Posts tagged ‘pesca en época romana’

Los romanos también cazaban ballenas

Un estudio revela que, más de mil años antes de lo que se creía, el Estrecho ya cazaban dos especies de ballena hoy desaparecidas del Mediterráneo

El arqueólogo Darío Bernal observa una vértebra de ballena hallada en el yacimiendo de Baelo Claudia en Bolonia, Cádiz. JUAN CARLOS TORO (EL PAÍS)

Fuente: JESÚS A. CAÑAS – Cádiz  |  EL PAÍS
24 de julio de 2018

No solo de atún rojo vivían los gaditanus. Ni de las sardinas o salmonetes que maceraban en su famosa salsa garum. En tiempos de la antigua Roma, sus ciudadanos en el Estrecho de Gibraltar también explotaban una pingüe y, hasta ahora, desconocida industria ballenera. Dos especies daban sustento a la actividad desarrollada hace unos 2.000 años, la ballena de los vascos y la ballena gris. Y la presencia de ambas -hoy en peligro de extinción- en el Mediterráneo era tan ignota como el propio negocio romano en sí mismo.

Un equipo internacional e interdisciplinar de ecólogos, arqueólogos y genetistas ha llegado a esta conclusión tras cuatro años de investigación; condensados en un estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society of London B. El doble resultado, alcanzado gracias a análisis moleculares de huesos antiguos, adelanta más de 1.000 años el arranque de la industria ballenera, fijado hasta ahora en el medievo, y replantea hábitats desconocidos para dos especies de cetáceos, “probablemente abundantes en el mar Mediterráneo durante el periodo romano”, según la investigación.

Tan importantes conclusiones, hechas públicas este pasado 11 de julio, tuvo un origen, allá por 2014, tan casual como imprevisto. “Cuando excavas encuentras tanto lo que buscas como lo que no”, reconoce Darío Bernal Cassola, uno de los siete coautores del estudio y coordinador del equipo de arqueólogos de la Universidad de Cádiz que ha encontrado la mayor parte de los huesos en el Estrecho.

El grupo trabajaba en el yacimiento romano de Iulia Traducta, en Algeciras, cuando encontró el primer vestigio de ballena. Podría haber quedado en un hallazgo casual si no fuese porque, poco después, Baelo Claudia, en Tarifa, les regaló otra osamenta de cetáceo. Era el hilo definitivo del que tirar. “Eso nos hizo ver que ambos huesos no podían ser ocasionales. Fue algo apasionante”, reconoce Bernal, con más 25 años de investigaciones del mundo romano a sus espaldas. Los arqueólogos abrieron el foco de sus pesquisas a dos ciudades romanas al otro lado del Estrecho: Septen Frates, en la actual Ceuta, y Tamuda, muy cerca de Tetuán.

Este estudio tuvo un origen, allá por 2014, tan casual como imprevisto. “Cuando excavas encuentras tanto lo que buscas como lo que no»

Las cuatro antiguas localidades romanas “vivían de la explotación y las plusvalías del mar”, tal y como explica el arqueólogo gaditano. Tanto como para convertirse en reputados centros de la industria pesquera de la Antigüedad, gracias a la producción de salazones que eran exportados por todo el Imperio Romano. En todos los yacimientos analizados -salvo, curiosamente, en el de Algeciras que lo inició todo- han aparecido varios restos óseos de ballenas “en diferentes sitios y en diferentes momentos históricos, lo que demuestra que la industria era frecuente”, aclara Bernal.

En los entornos de los lugares de procesamiento del pescado de estas ciudades, como sus factorías de salazones, los arqueólogos han localizado restos óseos de tamaño reducido que se corresponderían con la actividad del descarnado y cocido para el aprovechamiento de la grasa y la carne de las ballenas. Pero los romanos reservaban más usos a esta suerte de cerdos de la Antigüedad. Como ejemplifica el arqueólogo, “las huesos grandes se reutilizaban para hacer distintos objetos, las vértebras servían para mesa de pescadero o carnicero”. Incluso en Tamuda ha aparecido un cepillo de carpintero realizado con este tipo de osamenta, único hasta ahora.

Caza adelantada

¿Pero, cómo los romanos eran capaces de cazar ballenas? Con los hallazgos óseos sobre la mesa, la investigación ha implicado también a ecólogos y genetistas -pertenecientes a seis instituciones científicas de Francia, España e Inglaterra y con la financiación de los dos primeros- para resolver ésta y otras incógnitas. “No disponían de la tecnología necesaria para capturar los cachalotes y rorcuales actualmente presentes en el Mediterráneo, porque viven en alta mar”, avanza Ana Rodrigues, también autora del estudio e investigadora del CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique de Francia), en una declaración divulgada en un comunicado de las entidades investigadoras.

La clave estaba en las ballenas que se cazaban. Las nuevas técnicas moleculares basadas en el código de barras de ADN antiguo y la huella dactilar de colágeno aplicadas por los genetistas permitieron saber que los huesos hallados por Bernal eran de dos especies, la ballena de los vascos y la gris, que sí hacen posible su captura sin la mecanización que ya surgió en el Industrialización contemporánea. “La ballena gris y sus ballenatos pueden acercarse mucho a la costa, hasta ser visibles desde tierra y podrían llegar a ser unas presas tentadoras para los pescadores locales”, añade Rodrigues.

El estudio teoriza que ambas especies podrían haber sido capturadas usando pequeños botes de remos y arpones, como los primeros balleneros vascos hicieron durante el siglo XI, en la Edad Media, momento que tradicionalmente la historiografía había fijado para el inicio de la industria. Bernal ha encontrado evidencias de que, en el Estrecho, el negocio funcionó un lapso de 700 años, desde el siglo II antes de Cristo y duró hasta el 500 de nuestra era, aunque “eso no quiere decir que antes o después no se practicase”.

Hasta la fecha, tan solo existían referencias aisladas a las ballenas en textos romanos, una sobre sus bondades médicas y otra en un tratado sobre cómo cazarlas. “Pero nunca se había pensado que hubiese una pesca y aprovechamiento como tal”, reconoce el arqueólogo. De hecho, ni siquiera se conocía que la ballena de los vascos (Eubalaena glacialis) y la ballena gris (Eschrichtius robustus) hubiesen llegado tener el Mediterráneo como hábitats habituales. Tras siglos de persecución, actualmente la primera subsiste a duras penas en una población frente a las costas de Norteamérica. La segunda ya ha desaparecido del océano Atlántico y ahora su localización se restringe al Pacífico norte.

No se ha podido determinar cuándo o porqué acabaron desaparecidas del Mediterráneo, aunque Bernal plantea la hipótesis de que quizás ese aprovechamiento romano acabase con ellas. Es solo una de las preguntas que esta investigación abre para el futuro. De entrada, el conocimiento aportado permite una relectura con ojos nuevos de fuentes históricas. Es el caso de cuando Plinio el Viejo, naturista del siglo I describía a orcas que atacaban a una ballena y su cría recién nacía en la bahía de Cádiz. “Eso se ajusta perfectamente con lo que sabemos de la ballena gris y la de los vascos”, reconoce Anne Charpentier, profesora titular de la Universidad de Montpellier y otra de las autora del estudio.

Por ello, los autores aconsejan a historiadores y arqueólogos que reexaminen sus materiales históricos bajo este nuevo prisma. Es lo que hará el propio arqueólogo gaditano, justo ahora enfrascado en una nueva campaña de excavaciones en Baelo Claudia. La coautora Camilla Speller, arqueóloga y genetista de la Universidad de York, cree los expertos en genética tendrán protagonismo en las próximas investigaciones en la materia: “Las nuevas herramientas moleculares nos abren una nueva ventana al pasado de los ecosistemas”. El tiempo y las futuras indagaciones dirán si la combinación entre disciplinas hará viable el descubrimiento de nuevos espacios en blanco que la historia de las civilizaciones mediterráneas aún parece querer reservarse.

 

25 julio 2018 at 10:13 am Deja un comentario

Restos óseos en España apuntan a que los romanos tenían industria ballenera

El Mediterráneo fue hace 2.000 años hogar de dos especies de ballenas hoy desaparecidas de ese mar, como revelan los restos óseos descubiertos en varios yacimientos arqueológicos de España, los cuales sugieren que los romanos tuvieron industria ballenera.

Fotografía facilitada por la Universidad de Cádiz de algunos de los tanques de salazón de la antigua ciudad romana de Baelo Claudia, cerca de la actual Tarifa, uno de los yacimientos arqueológicos de ciudades romanas en los que se han encontrado 25 restos arqueozoológicos que revelan que el Mediterráneo fue hace 2.000 años hogar de dos especies de ballenas hoy desaparecidas / Efe / Carmen Rodríguez

Fuente: Carmen Rodríguez – EFE  |  LA RAZÓN
11 de julio de 2018

Un equipo internacional de ecólogos, arqueólogos y genetistas realizó análisis moleculares de ADN para establecer que los restos pertenecían a la ballena gris y a la franca glacial.

Antes de este estudio, que publica hoy Proceedings of the Royal Society of London B, se había asumido que el Mediterráneo estaba fuera del área de distribución histórica de ambos ejemplares, que hoy son dos especies muy amenazadas que subsisten en el Atlántico norte y en el Pacífico norte, respectivamente.

El profesor de arqueología marina Darío Bernal Casasola, de la Universidad de Cádiz y coautor del estudio, dijo a Efe que el equipo por él dirigido encontró 25 restos arqueozoológicos en las ciudades romanas de Baelo Claudia (Tarifa), Iulia Traducta (Algeciras), Septem (Ceuta) y en el de Tamuda, en la ciudad marroquí de Tetuán.

Ambas ballenas son especies migratorias y su presencia al este del estrecho de Gibraltar es «un fuerte indicio» de que entraban en el Mediterráneo para que nacieran sus crías, señala el estudio.

Durante el periodo romano, el estrecho de Gibraltar era el centro de una gran industria de tratamiento pesquero, cuyos productos se exportaban a todo el imperio y los restos han aparecido -señaló- en yacimientos vinculados a la explotación y producción del atún en salazón y de salsas que consumían los romanos como el garum.

El estudio demuestra -dijo Bernal- que esas especies estuvieron en el estrecho de Gibraltar en época romana, «lo que no se sabía» y «permite reforzar» la idea de que antes del inicio de la pesca de la ballena, que tradicionalmente se atribuye a los vascos en el Medievo, ya debía de haber una aprovechamiento de los cetáceos.

El descubrimiento de los restos hace plausible esa hipótesis, pues esos dos tipos de cetáceos y sus crías «debían llegar muy cerca de la costa, incluso para ser vistos desde tierra», por lo que pudieron ser cazados con barcos de remos y arpones de mano, según la autora principal del texto, Ana Rodrigues, investigadora del francés Centro Nacional para la Investigación Científica.

La identificación de los esqueletos fue posible con técnicas moleculares basadas en el código de barras del ADN antiguo y la huella de colágeno, métodos que «abren una nueva ventana al pasado de los ecosistemas», dijo Camila Speller, de la británica Universidad de York, en un comunicado.

Estas técnicas confirmaron además la existencia de una escápula de ballena gris en un poblado prerromano costero de Asturias con señales de haber sido descarnado, lo que podría tratarse del «embrión de la industria ballenera desarrollada en la costa cantábrica durante la Edad Media», según Carlos Nores, de la Universidad de Oviedo.

El hecho de saber qué especies de ballenas costeras estaban presentes en el Mediterráneo hace 2.000 años aporta una nueva luz a las fuentes históricas antiguas.

Así, finalmente «podemos entender adecuadamente la descripción, hecha en el siglo I por el famoso naturalista romano Plinio el Viejo sobre las orcas atacando a una ballena y sus crías en la bahía de Cádiz», relató otra de las autoras del estudio Anne Charpentier, de la Universidad de Montpellier (Francia).

Los autores aconsejan a historiadores y arqueólogos que reexaminen sus conocimientos sobre las ballenas costeras cuando formaban parte de ecosistema marino mediterráneo y que «consideren la posible existencia de una industria ballenera romana».

«Parece creíble que hayamos perdido y luego olvidado dos grandes ballenas en un región tan bien conocida como es el Mediterráneo», indicó Rodrigues. «Una se pregunta cuántas cosas habremos olvidado».

El estudio ha sido realizado, entre otros organismos, por la Universidad de Cádiz, el Instituto de recursos naturales y ordenación del territorio de la Universidad de Oviedo y el Centro de experimentación pesquera de Gijón.

 

11 julio 2018 at 8:33 am Deja un comentario

El comercio en la Bahía de Algeciras en los siglos III al V d. C.

Pesca. La política romana de poblamiento y explotación de los recursos existentes en la zona del Estrecho alcanzó un notable éxito para el comercio marítimo de la Bahía de Algeciras

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Baelo Claudia. Foto: Universitat d’Alacant

Fuente: ANTONIO TORREMOCHA  |  EuropaSur     25/01/2016

De la documentación escrita, correspondiente a los siglos I a.C. y I d.C., y del conocimiento aportado por la arqueología para los siglos I a.C. al III d.C., se deduce que la política romana de poblamiento y explotación de los recursos existentes en la zona del Estrecho que se basada, como refiere Enrique Gozalbes, en la colonización agrícola y el aprovechamiento de las posibilidades pesqueras, alcanzó un notable éxito.

Este auge del poblamiento en la zona del Estrecho está avalado por la existencia de enclaves urbanos de nueva fundación (Carteia, Iulia Traducta, Iulia Constantia Zilil), los municipios antiguos revitalizados (Baelo y Barbesula), y la enorme cantidad de factorías para la producción de salazón de pescado dispersas por todo el litoral desde esa última ciudad hasta Gades que han sido identificadas y excavadas en las últimas décadas. Todo ello permite asegurar que, durante los siglos I a.C. y I d.C., la economía de la zona asistió a un espectacular desarrollo, dentro del proceso que estaba aconteciendo en todo el Imperio, y de manera especial en la Baetica y la Mauritania Tingitana.

La prosperidad detectada por la arqueología, relacionada sobre todo con la pesca y la industria de salazón de pescado, se ve confirmada por las alusiones que hacen de ella los textos literarios. Sin embargo, y de acuerdo con los actuales descubrimientos arqueológicos, aquel auge incontestable sufrió algún tipo de quiebra en el Bajo Imperio, aunque la actividad industrial centrada en la explotación de los recursos piscícolas y el comercio marítimo siguieron siendo el pilar sobre el que se sustentaba la vida económica de la región del Estrecho. No sabemos hasta qué punto las invasiones mauras del 172 d. C. pudieron influir en un declive de la economía y el comercio o cómo incidió la crisis general del siglo III en la relaciones económicas del «Círculo de Estrecho», pero, lo cierto es que importantes establecimientos alfareros, cuya producción es un claro indicativo de la actividad industrial y piscícola, decayeron o habían desaparecido a principios del siglo II d.C.

A este respecto es enormemente esclarecedor el estudio que hace Darío Bernal sobre la economía y el comercio de la bahía de Algeciras en época tardorromana a través de los hallazgos producidos por la arqueología subacuática, que para este período es un documento de primera mano a la  hora de detectar el pulso de la actividad comercial en la zona del Estrecho. Los restos de ánforas estudiados han sido recuperados de los fondos marinos en los siguientes lugares: Playa de El Chinarral, Playa de El Rinconcillo, Playa de San García e Isla Verde.

La mayor parte de las ánforas identificadas son producciones africanas de los siglos III y IV d.C. Uno de los fragmentos se corresponde con un tipo anfórico característico del siglo V d.C. y otro de una etapa posterior relacionada con el mundo bizantino, bien documentado en la bahía de Algeciras en Carteia y, sobre todo, en los niveles que amortizan las factorías de salazón de pescado halladas en la calle San Nicolás de Algeciras.

El predominio de materiales de procedencia norteafricana evidencia unas relaciones comerciales intensas entre los puertos de la Bahía y las ciudades portuarias del África Proconsular (actuales Túnez y Libia), en los siglos III al V d.C., a cuyas costas es posible que se dirigiera buena parte de la producción de salazones durante el Bajo Imperio. Estas evidencias manifiestan, por otra parte, la continuidad de unas relaciones por vía marítima con la otra orilla que se habían detectado con fuerza en los siglos anteriores.

No parece que la crisis provocada por la irrupción de los vándalos, al principio del siglo V d.C., representara una caída importante en las industrias salazonera de la zona, ni una cesura significativa en el comercio con el Norte de África. Aunque este tipo de ánforas norteafricanas estaba destinado a contener, sobre todo, aceite, es muy probable que también se usaran como envases para el transporte de salsamenta y salsa de pescado. La aparición de materiales sudhipánicos permite afirmar que, con posterioridad al siglo II d.C., la Baetica (y, por tanto, las factorías del «Círculo del Estrecho») continuaban suministrando aceite y salazón de pescado a Roma y a los principales mercados del Mediterráneo central y oriental, como lo atestigua el famoso Monte Testaccio con restos anfóricos que transportaron aceite del Valle del Guadalquivir hasta finales del siglo III d.C. La continuidad de la producción industrial derivada de la pesca y de un activo comercio con el Norte de África y el Mediterráneo oriental en el siglo V y primeras décadas del siglo VI d.C., está avalada por los reveladores hallazgos realizados en la ya citada factoría excavada en la calle San Nicolás de Algeciras, cuyo abandono se constata en los años previos a la implantación bizantina en la zona, en torno al año 550 d.C.

La recuperación, en los niveles de amortización de las piletas, de ánforas vinarias de importación (del tipo Keay LIII) procedentes de Anatolia, Rodas o la isla de Chipre; de ánforas africanas destinadas a la contención y el transporte de aceite y salsas de pescado provenientes de la actual Túnez y la aparición de numerosos testimonios de terra sigillata africana y de lucernas fabricadas en los mismos talleres de la Provincia Proconsularis, una de ellas con un crismón, lo que evidencia la expansión del cristianismo entre las sociedades tardorromanas del Norte de África y de la región del Estrecho, vienen a demostrar la pervivencia de la actividad comercial y el intenso intercambio existente, a finales del siglo V y principios del VI d.C, entre los puertos de la bahía de Algeciras y los enclaves del Norte de África y del Mediterráneo oriental en los momentos previos a la conquista por los Imperiales de los territorios del Estrecho de Gibraltar (Carteia, Iulia Traducta y Septem).

A modo de resumen se puede decir que, a la luz de los testimonios arqueológicos, los siglos bajoimperiales no representaron para el litoral del Estrecho una etapa de declive económico y de abandono de las relaciones comerciales con el exterior. Aunque con otra dinámica de desarrollo y, probablemente, con un comercio bidireccional dirigido hacia otras regiones (Túnez y Oriente), los pujantes puertos de la bahía de Algeciras mantuvieron una actividad productiva y unas relaciones mercantiles que se prolongaron hasta los años centrales del siglo VI d.C., cuando Bizancio, en su política de «restitución del Imperio», se disponía a establecer su dominio en el extremo occidental del Mediterráneo, con bases en Cartagena, Málaga, Septem e Iulia Traducta.

*Antonio Torremocha. Licenciado en Historia. Académico de número de la Academia Andaluza. Director del Museo de Algeciras (1995-2007)

25 enero 2016 at 6:51 pm Deja un comentario

Salazones Imperium Romanum

Un estudio de las ánforas halladas en el municipio de Águilas (Murcia) revela cómo evolucionó esta industria de la pesca hace 18 siglos

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El director del Museo Arqueológico de Águilas, Juan de Dios Hernández, señala el tipo de ánforas. / AYTO. ÁGUILAS

Fuente: Juan Ruiz Palacios |  La Verdad     05/11/2015

Investigar, descubrir y potenciar el valor de los salazones. El Museo Arqueológico municipal, la Universidad de Marsella y la Escuela Española de Arqueología e Historia de Roma llevan a cabo una investigación sobre este sector auxiliar de la pesca en época romana en Águilas, cuyos primeros resultados fueron presentados hace unos días en un congreso internacional celebrado en Cádiz, bajo el título ‘El centro productor de salazones de Águilas: ánforas y análisis de contenidos (s. III- V d.C.)’.

El estudio, que se centra en los restos de salazones documentados que se encontraron en distintas excavaciones del casco urbano -como las termas orientales halladas junto a la plaza de España-, comenzó con una primera fase de documentación, tras la que se seleccionaron un total de doce muestras de restos de salazón de pescado del interior de ánforas, piletas, saladeros y vertederos. Todas esas muestras fueron enviadas a los laboratorios de la Universidad de Marsella. Finalmente, se llevó a cabo una comparativa de dos muestras: el contenido de un ánfora africana reutilizada, fechada en el siglo III y que marca el inicio de la artesanal y familiar, y los contenidos de otra, de producción local, del siglo V, cuando en Águilas se detectó una producción industrial destinada a un mercado externo.

El director del Museo Arqueológico Municipal, Juan de Dios Hernández, asegura que «los resultados fueron sorprendentes, dado que existen ciertas diferentes entre ambos contenidos. En la producción inicial se observan restos de tres especies que formaban parte de las salsas de pescado: boga, en un 62%; salpa, un 25%, y chucla, un 13%».

La investigación abre nuevas incógnitas sobre posibles cambios en los gustos culinarios y en las técnicas de captura

Añadió, asimismo, que «curiosamente son especies poco cotizadas en la actualidad, pero de gran valor culinario y demandadas para la fabricación de salsas en la antigüedad. Sin embargo, en el estudio de los contenidos del siglo V había un 17% de mezcla de boga y chucla, pero la especie utilizada en un 83% para esas salsas era la sardina».

El arqueólogo explicó que «este tipo de estudios abren un amplio abanico de incógnitas apasionantes para el mundo de la investigación de la pesca y las industrias anexas en época romana». Y se pregunta: «¿La diferencia se produce por un cambio de gustos culinarios y mercados?; ¿una mejora en las técnicas pesqueras que permite la captura de especies pelágicas como la sardina?; ¿una especialización en ciertos contenidos?». En suma, «interrogantes que las excavaciones y la investigación intentarán ir clarificando», argumenta Juan de Dios Hernández.

Congreso científico

Como conclusión, hace hincapié en que «lo que se deduce de estos estudios, además de la puesta al día de la investigación sobre pesca y salazones de época romana en la península, en un congreso organizado recientemente por Casa Velázquez de Madrid, es que Águilas se postula como uno de los referentes y uno de los centros más importantes de producción salazonera de la Tarraconense en la Antigüedad Tardía».

En esta investigación sobre los salazones en la época romana colaboran, además del director del Museo Arqueológico, la investigadora Myriam Sternberg, de la Universidad de Marsella, y Alejandro Quevedo, de la Escuela Española de Arqueología e Historia de Roma.

5 noviembre 2015 at 2:43 pm Deja un comentario


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