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Los orígenes de la Navidad

Las Saturnales, las fiestas paganas que celebraban los romanos en honor a Saturno, influyeron en la creación de la Navidad que celebramos actualmente. Te explicamos la historia de la celebración más famosa del año.

Saturnalia, Antoine Callet. Las Saturnales, eran unas fiestas paganas que celebraban los romanos en honor a Saturno, el dios de la agricultura y la cosecha, y que originalmente transcurrían entre el 17 y el 23 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno.

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC
18 de diciembre de 2017

La Navidad, la conmemoración del nacimiento de Jesucristo, que se celebra el 25 de diciembre, guarda muchas similitudes con las Saturnales, las fiestas paganas que celebraban los romanos en honor a Saturno, el dios de la agricultura y la cosecha, y que originalmente transcurrían entre el 17 y el 23 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno, el período más oscuro del año, cuando el Sol sale más tarde y se pone más pronto.

Las labores agrícolas finalizaban en esta época y los campesinos y los esclavos podían aplazar el trabajo cotidiano. Los romanos, como ocurre actualmente en la Navidad, visitaban a sus familiares y amigos, intercambiaban regalos y celebraban grandes banquetes públicos. Durante estas fiestas, que se prolongaban durante siete días, los esclavos gozaban de una gran permisividad; podían vestir las ropas de sus señores y ser atendidos por éstos sin recibir ningún castigo.

También los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta del Natalis Solis Invicti o asociada al nacimiento de Apolo. 15​. El 25 de diciembre fue considerado como día del solsticio de invierno, y que los romanos llamaron bruma. Cuando Julio César introdujo su calendario en el año 45 a. C., el 25 de diciembre debió ubicarse entre el 21 y 22 de diciembre de nuestro Calendario Gregoriano. De esta fiesta, se tomó la idea del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesucristo.

Julio I fijó la fecha de Navidad

Los antecedentes de la Navidad habría que situarlos en los años 320-353, durante el mandato del papa Julio I, que fijó la solemnidad de Navidad el 25 de diciembre, a pesar de la creencia de que Jesucristo nació durante la primavera, quizá con la intención de convertir a los paganos romanos en cristianos. Posteriormente el año 440, el Papa León Magno estableció esta fecha para la conmemoración de la Natividad casi un siglo más tarde, en 529 el emperador Justiniano la declara oficialmente festividad del Imperio.

La Sagrada Escritura sólo señala que la muerte de Cristo se produjo durante la Pascua judía. Por otro lado, la primera representación del Belén, que escenificaba el nacimiento de Cristo, la realizó San Francisco de Asís en la Nochebuena de 1223, en una cueva próxima a la ermita de Greccio, en Italia. En cambio, la tradición del árbol de Navidad procede del norte de Europa.

 

Deus Sol Invictus. En este mosaico se representa una alegoría de Cristo en forma del dios solar Helios o Sol Invicto conduciendo su carroza. El mismo data del siglo III d. C. y fue hallado en las grutas vaticanas en la Basílica de San Pedro en el techo de la tumba del Papa Julio I.  Sol Invictus -Sol invicto- o en forma completa, Deus Sol Invictus -el invencible Dios Sol” en latín- fue un título religioso aplicado al menos a tres divinidades distintas durante el Imperio romano: El Gabal, Mitra y Sol.

 

Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios. Edward Armitage, 1875. Juliano el Apóstata declararía a Helios -Deus Sol Invitus- como la única divinidad, y las otras divinidades quedarían relegadas a simples expresiones de este dios único. Durante el gobierno de este emperador la religión del sol se convirtió en la religión oficial dentro del imperio. Foto: Walker Art Gallery / National Museums Liverpool

 

La Nativité, Louis Cretey. Óleo sobre lienzo de la segunda mitad del siglo XVII. Navidad proviene de la palabra latina nativitas que significa nacimiento y se refiere particularmente al nacimiento de Cristo que se celebra cada 25 de diciembre; sin embargo, en ninguna parte de la Biblia se menciona la fecha exacta del nacimiento de Jesús. Foto: Detroit Institute of Arts

 

Flavius Valerius Aurelius Constantinus. Mosaico bizantino representando a Constantino I el Grande. La fiesta de Navidad fue reconocida 300 años después de la muerte de Cristo, cuando el emperador Constantino permitió el cristianismo en el Imperio romano, después de haber sido perseguido desde tiempos de Nerón. Su relación con el cristianismo fue difícil, ya que fue educado en la adoración del dios Sol -Sol Invictus-, cuyo símbolo portaba y cuyo culto estaba asociado oficialmente al del emperador.

 

Julio I. Ilustración del libro “Las vidas y los tiempos de los Papas” de Chevalier Artaud de Montor. El Papa Julio I fijó para la Iglesia de Occidente la Solemnidad de Navidad el 25 de diciembre, en vez del 6 de enero, junto con la Epifanía. Foto: The Catholic Publication Society of America

 

La Navidad. Representación de la Navidad, el nacimiento de Cristo, en una obra del año 1500. HERITAGE PARTNERS / GTRES

 

Encuentro entre el Papa León I el Magno y Atila. Fresco de Rafael Sanzio, 1514. En el año 440, año de su proclamación como Pontífice, el Papa León I el Magno estableció el 25 de diciembre para la conmemoración de la Natividad casi un siglo más tarde que su homólogo Julio I.

 

Justiniano I. Representación del emperador bizantino Justiniano I como el dador del Codex Juris Civilis. Fue Justiniano quien finalmente en el año 529 declara oficialmente la navidad festividad del Imperio Romano.

 

19 diciembre 2017 at 6:51 pm Deja un comentario

La tradición romana del árbol de Navidad

Historiadores remontan la costumbre de decorar un árbol con bolas y estrellas a la fiesta de la Saturnalia que se celebraba en Roma

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Reuters

Fuente: EFE  |  Sur Digital
25 de diciembre de 2016

Con la Navidad regresan a las plazas públicas y a los salones de casa los árboles decorados con bolitas de colores y tiras de espumillón, una tradición que tiene sus orígenes en el mundo antiguo, cuando la naturaleza era el eje central del día a día del ser humano.

Lo que hoy son bolas de plástico de mil colores, en la antigüedad eran de algodón. Lo que hoy es espumillón, en aquellas fechas eran objetos decorativos dirigidos a asegurar el ciclo de las estaciones.

Una forma de decir que, tras los días “oscuros” y “más cortos” del año como son los invernales, llegarán los “más luminosos”, en los que la luz da vida a la naturaleza, en referencia a la primavera y el verano.

La Saturnalia en el Imperio Romano tenía lugar originariamente el 17 de diciembre, pero la fiesta, dedicada a Saturno, dios de la agricultura y las cosechas, enraizó tanto en el pueblo que pasó a celebrarse durante una semana, del 17 al 23 de diciembre.

Se trataba, según la investigadora y conservadora del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR) de Mérida, Pilar Caldera, de una festividad “asociada a la celebración de lo que los romanos llamaban los días angostos, los menos luminosos y más cortos del año”.

Pero también, según incide, “relacionada con el ciclo agrario, pues es cuando la simiente ya está en los campos, protegida por la tierra y a la espera de la vuelta de la primavera”.

Con el fin de asegurarse los regalos que la tierra les da a lo largo de los días largos y prósperos, en el tiempo de la cosecha y de la recolección, los romanos, “de forma simbólica”, le devuelven a la tierra lo que ésta les ha dado.

¿Cómo? Pues poniendo bolas de algodón o lana y figuritas de estrellas en los elementos vegetales que los ciudadanos tienen en sus casas.

No obstante, no puede asegurarse que la tradición concreta de poner un árbol de Navidad venga de Roma, ya que tal y como se conoce arranca en el siglo XVI y XVII en el centro y el norte de Europa.

“Las fiestas estacionales en Roma eran las más importantes. El mundo antiguo vivía muy acorde con la naturaleza. Son fiestas en las que se articulan las estaciones como eslabones de una cadena”, explica Caldera.

Por ello, cuando se hace algo en invierno, se piensa en la primavera; de ahí que en la Saturnalia tuviera mucho peso “el conceder y desear” lo mejor en las jornadas de los días ocultos “de cara a la llegada de los días luminosos”.

Son días de estar en la casa con la llegada del final de las tareas agrícolas. En la Saturnalia, las cenas familiares, que incluían música y danza, eran habituales y, además, compartidas con amigos y esclavos.

“Los esclavos tenían la oportunidad de formar parte activa de la familia. De hecho, eran atendidos y agasajaos por sus dueños”, apunta Caldera, que enmarca este hecho en los citados ciclos. “Desorden en esos días para garantizar el orden posterior”, añade.

Surge en esos festejos hogareños otra tradición que hoy aún pervive: la cesta de Navidad. Con ella, siempre elaborada en mimbre, se agasaja a la familia y a los amigos y con productos de obligada presencia: el olivo, el laurel, los higos y las nueces. Es una forma de “garantizar” los recursos para “los días largos”.

Todas estas tradiciones fueron “fagocitadas” por el cristianismo, que, curiosamente, en sus inicios y coincidiendo con estas fechas, “no tiene recuerdo alguno de Cristo”, según ha explicado el investigador Isaac Sastre. Es en el siglo II cuando comienza a recordarse su mito y su resurrección, especialmente en Egipto.

Sin embargo, tal como apunta Sastre, “algunas investigaciones fechan el nacimiento de Jesús entre finales de septiembre y principios de octubre”. Al parecer, el censo y registro de nacidos estaban cerrados en diciembre, y no parece muy lógico que los pastores durmieran a ras de suelo en pleno diciembre.

Es a mediados del siglo IV cuando se fija el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, “como el nuevo sol, la luz que viene”, en clara consonancia con la filosofía de la Saturnalia sobre “los días largos” y de luz que vendrán tras el invierno.

De hecho, los romanos celebraban el 25 de diciembre la fiesta en honor del dios Mitra, cuya religión también estaba muy arraigada en el sentir de Roma y que suponía asimismo festejar el solsticio de invierno.

 

25 diciembre 2016 at 11:46 pm Deja un comentario

El Museo de Arte Romano de Mérida recreará esta Navidad la fiesta de Saturnalia

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Fuente: EUROPA PRESS  |  El Periódico Extremadura
13 de diciembre de 2016

El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida recreará los días 28, 29 y 30 de diciembre la fiesta romana de Saturnalia, que fue “en ciertos aspectos” precursora de la Navidad, una actividad lúdica para “disfrutar en familia” de las fiestas navideñas.

Asimismo, está dirigida para “todos los públicos”, tiene un precio de 5 € para adultos y 3€ para niños, y la inscripción deberá realizarse el viernes, 16 de diciembre, en horario de 11,00 a 14,00 horas, hasta cumplir el cupo máximo de cuarenta personas por grupo.

El museo invitará a “descubrir y revivir” cada uno de los momentos de la Saturnalia, desde los “rituales prescriptivos” al dios Saturno hasta los banquetes familiares de la época, así “muchos de sus espacios” se convertirán en los escenarios de una domus romana.

Además, contará con una sala de juegos para los niños y los adultos pasarán a una de las salas de la planta baja, “transformada” en una estancia de banquetes, donde comerán los alimentos “propios de esta época”.

El público que participe en esta recreación de la fiesta Saturnalia verá el gran salón central del Museo Romano “por unas horas” como el peristilo de una gran casa romana, donde se cantará y se bailará “como antaño”.

 

14 diciembre 2016 at 2:35 pm Deja un comentario

La Navidad es una fiesta romana

Las Saturnales se celebraban en diciembre y estaban marcadas por las comilonas y los regalos

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Recreación de las Saturnales, en Chester en 2012. / C. FURLONG (GETTY)

Fuente: GUILLERMO ALTARES > Madrid  |  EL PAÍS    23/12/2015

“Bah, paparruchas”, responde Ebenezer Scrooge cuando le felicitan las Pascuas. Sin embargo, pocos personajes han contribuido de una forma tan profunda a la idea contemporánea de la Navidad como el amargado protagonista de la novela de Charles Dickens. Su inútil intento de resistirse al espíritu de las fiestas refleja, en el fondo, hasta qué punto estas celebraciones invernales están asentadas en nuestro universo cultural. No hay una fiesta que tenga un origen tan claro y que a la vez sea tan universal: durante las Saturnales, que se celebraban entre el 17 y el 24 de diciembre, los antiguos romanos encendían luces, se intercambiaban regalos, invertían los papeles sociales —los amos servían a los esclavos y los esclavos a los amos—. Eran días de banquetes y disfraces durante los que las celebraciones se apoderaban de las ciudades.

Es impresionante ver hasta qué punto algunas cosas han cambiado muy poco, sobre todo en el terreno del consumismo desatado. Caroline Lawrence, escritora de novelas infantiles sobre Roma, recuerda cómo el gran poeta satírico Marcial se quejaba en el siglo I de algunos regalos que recibía por Saturnales: “La bandeja de plata que solías enviarme, Sextiliano, por los días de Saturno, este año se ha ido a parar a tu amiga, y la toga que me ofrecías para las calendas de marzo se ha convertido en un justillo verde claro para cenar. Ya han empezado a resultarte baratas las queridas, porque haces el amor con ellas a costa de mis regalos”.

Matthew Charles Nicholls, profesor del Departamento de Estudios Clásicos de la Universidad de Reading y autor de una impresionante recreación digital de la antigua Roma, asegura que estas fiestas dedicadas a Saturno, dios de la agricultura, “tenían un enorme arraigo popular, como todas las celebraciones relacionadas con la luz que tienen lugar al principio del invierno en las culturas del hemisferio occidental”. El solsticio de invierno —en torno al 21 de diciembre— ha tenido siempre un enorme poder simbólico. De hecho, las Saturnales culminaban el 25 de diciembre con celebración del Sol Invictus, el astro invencible, cuando los días, de nuevo, comenzaban a alargarse y la luz vencía a la oscuridad.

“Los cristianos tomaron todos los elementos de las Saturnales para preservar, y santificar, esa celebración popular”, prosigue el profesor Nicholls. Aunque no se sabe si Jesús nació en invierno, ni siquiera si fue en Belén como sostiene la tradición, el papa Liberio declaró en 354 que el sagrado alumbramiento había tenido lugar el 25 de diciembre. Como explica Richard Cohen, autor de Persiguiendo el Sol. La historia épica del astro que nos da la vida, “las ventajas eran evidentes. Dado que los cristianos participaban también en esas celebraciones, los padres de la Iglesia llegaron a la conclusión de que podían utilizar el mismo día y decretar el 25 como la fecha de la Natividad”.

La transición de las Saturnales a la Navidad se prolongó durante varios siglos y fue el concilio de Tours en 567 el que decretó el periodo festivo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero. En cierta medida sigue siendo una fiesta profundamente ecléctica, que incorpora mitos de todo el mundo, desde la imagen de Santa Claus del anuncio de Coca-Cola de los años treinta hasta el árbol de Navidad, el propio Dickens y sus fantasmas o la bruja que reparte regalos en Italia.

Pero la profundidad con la que la Navidad está asentada en nuestra cultura va mucho más allá de la Roma antigua. Como explica Richard Cohen, todas las culturas celebran de alguna forma los solsticios, el día más corto y más largo del año. “El aparente poder sobrenatural que se manifiesta en los solsticios y los equinocios para gobernar las estaciones se celebra desde que tenemos memoria, provocando diferentes reacciones en las distintas culturas”, afirma.

23 diciembre 2015 at 8:18 pm Deja un comentario

¿De dónde viene el árbol de Navidad?

El cristianismo adoptó y transformó las costumbres paganas relacionadas con el culto a los árboles sagrados

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Foto: Martin Hurin / CTK via AP Images / Gtres

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

Jeremías, el profeta del siglo VII a.C., dice que “las costumbres de los pueblos son vanidad” porque un leño “con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva”. Jeremías se refiere a la vanidad de adorar “objetos sin valor”, propia de los paganos, en vez de venerar al Señor, “el Dios verdadero”. El árbol de Navidad no existía como tal, pero estos versículos revelan una costumbre ancestral: cortar un árbol para adornarlo o, como hacían los babilonios, para dejar regalos debajo del mismo. Tertuliano, un cristiano que vivió entre los siglos II y III d.C., critica los cultos romanos paganos, imitados por algunos de sus correligionarios, de colgar laureles en las puertas de las casas y encender luminarias durante los festivales de invierno. Los romanos adornaron las calles durante las Saturnales, pero fueron sobre todo los celtas quienes decoraron los robles con frutas y velas durante los solsticios de invierno. Era una forma de reanimar el árbol y asegurar el regreso del sol y de la vegetación. Desde tiempos inmemoriales, el árbol ha sido un símbolo de la fertilidad y de la regeneración.

Tallin y Riga se disputan el primer árbol de Navidad

El cristianismo adoptó y transformó estas costumbres paganas ante la imposibilidad de erradicarlas. Cuenta la leyenda que en el siglo VIII había un roble consagrado a Thor en la región de Hesse, en el centro de Alemania. Cada año, durante el solsticio de invierno, se le ofrecía un sacrificio. El misionero Bonifacio taló el árbol ante la mirada atónita de los lugareños y, tras leer el Evangelio, les ofreció un abeto, un árbol de paz que “representa la vida eterna porque sus hojas siempre están verdes” y porque su copa “señala al cielo”. A partir de entonces se empezaron a talar abetos durante la Navidad y por algún extraño motivo se colgaron de los techos de forma invertida. Se cuenta que el teólogo Martín Lutero puso unas velas sobre las ramas de un árbol de Navidad porque centelleaban como las estrellas en la noche invernal. Dos ciudades bálticas se disputan el mérito de haber erigido el primer árbol de Navidad en una plaza pública: Tallin (Estonia) en 1441 y Riga (Letonia) en 1510. Unos comerciantes locales instalaron un abeto en la plaza del mercado de Riga, lo decoraron con rosas artificiales, bailaron a su alrededor y finalmente le prendieron fuego. Hoy se iluminan con luces eléctricas, como en esta fotografía de la plaza de la Ciudad Vieja de Praga, donde la ceremonia de encendido atrae cada año a miles de personas.

21 diciembre 2015 at 9:34 pm Deja un comentario

Feliz Navidad

Mis mejores deseos para que se cumplan esta noche todos vuestros sueños.

24 diciembre 2010 at 6:51 pm Deja un comentario

Los orígenes antiguos de las tradiciones navideñas

Seguro que más de una vez te has preguntado por el origen de alguna de nuestras tradiciones relacionadas con la Navidad. Pues a este respecto te sorprenderá saber que muchas de ellas se remontan en el tiempo mucho más de lo que crees. En este artículo de The Independent se recogen algunas de las tradiciones navideñas nacidas en el mundo antiguo:

1. El árbol de Navidad 

La costumbre  de decorar de verde nuestras casas en invierno se remonta a hace miles de años. El faraón Tutankamon no tuvo que soportar el colorido que caracteriza hoy día a nuestros árboles de Navidad, pero tendría palmas de palmeras datileras esparcidas alrededor de su morada real en el solsticio de invierno.

2. Los villancicos

 Disfrutes o no con ellos, debes agradecérselo a los antiguos paganos y a sus alegres cánticos para celebrar a las estrellas. El canto y la danza eran muy comunes en el Neolítico en Europa: algunos incluso piensan que Stonehenge fue construido teniendo en mente la acústica.  

 Como ocurre con el árbol de Navidad, podrían haberse creado en relación con el solsticio de invierno un tipo de canciones especiales. De hecho, se cantaban melodías para cada una de las estaciones, aunque en el caso de la Navidad guardó pronto relación con la fe cristiana y el nacimiento de Jesucristo.  

 El primer villancico que puede considerarse como tal se remonta al año 129 d.C., cuando el obispo de Roma decretó que una canción llamada “El Himno del Ángel” debía ser cantado durante la Navidad. Al cabo de unos siglos esta tradición arraigó y toda Europa terminó cantando a la Navidad. 

3. Santa Claus o Papá Noel

 Millones de personas todavía piensan que Santa Claus debe su actual aspecto a los anuncios de Coca-Cola. Pero es una creencia que debería haber pasado a “leyenda urbana” hace mucho tiempo. La imagen en el mundo occidental de Santa Claus vestido de rojo y blanco se debe más a sus antiguas raíces eclesiásticas que al famoso refresco. San Nicolás fue obispo de Myra, antigua ciudad griega de Licia, en la actual Turquía, en el siglo IV. Fue muy popular en todo el mundo cristiano, donde se le conoció también como “Nicolás el Taumaturgo”, por la gran cantidad de milagros que se le atribuyeron.

 La asociación de San Nicolás con el generoso bonachón del trineo y los renos que hoy conocemos se deriva de su costumbre de dejar monedas en los zapatos de los fieles (véase la historia de los calcetines más abajo). Esto se terminaría convirtiendo en una tradición católica europea. Los pobres dejaban sus zapatos en la iglesia durante la noche y los ricos depositaban en ellos monedas como recuerdo a la generosidad de San Nicolás.

 El nombre de ‘Santa Claus’, por cierto, no se le dio hasta el siglo XIX, como una evolución del coloquialismo holandés Sinterklass. Su nombre ha cambiado, pero conserva la vestimenta ceremonial roja de su antiguo antecesor. Sin embargo, muchos piensan que la ropa puede ser una amalgama de San Nicolás y del dios normando del mal gobierno, un personaje vestido de rojo que iría causando estragos durante el período de solsticio de invierno. Santa Claus no siempre usó renos para ir de casa en casa:  muchos creen que son una evolución del caballo gris de ocho patas del dios nórdico Odín, llamado Sleipnir, que podía saltar distancias enormes. En la Edad Media, los niños dejaban fuera de las casas alimentos para Sleipnir, una costumbre que continúa hoy día.

4. El Tronco de Navidad

Para nosotros es el postre navideño por excelencia y el único recuerdo que nos queda de una tradición muy arraigada en época medieval: la quema del tronco de Navidad. Sin embargo, esta costumbre comenzó miles de años atrás en las antiguas ciudades de Sumeria y Egipto.

 Los egipcios creían que el período de solsticio de invierno marcaba la muerte y el renacimiento del dios Horus, dios del cielo y el sol.  Por este motivo desde hace 5000 años llevaban a cabo el ritual de encender un tronco cuya luz servía de memoria al dios y que mantenían ardiendo durante 12 días. Esta tradición se extendió a las ciudades de Sumeria y Mesopotamia en el festival de invierno de Zagmuk, y más tarde se convertiría en una de las características de la celebración romana de la Saturnalia, cuando era quemado una especie de tronco durante diez días para indicar el comienzo del gobierno de Mitra .

 Sajones y visigodos se sumaron a esta tradición como un símbolo del bien, como la luz que prevalece sobre las tinieblas o el mal. A las cenizas se les atribuía poderes mágicos. Lo más probable es que los cristianos adoptaran a través de los romanos este rito como un símbolo de la luz de Cristo frente a la oscuridad del mundo.

5. Las Tarjetas de Navidad

 Las tarjetas de Navidad no se pusieron de moda en Europa hasta el siglo XV, gracias a los germanos. Pero sus orígenes se remontan a miles de años atrás en el antiguo Egipto, cuando se empezó a extender la costumbre de enviar felicitaciones a través de papiros ricamente decorados. Los chinos reivindican también ser los primeros en el intercambio de mensajes sencillos en tarjetas para celebrar el Año Nuevo. Con la invención de la imprenta esta tradición se popularizaría en Occidente a partir de 1.500.

6. El Muérdago

El uso del muérdago, tan arraigado a la tradición navideña, debe atribuirse a los antiguos druidas: estos antiguos místicos atribuían poderes mágicos a esta planta. Entre sus propiedades milagrosas se destacaban la curación de enfermedades, como antídoto contra el veneno y su poder para mejorar la virilidad.

Los antiguos griegos no eran desconocedores de estas propiedades “eróticas” del muérdago. Tradicionalmente, besarse debajo de unas ramas de muérdago garantizaba que la pareja iba a quedar satisfecha. Incluso se utilizaba en las ceremonias matrimoniales. Los sajones después asociaron la planta con Freya, diosa del amor, la belleza y la fecundidad. Los hombres podían besar a cualquier mujer que se encontrara debajo de una rama de muérdago, arrancando una baya con cada beso. Cuando no quedaban bayas, se terminaban los besos.

7. Los regalos

 Aunque insistamos en afirmar que la Navidad es el mejor regalo de todos, ¿quién no agradece que en estas fechas alguien se acuerde de nosotros y nos haga algún detalle? Los arqueólogos han encontrado pruebas de que los hombres intercambian presentes desde hace 70.000 años. El antropólogo francés Marcel Israel Mauss señala este fenómeno como un hecho clave para la cohesión social al consagrar el respeto y la interdependencia de los miembros de una comunidad.

En Roma, la entrega de regalos fue una elemento clave en la festividad de las Saturnalia, en estos días en que los amos eran gobernados por sus esclavos. Los regalos eran vistos entonces como una forma de mantenerse de buen humor durante el largo y frío invierno. Es sabido que en el cristianismo se recuerda que los Reyes de Oriente regalaron oro, incienso y mirra al niño Jesús, cosas de nada en comparación con el consumismo exacerbado de hoy en día. La costumbre de dejar los regalos en la chimenea también pueden haber derivado de la antigüedad: Las tribus germánicas arrojaban regalos al fuego como ofrendas a los dioses. 

8. El festín

Hablar de Navidad es hablar de reuniones familiares en torno a una mesa bien surtida. Es ley no escrita que de estas fiestas se sale con al menos un par de kilos de más, pero ¿quién puede resistirse a tantos y tan suculentos manjares? Pues, como la mayor parte de costumbres de Navidad, esta tradición tiene sus raíces en las primeras civilizaciones. La festividad de Zagmuk, en Mesopotamia, conllevaba actos para celebrar que con la llegada del invierno los días se hacían más largos y la agricultura podría continuar un año más. La comida era una forma de celebrar al sol, como fue también el caso en Egipto con Horus – y más tarde pasó a formar parte de las Saturnalia en Roma como una forma de recibir el duro invierno europeo.

Desde tiempos del antiguo Egipto el ganso fue la carne que se consumió en el solsticio de invierno, una tradición que continuó en Gran Bretaña hasta el siglo XVI. Algunos atribuyen a Enrique VIII el haber introducido el pavo como plato principal en Navidad. Pero hay también quien nos atribuye a los españoles el haber extendido el consumo de este ave, supuestamente tomado de los aztecas.

 Los romanos comían jamón de Navidad – costumbre que aún sigue  hoy en día en muchos países- para celebrar la vida de Adonis, dios del renacimiento y la vegetación, que fue asesinado por los colmillos de un jabalí enviado por Artemisa o Ares. Una cabeza de jabalí sigue siendo asada ceremonialmente cada año en la Universidad de Oxford. 

9. Los calcetines

 No hay una historia segura en cuanto al origen del calcetín de Navidad, pero una historia apócrifa, cierta o no, ha resistido la prueba del tiempo. Y como era de esperar es fruto de la generosidad legendaria de San Nicolás. En Myrna, un hombre pobre perdió a su esposa y tuvo que criar solo a sus tres hijas. Cuando estas se hicieron mayores, el padre, claro está, no tenía dinero suficiente para pagar la dote de sus hijas como era entonces costumbre. San Nicolás, sabiendo la necesidad del padre, arrojó durante un par de noches monedas junto a la chimenea de la casa, de manera que al levantarse por la mañana las hijas encontraban las monedas en los zapatos y calcetines que habían dejado a secar por la noche junto al fuego. Algunas historias dicen incluso que San Nicolás habría tirado las monedas por la chimenea, razón por la que en la actualidad se representa a Santa Claus entrando por ellas a las casas.

10. El Belén

 Esta arraigada tradición cabe agradecérsela a San Francisco de Asís, a quien se le ocurrió la idea de representar un cuadro vivo del nacimiento de Cristo según la versión de los Evangelios de Lucas y Juan allá por 1.223 en Greccio, cerca de Roma. La tradición se extendió rápidamente y con ella la humillación que tienen que sufrir cada año los niños en casi todos los colegios en el mundo occidental.

La imagen es de Wikimedia Commons 

10 diciembre 2009 at 11:08 pm 1 comentario


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