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Las lecciones que nuestra economía de hoy puede aprender del colapso de la antigua ciudad de Troya

La caída y saqueo de la ciudad de Troya a manos de un vengativo ejército griego ha sido contada desde hace unos 3.000 años, pero en ella hay pistas de un colapso global mucho más amplio, con lecciones para el mundo del siglo XXI.

Helena y Paris interpretados en “Troya, la caída de una ciudad” producido por la BBC y Netflix. (Foto: BBC/Wild Mercury)

Fuente: Tim Bowler BBC Mundo
24 de febrero de 2018

En el año 1300 a.C., en la cumbre de la Edad de Bronce, las grandes potencias de Egipto, Grecia, Babilonia, el imperio hitita en el centro de Turquía y las ciudades-Estado de Medio Oriente parecían estar a salvo a los ojos de cualquier barco mercante que navegara por el Mediterráneo.

Ninguno podía estar más seguro que la ciudad amurallada de Troya, en la costa noroccidental de Turquía junto al estrecho de los Dardanelos.

En la Edad de Bronce, Troya podía obligar a pagar impuestos a los barcos mercantes que entraban y salían del mar Negro. GETTY IMAGES

Con frecuencia, los barcos eran obligados a esperar en su bahía hasta la llegada de vientos apropiados para adentrarse en el mar de Mármara y en el mar Negro, así que estaba ubicada en un lugar ideal para enriquecerse aplicando impuestos sobre este comercio.

No obstante, apenas poco más de un siglo años más tarde, en torno al año 1170 a.C., casi todas estas civilizaciones habían colapsado y la era oscura que vino tras el derrumbe se perdió hasta el arte de la escritura.

En la mitología griega, la historia de la caída de Troya quedó encapsulada en dos épicas: La Ilíada y La Odisea, tradicionalmente atribuidas al poeta Homero y registradas sobre papel unos 400 años más tarde.

Un mundo interconectado

La Edad de Bronce se caracterizaba por la interacción entre Estados palatinos que eran parcialmente dependientes entre sí, lo que guarda similitudes con nuestra era con sus mercados financieros, sus economías interconectadas y sus cadenas de proveedores internacionales.

El estrecho de los Dardanelos sigue siendo un punto vital en las redes de comercio mundial. GETTY IMAGES

La materia prima clave de la época era el bronce, sin el cual ningún país podría equipar un ejército.

El cobre procedía de Chipre, pero la hojalata tenía que recorrer unos 4.000 kilómetros desde Afganistán, transportada por tierra a través de Siria y luego, al llegar a la costa, en barcos. Era algo tan vital como es el petróleo en la actualidad.

Carol Bell, del University College de Londres, dice que conseguir suficiente hojalata para producir armas de bronce debía preocupar a los gobernantes de la época “tanto como preocupa a un mandatario de Estados Unidos poder suministrar gasolina a un costo razonable para los conductores de ese país”.

Comercio vulnerable

En el siglo XXI aún somos vulnerables a las interrupciones en el comercio global.

Barcos de Irán en el estrecho de Hormuz, por donde circula 20% del suministro petrolero del mundo. GETTY IMAGES

En 2012, los precios globales del petróleo aumentaron cuando Irán amenazó con cerrar el estrecho de Hormuz, a través del cual circula 20% del suministro de petróleo global. Irán dijo que eso causaría una conmoción en los mercados que “ningún país” podría manejar.

El año pasado, un informe de Chatam House, el prestigioso centro de estudios con sede en Londres, urgía a los gobiernos a hacer más para proteger los puntos clave en los que se puede causar un estrangulamiento de las rutas comerciales.

Señalaba que los Dardanelos eran “particularmente importantes para el trigo”, pues una quinta parte de sus exportaciones globales pasan por allí cada año.

“Una interrupción grave de uno o más de estos cuellos de botella podría llevar a caídas en los suministros y a aumentos de los precios con consecuencias sistémicas que podrían llegar más allá del mercado de alimentos”, añadía.

Knossos, Creta: las economías palatinas eran vulnerables a las perturbaciones económicas. GETTY IMAGES

De vuelta en la Edad de Bronce, no se necesitaba mucho para causar el caos económico. Solo necesitabas unas “pequeñas interrupciones o problemas ambientales”, dice Andrew Shapland, especialista en la Grecia antigua del Museo Británico.

Cambio climático

Entonces como ahora, el cambio climático era un factor clave. “Sabemos que llevó a hambrunas”, afirma Eric Cline, profesor de Arqueología en la Universidad George Washington, Estados Unidos.

De hecho, análisis científicos muestran que en ese período hubo sequías durante 300 años. El Mediterráneo se enfrió significativamente durante esa época, lo que redujo la cantidad de lluvias.

Micenas fue posiblemente fue la capital de la Grecia de la Edad de Bronce. Allí el palacio fue construido directamente sobre una falla geológica. GETTY IMAGES

Pero las potencias de la Edad de Bronce fueron golpeadas por múltiples eventos. No solamente por largas sequías y hambrunas, también por numerosas erupciones volcánicas, terremotos, revueltas populares, crisis migratorias, interrupciones del comercio y guerras.

“Si solo te ocurre una cosa puedes sobrevivir. La diferencia hacia el final de la Edad de Bronce es que tenías la tormenta perfecta. Con uno, dos, tres o cuatro eventos te encuentras con un efecto multiplicador. No puedes sobrevivir“, apuntó Cline.

En 2011, el terremoto y el tsunami en Fukushima afectaron la cadena global de suministros de partes de computadoras y de tecnología de información. GETTY IMAGES

Nuestro propio mundo puede ser más resiliente, pero aun así los terremotos actuales pueden causar un caos económico. Cuando Japón fue golpeado en 2011 por el terremoto y el tsunami en Fukushima, el impacto económico se sintió en todo el continente asiático.

Múltiples impactos

Para el año 1250 a.C., los problemas se estaban acumulando. Una reina hitita pidió ayuda de Egipto diciendo: “No tengo granos en mi tierra”. Un comerciante sirio advirtió: “Hay hambre en nuestra casa, si tú no llegas aquí pronto todos moriremos de hambre”.

Para ayudar a aliviar la situación, los egipcios comenzaron a enviar cargamentos de comida a sus vecinos.

Cuando fueron golpeados por el hambre, los hititas pidieron ayuda a los egipcios. GETTY IMAGES

Incluso en la Edad de Bronce, los gobiernos estaban dispuestos a promover sus programas de ayuda internacional.

Un faraón presumía que él “había hecho llevar granos en barcos para mantener con vida la tierra de los hititas”.

Pero esta cooperación internacional no fue suficiente.

Gracias al Nilo, Egipto estaba en mejor posición que otros estados para sobrevivir a las sequías.  TIM BOWLER

No está claro si quienes vivían alrededor de los palacios se alzaron contra sus gobernantes porque no tenían qué comer o porque habían perdido sus trabajos.

Pero a medida que las cosechas y las economías fallaban, comenzaron a producirse guerras civiles y la migración masiva de refugiados.

Ciudades saqueadas

Es cierto que Troya fue saqueada en torno al año 1200 a.C., aunque no hay nada de allí o griego (los registros administrativos griegos son poco más que listas administrativas) que arroje luces sobre lo que ocurrió.

Pero en Siria tenemos las voces de una catástrofe más amplia.

El nombre de los hititas para los griegos era Ahhiyawa. Para Homero eran los aqueos. (Foto: BBC/Wild Mercury)

El gobernante de Ugarit, sorprendido por eventos repentinos, solicitó ayuda diciendo: “Todas mis tropas y carrozas están en la tierra de hitita y todos mis barcos están en la tierra de Lukka. Por tanto, el país ha quedado abandonado”.

Su llamamiento parece haber caído en oídos sordos, quizá sus vecinos también estaban pasando por apuros. Si acaso recibió alguna ayuda debe haber llegado demasiado tarde, de acuerdo con una de las últimas tablillas rescatadas de la ciudad caída.

Cuando llegó tu mensajero, el Ejército estaba humillado y la ciudad fue saqueada. La comida que estaba en el lugar de la trilla fue quemada y nuestros viñedos también fueron destruidos. Nuestra ciudad fue saqueada. ¡Debes saberlo!”.

Aquellos que sobrevivieron posiblemente acabaron siendo vendidos como esclavos o se unieron al creciente número de refugiados o de saqueadores sin ley que surgieron en la medida que las sociedades se derrumbaban.

Culpando a los inmigrantes

Por su parte, los egipcios tenían una respuesta simple a lo que causó el colapso de todos los estados de la Edad de Bronce: era la culpa de diferentes grupos que venían del Mediterráneo, a los que ellos llamaban “la gente del mar”.

Las economías de la Edad de Bronce dependían de este tipo de embacaciones para aprovisionarse de bienes de lujo, así como de vidrio, hojalata y cobre. GETTY IMAGES

“Los países extranjeros hicieron una conspiración en sus islas. Todas las tierras fueron sacudidas y desperdigadas en el combate al mismo tiempo. Ninguna tierra podía mantenerse en pie ante sus armas”, dice una inscripción egipcia.

No obstante, Egipto parece haber tenido tiempo de defenderse y su ejército derrotó a la “gente del mar”, señala el profesor Cline, y el faraón Ramsés III proclamó: “Yo saqué a aquellos que invadieron desde sus tierras… quedaron como aquellos que no existen”.

Andrew Shapland advierte que hay que ser cuidadosos a la hora de leer estas declaraciones de los gobiernos.

Ramsés simplemente está convirtiendo a los inmigrantes en agresores. ¿Qué tal si está haciendo lo que hace en la actualidad cualquier político actual de derecha: buscando un grupo de gente foránea y culpándola por los problemas económicos?”

Victoria pírrica

Si los griegos realmente derrotaron a los troyanos, su victoria duró poco.

La mayor parte de los palacios griegos también fueron destruidos o abandonados poco después; los hititas, las ciudades estado sirias, los asirios y los babilonios también colapsaron.

Solo los egipcios sobrevivieron.

La historia que cuenta Homero sobre Troya es para Eric Cline un cuento con moraleja que nos recuerda que, al final, todas las civilizaciones fracasan. GETTY IMAGES

A diferencia de los gobernantes de la Edad de Bronce, que cuando fallaban las cosechas solamente podían rezarle a su dios de las tormentas para que lloviera, nosotros tenemos mucha más conciencia de los problemas globales y tenemos muchos más recursos técnicos para gestionar los problemas, señala Cline, quien argumenta que la de Homero es una historia con moraleja.

“Toda civilización en el mundo ha terminado por colapsar. Sería muy arrogante pensar que seremos la única civilización en sobrevivir”.

 

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25 febrero 2018 at 12:45 pm Deja un comentario

Pilares de Troya para Barcelona

Las cuatro columnas que presiden la fachada principal de la Generalitat fueron esculpidas hace casi 2.000 años en la mítica ciudad de la Ilíada

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La fachada del Palau de la Generalitat con las cuatro columnas de Troya /  Xavi Casinos

Fuente: XAVI CASINOS  |  LA VANGUARDIA   01/04/2015

¿Sabían que Barcelona conserva cuatro columnas de la antigua Troya? Pues así es. Las hemos observado cientos de veces porque están en un lugar bien visible, en la entrada principal del Palau de la Generalitat, en la plaza Sant Jaume. Su origen ha sido documentado por los historiadores, aunque es necesario aclarar que las columnas no proceden de la Troya mítica, la de la Ilíada, el rapto de Helena, el talón de Aquiles y el caballo con el que los griegos pudieron tomar la ciudad tras diez años de asedio. Eso fue a finales del siglo XII antes de Cristo, y los cuatro pilares de granito de la Generalitat fueron esculpidos a principios del siglo II de nuestra era, bajo la dominación romana de aquella zona de la actual Turquía.

Los canteros troyanos fabricaron las columnas por encargo de Tarraco. La colonia romana las quería para construir, según creen los expertos, el templo de Augusto. Se sabe que al menos 45 llegaron a la actual Tarragona, a tiempo para la visita del emperador Adriano. Las columnas sufrieron las consecuencias de la caída de Roma y se reutilizaron para construir una iglesia en Sant Pere Sescelades.

Y allí estuvieron hasta que de nuevo fueron reutilizadas en distintas épocas y obras. Su demostrada perdurabilidad explica por qué el granito de Troya era el más apreciado del imperio. El culpable de que cuatro de las columnas estén en Barcelona es el arquitecto renacentista Pere Blai, quien a finales del siglo XVI recibió el encargo para construir la actual fachada dela Generalitat. Blai ya había utilizado dos de las columnas en la catedral de Tarragona. Debió quedar tan satisfecho que reclamó otras cuatro para la plaza Sant Jaume.

Así es cómo cuatro columnas de Troya forman parte del patrimonio monumental de Barcelona. Casi dos milenios y un largo viaje de punta a punta del Mediterráneo y siguen en pie, aunque los legionarios que debieron custodiarlas en su día han sido sustituidos por los mossos d’esquadra del cuerpo de guardia de Palau.

1 abril 2015 at 12:12 pm 1 comentario

Heinrich Schliemann, el hombre más afortunado de la Historia

Cumplir todos los deseos, tener una vida feliz y pasar a la historia tras haber hecho un gran descubrimiento, dejando un legado que gana peso con el paso del tiempo

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Fuente: JOSÉ TEO ANDRÉS  |  La Región    19/03/2015

La definición de “El hombre más afortunado de la historia” la dio un grande, el periodista italiano e historiador Indro Montanelli, quien no le fue a la zaga en cuanto a vida intensa. Schliemann nació en Prusia hace casi 200 años y desde muy pequeño se obsesionó con el mundo griego tras leer la “Iliada” y convencerse de que gran parte de lo que se contaba era cierto. Entonces se consideraba un puro mito, pero el germano tenía una enorme fe, aunque no medios.

Así que lo primero que hizo fue convertirse en un hombre rico. Primero trabajó como tendero pero tras un accidente decidió cambiar de ocupación. Emigró hacia Venezuela, y su barco naufragó ante Holanda, salvándose en un bote. Se instaló en Amsterdam y poco después empezó a trabajar en una oficina comercial y a estudiar idiomas. A los 22 años dominaba siete lenguas y fue enviado a Rusia, donde abrió una oficina de reventa de polvo de oro. A los 30 años ya tenía una enorme fortuna. Pero no era suficiente. Se casó, tuvo tres hijos, se divorció; a los 33 años ya hablaba 15 idiomas y seguía dándole vueltas a su idea. Convencido de que necesitaba más dinero, se marchó a California, y la fortuna siguió sonriéndolo: heredó una concesión minera y ya por fin se hizo millonario.

Era su momento. Se marchó a París a estudiar Ciencias de la Antigüedad y Lenguas Orientales  y vio que ya estaba preparado. Con mentalidad prusiaca y una fe sin límites se marchó a Turquía, donde el cónsul británico era titular de la mitad de la colina de Hisarlik. Allí tenía que estar Troya. Pero antes debía casarse de nuevo, con una griega de pura estirpe que le encontró un pope ortodoxo. Se llamaba Sofía y tenía 17 años, pero cumplía las condiciones. A sus 47 años, con su  nueva esposa helena, el título recién adquirido de doctor en Arqueología y el libro de Homero bajo el brazo se fue en busca de la Troya perdida. Los puristas se reían, pero él lo tenía claro. Con Sofía tuvo dos hijos, a los que puso de nombre Agamenón y Andrómaca, nombres del jefe de la expedición griega en Troya y de la esposa del héroe troyano Héctor…

Comenzó a excavar y a encontrar estratos y más estratos de varias ciudades, y en 1873 una colección de objetos y joyas de oro que llamó con innegable ojo comercial “El Tesoro de Príamo”, el legendario rey de Ilión. No lo era ni podía ser: se trataba de un hallazgo que se correspondía con una ciudad muy anterior a la Troya homérica. Pero “vendía”  muy bien.

Tras asentar los restos de la supuesta Troya se fue en busca de Micenas, la cuna de Agamenón. Se conocía la localización de la Puerta de los Leones y la Tumba de Atreo. Si en Troya usó a Homero, para dar con la Micenas épica utilizó el libro de viajes de Pausanias. Y también hizo un gran descubrimiento, una máscara mortuoria que denominó “Máscara de Agamenón” con el mismo ojo para el marketing. Y que tampoco se correspondía con el rey micénico, sino con un hombre que había vivido cientos de años antes.

Con los deberes hechos en el otro lado del relato de Homero, quiso ir a Creta a buscar el laberinto y el minotauro, pero tuvo que regresar a Troya a excavar. Antes le dio una serie de consejos a su amigo Arthur Evans, que en efecto daría con el palacio de Cnossos, que hoy se considera el auténtico laberinto (de hecho, la palabra procede del griego Labrys, que significa Hacha Doble, las que decoran las laberínticas estancias del ya no tan legendario rey  Minos…)

De vuelta a la excavación principal, Schliemann, que después de todo era un buen arqueólogo, se dio cuenta de que el tesoro hallado no podría ser de la Troya homérica, sino de una anterior, llamada ahora Troya II. Creyó que la correcta se correspondía con el estrato Troya VI. Y se volvió a Atenas, rico, famoso, con una esposa joven y el reconocimiento mundial. Que no decaería tras su fallecimiento, en 1890. Al contrario. Las sucesivas expediciones –la mayoría alemanas- han confirmado que el lugar elegido por el “tendero prusiano” se corresponde con la Ilión de Homero. Ahora se cree que puede ser Troya VII, donde se encontraron restos de una ciudad quemada, de flechas y de un largo sitio. Y además, ya se sabe que era mucho mayor que la pequeña ciudadela hallada inicialmente. Y que hubo un ejército griego –se han hallado cascos como los que se describen en la “Iliada”- acampado donde habían dicho Homero y Schliemann. Hay incluso una reproducción del caballo ante una parte de la muralla que se cree corresponde con las Puertas Esceas, donde combatieron Héctor y Aquiles, a los que el tenaz prusiano trajo de vuelta a la vida real…

19 marzo 2015 at 9:32 pm Deja un comentario

Los diarios de Schliemann

schliemann

Heinrich y Sophia Schliemann, vía ascsa

Fuente: Begoña Castiella  |  Blogs ABC    17/03/2015

Desde hace años, los diarios privados de Heinrich Schliemann, el empresario millonario que se volvió arqueólogo por pasión y descubrió Troya y Micenas, dormían en la Biblioteca Yenádios de Atenas. Habían sido cedidos por sus descendientes que finalmente los vendieron a la Escuela Americana  de Estudios Clásicos de Atenas, que es la “dueña” de esta magnífica Biblioteca.Con la particularidad de que estos diarios recogían los pensamientos, viajes y mil detalles mas de la vida de Schliemann en muchos idiomas, ya que era un políglota reconocido: hablaba  además del alemán, inglés, francés, holandés, español, portugués, sueco, danés, polaco, italiano, griego, latin, ruso, árabe y turco.

Pero ahora un grupo entusiasta y multicultural se ha ocupado de estos  diarios, que  aunque están disponibles para investigadores y ya han sido digitalizados y disponibles en la web, presentaban un problema: están escritos en mas de diez idiomas.La Asociación de Embajadoras y cónyuges de Embajadores en Atenas, que tiene el curioso nombre de LAASA (por las iniciales de su nombre en inglés, nada menos que Association of Lady Ambassadors and Ambassador´s Spouses in Athens) ha conseguido identificar en que idioma estaba escrito todas las hojas de los dieciocho manuscritos de la biblioteca. A ello se dedicaron el inglés David Bates, la holandesa Barbel Geijsen, la marroquí Khadija Lyakoubi El Ansari, la brasileña Maria Christina de Mesquita Sampaio, el belga Patrick Nopens, la pakistaní Faiza Saaed, la turca Zeynep Saylan uras, el australiana Pakapat Thipayaprapai y la española Carmen Serrano de Haro. Porque hay que destacar que aunque la lengua mas usada por el arqueólogo era el francés, el español ocupa la quinta posición y aparece en nada menos que 307 páginas. Y Schliemann, que tenía gran facilidad para los idiomas, hacía también “trampas”, como transcribir con letras en árabe palabras en turco.

El documento de identificación lingüística ha sido regalado por LAASA a la Biblioteca Yenádios durante un acto la semana pasada, en la que también se describió la compleja y entretenida vida y obra del arqueólogo alemán.Tanto la Directora de la Biblioteca, Maria Georgopulu, como el Director del Instituto, James C. Wrigth agradecieron el trabajo.

Y quedan constancia en estos diarios anécdotas graciosas, como la visita del arqueólogo a La Granja de San Ildefonso el día en que la Reina Isabel II daba una cena oficial . A Schliemann no se le dejó ver el sitio  de La Granja hasta el día siguiente…

Si tienen curiosidad por saber más, visiten http://www.ascsa.edu.gr/index.php/archives/heinrich-schliemann-finding-aid#Series_A:_Diaries.

El equipo ha anunciado que ahora va a continuar su trabajo, identificando cuales son los lugares concretos  recorridos por Schliemann en sus viajes: son muchos los sitios que recorrió, en muchos países y muchas lenguas. Algunos de los sitios son ahora enclaves desaparecidos o tienen un nombre distinto al utilizado en el s.XIX. Con lo que gracias a su ayuda desinteresada, será muchos los investigadores que podrán estudiar con mas facilidad los manuscritos originales del legendario arqueólogo.

18 marzo 2015 at 6:27 pm Deja un comentario

Así fue, oh musa, la verdadera cólera de Aquiles

El rapto de «la mujer más guapa del mundo» fue la chispa que desató diez años de guerra frente a Troya. Caroline Alexander vuelve a reconsiderar la disputa sobre la historicidad de este asedio, uno de los capítulos bélicos más legendarios de la historia que Homero recogió en la «Ilíada»

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Artículo de David Hernández de la Fuente, profesor de Historia Antigua de la UNED |  LA RAZÓN      02/03/2015

En el comienzo fue Troya, la guerra mítica y primordial que alumbra la literatura y la historia en Occidente desde la antigua composición oral de los poemas homéricos y su trasfondo histórico hasta sus diversas postrimerías. La materia troyana empieza en el mito con las Bodas de Tetis y Peleo, la Manzana de la Discordia y el famoso Juicio de Paris, seguido del rapto de la bella Helena, «la faz que lanzó mil barcos al mar», como dijo Marlowe. Un triángulo de literatura, historia y recepción se despliega tras la muralla de la legendaria ciudadela, que ya los antiguos griegos consideraron histórica y que muchos siglos después sólo la genial intuición de un arqueólogo aficionado alemán recuperaría del olvido.

En primer lugar, el ciclo épico acerca del asedio y destrucción de esa ciudad ha marcado la literatura y el pensamiento de Occidente desde la más remota antigüedad. La «Ilíada», el cantar de la guerra legendaria en torno a las murallas de Ilión, es la más genial concreción de esa larga tradición oral que transmitía de generación en generación las hazañas de los héroes que murieron en la guerra de los orígenes. Se centra en un momento concreto, la cólera de Aquiles, como se ve en la invocación a la musa para que asista al poeta en su sacra misión de conmover al pueblo contando de nuevo esa historia inmortal: «La cólera canta, oh diosa, de Aquiles hijo de Peleo» («Menin aeide, thea, Peleiadeo Achileos»). Su público no necesita más antecedentes, todo comienza «in medias res» y depende de la tradición mítica. Lo genial del bardo llamado Homero, y por lo que es cuna y cima de toda literatura, es saber concretar en una narración de cincuenta días escasos del décimo año de guerra la gloria y la miseria del ser humano. Desde la ira egoísta de un guerrero cruel y los lances más sangrientos hasta la reconciliación final entre dos rivales que se miran a los ojos entre lágrimas y reconocen la tragedia de la mortal condición humana.

Una historia con lagunas

Es imposible saber a ciencia cierta cuándo se ideó la historia de la caída de Troya. Tradicionalmente se afirma que la «Ilíada» fue compuesta por aquel mítico poeta ciego, Homero, tal vez natural de la isla de Quíos, en el siglo VIII a.C. A unos cincuenta años de distancia, y según la tradición, habría compuesto un segundo gran poema épico, la «Odisea». El ciclo troyano fue materia para otras muchas obras que abundaron desde la época oscura hasta el inicio de la codificación por escrito de la literatura antigua y que abarcaban desde los motivos y comienzos de esta larga guerra en la mitología, hasta la destrucción de la ciudad mediante la estratagema del caballo de madera y, al fin, los regresos («nostoi») de los diversos héroes griegos a casa, como el de Odiseo. El regreso del caudillo más singular de Troya pronto obtuvo cierta independencia como ciclo de viajes y aventuras en el esquema mítico del retorno del héroe. Su inolvidable peripecia está alejada de la épica guerrera tradicional y tiene una notable modernidad y atractivo: el largo errar por los mares del ingenioso Odiseo se combina con las intrigas en la corte de Ítaca, entre la leal Penélope y el esforzado Telémaco, hasta el ansiado «happy ending» del reencuentro. El rey itacense saldrá airoso de todos los peligros gracias a su ingenio y el tono muy distinto de la «Odisea» se ve ya en su «incipit» «cuéntame, musa, del hombre de variadas tretas» («Andra moi ennepe, Mousa, polytropon»), más humano y próximo que el de su poema hermano. Poco podemos profundizar aquí en la riqueza de los poemas homéricos, sobre los que tanto se ha escrito, y que se siguen traduciendo y reelaborando literariamente sin cesar.

Trasfondo literario

En segundo lugar, la historicidad de la guerra ha estado siempre en el trasfondo de la literatura. Subyace tras los poemas el recuerdo lejano y memorable de una guerra real, una campaña que llevó, en una época antiquísima, a los griegos de diversos estados del sur de los Balcanes hacia Asia Menor, a combatir contra una ciudadela que controlaba el paso marítimo de los Dardanelos y cuyo poder, seguramente, suponía una amenaza económica y militar para los griegos de Europa. De hecho, los griegos creían que la guerra de Troya era un suceso histórico verdadero –así lo manifestaron historiadores como Heródoto o Tucídides– y en la antigüedad griega y romana aún se podían visitar los restos de la vieja ciudadela. Pero con los siglos desapareció todo rastro de esta guerra, que quedó sumida en la leyenda, hasta que en 1871, siguiendo sus ensoñadoras lecturas de Homero, Heinrich Schliemann se decidió a buscar la antigua Troya. Sus inspirados descubrimientos –teñidos de romanticismo y culminados incluso con una boda «homérica»– fueron fundamentales para localizar la Troya histórica en frente de la isla de Ténedos, dando un giro genial a los estudios sobre la antigüedad helénica.

Hubo ciertamente una Troya y una Micenas históricas y en el contexto de la Edad del Bronce y libros variados de filólogos, historiadores y arqueólogos, como West, Latacz, Seibert o Cline, o incluso periodistas, como el muy reciente de Caroline Alexander –«La guerra que mató a Aquiles (Acantilado 2015)–, las han estudiado. Con el tiempo vino la consideración legendaria y Homero parece mezclar esos ecos micénicos y del bronce resonante de sus guerreros –que aún se pueden rastrear bajo la colina de Hissarlik– con percepciones sociopolíticas de su propia contemporaneidad de la era arcaica. Los documentos de otro pueblo de la época, los hititas, a los que se accedió a mediados del pasado siglo, permiten acaso la prueba de la verdad histórica de la guerra y del poderío que llegó a alcanzar Troya. A comienzos del siglo XIII, mencionan un tratado con el rey Alaksandus de Wilusa. Tal vez los nombres hititas escondan equivalentes griegos: Wilusa sería la memorable Ilión y Alaksandus valdría acaso por Alejandro (el otro nombre de Paris), mientras que los «ahhijawa», bien podrían ser los «aqueos de broncíneas túnicas». Como muchas otras veces, la épica se refiere a realidades históricas más o menos nebulosas (recordemos los Nibelungos, Roncesvalles o el Cid), transitando la más que sutil frontera entre historia y leyenda.

En tercer lugar, evocaremos muy brevemente las innumerables postrimerías de Troya y su caída. Muchos de estos episodios de después de la guerra sirvieron para elaborar otras leyendas o ciclos –como el triste regreso de Agamenón en la tragedia o el viaje de Eneas en pos de la tierra prometida de Roma, segunda Troya, en la «Eneida» virgiliana–; algunos de ellos se narraron en obras ya clásicas o epopeyas tardías como las «Posthoméricas» de Quinto de Esmirna. Luego Bizancio reclamaría, a fuer de segunda Roma, ser nueva Troya también. En fin, la repercusión de Troya en la historia de nuestra cultura es inmensa e inabarcable en Dante, Shakespeare, Cervantes, Calderón, Tennyson, Cavafis, Joyce, Borges y tantos otros. Entre los muros de Troya y el viaje a Ítaca transcurre nuestra historia y literatura y, para terminar, sólo podemos recordar, con el escritor C. Péguy, que «Homero es joven cada mañana y no hay nada más viejo que el periódico de hoy cuando ya se ha leído».

2 marzo 2015 at 8:40 pm Deja un comentario

Eneas. La odisea del héroe troyano

Aliado del rey de Troya, Eneas participó en la defensa de la ciudad contra los griegos y se batió incluso con Aquiles. Vencidos los troyanos, emprendió un largo periplo por el Mediterráneo que lo llevó hasta Italia

Por Francisco García Jurado. Profesor Titular de Filología Latina. Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 126

Eneas

Con la ayuda de Venus, el médico Lápix cura a Eneas de una herida recibida en Italia durante la lucha del héroe contra Turno, el rey de los rútulos. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

En la historia de la guerra de Troya tal como la narra Homero, Eneas aparece como un personaje secundario, eclipsado por héroes más luminosos como el griego Aquiles o el troyano Héctor. Tiempo después, sin embargo, la literatura latina, particularmente el poeta Virgilio, lo convertiría en protagonista de una dramática epopeya con la que quedaron unidos dos grandes momentos de la Antigüedad: la caída de Troya y la fundación de Roma.

Aunque los autores latinos lo consideran troyano, Eneas procedía de otra ciudad de Asia Menor, Dardania, fundada por Dárdano, hijo del dios Zeus. Según la leyenda, Anquises, un descendiente de Dárdano, estaba en una ocasión apacentando el ganado en el monte Ida cuando la diosa Afrodita lo vio y se prendó de él. Eneas, el fruto de sus amores, se casó más tarde con Creúsa, la hija del rey Príamo, y ésa fue la razón de que, cuando los griegos de Agamenón y Aquiles pusieron sitio a Troya, Eneas acudiera a defender la ciudad al frente de los dardanios.

Eneas tuvo una participación activa y constante en los diferentes combates que se mantuvieron en la costa de Troya, a pesar de que se quejaba de la poca estima de Príamo. La Ilíada cuenta cómo Eneas resultó herido por una inmensa piedra que le lanzó el griego Diomedes. Afrodita acudió en ayuda de su hijo, pero, poco avezada en las lides guerreras, también resultó herida. Sólo gracias a Apolo, que logró por tres veces detener al gigantesco Diomedes, Eneas pudo salvar su vida. En otra ocasión, el dardanio se propuso rescatar el cadáver de su cuñado Alcátoo, atemorizando para ello a varios guerreros griegos, como Idomeneo.

Heroicos combates frente a Troya

El duelo más destacado que libró Eneas en Troya fue contra el mismísimo Aquiles. Según cuenta Homero, cuando el héroe griego decidió regresar al combate para saciar su sed de venganza contra el príncipe troyano Héctor,  Apolo lanzó a Eneas contra él. No era la primera vez que ambos se encontraban cara a cara, pues tiempo atrás el terrible caudillo griego había llegado hasta el monte Ida, donde Eneas pastoreaba a sus rebaños, con el fin de robarle. Así, cuando Aquiles vio a Eneas de nuevo ante él, le preguntó amenazante si su afán de lucha venía motivado por el deseo de ocupar el trono de Príamo y le recordó que ya lo había puesto en fuga anteriormente. Pero Eneas no se arredró y le recordó que ambos eran hijos de diosas. Se entabló el combate, y de seguro Eneas habría perecido a manos de Aquiles si Poseidón no hubiese intervenido envolviéndolo en una nube y llevándoselo en volandas a un lugar seguro. Entonces el dios del mar profetizó que los troyanos sobrevivirían a través de la estirpe de Dárdano; la orgullosa Troya sería destruida, pero Eneas se salvaría para fundar un nuevo pueblo.

Cuando los griegos entraron en Troya y saquearon la ciudad, Eneas se retiró al monte Ida cargando sobre sus hombros a su padre Anquises y llevando de la mano a su hijo Ascanio. En cambio, su esposa Creúsa, que se había quedado rezagada mientras huía de las llamas, murió en el intento. Eneas permaneció un tiempo reinando en el Ida, hasta que dos hijos de Príamo que habían permanecido a salvo durante el sitio se adueñaron de la zona. Entonces Eneas emprendió el largo viaje por el Mediterráneo que Virgilio relató en su Eneida del mismo modo que Homero había relatado el viaje de Ulises en la Odisea; sólo que, en el caso de Eneas, la travesía no fue tanto un regreso como un viaje hacia lo desconocido, hacia la realización de una profecía que cambiaría el curso de la historia.

Aventuras por el Mediterráneo

Los supervivientes se dirigieron a Tracia, al norte del mar Egeo. Al llegar allí, mientras cortaban leña para hacer un sacrificio, Eneas vio cómo de las ramas manaba sangre y al momento una voz le narró la terrible historia de Polidoro, un hijo pequeño de Príamo al que éste había enviado a Tracia al comienzo de la guerra, pero que había sido asesinado por su tutor, Polimestor, para quedarse con su oro. La voz animó al héroe a dejar aquel lugar maldito y seguir su camino cuanto antes.

A continuación Eneas marchó hasta la pequeña isla de Delos, donde un oráculo le anunció que debía dirigirse a la tierra de sus antepasados, pero sin especificarle cuál era ésta. Eneas recordó entonces que Dárdano, el fundador de su ciudad natal, procedía de Creta, por lo que decidió dirigirse hacia allí. En la isla, una terrible peste lo obligó una vez más a partir, pero antes tuvo una visión en la que sus dioses familiares le dijeron que la tierra originaria de Dárdano se hallaba en Italia. El héroe, por tanto, puso rumbo hacia occidente.

Durante el trayecto, una tempestad lo arrojó a las Estrofíades, las islas de las monstruosas Harpías, al oeste de Grecia. Los viajeros se enfrentaron con estos seres, que tenían el aspecto de bellas mujeres aladas, y hasta lograron ponerlas en fuga. No obstante, la harpía Celeno les vaticinó que serían presa del hambre antes de que pudieran levantar los muros de su nueva ciudad. Luego siguieron bordeando la costa griega hasta llegar a Butrinto, en la actual Albania, donde vivía Héleno, otro hijo de Príamo que se había salvado de la destrucción de Troya. Héleno reveló a Eneas que debería asentarse donde encontrara una cerda blanca con treinta lechones, si bien antes debía visitar a la Sibila de Cumas, una sacerdotisa de Apolo que formulaba sus oráculos oculta en una gruta cerca de Nápoles. Todas las señales indicaban, pues, que Italia era la meta del viaje.

Hacia el destino anunciado

De nuevo en el mar, Eneas decidió evitar el paso por el estrecho de Mesina, situado entre las monstruosas Escila y Caribdis, y prefirió bordear Sicilia por el sur. En la isla falleció su padre Anquises. Al intentar proseguir la travesía, una tempestad lo desvió y lo arrojó a las costas de Cartago. Allí, Afrodita se apareció a su hijo para comunicarle que no sintiera miedo, pues los cartagineses, en especial su reina Dido, les recibirían hospitalariamente. Y, en efecto, por intervención de Afrodita, Dido se enamoró de Eneas y quiso que ambos unieran sus pueblos y linajes. Pero Zeus se opuso y envió a Hermes (Mercurio) para advertir a Eneas de que debía continuar su viaje y cumplir con su destino. El héroe obedeció, para desesperación de Dido, que se suicidó.

De regreso a Sicilia, se celebraron unos grandes juegos funerarios en memoria de Anquises. Las mujeres troyanas, cansadas de tantos pesares, decidieron prender fuego a las naves y poner, así, fin al periplo. Pero Eneas obtuvo de Júpiter que enviara una tempestad para extinguir el fuego. Además, la sombra de Anquises se apareció ante Eneas para comunicarle que debía llegar hasta Cumas y descender a los infiernos. De nuevo, Eneas cumplió fielmente la consigna, y en Cumas logró que la Sibila le abriera las puertas del Hades. Allí se encontró con la sombra de Dido, por lo que supo de las terribles consecuencias de su partida de Cartago, pero también vio a su padre, quien en los Campos Elíseos le reveló el glorioso destino del pueblo que debía fundar en Italia.

Espoleado por sus palabras, Eneas se afanó en llegar hasta la desembocadura del Tíber y, tras remontar el río, puso finalmente los pies en una ciudad llamada Palanteo. Aún corrió más peripecias, hasta su muerte gloriosa y su consagración como héroe, pero aquél había sido el término de su viaje, pues Palanteo se alzaba en lo alto  de la colina Palatina, el lugar en el que un descendiente de Eneas, Rómulo, fundaría la ciudad de Roma.

Para saber más

Ilíada. Homero. (Trad. Ó. Martínez). Alianza, Madrid, 2013.
Eneida. Virgilio. (Trad. R. Fontán). Alianza, Madrid, 2004.
Cartas de las heroínas. Ovidio. (Trad. V. Cristóbal). Alianza, 2008.

4 julio 2014 at 9:12 am Deja un comentario

Así será el futuro Museo de Troya

La firma turca Yalin Mimarlik ha ganado el concurso de diseño del museo arqueológico que se construirá en el sitio de la antigua ciudad de Troya, al noroeste de Turquía.

El Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía ha seleccionado a un equipo de Yalin Mimarlik  dirigido por Ömer Selçuk Baz para el proyecto en el sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO en la provincia de Çanakkale.

Excavada por primera vez en 1870, Troya es famosa por el mítico asedio narrado en la Ilíada de Homero. Además, los numerosos vestigios descubiertos en el lugar revelan que aquí se produjeron los primeros contactos entre las civilizaciones de Asia y el Mediterráneo.

El museo tendrá la forma de un gran cubo revestido de paneles de acero corten, y se accederá a él a través de una rampa subterránea.

Museo-de-Troya1

Desde el nivel subterráneo, los visitantes podrán caminar por rampas a través de los espacios de la exposición hasta una terraza situada en la azotea.

El programa incluye también laboratorios de conservación y espacios de almacenamiento para la colección -que incluye objetos de unos 3000 años de antigüedad-, así como áreas de actividades, una tienda, una cafetería y un restaurante.

Museo-de-Troya2

Fuente: Dezeen | Designs unveiled for Museum of Troy

28 marzo 2013 at 12:26 pm Deja un comentario

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