Posts tagged ‘Pausanias’

¿Canibalismo y sacrificio en la «cuna de la razón»?

Los viejos mitos griegos ya contemplaban el sacrificio divino y humano y, aunque durante mucho tiempo, la historiografía negó estas prácticas «irracionales», los arqueólogos consideran que la Grecia antigua no fue una excepción en estos ritos primitivos

esqueleto_liceo

El esqueleto hallado en el monte Liceo está desprovisto del cráneo, lo que ha hecho pensar a los investigadores que la muerte se debió a un sacrificio ritual en honor a los dioses

Fuente: David Hernández*  |  LA RAZÓN
11 de septiembre de 2016

En 1972 aparecieron dos libros fundamentales para comprender la historia del sacrificio en las religiones antiguas y también cómo sus patrones básicos se han perpetuado no sólo en la religión posterior, sino también en la antropología y en la sociología: «Homo Necans», de Walter Burkert, y «La violencia y lo sagrado», de René Girard. Burkert proponía un estudio histórico, filológico y antropológico sobre la sacralización de la violencia que investigaba acerca del origen del sacrificio en una época en que el hombre del paleolítico se convirtió en cazador y tuvo que lidiar con su falta de instinto predador mediante una serie de estrategias de «humanización de la víctima» y la generación de un sentimiento de culpa por la muerte de un «igual» que debían ser conjuradas en el seno de la comunidad humana. Obviamente, el animal era un sustituto de un humano en esa visión. Así se exploraba el origen histórico de la religión y del sacrificio humano y animal en el mundo griego aplicando de forma pionera la etología de Konrad Lorenz, que estaba en boga en aquel momento, y combinándola con el funcionalismo y la sociología de la religión que había usado Jane Harrison en su día, en su durkheimiano libro «Themis» (1912).

Un debate vigente

Girard, por su parte, se centraba preferentemente en el rito como mímesis de la violencia y en los aspectos etiológicos que buscan justificar el procedimiento del «chivo expiatorio» como explicación del hecho religioso en sí, incluyendo una reinterpretación del sacrificio griego y de la eucaristía cristiana como purificadores de la comunidad. Las cuestiones que han suscitado ambos libros acerca del sentido de la religión antigua y del estatus ritualizado de la violencia siguen muy vigentes en el debate académico. En el trasfondo estaba la idea del sacrificio humano, sublimado o sustituido por el animal o por la muerte del héroe o el dios. Huelga mencionar esas figuras de dioses que son sacrificados y consumidos por los hombres para su salvación o la expiación de sus culpas. Ahí están Osiris, Dioniso, Cristo y una larga serie de deidades que mueren y resucitan, los «dying gods» de James Frazer, y que son también consumidos en una teofagia.

Es interesante que tanto Burkert como Girard y muchos otros se centrasen en el tema clave del sacrificio entre los griegos. La Grecia antigua seguía siendo para occidente el laboratorio conceptual «par excellence» para comprender el presente de la humanidad. De hecho, la religión griega, basada en los relatos de la mitología, contiene algunas huellas de sacrificio humano en leyendas como la de Ifigenia, la hija de Agamenón, que es sacrificada a los dioses por su padre al recibir el oráculo de que sólo así triunfarían los griegos en Troya, o la de Políxena, sacrificada por los aqueos al tomar la legendaria ciudad. Otros mitos arcaicos, como el de Atreo y Tiestes, incluían la antropofagia y la matanza en el seno de la familia, cuando no otros tabúes como el incesto, en el caso del mito de Edipo. Los autores clásicos, como Sófocles, Eurípides y otros, intentaron suavizar la fuerte carga de esos antiguos mitos. Como género que supone la recepción más perdurable e interesante del mito, el drama intentó, a veces arduamente, la asunción en el contexto político de los mimbres de la narrativa patrimonial del mito, que en ocasiones refleja violencia y sacrificio cruento, como en el caso de Dioniso. Aunque estos temas no parecían los más adecuados para los propósitos pedagógicos de la tragedia, los autores dramáticos no pudieron resistirse a emprender su reutilización literaria mediante recursos que tamizaban la dureza de las leyendas patrimoniales y adaptaban esos viejos tabúes a las convenciones del género y de la escena.

Pero, pese a la transmisión literaria –e iconográfica– de los mitos, que fueron suavizándose con los siglos y se llegaron a alegorizar tal y como los hemos recibido a través de la Edad Media y el Renacimiento, en su trasfondo más arcaico había historias que, en la memoria colectiva, podían hacer referencia a alguna de esas prácticas que la arqueología y la historia han constatado fehacientemente en otros pueblos, desde los antiguos íberos, a los amerindios o los de la polinesia. Durante mucho tiempo se mantuvo la tesis de que la antigua Grecia, supuesta cuna de la razón y precursora de la ilustrada Europa, no había conocido aberraciones como el sacrificio humano y canibalismo, y que tales cosas quedaban para los pueblos tachados de «primitivos» por el positivismo y el evolucionismo decimonónicos. Desde comienzos del siglo XX, y en concreto desde el revulsivo global que supuso la Gran Guerra en Europa, la antropología, las ciencias de las religiones y la historia empezaron a comparar a los griegos con esos «otros pueblos», arrojando el estudio de la mitología comparada también sorprendentes resultados. Los griegos no eran una excepción, según estas tesis, y conocieron bien «lo irracional», parafraseando el libro de Dodds (1951), la religiosidad extática y mística y, como en los estudios mencionados al principio, una violencia estructural que en sus inicios habría incluído también sacrificios humanos. La arqueología ha intentado confirmar algunas de estas teorías desde entonces.

El altar de Zeus

Uno de los mitos griegos más sugerentes al respecto gira en torno al monte Liceo, en Arcadia, donde había un famoso altar de Zeus, quien, según una tradición, había nacido allí. A menudo está Zeus relacionado con varias montañas que, recordémoslo, eran sagradas para los griegos y tienen signos de veneración desde antiguo. En caso del Liceo, hubo culto desde el siglo XV a.C. hasta época helenística y el lugar tuvo un importante santuario de Zeus, sede cada cuatro años de los juegos liceos. Cuenta el mito arcadio que el monte fue habitado por el primer hombre, Pelasgo, nacido de la tierra y ancestro del pueblo que lleva su nombre. El hijo de este, Licaón, rey de Arcadia, tenía buen carácter, pero su excesiva religiosidad le llevó a ofrecer sacrificios humanos a los dioses. Su castigo fue convertirse en lobo, en varias versiones que transmiten Ovidio, Pausanias o Apolodoro. Para unos sacrificaba a todos los extranjeros que llegaban a su casa, hasta que Zeus, disfrazado, lo detuvo y lo transformó en lobo. A veces el pecado de Licaón fue que intentó probar la omnisciencia de Zeus instándole a comer un sacrificio mezclado con carne humana. Otras versiones afirman que fue la ira de Zeus por la impiedad de Licaón y sus hijos la que hizo que se decidiera a aniquilar la humanidad con el diluvio de Deucalión. En todo caso, noticias antiguas, incluso de Platón, aluden a un ritual a Zeus que se practicaba en la cima del monte y que implicaba un sacrificio humano, con una metamorfosis. La víctima era un niño o adolescente –chivo expiatorio común en otros sacrificios humanos de la cuenca mediterránea, hasta nuestras costas levantinas– y en la fiesta una parte del joven era cocinada y mezclada con carne de animales. Se consumía por la comunidad y aquel que comía la porción humana se suponía que se transformaba en lobo, como Licaón en el mito, durante nueve años. Una suerte de licantropía griega en el marco de un ritual de expiación. Recientes excavaciones de arqueólogos griegos, junto a las universidades de Pennsylvania y Arizona, han hallado un antiquísimo esqueleto de un joven con indicios de esta violencia. Ocurre en ocasiones, y es enormemente sugerente, que la arqueología viene a confirmar el mito antiguo y a corregir la historia y las interpretaciones modernas. Podría ser este un nuevo ejemplo de ello.

Un esqueleto de hace 3.000 años

Recientes excavaciones de un altar en el monte Liceo, consagrado a Zeus, han revelado un esqueleto con 3.000 años de antigüedad de un adolescente que se piensa que fue sacrificado (en la imagen). La noticia fue dada a conocer por el Ministerio de Cultura griego. Faltaba el cráneo del esqueleto y la peculiaridad de su tumba, que podría datar del siglo XI a.C., en un lugar donde, pese a las menciones de sacrificios humanos en el mito, no se habían localizado restos humanos, podría ser indicativo al respecto. Arqueólogos como Dave Gilman, de la Universidad de Arizona, han constatado que no es un lugar de enterramiento sino un altar sacrificial, por lo que ésta podría ser la primera prueba material de sacrificios humanos en la antigua Grecia.

Liceo: juegos atléticos y sangre humana

El monte Liceo es uno de los lugares más enigmáticos de Grecia. Así retrata Pausanias en su «Descripción de Grecia» cómo debía ser en la época de máximo esplendor, cuando servía de espacio sagrado dedicado a Zeus: «Delante del altar, al este, dos pilares sobre los que reposaban viejas águilas de oro. En este altar se ofrecían sacrificios en secreto para Zeus Liceo. Era reacio a inmiscuirme en los detalles de ese sacrificio, dejarlo como es y fue desde el comienzo». La leyenda contaba que quien entraba en el templo moría en el curso del año siguiente. Pero en Liceo no sólo se celebraban presuntos sacrificios, sino también juegos atléticos al modo de las Olimpíadas, conocidos como las Liceas, donde, además, se producían rituales secretos como los ya mencionados sacrificios humanos o «ritos de paso» en los que se practicaba presuntamente el canibalismo.

*David Hernández es escritor y profesor de Historia Antigua en la UNED

 

12 septiembre 2016 at 5:08 pm Deja un comentario

Importantes hallazgos en el monte Liceo, un recinto prohibido consagrado a Zeus

Por primera vez se ha descubierto un esqueleto, de unos 3.000 años de antigüedad, justo en el centro del altar de Zeus, donde nació y se crió el rey de los dioses

zeus1_NG

El santuario superior, consagrado a Zeus, se encuentra a 1.400 metros de altura en el monte Liceo. Foto: Ministry of Culture, Greece

Fuente: Alec Forsmann  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
12 de agosto de 2016

Importantes hallazgos en el monte Liceo, en el interior del Peloponeso: en el santuario superior, consagrado a Zeus y situado a 1.400 metros de altura, se ha excavado por primera vez un esqueleto, justo en el centro del altar de Zeus; y en el santuario inferior, situado en un nivel más bajo, se han localizado restos monumentales de los antiguos edificios erigidos para celebrar las Liceas, unas competiciones atléticas y otros ritos en honor a Zeus que se celebraban cada cuatro años y que son anteriores a los juegos de Olimpia. “Unos hallazgos significativos han salido a la luz durante las excavaciones de este año en el santuario de Zeus en el monte Liceo, ubicado en el extremo suroeste de Arcadia, donde la tradición local sostiene que nació y se crió Zeus, el rey de los dioses”, explica el Ministerio de Cultura de Grecia en un comunicado emitido el pasado miércoles.

zeus2_NG

El esqueleto probablemente perteneció a un adolescente que fue enterrado en una tumba de tipo cista, con algunas lajas cubriéndole la zona pélvica. Foto: Ministry of Culture, Greece

Pausanias, el historiador griego del siglo II, afirma lo siguiente en la Descripción de Grecia: “Entre todas las maravillas que ofrece el monte Liceo hay una que destaca sobre el resto: un recinto dedicado a Zeus, donde no deben entrar los hombres; y si alguno desobedece esta norma y entra, necesariamente pierde la vida. Se decía que cualquier cosa dentro del recinto, sea hombre o bestia, no proyecta una sombra“. Toda la montaña era sagrada para los griegos antiguos y en ella se consumaron todo tipo de sacrificios secretos, incluido según Pausanias “un bebé que fue llevado al altar, donde fue sacrificado y su sangre vertida sobre el altar; y dicen que inmediatamente después del sacrificio se transformó en lobo“. Mito y realidad se confunden en el monte Liceo.

Los hombres no deben entrar en el recinto y si lo hacen pierden la vida, según Pausanias

zeus3_NG

El esqueleto, de unos 3.000 años de antigüedad, no conserva el cráneo pero sí la mandíbula inferior. Foto: Ministry of Culture, Greece

El macizo acogió el importante santuario durante el período micénico y, a juzgar por los huesos de cabras y ovejas ofrecidas como sacrificios a Zeus, la actividad religiosa del altar persistió hasta el período helenístico, es decir, durante algo más de mil años. El esqueleto recientemente hallado ha sido fechado gracias a los fragmentos cerámicos en el siglo XI a.C., no mucho después del colapso del sistema palacial micénico, que desapareció sin dejar rastro en el 1200 a.C. El esqueleto probablemente perteneció a un adolescente que fue enterrado en una tumba de tipo cista, con algunas lajas cubriéndole la zona pélvica. No hay cráneo, sólo la mandíbula inferior.

zeus4_NG

El santuario inferior, ubicado unos 200 metros por debajo, incluye un hipódromo, un estadio, un edificio de baños, un edificio administrativo, una stoa y una fuente. Foto: Ministry of Culture, Greece

El santuario inferior, ubicado unos 200 metros por debajo, incluye un hipódromo, un estadio, un edificio de baños, un edificio administrativo, una stoa y una fuente. Entre los hallazgos más importantes de esta última campaña arqueológica cabe destacar una escalera monumental y una impresionante entrada absidal al final de un corredor, del siglo IV a.C., por donde presumiblemente accedían los atletas al hipódromo y estadio. En el edificio administrativo se ha detectado una gran sima arcillosa y, al oeste de la stoa y al este de la fuente, los arqueólogos han excavado dos cañerías de agua hechas de arcilla, una pila de piedra y restos de un muro, posiblemente de un santuario del dios Pan que está documentado en las fuentes históricas pero que aún no ha sido hallado.

zeus5_NG

Escalera monumental hallada en el santuario inferior. Foto: Ministry of Culture, Greece

17 agosto 2016 at 5:35 pm Deja un comentario

Quién fue Leonidas de Rodas, el atleta cuyo récord olímpico de hace más de 2.000 años fue superado por Michael Phelps

Michael Phelps acaba de romper un récord de más de dos milenios superando por primera vez los doce títulos individuales que ganó en el año 152 A.C. Leonidas de Rodas, el gran atleta del mundo antiguo.

anfora_rodas

Esta imagen aparece en una ánfora encontrada en Rodas y data del año 500 A.C. BRITISH MUSEUM

Fuente: BBC Mundo
12 de agosto de 2016

Phelps ha acumulado 22 medallas de oro en cinco Juegos Olímpicos, pero nueve de ellas las consiguió en carreras de relevo.

Con 13 títulos individuales, el nadador estadounidense logró el jueves superar el récord de Leonidas que conquistó 12.

Leonidas de Rodas compitió en cuatro Olimpiadas sucesivas en los años 164 A.C., 160 A.C., 156 A.C. y 152 A.C., y en cada una de ellas ganó tres diferentes carreras de atletismo.

Un atleta que ganaba las tres carreras se conocía como Triaste o Triplete. En la antigüedad hubo sólo siete Triastes y Leonidas fue el único a quien se le atribuye haber logrado el galardón más de una vez.

Sorprendentemente, tenía 36 años cuando lo hizo por cuarta ocasión, cinco años más que Phelps en la actualidad.

Los tres eventos en los que triunfó fueron la carrera del estadio, de alrededor de 200 metros; la del Diaulos o dos estadios, el doble de distancia, y la más larga, el hoplitodromos, la carrera con armaduras.

phelps_ap

Con el triunfo en los 200 metros estilos en las Olimpiadas de Río 2016, Michael Phelps se convirtió en el más condecorado en la historia de los juegos olímpicos. AP

En la mayoría de los casos, los jugadores competían desnudos, pero en una de las carreras iban ataviados con armaduras, incluyendo casco y escudo hecho de bronce y madera.

“Competir en todas estas carreras una tras otra era toda una hazaña”, dice Judith Swaddling, curadora del Museo Británico.

“Leonidas rompió con la distinción entre un velocista y un atleta de resistencia“, señala Paul Cartledge, profesor de estudios clásicos de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra.

“La carrera con armaduras no se había considerado antes de esto apropiada para los velocistas, aún cuando las Olimpiadas llevaban ya varios siglos”, agrega.

hoplitodromo2

Leonidas de Rodas se destacó en carreras en las que los competidores llevaban armaduras. MARIE-LAN NGUYEN

“Estaban compitiendo con ese atavío a una temperatura de 40 grados centígrados. Las condiciones eran increíblemente incómodas y requerían habilidades gimnásticas y musculares completamente diferente a las actuales”.

Según Cartledge, hay muy poca información sobre la vida de Leonidas y tampoco hay imágenes de él.

Pero su nombre sugiere que era un hombre de distinción. “Era probablemente un aristócrata, rico y de una familia con historial atlético”, explica Cartledge.

La isla de Rodas tenía una gran tradición atlética. Otro gran olímpico de la isla era el boxeador Diagoras, que encabezó una dinastía de atletas.

“Si procedías de Rodas, probablemente te esforzabas más que si eras de una de las otras ciudades griegas antiguas”

phelps_ap_2

Phelps tiene más galardones olímpicos dorados que muchos países. AP

En la época de Leonidas no había medallas de oro, plata y bronce. Sólo a quien obtenía el primer lugar se le otorgaba una corona de ramas de olivo.

Después de su muerte, a Leonidas “se le adoraba como una deidad local en Rodas” y en la literatura de la antigua Grecia se le recordaba con veneración.

El geógrafo griego Pausanias lo describió como “el atleta más famoso” y en el siglo III, el sofista Filóstrato de Atenas escribió en su obra Gymnastikos que la versatilidad de Leonidas superaba cualquier expectativa en torno al entrenamiento atlético y a la fortaleza corporal.

Una estatua suya en Rodas reza: “Tenía la velocidad de un Dios”.

 

17 agosto 2016 at 5:29 pm 1 comentario

Filipo II de Macedonia, eclipsado por Alejandro Magno

El monarca, cuya tumba ha sido recientemente localizada, erigió el imperio que heredó su hijo, pero fue éste quien pasó a la historia como el gran conquistador de los tiempos clásicos

filipo-monedas

Monedas con la imagen de Filipo II. / Javier Trueba

Fuente: Anje Ribera  |  El Correo    05/08/2015

Filipo II ha sido noticia recientemente porque un arqueólogo griego que responde al nombre de Manolis Andronikos ha incorporado a su currículum el descubrimiento en Vergina de la tumba intacta del rey de los macedonios. La sepultura se encontraba en un emplazamiento de la antigua capital de Egas, junto a los enterramientos de su madre, Eurídice, y su nieto Alejandro IV. La publicación del hallazgo ha generado un batalla entre historiadores, porque otros colegas afirman que Andronikos está equivocado y que realmente los restos localizados pertenecen al nieto de Filipo II, Filipo Arrideo.

filipo-pierna

La pierna hallada en la tumba y atribuida a Filipo II. El hueso muestra una herida como la que sufrió el monarca y que le provocó una cojera permanente. Foto: Javier Trueba

Sin duda, nos encontramos con un tema para iniciados en la historia de la vieja Grecia, tan convulsa por aquella época como en la actual. Pero a los neófitos, carentes de los conocimientos necesarios para podernos sumergir con relativo acierto, el descubrimiento nos da una excusa para acercarnos a la figura de Filipo II, un personaje tremendamente interesante. Su andadura apenas ha llegado a nuestros tiempos y de él se hubiera escrito mucho más si su hijo, el gran Alejandro Magno, no se hubiera convertido en el irrepetible fenómeno mediático de la cultura popular que todos conocemos.

La irresistible personalidad de Filipo II (Pella, 382 a. C. – 336 a. C.), el hijo más joven del rey Amintas III de Macedonia, se forjó en los tres años de su adolescencia–de los 14 a los 17– que pasó como rehén en Tebas, siguiendo una costumbre muy extendida por aquellos lares para garantizar la paz. Allí adquirió conocimientos sobre la cultura griega y estrategia militar que le llevaron a ser uno de los grandes guerreros, comandantes y estadistas de la historia, y a convertir a la -hasta su llegada al poder- pobre e irrelevante Macedonia en el ariete que sometió a toda Grecia.

Como más tarde dijo su hijo, Filipo II fue quien hizo que su reino dejara de ser una tierra desprestigiada y desgarrada por los conflictos internos para convertirse en la primera potencia política y militar de la Helade. Incluso estuvo a punto de unificar a todos los pueblos griegos para empezar una campaña militar contra el imperio persa. Sólo su asesinato abortó este plan cuando ya acometía los preparativos.

Filipo II fue uno de los grandes guerreros, comandantes y estadistas de la historia. Convirtió a una pobre e irrelevante Macedonia en el ariete que sometió a toda Grecia.

Filipo II fue uno de los grandes guerreros, comandantes y estadistas de la historia. Convirtió a una pobre e irrelevante Macedonia en el ariete que sometió a toda Grecia.

¿Cómo lo consiguió? Al regresar de su cautiverio en Tebas, ocupó la regencia su sobrino Amiantos IV, menor de edad, y posteriormente, desde el 356 a. C., se ciñó la corona tras derrocar al joven heredero de su hermano Perdica. Desde el trono se encargó de seducir a la nobleza para eliminar las tendencias autonomistas y erigir un poder incuestionable. Para ello, recuperó la estabilidad interior tras unificar principados, eliminó a otros pretendientes de la corona apoyados por potencias extranjeras y consolidó las instituciones. Fue entonces cuando comenzó a reforzar el ejército macedonio para eludir las amenazas externas de ilirios y peonios, a los que derrotó contundentemente.

Al tiempo, mediante la diplomacia, aprovechó las distensiones entre las ciudades-estado y logró expandir su reino tras establecer tratados con Atenas. Logró así tener las manos libres para centrar su esfuerzo en los adversarios menores, a los que aniquiló, y en la conquista de Anfípolis, Crenides, Potineam Pidna, Metone, Calcidia, Tracia, Metona y Tesalia, hasta lograr una salida al mar. Luego, aprovechando la riqueza macedonia en madera y brea, construyó una gran flota. En el camino se hizo con las minas de oro de Pangeo, con cuya producción sufragó las guerras posteriores.

Un ejército sin igual

Sentó las bases del poder militar que heredó Alejandro Magno. Lo hizo importando de Tebas la falange de infantería, una innovación táctica de ruptura en las batallas. Esta figura militar se conformaba con un grupo de hombres en formación cerrada y compacta, a la vez que versátil y flexible, que portaban armamento pesado y largas lanzas de más de cinco metros denominadas sarisas.

Cada falange estaba formada por 64 batallones o syntagmas, hasta sumar 256 hombres, todos campesinos libres que cobraban un salario y sometidos a un reglamento minucioso. Gracias a numerosas variaciones adaptables al tipo de terreno del campo de batalla, se reveló invencible durante casi dos siglos. En este tiempo, tanto con Filipo II como con Alejandro Magno, el macedonio fue el ejército más poderoso de la Tierra, justo hasta el surgimiento de la Roma de los césares, que transformó las falanges en sus famosas legiones.

El empleo de maquinaria oriental para asaltar plazas fortificadas fue otra de las innovaciones que implantó Filipo II, al igual que el alistamiento voluntario y remunerado. Pero, al mismo tiempo, supo mantener en vigor la caballería milenaria dividida por comarcas militares. Sin duda, creó un ejército hecho a la medida de un conquistador.

Val Kilmer, caracterizado como Filipo II, quien perdió un ojo en una batalla.

Val Kilmer, caracterizado como Filipo II, quien perdió un ojo en una batalla.

Al frente de sus tropas siempre estaba el propio Filipo II, sin rehuír nunca los peligros que se presentaban, aún a riesgo de perder la vida. Su valentía tuvo un alto coste físico, acumulando huellas de las distintas batallas que lideró. Perdió un ojo en el asedio de Metone al ser alcanzado por una flecha o un proyectil de catapulta –los historiadores no se ponen de acuerdo sobre la procedencia–, durante un motín de sus mercenarios sufrió la rotura de una clavícula, un golpe de lanza en la batalla contra los llirias casi acaba con una de sus manos y además padeció una grave lesión en una pierna que le produjo a una cojera permanente. No obstante, en todo momento permaneció impasible ante las calamidades. “Ofrecía a la fortuna la parte que preferiese de su cuerpo, siempre que le dejase vivir gloriosamente por el resto”, según relatan los historiadores de la época.

Hasta Filipo II, amado y odiado en partes iguales, Macedonia estaba considerado un pueblo rico pero bárbaro ubicado al norte montañoso de Grecia, con más contacto con los Balcanes que con las polis de Atenas, Esparta o Tebas. Sometido a continuas disputas sucesorias y a ataques de los vecinos, su desarrollo estaba frenado.

Sin embargo, durante el reinado de nuestro personaje, la capital, Pella, adoptó una fisonomía urbanística típicamente griega, se abrieron carreteras por todo el territorio de Macedonia, se fundaron colonias en puntos estratégicos de los territorios sometidos, se fomentaron relaciones comerciales y se enriqueció el tesoro real con madera, plata y oro con el que se acuñaron las célebres monedas que se conocieron como estateras. Al tiempo, Pella se llenó de artistas, de escultores, de arquitectos, de músicos y de poetas que, de la noche a la mañana, la convirtieron en un centro cultural.

Asesinado

La muerte de Filipo II fue tan interesante como su vida. Diversas teorías sostienen que las relaciones con su hijo Alejando Magno eran muy convulsas y que el asesinato del personaje que hoy tratamos de acercar a los lectores, mientras asistía a una fiesta por el matrimonio de su hija con el rey de Epiro, fue resultado de la maquinación del que luego fuera su sucesor y de su madre, Olimpia de Epiro –cuya belleza sólo era superada por su desequilibrio mental–, tras ser esta repudiada por Filipo II. Olimpia estaba convencida de que su hijo Alejandro era la reencarnación de todo el catálogo de dioses y héroes juntos. El ejecutor fue su guardaespaldas Pausanias y el móvil podría haber sido un posible cambio en la línea sucesoria a favor de un hijo que Filipo II tuvo con una joven macedonia.

pausanias

Pausanias apuñala a Filipo II

Para engrandecer el mito de Filipo II un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona defiende que su muerte, a los 46 años, tuvo un trasfondo sexual, tras un affaire amoroso entre el rey y Pausanias. Nada extraño en el marco cultural de la Grecia antigua, que toleraba las relaciones homosexuales.

“Sabemos también que, una vez Pausanias perdió el lugar central del corazón de Filipo, un aristócrata cercano al poder llamado Atalo invitó a Pausanias a un banquete y, una vez allí, le emborrachó y luego dio su cuerpo ebrio a sus sirvientes para que abusaran de él”. Los historiadores creen que después de esta agresión Pausanias acudió a Filipo “a buscar la venganza personal y la justicia del rey”, pero este hacía tiempo que perseguía obtener el apoyo de Atalo y, sobre todo, de la aristocracia territorial tradicional que este general lideraba para poder iniciar su campaña militar contra Persia. Al parecer, fue esta falta de reacción de Filipo II lo que llevó a Pausanias a vengarse y a apuñalarlo en un costado.

Alejandro Magno ascendió al poder tras la muerte de su padre y, apoyándose en la sólida base que le proporcionó un reino unido, rico, bien armado y con muchos aliados, logró extender el dominio de Macedonia a todos los confines del mundo conocido por aquella época. En gran medida fue un gran conquistador gracias a su padre.

Filipo II logró hacer frente a todas las adversidades que se le presentaron y, gracias a acciones bélicas y diplomáticas, consiguió estabilizar la región griega, situar a Macedonia como potencia hegemónica y ampliar sus dominios. Alejandro sólo tuvo que poner su ingenio y el razonamiento que adquirió en Atenas de la mano de Aristóteles. Sin duda, Filipo II fue uno de los grandes soberanos de las antiguas civilizaciones. Se le conoce por ser el padre de Alejandro Magno, pero quizá la historia sería más justa si Alejandro Magno fuera famoso por ser el hijo de Filipo II.

17 agosto 2015 at 6:14 pm Deja un comentario

¿Ordenó Alejandro Magno el asesinato de su padre Filipo II de Macedonia?

La identificación de sus restos abre la vieja controversia histórica sobre quién asesinó al poderoso Rey macedonio. Los persas y los atenienses salieron beneficiados momentáneamente con el magnicidio, pero nadie lo hizo tanto como su propio hijo

muerte-filipo-ii

Ilustración del asesinato de Filipo II por uno de sus guardaespaldas. ABC

Fuente: CÉSAR CERVERA > MADRID  |  ABC      22/07/2015

El final de uno de los grandes enigmas de la historia recuerda los muchos que siguen abiertos. Mientras la ubicación de la tumba de Alejandro Magno es todavía un absoluto misterio de la arqueología, este martes un grupo de investigadores anunciaron la identificación de los restos del padre del conquistador, Filipo II, también desaparecidos en las tinieblas de la historia. Según explica en un detallado artículo a ABC el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga –coautor de la investigación publicada en la prestigiosa revista norteamericana «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS)–, los datos biográficos del padre de Alejandro Magno han servido como brújula para encontrar en el esqueleto las heridas que sufrió durante su carrera militar, siendo la más grave la registrada en una pierda, que le causó cojera hasta sus últimos días. Y pese a lo mucho que arroja esta fascinante biografía, siempre eclipsada por la de su hijo, el otro gran misterio sobre Filipo II sigue inconcluso: ¿Quién estuvo detrás de su asesinato y con qué objetivo?

Alejandro Magno es recordado como el mayor conquistador de Asia, un genio irrepetible, pero pocas veces es observado como el ejecutor de una empresa iniciada muchos años antes de su nacimiento por su padre, un Rey que convirtió un empobrecido reino –despreciado por Atenas y Esparta– en la gran potencia hegemónica de toda Grecia. Tras pasarse varios años de su infancia como rehén en Tebas, Filipo regresó a casa con la idea de comenzar una reforma militar de los ejércitos macedonios que, partiendo de la tradicional falange griega, añadiera nuevos elementos tácticos para darle más flexibilidad y poder someter a las grandes ciudades griegas.

Una vez dominadas las minas de oro de Crénidas, cerca de la costa del mar Egeo, Filipo II fue extendiendo poco a poco los territorios de Macedonia a costa, en muchas ocasiones, de colonias que en otro tiempo pertenecieron a Atenas, la gran potencia de la zona ya en decadencia. En la conquista de Metoneocupada por Atenas en tiempos del Rey Pérdicas II de Macedonia para dar refugio a los macedonios descontentos–, Filipo II perdió el ojo derecho, siendo uno de los principales rasgos que los investigadores han buscado en los restos mortales. Con las principales ciudades estado griegas sometidas y Atenas ofreciendo una alianza favorable a Macedonia, Filipo se dirigió contra Esparta y les envió un mensaje que en otro tiempo no hubiera hecho más que enaltecer a los fieros espartanos: «Se os avisa para que os sometáis sin mayor dilación, pues enviaré a mi ejército a vuestras tierras y destruiré vuestras granjas, mataré a vuestra gente, y arrasaré vuestra ciudad». Los guerreros espartanos, no obstante, ya no eran lo que fueron y prefirieron conceder a Filipo II la paz sin presentar batalla.

Busto de Filipo II. ABC

Busto de Filipo II. ABC

En medio de su vorágine conquistadora, el Rey macedonio decidió casarse en el 357 a. C. con la princesa Olimpia de Epiro (nombre que asumiría años después), hija del Rey de Molosia, una región al noroeste de la actual Grecia. Se trataba de su tercera o cuarta esposa, y de quien sería la madre de Alejandro y de Cleopatra de Macedonia. Muchos reyes macedonios se permitían una poligamia, tanto formal como informal, donde no conferían un estatus privilegiado a ninguna de sus esposas, haciendo que se extendieran las intrigas y las traiciones por la Corte. El tiempo demostró que Olimpia de Epiro era la que mejor se movía en este terreno venenoso.

En el 340 a.C, Atenas se convenció de que la única forma de frenar el infinito apetito de Filipo II era a través de una confrontación directa. Acompañado de su hijo adolescente Alejandro, Filipo penetró en la Grecia central y venció en la Batalla de Queronea (338 a. C.) a los tebanos y atenienses aliados. El macedonio instauró su hegemonía sobre Grecia, constituyendo la Liga de Corinto, que incluía a todos los Estados griegos, a excepción de Esparta. La Liga garantizaba la paz general, la autonomía interna de cada miembro y formaba una alianza perpetua bajo el mando de Filipo, a quien la Liga concedió el liderazgo de la inminente guerra contra Persia. Después de décadas de lucha por afianzar su dominio en Grecia, Filipo II, de 46 años, se veía libre por fin de acometer la conquista de Asía, el viejo sueño de los griegos. Sin embargo, el Monarca fue asesinado en los preparativos de la expedición.

Alejandro: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?»

Un año después de la batalla de Queronea, Filipo II contrajo un nuevo matrimonio con la noble macedonia Cleopatra Eurídice de Macedonia, sobrina de un noble llamado Átalo, con la intención de mantener Macedonia unificada antes de lanzarse a su decisiva campaña en las entrañas de Asia. Como es evidente, Alejandro y su madre vieron el matrimonio como una grave amenaza a su posición en la Corte y a los derechos al trono del joven. Entre el mito y la realidad, se cuenta que en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo pidió en su discurso un heredero legítimo al Rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro. Alejandro se enfureció y le lanzó una copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?». Filipo se acercó borracho a poner orden, se tropezó y cayó al suelo, lo que le granjeó una burla de Alejandro: «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse».

cleopatra-piernas

Las piernas de Cleopatra Eurídice de Macedonia, cuyos restos se hallan con los de Filipo II. ANTONIS BARTSIOKAS

Aunque Filipo II llegaría a perdonar a su hijo –luego de refugiarse varios meses en el reino de su madre, que había sido repudiada–, la relación seguía siendo muy tensa entre ambos precisamente cuando aconteció el magnicidio. Alejandro acudió a la boda de su hermana Cleopatra con un hermano de Olimpia, Alejandro de Epiro, en calidad de heredero del trono de Macedonia, pudiendo observar a pocos metros como Filipo II apareció en el teatro sin escolta para continuar los festejos tras el banquete de boda. Se le abalanzó entonces un joven y le hirió en un costado causándole la muerte en ese instante. El asesino, que se llamaba Pausanias y era uno de sus siete guardaespaldas del Rey, escapó a caballo junto a otros cómplices, a los que se dio muerte durante la persecución.

El misterio nunca resuelto pasa por descubrir las razones que llevaron a Pausanias a cometer el asesinato o quién pudo haberle pagado por ello. Aristóteles apuntó a que Filipo fue asesinado porque Pausanias había sido ofendido previamente por los seguidores del general Átalo, suegro del Rey, aunque su testimonio pudo estar influido por sus simpatías hacia Alejandro Magno. La versión de Aristóteles fue retorcida posteriormente hasta presentar a Pausanias como un amante de Filipo, que habría tenido un ataque de celos cuando el Rey cambió sus preferencias por otro hombre más joven, también llamado Pausanias. Sus intentos por conseguir al joven acabarían haciendo que éste se suicidase, lo que llevaría a que su amigo Átalo se vengara torturando a Pausanias. La pasividad de Filipo II ante estos hechos habría empujado a Pausanias a vengarse de su antigua amante.

El brutal ascenso de Alejandro Magno

Pero más allá de esta versión con tintes de telenovela que introduce a Átalo en la historia de forma poco convincente, la mayoría de historiadores ha encontrado consuelo a la infinidad de interrogantes abiertos respondiendo a lo primero que un policía investigaría hoy en día: ¿A quién benefició la muerte de Filipo II? A nivel exterior, a los persas, que vieron retrasada la guerra con Macedonia, y a las principales polis griegas sometidas que aprovecharon la inestabilidad macedonia para rebelarse. A nivel interno, la respuesta es evidente: a Alejandro Magno, quien acudió rápidamente a abrazar a su padre herido y tomó las riendas de Macedonia a la edad de 20 años. En tanto, su posición en la Corte se encontraba en un momento delicado, sobre todo debido a que la nueva esposa de Filipo II, Cleopatra Eurídice de Macedonia, había dado a luz ese mismo año a una niña, Europa de Macedonia. La muerte de su padre zanjó el debate sucesorio de un plumazo.

alejandro-magno-batalla

Alejandro Magno, a la izquierda, en la batalla de Gaugamela contra los persas. WIKIPEDIA

Sin pruebas para acusar al conquistador macedonio, el misterio sigue abierto en la misma categoría que el que implica la propia muerte de Alejandro, también con la mayoría de los sospechosos entre las filas macedonias. Así y todo, una conspiración de Alejandro Magno contra su padre, o en caso de no estar al tanto, una de su madre Olimpia, no hubiera resultado nada fuera de lo común en un reino acostumbrado a brutales cambios de regímenes. Tampoco ayuda para restar sospechas sobre su implicación en el asesinato del Rey la purga orquestada por Olimpia a la muerte de Filipo II. Tras el magnicidio, Olimpia tramó la muerte de Europa de Macedonia, que contaba con escasos meses de edad. Cuando la joven Reina Eurídice se encontró a la niña asesinada en la cuna se quitó la vida. Ambos esqueletos han sido identificados en la misma tumba de Filipo, en la localidad griega de Vergina. Por su parte, Alejandro Magno mandó ejecutar a sus principales rivales políticos, incluido Átalo, nada más subir al trono.

22 julio 2015 at 9:18 am Deja un comentario

El teatro de Epidauro: Armonía y belleza

teatro_de_epidauro

© Foto: EUROKINISSI, VANGELIS BOUGIOTIS / Foto AP / Gtres

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

La ciudad griega de Epidauro, “de viñas abundantes” según la Ilíada, era una tierra consagrada a Asclepio, el dios de la medicina y la curación, capaz de resucitar a los muertos. Junto al santuario de Asclepio, donde se realizaban sueños curativos de varias horas, se edificó en el siglo IV a.C. un magnífico teatro para los pacientes del santuario, que alcanzó un aforo de unos 14.000 espectadores. El teatro de Epidauro, concebido por Policleto el Joven, no tenía rival en lo que a armonía y belleza se refiere, según el historiador Pausanias. El coro cantaba y danzaba en el círculo perfecto de la orchestra y con el tiempo se utilizó también la plataforma de la skené para las representaciones dramáticas. Célebre es la acústica de este teatro que permite oír el susurro de los actores desde las gradas más altas, tan sabiamente construidas en la ladera de una montaña. Más de dos milenios después, los turistas siguen maravillándose ante la grandeza de esta edificación, como se puede comprobar en esta imagen de julio de 2006.

15 mayo 2015 at 5:59 pm Deja un comentario

Los juegos en Grecia

En la época clásica, cada año se celebraba alguno de los grandes juegos que apasionaban a los griegos y que atraían a miles de aficionados a los santuarios de Olimpia, Delfos, Corinto o Nemea

pugil-apolonio

Esta estatua de bronce, obra del escultor Apolonio, muestra a un púgil desnudo y con las manos envueltas en unos cestos (unas tiras de cuero que servían de protección). Museo Nacional Romano, Roma.

Por Fernando García Romero. Catedrático de Filología Griega. Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 136

En la Antigüedad, a lo largo y ancho del mundo griego se celebraban innumerables competiciones deportivas, pero había cuatro que descollaban sobre las demás: los Juegos Olímpicos, los Píticos, los Ístmicos y los Nemeos. Todos ellos se celebraban en lugares con una fuerte impronta sagrada. Tal era el caso del santuario de Olimpia, al noroeste de la península del Peloponeso, donde se alzaba un gran templo en honor del dios Zeus. Los Juegos Píticos tenían lugar en honor del dios Apolo en su santuario de Delfos, en un paraje impresionante, al pie del monte Parnaso. En cuanto a los Juegos Ístmicos, reciben su nombre del istmo de Corinto, que une la Grecia continental con el Peloponeso. Allí se encontraba un santuario dedicado a Poseidón, el dios del mar y de los caballos, a unos siete kilómetros al este de Corinto, la ciudad encargada de su organización. Los Juegos Nemeos, en fin, se desarrollaban en un lugar encantador del noreste del Peloponeso, un pequeño y precioso valle hoy cubierto de viñedos donde se ubicó el santuario dedicado a Zeus Nemeo. En las proximidades se encontraba la antigua Cleonas, la ciudad encargada de la organización de los juegos, aunque en diversas épocas de tal tarea se ocupó la más distante, aunque más poderosa ciudad de Argos.

Dioses en el estadio

Sobre el origen de cada uno de estos juegos corrían leyendas diversas, en las que aparece siempre un dios o héroe mítico como fundador. Si de los Juegos Olímpicos, por ejemplo, se decía que habían sido establecidos por Heracles en honor de Zeus, una tradición mítica aseguraba que los Juegos Píticos fueron fundados por Apolo tras haber dado muerte a la anterior ocupante del santuario de Delfos, la serpiente Pitón, representante de un antiguo culto ctónico. En cuanto a los Juegos Ístmicos, Pausanias, un viajero del siglo II d.C., recoge la tradición según la cual fueron instaurados en recuerdo del niño Melicertes, con el que su madre Ino, enloquecida, se arrojó al mar, tras lo cual ella se transformó en la diosa marina Leucótea y él en el dios niño Palemón. Por su parte, Plutarco atribuye la fundación de los mismos juegos al héroe ateniense Teseo, quien los habría organizado en honor de su padre Poseidón, renovando un festival anterior dedicado a Melicertes.

El hecho habría tenido lugar en el año 1258 a.C., según el llamado Mármol de Paros, una cronología de la historia griega realizada en el siglo III a.C. sobre una estela de mármol.

Sobre los Juegos Nemeos también existía una historia mítica. Como en el caso de los Juegos Olímpicos, los Nemeos habrían sido instituidos por Heracles en honor de su padre Zeus. El primero de los célebres «trabajos» del héroe consistió en poner fin a la amenaza que suponía el monstruoso león de Nemea, cuya piel era invulnerable, por lo que Heracles hubo de matarlo estrangulándolo con sus brazos; así habría inventado la disciplina atlética llamada «pancracio» –una violenta mezcla de lucha y boxeo–, e igualmente habría instituido los Juegos de Nemea para conmemorar su hazaña.

Estas leyendas sitúan el origen de los juegos en la época heroica (que los griegos databan hacia 1300-1200 a.C.), y reflejan una vinculación con el culto a los héroes típico de la religión griega. El origen histórico es más oscuro. De acuerdo con la tradición, los Juegos Olímpicos se celebraron por primera vez en 776 a.C. En cuanto a los Píticos, se dice que al principio se celebraban cada ocho años y comprendían únicamente una competición musical en honor del dios que protegía esa arte: los participantes cantaban, acompañándose de la cítara, un himno dedicado a Apolo. En su descripción del santuario de Delfos, Pausanias precisa que el primer vencedor fue Crisótemis de Creta, «cuyo padre Carmánor se dice que había purificado a Apolo» por la muerte de la serpiente. El récord de victorias musicales en Delfos lo ostenta un poeta que trabajó sobre todo en Esparta en la primera mitad del siglo VII a.C., Terpandro de Lesbos, dominador de la prueba durante 32 años, ya que venció cuatro veces consecutivas. En el siglo VI a.C. se añadieron nuevas competiciones artísticas, no sólo de música, sino también de poesía, teatro y hasta de pintura.

Pasión por las carreras

Lo más característico de los juegos eran las pruebas atléticas e hípicas, las únicas que se celebraban en Olimpia. Allí se fue configurando un amplio programa de pruebas, que sirvió de modelo para los demás juegos: las carreras a pie en sus distintas variantes –el estadio (unos 200 metros), el doble estadio, la carrera con armas y la carrera de fondo–, la lucha, el boxeo y el pancracio, el lanzamiento de jabalina y de disco, y el salto de longitud (estas tres últimas sólo se disputaban como parte del pentatlón), así como las carreras de carros y caballos, que tenían lugar en el hipódromo. En Delfos, las pruebas deportivas se introdujeron a principios del siglo VI a.C. Según Pausanias, en 586 a.C. los organizadores de los Juegos Píticos «establecieron por primera vez competiciones con premios para los atletas, las mismas que en Olimpia con excepción de la carrera de cuadrigas».

El mismo autor afirma que en los siguientes juegos, en 582 a.C., «se instauraron competiciones premiadas con coronas» y que asimismo se eliminó el canto acompañado de una flauta doble o aulós, «porque pensaban que no era de buen agüero escucharlo, ya que consiste en las más tristes melodías». A partir de entonces, los Juegos Píticos pasaron a celebrarse cada cuatro años, como los Olímpicos, y, al igual que éstos, incluían un programa completo de pruebas atléticas e hípicas, incluida la carrera de cuadrigas desde el año 582 a.C. Los vencedores recibían una corona de laurel (del valle de Tempe), el árbol sagrado de Apolo.

Los Juegos Ístmicos, por su parte, se convirtieron en unos juegos panhelénicos en 582 a.C. Incluían competiciones poéticas y musicales y, si es cierto el testimonio de Plinio, también concursos de pintura, así como un programa de pruebas atléticas y ecuestres como el de los Juegos Olímpicos, aunque con algunas diferencias. Por ejemplo, además de las cuatro carreras de Olimpia, en el Istmo se corría también la llamada «carrera hípica», con una distancia de cuatro estadios (unos 750 metros). Los atletas se dividían en tres categorías según su edad (hombres, «imberbes» y niños) y los vencedores recibían como premio una corona que en el siglo V a.C. era de apio seco, pero que anteriormente se confeccionaba con las ramas del gran bosque de pinos que rodeaba al santuario, una tradición que se recuperó en época romana.

En cuanto a los Juegos Nemeos, fueron reorganizados de manera definitiva en 573 a.C., adquiriendo desde entonces el rango de juegos panhelénicos. Los vencedores recibían coronas de apio fresco, la planta de la que estaba confeccionado el lecho en el que Hipsípila depositó al niño del que cuidaba, Ofeltes, hijo de los reyes del lugar, según una tradición sobre el origen de los juegos. El programa de pruebas atléticas y ecuestres era semejante al de los demás grandes festivales. Como en los Juegos Ístmicos, los participantes se distribuían en tres categorías de acuerdo con su edad, y se disputaba también una carrera pedestre sobre cuatro estadios. Sólo un pasaje de Plutarco menciona, para finales del siglo III a.C., una competición de canto acompañado de cítara.

Juegos todos los años

Desde principios del siglo VI a.C. se instituyó, pues, el ciclo de grandes juegos panhelénicos, abiertos a atletas y aficionados de todo el mundo griego. Para todos ellos se decretaba una «tregua sagrada», que proclamaba la inviolabilidad de atletas y espectadores durante las competiciones, incluyendo un amplio lapso de tiempo antes y después de las mismas a fin de garantizar la seguridad durante el viaje de ida y regreso a sus respectivas ciudades. Las competiciones tenían lugar en magníficas instalaciones de las que hoy conservamos restos aún imponentes, como el teatro de Delfos, los espléndidos estadios de Delfos y Nemea, los restos del teatro y el estadio de los Juegos Ístmicos (que han permitido reconstruir el mecanismo utilizado en las carreras pedestres para que los corredores salieran al unísono) o los baños para los atletas en Nemea, provistos de un elaborado sistema de conducción de aguas.
Los juegos se sucedían a intervalos regulares y captaban la apasionada atención de todos los griegos. De hecho, no había un solo año en el que los aficionados se vieran privados de un gran certamen deportivo, y los años pares podían incluso disfrutar de dos de ellos: los Ístmicos y los Olímpicos en un caso (los primeros en abril-mayo, y los segundos en julio-agosto), y al cabo de dos años los Ístmicos y los Píticos (estos últimos tenían lugar a finales de agosto). En el verano de los años impares se celebraban los Juegos Nemeos. Esos cuatro juegos formaban el llamado períodos, el Gran Slam del deporte antiguo, y el atleta que conseguía vencer en todos ellos recibía el título de periodoníkes. En el propio santuario o de vuelta a casa los vencedores eran celebrados por todo lo alto, a menudo mediante poemas llamados epinicios, encargados a los mejores poetas. Píndaro, el más famoso de estos cantores, proclama en la octava de sus Odas Píticas, dedicada a Aristómenes de Egina, vencedor en la lucha en los Juegos Píticos del año 446 a.C.: «Quien ha obtenido un triunfo reciente, en su inmensa felicidad alza el vuelo llevado de la esperanza por una hazaña que le da alas».

Para saber más
Los Juegos Olímpicos y el deporte en Grecia. Fernando García Romero. Ausa, Sabadell, 1992.
In corpore sano. El deporte en la Antigüedad y la creación del moderno olimpismo. F. García Romero y B. Hernández García (ed.), Sociedad Española de Estudios Clásicos, 2005.

30 abril 2015 at 8:04 am Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

mayo 2017
L M X J V S D
« Abr    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente