Posts tagged ‘Vespasiano’

Málaga quiere recuperar las tablas originales de la Lex Flavia

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Fuente: Andalucía Información
22 de noviembre de 2016

Cómo elegir y votar a los magistrados por las asambleas populares, designar patronos municipales o gestionar los fondos públicos dirigidos a los magistrados municipales. Son algunos de los 19 artículos que recogen las cinco tablas de bronce de La Lex Flavia Malacitana, descubiertas en 1851 en el Monte El Ejido.

Las tablas establecen incluso aspectos de máxima actualidad, como la obligación de que los propietarios de edificios destruidos sin motivo suficiente los reconstruyan en un año o afronten una multa, así como una organización censitaria que distribuye las deberes y los derechos en función de la capacidad económica de los individuos.

La dinastía Flavia, aliada de Hispania, fue la vencedora en las guerras civiles que estallaron en Roma en el año 69. En el año 74, en el marco de la concesión de latinidad a toda Hispania, el emperador Vespasiano otorgó a Malaca la Lex Flavia, un compendio de cinco tablas que reúnen los estatutos jurídicos según los cuales Malaca (Málaga) pasaba de ciudad federada a municipio de pleno derecho en el Imperio romano. De gran importancia, de hecho, es el reconocimiento de que los malagueños pudieran presentar a sus candidatos a ediles locales sin tener en cuenta las designaciones imperiales.

Las tablas formaron parte del Museo Lorginiano, en la finca de La Concepción, hasta que los propios Loring las vendieron al Estado, que en la actualidad las conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Mientras tanto, la ciudadanía malagueña debe contentarse con algunas copias, entre ellas en el Salón de Plenos del Ayuntamiento.

Este jueves, Málaga Ahora, siguiendo varias demandas ciudadana, presentará una moción para que el gobierno municipal, en colaboración con la Junta de Andalucía, reclame al gobierno central las tablas de la Lex Flavia Malacitana. La moción pide que las tablas se sumen a las 15.000 piezas de la colección arqueológica del Museo de Málaga, cuya inauguración tendrá lugar el próximo 12 de diciembre.

 

22 noviembre 2016 at 6:05 pm 6 comentarios

Sorpresa en el Coliseo: Sale a la luz el antiguo pavimento de Vespasiano

Es de mármol travertino y estuvo enterrado 20 siglos bajo más de medio metro de tierra. Lo mostrarán al público

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Fuente: ANSA  |  Clarín      03/03/2016
Fotos: Il Messaggero

El piso original exterior del Coliseo de Roma, compuesto de lastras de mármol travertino, enterradas desde hace 20 siglos bajo 60 centímetros de polvo y tierra, acaban de salir a la luz y serán mantenidas a la vista del público.

El descubrimiento es sólo el último ocurrido en los tres años de excavaciones y restauraciones que están remozando el monumento antiguo más visitado de Italia. Por ahora, se descubrieron una treintena de metros que rodean en forma circular el perímetro del Anfiteatro Flavio, verdadero nombre del Coliseo, y que unía las diversas entradas y salidas del monumento, apropiadamente llamadas vomitorios.

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El descubrimiento fue una sorpresa también para los expertos, que ignoraban su existencia. Todo empezó con un violento temporal con lluvias torrenciales que inundaron en octubre del 2011 los hipogeos y los ambulacros del Coliseo, cámaras y corredores subterráneos reservados a gladiadores, fieras y personal técnico de los espectáculos, y que hoy están a la vista de los visitantes.

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Esto provocó el estallido del gran sumidero construido en el siglo XIX para reunir el agua de lluvia y conducirla a la Cloaca Máxima que corre en las cercanías. Llamados a repararlo, los expertos decidieron primero hacer una campaña investigativa en busca de restos enterrados. Así surgieron las primeras lastras de mármol que, en sucesivas excavaciones, formaron el núcleo que desde hoy estará a la vista del público que llena continuamente el edificio, mandado a construir por el emperador Vespasiano e inaugurado por su hijo y heredero al trono Tito en el siglo I de la era cristiana.

El próximo paso será levantar el adoquinado que se extiende en buena parte del derredor del monumento porque los expertos están convencidos que debajo los esperan más de una sorpresa.

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3 marzo 2016 at 10:34 pm 3 comentarios

Las monumentales ruinas romanas escondidas bajo un antiguo castillo en España

Arqueólogos han comenzado a desenterrar los restos de lo que ellos piensan sería uno de los más importantes asentamientos de la Antigua Roma en España, ubicado debajo de la ciudad de Jimena de la Frontera.

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El lugar tuvo como origen misión militar. Airdronerc

Fuente: BBC Mundo     09/01/2016

En la parte superior de lo que es conocido localmente como el “Castillo Moro” se encuentran tres de ellos, observando detenidamente sus planos.

Los dibujos no sólo muestran lo extenso de las últimas excavaciones sino también revelan que este lugar serrano guarda las ruinas romanas más importantes de toda la región, echando luz sobre la estructura de poder de la fuerza ocupante en ese tiempo.

El Castillo de Jimena de la Frontera fue el lugar donde se asentó la población original de esta localidad española y durante todos estos años ha sido el mayor indicio de una historia antigua y multicultural.

Pero su verdadera significación permaneció enterrada hasta que un arqueólogo retirado, que solía caminar cotidianamente por esta vieja estructura, observó un día signos de una temprana ocupación romana.

Según Juan Miguel Pajuelo, el arqueólogo que coordina el proyecto, sin el trabajo voluntario realizado por Hamo Sassoon, el hombre que intuyó el pasado detrás de esos signos iniciales, las extraordinarias ruinas de una ciudad de la Antigua Roma seguirían ocultas a nuestros ojos.

“Si no fuera por sus precisos poderes de observación, y sus poderes de persuasión, hubiese sido difícil que hoy tengamos la oportunidad de entender Oba, el nombre con que se conocía a Jimena entre el primer siglo antes de Cristo y el tercer siglo después de Cristo”, dice Pajuelo.

Lugar privilegiado

Monedas con caracteres en dos idiomas son la prueba de un asentamiento libio-fenicio en el lugar llamado OBA. Luego de la conquista de Roma, el nombre OBA fue latinizado y se convirtió en Res Publica Obensis, dotándola del estatus de población regida por la ley latina, bajo la administración del emperador Vespasiano.

Eso la convirtió efectivamente en una ciudad gobernada por un senado local, magistrados y ediles.

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Los arqueólogos temen por la estabilidad del terreno circundante. Richard Duebel

“A primera vista uno tiene la impresión de visitar un castillo árabe, modificado levemente en el siglo XIX”, dice Miguel Ángel Tabales, quien ha estado a cargo de las excavaciones desde 2002 y es profesor de Arqueología en la Universidad de Sevilla.

“Pero en el momento en que uno adopta una mirada crítica y analiza lo que realmente está viendo, comprende rápidamente que esto no puede ser otra cosa que las ruinas de una importante ciudad romana”, añade.

El primer destacamento romano colonizó esta colina estratégica situada entre Serranía de Ronda y la Bahía de Algeciras, que había estado ocupada sin interrupción desde el siglo VIII antes de Cristo.

Las ruinas de la era romana son de particular interés ya que incluyen puertas, torres, infraestructura hidráulica -todo adoptado a la pendiente de este sitio natural- y un templo rodeado por paredes muy bien preservadas.

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Las paredes están muy bien conservadas. Richard Duebel

Tabales indica que la mayor parte de la pared perimetral -parte romana, parte islámica- está conservada.

“Al superponer los planes de este enclave con la estructura usual de una ciudad romana, podemos ver que el área pública, el primer foro y la calle principal comienzan en la parte baja de la ciudad; esto significa que los romanos adaptaron el modelo original a la topografía del sitio”.

“El lugar fue elegido porque ofrece una vista completa de todos los alrededores, una condición obligatoria para todo cuartel militar. La monumental estructura de la construcción nos habla de un tiempo de gran poder y mucha confianza, propio de la propaganda imperial romana”, concluye el arqueólogo.

Además de la ventaja de su posición geográfica -que permite el control de rutas internas entre la costa mediterránea, Gibraltar, Algeciras y la actual Ronda- Francisco Reina Fernández-Trujillo, director de los trabajos de restauración, cree que existe otra importante razón para haber elegido este lugar.

“La enorme riqueza agrícola y la variedad del ganado en este valle, ubicado entre los ríos Guardiario y Hozgargante, convierte a esta zona en una elección lógica al momento de colonizar”, le dice a la BBC.

Entre dos poderes y dos religiones

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Para el alcalde de Jimena de la Frontera, el Castillo es la identidad de la ciudad. Airdroneerc

Un trabajo arqueológico intenso ha permitido comenzar la fase inicial de restauración del sector oriental del complejo, desde donde se puede observar cómo se diseñó el perfil urbano de la actual Jimena.

El desarrollo que vivió la ciudad en la época medieval hacia el lado occidental de la colina fue lo que permitió que los restos originales se conservaran casi intactos.

Además de la secuencia de muros del asentamiento, las excavaciones han sacado a la luz la antigua entrada: una senda conduce desde el río, el modo más común de transportar suministros y tropas desde la costa, hasta un templo enorme, enfatizando la monumental naturaleza del lugar.

Aunque la misma percepción de grandeza se extendió luego al período islámico, los parámetros fueron más modestos.

“El carácter militar de Xemina, el nombre árabe, fue simplemente construido sobre las ruinas de la ciudad romana. Uno se basó en el otro de una forma muy pragmática”, explica Tabales y agrega:

“En términos de construcción, lo que encontramos de la era árabe no fue más que el movimiento de sedimentos y el reciclaje de los materiales usados por los romanos”.

Desde el año 1059, Xemina fue gobernada por el reino Taifa de Sevilla y sus cisternas, paredes y edificios muestran la magnificencia de la ciudad bajo el poder de los almohades, los merínidas y los nasrides.

Pero en 1431 Ximena pasó sucesivamente de manos musulmanas a manos cristianas y luego nuevamente al control del Islam, hasta que en 1456 los castellanos finalmente la conquistaron y añadieron a su nombre el “de la Frontera”, convirtiéndola en un indicador del límite entre dos poderes en conflicto.

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La ciudad cambió varias veces de manos a lo largo de su historia. Airdroneerc

Saqueo

Por el momento la restauración está en su etapa inicial y el objetivo hasta ahora ha sido mejorar el acceso al complejo.

Pero mientras el equipo de la Universidad de Sevilla espera por la próxima fase de excavación, existen varios motivos de preocupación. El poroso sustrato del lugar, que tiende a desplazarse, presenta complicaciones.

Esta inestabilidad se hizo sentir en los orígenes del complejo y existen rastros de trabajos primitivos de reconstrucción.

“Si no intervenimos, el lugar se va a deteriorar aún más y, eventualmente, partes de la construcción romana desaparecerán”, dice Miguel Ángel Tabales.

Estos temores se combinan además con el miedo de dejar sin vigilancia el lugar, dándole luz verde a los cazadores de antigüedades.

El alcalde de Jimena de la Frontera, Pascual Collado Saraiva, ha prometido tomar cartas en el asunto.

El Castillo es la identidad de Jimena y simplemente no podemos dejar que sea saqueado”, prometió Collado.

9 enero 2016 at 8:39 pm 1 comentario

Roma restaurará el Templo de la Paz para el aniversario de la fundación de la ciudad

  • El 21 de abril, aniversario de la la fundación de Roma, serán erigidas de nuevo 5 columnas que formaban parte del Templo de la Paz
  • El superintendente Presicce: “Son de mármol egipcio del cuadripórtico que rodeaba el Templo; volverán exactamente al lugar donde estaban en tiempos de Vespasiano”

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Fuente: Corriere della Sera
Imagen vía Il Messaggero

El Foro de la Paz resurgirá con la reconstrucción de cinco columnas ahora desaparecidas. “El objetivo – explica Claudio Parisi Presicce, superintendente de Bienes Culturales de Roma  – es que el próximo 21 de abril, aniversario de la fundación de Roma, estén en pie las cinco columnas de mármol egipcio del cuadripórtico que rodeaba el templo, exactamente donde estaban en tiempos de Vespasiano”. Los trabajos deberán iniciarse en la primera quincena de marzo.

El Foro menos conocido

“De los cinco Foros Imperiales, el Foro de la Paz, próximo al Foro Romano cerca de Largo Corrado Ricci, es el menos conocido, porque lamentablemente la mayor parte de los restos se encuentran bajo tierra – señala el superintendente capitolino Claudio Parisi Presicce -; pero de acuerdo con la Superintendencia estatal para los Bienes Arqueológicos de Roma esperamos ampliar con las excavaciones la superficie visible. El objetivo es conseguir que el Foro, que en este momento no es percibido por los ciudadanos, resurja el 21 de abril, cuando el Foro de la Paz se iluminará por la noche como parte del proyecto más amplio de iluminación de todos los Foros de Storaro”. Y añade: “Hoy, cerca del Foro Romano, hay dos secciones del cuadripórtico que rodeaba el Foro de la Paz. El segmento situado en el lado derecho de los Foros Imperiales en dirección al Coliseo conserva una serie de fragmentos de columnas de mármol egipcio que han sido estudiadas y recompuestas. Ahora se podrá volver a erigir las cinco columnas. Esto conlleva trabajos técnicos muy sofisticados que tengan en cuenta todas las normas sísmicas. En la mayoría de ellas añadiremos del suelo un segmento de la cubierta de mármol del pórtico”. “La excavación de esta área se remonta a finales de los años treinta, cuando se construyó la Vía del Imperio, en la actualidad Vía de los Foros Imperiales – continúa el superintendente – y desde entonces todos estos elementos yacían en el suelo”.

12 febrero 2015 at 9:27 pm 1 comentario

El edetano que pudo gobernar Roma

Nigrino

Caldarium femenino de las termas de Mura, Llíria (Valencia)

Fuente: GABRIEL CASTELLÓ  |  VALENCIANEWS        24/01/2015

No hay cordobés que no presuma de la sapiencia de su Séneca, ni calagurritano que no esté orgulloso de su Quintiliano, ni bilbilitano que no cite a su satírico Marcial, ni poncino que no elogie las glorias de su amado Trajano, cuatro ilustres exponentes de nuestra fecunda Hispania romana, pero… ¿Somos conscientes los valencianos que estas tierras también vieron nacer a un hombre tan carismático e importante como todos los anteriormente citados?.

La mayoría no, por desgracia. Descubramos un gran nombre para la historia de este rincón del mundo, merecedor de calles, plazas y estatuas en todo el Camp del Turia. A finales del siglo I d.C., con más de un siglo de paz y prosperidad en tierras edetanas, el comercio y las actividades agropecuarias se habían repuesto de la desastrosa rebelión de Quinto Sertorio. Durante el principado de Augusto se renovó la gran calzada que cruzaba la actual Comunitat Valenciana de norte a sur, se le concedió el título de Municipium Civium Romanorum a la nueva Edeta/Lauro (la antigua ciudad ibera fue incendiada y abandonada tras el asalto sertoriano) y la colonia Valentia se refundó y repobló. Así pues, el valle del Turius se convirtió en un territorio tan intensamente romanizado que pronto dio al Imperio un hombre para estar muy orgulloso. Estamos hablando del gran Nigrino.

estela-Nigrino

Marco Cornelio Nigrino Curiacio Materno, de la tribu Galeria, nació en Edeta sobre el 40 d.C. De familia presumiblemente indígena, tal vez descendiente de segunda generación de aquellos auxiliares edetanos que sirvieron con el princeps en las guerras civiles y que obtuvieron ciudadanía y tierras con la Pax Romana, fue hijo de M. Cornelio Nigrino y Curiacia Materna y fruto de un matrimonio que juntaba a dos familias pudientes de la Tarraconense y Bética respectivamente. En el caso de estos Cornelio, su buena posición económica era debida a la propiedad de minas de lapis specularis (espejuelo, el yeso translúcido que se utilizaba como cristal en las ventanas) en Segobriga (hoy Saélices, Cuenca) Los muchos sestercios que obtenían de una explotación así en plena euforia constructiva romana, algo que lamentablemente nos suena, le catapultaron al gobierno local de Edeta, formando parte como joven decurión en el ordo equester hasta que fue designado como tribuno militar de la Legio XIV Gemina en Britania.

En la isla de las brumas empieza el meteórico cursus honorum de este insigne edetano: Entre el 63 y el 69 pasó al limes del Danubio, donde el propio emperador Vespasiano le concedió el privilegio honorífico Adlectio Inter Praetorios. Después de esta etapa ascendió a legado, sirviendo en la VI y VIII Augusta en Germania y Aquitania respectivamente. En el año 83 fue a Roma en condición de cónsul suplente, partiendo un año después como gobernador de Moesia (aprox. hoy Bulgaria) Allí se destacó guerreando contra los dacios, los fieros habitantes de la actual Rumania, que no eran unos bárbaros, sino un reino estable y civilizado que rivalizaba con Roma sobre el control de las riberas del Danubio. Entre su llegada a Moesia y su segundo y tercer consulado entre el 86 y 89 consiguió más condecoraciones que ningún otro militar de la época: dos coronas vallaris (el primero en asaltar un campamento enemigo), dos muralis (el primero en subir a una muralla enemiga, dos civiles (el primero en salvarle la vida a un compañero), dos navalis (el primero en abordar una nave enemiga) y ocho estandartes… El edetano Marco Cornelio Nigrino fue uno de los únicos cinco senadores el lograr dichas condecoraciones juntas (solo mejorado por Vespasiano y delante de su coetáneo y gran competidor, Marco Ulpio Trajano), además de ser uno de los únicos senadores que obtuvo tres consulados sin ser de la familia imperial y no acabó siendo sentándose en el trono de Roma.

Domiciano, segundo hijo de Vespasiano y uno de los gobernantes más psicópatas que dio la antigua Roma, se obsesionó al final de sus días con poner hombres de lealtad intachable al frente de las provincias más relevantes. Dentro de aquel despliegue, Nigrino fue enviado a Siria, el baluarte de Roma frente a su enemigo secular, el Imperio Parto, donde ejerció como pretor entre el 95 y 97. Este año en concreto, el 97, marca el abrupto final de la carrera política y militar de nuestro héroe, fecha que coincide con la adopción de Trajano por el anciano emperador Nerva.

A partir de aquí ya son especulaciones sobre porqué Marco Cornelio Nigrino es relegado de sus funciones y desaparece de la vida pública, suponiendo que volvió a su Edeta natal y falleció sobre el cambio de siglo. Algunos historiadores hablan de una damnatio memoriae, el borrado de toda muestra o recuerdo de la existencia de alguien que era decretado por el Senado o por el princeps de turno para eliminar a sus enemigos hasta de la memoria. En mi opinión, quizá así fue y el nuevo princeps Trajano, temeroso de que su mayor competidor pudiese representar una futura amenaza, lo dejara sin pretura y sin trabajo y lo mandase de vuelta a casa, o tal vez el propio Nigrino, ya cerca de los sesenta años y más de cuarenta fuera de Edeta sirviendo a las águilas desde Britania a Siria, desease un merecido retiro en su villa junto a las rumorosas riberas del Turius. El caso curioso es que sólo en Llíria se han encontrado cinco inscripciones relacionadas con Nigrino, donde se enumeran sus cargos públicos y condecoraciones, pues ni Dion Casio ni Plinio comentan nada sobre él en sus textos contemporáneos (siendo un héroe militar sin parangón en sus tiempos), ni hay en toda Roma inscripción alguna sobre él… Sí que parece una damnatio memoriae, salvo por la bravura o inconsciencia edetana de lo que supone ignorar una ley así de estricta. Se piensa que el complejo termal de Mura, en el Pla de L’Arc, fue una fastuosa obra civil muy probablemente promovida y financiada por Nigrino para dotar a su pequeña ciudad natal de unos baños y centro cívico propio de una gran urbe. De hecho, es el complejo lúdico-religioso de este tipo más extenso de toda Hispania.

Nigrino-reconstrucción

Esta es la inscripción más completa de las encontradas en Llíria:

CIL 02, 03788:

[M Cornelio] M f Ga[l Nigrino] / [Curiatio Ma]terno co [s] / [trib mi]l leg

XIIII ge[minae adlecto] / [inter praetorios a]b Imp Caesar[e

Vespasiano Aug] / e[t Tit]o Imp Caesare A[u]g f ab eis prae/libus

emendandis leg Aug leg VIII Au[gust leg Aug pro pr] / provinc

Aquitania leg pro pr M[oesiae donato bello Da]/cico co[ro]nis

mura[l]ibus duabus et [coronis vallaribus du]/abus e[t coro]nis

classic[is] duabus et coro[nis aureis duabus hastis] / [puris octo

vexillis oc]to leg Aug pro [pr provinc Syriae]

Completo: [M(arco) Cornelio] M(arci) f(ilio) Ga[l(eria) Nigrino] /

[Curiatio Ma]terno co(n)[s(uli)] / [trib(uno) mi]l(itum) leg(ionis) XIIII

ge[minae adlecto] / [inter praetorios a]b Imp(eratore) Caesar[e

Vespasiano Aug(usto)] / e[t Tit]o Imp(eratore) Caesare A[u]g(usti)

f(ilio) ab eis prae/libus emendandis leg(ato) Aug(usti) leg(ionis) VIII

Au[gust(ae) leg(ato) Aug(usti) pro pr(aetore)] / provinc(iae) Aquitania

leg(ato) pro pr(aetore) M[oesiae donato bello Da]/cico co[ro]nis

mura[l]ibus duabus et [coronis vallaribus du]/abus e[t coro]nis

classic[is] duabus et coro[nis aureis duabus hastis] / [puris octo

vexillis oc]to leg(ato) Aug(usti) pro [pr(aetore) provinc(iae) Syriae]

Marco Cornelio, hijo de Marco de la tribu Galeria, Nigrino Curiatio

Materno, cónsul, tribuno militar de la legión XIII gemina, pretor con

los emperadores Vespasiano y Tito, legado augusto de la legión VIII

Augusta, propretor de la Provincia Aquitania, legado propretor de la

provincia de Moesia, recibió por la guerra en la Dacia dos coronas

murales y dos coronas vallares y dos coronas clásicas y dos

coronas áureas y hasta ocho hasta purae y ocho vexiliae, legado

augusto propretor de la provincia de Siria.

25 enero 2015 at 9:47 pm Deja un comentario

La Vila Joiosa: Localizan un nuevo tramo de calzada romana del siglo II

  • Los restos han sido hallados durante las catas arqueológicas con motivo de las obras del nuevo vial desde la Ermita a la avenida Pianista Gonzalo Soriano
  • El tramo de via vicinalis (camino secundario o rural) tiene 3,60 metros de ancho, equivalente a 12 pies romanos

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Un nuevo tramo de calzada romana ha salido a la luz en La Vila. El hallazgo se ha producido durante los trabajos arqueológicos previos a la construcción del nuevo vial que conectará la Ermita con la avenida Pianista Gonzalo Soriano, concretamente, durante las catas que el servicio municipal de arqueología llevó a cabo entre julio y agosto.

La via vicinalis (camino secundario o rural) tiene 3,60 metros de ancho, lo que equivalía a 12 pies romanos, y está datada en el siglo II. Discurre en perfecta dirección este-oeste, delimitada en ambos lados por muros de mampostería (piedras sin tallar) que flanquean el pavimento original y las posteriores repavimentaciones detectadas, realizadas con cascajo de piedra y cerámica (de la misma forma que hoy en día se reparan los baches de las carreteras rellenándolos con asfalto).

En el tramo encontrado destaca la “abundancia y la calidad de los materiales aparecidos en la excavación”, según informó el Ayuntamiento en un comunicado, entre los que hay grandes cantidades de cerámica fina del Alto Imperio romano (terra Sigillata), así como de vidrio, pesas de telar o fichas de juegos de mesa romanos. También abundan los objetos de metal: clavos de bronce y hierro, un anillo de bronce, un broche, un anzuelo y varias monedas romanas de principios del siglo IV (una del emperador Costantino I). La presencia de estos materiales indica la proximidad de una villa romana contemporánea a la calzada, aún por localizar.

Según los primeros estudios, este camino conectaría una villa cercana con la calzada principal, que conducía a los valles de Alcoi. Esta calzada partía del Kardo Maximus (calle principal norte-sur del municipium romano) cuyos restos se encontraron bajo la actual calle Canalejas, y pasaba por la Creueta y la Creu de Pedra, siguiendo el mismo recorrido que el histórico camí del Peix.

Por este camino bajaban en los siglos XVIII y XIX a lomos de caballerías las telas y el papel de fumar de la industria alcoyana con dirección al puerto de La Vila, donde grandes buques las transportaban a las colonias españolas de América y Filipinas. También por este camino histórico se transportaba en mulo el pescado del municipio a las ciudades del interior de la provincia, aprovechando el hielo de los neveros de la sierra Aitana.

Los dos cruceros antiguos de la Creueta y la Creu de Pedra fosilizaban dos importantes cruces de caminos antiguos, conservando el carácter sagrado que daban los romanos a estos cruces, donde solían haber pequeños monumentos a los dioses llamados Lares Compitales, encargados de protegerlos.

El nuevo tramo, el décimo excavado de las seis calzadas descubiertas

El nuevo tramo de vía romana sería el décimo excavado de las seis calzadas descubiertas en el término municipal de La Vila. El concejal de Patrimonio Histórico, Pepe Lloret, explicó que “la excavación de la calzada nos ha permitido descubrir que el firme que vemos se asienta sobre un camino anterior, realizado en la primera mitad del siglo I a. C., como el resto de los caminos descubiertos en La Vila”. En esa época acampó en la zona un cuerpo militar romano durante las Guerras Sertorianas.

“Las importantes mejoras en el camino en el siglo II podrían tener relación con la concesión del rango de municipium por el emperador Vespasiano en el año 73/74 a la ciudad romana de Allon”, como se denominaba a La Vila. Después la vía se siguió utilizando hasta al menos el siglo V/VI, cuando se le hicieron las últimas reparaciones. Por tanto, “nos encontramos ante una calzada que se usó a lo largo de más de 600 años”.

Además del Servicio Municipal de Arqueología, han participado numerosos voluntarios y voluntarias de la Universidad de Alicante y de Vilamuseu, así como del campo de trabajo internacional ‘Villajoyosa Romana’, organizado por el Institut Valencià de la Joventut (IVAJ) de la Generalitat Valenciana y por las concejalías de Juventud y Patrimonio Histórico.

En la actualidad se acaba de finalizar la memoria científica que ha supuesto la catalogación de algo más de 8.000 fragmentos de cerámica, así como la digitalización de los planos realizados, que permiten conocer una pieza clave del puzzle arqueológico de la época romana en el municipio.

Fuente: La Marina Plaza

10 octubre 2014 at 2:15 pm Deja un comentario

Nerón a debate

Mató a dos esposas y es posible que a su madre. Quizás estuvo detrás del incendio de Roma, pero desde luego no tocó la lira mientras ardía la ciudad, y algunos expertos creen que no fue tan malo como lo pintan…

Nerón-Anzio

Estatua de Nerón en Anzio, su ciudad natal

Por Robert Draper, NATIONAL GEOGRAPHIC

Bajo la colina romana del Opio, hoy un modesto parque público afeado por burdos graffiti, donde los muchachos chutan sin ganas un balón de fútbol, parejas de ancianos pasean el perro, y más de un vagabundo enciende una fogata de carbón, yace enterrado parte del palacio más suntuoso que jamás se irguió en la Ciudad Eterna.

Es la Domus Aurea –la Casa de Oro–, erigida por y para Nerón. Cuando en el año 68 d.C. el universo delirante del emperador, que por entonces contaba 30 años, se vino abajo y este ordenó a un súbdito que le traspasase la garganta con un puñal (mientras espetaba entre jadeos «¡Qué artista muere conmigo!», o al menos eso cuenta la tradición), es posible que el palacio no estuviese todavía terminado. Algunos de los emperadores siguientes lo remodelaron, otros lo ignoraron, y en el año 104 Trajano reutilizó sus muros y bóvedas para dar unos buenos cimientos a sus famosas termas. El palacio sepultado quedó olvidado durante catorce siglos.

Hacia 1480 unos excavadores empezaron a trabajar en el Opio y descubrieron lo que tomaron por las ruinas de las Termas de Tito. La tierra cedió bajo los pies de uno de ellos, que aterrizó sobre un montón de escombros, y al abrir los ojos se encontró contemplando un techo todavía decorado con suntuosos frescos. La voz corrió por toda Italia. Grandes artistas del Renacimiento, como Rafael, Pinturicchio o Giovanni da Udine, se descolgaron por el hoyo para estudiar (y después reproducir en varios palacios y en el Vaticano) los profusos y repetitivos motivos ornamentales que recibirían el nombre de grutescos, precisamente en referencia a la gruta en que se había convertido la Domus sepultada. Cuanto más se excavaba, mayor era el asombro: largos pasajes de columnatas desde los que se dominaba lo que en otro tiempo fuera un gran jardín con un lago artificial, vestigios de oro y fragmentos de mármol originarios de Egipto y de Oriente Próximo que habían revestido los muros y los techos abovedados, y una espléndida sala octogonal cubierta con una cúpula, construida seis decenios antes de terminarse el tan loado Panteón de Adriano.

Hoy, y desde que en 2010 se hundiera parte de la cubierta, la Domus Aurea está cerrada al público hasta nuevo aviso. Todos los días se trabaja en el cuidado de los frescos y la reparación de las goteras. Hasta su reciente jubilación, el arquitecto romano Luciano Marchetti supervisaba las intervenciones en la Domus Aurea. Una mañana, sumido en la gélida oscuridad subterrá­nea de la Sala Octogonal, situada en el extremo este del complejo palaciego, Marchetti apuntó la linterna hacia lo alto y admiró el impresionante techo abovedado de ocho caras –15 metros de esquina a esquina–, sostenido por los arcos de las salas adyacentes, sin apoyos visibles.

«Este lugar me sobrecoge –dijo en voz baja–. Es de una sofisticación arquitectónica nunca vista. El Panteón es una maravilla, qué duda cabe, pero su cúpula se sustenta sobre un cilindro construido ladrillo a ladrillo. Esta está suspendida sobre estructuras invisibles.»

Con un suspiro, el arquitecto musitó una frase en latín: damnatio memoriae. Borrados del recuerdo: tanto el palacio como los logros de su propietario.

Al sudoeste, inmediatamente después de esta ala de la Domus Aurea y al otro lado de una transitada avenida, en el espacio que ocupaba el lago artificial de Nerón, está el Coliseo. El celebérrimo anfiteatro, construido por Vespasiano poco después del suicidio de Nerón, al parecer recibió su nombre del Colossus Neronis, la estatua de bronce de más de 30 metros de altura que representaba al emperador como el dios sol y que en su día dominaba el valle. Hoy el Coliseo recibe más de 10.000 visitas al día. El magnate del calzado Diego Della Valle ha donado 25 millones de euros para su restauración. De las taquillas del Coliseo mana una exigua corriente de fondos que desemboca en el presupuesto de restauración del palacio enterrado al otro lado de la avenida, húmedo, oscuro, clausurado.

Justo al oeste del Coliseo se extienden las espléndidas ruinas imperiales del monte Palatino. En abril de 2011 la Superintendencia Especial para el Patrimonio Arqueológico de Roma inauguró en el Palatino y otros enclaves cercanos una exposición sobre la vida y obra de Nerón. Por primera vez se mostraron allí las múltiples aportaciones arquitectónicas y culturales del rey monstruo; también se abrió al público, en el re­cinto del propio palacio, una cámara recientemente excavada que muchos identifican como la famosa coenatio rotunda de Nerón, un comedor rotatorio con impresionantes vistas a los montes Albanos. Los organizadores de la exposición eran conscientes de que cualquier iniciativa en torno a Nerón atraería al público. Lo que no esperaban era batir el récord de visitantes desde que la Superintendencia organizara su primera exposición diez años antes.

«Sí, vende como nadie –observa Roberto Gervaso, quien en 1978 escribió la novela biográfica Nerone–. Se han hecho muchas películas sobre Nerón, pero todas ellas han sucumbido a la tentación de la caricatura. No hacía falta: en cierta manera, el personaje real ya era una especie de caricatura. Una depravación tan pintoresca atrae a cualquier biógrafo. ¡Yo nunca podría biografiar a san Francisco! Y preferiría mil veces cenar con Nerón antes que con Adriano.»

Esta noche tendrá que conformarse conmigo. Cenamos a unos cientos de metros de la Domus Aurea, en la Osteria da Nerone, uno de los pocos lugares en Roma que exhiben el nombre del archiconocido malvado histórico. «Este restaurante está siempre abarrotado –dice Gervaso, insistiendo en que no es por casualidad–. Nerón era un monstruo, pero no fue solo eso. Y sus sucesores no fueron mucho mejores. A otros monstruos, como Hitler y Stalin, les faltó la imaginación [de Nerón]. Incluso hoy sería una figura de vanguardia, un adelantado a su tiempo. »Si hace 35 años escribí mi libro, fue precisamente por un deseo de rehabilitar su figura. Quizás ustedes puedan hacer algo más.»

Vaya… Pues No va a ser fácil «rehabilitar» a un hombre que, según las crónicas históricas, ordenó la muerte de su primera esposa, Octavia; propinó a la segunda, Popea, una patada que acabó con su vida estando embarazada; urdió el asesinato de su madre, Agripina la Menor (posiblemente después de acostarse con ella); quizás asesinó a su hermanastro, Británico; ordenó a su mentor, Séneca, que se suicidase (orden que este cumplió con solemnidad); castró y desposó a un adolescente; orquestó el incendio que arrasó Roma en el año 64 y acto seguido culpó de él a los cristianos (entre ellos a san Pedro y san Pablo), que fueron detenidos y decapitados o crucificados y quemados para iluminar unos festejos imperiales. Ante semejante currículo, nadie vacilaría en afirmar que Nerón era el mal personificado. Y sin embargo…

Casi con toda seguridad, el Senado romano ordenó borrar la memoria de Nerón por motivos políticos. Tal vez porque su muerte había provocado un estallido de aflicción popular y Otón, sucesor suyo, se había apresurado a adoptar el nombre de Otón Nerón. Tal vez porque sus partidarios no habían dejado de llevar flores a su tumba, un lugar del que se decía estaba embrujado, hasta que en 1099 se erigió una iglesia so­­bre sus restos en la Piazza del Popolo. O quizá por las amenazas de «falsos Nerones» y la firme creencia de que el rey niño regresaría algún día junto al pueblo que tanto lo había amado.

Los muertos nunca escriben su propia historia. Los dos primeros biógrafos de Nerón, Suetonio y Tácito, tenían vínculos con la élite del Senado e hicieron una crónica de su mandato con enorme desprecio. La idea del retorno de Nerón adquirió un aura de malignidad en la literatura cristiana, con la advertencia de Isaías contra el anticristo venidero: «Descenderá de su firmamento en forma humana, rey de la iniquidad, matricida». Siglos más tarde llegarían las condenas melodramáticas: el Nerón del cómico Ettore Petrolini como lunático desvariante, el de Peter Ustinov, como el cobarde asesino, y la histriónica escena grabada en todas las retinas: Nerón tocando la lira mientras Roma es pasto de las llamas. Lo que ocurrió con Nerón no fue una relegación al olvido sino una demonización en toda regla. Un emperador de complejidad desconcertante quedó reducido a simple bestia.

«Hoy condenamos sus acciones –dice Marisa Ranieri Panetta, periodista especializada en ar­queología–. Pero pensemos en Constantino, el gran emperador cristiano: hizo matar a su primogénito, a su segunda esposa y a su suegro. Uno es un santo y el otro, un demonio. Pensemos en Augusto, que destruyó una clase dirigente a base de listas negras. Roma se convirtió en un baño de sangre, pero Augusto tuvo la habilidad de oficializar la versión de sus actos del modo que más le convino. Por eso fue grande, dicen. Yo no digo que Nerón fuese un gran emperador, pero sí mejor de lo que se decía, y de ningún modo peor que sus predecesores o sucesores.»

Panetta es una de las vehementes y cada vez más numerosas voces que invitan a revisar la figura de Nerón. Pero no todo el mundo está de acuerdo. «Esta rehabilitación, este proceso me­diante el cual un pequeño grupo de historiadores intenta transformar a unos aristócratas en caballeros, me parece una estupidez –dice el prestigioso arqueólogo romano Andrea Carandini–. Por ejemplo, varios expertos serios nos dicen ahora que el incendio no fue culpa de Nerón. ¿Y cómo iba a levantar la Domus Aurea sin el incendio? Que me lo expliquen. Fuese o no el artífice del incendio, lo que está claro es que sacó partido de él.»

Merece la pena detenerse en la lógica de Carandini: Nerón se benefició del incendio, y por consiguiente lo provocó, y esta catástrofe que dañó o destruyó 10 de las 14 regiones de Roma es un episodio crucial en la mitología neroniana. «Hasta Tácito, el detractor por excelencia de Nerón, escribe que no se sabe si el incendio de Roma fue fortuito o provocado –rebate Panetta–. La Roma imperial era un laberinto de callejuelas angostas –llenas de edificios altos con los pisos superiores de madera–. El fuego era imprescindible para alumbrarse, cocinar y calentarse. En consecuencia, prácticamente todos los empe­radores vivieron grandes incendios.» Se da también la circunstancia de que Nerón no se hallaba en Roma cuando se desató el Gran Incendio, sino en su Antium natal, el actual Anzio. En algún momento de la debacle regresó a Roma a toda prisa, y aunque parece cierto que le gustaba tocar un instrumento de cuerda llamado kithara, la primera crónica según la cual se en­tregó a ese pasatiempo mientras contemplaba cómo las llamas arrasaban la ciudad fue escrita por Dion Casio un siglo y medio después de los hechos. Tácito, contemporáneo de Nerón, escribió que el emperador ordenó que se diese cobijo a quienes hubiesen perdido su casa, ofreció incentivos monetarios a quienes estuviesen en condiciones de reconstruir la ciudad sin dilación, e implantó e hizo cumplir normativas de seguridad antiincendios… y detuvo, condenó y crucificó a los odiados cristianos. Además de apropiarse de los restos calcinados de la Ciudad Eterna para levantar en el solar su Casa de Oro.

«¿Qué peor que Nerón?», dejó escrito el poeta Marcial, coetáneo suyo. Pero acto seguido añadió: «¿Qué mejor que sus termas?».

En 2007, en el marco de un estudio de impacto para la construcción de una nueva línea de metro que atravesaría el corazón de la ciudad, Fedora Filippi, la arqueóloga romana del Ministerio de Cultura italiano que excavaba debajo del transitado Corso Vittorio Emanuele II, descubrió la base de una columna. Poco después, bajo un edificio levantado en la época de Mussolini en la Piazza Navona, Filippi encontró un pórtico, y algo más allá, el borde de un estanque. Tras más de un año de análisis estratigráficos y de un estudio exhaustivo de las fuentes históricas, la arquitecta concluyó que había descubierto el colosal gimnasio público construido por Nerón pocos años antes del Gran Incendio del año 64. Inmediatamente se paralizó el proyecto de construcción de una estación de metro en el lugar, pero también se abandonaron las excavaciones. Fuera del mundo académico, el importantísimo hallazgo de Filippi apenas tuvo eco.

«El gimnasio fue parte de la gran transformación que Nerón obró en Roma –dice Filippi–. Introdujo prácticas inspiradas en la cultura griega, entre ellas la educación física e intelectual de los jóvenes, que pronto se extendió por todo el Imperio. Hasta entonces ese tipo de termas era una prerrogativa de la aristocracia. Su popularización cambió el orden social, porque ponía a todo el mundo al mismo nivel, desde los senadores hasta el cuerpo de caballería.»

Nerón fue una granada arrojada contra un orden social ya debilitado. Pese a estar emparentado con Augusto por vía materna y paterna, físicamente parecía cualquier cosa antes que romano: cabellos rubios, ojos azules, rostro pecoso, más inclinado al arte que a la guerra. De su madre, Agripina, mujer astuta y ambiciosa, se decía que había conspirado para asesinar a su hermano Calígula, y es posible que más tarde liquidase a su tercer marido, Claudio, con setas venenosas. Tras procurarse los servicios del pensador Séneca como profesor de su joven vástago, Agripina proclamó a Nerón digno sucesor al trono, al que ascendió en 54 d.C., sin haber cumplido los 17. Quien se pregunte por las intenciones de su madre tiene la respuesta en las monedas de la época, donde la efigie del emperador adolescente no es mayor que la de la propia Agripina.

Los inicios del reinado de Nerón fueron una edad de oro. El emperador prohibió los juicios secretos de Claudio, indultó a condenados y, cuando le pidieron que firmase una sentencia de muerte, gimió: «¡Cuánto desearía no saber escribir!». Organizaba cenas con poetas (quizá, se especulaba, para robarles los versos) y seguía un riguroso programa de estudio de lira y canto, aunque no destacaba por su voz. «Por encima de todo anhelaba la popularidad», escribió su biógrafo Suetonio. Edward Champlin, profesor de clásicas de la Universidad de Princeton, percibe otros matices en la figura de Nerón. En su libro Nerón, Champlin describe al emperador como «un artista consumado que casualmente también era emperador de Roma» y «un líder adelantado a su tiempo, un auténtico relaciones públicas dotado de una gran intuición para saber qué deseaba el pueblo, a menudo antes de que este mismo lo supiera». Nerón instauró, por ejemplo, los Neronia o Juegos Neronianos, un certamen de poesía, música y atletismo al estilo olímpico que sin duda debió de complacer a las masas pero no a las élites romanas. Cuando Nerón se empecinó en que los senadores compi­tiesen con el pueblo llano en otros juegos públicos, su edad de oro empezó a resquebrajarse.

«Era algo nuevo –dice el arqueólogo Heinz- Jürgen Beste–, y Nerón encarnaba esa innovación, impulsada por una mezcla de populismo y megalomanía. Un ejemplo: la creación de las termas, tan alabadas por Marcial. Algo nunca visto, un luminoso espacio público no solo dedicado a la higiene, sino provisto de estatuas, pinturas y libros, que invitaba a permanecer y deleitarse mientras alguno de los usuarios leía poesía. Un verdadero cambio en el orden social.»
Además del Gymnasium Neronis, la lista de obras públicas del joven emperador incluía un anfiteatro, un mercado de la carne y el proyecto de un canal que conectaría Nápoles con el puerto de Ostia para evitar a los barcos las impredecibles corrientes marinas de mar abierto y garantizar el suministro de víveres a la ciudad. Estos proyectos costaban dinero, que los emperadores romanos solían obtener saqueando otros territo­rios. Sin embargo, el pacífico mandato de Nerón cerraba la puerta a esa opción. (De hecho, había liberado a Grecia, declarando que sus aportaciones culturales la eximían de pagar impuestos al Imperio.) En su lugar, optó por sangrar a los ricos con impuestos sobre bienes inmuebles, y en el caso del gran canal navegable, por expropiar directamente sus haciendas. El Senado se negó a autorizarlo. Nerón hizo cuanto pudo para sortearlo. «Inventaba acusaciones falsas para llevar a juicio a algún ciudadano adinerado y sacarle una pingüe multa», apunta Beste, pero con todo aquello se granjeó enemigos a la velocidad de la luz. Uno de ellos fue su propia madre, Agripina, quien, resentida por haber perdido influencia, quizá conspiró para que se declarase heredero legítimo a su hijastro Británico. También se ganó la enemistad de su consejero Séneca, de quien se dice que participó en un complot para matarlo. Antes del año 65, madre, hermanastro y consejero habían sido asesinados.

Nerón era libre para ser Nerón. Y así concluyeron los llamados años buenos de su mandato, a los que siguieron los años en que, citando a la historiadora de Oxford Miriam Griffin, «Nerón se refugió cada vez más en su mundo de fantasía», hasta que la realidad cayó sobre él como una maza.

Al visitar Roma y conversar con estudiosos y políticos relevantes de la Ciudad Eterna sobre el último emperador de la dinastía Julio-Claudia, uno siente la tentación de pensar si existe un hilo conductor entre la extravagante grandiosidad de Nerón y la más reciente política-espectáculo de cierto exmandatario italiano.

«Nerón era un histrión y un megalómano, pero un histrión también puede ser seductor y el centro de atención –afirma Andrea Carandini–. Su activo, repetido una y otra vez por todos los demagogos que lo sucedieron, fue la devoción que por él sentían las masas. Invitó sin reparos a toda la ciudad a entrar en su Domus Aurea, que ocupaba un tercio de la urbe, donde les esperaba un espectáculo formidable. ¡Eso es televisión en estado puro! Y Silvio Berlusconi hizo exactamente lo mismo, valerse de los me­dios para conectar con la plebe.»

Walter Veltroni, el que fuera alcalde de Roma y ministro de Cultura y Medio Ambiente, rechaza cualquier comparación entre Nerón y el ex­ primer ministro de escandalosa carrera política, aduciendo que en este último no existe ni un ápice de las inquietudes culturales de Nerón. «Berlusconi no sentía el menor interés por la arquitectura; simplemente no formaba parte de su vocabulario», dice Veltroni (quien, dicho sea de paso, también aspiró a primer ministro y fue derrotado por Berlusconi en 2008). En cambio, añade, «para mí la Domus Aurea de Nerón es el lugar más bello de la ciudad, el más enigmático, la confluencia de distintos períodos históricos».

El complejo palaciego estaba diseñado en su conjunto como un escenario, con arboledas, lagos y paseos de libre acceso. Lo que no obsta, admite Panetta, para que aquello fuese «un es­cándalo, porque estamos hablando de una parte enorme de Roma destinada a una sola persona. No solo por sus lujos (Roma estaba llena de palacios), sino por sus dimensiones. Los graffiti de la época rezaban: “Romanos, aquí ya no cabéis, tenéis que iros a [la cercana población de] Veio”».

Por más que estuviese abierta al público, lo que en última instancia representaba la Domus era el poder ilimitado de un hombre, hasta en la mismísima elección de los materiales. «Si se usaron semejantes cantidades de mármol no fue simplemente por ostentación –opina Irene Bragantini, experta en pintura romana–. Aquellos mármoles de colores procedían de todos los rincones del Imperio, desde Asia Menor y Grecia hasta África. El mensaje era claro: Roma no solo dominaba a los pueblos, sino que además disponía de sus recursos.»

El mandato de Nerón comenzó a adquirir visos de paradoja. Por un lado, se había convertido en el hombre-espectáculo cercano a la plebe. Por otro, había exacerbado su rol imperial. «Conforme se distanciaba del Senado e intenta­ba acercarse al pueblo, concentraba poder como si de un faraón egipcio se tratase», dice Panetta. Pero un emperador puede aproximarse al vulgo hasta cierto punto. «Acabó viviendo aislado en una burbuja –señala Beste–. Para llegar a él había que franquear un millón de puertas.»
«Quería estar cerca del pueblo –dice Alessandro Viscogliosi, profesor de arquitectura grecorromana y autor de una notable reconstrucción en 3D de la Domus Aurea–, pero como divinidad, no como su amigo.»

Una noche, cenando en una suntuosa enoteca próxima a la Piazza Navona, llamada Casa Bleve, el gerente me invitó a bajar con él a la bodega. Tras las hileras de barolos y chiantis distinguí los vestigios pétreos de una estructura antiquísima. Tiempo después, la arqueóloga Filippi me ilustró sobre aquella franja de Roma: «Por debajo de esa zona es todo Campo de Marte, la parte de la ciudad donde construía Nerón». Su localización queda cifrada al azar; descubrirla será la ventura de algún obrero del metro o de un reformador de cimientos. Sin ese golpe de suerte, la magnificencia arquitectónica del imperio de Nerón seguirá sepultada bajo siglos de historia romana. Hasta en Subiaco, el pueblo de montaña donde Nerón construyó su audaz villa en el año 54 (represando el río Aniene para crear tres lagos bajo el patio), las ruinas reposan tras un portalón cerrado, inadvertidas por las hordas de turistas que pasan junto a ellas de camino a un monasterio benedictino de las inmediaciones.

En todo el territorio del que fuera su imperio, existe un solo lugar que se haya propuesto homenajear a Nerón: Anzio, la famosa cabeza de playa de las tropas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, y ciudad natal del emperador. Allí mandó edificar otra villa, hoy sumergida casi por completo, aunque el museo local custodia un gran número de piezas del complejo.

En 2009 el nuevo alcalde electo, Luciano Bruschini, declaró su intención de encargar una estatua del tristemente famoso hijo de la ciudad, que se presentó en 2010. Hoy se yergue en la orilla del mar, una imagen un tanto chocante del em­­perador a los veintipocos años, de unos dos metros de alto, de pie con su toga sobre un pilar, el brazo derecho extendido señalando el mar, que observa con mirada penetrante en todo su espléndido misterio. En la placa se lee su nombre imperial completo en italiano –Nerone Claudio Cesare Augusto Germanico– y recuerda que nació en Anzio el 15 de diciembre del año 37. Luego, tras describir su linaje, dice: «Durante su mandato el Imperio disfrutó de un período de paz, de gran esplendor y de importantes reformas».

«De niño, nadaba entre las ruinas del palacio –me contó el alcalde Bruschini una mañana de primavera mientras tomábamos un té en su despacho con vistas al mar–. De pequeños nos enseñaban que había sido un hombre malvado, uno de los peores emperadores de la historia. Al investigar un poco, llegué a la conclusión de que no era así. En mi opinión, Nerón fue un buen emperador, incluso magnífico, tal vez el más amado de toda la época imperial. Y un gran reformista. Los senadores eran ricos y poseían esclavos. Él tomó parte de esas riquezas y se las entregó a los pobres. ¡Fue el primer socialista!»

Orgulloso de serlo él también, Bruschini esbozó una sonrisa y prosiguió: «Cuando llegué al cargo decidí rehabilitar a Nerón. Pusimos carteles con el lema “Anzio, ciudad de Nerón”. Hubo quien dijo: “Pero alcalde, si mató cristianos a mansalva”. Yo les contestaba: “Muy pocos, nada que ver con los miles de cristianos que el Imperio mataría más adelante”. Recibimos propuestas de dos escultores. Uno ponía a Nerón de lunático. Lo descartamos y dimos el encargo al otro, que hizo la estatua que ve hoy ahí. Ahora es el punto más fotografiado de la ciudad».

A veces, me confió el alcalde, daba un paseo hasta la estatua para escuchar los comentarios de la gente. De vez en cuando los oía leer en voz alta la placa –«…de paz, de gran esplendor y de importantes reformas»– y mascullar: «¡Qué sarta de mentiras!». Así hablaban quienes creían en los mitos con fe inquebrantable, concluía Bruschini, los mismos que daban crédito a aquella bobada de tocar la lira mientras ardía Roma, los mismos que no percibían el componente trágico del final de Nerón: un mandatario atribulado, huido, convencido por traidores para que no se refugiase en Anzio ni en Egipto, sino en una villa al norte de Roma, perseguido por sus enemigos y desesperado ante el convencimiento de que no tenía otra salida que la muerte.

No importaba. El rey niño volvía a estar en su hogar, en Anzio, rodeado una vez más por las multitudes.

3 octubre 2014 at 1:04 pm Deja un comentario

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