Posts tagged ‘Plinio el Viejo’

La puerta en el tiempo que une Japón con la Roma clásica

La autora de manga Mari Yamazaki vende millones de ejemplares con sus relatos situados la antigüedad

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Imagen del manga ‘Plinius’, de Mari Yamazaki y Tori Miki.

Fuente: GUILLERMO ALTARES  |  EL PAÍS
10 de febrero de 2017

Lucius Modestus tiene un oficio muy importante en la antigua Roma: es ingeniero de termas. De hecho, es el mejor ingeniero de termas del Imperio, lo que ha cautivado al emperador Adriano y provocado todo tipo de intrigas políticas por su influencia en la corte. El problema es que no puede confesar de donde surge su genio: por motivos inexplicables, ha encontrado una puerta que le permite viajar en el tiempo hasta el Japón actual, donde recoge todo tipo de ideas que aplica en su época, desde las pantallas —instala una pecera frente al baño— hasta las duchas o los retretes bastante menos primitivos de los que se utilizaban hace dos milenios. Con este planteamiento, que puede parecer bastante peregrino, la autora japonesa de manga Mari Yamazaki ha escrito seis tomos de la serie Thermae Romae (Norma Editorial), que ha vendido diez millones de ejemplares en todo el mundo y que se ha convertido en un fenómeno en Japón.

plinius2_epPágina del cómic ‘Plinius’

Ahora, Yamazaki (Tokio, 1967) acaba de lanzar una nueva serie de romanos, Plinius, que firma junto al dibujante y guionista Tori Miki (Kumamoto, 1958) y que en España edita Ponent Mon. Está centrada en la figura de Plinio el viejo (23-79), el naturalista más importante de la antigüedad. El trabajo de documentación es impresionante y queda reflejado en la reconstrucción minuciosa de la antigua Roma con unos iluminadores dibujos. Roma y Japón están alejadas por miles de kilómetros y muchos siglos.

Los historiadores todavía debaten si hubo contactos entre las dos civilizaciones, aunque el descubrimiento en septiembre de monedas romanas, enterradas durante cientos de años, en el castillo de Katsuren, en Okinawa, lleva a pensar que sí existieron. Pero, más allá de las evidencias históricas, Yamazaki ha basado sus mangas más populares en los paralelismos entre estos dos mundos. “Creo que a pesar de la distancia tanto espacial como temporal, la Roma antigua y el Japón actual tienen muchas cosas en común, un contexto espiritual politeísta, la práctica cotidiana del baño como un momento de relax, pero también la capacidad de desarrollarse adaptando las aportaciones culturales exteriores (en el caso de Roma desde Grecia) para construir algo nuevo”, declaró la dibujante a la prensa francesa en el Festival del Cómic de Angulema, donde fue una de las estrellas invitadas.

Volcanes y terremotos

plinius3_epPlancha de ‘Plinius’

También une a las dos civilizaciones otra cosa: los volcanes y los terremotos, la conciencia de la capacidad destructora de la naturaleza. La serie Plinius, de la que se publicaron en enero los dos primeros tomos y el tercero saldrá este mes, arranca con su protagonista en sus horas finales: acaba de empezar la erupción del Vesubio que arrasó en el año 79 de nuestra era las ciudades del golfo de Nápoles, entre ellas Pompeya y Herculano. Su inmensa curiosidad impide al naturalista salir huyendo, más bien todo lo contrario. Un flashback lleva al lector hasta los inicios de la carrera de Plinio, cuando ya había empezado a escribir su Historia natural —una obra cuya influencia llega hasta nosotros—, pero a la vez tenía que sobrevivir en un entorno extremadamente peligroso: la corte de Nerón, en la que la vida o la muerte dependían de los caprichos del emperador.

“Japón es uno de los países más expuestos a los seísmos y seguramente el que ha desarrollado una capacidad de respuesta más urgente ante esos fenómenos. ¿Cómo se enfrentaban a este problema en Roma? Para tratar de comprender eso convertí a Plinio en un personaje de manga”, señala Yamazaki en una entrevista que acompaña al primer volumen. El éxito de estos mangas demuestra que el eco de aquella vieja pregunta de los Monty Python —”¿Qué han hecho los romanos por nosotros?”— se prolonga más allá del tiempo y el espacio.

 

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10 febrero 2017 at 8:29 am Deja un comentario

Un equipo internacional recupera el patrimonio arqueológico, faunístico y botánico del territorio de la antigua ciudad romana de Mellaria

El proyecto, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, empleará la arqueología, la ingeniería y la biología para recomponer el espacio natural y arquitectónico que ocupaba la vieja ciudad y su entorno y que coincide con la actual comarca del Alto Guadiato

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Pantano de San Pedro (Fuente Obejuna). Ubicación y parte del territorio de la ciudad romana de Mellaria.

Fuente: Universidad de Córdoba
12 de enero de 2017

Hace más de 2000 años, en el camino entre dos de las ciudades más destacadas del Imperio Romano, Corduba Colonia Patricia y Emérita Augusta, existió una ciudad “de no menor nobleza”, según transmite Plinio el Viejo, y de la que fue oriundo Cayo Sempronio Sperato, máximo responsable del Templo de la actual calle Claudio Marcelo en Córdoba capital. Era Mellaria, ubicada según los expertos en el entorno del Cerro del Masatrigo, en el término municipal de Fuente Obejuna, ocupando todo el límite territorial entre las provincias de Córdoba y Badajoz. De aquella antigua ciudad quedan algunos vestigios arqueológicos que están siendo estudiados gracias a un proyecto de la Universidad y la Diputación de Córdoba y el Grupo de Desarrollo Rural Alto Guadiato y muchos datos por conocer.

La localización de restos arquitectónicos, pero sobre todo, la recuperación del patrimonio ambiental y paisajístico de aquel territorio es la prioridad de un nuevo equipo internacional de investigadores procedentes de ámbitos tan diversos como la ingeniería rural, la biología y la arqueología, unidos en el proyecto Ager Mellariensis –así era como se designaba al espacio que gestionaba la ciudad de Mellaria y que alcanzaba los 2.200 kilómetros cuadrados- financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad (MINECO) a través de su convocatoria “Retos para la sociedad 2016”.

Durante 4 años, el equipo liderado por los profesores de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso Checa, investigador del Programa Ramón y Cajal del MINECO en el Área de Arqueología, Alberto Redondo, profesor titular de Zoología y divulgador científico, y Francisco Montes y Rafael Hidalgo, del Área de Ingeniería Gráfica y Geomática, tratará de sacar a la luz cómo era el paisaje que rodeaba a la antigua Mellaria, qué animales era usual ver, qué cultivos eran los más populares o cómo eran las casas o los edificios comerciales de la época, ofreciendo una foto fija que servirá de base a diferentes propuestas divulgativas, entre las que destacan las restituciones virtuales, que servirán al Grupo de Desarrollo Rural Alto Guadiato como yacimiento para nuevas iniciativas empresariales que contribuyan al desarrollo económico de la zona.

De hecho, el proyecto Ager Mellariensis tiene una clara vocación de transferencia. Por eso cuenta con la colaboración de empresas de base tecnológica líderes en sus sectores, como la italiana Telespazio Iberica (dependiente de la Agencia Espacial Italiana) y Znir Sensing Solutions, especializadas en la teledetección satélite y aérea de vestigios arqueológicos, o Urbeproorbe, firma con amplia experiencia en el análisis y gestión del patrimonio histórico edificado. A ellas se sumarán otros equipos científicos como el Laboratorio de Teledetección Quantalab-IAS-CSIC que dirige Pablo Zarco, o el Departamento de Ingeniería Civil de la Universitá Politecnica delle Marche (Italia) dirigido por el profesor Paolo Clini, la Escuela Politécnica de Belmez y los investigadores de la Universitá degli Studi di Urbino Oscar Mei y Daniele Sacco.

 

12 enero 2017 at 8:55 pm Deja un comentario

Una tumba decorada con frescos sale a la luz en Jordania

Los frescos muestran figuras humanas, caballos, parras con uvas y escenas mitológicas que aportarán información sobre los ritos funerarios que se practicaban antiguamente

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Pintura al fresco descubierta en el complejo funerario de Beit Ras, en la que aparecen una figura humana y una inscripción en griego antiguo. Foto: Jordan Tourism Board

Fuente: Alec Forssmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
21 de noviembre de 2016

Una espléndida construcción funeraria, fechada provisionalmente en el período helenístico o a comienzos de la época romana, ha salido a la luz durante la ampliación de la red municipal de alcantarillado en Beit Ras, la antigua Capitolias, situada en la Gobernación de Irbid, al norte de Jordania y cerca de la frontera con Siria. El complejo funerario consta de una cueva con dos cámaras funerarias, según ha revelado la Oficina de Turismo de Jordania en Amán.

La cámara funeraria principal está decorada con magníficos frescos y contiene un sarcófago de basalto con dos cabezas de león talladas en la roca. En su interior hay numerosos huesos humanos desperdigados. La segunda cámara funeraria, más pequeña, contiene dos sarcófagos sin objetos asociados.

Los frescos, en buen estado de conservación, muestran figuras humanas, caballos y escenas mitológicas que aportarán información sobre los ritos funerarios que se practicaban antiguamente. También aparecen representadas parras con uvas, que son un indicio de la vida agrícola y social de aquella época. Las inscripciones y las piezas halladas en las tumbas están siendo analizadas para conocer la época del complejo funerario y la identidad de sus ocupantes.

Uno de los sarcófagos está decorado con dos cabezas de león talladas en la roca

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Sarcófago de basalto con dos cabezas de león talladas en la roca. Foto: Jordan Tourism Board

Lina Annab, la ministra de Turismo y Antigüedades de Jordania, ha visitado el sitio arqueológico y ha confirmado la reanudación de las excavaciones con fines turísticos. Munther Jamhawi, el director general del Departamento de Antigüedades, ha recordado que Capitolias, la moderna Beit Ras, era una de las diez ciudades situadas en los confines orientales del Imperio romano, conocidas con el nombre de Decápolis gracias a Plinio el Viejo.

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Restos óseos desperdigados en el interior del sarcófago principal. Foto: Jordan Tourism Board

 

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Pintura al fresco que muestra a una mujer desnuda junto a una figura alada. Foto: Jordan Tourism Board

 

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Figuras humanas realizando tareas agrícolas. Foto: Jordan Tourism Board

 

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La pintura al fresco muestra la vida agrícola y social de la época. Foto: Jordan Tourism Board

 

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Beit Ras, la antigua Capitolias, está situada en la Gobernación de Irbid, al norte de Jordania y cerca de la frontera con Siria. Imagen: Google Maps

 

21 noviembre 2016 at 2:30 pm Deja un comentario

En busca de la ciudad perdida de Lauro

Las excavaciones evidencian que el poblado ibero de Samalús (Barcelona) es la población que acuñaba moneda y producía vinos muy apreciados en Roma

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Una de las puertas de entrada al yacimiento de Samalús, la antigua Lauro. / MARC GUÀRDIA

Fuente: JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS > Barcelona  |  EL PAÍS
10 de agosto de 2016

No es necesario realizar expediciones al otro lado del mundo en busca de ciudades perdidas de las que solo se tienen escasas noticias y unos cuantos restos. Aquí mismo, en el Vallès Oriental (Barcelona), en un pequeño monte de las primeras estribaciones del macizo del Montseny de algo más de 600 metros de altura, protegida bajo enormes pinos y ensortijadas encinas, ha permanecido una escondida durante siglos. Es la ciudad ibérica de Lauro, famosa por acuñar monedas de las que se han localizado más de un centenar de ejemplares en las que siempre aparece un joven imberbe de pelo ensortijado en el anverso y un jinete que porta una palma, como signo de victoria, en el reverso. También por sus vinos, los únicos de la Laietania —la zona ibérica en la que se localiza esta ciudad—, que se salvaron de las críticas del exquisito paladar romano. “En las Hispanias los vinos lacetanos son famosos por su abundancia, y los tarraconenses y lauronenses por su selecta calidad”, escribió Plinio el Viejo en su Historia Natural.

Perímetro amurallado del yacimiento de Samalús (Vallès Oriental)

Perímetro amurallado del yacimiento de Samalús (Vallès Oriental)

Para el joven arqueólogo Marc Guàrdia no hay duda de que los restos que coronan el Puig del Castell de Samalús se corresponden con este oppidum que estuvo habitado entre los siglos V y I antes de Cristo, tras dirigir ya seis campañas de excavación en el poblado, la última el pasado mes de julio. En las primeras consiguió delimitar el perímetro de la muralla, un cinturón de más de un kilómetro de longitud, dos metros de ancho y, en algunos tramos que se han conservado, casi tres metros de altura. Toda construida con enormes piedras, algunas ciclópeas. Las últimas excavaciones se han centrado en excavar una de las dos puertas de acceso al recinto y dos de las siete torres localizadas hasta ahora, todas en el sector de Levante del yacimiento, que dan idea del empeño de sus habitantes de sentirse protegidos. El recinto amurallado delimita un área de cuatro hectáreas, algo así como cuatro campos de fútbol, que acogería las viviendas y los edificios de representación, como templos y santuarios, de los que, por ahora, no se han localizado ninguno. Los trabajos han permitido saber que solo Burriac, considerado la capital de la Laietania supera en dimensión a Lauro y que la muralla no tiene parangón en toda esta zona. Solo Ullastret, en Girona, presenta un cinturón similar.

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Una de las monedas acuñadas en Lauro.

La visita al yacimiento, después de subir 45 minutos andando, deja patente como la naturaleza se ha aliado con los restos. “El bosque la ha protegido”, asegura Guàrdia, que reconoce que la espesura del arbolado también complica, y mucho, los trabajos. Da la sensación de que el tiempo se ha detenido en este lugar desde el que se divisa gran parte del Vallés, e incluso el mar, y que de un momento a otro puede aparecer un ibero equipado con su escudo y su falcata dispuesto a defender el poblado y los suyos del enemigo. Pero no. Los únicos que pueden sorprendernos son animales como lo jabalíes, que desde hace siglos campan a sus anchas.

Guàrdia explica que él no encontró el yacimiento, fue al revés. Curtido en excavaciones sabía que un monte llamado “Puig del Castell” tenía todos los números de conservar restos arqueológicos, pero nunca pensaba que pertenecieran a la desaparecida Lauro. “A mitad de los años 50 Josep Estrada menciona que ha localizado restos cerámicos ibéricos y ‘amontonamientos de piedras’, pero no vio la magnitud del asentamiento ni la contundente muralla, algo que se ha mantenido cincuenta años más en los que nadie lo había investigado”, explica el arqueólogo.

Trabajos en el interior de una de las torres de la muralla de Samalús. MARC GUÀRDIA

Trabajos en el interior de una de las torres de la muralla de Samalús. MARC GUÀRDIA

Guàrdia ha revisado todas las monedas (117 acuñadas a partir del siglo II a. C. hasta el año 90 a. C.) que llevan la leyenda Lauro y ha comprobado que su presencia es más intensa en el Vallès (el 76% del total se encuentran a un radio menor de 30 kilómetros del yacimiento). Está, además, el tesoro de Cànoves, una localidad situada a tres kilómetros del yacimiento formado por 41 monedas que se ocultaron para preservarlas. Del total, 21 aparecen con la inscripción Lauro. Tras revisar las inscripciones, los tituli picti, de las ánforas en las que se transportaba el vino en las que aparece en nombre latino de Lauro ha podido comprobar cómo muchas fueron creadas en centros de producción laietanos. Otro dato que ha permitido adscribir el yacimiento a la antigua ciudad son los nombres ya que Lauro es la correlación toponímica con Llerona, localidad situada en el llano, apenas a 5 kilómetros de distancia del yacimiento.

 

La torre seis de la muralla de Samalús, una vez escavada. MARC GUÀRDIA

“Los últimos trabajos que trataban sobre la ubicación de esta ceca comenzaban a desplazar su localización fuera del Vallès Oriental, porque faltaba un yacimiento de entidad en esta zona, pero ya ha aparecido”, prosigue Guàrdia, que ha presentado sus primeros trabajos en varios congresos y está empeñado en que el yacimiento se conozca. El año pasado se recuperó un antiguo camino de carboneros que conduce al yacimiento y se colocaron paneles indicativos que explican las características del asentamiento y así abrirlo al público. Y este año, el primer fin de semana de octubre, Lauro participará por primera vez en la Ruta dels Ibers, la iniciativa del Museo de Arqueologia de Cataluña para visitar los principales yacimientos catalanes ibéricos.

El trabajo se antoja ingente. Las excavaciones, siempre lentas, y acompañadas de un periodo de estudios de los materiales y de las estructuras irán arrojando luz sobre la vida de estos iberos. Ya se ha podido determinar que hubo vida a partir del siglo V antes de Cristo y que cuando llegaron los romanos, en el siglo II a. C. el poblado, a diferencia de lo que ocurrió en muchos otros tras la II Guerra Púnica, no fue arrasado. “Sabemos que la muralla en el siglo II a. C. fue reconstruida y, al menos, una de las torres, fue reocupada en esta fase, por lo que la vida continuó y no de forma residual”. De este momento es, además, la villa romana de Can Martí, situada en el llano a 200 metros del Puig del Castell que intensificó la producción y exportación de vino. Por fin, en el siglo I a. C., el poblado fue abandonado. Hasta ahora, que comienza a recibir las primeras visitas.

¿TRICAPITALIDAD DE LA LAIETANIA?

Que nadie es asuste. La capitalidad de la Laietania no está en peligro. Nadie discute el poderío de Burriac, el yacimiento situado entre Mataró y Cabrera de Mar que controlaba el comercio marítimo. Lo que pasa es que pese a sus diez hectáreas de extensión no son visitables casi ninguna de sus estructuras. Lo mismo le pasa al yacimiento barcelonés de Barkeno, el enorme poblado ibérico que controlaba el comercio en la desembocadura del Llobregat, situado a los pies de la montaña de Montjuïc. Del yacimiento solo se conocen dos monedas y un conjunto de enormes silos, los más grandes del mundo ibérico catalán, que dejan patente el poder de los iberos que vivían en este oppida. Tanto que ha llevado a los especialistas a plantear una bicapitalidad ibera de los layetanos. El tercero en discordia será, a partir de ahora, el yacimiento de Samalús, con sus cuatro hectáreas y su potente y complejo sistema defensivo.

 

17 agosto 2016 at 10:53 am Deja un comentario

El TAC lee los huesos de los moldes de Pompeya 2.000 años después

Debido a su posición antes de que se vertiera el yeso, o al desgaste sufrido los huesos asoman y permiten estudiar patologías de las víctimas

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Fuente: JOSÉ MIGUEL PARRA, Egiptólogo |  EL MUNDO
11 de julio de 2016

En el año 79 d. C., cuando Tito acababa de heredar el poder imperial, el Vesubio entró en erupción y terminó enterrando a dos importantes ciudades de veraneo que se encontraban a los pies de sus laderas. No es que la erupción del volcán fuera algo repentino, pues hubo algunas semanas previas de temblores de tierra y ruidos; pero los habitantes de Pompeya y Herculano, reacios a abandonar sus hogares y posesiones, decidieron aguantar a ver qué pasaba. Y lo que pasó fue que el estallido del Vesubio lanzó al aire una inmensa lluvia de escombros y ceniza que cayó como un granizo de piedra pómez sobre toda la zona.

Esto terminó por decidir a alguno a salir de la ciudad, pero no a todos. El problema fue lo que vino después, una oleada piroclástica, una avenida de aire a más de 100 ºC de temperatura que asfixió y quemó cuanto encontró a su paso. En realidad, fueron varias consecutivas, la última de las cuales alcanzó kilómetros lejos del volcán y terminó llegando a la costa, donde su víctima más conocida fue Plinio el Viejo, que estaba allí en labores de rescate.

Desde 1772 se sabía que los objetos de Pompeya enterrados por la ceniza y destruidos por el tiempo dejaban un hueco; pero no fue hasta un siglo después cuando se comprobó que, si se rellenaba con yeso, este hueco proporcionaba un molde del objeto. El primero en sufrir este proceso reconstructivo fue una puerta de madera. Sería en 1863 cuando Giuseppe Fiorelli, director del yacimiento, decidió probar el sistema con los huecos de las víctimas humanas, creando así las «momias» del Vesubio. Estas «esculturas» de yeso nos ofrecen una espectacular imagen de cómo sorprendió a los pobres pompeyanos su estertor final.

El rostro de la muerte 2.000 años después

En muchos casos, los moldes poseen unos detalles asombrosos, que permiten apreciar el tipo y los pliegues de las ropas e incluso las expresiones faciales de las víctimas de la erupción. Es algo sobrecogedor, pues nos presenta el rostro de la muerte hace dos mil años, como la cámara de un reportero de guerra que siguiera el rastro mortífero de un señor de la guerra.

En algunos casos, debido a su posición dentro del hueco antes de que se vertiera el yeso, o al desgaste sufrido por éste con los años, los huesos asoman y permiten estudiar a algunas patologías de las víctimas del volcán. Por fortuna, ahora contamos con la tomografía axial computerizada, que permite asomarse a las entrañas de estos romanos sin que por ello su cáscara protectora de escayola sufra.

De las entre 10.000 y 50.0000 personas que se calcula vivían en Pompeya, sólo se han encontrado algo más de mil, y sólo la décima parte ha sido «momificada», pero son bastantes como para hacerse una idea la salud general de esta población. La técnica del TAC, que está empezando a aplicar en Pompeya un nuevo proyecto arqueológico, consiste en hacer miles de radiografías que luego el ordenador combina para formar una imagen tridimensional.

Esto permite luego «jugar» con los resultados, girarlos, diseccionarlos… La capa exterior queda convertida en una concha transparente en cuyo interior los huesos se ven perfectamente. A cada hueso se le puede dar un color distinto para identificarlos mejor, pero es que otro programa permite «teñir» las distintas capas como si fueran la piel y los músculos, añadiendo profundidad a la reconstrucción.

Así se ha podido comprobar que la dentadura de los cuerpos de yeso escaneados están mejor estado de lo sospechado, quizá por la escasa posibilidad de estas personas concretas de consumir alimentos dulces; pero también que algunas de ellas presentan restos de trauma que pueden ser debidos a deyecciones del volcán. Al fin y al cabo, lo interesante de estos cuerpos es que nos ofrecen una muestra aleatoria de una población antigua en un momento dado y conocido, una valiosísima fuente de información para reconstruir el mundo romano.

 

11 julio 2016 at 5:04 pm Deja un comentario

Príapo, el dios maldito con un falo gigante que adoraba la población rural

Su mayor presencia era en el mundo rural, puesto que era el símbolo del instinto sexual, de la fecundidad masculina, y el protector de las huertas y jardines

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Fresco de Príapo en la Casa de los Vettii, Pompeya – Wikimedia

Fuente: CÉSAR CERVERA  |  ABC
19 de junio de 2016

Con motivo de un acto de prensa en el Museo de la Magna Grecia, en Calabria, se planteó hace pocas semanas una pregunta recurrente en el mundo del arte griego: ¿Por qué las estatuas clásicas tienen el pene pequeño? La razón de las escasas dimensiones está relacionada con la idea de que un pene grande se vinculaba a lo rústico y a un escaso control de los impulsos y la incapacidad de actuar con moderación. «En la antigua Grecia, un pene pequeño era un aspecto codiciado por el macho alfa», explicó el experto en antigüedad clásica, Andrew Lear, profesor en Harward, Columbia y New York University a la web Quartz.

Príapo, el dios que fue maldecido por los pecados de su madre

Los falos grandes eran motivo de burla entre las clases altas y los artistas del periodo. «Ciegos humanos, semejantes a la hoja ligera, impotentes criaturas hechas de barro deleznable, míseros mortales que, privados de alas, pasáis vuestras vida fugaz como vanas, sombras o ensueños misteriosos», se burla de los cuerpos desproporcionados Aristófanes, autor de obras de teatro, en una de sus obras. No obstante, en otros grupos sociales, sobre todo en las regiones rurales, se destilaba la adoración a un dios grotesco de un enorme falo: Príapo, el dios que fue maldecido por los pecados de su madre.

El hijo de Afrodita y ¿el dios del vino?

Príapo era una antigua divinidad grecoromana que se representaba como un pequeño hombre barbudo, normalmente un viejo, con un pene desproporcionadamente grande. Su mayor presencia estaba en el mundo rural, puesto que era el símbolo del instinto sexual, de la fecundidad masculina, y el protector de las huertas y jardines. En este sentido, la población rústica empleaba este deidad y sus representaciones como fórmula mágica para neutralizar el mal de ojo contra la envidia de las personas y para potenciar la sexualidad.

Representación de Priapo - Museo Archeologico Nazionale de Nápoles

Representación de Priapo – Museo Archeologico Nazionale de Nápoles

Según la mitología griega, Príapo era hijo de Dionisio, dios del vino y el éxtasis, y de Afrodita, diosa de la belleza, el amor y el deseo. Esto es, el resultado de los dioses más desinhibidos del panteón clásico. No en vano, otras leyendas le achacan su paternidad a Hermes, Pan, Zeus e incluso Adonis. En esta versión, la diosa quedó embarazada de su antiguo amor durante uno de sus viajes a la India, sin que Dionisio lo supiera nunca. Como castigo por engañar al ingenuo de Dionisio, Hera –hermana y esposa del dios Zeus– castigó su falta de compromiso maldiciendo al fruto de su relación extramatrimonial.

A causa de los celos de Hera, Príapo fue condenado a tener su falo siempre en erección y, lo que es más grave para el dios del instinto sexual, a no poder reproducirse (otras versiones dicen que su maldición era a no ser amado por ninguna mujer). Hoy, de hecho, se denomina priapismo a la dolorosa enfermedad que provoca la permanente erección del pene sin apetito venéreo. Se considera que una persona sufre de priapismo cuando el pene se encuentra en un estado de erección sin estimulación física y psicológica durante un largo periodo (varias horas).

La adoración del falo en Roma

En la antigua Roma solía erigirse una estatua en honor a Príapo portando fruta entre sus ropas y una hoz en una de sus manos, mientras sus hinchados genitales permanecían en una posición erguida, cuya función principal era la de atraer la buena fortuna en las cosechas. Su presencia era bastante habitual en las zonas de influencia helenística como es el caso del sur del país. En unas excavaciones llevadas a cabo en la ciudad de Pompeya, los arqueólogos hallaron un grabado de Príapo en la «Casa de los Vettii», representado con su imponente erección sobresaliendo por debajo de su túnica.

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Estatuilla galo-romana de bronce de Príapo o Genius descubierto en el norte de Francia

La representación de este pene fue objeto de la investigación hace un año del doctor Francesco Maria Galassi, quien, tras observar el susodicho fresco se percató de que el «miembro viril tiene una fimosis patente. Más concretamente, una fimosis cerrada», apuntó el experto en declaraciones recogidas por «Live Science». A su vez, el experto remarcó lo sumamente extraño que le ha parecido hallar esta característica en una pintura dedicada a una deidad de la fecundidad. ¿Tal vez la fimosis también formaba parte de la maldición de Hera?

Pero Príapo no fue la única divinidad de carácter fálico en Roma, véase el caso también de Genius o Mutino Titino. Según cuenta Plinio el Viejo, el guardián protector del mal de ojo era en Roma el dios Fascino, una divinidad de forma fálica que formaba parte de los sacra que las Vestales se encargaban de proteger.

Tras la caída del Imperio romano, se produjo una cristianización del culto fálico a Príapo y al resto de deidades de este tipo. Santos como Cosme y Damián, Nicolás, Eutropio de Orange, San Faustino, San Fiacro mantuvieron elementos que recordaban lejanamente a Príapo. Ya en el Renacimiento, se hace mención a los conocidos como «dedos gordos del pie de San Cosme», que, en verdad, parecen todo menos dedos.

 

19 junio 2016 at 8:20 am Deja un comentario

El kétchup del imperio romano

Un equipo gaditano recupera el ‘garum’, el condimento más difundido hace veinte siglos

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Ciudad romana de Baelo Claudia (Bolonia, Cádiz). / JUAN CARLOS TORO

Fuente: JESÚS A. CAÑAS  |  EL PAÍS
4 de junio de 2016

Sal, vísceras de pescado, salmonetes, especias como el anís, vinagre o vino: esos eran algunos de los ingredientes conocidos de la salsa más famosa del imperio romano, el garum. De ella, Plinio el Viejo decía que “ningún licor ni perfume tiene mayor precio y da tanta fama a los lugares donde se fabrica”. Y casi dos milenios después el arqueólogo y profesor de la Universidad de Cádiz Darío Bernal reafirma las palabras del naturalista latino: “Cádiz era de los lugares más reputados en la producción de la salsa”. Habla con conocimiento de causa, ya que dirige una investigación “única” que pretende volver a producir el famoso garum gaditanum a partir de restos encontrados en el yacimiento de Baelo Claudia (Bolonia, Tarifa).

Bernal, además de ser doctor en arqueología, es especialista en el estudio del uso de los recursos marinos en la Antigüedad. Desde hace años capitanea un grupo de investigación “pionero” que no tiene parangón conocido en el mundo académico y que intenta indagar cómo se alimentaba la gente en el imperio romano. Para ello su equipo interdisciplinar engloba a profesionales tan aparentemente dispares como arqueólogos, historiadores, biólogos, geólogos o químicos.

Llevan años enfrascados en el estudio del garum. De hecho, ya consiguieron investigar, reproducir y comercializar Flor de Garum, la salsa que se producía en Pompeya. Ahora centran su mirada en el condimento que se producía en la zona de Cádiz y los primeros resultados son más que prometedores. El ambicioso proyecto arrancó en 2013 y ya han excavado en las factorías de salazones del siglo V después de Cristo de la ciudad romana, donde han logrado encontrar cubetas con restos, hecho esencial para poder continuar adelante con el estudio.

“Nuestro fin es investigador, queremos comprender el proceso”, explica Bernal. Por eso quieren conseguir la reproducción exacta del garum gaditanum. Desde el verano pasado han avanzado mucho: los arqueozoólogos determinaron a qué animales pertenecían los restos óseos descubiertos y los geólogos qué vegetales se incorporaban como ingredientes. Los expertos químicos analizaron en detalle los restos y ahora están replicando el compuesto en el laboratorio. “Hemos rellenado ánforas pequeñas con la mezcla para reproducir las condiciones y problemas que tenían”, explica Bernal.

El consumo de garum en la era romana era tan común que la salsa aparece como ingrediente en la mayoría de sus recetas. “Desde la mesa del emperador a la dieta del legionario, el garum estaba presente, aunque de distinta calidad”, apunta Bernal. Y el que se fabricaba en Cádiz era “el más reputado”, por la excelencia del pescado y por la experiencia en salazones “que venía desde los fenicios”. Aunque el proceso de elaboración era similar en todas las zonas, los ingredientes variaban. Las vísceras, espinas y piel de pescados como el atún se mezclaban con sal, trozos de pulpo, salmonetes, vino o vinagre y diversas especias y se dejaban en maceración tres semanas. La sal “eliminaba el crecimiento bacteriano”; la mezcla se removía hasta que quedaba como un puré. Esa pasta se filtraba y el elemento líquido resultante era el garum; el residuo sólido era un paté llamado allec, que también se consumía.

En contra de lo que se pueda pensar, el sabor de la salsa no es tan extraño a los paladares de hoy. Bernal ya lo pudo comprobar con Flor de Garum, el resultado de su anterior investigación en Pompeya. Hoy se comercializa y gusta al que lo prueba: “Al que consume salazones, este producto le encanta”, matiza. Por ello, su intención es que cuando concluya la investigación con el garum gaditanum, este producto también se lance al mercado.

Si la Gades de la Antigüedad fue conocida en todo el imperio por la calidad de su garum, la Cádiz del siglo XXI podría ser el lugar en el que se consiguió revivir una receta al cabo de dos milenios.

 

5 junio 2016 at 9:08 am Deja un comentario

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