo esto lo convertía en una figura interesante para el público femenino de la Antigua Roma.

Sin embargo, aunque tenía éxito con las mujeres, recordemos que conquistó a la bella Cleopatra, reina de Egipto, los rumores sobre su supuesta relación homosexual con el rey Nicomedes IV de Bitinia lo sacaban de quicio. Por toda la ciudad de Roma también se hablaba constantemente de su amorío con un prefecto y con un tal Rufio, a quien los historiadores llamaron “el amante licencioso”.

En Roma existían muchos rumores sobre las parejas sentimentales de Julio César.

Busto de Julio César en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles.

El hermoso joven vestía ropas llamativas, usaba zapatos rojos, una sortija de oro con la efigie de su madre original, Venus, y una túnica provista de largos flecos. Para ridiculizarlo, los enemigos de César lo llamaban “la Reina de Bitinia” y décadas después sus legionarios todavía se burlaban de la siguiente manera:

César conquistó la tierra gala, pero Nicomedes conquistó a César.

Suetonio dice textualmente: “En el cuidado corporal era casi un exquisito, no sólo se hacía rasurar y cortar el cabello meticulosamente, sino que, al decir de algunos, también se hacía arrancar uno por uno los pelos de todo el cuerpo“. Él era ridiculizado por su distinción, su elegancia y su peculiar delicadeza.

Esta escultura de Julio César es de Nicolas Coustou.

Julio César fue un Militar y político cuya dictadura puso fin a la República en Roma. Él murió asesinado el 15 de marzo del año 44 a. C. por una conspiración dirigida por Casio y Bruto (senadores romanos), quienes alegaron que era un tirano.

 

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16 febrero 2018 at 8:34 am Deja un comentario

Martin Scorsese prepara una serie sobre la Antigua Roma

El director estadounidense Martin Scorsese.  / LARS NIKI

Fuente: Álex Sotillos El Periódico
13 de febrero de 2018

El prestigioso director estadounidense Martin Scorsese y Michael Hirst, creador del exitoso drama televisivo Vikings, de History Channel, están preparando una nueva producción de carácter épico, The Caesars, serie que se centrará en el poder y la estructura política de la antigua Roma.

La ficción, que empieza cuando un joven Julio César llega al poder, se producirá en Italia, se prevée que se estrene en el 2019 en History Channel y se prolongue su trama durante varias temporadas.

Hirst ha comentado que Scorsese es “un absoluto apasionado de los romanos”, y desea crear un drama televisivo sobre la antigua civilización romana desde hace años. “Él ama realmente aquella época y sabe mucho al respecto. Llamó por teléfono a Justin Pollard, mi consejero sobre historia, y charlaron parcialmente en latín sobre las fuentes de las historias y la poesía romana”, añadió.

Según el creador de VikingsThe Caesars se centrará fundamentalmente en las vivencias de Julio César durante su juventud, detallando aspectos que no han sido tratados correctamente en el mundo del cine y la televisión.

‘Vikings’, la serie estrella de Hirst

En Estados Unidos, Vikings llegó a obtener una audiencia de ocho millones de espectadores por episodio. Hasta el momento, la serie cuenta con 90 capítulos. La web IMDb actualmente la posiciona como la número uno del mundo, mientras que la mítica Juego de Tronos ocupa el quinto lugar.

Hirst ha comentado que su obra ha llegado a todo el mundo y es valorada especialmente “donde realmente llegaron los vikingos, que es a muchos lugares”. Prueba de ello es que el vigilante de un museo de barcos vikingos en Oslo le dijo, según afirma el autor, “Tengo que agradecerles que vienen el doble de personas debido a su serie. Habéis revitalizado por completo el estudio de los vikingos”.

 

 

14 febrero 2018 at 9:17 pm Deja un comentario

Julio César y las supersticiones de Roma

Decir “Salud” al estornudar, entrar en una habitación siempre con el pie derecho o romper un cordón eran algunos de los símbolos supersticiosos de la antigua Roma. Algunos de ellos se heredaron en las civilizaciones posteriores e incluso todavía siguen vigentes en la actualidad

Fuente: JESÚS CALLEJO > Madrid  |  Cadena SER
8 de febrero de 2018

No deja de sorprender que una ciudad-estado como era la antigua Roma, todo un imperio extendido por medio mundo gracias a su poder militar, fuera tan supersticioso como el que más.

En eso no era único ni original. Muchas de sus prácticas mágicas estaban influidas por los griegos, por los etruscos y los caldeos. Es sabido la afición que tenían los romanos de consultar a augures, arúspices y oráculos, prácticas que se incrementaron cuando pasaron de ser una austera República y se convirtieron en Imperio. Los emperadores o césares se creyeron divinos y vitalicios, rindiéndoseles un culto que iba más allá del mero aspecto político. Eso tenía su contrapartida: cualquier desastre militar -o incluso de la naturaleza- se le imputaba a la debilidad del soberano. Al emperador Nerón le achacaron el origen del terremoto ocurrido en la Italia meridional, aparte de algún que otro incendio de sobra conocido.

Cualquier persona que tuviera un sueño profético atinente a la suerte del Estado podía comunicárselo al Senado. Julio César creía en los vaticinios, aunque no los hizo mucho caso en los momentos finales de su vida, Tiberio se rodeó de varios astrólogos y Septimino Severo anotaba cuidadosamente los oráculos que se referían a su persona. Hubo una época en que los adivinos se hicieron imprescindibles hasta que fueron prohibidos por los emperadores cristianos.

Diversos autores latinos se encargaron de darnos a conocer estas múltiples supersticiones romanas. Una obra poco conocida de Cicerón (106-43 a.C.), titulada De Adivinatione, recoge algunas de estas creencias: “El tropezar, romper un cordón y estornudar tienen un significado supersticioso digno de atención”. Ovidio, en los Fastos, asegura: “si los proverbios tienen alguna importancia para tí, la gente dice que no es bueno para las esposas que se casen en mayo”.

Pero, sin duda, fue el escritor y historiador latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) el que se encargó de recopilar muchas de las supersticiones que practicaron los romanos y que luego, durante la Edad Media, pasaron a la cultura occidental. Su sobrino, Plinio el Joven, también se dedicó a esta clase de recopilaciones en su Epistolario, aunque con menos empeño. Hay algunas, tan conocidas hoy en día, como entrar en una habitación siempre con el pie derecho (ya mencionada por Petronio) o el exclamar “¡Salud!” cuando alguien estornuda en nuestra presencia (algo que exigía el emperador Tiberio) o bien el llevar consigo una pata de liebre o de conejo como amuleto para aliviarse de ciertas enfermedades o ahuyentar la mala suerte.

En su Historia Natural (enciclopédica obra compuesta por 37 libros sobre distintos aspectos del mundo de la naturaleza), Plinio el Viejo recoge creencias y supersticiones sobre los asuntos y objetos más variopintos, que van desde los alfileres (“tener varios alfileres que se hayan cogido de una tumba clavados en el umbral de una puerta es una protección contra las pesadillas nocturnas”) hasta los nudos (“Para curar las fiebres se suele poner una oruga en un trozo de lino con un hilo pasado tres veces alrededor y atado con tres nudos, repitiendo a cada nudo la razón por la que el mago realiza la operación”).

Se sabe que portaban toda clase de amuletos y que una de las supersticiones más extendidas era la utilización de tablillas (generalmente de plomo) donde aparecían los nombres a los que se quería hacer daño y que luego eran utilizados en un conjuro mágico.

Lo bueno, o lo malo, es que muchas de esas supersticiones las hemos heredado también nosotros…

 

9 febrero 2018 at 2:49 pm Deja un comentario

Lo que se obvia de la homosexualidad en la Antigua Roma, entre la difamación y el mito

En Roma era prioritario diferenciar quién ejercía el papel de activo y quién el de pasivo, tanto a nivel sexual como social. El sexo se veía como un juego de poder y la homosexualidad era tolerada, en tanto, se mantuviera la distancia social

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
7 de febrero de 2018

La vida sexual en la Antigüedad ha sido motivo de toda clase de mitificación. Grecia, y luego Roma, han sido fabulados como lugares donde la libertad sexual, indiferentemente de la inclinación de los amantes, se aceptaba a niveles que sonrojarían a puritanos de otros tiempos. Una idea simplista que ha dado como resultado afirmaciones erróneas como la de que Julio César o Alejandro Magno eran abiertamente homosexuales o que ir a una bacanal resultaba como quedar para tomar el aperitivo. La habitual morralla de cuando se analiza con ojos del presente acontecimientos y formas de pensar del pasado; y de cuando se trata de trasladar un concepto moderno a un tiempo donde ni siquiera existía una palabra equivalente a homosexualidad, ni en griego ni en latín.

El mito

Lejos del concepto moderno de homosexualidad entre adultos, los griegos practicaban la pederastia como una forma de introducción de los jóvenes (ya en la pubertad) a la sociedad adulta. Un mentor asumía la formación militar, académica y sexual de un joven –que no era considerado ni legal ni socialmente un hombre– hasta que alcanzaba la edad de casamiento. Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad alentaban este tipo de prácticas, que variaban radicalmente en función de qué ciudad-estado se trataba. Cosa distinta a la homosexualidad entre hombres adultos, que despertaba en muchas ocasiones comportamientos homófobos. Las relaciones entre hombres adultos de estatus social comparable, no así con esclavos, iban acompañadas de estigmatización social dada la importancia de la masculinidad en las sociedades griegas. La única excepción de normalidad social en estos casos se daba en antiguas relaciones pederastas que habían alcanzado la edad adulta.

Para los romanos la homosexualidad era también de carácter «punitivo», se sodomizaba a los prisioneros, a los enemigos, a los esclavos o a los extranjeros para dominarlos

A comienzos de la República romana, la homosexualidad estuvo penada incluso con la muerte por la ley Scantinia y quedó restringida en el ejército desde el siglo II a.C. Los elementos más conservadores de la sociedad romana calificaban estas relaciones como el «vicio griego» y lo atribuían a las causas de la decadencia de esta civilización. Solo el tiempo permitió que estas relaciones fueran aceptadas, aunque no faltaron los difamadores que sacaron provecho político al arte de los rumores de alcoba. Como recuerda el historiador Adrian Goldsworthy en el libro «César, la biografía definitiva», «aquellos senadores que tenían amantes varones solían hacerlo con discreción, a pesar de lo cual con frecuencia los opositores políticos les ridiculizaban públicamente».

Dos hombres y una mujer en un fresco de Pompeya.

Si bien en Grecia la línea roja la marcaba el que hubiera una diferencia de edad entre los amantes, en Roma era prioritario diferenciar quién ejercía el papel de activo y quién el de pasivo, tanto a nivel sexual como social. El sexo se veía como un juego de poder, donde lo aceptable venía marcado por la jerarquía social. Explica Javier Ramos en su libro «Eso no estaba en mi libro de Roma» (Almuzara) que «la pasividad en las relaciones entre hombres quedaba reservaba para los esclavos o para los adolescentes. Ser penetrado era la mayor de las humillaciones».

Asimismo, Alberto Angela, en su libro «Amor y sexo en la Antigua Roma» (Esfera de los libros), recuerda que para los romanos la homosexualidad era también de carácter «punitivo», se sodomizaba a los prisioneros, a los enemigos, a los esclavos o a los extranjeros para dominarlos. «Se sojuzgaba la virilidad ajena», apunta.

La difamación

Los opositores a Julio César usaron siempre los rumores de que en un viaje diplomático había mantenido relaciones homosexuales con Nicomedes IV, Rey de Bitinia, para erosionar la autoridad del dictador romano. La acusación era grave no por tratarse de una relación homosexual, la cual podía ser asumida, sino por haber ejercido supuestamente el papel de pasivo sexual con un extranjero. Julio César, que siempre negó la acusación, fue de hecho un conocido casanova con predilección por las esposas de otros senadores y cargos políticos. Aquel rumor supuso darle donde más le dolía.

La plebe y la aristocracia debían ser discretas en estas relaciones, no así los Emperadores. El historiador Edward Gibbon recuerda en su obra que de los doce primeros emperadores solo a Claudio le interesaban exclusivamente las mujeres. El emperador Nerón fue el primero que se casó con otro hombre, un joven eunuco de palacio llamado Esporo. Y de entre los amantes masculinos que se vinculan con Calígula se suele mencionar, entre los más conocidos, al histrión griego Mnéster y a su primo Emilio Lépido. Este último ejerció un papel protagonista a nivel político hasta que, a finales del 39, el emperador le acusó de encabezar un complot contra él y ordenó su ejecución. Lépido reconoció antes de morir que había tenido relaciones sexuales con el Emperador y que tenía el vientre dolorido de la pasión que en ellas había puesto, lo que insinuaba que había ejercido él el papel activo en el acto sexual.

Nada comparado con el escándalo que supuso el reinado de Heliogábalo. A principios del siglo III, este emperador asombró a sus contemporáneos casándose públicamente dos veces vestido de mujer, adoptando así explícitamente el papel pasivo en la relación.

Busto de Trajano

Con el reinado del emperador de origen hispano Trajano, que sentía gran admiración por la cultura helenística, se retornó parcialmente la práctica de la pederastia. A la conocida preferencia de este emperador por los jóvenes le siguió la que su sucesor, el también hispano Adriano, profesó especialmente a uno, el joven griego Antínoo. Tras su trágica muerte, ahogado en el río Nilo, Adriano erigió templos en Bitinia, Mantineia y Atenas en su honor, y hasta le dedicó una ciudad, Antinoópolis.

Por el contrario, el lesbianismo se estimaba una aberración a ojos romanos y la mayoría de autores pasan de puntillas por este tipo de relaciones. En su trabajo «Homosexualidad femenina en Grecia y Roma», el profesor Juan Francisco Martos Montiel, de la Universidad de Málaga concluye que la homosexualidad femenina, tenido por «condición de monstrum», «en la imaginación de griegos y romanos de época imperial no podía concebirse más que como el intento de una mujer de sustituir a un hombre, y de otra mujer de obtener de la relación homosexual, de modo completamente antinatural, el placer que solo los hombres podían proporcionar».

 

7 febrero 2018 at 6:32 pm Deja un comentario

Las cenizas de un legionario romano del siglo II, halladas en una olla en Israel

Una olla de cocina con restos, probablemente, de un legionario romano. / Yotam Tepper

Fuente: Ekaterina Rusakova / Texto traducido por María Cervantes | N + 1
29 de diciembre de 2017

Los arqueólogos de la Oficina de Antigüedades de Israel hallaron edificios de piedra y varios cientos de artefactos durante las excavaciones del antiguo campamento militar romano en el norte de Israel, informa Haaretz. Los científicos también encontraron una cueva artificial en la que había una olla de cocina con restos de un hombre incinerado, probablemente un soldado. En los siglos II-III d. C. en el campamento fue acantonada la Legio VI, que participó en la represión de la rebelión de Bar Kojba en 132-135.

La Legio VI Ferrata (Legio VI Ferrata Fidelis Constans) fue formada en la época de la República Romana. Bajo el liderazgo de Julio César, los legionarios participaron en la Guerra de las Galias. Más tarde, el gobernante los transfirió a Egipto. Desde el año 69 d. C., la Legio VI participó en la toma de Jerusalén. En el año 132, los soldados fueron enviados a luchar contra el levantamiento judío dirigido por Bar Kojba. Después de su represión, la Legio VI fue acuertalada en Galilea, cerca de la ruta comercial de importancia estratégica que lleva de Egipto a Siria. El lugar donde se construyó el fuerte lo empezaron a llamar Legio. En ese momento, las legiones tenían de 4.000 a 6.000 meimbros. Para el Mediterráneo oriental de esa época, un asentamiento de 5.000 personas se consideraba una gran ciudad. La última mención conocida de la legión se encuentra en las monedas con su número, halladas en Cesarea, Israel, que datan del año 244. A finales del siglo IV se considera que la legión fue disuelta, ya que no se menciona en la lista de autoridades del Imperio Romano.

Tabla de la Legio VI: VEXILLA TIO LEG VI FERR (escuadrón VI de la legión blindada)

Las excavaciones en Legio se llevaron a cabo en los años 2002 y 2003 y luego en 2013. Los arqueólogos liderados por Yotam Tepper descubrieron fragmentos de edificios, incluido el pretorio -la casa del comandante-. En 2017, los investigadores descubrieron los restos de la sede de la legión. Era un gran complejo con dimensiones de 100 × 100 metros, con una columnata en la fachada y una columnata dentro del edificio.

Las puertas que dirigen a la sede de la legión. / Yotam teper

 

Huellas de la sandalia de un legionario. / Yotam Tepper

Los arqueólogos han revisado lo hallado en la sede de la legión. Además de los productos petrificados de los legionarios, encontraron 200 monedas romanas de los siglos II-III d. C., fragmentos de cerámica, pedazos de vidrio y huesos de animales. Además, los científicos encontraron en el campamento una cueva artficial, y en ella una olla de cocina con los restos de un hombre incinerado, probablemente un soldado. “El entierro de restos cremados en ollas de cocina era una práctica común de los soldados romanos de la época. Encontramos varios otros entierros similares en todo el campamento”, dice el jefe de excavación Jotam Tepper.

Recientemente, arqueólogos israelíes descubrieron el lugar donde las tropas romanas irrumpieron en Jerusalén durante la guerra de los años 69-73. La ciudad fue destruida casi por completo, y el templo de Jerusalén fue destruido por el fuego.

 

30 diciembre 2017 at 11:06 am Deja un comentario

Solsticio: principio o fin

El bamboleo del planeta, que apenas dura un segundo, aún sobrecoge. Este fenómeno astrológico que marca la noche más larga del año dio origen a las fiestas paganas que precedieron a la Navidad

Personas reunidas en Stonehenge durante el solsticio de invierno en 2016. BEN BIRCHALL (PA IMAGES (CORDON))

Fuente: RICHARD COHEN EL PAÍS
21 de diciembre de 2017

El año está lleno de celebraciones y fiestas sagradas (aunque cada vez son menos sagradas), y la temporada navideña es la que está más llena de todas. Muy pronto estaremos —si no lo estamos ya— deseándonos unos a otros “Feliz Navidad”, “Bon Nadal”, “Bo Nadal” o “Eguberri on”. Pero antes llega el solsticio de invierno, el fenómeno astronómico que marca el día más corto y la noche más larga del año.

Todavía debería sorprendernos cómo se bambolea nuestro mundo. El planeta gira inclinándose sobre su eje como una peonza y, por tanto, rodea el Sol, situado en un ángulo que determina cuánta luz recibe cada parte del planeta en un momento dado. El mundo no solo da vueltas: su forma se altera ligeramente y su eje se mueve, un proceso denominado nutación, que quiere decir “cabeceo”. La inclinación de la Tierra y los efectos de su rotación diaria hacen que los dos puntos del cielo a los que apuntan los extremos opuestos del eje varíen muy despacio, en un círculo que se completa cada 26.000 años. A medida que la Tierra recorre su órbita, en el plazo de medio año, el hemisferio polar más alejado del Sol y que por tanto está en invierno se inclina hacia él y entra en el verano.

Aunque el solsticio no dura más que un instante, en algunas culturas lo consideran la mitad del invierno y en otras, en cambio, su principio. La mayoría de nosotros sabe todo esto, pero el paso de las estaciones sigue teniendo algo de sobrenatural. En Solstice (solsticio), un relato publicado por la escritora estadounidense Anne Enright este año en la revista The New Yorker, un hombre casado vuelve en coche a casa ese día. “Era el cambio del año”, empieza la historia. “Esas pocas horas que son como el parpadeo de un ojo inmenso, la justa luz para comprobar que el mundo sigue ahí, antes de volver a cerrarse… Parecía el final de las cosas. Daban ganas de recuperar la religión… Pensó en la posibilidad de que esta vez no saliera bien. De que esta vez el mundo girase y girase hasta hundirse en las sombras… En ese momento, lo creyera él o no, el sol se detendría en el cielo, o parecería detenerse. Interrumpiría su descenso y empezaría su lento viaje de regreso al verano y al centro del cielo”.

Desde siempre, los solsticios han provocado un extraordinario abanico de reacciones: ritos de fecundidad, fiestas del fuego, ruedas ardientes, ofrendas a los dioses. Solsticio procede de las palabras latinas sol y sistere, “detenerse”. Muchas costumbres invernales de Europa Occidental proceden de los antiguos romanos, que creían que el dios de las cosechas, Saturno, había gobernado la Tierra en una época anterior. Por eso celebraban el solsticio de invierno —y su promesa de la vuelta del verano— con las Saturnales, unas grandes fiestas llenas de regalos, intercambio de papeles (los esclavos reprendían a sus amos) y festividades públicas entre el 17 y el 24 de diciembre.

Los romanos no tenían claro cuándo celebrar el solsticio de invierno. Julio César decretó que el día más corto era el 25 de diciembre

La transición del Imperio Romano y sus rituales paganos al cristianismo se prolongó durante varios siglos y culminó en el gran triunfo militar de Constantino en el año 312. Él volvió a unir el imperio y puso fin a medio siglo de guerra civil. Constantino atribuyó su victoria al dios cristiano y promulgó unas leyes que promovían el cristianismo. Así que se apropió de muchas costumbres paganas para modificarlas, de forma que el Sol y el Hijo de Dios quedaron indisolublemente unidos en la cabeza de la gente.

Aunque el Nuevo Testamento no ofrece ningún indicio de la verdadera fecha en la que nació Jesús (los primeros autores hablan más bien de primavera), en el año 354 Liberio, obispo de Roma, la fijó en el 25 de diciembre. En todos los países cristianos, la Navidad absorbió gradualmente todos los demás ritos del solsticio de invierno, de modo que, por ejemplo, los discos solares que antiguamente se pintaban tras las cabezas de los gobernantes en Asia pasaron a ser los halos de las figuras cristianas; la Misa del Gallo española, la misa de medianoche, se llama así porque se supone que cantó un gallo la noche que nació Jesús. Hasta entonces, los gallos se relacionaban con el sol, porque más bien cantan antes del amanecer. Pero la tradición cristiana los incluyó en el relato de san Pedro y su triple negación de Cristo antes de que el gallo cantara tres veces, y acabaron simbolizando al pecador que acepta el perdón divino a través de Jesucristo.

Durante mucho tiempo, a las festividades se les asignaba una fecha aleatoria. Los romanos no tenían claro cuándo celebrar el solsticio de invierno. Julio César decretó oficialmente que el día más corto del año era el 25 de diciembre. En el siglo I después de Cristo, Plinio lo situó en el 26, y su contemporáneo Lucio Columela, experto en agricultura, escogió el 23. En el año 567, el Concilio de Tours proclamó que todo el periodo desde Navidad hasta la fiesta de la Epifanía debía ser un mismo ciclo, y en el siglo VII estaba ya vigente el periodo de 12 días de paz, vida hogareña, fiestas y espíritu caritativo.

Sin embargo, el solsticio de invierno sigue cambiando de día. Puede caer en cualquier punto entre el 20 y el 22 de diciembre, dependiendo del huso horario. No es frecuente que caiga el 22 de diciembre: el último fue en 1975 y no se repetirá hasta 2203. El de este año se producirá para el centro de España exactamente el 21 de diciembre, a las 17.28.

Al final del relato de Anne Enright, el padre vuelve a casa y se dirige al dormitorio de su hijo. El niño está en la cama, sentado con las piernas cruzadas y los ojos apretados.

—Silencio —dice—. ¿Está pasando?

—Dentro de un minuto —responde el padre.

—¿Ya?

Pasan los segundos. El niño aprieta todavía más los párpados.

—¿Ya?

—Sí.

_____________________

Richard Cohen es editor y autor de ‘Persiguiendo el sol. La historia épica del astro que nos da la vida’ (Turner) y de ‘How to Write Like Tolstoy’, cuya traducción en español será publicada en otoño de 2018 por Blackie Books.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

 

21 diciembre 2017 at 8:57 am Deja un comentario

Hallan estructuras romanas monumentales y misteriosas en el antiguo puerto de Corinto

Este año han sido excavadas por primera vez las estructuras romanas del puerto de Lequeo, que fue el principal puerto de Corinto (Grecia)

Diques monumentales. Los diques monumentales L-M1 (izquierda) y L-M2 (derecha) dominando el puerto exterior de Lequeo. Foto: K. Xenikakis & S. Gesafidis

Fuente: ALEC FORSSMANN NATIONAL GEOGRAPHIC
14 de diciembre de 2017

La antigua ciudad de Corinto estaba localizada en el istmo que une la Grecia continental con la península del Peloponeso y junto al Acrocorinto, una elevación rocosa, donde se practicaba la prostitución sagrada. Corinto era un hervidero de negocios y placer, de mercados negros y vicios oscuros que atrajeron a ricos y ambiciosos comerciantes de todos los rincones del Mediterráneo. La ciudad, gracias a su inmejorable posición estratégica, controlaba el tráfico naval y el comercio marítimo entre el este y el oeste del Mediterráneo. Mucho antes de la construcción del canal de Corinto (finales del siglo XIX) ya existía el Diolkos, una calzada que permitía acarrerar barcos y su carga de forma segura y de un lado al otro del istmo, con lo cual los barcos se ahorraban el viaje alrededor de la ventosa península. Roma derrotó a los ejércitos griegos y arrasó Corinto en el 146 a.C. Pasó más de un siglo hasta que la ciudad de Corinto fue reconstruida, en época de Julio César, quien reconoció su valor estratégico. En el año 44 a.C., la colonia fue nombrada en su honor: Colonia Laus Iulia Corinthiensis.

Un monumento misterioso y los posibles cimientos de un faro

Este año han sido excavadas por primera vez las estructuras romanas del puerto de Lequeo, que fue el principal puerto de Corinto, por un equipo de arqueólogos de la Universidad de Copenhague y de la Eforía de Antigüedades Subacuáticas de Grecia, según informa Bjorn Lovén, el codirector del proyecto, a National Geographic. Los restos de un misterioso monumento, ubicado en una isla en medio de la dársena 3 del puerto, han sido datados a comienzos del siglo I d.C. La estructura probablemente fue erigida como parte de un programa romano de construcción cuya finalidad era la recuperación de Corinto, lo mismo que un enorme dique de 45 metros de largo y cuatro de alto, construido con la misma orientación que la misteriosa estructura en la isla. “Además hemos detectado una nueva dársena de unos 40.000 m² en el puerto exterior, y los posibles cimientos de un faro“, asegura Lovén, de la Universidad de Copenhague, quien dirige el proyecto junto con Dimitris Kourkoumelis. “El monumento de la isla fue destruido por un terremoto entre los años 40 y 125 d.C. Podría tratarse de la primera evidencia del terremoto que tuvo lugar en torno al año 70 d.C., en tiempos del emperador Vespasiano, y que se menciona en los textos clásicos. Más tarde, en el siglo VI d.C., otro gran terremto sacudió Lequeo e hizo que el puerto se elevara al menos 1,2 metros. Es posible que la dársena 4 del puerto, flanqueada por enormes pilas de escombros, fuera construida durante ese período”, señala Guy Sanders, el antiguo director de las excavaciones en Corinto.

Excavación de un dique. Los arqueólogos subacuáticos Matej Školc y Alex Tourtas excavan el dique L-M2 en el puerto exterior. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Imagen detallada. Imagen detallada de la excavación del dique L-M2. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Cimentación de un dique. El arqueólogo subacuático Matej Školc excava cuidadosamente la cimentación del dique L-M2. Foto: Vassilis Tsiairis / LHP 2017

 

Ajetreo diario. Ilustración de Yiannis Nakas que muestra el ajetreo diario en el puerto romano de Lequeo. Ilustración: Yiannis Nakas 2017 / LHP 2017

 

Monumento misterioso. Los restos del misterioso monumento situado en una isla en el centro de la dársena 3 del puerto de Lequeo. Foto: Spyros Kokkinakis & Bjorn Lovén / LHP 2017

 

Ancla. Ancla encontrado durante la excavación del misterioso monumento en la isla. Foto: Vassilis Tsiairis / LHP 2017

 

Moneda corintia. Moneda corintia de época romana (177-192 d.C.) que muestra un faro. Foto: Münzkabinett der Staatlichen Museen zu Berlin Acc. 1852/9550

 

Reconstrucción artística del faro. Reconstrucción artística del faro que aparece en la moneda corintia de época romana. Ilustración: Yiannis Nakas 2017 / LHP 2017

 

Poste de madera. Poste de madera de 2.000 años de antigüedad perfectamente conservado. Foto: Angeliki Zisi / LHP 2017

 

Mapa de Grecia. Mapa de Grecia que muestra dos rutas marítimas importantes en tiempos antiguos: una por el sur del Peloponeso y otra más directa a través del istimo de Corinto. Imagen: ASCSA CC BY-SA 2015 / Bjorn Lovén

 

 

14 diciembre 2017 at 11:58 pm Deja un comentario

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