3 mensajes secretos para que los descifres como lo hacían Julio César, los espartanos y los masones

Cifrados, códigos y claves son parte integral de nuestras vidas

Mensajes cifrados creados especialmente para ti…  GETTY IMAGES

Fuente: BBC Mundo
15 de julio de 2018

Cuando nos comunicamos con nuestros celulares o compramos algo por internet se trasmiten mensajes en formas pensadas para prevenir que la gente no autorizada los entienda.

Han existido diferentes métodos de cifrado a lo largo de la historia. Lo que ha cambiado es que ahora es que dejamos que sean las computadoras las que se ocupen de codificar y descodificar la información.

¿Qué te parece si volvemos a los tiempos en los que la tecnología existente requería más participación de los humanos?

Trata de descifrar estas frases de un ingenioso escritor (y no te preocupes: si no puedes, te damos las claves).

Empecemos con una en…

El cifrado de César

Aquí está la frase para descifrar:

KZ QDZKHCZC EQDBTDMSDLDMSD DR HLOQDBHRZ

Este método fue nombrado en honor al líder militar y político romano Julio César (100-44 a.C) quien -según el historiador y biógrafo romano Gayo Suetonio Tranquilo- lo usaba en mensajes militares y oficiales.

El de César no era el método criptográfico más difícil de descifrar, pero dadas las circunstancias en su época funcionaba muy bien. PIXABAY

El cifrado de César fue una forma segura de mantener secretos durante un tiempo, gracias a que la mayoría de los enemigos de Roma eran analfabetos.

Sin embargo, hay registros que muestran que para el siglo IX d.C. ya había métodos para descodificar ese tipo de comunicaciones utilizando el análisis de frecuencia de Abū Yūsuf Ya´qūb ibn Isḥāq al-Kindī.

Al-Kindi, nació en Kufa y murió en Bagdad -entonces parte del Califato abasí, hoy Irak- alrededor de 801-873 d.C. y además de muchas otras cosas, fue uno de los padres de la criptografía.

Su libro “Manuscrito sobre descifrar mensajes criptográficos” dio lugar al nacimiento del criptoanálisis e incluía varios métodos nuevos para descifrar códigos.

Respecto al cifrado de César -también conocido como cifrado por desplazamiento, código de César o desplazamiento de César- es un simple cifrado por sustitución.

Lo que se hace es reemplazar todas las letras por otras del alfabeto, que están en un número fijo de posiciones más adelante o atrás: lo que necesitas descubrir entonces es cuántas posiciones y en qué dirección.

Julio César, cuenta Suetonio, solía desplazar tres espacios hacia la derecha.

Si tenía que decir algo confidencial, lo escribía usando el cifrado, esto es, cambiando el orden de las letras del alfabeto, para que ninguna palabra pudiera entenderse. Si alguien quería descodificarlo, y entender su significado, debía sustituir la cuarta letra del alfabeto, es decir, la D por la A, y así con las demás“, cuenta en “La vida de los Césares”.

Para la frase que encriptamos, la clave es más sencilla: 1 posición a la derecha.

Así que en vez de escribir A escribimos B; en vez de B, C; en vez de C, D, etc.

Y nuestra frase era: KZ QDZKHCZC EQDBTDMSDLDMSD DR HLOQDBHRZ

Así de fácil: la A es B, la B es C, la C es D… y la Z es la A.

¿Ya la descifraste?

Aquí va la siguiente, con…

La técnica criptográfica de los espartanos

En este caso, lo que recibirías es una cinta con estas letras escritas a lo largo de ella:

MGSEPNUDNAUEOPRRTCOORENAOEEAIQSESIRNSGAEUÉSTEEDAUDNELPA

¿Complicado? De acuerdo, aunque los conocedores describen este cifrado como “elemental”.

Apareció en la Antigua Grecia, fue creado por los éforos de Esparta y, según la Enciclopedia Británica, es la primera criptografía registrada.

En el año 400 a.C. los comandantes militares empleaban un dispositivo de cifrado llamado escítala, el cual consistía en una vara cónica con un cierto número de caras.

A esa vara la envolvían en una tira de pergamino o cuero sobre la cual se escribía el mensaje.

Al desenvolverla, las letras quedaban en otro orden y el mensaje, cifrado.

Aquí, por ejemplo, el mensaje empieza con la “palabra” KEISERAU, pero al desenrollar la tira, lo que se vería serían las letras en otro orden: de la punta de la tira hacia abajo KGR. DOMINIO PÚBLICO

El destinatario tenía que tener un bastón de proporciones idénticas al original para que cuando envolviera la tira a su rededor, reaparecía el texto.

Como no contamos con una escítala para descodificar nuestro mensaje tendremos que valernos de otro método, que no es tan bonito pero funciona: una tabla.

En este caso, imaginamos que nuestra vara tenía 10 caras y que enrollamos la cinta 5 veces. Así, abajo verás una tabla con esas medidas que hace las veces de la vara gemela que tendría el destinatario.

Recordemos el mensaje:

MGSEPNUDNAUEOPRRTCOORENAOEEAIQSESIRNSGAEUÉSTEEDAUDNELPA

Como verás, las letras que te dimos son las que aparecen de arriba hacia abajo en la tabla, como se verían en la tira desenvuelta; pero si las ves de izquierda a derecha, como se verían al enrollar la cinta, podrás develar el mensaje.

Lo único que tienes que agregar son espacios entre las palabras.

Si quieres experimentar con este sistema pero quieres algo más parecido a una escítala, puedes usar un lápiz y una tira de papel.

GETTY IMAGES

¿Listo para el último?

Cifrado francmasón

No se sabe cuándo apareció, pero se cree que antes de 1531.

Es un código escrito que utiliza una variedad de símbolos hechos de construcciones espaciales para representar letras de un alfabeto, a diferencia de otros códigos tradicionales que reemplazan una letra alfabética por otra.

Se lo conoce también como el cifrado rosacruz, pues se le atribuye a un grupo religioso esotérico o sociedad secreta de la Alemania medieval, y como el método masónico, debido a su uso por parte de grupos secretos que supuestamente protegen sus prácticas del escrutinio público.

Lo cierto es que fue utilizado por los francmasones en muchos aspectos de sus vidas; hoy en día se pueden ver lápidas con mensajes cifrados, como éste, especialmente hecho para que trates de resolverlo:

¿Largo y difícil? Lo último que haríamos es subestimar tus capacidades. Pero necesitas las herramientas, así que he aquí cómo funciona:

El proceso de cifrado es bastante sencillo; se reemplaza cada aparición de una letra con el símbolo designado.

Los símbolos se asignan a las letras mediante la clave que verás a continuación.

La letra es reemplazada por la parte de la imagen en la que se encuentra. Así, en los ejemplos que pusimos abajo, de derecha a izquierda, el primer símbolo representa la A; el segundo, la T; el tercero, la M y el cuarto, la W.

Por supuesto, la clave no era siempre la misma: a veces movían las letras de lugar o usaban solo cruces, etc.

Pero ésta es la que utilizamos para encriptar la frase para ti.

¿Te animas a descifrarla… o prefieres leerla aquí abajo?

El autor y las frases (por si no las descifraste

Una pausa, para que no veas las respuestas sin querer. GETTY IMAGES

La realidad frecuentemente es imprecisa

Me niego a responder esa pregunta aduciendo que no sé la respuesta

A alguien que sea capaz de lograr que lo elijan como presidente no se le debería permitir serlo bajo ninguna circunstancia

Todas son frases del escritor y guionista radiofónico e historiador galáctico Cntfzr Zczr (¡no te lo íbamos a hacer tan fácil! Está en cifrado de César, 1 posición a la derecha).

 

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17 julio 2018 at 11:38 am Deja un comentario

Hallado un pene de oro en una excavación arqueológica en Zaragoza

La pieza, fechada entre los siglos I y II, es un colgante de 1,5 centímetros de longitud

El amuleto fálico de oro encontrado en la excavación de Uncastillo (Zaragoza). COMARCA CINCO VILLAS

Fuente: EL PAÍS
16 de julio de 2018

La campaña de excavación en el yacimiento de Los Bañales, en la localidad zaragozana de Uncastillo, ha sacado a la luz un amuleto fálico de oro de época tardo Imperial (siglos I o II). Se trata de un colgante de 1,5 centímetros, “singular por su temática y por el material con el que está hecha”, informa en su cuenta de Facebook la web Comarca de las Cinco Villas, que agrupa a varias localidades de la zona. La pieza ha sido localizada en una habitación de una casa que se está excavando en la zona norte del yacimiento.

“En un principio creímos que se trataba de una cornucopia, habitual es la iconografía de la época, pero luego vimos que era un pene de oro, también singular, porque los amuletos solían hacerse de bronce”, ha explicado Javier Andreu, director de la excavación y del proyecto pedagógico de Los Bañales. La figura va acompañada de un puño cerrado. “Esta combinación se utilizaba como amuleto contra el mal de ojo, era el símbolo de la buena suerte”, ha añadido Andreu.

El colgante fue hallado por María Campoy, una de las 37 estudiantes de diferentes partes del mundo que han recibido una beca este verano para excavar en la zona, una oportunidad que se da a futuros arqueólogos y en la que colabora la Comarca de las Cinco Villas.

Hace unos días se halló en la misma excavación otra pieza de oro singular, un fragmento de un pendiente con lo que parece ser una esmeralda. La aparición de oro en esta zona desvela “la importancia de la ciudad en aquellos años”, ha subrayado Andreu, ya que el yacimiento de oro más próximo se situaba en los Pirineos.

Estas piezas y la labor realizada en este yacimiento se podrán contemplar en una jornada de puertas abiertas el próximo domingo, 22 de julio. Todo ello se completará con la realización de diferentes talleres de cantería, cerámica, acuñación de monedas y de arqueología para niños.

 

16 julio 2018 at 4:46 pm Deja un comentario

Un arqueólogo cuestiona la existencia de un taller romano de explotación de púrpura en la isla de Lobos

  • José Juan Jiménez, conservador del Museo Arqueológico de Tenerife, afirma que una factoría de las características que presenta el yacimiento hallado en 2012 no hubiera podido ser rentable
  • El también doctor en Prehistoria por la ULL considera que los vestigios pétreos que se conservan “ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica” de los recintos industriales de época romana

Yacimiento arqueológico en la isla Lobos. EFE

Fuente: Ana Santana – EFE  |  eldiario.es
16 de julio de 2018

El arqueólogo José Juan Jiménez cuestiona la existencia de una factoría de púrpura en la isla de Lobos, donde habría sido de nula rentabilidad y en donde los vestigios pétreos que se conservan “ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica” de los recintos industriales de época romana.

José Juan Jiménez, que es conservador del Museo Arqueológico de Tenerife, explica en una entrevista a EFE que en Canarias hay que diferenciar a los pobladores que se quedaron a vivir de quienes les trajeron desde el norte de África.

Los primeros dejaron su huella arqueológica líbica antigua mientras que los otros no se asentaron ni construyeron ciudades con calzadas, anfiteatros, acueductos, termas, templos, puertos ni factorías, como hacían cuando se establecían en otros sitios.

De ahí que el conservador del Museo cuestione la existencia de una factoría de púrpura en la isla de Lobos y considere improcedente esa hipotética posibilidad.

Porque, para el arqueólogo, desde que en 1909 Paul Friedlaender identificó la estructura y composición química del colorante de púrpura a partir de 12.000 caracoles se sabe que obtuvo 1’4 gramos de pigmento puro.

“Porque un gramo del producto con el cual se podía teñir una prenda se extrae de más de 10.000 ejemplares y en ese sentido, la caracterización específica de la Purpura haemastoma y otros moluscos tintóreos la argumenta siguiendo el criterio de científicos experimentados”, precisa.

Si se tiene en cuenta que en el conchero de Lobos los excavadores contabilizaron cifras que hicieron oscilar entre 59.000 y 70.000 ejemplares de Stramonita (Thais haemastoma) y vistas las ratios de productividad enunciadas por los expertos en la materia, José Juan Jiménez considera que ese cómputo de ejemplares de la isla demostraría la nula rentabilidad de esa supuesta factoría o taller.

Sólo se habrían podido extraer 6 ó 7 gramos de púrpura durante las decenas de años de vigencia que le atribuyen al enclave, sin realizar análisis de cronología absoluta sobre unos vestigios pétreos que ni siquiera tienen la apariencia arquitectónica de esos recintos industriales de época romana.

De hecho, abunda el arqueólogo, investigadores de la época alto imperial romana como Darío Bernal señalan que es frecuente la aparición de moluscos tintóreos cuya identificación se relaciona a veces con la industria de la púrpura, lo que se considera “un tópico historiográfico” porque también hay que pensar en que su potencial nutricional propiciase su pesca y consumo en fresco más que su transformación tintorera en un islote carente de agua dulce como Lobos.

Sin olvidar, prosigue, que en los alrededores de las ciudades que poseían auténticas estructuras arquitectónicas que servían a esos fines había depósitos de millones de ejemplares de conchas de moluscos documentados arqueológicamente, lo que refrenda el procesamiento y la producción purpúrea rentable económicamente y duradera en el tiempo.

Estos extremos han sido confirmados por las series cronológicas absolutas y relativas publicadas por los arqueólogos, como se conoce en el Atlántico para la factoría de púrpura Maure descubierta en los islotes de Mogador (Essaouira, Marruecos), “las auténticas islas Purpurarias que citan los especialistas y las fuentes de la Antigüedad”, añade José Juan Jiménez.

‘Canarii. La génesis de los canarios desde el mundo antiguo’

El arqueólogo, que también es doctor en Prehistoria por la Universidad de La Laguna, alude a esta cuestión en la nueva edición ampliada que ha publicado Le Canarien Ediciones de su obra Canarii. La génesis de los canarios desde el mundo antiguo, un libro que “ha cambiado la manera de entender el poblamiento de Canarias vinculándolo a la época histórica”.

En esta nueva edición se indaga en el origen de los canarios desde los inicios de la Era y el arqueólogo expone sus investigaciones sobre el norte de África y Canarias como “una nueva mirada, una visión ampliada, actualizada, de un ámbito continental y archipielágico pujante”.

Y traza las líneas maestras que conforman su propuesta de “unos Canarii que ya no vivían en la prehistoria, los descubrimientos geográficos que dieron paso a la realidad dejando atrás los mitos, unas islas Canarias auténticas desde la Antigüedad y su relación documentada con los límites atlánticos del Imperio romano norteafricano”.

José Juan Jiménez sitúa a los Canarii en el siglo I como un grupo étnico que no aceptó la paz con Roma y participó por segunda vez en un levantamiento indígena, trasladándose a las montañas del Atlas para prolongar la resistencia.

Con el fin de mitigar esta insurrección el emperador Claudio envió a Suetonio Paulino, el primer jefe romano en traspasar esa cadena montañosa y describir los parajes donde les dio alcance, detallados por Jiménez al abordar la ruta seguida por los romanos y cuál fue el destino de los indígenas rebeldes posteriormente deportados a las islas.

El experto argumenta que “ahora damos a conocer los nombres de islas y lugares continentales donde se produjeron destierros, exilios y deportaciones documentadas”.

 

16 julio 2018 at 4:44 pm Deja un comentario

Homero, la «Odisea» que sigue intrigando a occidente

El hallazgo en Olimpia de una placa de arcilla con 13 versos del poema épico de este vate cuya identidad o identidades sigue siendo un motivo de debate, demuestra que el mensaje humanista de esta pieza fundacional y de la «Ilíada» está vigente más de dos milenios y medio después.

La efigie de Homero, que sigue siendo un misterio, en una moneda de 50 dracmas griegos

Fuente: David Hernández de la Fuente  |  LA RAZÓN
16 de julio de 2018

A raíz del hallazgo de una placa de arcilla en el santuario de Olimpia con un fragmento del canto XIV de la «Odisea» ha vuelto a los medios el debate en torno al misterioso Homero, origen y culmen de toda literatura en Occidente. Son 13 versos escasos los que aparecen en la pieza, pero bastan para recordar toda la gloria del padre de la literatura occidental. Una breve conversación entre el rey Odiseo, recién retornado a su Ítaca pero aún de incógnito, y su fiel porquero Eumeo, pone de manifiesto la maestría psicológica y social del poeta al hablar de la nobleza de cuna y de espíritu. Y es que Homero no solo es indisociable de nuestra tradición cultural sino también de nuestra sensibilidad.

A la sombra de aquel conflicto mítico y primordial que narrara en la «Ilíada» el cantor conocido como Homero, se fundaba magistralmente la sensibilidad literaria en torno a la frágil y efímera condición humana, su grandeza y miseria. Pues la «Ilíada» no es un poema belicista, casi huelga decirlo, sino hondamente humanista. Luego está el regreso del héroe, o por mejor decir, de uno de los héroes de esa guerra troyana, Odiseo, en uno de los «nostoi» o retornos de los caudillos griegos a sus hogares. Así se cierra el díptico principal tradicionalmente atribuido a Homero y que supone la génesis de toda nuestra literatura e incluso de nuestra historia, por no hablar de las inagotables postrimerías de esa celebrada «materia troyana». Por eso me gusta definir el campo de acción de los poemas homéricos con una figura triangular, como un tríptico de literatura, historia y recepción: primero, la epopeya de Troya y los ecos sempiternos de su destrucción, incluido el viaje de retorno de sus héroes, como el de Ulises; luego, la historicidad de aquella guerra mítica como recuerdo evocado de un conflicto histórico, acrecida con información sobre el propio tiempo de Homero; y por último, pero no menos importante, sus innumerables recreaciones en las artes posteriores, desde Virgilio o Dante hasta los hermanos Coen.

Miseria y esplendor

Lo que hace genial y único al vate llamado Homero, de entre la pléyade de voces que emergen entre los restos del naufragio de la primera literatura de Occidente, es cómo usa magistralmente la materia mítica para extractar en breve todo el esplendor y la miseria del ser humano: la guerra, la mejor excusa para mostrar quiénes somos, se centra en la cólera sin sentido de un héroe egoísta y narra los lances guerreros en los escasos días entre esta y la reconciliación entre dos rivales quintaesenciales que se miran a los ojos llorando y reconocen su idéntica tragedia humana. Otro es el caso del regreso por excelencia del héroe al hogar, el del guerrero acaso más singular de Troya, que toca varios esquemas de la narrativa del «folk-lore», desde la «road-movie» y el relato fantástico al «western» del viejo soldado que regresa a casa para imponer el orden anterior y encontrar su «happy-ending». Esa habilidad para maravillar y condensar lo mejor es parte de la marca de la casa en «Homero». Mucho más pero nada menos.

De ahí que se siga revolucionando el mundo al oír su nombre, ahora que se descubre un antiguo soporte con sus versos. El episodio hallado en Olimpia muestra esa genialidad de lo que Stefan Zweig llamaría «momentos estelares»: el héroe vuelve y se encuentra primero con «los humildes». El cansado rey llega disfrazado de mendigo, buscando su final feliz, y ciertamente no lo reciben los dignatarios que asedian su hacienda y a su mujer. Solo su viejo perro lo reconoce, muriendo de felicidad justo después. Solo le asiste su criado Eumeo, que lo creía muerto. Solo su vieja nodriza Euriclea lo identifica por una antigua herida.

La cuestión palpitante

Pero «el-artista-antes-conocido-como-Homero», base de toda educación letrada en nuestro mundo, lleva dando quebraderos de cabeza a los eruditos ya desde época antigua hasta el nacimiento de la moderna filología clásica, con los «Prolegomena ad Homerum» (1795), de F. A. Wolf. Este avivó la llama de la «cuestión homérica», en torno a la autoría pero sobre todo a la composición de ambos poemas aurorales de Occidente. Desde entonces se señaló el origen de la «Ilíada» y la «Odisea» en una larga tradición oral de piezas más breves, compiladas en algún momento posterior por escrito y atribuidas a un «Homero». Pero otra escuela opuesta siguió creyendo reconocer la voz de un genio unitario, intuida tras parte de ambos poemas. Los poemas compuestos supuestamente en el siglo VIII a.C., con la estructura oral formular que estudió en los años 30 Milman Parry, en comparación con otros cantos épicos, fue transmitida así hasta que en Atenas, en el siglo VI a.C. y bajo la tiranía de Pisístrato, los cambios sociales y políticos aconsejaron fijar una versión por escrito.

Por supuesto, todo eso fue en Atenas, el centro por excelencia de investigación homérica en los dos siglos siguientes, entre otras cosas por el énfasis de la Academia de Platón y, sobre todo, del Liceo de Aristóteles en las citas de Homero. Pero no cabe dudar de que hubo muchas versiones locales que se unificaron en la Biblioteca de Alejandría gracias a la labor de los filólogos helenísticos: Zenódoto, Aristarco o Aristófanes de Bizancio son algunos nombres clave. Luego desde ahí la investigación y la copia de los poemas pasó a los gramáticos tardíos y bizantinos, que mantuvieron viva la llama homérica en varios momentos clave de su recepción: el siglo IV-VI, con el auge de la interpretación alegórica y filosófica, merced al neoplatonismo, o el siglo XII, con un «revival» clasicista bizantino especialmente homérico, como el de Juan Tzetzes y Eustacio. De ahí hay pocos pasos ya hasta la «rentrée» renacentista de Homero en Occidente, merced a los manuscritos griegos que afluyeron tras la caída de La Ciudad, a los que siguieron las ediciones humanistas, las traducciones (la española de la «Odisea», de Gonzalo Pérez, de 1550, es la pionera en lenguas modernas) y a la docta erudición de los siglos XVII y XVIII.

¿Es importante en esta historia la inscripción homérica encontrada en Olimpia esta semana? En términos arqueológicos y epigráficos sin duda, pero en lo global no aporta muchas novedades. Solo recuerda de nuevo –y no es poco– la pasión inextinguible que sigue despertando todo lo relacionado con el poeta llamado «Homero», en ese triángulo de literatura, historia y recepción de eterna vigencia. Ya sea que exista un poeta de tal nombre o que sea éste una apelación colectiva que ocultaba a un grupo o a una clase de épica panhelénica, la noticia es que hoy sus versos siguen tan de actualidad como hace casi tres milenios.

 

16 julio 2018 at 8:38 am Deja un comentario

Descifran un misterioso papiro que pudo haber escrito Galeno hace casi 2.000 años

Investigadores de la Universidad de Basilea han descubierto que en el texto se describe el fenómeno de la «apnea histérica»

El misterioso papiro descifrado – UNIVERSIDAD DE BASILEA

Fuente: ABC
13 de julio de 2018

Si el pasado marzo científicos de la Universidad de Stanford descubrían un manuscrito de Galeno oculto durante mil años bajo un texto medieval, ahora investigadores de la Universidad de Basilea han descifrado un misterioso papiro de hace casi 2.000 años y se han topado con una grata sorpresa. El documento es un escrito médico de la antigüedad que podría haber salido de la pluma del prestigioso médico griego, según indica la Universidad en un comunicado.

El papiro, que había supuesto todo un rompecabezas para generaciones de investigadores, describe el fenómeno de la «apnea histérica» o falta de respiración histérica de la que Galeno habló en su estudio «Sobre la localización de las enfermedades».

«Es un hallazgo sensacional», afirma Sabine Huebner, profesora de Historia Antigua de la Universidad de Basilea. «La mayoría de los papiros son documentos como cartas, contratos y recibos» y los textos literarios como este «son mucho más valiosos», señala en la nota de la Universidad. Además, se trata de un texto antiguo desconocido hasta ahora.

«Ahora podemos decir que es un escrito médico antiguo que describe el fenómeno del ‘paro respiratorio histérico’», continúa Hubner. Los investigadores creen que «es un texto del médico griego Galeno» o en su defecto, un comentario de un autor desconocido sobre su trabajo. Después de Hipócrates, Galeno (129 d.C.-201 o 216 d.C.) es considerado el médico más importante de la Antigüedad.

 

La colección de papiros de Basilea consta de 65 documentos escritos en cinco idiomas, que fueron comprados por la universidad en 1900, con la excepción de dos papiros que llegaron a Basilea en el siglo XVI y probablemente formaron parte de la colección de arte de Basilio Amerbach (1533-1591). Este enigmático documento era uno de estos últimos.

Reciclaje medieval

A través de un análisis con imágenes ultravioleta e infrarrojas en el Laboratorio Digital de Humanidades de Basilea, los investigadores descubrieron que el documento constaba en realidad de varias capas de papiro pegadas. Un restaurador especializado en papiros se trasladó a Basilea para separar las capas y por fin el texto pudo ser descifrado por primera vez.

La pista que ha llevado a resolver el misterio llegó de Italia. Un experto observó paralelismos con la colección de papiros de Rávena que conserva la Archidiócesis de esta ciudad italiana. En ella hay muchos manuscritos antiguos de Galeno que después fueron utilizados como palimpsestos y escritos. Eso llevó a pensar que el papiro de Basilea podría haber sido un caso similar de reciclaje medieval. También se cree que el otro papiro de Basilea procedente de la colección Amerbach proviene de la Archidiócesis de Rávena. A finales del siglo XV, fue robado del archivo y comercializado por coleccionistas de arte.

Huebner realizó el descubrimiento durante el curso de un proyecto de edición financiado por la Fundación Nacional de Ciencia de Suiza. Durante tres años, esta experta ha estado trabajando con un equipo interdisciplinario en colaboración con el Laboratorio Digital de Humanidades de la Universidad de Basilea para examinar la colección de papiros, que mientras tanto se ha digitalizado, transcrito, anotado y traducido. El equipo del proyecto ya presentó la historia de la colección de papiros en una exhibición en la Biblioteca de la Universidad el año pasado. Planean publicar todos sus hallazgos a comienzos de 2019.

Con el final del proyecto de edición, la investigación sobre los papiros de Basilea entrará en una nueva fase. Huebner espera dar un impulso adicional a la investigación sobre el papiro, particularmente compartiendo la colección digitalizada con bases de datos internacionales. Como los papiros con frecuencia solo sobreviven en fragmentos o piezas, los intercambios con otras colecciones de papiros son esenciales. «Los papiros son parte de un contexto más amplio. Las personas mencionadas en un texto de papiro de Basilea pueden aparecer nuevamente en otros papiros, alojados, por ejemplo, en Estrasburgo, Londres, Berlín u otros lugares. Son las oportunidades digitales las que nos permiten juntar estas piezas de mosaico para formar una imagen más amplia».

 

15 julio 2018 at 9:00 am Deja un comentario

Perfumes en Roma: el aderezo más preciado

Para los antiguos romanos, los perfumes eran “una de las cosas más exquisitas y más nobles” de la vida

La mujer y el perfume
Esta delicada pintura muestra a una joven ricamente ataviada que vierte con cuidado perfume en un alabastrón. Museo Nacional Romano, Roma.

FOTO: Scala, Firenze

Fuente: María José Noain National Geographic
14 de julio de 2018

El escritor latino Plinio el Viejo decía del perfume que era el más superfluo de los lujos, dado su carácter efímero, y que sólo servía «al placer del que se ha perfumado». El propio origen de la palabra, proveniente del latín per fumum, ya nos está indicando su volatilidad: olor «por medio del humo», ya que en su origen los aromas para perfumar el ambiente se obtenían quemando resinas, raíces y maderas olorosas que producían un humo perfumado. ¿Y hay algo más volátil que el humo?

El origen de la palabra perfume viene del latín per fumum, olor por medio del humo

Pero aunque la palabra que empleamos en nuestros días proviene del latín, el origen del perfume se retrotrae en el tiempo. El gusto de los seres humanos por acicalarse y perfumarse no es un concepto contemporáneo, como podríamos pensar. Desde tiempos inmemoriales hemos buscado el modo de elaborar fragancias, campo en el que los antiguos griegos y romanos alcanzaron una gran pericia.

En la Antigüedad, los fabricantes de perfumes fijaban el aroma en una sustancia cremosa o grasa que retuviera el olor, ya que el alcohol, que habitualmente asociamos con la elaboración de los perfumes, no comenzó a ser utilizado como base de los mismos hasta el siglo XIV.

Fórmulas y materias

La composición del perfume constaba de dos elementos. El primero era la base, de carácter líquido y composición grasa, que amalgamaba y permitía la conservación de los aromas. Estaba formada por un aceite vegetal, principalmente el de oliva, aunque también podía usarse el de sésamo o el de lino. Cuanto más graso era el aceite –como el de almendras–, mayor era la duración del olor. A esta base líquida se le podían añadir conservantes y colorantes, como el cina brio o la orcaneta (una planta vellosa con flores amarillas). El segundo componente, de carácter sólido, eran las plantas, flores, raíces o resinas que se añadían al aceite y le aportaban la fragancia. El repertorio de aromas era muy amplio, aunque el de las rosas destacaba sobre los demás. Otras sustancias empleadas eran la mirra, la canela, el azafrán, el nardo, el narciso o el membrillo.

Las fórmulas para la elaboración de los perfumes, en sus distintas variedades y calidades, podían ser realmente complejas. Plinio aporta los ingredientes de una de estas recetas, compuesta de flor de rosa, aceite de azafrán, cinabrio, cálamo aromático, miel, junco oloroso, flor de la sal, orcaneta y vino. Por su parte, Dioscórides, en su obra De materia medica, precisa incluso las cantidades de cada ingrediente, como los mil pétalos de rosa que, según indica, han de utilizarse para obtener el perfume de esta flor.

Crear una buena esencia

Para obtener el aroma a partir de las materias vegetales, podía usarse el prensado, la maceración en frío o la maceración en caliente. El prensado consistía en aplastar las materias olorosas tensando una tela. En la maceración en frío se colocaban el aceite y los pétalos en capas alternas. Éstos se iban sustituyendo periódicamente para impregnar más y mejor la grasa, llegando a realizarse varios enflorados. Cuantas más veces se añadieran y removieran las flores, más intenso era el aroma. La maceración en caliente, el método más empleado, se efectuaba de la misma manera, pero calentando la mezcla en un caldero o en un horno.

En Roma, los perfumes se comercializaban en tiendas especializadas, las tabernae unguentaria. Estos establecimientos se agrupaban en barrios (vicus unguentarius) que, como los gremios medievales, reunían a estos profesionales. Eran grupos familiares cerrados que guardaban los secretos del proceso y transmitían las fórmulas de generación en generación. Al parecer, era habitual la presencia de mujeres en el negocio, tal y como se desprende de ciertos epitafios funerarios. No queda claro, sin embargo, si se dedicaban sólo a la venta del producto o también a su elaboración.

Los perfumistas pertenecían a grupos familiares cerrados que guardaban celosamente el secreto de su elaboración

Los contenedores de perfumes pasaron a ser elementos de vital importancia, de tal modo que un producto de lujo no estaba formado sólo por el contenido, sino también por el continente. No todos los materiales conservaban igual los aromas: el alabastro, por ejemplo, era una piedra especialmente valorada, dado que era impermeable y estanca, aunque muy cara. La cerámica, muy popular en Grecia, fue sustituida en Roma por el vidrio, que poseía también excelentes cualidades de conservación pero era un material mucho más asequible, reutilizable y reciclable.

Perfumes para todos

Hombres y mujeres se perfumaban por igual, pero no con las mismas esencias, que podían clasificarse en masculinas y femeninas. Decía el poeta Marcial en uno de sus epigramas: «Me seducen los bálsamos porque éstos son los perfumes de los hombres: vosotras, matronas, exhalad los olores deliciosos de Cosmos [famoso perfumista de la época]». Múltiples son las citas que indican que era una costumbre arraigada en ambos sexos. «No todo el mundo puede oler a perfumes exquisitos como hueles tú», dice Tranión a Grumión –ambos personajes masculinos– en la comedia Mostellaria de Plauto. Se decía del emperador Nerón que gustaba de impregnarse las plantas de los pies con perfume, mientras que en la Domus Aurea, su lujoso palacio en Roma, había introducido un curioso método de aromatización según recoge Suetonio: «El techo de los comedores estaba formado por tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de las cuales brotaban flores y perfumes».

El tipo de aroma también variaba según las clases sociales. Los plebeyos utilizaban perfumes baratos o adulterados, hechos con aceites de baja calidad como el de aceitunas verdes o el de ricino, y aromatizados con plantas como el junco oloroso. Era el caso de las prostitutas. Adelfasia, personaje de la comedia Poenulus de Plauto, le dice a su hermana: «¿Acaso quieres mezclarte allí entre estas prostitutas […], despojos de mujeres de baja estofa, miserables harapientas perfumadas con perfume barato?». Nada que ver con los perfumes destinados a las élites, más densos, aromatizados con exóticos productos y que podían llegar a costar precios astronómicos. El indiscutible valor del perfume queda recogido en uno de los epigramas de Marcial. Concretamente en su libro Xenia, en el que describe los regalos que solían intercambiarse en las fiestas de las Saturnales, dice: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos. Tenga él tu dinero; éstos todos a ti mismo dátelos».

El poeta Marcial decía: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos»

En cambio, su uso era criticado por los moralistas e, incluso, en la Atenas de Solón y en la Roma republicana se emitieron leyes para prohibirlos. También los espartanos, conocidos por su austeridad, echaron de su territorio a los vendedores de este tipo de mercancías. Lo cuenta el estoico Séneca, que en uno de sus textos moralizantes recuerda cómo «los lacedemonios expulsaron de su ciudad a los perfumistas y les instigaron a que se apresurasen a pasar la frontera porque desperdiciaban el aceite». Para la mayoría de los filósofos latinos y para ciertos emperadores, el uso del perfume era una frivolidad imperdonable. Suetonio, en la vida de Vespasiano, cuenta cómo el emperador «habiéndose presentado muy cargado de perfumes un joven a darle gracias por la concesión de una prefectura, se volvió disgustado y le dijo con severidad: “Preferiría que olieses a ajos”, y revocó el nombramiento».

Sin embargo, los perfumes se aceptaban plenamente en ciertos contextos. Por ejemplo, el uso de aceites perfumados en el mundo del deporte aparece desde tiempos de Homero. En Roma, los atletas que acudían a practicar deporte a las termas solían llevar consigo un «kit de belleza», con ungüentarios que contenían el preciado aceite con el que se ungían antes del ejercicio y que retiraban después con el estrígilo, una pieza curva de bronce.

Para los dioses y los difuntos

Perfumar el ambiente para sacralizar los ritos y las ceremonias, tanto en los templos como en el ámbito doméstico, era asimismo algo habitual en la Antigüedad. Los aceites olorosos podían entregarse como ofrendas en los altares familiares a los dioses o a los antepasados, y también se perfumaban las estatuas de culto y los animales para el sacrificio. «El efecto placentero de los perfumes ha sido admitido […] entre las cosas agradables de la vida más exquisitas e incluso más nobles, y su consideración ha comenzado a extenderse hasta para las honras fúnebres», cuenta Plinio. En las necrópolis romanas, los ungüentarios de vidrio eran uno de los elementos funerarios más comunes. Contenían los perfumes y aceites necesarios para ungir el cuerpo del difunto. Narra el mismo autor, hablando de la canela, que «ni con la cosecha de un año se cubriría tanta cantidad como la que el emperador Nerón mandó quemar en el último adiós a su [esposa] Popea».

Para saber más

La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. J. Carcopino. Temas de Hoy, Madrid, 2001.

Històries de tocador (catálogo). Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2018.

Historia natural. Plinio el Viejo. Gredos, Madrid, 2010.

 

Caja para cosméticos
Arqueta de madera, con elaboradas incrustaciones de marfil, que contenía útiles de belleza. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

FOTO: DEA / Album

 

Cupidos perfumistas
Este fresco de la casa de los Vettii en Pompeya recrea una escena de fabricación y venta de perfume, cuyos protagonistas son pequeños cupidos.

FOTO: Foglia / Scala, Firenze

 

Víctima sacrificial
Un sacerdote vierte aceite perfumado sobre un toro que va a ser sacrificado. Relieve. Museo de Historia, Berna.

FOTO: AKG / Album

 

14 julio 2018 at 6:00 pm Deja un comentario

Primer capítulo de “Mujeres y poder”, un manifiesto de Mary Beard

Este año la editorial Planeta publicó el libro que recopila algunas de las conferencias de Mary Beard. La inglesa es una académica especializada en estudios clásicos. Es catedrática en la Universidad de Cambridge y, además, una de las voces más importantes del feminismo contemporáneo.

Mary Beard recibió considerables ciberacosos después de que apareciese en enero de 2013 en el programa de la BBC Question Time desde Lincolnshire, y se expresase positivamente sobre los trabajadores inmigrantes que vivían en el condado. / AFP

Fuente: Mary Beard  |  El Espectador
12 de julio de 2018

Quiero empezar por el principio mismo de la tradición literaria occidental, con el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público. Me refiero a un momento inmortalizado al comienzo de la Odisea de Homero, hace casi tres mil años, una historia que tendemos a considerar como el relato épico de Ulises y las aventuras y peripecias a las que tuvo que enfrentarse para regresar a casa tras finalizar la guerra de Troya, mientras su leal esposa Penélope le aguardaba y trataba de ahuyentar a sus pretendientes que la apremiaban para casarse con ella. No obstante, la Odisea es asimismo la historia de Telémaco, hijo de Ulises y de Penélope, la historia de su desarrollo personal, de cómo va madurando a lo largo del poema hasta convertirse en un hombre.

Este proceso empieza en el primer canto del poema, cuando Penélope desciende de sus aposentos privados a la gran sala del palacio y se encuentra con un aedo que canta, para la multitud de pretendientes, las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso al hogar. Como este tema no le agrada, le pide ante todos los presentes que elija otro más alegre, pero en ese mismo instante interviene el joven Telémaco: «Madre mía —replica—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior. Hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo, es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública.

Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie. Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el «relato» está «al cuidado de los hombres», el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de «mito», que es como ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado, no a la clase de charla ociosa, parloteo o chismorreo de cualquier persona, incluidas las mujeres, o especialmente las mujeres. Lo que me interesa es la relación entre este momento homérico clásico en el que se silencia a una mujer y algunas de las formas en que no se escuchan públicamente las voces de las mujeres en nuestra cultura contemporánea y en nuestra política, desde los escaños del Parlamento hasta las fábricas y talleres. Es una acostumbrada sordera bien parodiada en la viñeta de un viejo ejemplar de Punch: «Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presentes quiera hacerla».

Examinemos ahora cómo podría relacionarse esta situación con el abuso al que, incluso hoy en día, están sometidas muchas mujeres que sí hablan, y una de las cuestiones que me ronda por la cabeza es la conexión entre pronunciarse públicamente a favor de un logo femenino en un billete bancario, las amenazas de violación y decapitación en Twitter, y el menosprecio de Telémaco hacia Penélope.

Mi objetivo aquí es adoptar un punto de vista amplio y distante, muy distante, sobre la relación culturalmente complicada entre la voz de las mujeres y la esfera pública de los discursos, debates y comentarios: la política en su sentido más amplio, desde los comités de empresa hasta el Parlamento. Espero que este enfoque desde la lejanía nos ayude a superar el simple diagnóstico de «misoginia» al que recurrimos con cierta indolencia, pese a ser, sin duda alguna, una forma de describir lo que ocurre. (Si uno acude a un programa de debate en televisión y después recibe una avalancha de tuits en lo que se comparan tus genitales con una variedad de vegetales podridos, es difícil encontrar una palabra más adecuada para definir la situación.) No obstante, si lo que queremos es comprender —y hacer algo al respecto— por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír, hemos de reconocer que el tema es un poco más complicado y que hay un trasfondo al que hay que remitirse.

“Por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír”.

El arrebato de Telémaco no fue más que el primer caso de una larga lista, que se extiende a lo largo de toda la Antigüedad griega y romana, de fructuosos intentos no solo por excluir a las mujeres del discurso público sino también por hacer ostentación esta exclusión. A principios del siglo iv a. C., por ejemplo, Aristófanes dedicó una comedia entera a la «hilarante» fantasía de que las mujeres pudieran hacerse cargo del gobierno del Estado. Parte de la broma consistía en que las mujeres no podían hablar en público con propiedad, o más bien que no podían adaptar su charla privada (que en este caso estaba centrada básicamente en el sexo) al elevado lenguaje de la política masculina. En el mundo romano, las Metamorfosis de Ovidio —esa extraordinaria épica mitológica sobre los cambios físicos de los personajes (y probablemente la obra más influyente de la literatura occidental después de la Biblia)— vuelve reiteradamente a la idea de silenciar a las mujeres en su proceso de transformación. Júpiter convirtió en vaca a la pobre Ío para que tan solo pudiera mugir, no hablar; mientras que la parlanchina Eco es castigada a que su voz no sea nunca la suya, a ser un simple un instrumento que repita las palabras de los demás.

En el famoso cuadro de Waterhouse, Eco contempla a su anhelado Narciso sin poder entablar conversación con él, mientras este se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque. Un antólogo romano serio del siglo i d.C. solo pudo recopilar tres ejemplos de «mujeres cuya condición natural no consiguió acallarlas en el foro». Sus descripciones son reveladoras. La primera, una mujer llamada Mesia, se defendió a sí misma con éxito en los tribunales y «dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la “andrógina”». La segunda, Afrania, solía iniciar ella misma las demandas judiciales y era tan «descarada» que las defendía personalmente, por lo que todo el mundo estaba harto de sus «ladridos» o «gruñidos» (no se le concede la gracia del «habla» humana). Sabemos que murió en el año 48 a.C., porque «con semejantes bichos es más importante documentar su muerte que su nacimiento». En el mundo clásico hay solo dos importantes excepciones de esta abominación respecto a las mujeres que hablan en público. En primer lugar, se les concede permiso para expresarse a las mujeres en calidad de víctimas y de mártires, normalmente como preámbulo a su muerte. A las primeras mujeres cristianas se las representaba proclamando su fe a gritos mientras eran conducidas a los leones, y en un conocido relato de la historia arcaica de Roma, a la virtuosa Lucrecia, violada por un desalmado príncipe de la monarquía gobernante, se le concede un papel con diálogo solo para denunciar al violador y anunciar su propio suicidio (o así lo presentaron los autores romanos: no tenemos la menor idea de lo que sucedió realmente). No obstante, incluso esta ínfima y amarga oportunidad de expresión podía ser denegada. En un relato de las Metamorfosis se nos cuenta la violación de la joven princesa Filomela, a la que el violador, para evitar cualquier denuncia al estilo de Lucrecia, sencillamente le corta la lengua.

“El discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”.

Esta idea la recoge Shakespeare en su Tito Andrónico, donde también se le arranca la lengua a Lavinia tras ser violada. La otra excepción es más corriente, pues en ocasiones las mujeres podían levantarse y hablar legítimamente para defender sus hogares, a sus hijos, a sus maridos o los intereses de otras mujeres. Por consiguiente, en el tercero de los tres ejemplos de oratoria femenina planteados por el antólogo romano, la mujer, de nombre Hortensia, se sale con la suya porque actúa explícitamente como portavoz de las mujeres de Roma (y solo de las mujeres), tras haber sido sometidas a un impuesto especial sobre el patrimonio para financiar un dudoso esfuerzo de guerra. Dicho de otro modo, en circunstancias extremas las mujeres pueden defender públicamente sus propios intereses sectoriales, pero nunca hablar en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto. En general, tal y como lo expresó un gurú del siglo ii d. C., «una mujer debería guardarse modestamente de exponer su voz ante extraños del mismo modo que se guardaría de quitarse la ropa». No obstante, en todo esto hay mucho más de lo que se percibe a simple vista. Esta «mudez» no es solo un reflejo de la privación general de poder de las mujeres en el mundo clásico, donde, entre otras cosas, no tenían derecho al voto y su independencia legal y económica era limitada. En la Antigüedad, las mujeres no solían elevar su voz en la esfera política, donde no tenían participación alguna, pero aquí estamos ante una exclusión de las mujeres del discurso público mucho más activa y malintencionada, con un impacto mucho mayor del que reconocemos en nuestras propias tradiciones, convenciones y supuestos acerca de la voz de las mujeres. Lo que quiero decir es que el discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género. Como ya hemos visto con Telémaco, convertirse en un hombre (o por lo menos en un hombre de la élite) suponía reivindicar el derecho a hablar, porque el discurso público era un (o mejor el) atributo definitorio de la virilidad. Es más, citando un conocido eslogan romano, el ciudadano de la élite podía definirse como vir bonus dicendi peritus, «un hombre bueno diestro en el discurso». Por consiguiente, una mujer que hablase en público no era, en la mayoría de los casos y por definición, una mujer.

Si recorremos la literatura antigua, encontraremos un reiterado énfasis sobre la autoridad de la voz grave masculina en contraste con la femenina. Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativo de cobardía femenina. Otros autores clásicos insistían en que el tono y timbre del habla de las mujeres amenazaba con subvertir no solo la voz del orador masculino sino también la estabilidad social y política, la salud, del Estado. En una ocasión, un orador e intelectual del siglo ii d.C. con el nombre revelador de Dión Crisóstomo, que significa literalmente Dión «Boca de Oro», pidió a su audiencia que imaginase una situación en la que «una comunidad entera se viera afectada por una extraña dolencia: que, repentinamente, todos los hombres tuvieran voces femeninas, y ningún varón —niño o adulto— pudiera hablar de manera viril. ¿No sería esta una situación terrible y más difícil de soportar que cualquier otra plaga? No me cabe duda de que enviarían una delegación a un santuario para consultar a los dioses y tratar de propiciar el favor divino con numerosas dádivas». No era ninguna broma.

 

13 julio 2018 at 1:06 pm Deja un comentario

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