Posts tagged ‘Museo de Cádiz’

El Museo de Cádiz y la UAH descubren un fragmento de calendario romano

El grupo de investigación CIL II de la Universidad de Alcalá descubre en Cádiz un fragmento de calendario romano, casi único en España.

Foto: Museo de Cádiz

Fuente: Dream! Alcalá
30 de mayo de 2018

La colaboración entre el personal técnico del Museo de Cádiz y el grupo de investigación CIL-II (Corpus Inscriptionum Latiranum II) de la Universidad de Alcalá ha llevado a descifrar la naturaleza de una pieza singular: un fragmento de calendario romano, el segundo de estas características localizado en España. La inscripción en el fragmento corresponde a las ‘Kalendas’ (comienzos) del mes de julio.

Como se ha indicado, se trata del segundo de este tipo localizado en España. El otro se halló en Écija y allí se exhibe. El fragmento de Cádiz está datado entre el siglo I a.n.e y el siglo I d.n.e.

La pieza apareció, junto con otros restos arqueológicos, en las excavaciones realizadas en un solar de la ciudad de Cádiz en el año 2014 con motivo de unas obras de construcción. Después se depositó en el Museo de Cádiz donde, gracias a esta investigación, luce ya con todo su esplendor.

Los proyectos del grupo CIL II de la UAH tienen como finalidad la documentación (manuscritos, impresos, fotografías, calcos) y catalogación de las inscripciones latinas antiguas de la Península Ibérica y su publicación en la nueva edición del Corpus Inscriptionum Latinarum vol II (Inscriptiones Hispaniae Latinae).

El calendario romano servía más para regular la vida política y religiosa que para medir el paso del tiempo. Constaba de diez meses, la mitad de ellos de 31 días y la otra mitad de 29. Los nombres de los meses hacían referencia, en algunos casos a divinidades o emperadores: el primer mes, marzo, estaba dedicado al dios Marte. Junio a Juno, julio al emperador Julio y el sexto mes, agosto, a Augusto. Otros nombres de meses se correspondían con el lugar y orden que ocupaban en el calendario, así septiembre era el séptimo, octubre el octavo y diciembre el décimo.

Esta pieza localizada en Cádiz se añade a los más de cincuenta fragmentos de calendario romano que ya se conocen en todo el mundo.

 

31 mayo 2018 at 7:13 pm Deja un comentario

La mujer más retratada de Roma

El trabajo de un arqueólogo de la US y una investigadora del IAPH permite ensamblar un retrato de Livia Drusila hallado hace 57 años en el yacimiento de Asido (Medina Sidonia)

Estatua de Livia Drusila, junto a los bustos de sus nietos Germánico y Druso el menor. / Román Ríos (Efe)

Fuente: ALBERTO CABELLO > Sevilla  |  El Correo de Andalucía
12 de mayo de 2017

No hay mujer romana de la que se hicieran más retratos. Fue atractiva. Algunos autores apuntan que maquiavélica, 1.500 años antes de que el pensador florentino repensara sobre el fin y los medios, y contrapunto femenino de la época a los excesos egipcios que el idilio entre Marco Antonio y Cleopatra instauró en la ciudad de la siete colinas. Livia Drusila (58 a.c.-29 d.c.) fue esposa (Augusto), madre (Tiberio), abuela (Claudio) y tatarabuela (Nerón) de emperadores de Roma. Representaciones suyas se han encontrado a lo largo del extenso Imperio Romano (Italia, Grecia, la Galia, Dalmacia…). También en Hispania, donde al menos hay documentadas figuras en Ampurias, Corduba, Iponuba (cerca de Baena), Tarraco, Segobriga (Saelices, Cuenca), Anticaria (Antequera) y Asido (Medina Sidonia).

Los trabajos arqueológicos que se ejecutaron en el yacimiento gaditano en 1960 permitieron sacar a la luz los retratos de Livia y sus nietos Germánico y Druso el menor. También apareció un cuerpo femenino que fue almacenado en los fondos del Museo de Cádiz, mientras que los bustos de la abuela y sus nietos fueron expuestos en una de las salas. Casi seis décadas después, el trabajo del catedrático de la Universidad de Sevilla, José Beltrán, y de la investigadora del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), María Luisa Beltrán, han permitido ensamblar cabeza y tronco para que la esposa de Augusto vuelva a presumir de cuerpo en la sala en la que ya posa desde la cabeza hasta las rodillas.

«Cuando empezamos a investigar todo el material que se extrajo en la campaña de 1960 en Asido, creímos que la hipótesis más normal era que el cuerpo perteneciera al cuerpo de la Livia. Fue complejo sacarla y tuvimos que corroborarla con el encaje de las piezas que hizo el restaurador del Museo», explica Beltrán. Los trabajos no han concluido con el ensamblaje, ahora el IAPH estudia y analiza la pieza ya completa para conseguir una representación en tres dimensiones, que permita recrear con exactitud la figura, una medida de precaución en caso de que se produzca alguna rotura.

Los dos expertos supieron en 2015 de la aparición de un cuerpo de estatua femenina sin cabeza en las excavaciones de 1960 y solicitaron poder revisar esa pieza por si podía coincidir con la cabeza expuesta. El Museo de Cádiz accedió a esta petición y la pieza fue sacada del almacén.

El cuerpo de la madre de Tiberio estuvo catalogado durante 57 años en el Museo de Cádiz con el número 7.028. Mide 165 centímetros de altura, 64 centímetros de ancho y 41 centímetros de grosor. Está fragmentado a la altura de las rodillas y está cubierto por una toga y un manto. Llamativo resulta que aún conserve parte de la policromía en azul y dorado de su vestimenta. El tiempo que se ha llevado en la oscuridad ha permitido esta conservación tan inusual en esculturas de mármol de la época. «El ensamblaje resultó muy emocionante. Además, no fue nada fácil porque estaba tumbado y hubo que calzarlo. Fue algo muy impactante», apunta uno de los restauradores del museo gaditano Luis Carlos Zambrano.

Los retratos honoríficos se encontraban entre los más prestigiosos a la hora de ensalzar los honores públicos de un hombre o una mujer romano. Se erigían en agradecimiento por las generosidades del pasado o para fomentar futuras obras de caridad y se convirtieron en recordatorios públicos de promesas hechas o cumplidas. La trascendencia que llegó a tener Livia Drusila y la importancia de la colonia de Asido quedaron demostradas con el hallazgo de esta estatua en el yacimiento de la localidad gaditana.

Relacionada con la práctica helenística de elaborar estatuas de benefactores y miembros de la familia real, la tradición de estatuas honoríficas comenzó en el período republicano en Roma y continuó siendo una práctica activa durante el período imperial y la antigüedad tardía.

Livia fue considerada como modelo de madre y ejemplo del papel que la mujer debía de ostentar en la familia Se convirtió en la matrona romana. Fue considerada como ejemplo de seriedad, moderación (su vestimenta nunca fue ostentosa y renunció a llevar joyas). Encarnó los valores de moral y dignitas romana, que el emperador Augusto promulgaba como pilares de su política. «Con su virtud la mujer de César Augusto consigue que los tiempos antiguos no superen a nuestro siglo en alabanza de la castidad. Ella, poseyendo la belleza de Venus y el temple de Juno, es la única mujer digna de compartir lecho con un dios», escribió de ella Ovidio.

Esta es la versión más amable de la biografía de Livia Drusila, aunque la imagen más avinagrada la expuso Robert Graves en su obra, Yo Claudio. En ella expone a una mujer que no escatima en maniobras y envenenamientos para lograr que sus intereses se impusieran. Conspiró para que Tiberio, el hijo de su primer matrimonio, fuera el heredero de Augusto.

 

13 mayo 2017 at 8:47 am Deja un comentario

La cabeza de Livia recupera su cuerpo

Un extraordinario hallazgo arqueológico une en el Museo de Cádiz las dos partes de una estatua romana

La estatua de Livia, ya completa, entre las de sus nietos, expuesta en el Museo de Cádiz / Cadena SER

Fuente: PEDRO ESPINOSA > Cádiz  |  Cadena SER
25 de abril de 2017

En 1960 una excavación arqueológica sacó a la luz los fragmentos de tres estatuas. Eran Livia Drusila, la madre del emperador Tiberio, y sus nietos Germánico y Druso Menor, aparecidos en los restos de la ciudad romana de Asido, la actual Medina Sidonia, un municipio en pleno centro de la provincia de Cádiz. De aquellas tres esculturas, expuestas desde entonces en el Museo de Cádiz, sólo se recuperaron las cabezas. O eso se creía hasta ahora. El trabajo de investigadores de la Universidad de Sevilla y el Instituto Andaluz de Patrimonio, dependiente de la Consejería de Cultura, ha podido encontrar el cuerpo de esa mujer. Y no andaba muy lejos. Llevaba 57 años en los almacenes del Museo gaditano Esta semana la cabeza y el cuerpo de Livia han vuelto a unirse. La Historia ha vuelto a encajar.

La vida de Livia Drusila comenzó 58 antes de Cristo, y terminó 29 después. En esta encrucijada en el tiempo, Livia fue coetánea de Cleopatra, esposa primero de Nerón y después del emperador Augusto, madre de su sucesor, Tiberio, abuela de Germánico y Druso Menor, quienes murieron prematuramente y no pudieron ser emperadores, y bisabuela de Calígula. Fue muy admirada, de ahí que en muchos templos se levantaron estatuas con su imagen y la de su familia.

Muchos años después, a finales de los cincuenta del siglo XX, un grupo de arqueólogos comenzó a estudiar los restos hallados en Medina Sidonia. Fue justo entre 1960 y 1961 cuando aparecieron las cabezas de estatuas de Livia, Germánico y Druso Menor, entre gran cantidad de objetos y vestigios de aquella ciudad, como unos depósitos de agua. Por su enorme valor fueron expuestas en el Museo de Cádiz, junto a otras grandes estatuas como la dedicada a Trajano, que había aparecido en Baelo Claudia.

Trabajos con la estatua de Livia

Durante varias décadas nadie pensó que la continuación de la cabeza de la estatua de Livia podía estar tan cerca. Dos investigadores de la Universidad de Sevilla, José Beltrán y María Luisa Loza, muy interesados en el yacimiento de Medina tuvieron conocimiento hace dos años de que en las excavaciones de los cincuenta y sesenta, además de las tres cabezas, también habían aparecido otros fragmentos de esculturas de mármol, considerados entonces de menor interés. Por eso fueron guardadas en los almacenes del Museo. Gracias a la colaboración del personal y la dirección del Museo gaditano, los dos investigadores pudieron acceder a esos otros restos, y descubrieron la existencia de una estatua femenina casi completa. Le faltaba la cabeza.

AUDIO: Luis Beltrán: ‘Conseguimos encajar la pieza en su sitio’

“Planteamos la posibilidad de que pudiera corresponder el cuerpo al retrato de Livia porque las dimensiones eran parecidas, el tamaño era algo mayor que el natural, y el estilo escultórico era similar”, explica a la SER el arqueólogo José Beltrán. El cuerpo tenía el número de inventario 7.028 en el Museo de Cádiz. Mide, sin la cabeza, 165 centímetros de altura, 64 centímetros de ancho y 41 centímetros de grosor. La figura aparece fragmentada en sus rodillas. Está cubierto con túnica y manto.

José Beltrán y María Luisa Loza comprueban la estatua de Livia

El hallazgo llenó de ilusión a los arqueólogos. También a los responsables del museo, como a uno de sus restauradores, Luis Carlos Zambrano. “Fue un momento muy emocionante comprobar que cabeza y tronco encajaban. Ha sido muy gratificante”, relata tras explicar el laborioso proceso para encajar la cabeza con el tronco, encontrar un sistema para sujetar la estatua de pie y limpiar la figura con el máximo respeto tras casi 60 años en la oscuridad.

AUDIO: Luis Carlos Zambrano: ‘Ha sido una emoción tremenda’

El descubrimiento arqueológico permite grandes avances. Por ejemplo, los investigadores lo tienen ahora más fácil para datar la estatua en su momento exacto, aclarar la procedencia del mármol empleado, equiparar esta figura a la de otras representaciones de Livia en el mundo, y, sobre todo, profundizar en el estudio del uso de los colores en este tipo de esculturas. “Muchas veces se piensa que estas estatuas se hacían en mármol blanco, pero no era así. Lucían muchos colores. Al haber estado tanto tiempo en la oscuridad, el cuerpo de Livia nos permite distinguir perfectamente tonos azules y dorados”, detalla Beltrán. “Descubrir esta policromía es algo poco frecuente”, destaca el director del Museo, Juan Alonso de la Sierra.

AUDIO: Juan Alonso de la Sierra: ‘La policromía de Livia se ha conservado’

Ahora Livia, de cuerpo entero, está siendo analizada y estudiada por el Instituto Andaluz de Patrimonio. Se le va a realizar una representación en tres dimensiones, para recrear cómo podría haber sido con exactitud esta figura. “Es algo que sirve para imaginarnos cómo era la estatua intacta, pero también para ayudar a su recomposición en caso de rotura”, detalla el arqueólogo.

El Museo de Cádiz exhibe ya esta estatua tan singular. Un atractivo que se suma a un edificio que alberga los sarcófagos fenicios, el Trajano romano, cuadros de Zurbarán o la colección de títeres de La Tía Norica. Livia, ya unida, puede ser contemplada en la sala romana entre las cabezas de sus nietos. Es el rincón que se ha elegido para que el puzle de nuestro pasado sume otra pieza encajada gracias a la arqueología.

 

26 abril 2017 at 12:47 pm Deja un comentario

El refinado ajuar de una niña romana

Uno de los más singulares conjuntos funerarios del Museo de Cádiz se localizó en la tumba de una chica de la alta sociedad, en la calle Escalzo. Destacan las piezas talladas en cristal de roca

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Uno de los más valiosos y singulares ajuares jamás localizados de la época del Gades romano apareció en el interior de una gran tumba de sillares recubierta de opus caementicium, en un solar de la calle Escalzo, en el año 1997.

Se trata de un auténtico tesoro datado en el siglo I d.C. que fue depositado como ofrenda en la tumba de una niña o adolescente de la alta sociedad romana, y que fue excavado por el desaparecido arqueólogo Francisco Sibón ‘El rubio’ y por Francisco Blanco. Todos los objetos de este ajuar, que hoy luce en la sección de arqueología romana del Museo Provincial de Cádiz, fueron localizados en una una cista de incineración, con una urna de plomo.

En su interior afloró un conjunto de piezas de gran valor compuesto por pequeñas piezas talladas en cristal de roca -de incalculable valor en la época-, un brazalete de oro, una plaquita de pan de oro, unas pinzas de plata, un ánfora de alabastro de origen fenicio pero reutilizada en época romana, una hydria de ágata, y un ánfora de coralina y figuras de ámbar. Entre las piezas de cristal de roca, que destacan por su rareza, figuran anforillas, balsamario, tocador, y espectaculares representaciones zoomórficas como caracolas, almejas o insectos, entre otras. Un ajuar único en su especie, del que sólo existen algunos paralelos en el Mediterráneo, coindiciendo asimismo por fechas con otros hallados en Francia e Italia.

Para el director de la pinacoteca provincial “la contemplación de este excepcional conjunto despierta nuestra admiración por la habilidad técnica y destreza de los artesanos que tallaron y pulieron las piezas. Sin duda su elaboración requería un grado de especialización importante”. Y es que las piezas exhiben una exquisita factura, hasta el punto de que los expertos no terminan de concretar el procedimiento exacto que utilizaron. En su día la Delegación de Cultura envió a analizar cuatro de estos objetos de cristal a la UCA, a fin de averiguar tal metodología. Se barajó la fundición del cristal de cuarzo, pero ante la inexistencia de la tecnología necesaria en aquella época se apostó por un laborioso método en la talla, lo que parece implicar el uso de herramientas con punta de diamante.

Juan Alonso comenta asimismo que se trata de objetos de “un valor económico muy elevado, sólo al alcance de familias con grandes posibilidades económicas. Por lo que son piezas que ejemplifican el refinamiento de la sociedad mercantil gaditana en el siglo I d.C. y su apego al lujo”, concluye.

Fuente: Virginia León y Miguel Guillén | Diario de Cádiz      05/04/2014

5 abril 2014 at 9:40 am 1 comentario


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