Posts tagged ‘Tito Livio’

Bailén, en pie de guerra por la batalla de Baecula

El alcalde califica de robo histórico el apoyo de la Diputación a su localización en Santo Tomé

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La batalla de Baecula continúa dos mil años después, ¿dónde situarla? ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC
30 de septiembre de 2016

«La historia no se roba, se demuestra». El alcalde de Bailén, Luis Mariano Camacho, dirige esta frase contra la Diputación de Jaén, organismo que avala la tesis de que la batalla de Baecula no tuvo lugar en el predio bailenense, como apuntaba la tradición, sino en el término de Santo Tomé. Lo que se dirime es el escenario de una lid entre Roma y Cartago cuyo resultado fue determinante para la conquista romana del valle del Guadalquivir.

Bailén, célebre por ser el lugar donde se produjo la primera derrota del ejército de Napoleón en Europa, presumía también de haber sido escenario de la de Baecula. De ahí que el alcalde denuncie el intento de “robo histórico” de la Diputación Provincial de Jaén a Bailén al situar la batalla en Santo Tomé, con la anuencia del PSOE de Bailén y sin la prueba concluyente de un vestigio epigráfico. Hasta tanto no se encuentre, Camacho resalta que Baecula se localiza donde, a partir de los textos de Tito Livio y Polibio, la ha situado el grueso de los historiadores.

Para el regidor resulta inaudito que durante la presentación del documental Tras la huella de Aníbal, tanto el presidente de Diputación, Francisco Reyes, como el alcalde de Linares, Juan Fernández, asumieran como hecho probado la ubicación de Baecula en Santo Tomé, opción apuntalada en el trabajo de campo desarrollado por el centro andaluz de arqueología ibérica de la Universidad de Jaén dirigido por Arturo Ruiz.

Camacho afirma que la hipótesis de este investigador no es compartida por la mayoría de historiadores, para quienes la batalla nunca pudo suceder en el cerro de las Albahacas de Santo Tomé, donde la sitúa Ruíz. Por una serie de razones, entre las que destaca que el escenario dista más de 50 kilómetros de Cástulo (Polibio destacó su proximidad) y, por sus reducidas dimensiones, no podía albergar las tropas de dos ejércitos tan numerosos como los comandados por Asdrubal y Escipión.

El dirigente popular entiende el derecho del pueblo de Santo Tomé a reivindicar la localización en su término, pero pide a las administraciones socialistas igualdad de trato, ya que han concedido subvenciones y ayudas al municipio de la comarca de Cazorla y se las han negado a Bailén. A pesar de esto, afirma que su ciudad tendrá su carta arqueológica en breve, gracias a un convenio firmado con la Universidad de Granada.

 

30 septiembre 2016 at 6:18 pm Deja un comentario

Iliturgi, donde Escipión el Africano vengó a su padre

Restos del letal asedio romano han aparecido en Cerro de la Muela. El asalto acabó con la vida de hombres y niños

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Restos del asedio romano en Cerro de Muela (Jaén) – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC
23 de septiembre de 2016

La historia es un constante ajuste de cuentas. Cuando Escipión el Africano arrasó Iliturgi en el 206 antes de Cristo lo hizo movido por la venganza. Pocos años antes la ciudad había traicionado a su padre Publio y a su tío Cneo, que murieron a manos del ejército cartaginés. Tras descubrir numerosos restos del asedio en el cerro de la Muela un equipo de expertos de la Universidad de Jaén desarrolla un proyecto para documentar arqueológicamente la destrucción del llamado «oppidum» ibérico.

La descripción geográfica que el historiador Tito Livio hace de Iliturgi en su «Historia de Roma desde su Fundación» encaja con el paraje donde realiza sus prospecciones el instituto universitario de arqueología ibérica. Además, las armas descubiertas a flor de tierra aclaran que en esta zona, situada en el término municipal de Mengíbar, tuvo lugar un impresionante asedio.

El equipo trata de determinar ahora si las tropas romanas hostigaron a una guarnición de gran importancia o a una ciudad ibérica defendida por cartagineses. Dadas las características de los hallazgos, el director del proyecto, Juan Pedro Bellón, se inclina por la segunda opción.

Combate feroz

Las piezas de plomo lanzadas con ondas, las puntas de flechas y jabalinas, las hojas de lanza y las tachuelas del calzado de los soldados romanos que jalonan Cerro Muela son las pruebas que certifican que en este espacio no tuvo lugar una escaramuza, sino un feroz asedio. Tito Livio cuenta que Escipión no tuvo piedad de los iliturgitanos.

Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad. El botín no entraba en sus planes. Se limitaron a asesinar a los hombres, armados o indefensos, que poblaban la ciudad fortificada. También a los niños. Tras la matanza, el general ordenó prender fuego a las casas y dirigió sus tropas, para saldar cuentas pendientes, hacia Cástulo, que se rindió sin presentar batalla.

Escipión quería borrar de la memoria a Iliturgi. Y lo habría conseguido de no ser por el relato de Tito Livio. También ayuda a mantenerla viva el trabajo de campo desarrollado por el equipo de este proyecto, financiado por la Junta de Andalucía, que determinará previsiblemente la ubicación del asedio de la ciudad ibérica.

«Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad»

La romana, con el mismo nombre, está ubicada a un kilómetro de cerro de la Muela, en cerro Maquiz, en el que se superponen las acrópolis, ya que se han descubiertos vestigios de una población del siglo V antes de Cristo.

Iliturgi tenía una gran importancia estratégica en la antigüedad. Radicada en la confluencia de tres ríos (Guadalquivir, Guadalimar y Guadalbullón), era la puerta de entrada hacia el valle del primero, y también paso obligado de las migraciones bélicas que se dirigían hacia la zona oriental mediterránea. De ahí la pugna de romanos y cartagineses por hacerse con el control de la ciudad, que paso de unas manos a otras hasta que Escipión acabó con ella.

Primer asedio

La relevancia del hallazgo radica en que por primera vez se documentará arqueológicamente el asedio del ejército de Roma a una ciudad cartaginesa en el marco de la segunda guerra púnica. Así, el asedio romano a Sagunto se sustenta en la literatura histórica, pero no se ha esclarecido sobre el terreno. «No porque no sucediera, por supuesto, sino porque no contamos con evidencias arqueológicas al respecto», aclara Bellón.

«El deseo de venganza de los romanos se trasladó hasta el final de las Guerras Púnicas»

Por fortuna, en cerro de la Muela, en lugar de viviendas hay olivares, lo que facilita los trabajos previos a la excavación, que debe de autorizar la Junta de Andalucía. Hasta el momento sólo se han llevado a cabo prospecciones superficiales en el terreno, del que, además de las armas, han surgido varias monedas cartaginesas y otra romana de gran rareza en la Península.

El instituto arqueológico, que prevé comenzar a excavar cerro Muela durante el primer trimestre de 2017, confía en encontrar en el subsuelo numerosas huellas y también los restos de las víctimas de la matanza. La rabia y el deseo de venganza de los romanos se trasladaron hasta el final de las Guerras Púnicas, cuando Cartago fue destruida y arrasada.

El general que derrotó a Aníbal

Desde muy joven: Luchó contra los cartagineses de Aníbal que habían invadido Italia en Tesino en 218 a. C., cuando tenía 18 años. Allí rescató a su padre herido.

Coraje en la derrota: En Cannas, Aníbal infligió a Roma la mayor derrota de la historia (entre 50.000 y 70.000 romanos muertos). Escipión estaba allí, con 20 años, en 216 a. C. Se sobrepuso con coraje.

Muerte familiar: Después de Cannas, el hermano de Aníbal, Asdrúbal, aniquiló el ejército romano en Hispania. Mueren su padre y su tío, tras la traición de varias ciudades, como Iliturgi.

Casi procónsul a los 24: Roma vive sus horas más bajas, nadie se atreve a pedir el mando de la revancha en Hispania. Escipción se ofrece aunque no tenía la edad. Al final le envían como general.

Toma Cartagena: Escipión decide dar un golpe decisivo y lanza su ejército contra la capital púnica en Hispania, la actual Cartagena, una audacia y logro logístico que devolvió la moral a Roma.

Victoria: La II Guerra Púnica se alarga hasta la victoria de Escipión sobre Aníbal en Zama en 201 a. C. Allí se decidió el declive de Carthago y la hegemonía de Roma, ya casi imperial.

 

23 septiembre 2016 at 12:26 pm Deja un comentario

Roma: Salen a la luz en el Foro Romano los restos de la domus de Escipión el Africano

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Fuente: Laura Larcan  |  Il Messaggero
16 de junio de 2016

¿Y si la arqueología ofreciera las pruebas científicas a las palabras del historiador Tito Livio? ¿Y si el corazón del Foro Romano custodiase realmente los restos de la casa del famoso Escipión el Africano, el general romano que venció a Aníbal y a los cartagineses? Un bello desafío para los investigadores en estos momentos. Especialmente para la arqueóloga de la Superintendencia Patrizia Fortini, que está coordinando el equipo de investigación de la Sapienza dirigido por Stella Falzoni y Marco Galli. Porque, en el subsuelo de la majestuosa Basílica Julia, los arqueólogos han identificado ahora los restos de una rica domus, dotada de un gran atrio embellecido con un impluvium destinado a recoger el agua de lluvia. Estructuras datables exactamente en el siglo III-II a.C. La sugerencia es fuerte. Fue Tito Livio quien popularizó el aura legendaria del lugar donde fue erigida la basílica (el más grande tribunal de Roma), construida sobre las ambiciones de ilustres políticos. Primero el proyecto de construcción en el 169 a.C. obra del censor Tiberio Graco, cuando vio la luz la Basílica Sempronia, y luego el nuevo edificio judicial construido por Julio César en el 54 a.C. (a quien debe su nombre). “Los restos de esta domus representan una extraordinaria confirmación de lo que sabemos gracias al historiador Tito Livio, quien recordaba la presencia de una rica casa de la aristocracia romana justo en el lugar donde se construirá la Basílica Sempronia: de hecho, Tito Livio cuenta que el propio censor Sempronio Graco, para construir el edificio del 169 a.C., tuvo que comprar la casa del famoso Publio Cornelio Escipión el Africano”. Falzoni y Galli están convencidos de esto, aunque con la cautela propia de esta primera fase de la investigación. Los resultados han sido presentados en la propia universidad con motivo del curso Pitture frammentarie di età romana da Roma e dal Lazio.

TITO LIVIO Y CICERÓN

Todo comenzó a partir del proyecto de estudio de la documentación de las excavaciones sistemáticas que fueron llevadas a cabo desde 1960 hasta 1964 por la arqueóloga Laura Fabbrini (sin olvidar las investigaciones históricas de Giacomo Boni a principios del siglo XX). Nuevas excavaciones y materiales de archivo, por tanto, están reescribiendo la historia del sitio. “Los resultados de la primera fase de la investigación parecen confirmar las informaciones proporcionadas por los autores antiguos, especialmente por Tito Livio y Cicerón”, dice Galli. “De la documentación de la excavación se han reconocido los restos de una domus, de la cual es posible reconocer una parte del atrio con un impluvio -continúa Falzoni. El estudio de la cerámica con relación a los niveles de la fundación de la casa parece conducir a una datación entre finales del siglo III y principios del siglo II a.C”. Para convencer a los arqueólogos están los propios fragmentos de pintura encontrados: lujosos falsos mármoles polícromos que evocan el perfecto estilo de época republicana.

 

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18 junio 2016 at 11:22 am 1 comentario

¿Por qué no atacó los muros de Roma Aníbal Barca, el genio destructor?

«Hannibal ad portas». Los romanos tampoco entendieron el motivo por el qué no intentó destruir la ciudad y perpetuaron la imagen de un Aníbal a las puertas de la ciudad acobardado por el poder romano

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Aníbal representado sobre su elefante durante su travesía por los Alpes – Wikimedia

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
17 de junio de 2016

A modo de mito fundacional, la tradición romana cuenta que Aníbal Barca, el genio de la guerra procedente de Cartago, se sintió intimidado frente a los muros de Roma y prefirió retirarse sin acabar con su presa. Nada más lejos de la realidad; si alguien tenía terror en ese momento eran los romanos, a los que solo les quedaba rezar por su suerte. ¿Por qué, entonces, el cartaginés no aprovechó para destruir Roma y evitar así que fuera su civilización la que años después fuera asolada?

Juró a los 11 años que nunca sería amigo de Roma y emplearía «el fuego y el hierro para romper el destino» de esta ciudad

Hijo del general Amílcar Barca y de su mujer ibérica, Aníbal se crió en el ambiente helenístico propio de Cartago, una vieja colonia fenicia que había evolucionado hasta convertirse en un potente imperio con presencia en la Península Ibérica. Se sabe que aprendió de un preceptor espartano, llamado Sosilos, las letras griegas, y que juró a los 11 años que nunca sería amigo de Roma y emplearía «el fuego y el hierro para romper el destino» de esta ciudad.

Siendo adulto, Aníbal Barca dirigió un ejército cartaginés contra la República de Roma tras cruzar los Alpes en noviembre del año 218 a.C. El general cartaginés partió con un ejército compuesto por 90.000 soldados de infantería, 12.000 jinetes y 37 elefantes, que fue incrementándose al principio del camino con tropas celtas y galas. No en vano, atravesar los Alpes en pleno invierno rebajó el ejército a solo 20.000 infantes, 6.000 jinetes y un elefante. Aníbal, además, perdió su ojo derecho a causa de una infección durante el dificultoso trayecto.

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Aníbal y sus hombres cruzan los Alpes- Wikimedia

A pesar de sus pérdidas, el genio de Aníbal le sirvió para rehacerse y acumular varias victorias. Como señala Adrian Goldsworthy en su libro «Grandes generales del ejército romano» (Ariel), «era uno de los comandantes más capaces de la Antigüedad y comandaba un ejército superior en todos los aspectos a las inexpertas legiones romanas». Así emboscó a uno de los cónsules, Flaminio, que pereció junto a 15.000 hombres, y obligó a la República a recurrir a dos veteranos, Fabio Máximo y Marco Claudio Marcelo, que ni siquiera estaban en edad de disponer de mando directo sobre el terreno. Ninguno de los dos consiguió infligir una derrota decisiva a Aníbal pero al menos salvaron la ciudad cuando todo parecía perdido.

El desastre de Cannas deja Roma de rodillas

Fabio Máximo fue nombrado dictador con imperium supremo para hacerse cargo de la defensa de Roma, que se encontraba completamente a merced del avance cartaginés. Fabio Máximo evitó trabar combate con Aníbal, si bien consiguió debilitarle lentamente aprovechando la dificultad que tenía de recibir refuerzos y suministros. Cuando Fabio Máximo llevaba seis meses como dictador, renunció al cargo al considerar que había logrado su objetivo de alejar la amenaza sobre Roma. Al año siguiente, no en vano, Roma perdió cualquier ventaja adquirida y se situó exactamente al borde del precipicio tras el desastre de Cannas.

Busto de Aníbal Barca - Wikimedia

Busto de Aníbal Barca – Wikimedia

La más famosa de las batallas de la antigüedad tuvo lugar el 2 de agosto del 216 a.C. Aníbal venció a un ejército muy superior en número al suyo empleando una táctica envolvente y aprovechando las condiciones del terreno (estrecho y plano). Colocó en el centro a su infantería hispana y gala en un semicírculo convexo, poniendo en las alas a su infantería africana. El círculo de hombres se expandió, antes de cerrarse lentamente. Como resultado, las fuerzas de Aníbal causaron cerca de 50.000 muertos, entre los que figuraba el cónsul Lucio Emilio Paulo, dos ex-cónsules, dos cuestores, una treintena de tribunos militares y 80 senadores. No obstante, ese movimiento en tenaza ha sido un recurrente objeto de análisis de la Historia Militar, siendo aplicado por los alemanes tanto en la Primera Guerra Mundial como en la Segunda.

La derrota dejó vía libre para que Aníbal arrasara la ciudad, lo cual sorprendentemente no hizo. Ningún ejército romano se encontraba cerca de la ciudad y se sucedieron situaciones de pánico dentro de sus muros. Las mujeres escondieron a sus bebés, hasta el último de los hombres se armó y un único grito resonaba: «Hannibal ad portas» (Aníbal está a las puertas).

Según la versión novelada de Tito Livio, Mahárbal, fiel lugarteniente de Aníbal, recriminó a su comandante que decidiera dar descanso a sus hombres tras la victoria en Cannas, pues, en caso de marchar en ese momento al ataque, «dentro de cinco días celebrarás un banquete en el Capitolio. Sígueme, yo iré delante con la caballería para que antes se enteren de que vamos a llegar». Al saber que Aníbal no pensaba cambiar de opinión, Maharbal sentenció: «Los dioses no han concedido al mismo hombre todos sus dones; sabes vencer, Aníbal, pero no sabes aprovecharte de la victoria». Pura leyenda.

El verdadero objetivo: aislar Roma

Los romanos tampoco entendieron el motivo por el qué no intentó destruir la ciudad y perpetuaron la imagen de un Aníbal a las puertas de la ciudad acobardado por lo que se extendía ante sus ojos. Pero, ¿por qué Aníbal no atacó Roma? Existen varias teorías al respecto, aunque pocas tienen en cuenta que en una guerra hay muchas formas de cobrarse ventaja. El cartaginés se frenó de atacar Roma porque no contaba con el equipamiento ni los suministros necesarios para acometer una empresa así. Eso a pesar de que en la ciudad del Tíber únicamente permanecían milicias urbanas, constituidas básicamente por aquellos ciudadanos que aún no estaban capacitados para combatir.

Los hombres de Aníbal probablemente eran superiores en número y, por supuesto, en calidad, pero si el cartaginés hubiera insistido en atacar Roma sin la equipación adecuada se habría dejado a cerca de la mitad del ejército en el intento. Un precio demasiado alto para alguien que no tenía posibilidad de recibir refuerzos y que no pensaba salir de la península itálica. Su situación en la Península itálica era precaria, siendo su principal objetivo derrotar a Roma aislándola diplomáticamente y debilitando su poder frente a sus aliados latinos.

Aníbal desplegó una intensa labor diplomática en el sur de Italia aprovechando el efecto de su victoria. Pactó con varias ciudades italianas y garantizó su autonomía con el fin de establecer un protectorado en el sur de Italia y Sicilia. El fin último era quitarles a los pueblos de Italia el temor hacia Roma y devolverles la independencia. Además, esos meses le sirvieron para sanar las heridas, puesto que muchos de sus hombres se encontraban afectados por el escorbuto y los caballos por la sarna.

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Grabado de la batalla de Zama, donde Aníbal fue derrotado por Escipión – Wikimedia

Por otra parte, una corriente historiográfica, de un carácter más romántico, emplaza la decisión de Aníbal Barca a su intención de no reducir a las ruinas Roma simplemente porque él no era un destructor. Según estos autores, el cartaginés despreciaba el brutal imperialismo romano y por eso quería liberar a los pueblos itálicos de la opresión, pero no odiaba la cultura romana ni pretendía destruirla. Sicilia y Cerdeña debían ser devueltas a Cartago, así como Cartago debía triunfar, pero no a costa de destruir por destruir. Una visión exageradamente romántica que, de ser cierta, se revolvió contra el propio Aníbal. Al final sería Roma quien destruiría la capital de Cartago varias décadas después.

Los romanos llevaron a su máxima expresión la coletilla con la que el político Catón «El Viejo» solía terminar todos sus discursos: «Ceterum, ceseo Carthaginem esse dependam»

Un joven general que sobrevivió a Cannas, Escipión «El Africano», trasladó la guerra a Hispania y expulsó de allí a los cartagineses. Sus esfuerzos obligaron a Aníbal a regresar a África y a abandonar para siempre Italia. En África fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C. y Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin al sueño cartaginés de crear un gran imperio en el Mediterráneo occidental.

Sin embargo, Roma rara vez soportaba una paz si no pasaba por la destrucción total del otro estado, paso previo para integrarlo a su territorio como provincia. Durante la Tercera Guerra Púnica (149­ 146 a. C.), los romanos llevaron a su máxima expresión la coletilla con la que el político Catón «El Viejo» solía terminar todos sus discursos: «Ceterum censeo Carthaginem esse delendam» (Por lo demás, pienso que Cartago debe ser destruida). Los romanos masacraron a la población, saquearon sus hogares, destruyeron sus edificios y templos, y sembraron de sal sus tierras para que nada volviera a crecer en Cartago.

 

17 junio 2016 at 5:17 pm Deja un comentario

Batalla de Baecula

En 208 a.C. tuvo lugar la batalla de Baécula, en el marco de la Segunda Guerra Púnica en la que romanos y cartagineses se enfrentaron por el control político y económico del Mediterráneo.

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Mapa Segunda Guerra Púnica

Fuente: Arturo Ruiz > Madrid  |  SER Historia – Cadena SER
19 de mayo de 2016

En la batalla lucharon Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, que había quedado al frente de las tropas cartagineses en la Península Ibérica y Publio Cornelio Escipión “Africano” que estuvo al frente de las tropas romanas y que venía de tomar Qart Hadasht (Cartagena) en el 209 a. C. a. Eran 30.000 los soldados que tenía el ejército púnico y 40.000 los que tenía el romano, según Polibio y Tito Livio.

La toma de Cartagena, último avance romano hacia el sur, abrió las puertas de Andalucía a Roma. Por esta razón de carácter geoestratégico y las conocidas referencias de los historiadores romanos a la proximidad de la ciudad ibera de Castulo, entre otras cuestiones, se ha supuesto tradicionalmente que el escenario de la batalla estaba en la provincia de Jaén, habiendo propuesto Schulten su localización en el entorno de Bailen. En 2002 El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, inicio un proyecto para comprobar arqueológicamente la existencia del escenario en los lugares tradicionales. Descartados estos, tras un primer estudio de prospección, el ámbito de investigación se amplió a toda la provincia de Jaén y particularmente al entorno de las ciudades iberas (oppida) que no habían sido romanizadas, caso que ocurrió a Baecula. Después de una labor de dos años se concluyó que el escenario de la batalla pudo ser el Cerro de las Albahacas de Santo Tomé, municipio de Jaén, y Baecula el oppidum de los Turruñuelos.

Desde 2006 con el soporte de dos proyectos sucesivos I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad, se ha desarrollado la investigación, dando lugar en 2016 al libro “La Segunda Guerra Púnica en la Península Ibérica. Baecula, Arqueología de una Batalla”. Los trabajos han desarrollado una metodología muy novedosa, por primera vez aplicada a un campo de batalla antiguo, en la que se articulan registros georeferenciados en un SIG (Sistema de Información Geográfica), la prospección de superficie intensiva en un área de más de 600 has de extensión y la excavación arqueológica de los campamentos de Asdrúbal y Escipión y del oppidum de Turruñuelos

Se han registrado más de mil doscientos objetos metálicos de la batalla: armas, monedas, elementos de vestido (impedimenta), vientos de tiendas de campaña, cerámica…etc. que han confirmado que la topografía citada por las fuentes escritas se identificaba con el paisaje propuesto y se han podido reconstruir los momentos de la batalla que los historiadores narraban: la toma del promontorio donde Asdrúbal dispuso a los númidas y los honderos, el avance romano en dos alas para envolver el núcleo del ejército púnico o la lucha final en la zona alta del cerro de las Albahacas. Para ello ha sido fundamental el análisis de la distribución de las armas en el SIG: proyectiles de honda, puntas de flecha y dardos para ver el asalto al promontorio o el avance hacia la parte más alta del cerro; lanzas, jabalinas y pila, para localizar el área en el que se produjo el cuerpo a cuerpo. Especialmente ha de destacarse la distribución de las tachuelas de las sandalias de los legionarios romanos (calligae), que han permitido reconstruir los movimientos del ejército romano, dando a conocer el camino exacto que siguieron las tropas romanas desde su campamento hasta el escenario de la batalla o el avance de las alas envolventes de Escipión.

Asdrúbal huyó antes de que acabara la batalla y Escipión quedó vencedor causando ocho mil bajas al enemigo.

 

19 mayo 2016 at 4:36 pm Deja un comentario

¿Quién fue realmente Corocotta?

  • Solo citado por el historiador Dion Casio dos siglos después, no está ni siquiera claro que fuera cántabro, solo que recogió la recompensa que Augusto ofreció por él
  • Lejos de las interpretaciones documentadas de los historiadores están quienes le han hecho un icono

Corocotta

Estatua de Corocotta en Santander / Sane

Fuente: JOSÉ LUIS PÉREZ > Santander  |  El Diario Montañés    17/04/2016

Los episodios de las guerras astur-cántabras de conquista del norte de la península Ibérica por parte del Imperio Romano (29 al 19 antes de Cristo) mantienen muchas incógnitas sin resolver, a pesar de que en los últimos años varios arqueólogos han realizado importantes descubrimientos en Cantabria, en el norte de Castilla y León y en la vecina Asturias que han arrojado luz a los relatos de los historiadores romanos, incompletos e insuficientemente detallados para lo que hoy desean todos aquellos que tratan de reconstruir el pasado con rigurosidad y criterios únicamente científicos.

Sin embargo, hay anécdotas o citas como la que trae a colación a un rival de los romanos llamado Corocotta que se han convertido en legendarias fruto de interpretaciones cargadas de fantasía. Hace siete días, en estas mismas páginas de EL DIARIO, el doctor en Historia y arqueólogo Eduardo Peralta, pionero en la investigación arqueológica de las guerras cántabras, afirmaba en una entrevista que a Corocotta «se le ha presentado como un bandolero que se planta ante Augusto para cobrar su propia recompensa por entregarse. No huele a ser un hecho heroico, más bien se interpreta como un caudillo de los cántabros que en un momento puntual pacta con los romanos y por ello recibe un dinero. Las fuentes son fiables, pero no sabemos qué importancia tuvo. No obstante, no soy partidario de considerarle un héroe o un invento nacionalista».

Esta interpretación de un historiador que ha buceado en las fuentes y ha estudiado cómo los historiadores romanos han manejado episodios semejantes en otras zonas, no ha generado, por parte de algunos que como cada día es más frecuente opinan desde el anonimato que permiten los medios digitales, el respeto o el debate científico que toda hipótesis puede suscitar. Mucho más allá han ido aquellos que quieren que todos veamos a Corocotta como el gran caudillo de los cántabros en la Antigüedad que luchó con tenacidad y arrojo contra los conquistadores romanos, como el irreductible cántabro que desafió a Roma y mantuvo en jaque durante años al ejército de Augusto. Este perfil es válido y respetable para ejercicios novelescos como el que plantea Javier Lorenzo en su libro ‘El último soldurio’.

‘Bandido de Iberia’

El personaje de Corocotta únicamente aparece citado por las fuentes clásicas en una ocasión. Es el historiador y senador romano Dion Casio (155-después de 235) el único que le cita. Lo hace en su Historia Romana (LVI, 43, 3), pero no en el contexto de las guerras cántabras, sino al final del principado de Augusto y tras la muerte del emperador (año 14 d. de C.).

Al narrar algunas anécdotas de su vida, dice únicamente que Augusto estaba irritado con un «bandido de Iberia» llamado Corocotta y que ofreció una recompensa por él; que cuando éste se entregó voluntariamente no le causó daño y le entregó el dinero prometido por su captura. Nada más nos indica sobre la vida de Corocotta anterior o posterior a este episodio de la vida de Augusto, con el que el historiador grecorromano quiso ilustrar la magnanimidad del emperador.

En ningún caso se dice además que Corocotta se presentase audazmente a cobrar la recompensa y dejase boquiabierto a Augusto con su bizarro gesto de colarse hasta la tienda del mismísimo emperador (lo que les habría costado a los que estuviesen de guardia en las puertas del campamento y a la misma guardia personal del emperador un castigo ejemplar por incompetentes), como ha pretendido el chovinismo popular local, ni se especifica a qué pueblo pertenecía ni qué hechos de armas protagonizó para que merezca el rango de figura ‘heroica’.

La cita

Para que no existan dudas, Dion Casio dijo exactamente esto: «Se citaban estas cosas de Augusto, y se decía además que se enfadaba con quienes le habían ofendido pero sin llegar a perder el control, y que mantenía fielmente su palabra incluso con quienes no eran dignos de ella. Un ejemplo: en un primer momento llegó a estar tan enfadado con un tal Corocotta, un bandido famoso de Iberia, que prometió doscientas cincuenta mil dracmas (=denarios) a quien lo capturase. Pero como Corocotta acabó por entregarse voluntariamente, no sólo no le causó ningún daño sino que le entregó la recompensa prometida».

El episodio cuadra bien con un jefe de alguna comunidad indígena al frente de algunas fuerzas que se entrega al final de la guerra y al que Augusto trata con magnanimidad (seguramente para convencer a otros para que siguiesen su ejemplo).

El calificativo de ‘ladrón’ es habitual en los autores grecorromanos al referirse a los hispanos que realizaban incursiones depredatorias sobre otros pueblos, práctica muy extendida en la Hispania septentrional y entre los lusitanos.

Este tipo de incursiones depredatorias son típicas de los pueblos ganaderos de montaña. Incluso un gran caudillo como Viriato que derrotó a ejércitos romanos enteros recibió este calificativo por las incursiones de saqueo de los lusitanos.

Augusto visitó dos veces Cantabria y el escenario de las guerras cántabras -la primera para dirigir el triple ataque desde Segisama (Olmillos de Sasamón) en el 26 a. de C. y la segunda al término de las campañas de Antistio y Carisio en el 25 a. de C., que es cuando regresa de Tarraco (a donde se retiró el año anterior por su enfermedad)- e impone sus condiciones a los vencidos, tal como indica otro historiador antiguo, Floro, tras describir las campañas en Cantabria y antes de narrar las de Asturias: «mientras él invernaba en Tarraco. Después, presentándose él mismo, hizo bajar a unos de los montes, obligó a otros con rehenes, a otros los vendió en subasta según el derecho de guerra». Es en este momento donde tal vez podría encajar el episodio de Corocotta, según la interpretación de Eduardo Peralta.

La falta de datos alimenta las elucubraciones

Los historiadores contemporáneos dan credibilidad al relato de Dion Casio, quien, a pesar de que recupera la historia romana más de doscientos años después, bebe de otras obras que no han llegado hasta nosotros. No obstante, hay que preguntarse por qué otros historiadores antiguos que documentan las guerras cántabras no aluden a este episodio, cuando siempre se les ha atribuido tendencia a encumbrar la figura del emperador con grandes victorias sobre sus enemigos.

La falta de datos ha multiplicado las interpretaciones y una fácil de alimentar ha sido convertir a Corocotta en un símbolo de los cántabros –en Asturias no ha sucedido lo mismo– y de su oposición a Roma. Pero esto es complicado de entender si lo que sucede es que al final el ‘bandolero’ pacta, llega a un acuerdo con su rival, Roma, y por extensión con su máxima autoridad, Augusto.

Algunas interpretaciones más libres sobre este episodio las efectúa el historiador Ángel Ocejo un un libro titulado ‘Augusto y Corocotta’, que vio la luz en 2009.

 

18 abril 2016 at 8:38 pm Deja un comentario

“Corocotta no fue un héroe”

Eduardo Peralta, que es pionero en la investigación arqueológica de este periodo, ha coordinado una publicación que identifica asedios de las legiones a castros de cántabros y astures

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El arqueólogo Eduardo Peralta

Fuente: JOSÉ LUIS PÉREZ  |  El Diario Montañés   11/04/2016

Más de dos décadas investigando las guerras de Roma contra cántabros y astures han ocupado a Eduardo Peralta Labrador (Santander, 1957), doctor en Protohistoria y Arqueología y académico correspondiente por Cantabria de la Real Academia de la Historia. Y en este periodo se han mezclado los trascendentales hallazgos arqueológicos en el antiguo territorio de los cántabros con los sinsabores fruto de las zancadillas de las administraciones que han escatimado los apoyos necesarios y la divulgación de los mismos. Ahora, con la publicación de las actas de un congreso sobre las guerras, se pone luz y se aglutinan hipótesis y conclusiones a raíz de los numerosos hallazgos en los que Peralta fue pionero, pero que el prefiere compartir con su equipo y con otros investigadores que siguen esta línea de estudio.

¿Dónde nace su interés por la historia?
Mi padre fue catedrático de Griego y en casa siempre ha habido libros de Historia Antigua. Me aficioné y estudié Historia. Luego hice una memoria de licenciatura sobre las estelas discoideas gigantes de Cantabria. Siempre me han interesado los pueblos prerromanos y así llego a las Guerras Cántabras.

¿Dónde está el punto de partida?
Con motivo de mi estancia en París, para hacer la tesis doctoral, tuve acceso a bibliografía especializada inexistente en España. Esta me abre los ojos sobre aspectos militares de época romana. Aplicando estos conocimientos en las salidas al campo, fuimos formándonos en lo que había que buscar, especialmente los campamentos romanos.

¿Contaron también con el apoyo de las nuevas tecnologías?
Especialmente de la foto aérea, que nos ha permitido en muchos casos identificar estructuras campamentales, con formas rectangulares y doble foso como sistema defensivo.

¿Qué límites había para conocer mejor este conflicto bélico?
Las fuentes clásicas estaban agotadas. Las últimas interpretaciones de la toponimia desmontan las hipótesis de investigadores anteriores, como se ha puesto de relieve en el Congreso de Gijón. Un buen ejemplo es Aradillos, un lugar que se ha identificado con el Aracillum de los textos clásicos, pero en esa localidad campurriana no hay evidencias arqueológicas. Sin embargo, en los años setenta, García Guinea recibió en el Museo unas monedas de Augusto procedentes de Cildá. Con esa pista, visité la zona pero el yacimiento era difícil de interpretar sobre el terreno sin otra perspectiva. González de Riancho, en su libro sobre la vía romana del Escudo, identificó la Espina del Gallego. Después, con el apoyo de la foto aérea se pudo localizar un campamento romano ‘de libro’ y el castro asediado.

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Excavaciones en el castro de La Loma

Tenemos un mapa de yacimientos que indica cómo y por dónde entraron las legiones

¿Cuál es el balance de más de dos décadas de investigaciones?
Ahora tenemos un mapa de yacimientos que indican cómo y por dónde se desarrollaron los ataques del ejército romano a cántabros y astures. Los castros tienen evidencias de que fueron atacados. Y, una vez vencidos los indígenas, los romanos dejaban allí un puesto de vigilancia, un castellum, una guarnición para que no fuesen reocupados

Cronológicamente, ¿cómo se desarrollan las Guerras Cántabras?
Creo que hemos conseguido descifrar cuatro fases. En un primero momento, Augusto y Antistio abordan el control de la Cantabria meridional. En la segunda campaña, el propio Antistio llega a la costa por los cordales, Cildá en Cantabria y Carissia en Asturias. En la tercera, se producen las sublevaciones, en época de Agripa, alguno de cuyos episodios debió tener lugar en el cerco a Peña Dulla, en la Merindad de Sotocueva, en Burgos. Finalmente, concluidas las Guerras, se aborda el control de territorio, con la implantación de campamentos romanos donde se mantiene una tropa para evitar nuevas revueltas como la que tuvo lugar en el 16 a. de C. En Cildá, una fecha de carbono 14 nos permite apuntar que hubo tropas hasta mediados del siglo I d. de C.

¿En qué contexto histórico y qué explicaciones encuentra para que el emperador Augusto pusiese tanto empeño en la conquista de estos territorios?
Augusto, tras llegar al poder, diseña un plan estratégico que contempla controlar todo el área atlántica y por tanto los puertos desde la zona de los astures hasta la de los aquitanos. Esto le facilitaría el gran objetivo que era conquistar Germania. Por el Atlántico podría abastecer al ejército de forma segura.

¿Hasta la fecha no se ha puesto mucho énfasis en la logística, en lo que implicaba el movimiento de las legiones para poder conquistar a cántabros y astures?
Un ejército como el romano precisaba una infraestructura de abastecimiento de tales dimensiones que es difícil de imaginar. Sobre este tema ofrecieron muchos datos los militares que participaron en el Congreso de Gijón, el general Francisco Ramos y el teniente coronel Francisco Jiménez. Solo un dato, cada ocho soldados, precisaban una mula para llevar todos los ‘bártulos’, la tienda de campaña… Así, es posible imaginar cientos de animales siguiendo a los ejércitos, pero también una gran logística para suministrar alimentos, agua y demás aspectos de primera necesidad.

Roma metió mucho ejército, siete legiones, y unos 20.000 hombre en el área de los cántabros

¿Cuántas legiones pudieron participar en las guerras?
Nunca pensé que estas guerras tuvieran tanta entidad ni que hubiesen dejado tantas evidencias, pero la arqueología nos ha iluminado en muchos aspectos. Los romanos metieron mucho ejército, como mínimo siete legiones, tres en el frente astur, tres en el frente cántabro y una más que entró por mar desde Aquitania. Para que nos hagamos una idea de la magnitud, en la Guerra de Judea intervinieron cuatro legiones y en la Guerra de las Galias César empezó con cuatro legiones y terminó con diez.

¿Cómo se traduce esto a número de efectivos?
Aunque Augusto reforma el ejército pasando a tener las legiones cinco mil hombres y 120 jinetes, esto no será hasta después de las Guerras Cántabras. En nuestro caso, podemos calcular que una legión tendría unos 4.000 efectivos, pero sin caballería. A ello hay que sumar las tropas auxiliares, caballería, infantería ligera y pesada, exploradores, arqueros… No era un número fijo, pero se puede cifrar en unos 3.000 más. Así, para un ataque en tres columnas al territorio cántabro bien pudieron participar unos 12.000 legionarios y unos 8.000 hombres en tropas auxiliares. Y otros tantos para el ataque a los astures.

¿Y qué oposición en número se encontraron de los cántabros?
El historiador Dion Casio dice que los cántabros estaban en inferioridad numérica, por lo que evitaban las batallas campales. Salvo una elite guerrera –la caballería–, la mayoría eran agricultores y ganaderos, no profesionales de la guerra, que se ponían al servicio de las armas puntualmente, cuando las circunstancias lo exigían. En un castro como el de La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia), por su extensión y, a falta de trabajos de campo que permitan conocer en profundidad sus estructuras habitacionales, podríamos hablar de unas 1.500-2.000 personas.

¿Cómo eran entonces los enfrentamientos?
Como ya hemos dicho, las batallas en campo abierto no eran lo usual. Siempre se ha hablado de ‘guerra de guerrillas’, pero no debemos ver a los cántabros como cuatro bandoleros. Empleaban grandes contingentes y atacaban las vías, los suministros de las legiones y a éstas cuando estaban en columna en orden de marcha, en situaciones comprometidas. En esas circunstancias los legionarios estaban impedidos para reaccionar con rapidez, porque llevaban el pesado escudo a la espalda que ataban con cinchas en el pecho. Además, portaban toda su impedimenta, su mochila, sus armas…

¿Pero en sus hallazgos arqueológicos han documentado asedios cruentos a asentamientos cántabros como el de La Loma?
Se trata de un castro con un extraordinario registro arqueológico que está rodeado por dos campamentos romanos. La muralla fue destruida, hay restos de incendios y se ha recuperado la mejor colección de puntas de fecha romanas de Europa, con tipologías desconocidas hasta la fecha. Incluso aparecieron restos humanos, el fémur de un varón, de unos 20 años, corpulento. En el interior del castro se han recuperado restos de cerámica indígena, realizada a mano con decoración estampillada y a torno con motivos geométricos pintados. De las tropas romanas, además de tachuelas, también se recuperaron fragmentos de cerámica común, escasos porque los militares empleaban vajillas metálicas.

¿Hay certeza de que Augusto estuvo en el teatro de las operaciones?
Sí, entre el 26 y el 25 a. de C. En este sentido las fuentes clásicas son fiables. Se cita a Segisamo, Sasamón. Pero no hay muchos más datos. Carecemos de esta parte de la historia que escribió Tito Livio, que fue contemporáneo de Augusto y que debió manejar fuentes de primera mano porque se relacionaba con la elite de Roma. Floro y Orosio son más escuetos en sus relatos.

¿Existe la posibilidad de disponer de nuevas fuentes?
Es muy difícil y remota la posibilidad. Algún códice medieval reutilizado…, pero realmente es muy complicado. En este sentido también cabe lamentar que no se haya conservado la autobiografía que realizó Augusto de sus años de juventud que termina con estas Guerras Cántabras.

¿Qué opina de Corocotta?
Le cita Dion Casio, pero no se aclara si es cántabro o astur. Se le ha presentado con un bandolero que se planta ante Augusto para cobrar su propia recompensa por entregarse. No huele a ser un hecho heroico, más bien se interpreta como un caudillo de los cántabros que en un momento puntual pacta con los romanos y por ello recibe un dinero. Las fuentes son fiables, pero no sabemos qué importancia tuvo. No obstante, no soy partidario de considerarle un héroe o un invento nacionalista.

En la actualidad, los proyectos de investigación y los trabajos arqueológicos de campo están interrumpidos. ¿Por qué razón si los datos que proporcionan están despejando muchas dudas sobre este periodo?
La paradoja es que cuantos más yacimientos y campamentos se han descubierto en el área cántabra es cuando más se han cerrado los proyectos de investigación. En Monte Bernorio se quiere hacer lo mismo. Hemos encontrado muchas dificultades por parte de las administraciones y no me refiero al Gobierno actual en el caso de Cantabria, sino a la etapa de Justo Barreda.

Aún por descubrir

Los grandes retos: localizar las batallas del Medulio y del Vindio

Eduardo Peralta, sin apenas dudar, afirma que, si vuelve a los trabajos de campo, le haría mucha ilusión «encontrar el Monte Medulio que citan Floro y Orosio, y que Dion Casio describe como la épica batalla en la que los cántabros se suicidan, en la campaña de Cayo Furnio del 22 a. de C. Éste realizó un gran cerco, de varios kilómetros, similar al asedio a Alesia por Julio César. Los cántabros, ante la imposibilidad de escapar, se suicidan con espadas y con el tejo (árbol venenoso)».

El arqueólogo apunta algún detalle más: «Cayo Furnio es uno de los que conquistan la vertiente costera, por lo que creo que el Medulio puede estar entre la zona oriental de Asturias y la occidental de Cantabria. Además, tenemos otro dato, Cayo Furnio, cuando termina con esta batalla, pasa a ayudar a Carisio, que había sido asediado por los astures».

¿Yel monte Vindio? Peralta afirma que «sabemos que hubo una batalla campal entre cántabros y romanos en el 25 a. de C. Los indígenas midieron sus fuerzas con las legiones de Cayo Antistio a los pies de ‘Bergida’. Derrotados se refugiaron en el monte Vindio, otro sitio que está pendiente de localizar».

12 abril 2016 at 5:46 pm 1 comentario

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