Hallan en Jerusalén una inscripción de 2.000 años dedicada al emperador Adriano

Arqueólogos israelíes han revelado hoy el hallazgo de un fragmento de piedra con una inscripción de unos 2.000 años y dedicada al emperador romano Adriano, que ha sido considerada como una de las más importantes en latín descubiertas en Jerusalén

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Jerusalén, 21 oct (EFE).- El fragmento fue localizado en una de las excavaciones que lleva a cabo en el último año la Autoridad de Antigüedades de Israel al norte de la Puerta de Damasco, junto a la ciudadela antigua, y fue empleado como parte de una estructura cuyo uso difería del original.

“Encontramos la inscripción alrededor de la entrada de una profunda cisterna”, señalaron en un comunicado los directores de las excavaciones, Riva Avner y Roie Greenwald.

Tanto en la antigüedad como hoy en día, era común reciclar materiales de edificios antiguos para darles un nuevo uso, y a fin de que la piedra que contenía la inscripción encajara con la cubierta de la cisterna se cortó parte de la misma, concluyeron.

Su tamaño, así como la claridad de las letras grabadas en ella, indicaban, según los investigadores, que el hallazgo tenía un importante significado histórico.

Las inscripciones consisten en seis líneas en latín grabadas en dura piedra caliza que “estaban dedicada a Adriano por la Décima Legión Fretensis en el año 129/130 d.C”, precisó uno de sus traductores, Avner Ecker.

El análisis posterior reveló que el fragmento es sólo la parte derecha de una inscripción de mayores dimensiones, cuyo fragmento izquierdo fue descubierto en el siglo XIX por el arqueólogo francés Charles Clermont-Ganneau, pieza que alberga el Museo de Estudio Bíblico Franciscano.

Hasta la fecha se ha descubierto únicamente una parte reducida de las antiguas inscripciones oficiales latinas en excavaciones arqueológicas en Israel, y en particular en Jerusalén.

Los arqueólogos subrayan que la significancia del hallazgo deriva del hecho de que menciona de forma específica el nombre y títulos de Adriano, así como una fecha clara.

Este prominente emperador gobernó entre 117 y 138 de nuestra era, y, durante su reinado, Roma alcanzó la mayor extensión territorial de su historia.

Asimismo, la talla, en buen estado de conservación 2.000 años después, es una confirmación tangible del relato histórico sobre la presencia de la Décima Legión romana en Jerusalén durante el período de las dos revueltas judías, y posiblemente incluso la localización de un campo militar de la legión en la ciudad.

El historiador contemporáneo Cassius Dio menciona la visita de Adriano a Jerusalén en el año 129/30, en el marco de uno de los viajes del gobernante a la parte oriental del imperio.

Esos periplos también fueron documentados en monedas emitidas para la ocasión e inscripciones grabadas previas a su llegada a diferentes ciudades.

Los arqueólogos apuntan a que la inscripción en su conjunto pudo haber sido colocada en la fachada de un arco triunfal en el límite norte de la ciudad, similar al Arco de Tito en Roma.

La suerte de Jerusalén tras la destrucción del Segundo Templo (70 d.C) por este último emperador romano y la revuelta del 132-136 son considerados sucesos de máxima relevancia para la historia judía de la ciudad.

Posteriormente, tras la caída del santuario se instauró un nuevo sistema en la urbe, que pasó a denominarse Aelia Capitolina e incorporó uno de los nombres del emperador Adriano, que era Publio Elio (Aelius), exponente de una de las dinastías más importantes de emperadores.

Fuente: EFE  | YAHOO Noticias

21 octubre 2014 at 4:14 pm Deja un comentario

La Diana del madrugador toque de corneta

Los romanos llamaban así a la divinidad lunar «porque era capaz de producir. aun siendo de noche, una especie de día», según relató Cicerón

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Toque de diana en el frente

«Quinto levanta, tira de la manta…». La madrugadora canción militar despierta a la tropa. Es el «toque de diana», una expresión que ya ha trascendido el ámbito militar y se usa para referirse al aviso con el que se despierta a otro y, en las fiestas de los pueblos, para anunciar el comienzo de un día festivo.

Pocos conocen, sin embargo, que la diana del toque se remonta al mundo clásico, a una diosa romana cuyos restos de culto aún perviven la ciudad portuguesa de Évora. El templo de Diana «nos recuerda que, si tenemos «dianas» y «toques de diana», se lo debemos a ella», señalan los filólogos Antonio Cascón, Rosario López y Luis Uncueta en nuevo libro «Dichosos dichos» (Ariel, 2014).

Los expertos, que firman con el seudónimo de Víctor Amiano su estudio sobre frases y expresiones heredadas de Grecia y Roma, explican cómo Joan Corominas apuntaba en su «Diccionario etimológico» que el origen de la expresión «se encuentra en el italiano, Diana era el nombre con el que se conocía el planeta Venus, que anuncia el nuevo día», algo por lo que también se conoce a la estrella como el «lucero del alba».

La conexión entre diana y la luz, sin embargo, «aún es más evidente» con la divinidad lunar romana del mismo nombre, continúan los filólogos de la Universidad Autónoma de Madrid. que citan a Cicerón en «Sobre la naturaleza de los dioses»: «A Diana se la llama así porque era capaz de producir, aun siendo de noche, una especie de día».

Un amigo de éste, el gramático Marco Terencio Varrón, también se refiere a Diana en su obra «Sobre la lengua latina», según recogen estos expertos: «El nombre de la Luna se debe a que es la única que brilla (lucet) durante la noche. Por eso en el Palatino se le da el nombre de Noctiluca, pues el templo que allí tiene se ilumina de noche (noctu lucet). Hay quienes la denominan Diana, de igual manera que al sol le dan el nombre de Apolo».

«Dar en la diana»

Cascón, López y Uncueta relatan cómo Diana «pronto fue puesta en relación con Apolo» y cómo acabó asumiendo el atributo sobre la caza que tenía Ártemis, la diosa griega hermana de éste con la que fue identificada. «Posiblemente de la iconografía clásica de esta diosa, que nos la presenta con el carcaj lleno de flechas y su arco siempre a punto, provenga la expresión «hacer diana», que ha dado origen después a «dar en la diana», transfiriendo la denominación del cazador al cazado».

En un breve apunte histórico, los autores de «Dichosos dichos», apuntan el culto sangriento que tenía la diosa Diana, cuyo santuario más famoso estaba situado en Aricia, en los bosques albanos. «El ritual que permitía convertirse en el sacerdote del santuario implicaba el asesinato de quien antes ocupaba el cargo», recuerdan.

Tocar a rebato

Si la expresión «tocar diana» hunde sus raíces en la Antigua Roma, la de «tocar a rebato» hoy más en desuso se originó en tiempos de los ataques inesperados de los árabes que obligaban a convocar al pueblo con rapidez, «haciendo sonar las campanas de la iglesia «a rebato», es decir, repetida y muy rápidamente», según señala Gregorio Doval en «Del hecho al dicho». La palabra rebato procede del árabe «ribat» («ataque contra infieles») y en castellano significó «convocatoria o llamamiento a los vecinos de uno o más pueblos para defenderse de un peligro», explica Doval.

Fuente: MÓNICA ARRIZABALAGA  |  ABC

21 octubre 2014 at 7:32 am Deja un comentario

Encuentran en Turquía una estela con el poema antiguo más largo

Una estela de piedra que porta el poema de la Antigüedad más largo de la época clásica de los descubiertos hasta hoy fue encontrada en la provincia de Mugla en unas excavaciones arqueológicas

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Foto: Hurriyet

ANKARA, 20 Oct. – Según comunica el periódico Hurriyet, la estela, esculpida, según se estima, a finales del siglo IV a. C., fue hallada cerca del mausoleo de Hecatomnus en las afueras de la ciudad de Milas. Según el especialista suizo Christian Marek, se trata de un hallazgo extraordinario y un tesoro para historiadores y filósofos.

El científico afirma que el poema perpetuado en piedra está dedicado al gobernante de una ciudad y está escrito en un estilo característico para la poesía griega de la época. Aunque el inicio del texto no ha sido encontrado, los arqueólogos cuentan con un fragmento de 121 versos, el poema esculpido más grande de los hallados hasta el momento.

Cerca de la ciudad de Milas, situada en las cercanías del centro turístico de Bodrum, se encuentra la mayor cantidad de áreas de excavaciones en Turquía, unas 27.

El mausoleo de Hecatomnus pretende entrar en la lista de Patrimonios de la Humanidad de la Unesco.

Fuente: RIA Novosti

20 octubre 2014 at 8:57 pm Deja un comentario

Vivir de alquiler en Roma: caro y sin comodidades

El aumento de población en Roma hizo que se construyeran bloques de pisos que se alquilaban por precios abusivos

Por Pedro Ángel Fernández Vega. Doctor en Historia Antigua, Historia NG nº 129

Pompeya-Via-de-la-Abundancia

En las ciudades romanas, numerosos bloques de viviendas bordeaban las calles. En la imagen, vía de la Abundancia, en Pompeya

Cuenta Tito Livio que, entre los muchos prodigios que anunciaron en Roma la llegada de Aníbal atravesando los Alpes en aquel fatídico 218 a.C., ocurrió que en el Foro Boario, sede del mercado de ganado, «un buey había subido por sí solo a una tercera planta y, espantado por el alboroto de los vecinos, se había arrojado al vacío desde allí». Se trata de la alusión más antigua a la existencia de bloques de pisos en Roma. La zona, no lejos del Aventino, formaba parte del sector popular de la ciudad. Entonces, el censo de ciudadanos varones, que vivían tanto en la ciudad como en el campo (además de los itálicos a los que se había otorgado la ciudadanía) ascendía a unos 330.000. Al acabar la guerra, la cifra descendió a unos 214.000. Sólo en Roma vivían cerca de 200.000 personas, por lo que es verosímil que los inmuebles de pisos ya hubieran aparecido.

Otro testimonio data de 186 a.C., cuando el cónsul Postumio forzó la declaración de una testigo para desencadenar la persecución contra las Bacanales. Postimio pidió a su suegra Sulpicia, matrona viuda de rango senatorial, que ocultase a la joven en su vivienda: «Se le asignó una estancia en la parte alta de la casa, cerrando el acceso por la escalera que conducía a la calle y abriendo una entrada hacia el interior de la mansión». La morada también estaba en el Aventino.

El negocio del alquiler

Entre finales del siglo III y comienzos del II a.C., las insulae o ínsulas (bloques de pisos) eran habituales en Roma. Sus dueños eran aristócratas que no desdeñaban los alquileres como fuente de ingresos, como en el caso de Sulpicia. La ley Claudia, del mismo año 218 a.C. en que ocurrió el episodio del buey, excluía el lucro como origen de rentas senatoriales, pero el negocio de los alquileres inmobiliarios era demasiado tentador como para despreciarlo. Además, se podía contar con intermediarios para las operaciones.

El crecimiento de población en Roma fue muy intenso. Durante la segunda guerra púnica, masas de emigrantes abandonaron un campo asolado por los ejércitos. Tras la guerra, las oportunidades de trabajo y promoción social atrajeron población incesantemente a Roma. Se calcula que hacia 130 a.C., la ciudad tenía medio millón de habitantes, y que la cifra habría vuelto a duplicarse, tal vez hasta el millón, en época de Augusto, en torno al cambio de era.

Dar acomodo a una población en constante aumento fue posible gracias a un mercado de viviendas de alquiler muy desarrollado: entre el millón escaso de personas que vivía en Roma se contaban 750.000 plebeyos libres, de 100.000 a 200.000 esclavos y en torno a 20.000 personas entre soldados, caballeros y las familias de unos 300 senadores. Las desigualdades sociales crearon una Roma con una minoría de rentistas y una gran masa de inquilinos.

Las regulaciones de alturas para los bloques de pisos, que Augusto estableció en siete plantas y Trajano rebajó a seis, indican que la especulación se impuso y que se resistía a ser controlada. Aunque en época imperial se generalizó la construcción de ladrillo y mortero, en los últimos siglos de la República los incendios fueron muy habituales: han quedado registrados más de cuarenta. Vitruvio culpaba de ellos al opus craticium, el zarzo, un entramado de varas revestidas de arcilla que se usaba para hacer tabiques, sobre todo en los pisos altos, y que demostró ser muy combustible. Por ello estaba contraindicado encender fuego en el interior de las viviendas. Es probable que esto explique la presencia de numerosos thermopolia –establecimientos que despachaban comida caliente sobre la marcha– en las calles de las ciudades romanas. Aulo Gelio reconoce con pesar que «si se pudieran evitar los incendios de que son presa con tanta frecuencia las casas de Roma, me apresuraría a vender mis campos para hacerme propietario en la ciudad», porque «las rentas que producen las propiedades urbanas son elevadas».

El otro gran riesgo de los pisos en Roma fueron los desplomes, como cuenta Juvenal: «Nosotros habitamos en una ciudad apoyada en gran parte sobre débiles puntales; pero cuando el administrador apuntala las paredes que amenazan ruina o tapa la abertura de una grieta antigua, dice que ya podemos dormir tranquilos teniendo la amenaza encima».  Séneca coincide en que el apuntalamiento es «harto económico» y, por lo tanto, muy rentable.

Las casas de vecinos

El mercado de alquileres en Roma se renovaba cada año. Los contratos entraban en vigor el primero de julio y se pagaban a año vencido. Es posible que tras esa fecha lo que quedara sin alquilar bajara de precio. Suetonio cuenta que Tiberio despojó de la túnica laticlavia –la túnica senatorial, con amplias bandas púrpura– a un senador «que se había ido a vivir al campo por las calendas de julio, con la intención de alquilar después una casa más barata, cuando se hubiera pasado el plazo de arriendo en Roma». Como el inquilino debía permitir el acceso al administrador, es probable que, salvo en contratos firmados por varios años, cada junio nuevos inquilinos potenciales visitasen la vivienda. Era una hábil estrategia para presionar al residente e intentar subir la renta, ya de por sí cara.  Juvenal dice que en las ciudades vecinas «se compra una casa cómoda por el precio por el que [en Roma] alquilas un tugurio por un año». A finales de junio, el trasiego de quienes se mudaban y quienes se marchaban sin pagar tenía que ser incesante.

Los cenáculos, los distintos apartamentos que formaban una ínsula, eran, así, inseguros y caros. Un cenáculo normalmente consistía en una habitación principal, el medianum, provista de ventanales a la calle o al patio. Desde allí se accedía al resto de cuartos, la mayoría sin ventana. En las primeras y segundas plantas se alojaban gentes de posición media. Incluso Séneca, el filósofo y mentor de Nerón, vivió tras su retiro de la vida pública sobre unas termas, y reconoció tener un inquilino carpintero; en su descripción, los ruidos de la calle y las voces de los vendedores pregonando mercancías, se amalgaman con los sonidos del agua y de los masajes de las termas. En las plantas bajas, comercios, talleres y tabernas formaban una pantalla junto con otros locales abiertos a la calle que se alquilaban como viviendas a los más pobres (cellae pauperum). Detrás se parapetaban las residencias más acomodadas, las casas señoriales, que se distanciaban de la calzada por un largo corredor y estaban estructuradas en torno a atrios y patios de columnas.

Cuchitriles para los pobres

La necesidad de vivienda provocó que cualquier lugar fuera bueno para vivir con tal de poder estar a cubierto, y eso incluía las buhardillas repletas de palomas, bajo el tejado. Entre los apartamentos de las plantas bajas y los áticos había una auténtica estratificación social en altura. A más escalones que subir, el precio bajaba. Los juristas registran que se podían subarrendar los cuartos de un piso que ya se había alquilado.

Los inquilinos pobres, que vivían bajo el tejado, muchas veces disponían sólo de una habitación y ni siquiera contaban con sanitarios. Una tinaja al pie de la escalera podía servir para vaciar la bacinilla, pero muchos preferían tirar los desechos por la ventana. Juvenal no recomendaba salir de noche por Roma: «Los peligros se cuentan por las ventanas que en tal noche estén abiertas y vigilantes a tu paso. De modo que formula un deseo: llévate contigo este anhelo miserable, que se contenten con vaciar sus anchos bacines».

Para saber más

La casa romana. P. A. Fernández Vega. Akal, 2003.
«Especulación inmobiliaria en Roma». Historia NG, n.º 49

20 octubre 2014 at 2:12 pm 2 comentarios

Docentes de Secundaria reivindican lenguas clásicas y la formación artística

La Asociación de Profesores de Enseñanza Secundaria (ASPES) en Castilla y León ha reivindicado hoy la presencia de las lenguas clásicas y la formación artística en las aulas de las enseñanzas medias.

Los asistentes a las Jornadas “Saberes ignorados y experimentos educativos”, que se celebran desde ayer en León, han reclamado en la sesión de clausura la presencia de las lenguas clásicas, la formación artística y otras asignaturas de carácter humanista en las aulas de Secundaria y Bachillerato.

Los participantes, profesores de enseñanzas medias en su mayoría, han trabajado, en debates, ponencias y mesas redondas en cómo poder potenciar esta formación en el currículo académico.

Los docentes han abordado también el fomento y la presencia de la cultura emprendedora en ESO y Bachillerato.

En su alocución en el acto de clausura, Manuel Seoane, profesor de griego en el IES Ordoño II y la Universidad de León y miembro de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, ha analizado la necesidad del latín y el griego en la Secundaria y su aportación en la formación integral de los alumnos.

“A todos los alumnos hay que darles la oportunidad de que conozcan los conocimientos clásicos”, ha aseverado.

Seoane ha añadido que “como la educación es una necesidad, las leyes educativas no sólo deben velar por mantener los principios democráticos, sino también pensarlos, comprender los pilares en los que están fundados, por qué tienen que preferirlos a otros planteamientos”.

Ha explicado que son las asignaturas de base humanista y clásica las que dotan al alumnado de esos cimientos para asimilar los valores cívicos y democráticos, entre otros beneficios.

“No vale todo, el relativismo no es una opción seria”, ha advertido.

A juicio de Seoane, estos saberes tradicionales están viéndose solapados por un descrédito de la lectura.

“La crisis de la lectura viene derivada de un cambio producido en la tecnología. La pantalla del ordenador impide una concentración plena en lecturas complejas. A lo mejor hay que regresar a la pureza del estudio per se. Hay que regresar al mundo clásico”, ha concluido

Por su parte, Belén Sola, responsable de Educación y Acción Cultural del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac), ha mostrado a los asistentes las técnicas de enseñanza que se desarrollan desde su organización.

Sola ha recordado que un museo “es un recurso educativo” que complementa la actividad de los docentes en las aulas.

La ponente ha mostrado un enfoque novedoso en el estilo de la formación, con creaciones audiovisuales con los que el museo pretende reivindicar la educación artística y llevar la enseñanza de estas materias a diferentes colectivos.

El rector de la Universidad de León, José Ángel Hermida, ha recordado la importancia de la producción de conocimiento en el sistema educativo.

“El 50% del PIB de los países desarrollados está basado en el conocimiento”, ha señalado Hermida, quien ha agregado que, junto al conocimiento, se ha incrementado también la información que cualquier individuo recibe.

Las jornadas han concluido con un debate en torno a la presencia de la cultura emprendedora en los programas educativos de Secundaria, introducida en las últimas reformas.

La secretaria de organización de ASPESL, Cristina Fernández Sayalero, ha explicado que, motivado por las circunstancias económicas, se han promocionado competencias emprendedoras en cada área formativa.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

18 octubre 2014 at 8:47 pm 1 comentario

Pompeya, año 59: la violencia llega al deporte

Los enfrentamientos en los estadios, como el vivido esta semana en el partido entre Serbia y Albania, se remontan nada menos que a la antigua Roma. Un combate de gladiadores acabó en una tremenda pelea entre pompeyanos y nucerianos. Hubo muertos, niños entre ellos, y se prohibieron los espectáculos de lucha durante una década

Mosaico-de-Zliten

Mosaico de Zliten. Propiedad del Jamahiriya Museum de Tripoli (Libia)

Las imágenes de la trifulca que obligó a suspender el partido entre Serbia y Albania de clasificación para la Eurocopa de 2016 han dado la vuelta al mundo. Los golpes entre jugadores, las aficiones encendidas, las carreras desesperadas, la Policía cargando en las gradas… Una bandera de la ‘Gran Albania’ en un dron desató la batalla campal en ese polvorín político que son los Balcanes. Claro que la violencia en el fútbol no conoce fronteras. Brasil registró nada más y nada menos que 30 muertos en los estadios el año pasado. Peor todavía es lo ocurrido en El Cairo en febrero de 2012, cuando un enfrentamiento entre hinchas del Al Masry y el Al Ahly terminó con el espeluznante número de 74 fallecidos y más de 1.000 heridos. No hubo víctimas mortales, pero es imborrable también la imagen de la moto que voló de un graderío a otro en el estadio Giusseppe Meazza en un partido de Champions entre el Inter y el Milan en 2005.

La lista de ejemplos sería interminable. Sorprende, sin embargo, descubrir que esta violencia en el deporte tiene una antigüedad difícil de imaginar. La primera referencia que se tiene de un hecho de estas características se remonta nada menos que a la antigua Roma. En concreto, al año 59 d.C. en Pompeya, la ciudad que quedó petrificada bajo la lava del Vesubio. Allí se celebró uno de los muchos espectáculos de gladiadores que tenían lugar en todo el Imperio. Lo normal es que durasen todo el día. Por la mañana se hacían cacerías de animales, a mediodía se procedía a hacer ejecuciones de presos condenados y ya por la tarde tenían lugar las peleas entre gladiadores propiamente dichas. En la propia capital, los espectáculos podían durar días. De hecho, el récord son los 123 que se alargó el ‘munus’ organizado por el emperador Trajano para celebrar algunas de esas victorias que tan poco importaban al común de los romanos. Lo que querían era ver a sus ídolos, los gladiadores, en acción.

Estos eran tan ídolos como lo pueden ser los futbolistas hoy en día. Los niños se vestían y jugaban a pelearse como ellos, había lámparas y jarras de cristal con sus imágenes, estaban bien pagados (los mejores combatían solo entre 2 y 4 veces al año y ganaban por cada uno de ellos lo mismo que un soldado en un año. Y los soldados tenían un buen sueldo, al menos, mejor que el de la mayoría de la plebe, que bastante tenía con sobrevivir) e incluso su sangre era objeto de oscuro deseo. Se comerciaba con ella pensando que transmitía el vigor de su ‘dueño’. Su atractivo sexual volvía locas a las mujeres. Claro que su profesión tenía bastantes más riesgos que la del futbolista -aun así, la muerte no era el desenlace final más habitual de los combates, más que nada porque formar a un gladiador y contratarle costaba un dineral que pocos se podían permitir. Y si moría, era todavía más caro.

Diez años sin combates… que se quedaron en cinco

Con todos estos ingredientes acudieron al anfiteatro de Pompeya los aficionados de la propia ciudad y los de la vecina Nuceria. A la pasión que le ponían de por sí en estos espectáculos, se unía una rivalidad que terminó por desbordarse. De los insultos se pasó a las piedras y de las piedras directamente a las armas. Tácito lo contó así en sus Annales: “Todo sucedió durante un combate de gladiadores. Los habitantes de las vecinas Pompeya y Nuceria se insultaban unos a otros como suele suceder entre ciudades pequeñas. Las palabras se transformaron en piedras y, a continuación, se desenvainaron las espadas. Los pompeyanos se llevaron la mejor parte; al fin y al cabo eran el equipo local. Como consecuencia de aquello, muchos nucerianos heridos fueron llevados a Roma, y muchos lloraban la muerte de un padre o un hijo”.

La magnitud del suceso ha hecho pensar a los historiadores que ambos bandos habían planificado de antemano los enfrentamientos. De ahí que acudieran con armas al anfiteatro -cabe apuntar que en las gradas solía haber soldados para controlar posibles disturbios, pero en aquella ocasión no debieron ser suficientes-. Se conserva incluso un fresco en el que se puede observar cómo unos luchan en el ruedo mientras otros se atizan con garrotes. Hicieron hasta inscripciones sobre ello: “Campanienses, con esta victoria habéis sido destruidos con los nuecerianos o ¡mala suerte para el pueblo de Nuceria!”.

El estupor que causó aquella tremenda trifulca hizo que el Senado impusiera la prohibición de combates en Pompeya durante 10 años. Como sucede también hoy en día, el castigo no se cumplió. En el año 65 se levantó la sanción en consideración a que dos años antes Pompeya se había convertido en colonia y a otro hecho si cabe más llamativo: Nerón, por entonces emperador, se había casado con Poppea, natural de… Pompeya. Nada nuevo bajo el sol.

Fuente: JON GARAY  |  El Correo

18 octubre 2014 at 9:08 am 1 comentario

Todos los refranes llevan a Roma

“Dichosos dichos” explica el origen de los dichos populares

dichosos-dichosTodos los caminos llevan a Roma, dice la conocida frase. Habría que completarla diciendo que todos los refranes, dichos y frases hechas también llevan a Roma. A Roma y a Grecia, dos civilizaciones cuya cultura han dado lugar a un gran número de expresiones utilizadas en el día a día.

‘Aunque la mona se vista de seda, mona se queda’, ‘Hacerse el sueco’, ‘La opinión la pintan calva’, ‘Ser una mala pécora’… todas tienen su explicación atendiendo a la historia grecorromana. Así lo cuentan Antonio Cascón Dorado, Rosario López Gregoris y Luis Unceta Gómez bajo el seudónimo de Víctor Amiano en Dichosos Dichos (Editorial Ariel). El objetivo detrás de esta publicación no es otro que defender el uso de estas expresiones y hacer que la gente conozca su origen cuando lo haga.

El mismo equipo, todos profesores de la Universidad Autónoma, ya se habían aproximado anteriormente a los latinismos en su obra Peccata Minuta, y ahora quieren colaborar a que los lectores conozcan por qué se dice ‘Subirse a las barbas’ o ‘Lograr una victoria pírrica’.

Esta última un gran ejemplo de una utilización equivocada de muchas frases. Como explica Antonio Cascón a este periódico, los periodistas y políticos estamos pervirtiendo el uso de muchos dichos. Se usan como coletillas y con significados erróneos. Una victoria pírrica no es una victoria por la mínima, sino aquella que no conlleva beneficio para aquel que gana. De tanto leerla y escucharla tras un partido de fútbol la gente ha terminado por emplearla mal. A pesar de ello Cascón agradece que la gente se esfuerce por recuperar este tipo de frases.

“Hay que estar muy agradecido. Yo como filólogo clásico doy las gracias de que digan que Casillas es el cancerbero y que Diego Costa es el ariete. Aunque se dijera mal, porque es una oportunidad para decir cómo se dice bien. Esto ha salvado muchas expresiones, si no fuera por el deporte no se conocería la victoria pírrica. Aunque sea mal prefiero que se utilice”, explica el autor que, aunque ya conocía muchas de las frases incluidas en el libro, ha tenido que investigar el origen de otras muchas.

Los tres autores han filtrado bastante para dejar las más de 250 expresiones con las que contaban, en las más de 100 que conforman el libro. Muchos de ellas asombrarán al lector como lo hizo con sus creadores. Antonio Cascón reconoce haberse sorprendido con el significado de frases como ‘Hacerse el sueco’, cuyo origen no tiene nada que ver con Suecia, sino con los zuecos, el tipo de zapatos que llevaban los comediantes y la forma en la que se les llamaba antiguamente.

Cascón cree que desde la docencia se debería proteger y fomentar que los alumnos sigan hablando con estas expresiones para evitar que se forme una brecha generacional. El autor cree que “el corte de edad es brutal”. “La gente de más de 50 años conoce muchas frases que los jóvenes ni usan ni conocen”, apunta. La edad es uno de las factores que más influye en el desuso de dichos clásicos, pero otros campos como la región o la propia familia afectan.

La educación sería el arma para evitar este desconocimiento, aunque no parece que desde las instituciones se haga nada por solucionarlo. “Hay una falta de educación sobre lo clásico, y va a más. Se reduce la enseñanza del latín, del griego y de la cultura clásica al bachillerato de humanidades. Un bachillerato que cada vez se ofrece en menos colegios e institutos. Es fundamental. Si perdemos la conexión con los latinos y los griegos terminaremos por no enterarnos de nada ni de por qué somos así”, critica el autor de Dichosos dichos.

La importancia de la fábula

Dichosos dichos marca cinco fuentes fundamentales como origen de refranes y dichos populares: La Épica de Homero y Virgilio, las narraciones mitológicas, la historia de Roma y Grecia, sus usos y costumbres y las fábulas clásicas.

Estas últimas de una importancia vital. Acostumbrados a las historias de Samaniego e Iriarte hemos perdido de vista su origen y sus enseñanzas. Más allá de la moraleja detrás de cada una de ellas, Esopo y compañía hicieron que los jóvenes aprendieran principios básicos de su cultura.

Las fábulas son fundamentales, era como aprendían en la antigüedad. La fabulística recoge ideas de la filosofía, y las convierte en ejemplos que pudieran ser entendidos por cualquiera”, cuenta Antonio Cascón.

Expresiones tan populares como ‘Llevarse la parte del león’, o ‘Firmar un contrato leonino’ vienen del mismo lugar, de la historia que contaba como el rey de la jungla establecía el reparto de un ciervo muerto con otros animales y acababa abusando de su poder para llevarse todo.

Otro ejemplo: la popular expresión ‘Andar como puta por ratrojo‘ no tiene nada que ver con la profesión más antigua del mundo y sí con las fábulas. ¿Recuerdan la de la zorra y el mono? Aquella en la que el animal se negaba a prestar su cola al primate y acababa diciendo: “Antes de darte mi cola la arrastraré por el fango y los rastrojos”. Ahí lo tienen. El pueblo soberano decidió cambiar ‘zorra’ por ‘puta’ para darle un toque soez y popular y la gente acabó olvidando su origen.

El libro también cuenta con una sorpresa para los taurinos. ‘Coger el toro por los cuernos’ no tiene nada que ver con Paquirri. Su origen se remonta a la historia de Hércules, que tuvo que capturar al toro de Creta, padre del famoso minotauro. Los caminos de los dichos son inescrutables.

Fuente: Javier Zurro  |  El Confidencial

18 octubre 2014 at 8:54 am Deja un comentario

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