Posts tagged ‘Universidad de Jaén’

La Universidad de Jaén participará en Italia en la localización de la de la Batalla del Metauro

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén (Jaén) va a participar en la localización de la Batalla del Metauro (Italia), gracias al convenio específico firmado con la Superintendencia de Arqueología, Bellas Artes y Paisajes de la Región de Marche y la Universidad Carlo Bo, de Urbino. De esta manera, las tres instituciones trabajarán conjuntamente en la realización del proyecto denominado ‘Studio per la identificazione dei luoghi della Battaglia del Metauro’.

Posible tumba de Asdrúbal en Metauro. EUROPA PRESS / UJA

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA
10 de enero de 2018

El investigador del Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA, Juan Pedro Bellón, ha explicado en un comunicado que esta batalla constituye una clave por diversas cuestiones. En primer lugar, porque uno de sus protagonistas, Asdrúbal Barca, también lo fue de la Batalla de Baecula tan solo un año antes de este enfrentamiento, “por lo que los materiales esperables en el campo de batalla deberían ser similares a los localizados en Baecula, de los cuales poseemos un amplio muestrario”.

En segundo lugar, porque su localización puede enfocarse desde el uso de las fuentes clásicas y las claves que aportan, dando protagonismo a las distintas propuestas historiográficas sobre su localización. Y finalmente, porque va a permitir testear un modelo de muestreo de prospección fundamentado en el módulo/escala de la Batalla de Baecula.

En el equipo de investigación se integran investigadores italianos que han desarrollado su actividad tanto en el entorno de la zona, como especialistas de prestigio en el ámbito de la Guerra Púnica, como Giovanni Brizzi.

Además, también dentro del equipo de investigación se integra un grupo vanguardista en el uso de técnicas de análisis del territorio mediante tecnologías SIG y datos Lidar, perteneciente al Departamento de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la UJA, que permitirá a los investigadores una gestión de calidad de los datos del terreno y el análisis de fotografía aérea histórica de la zona, elemento que ha sido fundamental para otros casos de estudio.

Desde el año 2001, el Instituto de Arqueología Ibérica de la UJA desarrolla una línea de investigación relacionada con el análisis de la Segunda Guerra Púnica en el Alto Guadalquivir, que ha permitido el diseño de una metodología de prospección aplicada a la localización y estudio sistemático de campos de batalla, los cuales se caracterizan por un tipo de contexto/registro particular, al tratarse de procesos/eventos de pocas jornadas, afectados por procesos de limpieza (botín) y los propios procesos postdeposicionales, finalmente tratados siempre desde el condicionante de la lectura crítica de las fuentes clásicas.

El primer caso de estudio, la Batalla de Baecula, permitió a los investigadores de la UJA no sólo la localización del sitio o el análisis del posterior proceso de conquista/cambios en el territorio local del oppidum ibérico, sino dos elementos trascendentales para la investigación arqueológica de los campos de batalla en la antigüedad: el patrón/módulo de las dimensiones de una batalla campal en el marco de la Segunda Guerra Púnica; y, por otra parte, un corpus de elementos/indicadores arqueológicos que funciona de referencia/contraste para otros casos de investigación.

Esta línea de trabajo se ha reforzado con los casos de estudio de Puente Tablas e Iliturgi (donde se han localizado los restos del asedio de Escipión el Africano a la ciudad ibérica en el 206 a.n.e.) y, en Numistro (Italia).

“Más allá del análisis de la Batalla del Metauro, pretendemos articular su investigación con el impacto de la misma en el ámbito local y regional del conflicto, recogiendo las ideas braudelianas de los tiempos en el ámbito de los procesos históricos, del evento al tiempo largo, la ‘longue durée’ de los efectos de la batalla”, ha indicado Juan Pedro Bellón.

 

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12 enero 2018 at 8:17 pm Deja un comentario

Descubierta en Jaén una ciudad íbera destruida por Escipión durante la Segunda Guerra Púnica

Arqueólogos jiennenses encuentran artillería romana por primera vez en la Península Ibérica

Restos de artillería romana del asedio a Iliturgi, datados en el año 206 antes de Cristo.

Fuente: JAVIER LÓPEZ > ABC Andalucía
19 de julio de 2017

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén ha descubierto un oppidum (ciudad) ibérico de los siglos IV y III antes de Cristo en el cerro de la Muela, en Mengíbar, que se corresponde con el de Iliturgi, destruido y abandonado como consecuencia del asedio militar romano en el contexto de la Segunda Guerra Púnica. Los trabajos, dirigidos por los investigadores del centro Juan Pedro Bellón y Carmen Rueda, se han desarrollado durante los meses de junio y julio dentro de la campaña de excavación realizada en el proyecto ‘Iliturgi Delenda Est (Iliturgi debe ser destruida), que ha contado con la financiación del Ayuntamiento de Mengíbar y del Instituto de Estudios Giennenses (IEG).

La superficie del oppidum tiene entre 12 y 14 hectáreas, lo que aclara su importancia, tanto en tamaño como por la posición estratégica que ocupa en el territorio, según expone Bellón, quien asegura que los restos del asedio localizados son fundamentales para la investigación de la historia militar romana y sitúan en primer plano las investigaciones arqueológicas realizadas en la provincia de Jaén. En concreto, en esta zona próxima a la capital, en la que, se ha descubierto la ciudad romana de Iliturgi, en cerro Maquiz, y el oppidum íbero en el cerro de La Muela, donde se han encontrado por primera vez en la península restos de artillería romana, concentrados en el entorno de uno de los accesos a la acrópolis del asentamiento.

La historia de esta artillería está también documentada. Tras la toma de Carthagonova en el año 209 antes de Cristo, Escipión el Africano no sólo consiguió un importante botín, sino que accedió al arsenal cartaginés de la ciudad, y tan sólo 3 años después las máquinas de guerra capturadas fueron utilizadas en el cerro de la Muela, donde probablemente se ubicó la Iliturgi destruida por los romanos en el año 206 antes de Cristo. Por esta razón, el investigador considera que su equipo ha descubierto un lugar único, desde el punto de visto arqueológico, del conocimiento y patrimonial.

Para la localización del sitio se ha tenido como base una fotografía aérea de los años 1945 y 1946, así como la descripción de Tito Livio sobre la destrucción de Iliturgi. El historiador resalta que primero se produjo la toma de la ciudadela y después se bajó al resto de la ciudad, lo que coincide con la topografía del lugar. En 1945 la huella era muy evidente, la fortificación de la ciudad estaba conservada. Hoy ha desaparecido esa huella, pero el centro andaluz de arqueología está convencido de que si excava, la encontrará.

En los trabajos han participado además miembros del Departamento de Cartografía, Geodésica y Fotogrametría de la Universidad de Jaén, equipos de la Universidad Complutense de Madrid que se ha encargado de la prospección georradar, así como los laboratorios de Paleoambiente y Arqueometría del propio Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, que ha realizado los análisis químicos de los elementos encontrados, como tachuelas y restos de artillería romana. Tanto los restos documentados como la particularidad y originalidad de los mismos, únicos en el ámbito del Mediterráneo antiguo, permiten evaluar el inicio de un proyecto de puesta en valor del sitio, dada localización y fácil acceso desde una de las principales vías de comunicación de la provincia, la Autovía 44.

 

19 julio 2017 at 9:24 pm Deja un comentario

Iliturgi, donde Escipión el Africano vengó a su padre

Restos del letal asedio romano han aparecido en Cerro de la Muela. El asalto acabó con la vida de hombres y niños

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Restos del asedio romano en Cerro de Muela (Jaén) – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC
23 de septiembre de 2016

La historia es un constante ajuste de cuentas. Cuando Escipión el Africano arrasó Iliturgi en el 206 antes de Cristo lo hizo movido por la venganza. Pocos años antes la ciudad había traicionado a su padre Publio y a su tío Cneo, que murieron a manos del ejército cartaginés. Tras descubrir numerosos restos del asedio en el cerro de la Muela un equipo de expertos de la Universidad de Jaén desarrolla un proyecto para documentar arqueológicamente la destrucción del llamado «oppidum» ibérico.

La descripción geográfica que el historiador Tito Livio hace de Iliturgi en su «Historia de Roma desde su Fundación» encaja con el paraje donde realiza sus prospecciones el instituto universitario de arqueología ibérica. Además, las armas descubiertas a flor de tierra aclaran que en esta zona, situada en el término municipal de Mengíbar, tuvo lugar un impresionante asedio.

El equipo trata de determinar ahora si las tropas romanas hostigaron a una guarnición de gran importancia o a una ciudad ibérica defendida por cartagineses. Dadas las características de los hallazgos, el director del proyecto, Juan Pedro Bellón, se inclina por la segunda opción.

Combate feroz

Las piezas de plomo lanzadas con ondas, las puntas de flechas y jabalinas, las hojas de lanza y las tachuelas del calzado de los soldados romanos que jalonan Cerro Muela son las pruebas que certifican que en este espacio no tuvo lugar una escaramuza, sino un feroz asedio. Tito Livio cuenta que Escipión no tuvo piedad de los iliturgitanos.

Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad. El botín no entraba en sus planes. Se limitaron a asesinar a los hombres, armados o indefensos, que poblaban la ciudad fortificada. También a los niños. Tras la matanza, el general ordenó prender fuego a las casas y dirigió sus tropas, para saldar cuentas pendientes, hacia Cástulo, que se rindió sin presentar batalla.

Escipión quería borrar de la memoria a Iliturgi. Y lo habría conseguido de no ser por el relato de Tito Livio. También ayuda a mantenerla viva el trabajo de campo desarrollado por el equipo de este proyecto, financiado por la Junta de Andalucía, que determinará previsiblemente la ubicación del asedio de la ciudad ibérica.

«Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad»

La romana, con el mismo nombre, está ubicada a un kilómetro de cerro de la Muela, en cerro Maquiz, en el que se superponen las acrópolis, ya que se han descubiertos vestigios de una población del siglo V antes de Cristo.

Iliturgi tenía una gran importancia estratégica en la antigüedad. Radicada en la confluencia de tres ríos (Guadalquivir, Guadalimar y Guadalbullón), era la puerta de entrada hacia el valle del primero, y también paso obligado de las migraciones bélicas que se dirigían hacia la zona oriental mediterránea. De ahí la pugna de romanos y cartagineses por hacerse con el control de la ciudad, que paso de unas manos a otras hasta que Escipión acabó con ella.

Primer asedio

La relevancia del hallazgo radica en que por primera vez se documentará arqueológicamente el asedio del ejército de Roma a una ciudad cartaginesa en el marco de la segunda guerra púnica. Así, el asedio romano a Sagunto se sustenta en la literatura histórica, pero no se ha esclarecido sobre el terreno. «No porque no sucediera, por supuesto, sino porque no contamos con evidencias arqueológicas al respecto», aclara Bellón.

«El deseo de venganza de los romanos se trasladó hasta el final de las Guerras Púnicas»

Por fortuna, en cerro de la Muela, en lugar de viviendas hay olivares, lo que facilita los trabajos previos a la excavación, que debe de autorizar la Junta de Andalucía. Hasta el momento sólo se han llevado a cabo prospecciones superficiales en el terreno, del que, además de las armas, han surgido varias monedas cartaginesas y otra romana de gran rareza en la Península.

El instituto arqueológico, que prevé comenzar a excavar cerro Muela durante el primer trimestre de 2017, confía en encontrar en el subsuelo numerosas huellas y también los restos de las víctimas de la matanza. La rabia y el deseo de venganza de los romanos se trasladaron hasta el final de las Guerras Púnicas, cuando Cartago fue destruida y arrasada.

El general que derrotó a Aníbal

Desde muy joven: Luchó contra los cartagineses de Aníbal que habían invadido Italia en Tesino en 218 a. C., cuando tenía 18 años. Allí rescató a su padre herido.

Coraje en la derrota: En Cannas, Aníbal infligió a Roma la mayor derrota de la historia (entre 50.000 y 70.000 romanos muertos). Escipión estaba allí, con 20 años, en 216 a. C. Se sobrepuso con coraje.

Muerte familiar: Después de Cannas, el hermano de Aníbal, Asdrúbal, aniquiló el ejército romano en Hispania. Mueren su padre y su tío, tras la traición de varias ciudades, como Iliturgi.

Casi procónsul a los 24: Roma vive sus horas más bajas, nadie se atreve a pedir el mando de la revancha en Hispania. Escipción se ofrece aunque no tenía la edad. Al final le envían como general.

Toma Cartagena: Escipión decide dar un golpe decisivo y lanza su ejército contra la capital púnica en Hispania, la actual Cartagena, una audacia y logro logístico que devolvió la moral a Roma.

Victoria: La II Guerra Púnica se alarga hasta la victoria de Escipión sobre Aníbal en Zama en 201 a. C. Allí se decidió el declive de Carthago y la hegemonía de Roma, ya casi imperial.

 

23 septiembre 2016 at 12:26 pm Deja un comentario

Eslava Galán: «Ahora sabemos todo de la Batalla de Baecula»

La UJA reconstruye a través de la arqueología, en un libro presentado por el escritor, el célebre enfrentamiento con una metodología pionera

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El rector de la UJA, Juan Gómez, con el investigador Arturo Ruiz y el escritor Juan Eslava Galán ayer en la presentación del libro. / M. Á. C.

Fuente: MIGUEL ÁNGEL CONTRERAS > Jaén  |  Ideal Digital     16/04/2016

«Era un apunte a pie de página en la Historia de Jaén y en la universal y gracias al trabajo que ha hecho la Universidad de Jaén (UJA) ahora se pone como cabecero de un capítulo». Así de rotundo se mostró el escritor Juan Eslava Galán ayer en la presentación de la obra ‘La Segunda Guerra Púnica en la Península Ibérica. Baecula, arqueología de una batalla’, coordinada por los investigadores de la UJA Juan P. Bellón, Arturo Ruiz, Manuel Molinos, Carmen Rueda y Francisco Gómez. «Es un trabajo impecable y una aportación a la historiografía general. Trasciende con mucho a la de Jaén. Es una maravilla de libro», añadió el reconocido escritor sobre la obra, editada por el Servicio de Publicaciones de la UJA, en colaboración con el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica.

«Ahora sabemos todo sobre la Batalla de Baecula. Antes sabíamos una descripción un poco general pero esta gente ha pateado el campo de batalla y la ha reconstruido a partir de los datos arqueológicos. Es una arqueología puntera, de gente joven, vigorosa. Se nota que la UJA es una universidad joven, sin los vicios de otras. Para mí es un hito», subrayó.

La Segunda Guerra Púnica (218-201 a. C.) cambió la historia del Mediterráneo Antiguo y convirtió al Alto Guadalquivir en uno de sus escenarios principales. El jienense lo analizó aceptando paralelismos con la situación actual. «No es comparable, pero sí hay algo extrapolable en general. Hoy en día no hay una situación bélica, pero sí un choque de culturas. Ahí no solo chocan dos ejércitos, sino dos culturas, la púnica de los cartagineses que dominan todo el sur Mediterráneo y la romana, que aspira a dominar el norte. Confluyen sur y norte en España. Eso ya es importante, pero es que aparte los romanos a consecuencia de la batalla ponen ya un puente de lo que va a ser Andalucía, la Bética, las raíces de nuestra cultura», apostilló.

Capaz de novelarla en el futuro

«Antes teníamos apenas tres páginas de autores romanos sobre la batalla, con los datos que tenemos ahora ya uno puede reconstruirla en una novela. No digo que lo haga yo, que últimamente he novelado muchas batallas, pero tampoco lo descarto, porque interesante es desde luego», avanzó el autor de La madre del cordero, su última publicación.

El libro es el fruto de trabajo de años con un sistema novedoso. «Desde el punto de vista de la metodología cambia, ya se lo están planteando para estudiar otras batallas así», aseguró el director del Instituto Universitario de Arqueología Ibérica y editor de la obra, Arturo Ruiz. «Para Jaén es un recurso si se sabe utilizar bien. Es la batalla más antigua de Europa encontrada, la primera batalla de la II Guerra Púnica, con personajes tan importantes como Escipión o Asdrúbal. Sabiendo utilizarlo tienen una potencialidad enorme para el turismo cultural, rutas, etcétera», recalcó.

16 abril 2016 at 10:07 am Deja un comentario

Roma contra Cartago, arqueología de la batalla de Baécula

El campo donde se enfrentaron Escipión y Asdrúbal, en el 208 aC, sale a la luz en Jaén

Baécula

Año 208 aC. Los ejércitos romano y cartaginés, a las órdenes de Escipión el Africano y Asdrúbal Barca (hermano de Aníbal), están a punto de entablar batalla. Asdrúbal domina un cerro estratégico en el que se ha instalado ante la llegada de su enemigo. Las tropas de Escipión, que han acampado a unos cuatro kilómetros, atacan a los cartagineses: primero con la infantería ligera y luego con el grueso de su ejército, desplegando una maniobra de tenaza para rodear al ejército enemigo. Asdrúbal pierde el combate y huye, llevándose, eso sí, el tesoro y los elefantes. “Es la batalla de Baécula, una de las importantes de la Segunda Guerra Púnica, que enfrenta a las dos potencias del momento por el dominio del Mediterráneo, casi una guerra mundial”, apunta el arqueólogo Arturo Ruiz.

La historia, los detalles de esta batalla, la cuentan los historiadores romanos Polibio y Tito Livio. Pero, ¿dónde se libró exactamente? ¿Qué cerro era ese en el que se defendió Asdrúbal y atacó Escipión? ¿Por dónde avanzó uno y huyó el otro? Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Jaén afirma haber descubierto el lugar del combate y encontrado el rastro de las tropas en sus movimientos sobre el terreno. Los investigadores están leyendo los vestigios directos para entender qué pasó. Lanzas, puntas de flecha y de jabalina, tachuelas de las sandalias, proyectiles de los honderos baleares que lucharon en las filas cartaginesas, broches de los ropajes, espuelas… incluso piquetas de las tiendas de acampada o los agujeros donde clavaron los de Asdrúbal la empalizada de protección, han salido a la luz en los últimos años. En total, estos arqueólogos han recuperado ya más de 6.000 objetos, dos tercios de ellos asociados al acontecimiento del 208 aC. Los ejércitos de las dos potencias, afirman, se enfrentaron en el cerro de Las Albahacas cerca de la actual localidad de Santo Tomé (Jaén), un lugar estratégico de acceso a la cuenca del Guadalquivir desde Cartago Nova (Cartagena) que Escipión había conquistado el año anterior. Asdrúbal estaba a tiro de las minas de cobre y plata de Cástulo. Una región importante para unos y para otros.

Es arqueología de una batalla, de un acontecimiento efímero, algo insólito en la tradición de unas investigaciones que suelen ocuparse de ciudades, templos, tumbas o infraestructuras que perduran durante siglos. “Hasta ahora solo se había excavado así una batalla de la antigüedad, la de Teotoburgo, en Alemania, de romanos contra los germanos, y es muy posterior, del año 9 aC.”, recalca Juan Pedro Bellón, del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica (Universidad de Jaén). “Hay alguna batalla excavada con una metodología similar, pero del siglo XIX, en concreto la de tropas estadounidenses contra indios en Little Big Horn, y algunos campamentos militares, pero nada más”, añade su colega Manuel Molinos. Por ejemplo, las batallas de Aníbal en Italia se sabe que fueron en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas, pero no en qué sitio exactamente, dice Bellón, ni hay restos arqueológicos de ellas.

Con las detalladas descripciones de los historiadores romanos, los investigadores del Instituto de Jaén se plantearon, hace una década, encontrar los vestigios de la batalla de Baécula. “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Cástulo, alrededor de la ciudad de Bécula, no lejos de las minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos cambió de lugar su campamento y se procuró seguridad por un río que fluía a sus espaldas”, escribió Polibio. Y Tito Livio: “El ejército de Asdrúbal estaba cerca de la ciudad de Bécula y por la noche Asdrúbal replegó sus tropas a una altura. Por detrás había un río. La altura, que tenía una explanada en la parte más alta, por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto”.

Los arqueólogos emprendieron una labor casi detectivesca para dar con el lugar de los hechos, con la ayuda de los textos clásicos y técnicas topográficas avanzadas, además de la observación directa sobre el terreno. “Schulten, en 1925, situó la batalla de Baécula al sur de Bailén, pero lo descartamos, porque la geografía no se ajustaba a las descripciones de Polibio y Tito Livio”, cuenta Arturo Ruiz, arqueólogo de la Universidad de Jaén que puso en marcha el proyecto de Baécula. También se habían propuesto otras localizaciones. Poco a poco, el equipo fue identificando posibles cerros y haciendo catas arqueológicas con detectores de metales, hasta que en el cerro de Las Albahacas empezaron a aparecer restos acordes con un enfrentamiento entre dos ejércitos. Desde 2006, realizan excavaciones en el lugar y participan en los estudios una veintena de expertos: topógrafos, numismáticos, conocedores de armamento antiguo, especialistas en paleoclima y en análisis químicos.

La investigación, financiada por el Plan Nacional de Investigación Científica, es una labor ardua y extensa. El teatro de operaciones se extiende por 400 hectáreas, aunque las prospecciones más intensas se centran en 20 hectáreas. Los arqueólogos han hecho decenas de transectos (líneas de prospección con los detectores de metales) y centenares de cuadrículas.

En el 209 aC los romanos han tomado Cartagena y, un año después entran en la zona del alto Guadalquivir, dominado por los cartagineses. Aníbal ha estado en ese territorio de importancia estratégica antes de dirigirse a Italia, recuerda Bellón. Y en la península Ibérica permanecen tres ejércitos cartagineses: dos de ellos al mando de los hermanos de Aníbal, Asdrúbal Barca y Magón Barca, y otro al mando de Asdrúbal Giscón. “La batalla de Baécula abre el control de la Bética a Roma y, en adelante, Andalucía será su almacén de aceite, trigo y minas de plata y plomo”, explica Ruiz. “Según una teoría, Escipión entra en Andalucía por Despeñaperros, pero nosotros sostenemos que lo hace por el valle del río Guadiana Menor”, apunta Bellón. Quiere evitar que Asdrúbal llegue a Italia para apoyar a su hermano Aníbal y, a la vez, evitar que se unan los otros dos ejércitos cartagineses.

La historia solo contaba con las fuentes de una de las partes en conflicto, explica Ruiz. “Y los romanos ensalzan a Escipión como gran estratega que planifica el movimiento envolvente de su ejército, que afronta la dificultad y dureza de la batalla de Baécula y que, al final, derrota a Asdrúbal”, comenta Bellón. Pero ahora los arqueólogos intentan leer directamente las pruebas para averiguar qué paso. Apenas aparecen en el cerro armas cortas, lo que indica que el enfrentamiento cuerpo a cuerpo fue limitado. Sin embargo, añade Bellón, hay muchas armas arrojadizas, como lanzas, flechas, proyectiles de los honderos baleáricos y dardos.

“Asdrúbal elige el cerro sabiendo que es un punto defensivo estratégico para defenderse y para preparar la huida”, continúa Bellón. “Los romanos establecen su campamento a unos cuatro kilómetros e, inmediatamente, fuerzan la batalla atacando a los cartagineses. Tienen desventaja teórica sobre el terreno ya que atacan cuesta arriba, pero tienen ventaja numérica”. No está claro cuántos hombres participaron en la batalla. Tito Livio habla de 70.000 (40.000 romanos y 30.000 cartagineses). Puede ser exagerado. Los arqueólogos de Jaén lo dejan en unos 15.000en total.

“Ni Polibio ni Tito Livio son contemporáneos de los hechos, y escriben basándose en la abundante documentación romana, aunque el primero, que nació en 200 aC, se considera una fuente más fidedigna porque escucharía datos de primera mano. De los cartagineses no hay testimonios porque la ciudad de Cartago fue arrasada al final de la Tercera Guerra Púnica, cuando los romanos finalmente se hicieron con el poder absoluto del Mediterráneo”, apunta Molinos.

Después de Baécula, Escipión permanece poco tiempo en el campamento del cerro que ha tomado al enemigo. Asdrúbal huye y llega a Italia, en el 207 aC. Una vez allí, envía dos emisarios a Aníbal, pero los romanos los interceptan y atacan: Asdrúbal muere en la batalla de Metauro.

El rastro de las tachuelas de sandalias

Las sandalias de los romanos, que no de los cartagineses, llevaban unos remaches de hierro en la suela de cuero, para proteger el material frente al deterioro del uso y para mejorar el agarre. Las tachuelas se desprendían. O el calzado quedaba abandonado por alguna causa. Entonces esas piezas, denominadas clavi caligarii, de un centímetro de diámetro aproximadamente y dos o tres milímetros de alto, con una punta curvada para sujetarlas al cuero, quedan sembradas por el campo. Para los expoliadores carecen de valor, así que permanecen en el lugar durante siglos, hasta convertirse en un tesoro para los arqueólogos.

“Hemos encontrado cientos de tachuelas en Baécula y, gracias a ellas hemos podido localizar no solo el campamento romano, su punto de partida, sino también el camino de unos cuatro kilómetros que recorrió el ejército de Escipión para atacar al enemigo en el cerro, así como la zona donde se desplegó y la batalla”, explica el arqueólogo Juan Pedro Bellón. Es una forma de arqueología dinámica importante, e incluso se han hecho estudios para estimar cuántas tachuelas perdería un soldado romano caminando, añade Bellón.

Las tachuelas salen ahora a la luz con los detectores de metales (apoyados con GPS para una localización exacta de cada pieza), y los arqueólogos de Baécula han analizado los resultados del barrido del territorio con ellos identificando las zonas de mayor densidad de tachuelas (campamentos y batalla) y piezas más dispersas en el camino. Cuando los investigadores han comparado la ruta que marca el rastro de las tachuelas con el mejor camino trazado sobre la topografía de la zona han visto que los romanos acertaron.

¿Y de los movimientos de los cartagineses? Puede haber un rastro de sus monedas, sus armas… El plan de investigación ahora es seguir a las tropas de Asdrúbal en la retirada y profundizar el conocimiento del campo de batalla.

Fuente: Alicia Rivera | El País

17 marzo 2013 at 11:57 am Deja un comentario


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