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Carlos García Gual: “La mitología griega reconocía, al menos, el valor de las mujeres”

El escritor y académico de la RAE, Carlos García Gual. / D. C.

Fuente: PILAR VERA Diario de Sevilla
24 de junio de 2018

-La muerte de los héroes, las muertes de los héroes eran muchas veces ejemplarizantes, ¿qué se quería enseñar con ellas?
-A veces, las muertes de los héroes clásicos tenían un ejemplo de valor y, en ocasiones, había algo más: te topas con muertes casuales, extrañas, que muestran que el héroe es, en definitiva y a pesar de sus extraordinarias cualidades, humano, y es frágil; a pesar de toda su grandeza, al final no escapa de la muerte. La mayor parte de los héroes mueren jóvenes, casi como recoge la conocida frase. Forma parte del sentimiento trágico de la vida que tenían los griegos: la grandeza a veces se paga con el dolor o con la muerte, aunque eso no le quite brillo a la existencia.

“El latín y el griego te obligan a adaptarte a nuevas estructuras y a rehacer conceptos: te hacen pensar”

-¿Alguno de esos finales es especialmente significativo desde nuestra perspectiva?
-Es difícil recordar todos los casos. Hay muertes, como la de Aquiles, que están programadas de antemano, a su propio conocimiento. Hay otras que tienen un valor especial: Héctor, por ejemplo, sabe que va a morir y muere por su ciudad: un caso más moderno que el otro, aun dentro del mismo ciclo, porque arrostra la muerte para defender a los suyos (por eso que luego se definiría como patria y que se convertiría en un lema), no buscando la gloria personal. Y hay muertes muy extrañas, como la de Jasón, que se sienta en el barco, el mástil se cae y lo aplasta.

-Llama la atención el discurso de Aquiles en el inframundo en la Odisea: habiendo sido el epítome de la épica guerra, su fantasma confiesa que estar muerto no vale la pena.
-Siempre ha sido un discurso muy paradójico. Es como si el poeta de la Odisea quisiera rebatir el afán de gloria del poeta de la Ilíada: es un encuentro sorprendente porque, después de haber escogido morir joven, en el más allá confiesa que le hubiera gustado envejecer como fuera. También esto es muy propio de los griegos, ese sentido de la ironía trágica.

-¿Qué diferencias hay entre los héroes míticos y los del ciclo homérico?
-Los últimos son, fundamentalmente, guerreros, mientras que entre los del ciclo mítico hay más variedad. Heracles, después de todas sus grandes hazañas, se topa con la muerte al ponerse por accidente la camisa que había preparado su mujer, y que esta había empapado con sangre de centauro. Heracles muere entre terribles horrores cuando ha sido el gran héroe indestructible.

-En el libro, toma también el ejemplo de tres mujeres (Clitemnestra, Casandra y Antígona). ¿Por qué, viviendo las mujeres de la antigua Grecia en la sombra, encontramos luego unos personajes míticos tan potentes?
-Encontramos ejemplos femeninos muy suculentos ya entre las diosas, pero lo sorprendente es que aparezcan también en el mundo de los mortales. Una forma de ganar la inmortalidad, para las mujeres, era siendo rebeldes. Casandra desafía el poder masculino; Antígona se revuelve contra el poder y Clitemnestra es la rebelde absoluta, la que rompe todas las normas. La sociedad griega fue injusta con las mujeres como casi todas las sociedades antiguas pero, al menos en la mitología, a algunas se les reconocía ese valor y esa inteligencia.

-De Clitemnestra, Homero dice que su crimen “pesará sobre el resto de mujeres”. Es muy actual, o muy de siempre: si una mujer comete un error, pesa sobre todo el género.
-Lo pone en boca de Agamenón, pero algo de eso está ahí: los griegos veían a las mujeres más inteligentes un tanto peligrosas. Por ejemplo, está esa toma de poder que cuenta Aristófanes, que es un poco farsa, pero claro… la pregunta de que si tomaran el poder lo harían mejor que los hombres, está ahí. En gran parte del mundo árabe actual, por ejemplo, ni siquiera se hubiera permitido esa broma.

-El mundo clásico sigue despertando una gran fascinación, ¿por qué, entonces, no se defienden las lenguas clásicas?
-Existe una gran crisis en los estudios de las Humanidades, pero no es interna. Las Humanidades parecen no interesar nada al sistema educativo. La Filosofía y la Literatura están muy dañadas también, pero el Latín y el Griego, claro, son los más débiles. Existe un desdén por la enseñanza.

-Pero las competencias para desarrollar un lenguaje de programación y para traducir un texto de griego, por ejemplo, no son tan distintas a nivel cognitivo. ¿Por qué está diferencia de consideración?
-El esfuerzo de conocer otras lenguas un poco distintas (no es lo mismo latín y griego que inglés), que te hacen tener que adaptarte a nuevas estructuras y repensar conceptos, es muy importante. El latín y el griego ayudan a pensar: es curioso, por ejemplo, que cuando hemos realizado campañas sobre las clásicas y demás, siempre hemos recogido una gran simpatía proveniente de gente de ciencias.

La vigencia del mundo clásico

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) es escritor, crítico, traductor y catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid. Ha recibido en dos ocasiones el Premio Nacional de Traducción y publicado títulos sobre literatura clásica y medieval, filosofía griega y mitología, entre ellos Epicuro, la secta del perro; Sirenas. Seducciones y metamorfosis o Historia mínima de la mitología. Acaba de reeditar su clásico Diccionario de mitos y de publicar con la editorial Turner La muerte de los héroes.

 

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24 junio 2018 at 12:55 pm Deja un comentario

Carlos García Gual: “A los gobernantes no les interesa la formación cultural de la gente”

El helenista, elegido miembro de la RAE, considera que la batalla por el retroceso de las humanidades en la enseñanza “está perdida”

El helenista Carlos García Gual, en su casa de Madrid. ANDREA COMAS

Fuente: MANUEL MORALES > Madrid  |  EL PAÍS
1 de diciembre de 2017

Aquel niño con gafas de miope que se colgaba de las baldas de la biblioteca de su abuelo, en Mallorca, para coger libros de Julio Verne o Conan Doyle es, desde el pasado jueves, flamante miembro de la Real Academia Española (RAE). El helenista Carlos García Gual (Palma, 1943), catedrático emérito de Filología Griega en la Universidad Complutense de Madrid, profesor durante medio siglo en institutos y universidades, es la nueva silla J de la institución, en la que sucede al dramaturgo Francisco Nieva. Durante la media hora larga de charla, recibe ocho llamadas a su teléfono fijo (“tengo un móvil en un cajón que solo lo saco cuando voy de viaje”, dice) , pero, educado, prefiere no interrumpir la entrevista. Rodeado de un caos ordenado de miles de libros por todas las habitaciones, su talante amable, opuesto al del erudito de ceja alta, le lleva a hablar con pasión de Homero, Tintín o Juego de Tronos.

Pregunta. En abril se presentó a la silla M de la Academia con Rosa Montero y ninguno de los dos la consiguió. ¿Pensó que podía repetirse el disgusto?

Respuesta. Esperaba salir elegido [su rival fue el escritor gallego Alfredo Conde], pero siempre hay dudas. Lo que me sorprendió es que volvieran a proponérmelo tan pronto después de lo que sucedió con Rosa Montero. Creo que había un cierto malestar en algunos académicos.

P. ¿Qué puede aportar un helenista a la RAE?

R. Aún no tengo una idea precisa, pero puedo opinar del léxico culto formado por helenismos. También de palabras nuevas que se forman con prefijos o sufijos griegos como ha ocurrido con turismofobia o las que surgen en el vocabulario científico y técnico.

P. ¿Por qué ha dedicado su vida al mundo griego?

R. Nací y viví de niño en Palma. Mi padre, militar, fue destinado a la costa catalana e hice el Bachillerato, en parte, en Figueras [Girona]. No hablo mallorquín ni catalán, pero los entiendo. Tengo simpatía por el mundo mediterráneo, por su paisaje, la gente… En las islas griegas me siento en un entorno familiar y eso que no sé griego moderno, pero sí el antiguo. Cuando voy allí me entiendo con la gente de los puertos, los taberneros, pescadores. En realidad, les dejo hablar y les doy unas palmaditas, es que los griegos hablan muy deprisa, pero nos entendemos. El griego moderno tiene mucho vocabulario culto del antiguo.

P. ¿Cómo ve un mallorquín que vivió en el Ampurdán lo que está ocurriendo en Cataluña?

R. Me disgusta y apena. Usar la lengua como barrera o como un trampolín para subirte y marcar distancias con otros… el separatismo es lamentable y mezquino.

P. Hace 20 años ya alertaba de la “honda crisis” de las Humanidades en la enseñanza.

R. La batalla de las Humanidades es una batalla perdida porque a los gobernantes no les interesa la formación cultural de la gente. Van a lo rentable, que la gente estudie para sacar un oficio, ganar dinero, producir y consumir. Que los ciudadanos sean más tontos o listos les da igual. Las Humanidades abren un horizonte mental. Lo de hoy es un retroceso en literatura, historia, en todo lo que tiene carácter universal.

P. ¿Cómo puede convencerse a los jóvenes de que leer a los clásicos no es un rollo?

Carlos Garcia Gual, durante la entrevista, en su casa de Madrid. ANDREA COMAS

R. No hay una receta clara, porque ha habido un cambio de costumbres y de mentalidad. Ahora están pendientes del móvil y leen menos. Aunque hay niños pequeños que tienen libros infantiles muy bonitos y les gusta la mitología por su carga fantástica. Eso habría que aprovecharlo pero es difícil combatir la tendencia. La Odisea se puede leer hoy como antes. Los clásicos no son difíciles, es más difícil leer La divina comedia.

P. ¿El mal llega también a las universidades?

R. Las que yo conocí eran más críticas, se leía más fuera de las clases. Hoy, los profesores son más mediocres, también los hay buenos, pero hay menos que destaquen. La universidad desilusiona porque, a veces, es un mundo de eruditos pesados que solo saben de lo suyo, se enredan. Hay que enseñar que aquel mundo tenía una fuerza dramática fantástica.

P. Entonces, ¿qué es un sabio? ¿Lo es usted?

R. No… yo soy un lector bastante omnívoro. Me ha interesado la literatura en general, he escrito de Epicuro pero también del rey Arturo. A mi padre le gustaba cazar y pescar y yo siempre lamento que no me enseñara. En cierto modo, yo soy cazador y pescador, pero en el mundo de los libros.

P. Su elección como académico ha coincidido con la reedición de su Diccionario de mitos, en el que ha incluido nuevos personajes.

R. A Tarzán, que hay que decir que es políticamente incorrecto porque supone la superioridad del hombre blanco, sobre todo si es inglés, en la selva frente a los negros. Pero fue un personaje que fascinó a generaciones. También he puesto a uno pasado de moda, Satanás, pero que ha sido muy importante en la literatura y la vida. Y a Don Quijote, que empieza y acaba en Cervantes y por eso lo mata, para que no haya continuación. Aunque ha habido relecturas, como la de los románticos, que les inspira melancolía. De otros mitos, como Don Juan, sí hubo varios autores. La propia palabra mito, que entró en el siglo XIX por los alemanes, ha tenido varios significados. Hay quien lo asocia a la mentira, como hicieron los marxistas. Yo lo uso como relato tradicional que se transmite y pasa a la imaginación colectiva.

P. ¿Cuáles son sus mitos favoritos?

R. Me atrae mucho Edipo, porque Sófocles hace de él un buscador de la verdad que se va entrampando y se destruye. Y Ulises porque algo de él está en todo viajero.

P. ¿Por qué fueron tan avanzados los griegos en construir ese mundo?

R. Tenían dos cosas, eran curiosos, les gustaba preguntarse por el mundo, y críticos. Crearon universos fantásticos y la filosofía, tal vez porque eran de ciudades pequeñas junto al mar. Los grandes imperios, como Egipto o los asirios, no cambiaban, pensaban siempre lo mismo. A los griegos les gustaban mucho los viajes y abrieron caminos en todos los sentidos. Su teatro sigue vivo, aunque un poco estropeado por los adaptadores, que a veces los desvirtúan por sus cambios en los textos.

P. Relatos modernos como La guerra de las galaxias o El señor de los anillos, ¿han copiado algo de los mitos griegos?

P. Más bien han tomado esquirlas, como si hubiesen cogido trozos de melodías, pero el mundo antiguo era más plástico en su dramatismo.

P. ¿Y Juego de tronos?

R. He visto algunos capítulos. Más bien tiene retazos de Shakespeare, pero es muy exagerado. Es un amontonamientos de violencias… estamos hechos de piel más gorda porque estamos acostumbrados a ver muertes en el cine. En esa serie, los malos son malísimos y las intrigas están trazadas con líneas muy gordas.

P. ¿Cuál es la gran amenaza al español?

R. La profusión de anglicismos, la invasión constante de palabras de la técnica o la comunicación que vienen del inglés, es imparable. Pero el castellano es un idioma de gran fuerza y belleza, tiene una gran literatura.

P. Lee la prensa en papel, ¿cómo escribimos los periodistas?

R. En la parte de la opinión se manejan las ideas con más viveza que en el mundo académico, pero estaría bien que los periodistas supieran más literatura.

 

2 diciembre 2017 at 11:09 am Deja un comentario

Carlos García Gual: «El progreso no explica el sentido de la vida»

El escritor y filólogo presenta una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), una obra que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria»

El escritor y filólogo Carlos García Gual – ABC

Fuente: Bruno Pardo Porto  ABC
22 de noviembre de 2017

Carlos García Gual (Palma de Mallorca, 1943) se refiere al presente como «el mundo moderno», una distancia que no tiene tanto que ver con su edad como con el hecho de que ha pasado más de medio siglo viviendo entre textos griegos, enseñando una lengua muerta que permanece viva en una de sus pasiones: los mitos. Tiene en sus ojos el brillo de la leyenda, una pátina que no termina de casar con una realidad demasiado rápida y repetitiva. Para Gual, el tiempo pasado, en efecto, fue mejor. Resulta difícil moverle de la certeza de que hay más encanto en la fantasía que en la vida, pues él conoce muy bien los horizontes de ambas. «El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un lugar de historias interesantes. No hay pasiones nuevas. No hay aventuras. Las grandes pasiones y los grandes personajes están en la literatura», sostiene con nostalgia.

Acaba de publicar una revisión de su «Diccionario de mitos» (Turner), que escribió hace ahora veinte años movido por el pulso de sus lecturas. Es una selección subjetiva que baila entre la antiguëdad y los superhéroes, que trata de recordar aquellos cánticos que, a fuerza de ser repetidos y reinterpretados, se han instalado en el «país de la memoria». Por ahí aparecen Ulises y Edipo, pero también Don Quijote, Carmen y Superman.

– ¿Qué tienen en común todas estas figuras que se pasean por el libro?
– Yo hablo de los mitos no tanto como creencias religiosas, sino como historias que se han mantenido en el imaginario colectivo. Son esos relatos que se han transmitido durante siglos, que ejercen una extraña fascinación en la cultura y en la imaginación de la gente. Mi definición del mito es que se trata de un relato tradicional, un tanto paradigmático, y que tiene personajes extraordinarios que viven en un pasado prestigioso y lejano.

– ¿Qué es lo que nos fascina de ellos?
– Que nos hablan de las grandes pasiones, de las grandes aventuras. Sus personajes son héroes, con su condición humana y mortal, pero que hacen cosas extraordinarias. Los mitos presentan figuras más grandiosas, más fuertes, más terribles y más aventureras que los individuos corrientes.

– En el texto que abre el libro habla de que, a pesar de que somos racionales, no podemos prescindir de nuestra vocación mítica, de los relatos.
– Es que la razón técnica no explica el sentido de la vida. Ayuda a vivir más cómodamente, sí, pero las grandes preguntas siguen ahí: ¿Qué sentido tiene vivir?, ¿vivir para qué? Indudablemente, el progreso nos ayuda a vivir mejor, pero no explica el sentido de la vida. Digamos que la razón, muchas veces, tampoco llega a convencer sobre esas cuestiones. Los mitos proponen historias fantásticas que tampoco dan una solución, pero que proporcionan un horizonte atractivo de fantasía. Nos animan a vivir en otras épocas, en otros mundos. Nos transportan a unos horizontes más vastos, más amplios, más animados.

– ¿Más animados que la vida?
– Las grandes pasiones y los grandes personajes están mucho más en la literatura y en la fantasía que en la realidad. La vida es mucho más monótona si uno no conoce la mitología.

– Habla de los mitos como algo vivo, que no paran de crecer con el paso del tiempo y las reescrituras.
– No hay que olvidar que los mitos griegos estaban a cargo de los poetas, no de los sacerdotes. Eso daba a las recreaciones de los mitos una cierta libertad, una cierta capacidad de variar detalles. Eso los vuelve algo muy vivo, que perdura en los siglos, que nos dice algo nuevo. El Ulises antiguo no es exactamente el de James Joyce, pero la figura mantiene un eje o un núcleo esencial.

– Es esa idea de Joseph Campbell de hay una serie de motivos y temas que se repiten a lo largo de la historia de forma inevitable.
– Es que en la vida humana las circunstancias y los elementos básicos son casi siempre los mismos: el amor, la audacia, la cobardía, la envidia, la lucha por el poder… Todo eso lo recoge la mitología. En eso Campbell tiene razón: los mitos son las grandes historias, a veces sumergidas, recobradas por la literatura. Y cada cultura les da un color especial.

– En la portada de esta nueva edición del diccionario aparecen Zeus y Superman. ¿Son los superhéroes la nueva mitología?

Portada de la nueva edición del «Diccionario de mitos» – ABC

– Yo creo que los superhéroes del mundo moderno son héroes muy banalizados, muy triviales. No son grandes figuras míticas. Son figuras poderosas. A veces vuelan, como Superman, o dan saltos enormes, como Spiderman, pero son un poco héroes de papel, superficiales, un tanto planos. Y no solo hay mitos modernos, sino que también existe una pervivencia de los mitos clásicos en la cultura de hoy. «La guerra de las galaxias», desde un punto de vista mítico, revela muchos rasgos antiguos como el enfrentamiento con el padre o el villano encarnado en una figura que tiene mucho de demoníaca. Incluso las vestiduras de los personajes que recuerdan al mundo artúrico.

– Parece que no le gustan mucho los superhéroes.
– Siempre insisto: la otra gran fuente literaria del presente la forman el cine y la televisión. Lo malo es que cuando uno ve lo que se produce da la sensación de un cierto agotamiento temático. Hay mucha más violencia y más carreras de coches, pero los argumentos no son nuevos. Yo pienso que en muchas películas el autor es el director de los efectos especiales: se ha convertido en el gran constructor. El mundo moderno es un mundo mucho más cómodo, pero no es un mundo de historias interesantes. No hay pasiones nuevas, no hay grandes historias. El otro día vi en la televisión «50 sombras de Grey». Que eso haya vendido millones de ejemplares muestra la necedad y la pobreza de la imaginación moderna.

– En esta reedición añade al Quijote, el único mito que nace y muere en la misma pluma.
– Según mi idea de que un mito se construye a través de la tradición, en la que el personaje se mantiene y cambia al mismo tiempo, no encaja. Todo el mito del Quijote está en el libro de Cervantes, en las dos partes. Se han escrito continuaciones y otras versiones, pero no brillan al lado de la original. Sin embargo, me he dado cuenta de que aunque no hayan trascendido más aventuras del personaje, sí que ha habido muchas reinterpretaciones. Y eso hace de él un mito.

– ¿Cómo ha cambiado su interpretación?
– En el siglo XVI era un personaje cómico. Pero para los franceses e ingleses del XVII se transforma en una figura seria, que plantea unos problemas muy importantes. Después, para los alemanes románticos del XVIII, es un ideal. Luego viene la generación del 98, que ofrece unas interpretaciones simbolistas en las que el Quijote puede representar la España decadente. Creo que el relato de Don Quijote está todo en Cervantes, pero las interpretaciones hacen de él una figura mítica.

– También añade a Sherlock Holmes.
– La novela policiaca siempre me ha gustado, desde pequeño. Sherlock Holmes tiene el atractivo del detective que con su inteligencia lo resuelve todo. Es un homenaje a la inteligencia deductiva. Tiene algo de heroico, pero es un individuo victoriano un poco raro que toca música y se inyecta morfina. Y es fantástico: los casos de Holmes no se podrían resolver. Es un personaje mítico de su tiempo al que todos los detectives de la novela negra deben algo.

– Con tantas adaptaciones, el cine también le debe mucho a ese detective.
– Se ha dicho que el cine es una fábrica de mitos, pero más bien es una empresa de recogida de mitos. Toma mitos que ya estaban en la literatura: Sherlock Holmes, Tarzán, Superman… Todos nacieron por escrito.

– El legado español se cifra en su diccionario en dos dones: Don Quijote y Don Juan.
– Sí, aunque podría haber incluido, tal vez, al personaje del pícaro. Pero este no está encarnado en una figura concreta porque el Lazarillo no conforma del todo el prototipo. Y está Carmen, que es un tipo de heroína española aunque su autor no fuese español.

– En su momento, los mitos ayudaban a crear conciencia de pertenencia a la polis.
– Por supuesto. Por eso decía que los mitos tienen algo de ejemplar. Son ejemplos de grandeza. En el mundo griego los héroes buscan la inmortalidad a través de la fama: saben que van a morir, todos mueren de hecho, pero arriesgan la vida por la gloria eterna. Y de alguna manera lo han logrado.

De nuevo, candidato a la RAE

Hace unos días, conocíamos que Gual es uno de los candidatos a ocupar la silla «J» de la Real Academia Española, un honor que comparte con Alfredo Conde y que se decidirá el próximo 30 de noviembre. En mayo de este año ya se «disputó» el asiento «M» con Rosa Montero, pero ninguno de los dos alcanzó la mayoría absoluta. El escritor y filólogo se muestra ilusionado, aunque afirma que la elección no le quita el sueño. «Me hace ilusión por lo que tiene de reconocimiento a una trayectoria, por haber estado escribiendo libros y enseñando griego durante cincuenta años. Además, creo que hay una serie de personas muy dignas con las que puedo pasar buenos ratos y servir de algo a la lengua española. Pero no es que sea un fanático de las academias», señala.

 

22 noviembre 2017 at 6:52 pm 1 comentario

18 maneras de morir…como un héroe

Carlos García Gual publica “La muerte de los héroes”: aquí algunas de las maneras de irse de los héroes.

baco

Baco, cómplice de la muerte de Penteo, despedazado por mujeres

Fuente: JUAN CARLOS LAVIANA  |  El Español
14 de enero de 2017

Carlos García Gual es uno de los mayores especialistas españoles en la Grecia clásica. Cada nueva publicación suya es un acontecimiento. No sólo para el mundo académico, sino para el lector en general, al que el catedrático sabe entusiasmar con la mitología, como si se tratara de un libro de aventuras sin perder una pizca rigor.

Esta vez se ha centrado en un aspecto muy concreto: La última escena de la trayectoria de mitos y héroes, personajes especiales hasta en su manera de morir. Vivir como un héroe es difícil, pero morir heroicamente es mucho más complicado. Al fin y al cabo, la muerte es el más humano de los actos de los mortales. En La muerte de los héroes (Turner), García Gual, repasa la aventura final de seres que tuvieron una vida llena de fascinantes peripecias. Y es que, como escribe el autor en la introducción, “el mero morir no es algo extraordinario”. Estas son sólo algunas de las maneras de irse de los héroes, probablemente el momento en que se muestran más humanos.

1. Anciano, ciego y exiliado

No es una manera muy heroica de morir, pero así acabó sus días Edipo. El rey de Tebas se arrancó los ojos y se condenó a sí mismo al exilio. Tamaño castigo era el precio pagado por haber mantenido relaciones con su madre, Yocasta, que se suicidó sobre el tálamo conyugal, tras descubrir que se había casado con su propio hijo.

2. Abrasado por una túnica

Heracles fue víctima de un regalo de su esposa. No se lo ocurrió mejor cosa que volver a casa, tras la batalla, con la bella y joven hija del rey al que acaba de vencer. Su mujer untó con sangre de un centauro una túnica que había hecho con todo su amor para el marido. Cuanto éste se la puso empezó a sufrir horribles dolores, a abrasarse y agitarse entre gritos de desesperación. Ordenó que prendieran fuego a una pira y se lanzó sobre ella hasta ser consumido por las llamas. Cruel agonía. Afortunadamente, la historia no acaba aquí. Zeus, por un favor especial, lo hizo inmortal como premio a su heroicidad.

3. Petrificado

Perseo utilizaba la cabeza que había cortado a una medusa para dejar petrificado al enemigo cuando se la enseñaba. En una pelea con Cegeo, padre de su amada Andrómeda, usó su arma, pero no hizo ningún efecto, ya que el viejo era ciego. Volvió la cabeza hacia así, creyendo que el arma había perdido su efecto, y el que se quedó petrificado fue él. El autor no da mucha fiabilidad a esta versión, pero sí le concede un gran sentido del humor.

4. Despedazado por mujeres

El poeta y cantor Orfeo se volvió misógino después de perder a su joven mujer, que murió envenenada tras pisar una serpiente. El poeta, que decía haber descubierto la forma de curar enfermedades y evitar la venganza divina, arrastraba tras de sí a un buen número de hombres. Sus mujeres, enfurecidas y envalentonadas por ritos báquicos, lo despedazaron miembro a miembro y lanzaron sus restos al mar.

De forma muy parecida encuentra la muerte Penteo, joven rey tebano. Diniosio (Baco) había convencido a las mujeres de Tebas de que abandonaran a maridos e hijos para ir al bosque a bailar día y noche con las bacantes. Disfrazado de mujer, Penteo intentó averiguar lo que pasaba, ya que se imaginaba que allí se celebran orgías de toda índole. Pero fue descubierto y descuartizado por las mujeres furiosas. Su propia madre, creyendo que era un león, le arrancó la cabeza. Sus restos aparecerían repartidos por las ramas. Cuentan que a punto de expirar, Penteo exclamó: “¡Ahora comprendo!”.

5. Partido por un rayo

Es una muerte frecuente, símbolo de la ira de los dioses y de purificación como el fuego. Algunas versiones aseguran que Orfeo murió así y no atacado por las mujeres. Lo que parece más seguro es que eso fue lo que le ocurrió a Asclepio. El centauro que le había criado le había enseñado poderes especiales para curar enfermos, y hasta llegó a resucitar a un muerto. Zeus no lo podía tolerar -temía que le hiciera la competencia- y puso fin a la historia fulminándolo con un rayo.

6. Aplastado por un mástil

Héroe y mujeriego, Jasón, el capitán de la célebre nave Argo, la de los argonautas, puso fin a sus aventureras tras algunos fracasos y después de mucho vagar sin rumbo. Deprimido, se encontraba sentado junto a su nave, ya en un estado ruinoso, cuando de repente se le vino encima el mástil que le aplastó.

7. Tragado por la tierra

Anfiarao -rey, héroe y profeta- tenía la desgracia de prever el futuro. Fue uno de los siete magníficos que asediaron Tebas. Sabía que iba a morir en la batalla, pero no logró persuadir a sus compañeros para retirarse, así que su honor le obligó a seguir adelante. Una enorme zanja se abrió a su paso –otra vez la acción de un rayo de Zeus-, y la tierra le devoró a él y a sus caballos.

8. En una emboscada

Alcmeón participó heroicamente en la segunda ofensiva sobre Tebas, la de los hijos de los siete magníficos. Pero no moriría de forma ejemplar, sino de una forma mucho más mundana: en una emboscada de su suegro y sus cuñados tras haber engañado a su mujer.

9. Despeñado en un barranco

A Teseo, monarca y aventurero, se le atribuyen un sinnúmero de hazañas, pero alcanzó la fama tras secuestrar a Helena, la espartana. Huido de Atenas, fue a visitar al rey de los escirios, Licomedes, probablemente en busca de ayuda. Pero el monarca era fiel a las nuevas autoridades, así que le persuadió para subir a una montaña con la excusa de enseñarle los campos. Desde lo alto, le empujó al vació por un barranco. Hay quien dice que no, que, en realidad Teseo estuvo torpe, se tropezó y se cayó.

10. Una muerte en vida

Sísifo fue condenado a trabajos forzados por haber desafiado a los dioses, tratando de evitar la muerte. Ya se sabe, subir la piedra a lo alto de la montaña; y una vez allí, ver que invariablemente la piedra rueda ladera abajo… y vuelta a empezar. El castigo eterno. Probablemente Sísifo ya no quisiera evitar la muerte visto lo visto, pero para su desgracia moriría de viejo.

11. Descabalgado del caballo

Belerofonte, soberbio y arrogante, también desafió a los dioses. Cabalgando su caballo alado, Pegaso, trató de cruzar los cielos, para alcanzar el reino divino. Zeus, enfurecido, lo desmontó haciéndole caer al vacío.

12. A hachazos en la bañera

Hay al menos dos versiones de la muerte del rey Agamenón. Una asegura que la adúltera de su esposa le cubrió con una red para inmovilizarle cuando se estaba bañando, y a continuación acabó con él a hachazos. Y la otra sostiene que murió por los tajos de la espada del amante de su mujer en medio de un banquete organizado en su propia casa por su ‘maldita esposa’ y el rival.

13. Un flechazo en el talón

La de Aquiles es probablemente la muerte más célebre de la Antigüedad. Recién nacido, había sido sumergido por su madre en la laguna Estigia para hacerlo invencible, con tan mala fortuna que al tenerlo cogido por los tobillos impidió que los talones se mojaran. Y claro, en una batalla de la guerra de Troya, una flecha fue a dar precisamente en su talón. Menos claro está quién le mató: si fue Zeus directamente, si fue su enemigo Paris, o si Paris disparó la flecha, pero Zeus la dirigió. El caso es que murió.

14. Clavándose la propia espada

De un heroico guerrero del tamaño de Ayax, famoso por su gran estatura y por el tamaño de su lanza y de su escudo, cabía esperar una muerte sublime, pero no. En un rapto de locura, había degollado varios carneros en el campamento. Se sintió tan avergonzado al volver en sí, que espetó la espada por la empuñadura en la arena de la playa, y se lanzó con todas sus fuerzas contra el filo enhiesto.

15. Ahogado en el mar

Ayax el menor fue otro que también desafió a los dioses. Al volver de la guerra de Troya, sobrevivió milagrosamente a un naufragio. Se jactaba de forma soberbia de haber eludido los designios divinos. Poseidón lo oyó y de un arrebato partió en dos la roca en la que se encontraba Ayax, de forma que el arrogante marino se hundió en las profundidades.

16. Atravesado por una lanza

El más legendario de los héroes homéricos, Ulises, tampoco tuvo una muerte a la altura de su vida. Disfrutaba de una “suave vejez” en Ítaca. Oyó ruido y pensó que alguien intentaba robar su ganado. Intentó impedirlo, pero un intruso le atravesó con una lanza reforzada por la espina de una raya. El extraño, que no había reconocido al viejo, era en realidad Telégono, el hijo que Ulises había tenido, sin saberlo, con Circe durante uno de sus viajes.

17. En un duelo

Paris, el raptor de Helena, el que desencadenó la guerra de Troya, murió asaetado durante un duelo de arqueros con Filoctetes. Primero disparó Paris y falló. Luego disparó su oponente y le atravesó una mano. Volvió a disparar y le dio en el ojo. Luego, le traspasó ambos pies cuando ya huía. Finalmente, lo remató ya en el suelo.

También en un duelo, pero en este caso de lanzas, murió Héctor. Se midió con Aquiles. Tras fallar los dos contendientes en el primer lanzamiento, la diosa Atenea le dio a Aquiles una nueva lanza, con la que éste fulminó a Héctor. Es sabido que los dioses también tienen sus debilidades.

18. Ahorcada en su propio sepulcro

Antígona es la heroína rebelde por excelencia, defensora de los intereses privados de su familia frente a los públicos del Estado. El rey Creonte había prohibido dar sepultura a su hermano Polinices, acusado de traidor. Antígona desafió al monarca echando un puñado de tierra sobre el cadáver. Fue detenida y encerrada viva en una sepultura excavada en una roca, pero ella se ahorcó adelantándose así la ejecución de su condena.

 

14 enero 2017 at 2:11 pm Deja un comentario

Guía mortuoria de mitos, héroes y semidioses. Entrevista a Carlos García Gual

Carlos García Gual explica en su última obra, La muerte de los héroes cómo, dónde y por qué terminó la gloria de diferentes personajes míticos griegos.

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Ilustración de Odisea. | ULISES CULEBRO

Fuente: MARTA RÓZPIDE  |  EL MUNDO
27 de diciembre de 2016

La mitología no es una cultura muerta, pero los héroes también mueren. Lo confirma Carlos García Gual con su última obra, La muerte de los héroes (Turner Noema). Se trata de una narración hecha con relatos cortos donde García Gual cuenta la muerte de Píndaro, Apolo, Antígona, Paris o Casandra. El escritor, profesor y traductor recoge en menos de 200 páginas el final, a veces trágico y otras irónico, de 25 héroes y heroínas. Lo hace diferenciándolos en tres capítulos distintos: Los héroes míticos, Los héroes homéricos y Tres heroínas trágicas. Mas allá de la filosofía, estas estampas ilustran de forma sencilla, no simple, la condición humana de aquellas figuras de culto con poesía y sin barroquismos.

El destino fatal de la efímera condición humana, al contrario que la inmortalidad de los dioses, sirve para adentrar al lector en una reflexión sobre la antigua Grecia y sus leyendas. El también articulista, crítico y dos veces Premio Nacional de Traducción, se detiene con mimo en cómo, dónde y por qué mueren los héroes. Algo que descubre, incluso para el mismo autor, anécdotas y aspectos de algunos personajes con los que ya llevaba tratando medio siglo. Lo hace en un mundo moderno que “sufre un total desprestigio de las humanidades”, en el que sería “raro ver a un político español con un libro en las manos” y en el que “se piensa en que hay que educar a la gente sólo para que produzca y consuma”. Pero Carlos García Gual es optimista: los niños todavía quieren escuchar la historia de Ulises o la guerra de Troya.

P. En La muerte de los héroes aborda el encuentro de la muerte de héroes y heroínas. Algo que hasta ahora, no había sido motivo de un libro.

R. Con estos textos caí en la cuenta de que la muerte de los héroes, las muertes sueltas digamos, pintorescas en muchos casos, no estaban reunidas en ningún libro. Las historias de los héroes tratan de las grandes hazañas, los amores, los logros, pero dejan aparte la muerte porque no contribuye tanto a su gloria, sino que es el final de ella. Entonces se me ocurrió la idea de reunirlos.

P. ¿Cuál fue la que más llamó su atención?

R. Hay alguna muerte que está contada en una tragedia, por ejemplo la muerte de Edipo, ya viejo, solitario y sin patria; y la muerte de Heracles (en latín, Hércules). Ésta es quizá una de las más trágicas, porque se muere al ponerse una túnica envenenada que le envía su mujer sin saber que estaba contaminada. De manera que, cuando el héroe regresa a su casa tras muchas batallas, cuando piensa que ya va a descansar junto a la persona que más le quiere y a quien quiere, se encuentra con esta trampa mortal que es terrible para él y para ella, que acabará suicidándose.

P. La muerte es algo propio de la condición humana. Festejada y respetada en algunas culturas y temida en otras. En Occidente parece incluso estar hasta prohibida. No se permite envejecer. ¿No es un poco grotesca esta actitud?

R. Bueno, creo que la gente tiende a olvidarse de la muerte con gusto. Es verdad que algunos filósofos decían que la vida es una preparación para la muerte, pero creo que esa es ya una idea del pasado. Las culturas antiguas sí pensaban en eso, pero la cultura actual tiende a distraernos de la muerte.

P. ¿Es la literatura clásica una cultura muerta?

R. Curiosamente, la mitología griega sigue teniendo cierto atractivo. Hay muchos niños y jóvenes que cuando se encuentran a estos héroes y personajes sienten por ellos una especial simpatía. Es algo común encontrar a niños que quieran escuchar la historia de Ulises o la guerra de Troya. Creo que tiene mucha más vigencia la mitología que, por ejemplo, la hagiografía con los relatos de los santos. Eso sí que ha desaparecido totalmente de nuestra cultura. Ahora incluso en las universidades de letras se vuelve a estudiar mitología, que hace años que no se estudiaba.

P. ¿A qué cree que se debe?

R. Primero porque es muy atractiva. Y luego porque está en las bases de muchas obras literarias clásicas.

P. España lidera el ranking en consumo de antidepresivos. La gente busca respuestas sobre su existencia día a día, pero no las encuentra. ¿Puede ser que tenga algo de relación el haber dejado aparcado y denostado el mundo de las humanidades?

R. Creo que vivimos en una sociedad de consumo y de consumo desenfrenado. Es verdad que las humanidades cada vez están más olvidadas, en general todas las letras. Este es un país de futbolistas y cocineros. Pasa lo mismo en toda Europa, lo diferente es que en España la capa culta es mucho más delgada tradicionalmente. En Francia o Alemania las humanidades en el siglo XVIII o el XIX van a tener un peso enorme en la cultura. En España no, el siglo XIX es un siglo culturalmente muy pobre. Ha habido una época durante la última mitad del siglo XX en la que se ha vuelto a las humanidades en universidades y el mundo de las clásicas ha tenido una cierta vigencia.

P. ¿Y ahora?

R. Ahora estamos en una clara decadencia, en un ocaso general de las humanidades. Se piensa sólo que lo importante es lo rentable. La gente cree que hay que educar sólo para lo que sea rentable, para que se gane dinero, y una vez que se gane dinero, la cultura no tiene importancia. Estamos en un sitio donde se da más importancia, como se ve en la tele, a la cocina, a la gastronomía y al fútbol. La capa cultural que había en la ilustración europea en España fue muy pobre y ahora está en un mal momento.

P. ¿Peor incluso?

R. Sí, en los últimos años hay un retroceso, se ve en los estudios de bachillerato y en el nivel de las universidades de letras. Hay un desprestigio total de las humanidades.

P. ¿Qué le parece que quieran retirar como obligatoria la asignatura de Filosofía en Bachillerato?

R. Es un reflejo más. Hoy en día se piensa en que hay que educar a la gente sólo para que produzca y consuma. No se educa en cosas que estimulen la reflexión, la lectura, el teatro… Todo eso no es rentable. Eso y que la sociedad española ha sido educada por la religión y nada más.

P. ¿Por qué cree que nuestros políticos no reconocen las letras?

R. En general los políticos españoles en ese aspecto son poco cultos. Si uno compara como hablan los políticos franceses con los españoles se da cuenta de que la diferencia es inmensa. Es muy raro ver a un político español con un libro en las manos. Empezando por el Presidente del Gobierno que lee, al parecer, cosas de deportes. No parece que lea otra cosa. Pero vamos, es una característica normal.

P. ¿Cuáles serían los problemas más graves a los que se enfrentarían esos jóvenes que desconozcan a Sócrates, Aristóteles o Platón?

R. Mucha gente vive sin saber nada de filosofía y no le pasa nada. A la gente es fácil acostumbarla a los usos o las modas corrientes. Es bastante feliz aunque sólo se le de fútbol o gastronomía mientras se le permita vivir de un sueldo. Luego de ganarse la vida, orientarla hacia la reflexión, las artes es un camino que parece que no interesa ahora, por lo menos a los políticos.

P. Fue profesor durante seis años en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid. ¿Cómo estaba el panorama entonces?

R. Lo recuerdo como una etapa muy agradable. Debo decir que el nivel que tenían mis alumnas al acabar el preuniversitario es parecido al que tienen ahora mis alumnos en el tercer año de universidad.

P. ¿De verdad?

R. Sí, había un ambiente cultural mucho mejor que el de ahora. En general lo había en Madrid. Mucho más teatro, más de todo. Es conocido cuántas librerías han cerrado los últimos años. Ahora hay mucha más televisión, la gente vive pendiente de pantallas más grandes o más pequeñas. Hay más música de consumo, pero leer ha dejado de ser un entretenimiento para parte de nuestros alumnos.

P. ¿Qué papel ha jugado internet en todo eso?

R. Internet pone al alcance de todo el mundo una información general de casi todo de forma inmediata. En cambio, la literatura invita a una cierta reflexión a formarse como persona individual con criterio propio. Yo creo que es verdad el título ese que pusieron a uno de mis artículos, Los clásicos nos hacen más críticos. Eso internet no lo da, más bien lo destruye.

P. Comenzó a interesarse por el mundo de los clásicos gracias a la biblioteca familiar y a sus profesores de instituto. ¿Cuánta importancia tiene lo que se lee en casa?

R. Yo me formé como lector en la biblioteca de mi abuelo. No se necesita que sea una gran biblioteca. Hay una gran diferencia entre los alumnos que vienen de una familia donde leían libros en los y aquellos que vienen de una casa donde no leían libros. La influencia que pueden tener a veces los profesores es un tanto secundaria respecto a la inclinación que ya tienen los alumnos. Ni el instituto ni la universidad pueden formar del todo. La formación tiene que estar relacionada también en el ambiente, en la casa, en los amigos. Si una persona pasa seis horas delante del televisor no será unos grandes críticos nunca.

P. ¿Qué lecturas recomendaría a alguien que quiere bucear por primera vez en la cultura clásica?

R. Algún libro clásico que sea fácil, como la Odisea, o alguna tragedia griega como Edipo rey, Antígona. También antología de poetas antiguos. La gente así joven que se inicia puede descubrir que esos poetas antiguos, como Safo, son tremendamente jóvenes y actuales. Yo creo que los griegos son muy fáciles de leer. Algunos, no todos.

P. ¿Es este un libro difícil para principiantes en la mitología?

R. Algunos libros sí son fáciles. Éste no lo es tanto. Tiene muchos nombres propios, las historias que se cuentan son un poco abreviadas a veces. Creo que requiere una cultura ya un poco avanzada. Se da por descontado que el lector ya conoce a los personajes. Otros serían más fáciles, como mi libro Historia mínima de la mitología es más fácil, porque cuando hablo de los dioses explico sus historias y no hace falta saberlo previamente. Muchas veces hay que conocer mejor a los personajes para degustar mejor el relato.

P. Ha sido Premio Nacional de Traducción dos veces. ¿Es muy difícil el proceso de traducción del griego clásico?

R. Traducir a los antiguos no es mucho más difícil que a los modernos. Requiere una previa cultura. Las instituciones son otras, la ciudad griega no era como la moderna, pero no es muy difícil. Además en España hemos tenido suerte. Hay muy buenos traductores, jóvenes en general que han hecho una labor de traducción excelente. En los últimos 50 años se ha traducido toda la literatura clásica como no se había hecho nunca. Ha habido una época dorada de la traducción, eso ahora está frenando, pero ya está hecha.

P. Lleva también al menos 50 años tratando con Homero, por ejemplo. ¿Sigue descubriendo cosas con sus obras?

R. Sí, cuando vuelvo a releer textos siempre descubro algo. Por ejemplo éste es un libro curioso porque he descubierto ciertas anécdotas y he redescubierto a ciertos personajes que conocía mal. Se da uno cuenta de que la mitología griega es un mundo muy humano. Es fácil entender sus pasiones, mucho más que en cualquier otra mitología.

P. Y nosotros ahora, ¿son cada vez menos humanos?

R. No lo creo, hay un progreso clarísimo en muchos aspectos de la vida: la medicina y el transporte actuales. Pero el progreso es también un progreso de sensibilidad, de sensibilidad por el dolor ajeno. Es curioso como mientras los estados son muy cicateros en las ayudas a los demás, existen ONG, existen esos jóvenes que van al tercer mundo. Hay una cierta sensibilidad por los demás muy superior. Lo que pasa es que no es la dominante. Son una minoría dentro de una masa dominada por el consumo y una torpeza para entender a los demás. Esa minoría es la mejor parte de la sociedad y es algo nuevo, muy moderno.

P. Y la literatura contemporánea, ¿ha llegado a sorprenderle (gratamente) algún escritor?

R. Sorprender ahora es muy difícil. Soy un lector voraz de literatura moderna. De hecho fui de los primeros que escribió sobre Borges, sobre García Márquez. Creo que hay grandes poetas como Szymborska. Pero es difícil sorprenderse. Hay tanta literatura y tan rica, que uno lo que siente es no tener más tiempo. Lo difícil es a veces elegir entre tanta literatura.

 

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28 diciembre 2016 at 11:55 am Deja un comentario

Medusa abre a Sara Baras las puertas del mundo clásico

Con Medusa, la guardiana Sara Baras se adentra por vez primera en el universo de la mitología grecolatina.Y lo hace en el mejor de los escenarios posibles: el Festival de Mérida, donde hoy estrena su nuevo espectáculo

Sara-Baras-Medusa

Sara Baras como Medusa la guardiana

Medusa en griego antiguo significa guardiana y Sara Baras ha querido hacer honor a ello con el título del espectáculo de ballet flamenco con el que debuta en el Teatro Romano de Mérida. Dirigido por la misma bailaora, la obra cuenta con un elenco de nueve bailarines, además del artista invitado, José Serrano, que encarnará el papel de Perseo y Juan Carlos Vellido, que interpreta el papel de la Conciencia.

Medusa la guardiana es muy diferente de todo lo que ha hecho anteriormente, ¿se trata de una nueva etapa para usted?
– Sí, cuando te metes es un proyecto nuevo, cuando sueñas y haces soñar sobre un personaje tan distinto subes un escalón tanto profesional como personalmente y se abre una nueva etapa. En este caso es verdad que tiene muchas diferencias con otras obras de la compañía, sobre todo por anteponer la interpretación y el guion a la voz de cualquiera de nosotros. Es una forma diferente de vivir el flamenco y hace que la obra sea muy diferente a todo lo anterior. Creo que con ella toda la compañía ha crecido.

– Sin embargo, a pesar de ser algo novedoso Medusa sigue en la línea de personajes que has interpretado como Juana la Loca o Mariana Pineda. ¿Qué le lleva a escoger a estas valientes heroínas en muchos casos maltratadas por la historia?
– Es algo que reconozco que personalmente me engancha. Admiro profundamente a todas las mujeres que luchan por mejorar la vida, ya sea para sus hijos, ya sea por defender la suya propia o por defender aquello en lo que creen. Creo que el flamenco tiene mucha verdad y hermana muy bien con este tipo de personajes. En este caso Medusa no me gustó tanto por el personaje como por el mito. Aunque sorteé muchos nombres Medusa directamente me enganchó por la injusticia que me parece que sufre. Hasta yo misma pensé que era un monstruo de la mitología y punto y sin embargo cuando profundizas un poco te das cuenta de que era una mujer con una serie de valores a la que el juego de los dioses la convierte en el monstruo que es. Quería defender su causa y lo hago hasta el final, hasta el momento que le cortan la cabeza.

– ¿Cómo se traslada un mito como Medusa a la danza?
– Hemos tenido muchos meses de trabajo y hemos limado mucho los movimientos, las expresiones. Sin embargo mientras estas tan metido en el personaje y soñando con su historia, como supongo que le puede ocurrir a Javier Ruibal que de repente le sale una poesía preciosa, el movimiento también sale solo. Era una cosa increíble como no quieres sobreactuar con esta Medusa porque ya sientes dentro de tu cuerpo que tiene que tener un tipo de movimiento. Después ya viene todo el trabajo de dirigir la obra, ya vas señalando los estilos, las formas. Pero el personaje en si tiene un movimiento que está muy claro.

Culturas Mediterráneas

Para Sara Baras Medusa la guardiana se va moviendo entre las novedades que supone frente a lo realizado anteriormente y la semejanza del mundo clásico con el flamenco, dos culturas al fin y al cabo mediterráneas. “Creo que ambas se parecen en la pasión. Todo está hecho con una pasión desbordante, se va a por todas. El mundo clásico es como el flamenco no puedes cantar una seguidilla pensando en otra cosa, tienes que hacerlo amarrándote a lo más profundo”.

– ¿Y en que difieren?
– El flamenco tiene una libertad enorme para fusionarse con lo que quieras y sin embargo la mitología tiene un sello propio que siempre tiene que estar, es un mundo cerrado que puede llegar donde sea. El flamenco tiene siempre las puertas abiertas para, siempre que tengas claro su calidad, fusionarse y mezclarse con todo tipo de arte.

Fuente: Sara Prieto | EL CULTURAL

9 julio 2014 at 12:20 pm Deja un comentario

¿Tatooine o Vulcán? Ahora usted también puede bautizar exoplanetas

Por primera vez en la historia la Unión Astronómica Internacional (UAI) invita a todo el mundo a participar en el nombramiento de planetas y lunas en otros sistemas solares.

nombres-planetasCorbis / clipart.net.ua / RT

El bautizo de objetos celestiales, del que se ocupa la UAI (fundada en 1919), se realiza según reglas rigurosas. Por ejemplo, los elementos espaciales en nuestro sistema solar normalmente reciben nombres de la mitología griega y romana. Todo lo que está fuera es catalogado con nombres que consisten en letras y números, por ejemplo, CFBDSIR2149.

Pero ahora, según el anuncio publicado en la página oficial de la UAI, los planetas pueden recibir un nombre, y cualquiera puede tomar la iniciativa enviándoles un ‘email’. Por ejemplo, ¿por qué no llamar ‘Solaris’ a un planeta que, igual que en la película, está cubierto de un océano infinito?

Obviamente, hay ciertas reglas que observar. Por ejemplo, no se puede bautizar una tierra extrasolar con el nombre de una empresa o de una mascota. Tampoco debe ser “demasiado parecido” a la denominación de otro objeto celestial. También se rechazarán los nombres asociados con alguna guerra.

Fuente: RT Actualidad

17 agosto 2013 at 5:39 pm Deja un comentario

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