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Jan Fabre, el galáctico del teatro, asalta Grecia para construir la nueva Europa

El director, performer y artista es el nuevo curator del Festival Internacional de Atenas y Epidauro, uno de los más importantes de Europa de artes escénicas y visuales

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El director belga Jan Fabre en Atenas (P.Campos)

Fuente: PRADO CAMPOS > Atenas  |  El Confidencial      30/03/2016

Jan Fabre se ha marcado un enorme nuevo reto: convertir por medio del arte a la Grecia asfixiada por la crisis y la austeridad y a la Grecia de los refugiados en el epicentro del diálogo multicultural y en el espejo de la nueva identidad y diversidad europeas. El director, actor, performer y artista plástico belga es una auténtica rockstar del teatro. Siempre ambicioso y polémico, suma ahora a su currículo un nuevo reto: ser el curator del Festival Internacional de Atenas y Epidauro, una de las citas de artes escénicas y visuales más importantes de Europa que se celebrará desde finales de junio en Grecia.

“Atenas es el centro de Europa, la matriz de la sociedad y de la democracia europeas. Es el lugar perfecto porque representa la crisis que está viviendo la propia Europa. Su intuición y su historia posibilitan que se abra nuevas puertas”, explica Fabre a El Confidencial en Atenas tras presentar las líneas maestras de lo que serán sus cuatro años al frente del conocido como Festival Helénico. “En estos momentos, con todos los problemas políticos que tenemos, es importante mirar hacia la semana que viene. Al futuro. Y este festival quiere hablar sobre la belleza y el cuerpo humano, porque el cuerpo humano es sujeto y objeto de investigación de todas las artes. Cuando hablamos de cuerpos humanos, desde dentro y desde fuera, hablamos de política, de filosofía, del comportamiento social”.

Atenas es el centro de Europa, la matriz de la democracia. Es el lugar perfecto porque representa la crisis que está viviendo el continente

Por eso, Fabre va a tomar templos tan míticos como los teatros de Epidauro y el Odeón de Herodes de la capital con la idea de que Grecia siga siendo la cuna de la civilización y de la cultura donde, desde el arte y el diálogo, se repiense la nueva identidad europea. “La diversidad no procede únicamente de la gente de fuera o de los refugiados. Somos todos y cada uno de nosotros. Y el arte es la mejor forma de hacer comunidad”, garantiza.

Este primer año el ‘galáctico’ del arte al frente del festival va a homenajear a Bélgica. Toda la programación (teatro, danza, exposiciones, performances, literatura, cine…) se centrará en su cultura porque, afirma, Bélgica es el ejemplo perfecto de la multiculturalidad europea. Lo explica con otro símil futbolístico: la selección belga, los llamados ‘diablos rojos’. “Son de Marruecos, Uganda, Congo… de diferentes razas y religiones. La selección belga es la metáfora de Europa. La nueva Europa tiene que estar abierta a nuevos colores y religiones” porque precisamente eso es Bélgica y Europa: “una sociedad abierta y plural”.

“A los refugiados hay que abrirles los brazos”

Acto seguido añade que lo que está pasando con las fronteras europeas y los refugiados sirios “es un escándalo“. “A los refugiados hay que abrirles los brazos y recibirles porque es gente que viene de situaciones muy difíciles y no es la primera vez en la historia que pasa esto. Es mejor aceptar que Europa está cambiando, es histórico, por eso es mejor acoger a esta gente, ayudarles y ayudarnos. La solución no es dejarlos en la frontera para hacernos más fuertes. Mira lo que pasó con los húngaros. En 1958 miles de húngaros vinieron a Europa y no cerramos las fronteras. Es un escándalo. Yo creo que nuestro deber como humanos es ayudarnos los unos a los otros”, prosigue.

Precisamente, subraya, en este primer año habrá encuentros con filósofos y artistas griegos -el grueso de la programación la protagonizarán belgas- cuya recaudación se destinará a las pequeñas localidades que están acogiendo a los refugiados. Además, presentará la performance ‘Preparatio Mortis’, protagonizada por Annabelle Chambon, y su espectacular ‘Monte Olimpo‘, una pieza que pasó a principios de marzo por Sevilla con todo vendido y en la que durante 24 horas ininterrumpidas desgrana la tradición teatral griega en una catársis colectiva que simula las fiestas dionisiacas. Una catársis, puntualiza, de plena actualidad.

“Europa es como Medea. Todo el mundo tiene su tragedia familiar pero Medea es la historia de la lucha de poder entre la sociedad matriarcal y patriarcal. Medea es una mujer emancipada que viene de una sociedad matriarcal. Es la metáfora de las madres sirias, que prefieren arriesgar a sus hijos que dejarlos en manos del ISIS”, garantiza.

Es por eso que en estas más de tres décadas rompiendo la percepción tradicional y los límites escénicos Fabre sigue defendiendo con la misma fuerza el poder del arte como forma de comunicación y no como moneda de cambio. Esa coherencia es la que trae ahora a Grecia y la búsqueda de esa nueva Europa. “Mi trabajo es poner el arte fuera, ir contra el sistema. No creo que sea construir un mercado económico”, remacha el curator del festival, que no director como recalca contundente mientras fuma un cigarro. Más que programar, confirma, pretende “enfrentar diferentes ideas y abrirse al futuro”.

“El arte es necesario siempre. Siempre lo ha sido en la historia de la humanidad. Es contemplación, reconforta, crea compasión, empatía… y por esa razón en esta Europa en crisis lo mejor que pueden hacer los gobiernos es invertir tanto dinero como sea posible en cultura y arte. Un político inteligente sabe que quitar dinero de la cultura y del arte destruye la sociedad. Cuanto más dinero se de a la cultura mejor irá la economía y mejor será la salud de la sociedad”.

En esta Europa en crisis lo mejor que pueden hacer los gobiernos es invertir tanto dinero como sea posible en cultura y arte

Si este año los artistas belgas, además de los jóvenes griegos que pasen por la Academia de Jóvenes Artistas y las exposiciones que recorrerán las acciones de Fabré desde 1976 hasta la actualidad así como el arte belga -en colaboración con el museo de Amberes-, centrarán la programación del festival, en 2017 el tema será la consiliencia. En 2018 Fabre presentará una nueva performance con Isabelle Hubbert y en 2019, para despedirse, ‘Greek Matrix’ se rendirá al arte griego mientras el belga estrenará otra performance basada en la tradición clásica griega.

Pero no es lo único que tiene entre manos el polifacético Fabre, este mes de mayo llevará a Florencia la exposición ‘Spiritual Guards‘ y en octubre presenta otra en el Hermitage de San Petersburgo. También volverá a Sevilla el año que viene con la performance ‘Belgian rules’. Mientras tanto Grecia, como aseguró su ministro de Cultura, Aristides Baltas, espera con expectación a su fichaje estrella porque son los artistas e intelectuales los que deben “remover y despertar las conciencias” para que todo el mundo, y no solo su país, asuma su responsabilidad colectiva con los refugiados. El arte, recordó mirando a la esperanza belga, sirve para “ser conciencia del mundo y asegurar la memoria de la humanidad y la continuidad de la historia”.

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30 marzo 2016 at 6:36 pm Deja un comentario

La epopeya mítica de Jan Fabre

El artista belga recrea la fiesta de las Grandes Dionisias con una bacanal griega de 24 horas en el Teatro Central de Sevilla

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Fuente: EVA DÍAZ PÉREZ > Sevilla  |  EL MUNDO      07/03/2016

¿Es un sueño? ¿O un sueño dentro de otro sueño? Quizás, una hechizante pesadilla que envuelve al espectador que ya no sabe lo que es. ¿Alguien que sueña o que recuerda? El Teatro Central de Sevilla acogió el estreno en España de la última epoyeya del artista belga Jan Fabre: Mount Olympus. Una auténtica bacanal griega de 24 horas -desde la tarde del sábado a la del domingo- con la que Fabre quiso recrear las Grandes Dionisias, las fiestas de la antigua Grecia en las que durante tres días con sus noches se representaba teatro, se comía, se bebía, se dormía…

Los espectadores acudían al Teatro Central como a un templo. «Quiero que el teatro sea como un lugar para sanar las heridas de nuestra mente», explica Fabre que se mantiene las 24 horas controlando la mesa de luces, del sonido o los camerinos donde los actores se preparan.

Fabre no duerme, es casi un insomne y ha trasladado al público a ese viaje al no-sueño para habitar las sombras del contrasueño. El teatro está preparado para una jornada intensa. La cafetería no cerrará en toda la noche y en la planta alta se han instalado colchonetas y tumbonas para el público.

La obra se ha representado ya en Berlín, Ámsterdam, Brujas y Amberes. Después de Sevilla viajará a Viena y Bruselas. Hay que aplaudir a Fabre su osadía para la experimentación, su desmesura artística precisamente en estos tiempos de mercantilismo y culturicidio. No es fácil representar un espectáculo de 24 horas donde se representan hasta treinta y tres tragedias griegas -realizadas con el codramaturgo de la obra Hans-Thies Lehmann- con treinta actores que quedan literalmente exhaustos.

Por el escenario pasan Eteocles, Edipo, Odiseo, Dionisos, Fedra, Hipólito, Alcestes, Heracles, Agamenón, Electra, Orestes, Medea, Antígona, Ayax… «Mi teatro se remonta a los orígenes de la tragedia. A veces me siento una especie de viejo brujo griego», explica Fabre.

El brujo griego ha convocado a un público expectante. La gente se sienta y se apagan las luces. El tiempo se ha vuelto líquido y baja por las escaleras del teatro, llena el escenario y salpica el patio de butacas. Arranca la máquina de sueño que devora almas en una performance de 24 horas, de teatro y tornateatro en busca de la catarsis como en las antiguas tragedias.

La bacanal griega comienza sin concesiones. Dos hombres-estatua miran al público. Por detrás aparecen dos bailarines a cuatro patas, bestias de templos antiguos que meten literalmente la cara en el trasero de los mensajeros y desde allí balbucean o gruñen para que por las bocas de los hombres-estatua salgan frases inteligibles que advierten del ritual que se avecina.

En la oscuridad, un hombre completamente desnudo tiene una erección que el público contempla en silencio. Y empieza todo. Una orgía sobre el escenario que durará todo un día. Dionisos aparece animando a los bailarines enfebrecidos por la espectacular música de Dag Taeldeman, líder del grupo de rock A Brand y distribuida en España por Bertus Distribution.

A lo largo de 24 horas habrá de todo: monólogos de dioses y de hombres, escenas de guerra, asesinatos, violaciones, masturbaciones colectivas y vísceras lanzadas sobre el escenario. Pronto el teatro huele a sangre. Es una de las obsesiones de Fabre, recuperar lo salvaje, lo primitivo, lo excesivo, la crueldad de los tiempos arcaicos. «Los instintos han sido enterrados bajo una espesa capa de civilización», aclara.

La gente entra y sale de la sala para comer, beber, ir al lavabo o descansar. En el escenario continúa la danza con figuras que parecen salir de antiguas cráteras y vasijas de terracota. También esa particular estética contemporánea de la crueldad, lo grotesco y la belleza del exceso. Puro Fabre con guiños al Bosco, Goya, Pollock, Pasolini, Mozart, Racine y a todos los sedimentos del imaginario cultural que durante siglos ha narrado el mito.

Es la una de la mañana. En el escenario, suenan los grillos e imaginamos un paisaje nocturno de olivos y lechuzas, ruinas de templos olvidados. Ruidos de una noche cualquiera de hace siglos. La extrañeza de un recuerdo del pasado.

Casi a las tres de la madrugada llega la hora del sueño. Habrá tres interrupciones en las que los bailarines duermen sobre el escenario envueltos en sábanas-crisálidas.

Entran los primeros rayos de sol en el Teatro Central que en la zona de los vestíbulos tiene paredes de cristal. Se ve el Guadalquivir y gente que pasea en la calle. Dentro, Electra y Orestes relatan su tragedia. En 24 horas hay mucho material de desecho narrativo. A Fabre no le interesa la presentación, el nudo y el desenlace. No existe el clímax, todo es un fluir. Pero eso es la vida ¿no? Llena de momentos sin asombro, de puro aburrimiento.

Corre un aire sonámbulo por el teatro. La sangre se ha secado sobre el escenario, pero nadie quiere irse. El público está hechizado, sin poder salir del teatro como si formaran parte del argumento de El ángel exterminador de Buñuel. Hay espectadores que ya huelen un poco a hiena. A los actores-bailarines se les supone.

Es de día. Hay gente que desayuna con la sensación de haber descendido en la noche al Hades, paseado por el Ática, la Tracia, los campos de batalla de Troya, la Argólida, la Cólquida. Y el vago recuerdo de haber dormido en el lecho maldito de Edipo y Yocasta. Fabre ha conseguido convertir nuestra memoria en el lugar de la representación.

7 marzo 2016 at 8:55 pm 1 comentario

Danzad, malditos dioses

Jan Fabre deconstruye la condición humana y los mitos griegos en una ‘performance’ de 24 horas sin pausa en el Concertgebouw de Brujas

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Una escena de Monte Olimpo – Para glorificar el culto a la tragedia, de Jan Fabre, en el Concertgebouw de Brujas (Wonge Bergmann)

Fuente: MARICEL CHAVARRÍA > Brujas  |  LA VANGUARDIA    10/12/2015

Un día entero, con su día y su noche, debería ser una unidad de tiempo excesiva para una performance de danza-teatro, tanto para los que la brindan como para quienes la atienden desde sus butacas. Pero el visionario Jan Fabre ha convertido la experiencia en una terapéutica inmersión en la condición humana que pasa en un abrir y cerrar de ojos. Ha sucedido este fin de semana en el Concertgebouw de Brujas, en el estreno belga de su ya celebrado Monte Olimpo -Para glorificar el culto a la tragedia, una performance de 24 horas (sin una puñetera pausa) que una treintena de artistas asumen con bravura.

Es la última pirueta escénica del provocador y lúcido creador belga –también dramaturgo, diseñador y coreógrafo– que gusta de llevar las cosas al límite sin salirse, eso sí, del refinamiento y la belleza. Pone al público frente a ese oscuro espejo que es el escenario y le somete de nuevo, pim pam, a una descarnada visión de su previsible y decadente existencia sirviéndose esta vez de gran cantidad de mitos griegos. Edipo, Fedra, Odiseo, Hércules, Dioniso, Agamenón, Electra, Antígona… dioses, ninfas, semidioses. Los deconstruye teatralmente en esa unidad tan humana de tiempo, desde que se pone el sol hasta que vuelve a ponerse, y convierte el cuerpo, la carne, en el campo donde se libran todas las batallas, todas las tragedias griegas. Presididas, claro, por la pulsión sexual. ¡Qué implacable!

“Sé que debería salir ya y descansar, pero no puedo evitar pensar que me pierdo algo importante”, dice Frank, un periodista deportivo, en la cafetería del Concertgebouw cuando se cierne la medianoche. “Es desconcertante, no soy gran fan de Fabre, es arrogante, se sabe artista, pero desde el arranque de la performance, con aquel actor a cuatro patas hablándole al culo desnudo de otro que a su vez traduce sus palabras… ¿cómo es posible hacer eso con esa belleza? Es poético”.

Frank ha salido un minuto a tomar una cerveza. El público entra y sale a su antojo. Se ha provisto la sala de un bar extra con sopa caliente y hay enseres para la toilette matutina en los servicios. El hall de esta sala de conciertos que se entrega anualmente al festival December Dance está ahora lleno de sillones vintage y apiladas en los pasillos aguardan las colchonetas en las que pernoctar un par de horas para reponer fuerzas. También hay sesiones de yoga, sofás de masaje mecánico, un área silenciosa y charlas sobre mitología griega, en plan urgente, para no perderse en este monumental mix de tragedias.

Los artistas de Troubleyn, el taller teatral de Fabre que busca la conciencia física y las capacidades expresivas, no escatiman en esfuerzo. Van a ser 14 capítulos, con tres momentos para dormir en escena como parte del show. Antes de que acabe el día, ya es bestial la escena en que una docena de ellos se maquillan y transforman en criaturas mitológicas, ejecutando una danza de guerra. Es el cierre del capítulo de Odiseo.

La improvisación es el origen de muchos de los cuadros escénicos paridos por Fabre y, sin embargo, la realización es impecable. Ocho hombres agitan su badajo a golpe de cadera como cierre del episodio de Edipo, para luego celebrar desnudos la danza sirtaki. “¡Todo hombre precisa de un poco de locura!”, gritan, mantra que se repite a lo largo del fin de semana. Luego es el turno de ellas: simulan orgasmos en un bosque con el sonar de los grillos como única sintonía erótica, para estallar en una bacanal de carcajadas. Derrames de simientes, fugaces pasiones. El sexo y su angustia, dueño absoluto, el cuerpo rendido a la pulsión sexual, una broma que se han permitido los dioses con la humanidad. Hasta el coro de filósofos contrasta pareceres a base de sonidos orgásmicos…

“¿Qué estado debería escoger? ¿Estar permanentemente despierto o dormir para siempre?”, se pregunta Fabre. “En esta vida no hay elección. ¡Tendré mi ración de ambos, espero!”. El planteamiento existencial de su Monte Olimpo no es el quiénes somos y para qué hemos venido, sino el cómo pasamos por este mundo.

Por la mañana, la sintonía con el público ya es total. La platea, legañosa y algo maloliente, celebra el desperece de los performers en una danza, cómo no, pélvica. Vestida ingenuamente de Navidad, Brujas se antoja como un desplegable neogótico de pequeños placeres mientras en su Concertgebouw se calienta una bomba de relojería: el carrusel de eros y tánatos gira sin parar, y el dios Dioniso se descojona a costa de los humanos: “Les di una brizna de locura para que así pudieran seguir viviendo en la decadencia”, ríe.

Pasarán por escena Casandra, maldiciendo a los dioses que la han condenado al descrédito en sus predicciones; Clitemnestra, que ha matado a su esposo Agamenón por entregar a su hija Ifigenia a los dioses, y Electra, que posa masajeándose el clítoris. Y llegará Medea, encarnada en una Maria Callas travesti, al tiempo que suena un aria suya con la que baila a ritmo de vogue. “¿Por qué cuando se trata de sexo los hombres nunca son culpables ni se les llama zorras?”, se preguntan.

Todo transcurre bajo un manto de esteticismo. La belleza es la garantía de que el espectador no podrá evitar reconocerse. Incluso en el apoteósico final, en el que Fabre ha preparado una batalla de amor –lucha libre, cuerpos desnudos– seguida de una maratón festiva que premia a quien da “todo su amor”. Frenético baile final –¿de dónde sacan los artistas fuerzas de flaqueza?– con conclusión de Dioniso: “La verdad es la locura”. El clímax es tal que el público aplaude puesto en pie durante ¡38 minutos! ¿No debería acoger Barcelona este prodigio escénico, digno de capital europea? Si no creemos en los grandes equipamientos, creamos al menos en los grandes artistas.

11 diciembre 2015 at 10:20 am Deja un comentario

Ana Belén: «Interpretar a un personaje como Medea produce vértigo y angustia»

La actriz vuelve en un montaje al Teatro Español, un escenario especialmente significativo en su carrera, después de treinta años

Fuente: JULIO BRAVO  |  ABC    06/12/2015

El nuevo reto de Ana Belén se llama Medea. La actriz se enfrentó por primera vez a la cruel hechicera de la mitología griega, sobre la que escribieron Eurípides o Séneca, en el pasado festival de Mérida. Ahora llega al Teatro Español –un escenario especialmente significativo para ella, y donde estará del 18 de diciembre al 10 de enero de 2016–, después de una gira que, asegura satisfecha, «ha funcionado muy bien». Al público le da igual comedia que tragedia; lo que quiere es calidad. «Yo creo trabajos bien hechos, interesantes y que le sean cercanos al público. Y creo en las funciones inteligentes, sean comedia, vodevil, tragedia, melodrama», dice.

«Medea» es una tragedia escrita hace muchos siglos, pero le sigue interesando al público…

Este tipo de obras nos habla de las pasiones humanas, y eso no muere. Esta función, concretamente, nos habla de un hecho absolutamente trágico y tremendo, y es que una madre mate a sus propios hijos. Y en este siglo XXI, y aquí, en España, estamos viviendo esa tragedia. Yo, cuando leo una noticia como ésta, tengo la necesidad de conocer datos para tratar de entenderlo; nunca justificarlo, bajo ningún concepto. Queremos saber por qué. Aunque eso es lo que nunca sabremos. Se pueden hacer conjeturas, pero nunca llegaremos a saber lo que hay dentro del alma y de la mente de estas personas.

Usted, que es madre, ¿ha llegado a comprender a Medea?

Los actores trabajamos con emociones. Puedes tener que interpretar a un asesino, y nunca has matado… Pero todo está dentro de uno mismo, y me refiero al ser humano. Los actores buscamos en todo eso que está dentro para entender y resolver preguntas. No hace falta que seas madre para considerarlo una barbaridad. Hay algo muy importante en esta versión que nos lleva a comprender a Medea y a entender su desarrollo: Vicente Molina Foix cuenta cómo Medea conoce a Jasón. Cuenta la historia de los Argonautas y el vellocino de oro, cómo Jasón llega a la isla, cómo Medea le ayuda y traiciona a su padre… Cómo ella, a su vez, se ve traicionada por un personaje creado por ella misma. Nos va dando pautas y nos desvela las razones que la llevan a matar a sus hijos; y en esa época, los hijos eran la razón de ser de una mujer. Ser madre significaba reafirmarse como mujer.

¿Dónde ha encontrado la luz del personaje? Imagino que para poder enamorarse de él tiene que haber una luz.

Las sombras de un personaje también te pueden enamorar… Pero la luz la he encontrado en esa Medea que recuerda toda su vida en la Cólquide, como una virgen dedicada a los dioses. Lo recuerda de una manera tan vívida… Y lo hace para tratar de entender su vida en el presente. Hay algo en ella muy reconocible, que es el gran, profundo, tremendo, asfixiante amor que siente por Jasón.

Ha hablado varias veces de «entender». ¿Es la posibilidad de vivir otras vidas y entender otras realidades lo que más le atrae como actriz?

Creo que es algo común a todos los actores. Nuestro trabajo se nutre de analizar y de hacerte preguntas sobre tu personaje y sobre los que le rodean. Y esas preguntas son para entender. Esta profesión nos da la posibilidad de meternos en la cabecita y en el cuerpo de personajes muy distintos, y eso es muy enriquecedor. Yo he aprendido tanto… No solo de mi profesión, que evidentemente lo he hecho a lo largo de mi carrera, sino sobre las relaciones humanas. Hay muchas formas de interpretar a un ser humano, y hay miles de incógnitas y de preguntas. En esta profesión hay que buscar y buscar, y a mí me ha dado la posibilidad de entender mucho, sí.

¿Personajes tan poderosos y oscuros como éste llegan a desestabilizar?

Un personaje como Medea produce vértigo, angustia… A mí las cosas me cuestan mucho, no soy una actriz que llega y tiene las cosas claras de su personaje desde el comienzo. Yo dudo muchísimo, necesito saber que la persona que me está dirigiendo lo sabe todo, porque yo no sé nada. Y aun ahora, después de todas las representaciones que hemos hecho, no sé ni la mitad de las cosas de Medea. Y sé que las voy a ir aprendiendo conforme la vaya interpretando cada día. Pero soy una actriz lanzada. Yo me tiro al vacío. Me puedo equivocar, el director me puede decir que no voy bien por ese lado, pero me tiro. Con todos los problemas que implica, porque soy insegura y neurótica… Eso sí, llego al ensayo y no se me nota nada. En casa sí, soy muy neurótica cuando estoy empezando a estudiar un personaje y enfrentándome a él. A veces encuentro pequeñas cositas en un ensayo y me da un subidón, y al día siguiente no encuentro nada y es una catástrofe, un horror, y me doy contra la pared… Pero a mí me gustan los actores que dudan. Yo dudo mucho.

E imagino que con la edad y la experiencia mucho más.

Por supuesto. Cuando eres joven hay tal inconsciencia que te lanzas y todo es un derroche de fuerzas, de estados de ánimo. Me acuerdo de algo que nos decía William Layton, un hombre tan encantador como sabio: «Hay que ir a la médula». Y es verdad. Es algo que vas aprendiendo con la edad. En todos los sentidos. Conforme te haces mayor tiendes a buscar la almendra, al centro. Ves otras cosas que están por los alrededores, que también están bien, y que te puedes dar un paseo por allí. Pero la almendra es lo importante.

Me da la sensación de que está últimamente más centrada en el teatro que en sus otras facetas artísticas…

Es cierto que no hago cine desde hace tiempo. Pero hasta octubre, en que retomamos «Medea», he estado haciendo gira de conciertos. He tenido un año… No he descansado nada.

Parecería que cuando uno llega a una posición como la suya, es más dueño de su carrera, pero no sé si es precisamente lo contrario…

No lo eres. Lo que vas aprendiendo –y yo lo aprendí bastante temprano– es a decir no. Pero desde luego, no a poner las cosas en marcha. Dependes de tantas cosas, de que alguien te vea adecuado para un personaje y te ofrezca un proyecto… Sí eres dueño de aceptar o rechazar el proyecto; que es algo ya muy importante. Pero a veces las cosas vienen como este año… Yo he pasado mucha angustia por la cantidad de cosas que tenía que hacer. Hasta abril estuve interpretando «Kathie y el hipopótamo», la obra de Vargas Llosa. Ese mes sacamos disco, «Canciones regaladas». En mayo empecé a ensayar «Medea» y la gira de conciertos; durante los primeros ensayos de la obra de teatro hice tres conciertos, con todas las complicaciones vocales, porque no se puede hacer teatro y cantar al tiempo. Y todo eso me llevó a estar por las noches dando botes en la cama: Medea por un lado, los gorgoritos por otro… Pero todo el mundo me decía: «¡Tú puedes!» Y una se lo cree. Y he podido.

¿Cuánto hacía que no pisaba el Teatro Español? Es un teatro muy importante en su carrera…

Lo último que hice allí fueron conciertos. Pero con una obra de teatro no estaba… Desde «La casa de Bernarda Alba» –se estrenó hace más de treinta años, en 1984–. Volver supone una gran emoción. Siempre que he vuelto al Español me he emocionado mucho. Cuando hice los conciertos y me dirigía al público, después de la primera canción, pensaba que no podría seguir porque me embargaba la emoción, y no hay nada peor para que no te salga la voz. Sé que el Español tiene una carga emotiva muy grande. Yo piso ese escenario y me acuerdo de todos los actores con los que he trabajado allí… Y que la mayoría no están… Pero luego me meto en la piel de Medea y disfruto como una loca. ¡Como una bruja!

6 diciembre 2015 at 8:53 pm Deja un comentario

Por las venas de Antígona corre la sangre siria

Primero fue «Las troyanas» en Jordania. Después, «Antígona». Los versos de Eurípides y Sófocles, actualizados, llegan hasta Amán y Beirut de la mano de proyectos teatrales que convierten en actrices a las refugiadas sirias. Una iniciativa que ya es imparable

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Un momento de los ensayos de «Antígona de Siria» – Tabitha Ross

Fuente: ROBERTO PIORNO  |  ABC.es      27/11/2015

Dos mil quinientos años después, los versos de Sófocles siguen teniendo recorrido. Cualquier refugiada siria podría reconocerse, de hecho, en los lamentos e infortunios de Antígona, a quien una ley tiránica promulgada por Creonte prohíbe dar sepultura a su hermano.

En un tiempo en el que el «Estado Islámico» se esmera en volar por los aires la huella grecorromana en Oriente Próximo hay quien se atreve a tender puentes, con éxito, entre el mundo clásico y el cruel presente de un país como Siria. El eco de la tragedia griega por antonomasia se llena de matices en boca de un grupo de refugiadas sirias en Líbano y Jordania. Imposible encontrar mejor prueba de la vigencia y universalidad de los clásicos.

En 1993 Susan Sontag se atrevió a «romper» el asedio de Sarajevo proyectando la voz de Bertolt Brecht entre las ruinas de la ciudad bosnia. En plena guerra de Yugoslavia la escritora estadounidense puso en pie, en condiciones extremadamente difíciles, un montaje de «Esperando a Godot» con un extraordinario valor simbólico. Veinte años después Charlotte Eagar, periodista y productora, y su marido, el escritor William Stirling, cogieron el testigo de Sontag y llevaron los versos de «Las troyanas», de Eurípides, a Amán (Jordania), en un proyecto apadrinado por Oxfam. Su objetivo, aliviar los traumas de medio centenar de refugiadas sirias que, como Hécuba y demás viudas de Troya, lo habían perdido todo.

Un lenguaje común

Así nació el Syria Trojan Women Project. Con un equipo de trabajo de origen mayoritariamente sirio, las refugiadas intervinieron durante un año en los talleres-ensayos percibiendo un salario y participando activamente en la adaptación a la realidad siria del texto de Eurípides, que se transformó sobre la marcha para incorporar las desgarradoras experiencias personales de las actrices.

Un año después, una nueva productora, Aperta Productions, apadrinada por algunos de los artífices del proyecto original, repetía el mismo método de trabajo con una treintena de mujeres sirias. El fin, exportar estos talleres teatrales terapéuticos a otros países de lengua árabe en Oriente Medio y en el Norte de África, tendiendo puentes entre artistas de países occidentales y musulmanes a través de un lenguaje común: las obras maestras de la tragedia griega. El programa también está siendo un éxito en Beirut.

El texto de Eurípides se transformó sobre la marcha para incorporar las desgarradoras experiencias personales de las actrices

Itab Azzam era parte del equipo de producción del Syrian Trojan Women Project en Jordania, y ahora repite experiencia en Líbano. «Como siria, tuve dudas. ¿Valía la pena gastar todo ese dinero? ¿No era mejor dárselo a la gente que más lo necesita? –se pregunta–. Pero luego veo los resultados y creo que empresas como esta proporcionan una verdadera ayuda emocional a un gran número de personas. En la familia siria todo gira alrededor de la figura materna, y queremos mujeres psicológicamente sanas, ambiciosas y realizadas que puedan transmitir toda esa fortaleza a sus hijos y, por extensión, a la sociedad».

Itab trabaja en Beirut con las refugiadas de Shatila y de otros campos de la región, cuyo enemigo no es exclusivamente el «Estado Islámico» o el régimen de Al Assad; luchan también contra una asfixiante opresión patriarcal en una sociedad en la que, más allá del ámbito familiar, desempeñan un rol irrelevante. «Antígona es una heroína rebelde –explica–, se rebela por lo que cree que es justo. Como mujer, la admiro. Admiro su coraje y tenacidad. En «Las troyanas», las mujeres son las víctimas. En «Antígona», la dinámica es muy diferente: habla de una mujer fuerte decidiendo su propio destino».

La opción del suicidio

La tragedia de Antígona, que pierde a sus dos hermanos en la guerra, es muy familiar para las actrices. Muchas de ellas son viudas, otras vieron morir a sus hijos en la guerra o arrastran la frustración de no haber podido dar sepultura a sus muertos, y como Eurídice, la esposa del inflexible Creonte, algunas intentaron recurrir al suicidio. Los talleres, y la reflexión en torno a los versos de Sófocles, ha sido una liberación para ellas.

Dina Mousawi, profesora de interpretación, era la encargada de lograr que las actrices aprendieran a canalizar sus emociones a través del teatro. «Lo más interesante –cuenta– es que se sentían identificadas con diferentes personajes. Unas se sentían próximas a la hermana de Antígona, Ismene, porque, como ella, no harían preguntas ni osarían desafiar el poder establecido, obedeciendo por miedo. Otras se sentían identificadas con Creonte (en el que quieren ver a Bashar Al Assad), como una mujer que había perdido dos hijos y tuvo que tomar decisiones muy difíciles que la enemistaron con otros miembros de la familia. Y por supuesto, muchas se identificaban con Antígona, no solo por haber vivido historias muy similares, sino porque habrían hecho exactamente lo mismo en su lugar».

Lo que comenzó como un grupo de mujeres tímidas y dubitativas se convirtió en uno de mujeres valientes y atrevidas (Dina Mousawi)

«A veces el ánimo estaba por los suelos, y la razón era la muerte de alguien cercano o quizá una bomba en su pueblo natal. Otras, era la dinámica del ejercicio la que repercutía en el estado de ánimo –recuerda Dina–. Un día, queriendo que las actrices aprendieran a hablar más alto y a respirar usando las técnicas que les había enseñado, les pedí que se dirigieran al rincón más lejano de la habitación y, simplemente, dijeran una fase cualquiera. Al principio se trataba de frases irrelevantes y sin sentido, pero poco a poco se convirtieron en emotivas reivindicaciones políticas. Al finalizar el proyecto me sorprendió ver la confianza que tenían en sí mismas. Lo que comenzó como un grupo de mujeres tímidas y dubitativas se convirtió en un grupo de mujeres valientes, atrevidas y llenas de energía».

El musical «Oliver!»

La catarsis llegó al punto más alto el pasado mes de diciembre en el teatro Al Madina de Beirut. El duro trabajo dio sus frutos sobre el escenario cuando «Antigone of Syria» vio la luz. Sin embargo, el sueño de llevar a cabo una gira internacional se vio frustrado ante las extremas dificultades en la obtención de los visados.

Pero Amán y Beirut son solo el principio. Hace unas semanas, el proyecto de Jordania volvió a ser noticia con el estreno de una versión en árabe del musical «Oliver!» interpretado por una compañía de niños procedentes de los campos de refugiados; mientras, en Beirut, Dina Mousawi prepara «Terrestial Journeys», una mezcla de poesía, teatro y artes visuales, con un equipo integrado por algunas de las actrices de Antígona.

Como dijo Augusto Boal, padre del Teatro del Oprimido: «Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida». Las refugiadas sirias de Shatila dan fe de ello.

4 diciembre 2015 at 5:36 pm 1 comentario

Andrómaca en Teherán

Actores y actrices no pueden tocarse. El Estado acecha. Y, sin embargo, la ciudad se ha llenado de salas. La primavera del teatro en Irán

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Fuente: ZAHIDA MEMBRADO > Teherán  |  EL MUNDO    28/09/2015

Cuando se encienden las luces los ocho actores aparecen sentados en semicírculo. Ellas a la derecha, ellos a la izquierda. Ningún elemento en la obra de Jean Racine justifica tal distribución de los actores sobre el escenario. Más bien parece el resultado de la costumbre de segregar los sexos en este país. Esta noche, en la Sala Bzighar de Teherán se estrena Andrómaca, la tragedia más famosa del dramaturgo francés del siglo XVII. Los actores se ciñen a leer la obra, texto en mano. Si el resultado de esta primera representación es el esperado, dentro de seis meses el gran Teatro Valiasr acogerá su puesta en escena completa.

La actriz Kamelia Karimi, que encarna a Andrómaca, es la primera en levantarse. Anda unos pasos y se sienta, de nuevo, frente a una de las dos mesas cuadradas que ocupan el diminuto escenario, a escasos dos metros del público. Con una fuerza admirable empieza a interpretar su papel. Se le acerca Pirro y arranca el diálogo. Durante una hora y media, los ocho actores van discurriendo por el escenario leyendo la tragedia griega inspirada en la guerra de Troya, sin el menor contacto. Solo, de vez en cuando, un fugaz cruce de miradas les acerca lo moralmente permitido.

Hacer teatro en Teherán es un ejercicio delicado, complejo y, a veces, de riesgo. La ley es muy clara y prohíbe cualquier tipo de contacto entre actores y actrices. Tampoco están permitidas las escenas de amor, por no hablar de secuencias eróticas. ¿Cómo hacer teatro, entonces?

“Tenemos que buscar caminos alternativos que permitan sortear ese beso prohibido. Por ejemplo, una escena en la que debe producirse una declaración de amor, él se acercará a su amada, abrirá los brazos a medio metro de distancia del cuerpo de ella y cuando esté a punto de consumar el acto (abrazo), la escena se acabará”, explica Hamid, que interpreta a Orestes, y cuya voz, de una gravedad atronadora, llena la sala de solemnidad. “También se juega con la música y las luces. El público entiende que es una escena de amor”, agrega.

Resulta cuando menos sorprendente que el teatro esté tan vivo en Irán, con numerosas salas repartidas por la ciudad, en las que nunca falta público, habida cuenta de las limitaciones que cercenan la puesta en escena. Davood Namvar es el director de la obra. Lleva más de 15 años escribiendo guiones para teatro y televisión. Sentado junto a los actores, horas antes del estreno, explica cómo con el actual presidente, Hasan Rohani, se han dado permisos para abrir muchas salas nuevas. “Si tras él viene otro presidente que está en contra del teatro, entonces se empezarán a cerrar teatros, como ya ha pasado”, apunta. “Si viene otro presidente [más conservador], las que seguro que saldremos perdiendo seremos las actrices”, le interrumpe Andrómaca. De pronto, se forma una algarabía en la sala. Todos quieren decir la suya. Actores y actrices trabajan a sabiendas de que su ocupación está mal vista por una parte importante de la sociedad. “Los sectores más tradicionales censuran que las actrices de televisión anden por ahí, a altas horas de la madrugada, grabando una escena en un parque, si el guión lo requiere, rodeadas de hombres”, señala la actriz, que relata cómo su padre desaprobó que se dedicara al teatro. “Tú verás, es tu vida”, le dijo.

Ingeniera agrónoma de profesión, esta poderosa mujer de 38 años, soltera y sin hijos, encarna a un perfil minoritario y censurado en su país. “La sociedad tiene que cambiar. Es inevitable. Las mujeres van a la universidad en masa. Lo que no es posible es que después se las relegue”, arroja con la misma fuerza con la que actúa. El Islam prohíbe que las mujeres toquen a los hombres que no son de la familia. Es algo tan arraigado en el Irán posterior a la Revolución Islámica, que a nadie sorprende asistir a obras de teatro en las que jamás existe el contacto físico entre el hombre y la mujer.

La indumentaria también está sujeta a limitaciones. Hace cuatro meses, en un teatro de la capital, un actor se quitó la camiseta. El gesto impúdico llegó a las autoridades, que clausuraron el teatro.

El teatro significa rebelión, no hay duda de que así se vive en la vibrante pero limitada escena teatral de este país. Como reacción natural a lo prohibido, parece lógico que exista en Teherán una corriente teatral underground, donde se actúe en libertad. El director contesta con precaución: “Este tipo de teatro es muy peligroso. Se debe de realizar en lugares minoritarios, muy cerrados. Yo nunca he asistido a ninguna representación. Si el gobierno lo descubre y caza a las mujeres sin hijab representando escenas prohibidas, los actores tendrán muchos problemas”. Irán a la cárcel y deberán pagar una multa millonaria.

28 septiembre 2015 at 4:18 pm Deja un comentario

¿Mantiene hoy su vigencia la tragedia griega?

Seguimos hallando en las viejas tragedias de Atenas un enorme caudal de estímulos para la reflexión cívica, ética y política

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De izquierda a derecha, Manuela Paso, Aitana Sánchez-Gijón, Juan Antonio Lumbres y Carmen Machi, protagonistas de las tragedias que se representan actualmente en el Teatro de La Abadía de Madrid. / GORKA LEJARCEGI

CARLOS GARCÍA GUAL / AURORA LUQUE   |  EL PAÍS       01/05/2015

Violencia doméstica

Por Carlos García Gual

Las mejores tragedias griegas, como escribió Aristóteles, tratan de crímenes en la familia. Un joven que mata a su padre y se casa con su madre y así llega a ser rey; una madre que para vengarse del marido que la abandona asesina a sus dos hijos; un regente que condena a muerte a su sobrina porque ella quiso enterrar a su hermano, son muy buenos ejemplos. Los estragos contra ese lazo afectivo que los griegos llamaban philía y consideraban la base de una existencia digna y feliz producían siempre una conmoción profunda en el público ateniense. Los patéticos sucesos suscitaban “compasión” y “espanto” (éleos y phóbos) por empatía con la catástrofe sufrida por los protagonistas del drama. Y, de propina, cierta purificación emotiva (kátharsis).

Edipo, Antígona, Medea, nombres resonantes de figuras gloriosas de relatos míticos, en el teatro de Dioniso de la democrática Atenas cobraron un sentido renovado. La mitología provee la materia, pero el dramaturgo da una forma nueva a los arcaicos relatos, al resucitar en escena a los héroes y darles la palabra a ellos, sus anhelos y sus quejas, y no ya como figurones lejanos de la épica. Venían del pasado heroico y épico, de cuando los dioses parecían cercanos y se inmiscuían en asuntos humanos. Ahora en la escena revisten profunda humanidad, impulsados por la pasión y su noble carácter al exceso (hybris) y la perdición. El arrojo magnánimo los lleva al error y a la postre al sufrimiento. Esa es la sabiduría trágica discutida desde los románticos y Nietzsche.

La mitología provee la materia, pero el dramaturgo da una forma nueva a los arcaicos relatos

Hay que destacar la originalidad que los grandes dramaturgos logran imponer sobre los temas heredados. El mito de Edipo era muy conocido y podía entenderse como un ejemplo de una fatalidad cumplida. Nada fatal hay en Sófocles, que da a su drama la estructura de un relato policiaco. En la investigación sobre el antiguo crimen, la muerte oscura del rey Layo en la encrucijada de Delfos, Edipo actúa en diversas funciones: es el investigador, el juez, el verdugo y el asesino. Todo funciona con precisión maquinal para revelar quién es él: bajo la máscara de gran rey sabio aparece su figura de criminal, y su empeño por sacar a luz la verdad lo destruye, y acaba ciego, maldito y desterrado. Víctima de su afán de verdad, ¿quién más noble que Edipo?

En Antígona, Sófocles escenifica el conflicto entre dos leyes: la de la ciudad, defendida por Creonte, y la no escrita de la sangre y el amor familiar, la de Antígona. Un conflicto paradigmático, según Hegel, porque ambos tienen razón, y el agón trágico entre tío y sobrina es inolvidable. En Medea, la princesa bárbara que salvó a Jasón, actúa como una fiera herida —en su amor propio más que por anhelo erótico— al matar a sus hijos para castigar al esposo traidor. Sus razones impresionan tanto como sus manos sangrientas. Al hacerla tan razonable como cruel, Eurípides escandalizó a los atenienses. El teatro humaniza el relato mítico y lo expone así a incesantes y modernas relecturas.

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es catedrático de Griego de la Universidad Complutense. Premio Nacional de Traducción, sus últimos libros son Sirenas (Turner) y El mito de Orfeo (Siglo XXI).

De Antígona al juez Garzón

Por Aurora Luque

¿Que si tiene vigencia la tragedia griega? Si consideramos candentes asuntos como la desesperación de los refugiados que se arrojan al mar, el destino de las víctimas civiles de un conflicto, la protesta ante la sepultura indigna dada a los vencidos, la soberbia ciega de los muy poderosos que les distancia de las sociedades que gobiernan o la búsqueda de una justicia civil racional frente a ajustes de cuentas tribales, entonces seguiremos hallando en las viejas tragedias de Atenas un enorme caudal de estímulos para la reflexión cívica, ética y política. Las suplicantes de Esquilo huyen en barco (“una casa cosida con cordajes”) de un matrimonio indeseado y piden asilo en Argos; la asamblea decidirá sobre la acogida. Son las primeras refugiadas políticas. En Las troyanas (Guernica de su siglo), el pacifista Eurípides pintó el horror de todas las guerras en ese hijo de Héctor arrojado de los muros de una Troya humeante. Hace bien poco asistíamos a reclamaciones semejantes a la de Antígona: los fusilados de la Guerra Civil merecen, como Polinices, un enterramiento justo, una memoria; el juez Garzón, como la heroína de Sófocles, perdió el agón, de momento. La hybris del presidente Aznar en las Azores ya nos la habían contado tanto Eurípides en su Ifigenia en Áulide, con la historia del caudillo Agamenón, que sacrificó lo más valioso a cambio de triunfar en sus expediciones, como Esquilo en Los persas, con la derrota del sobrado y altanero Jerjes. En Las Euménides asistimos a la fundación de un tribunal civil en Atenas para resolver los delitos de sangre que envenenaban a familias durante generaciones. Y en Los persas se relata la invención del amor a la libertad: no es pequeño argumento para los europeos venideros.

La hybris del presidente Aznar en las Azores ya nos la habían contado tanto Eurípides como Esquilo

Los trágicos hicieron desfilar a hombres y mujeres al borde de precipicios de dolor y desgracia, bajo las tempestades del destino: los dioses los hacían caer y el poeta canta, a pesar de todo, que “nada existe más maravilloso que el ser humano”. Y estos cantos se entonaron sin hablar en necio a los necios para darles gusto, mezclando la poesía más volcánica con el diálogo más vivo y con la reflexión ponderada del coro de la colectividad, en aquella ciudad en la que andaba inventándose la filosofía por las calles como conversación y búsqueda exigente.

A lo largo del siglo, la escena ática se pobló de mujeres intrépidas: junto a Antígona, coherente y solitaria, subieron la airada Clitemnestra y la despechada Deyanira; Hécuba, reina dignísima y mater dolorosa; Casandra penetrante, Ifigenia manipulada y Helena manipuladora; Medea, colaboradora del héroe y luego loba herida que argumenta contra Sócrates, y Fedra, que batalla contra un fiero enemigo interior, su pasión amorosa. La tragedia nos sirve conflictos de amor y poder: lo personal y lo político intrincados en la escena, mujeres en los palacios abiertos a la plaza, en los nudos de la vida de la polis (de los tratados de los historiadores quedarán casi ausentes). Otro motivo refrescante para asomarse de nuevo a aquellos palcos. Y una última lección, ésta para ministros: el Estado costeaba, con dinero público, los certámenes teatrales. Aquellos griegos eran serios. Sabían lo que hacían: cuidaron en vida a sus tres Shakespeares.

Aurora Luque (Almería, 1962) es poeta y traductora de griego. Personal & político es su último libro.

2 mayo 2015 at 9:10 am Deja un comentario

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