Posts tagged ‘munera gladiatoria’

Pan, circo y… «Hooligans»

La «gladiatura» es una de las señas de identidad romanas más evidentes.

«Pollice Verso», obra del artista francés Jean-León Gérôme

Fuente: Gustavo García Jiménez – Desperta Ferro Ediciones  |  LA RAZÓN
29 de agosto de 2018

Si algo define de verdad a una sociedad es aquello que mueve sus pasiones. El combate gladiatorio tiene los ingredientes necesarios para proyectar una imagen en la que destaquen los valores de la virtud y el heroísmo que se esperaba que imitaran los legionarios en campaña o los niños en sus juegos callejeros. Al llevar la violencia a casa –de la mano de esclavos o criminales y siempre en el contexto de un ambiente festivo en el que la sociedad romana al completo estaba invitada a participar–, se garantizaba que el mensaje fuera escuchado, y, así, el valor educativo de la lucha comenzaría a dar sus frutos. Desde esta perspectiva, no era difícil que esta práctica terminara por convertirse en un instrumento de propaganda política, hasta el punto de que todavía hoy, bajo la influencia de esa misma propaganda, los gladiadores siguen resultándonos fascinantes pese a representar el paradigma de la violencia.

Las luchas gladiatorias comenzaron como un evento relacionado con el ritual funerario de la época republicana, pero, pronto, la llegada masiva de esclavos y dinero procedentes de los territorios conquistados estimuló que las clases pudientes hicieran sus inversiones en espectáculos ofrecidos a las masas para facilitar su promoción política. Y he aquí que el combate agonístico se convirtió en un instrumento. Como tantas otras cosas que se gestaron mediante este proceso, que transformó de forma radical a la sociedad romana en el tránsito de la República al Imperio, la gladiatura alcanzó un grado de perfeccionamiento muy importante a partir de esta etapa. Se trataba, pues, de una práctica que combinaba tradición, entretenimiento, control social y, cómo no, negocio; un negocio construido mediante el derramamiento de sangre humana –por supuesto, no la propia, sino la ajena–. Pero, pese a ello, el sistema encajaba y el círculo se cerraba cuando el esclavo alcanzaba la gloria, si luchaba bien, y el pueblo sonreía satisfecho cuando gozaba de la emoción del combate.

JUEGOS GLADIATORIOS

Nada como una tarde en el anfiteatro (o en el fútbol) para calmar los ánimos de la plebe. Y es que la vida urbana ponía a prueba a diario a las clases populares, abocadas como estaban a sobrevivir en un medio hostil y competitivo con escasas oportunidades de progresar socialmente. Las autoridades romanas tomaron buena nota de ello y ofrecían juegos gratuitos para distraer a las masas y evitar posibles disturbios contra el poder establecido… solo que no siempre funcionaba. Eso es precisamente lo que debió de ocurrir en la Pompeya del 59 d. C. durante los juegos gladiatorios ofrecidos por Livineyo Régulo. La imagen del fresco pompeyano procedente de la Casa de Actius Anicetus no refleja unos gladiadores al uso. Los que luchan en la arena, y también fuera de ella, son auténticos «hooligans» pompeyanos peleando con los de la vecina Nuceria, que habían acudido a los juegos y terminaron siendo víctimas de la pasión desenfrenada de aquéllos. El episodio tuvo la suficiente relevancia como para llamar la atención del historiador Tácito, que lo registró en sus «Anales»: «Empezaron por lanzarse insultos, luego piedras, y al cabo tomaron las armas, saliéndose con la mejor parte la plebe de Pompeya, donde se celebraba el espectáculo. El caso es que muchos de los de Nuceria fueron llevados a la ciudad con el cuerpo lleno de mutilaciones, en tanto que la mayoría lloraba la muerte de hijos o padres».

El revuelo causado fue tal que hubo de intervenir el emperador y el Senado, dando como resultado el que los juegos fueran prohibidos en Pompeya durante diez años. Tácito añade además que Livineyo había sido expulsado años antes del Senado, y aunque ignoramos los motivos de ello, es tentador pensar que el enfrentamiento del anfiteatro pudo tener tintes políticos relacionados con las maquinaciones del ex senador. Lo que sí parece más allá de toda duda es que buena parte de la responsabilidad en la articulación de la violencia –al menos a nivel práctico– habría recaído en los «collegia» (cofradías gremiales o de barrios), como indicaría la sanción judicial, que añadía que «se disolvieron los colegios que habían constituido ilegalmente». El hecho de que el fresco se hallara en la casa de un vecino parece dar a entender que quienquiera que mandara pintar la escena no se arrepentía de este episodio e incluso parecía enorgullecerse de ello.

PARA SABER MÁS

«Gladiadores»

Desperta Ferro Antigua

nº 14

68 págs.

7 euros

 

30 agosto 2018 at 9:52 am Deja un comentario

Los combates de gladiadores vuelven al teatro romano de Itálica

Este sábado se celebra la exhibición «Gladivs de Itálica», cuya entrada es gratuita

Una exhibición en el anfiteatro romano – Vanessa Gómez

Fuente: NATALIA ORTIZ > Santiponce  |  ABC de Sevilla
14 de junio de 2017

El conjunto arqueológico de Itálica volverá al pasado este sábado 17 y acogerá una exhibición de combate entre gladiadores, una recreación histórica que mostrará fielmente cómo era esta disciplina en el Imperio Romano. El espectáculo, que forma parte del ciclo ciclo «Gladivs de Itálica», será a las 11 de la mañana en el teatro romano del conjunto arqueológico y la entrada es gratuita, únicamente hay que reservar plaza en la dirección http://lajunta.es/13sd0.

La representación llevada a cabo por miembros de la asociación de recreación histórica «Hispania Romana» pretende dar a conocer al público cómo eran las costumbres de la sociedad romana, y en especial la gladiatoria, cuyo origen tiene que ver con el mundo funerario y evolucionó hasta convertirse en uno de los mayores divertimentos de los romanos e, incluso, un método de promoción política y social.

«No son combates coreografiados, son lo más parecido a la realidad que se puede», explica Javier Santana, presidente de la asociación y uno de los recreadores que actuará este sábado. «Es obvio que las armas no son reales, pero son idénticas a las que se usaban en el siglo I a. C., al igual que las vestimentas, que hemos llegado a saber cómo eran a través de los textos e iconografías que se han conservado desde la época romana», asegura.

Ademas, mostrarán los distintos tipos de gladiadores que había y las diferencias entre las creencias populares sobre ellos, alimentadas por el cine, la literatura y la televisión, y la realidad. «Lo más parecido que tenemos en la actualidad a los antiguos gladiadores son los futbolistas:profesionales que compiten en distintas categorías», detalla.

Otro de los mitos desmentidos por esta asociación de recreadores es que los gladiadores que perdían los combates siempre morían. «El organizador del combate, llamado editor, era el que decidía si el luchador moría o no y, si lo hacía, tenía que pagar lo que valía».

El valor del yacimiento

Precisamente para desmentir mitos y que el público tome conciencia de cómo eran los espectáculos en Itálica, la actividad del sábado tiene dos partes diferenciadas: por un lado, se explicará en qué consistía la gladiatoria, cómo eran los los luchadores y quiénes eran los que asistían a dichos espectáculos, considerado uno de los entretenimientos más apreciados por los romanos. Después de dicha introducción, se llevarán a cabo los combates, en los que participarán tres parejas de gladiadores y un editor.

«Para los miembros sevillanos de Hispania Romana es muy especial hacer este tipo de recreaciones en Itálica, que es uno de los conjuntos arqueológicos más impresionantes de España», reconoce Javier Santana. «Llevamos muchos años contribuyendo a pone poner en valor el yacimiento y, en especial, el teatro romano, que es una de las partes más desconocidas del enclave», afirma Santana el presidente de «Hispania Romana».

 

14 junio 2017 at 8:31 pm 1 comentario

Mitos, falsedades y verdades sobre los gladiadores romanos

¿Esclavos o deportistas de élite? ¿Todos los que perdían morían? ¿Era un mero espectáculo de masas? Te aclaramos algunos falsos mitos construidos en torno a estos luchadores legendarios.

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Arcadas del Coliseo romano desde la Vía Sacra, a las puertas del Foro.

Fuente: Viajar Ahora – Eldiario.es
5 de enero de 2017

Nos encanta la historia. Cualquiera que haya leído los artículos viajeros de Viajar Ahora se habrá dado cuenta de que nos encanta meter carga histórica a nuestros posts, artículos y guías de viaje. Hace escasas semanas andábamos de paseo por Roma y entrábamos por enésima vez en el imponente Coliseo. Este estadio de casi 2.000 años de antigüedad nos sigue sorprendiendo por su grandiosidad y atrayendo morbosamente por la intrahistoria de un edificio que nos lleva a uno de los capítulos más escabrosos de la historia de la Humanidad. La lucha de gladiadores. Esta vez no usamos la audioguía. Pero recordamos la primera visita que hicimos en un viaje que nos llevó por el antiguo trazado de la Vía Augusta entre Andalucía y Roma hace ya bastantes años.

En aquella ocasión tuvimos la suerte de visitar varios anfiteatros romanos y comparar la información que se da a los visitantes. Y nos sorprendió la discrepancia de los contenidos. Y aún más que fuera precisamente en Roma dónde se repetían los mitos forjados por siglos de interpretación católica de la historia romana y acrecentados por Hollywood. Sin embargo nos sorprendió gratamente la información del Anfiteatro de Nimes, que no sólo desterraba bastantes mitos al respecto, sino que, además intentaba explicar el fenómeno desde la óptica de los propios romanos. Y ahí está una de las claves: tratamos de explicar este fenómeno desde nuestro punto de vista y nuestro código moral. Y los romanos eran una sociedad extremadamente guerrera y acostumbrada a fenómenos como la esclavitud, que a nosotros nos resultan repugnantes. Si te interesa este tema, aquí te dejamos un par de datos.

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Mosaico con gladiadores exhibido en el Museo Arqueológico Nacional de España.

1.- En principio no era un divertimento. El origen de la lucha de gladiadores es religioso. Según los historiadores, las luchas entre ‘gladiadores’ (de gladio, esto es, espada) se iniciaron como un tributo a los muertos en los complejos ritos funerarios etruscos . Hay constancia de estas luchas de carácter religiosas desde el siglo VI antes de Cristo y todo hace indicar que los contendientes podían ser soldados voluntarios o prisioneros. Los luchadores se denominaban bustuarii y ejecutaban una especie de coreografía guerrera en la que el ruido de las armas servía para honrar al difunto y, a la vez, ahuyentar demonios que pudieran dificultar el tránsito del muerto; muchas de estas luchas eran a muerte. Algunas vasijas etruscas entroncan directamente con la mitología griega y muestran la lucha ritual durante los funerales de Patroclo , amigo y amante de Aquiles, durante el sitio de Troya. Pero la realidad es que los combates funerarios eran parte de la tradición mediterránea en otros lugares como la actual España. En Roma, el primer combate de este tipo registrado por las crónicas fue en el 264 AC en los funerales del padre del patricio Marco Décimo. Poco a poco, la lucha de gladiadores fue convirtiéndose en un espectáculo: elitista primero y de masas poco después.

2.- ¿Esclavos, prisioneros o deportistas de élite? Este es uno de los puntos más morbosos y escabrosos del mito forjado en torno a los gladiadores. Había una masa de condenados por diversos crímenes y prisioneros de guerra que eran obligados a convertirse en gladiadores, pero la mayor parte de las superestrellas de la arena eran luchadores voluntarios que se vinculaban con un entrenador (lanista) por un contrato a largo plazo. Estos gladiadores libres, llamados autoracti, eran entrenados a conciencia y a menudo se convertían en verdaderos deportistas de élite aclamados por las masas. Los contratos con los lanistas se renovaban cada cinco años en los que el atleta quedaba vinculado a su entrenador y a la escuela. Comían bien (mucha carne lo que era un verdadero lujo para la inmensa mayoría de la población) y recibían cuidados médicos que sólo los ricos podían pagarse. Los mejores gladiadores voluntarios sólo combatían dos o tres veces al año, y sus enfrentamientos eran esperados como lo son hoy los grandes partidos de fútbol. Después de Augusto, que prohibió cualquier tipo de lucha a muerte, el espectáculo fue degenerando y los autoracti fueron convirtiéndose en una franca minoría ante las luchas de esclavos muy poco preparados y condenados. El morbo de la sangre fue sustituyendo al espectáculo de la lucha hasta que el ascenso del Cristianismo como religión oficial terminó con el espectáculo. En el 325 el emperador Constantino prohibió el espectáculo con gladiadores (ya se habían producido intentos previos en la centuria anterior), aunque habrá que esperar unas décadas más tarde. Según la tradición cristiana, el último combate entre gladiadores en Roma tuvo lugar el 1 de enero de 404. Hay que tener en cuenta que Roma cayó en poder de los ‘bárbaros’ en el año 476 .

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La ‘Arena de Nimes’, uno de los anfiteatros mejor conservados de Europa.

3.- ¿Luchas a muerte? En la época de gloria de los ‘ munera gladiatoria’ la inmensa mayoría de las luchas no terminaban con la muerte de alguno de los contendientes. Y esto sucedía tanto en las luchas entre esclavos, como en los combates entre los autoracti. Los combates eran una muestra de destreza, fuerza y resistencia en el manejo de las armas y, casi siempre, los contendientes salían de la arena por su propio pie y se programaban emparejamientos equilibrados en cuanto a las fuerzas y al uso de armas. En los tiempos ‘gloriosos’ de los coliseos, la muerte acaecía por accidente o cuando uno de los contendientes se comportaba de manera cobarde e inútil ante la masa enfervorizada . Pero la mayoría de los luchadores sobrevivía a los combates por el simple motivo del alto costo de su mantenimiento y entrenamiento. El negocio de los lanistas dependía de la supervivencia de sus atletas. Algunos historiadores apuntan a que menos del 10% de los combates se saldaban con alguna muerte y que la mayoría de los combates era a primera sangre. Pero más allá del espectáculo, la lucha suponía un aliciente para inculcar ardor guerrero a los integrantes de una sociedad altamente militarizada y violenta. Después de Augusto (27 AC – 14 DC) los combates sine missione (sin perdón) se fueron imponiendo poco a poco hasta la degeneración previa a la prohibición del espectáculo. Cuando un gladiador moría, el operario que lo retiraba de la arena iba disfrazado como el dios etrusco del infierno blandiendo un enorme martillo.

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‘Pollice Verso’ del pintor academicista francés Jean Leon Gerome.

4.- Dedo arriba, dedo abajo… Otro mito cinematográfico que se ha extendido gracias al cuadro del siglo XIX del pintor francés Jean Leon Gerome que acompaña a estas líneas. La realidad es que el pulgar hacia abajo pedía clemencia para el vencido, a través de un gesto que significaba volver a envainar la espada. Para la señal de muerte hay varias versiones. Algunos expertos aseguran que se simbolizaba con el pulgar hacia arriba (espada al aire) y otros que en posición horizontal, simbolizando el degollamiento del vencido (esta es la versión de la fantástica audioguía del Anfiteatro de Nimes).

5.- Los que van a morir te saludan… Otro mito forjado a través de los escritos de Suetonio que alude, cómo única fuente escrita, al célebre morituri te salutant al describir un episodio ocurrido en el Lago Fucino bajo el reinado del emperador Claudio (41 DC – 54 DC) en el que un nutrido grupo de condenados a muerte protagonizó una naumaquia (batalla naval) como ofrenda antes del drenaje del lago. Pero no hay ninguna otra referencia latina sobre esta célebre sentencia que el cine y la televisión ha puesto en boca de gladiadores durante los últimos cien años más allá de esa referencia de Suetonio.

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Anfiteatro de Tarragona, uno de los mejor conservados de España.

6.- Todo vale; lucha sin cuartel. Otro mito alentado por Hollywood y los péplums italianos. Los combates estaban perfectamente reglados e, incluso, contaban con la participación de un suma rudis, un árbitro que vigilaba el desarrollo de la lucha y que mandaba a parar el combate cuando uno de los contendientes no respetaba las normas. El Suma rudis era siempre un gladiador retirado y portaba una espada de madera, símbolo de su pasado como luchador de la arena.

7.- ¿Sólo para hombres rudos? No. También existían gladiadoras, algunas tan célebres y ricas como los mejores autoracti masculinos. Sus combates eran tan demandados que se celebraban justo después de la caída del sol, en el momento más esperado por los espectadores. Luchas que se desarrollaban de la misma manera que los masculinos, con las mismas reglas y las mismas armas.

 

5 enero 2017 at 9:42 pm 1 comentario

El gladiador que perdió su atributo

 

Fuente: JACINTO ANTÓN  |  EL PAÍS
19 de julio de 2016

Es sabido que la de gladiador era una profesión de riesgo, aunque las últimas investigaciones apunten a que la carnicería del anfiteatro no era tanta y que a medida que prosperabas en el oficio –si lo hacías- tus posibilidades de supervivencia aumentaban de manera proporcional a las ganancias de tu lanista, tu agente, por así decirlo: nadie quería perder tontamente una buena inversión. Había distintas clases de gladiadores, según su equipamiento, y cada uno tenemos –como tenían los propios romanos- nuestras preferencias por una u otra: tracio, secutor, murmillo, hoplomachus.… Mis favoritos, descontando la gladiatrix en topless identificada por el estudioso de la Universidad de Granada Alfonso Mañas en una estatuilla de bronce, siempre han sido los reciarios, los que luchaban a cuerpo limpio provistos de un tridente (fascina) y de una red para envolver con ella al rival. El ejemplo más conspicuo de reciario (retiarius, por la red, rete), vía Hollywood, es el famoso Draba que pelea a muerte con el Espartaco de Kirk Douglas. Lo interpretaba el actor negro Woody Strode, de 1,93 metros, que había sido jugador de los Rams y desactivador de bombas en Guam durante la Segunda Guerra Mundial (luego se casó con una princesa hawaiana y encarnó a Lumumba y al protagonista de El sargento negro de Ford, del que era amigo).

A diferencia de mí, salvando las distancias, el emperador Claudio no apreciaba nada a los reciarios y los hacía matar siempre que caían al suelo, incluso accidentalmente, porque, en su crueldad –no era el tipo simpático que nos noveló Robert Graves-, le encantaba ver sus rostros desnudos mientras agonizaban. A lo mejor era rabia por tener en casa a Mesalina. El caso es que Claudio era un obseso de los juegos de la arena: organizó novedades como un número sobre Troya (similar al que aparece en Gladiator), combates con panteras, rejoneo tesalio, naumaquias muy vistosas y hasta llegó a enfrentarse él mismo (con la sutil ayuda de la guardia pretoriana) a una orca atrapada en un canal del puerto de Ostia: lo cuenta en su Historia Natural Plinio el Viejo, que fue testigo del episodio.

En fin, se me acaba el espacio con tanta miscelánea y aún no les he dado la importante noticia: el reciario perdió su red. Lo argumenta sesudamente en un artículo en The international journal of the history of sport (?) el citado Mañas, autor de Gladiadores (Ariel, 2013). El reciario era un luchador con buenas opciones (como se ve en el combate Draba-Espartaco): enredaba al oponente en la red y luego le clavaba el tridente o lo apuñalaba. Según Mañas sus perspectivas eran tan buenas que llevaron a la modificación de las defensas de los gladiadores que se le enfrentaban, generalmente el murmillo, con casco rematado por un adorno en forma de pez. El cambio fundamental fue la eliminación de ese saliente, en el que se enganchaba con facilidad la red y la aparición del murmillo contrarede, dotado de un casco liso, y del secutor, especialista en evitar ese arma. Consecuentemente, la red cayó en desuso, más aún porque lo único que servía entonces de verdad al reciario era el tridente, que se maneja mejor con dos manos. Mañas ha revisado 262 representaciones de reciarios desde el siglo I antes de Cristo al V y solo en el 10 % aparece la red, la mayoría antes del siglo II. El estudioso añade que el uso de la red requería un virtuosismo que se fue perdiendo al masificarse la carrera de gladiador, con mucho intrusismo (!) y pasar la edad de oro de los juegos. O tempora, o mores!

 

20 julio 2016 at 9:17 am Deja un comentario

El Coliseo de Roma

Luchas entre bestias salvajes, condenados devorados por las fieras, combates entre gladiadores… Tales fueron los espectáculos que acogió desde su inauguración el Coliseo de Roma, el mayor anfiteatro del mundo romano

Artículo de Elena Castillo. Universidad de Roma I, La Sapienza, Historia NG nº 113

Coliseo-National-Geographic

En la construcción del Coliseo se usaron 100.000 metros cúbicos de mármol travertino. La piedra procedía de Tibur (la actual Tívoli) y para su transporte se creó una nueva calzada. GUIDO ALBERTO ROSSI / AGE FOTOSTOCK

En el año 80 d.C., la inauguración del Coliseo por el emperador Tito dio lugar a las fiestas más grandiosas de la historia de Roma. Años después, el poeta Marcial recordaba que gentes de todos los confines del Imperio, desde britanos, tracios y sármatas hasta árabes, egipcios y etíopes habían acudido a la capital del Imperio para contemplar las fieras más exóticas y a los más famosos gladiadores, envueltos en exhuberantes cacerías y emocionantes combates. A lo largo de los cien días que duraron los festejos se derramó la sangre de 9.000 animales salvajes, abatidos por cazadores profesionales (venatores), y se representaron truculentos combates terrestres en los que perdieron la vida cientos de personas, así como una naumaquia, una batalla naval entre corintios y corfiotas, la única ocasión en que el gran anfiteatro Flavio se llenó de agua.

Aquel programa de juegos del año 80 fue recordado por los historiadores precisamente por su originalidad y magnificencia. Pero el pueblo se mostraba igualmente entusiasmado con espectáculos más comunes, como los combates gladiatorios (munera gladiatoria) y las cacerías (venationes) que sufragaban cada año los magistrados durante sus campañas electorales, o que ofrecía la familia imperial en las principales fiestas del Estado. Los combates duraban habitualmente entre tres y seis días, y se anunciaban por medio de pintadas en las fachadas de casas, edificios públicos y tumbas. La víspera de los combates, los espectadores hacían cola a las puertas del anfiteatro para recoger las entradas gratuitas. Durante la noche, las fieras salvajes eran llevadas en jaulas hasta los subterráneos del anfiteatro desde los vivaria, los parques en los que estaban confinadas, situados al nordeste de Roma, cerca de los campamentos de la guardia pretoriana. Mientras tanto, los gladiadores celebraban en público una cena libera, en la que el pueblo podía ver de cerca a los héroes que más admiraba.

Empieza el espectáculo

El día de los juegos, desde primera hora de la mañana, las gradas del Coliseo se llenaban con 50.000 espectadores que llegaban, según Tertuliano, «fuera de sí, ya agitados, ya ciegos, ya excitados por sus apuestas». El programa empezaba con un espectáculo matutino protagonizado por animales salvajes. A menudo comenzaba con una exhibición de animales exóticos, que muchas veces eran totalmente desconocidos para el público. En el año 58 a.C., Emilio Escauro llevó a Roma desde Egipto hipopótamos y cocodrilos, y Pompeyo trajo rinocerontes que fueron descritos como «jabalíes con cuernos». Poco después, Julio César mostró la primera jirafa en la arena. Algunos animales estaban amaestrados y podían representar complejas coreografías e incluso ejecutar acrobacias como andar sobre la cuerda floja. Durante la inauguración del Coliseo, un elefante se postró en posición suplicante ante el emperador «sin que su domador se lo enseñara», afirmó Marcial.

Los combates entre fieras se disponían en series consecutivas (missiones) y se combinaban de tal manera que la lucha fuera lo más dramática y atrayente posible. Se podía lanzar a la arena simultáneamente a un elefante y un toro, un rinoceronte y un oso, un tigre y un león, o grupos de animales de una misma especie, a veces atados entre sí. Los lanzamientos mixtos de muchas fieras (missiones passivae) concluían por lo general con una batida de caza protagonizada por una multitud de venatores, que iban provistos de un venablo y vestían una túnica corta y correas de cuero en torno a sus piernas. El emperador Probo, por ejemplo, mandó a la arena al mismo tiempo cien leones, cien leopardos africanos y otros cien sirios, y trescientos osos, en un «espectáculo más grande que agradable», según anota Dión Casio.

La reacción de los animales no siempre era la esperada. Asustados por la algarabía de las gradas, enfermos o debilitados por una prolongada cautividad, podían negarse a salir de sus jaulas. En tales casos, los domadores los pinchaban, los azuzaban con antorchas o maniquíes en llamas o recurrían a medios más patéticos, como narra Séneca: «Los sirvientes del anfiteatro han encontrado un nuevo método para irritar a las bestias poco antes de enviarlas arriba desde los subterráneos de la arena. Para ponerlas feroces, se muestran ante ellas en el último momento atormentando a sus crías. Y he aquí que la naturaleza feroz de las fieras se triplica y el amor hacia sus cachorros las hace del todo indomables y las empuja como enloquecidas contra las lanzas de los cazadores».

Piruetas y ejecuciones

Con el paso del tiempo, y debido a la extinción de algunas especies de carnívoros en el norte de África por las terribles masacres del anfiteatro, se pusieron de moda las exhibiciones de agilidad de los cazadores, que se lucían haciendo piruetas y acrobacias ante las bestias, saltando con pértiga sobre ellas o tirándose desde un caballo a galope sobre el lomo de un toro bravo.

Los animales también se usaban en el espectáculo de mediodía, conocido como damnatio ad bestias y que servía de intermedio entre las venationes y los combates de gladiadores. Consistía en hacer salir a la arena a condenados a muerte, desnudos y desarmados, para que fueran devorados por las fieras. Con el fin de hacer la agonía más atractiva, a veces se disfrazaba al reo con los atributos de héroes míticos cuya vida había tenido un trágico fin, como Orfeo e Ícaro. En otras ocasiones, el entreacto se ocupaba con la actuación de cómicos que parodiaban las luchas de gladiadores.

El plato fuerte de los juegos

Los combates entre gladiadores se anunciaban con un toque de trompeta y comenzaban con un desfile por la arena, encabezado por el organizador de los juegos. Tras comprobar el estado de las armas, comenzaban las luchas y el público gritaba entusiasmado desde las gradas: «¡Lo ha tocado!», o «¡Mátalo!» o «¡Perdónalo!» cuando la lucha terminaba. Con mucha frecuencia, los vencidos que habían combatido con valentía y honor recibían el perdón del público. De hecho, Augusto prohibió los combates en los que se daba muerte a todos los vencidos por considerarlos una costumbre bárbara.

Los muertos eran retirados por la puerta Libitinaria y llevados al destrictorium, «un laboratorio infernal, repleto de hierbas de todo tipo, hojas cubiertas por signos incomprensibles y desechos humanos arrancados a los cadáveres antes de darles sepultura. Aquí narices y dedos, allá uñas con restos de carne arrancadas a los crucificados; más allá sangre también recogida de hombres muertos y pedazos de cráneos humanos arrancados a los dientes de las bestias feroces», describe Apuleyo. Los animales muertos se despedazaban y se vendían. La plebe, según Tertuliano, consumía la carne de leones y leopardos, y pedía las tripas de los osos, «donde se encuentra todavía mal digerida la carne humana». Ante nada retrocedían los romanos en su pasión por los espectáculos de gladiadores y nada los disuadió de acudir al Coliseo durante largo tiempo, ni siquiera el triunfo del cristianismo; el último espectáculo registrado en el gran anfiteatro fue una venatio, en el año 523.

Para saber más

La civilización romana. Pierre Grimal. Paidós Ibérica, Barcelona, 2007.

Gladiadores: el gran espectáculo de Roma. Alfonso Mañas. Ariel, Barcelona, 2013.

Gladiadores

1 junio 2013 at 5:11 pm Deja un comentario


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