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El yacimiento de Torreparedones de Baena ya tiene a la vista el anfiteatro romano

El yacimiento de Torreparedones de Baena ya tiene a la vista el anfiteatro romano

Trabajos de sondeo en el estudio – ABC

Fuente: Rafael A. Aguilar – Córdoba  |  ABC de Sevilla
13 de junio de 2018

El anfiteatro del yacimiento de Torreparedones, en la localidad de Baena de la provincia de Córdoba, está ya a la vista después de doce años de trabajos.

Después las labores de prospección aérea y geofísica que hacían presagiar su existencia, Torreparedones ya puede «ver y tocar» su anfiteatro. Por ahora, las excavaciones que se desarrollan desde mayo han sacado a la luz restos de muros del graderío y de un vomitorio principal de acceso a la arena de este espacio romano destinado a espectáculos, fundamentalmente combates de gladiadores, tal y como ha informado la Universidad de Córdoba (UCO).

Han hecho falta tres de los cuatro sondeos previstos para confirmar el hallazgo. Estos cuatro sondeos se han realizado en consonancia con los ejes teóricos del edificio, que coinciden con los puntos cardinales. En la actualidad sólo queda por realizar el sondeo en la zona de poniente. Justo en la zona de levante, se ha encontrado la secuencia entera del graderío del anfiteatro romano, con el muro del podio y el muro exterior del anfiteatro. El sondeo en el sur ha desvelado un muro que delimita con el que fuera el pasillo de acceso de los asistentes al anfiteatro y que presenta un gran derrumbe. En el caso del sondeo norte no se han encontrado restos, ya que se ha comprobado que se trata del lugar exacto del eje del vomitorio principal de acceso al anfiteatro.

Las dimensiones aproximadas del enclave

Los estudios de estos cuatro sondeos permitirán calcular las dimensiones aproximadas del anfiteatro, que según los trabajos realizados hasta el momento, oscilan en torno a los 70 metros de eje mayor y los 62 de eje menor, unas proporciones similares a los anfiteatros de Segóbriga, Saelices (Cuenca) o Contributa Iulia (Badajoz). Según por el profesor de la UCO y coordinador científico del proyecto Antonio Monterroso Checa, «confiamos en la hipótesis de datación de esta estructura en el siglo II d.C.». Los trabajos se desarrollarán hasta mediados del mes de julio y una vez culminados, explicó, «podremos aquilatar no sólo las medidas del edificio, sino también su cronología, evolución histórica así como, conocer su estado de conservación, así como las actuaciones de recuperación futuras».

Las excavaciones, que cuentan con la autorización de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Andalucía, han corrido a cargo del grupo de investigación Antiguas Ciudades de Andalucía de la UCO, que dirige el profesor Carlos Márquez y han contado con la colaboración del propietario de los terrenos, Carlos León Vega, así como de los ayuntamientos de Baena y Castro del Río. El equipo de trabajo se completa con el director técnico de la excavación, el arqueólogo Santiago Rodero Pérez; el responsable de documentación fotogramétrica y codirector de la estratigrafía, Massimo Gasparini; y el encargado de la redacción de la documentación geomática, Juan Carlos Moreno.

 

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14 junio 2018 at 8:36 am Deja un comentario

Investigadores de la UCO: «Torreparedones conserva termas con muros hasta el techo»

El profesor de Arqueología Carlos Márquez lidera una investigación sobre la vida cotidiana de los íberos y romanos

El catedrático de Arqueología Carlos Márquez, en la facultad de Historia – ÁLVARO CARMONA

Fuente: R.C.M. – Córdoba  |  ABC Córdoba
16 de abril de 2018

¿Cómo era el planeamiento urbanístico de ciudades íberas y romanas? Un estudio de investigación de la Universidad de Córdoba que encabeza el catedrático de Arqueología Carlos Márquez, bajo el título «Antiguas ciudades andaluzas» lo muestra. Este trabajo de investigación está dando a conocer formidables grupos escultóricos, edificios y complejos edilicios que estaban en su interior. Aparte y, «sobre todo», el investigador precisa que «estamos conociendo y explicando el motivo por el que se hacía cada uno de esos elementos, quién los hacía, el porqué y para qué se hacía. En resumen, dejarlo bien claro para todo aquel que quiera acercarse al tema de cómo era la vida cotidiana de una ciudad de la época.

Márquez, al que le gusta aclarar en todo momento que pese a ser el portavoz sólo es uno más del grupo, profundiza en sus objetivos, muy básicos en su concepción y complejos en el análisis. Los 16 investigadores que trabajan en el proyecto tratan de «recuperar la imagen y la sociedad de diversas ciudades de época íbera y romana que hoy se ubican principalmente en la provincia de Córdoba». Cita, por ejemplo, los casos de Torreparedones, Ategua y Mellaria, aparte de otros yacimientos nacionales e internacionales. De ese modo los miembros del grupo son capaces de reconstruir el devenir diario de dichas ciudades en la antigüedad tratando de «explicar la función y sentido de todos y cada uno de los restos más o menos monumentales conservados».

Actualmente esta labor investigadora se encuentra en un punto medio. Como lo explica el propio profesor de la UCO está «avanzada» en el caso de Torreparedones, en la propia Córdoba, «incipiente» en el de Ategua y en el de Mellaria, además de «concluida en aquellas investigaciones que realizamos en Roma y sus alrededores».

Pero, ¿qué hay antes de llegar a «Antiguas ciudades andaluzas»? El profesor Márquez apunta a la tesina y la tesis, realizadas sobre temas tan dispares como la cerámica romana y la decoración arquitectónica. Todo ello le permitió conocer argumentos del mundo romano tan importantes como la cerámica y la arquitectura romanas.

El grupo está aportando mucho en este capítulo, con especial hincapié en la monumentalidad y riqueza de las ciudades de la Bética. El profesor destaca así la «singularidad de sus edificios, por ejemplo, Torreparedones destaca por el estado extraordinario de conservación; termas con muros hasta el techo conservados; foro con el suelo casi intacto y la curia perfectamente legible…». Pero también se encuentra estudiando la fauna y flora que formaban parte de su ambiente, completando de este el panorama no solo arqueológico sino también ambiental.

 

16 abril 2018 at 5:33 pm Deja un comentario

Descubren nuevos tramos de la antigua vía romana entre Córdoba y Mérida

La sequía predominante en la época de la investigación ha permitido explorar el patrimonio romano de los pantanos del Alto Guadiato, Puente Nuevo y Sierra Boyera, en la provincia de Córdoba

Patrimonio romano. La sequía ha permitido explorar el patrimonio romano de los pantanos del Alto Guadiato, Puente Nuevo y Sierra Boyera, en la provincia de Córdoba. Foto: UCO

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
12 demarzo de 2018

Augusto, el primer emperador romano, reinó a partir del 27 a.C. y dividió Hispania en tres provincias: la Tarraconense, con capital en Tarraco (Tarragona); la Bética, con capital en Corduba (Córdoba); y la Lusitania, con capital en Augusta Emerita (Mérida). Varios tramos de la estratégica vía romana entre Corduba y Augusta Emerita, que conectaba el valle del Guadalquivir con el del Guadiana, han sido descubiertos recientemente por un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba (UCO), según reveló esta universidad a finales de febrero. La sequía predominante en la época de la investigación, antes de la llegada de los últimos temporales, ha permitido explorar el patrimonio romano de los pantanos del Alto Guadiato, Puente Nuevo y Sierra Boyera, en la provincia de Córdoba.

Por esta vía, una de las calzadas más amplias de la Hispania romana, discurría el comercio de metales: el cobre cordobés de Cerro Muriano y del Alto Guadiato, famoso en la Roma del siglo I d.C.; la plata y el plomo de las minas de Los Pedroches; y, entre otros minerales, el preciado mercurio y minio de las minas de Almadén. Todas estas mercancías se reorganizaban en Córdoba, desde donde se embarcaban con destino a Roma, aprovechando la navegabilidad del río Baetis. Los tramos montañosos en el descenso de Cerro Muriano a Córdoba, o los de la zona del Castillo del Vacar, tienen cuatro metros de ancho como máximo, pero los nuevos tramos documentados en Puente Nuevo llegan a tener hasta 12 metros de ancho: ocho metros para la superficie de tránsito y dos más, en cada lado, para los bordillos y cunetas.

Desde Córdoba se embarcaban las mercancías con destino a Roma

La calzada consistía en un terraplén terrizo elevado, sostenido por dos muros laterales y con un firme de grava como superficie final de rodadura, lo que permitía a la vía seguir un recorrido rectilíneo, aislándola de los arroyos e impidiendo su encharcamiento. En las zonas más llanas del valle del Alto Guadiato podían circular carros en doble sentido, haciendo más seguro y ágil el tránsito de mercancías. “Si Córdoba tuvo los monumentos que tuvo fue porque por esta infraestructura llegaba más riqueza que a ninguna otra ciudad de la Andalucía romana“, afirma Antonio Monterroso, de la UCO y el director del proyecto de investigación Alto Guadiato Arqueológico-Ager Mellariensis. El estudio ha sido publicado en SCIRES-IT.

 

Recorrido rectilíneo. Recorrido rectilíneo de una antigua vía romana. Foto: UCO

 

Imagen aérea. La imagen aérea permite distinguir el trazado de una antigua vía romana. Foto: UCO

 

Comercio de metales. Por esta vía discurría el comercio de metales durante la Hispania romana. Foto: UCO

 

Equipo de investigadores. El equipo de investigadores junto a los restos de una calzada romana. Foto: UCO

 

12 marzo 2018 at 8:16 pm Deja un comentario

La UCO publica un nuevo informe sobre la huella de Roma en la civilización europea

El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Córdoba (UCO), Enrique Melchor Gil ha publicado un estudio en la revista ‘Andalucía en la Historia’ en el que presenta al Imperio Romano como la primera sociedad globalizada de la historia, profundizando también la investigación en el legado de Roma presente la civilización europea actual.

Vista parcial del foro romano de Torreparedones, en Baena (Córdoba) (Europa Press/Archivo)

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es
14 de noviembre de 2017

Así, según ha informado la UCO, el estudio plantea que el urbanismo, la vida municipal, el derecho, las leyes, el arte o la literatura actuales son modelos que provienen o tienen sus raíces en la época romana.

Según ha señalado Melchor Gil, “los elementos que perviven de la sociedad romana lo hacen del mismo modo en Andalucía, en Europa y en Estados Unidos”, y cita como ejemplos los modelos arquitectónicos de las ciudades de nuestros días, ya que se planificaron siguiendo los patrones romanos, “o la manera que tenemos de homenajear a las personas ilustres”.

Además, el Imperio Romano estableció la primera unificación monetaria de Europa, con la que “buscó consolidar una meta de la actual Unión Europea, que era crear un espacio económico homogéneo”. Además, según ha argumentado este experto en Historia Antigua, cuando se habla de democracia “parece que ésta se inició con la Revolución Francesa y se olvida que la democracia nació en Grecia y que posteriormente los sistemas de elección de cargos mediante votación del pueblo llegaron a Roma, así como a cientos de ciudades de todo el Imperio Romano”.

De hecho, las votaciones anuales para nombrar a los magistrados encargados de gobernar a cada comunidad cívica, las normas jurídicas y de convivencia y las constituciones por las que se rige toda ciudad o nación y que han llegado a nuestros días ya existían en Roma, así como los documentos jurídicos que regulaban el correcto funcionamiento de las instituciones públicas.

El derecho romano también pervive en parte del derecho moderno de numerosos países europeos, siendo uno de los más importantes legados de Roma. Especialmente, el derecho privado actual está fuertemente influenciado por el romano, como se observa en testamentos, tutelas, servidumbres de paso, compras y ventas.

PRIMER MUNDO GLOBALIZADO

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el estudio considera que el primer mundo globalizado de la historia “no es el actual, sino que ya lo fue el mundo romano, con las limitaciones que había en aquella época, es decir, sin los medios de difusión de la cultura, la ciencia y las ideas y los sistemas de comunicación con los que contamos hoy en día”.

Según el análisis de Melchor Gil, el mundo globalizado actual es una herencia de Roma, pero sin la unidad que primaba en dicha época y que, “no se ha vuelto a lograr”. Es decir, la civilización actual ha evolucionado desde entonces, pero al mismo tiempo “se ha compartimentado, surgiendo los nacionalismos y los particularismos que persiguen mantener los privilegios de una minoría”. Esos particularismos o pequeños poderes locales fueron los que “terminaron desintegrando al Imperio Romano”.

En este punto, el estudio analiza como el Imperio Romano “no fue una sociedad ideal, pero el planteamiento de fondo sí era mejor que el actual, algo que queda demostrado por cómo perduró en el tiempo”. La clave del éxito de Roma estuvo precisamente, según el estudio de Melchor Gil, en su empeño por integrar a los pueblos que conquistó, logrando que formaran parte de un imperio único y evitando así que quisieran terminar con él.

Para el catedrático de la UCO, Roma consiguió que se desarrollasen estructuras económicas, políticas, sociales y culturales comunes para todo el Imperio que permitieron integrar a todos sus habitantes, aunque también buscó respetar los aspectos identitarios de los pueblos que conquistó (lengua, religión, etcétera). Por ello, el análisis publicado en ‘Andalucía en la Historia’ concluye que ese modelo de organización “debería presidir todo proyecto político que aspire a articular, tanto la construcción de Europa, como la de España”.

Este estudio se integra en una línea de investigación más amplia dirigida al análisis de las élites hispanas que colaboraron en el gobierno y en la administración del Imperio y cuyos responsables integran el Grupo ORDO (Oligarquías Romanas de Occidente), del que forma parte Melchor Gil.

 

14 noviembre 2017 at 2:50 pm Deja un comentario

El anfiteatro romano de Córdoba espera su regreso a la arena

El convenio para impulsar el yacimiento del rectorado está en punto muerto desde que lo frenó la crisis

Estado actual del yacimiento romano a las espaldas del Rectorado – VALERIO MERINO

Fuente: IRENE CONTRERAS > Córdoba  |  ABC Córdoba
18 de octubre de 2017

A las espaldas del rectorado de la Universidad de Córdoba (UCO) se extienden restos de un importante testigo de la grandeza de la polis romana. Se descubrió en 2003, a raíz de las obras que se realizaron en el edificio de la antigua Facultad de Veterinaria, y tras años de investigaciones los arqueólogos pudieron concluir que los restos hallados pertenecían al uno de los anfiteatros romanos más importantes de los documentados hasta ahora. El «Coliseo» particular de Corduba, capaz de acoger a más de 30.000 espectadores, enterrado bajo las edificaciones de las civilizaciones que le sucedieron.

La investigación fue fruto de un trabajo conjunto de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU) y la UCO financiado por la Fundación Prasa. El hallazgo tuvo repercusión internacional: diarios de todo el mundo informaron sobre el descubrimiento del que sería el tercer anfiteatro de mayor tamaño de los que hay excavados. Aquel convenio, como a tantas cosas, se lo llevó por delante la crisis antes de lo previsto. La excavación no se terminó y el yacimiento finalmente no se convirtió en el centro de interpretación pretendido, que el Ayuntamiento de IU anunció a bombo y platillo en 2009. Desde entonces, la zona excavada del anfiteatro sólo se ha tocado para limpiezas puntuales -como la realizada recientemente por Sadeco- y labores de conservación.

La UCO y la Gerencia mantienen «conversaciones» para retomar los trabajos en el yacimiento romano

Ahora, la Universidad y la Gerencia están negociando nuevas actuaciones. Fuentes de la institución académica afirman que existen conversaciones para retomar los trabajos. La Universidad confía en la predisposición del Ayuntamiento para dar lustre al que puede ser uno de los vestigios patrimoniales más importantes de Córdoba y que, sin embargo, pasa totalmente desapercibido para el turista y para los propios cordobeses. El contexto es propicio: el área de Turismo y la Junta han invertido recientemente en una restauración del Templo Romano de la calle Capitulares y trabaja en crear un centro de interpretación de la Córdoba romana en el que el anfiteatro que en su día fue el más grande de Hispania debería jugar un papel esencial.

No obstante, más allá de la «puesta en valor» de los vestigios actuales, el yacimiento tiene aún mucho que aportar no sólo a la ciudad en materia turística, sino también al conocimiento de su historia. Si el anfiteatro fuera una caja de 16 quesitos, la parte excavada supondría sólo una porción del total. Con este símil explica quien fue codirector de los trabajos, el arqueólogo Desiderio Vaquerizo, lo limitado del trabajo realizado hasta ahora. La tipificación de la arquitectura romana permitió a los expertos identificar y reconstruir el edificio. Sin embargo, sin la posibilidad de continuar los trabajos de excavación las conclusiones obtenidas por los arqueólogos son meramente provisionales.

Se cree que Córdoba pudo tener el tercer anfiteatro más grande del Imperio y una escuela de gladiadores

Se cree que el edificio pudo ser el tercero más importante del Imperio Romano, una tesis que se apoya además en el papel de Corduba como capital de la provincia Bética. La trascendencia de los juegos gladiatorios celebrados en el anfiteatro cordobés viene avalada, además, por el hallazgo de hasta 20 lápidas funerarias de gladiadores en los alrededores del yacimiento. Se cree también que el sitio fue cristianizado después y que allí murieron mártires como San Acisclo, patrón de la ciudad. Sin embargo, todas las hipótesis de los arqueólogos quedaron en punto muerto cuando se paralizaron los trabajos y sólo la continuación de las excavaciones podría convertir las dudas en certezas.

Las peculiaridades históricas de la ciudad de Córdoba son para su patrimonio un arma de doble filo. Gran parte del yacimiento se encuentra enterrado bajo el edificio del rectorado, la antigua Veterinaria, catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). Se extiende, además, por el subsuelo de la zona urbanizada, lo que impide que la excavación pueda realizarse al completo. Sin embargo, Vaquerizo insiste en que hay mucho trabajo que aún puede hacerse. Apuesta por retomar el proyecto de abrirlo al público como centro de interpretación de los «ludi», los juegos celebrados para el entretenimiento del pueblo romano. Porque otra de las teorías que barajan los arqueólogos es que en Córdoba pudo ubicarse la única escuela de gladiadores de Hispania. La pista la da el descubrimiento de la lápida de un «doctor retiariorum» o entrenador de gladiadores retiarios, que son aquellos que combatían con red y tridente.

La continuación de las excavaciones ayudaría a despejar las dudas de los arqueólogos sobre el edificio

Serviría, además, para asimilar mejor la importancia que tuvo Corduba para el Imperio romano. «A los cordobeses nos cuesta entender la colosalidad del rol político de la ciudad», lamenta Vaquerizo, que sin embargo esgrime que los avances tecnológicos de hoy permitirían explicar sin demasiado coste una importante etapa de la historia de la ciudad que es, quizás, la menos conocida. «Porque no la tenemos a la vista», explica el arqueólogo. A lo largo de los siglos las civilizaciones fueron dejando su huella, tapando o transformando lo que dejó la civilización anterior. A veces, a pesar de la historia, los vestigios vuelven a salir a la luz, como en el caso del anfiteatro de Córdoba.

 

19 octubre 2017 at 4:55 pm Deja un comentario

El Arco de Giano de Roma se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV

Las inscripciones repartidas por el arco, claves para conocer por qué se construyó y su cronología

Foto: EUROPA PRESS / UCO

Fuente: EUROPA PRESS  |  LA VANGUARDIA

CÓRDOBA, 31 Jul.- Una investigación desarrollada por el profesor titular de Arqueología de la Universidad de Córdoba (UCO) Ángel Ventura, en colaboración con los investigadores del Instituto de Arqueología del CSIC de Mérida, Pedro Mateos y Antonio Pizzo, ha permitido desvelar que el Arco de Giano de Roma (Italia), ubicado junto a la iglesia romana de San Giorgio al Velabro, se levantó para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II en el siglo IV.

Según informa la UCO en un comunicado, un exhaustivo análisis de la estructura arquitectónica, un examen de la epigrafía y la exploración arqueológica en el área del monumento han llevado a este equipo científico a afirmar que este arco monumental cuadrifronte (de cuatro caras) fue construido bajo la dirección del senador de Roma Memmio Vitrasio Orfito a mediados del siglo IV para conmemorar el triunfo del emperador Constancio II tras vencer a Magnentio, asesino de su hermano.

Este trabajo de investigación, publicado recientemente en la revista ‘Journal of Roman Studies’, ha permitido desmentir la creencia de que el arco se situaba en una plaza para afirmar que se ubicaba entre dos calles, una que se dirigía hacia el Foro Boario y el Palatino y otra al Circo Máximo y el Foro Romano. Así, el monumento está justo en la vía triunfal por donde desfilaban los generales o emperadores de la época para celebrar sus victorias.

El estudio contiene un análisis topográfico realizado en colaboración con la Universidad de La Sapienza en Roma que ha permitido generar la planimetría completa del monumento con aplicación de las últimas novedades tecnológicas en esta materia. Gracias a ellos, se ha concluido que el monumento se construyó a base de distintos añadidos.

Según el profesor de la UCO Ángel Ventura, en los siglos III y IV a la ciudad de Roma llegaba poco mármol, lo que provocó que este arco se levantara con material de expolio de otros edificios que estaban en ruinas. Así, en esta edificación se han encontrado piezas procedentes por ejemplo del templo de Venus y Roma, muy cercano al Coliseo Romano y que sufrió un incendió a finales del siglo III.

La clave para conocer el motivo por el que se construyó el arco y aquilatar la cronología del mismo ha sido el estudio de las inscripciones repartidas por el arco, destacando la dedicatoria con que cuenta el ático del monumento.

En esta última, ha señalado Ventura, especialista en la materia, se hace referencia a Constancio II indicando que “visitó solo una vez Roma, en la primavera del 357 y fue entonces cuando se celebró su triunfo por haber vencido a los enemigos del Estado, igualando así las proezas de su padre Constatino el Grande”.

Esta investigación tiene una trascendencia añadida, puesto que ha contribuido a que se emprenda, por parte de las autoridades culturales de Roma, la restauración del arco. Según Ventura, el estudio publicado en ‘Journal Roman Studies’ está aportando mucha información para estos trabajos que permitirán sacar al monumento de la situación de decadencia en la que encontraba hasta el momento.

 

31 julio 2017 at 1:54 pm Deja un comentario

La química saca los colores a la escultura clásica romana

Un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba en el Instituto Universitario de Química Fina y Nanoquímica documenta la existencia de pigmentos amarillos, azules y rojos en tres grandes estatuas de la ciudad romana de Torreparedones.

Fuente: Universidad de Córdoba
20 de marzo de 2017

A simple vista, las grandes estatuas romanas que llenan las calles de Roma, los museos arqueológicos de media Europa y siguen apareciendo en los yacimientos arqueológicos del territorio que ocupó el antiguo Imperio son de un blanco casi inmaculado. Así llevan siglos presentándose ante los ojos de quienes han querido mirarlas con más o menos pasión. Los artistas renacentistas las idolatraron y considerado un ejemplo de virtuosismo artístico. El arte clásico fue considerado la esencia del genio humano. Miguel Ángel creó su David y su Piedad imitando a los escultores griegos y romanos, tallando en la inmaculada piedra dos de las grandes obras de la Historia Universal del Arte.  Se le olvidada, sin embargo, un detalle. Las estatuas romanas no fueron blancas en su origen, estaban laboriosamente pintadas de vivos colores aunque ni los ojos de los renacentistas ni de cualquier persona del año 2017 sea capaz de verlos.

Así lo han sospechado durante décadas los arqueólogos y así lo ha demostrado recientemente la ciencia. Uno de los últimos trabajos en este sentido ha sido el publicado por un equipo de investigación de la Universidad de Córdoba en el Instituto de Química Fina y Nanoquímica integrado por los profesores José Rafael Ruiz Arrebola y César Jiménez Sanchidrián y los investigadores Daniel Cosano Hidalgo y Laura Dara Mateos Luque en la revista Microchemical Journal, en la que constatan la existencia de pigmentos de amarillo, azul y rojo en tres grandes estatuas aparecidas en el yacimiento arqueológico de Torreparedones (Baena, Córdoba), cuyas excavaciones dirige el profesor Carlos Márquez.

Para sacar los colores a las esculturas, el equipo de la UCO, perteneciente al Departamento de Química Orgánica, ha recurrido a la espectrometría Raman, consistente en irradiar la muestra con un láser y medir la luz dispersada, correlacionando el número de onda de dicha luz dispersada con diferentes enlaces químicos que hacen posible determinar la naturaleza del pigmento empleado en la pintura.

Según detallan en el artículo, para conseguir conocer los colores concretos que adornaron las vestimentas de los emperadores Augusto y Claudio y la que posiblemente representara a Livia, esposa del primero de ellos, los investigadores de la UCO calibraron el espectrómetro de acuerdo con los materiales que se pensaba que eran utilizados para colorear este tipo de estatuas. Tras someter las tres esculturas a este análisis, los investigadores concluyeron que los artistas de la Bética emplearon el oxihidróxido de hierro (goethita) para conseguir el amarillo, el óxido de hierro (hematites) para el rojo y el “azul egipcio”, un pigmento conocido desde la antigüedad, sintetizado a base de arena silícea, calcita y cobre.

El virtuosismo de aquellos antiguos pintores de estatuas no se limitó a emplear los colores planos, sino que los mezclaron con carbonato y fosfato cálcico y sulfatos para matizarlos, logrando diferentes tonalidades y dotando a sus esculturas de una profundidad, que, si se hubieran conservado, probablemente hubieran impresionado como hizo todo su arte a los renacentistas.

D. Cosano, L. Dara Mateos, C. Jiménez-Sanchidrián, J.R. Ruiz, Identification by Raman microspectroscopy of pigments in seated statues found in the Torreparedones Roman archaeological site (Baena, Spain), Microchemical Journal, 130 (2017) 191-197.

 

21 marzo 2017 at 12:17 am 1 comentario

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