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Centuriones, los héroes de Roma

Trataban con dureza a sus hombres, pero eran los primeros en atacar, y también en enfrentarse a la muerte cuando el enemigo no daba cuartel. En estos soldados descansaba el poder militar de Roma

Las insignias de los valientes
En 1858 se hallaron en Lauersfort (Alemania) las condecoraciones discoidales de un centurión, las faleras, hechas en bronce y plata. Se reprodujeron en este relieve, conservado en el Museo de la Civilización Romana, en Roma.

Foto: Dea / Album

Fuente: Sabino Perea Yébenes  |  National Geographic
22 de agosto de 2018

En el verano del año 70 d.C., las legiones romanas toman Jerusalén y arrasan la ciudad y el Templo, destruido ya para siempre. En esos momentos vemos en acción, entre otros soldados valerosos, a un centurión llamado Juliano, del que el historiador Flavio Josefo, en su Guerra de los judíos (VI 81-90), nos cuenta su acción heroica y su muerte en términos propios de una trágica secuencia cinematográfica. Juliano era, según Josefo, el mejor combatiente que había visto en aquella contienda brutal: el más diestro con las armas, el más fuerte físicamente y el más tenaz.

Durante el asedio a los muros de Jerusalén, el centurión observó que los romanos retrocedían. Estaba junto a Tito –el comandante romano, hijo del emperador Vespasiano– en la torre Antonia, “y desde allí dio un salto, haciendo frente a los judíos armados, y él solo hizo que los judíos, aunque ya eran vencedores, retrocedieran hasta el ángulo del Templo interior. Toda la multitud huyó en grupo –explica Josefo–, pues creían que aquella fuerza y audacia no eran propias de un ser humano. Juliano iba de un lado para otro en medio de los judíos, que se habían dispersado, y mataba a cuantos se encontraba”.

Esta actuación tan arriesgada como suicida le pareció admirable al emperador, que veía cómo los enemigos huían aterrorizados. Pero el destino traicionó a Juliano: los clavos de sus sandalias resbalaron sobre las losas del Templo y cayó de espaldas. Cuando su armadura chocó contra el suelo hizo mucho ruido, y “esto hizo que los que habían huido se dieran la vuelta”, sigue Josefo. Entonces los judíos lo rodearon y le atacaron con espadas y lanzas. Desde el suelo, el centurión hizo frente muchas veces al hierro con su escudo y en numerosas ocasiones, cuando intentaba levantarse, era empujado de nuevo por la multitud. Sin embargo, aun tirado en el pavimento, hirió con su espada a muchos adversarios.

Juliano tardó en morir, porque el casco y la coraza protegían sus partes vitales contra los ataques y porque tenía el cuello encogido. “Finalmente, destrozados los demás miembros de su cuerpo y sin que nadie se atreviera a ayudarle, pereció […] degollado no sin dificultad, tras luchar durante largo tiempo con la muerte y sin dejar ilesos a muchos de los que le atacaron”. Concluye Josefo indicando que una gran pena se apoderó del emperador cuando vio morir, desde la torre, a aquel que un momento antes había estado a su lado. El centurión Juliano alcanzó la gloria de los valientes, cayendo con orgullo y honor no sólo delante de los suyos, sino también delante de sus enemigos.

Vivir para la guerra

En todo el Imperio, en cada momento debía de haber unos 1.800 centuriones, hombres como Juliano: enérgicos, valientes y despiadados, que inspiraban tanto respeto a sus subordinados como temor al enemigo. Los centuriones eran los suboficiales de mayor rango en el ejército legionario de infantería (pero otros autores los consideran oficiales).

Eran militares de carrera, es decir, empezaban como soldados rasos e iban ascendiendo por antigüedad y méritos, siguiendo la estructura de la legión. Una legión estaba formada por diez cohortes, numeradas de la I a la X, y cada cohorte estaba integrada por seis centurias de 80 soldados cada una. La promoción del centurión culminaba al acceder al mando de una centuria de la I cohorte, la más importante de todas las de la legión.

A la cabeza de todos los centuriones de una legión estaba el llamado primus pilus, “primera lanza”. Era el primer centurión de la I cohorte, y sus compañeros de esta cohorte conformaban el rango de los primi ordines, el de los centuriones de mayor rango y reconocimiento en la legión. Después de retirarse, el primus pilus recibía una recompensa y el título de primipilaris (es decir, antiguo primus pilus), de igual manera que un cónsul era llamado consularis tras desempeñar el cargo. Los primipilares eran objeto de especial consideración y podían ocupar cargos como –entre otros– prefecto del campamento o tribuno de las cohortes acantonadas en Roma.

En época imperial también se podía llegar a centurión tras servir con los pretorianos –la guardia personal de los soberanos– o bien gracias a un nombramiento directo por parte del emperador, como sucedía en el caso de algunos miembros del orden ecuestre (el grupo social inferior al de los senadores).

Por debajo del centurión había bastantes grados. Lo asistían, entre otros, los llamados principales: un segundo oficial u optio, el portaestandarte o signifer y un oficial de guardia, el tesserarius, que establecía la contraseña o tessera. Por encima del centurión estaban los altos oficiales de la legión: el legado del emperador (que era el gobernador provincial) o bien el legado de la legión, y un tribuno, todos ellos de rango senatorial, más otros cinco tribunos de rango ecuestre y un prefecto del campamento o superintendente general.

Una parte importante de nuestra información sobre los centuriones proviene de los monumentos funerarios dedicados a ellos, como la estela de Tito Calidio Severo, muerto a los 58 años. Conocemos la carrera militar de este soldado gracias a su tumba, hallada en la antigua ciudad de Carnuntum, en la provincia romana de Panonia (actualmente en la Baja Austria). En ella se indica que primero fue jinete, luego optio o ayudante de un centurión y finalmente decurión (comandante de un escuadrón de caballería) en una cohorte mixta de soldados de infantería y de caballería reclutada en la región de los Alpes, de ahí su nombre: cohors Alpinorum. Su última promoción fue al grado de centurión en la legión XV Apollinaris, estacionada en Carnuntum, donde Calidio Severo murió después de 34 años de servicio, según refiere la inscripción.

Su monumento es anterior al año 63, en el que esta legión fue movilizada para combatir contra los judíos en la guerra narrada por Flavio Josefo. En la parte inferior de la estela se representa sin fantasías parte del equipamiento militar de Tito Calidio: la cota de malla, el casco y las grebas o espinilleras. Debajo aparece el centurión junto a su caballo, en una posible alusión a su etapa de oficial en la cohorte alpina.

Ciento veinte flechas

Si las piedras hablan, también lo hacen las fuentes históricas. El siglo I a.C., y particularmente los últimos años de la República romana, fueron prolijos en campañas militares. Primero se trató de guerras de conquista, como las de Pompeyo el Grande en Oriente y las de Julio César en las Galias; después fueron guerras civiles protagonizadas por los mismos César y Pompeyo. Las fuentes literarias del período son ricas en descripciones de acciones militares en las que los centuriones se muestran valerosos y temerarios. Espectador y narrador de estos episodios es precisamente César, cuyos relatos de la guerra de las Galias y la contienda civil son escenarios de aventuras y combates, de muerte y supervivencia, en los que de vez en cuando afloran nombres propios: los de aquéllos que por su arrojo merecieron ser incluidos en la narración como ejemplos para la posteridad.

Éste es el caso del valiente centurión cesariano Marco Casio Esceva, que luchó en la batalla de Dirraquio contra los pompeyanos, en julio del año 48 a.C. Sabemos por el relato de César que el ataque pompeyano contra el fortín donde se encontraba Esceva fue durísimo. No hubo un soldado que no resultara herido, cuatro centuriones de una cohorte perdieron los ojos y, queriendo dar testimonio de su esfuerzo y de su peligrosa situación, hicieron saber a César la cuenta exacta de las flechas lanzadas contra el fortín: treinta mil; cuando el escudo de Esceva fue llevado a su presencia, se contaron en él ciento veinte agujeros. Es el testimonio que da el propio César en su Guerra civil (V, 44).

Esceva, que era centurión de la cohorte VIII, fue promocionado a primus pilus, es decir, al grado de los primi ordines. El propio César le premió con 200.000 sestercios, al tiempo que compensó con dinero, ropa e insignias al valor a la intrépida cohorte legionaria que había mandado Esceva. Otros autores recogen este episodio y añaden más detalles del combate: que Esceva fue herido gravemente en un hombro y que un venablo le atravesó una cadera. Son hechos quizás inventados, pero que se explican por qué los relatos sobre guerreros valientes pasan de la historia a la leyenda en pocos años.

Pullo y Voreno

Las narraciones de hazañas como la que llevó a cabo Esceva han modelado la imagen del centurión romano como ejemplo del valor y columna vertebral del ejército romano, una imagen que se traslada con naturalidad a la pantalla. Basta recordar el ejemplo de la conocida serie de televisión Roma, exhibida con éxito en todo el mundo, que se organiza a partir de la vida de dos centuriones de Julio César: Lucio Voreno y Tito Pullo. Estos dos centuriones, con estos mismos nombres, lucharon en la guerra de las Galias al lado de César, como sabemos por la propia pluma del general, quien relata la actuación de ambos durante el asedio al que fue sometido el fuerte de la IX legión por el pueblo de los nervios en el año 54 a.C., durante la revuelta de Ambiórix.

Los dos militares eran conocidos por competir entre sí para conseguir ascensos, y precisamente en esos días pugnaban por ascender a primi ordines, el rango más elevado. César explica que, cuando más duro era el combate al pie de las fortificaciones, Pullo dijo: “¿A qué esperas, Voreno? ¿Cuándo piensas demostrar tu valor?”. Y añadió que aquel día se decidiría su competencia. Pullo abandonó las defensas y se lanzó contra el enemigo, y Voreno lo siguió para no quedarse atrás y ser tildado de cobarde. Pullo lanzó su pilum y atravesó a un enemigo que se le acercaba corriendo, pero a su vez recibió el impacto de un venablo que atravesó su escudo y se clavó en el bálteo, la correa de la que pende la espada. Los enemigos lo cercaron, pero entonces llegó Voreno en su auxilio. Mató a uno y apartó a los otros, pero cayó en un hoyo, y hubiera muerto si Pullo no hubiera corrido en su ayuda. Ambos volvieron al fuerte sanos y salvos tras acabar con muchos enemigos, sin que nadie de los que vieron ese combate pudiera decir cuál de los dos aventajaba en valor al otro. “La Fortuna los guió durante el combate”, dice César (Guerra de las Galias V, 44).

Pullo demostraría la misma bravura años después, durante la guerra civil, luchando contra el propio César en Dirraquio después de conseguir que una parte del ejército se pasara a los pompeyanos, lo que habla claramente del ascendiente de este centurión entre las tropas (César, Guerra civil III, 67).

Misiones especiales

Fuera del teatro de operaciones durante una batalla concreta, los centuriones podían ejecutar una misión específica por mandato del emperador, como agentes especiales. En efecto, a los centuriones se les encargaban misiones tan delicadas como llevar hasta Roma a los prisioneros que requiriesen especial cuidado, como los jefes de los pueblos vencidos o reyes, como Antíoco Epífanes, aliado de los judíos que fue vencido por Vespasiano; tras ser apresado, un centurión lo condujo encadenado desde Tarso hasta la capital del Imperio (Josefo, Guerra VII, 238).

También se asignan a los centuriones tareas de espionaje y labores de inteligencia militar e información entre las tropas de las provincias y Roma. Otras veces los vemos junto a los tribunos administrando justicia en el frente de guerra (Josefo, III, 83), y se les encarga la organización de las ciudades recién sometidas (Josefo, IV, 442).

A estas breves historias podríamos añadir muchas más, entre las que destacan algunas que cuenta Flavio Josefo. En el año 63 a.C., Pompeyo Magno se presentó a las puertas de Jerusalén para tomarla. Al tercer día de asedio, los romanos destruyeron una de las torres de defensa, entraron en la ciudad y se dirigieron al Templo. Nos dice Josefo (Guerra I, 49) que el primero que cruzó el muro fue un oficial llamado Fausto Cornelio, hijo de Sila, y después de él dos centuriones, Furio y Fabio, a los que seguía su propia tropa.

Rodearon el Templo por todas partes, matando sin compasión a los que iban a refugiarse en el santuario y a todo el que opusiera la menor resistencia. Aquí vemos en acción a los centuriones y sus cohortes tomando el Templo con las espadas en la mano, con cuyo filo son degollados los sacerdotes mientras ofician sus ceremonias. Choca en este relato la impasibilidad con que los centuriones profanan el Templo. Pero el soldado, cara a cara contra el enemigo, deja a un lado los escrúpulos morales (si es que los tiene): lucha por su supervivencia.

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Los centuriones son soldados audaces, los mejores, que se lanzan a escalar murallas para tomar una plaza fuerte o una ciudad

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Los centuriones son soldados audaces, los mejores, que se lanzan a escalar murallas para tomar una plaza fuerte o una ciudad (Josefo, Guerra I, 351), actos arriesgados que exigen experiencia, seguridad y una valentía extrema. Otras veces, el centurión actúa como un comando junto a un reducido número de sus soldados, en misión de reconocimiento y castigo. Josefo nos narra otra vívida escena. Durante el asedio de Vespasiano a la ciudad de Gamala, un centurión llamado Galo, rodeado en medio del tumulto, se introdujo en una casa con diez soldados. Como Galo era de origen sirio, entendió la conversación de los que vivían en ella, en la que vio una conspiración contra los romanos. Por la noche Galo salió contra ellos, los mató a todos y se refugió sano y salvo en el campamento romano con sus soldados (Guerra, IV, 37-38).

En resumen, el centurión es una figura decisiva en la organización militar romana. Forma parte de los consejos de guerra (consilia) para dar su opinión al general sobre las tácticas, por su experiencia en la guerra. Durante la batalla está en primera fila, dando ejemplo de valor. En la paz, se encarga de la disciplina y el entrenamiento de los soldados. Otras veces, fuera del campamento, se le asignan misiones especiales. Su figura es imprescindible e imponente, por lo que no es de extrañar la atracción que aún hoy sigue suscitando.

La base de una legión
Abajo, moneda de oro acuñada por Julio César con la representación de un campamento. La construcción del centro representa esquemáticamente el pretorio o edificio de gobierno. En las narraciones de sus campañas, César traza un retrato muy favorable de los centuriones por su valor y su disciplina.

Foto: Dea / Album

 

El fin del templo de Jerusalén
En el verano del año 70 d.C., las legiones romanas toman Jerusalén y arrasan la ciudad y el Templo, destruido ya para siempre. Durante la guerra del emperador Vespasiano contra los judíos, los centuriones protagonizaron múltiples hechos de armas. Óleo por Francesco Hayez. Siglo XIX.

Foto: Akg / Album

 

El filo de la guerra
Arriba, reproducción del armamento de un centurión en el Museo de la Civilización Romana, en Roma. Los centuriones llevaban en el costado izquierdo una espada como éstas, y un puñal en el derecho.

Foto: Scala, Firenze

 

Un centurión, con cimera negra, lucha con sus hombres contra el enemigo durante las guerras dacias. 101-107 d.C.

La estructura de la legión
La legión se dividía en diez cohortes, cada una de ellas comandada por un prefecto. A su vez, cada cohorte estaba dividida en tres manípulos. Por último, cada manípulo estaba integrado por dos centurias, cada una de ellas mandada por un centurión.
Foto: Akg / Album

 

La estela de Tito Calidio
La lápida sepulcral de este centurión se halló en Carnuntum, un campamento romano fundado por Augusto a orillas del Danubio y a 32 kilómetros al este de Viena. Museo de Historia del Arte, Viena.

Foto: E. Lessing / Album

 

La rendición de Vercingétorix
Con la capitulación del jefe arverno ante César terminó la guerra de las Galias, en el año 52 a.C. Óleo por Lionel-Noël Royer. 1899. Museo Crozatier, Le Puy-en-Velay. Dos centuriones de César, Pullo y Voreno, competían entre sí para conseguir ascensos, y precisamente durante la guerra de las Galias pugnaban por ascender a primi ordines, según narra la propia pluma de Julio César.

Foto: Bridgeman / Aci

 

Luchar hasta la muerte
Los centuriones mantenían su posición hasta el final, de ahí su elevadísimo número de bajas en combate. César, en los relatos de sus campañas, recoge numerosos ejemplos del valor de estos oficiales. Así, menciona la situación crítica de la XII legión en la batalla del Sambre (57a.C.), librada contra los belgas: los seis centuriones y el portaestandarte de la IV cohorte habían muerto, mientras que los centuriones de las otras cohortes estaban casi todos heridos o muertos. En el choque de Dirraquio contra los pompeyanos (48 a.C.) perecieron en un mismo día 32 centuriones de la legión IX, la mitad de los de esta unidad. En la batalla de Farsalia, también contra los pompeyanos (48 a.C.), murieron en total 31 centuriones, mientras que sólo cayeron 200 soldados, lo que da idea de la combatividad y el valor de estos militares.

Foto: Bridgeman / Aci

 

Legionarios recolectando cereal durante la conquista de la dacia. Relieve de la columna trajana. 113 d.C.

Entre la disciplina y la crueldad
En algún momento de su larguísimo servicio militar, todos los legionarios recibían algún azote con la vitis, la vara de vid que simbolizaba el rango del centurión y que servía para castigar a sus subordinados. Esta sanción no estaba reglamentada, y quedaba a la discreción del oficial. Había centuriones que usaban de forma muy cruel esta prerrogativa y eran especialmente odiados por la tropa. Tácito cuenta que en el año 14 d.C., cuando las fuerzas acantonadas en el Rin se amotinaron tras la muerte del emperador Augusto, en Panonia los soldados mataron a un centurión llamado Lucilio y apodado Cedo alteram, “Tráeme otra”, en alusión a las varas que pedía tras romperlas sobre las espaldas de sus hombres (Anales I 23, 3).
Foto: Scala, Firenze

Relieve con estandartes
El estandarte o signum de la legión, coronado por un águila, está flanqueado por los signa de dos manípulos (cada manípulo estaba formado por dos centurias). Relieve del siglo III d.C.

Foto: Dea / Album

 

Una ciudad para exlegionarios: Timgad
Situada en la actual Argelia, la fundó el emperador Trajano en torno al año 100 d.C. como una colonia militar. Allí instaló a veteranos procedentes de la frontera con Partia, dotándolos de las tierras que los soldados recibían una vez cumplido su servicio militar, que alcanzaba los veinticinco años.

Foto: Yann Arthus-Bertrand / Getty images

 

El muro de Adriano
En su construcción trabajaron las legiones instaladas en Britania: la II, la VI y la XX. A cada legión le tocó un tramo de obra, dividido en secciones que se asignaron a las centurias.

Foto: Funkystock / Age fotostock

Un centurión en Britania
En esta piedra del muro de Adriano (construido en 124 d.C.), hallada en el fuerte de Housesteads, se dice: “Lo hizo la centuria de Julio Cándido”. Se han hallado otras tres inscripciones que recuerdan la labor de este centurión.

Foto: Manuel Cohen / Aurimages

 

Fuerte de Viminacium (la actual Kostolac, Serbia), sede de la legión VII Claudia.

La vida en el campamento
Los edificios más habituales en los campamentos eran los barracones que albergaban a los soldados y oficiales de una centuria. Cada contubernio (grupo de ocho hombres) recibía dos habitaciones, y el centurión disponía de varias estancias para él solo, generalmente al final del bloque; las paredes de estas habitaciones podían estar estucadas y pintadas, e incluso podía disponer de un baño personal.
Foto: Akg / Album

 

Marco Favonio Fácil
Su estela funeraria se descubrió en Colchester, la antigua Camulodunum, donde se enfrentaron los romanos y la reina Boudica en 61 d.C. Vemos al centurión de frente, con el traje propio de su rango, la vara, espinilleras, capa, lórica (coraza), puñal y espada. El monumento estaba partido en dos, a un metro de profundidad. Muy cerca se halló un recipiente cilíndrico de plomo, de 23 centímetros de diámetro y 33 de altura, con huesos quemados, posiblemente los del centurión.

Foto: Dea / Album

Estela funeraria de Marco Apicio Tirón

Además de combatir, administrar
Los centuriones no sólo eran el brazo armado de Roma: también representaban la autoridad romana en regiones donde las estructuras administrativas no estaban desarrolladas. A veces la población local acudía a ellos en busca de justicia. Así, por ejemplo, en el año 193 d.C., en tiempos del emperador Cómodo, un tal Syros escribe al centurión Amonio Paterno quejándose de que los recaudadores de un impuesto en especie han reclamado injustamente el pago de una artaba de trigo (25 litros) y que por esta razón han maltratado a su madre. Dado este papel de administradores, los centuriones no sólo debían reunir condiciones como jefes militares, sino que también debían contar con una formación que, cuanto menos, incluyera saber leer y escribir.
Foto: Dea / Album

Marco Celio, caído en Teutoburgo
En septiembre del año 9 d.C., los germanos aniquilaron a tres legiones romanas en el bosque de Teutoburgo. El centurión Marco Celio, nacido en Bononia (la actual Bolonia), cayó en esa batalla. Su cadáver quedó allí, tendido a la intemperie entre muchos miles más, y su hermano decidió levantar un monumento en su memoria.

Los libertos del centurión

Con toda probabilidad Marco Celio era un hombre soltero, pues no hay mención a esposa o hijos en el epitafio; en cambio, sí aparecen, a sendos lados, los retratos de sus sirvientes, dos libertos muy queridos, uno de origen y nombre latino (Privatus), y otro griego (Thiaminus), que posiblemente murieron también en la emboscada de Teutoburgo y que conforman esta especie de cuadro funerario familiar.

Valiente y condecorado

Es el retrato de un hombre vivo, posando con su uniforme de gala de centurión, con el bastón de mando en la mano derecha y su coraza absolutamente cubierta con insignias al valor. Tantas condecoraciones indican la larga carrera de éxitos militares de este centurión fallecido a los 53 años, según nos indica la inscripción. La legión XVIII tenía su campamento base en Vetera (actual Xanten), y allí levantó Publio este monumento.

Foto: Akg / Album

¿Cómo era Marco Celio?
una recreación del aspecto de Marco Celio a partir de su cenotafio. Ciñe su cabeza una corona cívica; hecha de hojas de roble, condecoración que se recibía por salvar la vida de un militar ciudadano romano. Las condecoraciones (dona) que cuelgan de un arnés sobre la armadura son torques, de los que lleva uno en torno al cuello, y phalerae, faleras o discos metálicos. En la muñeca luce otras condecoraciones, las armillae. Como es característico de los centuriones, lleva la espada a la izquierda y la daga a la derecha –al contrario que los soldados–. Con la mano derecha sujeta la vara de mando, que originalmente era una vara de vid, y en la izquierda lleva un casco con cresta transversal de plumas. El autor de la recreación ha supuesto que las piernas están protegidas con grebas, como en otras representaciones de centuriones.

Foto: Giuseppe Rava / Osprey publishing

 

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22 agosto 2018 at 2:27 pm 1 comentario

Imágenes de postal de Roma cubierta por la nieve

 

Fuente: EL PAÍS
26 de febrero de 2018

La ola de frío siberiano que estos días azota el continente llegó ayer a Italia. “Burian”, como ha sido bautizada, ha provocado copiosas nevadas en el norte, con temperaturas que han llegado hasta los 20 grados bajo cero en algunas localidades.

Este lunes la ola de frío ha alcanzado el centro del país y la ciudad de Roma, donde no nevaba con tanta intensidad desde 2012.

La gran cantidad de nieve caida desde esta madrugada está provocando grandes molestias y problemas de tráfico a los romanos, pero está sirviendo también para que podamos ver inusuales imágenes de la Ciudad Eterna de una extraordinaria belleza.

La cúpula de la Basílica de San Pedro cubierta de nieve en Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. ALESSANDRA TARANTINO (AP)

 

Un cura cruza la calle nevada cerca del Arco de Constantino en Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. ALESSANDRA TARANTINO (AP)

 

El Coliseo a primera hora de la mañana durante la fuerte nevada en Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. REMO CASILLI (REUTERS)

 

El Foro Romano cubierto de nieve a primera hora de la mañana en Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. REMO CASILLI (REUTERS)

 

Los tejados de Roma cubiertos de nieve después de la fuerte nevada, el 26 de febrero de 2018. ALESSANDRA TARANTINO (AP)

 

Un hombre camina por el Circo Máximo de Roma mientras nieva, el 26 de febrero de 2018. ALESSANDRA TARANTINO (AP)

 

Tejados cubiertos de nieve en el centro de Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. REMO CASILLI (REUTERS)

 

Una bicicleta cubierta de nieve frente al Coliseo tras la fuerte nevada en Roma (Italia), el 26 de febrero de 2018. ALESSANDRA TARANTINO (AP)

 

26 febrero 2018 at 6:59 pm Deja un comentario

Una lluvia de pétalos de rosa tiñe de rojo el Panteón en Roma por Pentecostés

Foto: La Repubblica

Fuente: EFE  – EL PERIÓDICO
4 de junio de 2017

Una lluvia de pétalos de rosa ha teñido hoy de rojo el Panteón de Roma con motivo de la festividad de Pentecostés, un espectáculo original que cada año sorprende a cientos de turistas y romanos que no dudan en captar el momento con sus cámaras fotográficas y sus teléfonos móviles.

El acontecimiento se produjo, como es tradición, al mediodía y durante unos minutos miles de pétalos de rosa cayeron desde la cúpula para gozo de los presentes, simbolizando el descenso del Espíritu Santo desde el cielo sobre los apóstoles.

Los pétalos cayeron sobre las vestimentas de los fieles y los curiosos que habían hecho cola desde primera hora de la mañana para no perderse el evento, y acabaron bañando todo el pavimento del Panteón de Agripa.

El espectáculo se llevó a cabo gracias a la intervención del cuerpo de Bomberos que fue el responsable de lanzar los pétalos desde el óculo de la cúpula de esta monumental construcción, erigida en el siglo II sobre el antiguo el templo de Agripa del año 27 a.C.

 

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5 junio 2017 at 8:05 am Deja un comentario

Los últimos romanos que resistieron en el Montgó

  • El fortín de la Penya de l’Àguila, en Dénia, acogió a los últimos soldados de Sertorio que perdieron la cruel guerra civil frente a Pompeyo y que probablemente se vieron abocados a un trágico destino
  • El Museo de Xàbia ha albergado ahora una exposición que muestra la vida militar y cotidiana de aquellos legionarios
  • La Universidad mantiene que este yacimiento constituía junto a otros ubicados en Moraira, Calp, Altea y Benidorm una línea de defensa de la costa

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Fuente: La Marina Plaza   12/02/2017
Fotografías: Ximo Bolufer, Museo Soler Blasco, Universidad de Alicante, MARQ

mapaEntre las virulentas guerras civiles que asolaron durante décadas la República Romana, una de las más desgarradas fue la que enfrentó a Sertorio con la facción más conservadora del Senado liderada por Sila. En el año 83 a.C., Sertorio, un caudillo de gran carisma, huyó de Italia y acabó por trasladar el escenario bélico a Hispania, donde aliado con las tribus locales resistió durante una década a los mejores ejércitos del mundo enviados por Roma y liderados, a partir del 77 a.C, por el gran Pompeyo.  La guerra finalizó en 72 a.C. con el asesinato a traición de Sertorio a mano de un lugarteniente.

Durante aquel conflicto hoy casi mítico, la costa de las actuales comarcas de la Marina jugaron un rol fundamental. Ante el difícil tránsito por tierra, este litoral ofrecía grandes ventajas para la navegación y de hecho uno de los principales puertos de los sertorianos fue Dianium, la actual Dénia.

Pero es que además Sertorio pretendía controlar y vigilar el tráfico de embarcaciones que navegaban en torno al cabo de la Nao, todo un referente geográfico en el Mediterráneo de la época, y para eso instaló una serie de fortificaciones al sur de Dianium ubicadas en la Penya de l’Àguila en el Montgó, la Punta de la Torre en Moraira, el Penyal d’Ifac en Calp, Cap Negret en Altea y el Tossal de la Cala ya en Benidorm.

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La actual tesis de una serie de expertos entre los que destaca la profesora de la Universidad de Alicante (UA) Feliciana Sala es que todos esos yacimientos, tradicionalmente asociados a un origen íbero, sirvieron como pequeños fortines –castella en latín– de las tropas romanas de Sertorio. Su misión, además de ejercer una labor de control del territorio era fiscalizar todas las embarcaciones que navegaban en el triángulo integrado por Carthago Nova (la actual Cartagena, y de especial interés estratégico para Sertorio pues estaba en manos de su enemigo Pompeyo), Ebusus (hoy Eivissa) y la propia Dianium.

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De entre todos aquellos fortines, el de la Penya de l’Àguila «cuenta con un especial protagonismo en la contienda al acoger el enclave que puede simbolizar la tragedia vivida por los últimos sertorianos de Dénia», explica Sala. Fueron pues los últimos rebeldes de Sertorio que aún habrían resistido en su fortaleza en el Montgó pese a que la evolución de la guerra comenzó a ser crítica para los rebeldes después de que Pompeyo los venciera en las batallas de Valentia y Sucro (en el 75).

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Muralla de la Penya de l’Àguila

Esta consideración de la Penya de l’Àguila como último foco de resistencia rebelde no es mera especulación histórica. Ya en 1963, H. Schubart intuyó que la especial disposición de las tres murallas que configuraban el fortín obedecían a una «solución crítica o de emergencia» para evitar una posible invasión inminente. Por eso, Sala acaba preguntándose: «¿Acaso no semejan [las murallas] elementos de defensa propios de un campo de batalla? ¿Acaso no se percibe una desesperada respuesta ante un ataque inminente, quizás el último reducto de los sertorianos?».

Romans contra romans, la exposición en Xàbia: cómo vivía un soldado del siglo I a.C.

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Inaguración de la exposición en Xàbia

Las palabras de Sala están extraídas de un catálogo específico para la exposición Romans contra romans que, organizada por la propia Universidad de Alicante y el MARQ, ha acogido durante estos días el Museo Soler Blasco de Xàbia y que evoca toda esta epopeya. A pesar de que en rigor la Penya de l’Àguila se encuentra en Dénia, el museo xabienc alberga numerosos materiales de metal y cerámica que a lo largo de los años han sido salvados del expolio que sistemáticamente ha sufrido este yacimiento.

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La razón, según explica el arqueólogo municipal de Xàbia, Ximo Bolufer, es que el Soler Blasco recibió dos donaciones trascendentes de restos procedentes de la Penya de l’Àguila: la primera se produjo a raíz de que a finales de la década de 1970 se abriera la controvertida pista para ascender hasta esa parte del Montgó; entonces, un residente extranjero que vivía en Jesús Pobre recogió de allí numerosos fragmentos históricos mientras en un impagable diario detallaba en qué punto exacto del yacimiento los había localizado; esos restos fueron cedidos más tarde al museo xabienc y también a mediados de los ochenta otro vecino en este caso de la propia Xàbia, Pepe Cardona, hizo lo mismo.

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Buena parte de esos materiales han integrado ahora la exposición Romans contra Romans. No son sólo parte de los pertrechos militares que cargaban los soldados, sino también incontables piezas que nos permiten conocer bastantes cosas de su vida cotidiana: platos, fragmentos de tinajas, tapaderas de ollas, lingotes, cascos, anillos, chisqueros, tachuelas, proyectiles de hierro, puntas de lanza, ánforas, placas de cinturón, cuchillos, azadas, tenazas, pinzas, hachas, pies de palangana, monedas…

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Piezas del Museo Soler Blasco expuestas.

¿Cómo era pues la vida de un soldado de Sertorio en el siglo I a.C?

La rutina diaria

La únidad básica del ejército romano era el contubernium, un grupo de ocho soldados que compartían habitáculo y deberes a rajatabla. La rutina comenzaba con el desayuno. Después, algunos hacían guardia y el resto se ejercitaban con las armas para un posible ataque. Siempre había que estar preparado.

El mantenimiento del castellum

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En la conservación del fortín además de soldados participaban carpinteros, albañiles, herreros o mozos de cuadra. También había médicos y escribas para redactar cartas y llevar cuentas. El acarreo de agua y leña era diario y se mandaba a soldados a cazar para traer carne fresca. Antes de dormir, había que limpiar todo el equipo: armas, indumentaria y la vajilla de cada legionario. También había tiempo para el ocio, como demuestra el hallazgo de fichas de juego.

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La dieta

Había tres alimentos fundamentales: el trigo, que se acarreaba desde los vecinos campos de cultivo de los íberos; y vino agrio y aceite, importados desde Roma en ánforas. La sal también era un elemento fundamental para conservar alimentos. La dieta se completaba con hortalizas, legumbres, frutas, carne fresca, miel, tocino, leche, queso, hierbas aromáticas y salazones. Cada contubernio disponía de una cocina portátil.

El salario

En los yacimientos se han hallado monedas romanas acuñadas por la República y también por ciudades íberas, forzadas por los romanos a emitir dinero para sufragar gastos de guerra.

El desenlace: de la esperanza de Mitríades a la guerra eterna

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Pirata cilicio

Los piratas cilicios pusieron allá por 75 a.C. a Sertorio en contacto con Mitríades VI, rey del Ponto, en el Mar Negro. El objetivo, negociar un pacto para hostigar desde los dos extremos opuestos del Mediterráneo a la poderosa Roma. En aquel año, Lucio Magio y Lucio Fannio, dos miembros de la facción popular del Senado a la que pertenecía Sertorio, llegaron al puerto de Dénia a bordo de un myoparo tripulado por estos piratas cilicios, cuya flota es muy posible que también estuviera amarrada en el Tossal de la Cala, el Penyal d’Ifac, Cap Negret o la Punta de la Torre.

Tal alianza no obtuvo resultados fructíferos y como ya se ha contado Pompeyo ganó el conflicto. Pero aún así, la República Romana no se libró de nuevas guerras civiles incluida la que un Pompeyo ya mucho más veterano disputó y perdió frente a Julio César entre el 49 y el 45 a.C.

 

12 febrero 2017 at 1:47 pm Deja un comentario

Roma abre al público, sin barreras, los Foros Imperiales y Romano

Los Foros Imperiales y el Foro Romano abrieron hoy al público de manera gratuita e interconectados con el fin de facilitar la visita conjunta y sin barreras arquitectónicas de la amplia área arqueológica del centro histórico de Roma.

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Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA
Fotos: La Repubblica

Roma, 1 ene.- Se trata de una iniciativa organizada por el Ayuntamiento de Roma que se enmarca dentro de las celebraciones de Año Nuevo y que solo permite a los turistas e italianos disfrutar de esta oportunidad durante unas horas.

El Foro Romano, que representaba el centro neurálgico de la vida pública de la antigua Roma, está actualmente separado de los Imperiales por una gran avenida que recibe el mismo nombre y que conecta la plaza Venecia con el Coliseo.

Sin embargo, por primera vez los ciudadanos que se acerquen hoy a esa zona podrán cruzar del Foro de Trajano, en el Foro Romano, al Foro de César, en los Imperiales, por un pasadizo subterráneo.

Lo podrán hacer indistintamente, de un foro al otro, a través de unas pasarelas bajo tierra que normalmente permanecen cerradas al público y que solo hoy dejarán al descubierto, por ejemplo, los sótanos de antiguas viviendas del Quartiere Alessandrino.

Así, los visitantes y los italianos que lo deseen pueden pasear libremente y sin coste alguno entre las ruinas de esta histórica área arqueológica, enclavada en el corazón de la capital, a lo largo de un amplio recorrido que conecta los distintos foros.

Una oportunidad única que permite a los amantes de la cultura, del arte, de la historia y de la arqueología sumergirse sin interrupciones en la zona arqueológica más grande el mundo, según el Ayuntamiento romano.

Los impresionantes Foros romanos y el imponente Coliseo son unos de los símbolos más característicos de la capital italiana: retratados en numerosas postales de Roma, reúnen cada año a millones de turistas procedentes de diversos rincones del mundo que viajan hasta la ciudad italiana para disfrutar de estas joyas históricas.

Fundada por Rómulo y Remo en el año 753 a.C., según cuenta la leyenda, Roma fue en un principio la capital de la República y del Imperio romanos y, a partir del siglo IV, la del orbe cristiano.

Por eso, recorrer los mismos caminos por los que paseaban los ciudadanos romanos hace 2.000 años, perderse entre las ruinas de estos foros para admirar, por ejemplo, el Mercado de Trajano, el monumental Arco de Tito o la sede de la Curia, donde se reunían los senadores, y hacerlo además sin barreras, supone un auténtico placer.

Una ocasión que no ha querido perderse Inma, procedente de Girona, que ha aprovechado su visita a la capital italiana para disfrutar de estos tesoros.

“Nos ha gustado mucho el recorrido, lo que pasa es que no se pueden pasar por todas partes, solo lo que te permite la pasarela. Pero está muy bien la idea, lo podrían dejar”, comentó a Efe.

El recorrido puede comenzar desde la plaza de Santa María de Loreto, que acoge la Columna Trajana, erigida por orden del emperador Trajano y que mide 100 pies romanos, es decir, 29,64 metros, que se convierten en casi 40 metros con la base inferior y la enorme estatua situada en el extremo superior (en origen, una figura del emperador Trajano y que hoy ocupa una de san Pedro).

Pero este no es el único ingreso, pues se puede acceder a los foros por otras entradas, las habituales ubicadas frente al Arco de Tito, en la vía Sacra, una de las arterias de la antigua Roma, o en la vía de San Gregorio, que conecta con el monte Palatino.

Una vez dentro, los visitantes pueden deleitarse recorriendo distintos caminos que les conducen hasta la Basilica Giulia, construida en el año 179 a.C.; el Tempio del Divo Giulio, levantado por el emperador Augusto en honor a Julio César; o la Casa delle Vestali, un complejo residencial que se situaba próximo al templo de Vesta.

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1 enero 2017 at 7:43 pm Deja un comentario

Los foros romanos de Trajano y César abren de día y sin barreras arquitectónicas

El área arqueológica de los foros de Trajano y de César podrá ser recorrida de día y completamente exenta de barreras arquitectónicas para discapacitados, después de permanecer cerrada durante 20 años, informó hoy el Ayuntamiento de Roma.

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Vista del área arqueológica de los foros imperiales durante la presentación de su reapertura en Roma, Italia. EFE

Fuente: EFE  |  YAHOO Noticias

Roma, 24 nov-  Estos foros, enclavados en el corazón de la capital, únicamente podían ser visitados en las noches de verano, gracias a un recorrido audiovisual que explicaba el origen de estos dos importantes puntos de poder político y económico de la antigua Roma.

A partir de mañana podrán también visitarse con la luz del sol, de tal modo que el visitante podrá apreciar las columnas del Templo de Venus, imaginar aquellos imponentes edificios e incluso observar los restos de la sede de los “argentari”, los banqueros de la época.

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El área arqueológica ha sido dotada además de una pasarela que permitirá a las personas discapacitadas disfrutar de la visita.

En este sentido el consistorio capitalino anunció que el próximo 3 de diciembre el área arqueológica abrirá sus puertas de forma exclusiva y gratuita para personas con discapacidades motrices, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Esta mañana se celebró el acto de reapertura y al mismo asistió la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, quien dijo que “es una gran emoción atravesar este maravilloso recorrido, rico de historia y de sugestión, y que ha permanecido cerrado durante demasiados años”.

“Sólo a través de la posibilidad de revivir estos lugares la gente puede darse cuenta de lo importante que es nuestro pasado para el presente y para el futuro”, sostuvo.

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El foro de Trajano fue inaugurado en el año 112 d.C, un año antes de la célebre columna dedicada al emperador hispano, y el de César, el más antiguo, fue descubierto entre 1930 durante las labores de demolición de los edificios que ocupaban la actual Vía de los Foros Imperiales.

La reapertura de los foros se produce una semana después de que se permitiera el acceso al área arqueológica del Circo Máximo, cerrada desde el 2009.

 

24 noviembre 2016 at 5:50 pm Deja un comentario

Habla el hombre que ha levantado el Coliseo romano

Gracias a la inversión de Tod’s, presidido por Diego Della Valle, el monumental Coliseo luce de nuevo. El protagonista nos cuenta los estresijos de la restauración

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Así lucía la fachada sur del Coliseo bajo los andamios que acaban de ser retirados. Ahora, mejor ir a verlo con gafas de sol: el mármol travertino brilla sin la capa de negritud que lo cubría.

Fuente: DANIEL GARCÍA LÓPEZ  |  EL PAÍS
31 de agosto de 2016

Después de dos años de restauración, la noche del 1 de julio el Coliseo romano fue reinaugurado con un concierto de los jóvenes músicos de la Accademia de La Scala milanesa dirigidos por Zubin Mehta. Los poco más de 200 invitados, entre prensa internacional y un quién es quién de la política, la moda y la empresa italianas, nos sentamos en semicírculo frente a la arena iluminada con la bandera tricolor, antes de subir a las gradas para una cena con mareantes vistas al interior del monumento (mientras nos sentábamos, para colmo, se ponía el sol).

La primera noche de julio de 2016 será recordada como el épico momento en que el Coliseo volvió a la vida, sí, pero también como la fecha en que Tod’s, la casa de lujo que ha sufragado una operación cuyo coste total asciende a 25 millones de euros, pasó a la historia de la filantropía. Esa misma mañana, en una rueda de prensa, Dario Franceschini, ministro de Cultura y Turismo, y el primer ministro, Matteo Renzi, lo certificaban con sendos discursos triunfales. “Se han acabado los tiempos en los que Italia era el país del no se puede”, exclamó Renzi tras haber dado las gracias efusivamente a los hermanos Diego y Andrea Della Valle, dueños de Tod’s, sentados en la primera fila del público.

A la izquierda, el presidente de Tod’s, Diego Della Valle. Junto a él, su hermano Andrea, vicepresidente. El primero ocupa el puesto 26º en la lista Forbes de ricos italianos. El segundo, el 37º.

La mañana siguiente, Diego Della Valle (Casette D’Ete, 1953) no se dejaba dar la enhorabuena. “El protagonista es el monumento. Mehta estuvo perfecto. Fue una celebración entre amigos. Ahora que el Coliseo está listo, espero que mis congéneres [aludiendo a los empresarios italianos] me sigan con más proyectos de este tipo. Esto no sólo es un tema cultural, sino un gran plan de negocio. La cultura, el turismo, el estilo de vida, la comida, son la llave del futuro para la nueva generación”.

Nos sentamos con Della Valle en el comedor del Hotel Hassler, un luminoso espacio cuyo encanto está en esa discreta pátina, acumulada durante décadas, que hace imposible saber si fue inaugurado en 1935 o 1966. Es el escenario ideal para un hombre que alcanzó el éxito fabricando zapatos de vachetta, un cuero sin tratar que sólo con el uso adquiere, poco a poco, su reconocible pátina color caramelo. El Hassler, además, está a dos pasos de los escalones de la Plaza de España, hoy cerrados por unas obras de restauración para las que Bulgari ha donado un millón y medio de euros.

Han sido varios los congéneres de Tod’s que han seguido su ejemplo, sobre todo en Roma. Bulgari es la última, pero en este tiempo Fendi no sólo ha restaurado la Fontana di Trevi –invirtiendo aproximadamente dos millones de euros– sino que se ha instalado, previa renovación, en la Casa de la Civiltà: un magnífico edificio de estilo filoclásico que se inauguró justo al terminar la II Guerra Mundial y que languidecía sin luz ni electricidad desde hacía décadas.

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Durante más de dos años, el Coliseo ha sido objeto de delicadas operaciones para limpiar la suciedad acumulada sobre sus fachadas norte y sur. Lo próximo será restaurar los pasillos subterráneos y cubrir la arena.

Como en todo caso de solidaridad corporativa, además de buenas intenciones, existe lógica marketiniana en que una empresa se involucre en la conservación del patrimonio cultural de su país, sobre todo en este momento de auge de la responsabilidad social corporativa. Y también hay lógica fiscal. El compromiso de Della Valle con el Coliseo provocó que Renzi, nada más subir al poder en febrero de 2014, instaurara un incentivo fiscal del 65% para aquellas empresas que invirtieran en cultura, sin tope de cantidad. La iniciativa ha allanado el camino y, por ahora, el Gobierno italiano ha atraído 300 millones de euros en una exitosa joint venture entre empresarios y un país que cuenta con 51 lugares declarados Patrimonio de la Humanidad, pero cuyo mantenimiento ha sido perjudicado por una mezcla de corrupción y falta de recursos.

“La alianza entre nuestra empresa y el ente público funciona. Esto ha sido la demostración de que, cuando queremos acometer algo importante juntos, podemos”, sostiene Della Valle. Su mensaje ha calado. En mayo se aprobó un presupuesto que promete mil millones de euros para restaurar museos y monumentos, la mayor inversión estatal en décadas, que se espera recuperar con el dinero de los visitantes.

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Se puede ir a escuchar música en una sala de conciertos o, si tiene uno suerte, que le monten un ‘greatest hits’ de Puccini, Rossini y Verdi en el Coliseo, con la arena iluminada y una puesta de sol como guinda.

El magnate siempre ha sido crítico con la política de su país. Se enfrentó repetidas veces a Silvio Berlusconi cuando era primer ministro y su relación con el actual fue más bien tensa durante los meses previos a la inauguración del Coliseo. “Renzi es un viejo amigo”, dice Della Valle quitándole importancia. “Nos conocemos bien desde hace años. Es íntimo de mi hermano. Fue alcalde de Florencia y es hincha de nuestro equipo de fútbol [el ACF Fiorentina, que los Della Valle compraron en 2002]. Somos amigos, pero cuando no estamos de acuerdo, no estamos de acuerdo”. En los últimos tiempos se ha especulado sobre si el empresario dará el salto a la política a través de su plataforma solidaria Noi Italiani (Nosotros, italianos), pero él lo niega. “Noi Italiani es un proyecto solidario para asistir a gente con problemas, sobre todo en el entorno de nuestras fábricas. Para nosotros, la política es lo que estamos haciendo ahora: apoyar al país desde nuestras posiciones”.

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Zubin Mehta dirigió a los músicos de la Accademia de La Scala de Milán en el concierto de inauguración del Coliseo el pasado julio. Tiene sentido: Tod’s es uno de los principales patrocinadores del teatro milanés.

Han pasado sólo tres años desde que se anunció el proyecto del Coliseo, pero en algunos aspectos parece una eternidad. No queda ni uno de los cargos políticos que firmaron el contrato con Della Valle (Enrico Letta, Gianni Alemanno, Massimo Bray), y tampoco la industria del lujo es la que era en 2012. Entonces estaba instalada en un crecimiento aparentemente ilimitado que le permitía hacer alardes. Hoy las perspectivas son menos halagüeñas. La cruzada contra la corrupción en China ha moderado el apetito de su clase dirigente por los símbolos de estatus, la tensión política en el Este ha cortado las alas del turismo ruso y el terrorismo ha convertido Europa en un lugar menos atractivo para ir de compras que en el pasado.

Están por ver, además, las consecuencias del Brexit (“un error”, según Della Valle). Este momento de desaceleración e incertidumbre, sin embargo, no cambiará la política social de Tod’s. “Cuando una compañía es grande, tiene visibilidad y da beneficios, nada cambia demasiado. No importa si un año gana un poquito más o un poquito menos. Hay que trabajar con una mentalidad clara. Seguir haciendo lo correcto, y esto incluye la solidaridad”, afirma Della Valle, que está a punto de implementar una batería de medidas para adaptar su compañía a un mercado cambiante y acelerado.

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En el futuro se cubrirá la arena para “eventos culturales de primer orden”, según el ministro Dario Franceschini, pero el exterior ya ha recuperado el color de cuando lo inauguró el emperador Vespasiano el año 80 a. C.

“A finales de año entraremos en una nueva era. Cambian los diseñadores. Cambia el producto, que ya no es estacional y rotará cada uno o dos meses en las tiendas”. Pero no confunda esto con los usos y costumbres de la moda rápida. Della Valle defiende que, para manufacturar un producto de calidad, hace falta tiempo. “Planeamos con seis meses de antelación. El see now-buy now [comprar en el momento del desfile] es una estupidez. Esta industria no funciona así. Hay que alimentar el sueño. Sin sueño, el lujo no es nada”, sentencia.

El Coliseo ya está viviendo el suyo, una segunda fase de la restauración que le proporcionará un nuevo centro de visitantes y mejorará pasillos y sótanos. Y ya puede enfrentarse al público sin vergüenza, con su blanquísima fachada de mármol travertino. Está recién limpio, parece más joven. Tod’s le ha quitado una pátina negruzca de 2.000 años que le hacía parecer un viejo de 4.000.

 

31 agosto 2016 at 1:14 pm 1 comentario

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