Posts tagged ‘Petronio’

Los errores históricos en las películas de Semana Santa

Por qué el protagonista de ‘Gladiator’ no debería llamarse Máximo Meridio y otros fallos presentes incluso en las mejores películas de romanos

Fuente: GUILLERMO ALTARES > Madrid  |  EL PAÍS
28 de marzo de 2018

La Semana Santa trae en España recuerdos de escabeches, torrijas, monas de pascua, hornazos, potajes… y, sobre todo, de películas de romanos en televisión. Con los años las costumbres se han ido relajando y, poco a poco, las cadenas han pasado de los títulos bíblicos puros, como Ben Hur, La túnica sagrada o Barrabás, a filmes de romanos en general, como Gladiator (que emite mañana jueves La 1 a las 22.00), lo que plantea algunos problemas. En la cinta de Ridley Scott, el emperador Marco Aurelio aparece como un hombre sabio y justo, olvidando que fue el responsable en el siglo II de terribles persecuciones de cristianos (las masacres de Lyon se cuentan entre las más violentas de la antigüedad).

El cine de romanos es tan viejo como el séptimo arte. De hecho, el pionero y visionario George Méliès rodó una versión de Cleopatra en 1899. Desde entonces no han parado de estrenarse filmes sobre el mundo antiguo, aunque su época dorada tuvo lugar en los años cincuenta y sesenta, en la era del cinemascope, como explica el investigador Jon Solomon en su libro Peplum. El mundo antiguo en el cine (Alianza Editorial, traducción de María Luisa Rodríguez Tapia): “¿Por qué tiene el mundo antiguo tanto atractivo para el cine? Existen varias razones. Princesas seductoras como Cleopatra o Salomé, poderosos personajes históricos como Julio César o los faraones, revolucionarios bíblicos como Jesuscristo y Moisés y complejos semidioses y semimortales mitológicos como Hércules o Helena de Troya son figuras cuyos nombres resultan familiares y cuyas imágenes impresionan a casi todo el mundo”.

¿Veracidad o calidad?

Sin embargo, Solomon, profesor de la Universidad de Ilinois, arranca su libro con una cita de Cicerón que afecta al corazón mismo de las películas sobre la antigüedad: “Sin duda, está permitido que los oradores mientan sobre aspectos históricos para poder hablar con más sutileza”. En otras palabras, ¿qué es más importante, la calidad de una película o su veracidad?, ¿son siempre compatibles las dos cosas?

El primer problema reside en que la fidelidad histórica tiene un límite porque nuestros conocimientos sobre el pasado son siempre fragmentarios: no lo sabemos todo y nunca llegaremos a saberlo (Pompeya es la ciudad más excavada de la antigüedad pero no sabemos dónde estaba el puerto por ejemplo). Aunque dispongamos de muchísimos datos literarios y arqueológicos, como en el caso de la Roma antigua, los huecos siguen siendo grandes. El historiador segoviano Néstor F. Marqués, que acaba de publicar Un año en la antigua Roma (Espasa), un interesante y entretenido ensayo lleno de detalles sobre la vida cotidiana romana, explica que, por ejemplo, no tenemos muy claro cómo se pedía la vida o la muerte para un gladiador, pero el gesto del pulgar arriba o abajo es una invención del pintor decimonónico francés Jean-Léon Gérôme. Su cuadro, Pollice Verso, de 1872, inspiró tanto Ben Hur como Gladiator pero desde una interpretación muy libre de lo que ocurría en un anfiteatro.

Máximo Décimo Meridio, un nombre falso

Gladiator (2000) es una película muy buena, aunque se salta la historia una y otra vez. Por ejemplo, Marco Aurelio no fue asesinado por su hijo Cómodo, sino que murió de peste”, explica Marqués, que señala un error que arruinaría la escena más famosa del filme, cuando el general-gladiador le espeta desafiante al emperador: “Mi nombre es Máximo Décimo Meridio, comandante de los Ejércitos del Norte, General de las Legiones Félix, leal sirviente del único emperador Marco Aurelio. Padre de un hijo asesinado, esposo de una esposa asesinada, y juro que me vengaré en esta vida o en la otra”. En realidad, como señala Marqués, ningún romano se podría llamar Máximo Décimo Meridio porque se respetaban siempre unas normas muy estrictas para los nombres. Existían tres nombres, praenomen, nomen y cognomen, y el primero nunca hubiese podido ser Máximo ya que sólo podían elegir entre 18. Curiosamente, uno de ellos era Décimo.

Se trata de errores que se podrían arreglar sólo con tener Google a mano, pero, claro, Máximo Décimo Meridio suena muy bien. Entre los que más irritan a Marqués, que mantiene una cuenta de Twitter llamada Antigua Roma al día, está llamar emperador a Julio César, título que nunca ostentó, y la aparición de estribos en los caballos, algo inexistente en Roma.

Muchos expertos eligen Roma (2005), la serie de la HBO creada por John Milius, William J. MacDonald, y Bruno Heller, como el trabajo cinematográfico que mejor describe cómo pudo ser aquel momento de la antigüedad, sobre todo el ambiente y las calles de lo que entonces era la ciudad más poblada del mundo.

El maestro Fellini

Para otros, sin embargo, una película que no se suele poner en Semana Santa es la obra maestra del cine de romanos: se trata de Satiricón (1969), de Federico Fellini, una adaptación de la novela de Petronio, del siglo I. Jon Solomon explica que el maestro italiano estudió el clásico de Jerôme Carcopino La vida cotidiana de Roma en el apogeo del Imperio (desgraciadamente descatalogado en castellano), así como los frescos de Pompeya y Herculano, además de la obra del propio Petronio (de la que solo se conservan 3 de un total de 20 capítulos), aunque precisa que siempre introduce “comentarios o modificaciones personales”. El resultado es hipnótico, porque logra trasladar a los espectadores a otro mundo remoto.

La escena que mejor refleja la dificultad para rodar cine histórico aparece también en Fellini, en otra película, Roma, cuando los trabajadores del metro encuentran una villa romana llena de frescos. Cuando abren un hueco para acceder a ella, las pinturas desaparecen en cuestión de minutos ante su mirada. El pasado siempre se desvanece así cuando tratamos de acercarnos a él. La única manera de fijarlo es hacer trampas: siempre serán necesarias para construir una buena película.

 

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28 marzo 2018 at 4:58 pm Deja un comentario

Julio César y las supersticiones de Roma

Decir “Salud” al estornudar, entrar en una habitación siempre con el pie derecho o romper un cordón eran algunos de los símbolos supersticiosos de la antigua Roma. Algunos de ellos se heredaron en las civilizaciones posteriores e incluso todavía siguen vigentes en la actualidad

Fuente: JESÚS CALLEJO > Madrid  |  Cadena SER
8 de febrero de 2018

No deja de sorprender que una ciudad-estado como era la antigua Roma, todo un imperio extendido por medio mundo gracias a su poder militar, fuera tan supersticioso como el que más.

En eso no era único ni original. Muchas de sus prácticas mágicas estaban influidas por los griegos, por los etruscos y los caldeos. Es sabido la afición que tenían los romanos de consultar a augures, arúspices y oráculos, prácticas que se incrementaron cuando pasaron de ser una austera República y se convirtieron en Imperio. Los emperadores o césares se creyeron divinos y vitalicios, rindiéndoseles un culto que iba más allá del mero aspecto político. Eso tenía su contrapartida: cualquier desastre militar -o incluso de la naturaleza- se le imputaba a la debilidad del soberano. Al emperador Nerón le achacaron el origen del terremoto ocurrido en la Italia meridional, aparte de algún que otro incendio de sobra conocido.

Cualquier persona que tuviera un sueño profético atinente a la suerte del Estado podía comunicárselo al Senado. Julio César creía en los vaticinios, aunque no los hizo mucho caso en los momentos finales de su vida, Tiberio se rodeó de varios astrólogos y Septimino Severo anotaba cuidadosamente los oráculos que se referían a su persona. Hubo una época en que los adivinos se hicieron imprescindibles hasta que fueron prohibidos por los emperadores cristianos.

Diversos autores latinos se encargaron de darnos a conocer estas múltiples supersticiones romanas. Una obra poco conocida de Cicerón (106-43 a.C.), titulada De Adivinatione, recoge algunas de estas creencias: “El tropezar, romper un cordón y estornudar tienen un significado supersticioso digno de atención”. Ovidio, en los Fastos, asegura: “si los proverbios tienen alguna importancia para tí, la gente dice que no es bueno para las esposas que se casen en mayo”.

Pero, sin duda, fue el escritor y historiador latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) el que se encargó de recopilar muchas de las supersticiones que practicaron los romanos y que luego, durante la Edad Media, pasaron a la cultura occidental. Su sobrino, Plinio el Joven, también se dedicó a esta clase de recopilaciones en su Epistolario, aunque con menos empeño. Hay algunas, tan conocidas hoy en día, como entrar en una habitación siempre con el pie derecho (ya mencionada por Petronio) o el exclamar “¡Salud!” cuando alguien estornuda en nuestra presencia (algo que exigía el emperador Tiberio) o bien el llevar consigo una pata de liebre o de conejo como amuleto para aliviarse de ciertas enfermedades o ahuyentar la mala suerte.

En su Historia Natural (enciclopédica obra compuesta por 37 libros sobre distintos aspectos del mundo de la naturaleza), Plinio el Viejo recoge creencias y supersticiones sobre los asuntos y objetos más variopintos, que van desde los alfileres (“tener varios alfileres que se hayan cogido de una tumba clavados en el umbral de una puerta es una protección contra las pesadillas nocturnas”) hasta los nudos (“Para curar las fiebres se suele poner una oruga en un trozo de lino con un hilo pasado tres veces alrededor y atado con tres nudos, repitiendo a cada nudo la razón por la que el mago realiza la operación”).

Se sabe que portaban toda clase de amuletos y que una de las supersticiones más extendidas era la utilización de tablillas (generalmente de plomo) donde aparecían los nombres a los que se quería hacer daño y que luego eran utilizados en un conjuro mágico.

Lo bueno, o lo malo, es que muchas de esas supersticiones las hemos heredado también nosotros…

 

9 febrero 2018 at 2:49 pm Deja un comentario

Así comían los romanos

Una exposición en el Museo del Ara Pacis de Roma explora el complejo sistema de la alimentación romana a través de piezas arqueológicas excepcionales, tecnología multimedia y reconstrucciones

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Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

En El Satiricón de Petronio, el liberto Trimalción se muestra desolado en un banquete porque “toda una criatura humana es nada” cuando muere y por ello propone vivir “mientras nos sea posible disfrutar”. La reflexión sobre la muerte en el apogeo de la vida constituye aquí una invitación al carpe diem. En tiempos antiguos, los romanos eran sobre todo vegetarianos, hasta el extremo que fueron descritos por Plauto como “comedores de hierbas”, pero ya en época imperial consumieron productos procedentes de todos los rincones del mundo, a pesar de que “la vida del pueblo romano cada día está expuesta a la incertidumbre del mar y de las tempestades”, en palabras de Tácito.

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El aceite fue utilizado en la alimentación, pero también en la iluminación, calefacción, cosmética, medicina y en los oficios artesanales. El aceite italiano era muy apreciado por los sibaritas en las comidas. Sin embargo, la colina de Testaccio en Roma, formada artificialmente con los fragmentos de las ánforas, “evidencia una cantidad masiva de aceite proveniente de la Bética, la actual Andalucía”, según explican Claudio Parisi y Orietta Rossini, coordinadores de la muestra Alimentar el Imperio. Historias alimentarias de Roma a Pompeya, que se puede visitar en el Museo del Ara Pacis de Roma desde el 2 de julio hasta el 15 de noviembre de 2015.

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Vino de la Tarraconense y «garum» de Cádiz

Hispania suministraba otros productos de calidad al centro del Imperio romano, por ejemplo vino de la Tarraconense y el célebre garum procedente de Cádiz, pues el Atlántico era particularmente rico en esta variedad de pescado. El garum era una salsa a base de pescado, salada y macerada largamente al sol, muy usada y apreciada en la cocina romana para realzar el sabor, a pesar de que “su olor era notoriamente pésimo, tanto que Marcial bromea a las espaldas de un amigo capaz de frecuentar mujeres amantes del garum“, comentan los coordinadores de la muestra en un texto.

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La exposición plantea las siguientes preguntas: ¿qué comían y cómo comían los antiguos romanos? ¿Cómo transportaron tantas toneladas de víveres desde los lugares más recónditos de la tierra? ¿Cómo trasladaron estos alimentos por el Tíber hasta el corazón de la ciudad? ¿Y cómo los conservaron durante todo el año? La muestra explora esta primera globalización del consumo en la historia, caracterizada por una deslocalización productiva de los bienes primarios. Reúne préstamos importantes de Pompeya, Herculano y Oplontis, además se puede contemplar el Tesoro Moregine, un juego de plata completo, que regresa a Italia después de cinco años de exposición en el Metropolitan Museum de Nueva York.

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2 julio 2015 at 5:43 pm Deja un comentario

Nerón: El reino del terror

Obsesionado por las conspiraciones contra su poder, reales o imaginarias, Nerón persiguió de forma implacable a numerosos miembros de la nobleza romana. Acusados de traición ante el Senado, muchos de ellos fueron obligados a suicidarse

Por Antón Alvar. Universidad de Franché-Comté (Besançon), Historia NG nº 129

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Ambicioso y megalómano, Nerón gobernó Roma conforme a sus caprichos. En sus últimos años se sucedieron las conjuras y rebeliones contra su poder tiránico, pero el emperador logró sofocarlas. Busto en mármol de Nerón. Araldo de Luca / Corbis / Cordon Press

Durante los catorce años que duró el gobierno de Nerón (54-68 d.C.), el Senado de Roma vivió un ambiente similar al que respiró el senado de Estados Unidos durante la famosa «caza de brujas» instigada por el senador republicano Joseph McCarthy (1950-1956). Si en este segundo caso cualquier individuo con influencia política o mediática podía ser acusado de «comunista», en el de Nerón todos temían ser declarados «enemigo del emperador». Fue un período de continuas sospechas y condenas políticas, de conspiraciones y represión despiadada, que terminaría trágicamente con el suicidio del emperador tras haber sido declarado enemigo del Estado por el Senado de Roma.

Para entender el papel que en este proceso desempeñó el Senado hay que tener en cuenta la evolución política del Estado romano en aquellos años. En Roma, el emperador no era omnipotente. Su voluntad tenía que ser ratificada por el Senado, de modo que la tensión de poderes y los intentos por influir o controlar a los senadores eran constantes. El Senado había sido la quintaesencia de la política romana: durante la República fue el órgano de gobierno central. Pero las constantes guerras civiles que sufrió Roma durante el siglo I a.C. desembocaron en el enaltecimiento de un individuo, el emperador Augusto, quien recibió del Senado numerosos poderes especiales de manera perpetua para acabar con la guerra, garantizar una paz duradera y mantener la unidad de Roma. A partir de entonces se impuso un nuevo orden político basado en la primacía de una sola persona. Aun así, durante toda la época imperial, el Senado mantuvo una serie de funciones políticas importantes: era el encargado de elegir a los magistrados, todas las leyes tenían que ser consultadas y aprobadas por él, controlaba los fondos públicos y era el responsable de reconocer los honores y decidir sobre las cuestiones religiosas que afectaran al Estado. Un gobierno que no tuviera en cuenta al Senado tenía que chocar necesariamente con él. Y eso fue lo que ocurrió con el emperador Nerón.

Al servicio del emperador

En la práctica, las relaciones entre el emperador y el Senado se caracterizaron siempre por un teatral cuidado de las formas, y, de hecho, aunque algunos senadores se implicaron en conjuras contra Nerón, la mayoría de ellos tuvieron una actitud conformista e incluso de acatamiento servil de las órdenes del emperador. El Senado sirvió a menudo de caja de resonancia para las decisiones de Nerón, quien gustaba justificar la persecución de sus enemigos políticos a través de los discursos dirigidos a la curia. Por ejemplo, en el año 65, Nerón hizo frente a la conspiración más peligrosa de las que había sufrido hasta entonces, dirigida por el senador Pisón. Tras deshacerse de los cabecillas –entre ellos personajes cercanos al emperador, como el filósofo Séneca, el poeta Lucano y el escritor Petronio– por medios expeditivos, ejecutándolos o forzándolos a suicidarse, convocó una sesión del Senado. Ante una cámara repleta, leyó las confesiones de los condenados y otorgó las máximas condecoraciones a los que le habían ayudado a reprimir la conjura. Todos los senadores presentes «se humillaron con sus alabanzas» a Nerón, incluidos los parientes de las víctimas, quienes a lo largo de varios días se postraron ante el emperador y le besaron la mano mientras negaban tener nada que ver con la conspiración.

Otro ejemplo de cómo el Senado sirvió de instrumento del despotismo neroniano lo ofrece el caso de Barea Sorano. Senador él mismo, su amistad con Rubelio Plauto, un patricio que había sido asesinado por el emperador por tratar de organizar un golpe de Estado, hizo que también él fuera visto con suspicacia. Primero se le acusó de malversación de fondos, y cuando esto no funcionó las imputaciones se dirigieron contra su hija –cuyo marido acababa de ser condenado al exilio– por practicar artes mágicas. La hija compareció ante el Senado en presencia de su padre y, temiendo perjudicarle, rompió a llorar y se arrojó al suelo mientras negaba haber realizado ningún rito impío. Pero el Senado no se conmovió y lo único que ofreció a Sorano fue elegir la manera en que prefería morir.

Senadores rebeldes

Hubo también senadores que colaboraron espontáneamente con el régimen de terror de Nerón, engordando mediante acusaciones oportunistas las listas negras de supuestos enemigos del Estado; una forma, para ellos, de mejorar su cota de poder a través de las sentencias del princeps. Sin embargo, no todos aplaudieron la política de Nerón ni aceptaron comprometerse en ella. Hubo algunos que se mantuvieron fieles a los principios de una República ideal, pero utilizando estrategias diferentes al intento de golpe de Estado. Uno de ellos fue Peto Trasea. Al principio, Trasea se limitaba a callar cuando el resto de sus colegas adulaban al emperador por sus acciones despóticas, pero al cabo de un tiempo su silencio se convirtió en muestra de disconformidad. Así, cuando el emperador reconoció ante el Senado el asesinato de su madre Agripina y trató de justificarlo, Trasea salió de la curia mientras el resto de senadores aplaudía a Nerón. Tampoco mostraba especial entusiasmo en los espectáculos públicos de Nerón, y solía utilizar su influencia en el Senado para rebajar las condenas de algunos de los enemigos del emperador. Nerón manifestó su disgusto al prohibirle acudir a la ceremonia fúnebre por la muerte prematura de su hija en Ancio; Trasea, sin embargo, recibió la noticia inmutable, incluso con cierto agrado ya que así no tendría que fingir tristeza por la desgracia del emperador.

El senador impasible fue durante mucho tiempo un auténtico superviviente. Se salvó de la caza de brujas por la conspiración de Pisón y sobrevivió también a otras persecuciones. Su estrategia fue retirarse de la vida pública y darle la espalda a sus obligaciones como senador: dejó de ir a la curia, rechazó proclamar el discurso de año nuevo cuando se le ofreció, no asistió a la ceremonia en la que se le otorgaba el importante cargo de sacerdote quindecenviro, y así un largo etcétera. Finalmente, en el año 66, Nerón hizo que Trasea fuera acusado de sedición ante la curia. El patricio se hallaba en sus jardines cuando recibió la noticia de que el emperador le concedía la gracia de elegir su propia muerte. Según cuenta Tácito, allí mismo se abrió las venas y, mientras su sangre regaba el suelo, se dirigió al emisario: «Hagamos –dijo– una libación a Júpiter Liberador. Mira, joven, ¡y que los dioses prohíban este presagio! Por otro lado, a ti te ha tocado nacer en estos tiempos en los que conviene fortalecer el alma mediante ejemplos de rectitud».

Nerón, enemigo público

Igual que Trasea, fueron cayendo poco a poco los enemigos de Nerón o de los senadores afines al emperador. No por ello, sin embargo, logró el césar una completa seguridad. Los numerosos asesinatos que ordenó –incluyendo los de su madre Agripina, su primera esposa, Octavia, y su segunda esposa, Popea–, el saqueo permanente de los tesoros de los templos y de las arcas de las provincias para pagar sus correrías y la humillación constante a la que sometió a las familias más antiguas de Roma hicieron que su impopularidad acabara por desbordarse.

Finalmente, las legiones en las provincias empezaron a desertar, el pueblo se atrevía a abuchearlo en el teatro y el Senado, que siempre había actuado de manera oportunista y mantuvo su actitud aduladora hasta el final, decidió declararlo enemigo público cuando vio que a Nerón no le quedaban apoyos. El 9 de junio del año 68, Nerón dejó la ciudad de Roma prácticamente sólo en medio de la oscuridad de la noche. Oculto en una villa de su propiedad, sin amigos a su alrededor, ordenó a su fiel liberto Epafrodito que acabar con su vida clavándole un puñal en la garganta.

Para saber más

Arde Roma. La caída del emperador Nerón y su ciudad. Stephen Dando-Collins. Ariel, Barcelona, 2012.
Nerón. Edward Champlin. Turner, Madrid, 2006.
Anales. Libros XI-XVI. Tácito. Gredos, Madrid, 2002.

10 octubre 2014 at 9:18 am Deja un comentario

Arqueólogos prueban que el comedor giratorio de Nerón existió realmente

El Haaretz consigue tener acceso en Roma al reinicio de las excavaciones del comedor giratorio del infame emperador

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Excavaciones en el Palatino. La parte superior de los arcos que sostenían el comedor giratorio son visibles en primer plano

Lirones aderezados con miel y semillas de amapola como aperitivo.

Jabalí asado relleno de tordos vivos como plato principal, focaccia con queso y miel de Hispania para el postre, y para finalizar ostras frescas y caracoles a la brasa. Todo ello regado con vino envejecido durante un siglo.

Es sólo una parte del decadente menú que el escritor satírico Petronio relata que podría mostrarse en un típico banquete ofrecido por las élites romanas del siglo I.

Es fácil imaginar el hecho de que delicias incluso más exóticas pudieran haber adornado la mesa de un emperador al visitar los restos de lo que los arqueólogos creen que fue una de las estructuras más peculiares y sofisticadas de la antigüedad: el comedor giratorio construido por el infame Nerón. Descubierto en 2009 por un equipo de arqueólogos franceses e italianos, el edificio se encuentra en fase de excavaciones y será visitable a partir de octubre, cuando finalicen los trabajos.

El Haaretz hizo el mes pasado un recorrido en exclusiva por el sitio, y tuvo conocimiento de la labor arqueológica detectivesca en aras a la identificación del edificio.

Misterio: La plataforma debería haber colapsado

Cuando empezaron a excavar en una terraza artificial construida por los sucesores de Nerón en la esquina noreste del Monte Palatino de Roma, ciertamente los investigadores no estaban buscando el precursor del restaurante giratorio moderno.

La plataforma fue construida después del año 70, poco después de que Nerón fuera derrocado en una revuelta. Sus sucesores, la dinastía de los Flavios, maniobraban para consolidar su dominio mediante la construcción de un nuevo palacio en el Palatino, la sede tradicional del poder imperial en Roma.

Los investigadores modernos se han sentido intrigados por la zona, ya que los sondeos mostraban que el muro de contención era demasiado delgado para soportar la terraza artificial: toda la estructura debería haberse derrumbado.

“Era un misterio que necesitaba ser resuelto”, señala Francois Villedieu, el arqueólogo francés que dirige la excavación. “Tenía que haber algo grande bajo tierra sosteniéndolo todo”.

Lo que encontraron fue un enorme rompecabezas: una estructura circular, una torre de 12 metros de altura, con un pilar central de cuatro metros de diámetro y 8 pares de arcos soportando dos plantas.

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Pilar central en el que se asienta el comedor giratorio de Nerón. Ministerio de Cultura italiano, Superintendencia Arqueológica de Roma

“No había ningún otro edificio antiguo como este, nada con que compararlo”, recuerda Villedieu. Los estratos que ocupaba y la técnica de construcción de la torre datan de la época de Nerón. Pero lo que se había construido como soporte había sido arrasado para dar paso al nuevo palacio y borrar la memoria del gobernante anterior, vilipendiado como un déspota corrupto y cruel constructor megalómano, quien supuestamente tocaba la cítara mientras Roma ardía en el año 64.

Las únicas pistas sobre la función de la torre, en lo alto de los arcos superiores, eran unas filas de hoyos semiesféricos, llenos de resbaladiza arcilla.

Rodamientos de esferas primitivos y la energía del agua

Los arqueólogos recordaron las cavidades, llenas de lubricantes similares, que se utilizaron en grandes barcos y estructuras portuarias para contener los rodamientos de esferas primitivos, en los que se montaban las plataformas móviles para el transporte de cargas pesadas.

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Modelo de sistema de esferas como el utilizado en el comedor giratorio de Nerón. Francoise Villedieu y Edikom

Pero, ¿qué hacía un equipo industrial en lo que habría sido una parte del elegante palacio de Nerón, la mítica Domus Aurea ?

Fue entonces cuando los investigadores recordaron una descripción del palacio del emperador hecha por el historiador romano Suetonio, que escribió de Nerón que  “su comedor principal era redondo y giraba continuamente sobre sí mismo, de día y de noche, como el mundo.”

Los historiadores pensaron durante mucho tiempo que Suetonio había exagerado en su descripción, y que la coenatio rotunda era la sala redonda, el salón decorado con frescos situado en otro lugar del inmenso palacio, en la opuesta colina del Esquilino.

Pero el descubrimiento del equipo de Villedieu está llamado a cambiar esa opinión. Se cree que las misteriosas cavidades en la estructura podrían haber albergado esferas de metal que soportarían una plataforma giratoria.

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Modelo de las diferentes partes de la plataforma giratoria del comedor de Nerón

En la parte inferior de la torre, los arqueólogos han encontrado también indicios de un mecanismo construido en la pared. Las partes metálicas habían sido arrancadas para ser reutilizadas, pero los depósitos de calcita en las piedras circundantes sugieren que el movimiento constante de la plataforma pudo haberse conseguido a través de un sistema de engranajes movidos mediante agua canalizada.

La inscripción enigmática

Una prueba adicional proviene de una moneda acuñada por Nerón, que muestra una torre similar a la descubierta con dos estructuras más pequeñas en un lado, y una enigmática inscripción que lo describe como “MAC AUG“.

La segunda palabra se refiere a Augusto, el título que llevaron todos los césares. En cuanto a la primera abreviatura, algunos estudiosos creen que podría hacer referencia al “macellum” o mercado de Augusto. Pero otros, incluyendo Villedieu, creen que el edificio alto y estrecho que se ve en la moneda no parece ser un mercado, y que debe interpretarse como una celebración de la “machina” – la máquina de Augusto.

El descubrimiento generó mucho debate y escepticismo entre los arqueólogos, hasta tal punto que Villedieu ha necesitado varios años para reunir fondos para continuar con la excavación.

“No tenemos una prueba definitiva, pero tenemos muchos indicios convincentes”, ha indicado Villedieu a Haaretz.

Ahora, gracias a un premio que el proyecto ha obtenido en Francia y con el apoyo de las autoridades italianas, espera encontrar la fachada del edificio y las otras estructuras representadas en la moneda.

Maria Antonietta Tomei, arqueóloga y antigua funcionaria de la Superintendencia Arqueológica del Ministerio de Cultura que supervisa la excavación en el Palatino, ha señalado que el descubrimiento del comedor cambia un poco nuestra visión de Nerón.

El emperador es conocido sobre todo a través de los escritos de los historiadores que pertenecían a la aristocracia y se oponían a sus políticas económicas populistas en favor de los pobres y a la expropiación de tierras pertenecientes a las clases altas para construir su palacio de oro, indica.

“Nerón tiene una reputación terrible, pero era un personaje muy complejo”, relata Tomei a Haaretz. “Él no era sólo una figura negativa”. Y ahora, en su opinión, la sofisticación mecánica y arquitectónica de su comedor giratorio resalta su pasión por la ciencia y la tecnología, así como también por las artes y la cultura.

Fuente: Ariel David | Haaretz:  Nero’s revolving restaurant really existed, archaeologists prove

2 julio 2014 at 5:03 pm 2 comentarios


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