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Qué tienen que ver los antiguos romanos con el gigante tecnológico Apple

En lugar de pensar en los romanos como grandes inventores, tal vez una analogía más apropiada sería considerarlos como la multinacional tecnológica Apple de su tiempo.

Minerva, la diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia militar y la patrona de los artesanos, se corresponde con Atenea en la mitología griega, la deidad que ahora se asocia con tecnología e innovación.

Fuente: Jem Duducu BBC Mundo
25 de febrero de 2018

Apple no inventó el teléfono inteligente, ni creó el primer sistema para descargar música en internet y las tabletas electrónicas estuvieron presentes por más de una década antes de que el iPad saliera al mercado.

Lo que la multinacional estadounidense hizo fue tomar conceptos existentes y desarrollarlos de formas que no se habían hecho antes.

Y los romanos hicieron exactamente lo mismo: tomaron ideas, las optimizaron y pasaron a la historia.

Los ejemplos son muchos, y aquí te tenemos algunos de ellos.

Las carreteras

En el siglo V a.C., el rey Darío de Persia ordenó la construcción del Camino Real Persa para facilitar una comunicación rápida a través de su extenso imperio que abarcaba desde Susa (en el suroeste de la actual Irán) hasta Sardes (la actual Sart, en la provincia turca de Manisa).

Se extiende por unos 2.600 kilómetros, pero no todo estaba pavimentado, ni es recto.

El camino adoquinado más antiguo está en una cantera egipcia y tiene alrededor de 4.600 años.

Hubo un tiempo en el que todos los caminos conducían a Roma, que los había hecho mejor que los anteriores. GETTY IMAGES

Los romanos reconocieron el potencial en estas primeras rutas, por lo que tomaron prestada la idea y la mejoraron.

En la cima del imperio romano había 29 carreteras militares que irradiaban de la capital, con 113 provincias interconectadas por 372 carreteras, casi 400.000 kilómetros en total.

En ese momento, y en los años venideros, era el imperio mejor conectado que el mundo había visto jamás.

Los caminos rectos y pavimentados mejoraron la comunicación, el comercio y el movimiento de los ejércitos. Sin embargo, también eran caros de construir y mantener.

Solo el 20% de las vías romanas estaban pavimentadas en piedra, lo que significa que el 80% eran caminos de tierra o estaban cubiertos solo de grava, que se degradaba durante los meses de invierno.

Incluso los caminos de piedra no siempre fueron tan buenos.

En las tabletas de Vindolanda, una suerte de postales escritas en pedazos de madera y descartadas en un fuerte romano en el Muro de Adriano —una construcción defensiva levantada en los años 112-113 en la isla Britania, hoy territorio de Reino Unido—, es interesante leer las quejas sobre el estado de las carreteras por las que viajaban los soldados, demostrando que el mantenimiento no era siempre una prioridad.

2. Los romanos (más o menos) inventaron el concreto

Hay una forma de concreto que se produce naturalmente, por lo que técnicamente es anterior a los humanos.

Descartando esa, alrededor del 1200 a.C. los micénicos construyeron suelos de concreto. E independientemente, los beduinos en el norte de África también crearon su propio hormigón antes de la época romana.

El Coliseo romano es un ejemplo de una gran estructura hecha principalmente con concreto. GETTY IMAGES

Sin embargo, fueron los romanos los que utilizaron ese material, hecho de una mezcla de agua, cal viva, arena y ceniza volcánica, de forma extensa y consistente desde alrededor del año 300 a.C., hasta la caída de Roma en el siglo V d.C.

De hecho, nuestra palabra “concreto” proviene del latín concretus, que significa “compacto”. Irónicamente, los romanos no usaron la palabra latina concretus; lo llamaron opus caementicium.

Los romanos se dieron cuenta de que construir arcos y cúpulas usando un material líquido de secado rápido era mucho más fácil que tratar de lograr las mismas características en ladrillo o piedra.

También era mucho más barato y rápido que construir una gran estructura de mármol sólido.

Al material que usaron extensamente los romanos le llamaron “opus caementicium”. GETTY IMAGES

Además, fueron los romanos quienes desarrollaron la idea de hacer un armazón en concreto, antes de revestirlo con piedra.

El Coliseo en Roma es un ejemplo de una gran estructura romana, principalmente de hormigón.

El emperador Augusto dijo: “Encontré Roma una ciudad de ladrillos y la dejé como una ciudad de mármol”.

Si bien esta es una gran frase que resalta sus logros como emperador, olvidó del material de construcción romano más importante de todos: el concreto.

3. Los romanos eran los maestros de la guerra de asedio

Los romanos no inventaron la guerra de asedio, pero ciertamente la dominaron.

Es justo decir que si las legiones romanas llegaban a una ciudad o fuerte enemigo, los defensores estaban en desventaja, sin importar cuán altos o cuán gruesos fueran sus muros.

Junto a las tácticas brutales, los romanos tenían una serie de armas para llevar a un asedio a una conclusión exitosa.

El escorpión fue una de las muchas armas mejoradas por los romanos. GETTY IMAGES

Una de estas herramientas mortales era una balista (lo que el mundo moderno llamaría una catapulta), que arrojaba piedras o, a veces, vasijas de fuego griego, el antiguo equivalente del napalm.

Dependiendo de las circunstancias, las balistas también podrían montarse en buques de guerra.

Los romanos eran ingenieros excepcionales que normalmente podían determinar los puntos débiles en los muros de los defensores y no cesaban de golpearlos hasta que cayeran.

Una versión posterior de la balista se llamaba onager, y hacía más o menos el mismo trabajo pero era más barata y fácil de construir.

El escorpión, por otro lado, era como una versión grande de una ballesta. Podría disparar flechas a largas distancias (fuera del alcance de los arqueros enemigos) y fue diseñado para matar a los defensores despistados en las murallas de la ciudad.

Otra arma compleja y temible era la torre de asedio.

Los romanos también contaban con las temibles torres de asedio móviles. NASTASIC

Esta torre de madera móvil, diseñada para ser rodada hasta los muros del enemigo, permitía a las tropas que iban dentro descender sobre los defensores enemigos.

Aunque construir las torres de asedio tomaba tiempo, lo que le posibilitaba a los defensores ver lo que se venía y preparar un contraataque, rara vez fallaban.

Y si con todo esto no conseguían su cometido, usaban un ariete contra las puertas de los defensores. Estos arietes estaban protegidos con cueros de vaca húmedos para evitar que los defensores los quemaran.

Una vez que los muros enemigos se agrietaban, los soldados romanos avanzaban en una formación de testudo (tortuga).

Eso implicaba cubrir sus cabezas con sus escudos rectangulares, con otros escudos protegiendo sus partes frontal y lateral.

Tal formación absorbía flechas y rocas pequeñas, dándole a los hombres un valioso tiempo para llegar a la brecha relativamente ilesos.

6. Una cosa que los romanos definitivamente inventaron

Después de todos estos ejemplos de romanos mejorando ideas existentes en lugar de inventar nuevas, aquí hay una que fue genuinamente original.

Nadie les quita el crédito de haber inventado esta maravilla. GETTY IMAGES

El primer alfabeto reconocible, y por lo tanto escrito, se desarrolló en la antigua Babilonia alrededor de 3.100 a.C. Esta escritura se hizo en tabletas de arcilla, que no era el formato más portátil para la literatura escrita.

Los egipcios dieron un salto adelante con el papiro, unas láminas finas hechas con la médula de la planta de papiro. Con este material el conocimiento podía conservarse en rollos, que eran más fáciles de transportar, aunque aún voluminosos.

El papel en sí fue inventado en China a fines del siglo I d.C., pero no llegó a Europa sino hasta después de la caída del Imperio romano occidental.

Casi al mismo tiempo que el papel se estaba inventando en China, los romanos inventaron el códice.

Por primera vez, hojas de un tamaño uniforme se unieron a lo largo de un borde, entre dos cubiertas protectoras más grandes y más fuertes.

Fue así como nació el libro.

Por primera vez, grandes cantidades de información escrita podían concentrarse en un volumen altamente transportable.

Esa se convertiría en la forma estándar de escribir y almacenar información hasta el surgimiento del libro electrónico 1.900 años más tarde.

A través del imperio (tanto durante como después de la era romana), el libro se convirtió en el formato estándar para la escritura.

La palabra “biblia” es una variación de la palabra griega para “los libros” (ta biblia).

La invención del libro facilitó y mejoró el intercambio de ideas complejas, incluyendo todo, desde el Cristianismo hasta los anales sobre los emperadores.

Jem Duducu es el autor de “Los romanos en 100 hechos” (2015).

 

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25 febrero 2018 at 1:45 pm Deja un comentario

El agua de mar refuerza el antiguo hormigón romano

El agua de mar que se ha filtrado durante siglos a través del hormigón romano ha favorecido el desarrollo de minerales entrelazados que le han proporcionado al hormigón una cohesión añadida

Perforando una estructura marina. Un investigador perfora una estructura marina de época romana en Portus Cosanus, en la Toscana, en el año 2003. La perforación fue realizada con permiso de la Superintendencia de Arqueología de la Toscana. FOTO: J.P. OLESON / THE UNIVERSITY OF UTAH

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
12 de septiembre de 2017

Las modernas estructuras marinas de hormigón se desmoronan a lo largo de las décadas, mientras que numerosos muelles y espigones romanos de 2.000 años de antigüedad siguen perdurando y de hecho son más sólidos que cuando se construyeron. Alrededor del año 79 d.C., el autor romano Plinio el Viejo escribió en su Naturalis historia que las estructuras de hormigón de los puertos, expuestas al constante embate de las olas de agua salada, se convierten “en una única masa de piedra, inexpugnable para las olas y cada día más fuerte“. El misterio de esta capacidad de resistencia ha sido desentrañado: el agua de mar que se filtra a través del hormigón favorece el desarrollo de minerales entrelazados que le proporcionan al hormigón una cohesión añadida, según explica la Universidad de Utah. El estudio ha sido publicado en American Mineralogist.

El hormigón romano consistía en una mezcla de ceniza volcánica, cal y agua de mar, un mortero con un agregado de trozos de roca volcánica. La combinación de ceniza, agua y cal viva producía la denominada reacción puzolánica (debe su nombre al municipio napolitano de Pozzuoli) y con este conglomerado de hormigón se erigieron edificios como el Panteón, el Mercado de Trajano y diferentes estructuras marinas. La interrelación de minerales entre el mortero y el agregado ha evitado la formación de fisuras longitudinales a lo largo de los siglos, mientras que con el cemento Portland las superficies de los agregados no reactivos (que son inertes, que no producen reacción) no hacen más que propagar las fisuras.

Los investigadores, entre ellos la geóloga Marie Jackson, han concluido lo siguiente: que el agua de mar se filtra en el hormigón de los muelles y espigones romanos, disolviendo componentes de la ceniza volcánica y permitiendo el desarrollo de nuevos minerales procedentes de los fluidos filtrados altamente alcalinos, particularmente la tobermorita aluminosa y la phillipsita. Esta tobermorita aluminosa tiene una composición rica en silíceo, similar a los cristales que se forman en las rocas volcánicas. Los cristales tienen formas laminares que refuerzan la matriz cementante y las placas entrelazadas incrementan la resistencia del hormigón ante una fractura por fragilidad. “Se trata de un sistema que se desarrolla en un intercambio químico abierto con el agua de mar“, destaca Jackson.

Imagen microscópica. Imagen microscópica que muestra el material grumoso y aglomerante de calcio, aluminio, silicato e hidrato que se forma al mezclarse la ceniza volcánica, la cal y el agua de mar. Se aprecian los cristales de tobermorita aluminosa aparecidos en la matriz de cementación. “C-A-S-H” corresponde a “calcium-aluminum-silicate-hydrate”. FOTO: COURTESY OF MARIE JACKSON / THE UNIVERSITY OF UTAH

 

12 septiembre 2017 at 1:42 pm Deja un comentario

Descubierto el ingrediente secreto que explica la fuerza del hormigón de la antigua Roma

Científicos buscan la receta que usaban los romanos para construir sus puertos, algunos aún en pie

Extracción de muestras de un muelle del ‘Portus Cosanus’ en la costa toscana, construido hace más de 2.000 años. J. P. OLESON

Fuente: MIGUEL ÁNGEL CRIADO  |  EL PAÍS
3 de julio de 2017

“¿Quién se admirará bastante de la parte arruinada de ella [la Tierra] y por esto llamado polvo en las colinas de Puteoli para oponerse al reflujo del mar, y sumergido de inmediato se hace una piedra irrompible por las olas y más fuerte cada día…?” Así describía Plinio el Viejo las maravillas del hormigón romano en el año 79 de nuestra era. Durante siglos, Roma construyó sus puertos con una combinación de caemento, cal viva y materiales volcánicos que la ingeniería moderna tardó siglos en igualar. Ahora, geólogos e ingenieros buscan en los restos de los puertos romanos la fórmula exacta para el hormigón del futuro.

El hormigón moderno empieza a deteriorarse nada más echarlo al mar. La reacción con el agua salina le hace perder alcalinidad y carbonatarse. Hasta que dejó de usarse el hormigón armado, la química dictaba que, en unas décadas, lo que parecía sólida roca se disolvería como un azucarillo. Sin embargo, con todos los avatares de la historia y hasta de la orografía, aún quedan espigones, rompeolas o muelles de los puertos construidos por los ingenieros romanos hace 2.000 años.

“Contrariamente a los fundamentos del hormigón moderno basado en el cemento, los romanos crearon un hormigón que mejora con el intercambio químico abierto con el agua de mar”, explica la geóloga de la Universidad de Utah (EE UU), Marie Jackson, que lleva años buscando la fórmula del hormigón romano. Tanto entonces como ahora se usa un aglomerante. En la actualidad, la base es el cemento tipo Portland, compuesto por calizas y arcillas calentadas a más de 1.500º. Los romanos recurrían en especial a la cal viva, óxido de calcio. Como aglomerado, hoy se usan arenas y gravillas. Entonces, escombros de todo tipo.

Los romanos usaban cal como aglomerante y materiales volcánicos como aglomerado

Pero la clave está en el aliño. Antes de ellos, la construcción en las sociedades más avanzadas de entonces, como la griega, usaban una argamasa calcárea que al secar hacía de aglomerante. Ya fuera por casualidad, cercanía geográfica o ensayo y error descubrieron que los materiales volcánicos que usaban reaccionaban con el agua como lo hace hoy el cemento Portland. De hecho, como escribió Plinio el Viejo, aquel hormigón mejoraba con la exposición al agua marina.

Jackson y un grupo de colegas han usado tecnologías muy avanzadas para analizar muestras tomadas del interior de la estructura de dos puertos romanos y un espigón construidos entre el siglo I antes de nuestra era y el siglo I de esta. Las escanearon con microscopio electrónico, con el sincrotón que tiene el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (EE UU) y la técnica de espectroscopia Raman. Las piedras revelaron todos sus secretos.

“Pudimos identificar los diferentes minerales y las enigmáticamente complejas secuencias de cristalización a escala microscópica”, cuenta Jackson. Según los resultados de su investigación, publicada en la revista especializada, American Mineralogist, la cal, expuesta al agua marina, reaccionó con las cenizas volcánicas usadas en la mezcla de forma muy rápida. Pero lo que han comprobado también es que, tras agotarse la cal, se inició una segunda fase mucho más lenta.

Hormigón procedente de un espigón de la bahía de Nápoles de hace 2.000 años visto al microscopio electrónico. MARIE JACKSON

Ahora los protagonistas son dos minerales que ni habían sido descubiertos en tiempos de los romanos, la tobermorita y la phillipsita. En el hormigón marino romano, estos minerales forman finas fibras y placas que lo hacen más resistente y menos susceptible a la fractura. La tobermorita fue descubierta en el siglo XIX. En estado natural ha sido detectada en emisiones de algunos volcanes islandeses y, de forma artificial, también ha aparecido como subproducto de la reacción del hormigón usado en los cementerios nucleares con la roca.

Tanto la tobermorita como la phillipsita se usan hoy para elaborar los cementos especiales con los que hacer el hormigón masa (sin armazón) con el que se levantan los puertos actuales. El problema es que hay que quemar el mineral a muy alta temperatura. “Nadie ha creado tobermorita a 20º, excepto los romanos”, comenta Jackson.

Los puertos romanos se construían con las mismas cenizas volcánicas de la región de la actual Nápoles

Para el profesor de ingeniería de la construcción de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV), Víctor Yepes, “el hormigón romano era mejor que el mal hormigón actual pero no superior al buen hormigón”. Sí reconoce que los romanos encontraron en la naturaleza unos materiales que la ciencia moderna tardaría siglos en igualar con el descubrimiento del cemento Portland.

Yepes también reconoce que los materiales volcánicos usados por los romanos son más ecológicos. La industria del cemento es responsable del 5% de las emisiones de CO2 que están detrás del cambio climático. Hasta llegar al hormigón hay que obtener el clinker (el polvo base del cemento) en grandes hornos que emiten doblemente: con la energía que necesitan para calentar las materias primas a más de 1.500º y como subproducto del propio cemento. Además, usan las cenizas de siderúrgicas y centrales termoeléctricas alimentadas con carbón como los romanos usaban las del Vesubio, alimentando sus propias emisiones.

Si se pudiera recrear la reacción fría del hormigón marino romano, la aportación de la industria cementera al calentamiento global se reduciría de forma significativa. En eso trabajan Jackson y otros, como el Departamento de Energía de EE UU. Aunque se han realizado experimentos en condiciones similares, usando agua de la bahía de San Francisco, y materiales volcánicos del oeste de EE UU, el hormigón obtenido aún no tiene las características del romano. Desvelados todos los ingredientes de la fórmula del hormigón romano gracias a la tecnología moderna, Jackson reconoce que lo que no han resuelto es “la preparación de las materias primas y los procedimiento”.

 

3 julio 2017 at 8:24 pm Deja un comentario

Los romanos se inspiraron en rocas volcánicas para producir hormigón

Los antiguos romanos se inspiraron en una roca volcánica para la fabricación de duraderos materiales de construcción, según explican científicos de la Universidad de Stanford, Estados Unidos

coliseo-hormigon

Foto: DILIFF/WIKIMEDIA

Fuente: EUROPA PRESS  |  Noticias Mallorca.es      12/07/2015

El “hormigón natural” descubierto en el área volcánica Campos Flégreos (Campi Flegrei, en italiano), cerca de Nápoles, en Italia, es similar al hormigón romano, un compuesto legendario inventado por los romanos y que se utilizó para construir el Panteón, el Coliseo y los antiguos puertos a lo largo de todo el Mediterráneo.

“Esto implica la existencia de un proceso natural en el subsuelo de Campi Flegrei similar al que se usa para producir hormigón”, afirma Tiziana Vanorio, geofísica experimental de la Facultad de Ciencias de la Tierra, Energía y Medio Ambiente de Stanford.

Campi Flegrei se encuentra en el centro de una gran depresión o caldera volcánica que está picada por cráteres formados durante erupciones pasadas, el último de los cuales sucedió hace casi 500 años. Ubicado dentro de esta caldera está el colorido puerto de la ciudad de Pozzuoli, que fue fundada en el año 600 aC por los griegos y llamada “Pozzuoli” por los romanos.

A partir de 1982, la tierra debajo de Pozzuoli comenzó a aumentar a un ritmo alarmante y en un lapso de dos años, la elevación superó seis pies (1,83 metros), una cantidad sin precedentes en cualquier parte del mundo. “El creciente fondo del mar dejó la bahía de Pozzuoli demasiado superficial para grandes embarcaciones”, explica Vanorio.

Para empeorar las cosas, la hinchazón del suelo fue acompañada por un enjambre de micro-terremotos. Muchos de los temblores eran demasiado pequeños para sentirse, pero cuando un terremoto de magnitud 4 sacudió Pozzuoli, los gobernantes evacuaron el centro histórico de la ciudad, de forma que Pozzuoli se convirtió en un pueblo fantasma durante la noche.

Vanorio, que entonces era un adolescente, fue uno de los aproximadamente 40.000 residentes obligados a huir de Pozzuoli y establecerse en pueblos dispersos entre Nápoles y Roma.

El evento le causó una gran impresión e inspiró a sus intereses en las ciencias de la tierra. Ahora, como profesor asistente en Stanford, decidió aplicar sus conocimientos sobre cómo las rocas en las profundidades de la Tierra responden a los cambios mecánicos y químicos para investigar cómo la tierra debajo de Pozzuoli era capaz de soportar tanta deformación antes de agrietarse y generar micro-terremotos.

“La inflamación de la tierra se produce en otras calderas como Yellowstone o Long Valley en Estados Unidos, pero nunca a este grado y, por lo general, requiere mucha menos elevación para desencadenar terremotos en otros lugares –detalla Vanorio–. En Campi Flegrei, los micro-terremotos se retrasaron durante meses a pesar de las muy grandes deformaciones del terreno”.

Para entender por qué la superficie de la caldera es capaz de soportar tan increíble tensión sin agrietarse, Vanorio y un asociado postdoctoral, Waruntorn Kanitpanyacharoen, estudiaron núcleos de roca de la región.

A principios de la década de 1980, un programa de perforación profunda sondeó el sistema geotérmico activo de Campi Flegrei a una profundidad de cerca de 2 millas (3,22 kilómetros). Cuando estos expertos analizaron las muestras de roca, descubrieron que una dura capa de roca sello situada cerca de la superficie de la caldera de Campi Flegrei es rica en puzolana o cenizas volcánicas de la región.

Los científicos también notaron que la roca sello contenía minerales tobermorita y etringita que también se encuentran en hormigón hecho por el hombre. Estos minerales habrían hecho la roca sello de Campi Flegrei más dúctil y su presencia explica por qué el suelo debajo de Pozzuoli fue capaz de resistir esa flexión significativa antes de romperse.

Las muestras de roca sello mostraron que el profundo suelo de la caldera, el “muro” que forma la depresión similar a un tazón, consistía en rocas con carbonato similare, a la piedra caliza, y que intercalado dentro de las rocas carbonatadas había un mineral en forma de aguja llamado actinolita.

“La actinolita era la clave para entender todas las otras reacciones químicas que tenían que producirse para formar el cemento natural en Campi Flegrei”, afirma Kanitpanyacharoen, que ahora está en la Universidad de Chulalongkorn, en Tailandia. A partir de la actinolita y el grafito, los científicos dedujeron que una reacción química llamada descarbonatación se estaba produciendo por debajo de Campi Flegrei.

Estos expertos creen que la combinación de calor y aguas descarbonatadas ricas en minerales que circulan por el suelo a gran profundidad es lo que provocó la formación de actinolita así como el gas dióxido de carbono. A medida que el CO2 se mezcla con el carbonato de calcio y el hidrógeno en las rocas del basamento, se desencadena una cascada química que produce varios compuestos, uno de los cuales es hidróxido de calcio.

El hidróxido de calcio, también conocido como portlandita o cal hidratada, es uno de los dos ingredientes clave en el hormigón fabricado por el hombre, incluyendo el hormigón romano. Los fluidos geotérmicos circulantes transportan esta cal de origen natural hasta menores profundidades, donde se combina con la ceniza puzolana en la roca sello para formar una roca impenetrable de tipo hormigón capaz de resistir fuerzas muy fuertes.

“Ésta es la misma reacción química que los antiguos romanos, sin saberlo, explotaron para crear su famoso hormigón, pero en Campi Flegrei ocurre de manera natural”, afirma Vanorio, quein sospecha que la inspiración para el hormigón romano vino de la observación de las interacciones entre la ceniza volcánica en Pozzuoli y el agua de mar en la región. El filósofo romano Séneca, por ejemplo, señaló que el “polvo en Puzzuoli se convierte en piedra si toca el agua”.

“Los romanos eran agudos observadores del mundo natural y finos empiristas –señala Vanorio–. Seneca, y antes de él Vitruvio, entendió que había algo especial acerca de la ceniza en Pozzuoli, y los romanos usaron la puzolana para crear su propio hormigón, aunque con una fuente diferente de cal”.

Pozzuoli fue el principal puerto comercial y militar para el Imperio Romano y era común emplear puzolana como tanque de lastre de los buques mientras negociaban con granos del Mediterráneo oriental. Como resultado de esta práctica, la ceniza volcánica de Campi Flegrei y la utilización del hormigón romano se extendió por todo el mundo antiguo. Los arqueólogos han descubierto recientemente que los muelles en Alejandría, Cesarea y Chipre están todos hechos de hormigón romano y tienen puzolana como ingrediente principal.

Curiosamente, la misma reacción química que es responsable de las propiedades únicas de roca sello de Campi Flegrei también puede desencadenar su caída. Si se produce demasiado descarbonatación, como podría suceder si una gran cantidad de agua salada, o salmuera, se inyecta en el sistema, se provocará un exceso de dióxido de carbono, metano y vapor. Como estos gases se elevan hacia la superficie, chocarían contra la capa de cemento natural, deformando la roca sello. Esto es lo que levantó Pozzuoli, en la década de 1980.

12 julio 2015 at 9:47 am Deja un comentario


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