Muestra en Roma rinde tributo al emperador Augusto

La exposición, titulada “Revolución de Augusto. El emperador que reescribe el tiempo y la ciudad”, podrá visitarse hasta el 2 de junio de 2015 en Palazzo Massimo

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Fuente: Mario Osorio Beristain  |  Terra Noticias    16/12/2014

Una muestra dedicada a la revolución que introdujo Augusto con un nuevo calendario, que significó una reorganización de las costumbres y de la vida política y social de la Roma antigua, cierra el programa de celebraciones por los dos mil años de la muerte del primer emperador y “Pontífice Máximo” de la Ciudad Eterna.

Titulada “Revolución de Augusto. El emperador que reescribe el tiempo y la ciudad”, la exhibición, presentada hoy en el Museo Nacional Romano del Palazzo Massimo, incluye esculturas de época augustea que forman parte de las colecciones de ese recinto, así como de otros museos italianos y extranjeros.

“Otras muestras han tratado sobre los lugares de Augusto, como sus palacios, mientras que ésta trata sobre el tiempo de Augusto, que como Pontífice Máximo reformó lo que su padre adoptivo Julio César revisó en el año 46 antes de Cristo, es decir, el calendario”, dijo la superintendente de Bienes Arqueológicos de Roma, Mariarosaria Barbera.

En rueda de prensa explicó que la muestra ilustra la revolución que Augusto llevó a cabo a través de la manipulación del calendario, dentro del que incluyó, al lado de las antiguas fiestas -rigurosamente respetadas-, nuevos festejos para recordar episodios relacionados con la vida del propio emperador y de su familia, como nacimientos, muertes, victorias o condecoraciones.

“Fue un modo de conectar la vida privada con la vida pública del imperio que estaba fundando. Una operación política genial que cambió la organización y el orden del tiempo, determinando un nuevo modo de pensar y de vivir”, dijo.

La curadora Rita Parisi consideró que Augusto reescribió el tiempo, pero también la ciudad, pues, como heredero del patrimonio y del papel político de Julio César, generalizó las conmemoraciones de las fiestas dedicadas a los personajes protectores de cada barrio e, incluso, de cada casa, en una operación política que le permitió alcanzar mayor consenso.

Resaltó que la transformación del calendario determinó una revolución del tiempo público, social y religioso que afectó en modo sustancial a toda la ciudad, reorganizada y dividida en 14 regiones, dentro de las cuales había 265 “vici” o barrios en los que se desarrollaban la vida y las actividades de las clases más humildes.

Parisi recordó, por ejemplo, que el antiguo culto de los “Lari Compitali” (figuras protectoras de los lugares) en los que los ciudadanos realizaban sacrificios en los cruces de las calles, fue transformado en el culto de los “Lari Augusto” (protectores de Augusto), que se extendió por todo el imperio al lado de la veneración del “Genius” (ingenio) del príncipe.

De cualquier manera, el primer emperador de Roma hizo correcciones al calendario que ya en el año 46 antes de Cristo había sido reformado por su padre adoptivo y que, con los cambios realizados por el papa Gregorio XIII en 1582, es sustancialmente el que ha llegado hasta estos días.

Entre las piezas de la muestra se encuentra la extraordinaria e imponente estatua en mármol de “Augusto Pontífice Máximo”, del año 12 antes de Cristo, en la que el emperador aparece con una toga que lo cubre de la cabeza a los pies.

También hay bustos de su tercera esposa, Livia; de Julio César; de Agrippa, el comandante de la flota augustea que derrotó a Marco Antonio y Cleopatra en el año 31 antes de Cristo, así como de príncipes, nobles y altos dignatarios de la época.

Además, se exhibe el Altar del Belvedere, propiedad de los Museos Vaticanos, que data de entre los años 12 y 2 antes de Cristo y que describe las hazañas del emperador.

Se puede admirar el relieve con los 12 signos zodiacales, en el que sobresale el de Libra, bajo el cual nació, el 23 de septiembre del año 63 antes de Cristo, Cayo Julio César Octavio Augusto, que era el nombre completo del emperador.

Así como fragmentos de los Fasti Praenestini, de los Fasti Amiternini y de los Fasti Albenses, que no eran otra cosa que los calendarios en los que se establecían los días de fiesta y su significado.

La muestra, que estará abierta hasta el 2 de junio de 2015, incluye igualmente instrumentos multimediales, como la “Hyper-biografía”, en la que gracias al uso de una gran pantalla digital el publico puede interactuar con las figuras de los personajes históricos para comprender las vidas y las relaciones políticas y familiares.

17 diciembre 2014 at 7:25 pm Deja un comentario

Los mosaicos en la Antigua Roma tenían la finalidad de ahuyentar la mala suerte y el mal de ojo

Ahuyentar la mala suerte, el mal de ojo y, en suma, a los envidiosos. Ese era uno de los cometidos de los mosaicos en la Antigua Roma, según una investigación coordinada por la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que analiza los rituales y prácticas mágicas en estas representaciones artísticas

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Escena de sacrificio. Mosaico de St. Roman en Gal. Detalle del mes de junio. Foto: Luz Neira/UC3M.

Fuente: UC3M      15/12/2014

Las fuentes literarias antiguas y los datos proporcionados por la arqueología ofrecen mucha información acerca de las creencias religiosas de los romanos, como sus rituales y prácticas mágicas o funerarias. “Con esta investigación pretendíamos conocer cómo se representan estas creencias en los mosaicos romanos de todo el Imperio”, indica la profesora de Historia Antigua de la UC3M, Luz Neira, coordinadora del equipo de doce investigadores que acaba de publicar sus conclusiones en el libro Religiosidad, rituales y prácticas mágicas en los mosaicos romanos (CVG, 2014).

Los mosaicos no son solo una obra de arte, sino también una fuente documental de primera magnitud para el estudio de la historia, destacan los investigadores. Su análisis revela la visión que los ciudadanos más poderosos tenían sobre estos temas, ya que eran las élites, principalmente, quienes los encargaban para sus entornos domésticos y privados. “Las representaciones más habituales versan sobre el matrimonio, los sacrificios (el acto ritual de religiosidad por antonomasia), o escenas contra el mal del ojo y que intentan proteger contra la envidia”, explica la profesora Neira.

Este tipo de mosaicos tenía un efecto apotropaico, es decir, eran una especie de mecanismo de defensa en la superstición romana para alejar los malos espíritus. Para protegerse del mal de ojo, por ejemplo, recurrían a la representación del ojo atravesado por una lanza y rodeado de animales, en algunos casos con inscripciones. Para disuadir a los envidiosos, en los vestíbulos de las casas se situaban imágenes de personajes de la mitología con falos prominentes o escenas que los ahuyentaran, como un mosaico en la isla de Cefalonia donde aparece representado el envidioso como alguien que está retorciéndose y estrangulándose a sí mismo por la envidia que le produce la casa que está contemplando.

Una obra de historiadores y arqueólogos

Estos temas no se circunscriben a una época determinada, sino que están documentados a lo largo de toda la historia del Imperio Romano. “Esto es muy importante porque documenta la pervivencia de ciertas costumbres que procedían del imaginario pagano”, señala Luz Neira. En su estudio ha intervenido un gran elenco de especialistas. Jesús Bermejo, del Instituto de Cultura y Tecnología de la UC3M, ha analizado uno de los rituales fundamentales en la ordenación social y jurídica de la antigua Roma: el matrimonio. La profesora Neira ha tratado el tema de los sacrificios de animales, mientras que Ciro Parodo, de la Tünbingen Universität, ha investigado cómo se seleccionaban determinadas festividades religiosas para la representación de los meses en el calendario. Dimas Fernández Galiano, por su parte, ha examinado el cambio de mentalidad de los propietarios de la villa de Fortunatus en Fraga (Huesca) a través de su documentación musiva, mientras que el director del Museo Nacional de Arte Romano, José Mª Álvarez, ha analizado el influjo de héroes mitológicos del imaginario pagano en la configuración de personajes ligados al cristianismo.

El estudio de la compleja relación entre religión y magia se debe a Santiago Montero, catedrático de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid. En esta misma línea, Mª Pilar San Nicolás e Irene Mañas, profesoras de la UNED, han analizado las inscripciones destinadas a disuadir al envidioso y las representaciones alusivas a las supersticiones que revelan el pavor de los romanos al mal de ojo. Catia Mourao, del Instituto de Historia de Arte de la Universidade Nova de Lisboa, ha tomado en consideración la metamorfosis, en alusión a las consecuencias de las prácticas mágicas.

Además de introducirnos a las creencias y prácticas funerarias de los romanos, Desiderio Vaquerizo, catedrático de Arqueología de la UCO, desvela en su aportación el terror que suponían las muertes de personas con algún tipo de anomalía física o mental y las prácticas extraordinarias ligadas a sus inhumaciones. Nada que ver con el escenario tranquilo que documentan los mosaicos funerarios, en su mayoría ya de individuos convertidos al cristianismo, estudiados en Cerdeña por Luigi Quattrocchi, y por José María Blázquez, de la Real Academia de la Historia, en Hispania y el Norte de África.

Referencia bibliográfica:

“Religiosidad, rituales y prácticas mágicas en los mosaicos romanos”. Luz Neira (coordinación y edición). Creaciones Vincent Gabrielle (CVG), Madrid, 2014. ISBN: 978-84-92987-47-4.

15 diciembre 2014 at 8:17 pm 1 comentario

Una nueva dimensión de Tarraco

Un proyecto de la URV utiliza tecnología 3D para reconstruir el teatro romano de Tarragona

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Pese a que en la actualidad apenas se adivina una parte del escenario y de las gradas, el proyecto ha logrado recrear el teatro con mucho detalle

Fuente: Rafael Morales |  El Periódico  14/12/2014

La tecnología digital en 3D está rompiendo esquemas. Ya no solo es posible proyectar e imprimir objetos en tres dimensiones, sino que también se pueden completar estructuras de edificios de los que apenas se conservan unas cuantas piedras. Un grupo de especialistas de la Universitat Rovira i Virgili (URV) y de la Universitat de Girona (UdG) está concluyendo un proyecto que permitirá ver el teatro romano de Tarragona en la forma, colores y textura que tenía cuando fue construido hace 2.000 años.

Aunque las ruinas que se conservan entre las calles de Sant Magí, Caputxins y Rebolledo no permitan tanta imaginación, las imágenes en 3D que ya han conseguido confirman que el teatro fue uno de los edificios más importantes de Tarraco, la capital de la provincia que rindió culto al emperador Augusto, de cuya muerte se conmemora el segundo milenio.

En ese solar con apariencia de abandono apenas se adivina parte del escenario y el inicio de las primeras gradas. Sin embargo, las imágenes en tres dimensiones muestran un imponente escenario y tres niveles de gradas con capacidad para más de 2.000 espectadores, lo que justifica que el teatro fuera uno de los edificios más emblemáticos de la provincia.

«Este teatro tiene una historia muy trágica, se lo cargaron casi todo cuando empezaron a construir encima una fábrica de aceite hacia 1919», explica David Vivó, profesor de Historia del Arte Antiguo en la UdG. Vivó es, junto con los arquitectos Ferran Gris y Jose Alejandro Beltrán-Caballero, de la URV, uno de los autores del proyecto, presentado a finales de noviembre en un congreso de arqueología en Tarragona.

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Detalles desconocidos

Los especialistas explican que ha sido como reconstruir de nuevo un teatro que empezaron a estudiar en la década de 1980. A partir de unas 400 fotografías de las ruinas y el resto de información que tenían, el programa reconstruye el edificio en 3D. Con ello han confirmado algunas teorías que ya tenían y han descubierto detalles que desconocían o a los que no habían prestado la suficiente atención. «Te das cuenta de que hay cosas que no encajan y que te obligan a ponerte en la piel del arquitecto que lo hizo», aclara Gris.

Admite que existe «cierta imaginación, pero mucha menos de lo que se pueda creer», y se refiere a que, además de la información que ya tenían sobre el teatro, otros detalles los han conseguido a partir de teatros como los que existen en el norte de África. «De todas formas, aquí se ven las huellas de la planta y el frente escénico, que permiten empezar a reconstruir», destacan.

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Vivó asegura que combinar las propuestas que ya tenían con la nueva documentación les ha permitido «precisar mucho mejor la reconstrucción». Detalla que algunas de las cosas que han verificado es que algunos tramos de las gradas conservan partes más altas que eran una especie de altares, algo que no se habían planteado hasta ahora; que los dos primeros escalones de las gradas son más bajos que el resto porque los esclavos ponían las sillas de sus señores; o que al mismo nivel existían algunos bancos de piedra con el nombre de su propietario, como si fueran una especie de palcos de las grandes familias de la provincia.

Entre lo que queda del teatro de Tarragona también se han conservado muy bien, según Vivó, huellas de la maquinaria del escenario. El telón no bajaba desde arriba, como ahora, sino que estaba escondido por debajo del escenario y ascendía. «Este es uno de los pocos teatros romanos en que, a pesar de que está muy destruido, están muy bien conservados los agujeros de la maquinaria de madera que se utilizaba», asegura Vivó.

Lo que está claro es que explicar lo que era el teatro romano de Tarragona es mucho más fácil a través de las imágenes en tres dimensiones que han conseguido estos especialistas. Su trabajo, aseguran, se podría aplicar a cualquiera de los monumentos romanos de Tarragona considerados patrimonio de la humanidad y su utilidad, además de la científica y académica, podría ser también turística.

15 diciembre 2014 at 6:30 pm Deja un comentario

Así eran las bodas y el ejército de Córdoba durante la época romana

Una jornadas teatralizadas enseñan las claves de los ritos y los materiales utilizados en la etapa fundacional de la ciudad

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Desfile junto al Templo Romano / V. MERINO

Fuente: D. DELGADO  |  ABC

Corría el siglo III d. C. Roma comenzaba a desmoronarse; se hallaba sumida en el caos y su final parecía inevitable. No obstante, un general de origen humilde, Diocleciano, logró hacerse de nuevo con las riendas del poder y el año 285 inauguró una era de reformas que asegurarían la supervivencia del Imperio durante casi dos siglos más en Occidente y mil años en Oriente. A este contexto histórico trataron de trasladar ayer los miembros de los grupos Ibidem y Cohors V Baetica Legio VII Gemina a los espectadores que asistieron a la recreación histórica que ambas compañías llevaron a cabo en la Sala Orive.

El montaje, centrado en el rito del matrimonio y de la unidad «Limitanei» del ejército hispano romano tardío, comenzó ante las columnas del Teatro que se erige junto a Capitulares. Desde allí y en formación hacia la puerta lateral de acceso al recinto arqueológico, los actores partieron hacia la Sala Orive, que, a la llegada de los componentes de las compañías, se encontraba abarrotada.

El director del grupo malagueño Cohors V Baetica Legio VII Gemina, Ignacio Páez Lorente, fue el primero en tomar la palabra. Ante los presentes, el actor explicó con todo lujo de detalles el tipo de armamento y técnicas militares de época tardorromana, con la recreación de la unidad «Limitanei», que era responsable de la seguridad de las actuales provincias de Málaga y la parte más próxima a ésta de Córdoba y Sevilla.

La calidad de vida que tenían estos soldados era habitualmente más precaria que la de otras tropas por su ubicación en zonas fronterizas, con escasos servicios y el continuo hostigamiento de los pueblos germanos y otros bárbaros. Cuando su actividad se reducía o había menos ataques extranjeros, cumplían labores de vigilancia de las vías y control policial, reduciéndose su presencia en las provincias menos conflictivas.

Una vez concluida su intervención, tomó el relevo el director del grupo pontano Ibidem, José Montesinos Moreno, restaurador e historiador, que se encargó de detallar cómo se desarrollaba el rito del matrimonio en época tardorromana. «La que va de blanco no es la novia, sino su madre», apuntó mientras hacían su entrada los actores y actrices encargados de recrear las «nuptiae».

Lo hicieron siguiendo un orden: los primeros en acceder al lugar de celebración eran los padres de la prometida, seguidos del novio (que iba ataviado con una capucha y colores llamativos); los testigos y la novia. Cerraban el desfile los «augures» o adivinos.

15 diciembre 2014 at 3:06 pm Deja un comentario

Graccurris da forma al pasado romano

El yacimiento alfareño incorpora cuatro fragmentos al exiguo catálogo de esculturas romanas en La Rioja

Graccurris

Fuente: E. PASCUAL  |  LA RIOJA

La escultura romana en La Rioja se reduce a breves hallazgos en cuatro localidades: Libia (Herramélluri), Vareia (Varea), Calagurris (Calahorra) y Graccurris (Alfaro). La Venus de Hemarrélluri; la cabeza de Silvano; un león o una Venus en Vareia; el mayor volumen en cantidad y calidad con que cuenta Calagurris -con una decena de objetos más escultura menor-, y una cabeza de mármol y una estatuilla de bronce de Mercurio de Graccurris formaban hasta ahora el catálogo de escultura en La Rioja.

A ellos se suman ahora tres fragmentos en mármol y una figurilla en plomo halladas en los yacimientos de las eras de San Martín en Alfaro, donde se ubicó Graccurris, el segundo asentamiento romano en la península tras Híspalis. «Los restos escultóricos son verdaderamente escasos por la falta de excavación en La Rioja y por la falta de hallazgos en los existentes, por lo que estos fragmentos son un grupo importantes para nuestro ámbito», valoró el arqueólogo alfareño José Manuel Torrecilla en la noche de este viernes en la tercera y última conferencia de los XXI Encuentros con la Historia de Alfaro, compartida con su colega Antonio Aguirre.

El cambio de la religiosidad en los siglos siguientes o la facilidad de reciclar el mármol en cal para construir viviendas en unas épocas de grandes dificultades económicas provocaron la destrucción de la escultura romana en La Rioja y su reutilización. Como ejemplo de ello, Torrecilla señaló a Tricio, importante núcleo romano en el que no se ha hallado un solo resto de escultura.

El Museo de La Rioja guarda las dos figuras aparecidas en Graccurris hasta 1993, la cabeza en mármol de 6,5 centímetros y el dios Mercurio en bronce de 8 aparecidos en el entorno rural, en las muchas villas que rodearon la ciudad. Entre las novedades, el fragmento de mano es de un tamaño el doble del natural, por lo que sería una escultura oficial de tres metros de un emperador divinizado o de un dios que sujetaba un báculo o un pergamino y que podría ser la principal del templo de Graccurris. Igualmente, la cabeza en mármol, probablemente de un relieve, y el fragmento del ropaje son de gran calidad y cuidada elaboración. La figurilla en plomo de un soldado fue una ofrenda hallada en la piscina.

15 diciembre 2014 at 3:00 pm 1 comentario

La batalla de Adrianóplis y los ‘sin papeles’

La Antigüedad expiró con el fallido intento del emperador Valente de regularizar a decenas de miles de godos que se agolparon en la frontera del Danubio como hacen hoy los inmigrantes en Melilla

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Infantería romana en la batalla de Adrianópolis

Fuente: JAVIER MUÑOZ  |  EL CORREO      14/12/2014

Los inmigrantes desaparecidos frente a las costas de Almería y el debate sobre las expulsiones en caliente en la valla de Melilla sólo son el reflejo de un drama que dura más de una década y cuyo capítulo más reciente quizá lo están escribiendo las diferentes ramas de Al Qaeda y el Ejército Islámico de Liberación; grupos islamistas que empujan a decenas de miles de refugiados a las puertas de la UE.

Algunos historiadores han trazado paralelismos entre ese proceso y las crisis migratorias que el imperio romano sufrió en los siglos IV y V, inmortalizadas en los manuales escolares como las invasiones bárbaras. La más decisiva de todas ellas tuvo lugar el año 376, cuando los guerreros hunos arrasaron las tierras de los godos, más o menos en las actuales Ucrania y Rumanía, y los empujaron hacia el río Danubio, que entonces era la frontera del imperio romano de Oriente. Esa estampa de la Antigüedad -más bien del final de la Antigüedad y el comienzo de la Edad Media- se parece a las tragedias del Estrecho de Gibraltar y de la isla italiana de Lampedusa.

El desastre humanitario del año 376 fue descrito por los historiadores Amiano Marcelino (latino) y Eunapio (griego) pocos años después de que ocurriera. Decenas de miles de godos se concentraron muertos de miedo frente los puestos avanzados de los romanos del Danubio. Informaban de que un pueblo nómada desconocido (la generación de hunos anterior a Atila) había irrumpido al otro lado del río y no respetaba a las mujeres ni a los niños. Los desplazados pedían permiso para cruzar y tierras para establecerse, una idea que en principio no le parecía descabellada al emperador Valente, quien gobernaba el imperio de Oriente, con sede en Constantinopla. Los refugiados estababan razonablemente romanizados (muchos profesaban el cristianismo arriano y conocían el griego y el latín) y podían ser reclutados para la guerra o utilizados como mano de obra.

En aquel momento, Valente no estaba en la capital, sino en en Antioquía (Turquía), precisamente reuniendo a sus regimientos de mercenarios godos para luchar contra los partos de Persia. El emperador decidió acoger a los refugiados del Danubio organizando un operativo que cualquier gobierno calificaría hoy de regularización masiva de extranjeros. Sin embargo, la tentativa fracasó por la corrupción administrativa y por la incapacidad de las legiones para controlar a la multitud. Aquel error cambió el curso de la historia.

Provocó una rebelión de inmigrantes que acabó con la derrota de las legiones en Adrianópolis (Turquía europea, cerca de Constantinopla) y con la muerte de Valente. Los acontecimientos posteriores precipitaron lo que se conoce como la ‘Decadencia y caída del imperio romano’, título del legendario libro de Edward Gibbon, historiador del XVIII.

En descargo de las legiones hay que decir que el Danubio bajaba crecido por las lluvias. Los soldados confiscaron cualquier cosa que pudiera flotar para realizar el transbordo de los godos; barcazas, pontones y hasta troncos ahuecados. En la otra orilla, los bárbaros supuestamente desarmados tenían que pasar ante unos funcionarios que les tomaban la filiación; pero había tanta gente para fichar que la frontera volvió a cerrarse. El trasvase se interrumpió y las patrullas que habían ayudado a los inmigrantes a atravesar el río se dedicaron a perseguir a los que habían quedado atrás e intentaban pasar ilegalmente.

Expulsiones en caliente

No estaba claro lo que debía hacerse con los ‘sin papeles': si expulsarlos en caliente o acogerlos. Lo único cierto es que los godos no estaban dispuestos a volver a sus casas amenazadas por los crueles hunos. De esos nómadas se decía que eran tan salvajes que hacían incisiones en las mejillas de sus hijos para que nunca les creciera el vello. Casi no se bajaban del caballo y calentaban su ración de carne apretándola con el muslo contra el costado de la cabalgadura.

A pesar de lo aterrorizados que estaban los godos ‘sin papeles’, los militares romanos los trataron de forma expeditiva para que no pasara más gente por el Danubio. No obstante, quienes dieron esas órdenes fueron castigados, ya que la consigna oficial era la integración de las tribus. Podría decirse que el emperador había decidido aplicar una política de extranjería relativamente blanda y humanitaria, pero los políticos y el ejército no sabían cómo ponerla en práctica.

Un ensayo reeditado por la Editorial Ariel aborda aquella oleada de bárbaros con un lenguaje de nuestra época. Se titula ‘Adrianópolis’ y fue escrito por el italiano Alessandro Barbero, profesor de Historia y novelista. Además de ser fácil de leer, ayuda a comprender los retos que las migraciones del norte África plantean a la Unión Europea. En cierto modo, Melilla es una frontera como la que representó el Danubio en el siglo IV.

Alessandro Barbero, basándose en los relatos de Amiano Marcelino y de Eunapio, como Gibbon, relata cómo los godos que lograron entrar legalmente en el imperio en el 376 fueron confinados en campamentos donde el ejército romano traficó con sus raciones de alimentos. Cuando se hartaron de pasar hambre y de que nadie cumpliera las promesas que les habían hecho, los inmigrantes se levantaron en armas. Reforzados con los ‘sin papeles’ que lograban atravesar la frontera, e incluso con algunos hunos, ocuparon Tracia (Bulgaria) y la saquearon. En el año 378 aniquilaron a las legiones a las afueras de Adrianópolis. El emperador Valente, que había tratado de negociar hasta el último momento, fue posiblemente abatido por una flecha y su cadáver jamás se encontró. La Antigüedad expiró con él.

Primer saqueo de Roma

Los desórdenes concluyeron cuando el sucesor de Valente, el emperador Teodosio, un hispano designado en 380, llegó a un pacto con el líder rebelde Fritigerno para reasentar a los godos e integrarlos en la milicia romana. La protección del imperio quedó virtualmente en manos de extranjeros y en Constantinopla se desencadenó una facción contraria a la inmigración. Pero la suerte estaba echada. La cadena de desplazamientos migratorios que se produjo después, hacia el oeste de Europa, desembocó en el primer saqueo de Roma en el 410 por Alarico (un mercenario), y que concluyó con la destitución de Rómulo Augusto, emperador de Occidente, en el 476. Paradójicamente, Constantinopla resistió otro milenio.

Barbero sostiene que cuando estalló la crisis migratoria en el Danubio el mundo romano no se estaba desmoronando. Los godos ejercían una fuerte presión en el este, pero los emperadores la controlaban aplicando una estrategia que generalmente daba resultados. A algunos guerreros los reclutaban para las legiones o los contrataban como mercenarios. A los prisioneros de guerra los aprovechaban como esclavos domésticos o los enviaban a trabajar a los latifundios del Estado o de los propietarios. Y al resto de tribus las procuraban mantener en sus territorios, controladas por sus jefes, a quienes proporcionaban subsidios y grano, y de vez en cuando daban un escarmiento. Valente había derrotado a los godos nueve años antes de la batalla de Adrianópolis y selló un acuerdo con ellos que saltó por los aires cuando aparecieron los hunos.

Esa manera de actuar de los romanos hacía a los bárbaros dependientes del imperio y vulnerables económicamente. Cuando había crisis, las familias tenían que vender a sus hijos como esclavos y los precios de los sirvientes podían caer en picado. En tiempos de Valente llegaron a abaratarse tanto que cualquier romano tenía un esclavo godo que le llevaba el taburete para sentarse en la calle. Los inmigrantes altos y rubios eran vistos como gente tosca y pobre. Los autóctonos, que eran bajitos y morenos, se sentían superiores.

A pesar de esa visión estereotipada, las élites romanas eran conscientes de la necesidad de aplicar una política de extranjería. Barbero relata que en el siglo IV las oficinas que se ocupaban de reubicar a la población autóctona en áreas despobladas del imperio acabaron asentando a inmigrantes. Se les podía enviar con sus jefes a una provincia para que se gobernaran a su manera; o adscribirlos como colonos a una tierra (así surgieron los siervos de la gleba de la Edad Media).

A lo largo de la historia, Roma demostró su capacidad para absorber a otros pueblos, normalmente a través del reclutamiento en las legiones, que eran una vía de ascenso social, y extendiendo la ciudadanía a amplias comunidades. Ya en el siglo I antes de Cristo, un conservador como Cicerón creía que la inmigración fortalecía la República. A medida que los extranjeros se romanizaban, la población local que convivía con ellos también se transformaba. Es una lección de la historia que la Europa envejecida de nuestros días debería tener en cuenta al contemplar las imágenes que llegan de la valla de Melilla.

14 diciembre 2014 at 8:47 am Deja un comentario

Vuelven a sonar las notas del carnyx después de 2000 años de silencio

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Fuente: Stefano Petrella  |  La RepubblicaAntichi corni e note del passato: tornano a suonare gli strumenti degli Etruschi

Después de dos mil años de silencio volverá a sonar en Tarquinia el majestuoso carnyx -una especie de trompeta de bronce de casi dos metros de altura coronada por una siniestra campana zoomorfa-, junto con otros instrumentos y sofisticados dispositivos de sonido que se creían desaparecidos, como trompetas y cuernos etruscos adoptados también por los antiguos romanos con los nombres de lituus, cornu y tuba.

carnyx

Será en un concierto programado para el domingo 14 de diciembre a las 18:30 en la antigua Sala Capitular de los Agustinos de San Marcos (Tarquinia) y organizado por los arqueólogos musicales del Proyecto Europeo de Arqueología Musical (European Music Archaeology Project). El proyecto ha sido financiado por la Unión Europea para llevar a Tarquinia, cuna de la cultura etrusca, un equipo de investigadores, fabricantes de instrumentos musicales, compositores y músicos, así como también realizadores de cine, diseñadores de sonido y artistas multimedia procedentes de siete países diferentes.

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El objetivo es reconstruir fielmente instrumentos musicales sobre la base de hallazgos arqueológicos y documentos antiguos para relatar el papel desempeñado por la música en el seno de las antiguas civilizaciones europeas, sacando a la luz los sonidos de todas las épocas, desde el Paleolítico Superior y la Edad de Hierro hasta los instrumentos medievales. De esta manera se descubren sonidos nunca mencionados por la historia de la música convencional y emergen conexiones y referencias entre las diversas culturas europeas con miles de años de anticipo a la idea misma de Europa.

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Aquí puede oírse cómo sonaría el carnyx. Y aquí la primera pieza musical compuesta para un carnyx

13 diciembre 2014 at 10:39 pm Deja un comentario

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