La Pompeya de las maravillas, sale a la luz la Domus de los delfines

Fuente: ANTONIO FERRARA  |  Repubblica
22 de mayo de 2018

Pompeya, nuevas sorpresas de las excavaciones de la Regio V. Estos días está saliendo a la luz una nueva casa, la Domus de los delfines, lujosa y refinada residencia frente a la Casa de Bodas de Plata. Hasta ahora se han encontrado frescos de colores vivos, entre los que destacan numerosos detalles: un pavo real, un papagayo, una perdiz, corzos, animales fantásticos y precisamente los delfines que dan nombre a la casa, que probablemente perteneció a un notable de la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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22 mayo 2018 at 7:29 pm Deja un comentario

Descubierta una cerradura de muralla romana del siglo III en una antigua casa gerundense

El edificio, ubicado en la calle Bellmirall, acogerá apartamentos de nueva construcción

La arqueóloga Maribel Fuertes mostrando la cerradura de muralla romana que se ha descubierto en el interior de la casa de la calle Bellmirall (ACN)

Fuente: ACN – Girona  |  LA VANGUARDIA
22 de mayo de 2018

Los arqueólogos han puesto al descubierto una cerradura de muralla romana del siglo III después de Cristo (dC) en el interior de una casa del casco antiguo de Girona. Tiene una longitud aproximada de 5 metros, una altura de 4 y forma parte de las paredes de este edificio, situado en la calle Bellmirall (junto al rectorado de la UdG).

La casa se reconvertirá ahora en apartamentos, pero antes de que comience la obra se ha hecho un estudio arqueológico previo, que ha permitido documentar la evolución histórica a lo largo de los siglos. Entre los elementos singulares que tiene la edificación están los restos de un silo de grano, un tramo de muralla de época carolingia con una torre de defensa o gárgolas del siglo XIV (cuando el edificio era una casa noble y aparece documentada como el castillo de Bellmirall).

La parte exterior de la casa de la calle Bellmirall, en la que se puede apreciar una parte de la antigua muralla romana (ACN)

Ahora, todo este legado histórico se preservará cuando el edificio se adapte a las necesidades del siglo XXI y acoja hasta unos catorce pisos. Situado en los números 2 y 4 de la calle Bellmirall de Girona es, en sí mismo, el ejemplo de la evolución de Girona a lo largo de los siglos. Actualmente está en ruinas, pero dentro de un tiempo se reconvertirá en un bloque donde habrá entre trece y catorce apartamentos.

Y donde la modernidad convivirá con el pasado, para que aquellos elementos arqueológicos singulares se conserven. Antes de que entren los albañiles, el Ayuntamiento y el Departament de Cultura han llevado a cabo un estudio arqueológico previo, que ha permitido reconstruir la historia . Casi no se ha intervenido, sino que a partir de aquellos restos y elementos que hay a la vista, y de lo que se conocía a través de documentos, se han identificado los diferentes elementos patrimoniales.

Tan sólo picar el yeso y el mortero que recubría una de las paredes interiores, sin embargo, los arqueólogos han descubierto una cerradura de muralla romana que data del siglo III dC. Se construyó sobre la muralla primigenia de la ciudad -del siglo I aC y que no se conserva- y, según concreta la arqueóloga Maribel Fuertes, el hallazgo les ha sorprendido.

Una muralla romana y una torre de defensa

En una de las paredes exteriores de la casa, la muralla romana se aprecia a simple vista. Pero justo en este punto, el muro giraba y se adentraba hacia donde ahora hay el edificio. “Nos sorprende que lo que las construcciones posteriores habían tapado, ahora nos haya aparecido totalmente conservado”, dice Fuertes, en referencia a la cerradura de muralla.

En concreto, el trozo que se ha descubierto hace unos 5 metros de largo, 2 de anchura y 4 de altura (de los que se han puesto 2 y medio al descubierto, porque el resto se encuentran bajo el suelo). La muralla está hecha de sillares arenosos que procedían, como todos los de la época, de la zona de Domeny o Taialà.

El estudio previo también ha permitido documentar (sobre todo, gráficamente) aquellos otros elementos históricos del edificio que ya estaban al descubierto. En el exterior, en la parte que da al rectorado de la UdG, los arqueólogos han estudiado los restos de muralla que se aprecian ya desde la calle. Son 17 metros de muralla romana -que forman parte de la base del edificio- y parte de una torre de defensa carolingia, que se adosó en el siglo VIII (cuando la muralla romana se reforzó por la parte posterior y , en vez de 2 metros de ancho, pasó a tener 4).

En un patio interior de la casa, donde aún se conserva un silo de grano (ACN)

“Desconocemos qué altura real tenía la torre, porque en el siglo XIV se construyó encima, pero sí sabemos que al menos la primera planta era del todo maciza “, precisa Fuertes. Precisamente, fue en la Edad Media cuando este edificio se convirtió en una casa noble, que en documentos del siglo XIII ya aparece documentada como el “palacio Bellmirall”.

Entre los elementos singulares de la época que aún se conservan hay un patio interior con gárgolas del siglo XV. Y aquí, precisamente, es donde se han localizado los restos de un antiguo silo de grano (en este caso, de época carolingia) que certifican como, en los siglos VIII-XIX en esta parte de la ciudad no se construía.

La arqueóloga concreta que, durante la Edad Media, la casa noble -que seguramente dio nombre a la calle- fue “un edificio imponente”. Y que en el siglo XVI, el entonces abad de Sant Joan de les Abadesses, Miquel de Agullana, hizo reformas y dejó huella (marcando su sello en puertas y ventanas) .A partir de ahí, el estudio arqueológico previo también ha determinado que, ya en la época moderna, el edificio acogió un colegio de seminaristas (el de la Sagrada Familia) y que más adelante, por lo menos hasta los años noventa del siglo pasado, se convirtió en el archivo diocesano.

“Gracias a este estudio previo, a través de la documentación que se conserva y de los elementos que hay en el edificio, hemos podido entretejer su evolución”, concretó Fuertes. Ahora, todo esto servirá para que, a la hora de hacer las obras, estos elementos se conserven (e incluso, puedan ser visitables). La alcaldesa de Girona, Marta Madrenas, subrayó que los estudios previos forman parte de un nuevo protocolo “y un cambio de estrategia”. En vez de esperar a que los restos salgan a la luz cuando el promotor privado haga la obra.

En la Edad Media el edificio se convirtió en una casa noble

 

22 mayo 2018 at 4:41 pm Deja un comentario

Arqueólogos de la UJA hallan en Mengíbar el Arco de Jano, puerta a toda la Bética romana

Los restos de este histórico hallazgo serán presentados hoy por el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica

Fuente: JOSÉ M. LIÉBANA – Jaén  |  Ideal
22 de mayo de 2018

Desapareció en torno al siglo X y llevaban más de cien años intentando localizarlo, generado mucha literatura a lo largo de la Historia y mucha controversia. Y los arqueólogos de la Universidad de Jaén lo han encontrado en Mengíbar. Se trata del Arco de Jano, una puerta en su día monumental que era el acceso obligado a la provincia romana de la Bética, pues fue construida en la Vía Augusta, principal vía de comunicación en Hispania, y por mandato del emperador Augusto.

Del Arco de Jano, que separaba las provincias Tarraconense y Bética, se tenían noticias de autores clásicos y otros, y aunque se sabía que podía estar en las inmediaciones de Mengíbar, la antigua Iliturgi, no se habían encontrado restos. Y lo que ahora han encontrado los arqueólogos son los cimientos, de los que esta mañana informarán en detalle en rueda de prensa en el edificio del Rectorado, en el Campus de Las Lagunillas, junto a los responsables de la UJA y del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica. También asistirá la delegada territorial de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte, Pilar Salazar, debido a la relevancia histórica del hallazgo, pues la puerta es una referencia simbólica para la provincia de Jaén, construida en el momento en el que el mundo ibérico se empieza a diluir al final del proceso de romanización y se crea la Roma de Augusto.

El arco lleva el nombre de Jano, que en la mitología romana es el dios de las puertas, de los comienzos, de los portales, las transiciones y los finales. Por eso le fue consagrado el primer mes del año y se le invocaba públicamente el primer día de enero, mes del que derivó de su nombre. Jano suele ser representado con dos caras, mirando cada una al lado contrario. Es la doble cara que tiene toda puerta o arco, que según como se mire es de entrada o de salida.

Uno de los pocos arcos romanos que se conservan en la actual Roma es un monumental Arco Jano cuádruple, realizado en mármol y de 16 metros de altura por 12 de ancho. Se cree que se construyó a principios del siglo IV, sustituyendo probablemente a otro levantado en el mismo lugar, el Foro Boario. No era un arco de triunfo sino más bien para indicar los límites de dicho foro. Una función delimitadora, de frontera, que en el caso del arco de Mengíbar sería entre las dos provincias en las que Roma dividió administrativamente el territorio de Hispania.

Mengíbar da resultados

Mengíbar es objeto de atención arqueológica en los últimos tiempos por parte de la UJA. Los investigadores del Instituto de Arqueología Ibérica Juan Pedro Bellón, Miguel Ángel Lechuga y María Isabel Moreno trabajan en el proyecto de excelencia ‘Iliturgi: conflicto, culto y territorio’, documentando este ‘oppidum’ íbero de los siglos IV y III a. n. es en el Cerro de la Muela, en Mengíbar.

Y el año pasado se presentaron los resultados de la investigación, que confirmaron que los restos hallados corresponden a la Iliturgi íbera, destruida y abandonada tras el asedio militar romano y situada frente al cerro Maquiz, en donde después los romanos construyeron otra Iliturgi.

 

22 mayo 2018 at 4:39 pm Deja un comentario

“Hemos perdido el 99% de la literatura latina”

La historiadora Catherine Nixey estudia el momento en el que el cristianismo se hizo con el control del antiguo Imperio romano

Catherine Nixey, el jueves pasado en Madrid. VÍCTOR SAINZ

Fuente: GUILLERMO ALTARES – Madrid  |  EL PAÍS
21 de mayo de 2018

Catherine Nixey, periodista británica de 37 años, se ha sumergido en su primer libro en uno de los periodos más importantes y, paradójicamente, menos conocidos de la historia de Occidente: cuando el cristianismo logró dominar el espacio que alguna vez ocupó Roma y se produjo entonces, muchas veces en manos de turbas fanáticas, la mayor destrucción de arte que ha conocido la historia. Uno de los escenarios en los que transcurre La edad de la penumbra. Cómo el cristianismo destruyó el mundo clásico (Taurus; traducción de Ramón González Férriz) es Palmira, la misma ciudad que, muchos siglos más tarde, sufrió un nuevo asalto destructor por parte de otros fanáticos, en este caso los terroristas islámicos del Estado Islámico (ISIS). Pese a que ese periodo ha entrado en la cultura popular gracias al filme de Alejandro Amenábar Ágora y a los miembros de la secta de monjes fanáticos llamados gorriones en Juego de tronos, ha sido objeto de pocos estudios históricos profundos, por eso su libro tuvo una gran repercusión cuando se editó en el mundo anglosajón el año pasado.

Su ensayo arranca y acaba en el mismo momento, cuando, en el año 532 de nuestra era, un grupo de filósofos capitaneados por Damascio ­—cuya obra se ha perdido casi en su totalidad— abandona Atenas y con ellos se cierra la Academia, que fundó Platón mil años antes. Es inevitable sentir cierta melancolía ante esa ruptura radical con el pasado y, por otro lado, alguna forma de temor, al comprobar que ese velo oscuro de fanáticos ha regresado a una parte de Oriente Próximo. Nixey visitó Madrid el jueves, cuando tuvo lugar esta entrevista.

“Existen muchos relatos de la antigüedad que hablan de monjes barbudos que destruyen estatuas. Es imposible no establecer paralelismos”

PREGUNTA. Siempre hemos tenido la idea de que los romanos persiguieron a los cristianos, pero según su libro fue más bien al revés. ¿Fueron realmente los cristianos los que persiguieron a los romanos?

RESPUESTA. Los romanos persiguieron a los cristianos, pero mucho menos de lo que nos han contado. Después de llegar al poder, los cristianos persiguieron a los romanos de una forma mucho más eficaz. Es uno de los motivos por los que hoy hay 2.000 millones de cristianos y no queda nadie que podamos llamar pagano.

P. ¿Fue entonces la violencia el motivo por el que se impuso el cristianismo en Roma?

R. Era sin duda un arma poderosa. Lo que me enseñaron cuando era pequeña, y mi padre y mi madre eran religiosos antes de colgar los hábitos para casarse, fue que los romanos impedían a los creyentes mostrarse como cristianos, y que cuando Constantino se convierte en el año 313 se produjo un gran alivio y la gente empezó a mostrarse abiertamente cristiana. Pero no era verdad. Sólo el 10% de los habitantes del Imperio eran cristianos en ese momento. Cien años más tarde, las cifras habían dado la vuelta. Otros 100 años después, los cristianos ya decían que no quedaban paganos. Por el camino se destruyeron las estatuas de Palmira y también el templo más bello de la antigüedad, el de Serapis, en 392…

P. ¿No era normal en la antigüedad destruir los símbolos de poder y religiosos de un pueblo que había sido derrotado? Fue lo que hicieron, por ejemplo, los romanos en Cartago. ¿No era la forma en que se hacían las cosas en aquellos siglos?

R. Lo interesante es que se trata de una toma de poder dentro del propio Estado, no de una potencia extranjera que se apodera del país. Es una ideología que creció dentro del Imperio romano, llegó al poder y a continuación eliminó cualquier otra ideología. Nadie puede decir que los romanos eran liberales, cuando tomaban una ciudad podían ser brutales y en la guerra eran despiadados. Pero Cartago suponía un peligro para su existencia. El cristiano no se enfrentaba a ninguna amenaza existencial: era una ideología persiguiendo a otra hasta acabar con ella.

P. Su libro empieza y acaba con Damascio, el último filósofo del mundo pagano. ¿Por qué fue tan importante?

R. Cuando los historiadores hablan del principio de los Años Oscuros, la fecha que utilizan es la expulsión de Damascio de Atenas por el emperador Justiniano en el año 529. Damascio era un pensador muy carismático, un defensor inagotable de la filosofía griega. Fue el último responsable de la famosa Academia que fundó Platón y cuyas enseñanzas se prolongaron durante mil años. El emperador había decretado que todo el mundo tenía que estar bautizado y que una vez que te convertías en cristiano, si volvías al paganismo, podías ser ejecutado o exiliado y perdías todas las propiedades. Habían asesinado a Hipatia, colgado de los pies al hermano de Damascio y le habían golpeado para que delatase a los otros filósofos. Entonces, Damascio y sus compañeros, que trataron de mantener la filosofía clásica durante el periodo final del Imperio romano, abandonan Atenas hacia el exilio.

P. ¿Qué pensó cuando vio que Palmira era de nuevo el objetivo de la furia religiosa fanática?

R. Me impresionó muchísimo. Existen muchos relatos de la antigüedad que describen a monjes barbudos que aterrorizaban a todo el mundo y que destruían templos. Cuando ves lo que hace el ISIS es imposible no establecer paralelismos. Una estatua destruida en Palmira en la antigüedad fue destrozada de la misma manera por el ISIS, le rompieron los brazos y la decapitaron. Es la forma más agresiva del monoteísmo, que rechaza cualquier cosa que no se adapte a sus principios.

P. ¿Podemos decir que el testigo de este tipo de extremismo religioso ha sido retomado por el islamismo radical? Las descripciones que realiza en su libro de los asaltos en los siglos IV y V se parecen bastante a lo que ha ocurrido en Kabul bajo los talibanes o Mosul bajo el ISIS: atacaban a la misma gente y las mismas cosas…

R. No sé si existe una línea intelectual, pero desde luego existen paralelismos muy inquietantes. Se trata de sociedades dominadas por hombres, represivas, basadas en una teología en la que no puede existir la disensión. Los cristianos ya decían entonces que la música y la danza debían prohibirse. Y el sexo, naturalmente, porque vivían bajo un Dios que lo veía todo, algo que extrañaba a los paganos, que respondían que si los dioses no tenían nada mejor que hacer que observar lo que hacían en casa. Los paralelismos son chocantes y también cuando piensas en aquellos que quieren ser mártires para ir al cielo… La mayoría de los cristianos no eran así, ni tampoco lo son la mayoría de los musulmanes, pero es muy chocante contemplar cómo regresa ese fanatismo…

P. Dice en su libro que en ese momento de toma de poder del cristianismo se produjo la mayor destrucción de arte y cultura de la historia de la humanidad. ¿No es una exageración?

R. Se han producido muchas grandes destrucciones, pero lo que narran otros historiadores es que se trata de la mayor destrucción de historia del arte que ha contemplado la humanidad.

P. ¿Y se perdieron entonces más del 90% de los textos clásicos?

R. No en ese momento, sino desde la cristianización de Roma y durante los siglos posteriores. Hubo grandes quemas de libros, como la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, pero la mayor parte se produjo porque la Iglesia dio la espalda a la cultura clásica, la consideraba sospechosa, la demonizó y determinó que estaba relacionada con el demonio. El 90% de la literatura griega se pierde entonces y el 99% de la latina.

P. Pero luego los monjes fueron los que salvaron esos textos. ¿Cuándo se produce el cambio?

R. Se vivieron varios renacimientos, en la época de Carlomagno, en Bizancio en torno al siglo X. Pero incluso entonces, 700 años después de Constantino, seguía siendo peligroso preguntar por esos autores. Y durante el siglo XII siguió aumentando el interés y luego se produjo el Renacimiento. Digamos, que si un texto había logrado llegar hasta entonces, ya estaba a salvo. Pero en muchos casos se trataba de documentos únicos. De Cátulo, por ejemplo, solo se conserva un manuscrito.

 

21 mayo 2018 at 1:40 pm 1 comentario

Mary Beard: “La ‘Odisea’ nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres”

En “Mujeres y poder”, la historiadora británica nos lleva hasta la antigüedad griega y romana para comprender por qué todavía, en el siglo XXI, las mujeres deben luchar más para ocupar puestos de liderazgo e incluso para hablar en público. No se trata de suprimir obras, sino de hacerse preguntas. ¿Repetimos patrones culturales? ¿Hay mujeres poderosas en la historia antigua?

La historiadora Mary Beard en una imagen de archivo. AFP

Fuente: Juan Rodríguez M. – El Mercurio, vía Economía y Negocios Online
2o de mayo de 2018

En la gran sala del palacio, un hombre canta las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso a Grecia, tras la guerra de Troya. Penélope, la mujer de Ulises, uno de aquellos héroes, sale de sus habitaciones, oye el canto y, frente a la multitud que escucha, le pide al aedo que elija un tema más alegre. Entre los oyentes está Telémaco, hijo de Penélope y Ulises, apenas un muchacho: “Madre mía -dice-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa”. Penélope obedece y se retira a sus habitaciones privadas.

El episodio está narrado al comienzo de la “Odisea”. Lo recuerda la historiadora inglesa Mary Beard en “Mujeres y poder. Un manifiesto” (Crítica, 2018), su libro más reciente. Catedrática de Estudios Clásicos en Cambridge y autora de libros como “El triunfo romano”, “La herencia de los clásicos” y “SPQR. Una historia de la antigua Roma”, Beard dice que dicho episodio es “el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público”.

Dada la discriminación y violencia de género todavía presente, el libro plantea una pregunta simple de hacer, pero difícil de responder: ¿por qué pensamos como pensamos sobre las mujeres, los hombres y el poder?

Beard va a buscar la respuesta a Grecia y Roma. “En algunos sentidos (¡no todos!), en Occidente, hemos heredado culturalmente estas maneras antiguas de tratar y percibir a las mujeres -dice, a través de un correo electrónico-. La ‘Odisea’, en los comienzos de la literatura occidental, nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres. Por supuesto que hay otras influencias también (gracias al cielo), pero la cultura occidental en parte todavía mira hacia el silencio de las mujeres de la antigüedad”. Como ocurre en ese chiste, recogido en el libro, en el que una mujer hace una propuesta en una reunión de trabajo y el jefe le dice: “Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presente quiera hacerla”. O en algunas reacciones destempladas y perturbadoras, “como las amenazas de violación y decapitación en Twitter”, anota la autora.

Beard cree que desde los arrebatos misóginos contemporáneos hasta las maneras y apariencia que adoptan algunas líderes (impostar un tono de voz grave, vestir trajes oscuros, ojalá chaqueta y pantalón) denotan una relación “culturalmente complicada” entre la voz de las mujeres y la esfera pública, una distancia “real, cultural e imaginaria” entre mujeres y poder. Cuestión que, en parte, respondería en Occidente a patrones culturales, a un concepto de poder aprendido durante milenios. Además del caso de Telémaco y Penélope, Beard cita, por ejemplo, una comedia de Aristófanes, a principios del siglo IV a. C., dedicada entera a la “hilarante” fantasía de que las mujeres pudieran gobernar. Y más adelante, ya en Roma, están las “Metamorfosis” de Ovidio, en la que Júpiter convierte en vaca a Ío para que solo pudiera mugir y no hablar.

Beard identifica solo dos excepciones de este rechazo a que las mujeres hablen en público: pueden hacerlo en calidad de víctimas o de mártires, “normalmente como preámbulo a su muerte”, o para defender su hogar, su familia o en nombre de otras mujeres; en ningún caso “en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto”. “Si buscamos las contribuciones de las mujeres incluidas en esos curiosos compendios llamados «los cien mejores discursos de la historia» o algo parecido, encontraremos que la mayoría de las aportaciones femeninas, desde Emmeline Pankhurst hasta el discurso de Hillary Clinton en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres de Pekín, tratan del sino de las mujeres”.

No es solo que en la antigüedad el discurso público y la oratoria fuesen actividades en las que las mujeres no participaban, “sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”. O en otras palabras, una mujer hablando en público era una contradicción en los términos. “Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativa de cobardía femenina”, se lee en el libro. De esa tradición somos herederos, dice Beard. Lo que no significa que seamos “simplemente víctimas o incautos” de esa herencia, pero sí que hemos aprendido a “no oír autoridad” en una voz femenina, que la cultura antigua nos ha dado un patrón para decidir cuándo un discurso es bueno o malo, convincente o no y, dentro de ese patrón, el género ocupa un lugar importante. Es más, agrega Beard, las mujeres que logran hacerse oír adoptan “una versión de la vía «andrógina”, imitando conscientemente aspectos de la retórica masculina”. En Roma está el caso de Mesia, una mujer que se defendió a sí misma en los tribunales, con éxito, y que “dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la ‘andrógina'”, según el relato de un antólogo romano del siglo I. Veinte centurias después, recuerda Beard, Margaret Thatcher reeducó su voz, “demasiado aguda”, para darle el grave tono de la autoridad.

Hay casos de mujeres con poder en la cultura antigua. Por ejemplo, la diosa Atenea, Clitemnestra, reina de Micenas, o las amazonas. Sin embargo, según Beard, una diosa como Atenea -“en absoluto una mujer”- cuyo aspecto y virtudes remiten al sexo masculino, o una reina retratada como usurpadora son menos excepciones que confirmaciones del orden patriarcal.

-¿Por qué?

“Los órdenes patriarcales siempre se justifican a sí mismos con las excepciones. De modo que, de diferentes maneras, estas ‘mujeres poderosas’ justifican el patriarcado… o bien, las mujeres toman el control pareciendo hombres, o (como las amazonas) son destruidas porque intentan usurpar el poder masculino”.

-¿Tal vez Hipatia, la filósofa y matemática griega, sea una excepción?

“Me gustaría pensar que sí. ¡Pero temo que no! ¡Hipatia fue asesinada!”

-¿Cambia la situación de las mujeres entre el mundo greco-romano y la Edad Media?

“Las cosas cambiaron desde la antigüedad pagana al medioevo cristiano. Y las mujeres se reposicionaron en algunos aspectos, pero la supresión fundamental de las mujeres permaneció”.

Medusa decapitada

La mayoría de las representaciones de Atenea, la “divinidad femenina decididamente no femenina”, muestran en el centro de su coraza la cabeza de una mujer que, en vez de cabello, tiene serpientes. Es Medusa, cuya historia tiene muchas versiones. En una de ellas, relata Beard, se la representa como una hermosa mujer violada por Poseidón en el templo de Atenea. Esta, en castigo, la transforma a ella (sí, a ella) “en una criatura monstruosa con la capacidad mortífera de convertir en piedra a todo aquel que la mirase a la cara”. Más tarde, Perseo, el heroico semidios, la decapita y usa su cabeza como escudo, hasta que se la regala a Atenea.

La escena se recrea hasta hoy, con rostros contemporáneos. “¿Souvenirs inquietantes?”, se pregunta Beard en su libro. “En las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos, los partidarios de Donald Trump tenían infinidad de imágenes clásicas para elegir, pero ninguna tan impactante como la de Trump convertido en Perseo decapitando a Hillary Clinton convertida en Medusa”.

No se trata de descartar la “Odisea” y otros textos clásicos por machistas, ni de leerlos solo para investigar las fuentes de la misoginia. Beard cree que eso sería “un crimen cultural”. Se trata, sí, de comprender por qué nos cuesta concebir a las mujeres dentro del poder, por qué “tienen más dificultades para triunfar” e incluso por qué “se las trata con mayor severidad cuando meten la pata”. Es decir: “Hemos de reflexionar acerca de lo que es el poder, para qué sirve y cómo se calibra (…) si no percibimos que las mujeres están totalmente dentro de las estructuras de poder, entonces lo que tenemos que redefinir es el poder, no a las mujeres”. La “Odisea”, agrega Beard en su ensayo, “es un poema que explora, entre otras muchas cosas, la naturaleza de la civilización y la «barbarie», del regreso a casa, de la fidelidad y de la pertenencia. Aun así -como espero que demuestre este libro-, la reprimenda que Telémaco lanza a su madre Penélope cuando esta se atreve a abrir la boca en público es un acto que todavía hoy, en el siglo XXI, se repite con demasiada frecuencia”.

-Le repito una pregunta que usted hace a propósito de Perseo y la decapitación de Medusa: ¿triunfalismo heroico o sadismo misógino?

“Por supuesto que ambas, dependiendo de su punto de vista. Pero pienso que es difícil mirar esas imágenes y no ver la violencia contra las mujeres que es central en el tema”.

-¿Qué hacer para cerrar efectivamente la separación entre mujeres y poder?

“Ojalá lo supiera. Pero necesitamos comprender de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”.

 

21 mayo 2018 at 1:38 pm 1 comentario

Rodin se mide con Fidias

El British Museum de Londres confronta en una excepcional exposición las obras maestras del escultor francés con una selección de los mármoles del Partenón

A la izquierda, figuras de dos diosas procedentes del frontón este del Partenón. A la derecha, «El Beso», de Rodin (versión en yeso) – ABC

Fuente: Natividad Pulido – Londres  |  ABC
21 de mayo de 2018

Desembarco artístico francés esta primavera en Londres con dos de sus tesoros nacionales. Primero lo hizo Monet y sus poéticas arquitecturas en la National Gallery –hay lienzos del maestro impresionista que son pura abstracción– y, más tarde, Rodin en el British Museum con una exposición que habría emocionado al propio escultor al ver muchas de sus mejores creaciones cara a cara con los mármoles del Partenón que tanto admiraba, concebidos por Fidias. Dos de los más excelsos escultores de la Historia del Arte miden su enorme talento en la galería Sainsbury, que por vez primera desde que se inauguró en 2014 deja entrar la luz natural. No es fácil aguantar el tipo junto a las piezas que decoraron el Partenón. Rodin lo logra, demostrando con ello el genial escultor que fue.

A la derecha, «Dios del río Ilisos», figura A del frontón oeste del Partenón. A la izquierda, «Ariadna» (1905), de Rodin – ABC

Pocas veces se ve tanta obra maestra por centímetro cuadrado en una exposición, cuyo elegante montaje está a la altura. El diseño está inspirado en el estudio de Rodin en Meudon, a las afueras de París. Las esculturas se exhiben a la altura de nuestros ojos, como si nos halláramos visitando el taller del artista. En casi todos los casos hay un acceso de 360 grados que permite admirar las piezas desde todos los ángulos. Es una ocasión excepcional poder ver, fuera de sus habituales salas, un buen puñado de joyas del Partenón. Como lo es el generoso préstamo de esculturas del Museo Rodin de París. La ocasión bien lo merecía. Se reúnen, hasta el 29 de julio, con el patrocinio del Bank of America Merrill Lynch, más de ochenta obras en mármol, bronce y yeso, junto a algunos bocetos. La prensa británica se ha rendido al «combate del siglo» entre Fidias y Rodin: «Sorprendente, deslumbrante, sublime» (The Guardian), «Una inspiradora reunión de maestros» (The Times), «Uno de los espectáculos del año» (The Telegraph), «Triunfante» (The Daily Mail), «Extraordinario, impresionante» (The Observer)…

A la izquierda, «Iris», figura N del frontón oeste del Partenón. A la derecha, «Iris, mensajera de los dioses» (1895), de Rodin – ABC

Nunca viajó a Grecia

«Antigüedad es mi juventud», decía Rodin, asiduo lector de Ovidio. Nunca viajó a Grecia, pero siempre sintió fascinación por la escultura griega antigua y, en especial, por el Partenón, que consideraba «un monumento eterno». Fue tal la pasión de Rodin por la Antigüedad que coleccionó cerca de 6.000 piezas. En 1900 construyó un museo en Meudon para acogerlas. En 1881 visitó por vez primera Londres y acudió al British Museum. Se hospedaba en el hotel Thackeray, justo enfrente. Al fin podía admirar «in situ» –hasta entonces tuvo que contentarse con hacerlo en libros o postales– las obras que tanto le obsesionaban y cuya belleza le cautivaba. Hizo algunos bocetos en papel de carta del hotel. Pero nunca haría copias de ellas, tan solo le sirvieron como inspiración. «Amo las esculturas de la Antigua Grecia, han sido y siguen siendo mis maestros», decía Rodin. Visitó el museo al menos en quince ocasiones. «En mi tiempo libre frecuento el British Museum», solía decir. Lo hizo hasta poco antes de su muerte.

Mentor artístico y espiritual

«Palas Atenea con el Partenón» (1896), de Rodin – MUSEO RODIN

Fidias fue un mentor artístico y espiritual para Rodin. Aunque cueste creerlo, 2.320 años separan separan a ambos genios, que fueron los más célebres en sus respectivas épocas. Las esculturas de Fidias (h. 480-90 a.C.-h. 430 a.C) son de una rabiosa modernidad. Las más célebres, las monumentales esculturas de Atenea Virgen del Partenón, y de Zeus en Olimpia, ambas en oro y marfil. Las de Auguste Rodin (1840-1917) semejan reliquias arqueológicas. Y es que, como explica Hartwig Fischer, director del British Museum, Rodin eliminó cabezas y extremidades de sus esculturas, creando un nuevo género artístico moderno. A través de las piezas del Partenón, Rodin descubrió el poder de los fragmentos para transmitir el significado de la obra completa: «Las estatuas dañadas, encontradas en las ruinas, no son menos obras maestras por estar incompletas».

Concibe «El hombre que camina» como una reliquia arqueológica sin cabeza ni brazos, en la que desafía la representación del movimiento. Esta escultura se muestra junto a la figura K de una diosa, también sin cabeza ni brazos, procedente del frontón este del Partenón.

Dos versiones de «El pensador» de Rodin en las salas del British Museum – ABC

Lord Elgin y el expolio

Lord Elgin, embajador británico en Atenas, se llevó a Inglaterra muchas de las esculturas del Partenón que sobrevivivieron: 75 de los 160 metros del friso, 15 de las 92 metopas, 17 figuras de los frontones y algunas piezas del monumento. Lord Elgin le pidió a Antonio Canova que restaurara y reemplazara las partes perdidas. El artista rehusó, pues, al igual que Rodin, hallaba sinceridad e inspiración en los fragmentos. El Parlamento británico firmó la compra de las obras en 1816 y se exhiben en el British Museum desde 1817. «Desde entonces han inspirado a pensadores, poetas, artistas…, pero a ninguno como Rodin», advierte Hartwig Fischer.

«La edad de bronce» (1877), de Rodin – MUSEO RODIN

El Estado francés le encargó a Rodin unas puertas para un museo de artes decorativas que iba a inaugurarse en París. El proyecto no llegó a materializarse, pero «Las puertas del infierno», de seis metros de altura, fueron para el artista una fuente de inspiración constante durante toda su vida. Entre esas figuras, sus celebérrimos «El Beso» y «El pensador», que acabaron siendo esculturas independientes. Hay versiones de ambas en la exposición. De «El Beso» (se inspiró en los amantes Paolo y Francesca de «La Divina Comedia»), una versión en yeso de gran tamaño que Rodin mantuvo toda su vida. A su lado, los cuerpos de dos diosas, una reclinada junto a la otra, figuras L y M del frontón este del Partenón. Se cree que pueden ser hermanas o madre e hija. Tanto ellas como «El Beso» están tallados en un solo bloque de piedra: los dos artistas supieron extraer la carne cálida del frío mármol. En las esculturas de Fidias y Rodin hay intimidad, sensualidad y una fuerte carga emocional. En ambos casos, explica Celeste Farge, comisaria de la muestra, «la expresión y la pasión de las figuras se manifiesta a través del cuerpo». Para Ian Jenkins, también comisario, las figuras del Partenón constituyen un estudio erótico sobre la intimidad, a través de los pliegues mojados de sus vestidos. Cree que «El Beso» es «la mejor respuesta artística a las esculturas del Partenón».

Se cree que ni Fidias ni Rodin hicieron con sus manos todos sus trabajos. Este último pudo modelar en arcilla algunas obras que después otros fundían en bronce o esculpían en mármol. Y Fidias pudo diseñar y modelar las obras del Partenón, pero no ejecutarlas. Vamos que Damien Hirst no es original ni siquiera en eso. Rodin quiso que su arte «expresara las emociones desde las alturas del éxtasis hasta las profundidades de la agonía». Éxtasis y agonía que halló en los mármoles del Partenón que tanto amó, pero que también tanto le atormentaron: «Ningún artista podrá superar a Fidias. El más grande de los escultores nunca será igualado».

Fragmento correspondiente al friso norte del Partenón – BRITISH MUSEUM

De Miguel Ángel a la Acrópolis

Son muchas las conexiones entre Fidias y Rodin presentes en la exposición. Para su escultura «La edad de bronce» (1877), Rodin se inspiró tanto en «El esclavo moribundo», creado por Miguel Ángel en 1513 (Museo del Louvre) -viajó a Italia en 1875-76 y allí descubrió al genio florentino-, como en algunas de las figuras del Partenón. Es el caso de un joven que se prepara para el desfile incluido en el friso norte del principal monumento de la Acrópolis. En ambos casos se repite la pose, el gesto, la misma emoción. Auguste Neyt posó para esta escultura de Rodin.

 

21 mayo 2018 at 7:56 am Deja un comentario

Los gladiadores encienden las gradas en Tarraco Viva

El público de Tarraco Viva se tomó en serio su papel y pidió a voz en grito la vida o la muerte de los luchadores que se batían en el Amfiteatre

Una de las sorpresas de los combates: las gladiadoras, como la de la derecha, que también se ha comprobado que había. FOTO: Alfredo González

Fuente: Norián Muñoz  |  Diari de Tarragona
20 de mayo de 2018

Iugula, iugula!, exclamaba encendida una parte de la grada blandiendo la mano como si fuera una espada. Mientras, la otra parte contraatacaba, con el puño cerrado, gritando «¡vita, vita!». Los niños, aparentemente los más enardecidos, daban paso a hombres y mujeres que acabaron aclamando sin ningún pudor.

Ocurría ayer por la tarde en el Amfiteatre durante uno de los clásicos que jamás defrauda durante Tarraco Viva: las luchas de gladiadores. Y lo que gritaban los espectadores era su deseo para el destino de los que se acababan de batir en duelo: iugula (que murieran) o vita (que vivieran).

La primera en la frente para los aficionados a las películas de romanos, como muy bien explicaban los miembros del grupo de reconstrucción histórica ‘Tarraco Lvdvs’. Nadie ha demostrado que el dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo, como en las películas (y en Facebook) fuera la señal que definía el destino de los gladiadores.

Una de las sorpresas llegó casi desde el principio del espectáculo con una gladiadora. Sí, porque también las había, aunque este detalle sea menos conocido.

A partir de aquí, cantidad de detalles que ayudaban a apreciar lo que estaba sucediendo en la arena, como el hecho de que todo el material que emplea el grupo está basado en datos históricos.

Así pues, donde se sabe que había protecciones de cuero, hay cuero, y en las armas y cascos que se sabe que eran de hierro, hay hierro, aunque no afilado. Duele la cabeza sólo de pensar que los cascos, que reproducían a los antiguos, pesaban 5 o 6 kilos. La sensación de agobio se completa al conocer que en algunos el agujero en torno a los ojos tiene un diámetro de apenas tres centímetros.

Masajistas y bebidas isotónicas 

También era interesante saber, por ejemplo, que algunos gladiadores morían sí, pero con mucha menos frecuencia de la que se sospecha. Y es que se trataba de personajes en los que se invertían ingentes cantidades de recursos, como por ejemplo alimentarles tres veces al día, algo poco frecuente en la antigua Roma.

Hay similitudes con los deportistas profesionales actuales, no sólo por el entrenamiento, sino porque tenían sus propios masajistas y médicos que estudiaban y curaban sus heridas porque las consideraban «las ventanas del cuerpo». 

Bebían, además, lo que podría considerarse el precursor de las bebidas isotónicas actuales, elaboradas con cenizas. Eso sí, a pesar de su notoriedad, no podían dedicarse a la política.

Los combates estaban regulados y había árbitros que velaban por que se cumplieran las normas. También había categorías en función del tipo de armas o de escudo que se llevaban.

Aunque a pesar de todas las explicaciones, el público había ido a lo que había ido y el momento esperado era, sin duda, el de la lucha. Lógicamente, los movimientos estarían ensayados, pero los golpes eran de verdad, tal como atestiguaban las marcas rojas que comenzaban a aparecer en sus cuerpos.

Toda esa duda entre lo ensayado y lo real terminaba por enganchar al público en el combate. De hecho, recordaban que en la época romana se debió prohibir acudir a las luchas de gladiadores con piedras. A la larga se sustituyeron por frutas y verduras para tirar a la arena.

Y es que tal llegó a ser el enardecimiento que llegó a haber trifulcas violentas, incluso con muertos. Algunas eran tan importantes como la que sucedió en el año 59 de nuestra era y que obligó a clausurar el anfiteatro de Pompeia durante siete años como castigo a sus habitantes debido a los violentos altercados.

Selfies con los luchadores

Pero ayer la cosa terminó bien, con los espectadores que llenaron casi completamente el Amfiteatro haciéndose selfies con sus gladiadores favoritos y también con la clase senatorial que lucía la pompa de sus atuendos. Estos últimos, no lo hemos contado, vieron el espectáculo desde un lugar privilegiado, igual que en Roma.

 

20 mayo 2018 at 9:17 pm Deja un comentario

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