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Adictos al pasado, un viaje a las ruinas de Pompeya

Recorremos una ciudad enterrada durante casi dos mil años más viva que nunca

Ruinas de Pompeya, Nápoles, Italia (MoreISO / Getty Images/iStockphoto)

Fuente: LIDIA BERNAUS  |  LA VANGUARDIA
27 de marzo de 2017

Si queremos imaginar cómo era la vida de una ciudad romana, en el año I d.C., solo hay que dar una vuelta por las ruinas de Pompeya. Parece como si el tiempo se hubiese detenido el 24 de agosto del año 79 d.C., cuando el Vesubio entró en erupción y sepultó toda la ciudad con una nube volcánica de 35 kilómetros, y a sus habitantes que, ajenos al peligro, murieron al instante por la exposición a las altas temperaturas, entre 300 y 600 grados. Después vino el olvido.

Pompeya estaba situado a orillas del río Sarno, en cuya desembocadura se hallaba un importante puerto comercial, ahora está a varios kilómetros del mar por las tierras añadida tras la violenta erupción. En sus tiendas se podrían encontrar perfumes orientales, lujosas telas, joyas y especias de países lejanos, entre otras cosas.

El tiempo se detuvo, en Pompeya, el 24 de agosto del año 79 d.C.

Sus habitantes tenían una buena vida, era una villa de vacaciones que disponía de muchos servicios el macellum (gran mercado de alimentos), el pistrinum (molino), theatrum, templum, los thermopolia (una especie de taberna que servía bebidas frías y calientes), las cauponae (pequeños restaurantes), thermae (los baños públicos), un circus (anfiteatro), incluso lustris (burdeles).

En 1599, cuando el arquitecto Domenico Fontana excavó un nuevo curso para el río Sarno, descubrió por casualidad las ciudades de Pompeya y Herculano que, gracias a la falta de aire y humedad, por estar enterradas bajo las gruesas capas de ceniza, se conservaron perfectamente, pero no fue hasta 150 años después cuando el rey Carlos III ordenó desenterrarlas.

Los ciudadanos de Pompeya quedaron enterrados dejando unas cavidades en la lava volcánica y la ceniza que los arqueólogos llenaron de yeso para crear moldes de sus cuerpos (kensorrie / Getty Images/iStockphoto)

Durante las excavaciones, se encontraron restos humanos rodeados de una burbuja que el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar con yeso, obteniendo los moldes de las personas en la posición exacta en la que murieron. En el almacén de grano del foro se puede ver el molde de algún cuerpo.

Cómo ir

Las excavaciones de Pompeya se encuentran muy cerca de Nápoles , en la región de Campania, y forman parte del parque Nacional del Vesubio, declarado Patrimonio de la Humanidad. Para verlas completamente, se necesitan, al menos, entre cinco o seis horas.

Llegar hasta aquí es muy sencillo: desde Nápoles solo hay que coger el tren, dirección Sorrento, de la línea Circumvesuviana en la estación Central de la plaza Garibaldi, y bajar en la parada Pompei Scavi. La entrada al sitio arqueológico está a sólo 50 metros. El billete cuesta alrededor de 2€ y se adquiere en la misma estación. El trayecto dura una media hora. Es un tren muy turístico, así que los carteristas hacen su aparición bastante a menudo, hay que estar alerta.

La ciudad de Pompeya fue sepultada por las cenizas del Vesuvio,en el año 79 d.C., conservando frescos y mosaicos (Flory / Getty Images/iStockphoto)

Visita arqueológica

Al llegar a la estación de Puerta Marina, el principal de los accesos a las excavaciones, se recomienda reservar una visita guiada (aunque sea en italiano), o se puede alquilar un audio guía en español, en la oficina de información subiendo unas pequeñas escaleras, no tiene pérdida. El precio del tour, que dura dos horas, es de 12€, y la audio guía son 6€, hay que añadir el precio de la entrada al recinto que es de 11€. Se facilita un mapa con los monumentos bien señalados.

El horario varía según la temporada: del el 1 noviembre al el 31 de marzo el horario es de 8:30 a 17:00 horas, y del 1 de abril hasta el 31 de octubre el horario es de 8:30 a 19:30 horas. Recordar que media hora antes empiezan a cerrar las puertas de los edificios.

Uno de los hornos de pan de la ciudad de Pompeya, Nápoles, Italia (Flory / Getty Images/iStockphoto)

Hay que tener en cuenta, que si se visita en verano, no hay casi sombras y el sol es fuerte, hay que ir preparados con sombreros, crema solar y, sobre todo, agua, pues solo hay una cafetería en todo el recinto. Los precios son razonables y la comida es buena: pizza, pastas, cafés… se encuentra detrás del templo de la Tríada Capitolina en el foro.

En todos los casos se recomienda un calzado cómodo, todo el recinto está adoquinado y es difícil de caminar en plano. Si llueve no hay problema, en los puestos exteriores venden paraguas y chubasqueros para todos, y las visitas se realizan de igual modo.

Thermopolium of Asellina, una antigua cantina en la ciudad de Pompeya, Nápoles, Italia (porojnicu / Getty Images/iStockphoto)

Qué ver

Pasear entre las calles adoquinadas, atravesar la vía por los grandes bloques de piedra que permitían no pisar la calzada llena de suciedad, leer las pintadas en las paredes, entrar en las hermosas casas, es como hacerlo en un pueblo abandonado, una vuelta al pasado.

Hay mucho que ver, la zona excavada tiene unas 12 hectáreas, con lo que es necesaria una planificación previa para no perderse. También nos podemos encontrar que algunos de los edificios marcados como abiertos que no son accesibles, o bien porque están en rehabilitación o porque no disponen de suficiente personal para ser vigilados.

La ciudad de Pompeya fue sepultada por las cenizas del Vesuvio,en el año 79 d.C., conservando frescos y mosaicos (Flory / Getty Images/iStockphoto)

Algunos de los lugares que son de obligada visita son: el teatro Grande para grandes representaciones, y el Piccolo dedicado a la poesía y la música, la acústica es impresionante; el foro, centro de la vida política y social, aquí se encuentra el templo de Apolo; las termas Sabiane y las del Foro; la Thermopolivm de Larario, una cantina con vino y comida, aunque sino lo veis hay más por el camino, están a pie de calle; la Tahona de modesto, una panadería aunque también hay varias que se pueden visitar; el Lupanar o prostíbulo, es curioso y pequeño; el Orto dei fuggiaschi, aquí se encuentran los cadáveres petrificados de 13 personas, el anfiteatro que se encuentra al final del recorrido, era el lugar donde tenían lugar las luchas de gladiadores y los juegos.

Uno de los frescos que se conservan en las paredes de Pompeya, Nápoles, Italia (edella / Getty Images/iStockphoto)

Por supuesto hay que entrar en todas las casas posibles, la del Fauno, de los Vetio, de Octavius Quario con un gran jardín, hay que aprovechar las que sean accesibles y ver las ricas decoraciones en frescos y mosaicos que todavía se conservan. Sin embargo, los más espectaculares se encuentras en la Villa de los Misterios, situada fuera de la antigua ciudad, al noroeste.

 

27 marzo 2017 at 1:54 pm Deja un comentario

Las mujeres de Julio César: de Cornelia a Cleopatra

Julio César realizó numerosas conquistas amorosas y utilizó en su propio beneficio, político o económico, a todas las mujeres que conoció

César y la reina de Egipto. El general romano conoció a Cleopatra cuando, persiguiendo a su rival Pompeyo, llegó a Egipto. En el siglo XVIII, Tiépolo recreó el episodio en esta pintura. Museo Arkhangelskoye, Moscú. Foto: Heritage / Scala, Firenze

Fuente: JUAN LUIS POSADAS  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
13 de marzo de 2017

Cayo Julio César fue más conocido por sus amantes –mujeres y hombres– que por sus esposas, y eso que estuvo prometido en una ocasión y casado en otras tres. Su vida sexual estuvo marcada por multitud de relaciones amorosas y conyugales, que no siempre es lo mismo; el historiador Suetonio contaba que sus conquistas de las Galias suscitaban menos entusiasmo durante su desfile triunfal en Roma, al término de la guerra, que sus conquistas “de las galas”. Cuando leemos a Suetonio y otros autores podemos interpretar que la vida sexual de César estuvo marcada por su relación juvenil con el rey Nicomedes de Bitinia, mucho mayor que él. Todas sus historias posteriores con mujeres parecen querer borrar dicho episodio. Según otro historiador antiguo, Dión Casio, la sola mención de este hecho era lo único que le sacaba de quicio, incluso muchos años después de aquel suceso.

César cultivó una doble imagen en lo sexual: moralismo en público y liberalismo en privado. Llegó a ser Pontífice Máximo, el cargo religioso más importante de Roma, por lo que su imagen pública debía ser de la mayor santidad. Esa santidad la subrayó promulgando leyes conservadoras contra la ostentación en el vestir y en el adorno femenino; a la vez, recalcó esa imagen de tradicionalismo moral mediante algunas actuaciones contra el adulterio o contra las relaciones entre mujeres de clase alta y libertos. Pero de forma paralela cultivó una imagen muy liberal en su sexualidad, acorde con su liderazgo del bando de los populares, enfrentados al cerrado moralismo de la otra facción que dominaba la vida política en Roma al final de la República, los aristocráticos optimates.

Adiós, Cosucia

Según era costumbre en Roma, a los catorce años Julio César estuvo comprometido con una tal Cosucia, “de familia ecuestre, pero muy rica”, dice Suetonio, y dos años después fue designado flamen dialis, sacerdote de Júpiter. Esto lo obligaba a casarse con una patricia, algo que no era Cosucia, y Julio César rompió su compromiso para contraer matrimonio en el año 84 a.C. con Cornelia, “hija de Cinna, cuatro veces cónsul”, en palabras del mismo historiador. Lucio Cornelio Cinna era el líder de los populares después de la muerte de su aliado Cayo Mario, tío de César. En ese momento, los populares controlaban el Senado, por lo que esta unión abría a César grandes perspectivas en su carrera política. Pero la inestabilidad de la República desembocó en una guerra civil entre los seguidores de Cinna y los optimates, liderados por Sila.

En un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte

Tras esta guerra en la que resultaron vencedores los optimates, y durante la cual murió el suegro de César, comenzaron las proscripciones de Sila, en las que murieron miles de ciudadanos. Como miembro del partido derrotado, César fue despojado de su sacerdocio y su herencia familiar. Sila quería que repudiara a Cornelia, hija del líder del bando perdedor, pero en un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte. Al cabo de un tiempo, Sila cedió a las presiones de las vírgenes vestales y de dos parientes de César y le retiró la pena de muerte, pero advirtió que aquel joven sería la ruina del partido optimate pues “en él había muchos Marios”, según Sila.

Tras el perdón, César dejó a su mujer y a su hija en Roma y comenzó su servicio en el exterior. Fue enviado como embajador a la corte del rey Nicomedes IV de Bitinia, en Asia Menor, donde habría mantenido relaciones sexuales con el monarca. El hecho de que Nicomedes fuera mucho mayor que él sólo podía significar que César había desempeñado un papel pasivo. Los romanos denigraban a los homosexuales pasivos y se mofaban de ellos, y es probable que César publicitara una desmedida vida amorosa heterosexual para apagar la infamia de haberse deshonrado por una relación homosexual pasiva con un hombre mayor y extranjero. Él siempre negó la veracidad de la historia, que sirvió de argumento a sus detractores incluso mucho después de su muerte.

La muerte de Cornelia

Julio César mantuvo durante quince años un exitoso y feliz matrimonio con Cornelia, hasta que en 69 a.C. su esposa murió durante el parto de su segundo hijo, que tampoco sobrevivió. César presidió los funerales por su mujer y por su tía Julia, esposa de Cayo Mario, y pronunció un elogio fúnebre por Cornelia. No había precedentes de elogios para mujeres tan jóvenes y esta novedad le granjeó simpatías entre los oyentes, ya que no era frecuente demostrar públicamente el amor conyugal.

Se puede pensar que el verdadero amor de Julio César fue Cornelia, a la que no repudió ni bajo peligro de muerte. Pero a César le interesaba volver a casarse pronto para obtener riquezas y alianzas políticas y la elegida fue Pompeya, nieta de Sila, el viejo rival del padre de Cornelia. Es probable que, en aquellos años difíciles, César quisiera nadar y guardar la ropa, mientras se declaraba popular por sus acciones, intentaba dotarse de un seguro de vida con la facción contraria en esos tiempos convulsos. Sin embargo, el amor y el afecto que sintió por Cornelia desaparecieron del matrimonio con Pompeya, aunque este desinterés parece haber sido compartido por su esposa.

En el año 64 a.C. se hizo pública su relación con Servilia, la amante “a la que amó como a ninguna otra”, según Suetonio. Servilia era hermanastra del gran enemigo de César, Catón el Joven, y ayudó a su amante cuando Catón le acusó de ser cómplice en la conspiración del senador Catilina contra la República. César y Servilia mantuvieron su relación hasta la muerte del primero. Algunos autores de la Antigüedad sostenían que ya habían mantenido un idilio en su juventud, del que pudo haber nacido Bruto, primogénito de Servilia y uno de los asesinos de César. Su relación volvió a salir a la luz en 63 a.C., durante la sesión del Senado en la que se debatía si aplicar la pena de muerte al proscrito Catilina, cuando César se vio obligado a mostrar una lujuriosa nota que le había mandado Servilia.

Y mientras César seguía viéndose en secreto con Servilia, se produjo un incidente que puso de manifiesto la doble vara de medir de César (y de la sociedad romana) para él y para sus esposas. Sucedió durante una festividad religiosa, cuando Pompeya protagonizó el mayor escándalo sexual y religioso de la Roma republicana.

Sacrilegio y divorcio

Aurelia, madre de Julio César, no se fiaba de su nueva nuera, y la vigilaba de cerca porque sospechaba que no era fiel a su hijo. Una noche del año 62 a.C. en la que se celebraba la fiesta de la Bona Dea –reservada a mujeres– en casa de César, entonces pretor y Pontífice Máximo, el joven aristócrata Clodio se coló en la casa disfrazado de mujer y fue descubierto por una criada; ésta llamó a Aurelia, que mandó detener al intruso. El escándalo fue mayúsculo, y, según Plutarco, “al día siguiente corrió por toda la ciudad la noticia de que Clodio había cometido un sacrilegio, por el que debía pagar no solo ante los ofendidos, sino también ante la ciudad y los dioses”.

Julio César repudió a Pompeya y Clodio fue acusado de sacrilegio e, implícitamente, de adulterio contra César, que negó los cargos contra su aliado político durante el juicio. Entonces, preguntado por qué había repudiado a su esposa si no creía que hubiera cometido adulterio, respondió con su famosa frase: “Considero que los míos deben estar tan libres de sospecha como de culpa”.

Tras el divorcio, César estuvo soltero algún tiempo, que no sin pareja, ya que conservó su pasión por Servilia a la que, se decía, regaló una enorme perla valorada en seis millones de sestercios, el equivalente al salario anual de una legión. También buscó placer sexual con amantes de toda condición, incluso reinas. Fuentes y rumores de la época aluden a una larga lista de conquistas y adulterios de César. Dice Suetonio que “corrompió un considerable número de mujeres de familias distinguidas”, entre las que destacan Mucia y Tértula, esposas de los futuros compañeros de César en el triunvirato, Pompeyo y Craso. Más adelante, también seduciría a la reina Eunoe de Mauritania, mujer de su aliado el rey Bogud. Su importancia radicaba en que eran esposas de sus enemigos, con lo que las usaba de informantes, o de sus amigos, y le servían como refuerzo de sus alianzas. No era extraño que un acuerdo entre dos políticos quedara sellado acostándose uno con la mujer del otro.

Boda doble y triunvirato

La carrera política de Julio César continuó, y a los cuarenta años ocupó la dignidad de cónsul por primera vez. Al final del consulado, en el año 59 a.C., volvió a tejer alianzas políticas a través del matrimonio. Concedió la mano de su hija Julia a su compañero de triunvirato Pompeyo, en ese momento líder de los optimates, y él mismo se casó con Calpurnia, hija de un aliado del triunviro conservador. Su gran rival, el estricto Catón, calificó este arreglo entre los dos políticos como “la prostitución de la República con los casamientos”.

Esta boda entre un cuarentón y una joven adolescente fue un intento de engendrar un varón. Desgraciadamente, el matrimonio no tuvo hijos, a pesar de lo cual César siempre manifestó un tierno amor por su mujer, afecto que fue correspondido. La pareja vivió separada casi desde el principio, ya que el “regalo de boda” de Pompeyo fue el nombramiento de César para la conquista de las Galias. En el tiempo que estuvo en campaña parece que su apetito sexual no disminuyó. Cuando celebró el triunfo en Roma, sus soldados cantaban estos versos: “Romanos, vigilad a vuestras mujeres. Os traemos al adúltero calvo; en la Galia te gastaste en putas el oro que aquí tomaste prestado”.

La alianza entre César y Pompeyo se fue debilitando, y la muerte de Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, terminó de romper los vínculos entre ambos. Los dos hombres se enfrentaron por el poder en una guerra civil que acabó con la victoria de César y propició su conquista amorosa más célebre, la de Cleopatra VII, reina de Egipto. Se conocieron cuando, en el año 48 a.C., César marchó a Alejandría, la capital egipcia, para acabar con la resistencia de las tropas de Pompeyo, refugiado en aquella ciudad.

En sus crónicas no perdió la oportunidad de criticar a sus enemigos por la vida disipada que llevaban allí; según él, “se habían olvidado del nombre y disciplina del pueblo romano” por casarse con alejandrinas y tener hijos con ellas. Pero en el mismo momento en que escribía esto, él vivía con una alejandrina, Cleopatra. Según Plutarco, César quedó “cautivado por su conversación y su gracia”, es decir, por su inteligencia y talento (y no por su supuesta belleza). El romance con la soberana de Egipto, que constituía una relación casi de concubinato, se prolongó hasta la muerte de César. La unión con la reina más influyente del Mediterráneo hacía de César casi un rey, lo cual venía a sostener su pretensión monárquica en Roma. Además, Cleopatra le proporcionaba un apoyo económico decisivo para obtener la supremacía política en la República. Pero por encima de todo, Cleopatra dio a César el hijo varón que tanto deseaba, Cesarión. La reina, por su parte, obtuvo el trono de Egipto, que disputaba a su hermano Ptolomeo XIII.

El dictador ‘polígamo’

Julio César fue nombrado dictador perpetuo en el año 45 a.C. y acumuló más poder que cualquier otro hombre en la historia de Roma hasta el momento. Paralelamente, mantenía tres relaciones estables a la vez. Calpurnia, su esposa, fue la primera “emperatriz”, ya que fue cónyuge de quien se proclamó imperator, dictador perpetuo y señor absoluto del Estado romano. Fue una mujer discreta y, a pesar de las infidelidades, siempre quiso a su marido, como demuestra el famoso episodio de su pesadilla la noche anterior al asesinato de César, cuando soñó que lo asesinaban e intentó impedir que acudiera al Senado.

Por su parte, tras la guerra civil, Servilia continuó sacando provecho de su larga relación con César. Compró a buen precio muchas propiedades confiscadas a los pompeyanos y obtuvo el perdón para su hijo Bruto, que había sido aliado de Pompeyo. La patricia llegó a ofrecer a César a su hija Junia como esposa, dada la esterilidad de Calpurnia. En cuanto a Cleopatra, César la había invitado a viajar a Roma en otoño del año 46 a.C., y volvió a la ciudad al año siguiente, en una estancia que se prolongó hasta el asesinato del dictador. Ambos revivieron su amor y discutieron de varios asuntos de Estado. Según Dión Casio, se declaró a la reina “aliada y amiga del pueblo romano” y se erigió una estatua de oro de la propia Cleopatra en el templo de Venus Genitrix, construido por César.

Después de los idus de marzo del año 44 a.C. Julio César dejó tres “viudas”. La primera, Calpurnia, representó muy bien el papel que César exigía a las mujeres de su familia; fue discreta en el luto y la administración del testamento político de César. Jamás volvió a casarse. La segunda, Servilia, se convirtió durante unos meses en el árbitro de la política romana, mediando entre los partidarios de César y sus asesinos, entre los que, como hemos dicho, figuraba su hijo Bruto. La tercera, Cleopatra, regresó a Egipto y terminó sus días de manera trágica años más tarde, al lado de su nuevo amante y antiguo colaborador de Julio César, Marco Antonio.

 

13 marzo 2017 at 9:32 pm Deja un comentario

Descubren el secreto de las dentaduras perfectas de los antiguos romanos

Científicos analizaron los restos de 30 cuerpos preservados bajo la ceniza de Pompeya. La clave está en una dieta saludable que era escasa en un ingrediente del que hoy se abusa

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Fuente: Infobae
18 de enero de 2017

La higiene dental moderna hubiese sido totalmente innecesaria para los antiguos romanos que vivían en Pompeya. Así lo certifican los hallazgos arqueológicos que demuestran que tenían una excelente salud dental.

Científicos de la Superintendencia Arqueológica de Pompeya utilizaron escáneres para examinar a 30 habitantes de esa ciudad cuyos cuerpos quedaron preservados por la ceniza endurecida después de la erupción del volcán Vesubio en el año 79. El grupo, liderado por el radiólogo Giovanni Babino, concluyó que los antiguos romanos tenían “dientes perfectos” y “ninguna necesidad inmediata de dentistas”.

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Aunque nunca utilizaron cepillos ni pastas de dientes, la principal razón para mantener una dentadura tan saludable era su dieta baja en azúcar.

Massimo Osanna, superintendente de las ruinas Patrimonio de la Humanidad, explicó que la dieta era “balanceada y saludable, similar a la que hoy conocemos como dieta mediterránea“.

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Comían mucha frutas y vegetales, pero muy poca azúcar”, explicó la ortodoncista Elisa Vanacore, que supervisó el análisis de los dientes. “Comían mejor que nosotros y por eso mantuvieron dentaduras perfectas”.

 

20 enero 2017 at 12:37 am Deja un comentario

Los bustos romanos de Herculano, unidos en el muro de su propia red social

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Nápoles y México abren una muestra global inspirada en el reinado de Carlos III

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Tres bustos romanos, copia de yeso, junto a los originales digitalizados

Fuente: JESÚS GARCÍA CALERO   |  ABC
5 de enero de 2017

Los romanos no tenían Facebook, pero los bustos rescatados de Herculano y Pompeya han encontrado, dos mil años después, la manera de crear su propia red social. Una exposición como la organizada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Rabasf), permite apreciar las enormes posibilidades de la tecnología aplicada a la cultura. Titulada «Carlos III y la difusión de la Antigüedad», la muestra puede visitarse hasta el próximo 16 de marzo tanto en la Rabasf como en el Museo Nacional de Arqueología de Nápoles o la Academia de San Carlos de México. La experiencia es pionera, tres instituciones conectadas por wifi de última generación para volver a unir con la inmediatez de hoy los antiguos vínculos del siglo XVIII con aquellas enormes distancias que tardaban meses en cubrirse por barco.

Los primeros hallazgos arqueológicos bajo la lava del Vesubio entusiasmaron a Carlos III mientras era Rey de Nápoles (y lo fue durante 25 años, en los que animó a avanzar en las excavaciones). Cuando vino a reinar en España (entonces un enorme imperio) quiso seguir informado de las novedades. Por eso pedía copias en yeso de cuantas esculturas aparecían, así como dibujos y estudios que fue volcando en «Le Antichità di Ercolano Esposte», una de las primeras publicaciones de la arqueología romana que el Rey patrocinó. La Academia conserva desde 1775 aquellas copias realizadas para un Rey que tenía muy claro el valor de la difusión de aquellos descubrimientos. Toda Europa estaba pendiente de lo que los arqueólogos extraían de las ciudades asoladas por la erupción del año 79.

Este vídeo es fantástico si se visualiza desde un móvil o tableta:

La Rabasf tiene uno de los laboratorios de humanidades digitales más avanzados del mundo, así que para construir este muro en el que las copias y los originales han vuelto a verse las caras, se han virtualizado en 3D las obras con el fin de que, junto a cada copia, una tableta permita manipular y ver en detalle el original. Después de casi 300 años muchas de aquellas esculturas han sufrido modificaciones y restauraciones, por lo que la comparación tiene indudable interés, científico y divulgativo. Roturas, añadidos, y elementos que cambiaron con el tiempo son la comidilla en el muro de este Facebook de dos mil años.

Ello ha sido posible gracias al trabajo de la comisaría, María del Carmen Alonso Rodríguez, y al patrocinio de BQ, que ha puesto las tabletas que muestran los objetos «vivientes» que acompañan a cada estatua inmóvil sobre su peana.

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Restauració en impresora 3D

Una de ellas, la afrodita de Herculano, ha sido objeto de una intervención peculiar: se ha reconstruido en una impresora 3D la túnica que portaba el original, perdida en la copia de yeso. En Nápoles existe un original de mármol de este busto procedente de Herculano. El vaciado en yeso que llegó a la Academia de Bellas Artes había perdido la base. Tras digitalizar el original en Nápoles se ha impreso la toga en 3D (la resina roja de la foto) con lo cual se ha podido completar el volumen original de la obra. Pero además en Nápoles ya no tenía instalada la torre sobre la cabeza y gracias al estudio del vaciado de Madrid se ha recuperado la pieza en los almacenes del museo italiano. Cada uno de los bustos tiene historias que contar… La UNAM, la Rabasf y el Museo napolitano han sumado esfuerzos y «actualizaciones» en el muro de esta historia entretejida.

Estatuas que viajaron a México

Carlos III, siguiendo la política de la Corona desde el Descubrimiento, quiso que Nueva España fuese el lugar de América donde se conociesen también estas novedades. Muy pronto funda la Academia de San Carlos de México, bajo la dirección del grabador Jerónimo Antonio Gil, y envía una generosa selección de vaciados desde la Rabasf, algunos procedentes de Pompeya y Herculano, pero no solo. Los yesos atraviesan entonces el océano en un navío y luego recorren en carro el duro camino desde Veracruz a México. Fue casi un milagro transportar algo tan delicado hasta allí. Según nos cuenta Carmen Alonso, Humboldt casi se cayó de espaldas cuando entró en la Academia mexicana con ánimo expectante sobre lo que podría encontrar en un rincón tan alejado de la cultura Europea y se halló, de frente, con una copia exacta del Laoconte. En México las esculturas enviadas por Carlos III fueron utilizadas como modelos por los alumnos. Y en la exposición hay muestras de los dibujos que los alumnos iban realizando de las esculturas clásicas, gracias a las copias llegadas desde Italia. Impresiona ver el nivel de alumnos adolescentes.

En las tres sedes de esta exposición se muestra un mismo discurso, cuyo punto de unión es -además de la tecnología empleada de manera novedosa y llena de sentido- el papel desempeñado por Carlos III hace casi 300 años, la grandeza de su esfuerzo y la enormidad de los dominios sobre los que reinaba.

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Visión de la gruta virtualizada

Como colofón, el visitante puede sumergirse un poco más en la historia. Unas gafas de realidad virtual le llevan a una gruta bajo la ceniza, en la que puede descubrir esculturas, mosaicos y columnas a la luz de una lámpara de aceite, como los primeros arqueólogos de Pompeya. Y luego viaja a Madrid, donde asistirá al estudio de dibujo en el que los alumnos de la Academia aprendían los secretos de la representación del cuerpo humano gracias a las grandes obras de la antigüedad. Y luego, finalmente, en barco a México. Bajo la luz del sol virtual, visitará el patio de la Academia de San Carlos el día en que llegaron las esculturas. Embalajes milagrosos expuestos, como los yesos recién llegados. Los 2 euros que cuesta este viaje merecen la pena.

Carlos III y la difusión de la Antigüedad

Exposición en sede triple y conectada. Del 15 de diciembre de 2016 al 16 de marzo de 2017. Bustos romanos, copias en yeso del XVIII y copias digitales de las obras. Incluye una experiencia en gafas VR HTC-Vive.

Madrid: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Calle Alcalá, 13. Horario: Martes a sábado: 10 a 15 y 17 a 20 horas. Domingo y festivos: 10 a 15 horas. Cerrado: 6 de enero de 2017. Tarifa única: 3 euros. Realidad virtual: 2 euros

México: Academia de San Carlos.

Nápoles: Museo Arqueológico Nacional. Web: carlosiii.es

 

5 enero 2017 at 9:57 am Deja un comentario

’50 sombras de Pompeya’: Pinturas revelan el ‘menú sexual’ de los viejos burdeles italianos

Las ilustraciones con sexo explícito de un burdel histórico de Pompeya sobrevivieron a la famosa erupción volcánica que tuvo lugar en la ciudad romana en el año 79.

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Wikipedia.org / Miguel Hermoso Cuesta

Fuente: RT Actualidad
8 de diciembre de 2016

Las pinturas murales del Lupanar de Pompeya, un burdel histórico de la antigua ciudad romana, han revelado las prácticas y preferencias sexuales de la sociedad de la época, informa ‘Daily Mail‘. Así, el edificio está decorado con múltiples escenas de sexo explícito.

El prostíbulo fue un lugar de reunión frecuentado principalmente por hombres de negocios ricos y políticos antes de que la ciudad romana fuera reducida a cenizas por una erupción volcánica en el año 79.

Los investigadores creen que las pinturas, que representan sexo en grupo y otros actos, pueden haber indicado los servicios ofrecidos por las prostitutas del lugar. En el burdel romano, que fue descubierto originalmente en el siglo XIX, no se prostituían exclusivamente mujeres: hombres, especialmente jóvenes exesclavos, también cobraban por sus servicios.

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Wikipedia.org / Carole Raddato

“Los hombres podían acostarse con cualquiera”

“No es un lugar muy agradable para trabajar”, indica Kelly Olson, profesora en la Wester University centrada en la investigación del papel de las mujeres en la sociedad romana. “Es muy pequeño, húmedo y las habitaciones son bastante oscuras e incómodas”, añade.

Olson explica que “los hombres casados podían acostarse con cualquiera, siempre y cuando mantuvieran las manos alejadas de las esposas de otros hombres“, mientras que las mujeres casadas “no debían tener relaciones sexuales con nadie más”.

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Wikipedia.org / Carole Raddato

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9 diciembre 2016 at 12:21 am Deja un comentario

Pompeya, resplandecen de nuevo los frescos de Marco Lucrecio Frontón

Visitables de nuevo a partir de hoy 50 mil metros cuadrados del área arqueológica de la Regio V y la IX. Prosiguen los trabajos del Gran Proyecto Pompeya. Reabierta la domus de Obellio Firmo y el pequeño Lupanar

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Pompeya, casa de Marco Lucrecio Frontón

Fuente: ANTONIO FERRARA  |  Repubblica Napoli
7 de diciembre de 2016

Cincuenta mil metros cuadrados de excavaciones cerradas al público vuelven a ser visitables. A la vez, el pequeño Lupanar, la casa de Obellio Firmo y la casa de Marco Lucrecio Frontón. Pompeya se aviene a cerrar 2016 no solo con un boom de visitantes – que llegarán a finales de año a los 3,2 millones-, sino también con récord de reaperturas en un solo año. El miércoles 7 diciembre toca también en la excavación inédita un ambiente totalmente oculto del terreno, además de la Regio V y la IX, reabiertas tras la finalización de los trabajos de seguridad previstos en el marco del Gran Proyecto Pompeya.

El director de la Superintendencia Massimo Osanna y el director general del Gran Proyecto, el general Luigi Curatoli, recorren los nuevos itinerarios de visita y explican las intervenciones llevadas a cabo.

La Casa de Obellio Firmo se encuentra en la Regio IX, y no estaba habitada en el momento de la erupción debido a la muerte de su propietario: su nombre está pintado en las paredes exteriores y en la domus de enfrente en una serie de inscripciones electorales. M. Obellio Firmo murió antes del año 79 d.C.; su tumba ha sido hallada en Porta Nola.

La domus de Marco Lucrecio Frontón, por su parte, se alza en la Regio V y en ella se conservan algunas de las pinturas murales más refinadas de la antigua Pompeya. M. Lucrecio Frontón era miembro de una de las familias más prominentes de la ciudad romana, que llegó aquí en la época de Augusto. También esta casa estaba siendo restaurada en el momento de la erupción del Vesubio que en el año 79 d.C. destruyó Pompeya, Herculano y Stabia.

Presenta multitud de frescos con escenas de paisajes, jardines y animales. El propietario era un político pompeyano; su domus era una de las más bellas de la ciudad, con estancias enteramente cubiertas de frescos y pinturas de gran belleza, que permiten apreciar plenamente cómo estaban decoradas las casas de los romanos ricos, también las de los de provincias. En una de las estancias fuerom encontrados los esqueletos de cinco adultos y tres niños que resultaron aplastados por la caída del techo durante la erupción. La domus de Marco Lucrecio Frontón había sido ya abierta parcialmente (visitable solo para grupos) en Pascua de 2014, con la intervención del Ministro Dario Franceschini .

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La Domus de Marco Lucrecio Frontón

 

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El gran triclinio de la Domus de Marco Lucrecio Frontón

 

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La caja fuerte de la casa de Marco Obellio Firmo

 

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El director de la Superintendencia de Pompeya, Massimo Osanna, en la insula 3 de la Regio IX recién reabierta, con dos nuevos edificios nunca abiertos anteriormente

 

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El pequeño Lupanar

 

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7 diciembre 2016 at 10:27 pm Deja un comentario

Pompeya, entonces y ahora

Fuente: Canal de Altair4 Multimedia Archeo3D Production en Youtube

 

6 diciembre 2016 at 12:20 am 3 comentarios

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