Posts tagged ‘tablillas de maldición romanas’

Maldiciones romanas

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Foto: Celia Sánchez Natalías, Universidad de Zaragoza

Los ciudadanos del Imperio romano tenían la costumbre de dejar constancia por escrito de cualquier agravio del que pudieran ser objeto. Grababan sus quejas en finas láminas de plomo que después enrollaban, perforaban con clavos y enterraban en tumbas o arrojaban a los pozos. Una tablilla de hace 1.600 años, conservada en el Museo Arqueológico Cívico de Bolonia y traducida recientemente, clama venganza sobre un veterinario llamado Porcello.

Pocas afrentas eran consideradas irrelevantes. Se han hallado más de 1.500 piezas, entre ellas 130 de Aquae Sulis (la actual Bath, en Inglaterra) que piden venganza por el robo de zapatos u otros objetos sustraídos mientras su propietario se bañaba en las termas. Algunas inscripciones están firmadas, otras contienen la imagen del culpable. Muchas ruegan a una deidad poderosa que acabe con la vida del sospechoso. «Estos textos son importantes porque muestran, con total sinceridad, los deseos, angustias, miedos y preocupaciones de la gente normal –dice Celia Sánchez Natalías, de la Universidad de Zaragoza–, y no de los grandes personajes como Augusto o Cicerón, de los que tenemos numerosos testimonios.»

Fuente: Johnna Rizzo | National Geographic

22 mayo 2013 at 2:54 pm Deja un comentario

Magia negra y carreras de cuadrigas en la Écija romana

Una tabla de plomo descubierta en Écija en 2001 contiene una maldición para perjudicar a los caballos y conductores de cuadrigas de una competición en el hipódromo romano de Astigi, en la segunda mitad del siglo I de nuestra era, lo que documenta la existencia de juegos hípicos en la ciudad en época romana.

mosaico-Astigi

El estudio sobre el circo romano astigitano y sobre la citada maldición se presenta el jueves 7 de marzo, a las 20.00 horas, en el museo municipal de Écija, en el palacio de Benamejí. Sus autores son el investigador Joaquín de la Hoz y el arqueólogo municipal, Sergio García-Dils, que han publicado el mismo en Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik (ZPE).

El estudio documenta “uno de los aspectos más interesantes de la vida cotidiana de las principales ciudades del Imperio, los denominados ludi circenses o carreras de carros”, según García-Dils. La maldición, una tabella defixio, de plomo, que apareció enterrada en una tumba cercana a lo que debió ser el circo romano de Astigi, y el mosaico con motivos circenses que se descubrió el verano de 2010 en la calle Elvira (en la foto), son pruebas de “lo tremendamente populares que eran estos juegos en el mundo romano”.

La inscripción maldiciendo a aurigas y caballos rivales es “una de las novedades que presentamos”, dice García-Dils. “En aquella época, las carreras de cuadrigas eran tan populares como la Fórmula 1 y el fútbol de hoy”. La de Écija tiene la particularidad de que es la  primera descubierta en la parte europea del Imperio (exceptuada Roma, claro), ya que las otras han aparecido hasta ahora en África y Asia.

Se trata de inscripciones de  magia negra maldiciendo a los conductores (agitadores) y caballos de los equipos rivales, las factiones veneta et russea, o equipo azul y rojo. “Tiene toda la pinta de que la maldición la hiciera el empresario del equipo blanco y/o verde, ya que, entre otras cosas, repite hasta tres veces el nombre del empresario rival, Antonianus”, revela el arqueólogo municipal.

La tabella defixio es una lámina de ploma triangular y el texto carece de una estructura sintáctica compleja, limitándose a la enumeración de los objetivos de la maldición. De los once nombres diferentes mencionados, seis están documentados como nombres equinos en fuentes epigráficas.

En Écija hubo un circo romano. El mosaico descubierto en 2010 en la calle Elvira muestra una escena circense. Los arqueólogos opinan que conmemora una carrera de cuadrigas o carros: se observa perfectamente una victoria alada y dos figuras masculinas, además de dos nombres, Amandus y Pinna, que podrían ser de aurigas. También se intuye parte de la spina, el centro del hipódromo, que pudiera ser el circo de la antigua Astigi.

Fuente: Écija al día

6 marzo 2013 at 8:51 pm Deja un comentario

Cuando los antiguos resolvían sus diferencias con maldiciones

El Museo Arqueológico Johns Hopkins de Baltimore (USA) conserva fragmentos de cinco tablillas de maldición romanas (tabellae defixionum). Una de esas tablillas ha sido recientemente restaurada y expuesta al público, junto con el clavo de hierro original que la atravesaba.

Estos objetos son una prueba de una práctica muy común en la antigüedad griega y romana consistente en grabar maldiciones en tablillas que después se depositaban en pozos o fosas. Mientras que en un principio las tablillas solo contenía el nombre de la persona maldita, más adelante se hicieron más elaboradas, como en este ejemplo. Las maldiciones podían inscribirse en cualquier soporte, desde fragmentos de cerámica a piedras preciosas, aunque el material más común utilizado para este propósito era el plomo.

Detalle de la tablilla, con restos de la escritura. Imagen: Johns Hopkins Archaeological Museum

Una tablilla romana de hace 2.000 años recientemente conservada detalla una anónima petición de muerte espantosa para un esclavo llamado Plocio (o Plotio, en latín Plotius). Es una de las cinco tablillas que forman parte de la colección de la Johns Hopkins University desde 1.908, año en que un graduado llamado William Sherwood Fox comenzó el laborioso proceso de estudio y desciframiento de las tablillas de plomo.

La traducción de la maldición no deja lugar a dudas de que su autor trató de asegurarse por todos los medios de que los últimos días del esclavo Plocio no fueran precisamente placenteros.

“Buena y hermosa Proserpina, esposa de Plutón, o si debo llamarte Salvia, arrebata la salud, el cuerpo, el color, las fuerzas y las energías de Plocio, llévaselas a Plutón, tu marido, para que no pueda ni en sueños evitar esto. Lleva a éste a la fiebre terciana, cuartiana, cotidiana, para que luchen y combatan con él; que acaben con él, que lo venzan hasta que le arrebaten su alma, para lo cual yo te entrego esta víctima, Proserpina, ya sea Proserpina o Aquerusia como debo llamarte; envíame a mí, que te invoco, al perro de tres cabezas para que arrebate el corazón de Plocio (…); para él yo te daré tres víctimas, dátiles, higos secos y un cerdo negro, siempre que cumpla con ello antes del mes de marzo. Estas cosas, Proserpina Salvia, te entregaré cuando lo hayas hecho cuidadosamente. Te entrego la cabeza de Plocio, el (esclavo) de Avonia, Proserpina Salvia; te entrego la frente de Plocio, Proserpina Salvia; te entrego las cejas de Plocio, Proserpina Salvia; te entrego los párpados de Plocio, Proserpina Salvia; te entrego las pupilas de Plocio, Proserpina Salvia; te entrego la nariz, los labios, las orejas, la lengua, los dientes de Plocio, que Plocio no pueda decir qué le duele; el cuello, los hombros, los brazos, los dedos, que nada le pueda aliviar; el pecho (…) el corazón, los pulmones, el vientre, el ombligo, los costados, que no pueda descansar; sus hombros, que no pueda dormir bien de salud; (…) que no pueda orinar; las nalgas, el ano, los muslos, las rodillas, las piernas, las tibias, los pies, los talones, las plantas, los dedos, las uñas, que no pueda estar de pie por su propio esfuerzo. Ya sea mucho o poco aquellos que ha sido escrito, de la misma manera que ha sido escrito, de la misma manera que ha escrito algo convenientemente y lo ha encomendado, así yo te entrego a Plocio y te encomiendo que lo entregues o lo encomiendes en el mes de febrero; que a aquel lo maldiga, que lo eche a perder, que lo arruine; que lo encomiendes, que lo entregues, que no pueda mirar, ver o contemplar ningún mes más”

La tablilla con la transcripción del texto de Fox de 1911. Imagen: Johns Hopkins Archaeological Museum

La maldición de Plocio “se encontró enrollada con otras cuatro tablillas y atravesada por un clavo de hierro” según Elisabeth Schwinge, una estudiante graduada del programa interdepartamental de Arte Clásico y Arqueología del Krieger School’s Classics Department. “El nombre en latín para maldición es defixio que significa “fijación de arriba a abajo”. Las tablillas individuales sustituyen a la persona a la que se maldice, y el clavo simboliza su sujeción, dice Schwinge.

El clavo original, con restos de plomo en la cabeza. Imagen: Johns Hopkins Archaeological Museum

Nadie sabe a ciencia cierta qué hizo Plocio para que alguien implorara a los dioses que “el perro de triple cabeza arrebatara [su] corazón”, o para que le atormentara una fiebre tan intensa “que arrebatara su alma“. Y no se sabe tampoco quién realizó la maldición del pobre Plocio; mientras que la persona maldita era identificada con sumo cuidado, la identidad de la persona que invocaba la maldición era cuidadosamente ocultada por temor a represalias. Pero ahora la maldición de Plocio es visible, debido en parte a los recientes trabajos de conservación de la tablilla por Sanchita Balachandran, la conservadora del museo.

Fuente: Past Horizons | A curse on you Plotius

Puede consultarse toda la información sobre la tabella defixionis de Plocio en la web del Johns Hopkins Archaeological Museum.

13 diciembre 2011 at 8:40 pm Deja un comentario


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