Posts tagged ‘mundo clásico’

Primer capítulo de “Mujeres y poder”, un manifiesto de Mary Beard

Este año la editorial Planeta publicó el libro que recopila algunas de las conferencias de Mary Beard. La inglesa es una académica especializada en estudios clásicos. Es catedrática en la Universidad de Cambridge y, además, una de las voces más importantes del feminismo contemporáneo.

Mary Beard recibió considerables ciberacosos después de que apareciese en enero de 2013 en el programa de la BBC Question Time desde Lincolnshire, y se expresase positivamente sobre los trabajadores inmigrantes que vivían en el condado. / AFP

Fuente: Mary Beard  |  El Espectador
12 de julio de 2018

Quiero empezar por el principio mismo de la tradición literaria occidental, con el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público. Me refiero a un momento inmortalizado al comienzo de la Odisea de Homero, hace casi tres mil años, una historia que tendemos a considerar como el relato épico de Ulises y las aventuras y peripecias a las que tuvo que enfrentarse para regresar a casa tras finalizar la guerra de Troya, mientras su leal esposa Penélope le aguardaba y trataba de ahuyentar a sus pretendientes que la apremiaban para casarse con ella. No obstante, la Odisea es asimismo la historia de Telémaco, hijo de Ulises y de Penélope, la historia de su desarrollo personal, de cómo va madurando a lo largo del poema hasta convertirse en un hombre.

Este proceso empieza en el primer canto del poema, cuando Penélope desciende de sus aposentos privados a la gran sala del palacio y se encuentra con un aedo que canta, para la multitud de pretendientes, las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso al hogar. Como este tema no le agrada, le pide ante todos los presentes que elija otro más alegre, pero en ese mismo instante interviene el joven Telémaco: «Madre mía —replica—, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Y ella se retira a sus habitaciones del piso superior. Hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo, es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública.

Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie. Las palabras literales pronunciadas por Telémaco son harto significativas, porque cuando dice que el «relato» está «al cuidado de los hombres», el término que utiliza es mythos, aunque no en el sentido de «mito», que es como ha llegado hasta nosotros, sino con el significado que tenía en el griego homérico, que aludía al discurso público acreditado, no a la clase de charla ociosa, parloteo o chismorreo de cualquier persona, incluidas las mujeres, o especialmente las mujeres. Lo que me interesa es la relación entre este momento homérico clásico en el que se silencia a una mujer y algunas de las formas en que no se escuchan públicamente las voces de las mujeres en nuestra cultura contemporánea y en nuestra política, desde los escaños del Parlamento hasta las fábricas y talleres. Es una acostumbrada sordera bien parodiada en la viñeta de un viejo ejemplar de Punch: «Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presentes quiera hacerla».

Examinemos ahora cómo podría relacionarse esta situación con el abuso al que, incluso hoy en día, están sometidas muchas mujeres que sí hablan, y una de las cuestiones que me ronda por la cabeza es la conexión entre pronunciarse públicamente a favor de un logo femenino en un billete bancario, las amenazas de violación y decapitación en Twitter, y el menosprecio de Telémaco hacia Penélope.

Mi objetivo aquí es adoptar un punto de vista amplio y distante, muy distante, sobre la relación culturalmente complicada entre la voz de las mujeres y la esfera pública de los discursos, debates y comentarios: la política en su sentido más amplio, desde los comités de empresa hasta el Parlamento. Espero que este enfoque desde la lejanía nos ayude a superar el simple diagnóstico de «misoginia» al que recurrimos con cierta indolencia, pese a ser, sin duda alguna, una forma de describir lo que ocurre. (Si uno acude a un programa de debate en televisión y después recibe una avalancha de tuits en lo que se comparan tus genitales con una variedad de vegetales podridos, es difícil encontrar una palabra más adecuada para definir la situación.) No obstante, si lo que queremos es comprender —y hacer algo al respecto— por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír, hemos de reconocer que el tema es un poco más complicado y que hay un trasfondo al que hay que remitirse.

“Por qué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír”.

El arrebato de Telémaco no fue más que el primer caso de una larga lista, que se extiende a lo largo de toda la Antigüedad griega y romana, de fructuosos intentos no solo por excluir a las mujeres del discurso público sino también por hacer ostentación esta exclusión. A principios del siglo iv a. C., por ejemplo, Aristófanes dedicó una comedia entera a la «hilarante» fantasía de que las mujeres pudieran hacerse cargo del gobierno del Estado. Parte de la broma consistía en que las mujeres no podían hablar en público con propiedad, o más bien que no podían adaptar su charla privada (que en este caso estaba centrada básicamente en el sexo) al elevado lenguaje de la política masculina. En el mundo romano, las Metamorfosis de Ovidio —esa extraordinaria épica mitológica sobre los cambios físicos de los personajes (y probablemente la obra más influyente de la literatura occidental después de la Biblia)— vuelve reiteradamente a la idea de silenciar a las mujeres en su proceso de transformación. Júpiter convirtió en vaca a la pobre Ío para que tan solo pudiera mugir, no hablar; mientras que la parlanchina Eco es castigada a que su voz no sea nunca la suya, a ser un simple un instrumento que repita las palabras de los demás.

En el famoso cuadro de Waterhouse, Eco contempla a su anhelado Narciso sin poder entablar conversación con él, mientras este se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque. Un antólogo romano serio del siglo i d.C. solo pudo recopilar tres ejemplos de «mujeres cuya condición natural no consiguió acallarlas en el foro». Sus descripciones son reveladoras. La primera, una mujer llamada Mesia, se defendió a sí misma con éxito en los tribunales y «dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la “andrógina”». La segunda, Afrania, solía iniciar ella misma las demandas judiciales y era tan «descarada» que las defendía personalmente, por lo que todo el mundo estaba harto de sus «ladridos» o «gruñidos» (no se le concede la gracia del «habla» humana). Sabemos que murió en el año 48 a.C., porque «con semejantes bichos es más importante documentar su muerte que su nacimiento». En el mundo clásico hay solo dos importantes excepciones de esta abominación respecto a las mujeres que hablan en público. En primer lugar, se les concede permiso para expresarse a las mujeres en calidad de víctimas y de mártires, normalmente como preámbulo a su muerte. A las primeras mujeres cristianas se las representaba proclamando su fe a gritos mientras eran conducidas a los leones, y en un conocido relato de la historia arcaica de Roma, a la virtuosa Lucrecia, violada por un desalmado príncipe de la monarquía gobernante, se le concede un papel con diálogo solo para denunciar al violador y anunciar su propio suicidio (o así lo presentaron los autores romanos: no tenemos la menor idea de lo que sucedió realmente). No obstante, incluso esta ínfima y amarga oportunidad de expresión podía ser denegada. En un relato de las Metamorfosis se nos cuenta la violación de la joven princesa Filomela, a la que el violador, para evitar cualquier denuncia al estilo de Lucrecia, sencillamente le corta la lengua.

“El discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”.

Esta idea la recoge Shakespeare en su Tito Andrónico, donde también se le arranca la lengua a Lavinia tras ser violada. La otra excepción es más corriente, pues en ocasiones las mujeres podían levantarse y hablar legítimamente para defender sus hogares, a sus hijos, a sus maridos o los intereses de otras mujeres. Por consiguiente, en el tercero de los tres ejemplos de oratoria femenina planteados por el antólogo romano, la mujer, de nombre Hortensia, se sale con la suya porque actúa explícitamente como portavoz de las mujeres de Roma (y solo de las mujeres), tras haber sido sometidas a un impuesto especial sobre el patrimonio para financiar un dudoso esfuerzo de guerra. Dicho de otro modo, en circunstancias extremas las mujeres pueden defender públicamente sus propios intereses sectoriales, pero nunca hablar en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto. En general, tal y como lo expresó un gurú del siglo ii d. C., «una mujer debería guardarse modestamente de exponer su voz ante extraños del mismo modo que se guardaría de quitarse la ropa». No obstante, en todo esto hay mucho más de lo que se percibe a simple vista. Esta «mudez» no es solo un reflejo de la privación general de poder de las mujeres en el mundo clásico, donde, entre otras cosas, no tenían derecho al voto y su independencia legal y económica era limitada. En la Antigüedad, las mujeres no solían elevar su voz en la esfera política, donde no tenían participación alguna, pero aquí estamos ante una exclusión de las mujeres del discurso público mucho más activa y malintencionada, con un impacto mucho mayor del que reconocemos en nuestras propias tradiciones, convenciones y supuestos acerca de la voz de las mujeres. Lo que quiero decir es que el discurso público y la oratoria no eran simplemente actividades en que las mujeres no tenían participación, sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género. Como ya hemos visto con Telémaco, convertirse en un hombre (o por lo menos en un hombre de la élite) suponía reivindicar el derecho a hablar, porque el discurso público era un (o mejor el) atributo definitorio de la virilidad. Es más, citando un conocido eslogan romano, el ciudadano de la élite podía definirse como vir bonus dicendi peritus, «un hombre bueno diestro en el discurso». Por consiguiente, una mujer que hablase en público no era, en la mayoría de los casos y por definición, una mujer.

Si recorremos la literatura antigua, encontraremos un reiterado énfasis sobre la autoridad de la voz grave masculina en contraste con la femenina. Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativo de cobardía femenina. Otros autores clásicos insistían en que el tono y timbre del habla de las mujeres amenazaba con subvertir no solo la voz del orador masculino sino también la estabilidad social y política, la salud, del Estado. En una ocasión, un orador e intelectual del siglo ii d.C. con el nombre revelador de Dión Crisóstomo, que significa literalmente Dión «Boca de Oro», pidió a su audiencia que imaginase una situación en la que «una comunidad entera se viera afectada por una extraña dolencia: que, repentinamente, todos los hombres tuvieran voces femeninas, y ningún varón —niño o adulto— pudiera hablar de manera viril. ¿No sería esta una situación terrible y más difícil de soportar que cualquier otra plaga? No me cabe duda de que enviarían una delegación a un santuario para consultar a los dioses y tratar de propiciar el favor divino con numerosas dádivas». No era ninguna broma.

 

Anuncios

13 julio 2018 at 1:06 pm Deja un comentario

Mary Beard: “La ‘Odisea’ nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres”

En “Mujeres y poder”, la historiadora británica nos lleva hasta la antigüedad griega y romana para comprender por qué todavía, en el siglo XXI, las mujeres deben luchar más para ocupar puestos de liderazgo e incluso para hablar en público. No se trata de suprimir obras, sino de hacerse preguntas. ¿Repetimos patrones culturales? ¿Hay mujeres poderosas en la historia antigua?

La historiadora Mary Beard en una imagen de archivo. AFP

Fuente: Juan Rodríguez M. – El Mercurio, vía Economía y Negocios Online
2o de mayo de 2018

En la gran sala del palacio, un hombre canta las vicisitudes que sufren los héroes griegos en su viaje de regreso a Grecia, tras la guerra de Troya. Penélope, la mujer de Ulises, uno de aquellos héroes, sale de sus habitaciones, oye el canto y, frente a la multitud que escucha, le pide al aedo que elija un tema más alegre. Entre los oyentes está Telémaco, hijo de Penélope y Ulises, apenas un muchacho: “Madre mía -dice-, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa”. Penélope obedece y se retira a sus habitaciones privadas.

El episodio está narrado al comienzo de la “Odisea”. Lo recuerda la historiadora inglesa Mary Beard en “Mujeres y poder. Un manifiesto” (Crítica, 2018), su libro más reciente. Catedrática de Estudios Clásicos en Cambridge y autora de libros como “El triunfo romano”, “La herencia de los clásicos” y “SPQR. Una historia de la antigua Roma”, Beard dice que dicho episodio es “el primer ejemplo documentado de un hombre diciéndole a una mujer «que se calle», que su voz no había de ser escuchada en público”.

Dada la discriminación y violencia de género todavía presente, el libro plantea una pregunta simple de hacer, pero difícil de responder: ¿por qué pensamos como pensamos sobre las mujeres, los hombres y el poder?

Beard va a buscar la respuesta a Grecia y Roma. “En algunos sentidos (¡no todos!), en Occidente, hemos heredado culturalmente estas maneras antiguas de tratar y percibir a las mujeres -dice, a través de un correo electrónico-. La ‘Odisea’, en los comienzos de la literatura occidental, nos dio un modelo para silenciar la voz de las mujeres. Por supuesto que hay otras influencias también (gracias al cielo), pero la cultura occidental en parte todavía mira hacia el silencio de las mujeres de la antigüedad”. Como ocurre en ese chiste, recogido en el libro, en el que una mujer hace una propuesta en una reunión de trabajo y el jefe le dice: “Es una excelente propuesta, señorita Triggs. Quizás alguno de los hombres aquí presente quiera hacerla”. O en algunas reacciones destempladas y perturbadoras, “como las amenazas de violación y decapitación en Twitter”, anota la autora.

Beard cree que desde los arrebatos misóginos contemporáneos hasta las maneras y apariencia que adoptan algunas líderes (impostar un tono de voz grave, vestir trajes oscuros, ojalá chaqueta y pantalón) denotan una relación “culturalmente complicada” entre la voz de las mujeres y la esfera pública, una distancia “real, cultural e imaginaria” entre mujeres y poder. Cuestión que, en parte, respondería en Occidente a patrones culturales, a un concepto de poder aprendido durante milenios. Además del caso de Telémaco y Penélope, Beard cita, por ejemplo, una comedia de Aristófanes, a principios del siglo IV a. C., dedicada entera a la “hilarante” fantasía de que las mujeres pudieran gobernar. Y más adelante, ya en Roma, están las “Metamorfosis” de Ovidio, en la que Júpiter convierte en vaca a Ío para que solo pudiera mugir y no hablar.

Beard identifica solo dos excepciones de este rechazo a que las mujeres hablen en público: pueden hacerlo en calidad de víctimas o de mártires, “normalmente como preámbulo a su muerte”, o para defender su hogar, su familia o en nombre de otras mujeres; en ningún caso “en nombre de los hombres o de la comunidad en su conjunto”. “Si buscamos las contribuciones de las mujeres incluidas en esos curiosos compendios llamados «los cien mejores discursos de la historia» o algo parecido, encontraremos que la mayoría de las aportaciones femeninas, desde Emmeline Pankhurst hasta el discurso de Hillary Clinton en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre las mujeres de Pekín, tratan del sino de las mujeres”.

No es solo que en la antigüedad el discurso público y la oratoria fuesen actividades en las que las mujeres no participaban, “sino que eran prácticas y habilidades exclusivas que definían la masculinidad como género”. O en otras palabras, una mujer hablando en público era una contradicción en los términos. “Un antiguo tratado científico enuncia de forma explícita: una voz grave indica coraje viril, mientras que una voz aguda es indicativa de cobardía femenina”, se lee en el libro. De esa tradición somos herederos, dice Beard. Lo que no significa que seamos “simplemente víctimas o incautos” de esa herencia, pero sí que hemos aprendido a “no oír autoridad” en una voz femenina, que la cultura antigua nos ha dado un patrón para decidir cuándo un discurso es bueno o malo, convincente o no y, dentro de ese patrón, el género ocupa un lugar importante. Es más, agrega Beard, las mujeres que logran hacerse oír adoptan “una versión de la vía «andrógina”, imitando conscientemente aspectos de la retórica masculina”. En Roma está el caso de Mesia, una mujer que se defendió a sí misma en los tribunales, con éxito, y que “dado que tenía una auténtica naturaleza masculina tras su apariencia de mujer fue apodada la ‘andrógina'”, según el relato de un antólogo romano del siglo I. Veinte centurias después, recuerda Beard, Margaret Thatcher reeducó su voz, “demasiado aguda”, para darle el grave tono de la autoridad.

Hay casos de mujeres con poder en la cultura antigua. Por ejemplo, la diosa Atenea, Clitemnestra, reina de Micenas, o las amazonas. Sin embargo, según Beard, una diosa como Atenea -“en absoluto una mujer”- cuyo aspecto y virtudes remiten al sexo masculino, o una reina retratada como usurpadora son menos excepciones que confirmaciones del orden patriarcal.

-¿Por qué?

“Los órdenes patriarcales siempre se justifican a sí mismos con las excepciones. De modo que, de diferentes maneras, estas ‘mujeres poderosas’ justifican el patriarcado… o bien, las mujeres toman el control pareciendo hombres, o (como las amazonas) son destruidas porque intentan usurpar el poder masculino”.

-¿Tal vez Hipatia, la filósofa y matemática griega, sea una excepción?

“Me gustaría pensar que sí. ¡Pero temo que no! ¡Hipatia fue asesinada!”

-¿Cambia la situación de las mujeres entre el mundo greco-romano y la Edad Media?

“Las cosas cambiaron desde la antigüedad pagana al medioevo cristiano. Y las mujeres se reposicionaron en algunos aspectos, pero la supresión fundamental de las mujeres permaneció”.

Medusa decapitada

La mayoría de las representaciones de Atenea, la “divinidad femenina decididamente no femenina”, muestran en el centro de su coraza la cabeza de una mujer que, en vez de cabello, tiene serpientes. Es Medusa, cuya historia tiene muchas versiones. En una de ellas, relata Beard, se la representa como una hermosa mujer violada por Poseidón en el templo de Atenea. Esta, en castigo, la transforma a ella (sí, a ella) “en una criatura monstruosa con la capacidad mortífera de convertir en piedra a todo aquel que la mirase a la cara”. Más tarde, Perseo, el heroico semidios, la decapita y usa su cabeza como escudo, hasta que se la regala a Atenea.

La escena se recrea hasta hoy, con rostros contemporáneos. “¿Souvenirs inquietantes?”, se pregunta Beard en su libro. “En las elecciones presidenciales de 2016 en los Estados Unidos, los partidarios de Donald Trump tenían infinidad de imágenes clásicas para elegir, pero ninguna tan impactante como la de Trump convertido en Perseo decapitando a Hillary Clinton convertida en Medusa”.

No se trata de descartar la “Odisea” y otros textos clásicos por machistas, ni de leerlos solo para investigar las fuentes de la misoginia. Beard cree que eso sería “un crimen cultural”. Se trata, sí, de comprender por qué nos cuesta concebir a las mujeres dentro del poder, por qué “tienen más dificultades para triunfar” e incluso por qué “se las trata con mayor severidad cuando meten la pata”. Es decir: “Hemos de reflexionar acerca de lo que es el poder, para qué sirve y cómo se calibra (…) si no percibimos que las mujeres están totalmente dentro de las estructuras de poder, entonces lo que tenemos que redefinir es el poder, no a las mujeres”. La “Odisea”, agrega Beard en su ensayo, “es un poema que explora, entre otras muchas cosas, la naturaleza de la civilización y la «barbarie», del regreso a casa, de la fidelidad y de la pertenencia. Aun así -como espero que demuestre este libro-, la reprimenda que Telémaco lanza a su madre Penélope cuando esta se atreve a abrir la boca en público es un acto que todavía hoy, en el siglo XXI, se repite con demasiada frecuencia”.

-Le repito una pregunta que usted hace a propósito de Perseo y la decapitación de Medusa: ¿triunfalismo heroico o sadismo misógino?

“Por supuesto que ambas, dependiendo de su punto de vista. Pero pienso que es difícil mirar esas imágenes y no ver la violencia contra las mujeres que es central en el tema”.

-¿Qué hacer para cerrar efectivamente la separación entre mujeres y poder?

“Ojalá lo supiera. Pero necesitamos comprender de dónde venimos para saber hacia dónde vamos”.

 

21 mayo 2018 at 1:38 pm 2 comentarios

Mary Beard: “El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres”

La académica Mary Beard, la intelectual de moda en Reino Unido, se adentra con el pequeño libro ‘Mujeres y poder’ en uno de los debates más calientes del momento

La académica inglesa Mary Beard, retratada en Madrid. CARLOS ROSILLO

Fuente: PABLO GUIMÓN > Cambridge  |  EL PAÍS
10 de febrero de 2018

Contemplar a la gran experta en la Roma clásica conversar amigablemente por teléfono con un funcionario anónimo de Hacienda es una manera, tan buena como cualquier otra, de reconciliarse con la Humanidad. Como toda plebeya honrada, Mary Beard paga sus impuestos. En concreto, trata de convencer al funcionario de que debe dos mil libras a las arcas públicas. La presencia del periodista no impide a Beard desplegar sus intimidades fiscales y bancarias sobre la mesa de la cocina de aire campestre de su acogedora casa de Cambridge.

Beard, de 63 años, es la intelectual de moda en Reino Unido. Su vasto conocimiento del mundo antiguo y su proverbial talento divulgador, desplegados en obras como SPQR, permiten a Beard contextualizar y enfocar certeramente los debates contemporáneos. De ello da fe Mujeres y poder, un pequeño libro que publica en español Crítica y que, como anuncia su título, se adentra en uno de los debates más calientes del momento.

El funcionario examina su expediente y concluye que, lejos de deber dos mil libras, Beard goza incluso de un pequeño crédito a su favor. Sucede que había pagado de más. “Joder”. “Gracias, gracias”. “Es usted una joya”. Cuelga el teléfono sonriente y, para celebrar que es un poco más rica de lo que creía hace cinco minutos, descorcha una humilde botella de pinot griglio. Sirve dos generosos vasos e invita al intruso a encender la grabadora.

Pregunta. El primer ejemplo documentado de un hombre mandando a una mujer callar está en la Odisea. ¿Silenciar a Penélope, su madre, forma parte del desarrollo de Telémaco como hombre?

Respuesta. Necesitamos comprender que son problemas profundamente arraigados en la historia de la cultura occidental desde hace milenios. Con eso no quiero decir que estemos atrapados en ellos, pero debemos buscar soluciones diferentes. Cuando ves ejemplos de mujeres silenciadas en el mundo antiguo, es fácil concluir que forma parte de una discriminación general. Pero lo que muestra la Odisea es que es más que eso. Para dejar de ser un niño y convertirse en hombre, Telémaco debe aprender a callar a las mujeres. Es un silenciamiento mucho más activo. El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres. Toda la definición de la masculinidad dependía del silenciamiento activo de la mujer.

P. Si las mujeres no son atraídas a las estructuras de poder, ¿por qué la inercia histórica es cambiar a las mujeres y no esas estructuras?

R. Pensamos en las estructuras de poder como masculinas y hacemos que las mujeres encajen, que cambien su comportamiento al acceder al poder. Acaban actuando, interpretando un guion. Pero no hay que cambiar a las mujeres, sino las estructuras. Hay que pensar qué es el poder, cómo hablamos de él, cómo está conectado a la celebridad, cómo son la imagen y el lenguaje asociados al poder. Veremos que es una versión extremadamente masculina. Poder es algo que tú tienes y yo no. Queremos grandes lideres. Pues no. Lo que queremos es grandes contribuidores. Cuando veo cursos de liderazgo en la universidad, me pregunto dónde enseñamos a la gente a ser seguidora. Un líder grande y macho con una pirámide por debajo es una de las maneras posibles, pero no la única.

‘El regreso de Ulises’, obra de 1508-1509 de Bernardino Pinturicchio, expuesta en la National Gallery. DEA PICTURE LIBRARY (DE AGOSTINI/GETTY IMAGES)

P. Se cumplen cien años del momento en que las primeras mujeres consiguieron el derecho a voto en su país, Reino Unido, y el derecho a ser elegidas diputadas. Pero hay estudios que demuestran que, aún hoy, el rol de las mujeres en los parlamentos sigue siendo el de promover legislación sobre asuntos relacionados con los intereses tradicionalmente asociados a las mujeres.

R. Y está bien. Alguien tiene que defender a las mujeres. Pero sigue dejándolas fuera de las estructuras masculinas de poder. Siguen siendo segregadas a la sección de intereses femeninos. Hay que estar agradecido, y si yo fuera una mujer en el Parlamento también querría levantarme por las mujeres. Pero sigue habiendo una diferencia. La gente escucha a las mujeres cuando hablan de asuntos de mujeres de una manera que no las escuchan cuando hablan de economía.

P. Usted misma, el primer libro que publicó, más allá del ámbito académico, fue un manual para madres trabajadoras (The good working mother’s guide, 1989).

R. Es fácil, le diré por qué. Cuando tienes hijos muy pequeños, dispones de basante tiempo, pero nunca en periodos largos. Media hora aquí, 20 minutos allá. No tienes tiempo de pensar, pero tienes bastantes trozos de tiempo. Yo buscaba algo que pudiera escribir en trozos. No puedes escribir un artículo académico con 20 minutos aquí, 30 minutos allá. Por otro lado, hay algo muy curioso al tener hijos: adquieres una cantidad enorme de conocimiento y experiencia práctica, y luego todo se va a la basura. Fue juntar esos trozos de tiempo con, de alguna manera, utilizar lo que conoces.

P. ¿Qué opina de la campaña global del #MeToo?

R. Está siendo muy importante. Las redes sociales son muy buenas para empezar las cosas, el problema es que un hashtag no cambia de hecho nada. Si quieres solucionar el problema, no es suficiente encontrar gente que lo señale en el pasado. Tienes que cambiar el equilibrio del poder.

P. En una reciente entrada de su blog en The Times Literary Supplement, quiso subrayar la diferencia entre comportamiento inapropiado ocasional y sistemático. ¿No defiende la tolerancia cero?

R. No creo en la cultura de tolerancia cero porque todos hacemos cosas estúpidas. ¡No quiero un mundo en que nadie nunca sea maleducado! Pero tampoco quiero un mundo en que la gente sea sistemáticamente inapropiada. Yo, en muchas ocasiones, he hecho cosas inapropiadas. No creo que deba ser lapidada por eso.

P. ¿Seguirá viendo películas de Woody Allen a pesar de su supuesto abuso de las mujeres?

R. He disfrutado de películas de Woody Allen desde que tengo memoria. Hay muchos aspectos de él que deploro. Pero me iré a la tumba pensando que Annie Hall es divertida. ¿Qué hacemos? Es difícil de saber. Esto es inaceptable, tío, pero también haces buenas películas. Tenemos que ser mucho más sofisticados que pensar que la gente es solo buena o mala. Hay que hallar la manera de lidiar con alguien que es brillante y horrible. Cómo manifestar nuestra desaprobación de algunos aspectos de la vida de alguien, mientras reconocemos otros.

Escultura de la diosa Atenea, en el Louvre de París. ALINARI/CORDON PRESS

P. Leerla y escucharla es comprender que las respuestas no suelen ser sencillas. Pero vivimos en un mundo que demanda respuestas simples.

R. ¡Esto es complicado! Cualquiera que diga que esto es simple es que no lo ha pensado a fondo. El papel de los académicos, y también el de los políticos, es decir, que la complejidad es buena.

P. ¿Cuánta complejidad cabe en 280 caracteres?

R. Cualquiera que use Twitter, yo incluida, dice cosas que no quiere decir realmente. Necesitamos un formato en el que la gente pueda expresar duda y complejidad. Debemos mejorar la conversación.

P. Los extremos monopolizan ciertos debates en redes sociales. ¿Tienen los más moderados la responsabilidad de intervenir?

R. Las redes sociales no han cambiado la manera en que la gente habla o piensa. Cuando yo era estudiante decíamos cosas horribles de nuestros profesores, pero lo decíamos en el bar. Twitter lo amplifica, y eso igual es bueno. Lo importante es que no tienes que decir que mi vagina huele a repollo para decir que no estamos de acuerdo. ¡Qué horrible sería un mundo en el que todos estuvieran de acuerdo! Yo tengo opiniones muy fuertes sobre muchas cosas, que encajan en los estándares del feminismo. ¿Querría que todo el mundo estuviera de acuerdo conmigo? Claro que no.

P. Su actitud la ha convertido en referente de muchas mujeres que quieren ser valoradas por sus ideas y no por su aspecto.

R. Es importante mostrar a la gente que puedes ser mayor y estar cómoda. Claro que me molestan ciertas cosas malas que dicen sobre mí, si no sería una psicópata, pero no me afectan demasiado. Y creo que es importante, especialmente para las chicas jóvenes, ver a una mujer mayor que está por ahí, que dice tacos, que habla de lo que sea y no es amedrentada por la gente que le dice que se calle.

 

10 febrero 2018 at 9:50 am Deja un comentario

Beard exige a los diputados que no recorten presupuestos para enseñar latín

La historiadora británica Mary Beard ha exigido hoy a los diputados del Parlamento asturiano que no recorten los presupuestos públicos para la enseñanza del latín, una petición que, ha asegurado, le trasladaron ayer los alumnos del colegio ovetense con los que mantuvo un encuentro.

beard_parlamento_asturias

La historiadora británica Mary Beard (c), premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, durante la visita que ha realizado hoy la sede del Parlamento asturiano. EFE

 Fuente: EFE – YAHOO Noticias

Oviedo, 20 oct.- “Ojalá el latín siga siendo una asignatura en este país, así me lo trasladaron ayer los chavales, así que, por favor, ¡no recorten los presupuestos para el latín!”, ha señalado de forma enérgica la premio princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016 durante un coloquio celebrado en la sede del Parlamento asturiano.

Ante los representantes de los seis grupos parlamentarios que componen la Junta General del Principado, Beard ha disertado bajo el título de “Enseñanzas desde el pasado” sobre la vigencia de la antigua Roma en el mundo actual, aunque, ha advertido, “no existen lecciones directas que aprender” del Imperio Romano.

“Cuando me preguntan qué tipo de político romano sería (Donald) Trump, la respuesta es que ninguno”, ha señalado la autora de “SPQR”, que, no obstante, sí ha reconocido que conceptos como el de la ciudadanía, la libertad o el de formar parte de una comunidad “civilizada” sí forman parte de la herencia de la antigua Roma

En la primera megalópolis del mundo, a la que como tal sólo Londres tomó el relevo ya en el siglo XIX, nadie habría entendido el concepto de “inmigrante ilegal”, ha apuntado, antes de lamentar que la evolución política posterior que dio origen a los Estados-nación siga dificultando aún hoy asumir que la idea de ciudadanía es “siempre” incluyente.

“Los romanos no eran majos, sus conquistas eran brutales, pero aportaron la sensación de un mundo unido y conectado por primera vez en el que una calzada permitía llegar de España a Roma”, ha apuntado tras subrayar que la base de ese imperio “no era agradable” y se sustentaba en una explotación “que hoy espantaría”, pero que, pese a ello, el hecho de que se conserven piezas de arcilla romana iguales en España, Gran Bretaña o Argelia sigue siendo “conmovedor”.

Roma, como capital de ese imperio, tenía asumido que era “una ciudad de extranjeros” cuya configuración ideológica pasaba porque “todos eran bienvenidos” y fue capaz de generar la idea de que se puede ser ciudadano de dos lugares a la vez, ha apuntado.

Ella misma ha asegurado sentirse así, británica y europea pese al “brexit”, pese a que la UE no haya conseguido superar su déficit democrático, lo que ha dado lugar a que su país tomase una decisión “inadecuada” en lugar de apostar por una Europa de identidades múltiples, y a la vez unida.

“A mí no me gusta que Europa sea homogénea, no quiero encontrarme las mismas tiendas en Francia que en España”, ha señalado Beard tras advertir de que la democracia, aun siendo “un bien innegociable”, es una palabra “que se utiliza mal” si consiste simplemente en que los ciudadanos voten cada cierto periodo de tiempo.

A su juicio, y el “brexit” es un ejemplo de ello, ha subrayado, votar sin información “no tiene sentido alguno” al igual que sería escandaloso para la mentalidad occidental que la gente votase con patrullas de policía a su alrededor obligándoles a hacerlo.

Feminista militante y con la sonrisa que lleva luciendo desde que llegó a Oviedo el pasado lunes, Beard, que asegura tener “mucho que contar” a su vuelta a la Universidad de Cambridge de su estancia en una zona de España que no conocía, ha lamentado ante los diputados el papel secundario al que la historia ha postergado a las mujeres.

“Hay quien dice que fue su esposa, Cherie, la que sugirió a (Tony) Blair que invadiera Irak”, ha bromeado la catedrática de Clásicas, premiada tanto por su rigor académico como por su labor divulgadora sobre la antigüedad grecolatina.

 

20 octubre 2016 at 4:48 pm 1 comentario

Mary Beard considera “fundamental” el estudio de las Humanidades para formar a la ciudadanía

La ganadora del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, la historiadora Mary Beard, ha pedido un mayor compromiso de las Administraciones con el estudio de las Humanidades en los programas educativos. Considera que es “fundamental” para construir la sociedad.

mary_beard_ep

Mary Beard (EUROPA PRESS)

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

OVIEDO, 18 de Oct.- Beard ha sido la primera galardonada en comparecer en rueda de prensa en la XXXVI edición de los Premios Princesa de Asturias que cada año concede la Fundación de mismo nombre. La historiadora ha dedicado sus primeras palabras a todos los que trabajan en el estudio del mundo antiguo, y ha lamentado que esta materia parezca “optativa” y prescindible en épocas de austeridad.

Las Humanidades, ha dicho, corren el riesgo de parecer “bonitas pero no necesarias” y la labor de quienes las estudian es “afirmar y defender la idea de que el estudio de la Historia y las Humanidades no es un extra optativo que está bien cuando las vacas vienen gordas y que se pueden suprimir en vacas flacas”.

A su juicio, “sería horrendo” imaginar un grupo de ciudadanos que crezcan “sin ningún sentido de pensamiento y análisis históricos” o sin cultura literaria. “Las Humanidades no son gratis ni baratas, pero son fundamentales para crear el tipo de ciudadanía que queremos tener”, ha resumido, para defender después que las Humanidades van “de la mano” con la inversión en ciencias. “No queremos un mundo en el que haya cambios enormes y progresos tremendos en las tecnologías que no vayan acompañados de la existencia de filósofos que nos ayuden a dar sentido a todo esto”, ha afirmado.

“LA HISTORIA ES ALGO QUE TENEMOS QUE AFRONTAR”

La historiadora, al ser preguntada por la recuperación de la memoria histórica en España, ha establecido un paralelismo con el imperialismo británico, afirmando que la historia “es algo que tenemos que afrontar”. “No podemos hacer ‘photoshop’ de las cosas que no queremos ver y dejar de examinar los componentes porque va en contra de lo que es la historia”, ha subrayado. “No vamos a adelantar nada corriendo un tupido velo, es incómodo pero es así”, ha dicho.

Así, ha hecho referencia a la retirada de una estatua de un benefactor de Oxford y personalidad relevante del imperialismo británico. Beard ha explicado que un sector quería retirar la estatua para no rendir homenaje “a un hombre así” pero que, por otro lado, es necesario mirarle “cara a cara” y darse cuenta de que de él ha procedido parte del dinero con que cuenta Oxford. “Salvo que se examine esto no vamos a poder progresar”, ha señalado.

Catedrática de Clásicas en la Universidad de Cambridge y miembro del Newnham College, es una de las especialistas sobre la Antigüedad más relevantes y una de las intelectuales británicas más influyentes. El jurado encargado de conceder el premio ya ensalzó en mayo de este año su “sobresaliente contribución al estudio de la cultura, de la política y de la sociedad de la antigüedad grecolatina”, valorando su capacidad para integrar el legado del mundo clásico en el presente.

“HAY QUE ACEPTAR QUE LA DISCRIMINACIÓN ESTÁ INTEGRADA EN LA CIVILIZACIÓN”

La historiadora, conocida también por sus ideas sobre el feminismo, ha observado con “no demasiado pesimismo” la situación en occidente y en concreto en Europa, respecto a la discriminación de las mujeres. Así, ha recordado que se ha vivido una revolución del poder femenino. “Cuando era estudiante solo el diez por ciento eran mujeres, y ahora son el 50 por ciento”, ha destacado.

Aún así, ha reconocido que aún queda mucho camino por recorrer, no sin asumir que “la discriminación está integrada en la civilización occidental”. “Algún día podremos decir que una mujer es ambiciosa y que sea un elogio, pero hoy en día no es así”, ha lamentado.

En este punto se ha referido a amenazas que ella misma ha recibido a través de las redes sociales por su trabajo y ha incidido en que los discursos antifeministas y “antimujer” los esgrimen “los tristes, borrachos y desinhibidos”. Lo importante, ha dicho, es mirar cara a cara a estas personas “y decir, cállate”.

 

19 octubre 2016 at 12:50 pm 1 comentario

Mary Beard: ‘La Historia nos enseña a observar con profundidad, pero no te da respuestas’

¿Cómo se contaban los romanos a sí mismos el significado de ser romanos? ¿Cómo de ancho era el mundo en el que vivían? ¿Cómo amaban? ¿De qué se reían? Todas esas preguntas caben en S.P.Q.R (Crítica), el libro que sintetiza la carrera de la Premio Princesa de Asturias en la categoría de Humanidades.

mary_beard

La historiadora inglesa Mary Beard, autora de ‘S.P.Q.R.’. / ÁNGEL NAVARRETE

Fuente: LUIS ALEMANY  |  EL MUNDO
7 de octubre de 2016

– P. Hay un momento de S.P.Q.R. (Crítica) en el que cuenta que los romanos se reían de sí mismos.
– R. Sí. Estamos ante una cultura que es capaz de imaginarse vista desde fuera y de encontrarle la gracia. Es algo nuevo en la Historia y ocurre porque los romanos viajan por todo el mundo, se encuentran con perspectivas diferentes. Tenemos muchas buenas razones para desaprobar al Imperio que conquista y somete, pero una de las cosas que ennoblecen a Roma es su capacidad para entender cómo pensaban los otros. Esto se puede ver en la comedia desde muy temprano. No hablamos del siglo II d.C.; hay un sentido de la autoironía ya desde el siglo III a.C.

– ¿Y se gustaban en los ojos de los otros?
– Les gustaba tener esa perspectiva ajena para tener un manera con la que responder a la pregunta de qué significa ser romano. Diría que los romanos se gustaban a sí mismos y se odiaban a sí mismos. En el siglo II, Tácito puso en la boca de los británicos una frase tremenda: «Ellos», refiriéndose a los romanos, «crean un desierto y lo llaman paz».

– Ahora cuénteme del amor romántico.
– Ese tema tiene truco. Hay dos visiones que tenemos que hacer compatibles, aunque no sea fácil. Si nos ponemos foucaltianos, diríamos lo que había eran relaciones de poder expresadas a través del sexo. Poder masculino, poder de fuertes sobre débiles… El matrimonio romano empieza con una violación, la historia de Roma está llena de violaciones con valor simbólico. El problema es que eso no encaja con la literatura romana que conocemos, que va de chico conoce a chica. Se parece mucho a nuestro amor romántico. Puede ser que estemos aplicando nuestra visión contemporánea, masculina y occidental del amor romántico a la literatura romana, puede ser… Pero ésa no es toda la explicación. En la universidad nuestra nos enseñaron que el romanticismo era algo había que descartar, que no tenía nada que ver el trabajo que teníamos que hacer como investigadores. Pero intente ver teatro romano sin pensar en lo que hoy entendemos por impulso romántico… No entenderá nada.

– Le pregunto por el humor y por el amor, porque tendemos a pensar en los romanos como gente muy cercana. Es fácil verlos como semejantes.
– Sí, lo son. Nos enseñaron a admirar a Atenas, a tenerla en un pedestal. Sócrates, los filósofos, la democracia… Ésa no era la realidad de Atenas, claro, pero es la imagen que tenemos. En cambio, con los romanos seguimos conviviendo. Hay construcciones romanas en nuestras ciudades, en el colegio nos llevaban a ver villas romanas, tenemos una noción de su vida domestica… En vez de la democracia, ves el lavabo. Y eso nos queda un poco para siempre. Los romanos nos parecen reales: son divertidos y pomposos… Son terrenales.

-También es porque pensamos en Roma como un nación de clase media… ¿Lo era?
– Depende de lo que entendamos por clase media. La gente de las ciudades que no estaba en la pequeña élite pero que tampoco era pobre ni esclava, ¿era clase media? Sobre eso también se debate. Bueno: llamémosle gente normal. Si uno investiga en las ruinas de Pompeya o de Herculano, pero también en los pueblos de España, es muy difícil no ver que había mucha gente normal. Hay muchas tumbas con lápidas, y si hay lápida, el que descansa ahí no era pobre. Yo sí diría que había una clase media.Familias con sus apartamentos de dos habitaciones, sus pequeños negocios… Y, sobre todo, eran muchas.

– ¿Clase media educada?
– De nuevo, vuelvo a Pompeya, que era una ciudad de provincias muy normal, Vamos a buscar en los burdeles. Los burdeles no estaban hechos para los ricos, porque los ricos tenían sus esclavos sexuales. Se dirigían a la gente normal. Bien, pues estos burdeles tienen las paredes llenas de inscripciones, donde los clientes dejaban sus experiencias.

– ¡Como Trip advisor!
– Exacto. Ponían cosas como Hic ego puellas multas futui, «aquí me lo monté con muchas chicas»… Cualquiera que busque en Pompeya sabrá que las habilidades básicas de lectura y escritura, y no estoy hablando de leer a Virgilio, estaban muy extendidas.

– Siempre pensamos que Roma era una nación con una determinación especial para competir y para vencer. Pero…
– La gente ve Roma como una cultura militar. Bueno sí, lo era, pero no hay señales que indiquen que más que sus vecinos. Todas las culturas del Mediterráneo antiguo estaban altamente militarizadas. No es que estallasen las guerras; estallaban las paces. La paz era la anomalía La cuestión, entonces, es otra: ¿por qué ganaron los romanos, si todos estaban igual de militarizados? Porque es verdad que ganaron muchísimo, tuvieron mucho éxito. ¿Cuál era su ventaja? La única respuesta plausible era el poder demográfico. Tenía más soldados. Las batallas no se ganaban por estrategias, disciplinas o tecnología… Las guerras las ganaba quien tuviera más soldados. Y Roma, al extender su ciudadanía, conseguía tener cada vez más soldados. En la época de Aníbal era objetivamente invencible porque sus recursos eran enormes gracias a sus conquistas y a la ciudadanía.

– Leí un libro sobre la relación del III Reich con los países que estaban en su órbita. Decía que los nazis tenían la lógica mercantil de un pirata: llegar, llevarse toda la riqueza que pudieran y marcharse.
– Pero es que la política de los nazis ha sido la normal a lo largo de la historia. Llegas, tiras la muralla, violas a algunas mujeres, llenas tu saco y te vas, «muchas gracias, encantado». Roma aseguró su éxito al seguir un modelo opuesto. ¿Cómo se les ocurrió? Es un misterio. ¿Había una pequeña élite de gente muy inteligente que entendía qué era lo que estaba pasando? Puede ser, pero no hay pruebas.

– Para el hispano, el galo o el isrelita… ¿era un buen negocio tener a Roma?
– Para la élite sí. Los romanos atraían a la élite de sus conquistados porque les ofrecían la ciudadanía y, a partir de ahí, un camino quizá hasta la gloria, como Adriano. En realidad, los romanos reconocieron ese mecanismo en la historia de su fundación. Rómulo ofreció Roma como una ciudad de acogida a los criminales de otras ciudades.

– ¿Y para los que no eran élite?
– Depende del recaudador que tuvieran. En el Inglaterra, por ejemplo, la vida del campesino no cambió entre el 500 d.C. y el 500 a.C.

– Ahora, hábleme del lujo.
– El lujo es uno de los temas más interesantes en Roma. Tenía un sentido moral. Si tuviésemos aquí a un romano del siglo I a.C., y le preguntáramos ¿cuál es el problema del imperio? seguramente nos contestaría que el lujo. El lujo es el premio que viene del imperio pero el lujo es lo que erosiona al Imperio. A algunos romanos les encantaba el lujo pero la mayoría sentía que dañaba la virtus romana. Fíjese que Tácito dijo que los británicos eran los que representaban las verdaderas virtudes romanas porque Roma estaba contaminada por el lujo.

– La tentación es ver el final de Roma como una crisis postmoderna: gente que ha dejado de tener deseo e ímpetu porque vive demasiado cómodamente…
– No es una visión justa. Desconfío siempre en ese discurso del «final de una era». Si estuviéramos en el final de una era, no nos daríamos cuenta. Piense que siempre ha existido la tentación de pensar que estamos asistiendo a una nueva decadencia de Roma.

– La pregunta no es si nos parecemos a los últimos romanos sino si los últimos romanos se parecían a nosotros.
– Se parecían pero en otro sentido: el imperio se hizo demasiado grande y la burocracia invadió todo. ¡El papel gobernaba! Y Roma perdió su capacidad de adaptarse.

– Todos estamos tentados a hacer paralelos entre la actualidad y el mundo grecolatino. Para cualquier noticia, el Brexit o Trump o el Estado Islámico, podemos encontrar algo en la Antigüedad.
-A veces me divierten estos juegos y otras veces me irritan. Me preguntan: ¿qué hubieran hecho los romanos con el Brexit? Amablemente les explico que esa pregunta no procede. Mire, hay muchos motivos para mirar a la Antigüedad, hay temas como la ciudadanía y la libertad que son comunes, y estudiarlos nos puede ayudar. Pero no esperen respuestas. La historia enseña a mirar con profundidad, pero no te da respuestas. Dicen: «No deberíamos haber invadido Irak; mirad lo que le pasó a Trajano». Pues no. Nunca debimos invadir Irak pero no por Trajano.

 

7 octubre 2016 at 5:17 pm 1 comentario

Estudiantes segovianos celebran el Día de la Fundación de Roma

La Asociación Internacional Alma Clásica inaugura su andadura festejando entre los estudiantes el Día de la Fundación de Roma

alma-clasica

Jóvenes vestidas de romanas, este jueves, en la avenida del Acueducto. Antonio de Torre

Fuente: CARLOS ÁLVARO > Segovia  |  El Norte de Castilla   21/04/2016

Quieren promover entre los jóvenes el conocimiento de los valores humanísticos del mundo clásico porque están convencidos de que mirar hacia atrás para aprender del pasado es una buena manera de afrontar un futuro mejor. Esta es una de las máximas de la Asociación Internacional Alma Clásica, que este jueves ha reunido en el Azoguejo a decenas de alumnos del IES Andrés Laguna. Vestidos de romanos, los participantes conmemoraron el aniversario de la fundación del Imperio Romano, culminando así una serie de actividades y talleres encaminados al conocimiento de la antigua Roma.

«El objetivo es que los jóvenes sean conscientes de la importancia del legado cultural, tanto material como inmaterial, que hemos recibido de Roma y de todo el mundo clásico en general, especialmente en estos tiempos que corren, cuando resulta más necesario que nunca contar con ejemplos edificantes. No se trata tanto de estudiar las culturas romana y griega, como de constatar su actualidad, su pervivencia en el mundo moderno. Y aquí, en Segovia, estamos rodeados de referentes: no hay más que mirar el Acueducto», afirma la presidenta de Alma Clásica, Mónica Durán, doctora en Filología Clásica y Lingüística Indoeuropea y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y del IES Andrés Laguna de Segovia.

Esta es la primera actividad que organiza Alma Clásica, su carta de presentación, pues la asociación echó a andar el pasado 22 de marzo. Se trata de una organización de carácter cultural, con sede social en Segovia, cuyo objetivo principal es difundir los modelos éticos y los valores de la cultura clásica entre los jóvenes. La asociación cuenta ya con asociados en diversas partes del mundo y tiene previsto impulsar actividades similares a la de ayer en países como Estados Unidos.

«Es fundamental mirar hacia atrás para contar con la experiencia del pasado. El mundo de hoy marcha muy acelerado y a veces perdemos de vista los valores esenciales, los valores humanos y humanísticos de siempre. Así que a través del conocimiento de los clásicos y de la huella que dejaron, por ejemplo, en Segovia, queremos llegar a los jóvenes, pero también a la sociedad en general, como formación, como educación», añade Durán.

Los muchachos han aprovechado estos días para representar obras de teatro, preparar vídeos y participar en visitas guiadas y talleres que les han mostrado distintas facetas de la vida en la antigua Roma: numismática, escritura antigua, cocina, cerámica, juegos, etcétera. El colofón ha llegado con una foto de familia, vestidos a la usanza del Imperio Romano, a los pies del Acueducto.

 

21 abril 2016 at 8:12 pm Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

agosto 2018
L M X J V S D
« Jul    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente