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Hallan en Jerusalén restos de artillería de la Primera Guerra Judeo-Romana

“Es un testimonio fascinante del intenso bombardeo que realizó el ejército romano, dirigido por Tito, con la intención de conquistar la ciudad y destruir el Segundo Templo”, según los arqueólogos

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Proyectiles esféricos hallados durante las excavaciones en el Complejo Ruso de Jerusalén, uno de los barrios más antiguos del centro de Jerusalén, donde se proyecta construir el nuevo campus de la Academia Bezalel de Artes y Diseño. Foto: Yoli Shwartz, courtesy of the Israel Antiquities Authority

Fuente: Alec Forssmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
20 de octubre de 2016

La Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) ha hallado indicios irrefutables del sitio y conquista de Jerusalén por parte del ejército romano durante la Primera Guerra Judeo-Romana, ocurrida entre el 66 y el 73 d.C., unos setenta años después de la muerte de Herodes el Grande. Los arqueólogos han descubierto numerosos proyectiles de piedra que fueron arrojados con hondas o con balistas, una punta de lanza y otras piezas de artillería romana que se utilizaron para quebrantar la Tercera Muralla de Jerusalén, según ha informado hoy la IAA.

“Es un testimonio fascinante del intenso bombardeo que realizó el ejército romano, dirigido por Tito, con la intención de conquistar la ciudad y destruir el Segundo Templo”, expresan Rina Avner y Kfir Arbib, directores de la excavación. “El objetivo del bombardeo era atacar a los centinelas que custodiaban el muro para brindar refugio a las fuerzas romanas de modo que pudieran desbaratar las defensas de la ciudad con arietes“, añaden los arqueólogos.

Las piezas de artillería romana fueron utilizadas para quebrantar la Tercera Muralla de Jerusalén

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Junto a los proyectiles se han hallado los restos de una torre de vigilancia que formaba parte de la muralla de la ciudad. Foto: Yoli Shwartz, courtesy of the Israel Antiquities Authority

El historiador Flavio Josefo vivió en Jerusalén en el año 66 d.C., cuando estalló la Gran Revuelta Judía, la primera gran rebelión de los judíos de Judea contra el Imperio romano, tras la creación de la provincia romana de Judea en el año 6 d.C. Según Josefo, la Tercera Muralla fue erigida para proteger Beit Zeita, el nuevo barrio que se desarrolló fuera de los límites de la ciudad, al norte de las dos murallas ya existentes. Agripa I, nieto de Herodes el Grande y rey de los judíos entre el 41 y el 44 d.C., comenzó la construcción de la muralla, pero finalmente la suspendió para no desencadenar la ira del emperador Claudio y para que no dudara de su lealtad. La construcción de la Tercera Muralla fue retomada unas dos décadas después por los defensores de Jerusalén, que preparaban su rebelión contra Roma.

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Punta de flecha de la batalla contra el ejército de Tito. Foto: Clara Amit, courtesy of the Israel Antiquities Authority

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Las piedras eran arrojadas a modo de proyectiles con hondas o balistas, una especie de catapultas. Foto: Yoli Shwartz, courtesy of the Israel Antiquities Authority

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Vasija de 2.000 años de antigüedad hallada en el campo de batalla. Foto: Yoli Shwartz, courtesy of the Israel Antiquities Authority

 

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20 octubre 2016 at 2:44 pm Deja un comentario

Sorpresa en el Coliseo: Sale a la luz el antiguo pavimento de Vespasiano

Es de mármol travertino y estuvo enterrado 20 siglos bajo más de medio metro de tierra. Lo mostrarán al público

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Fuente: ANSA  |  Clarín      03/03/2016
Fotos: Il Messaggero

El piso original exterior del Coliseo de Roma, compuesto de lastras de mármol travertino, enterradas desde hace 20 siglos bajo 60 centímetros de polvo y tierra, acaban de salir a la luz y serán mantenidas a la vista del público.

El descubrimiento es sólo el último ocurrido en los tres años de excavaciones y restauraciones que están remozando el monumento antiguo más visitado de Italia. Por ahora, se descubrieron una treintena de metros que rodean en forma circular el perímetro del Anfiteatro Flavio, verdadero nombre del Coliseo, y que unía las diversas entradas y salidas del monumento, apropiadamente llamadas vomitorios.

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El descubrimiento fue una sorpresa también para los expertos, que ignoraban su existencia. Todo empezó con un violento temporal con lluvias torrenciales que inundaron en octubre del 2011 los hipogeos y los ambulacros del Coliseo, cámaras y corredores subterráneos reservados a gladiadores, fieras y personal técnico de los espectáculos, y que hoy están a la vista de los visitantes.

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Esto provocó el estallido del gran sumidero construido en el siglo XIX para reunir el agua de lluvia y conducirla a la Cloaca Máxima que corre en las cercanías. Llamados a repararlo, los expertos decidieron primero hacer una campaña investigativa en busca de restos enterrados. Así surgieron las primeras lastras de mármol que, en sucesivas excavaciones, formaron el núcleo que desde hoy estará a la vista del público que llena continuamente el edificio, mandado a construir por el emperador Vespasiano e inaugurado por su hijo y heredero al trono Tito en el siglo I de la era cristiana.

El próximo paso será levantar el adoquinado que se extiende en buena parte del derredor del monumento porque los expertos están convencidos que debajo los esperan más de una sorpresa.

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3 marzo 2016 at 10:34 pm 3 comentarios

El verdadero color del Coliseo

Restauradas totalmente cinco arcadas: se cumple así una etapa en el ambicioso plan de recuperar su aspecto

TRABAJOS DE RESTAURACIÓN DEL COLISEO ROMANO

Los trabajos efectuados ya afectan a 2.100 metros cuadrados de un total de 22.000. Se deben reparar 80 arcadas

Vuelve el nuevo Coliseo, el monumento símbolo de Roma y de Italia. Las primeras cinco arcadas del célebre Anfiteatro Flavio han sido restituidas a su antiguo esplendor. Al desmontarse los andamios, se ha cerrado así la primera fase del proyecto de restauración del monumento, iniciada en octubre pasado, gracias al patrocinio del empresario Diego Della Valle, propietario de Tod’s, marca de lujo en calzado y moda, que pagó 25 millones de euros, a cambio de mantener durante 15 años la exclusiva de la imagen del Coliseo.

Las cinco arcadas han renacido gracias a la limpieza que se ha hecho utilizando únicamente agua pulverizada a temperatura ambiente, sin añadirle disolventes. Es decir, en esta restauración de piedras milenarias no se han utilizado los chorros de arena, instrumentos más potentes y adecuados en otros casos. Aquí solo se empleó con gran precaución el agua pulverizada para disolver las impurezas acumuladas por años y años de contaminación atmosférica. Se han eliminado por completo las capas negras. De esta forma, las cinco arcadas aparecen con nueva luz y color. El monumento resplandece con los colores naturales que tenía hace siglos: desde el amarillo al ocre, pasando por el marfil o miel. «Hoy es la primera vez, después de muchos años de palabras, que podemos ver algo concreto. La primera parte del monumento la vemos finalmente restaurada», manifestó el empresario Diego Della Valle, al visitar los trabajos de restauración en compañía de los responsables de bienes arqueológicos de Roma.

Centro de servicios

El emperador Vespasiano comenzó la construcción del Coliseo en el año 72 d. C., y fue el emperador Tito el que lo inauguró ocho años después, con cien días dedicados a juegos, en los que se mataron más de 5.000 animales. Ahora se ha cumplido una etapa muy importante en el ambicioso proyecto de recuperar el aspecto que tenía tras su edificación el Anfiteatro Flavio, así llamado porque fueron emperadores de la dinastía Flavia quienes lo construyeron. Pero solo en marzo de 2016 será completada la tarea. Los trabajos efectuados ya afectan a 2.100 metros cuadrados, de un total de 22.000. Tarea queda, porque son 80 las arcadas que se deben reparar. Además, habrá también intervenciones de recuperación en los subterráneos y se construirá un centro de servicios. Un cierto retraso se ha producido en la restauración, a causa de los recursos planteados en los tribunales con objeciones sobre el patrocinio de Tod’s. La culpa la ha tenido la falta de una clara ley sobre patrocinios, cosa que ahora parece despejarse.

Della Valle considera que ha comenzado un cambio significativo para el patrocinio de la cultura en Italia. Entusiasta ante el retorno del nuevo Coliseo, Della Valle hace un llamamiento a otros empresarios: «Personalmente les pediré que introduzcan en los presupuestos de sus empresas recursos para ayudar a nuestro patrimonio». Y sin pelos en la lengua, el dueño de Tod’s dice que es una «vergüenza» el abandono y olvido que ha rodeado a monumentos símbolo del patrimonio italiano que todo el mundo desearía tener: «Pienso en Pompeya, en Caserta, en Venecia y en muchos monumentos de Roma. ¡Qué vergüenza! ¿Por qué estos lugares y monumentos no se arreglan?», se pregunta Della Valle. Obviamente, en la mente del empresario no hay solo monumentos, sino un plano industrial para Italia en el que el turismo sea un capítulo fundamental: «Los bienes culturales de Italia representan un patrimonio de belleza que no tiene ningún otro país. Valorizarlos y situarlos en su esplendor permitirá atraer cada día más turistas a nuestro país y, en consecuencia, crear empresas y empleo, sobre todo entre los jóvenes. Esto no debe ser un sueño, sino una realidad. Basta con quererlo realmente y ponerse a hacerlo de inmediato».

La restauración del Anfiteatro Flavio se completará con la constitución de la Asociación Amigos del Coliseo, un ente benéfico para acoger en el monumento a quienes deseen visitarlo y tengan alguna dificultad, como a escolares, ancianos o discapacitados.

Italia luce ya los resultados de un gran mecenazgo

«Es hora de invertir en el patrimonio cultural italiano», ha dicho el ministro de Bienes Culturales, entusiasmado con la ley que acaba de aprobar el Parlamento. A partir de ahora se podrán deducir el 65% de las donaciones que se hagan para restaurar bienes culturales públicos, las bibliotecas y los archivos, y las inversiones en teatros públicos, además de las aportaciones a fundaciones lírico-sinfónicas.

Un primer paso muy importante en este terreno se ha dado en el Coliseo, como ha subrayado el empresario Diego Della Valle, propietario de la marca de moda y calzado Tod’s, quien al visitar ayer la restauración del Anfiteatro Flavio manifestó: «Este es el inicio de una importante primavera para nuestro país. Creo que la operación Coliseo ha abierto un camino también desde el punto de vista legal. Todos los que deseen invertir para sostener el gran patrimonio cultural italiano pueden hacerlo a partir de ahora con más facilidad». Actualmente se está restaurando la Fontana di Trevi (Roma), que ha encontrado la financiación de la casa de moda Fendi, que aportó un total de 2.180.000 euros.

La fachada del Palacio de España en Roma, sede de la embajada de nuestro país ante la Santa Sede, fue restaurada con el patrocinio de Amancio Ortega, presidente de Inditex. El coste fue de un millón y medio de euros.

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ | ABC

1 agosto 2014 at 8:40 am Deja un comentario

Los Flavios, Vespasiano y Ourense

José María Eguileta Franco * | FARO DE VIGO

La Historia está repleta de personajes universalmente reconocidos que, de un modo u otro, han incidido decisivamente en el destino de la humanidad. En su inmensa mayoría, jamás han visitado nuestra ciudad. De hecho, pocos han pasado por aquí, o no tenemos constancia de ello. Dudo, incluso, que muchas de esas celebridades supieran de la existencia de Ourense. Pero en no pocos casos sus obras o legados fueron cruciales para el devenir de esta capital de la Galicia interior. Porque ella y su territorio formaron parte, en alguna ocasión, de planes trazados en otros lugares, a veces muy lejanos, pero con consecuencias que dejaron profundas huellas en su morfología y en sus habitantes.

Bien es cierto que solemos desligar los grandes hechos históricos -los que suelen aparecer en los libros de Historia Universal- de los lugares próximos, donde vivimos habitualmente. Quizá porque los convertimos en algo cotidiano y, en ocasiones, monótono. Puede ser por ello que, cuando queremos experimentar alguna sensación relacionada con la “gran Historia”, buscamos referencias paradigmáticas que acostumbramos a realizar en momentos de ocio. Me refiero a visitas complementarias de viajes, habitualmente vacacionales, que hacemos a las pirámides de Egipto, a Petra, a Roma o a los conjuntos arqueológicos centroamericanos.

Nuestra ciudad, no obstante, también está relacionada con la Historia Universal. Puede que hayan permanecido o no en el tiempo unas ruinas más o menos espectaculares, pero sin duda su origen y evolución responde tanto a la acción de sus habitantes como a las decisiones tomadas, como antes decíamos, por aquellos grandes personajes históricos, aunque creemos que en este caso seguramente pesó más la segunda posibilidad. Veamos algún ejemplo concreto en la figura de un emperador romano, Vespasiano, cuya obra fue decisiva para Ourense.

Más, antes, quisiéramos que tuviesen en cuenta una cuestión importante. Esta ciudad no existía antes de la conquista romana. Pudo haber en este mismo solar, lugares frecuentados durante la Prehistoria por diversos grupos humanos, desde un lejanísimo Paleolítico que podemos remontar etapas que superan los 300.000 años. Quizá más. Podemos también dar por cierto que, hace más de 2.000 años, los antiguos galaicos que habitaron los castros de este característico valle, la “depresión ourensana” frecuentasen habitualmente las fuentes de As Burgas. Con toda certeza fueron bien conocidas para los habitantes de los castros de Oira, Santomé y otros de las proximidades. No en vano las ofrendas más antiguas que conocemos, realizadas en época romana y por personajes totalmente romanizados tienen como destinatario, sin embargo, a un dios indígena indoeuropeo, que ya moraba en las aguas termales antes de la incorporación de estas tierras al imperio. Como ya habrán adivinado, me estoy refiriendo a Revve Anabaraego.

De este modo, la ciudad de Ourense no se originará hasta bien consolidada la conquista romana. De hecho, las excavaciones arqueológicas realizadas hasta ahora no parecen remontar el primer asentamiento estable más allá de la segunda mitad del siglo I d.C. Así se deduce de los hallazgos realizados en puntos tan distantes entre sí como el solar de los actuales Museo Arqueológico Provincial-Praza da Madalena, O Posío, del Instituto Otero Pedrayo (O Pompeo) y, cómo no, de As Burgas.

Esta valoración no impide que existan otros materiales arqueológicos con mayor antigüedad pero, mientras no profundicemos más en los estudios, las primeras fechas para un asentamiento estable no remontarían el momento antes indicado, seguramente en un contexto vinculado con la acción de los emperadores de la Dinastía Flavia. De ser así, como hasta ahora parece ser, contamos con nombres propios de la Historia Universal fuertemente vinculados con el nacimiento de Ourense. Nos referimos a Vespasiano, Tito y Domiciano.

Estos emperadores flavios fueron cruciales para los actuales territorio y ciudad ourensanos, como antes lo había sido Augusto para las de Lugo (Lucus Augusta) y Braga (Bracara Augusta), algo más de medio siglo antes. Los que ahora tratamos, potencian ciudades como Chaves (Iria Flavia) en territorio bracarense, Iria (Iria Flavia), cerca de Padrón, Flavium Brigantium y Flavia Lambris en el convento lucense.

Intensas reformas

No en vano Vespasiano, que gobernó entre el los años 69 y 78 dC., acometió intensas reformas administrativas para paliar los desajustes causados durante los últimos años de la dinastía Julio-Claudia, especialmente con Nerón.

Con los Flavios se construyó la Vía XVIII (o Vía Nova del Itinerario de Antonino) entre Asturica Augusta (Astorga) y Bracara atravesando la actual provincia ourensana por las tierras del Limia, la depresión de Maceda y del valle del Sil, lo que contribuyó a profundizar en la romanización de estas tierras interiores. Posiblemente de esta reorganización territorial a la que contribuyó esa vía de comunicación tan importante, la XVIII, debemos indirectamente el origen de Ourense. De la misma calzada, no lejos de Aquis Querquennis, partía un ramal secundario que a través del puente romano llamado Ponte Freixo, que salvaba el río Arnoia entre Celanova y Cartelle, llegaba hasta la Depresión Ourensana, importantísimo nudo de comunicaciones. Aquí se atravesaba el Miño, con un puente, con un vado, o con ambos a la vez, para dar continuidad a nuevos caminos en dirección a Lucus, Brigantium, Dactonium, Tude y otras ciudades de la Gallaecia romana.

Pero existían por estos pagos otros atractivos para que en el lugar se edificase un núcleo más importante que un mero puesto de control de paso sobre el río Miño. Cerca de su orilla encontraron una zona que reunía unas condiciones excelentes. Se trataba de un entorno abrigado por las laderas del Monte Alegre, donde el sol daba casi desde el amanecer hasta su ocaso, rodeado de un valle feraz y de cómodo acceso. No estaba afectado por las crecidas del Miño y tenía unos manantiales termales con abundantísimo caudal que, además, eran milagrosas, sagradas. Y no era para menos. En ellas moraba desde tiempos inmemoriales el dios Revve Anabaraego, cuyos poderes sanadores eran conocidos en sitios muy lejanos.

Además, el lugar que reunía tan buenas condiciones, se encontraba a menos de una milla romana del puente. Tan sólo unos 1.200 metros separan las fuentes termales de A Ponte Vella. Los límites del primer establecimiento se situarían, aproximadamente, entre O Posío, A Madalena y As Burgas. Estos enclaves, junto con O Pompeo y el entorno del Museo Arqueológico, representan el nacimiento de Ourense, por lo menos hasta que las excavaciones no nos proporciones nuevos datos que maticen o refuten los que ahora tenemos.

Y todo parece indicar que el nacimiento se inicia en tiempos del emperador Vespasiano, Titus Flavius Vespasianus, que en el año 69 dC. sucede a Nerón tras el convulso “Año de los Cuatro Emperadores”.

La importancia de este excelente militar radica en su obra como emperador. Concedió la ciudadanía a numerosas ciudades hispanas por medio del Ius Latii o “derecho latino”. Este hecho, aunque todavía es objeto de discusión historiográfica, parece que además de mejorar el sistema tributario y ganarse el favor de las provincias suroccidentales del imperio, contribuyó a promocionar a determinadas élites indígenas a la magistratura romana.

Como curiosidad, y para situarnos en contexto, recordemos que mientras Ourense estaba naciendo, Vespasiano iniciaba la reconstrucción de Roma, afectada tras el incendio que tuvo lugar bajo el mandato de Nerón, también comenzaba la edificación del Anfiteatro Flavio, conocido como el “Coliseo” -aunque muchos prefieren llamarlo Coloseo, por la estatua monumental de Nerón que se erguía en las proximidades-, edificaba el templo del Capitolio o, como no, el Foro de Vespasiano con su Templo de la Paz, construido para albergar los trofeos obtenidos tras la toma de Jerusalén, entre ellos, la Menorah (candelabro de siete brazos) o las trompas rituales del templo de la ciudad sagrada judía.

Vespasiano falleció un 24 de junio del año 79 d.C. como consecuencia de una enfermedad, y no asesinado, como muchos de sus predecesores. Permítanme para finalizar un par de anécdotas indicativas de su carácter irónico y tenaz. Unos instantes antes de expirar exclamó “¡Vaya, creo que me estoy convirtiendo en dios!”. Inmediatamente, muy debilitado por la enfermedad, pidió que le ayudasen a permanecer erguido ante su hora final porque “Un emperador debe morir de pie”.

Como vimos, aparentemente nada relaciona a Titus Flavius Vespasianus con la urbe ourensana, pero su origen está fuertemente ligado a la reorganización del territorio promovida por la dinastía iniciada con su mandato, contexto en el que nació la ciudad de Ourense.

* Arqueólogo municipal de Ourense

22 junio 2014 at 10:04 am 1 comentario

Una investigación cree que el Templo Romano de Córdoba se erigió a los emperadores Vespasiano y Tito

El profesor de la UCO Ángel Ventura data su construcción en el año 85 y presentó su hipótesis en unas jornadas en honor a Antonio García y Bellido

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El profesor de la UCO Ángel Ventura Villanueva expuso ayer los resultados de su investigación, aún en fase de hipótesis, acerca de los orígenes del Templo Romano de la calle Claudio Marcelo. Durante la charla, aseguró que el complejo se levantó dedicado a nuevos dioses, y éstos no eran otros que los emperadores deificados de la dinastía Flavia, Vespasiano y Tito, y también al que estaba reinando en el momento de su construcción, Domiciano, hijo y hermano de los dos anteriores. La conferencia tuvo lugar durante las jornadas que se celebraron ayer como consecuencia del homenaje que se prestó al arqueólogo Antonio García y Bellido, fallecido en 1972 y que trabajó en algunos de los yacimientos más importantes de España.

Durante su investigación, el profesor Ventura dijo haberle puesta fecha a la inauguración del templo cordobés: el año 85 después de Cristo, cuestión a la que el propio García y Bellido —a quien se debe la imagen actual del monumento en Claudio Marcelo, a raíz del boceto que elaboró y que se encuentra en el Museo Arqueológico— se había aproximado sobremanera. En su época, «hace de esto unos 50 años, él había calculado que el templo se había construido en el último tercio del siglo I, es decir, entre el año 60 y el año 100», puntualizó el investigador.

Es más, también se ha podido desvelar quién fue el encargado de la gestión de las obras, aunque no su nombre. «Fue el primer sacerdote de culto a los emperadores de la Bética, cuyo cargo era el de ‘flamen augustalis in Baetica primus’», abundó el profesor.

¿Y cómo se ha podido averiguar todo esto? Pues a través de una placa de 60 centímetros de altura y 85 de ancho localizada en Puerta Gallegos y que se guardaba en los fondos del Museo Arqueológico —en el Silo—, «que encajaría muy bien con el friso que estaría ubicado en el Templo Romano» y que únicamente tenía unas letras de algo más de 20 centímetros de altura con la palabra «caesar», dijo.

El profesor Ventura había estudiado junto a su maestro, el epigrafista alemán Armin U. Stylow, todas las inscripciones de un tipo determinado que se elaboraban con letras de bronce dorado llamadas «litterae aureae», que era la técnica más lujosa del mundo antiguo para templos y otras obras monumentales públicas como los acueductos.

Precisamente, en el marco de esa investigación («Las inscripciones con litterae aureae en la Hispania Ulterior (Baetica et Lusitania): aspectos técnicos») se topó con esa placa, que formaría parte de un conjunto mayor de entre seis y siete metros de largo para el Templo Romano, y en la que también se habla del sacerdote. El problema es que la inscripción está partida y su nombre no aparece.

Evidentemente, este descubrimiento, tras tres años de estudios, tendrá que plasmarse en alguna publicación y, aunque habrá que esperar a que aparezcan nuevos elementos que confirmen esta hipótesis «muy plausible y muy probable», tampoco hay a día de hoy ningún dato en contra de ella.

Apuesta del Ayuntamiento

El Templo Romano ha adquirido interés por su reciente rehabilitación y por la apuesta oficial por la Córdoba Romana como consecuencia de distintas actividades institucionales.

Según avanzó a ABC el concejal de Patrimonio, Casco Histórico y Naturaleza, Rafael Jaén, en tres o cuatro meses ha recibido más de 40.000 visitas y va a aprovecharse del próximo Plan Turístico de Grandes Ciudades de la Junta para poner en marcha las dos siguientes fases: la construcción, en primer lugar, de un Centro de Interpretación del Mundo Romano en las dependencias anexas del Consistorio, y la remodelación de las calles Capitulares y el primer tramo de Claudio Marcelo. El objetivo será el de «recrear un poco la antigua plaza en la que estaba el monumento». Para el primer proyecto, «que permitirá al visitante entrar dentro del propio yacimiento», hay previsto un presupuesto de 600.000 euros, mientras que para esa anunciada remodelación se prevén otros 800.000 euros.

En cuanto a actividades en torno al Templo, el próximo sábado habrá un desfile de la Legión Romana Gilena, declarada de Interés Turístico de Andalucía, que saldrá a las 11.00 horas del Mausoleo de la Puerta Gallegos hacia el Templo, donde harán una demostración de lucha romana.

Fuente: J.M. | ABC       27/03/2014

27 marzo 2014 at 6:48 pm Deja un comentario

Domiciano, el déspota del Palatino

Amenazado por pronunciamientos militares y las intrigas de los senadores, Domiciano impuso en Roma un auténtico régimen de terror, pero no pudo impedir que sus más allegados tramaran una conjura y lo asesinaran en su palacio

Artículo de Santiago Posteguillo. Profesor Titular de la Universidad Jaime I de Castellón. Autor de Los asesinos del emperador, Historia National Geographic nº 120

Domiciano

El joven Domiciano recibe a su padre, Vespasiano, a su regreso a Roma como emperador en el año 70 d.C. Palacio de la Cancillería, Roma. GRANGER COLLECTION / AGE FOTOSTOCK

“Al comienzo, el más pequeño derramamiento de sangre le producía horror”, hasta el punto de que pensó en prohibir que se inmolaran bueyes en las ceremonias religiosas. Así de pacífico se mostraba Domiciano en su juventud, antes de suceder en el trono a su padre Vespasiano y a su hermano mayor, Tito. El historiador Suetonio, que recoge la anécdota, cuenta también que en los inicios de su reinado Domiciano se ganó fama de soberano justiciero, tolerante e íntegro, preocupado por la moral pública, pronto a castigar cualquier tipo de infracción de la ley. Por ejemplo, a los que presentaban denuncias falsas por delitos contra el fisco ordenaba castigarlos duramente, mientras decía: «Un príncipe que no castiga a los delatores, los alienta».

Pero el reinado que se inició bajo tan buenos augurios pronto viró hacia un régimen despótico y sanguinario, al menos según lo denunciaron los escritores romanos de su época, como el mismo Suetonio –que le dedicó un capítulo en sus célebres Vidas de los césares–, el también historiador Dión Casio, Plinio el Joven y el poeta Juvenal. El desencadenante de este cambio quizá se encuentre en un episodio ocurrido lejos de Roma, en la frontera militar del Danubio. Allí, los ejércitos del emperador sufrieron graves reveses entre los años 85 y 87, y dos legiones fueron masacradas por los dacios. Esta serie de desastres llevaron a Saturnino, gobernador de la Germania Superior, a alzarse en armas contra Domiciano, poniéndose al frente de dos legiones y estableciendo una alianza con los germanos del norte del Rin. Domiciano logró resolver la difícil situación, pero sólo gracias a un golpe de suerte, pues los germanos que acudían prestos a la batalla en apoyo de Saturnino cayeron al Rin al romperse el hielo de sus congeladas aguas por el peso del ejército bárbaro. Saturnino fue, pues, aniquilado, pero la semilla de la sospecha quedó implantada en la mente de Domiciano para siempre.

Conspiraciones por doquier

A partir de entonces, el emperador fue presa de una enfermiza obsesión por las supuestas conspiraciones en su contra. Para prevenir futuros motines prohibió que se juntaran dos legiones en un campamento y aumentó la paga de los soldados. Pero esto no le bastó. Cualquier crítica, la más lejana sospecha de animadversión hacia su persona era suficiente para que ordenara eliminar al atrevido. Las víctimas se sucedieron con tétrica regularidad. Por ejemplo, el legado Agrícola fue desterrado de Roma después de que reconquistara Britania y anexionara gran parte de Caledonia (Escocia) al Imperio, para morir poco después misteriosamente, como cuenta Tácito, o asesinado por orden de Domiciano, según Dión Casio. Del mismo modo, Manio Acilio Gabrión, cónsul que había adquirido gran popularidad entre los romanos, fue obligado a luchar contra varias fieras en el anfiteatro privado que el emperador se había hecho construir en su villa de Alba Longa. Gabrión sobrevivió, pero falleció unos años después también en misteriosas circunstancias.

En realidad, la extrema susceptibilidad de Domiciano ya se había manifestado antes de la rebelión de Saturnino. Suetonio refiere, por ejemplo, cómo el emperador no dudó en hacer matar al historiador Hermógenes de Tarso por ciertas alusiones en su contra que hizo en un libro de historia, «e incluso crucificó a los copistas que la habían transcrito». Pero tras los hechos del Danubio, sus recelos se volvieron enfermizos y su comportamiento cobró ribetes de auténtico sadismo. Se contaba que para obligar a que los detenidos denunciaran a sus cómplices aplicó «un nuevo tipo de tortura, consistente en quemarles sus partes, llegando incluso a amputar las manos a algunos». Le gustaba jugar con sus víctimas, invitándolas a su palacio y hablándoles en un tono tranquilizador, para luego castigarlas de forma inexorable.

Complejo de persecución

Ordenó asimismo numerosas confiscaciones. Incluso se revolvió contra su propia familia, ordenando la ejecución de sus jóvenes sobrinos nietos para evitar que el Senado, donde se encontraban sus peores enemigos, los utilizara como posibles sucesores. También se mostraba obsesionado por las predicciones astrológicas que parecían anunciar el día de su muerte y el modo en que se produciría. Al final, su comportamiento parecía el de un paranoico y veía conspiradores en todos los rincones de su palacio: «Cada vez más angustiado –escribe Suetonio– hizo revestir de reluciente fengita [una variedad de mineral de silicio con un color plateado y un brillo nacarado] las paredes de los pórticos por los que acostumbraba a pasear para poder observar, mediante las imágenes reflejadas en su brillante superficie, lo que sucedía a sus espaldas».

Algunos historiadores han sugerido que este miedo de Domiciano a los conspiradores, convertido en obsesión, pudo ser un trastorno psicológico, un caso de verdadera locura. Incluso han tratado de buscar una explicación médica para ello. Se ha apuntado como afección el saturnismo, un envenenamiento que podía provocar la demencia y que estaba causado por la ingestión de plomo. Éste podía proceder del agua de las tuberías de las viviendas –aunque algunos estudios recientes muestran que los romanos no bebían más plomo que nosotros hoy día– o bien por el uso de vajillas de bronce cubiertas por una lámina de plomo, o incluso por la moda de echar rayaduras del mismo metal en el vino para endulzarlo. Quizás este abuso de plomo pudo alterar a Domiciano y contribuir a su paranoia.

Crimen en palacio

Cualquiera que fuese la causa, la furia de Domiciano parecía no tener límites. Todos temían por su vida, pues el emperador anotaba cada vez más nombres de sospechosos en la tablilla de tilo que utilizaba al efecto, según Suetonio. Fue en este ambiente de incertidumbre y miedo donde se tramó la conspiración que acabaría con aquel reinado de terror. Sus instigadores fueron tres viejos servidores de palacio: Estéfano, Partenio y Máximo, en connivencia con algunos senadores y, muy posiblemente, con la propia esposa del tirano, Domicia Longina. Su misión no era fácil, pues Domiciano contaba con la fidelidad absoluta de su guardia pretoriana, a la que había triplicado el sueldo, lo que hacía imposible recurrir al soborno, como se hizo en las conjuras que acabaron con la vida de Calígula y Nerón. ¿Qué hacer? ¿A quién recurrir? Suetonio desvela lo que ocurrió: los conjurados contrataron a varios miembros de la escuela de gladiadores.

El mismo Suetonio explica las circunstancias del asesinato de Domiciano, el 18 de septiembre del año 96. Fingiendo que había sufrido un accidente, Estéfano se paseó por palacio durante varios días con el brazo derecho vendado, y fue de esta guisa como se presentó a una audiencia con el emperador, a quien había asegurado que tenía pruebas de una conspiración en su contra. En realidad, dentro de la venda llevaba escondido un puñal. Mientras Domiciano leía el billete con las supuestas pruebas de la conjura, Estéfano se acercó y le clavó la daga en la ingle. El emperador reaccionó y forcejeó con el asaltante, intentando arrebatarle el puñal e incluso sacarle los ojos, pero de inmediato se abalanzaron sobre él los otros conjurados y el grupo de gladiadores, que lo remataron. Nadie acudió en ayuda del césar, pues las puertas de la sala estaban cerradas.

Los únicos que lamentaron la muerte de Domiciano fueron los soldados, que se declararon dispuestos a vengarlo. En cambio, el pueblo se mostró indiferente, mientras que los patricios proclamaron de inmediato su entusiasmo por la desaparición del gobernante que los había tenido en vilo durante quince largos años. El Senado emitió una fulminante damnatio memoriae, el decreto por el que se ordenaba borrar todo rastro del fallecido. Las estatuas de mármol del emperador fueron destruidas, se fundieron las de bronce y se borró la efigie del César maldito de todas las monedas del Imperio. De hecho, se han encontrado monedas con las efigies de Domiciano y de su esposa Domicia Longina en las que sólo se ha borrado la imagen del primero, lo que prueba que la damnatio no se hizo extensiva a la esposa del César maldito. ¿Quizás en reconocimiento a su inestimable ayuda en el complot?.

Para saber más

Los Flavios. F. Javier Lomas Salmonte. Akal, Madrid, 1990.
Vida de los doce Césares. Suetonio. Austral, Madrid, 2007.
Los asesinos del emperador. Santiago Posteguillo. Planeta, Barcelona, 2011.

19 diciembre 2013 at 3:01 pm Deja un comentario

“Creo que me estoy convirtiendo en un dios”

Vespasiano, el fundador de la dinastía flavia, murió hace 1.934 años, ironizando sobre el culto que se le rendía

Vespasiano

Busto del emperador romano Vespasiano (9-79 d.C.) expuesto en el Museo de Cittareale, población en la que nació, cerca de Roma, en una imagen del 11 de agosto de 2009. / FOTO: PIER PAOLO CITO / AP PHOTO / GTRES

El 23 de junio del año 79 d.C., hace ya 1.934 años, pereció, tras diez años de reinado, el emperador romano Vespasiano y ese mismo día le sucedió su hijo mayor, Tito, de acuerdo con la sucesión hereditaria que instauró su padre. La dinastía Flavia fue fundada por el propio Vespasiano y la integraron sus hijos Tito (79-81) y Domiciano (81-96). Durante el mandato de este linaje se reestructuraron las finanzas del imperio, tras el derroche provocado por Nerón, y en Roma floreció uno de sus símbolos eternos, el Coliseo o Anfiteatro Flavio, cuyas obras comenzaron bajo el mandato de Vespasiano y que se convirtió en el anfiteatro más grande jamás construido en el Imperio romano, que sigue en pie casi 2.000 años después. Si bien es cierto que en este período se levantaron grandes construcciones, también sucedieron todo tipo de calamidades: la erupción del Vesubio, el 24 de agosto del 79, dos meses después de la muerte de Vespasiano, que arrasó Pompeya y Herculano; un incendio en Roma en el año 80, catastrófico, aunque menor que el acaecido doce años antes bajo el reinado de Nerón, y una epidemia de peste.

Vespasiano nació en Vicus Phalacrinae, en la actual población de Cittareale, a unos 100 kilómetros al nordeste de Roma, en el año 9 d.C. En 2005, una investigación arqueológica sacó a la luz la villa donde nació el fundador de la dinastía Flavia, además de otras estructuras de diferentes épocas. No se conserva demasiada información sobre el reinado del emperador. Se le ha tachado de hombre avaro y austero, fue blanco de las invectivas de los filósofos, a los que desterró de Roma, aumentó e introdujo nuevos impuestos, por ejemplo el de la recogida de orines en las letrinas públicas, e ironizó sobre el culto imperial que se le rendía. Murió de forma naturale en su villa en las Aquae Cutiliae, unas termas situadas en la actual localidad de Castel Sant’Angelo, cerca de su lugar de nacimiento. Cuando supo que iba a morir dijo con ironía: «Creo que me estoy convirtiendo en un dios».

Fuente: National Geographic

23 junio 2013 at 9:06 am Deja un comentario

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