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Delfos

Ciudades, soberanos y simples particulares acudían al templo de Apolo, esperando que el oráculo del dios les aconsejara a la hora de tomar decisiones de importancia

Artículo de Mireia Movellán Luis. Investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 113

Casa-de-los-Vetti-muerte-de-Pitón

Este fresco de la casa de los Vetti en Pompeya recrea el episodio de la muerte de la serpiente Pitón a manos del dios Apolo, que aparece representado tocando la lira. ORONOZ / ALBUM

“Layo, suplicas una próspera descendencia. Te daré el hijo que deseas, pero está decretado que dejes la vida a sus manos”. Así profetizó el oráculo de Delfos al padre de Edipo; el oráculo también advirtió a Edipo de que mataría a su padre y se casaría con su propia madre. Fueron vanos los intentos de padre e hijo por evitar que tales predicciones se cumplieran: Edipo mató a un hombre y se casó con su viuda, sin saber que se trataba de sus progenitores; al conocer lo que había hecho, se sacó los ojos. Pero no todos los oráculos de Delfos fueron tan tremendos. Aparte de los ejemplos míticos o legendarios, de las más de quinientas preguntas y respuestas délficas conservadas sólo se consideran históricas unas cincuenta y cinco, y la mayoría responden a cuestiones políticas, bélicas o religiosas por las que se interesaron las ciudades.

En Delfos, lugar que los griegos consideraban el ombligo de la tierra, existía un templo del dios Apolo ya en el siglo VIII a.C., y desde entonces se estableció una red de peregrinaje que unía toda Grecia con ese lugar. Lo habitual era que las ciudades o polis enviasen delegaciones sagradas (theoría) que debían transmitir al oráculo preguntas sobre los asuntos públicos. Junto a los comisionados oficiales viajaban consultantes privados, cuyas preguntas debían de diferir, lógicamente, de las que formulaba la ciudad: seguramente se referían a la conveniencia de un matrimonio, a los hijos, a los riesgos de negocios y viajes…

El hecho de acompañar a las embajadas permitía a estos consultantes particulares disfrutar de cierta seguridad, ya que la delegación al completo estaba bajo protección divina y era inviolable. Ello resultaba muy conveniente cuando se tenía que realizar un viaje siempre difícil y peligroso, a veces muy largo, expuesto a ataques y al pillaje. Las delegaciones se mandaban coincidiendo con los momentos propicios para la adivinación, que en su origen se limitaban al séptimo día del mes de bysios (a mediados del invierno), en el aniversario del nacimiento de Apolo; posteriormente se ampliaron al día siete de cada mes. Además, las ciudades podían mandar delegaciones regularmente, con el beneplácito del santuario; los atenienses, por ejemplo, enviaban las llamadas pytháis a Delfos si se veía un rayo en determinado lugar. El santuario también estaba abierto a preguntas durante las celebraciones de festivales como los de Carila o de Septerion, cada ocho años.

Aunque al santuario acudía multitud de peregrinos en busca de alguna orientación sobre decisiones que debían tomar, la función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino proveer de sanción divina a las decisiones políticas de las ciudades: ratificaba leyes e incluso constituciones, aprobaba la fundación de nuevas ciudades y de colonias, aconsejaba empresas bélicas o las censuraba. Aunque Delfos no intervenía directamente en la política de las ciudades, sus oráculos podían ser usados como arma política en caso necesario.

La llegada al santuario

Cuando los peregrinos llegaban al pie del monte Parnaso, donde estaban la ciudad de Delfos y el recinto de Apolo, los recibía el próxenos, el embajador que cada polis tenía en el santuario y que atendía por igual a embajadores y a ciudadanos particulares. Hay que suponer que los días en que el recinto estaba abierto a consultas debía de concentrarse allí mucha gente, y que las colas para entrar eran constantes. Pero no todos tenían que esperar: ciudades como Atenas o Esparta disfrutaban del privilegio de la promanteia, la prioridad de consulta, de la que se beneficiaban tanto sus emisarios como los ciudadanos privados que los acompañaban.

Lo primero que encontraban los viajeros, a un kilómetro y medio del recinto, era la zona conocida como Marmaria por los mármoles de los edificios allí construidos, entre ellos el templo circular de Atenea Pronaia. Luego los peregrinos pasaban por la fuente Castalia, que brotaba entre las dos piedras Fedríades («brillantes»), y se purificaban con sus aguas. Acto seguido entraban en procesión por la vía Sacra, ya en el interior del santuario propiamente dicho. Esta calzada ascendía por una pronunciada pendiente y estaba flanqueada por los tesoros de las más prominentes ciudades: Sición, Sifnos, Cnido, Tebas, Atenas, Corinto, Massalia. Los tesoros eran pequeños templos o capillas en los que se conservaban los exvotos y donaciones que los ciudadanos de una polis entregaban al santuario. Después la vía llegaba al templo de Apolo, más arriba del cual se encontraban la palestra, el gimnasio, el estadio y el teatro. Este edificio, con capacidad para unos 5.000 espectadores, acogía los certámenes artísticos de los juegos píticos, que se celebraban en honor de Apolo e incluían competiciones atléticas y celebraciones religiosas.

La consulta al oráculo

Frente al templo estaba el altar para los sacrificios. Las consultas al oráculo se «pagaban» en forma de sacrificio o de pastel: el propio templo vendía los animales que debían sacrificarse y las tartas sagradas (pélanos). Aunque no se conocen las tarifas, es de suponer que el precio mínimo por la ofrenda sería asequible para un ciudadano medio. Sin embargo, los más pudientes solían ofrecer, además de un sacrificio, presentes como estatuas, trípodes y otros exvotos. Lógicamente, las tasas en forma de sacrificios o tartas que había que comprar para acceder al oráculo debían de ser mucho más elevadas para las consultas cívicas que para las privadas.

Poco sabemos de la organización en el interior del templo. Allí se encontraban la sacerdotisa pitia, por cuya boca hablaba Apolo, y el cuerpo de sacerdotes que la atendía y que se repartía las diferentes tareas. Aunque no se conocen con certeza las atribuciones de cada grupo, se cree que los hieréis se encargarían de los sacrificios; los prophetai se ocuparían de ayudar a la pitia e interpretar sus palabras, y los hósioi se cuidarían del culto.

El peregrino entraba en el templo a través del chresmographeion, donde se guardaba el archivo del santuario con la lista de consultantes, sus preguntas y respuestas, así como la lista de vencedores en los juegos píticos; probablemente allí formulaba su pregunta. Según la tradición, en la parte más recóndita del templo de Apolo había un lugar subterráneo, el ádyton, al que la pitia descendía, con una corona y un bastón de laurel, cuando le llegaba el momento de entrar en éxtasis y comunicarse con la divinidad. Se cuenta que ahí masticaba laurel, bebía agua de la fuente Casotis y se sentaba en un gran trípode situado sobre una grieta natural del suelo de la que salían vapores. Al inhalarlos, la sacerdotisa entraba en un frenesí o delirio gracias al cual pronunciaba las palabras, quizás incomprensibles, que los sacerdotes del templo escuchaban y escribían, y que luego se entregaban al consultante. Pero el ritual de la consulta tal como se ha descrito aquí presenta un problema: es tardío y se trata más bien de una elaboración esotérica de la realidad.Los relatos de diferentes historiadores griegos ofrecen una imagen muy distinta de cómo se desarrollaba.

¿Cuál era la verdad?

Plutarco, que además de historiador y biógrafo fue sacerdote de Apolo en Delfos, no sólo ignora el procedimiento descrito, sino que su narración es incompatible con el mismo. Este autor, que vivió a caballo de los siglos I y II d.C., explica que el ádyton estaba abierto a los consultantes y no era una habitación secreta; y no dice nada sobre el frenesí o trance de la pitia, ni sobre lo incoherente de sus palabras. Sólo en una ocasión refiere que la sacerdotisa se retira a un lugar subterráneo, pero ello sucede en un momento en el que se siente indispuesta y no logra profetizar, cosa que la lleva a la locura. Por su parte, el historiador Heródoto, que vivió en el siglo V a.C., relata la entrada del dirigente espartano Licurgo en el recinto de la sacerdotisa y afirma que ella le habla directamente, sin esperar siquiera a su pregunta y, de hecho, le dicta la constitución espartana. También Jenofonte parece tener una relación directa con la pitia cuando, a finales del siglo V a.C., le pregunta a qué dioses debe encomendarse para tener éxito en el viaje que luego narrará en su Anábasis, el épico itinerario de un ejército de mercenarios griegos a través del Imperio persa.

Es más, algunos ejemplos de consultas históricas que conservamos presuponen no sólo que la pitia estaba presente ante los consultantes, sino que se dirigía directamente a ellos, como cuando los atenienses le solicitaron que escogiera los nombres de las diez tribus de su ciudad, o cuando los tesalios le pidieron que eligiera a un rey. Al parecer, en ambos casos se ofreció a la sacerdotisa una urna con distintos nombres para que ella eligiese. En definitiva, lo que ocurría dentro del templo y la manera en que actuaba la profetisa constituye un misterio. En cuanto al origen de su inspiración, se ha intentado explicar por el uso de sustancias psicoactivas que podían estar presentes en el agua o el laurel, o por algún vapor que actuara sobre su conducta (parece que está confirmada la existencia de etileno en el subsuelo de Delfos). Incluso hay quien afirma que pudo recurrir al hipnotismo o algún tipo de sugestión.

La decadencia

Después de la consulta, el peregrino regresaba al chresmographeion, donde los prophetai le entregaban por escrito un informe oficial y la respuesta del oráculo interpretada y formulada solemnemente, a menudo en verso. Tras esto emprendía el viaje de regreso a casa, tan peligroso como el itinerario de ida. De hecho, la gran cantidad de problemas y obstáculos a los que se enfrentaron los peregrinos entre el estallido de la guerra del Peloponeso (431 a.C.) y el advenimiento de Alejandro Magno contribuyó a la pérdida de importancia del oráculo y al desuso de las rutas de peregrinaje. Durante la guerra, por ejemplo, los atenienses se acostumbraron a visitar el oráculo de Dodona porque Delfos había caído en manos espartanas. El prestigio de Delfos comenzó su declive tras la muerte de Alejandro, en 323 a.C., aunque continuó siendo un centro de atracción durante la época helenística y el período romano. Por fin, en 391 d.C., el emperador romano Teodosio decretó el cierre de todos los oráculos y la prohibición de la adivinación de cualquier tipo. El cristianismo había silenciado la voz de los antiguos dioses.

Para saber más

Oráculos griegos. David Hernández de la Fuente. Alianza, 2008.

Obras morales y de costumbres VI. Plutarco. Madrid, Gredos, 1995.

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28 mayo 2013 at 3:32 pm 1 comentario

Orfeo y Eurídice y otras animaciones

Recogemos hoy estas cuatro simpáticas animaciones desde ginged sandals, una web sobre mitología griega producida por Australian Broadcasting Corporation en asociación con The University of Melbourne’s Centre for Classics and Archaeology. Un buen recurso para conocer algunos de los dioses, héroes y animales fantásticos de la mitología clásica.  

18 julio 2011 at 5:11 pm Deja un comentario

Los preceptos de Delfos o una filosofía de la vida

Los preceptos de Delfos constituyen el valioso legado de conocimiento que los Sabios de la antigua Grecia dejaron a las generaciones futuras.

Los antiguos sacerdotes griegos no daban consejos ni oían las confesiones de los fieles; su labor consistía principalmente en la realización de sacrificios y otros ritos.

La educación moral de los jóvenes era llevada a cabo primero por los paidagogoi y los paidotribes  y continuaba más tarde con los oráculos, que, además de manifestar el porvenir y la voluntad de los dioses, establecían un orden moral y asesoraban en los problemas de la vida cotidiana por los que se les consultaba.

De todos los oráculos, el más famoso en el mundo antiguo fue el Oráculo de Delfos. En el pronaos del templo de Apolo en Delfos estaban recogidos los principales preceptos morales por los que se debían regir los griegos, bien en los muros, el dintel e incluso en algunas columnas de alrededor del templo.

Los 147 Preceptos Délficos o Máximas Pitias eran frases sencillas atribuidas a los Siete Sabios de la antigüedad: Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Solón de Atenas, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto y Quilón de Esparta.

En el frontón del templo destacaban los tres preceptos de Delfos más importantes, fácilmente visibles para los visitantes que se acercaban:

  • Debajo, a la izquierda, ΓΝΩΘΙ ΣΑΥΤΟΝ (Conócete a ti mismo).
  • A la derecha, ΜΗΔΕΝ ΑΓΑΝ (Nada en exceso).
  • Entre ellos, en la parte superior, el famoso ΕΝ ΔΕΛΦΟΙΣ Ε (o ΕΙ), sobre el que el sacerdote de Delfos Plutarco escribió todo un ensayo (“Sobre la E de Delfos“) tratando de interpretar su significado.

La admiración de los antiguos griegos por estas máximas del Oráculo de Delfos era tan grande que el poeta lírico Píndaro (522 a. C.) considera a los Siete Sabios los hijos del Sol, la luz que ilumina y guía al hombre en su camino hacia la virtud. Estos preceptos fueron seguidos después por otras culturas y presentadas en ocasiones como principios religiosos.

Εν δέ τώ προνάω τά έν Δελφοίς γεγραμμένα, έστιν ώφελήματα άνθρώποις“Las palabras escritas en el pórtico de Delfos son de utilidad para los hombres”. Pausanias 

·  Έπου θεῴ. Obedece al dios.

·  Νόμοις πείθου. Obedece a las leyes.

·  Θεούς σέβου. Respeta a a los dioses.

·  Γονείς αίδου. Respeta a tus padres.

·  Ηττώ υπέρ δικαίου. Sométete a la justicia.

·  Γνῶθι μαθών. Aprende a aprender.

·  Ακούσας νόει. Reflexiona sobre lo que hayas escuchado.

· Γνῶθι σαυτόν. Conócete a ti mismo.

·  Εστίαν τίμα. Honra tu casa.

·  Άρχε σεαυτού. Manda de ti mismo.

· Φίλους βοήθει. Ayuda a tus amigos.

·  Θυμοῦ κράτει. Domina tu carácter.

·  Όρκῶ μη χρω. No te sirvas de los juramentos.

·  Φιλίαν αγάπα. Ama la amistad.

·  Παιδείας αντέχου. Persevera en tu educación.

·   Σοφίαν ζήτει. Busca la sabiduría.

·   Ψέγε μηδένα. No censures.

·  Επαίνει αρετήν. Ensalza la virtud.

·  Πράττε δίκαια. Actúa de modo justo.

·  Φίλοις ευνόει. Sé benévolo con tus amigos.

·  Εχθρούς αμύνου. Aparta a tus enemigos.

·  Ευγένειαν άσκει. Ejercita la nobleza.

·   Κακίας απέχου. Aléjate del mal.

·  Εύφημος ίσθι. Aprende a ser bienhablado.

·   Άκουε πάντα. Escúchalo todo.

·   Μηδέν άγαν. Nada en demasía.

·   Χρόνου φείδου. No pierdas el tiempo.

·  Ύβριν μίσει. Aborrece la arrogancia.

·  Ικέτας αίδου. Respeta a los suplicantes.

·   Υιούς παίδευε. Educa a tus hijos.

·   Έχων χαρίζου. Sé generoso cuando tengas.

·   Δόλον φοβού. Cuídate del engaño.

· Ευλόγει πάντας. Háblale bien a todos.

·  Φιλόσοφος γίνου. Hazte amante del saber.

·   Όσια κρίνε. Estima lo sagrado.

·  Γνους πράττε. Obra de acuerdo con tu conciencia.

·   Φόνου απέχου. No mates.

·  Σοφοίς χρω. Ten trato con los sabios.

·  Ήθος δοκίμαζε. Examina tu carácter.

·  Υφορώ μηδένα. No mires a nadie con desconfianza.

·   Τέχνῃ χρω. Haz uso del arte.

·  Ευεργεσίας τίμα. Honra la buena conducta.

·   Φθόνει μηδενί. No envidies a nadie.

·  Ελπίδα αίνει. Alaba la esperanza.

·  Διαβολήν μίσει. Aborrece la calumnia.

·  Δικαίως κτω. Obtén las cosas justamente.

·  Αγαθούς τίμα. Honra a los buenos.

·  Αισχύνην σέβου. Ten sentimientos de pudor.

·  Ευτυχίαν εύχου. Desea la felicidad.

·  Εργάσου κτητά. Trabaja por lo que es digno de ser adquirido.

·  Έριν μίσει. Odia la discordia.

·  Όνειδος έχθαιρε. Aborrece la injuria.

·  Λέγε ειδώς. Habla cuando sepas.

·  Βίας μη έχου. Renuncia a la violencia.

·  Φιλοφρόνει πάσιν. Muestra benevolencia con todo el mundo.

·   Γλώττης άρχε. Domina tu lengua.

·  Σεαυτόν ευ ποίει. Hazte el bien a ti mismo.

·  Ευπροσήγορος γίνου. Sé amable con todos.

·  Αποκρίνου εν καιρῴ. Responde en el momento oportuno.

·  Πόνει μετά δικαίου. Esfuérzate más allá de lo necesario.

·  Πράττε αμετανοήτως. Actúa sin arrepentimiento.

·  Αμαρτάνων μετανόει. Arrepiéntete cuando te equivoques.

·  Οφθαλμού κράτει. Domina tu mirada.

·   Βουλεύου χρήσιμα. Piensa en lo útil.

·   Φιλίαν φύλασσε. Conserva la amistad.

·   Ευγνώμων γίνου. Sé agradecido.

·  Ομόνοιαν δίωκε. Busca la concordia.

·  Άρρητα μη λέγε. No digas lo indecible.

·  Έχθρας διάλυει. Aniquila el odio.

·  Γήρας προσδέχου. Acepta la vejez.

·  Επί ρώμη μη καυχώ. No alardees de tu fuerza.

·  Ευφημίαν άσκει. Ejercita una buena reputación.

·  Απέχθειαν φεύγε. Evita el resentimiento.

·  Πλούτει δικαίως. Enriquécete de manera honrada.

·  Κακίαν μίσει. Aborrece el mal.

·   Μανθάνων μη κάμνε. No te canses de aprender.

· Ους τρέφεις αγάπα. Ama a quienes te alimentan.

·  Απόντι μη μάχου. No combatas contra aquel que está ausente.

·  Πρεσβύτερον σέβου. Respeta al anciano.

·  Νεώτερον δίδασκε. Enseña a los más jóvenes.

·   Πλούτω απόστει. Distánciate de la riqueza.

·   Σεαυτόν αιδού. Respétate a ti mismo.

·  Μη άρχε υβρίζων. No seas dominado por la arrogancia.

·  Προγόνους στεφάνου. Corona a tus antepasados.

·  Θνήσκε υπέρ πατρίδος. Muere por tu patria.

·   Επί νεκρώ μη γέλα. No te burles de los muertos.

·  Ατυχούντι συνάχθου. Siente compasión por los desgraciados.

·  Τύχῃ μη πίστευε. No confíes en la suerte.

·  Τελεύτα άλυπος. Muere exento de sufrimiento.

Fuente: Τα Δελφικά Παραγγέλματα, a partir de un artículo de Greek surnames.

30 enero 2011 at 8:20 pm 18 comentarios

¿Cuándo vamos a Delfos?

Delfos

Investigadores de la Escuela de Arqueología e Historia Antigua de la Universidad de Leicester dicen haber encontrado la solución a un misterio de 2.700 años de antigüedad relacionado con el oráculo de Delfos.

El enigma al que los investigadores buscaban una solución era cómo la gente de la antigua Grecia y del Mediterráneo en general venían de todos los lugares al santuario precisamente los días del año en que funcionaba el Oráculo. En otras palabras, cómo era posible saber qué días poder ir, si no había un calendario común para todas las ciudades.

La conclusión a la que ha llevado el estudio de distintos manuscritos antiguos es que la única forma de conocer el día exacto de celebración del Oráculo era mediante la observación del movimiento de las estrellas en el cielo. Los investigadores notaron que la constelación del Delfín aparece en la parte oriental del horizonte a finales de diciembre y principios de enero, un período que en algunas ciudades estaba consagrado a Apolo Délfico. El problema es que el Oráculo de Delfos no se celebraba en enero, sino un mes más tarde. La solución llegó al percatarse de que de las altas montañas que se elevan sobre Delfos retrasan un mes la aparición de las estrellas de la constelación del Delfín. Según los investigadores, la ventaja de este sistema de cálculo basado en las estrellas era que podía ser utilizado por todos los habitantes del Mediterráneo, que sabrían así qué días podían visitar Delfos de acuerdo con el calendario local de la zona de Delfos.

Vía Encontrada la solución a uno de los misterios de Delfos. La imagen es de aquí.

21 octubre 2010 at 5:17 pm 1 comentario


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