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Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes, de Rubens, con comentarios en latín

Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes (1617 – 1618) de Pedro Pablo Rubens con comentarios en latín de Jorge Tárrega Garrido, Presidente del Collegium Latinitatis.

Esta presentación forma parte de una serie de recorridos didácticos impartidos en latín para conocer las principales obras mitológicas de Rubens entre las que también figuran El juicio de Paris, Las tres Gracias y El banquete de Tereo.

Esta iniciativa propone aunar la cultura artística y la lengua fundacional de la cultura europea, que sirvió de vehículo de comunicación durante siglos.

Más información sobre esta obra:
https://www.museodelprado.es/coleccio…

Fuente: Fuente: Canal del Museo Nacional del Prado en Youtube

 

28 junio 2017 at 9:05 pm Deja un comentario

Banquete de Tereo, de Rubens, con comentarios en latín

Banquete de Tereo (1636 – 1638) de Pedro Pablo Rubens (y taller) con comentarios en latín de Esteban Bérchez Castaño, vicepresidente del Collegium Latinitatis.

Esta presentación forma parte de una serie de recorridos didácticos impartidos en latín para conocer las principales obras mitológicas de Rubens entre las que también figuran Las tres Gracias, El juicio de Paris y Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes.

Esta iniciativa propone aunar la cultura artística y la lengua fundacional de la cultura europea, que sirvió de vehículo de comunicación durante siglos.

Más información sobre esta obra:
https://www.museodelprado.es/coleccio…

Fuente: Fuente: Canal del Museo Nacional del Prado en Youtube

 

28 junio 2017 at 8:55 pm Deja un comentario

El juicio de Paris, de Rubens, con comentarios en latín

El juicio de Paris (h. 1638) de Pedro Pablo Rubens con comentarios en latín de Jorge Tárrega Garrido, presidente del Collegium Latinitatis.

Esta presentación forma parte de una serie de recorridos didácticos impartidos en latín para conocer las principales obras mitológicas de Rubens entre las que también figuran Las tres Gracias, El banquete de Tereo y Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes.

Esta iniciativa propone aunar la cultura artística y la lengua fundacional de la cultura europea, que sirvió de vehículo de comunicación durante siglos.

Más información sobre esta obra:
https://www.museodelprado.es/coleccio…

Fuente: Canal del Museo Nacional del Prado en Youtube

 

28 junio 2017 at 8:45 pm Deja un comentario

Las tres Gracias, de Rubens, con comentarios en latín

Las tres Gracias (1630 – 1635) de Pedro Pablo Rubens con comentarios en latín de Esteban Bérchez Castaño, vicepresidente del Collegium Latinitatis.

Esta presentación forma parte de una serie de recorridos didácticos impartidos en latín para conocer las principales obras mitológicas de Rubens entre las que también figuran El juicio de Paris, El banquete de Tereo y Aquiles descubierto por Ulises y Diómedes.

Esta iniciativa propone aunar la cultura artística y la lengua fundacional de la cultura europea, que sirvió de vehículo de comunicación durante siglos.

Más información sobre esta obra:
https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/las-tres-gracias/145eadd9-0b54-4b2d-affe-09af370b6932?searchMeta=las%20tres%20gracias

Fuente: Canal del Museo Nacional del Prado en Youtube

 

28 junio 2017 at 8:35 pm Deja un comentario

La gran mentira de las amazonas: las arqueras mutiladas que esclavizaban a los hombres

  • La Mitología afirma que estas guerreras se quemaban un pecho para mejorar su puntería y que únicamente mantenían relaciones sexuales una vez al año. Sin embargo, los historiadores debaten todavía hoy su existencia real
  • Aprovechando el estreno de la película «Wonder Woman» (cuya protagonista es una princesa de esta tribu) algunos expertos han afirmado que, en realidad, estas combatientes jamás existieron ¿Realidad o leyenda?

Fuente: MANUEL P. VILLATORO  |  ABC
21 de junio de 2017

Según la mitología (azuzada por historiadores como Heródoto o Plutarco) las amazonas eran un pueblo de mujeres guerreras expertas en el uso del arco y más que diestras a la hora de cabalgar. La leyenda, con todo, ha tenido un doble rasero con ellas. Y es que, afirma también de ellas que se quemaban el seno derecho para que este no les molestara a la hora de apuntar y disparar; que odiaban a los hombres (únicamente mantenían relaciones sexuales con ellos una vez al año para perpetuar su linaje); y que ahogaban en muchos casos a sus vástagos si estos eran varones.

Sin embargo, a día de hoy su existencia se encuentra entre la realidad y la leyenda. Un debate que ha vuelto a reabrirse después de que se haya estrenado en los cines el popular largometraje «Wonder Woman» (la princesa amazona más famosa de los cómics).

La llegada a la gran pantalla de esta película ha sido aprovechada por algunos historiadores como John Man. El también antropólogo ha publicado recientemente una obra en la que -según sus palabras- demuestra que el mito sobre estas combatientes es «una auténtica basura y una verdadera tontería». Al menos, así lo afirmó la semana pasada en una entrevista concedida al diario «Daily Mail».

En palabras de Man, la leyenda de las amazonas fue fabricada por los griegos con el objetivo de «apuntalar su idea de sí mismos». La explicación que aporta el historiador y antropólogo es sencilla: aunque estas «inexistentes» guerreras eran letales, sus atributos más laureados eran los que habitualmente se asociaban al género masculino.

Con todo, otros expertos como el arqueólogo Carlos Alonso del Real fueron más benévolos en vida con dichas guerreras. Este autor español (uno de los grandes estudiosos del tema en nuestro país) no dudó en vida de la historicidad de dichas mujeres y estudió de forma exhaustiva cuál era la realidad y cuál la leyenda sobre ellas. En todo caso, la pregunta sigue viva… ¿Realidad o mito?

El mito

Tal y como afirma Liliana Pégolo (del Instituto de Historia Antigua de la Universidad de Buenos Aires) en su dossier «Del mito de las amazonas a las mujeres santas»: «la narración fabulosa de las amazonas entra en la historia cultural griega durante la primera mitad del siglo VI a.C.». A partir de ese momento se las empieza a definir (según determina el autor Liliana Pégolo en su obra «Mujeres de capa y espada») como «un grupo de mujeres guerreras, supuestamente hijas de Ares, siendo su madre en la mayoría de los casos, Harmonia». De esta guisa, aquella tribu tendría la sangre del mismísimo dios de la guerra y de la diosa de la armonía y la concordia.

Con todo, esta es una de las teorías mitológicas que, entre otros, defendió Apolonio de Rodas (siglo III a.C.). Este autor era partidario de que Harmonia era la amante de Ares, y no su hija (como hasta ese momento se creía). Así lo afirma en el Canto II de las Argonáuticas (su obra más destacada): «Que no eran en vano [las amazonas] de la raza de Ares y la Ninfa Harmonia, aquella que al dios Ares le alumbró unas hijas amantes de las guerras tras haberse acostado con él en la espesura del bosque de Acmón».

Independientemente de los líos de faldas, de las amazonas ya se había hablado anteriormente. Ejemplo de ello es que Homero (siglo VIII a.C.) las define en la Íliada como una tribu de guerreras «varoniles».

El combate de las amazonas – Rubens

En todo caso, tanto para Solís, como para otros autores como Elsa Felder (quien desvela los pormenores de dichas guerreras en «Vida y pasión de grandes mujeres»), estas letales combatientes se organizaban en un estricto sistema matriarcal en el que la máxima autoridad era la reina. Una gobernante, por cierto, cuya forma de acceder al trono es desconocida a día de hoy. Ya fuera por herencia o por valentía en el combate, esta regente gobernaba una región que (según la mayoría de los historiadores clásicos) era exclusivamente femenina.

Pero, ¿dónde residían estas mujeres tan peculiares? La lista de sus posibles asentamientos es innumerable atendiendo a las fuentes, pero la mayoría de autores coinciden en ubicarlas en los alrededores del Cáucaso.

«Los griegos les atribuían existencia histórica y colocaban su reino, ora en las pendientes del Cáucaso, ora en Tracia, o en la Escitia meridional, en las llanuras de la orilla izquierda del Danubio», destaca la autora en su obra. Apolonio de Rodas, por su parte, sitúa la región en la que vivían las amazonas en la costa de Ponto Euxino (Mar Negro), junto a la desembocadura del río Termodonte (al norte de la actual Turquía): «Más allá de la desembocadura del Termodonte expande sus aguas en un golfo tranquilo a los pies del cabo Temiscirio, tras haber atravesado una amplia llanura. Allí se encuentra la llanura de Deante, y cerca de ella las tres ciudades de las Amazonas».

Guerreras a caballo

Solís y Felder coinciden en que -según la tradición- las amazonas fueron las primeras en montar a caballo. Y no solo eso, sino que mantenían una relación especialmente buena con los jamelgos y se entrenaban durante horas para ser unas verdaderas maestras en el arte de la equitación.

En palabras del primer autor, de hecho, cabalgaban de una forma tan perfecta que «podían bailar encima del caballo, levantarse cuando iban a galope, saltar de un caballo a otro y saltar sin silla a través del fuego». Tal era su nivel de compenetración con sus monturas, que el nombre de muchas de estas guerreras estaba formado por el prefijo griego «Hipo-» («caballo»). Ejemplo de ello fue -entre otras tantas- la reina Hipólita.

Representación de una amazona (siglo V a.C.) – Wikimedia

Si su primera virtud era el saber montar a caballo, la segunda era su capacidad para el combate. Ya fuera a pie o en montura (preferían lo segundo) guerreaban utilizando un amplio arsenal de hachas de batalla, espadas y escudos de media luna. Con todo, su arma favorita era el arco.

De hecho, su puntería era extremadamente buena por una razón que explica (entre otros autores) el médico griego Hipócrates, y que replica Felder: «Se aseguraba que a las niñas les cercenaban el seno derecho para que al ejercitarse en el tiro con arco y flecha, en el que eran las amazonas extraordinarias, pudieran sujetar con comodidad dicho arco sobre el pecho». Al parecer, de esta leyenda podría provenir su nombre ya que, en griego, el término «amazoi» significa «sin pecho». Con todo, esta es sólo una de las teorías. Otras afirman que su origen es el vocablo iraní «hamazam» (cuya traducción viene a ser «guerreras»).

Si su primera virtud era el saber montar a caballo, la segunda era su capacidad para el combate

Por otro lado, también se afirma que las amazonas fueron de las primeras en usar el hierro; que eran sumamente bellas (Pégolo las define como «mujeres hermosas y sexualmente apetecibles que subliman sus deseos sexuales»); y que se vestían con una túnica muy ceñida y corta que abierta habitualmente a un lado para que sus enemigos viesen su figura. «Su objetivo no era enseñar a los extranjeros que vestían un atuendo fantástico, sino indicarles explícitamente que eran mujeres y estaban guerreando contra hombres» afirma, en este caso, Solís. En cuanto a su culto, rendían pleitesía a Artemisa (diosa de la caza). Así lo cree y lo deja patente la historiadora Sarah B. Pomeroy en «Diosas, rameras, esposas y esclavas», un libro en el que explica que esta deidad era «una cazadora diestra en el uso del arco» que prefería «emplear su tiempo en la montaña y en los bosques, junto a los animales, lejos de la compañía de hombres y de los dioses».

Hombres ‘odiosos’

Guerreras letales, geniales arqueras, y excelentes a la hora de cabalgar en batalla. Las amazonas han pasado a la historia por esta retahíla de características. Sin embargo, también se han hecho famosas por su extremo odio hacia los hombres. Su misandría queda reflejada en que -atendiendo a la mayoría de las fuentes- residían en comunidades en las que los hombres tenían prohibido el acceso.

Con todo, y como suele suceder con la mayoría estas leyendas con siglos y siglos de antigüedad, algunos autores también son partidarios de que algunos hombres vivían con ellas. Aunque eso sí, como sirvientes y llevando a cabo únicamente las tareas más bajas de la sociedad.

En todo caso, en lo que sí coinciden una gran parte de los autores es en que las guerreras amazonas solían guardar celibato durante casi toda su vida. Tan solo yacían con hombres una vez al año, cuando visitaban a los varones de las tribus vecinas (la más famosa es la de los Gargarios). Y lo hacían únicamente con el objetivo de perpetuar su tribu.

Es precisamente en este punto donde la historia (verdadera o no) de las amazonas se pone macabra. Y es que, una de las teorías sobre la tribu señala que no tenían piedad si daban a luz a un varón. Así lo afirma el historiador Javier Ocampo López en su obra «Mitos y leyendas latinoamericanas»: «Después de los partos, las amazonas mataban a los varones». Con todo, otra versión afirma que no los asesinaban, sino que únicamente les arrancaban los ojos antes de devolverles con sus padres. La interpretación más amable determina que se limitaban a dejarles salir de sus dominios para que huyeran.

Talestris, reina de las amazonas, visitando a Alejandro Magno – Wikimedia

Esta última es apoyada, por ejemplo, por la catedrática en historia antigua Ana Iriarte Goñi en su libro «De amazonas a ciudadanos», quien es partidaria de que «tras dar a luz a los retoños así concebidos, las amazonas se quedaban con las niñas y entregaban los niños al grupo de padres, quienes los admitían individualmente con la duda razonable de que el niño recibido sea su descendiente».

Con las hembras eran más benévolas. Si daban a luz a una niña la entrenaban en la caza y en el arte de la guerra para que fuera una futura guerrera amazona. Y lo hacían, por cierto, mediante la leche del pecho izquierdo.

En todo caso el valor de las amazonas, así como su odio hacia los hombres, dejó una huella imborrable en la historia. Una marca que quedó patente, por ejemplo, en el discurso fúnebre del orador ático Lisias (siglo V a.C.): «Existieron en tiempos las Amazonas, hijas de Ares […] Y eran consideradas más bien como varones por su valor que como hembras por su sexo; pues, con respecto a los varones, parecía mayor la superioridad de sus espíritus que la inferioridad de su apariencia. Dominaban muchas razas y tenían de hecho avasallados a sus vecinos».

Pentesilea y Hipólita

Al igual que las mismas amazonas, las gestas militares de estas combatientes se debaten entre el mito y la leyenda. Virgilio (siglo I a.C.) afirma en su «Eneida» que, durante la guerra de Troya, estas mujeres acudieron en ayuda de Príamo para defender la ciudad. En su texto, el poeta explica el combate que mantuvo (presuntamente) la reina de esta tribu, Pentesilea, contra el héroe Aquiles.

«La fogosa Pentesilea conduce las huestes de las amazonas, con sus broqueles en forma de media luna, y brilla por su ardor en medio de la muchedumbre, atando el dorado ceñidor bajo el descubierto pecho, y guerrera virgen, osa competir en denuedo con los hombres. La lucha no fue precisamente bien para nuestra protagonista, pues murió después de que su enemigo le clavara una lanza en el pecho. Se cuenta que, cuando el varón levantó el casco de la guerrera, quedó prendada totalmente de su belleza.

Pero la historia de Pentesilea no fue la única de una destacada amazona. Otra de ellas fue Hipólita. Según narra la mitología (y partiendo de la base de que existen múltiples versiones sobre el devenir de esta mujer atendiendo a las fuentes) la guerrera fue una de las más destacadas de su tribu. Sin embargo, tuvo la mala suerte de toparse con Hércules quien, como parte de sus populares «trabajos», recibió el encargo de robarle a la regente su ceñidor. Una prenda similar a un cinturón de castidad que había recibido del mismísimo Ares.

La muerte de Pentesilea

En palabras de Felder (quien se basa, a su vez, en los textos de historiadores y poetas clásicos como Heródoto) Hércules se presentó ante la misma Hipólita dispuesto a arrebatarle el cinturón de castidad. Pero no le hizo falta, pues la misma monarca se lo ofreció voluntariamente junto con su virginidad. «Por desdicha de la pareja, era tradición entre las amazonas que, antes de acostarse con un hombre, lucharan con él para probar si la fortaleza del elegido le hacía digno de gestar sus futuras hijas», determina la autora. Según la mitología, cuando comenzaron el combate, Hera (que los estaba espiando y que odiaba a Hércules) hizo creer a todas las amazonas que el héroe trataba de matar a la mujer.

Atendiendo a la fuente existen hasta cuatro finales diferentes para esta historia. Sin embargo, el más famoso es el que afirma que Hércules hizo uso de su descomunal fuerza para acabar con todas las amazonas. Por desgracia, terminó también con la vida de Hipólita. «Su hermana Antíope fue obligada a rendirse y formó parte del botín de guerra de Hércules, junto con el famoso ceñidor», completa la experta.

Mención destacada requieren también las guerreras definidas por el historiador griego Diodoro de Sicilia (siglo I a.C.). Este autor dejó explicado en sus textos que existía una raza de amazonas guerreras con unas costumbres similares a las ya mencionadas, pero residentes en África (o las Canarias, atendiendo a las interpretaciones posteriores).

El autor no habla solo de las combatientes, sino que también hace mención a su reina: Mirina. Así lo dejó escrito: «Acometieron grandes empresas, pues les invadía el deseo de atacar muchas partes del mundo habitado […]. Marcharon primero contra los atlantes. Mirina, que reinaba entre las amazonas, constituyó un ejército de 30.000 infantes y de 3.000 jinetes». Su victoria fue total. Sin embargo, estas combatientes fueron vencidas a la postres también por Hércules.

 

21 junio 2017 at 8:10 am Deja un comentario

18 maneras de morir…como un héroe

Carlos García Gual publica “La muerte de los héroes”: aquí algunas de las maneras de irse de los héroes.

baco

Baco, cómplice de la muerte de Penteo, despedazado por mujeres

Fuente: JUAN CARLOS LAVIANA  |  El Español
14 de enero de 2017

Carlos García Gual es uno de los mayores especialistas españoles en la Grecia clásica. Cada nueva publicación suya es un acontecimiento. No sólo para el mundo académico, sino para el lector en general, al que el catedrático sabe entusiasmar con la mitología, como si se tratara de un libro de aventuras sin perder una pizca rigor.

Esta vez se ha centrado en un aspecto muy concreto: La última escena de la trayectoria de mitos y héroes, personajes especiales hasta en su manera de morir. Vivir como un héroe es difícil, pero morir heroicamente es mucho más complicado. Al fin y al cabo, la muerte es el más humano de los actos de los mortales. En La muerte de los héroes (Turner), García Gual, repasa la aventura final de seres que tuvieron una vida llena de fascinantes peripecias. Y es que, como escribe el autor en la introducción, “el mero morir no es algo extraordinario”. Estas son sólo algunas de las maneras de irse de los héroes, probablemente el momento en que se muestran más humanos.

1. Anciano, ciego y exiliado

No es una manera muy heroica de morir, pero así acabó sus días Edipo. El rey de Tebas se arrancó los ojos y se condenó a sí mismo al exilio. Tamaño castigo era el precio pagado por haber mantenido relaciones con su madre, Yocasta, que se suicidó sobre el tálamo conyugal, tras descubrir que se había casado con su propio hijo.

2. Abrasado por una túnica

Heracles fue víctima de un regalo de su esposa. No se lo ocurrió mejor cosa que volver a casa, tras la batalla, con la bella y joven hija del rey al que acaba de vencer. Su mujer untó con sangre de un centauro una túnica que había hecho con todo su amor para el marido. Cuanto éste se la puso empezó a sufrir horribles dolores, a abrasarse y agitarse entre gritos de desesperación. Ordenó que prendieran fuego a una pira y se lanzó sobre ella hasta ser consumido por las llamas. Cruel agonía. Afortunadamente, la historia no acaba aquí. Zeus, por un favor especial, lo hizo inmortal como premio a su heroicidad.

3. Petrificado

Perseo utilizaba la cabeza que había cortado a una medusa para dejar petrificado al enemigo cuando se la enseñaba. En una pelea con Cegeo, padre de su amada Andrómeda, usó su arma, pero no hizo ningún efecto, ya que el viejo era ciego. Volvió la cabeza hacia así, creyendo que el arma había perdido su efecto, y el que se quedó petrificado fue él. El autor no da mucha fiabilidad a esta versión, pero sí le concede un gran sentido del humor.

4. Despedazado por mujeres

El poeta y cantor Orfeo se volvió misógino después de perder a su joven mujer, que murió envenenada tras pisar una serpiente. El poeta, que decía haber descubierto la forma de curar enfermedades y evitar la venganza divina, arrastraba tras de sí a un buen número de hombres. Sus mujeres, enfurecidas y envalentonadas por ritos báquicos, lo despedazaron miembro a miembro y lanzaron sus restos al mar.

De forma muy parecida encuentra la muerte Penteo, joven rey tebano. Diniosio (Baco) había convencido a las mujeres de Tebas de que abandonaran a maridos e hijos para ir al bosque a bailar día y noche con las bacantes. Disfrazado de mujer, Penteo intentó averiguar lo que pasaba, ya que se imaginaba que allí se celebran orgías de toda índole. Pero fue descubierto y descuartizado por las mujeres furiosas. Su propia madre, creyendo que era un león, le arrancó la cabeza. Sus restos aparecerían repartidos por las ramas. Cuentan que a punto de expirar, Penteo exclamó: “¡Ahora comprendo!”.

5. Partido por un rayo

Es una muerte frecuente, símbolo de la ira de los dioses y de purificación como el fuego. Algunas versiones aseguran que Orfeo murió así y no atacado por las mujeres. Lo que parece más seguro es que eso fue lo que le ocurrió a Asclepio. El centauro que le había criado le había enseñado poderes especiales para curar enfermos, y hasta llegó a resucitar a un muerto. Zeus no lo podía tolerar -temía que le hiciera la competencia- y puso fin a la historia fulminándolo con un rayo.

6. Aplastado por un mástil

Héroe y mujeriego, Jasón, el capitán de la célebre nave Argo, la de los argonautas, puso fin a sus aventureras tras algunos fracasos y después de mucho vagar sin rumbo. Deprimido, se encontraba sentado junto a su nave, ya en un estado ruinoso, cuando de repente se le vino encima el mástil que le aplastó.

7. Tragado por la tierra

Anfiarao -rey, héroe y profeta- tenía la desgracia de prever el futuro. Fue uno de los siete magníficos que asediaron Tebas. Sabía que iba a morir en la batalla, pero no logró persuadir a sus compañeros para retirarse, así que su honor le obligó a seguir adelante. Una enorme zanja se abrió a su paso –otra vez la acción de un rayo de Zeus-, y la tierra le devoró a él y a sus caballos.

8. En una emboscada

Alcmeón participó heroicamente en la segunda ofensiva sobre Tebas, la de los hijos de los siete magníficos. Pero no moriría de forma ejemplar, sino de una forma mucho más mundana: en una emboscada de su suegro y sus cuñados tras haber engañado a su mujer.

9. Despeñado en un barranco

A Teseo, monarca y aventurero, se le atribuyen un sinnúmero de hazañas, pero alcanzó la fama tras secuestrar a Helena, la espartana. Huido de Atenas, fue a visitar al rey de los escirios, Licomedes, probablemente en busca de ayuda. Pero el monarca era fiel a las nuevas autoridades, así que le persuadió para subir a una montaña con la excusa de enseñarle los campos. Desde lo alto, le empujó al vació por un barranco. Hay quien dice que no, que, en realidad Teseo estuvo torpe, se tropezó y se cayó.

10. Una muerte en vida

Sísifo fue condenado a trabajos forzados por haber desafiado a los dioses, tratando de evitar la muerte. Ya se sabe, subir la piedra a lo alto de la montaña; y una vez allí, ver que invariablemente la piedra rueda ladera abajo… y vuelta a empezar. El castigo eterno. Probablemente Sísifo ya no quisiera evitar la muerte visto lo visto, pero para su desgracia moriría de viejo.

11. Descabalgado del caballo

Belerofonte, soberbio y arrogante, también desafió a los dioses. Cabalgando su caballo alado, Pegaso, trató de cruzar los cielos, para alcanzar el reino divino. Zeus, enfurecido, lo desmontó haciéndole caer al vacío.

12. A hachazos en la bañera

Hay al menos dos versiones de la muerte del rey Agamenón. Una asegura que la adúltera de su esposa le cubrió con una red para inmovilizarle cuando se estaba bañando, y a continuación acabó con él a hachazos. Y la otra sostiene que murió por los tajos de la espada del amante de su mujer en medio de un banquete organizado en su propia casa por su ‘maldita esposa’ y el rival.

13. Un flechazo en el talón

La de Aquiles es probablemente la muerte más célebre de la Antigüedad. Recién nacido, había sido sumergido por su madre en la laguna Estigia para hacerlo invencible, con tan mala fortuna que al tenerlo cogido por los tobillos impidió que los talones se mojaran. Y claro, en una batalla de la guerra de Troya, una flecha fue a dar precisamente en su talón. Menos claro está quién le mató: si fue Zeus directamente, si fue su enemigo Paris, o si Paris disparó la flecha, pero Zeus la dirigió. El caso es que murió.

14. Clavándose la propia espada

De un heroico guerrero del tamaño de Ayax, famoso por su gran estatura y por el tamaño de su lanza y de su escudo, cabía esperar una muerte sublime, pero no. En un rapto de locura, había degollado varios carneros en el campamento. Se sintió tan avergonzado al volver en sí, que espetó la espada por la empuñadura en la arena de la playa, y se lanzó con todas sus fuerzas contra el filo enhiesto.

15. Ahogado en el mar

Ayax el menor fue otro que también desafió a los dioses. Al volver de la guerra de Troya, sobrevivió milagrosamente a un naufragio. Se jactaba de forma soberbia de haber eludido los designios divinos. Poseidón lo oyó y de un arrebato partió en dos la roca en la que se encontraba Ayax, de forma que el arrogante marino se hundió en las profundidades.

16. Atravesado por una lanza

El más legendario de los héroes homéricos, Ulises, tampoco tuvo una muerte a la altura de su vida. Disfrutaba de una “suave vejez” en Ítaca. Oyó ruido y pensó que alguien intentaba robar su ganado. Intentó impedirlo, pero un intruso le atravesó con una lanza reforzada por la espina de una raya. El extraño, que no había reconocido al viejo, era en realidad Telégono, el hijo que Ulises había tenido, sin saberlo, con Circe durante uno de sus viajes.

17. En un duelo

Paris, el raptor de Helena, el que desencadenó la guerra de Troya, murió asaetado durante un duelo de arqueros con Filoctetes. Primero disparó Paris y falló. Luego disparó su oponente y le atravesó una mano. Volvió a disparar y le dio en el ojo. Luego, le traspasó ambos pies cuando ya huía. Finalmente, lo remató ya en el suelo.

También en un duelo, pero en este caso de lanzas, murió Héctor. Se midió con Aquiles. Tras fallar los dos contendientes en el primer lanzamiento, la diosa Atenea le dio a Aquiles una nueva lanza, con la que éste fulminó a Héctor. Es sabido que los dioses también tienen sus debilidades.

18. Ahorcada en su propio sepulcro

Antígona es la heroína rebelde por excelencia, defensora de los intereses privados de su familia frente a los públicos del Estado. El rey Creonte había prohibido dar sepultura a su hermano Polinices, acusado de traidor. Antígona desafió al monarca echando un puñado de tierra sobre el cadáver. Fue detenida y encerrada viva en una sepultura excavada en una roca, pero ella se ahorcó adelantándose así la ejecución de su condena.

 

14 enero 2017 at 2:11 pm Deja un comentario

Los héroes también mueren, y generalmente de mala manera

Carlos García Gual repasa en su nuevo libro el final de 25 famosos personajes de los mitos griegos. “No abunda la bella muerte”, subraya el escritor, crítico y traductor

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Áyax se da muerte con su espada, siglos VI-IV antes de Cristo.

Fuente: JACINTO ANTÓN > Barcelona  |  EL PAÍS
18 de diciembre de 2016

La última aventura del héroe es su muerte, y a menudo no resulta acorde con su vida. Grandes héroes clásicos han tenido muertes malas, miserables, infames, extrañas y hasta risibles. Al aventurero Jasón, el líder de los Argonautas que consiguieron el Vellocino de Oro, lo mató su propio barco, el viejo Argo, cuando un día que el héroe descansaba a la sombra del navío varado y carcomido le cayó en la cabeza el mástil, que ya es muerte tonta cuando has lidiado con una serpiente monstruosa y con los guerreros spartoi nacidos de los dientes del dragón de Ares.

A Perseo, vencedor de la gorgona Medusa, una fuente le atribuye haber muerto de una forma aún más absurda: enfurecido con su suegro Cefeo, extrajo la cabeza del monstruo y la alzó para que la mirada petrificara al padre de Andrómeda, olvidando que este era ciego; sorprendido porque la cabeza no produjera el acostumbrado efecto, la volvió para observar porqué fallaba y se convirtió en piedra él mismo.

Son algunas de las historias sorprendentes que cuenta Carlos García Gual (Palma, 1943) en su último libro, La muerte de los héroes, un breve —un centenar y medio de páginas— pero absolutamente apasionante compendio de mitos griegos en torno al final de 25 personajes clásicos que el escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense acaba de publicar en Turner. El libro se divide en tres apartados: en el primero se recogen las muertes de héroes míticos (Edipo, Heracles, Teseo, Belerofonte…), en el segundo las de héroes homéricos (Agamenón, Aquiles, Ulises, los dos Áyax…) y en un tercero se añaden las muertes de tres heroínas trágicas: Clitemnestra, Casandra y Antígona.

“Me ha quedado más tristón que el libro de las sirenas, ¿verdad?”, reflexiona García Gual. “Estos héroes son viejos amigos en sus últimos momentos, cuando cae el telón. En los mitos y leyendas a menudo la muerte queda aparte y no se cuenta, solo salen las hazañas. Yo he espigado textos y autores, acá y allá, en busca de datos literarios sobre esas muertes de héroes, muchas veces poco conocidas. En algún caso, la muerte se cuenta en fuentes primeras, como la de Edipo en Edipo en Colono. En otros he usado fuentes muy secundarias o tardías”.

“Lo interesante del héroe”, medita el autor, “es su fragilidad, que no sea de una pieza. El héroe al final se rompe. Muere y cae”. García Gual resalta que se dan muy pocas “bellas muertes” entre los héroes griegos y apunta que en el momento final se destaca más el páthos, el sufrimiento, que el kléos, la gloria.

Hay muchas muertes malas, en cambio. “Sí, quizá la peor la de Heracles, Hércules, que se lanza a una pira atormentado por la túnica envenenada que le regala, ignorante de lo que provoca, su amada Deyanira. Morir por culpa de quien te ama… qué trágico es eso. O la de Ulises —que no se cuenta en la Odisea—, muerto a manos del hijo que tuvo con Circe, Telégono, que lo mata sin saber que es su padre”. Lo mata con una lanza que tiene por punta una espina de raya. “Con eso cumple la profecía de que la muerte le vendría del mar. Es curioso, ¿no es cierto? He leído que algunos pueblos en Oceanía usan esas espinas o dardos como armas”.

La muerte de Jasón en cambio, apunta el estudioso, resulta irónica, como la de Perseo. La de Agamenón, muerto como una res sacrificial bajo el hacha que esgrime su esposa Clitemnestra también es mala malísima. “Pero estaba justificada, había inmolado a su propia hija Ifigenia para propiciar a Artemisa y que la flota griega pudiera partir contra Troya, y regresaba a casa con una princesa troyana cautiva como amante, Casandra”. ¿No prefigura Clitemnestra, “de ojos de perra”(Homero), a Lady Macbeth en su sangrienta decisión? “Puede ser, pero Lady Macbeth no mata a su marido, lo de Clitemnestra es más grave”.

El escritor tiene una debilidad por la muerte de Héctor. “Es el héroe más moderno y humano de la Ilíada, el más querido por Homero. No lucha por la gloria sino por los suyos y por su patria: es un héroe cívico. Aquiles, en cambio, aunque un pedazo de héroe épico sin duda, es un héroe de corte más primitivo: egoísta, soberbio”. Héctor vence a su miedo para afrontar la muerte segura a manos de Aquiles. “Sí, cumple su deber. Hay algo en ese episodio muy conmovedor, la Ilíada es tanto la tragedia de Héctor como la cólera de Aquiles”. Algunas muertes de héroes clásicos recuerdan aquella frase de Batman en El caballero oscuro: “O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en villano”.

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Aquiles mata a Héctor en una pintura de un vaso griego del siglo VI antes de Cristo. / BRITISH MUSEUM

¿Hay ecos de los héroes griegos en los de ahora? “Sí, sin duda; pero los héroes actuales, que se refugian en el cómic o en el cine de género, en La guerra de las galaxias, por ejemplo, son como calderilla en comparación. Les veo poca personalidad propia. Los antiguos tenían más carácter individual, Aquiles, Héctor, Ulises. ¡Eso son palabras mayores! Los de ahora me parecen algo aburridos, todos tienen que echar mano de la ambigüedad, la traición, la maldad incluso. ¿Superman? Un birrioso, es más lista su novia”. Por Lobezno ya ni le pregunto.

García Gual sostiene que “los héroes hoy no están en boga” y que vivimos “una época sin grandes héroes”, de “héroes menores”. Puesto a citar un héroe moderno que le guste, tras pensarlo mucho, nombra a Lawrence de Arabia. Reconoce que ha escrito su libro, además de para mostrar “qué variados son los caminos que los conducen al Hades”, para recordar y reivindicar a los viejos héroes. Lo hace “con cierto ardor, con la intensidad de quien visita a antiguos amigos en el momento de la despedida”.

ASÍ ACABARON…

Las muertes de los héroes griegos son muy variadas y algunas pintorescas. Esta es una sucinta lista de algunas de ellas:

Orfeo: Descuartizado por las bacantes. Su cabeza siguió cantando.

Alcmeón: Asesinado por su suegro y sus cuñados.

Teseo: Empujado a un barranco. Según otras fuentes, tropezó.

Belerofonte: Derribado del caballo (volador).

Áyax Telamón: Suicidado con su propia espada.

Áyax el Menor: Ahogado en el mar.

Ulises: Atravesado por la lanza marina (con punta de espina de raya) del hijo que tuvo con Circe y al que no conocía.

Aquiles: Muerto por las flechas de Paris (o del mismísimo Apolo).

Paris: Asaeteado por Filoctetes; quien a flecha mata…

Asclepio: Fulminado por un rayo de Zeus por resucitar a un muerto.

Menelao: Uno de los pocos que murió en la cama (otro es Néstor, rey de Pilos). Desde luego no lo mató Eric Bana (Héctor) como en el filme Troya.

 

19 diciembre 2016 at 2:24 pm 2 comentarios

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