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Mary Beard: “El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres”

La académica Mary Beard, la intelectual de moda en Reino Unido, se adentra con el pequeño libro ‘Mujeres y poder’ en uno de los debates más calientes del momento

La académica inglesa Mary Beard, retratada en Madrid. CARLOS ROSILLO

Fuente: PABLO GUIMÓN > Cambridge  |  EL PAÍS
10 de febrero de 2018

Contemplar a la gran experta en la Roma clásica conversar amigablemente por teléfono con un funcionario anónimo de Hacienda es una manera, tan buena como cualquier otra, de reconciliarse con la Humanidad. Como toda plebeya honrada, Mary Beard paga sus impuestos. En concreto, trata de convencer al funcionario de que debe dos mil libras a las arcas públicas. La presencia del periodista no impide a Beard desplegar sus intimidades fiscales y bancarias sobre la mesa de la cocina de aire campestre de su acogedora casa de Cambridge.

Beard, de 63 años, es la intelectual de moda en Reino Unido. Su vasto conocimiento del mundo antiguo y su proverbial talento divulgador, desplegados en obras como SPQR, permiten a Beard contextualizar y enfocar certeramente los debates contemporáneos. De ello da fe Mujeres y poder, un pequeño libro que publica en español Crítica y que, como anuncia su título, se adentra en uno de los debates más calientes del momento.

El funcionario examina su expediente y concluye que, lejos de deber dos mil libras, Beard goza incluso de un pequeño crédito a su favor. Sucede que había pagado de más. “Joder”. “Gracias, gracias”. “Es usted una joya”. Cuelga el teléfono sonriente y, para celebrar que es un poco más rica de lo que creía hace cinco minutos, descorcha una humilde botella de pinot griglio. Sirve dos generosos vasos e invita al intruso a encender la grabadora.

Pregunta. El primer ejemplo documentado de un hombre mandando a una mujer callar está en la Odisea. ¿Silenciar a Penélope, su madre, forma parte del desarrollo de Telémaco como hombre?

Respuesta. Necesitamos comprender que son problemas profundamente arraigados en la historia de la cultura occidental desde hace milenios. Con eso no quiero decir que estemos atrapados en ellos, pero debemos buscar soluciones diferentes. Cuando ves ejemplos de mujeres silenciadas en el mundo antiguo, es fácil concluir que forma parte de una discriminación general. Pero lo que muestra la Odisea es que es más que eso. Para dejar de ser un niño y convertirse en hombre, Telémaco debe aprender a callar a las mujeres. Es un silenciamiento mucho más activo. El poder del hombre está correlacionado con su capacidad de silenciar a las mujeres. Toda la definición de la masculinidad dependía del silenciamiento activo de la mujer.

P. Si las mujeres no son atraídas a las estructuras de poder, ¿por qué la inercia histórica es cambiar a las mujeres y no esas estructuras?

R. Pensamos en las estructuras de poder como masculinas y hacemos que las mujeres encajen, que cambien su comportamiento al acceder al poder. Acaban actuando, interpretando un guion. Pero no hay que cambiar a las mujeres, sino las estructuras. Hay que pensar qué es el poder, cómo hablamos de él, cómo está conectado a la celebridad, cómo son la imagen y el lenguaje asociados al poder. Veremos que es una versión extremadamente masculina. Poder es algo que tú tienes y yo no. Queremos grandes lideres. Pues no. Lo que queremos es grandes contribuidores. Cuando veo cursos de liderazgo en la universidad, me pregunto dónde enseñamos a la gente a ser seguidora. Un líder grande y macho con una pirámide por debajo es una de las maneras posibles, pero no la única.

‘El regreso de Ulises’, obra de 1508-1509 de Bernardino Pinturicchio, expuesta en la National Gallery. DEA PICTURE LIBRARY (DE AGOSTINI/GETTY IMAGES)

P. Se cumplen cien años del momento en que las primeras mujeres consiguieron el derecho a voto en su país, Reino Unido, y el derecho a ser elegidas diputadas. Pero hay estudios que demuestran que, aún hoy, el rol de las mujeres en los parlamentos sigue siendo el de promover legislación sobre asuntos relacionados con los intereses tradicionalmente asociados a las mujeres.

R. Y está bien. Alguien tiene que defender a las mujeres. Pero sigue dejándolas fuera de las estructuras masculinas de poder. Siguen siendo segregadas a la sección de intereses femeninos. Hay que estar agradecido, y si yo fuera una mujer en el Parlamento también querría levantarme por las mujeres. Pero sigue habiendo una diferencia. La gente escucha a las mujeres cuando hablan de asuntos de mujeres de una manera que no las escuchan cuando hablan de economía.

P. Usted misma, el primer libro que publicó, más allá del ámbito académico, fue un manual para madres trabajadoras (The good working mother’s guide, 1989).

R. Es fácil, le diré por qué. Cuando tienes hijos muy pequeños, dispones de basante tiempo, pero nunca en periodos largos. Media hora aquí, 20 minutos allá. No tienes tiempo de pensar, pero tienes bastantes trozos de tiempo. Yo buscaba algo que pudiera escribir en trozos. No puedes escribir un artículo académico con 20 minutos aquí, 30 minutos allá. Por otro lado, hay algo muy curioso al tener hijos: adquieres una cantidad enorme de conocimiento y experiencia práctica, y luego todo se va a la basura. Fue juntar esos trozos de tiempo con, de alguna manera, utilizar lo que conoces.

P. ¿Qué opina de la campaña global del #MeToo?

R. Está siendo muy importante. Las redes sociales son muy buenas para empezar las cosas, el problema es que un hashtag no cambia de hecho nada. Si quieres solucionar el problema, no es suficiente encontrar gente que lo señale en el pasado. Tienes que cambiar el equilibrio del poder.

P. En una reciente entrada de su blog en The Times Literary Supplement, quiso subrayar la diferencia entre comportamiento inapropiado ocasional y sistemático. ¿No defiende la tolerancia cero?

R. No creo en la cultura de tolerancia cero porque todos hacemos cosas estúpidas. ¡No quiero un mundo en que nadie nunca sea maleducado! Pero tampoco quiero un mundo en que la gente sea sistemáticamente inapropiada. Yo, en muchas ocasiones, he hecho cosas inapropiadas. No creo que deba ser lapidada por eso.

P. ¿Seguirá viendo películas de Woody Allen a pesar de su supuesto abuso de las mujeres?

R. He disfrutado de películas de Woody Allen desde que tengo memoria. Hay muchos aspectos de él que deploro. Pero me iré a la tumba pensando que Annie Hall es divertida. ¿Qué hacemos? Es difícil de saber. Esto es inaceptable, tío, pero también haces buenas películas. Tenemos que ser mucho más sofisticados que pensar que la gente es solo buena o mala. Hay que hallar la manera de lidiar con alguien que es brillante y horrible. Cómo manifestar nuestra desaprobación de algunos aspectos de la vida de alguien, mientras reconocemos otros.

Escultura de la diosa Atenea, en el Louvre de París. ALINARI/CORDON PRESS

P. Leerla y escucharla es comprender que las respuestas no suelen ser sencillas. Pero vivimos en un mundo que demanda respuestas simples.

R. ¡Esto es complicado! Cualquiera que diga que esto es simple es que no lo ha pensado a fondo. El papel de los académicos, y también el de los políticos, es decir, que la complejidad es buena.

P. ¿Cuánta complejidad cabe en 280 caracteres?

R. Cualquiera que use Twitter, yo incluida, dice cosas que no quiere decir realmente. Necesitamos un formato en el que la gente pueda expresar duda y complejidad. Debemos mejorar la conversación.

P. Los extremos monopolizan ciertos debates en redes sociales. ¿Tienen los más moderados la responsabilidad de intervenir?

R. Las redes sociales no han cambiado la manera en que la gente habla o piensa. Cuando yo era estudiante decíamos cosas horribles de nuestros profesores, pero lo decíamos en el bar. Twitter lo amplifica, y eso igual es bueno. Lo importante es que no tienes que decir que mi vagina huele a repollo para decir que no estamos de acuerdo. ¡Qué horrible sería un mundo en el que todos estuvieran de acuerdo! Yo tengo opiniones muy fuertes sobre muchas cosas, que encajan en los estándares del feminismo. ¿Querría que todo el mundo estuviera de acuerdo conmigo? Claro que no.

P. Su actitud la ha convertido en referente de muchas mujeres que quieren ser valoradas por sus ideas y no por su aspecto.

R. Es importante mostrar a la gente que puedes ser mayor y estar cómoda. Claro que me molestan ciertas cosas malas que dicen sobre mí, si no sería una psicópata, pero no me afectan demasiado. Y creo que es importante, especialmente para las chicas jóvenes, ver a una mujer mayor que está por ahí, que dice tacos, que habla de lo que sea y no es amedrentada por la gente que le dice que se calle.

 

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10 febrero 2018 at 9:50 am Deja un comentario

Beard exige a los diputados que no recorten presupuestos para enseñar latín

La historiadora británica Mary Beard ha exigido hoy a los diputados del Parlamento asturiano que no recorten los presupuestos públicos para la enseñanza del latín, una petición que, ha asegurado, le trasladaron ayer los alumnos del colegio ovetense con los que mantuvo un encuentro.

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La historiadora británica Mary Beard (c), premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, durante la visita que ha realizado hoy la sede del Parlamento asturiano. EFE

 Fuente: EFE – YAHOO Noticias

Oviedo, 20 oct.- “Ojalá el latín siga siendo una asignatura en este país, así me lo trasladaron ayer los chavales, así que, por favor, ¡no recorten los presupuestos para el latín!”, ha señalado de forma enérgica la premio princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016 durante un coloquio celebrado en la sede del Parlamento asturiano.

Ante los representantes de los seis grupos parlamentarios que componen la Junta General del Principado, Beard ha disertado bajo el título de “Enseñanzas desde el pasado” sobre la vigencia de la antigua Roma en el mundo actual, aunque, ha advertido, “no existen lecciones directas que aprender” del Imperio Romano.

“Cuando me preguntan qué tipo de político romano sería (Donald) Trump, la respuesta es que ninguno”, ha señalado la autora de “SPQR”, que, no obstante, sí ha reconocido que conceptos como el de la ciudadanía, la libertad o el de formar parte de una comunidad “civilizada” sí forman parte de la herencia de la antigua Roma

En la primera megalópolis del mundo, a la que como tal sólo Londres tomó el relevo ya en el siglo XIX, nadie habría entendido el concepto de “inmigrante ilegal”, ha apuntado, antes de lamentar que la evolución política posterior que dio origen a los Estados-nación siga dificultando aún hoy asumir que la idea de ciudadanía es “siempre” incluyente.

“Los romanos no eran majos, sus conquistas eran brutales, pero aportaron la sensación de un mundo unido y conectado por primera vez en el que una calzada permitía llegar de España a Roma”, ha apuntado tras subrayar que la base de ese imperio “no era agradable” y se sustentaba en una explotación “que hoy espantaría”, pero que, pese a ello, el hecho de que se conserven piezas de arcilla romana iguales en España, Gran Bretaña o Argelia sigue siendo “conmovedor”.

Roma, como capital de ese imperio, tenía asumido que era “una ciudad de extranjeros” cuya configuración ideológica pasaba porque “todos eran bienvenidos” y fue capaz de generar la idea de que se puede ser ciudadano de dos lugares a la vez, ha apuntado.

Ella misma ha asegurado sentirse así, británica y europea pese al “brexit”, pese a que la UE no haya conseguido superar su déficit democrático, lo que ha dado lugar a que su país tomase una decisión “inadecuada” en lugar de apostar por una Europa de identidades múltiples, y a la vez unida.

“A mí no me gusta que Europa sea homogénea, no quiero encontrarme las mismas tiendas en Francia que en España”, ha señalado Beard tras advertir de que la democracia, aun siendo “un bien innegociable”, es una palabra “que se utiliza mal” si consiste simplemente en que los ciudadanos voten cada cierto periodo de tiempo.

A su juicio, y el “brexit” es un ejemplo de ello, ha subrayado, votar sin información “no tiene sentido alguno” al igual que sería escandaloso para la mentalidad occidental que la gente votase con patrullas de policía a su alrededor obligándoles a hacerlo.

Feminista militante y con la sonrisa que lleva luciendo desde que llegó a Oviedo el pasado lunes, Beard, que asegura tener “mucho que contar” a su vuelta a la Universidad de Cambridge de su estancia en una zona de España que no conocía, ha lamentado ante los diputados el papel secundario al que la historia ha postergado a las mujeres.

“Hay quien dice que fue su esposa, Cherie, la que sugirió a (Tony) Blair que invadiera Irak”, ha bromeado la catedrática de Clásicas, premiada tanto por su rigor académico como por su labor divulgadora sobre la antigüedad grecolatina.

 

20 octubre 2016 at 4:48 pm 1 comentario

Mary Beard considera “fundamental” el estudio de las Humanidades para formar a la ciudadanía

La ganadora del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, la historiadora Mary Beard, ha pedido un mayor compromiso de las Administraciones con el estudio de las Humanidades en los programas educativos. Considera que es “fundamental” para construir la sociedad.

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Mary Beard (EUROPA PRESS)

Fuente: EUROPA PRESS  |  20minutos.es

OVIEDO, 18 de Oct.- Beard ha sido la primera galardonada en comparecer en rueda de prensa en la XXXVI edición de los Premios Princesa de Asturias que cada año concede la Fundación de mismo nombre. La historiadora ha dedicado sus primeras palabras a todos los que trabajan en el estudio del mundo antiguo, y ha lamentado que esta materia parezca “optativa” y prescindible en épocas de austeridad.

Las Humanidades, ha dicho, corren el riesgo de parecer “bonitas pero no necesarias” y la labor de quienes las estudian es “afirmar y defender la idea de que el estudio de la Historia y las Humanidades no es un extra optativo que está bien cuando las vacas vienen gordas y que se pueden suprimir en vacas flacas”.

A su juicio, “sería horrendo” imaginar un grupo de ciudadanos que crezcan “sin ningún sentido de pensamiento y análisis históricos” o sin cultura literaria. “Las Humanidades no son gratis ni baratas, pero son fundamentales para crear el tipo de ciudadanía que queremos tener”, ha resumido, para defender después que las Humanidades van “de la mano” con la inversión en ciencias. “No queremos un mundo en el que haya cambios enormes y progresos tremendos en las tecnologías que no vayan acompañados de la existencia de filósofos que nos ayuden a dar sentido a todo esto”, ha afirmado.

“LA HISTORIA ES ALGO QUE TENEMOS QUE AFRONTAR”

La historiadora, al ser preguntada por la recuperación de la memoria histórica en España, ha establecido un paralelismo con el imperialismo británico, afirmando que la historia “es algo que tenemos que afrontar”. “No podemos hacer ‘photoshop’ de las cosas que no queremos ver y dejar de examinar los componentes porque va en contra de lo que es la historia”, ha subrayado. “No vamos a adelantar nada corriendo un tupido velo, es incómodo pero es así”, ha dicho.

Así, ha hecho referencia a la retirada de una estatua de un benefactor de Oxford y personalidad relevante del imperialismo británico. Beard ha explicado que un sector quería retirar la estatua para no rendir homenaje “a un hombre así” pero que, por otro lado, es necesario mirarle “cara a cara” y darse cuenta de que de él ha procedido parte del dinero con que cuenta Oxford. “Salvo que se examine esto no vamos a poder progresar”, ha señalado.

Catedrática de Clásicas en la Universidad de Cambridge y miembro del Newnham College, es una de las especialistas sobre la Antigüedad más relevantes y una de las intelectuales británicas más influyentes. El jurado encargado de conceder el premio ya ensalzó en mayo de este año su “sobresaliente contribución al estudio de la cultura, de la política y de la sociedad de la antigüedad grecolatina”, valorando su capacidad para integrar el legado del mundo clásico en el presente.

“HAY QUE ACEPTAR QUE LA DISCRIMINACIÓN ESTÁ INTEGRADA EN LA CIVILIZACIÓN”

La historiadora, conocida también por sus ideas sobre el feminismo, ha observado con “no demasiado pesimismo” la situación en occidente y en concreto en Europa, respecto a la discriminación de las mujeres. Así, ha recordado que se ha vivido una revolución del poder femenino. “Cuando era estudiante solo el diez por ciento eran mujeres, y ahora son el 50 por ciento”, ha destacado.

Aún así, ha reconocido que aún queda mucho camino por recorrer, no sin asumir que “la discriminación está integrada en la civilización occidental”. “Algún día podremos decir que una mujer es ambiciosa y que sea un elogio, pero hoy en día no es así”, ha lamentado.

En este punto se ha referido a amenazas que ella misma ha recibido a través de las redes sociales por su trabajo y ha incidido en que los discursos antifeministas y “antimujer” los esgrimen “los tristes, borrachos y desinhibidos”. Lo importante, ha dicho, es mirar cara a cara a estas personas “y decir, cállate”.

 

19 octubre 2016 at 12:50 pm 1 comentario

Mary Beard: ‘La Historia nos enseña a observar con profundidad, pero no te da respuestas’

¿Cómo se contaban los romanos a sí mismos el significado de ser romanos? ¿Cómo de ancho era el mundo en el que vivían? ¿Cómo amaban? ¿De qué se reían? Todas esas preguntas caben en S.P.Q.R (Crítica), el libro que sintetiza la carrera de la Premio Princesa de Asturias en la categoría de Humanidades.

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La historiadora inglesa Mary Beard, autora de ‘S.P.Q.R.’. / ÁNGEL NAVARRETE

Fuente: LUIS ALEMANY  |  EL MUNDO
7 de octubre de 2016

– P. Hay un momento de S.P.Q.R. (Crítica) en el que cuenta que los romanos se reían de sí mismos.
– R. Sí. Estamos ante una cultura que es capaz de imaginarse vista desde fuera y de encontrarle la gracia. Es algo nuevo en la Historia y ocurre porque los romanos viajan por todo el mundo, se encuentran con perspectivas diferentes. Tenemos muchas buenas razones para desaprobar al Imperio que conquista y somete, pero una de las cosas que ennoblecen a Roma es su capacidad para entender cómo pensaban los otros. Esto se puede ver en la comedia desde muy temprano. No hablamos del siglo II d.C.; hay un sentido de la autoironía ya desde el siglo III a.C.

– ¿Y se gustaban en los ojos de los otros?
– Les gustaba tener esa perspectiva ajena para tener un manera con la que responder a la pregunta de qué significa ser romano. Diría que los romanos se gustaban a sí mismos y se odiaban a sí mismos. En el siglo II, Tácito puso en la boca de los británicos una frase tremenda: «Ellos», refiriéndose a los romanos, «crean un desierto y lo llaman paz».

– Ahora cuénteme del amor romántico.
– Ese tema tiene truco. Hay dos visiones que tenemos que hacer compatibles, aunque no sea fácil. Si nos ponemos foucaltianos, diríamos lo que había eran relaciones de poder expresadas a través del sexo. Poder masculino, poder de fuertes sobre débiles… El matrimonio romano empieza con una violación, la historia de Roma está llena de violaciones con valor simbólico. El problema es que eso no encaja con la literatura romana que conocemos, que va de chico conoce a chica. Se parece mucho a nuestro amor romántico. Puede ser que estemos aplicando nuestra visión contemporánea, masculina y occidental del amor romántico a la literatura romana, puede ser… Pero ésa no es toda la explicación. En la universidad nuestra nos enseñaron que el romanticismo era algo había que descartar, que no tenía nada que ver el trabajo que teníamos que hacer como investigadores. Pero intente ver teatro romano sin pensar en lo que hoy entendemos por impulso romántico… No entenderá nada.

– Le pregunto por el humor y por el amor, porque tendemos a pensar en los romanos como gente muy cercana. Es fácil verlos como semejantes.
– Sí, lo son. Nos enseñaron a admirar a Atenas, a tenerla en un pedestal. Sócrates, los filósofos, la democracia… Ésa no era la realidad de Atenas, claro, pero es la imagen que tenemos. En cambio, con los romanos seguimos conviviendo. Hay construcciones romanas en nuestras ciudades, en el colegio nos llevaban a ver villas romanas, tenemos una noción de su vida domestica… En vez de la democracia, ves el lavabo. Y eso nos queda un poco para siempre. Los romanos nos parecen reales: son divertidos y pomposos… Son terrenales.

-También es porque pensamos en Roma como un nación de clase media… ¿Lo era?
– Depende de lo que entendamos por clase media. La gente de las ciudades que no estaba en la pequeña élite pero que tampoco era pobre ni esclava, ¿era clase media? Sobre eso también se debate. Bueno: llamémosle gente normal. Si uno investiga en las ruinas de Pompeya o de Herculano, pero también en los pueblos de España, es muy difícil no ver que había mucha gente normal. Hay muchas tumbas con lápidas, y si hay lápida, el que descansa ahí no era pobre. Yo sí diría que había una clase media.Familias con sus apartamentos de dos habitaciones, sus pequeños negocios… Y, sobre todo, eran muchas.

– ¿Clase media educada?
– De nuevo, vuelvo a Pompeya, que era una ciudad de provincias muy normal, Vamos a buscar en los burdeles. Los burdeles no estaban hechos para los ricos, porque los ricos tenían sus esclavos sexuales. Se dirigían a la gente normal. Bien, pues estos burdeles tienen las paredes llenas de inscripciones, donde los clientes dejaban sus experiencias.

– ¡Como Trip advisor!
– Exacto. Ponían cosas como Hic ego puellas multas futui, «aquí me lo monté con muchas chicas»… Cualquiera que busque en Pompeya sabrá que las habilidades básicas de lectura y escritura, y no estoy hablando de leer a Virgilio, estaban muy extendidas.

– Siempre pensamos que Roma era una nación con una determinación especial para competir y para vencer. Pero…
– La gente ve Roma como una cultura militar. Bueno sí, lo era, pero no hay señales que indiquen que más que sus vecinos. Todas las culturas del Mediterráneo antiguo estaban altamente militarizadas. No es que estallasen las guerras; estallaban las paces. La paz era la anomalía La cuestión, entonces, es otra: ¿por qué ganaron los romanos, si todos estaban igual de militarizados? Porque es verdad que ganaron muchísimo, tuvieron mucho éxito. ¿Cuál era su ventaja? La única respuesta plausible era el poder demográfico. Tenía más soldados. Las batallas no se ganaban por estrategias, disciplinas o tecnología… Las guerras las ganaba quien tuviera más soldados. Y Roma, al extender su ciudadanía, conseguía tener cada vez más soldados. En la época de Aníbal era objetivamente invencible porque sus recursos eran enormes gracias a sus conquistas y a la ciudadanía.

– Leí un libro sobre la relación del III Reich con los países que estaban en su órbita. Decía que los nazis tenían la lógica mercantil de un pirata: llegar, llevarse toda la riqueza que pudieran y marcharse.
– Pero es que la política de los nazis ha sido la normal a lo largo de la historia. Llegas, tiras la muralla, violas a algunas mujeres, llenas tu saco y te vas, «muchas gracias, encantado». Roma aseguró su éxito al seguir un modelo opuesto. ¿Cómo se les ocurrió? Es un misterio. ¿Había una pequeña élite de gente muy inteligente que entendía qué era lo que estaba pasando? Puede ser, pero no hay pruebas.

– Para el hispano, el galo o el isrelita… ¿era un buen negocio tener a Roma?
– Para la élite sí. Los romanos atraían a la élite de sus conquistados porque les ofrecían la ciudadanía y, a partir de ahí, un camino quizá hasta la gloria, como Adriano. En realidad, los romanos reconocieron ese mecanismo en la historia de su fundación. Rómulo ofreció Roma como una ciudad de acogida a los criminales de otras ciudades.

– ¿Y para los que no eran élite?
– Depende del recaudador que tuvieran. En el Inglaterra, por ejemplo, la vida del campesino no cambió entre el 500 d.C. y el 500 a.C.

– Ahora, hábleme del lujo.
– El lujo es uno de los temas más interesantes en Roma. Tenía un sentido moral. Si tuviésemos aquí a un romano del siglo I a.C., y le preguntáramos ¿cuál es el problema del imperio? seguramente nos contestaría que el lujo. El lujo es el premio que viene del imperio pero el lujo es lo que erosiona al Imperio. A algunos romanos les encantaba el lujo pero la mayoría sentía que dañaba la virtus romana. Fíjese que Tácito dijo que los británicos eran los que representaban las verdaderas virtudes romanas porque Roma estaba contaminada por el lujo.

– La tentación es ver el final de Roma como una crisis postmoderna: gente que ha dejado de tener deseo e ímpetu porque vive demasiado cómodamente…
– No es una visión justa. Desconfío siempre en ese discurso del «final de una era». Si estuviéramos en el final de una era, no nos daríamos cuenta. Piense que siempre ha existido la tentación de pensar que estamos asistiendo a una nueva decadencia de Roma.

– La pregunta no es si nos parecemos a los últimos romanos sino si los últimos romanos se parecían a nosotros.
– Se parecían pero en otro sentido: el imperio se hizo demasiado grande y la burocracia invadió todo. ¡El papel gobernaba! Y Roma perdió su capacidad de adaptarse.

– Todos estamos tentados a hacer paralelos entre la actualidad y el mundo grecolatino. Para cualquier noticia, el Brexit o Trump o el Estado Islámico, podemos encontrar algo en la Antigüedad.
-A veces me divierten estos juegos y otras veces me irritan. Me preguntan: ¿qué hubieran hecho los romanos con el Brexit? Amablemente les explico que esa pregunta no procede. Mire, hay muchos motivos para mirar a la Antigüedad, hay temas como la ciudadanía y la libertad que son comunes, y estudiarlos nos puede ayudar. Pero no esperen respuestas. La historia enseña a mirar con profundidad, pero no te da respuestas. Dicen: «No deberíamos haber invadido Irak; mirad lo que le pasó a Trajano». Pues no. Nunca debimos invadir Irak pero no por Trajano.

 

7 octubre 2016 at 5:17 pm 1 comentario

Estudiantes segovianos celebran el Día de la Fundación de Roma

La Asociación Internacional Alma Clásica inaugura su andadura festejando entre los estudiantes el Día de la Fundación de Roma

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Jóvenes vestidas de romanas, este jueves, en la avenida del Acueducto. Antonio de Torre

Fuente: CARLOS ÁLVARO > Segovia  |  El Norte de Castilla   21/04/2016

Quieren promover entre los jóvenes el conocimiento de los valores humanísticos del mundo clásico porque están convencidos de que mirar hacia atrás para aprender del pasado es una buena manera de afrontar un futuro mejor. Esta es una de las máximas de la Asociación Internacional Alma Clásica, que este jueves ha reunido en el Azoguejo a decenas de alumnos del IES Andrés Laguna. Vestidos de romanos, los participantes conmemoraron el aniversario de la fundación del Imperio Romano, culminando así una serie de actividades y talleres encaminados al conocimiento de la antigua Roma.

«El objetivo es que los jóvenes sean conscientes de la importancia del legado cultural, tanto material como inmaterial, que hemos recibido de Roma y de todo el mundo clásico en general, especialmente en estos tiempos que corren, cuando resulta más necesario que nunca contar con ejemplos edificantes. No se trata tanto de estudiar las culturas romana y griega, como de constatar su actualidad, su pervivencia en el mundo moderno. Y aquí, en Segovia, estamos rodeados de referentes: no hay más que mirar el Acueducto», afirma la presidenta de Alma Clásica, Mónica Durán, doctora en Filología Clásica y Lingüística Indoeuropea y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y del IES Andrés Laguna de Segovia.

Esta es la primera actividad que organiza Alma Clásica, su carta de presentación, pues la asociación echó a andar el pasado 22 de marzo. Se trata de una organización de carácter cultural, con sede social en Segovia, cuyo objetivo principal es difundir los modelos éticos y los valores de la cultura clásica entre los jóvenes. La asociación cuenta ya con asociados en diversas partes del mundo y tiene previsto impulsar actividades similares a la de ayer en países como Estados Unidos.

«Es fundamental mirar hacia atrás para contar con la experiencia del pasado. El mundo de hoy marcha muy acelerado y a veces perdemos de vista los valores esenciales, los valores humanos y humanísticos de siempre. Así que a través del conocimiento de los clásicos y de la huella que dejaron, por ejemplo, en Segovia, queremos llegar a los jóvenes, pero también a la sociedad en general, como formación, como educación», añade Durán.

Los muchachos han aprovechado estos días para representar obras de teatro, preparar vídeos y participar en visitas guiadas y talleres que les han mostrado distintas facetas de la vida en la antigua Roma: numismática, escritura antigua, cocina, cerámica, juegos, etcétera. El colofón ha llegado con una foto de familia, vestidos a la usanza del Imperio Romano, a los pies del Acueducto.

 

21 abril 2016 at 8:12 pm Deja un comentario

“¿El latín y el griego lenguas muertas? ¡Pero si tenemos toda nuestra cultura hecha sobre ellas!”

Me he permitido la licencia de cambiar el encabezamiento a esta interesantísima entrevista al arqueólogo y antropólogo Emilio Rodríguez Almeida que publica hoy El Norte de Castilla y cuya lectura recomiendo.

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Rodríguez Almeida ha consagrado buena parte de sus investigaciones de los últimos años al patrimonio de su provincia natal

El arqueólogo y antropólogo abulense Emilio Rodríguez Almeida se cuenta entre los pocos españoles que se atreven a rebatir a los grandes expertos internacionales en el mundo clásico. Miembro de la Academia Pontificia de Arqueología de Roma y del Instituto Arqueológico Alemán de Berlín, este humanista sabio alcanzó notoriedad hace años gracias a su investigación del Monte Testaccio, en Roma, una colina artificial que oculta 50 millones de ánforas de aceite procedentes, en su mayoría, de Andalucía. Premio Castilla y León de Humanidades, Rodríguez Almeida encuentra en la cultura latina no solo las fuentes del conocimiento de lo que somos, sino un acicate para afrontar la vida con una exigencia personal al margen de modas.

-Usted es un entusiasta defensor de la cultura clásica. No sé si esta frase de Horacio, el autor de las ‘Odas’, es aplicable a los tiempos de crisis que vivimos: «Lo que hace falta es someter las circunstancias, no someterse a ellas».

-Tengo por Horacio adoración. Es el más grande poeta latino, no hay duda ninguna. El más cercano a los hombres, y el que mejor los entendía. Está muy por delante de Virgilio, con toda la grandeza de Virgilio y la amistad que había entre ellos.

En general todos dependemos mucho más de las circunstancias que de la sustancia. Dependemos de la televisión, el whatsapp, o los teléfonos móviles. La gente está loca por las comunicaciones, que, al fin y al cabo, son sólo circunstancias, aunque puedan ser más o menos necesarias. Pero la sustancia es otra: la propia formación, el propio modo de ver el mundo, el modo de ver a la persona humana a nuestro alrededor. La política y la economía son también circunstancias que nos envuelven y nos enredan.

-Esta otra cita, también del poeta de Venosa, quizás diga algo de cómo hemos llegado hasta aquí: «El tiempo saca a la luz todo lo que está oculto, y encubre y esconde lo que ahora brilla con el más grande esplendor».

-Eso es verdad. Ha sido siempre así, y ya lo era en el mundo romano. La gloria del imperio era el esplendor. Por debajo, en cambio, está el hombre, y la grandeza del hombre no es ese esplendor puramente externo.

-Otros pensadores clásicos, como Séneca, nos aportan otras claves para el presente, desde sus 2.000 años de distancia: «No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas».

-Vivimos todos muy acomodados, muy envueltos en las cosas y vamos muy poco a la sustancia. El ritmo de vida que llevamos no deja tiempo para calar al interior de nuestras almas. ¿Cuándo piensa hoy el hombre en su alma? Prácticamente nunca. Solo alguna vez, si es un hombre que tenga alguna fe, se acuerda de que debe cultivar su propia alma, que existe.

-¿Y cuántos de los problemas sociales que acumulamos en la administración, la justicia, la educación, y tantos otros responden a esta pereza a afrontar los desafíos complicados?

-Casi todos. Si no fuera así, no tendríamos la crisis espantosa que tenemos hoy en día. Que no es una crisis solamente de tipo material, de tipo económico; sino que es una crisis de valores. En el caso de la política se ve claro. No piensa nunca en valores, sino en votos; piensa en el modo como puede seguir gobernando.

-¿En qué medida una sociedad que debilita su preocupación humanística debilita su capacidad para afrontar estos retos?

-Hoy día ya sabe que en las cuestiones de formación del pensamiento lo que más vale es lo que tiene que ver con intereses de tipo material. Hoy día se cuida mucho más la técnica, la física, los artilugios del mundo en que vivimos.

-«La adversidad no es una desgracia, antes bien, el sufrirla con grandeza de ánimo es una dicha», afirmaba Marco Aurelio. Si algún líder, político o social, se atreviera a proferir esta frase en público muchos la interpretarían como una provocación.

-Seguramente, porque ahora nos es tan extraña este tipo de cultura profundísima que ya no la podemos entender y parece una provocación. Ya no sentimos la cultura clásica como nuestra. Se dice que el griego y el latín son lenguas muertas. ¡Pero si tenemos toda nuestra cultura hecha sobre ellas! ¡Cómo van a ser lenguas muertas! Y, sin embargo, actuamos como si lo fueran. Para nosotros la cultura clásica está prácticamente muerta. Persiste todavía en ciertos márgenes de nuestra vida cultural, en las universidades por ejemplo, donde se la aprecia. Pero lo que no se hace es apostolado en su favor. Existe una distancia con respecto a la cultura clásica que es muy lamentable.

-Habrá quien piense que se trata de una distancia irremediable. Que somos distintos de aquellos hombres.

-Ahí están las ‘Consolaciones’, que son una maravilla. Pero nuestros críticos de literatura las leen y dicen que Séneca manejaba clichés, cosas de filosofía barata. Pero Séneca no era un filósofo barato. Sus ‘Consolaciones’ son el reflejo de la vida humana. Todo lo que se puede pensar, todo lo que se puede decir, todo lo que se puede reprochar al ser humano de hoy día es exactamente lo mismo que ya entonces los estoicos, o los mismos epicúreos, reprochaban a sus propios contemporáneos.

-Quizás uno de los rasgos que caracterizan nuestro presente es su desinterés por esa gloria que tanto motivaba a los clásicos.

-Esa es la clave. Ahí está la raíz de muchos de nuestros males. Cicerón explica: «Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria», cuanto más difícil, más ilustre es el triunfo. El pequeño enemigo no te da grandes glorias; es un gran enemigo el que te puede dar ese resplandor del que habla la cita.

-¿Es un problema de pérdida de ambición, o de que ahora la única ambición que concebimos es la de ganar dinero?

-Dinero o poder, que al fin y al cabo son la misma cosa, dos partes de la misma moneda. Nos interesa lo que da poder -que puede ser el dinero, o la intriga- que permite llegar a un puesto donde se puede imponer un juicio, una conducta, o leyes incluso.

Tengo 83 años. He tenido tiempo de desencantarme de todo lo que pensaba que sabía cuando era joven. O de todo lo que pensaba cuando era joven. Estoy al borde ya de mi despedida. Gracias a Dios yo he tenido una gran riqueza personal que me han dado, que me han regalado. Vivo de ella y sé que lo que nos cuentan los filósofos del pasado es tan parejo con lo que nos sucede hoy que parece como si nos viéramos en un espejo.

-A veces tenemos la tentación de pensar que somos muy especiales. Que en nuestra época ocurren cosas que no han sucedido nunca antes. Y probablemente no es cierto.

-Esto es algo muy de hoy día. Pero si no somos nadie, o ‘naide1, como dirían en Castilla. Somos un episodio mínimo en una historia general que toca a millones de hombres, de los cuales la inmensa mayoría ya no existen. Pero, al menos, nos queda lo que los más ilustres han dicho y nos han enseñado, que se calca literalmente sobre nuestra vida. Si queremos pensarlo, claro.

-La experiencia de los clásicos también demuestra que existe una cierta distancia en el modo de abordar los problemas. «Lo que las leyes no prohíben, puede prohibirlo la honestidad», afirma Séneca. No estoy muy seguro de que esto se aplique en la España del siglo XXI.

-Es de aplicación si tenemos formación. Si no la tenemos es imposible. Lo que podemos decir es que quien ha dicho esa frase, y otras muchas frases maravillosas que nos enseñan tanto, era gente que pensaba. En sí mismos, en primer lugar. Hoy día la gente no piensa mucho en el comportamiento propio.

-Probablemente la distancia mayor entre los pensadores clásicos y el presente está en la relación con las pasiones. Allí donde los estoicos recomendaban contención, hoy se predica y practica el desbordamiento. Esta frase de Seneca: «No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea», por ejemplo, choca frontalmente con el discurso de la publicidad.

-También entonces se decía aquello de que «tanto tienes, tanto vales». A través de los tiempos ha sido siempre así. Pero no conviene que olvidemos que, siendo una constante, es lo peor del ser humano de aquellos tiempos y lo peor también del ser humano de nuestro tiempo. La madre del cordero es nuestra formación. Los que tienen mucho dinero, como los banqueros, o los que tienen mucho poder, no son los paradigmas. Eso no es el hombre. El poder y el dinero son las quincallas del hombre.

-Su trabajo arqueológico más destacado fue la investigación del Monte Testaccio, en Roma.

-Estaba abandonado desde hacía cien años y yo me preocupé de ponerlo de nuevo en circulación porque me parecía que tenía un gran interés para nosotros, porque lo que había allí eran ánforas de aceite procedentes de España, en un momento en el que el aceite tenía un valor muy superior al que tiene hoy. Y conviene tener en cuenta que no todas las naciones del mundo romano tienen un monte que sea enteramente español. Por desgracia mi trabajo no ha dado mucho fruto. Los españoles que escucharon mi voz entonces creí que la escuchaban con la intención de sacarle todo el jugo al proyecto, pero al final ha pasado como con tantas cosas, que no se ha estudiado de verdad y mi investigación ha sido masacrada y copiada en otros libros sin que se avanzara. El Testaccio ha sido para mí una gran desilusión.

-¿Está suficientemente cuidado y atendido el legado romano de Castilla y León?

-Algo se está haciendo. No está muy profundizado, pero hay profesores e instituciones que están trabajando en este campo. Aunque no todo lo que tendríamos que hacer.

-¿Tenemos suficiente patrimonio romano para sacar pecho?

-Claro que podemos sacar pecho. Lo que pasa es que tenemos que conocerlo bien. De las villas romanas de Castilla y León conocemos un 10% o menos. La Olmeda, Puras, San Pedro del Arroyo… y hay muchísimas más. Pero ¿quién se ha ocupado de hacer una catalogación con medios aéreos? Nadie, y sin embargo desde esa perspectiva son perfectamente visibles los restos de una villa romana. Incluso los que están bajo tierra y que nadie aún conoce o ha excavado. Falta una catalogación detallada de todas las villas romanas de Castilla y León. Que son muchísimas.

-¿Se puede dar un número aproximado?

-Para mí es difícil porque no conozco el resto de las provincias como conozco la de Ávila. Pero aquí tenemos cinco o seis. Multiplique por nueve y verá las que salen. Y Ávila no es la provincia más rica. Las provincias situadas en la llanura del Duero son más conspicuas seguramente.

-Dentro de esta crisis que tenemos en nuestra relación con el pasado, parece que el patrimonio es de lo poco que se salva.

-Sí, pero cuando oye usted hablar a los políticos lo que dicen es que el patrimonio y la cultura no dan dinero. Esta es la ignorancia más crasa que existe. Si no nos da dinero eso, ¿qué lo da? ¿A qué vienen aquí, a vernos nuestra cara?

-Una peligrosa tendencia actual invita a someter la cultura y el patrimonio al turismo.

-Es una ecuación que hay que invertir: primero es la cultura y el patrimonio, y después viene el turismo. No al revés. Por tanto, la riqueza es el patrimonio. Por eso se llama así, patrimonio, lo que nos legaron nuestros padres. El turismo es la consecuencia económica derivada. Pero meterlo en la cabeza de la gente es difícil, porque hoy día se piensa todo en términos de dinero.

En Burgo de Osma está el único manuscrito que existe en España de la Apoloquíntesis, que es un libro que se atribuye erróneamente a Séneca, pero que no por ello deja de tener interés. Estoy esperando que alguien se preocupe y que aporte algo de dinero para que algún investigador, yo mismo u otro, pueda estar un mes estudiando a fondo el documento.

-¿Por qué es tan difícil en España dar a los restos arqueológicos el trato que merecen? Da la sensación de que a menudo se consideran un patrimonio de segunda.

-Tenemos un concepto de monumentos que es falso. Es verdad que las catedrales son monumentos, pero no sólo ellas lo son. ¿Es menos monumento el puente romano de los Cobos en Solosancho? ¿O los doscientos y pico puentes medievales que hay en la provincia de Ávila? No, señor.

-Me refería más bien a los restos arqueológicos. Pareciera que su condición de testimonios fragmentarios o incompletos les privara de valor.

-Habría que decir entonces. ¿Usted se imagina que queda algo de verdad que conservar en Mérida? Lo que hoy pervive, algunas columnas, algo del anfiteatro, el puente y la alcazaba, son briznas de lo que era Mérida, una ciudad que fue la capital de la Lusitania. Pero la cultura es así, nos impone la obligación de salvar hasta la última piedra. Pero no es así como actuamos. Aquí, en Ávila, por ejemplo, son innumerables los monumentos que han desaparecido. El acueducto romano, por ejemplo, del que casi nadie sabe que existió. Todos los restos fueron destruidos y sólo queda un cachito dentro del convento de las madres de santa Teresa, con algunos arcos del acueducto.

Somos un pueblo sin memoria. Vamos por la calle presumiendo de nuestra muralla, pero apenas sabemos nada de ella. Para empezar no sabemos ni siquiera que existen restos que se remontan al siglo V, de cuando la ciudad se defendía de los ataques de los suevos. Si tuviéramos verdadera memoria nos preocuparíamos más por esto, o por el estado de puentes como el de Valladolid en Arévalo, que está en gravísimo peligro y es un puente romano maravilloso. Menos mal que se hizo la presa de las Cogotas y ya no llegan grandes avenidas. De lo contrario, cualquier día nos encontraríamos con que una crecida se lo lleva por delante.

-«El olvido es la muerte, por eso hay tanto muerto deambulando por las calles», declaró en una entrevista. ¿Tan desmemoriados estamos?

-Nos hemos condenado a no tener memoria. Nada más que la que nos interesa. Estos buscan la memoria histórica de los ejecutados por Franco, y aquellos recuerdan a los curas que mataron los republicanos a troche y moche en las provincias nuestras. La memoria verdadera no es eso, no es el recuerdo sectorial o subjetivo que nos inventamos. Y desde luego eso no es historia. Hoy se utiliza como arma para atravesar al enemigo. Pero esa es una memoria partisana, fanática, que más que ayudar a recordar, contribuye a que olvidemos lo que no nos interesa.

17 mayo 2014 at 1:33 pm 5 comentarios

Mary Beard, emperatriz de Roma

Jacinto Antón | EL PAÍS      29/03/2014

  • Mary Beard, especialista en clásicos de la antigüedad, domina el género con sus estudios y críticas
  • La británica sostiene que nuestros dilemas son los mismos que los de los tiempos de Cicerón

Mary_Beard

La autora de ‘El triunfo romano’ tiene un enorme impacto sobre la opinión pública. / Andrew Testa / Panos

Mary Beard (Much Wenlock, Reino Unido, 1955) está considerada hoy en día la más relevante e influyente especialista en los clásicos de la antigüedad, pero también una mujer de armas tomar. Autora de obras de referencia como El triunfo romano o Pompeya, espléndidas monografías sobre el Partenón o el Coliseo, o una apasionante pesquisa sobre la pionera de los estudios clásicos Jane Harrison, es asimismo una persona con un impacto directo sobre la opinión pública a través de su columna en The Times y su seguidísimo (y a menudo tan divertido) blog en Internet, que ha dado origen ya a dos libros muy populares. Catedrática de Clásicas en Cambridge, Beard, editora de temas clásicos del Times Literary Supplement, es a la vez una crítica temible, que te zarandea una traducción de Tucídides como un terrier a un conejo, despedaza (con extrema propiedad todo hay que decirlo) una biografía de Adriano o descalifica a un prestigioso —y algo pomposo— estudioso del mundo aqueménida sin que le tiemble el pulso. Tras observar cómo trata a gente tan docta en su último libro La herencia viva de los clásicos (Crítica), me dirijo a la entrevista con Mary Beard comprensiblemente acongojado, con la negra ansiedad en la grupa, que diría Horacio (“post equitem sedet atra cura”).

La historiadora vive a las afueras de Cambridge, en un tranquilo barrio de bonitas casitas, puro territorio Mister Chips, con chimeneas y amplias bibliotecas, en el que todos sus habitantes parecen ser profesores eruditos que consagran las tardes a releer a Eurípides, en griego. Por el temor a llegar tarde a la cita arribo tan pronto que tengo que esperar dando vueltas por el vecindario, cargando las flores que he comprado para propiciar a la estudiosa y también por compensarla un poco de la sucia campaña de ataques —con insultos misóginos y comentarios infames sobre su aspecto físico— que ha recibido de los troles de Internet tras hablar positivamente de los inmigrantes en un programa de la BBC. Llamo al final a la puerta y abre Beard. Me parece más joven, delgada y atractiva que en las fotos, pero igual de despeinada. Con algo de sibila, me digo, aunque trato de borrar de mi cabeza su descripción de cómo se sentaba la Pitia en su trípode con las piernas abiertas para que los vapores del espíritu profético pudieran entrarle en la vagina. La sigo por el recibidor y un pasillo lleno de libros apilados en el suelo y descendemos por una escalera hasta la amplia y abigarrada cocina —en un estante puedo ver una pequeña vitrina con dos mustélidos disecados— presidida por una larga mesa en la que se amontonan volúmenes de historia y papeles. No hay vino de una jarra sabina: la clasicista se prepara un café y me sirve un té. Le señalo un cuervo de plástico encima de la nevera, y, en un momento de feliz inspiración, le pregunto si es el de aquel pillo que se lo presentó a Augusto y que graznaba dando vivas al victorioso ganador de la batalla de Actium y vencedor de Antonio; previsor, el tipo tenía otro preparado que a quien adulaba era a Antonio, por si acaso (la historia la recoge ella en La herencia viva de los clásicos, en un capítulo sobre el sentido del humor de Augusto). Sonríe (he ganado un punto) y me relajo un poco.

El conocimiento de los clásicos antiguos ha tenido tradicionalmente un marchamo de high class en Reino Unido, apunto. “De alguna manera sigue siendo un sello de buena educación, el latín y el griego eran una forma de entrar en una élite sociocultural, aquí y en otras partes. La paradoja es que el conocimiento de los clásicos marca una frontera en el nivel de educación de una persona, pero a la vez está más extendido de lo que la gente admite”. Ante mi cara de sorpresa continúa con un brillo divertido en sus ojos grises —pura Atenea glaucopis—: “Los clásicos han invadido la cultura popular, desde la sitcom de 1969 de gran éxito Up Pompeii a la nueva comedia romana Plebs, pasando por tantas películas de sword & sandals, péplums. O ese Gladiator que tanto te gusta. En realidad, una cosa que muchos compartimos es haber sido conquistados por Roma. Eso hace que Asterix sea tan popular. La gente manifiesta una gran aprensión ante los clásicos, un miedo injustificado de que son extraños y difíciles, pero en realidad sabe mucho más de ellos de lo que cree. Todo el mundo sabe lo que son los gladiadores y no hay nadie que no reconozca lo que es una columna: sabes que estás ante un museo o un banco”. Levanto la cabeza del bloc y capto el malicioso destello de broma en la mirada de Beard. “En realidad usamos la cultura clásica todo el rato, aunque no nos demos cuenta. Hay que hacer a la gente más consciente de eso. Los bloques de construcción del mundo occidental tienen mucho que ver con los clásicos. Piensa en Dante, por ejemplo. Hay que estar en contacto con la cultura romana para formar parte de la civilización occidental. ¿Sabrías qué representa un cuadro con una mujer abrazada por un cisne si no conoces los clásicos?, ¿entenderías por qué es un cisne y no un pollo?”. Aprovecho la referencia a Leda y Zeus camuflado de ave y copulando complejamente para preguntarle por la obsesión romana por esa extraña pareja. “Es sexo extremo”, zanja.

“Nuestros dilemas son los mismos de los romanos”, continúa. “En el 63 antes de Cristo, Cicerón salvó la República conculcando el Estado de derecho, la ley. ¿Cuán lejos debemos llegar en suspender la ley, las garantías, para salvar al Estado? Guantánamo es Cicerón. Cuando pones juntos a Cicerón y el 11-S los estudiantes enseguida lo entienden. Compartimos muchas cosas con los romanos. Eso no es raro. Porque en buena medida hemos aprendido a actuar leyendo a Cicerón. Hemos aprendido a resolver nuestros dilemas morales, a pensar nuestras cosas, a través de los clásicos. Ciertamente, hay también otras influencias en la cultura moderna. No estamos prisioneros del mundo clásico”. Se refiere al cristianismo, claro. “Sí, y el judaísmo y tantas otras cosas. Pero hemos heredado el pensamiento griego y romano y a gente que ha hablado con ellos, que los ha leído y asimilado. Gladstone leía a Homero cada noche. Y esa lectura condicionaba su forma de pensar y hacer. No es solamente que los grandes pensadores y políticos que nos han influido estuvieran a su vez influenciados por los clásicos, es que los clásicos son herramientas para entender a esas figuras de nuestro mundo, lo que pensaban y por qué actuaban como lo hicieron”.

Los romanos tenían muchas cosas admirables, desde luego, acueductos, carreteras, el derecho, etcétera, pero ¿cómo podían juntar refinamiento y sabiduría con violencia como lo hicieron? “Eso es lo complejo, lo difícil, ver que eran tan parecidos y sin embargo presentaban algunos rasgos que nos inquietan. Hay que decir, sin embargo, que los romanos fueron los grandes críticos de sí mismos. Había muchas voces en Roma contra la corrupción, el militarismo, la injusticia”. Vaya, ¿por ejemplo? “Tácito. Recuerda el discurso de Calgaco, el jefe britano, que recoge en las páginas de Agrícola. ‘Los romanos, cuya soberbia en vano se evita con la obediencia y el sometimiento. Saqueadores del mundo, si el enemigo es rico se muestran codiciosos, si es pobre, despóticos’. Un discurso que culmina con las célebres palabras ‘a la rapiña, el asesinato y el robo los llaman por mal nombre gobernar y donde crean un desierto, lo llaman paz” (atque ubi solitudinem faciunt, pacem apellant). “¡Qué gran encapsulación de la conquista imperial! Lo más grande es que por supuesto esa arenga a las tropas que pone en boca del líder enemigo es en realidad obra suya, de Tácito. Lo admiro mucho, especialmente al autor de los Anales”.

¿Si nos encontráramos con un antiguo romano nos entenderíamos con él?, aparte de soportar difícilmente su aliento —Beard ha explicado que tenían muy mala higiene bucal—. “Es la gran pregunta, nunca lo sabremos. A veces son como nosotros, cuando lees las cartas privadas de Cicerón no es difícil pensar que es alguien con quien podrías cenar esta noche. Y otras, cuando ves cómo ese mismo Cicerón castigaba a sus esclavos o trataba a su hija, parece haber una gran distancia”. Un elemento que nos los acerca y al cual Mary Beard dedica su próximo libro es el humor. “Algunas bromas romanas son incomprensibles, pero sorprendentemente muchas parecen de hoy mismo y son chistes de hace 2.000 años”. Vaya, y ¿cómo era el humor romano? “Muy Monty Python, un punto absurdo, surrealista”. Cuéntenos un chiste romano, va. “Vale: ‘¿Pero no estabas muerto?’, ‘ya ves que no’, ‘no sé, no sé, me fío mucho de la persona que me lo dijo”.

Beard ha hecho una cierta reivindicación de algunos de los personajes más denostados de la historia romana. “Bueno, no imagino que Calígula fuera un tipo agradable. O Nerón. Pero la reputación de los emperadores estaba determinada por el que le sucedió. En caso de asesinato, el sucesor debía hacer propaganda negra del anterior. En términos de sucesión de poder tenías que decir que la muerte, el asesinato, del que te había precedido fue necesaria. Tiberio hizo bueno a Augusto que murió en la cama (quizá con alguna discreta ayuda), Claudio malo a Calígula. La historia está escrita por los sucesores”.

Aprovechando el palo que le da a la serie Yo, Claudio por alguna morbosa escena de, precisamente, Calígula —y que ella achaca al guionista y no a Robert Graves—, le digo a Mary Beard que es una crítica muy dura. “Es cierto que puedo parecerlo, pero tengo una regla de oro: nunca escribo nada que no diría a la cara”.

Con la intimidad que da la cocina y hablar de Virgilio, me atrevo a preguntarle a Beard por la violación que sufrió de adolescente en un viaje estudiantil a Italia, en un tren en ruta a Milán, un episodio del que ella misma ha escrito y que parece tener bien conjurado. “No hubo violencia, sino abuso de poder, y eso me reportó que algunos dijeran que yo había consentido. En realidad fue una violación en toda regla, como la de Lucrecia. Los clásicos lo hubieran entendido así perfectamente”.

Volvemos al sexo en Roma. Le digo que tengo un amigo que se ha hecho adicto al sexo romano, de tanto ver las series Roma y Spartacus, y la hago reír. “¡No me extraña! La antigua Roma ha sido muchas veces excusa y cobertura para pornografía. El caso es que lo romano parece todo desmesurado, larger than life, si me permites la expresión, los edificios, las esculturas, y también el sexo”. En la exposición sobre Pompeya en el British Museum, recuerda Beard, lo que más impactó a la gente fue la escultura de Pan copulando con una cabra en posición del misionero. “Una pieza así no se podría colocar en el museo, pero como son romanos…”. ¿Nos sorprendería lo que los romanos hacían en la cama? “No sabría decirte, no lo sé, ¿acaso sabemos todo lo que se hace y lo que no en nuestros días? En realidad oigo a gente y no doy crédito a lo que dicen que hacen. Supongo que exagerarán, pero no sé. Las reglas sexuales, lo que puedes hacer y no en una sociedad, son muy complejas. No sabemos lo que pasaba en la intimidad de un baño romano. La idea de que Roma era un lugar de gran libertad sexual es un cliché, como la participación de Mesalina en un concurso de putas. Mucho de eso son imágenes creadas por los cristianos para denostar el paganismo. Es cierto que los hombres romanos tenían miedo a la penetración, pero era una cuestión de posición”. Me quedo masticando la polisemia (es sabido que los ciudadanos romanos podían, ejem, penetrar, pero ser penetrados por alguien inferior socialmente se veía como humillante). “Los romanos no tenían el sentido de pecado cristiano evidentemente, pero vergüenza sí y culpabilidad también, aunque fuera otra”. Hablando de vergüenza, parece que la calvicie les provocaba mucha. “Sí, era algo insoportable para ellos, a Julio César lo desazonaba en gran manera. Había muchos chistes de calvos, nosotros los hacemos más de los sordos”.

¿El amor era igual? “El romántico en el sentido que le damos nosotros es una creación muy posterior, pero existía un amor muy intenso como prueban las lápidas funerarias y los poemas. Pero no es Sylvia Plath”.

Quedan tantos temas, ¡y se nos acaba el tiempo! (Beard tiene un compromiso académico). ¿Cuál era el secreto militar de las legiones? “Una combinación de poder de fuego, entrenamiento brutal y colaboración con las élites locales, que probablemente era lo más importante”. ¿El episodio más excitante de la historia de Roma? “¿Excitante?… Bueno, en un sentido muy gore escogería a Fulvia, la mujer de Marco Antonio, cosiendo a puñaladas con su horquilla del pelo la lengua de Cicerón en su cabeza decapitada”. Uh. ¿El romano más grande? “Es difícil elegir uno sin caer en el síndrome del gran hombre (grandes conquistadores = grandes carniceros). Mi personaje favorito es Eurysaces, un panadero”.

Marcho de casa de Mary Beard apurando preguntas mientras ella se apresura como un improbable cruce de Boadicea y Cenicienta. Amplus mulier. ¡Qué gran mujer!

29 marzo 2014 at 10:53 am Deja un comentario

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