Posts tagged ‘Mary Beard’

Mary Beard: Razones para plantar cara a los acosadores en la Red

La historiadora británica Mary Beard ofrece sus claves para luchar contra la agresividad, los insultos y la crispación en las redes sociales

Fly swatter. JENS MORTENSEN

Fuente: MARY BEARD  |  EL PAÍS
30 de septiembre de 2017

El volumen de comentarios insultantes y abusivos en las redes sociales resulta insoportable. Me encuentro todo el tiempo, un día tras otro, con tuits que me llaman farsante, nenaza (sic), engañifa, mierda, mentirosa, gorda, chiflada, que no sé latín… Es agotador. A eso se añaden las provocaciones y los cuestionamientos constantes, donde se tergiversan mis palabras y se aprovecha cualquier oportunidad para decir que he cambiado de criterio, me he acobardado o lo que sea. Hay que hacer grandes esfuerzos para mostrarse educada y tranquila ante ese diluvio.

Explicaré los antecedentes. En las últimas semanas me he visto envuelta en una especie de tormenta en Twitter, sin que los responsables de la red social hayan podido hacer mucho para detenerla. El detonante fue esta vez una discusión sobre la diversidad étnica de Reino Unido en la época romana (parece algo inocuo, ¿verdad?, pues sigan leyendo). Todo comenzó en julio, cuando un comentarista criticó un vídeo educativo de la BBC sobre una familia en la Bretaña romana, en la que el padre, un soldado de alto rango, era negro (eran dibujos animados, así que no se puede precisar mucho más). El comentarista se quejó en Twitter y en una página web cercana a la llamada derecha alternativa. “La izquierda”, escribió, “está literalmente tratando de reescribir la historia para fingir que en Gran Bretaña siempre hubo una inmigración masiva”.

Algunas personas se me adelantaron en el rechazo a la crítica y describieron muchas de las pruebas existentes sobre la diversidad étnica y cultural de la provincia. Yo me sumé bastante más tarde y dije que el vídeo era “muy atinado”. Por ejemplo, creo que el personaje de la BBC estaba vagamente basado (con ciertas variaciones cronológicas) en Quintus Lollius Urbicus, un hombre procedente de la actual Argelia, que llegó a ser gobernador de Bretaña; se puede visitar su tumba en las ruinas de Tiddis, en el país magrebí. Si quieren tener más datos, vean los blogs de los profesores Neville Morley y Matthew Nicholls. Por cierto, les agradezco a ambos, como a muchos otros, todo el apoyo que me han prestado.

Después de mi breve comentario comenzaron los ataques, que se prolongaron durante semanas. Sin llegar a ser amenazas de muerte (como le ha ocurrido a mi colega estadounidense Sarah Bond, que tuvo la osadía de decir que las estatuas clásicas, en su origen, no eran blancas), forman un torrente de insultos de lo más agresivo contra todos los aspectos de mi persona, desde mi competencia como historiadora y mis puntos de vista elitistas, propios de quien vive en una torre de marfil, hasta comentarios sobre mi edad, mi silueta, mi sexo (vieja chiflada, obesa, etcétera). Han quedado bastante compensados por las muestras de apoyo (doy de nuevo las gracias a todos), y, uno por uno, no pasan de ser irritantes, pero el efecto acumulado es muy desagradable.

 

La cosa empeoró cuando intervino Nassim Nicholas Taleb [ensayista que reside en EE UU], y no para darme la razón. Su participación desató todavía más insultos. Una persona, por ejemplo, colgó una foto de Taleb con un mensaje dirigido a mí: “¿Qué le parece esto?”. Cuando respondí que me sentía ligeramente acosada, otro replicó: “No, esto es un verdadero debate. Si hubiera más, quizá sería mejor historiadora”. Ese mismo tipo publicó después una caricatura de una rana que tapaba la boca de una mujer con la “mano”, lo cual, por cierto, da idea del tono sexista: mientras que Taleb era el profesor Taleb, yo era la señora Beard (los títulos académicos me importan bastante poco, pero es interesante la diferencia en el tratamiento).

Taleb fue un poco menos insultante, pero solo un poco. Me acusó de decir tonterías e intentó convertir la discusión en una especie de pelea de gallos: “¡Me han citado en medios académicos más veces a mí en un año que a ti en toda tu vida!”, llegó a escribir en un momento dado. Creo que yo mantuve el tono educado todo el tiempo, aunque supongo que son otros los que tendrán que decirlo. El profesor Taleb se enfadó cuando dije que había leído su bestseller sobre los riesgos financieros y políticos, pero nada más. En realidad, lo que yo quería decir era que conocía alguna obra suya, aunque no todas.

Me intercambié con Twitter mensajes amistosos y comprensivos, pero no puedo decir que sirviera de mucho para parar los ataques

Seamos justos con Twitter. Me intercambié con ellos mensajes amistosos, comprensivos y serviciales, y les di las gracias por ello, aunque no puedo decir que sirviera de mucho. El problema era que, a juicio de Twit­ter, muy pocos tuits eran verdaderamente denunciables. Algunos lo eran, y no fui la única en señalarlos, con un éxito moderado (hay que aceptar, aunque no esté de acuerdo, que la opinión de Twitter sobre lo que infringe sus normas puede ser distinta de la opinión de distintos usuarios).

¿Qué hacer, pues? ¿Por qué no bloqueé los comentarios, como me sugirieron muchos? Entiendo su punto de vista, pero nunca he tenido claro que haya que bloquear a otros en Twitter. Un motivo para no hacerlo es que hay que mirar. En alguna otra ocasión he recibido amenazas de muerte en la Red, y sé que conviene vigilar los ataques verbales para asegurarse de que se quedan en eso y no derivan en encontrarte en tu puerta una mañana una granada de mano. Bloquearlos no hace que dejen de comentar, solo sirve para no verlos más, y me parece que es como si dejáramos el patio del colegio en manos de los matones. Además, aunque seguramente nadie va a hacer cambiar de opinión a los más convencidos, quizá se consiga con algún agazapado. Y de paso demostrar a todo el mundo que es posible defender las posiciones. Batirse en retirada es el consejo que han recibido las mujeres durante siglos. No respondas, mira hacia otro lado. Aguántate y calla.

Imagen del vídeo de la BBC que ha generado la polémica.

Que es también (me duele decirlo) el consejo que me daban algunos de mis más cariñosos defensores. Cuando, unos días después, volvió a estallar todo, gracias a un tuit del profesor Taleb, afirmé que, en mi opinión, aquella discusión concreta ya estaba agotada y que debíamos pasar a otra cosa. Poco después recibí varias respuestas conciliadoras, del tipo: “Oh, Mary, déjalo estar, cariño, olvídate, bloquéale…”. Pensé que lo que yo había hecho era precisamente dejarlo estar. Acababan de atacarme otra vez y ya me estaban recomendando que no dijera nada.

En definitiva, cuando una mujer abre la boca para protestar, los que están en contra dicen que es una “quejica” y los que están de su parte, al menos algunos de ellos, dicen que es mejor que se calle. No está mal.

Bloquearlos no hace que dejen de comentar, solo sirve para no verlos. Parece como si dejáramos el patio del colegio en manos de los matones

De esta historia tan lamentable pueden extraerse varias reflexiones:

1. Opinar sin saber

Hay un problema de fondo. Siempre he pensado que la Historia no es algo de lo que solo pueden hablar los historiadores profesionales, y no me gusta mucho la gente que dice que “he leído más que tú sobre este tema, así que tengo razón”. Sin embargo, en esta discusión, tuve que preguntar varias veces: “¿Ha leído usted algún libro sobre la historia de la Bretaña romana?”. Unos cuantos tuvieron la decencia de contestar que no. Y era evidente que había varios casos de ignorancia. Al hablar del África subsahariana, más de uno colgó un mapa del Imperio Romano para decir que yo tenía que ser idiota si pensaba que podía haber gente procedente de allí en la Gran Bretaña de la época, porque el imperio no había llegado tan lejos. Me habrían hecho falta muchos caracteres, más de 140, para explicar por qué las fronteras convencionales que se veían en el mapa eran engañosas, y por qué el mundo de entonces era mucho más “romano” de lo que indicaban esas fronteras.

 

Otros querían que les diese una cifra exacta de la “proporción” de minorías étnicas en la Bretaña romana, sin darse cuenta, al parecer, de que no tenemos ni idea de cuánta gente en general vivía entonces en el país, ni de que no se puede hablar de composiciones típicas, dadas las enormes discrepancias que existían entre zonas urbanas y rurales y zonas militarizadas y no militarizadas. El vídeo de la BBC no decía que la familia que aparecía fuera “típica” (aunque el anuncio en su página web sí lo sugería, lo cual tal vez condujo a engaño).

2. No todo son certezas

En general, entre la mayoría de tuiteros y comentaristas, se notaba un ansia de certezas absolutas sobre la diversidad del pasado (y, cuando alguien sugería que esas certezas eran imposibles, los comentarios se convertían en “o sea, ustedes los historiadores no saben nada”). De lo que no cabe ninguna duda es de que el Imperio Romano —incluida Bretaña— tenía gran diversidad étnica y cultural, como muestran los sirios en Bath, o Quintus Lollius Urbicus, o el etíope que, según un escritor romano tardío, conoció a Septimius Severus en la Muralla de Adriano, o la maravillosa pareja de South Shields, Barates y Queenie (Regina), él de Palmira y ella de Essex. Eso es indudable.

Lo malo es que presentar casos concretos con lazos étnicos específicos es mucho más difícil, y exige utilizar una gran variedad de técnicas históricas y científicas. Ni siquiera en el caso de Septimius Severus, el primer emperador romano procedente de África (Libia), sabemos con certeza el color de su piel, cuánto tenía de “nativo” y cuánto de descendiente de un colono italiano.

3. Interpretar con cuidado

Se dijeron muchas tonterías, me temo, sobre datos genéticos, que, para mucha gente (incluido Taleb), parecen ser el instrumento mágico capaz de demostrar, por ejemplo, que no hubo presencia de subsaharianos en la Bretaña romana. No es verdad, no demuestran nada de eso; además, para utilizar esos datos genéticos, es necesario interpretarlos con sumo cuidado. El blog de Neville Morley es muy bueno en este sentido. El principal estudio en el que se basan casi todas estas afirmaciones es el que hizo el Wellcome Centre de Oxford sobre la población británica moderna, que demuestra que, en la población “nativa” tradicional de Reino Unido (antes de las últimas oleadas de inmigración), el componente de ADN subsahariano es muy escaso (no inexistente, pero sí muy escaso). De modo que Taleb se dedicó a burlarse de mí: “¿Dónde han ido a parar esos genes? Una posible explicación es que unos extraterrestres se los llevaron todos. Al fin y al cabo, no soy ningún experto en historia de los extraterrestres”. Muy bien. Pero resulta que en el estudio de Oxford también aparecen muy pocos genes normandos, y es indudable que ellos sí que vinieron en grandes cantidades. Puede que haya anomalías científicas, pero, como dice Morley, la pregunta más importante es por qué ha quedado tan poca herencia genética cuando existen pruebas claras de que hubo diversidad (tal vez los romanos y los normandos se mezclaron poco; tal vez, cuando los romanos dejaron Gran Bretaña, los “matrimonios mixtos” se fueron con ellos). No nos hace falta ningún extraterrestre.

4. Recurrir al insulto

 

Me parece muy triste que no podamos mantener una discusión razonable sobre un tema como la composición étnica y cultural de la Bretaña romana sin necesidad de recurrir al insulto, al ataque, a la misoginia y al lenguaje belicoso. Da pocas esperanzas a la posibilibidad de mantener cualquier conversación sobre la diversidad étnica actual.

He repasado los perfiles de Twit­ter de varios de los que se me han echado encima. Algunos tienen el típico aspecto del solitario descontento. Quiero dejar muy claro que ni la derecha ni la izquierda tienen el monopolio de la mala educación en la Red. No digo nada de eso. Pero me he encontrado con una faceta especialmente desagradable de la derecha, muchas veces reconocible por sus nombres en Twitter. Cosas como (me las estoy inventando) “puño de hierro”, “cabeza rapada” o, a veces, algo en latín macarrónico. Y también con un número de tuits completamente desproporcionado respecto de los seguidores que tienen.

Casi todos estos hombres (son mayoría, pero no hay solo hombres) resultan patéticos más que malos. Y no estoy segura de querer desperdiciar el tiempo de los tribunales con ellos. Pero no sé cómo es posible convencerlos para que dejen de amargar la vida de otras personas (yo tengo suerte, porque soy fuerte y tengo apoyos muy valiosos, pero otros sufren mucho más). Prefiero, sin duda, discutir sobre las discrepancias académicas de manera educada, no saltar a la primera de cambio, ni entrar en peleas con frases como “no digas idioteces”. Pero tampoco quiero vivir en un mundo en el que nadie se enfade nunca, en el que no haya jamás insultos. Ahora bien, no quiero que nadie sea grosero, nunca.

¿Cómo lograr que esta gente deje de practicar acosos colectivos como este? Se aceptan sugerencias.

——————————————–

Mary Beard es catédratica de estudios clásicos en la Universidad de Cambridge y autora de ‘SPQR: Una historia de la antigua Roma’ (Crítica). Recibió en 2016 el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

Este texto se publicó en una versión anterior en el ‘Times Literary Supplement’.

 

Anuncios

30 septiembre 2017 at 10:08 am 1 comentario

Mary Beard: “Roma y nosotros. Cómo entender la herencia romana en nuestro tiempo”

“Roma y nosotros. Cómo entender la herencia romana en nuestro tiempo”, conferencia de la Dra. Mary Beard (University of Cambridge), presentada por la Prof. Carmen Fernández Ochoa (Universidad Autónoma de Madrid) y Dr. Javier Salido Domínguez (Universidad Complutense de Madrid), primera del ciclo “Diálogos con el mundo clásico”.

Fuente: Canal del Museo Arqueológico Nacional de España en Youtube

 

12 septiembre 2017 at 1:46 pm Deja un comentario

Mary Beard: “Es una locura comparar el Imperio romano con la Unión Europea”

La historiadora británica, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales el año pasado, ha estado esta semana en nuestro país cumpliendo una apretada agenda. Además de asistir a su investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad Carlos III ha ofrecido dos conferencias en el Museo Arqueológico y la Fundación Telefónica sobre diversos aspectos del mundo que mejor conoce, el de la Antigüedad clásica.

Mary Beard

Fuente: ANDRÉS SEOANE  |  EL CULTURAL
8 de septiembre de 2017

“Me gusta comparar a la gente con alumnos de primero de carrera. Son inteligentes pero ignoran muchas cosas, y para mí es un placer el poder enseñarles”. Y además lo hace magníficamente. No por nada la historiadora británica Mary Beard (Shropshire, 1955), última Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es conocida como “la clasicista más conocida del mundo”. Su concepción de la historia, que aúna divulgación con escepticismo y conceptos complejos con explicaciones prácticas (y muy divertidas) causa furor entre el público que lee su libros y columnas y sigue sus documentales en la BBC. También sus, en muchos casos, polémicas y heterodoxas opiniones, que generan encendidos debates en Twitter, donde tiene más de 150.000 seguidores.

Esta semana la autora de SPQR ha estado de gira por España para asistir a su investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad Carlos III, “por sus relevantes méritos académicos y profesionales”, a propuesta del Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja. Además ha tenido tiempo para impartir dos conferencias, la primera en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) el miércoles, donde la cola desbordaba el jardín del edificio y solo pudieron entrar los más tempraneros; y la segunda esta tarde en el Espacio Fundación Telefónica, para la que las entradas gratuitas se agotaron una hora más tarde de ser puestas a disposición del público. Todavía permanecerá unos días en nuestro país donde el domingo comenzará en Cádiz el rodaje de un nuevo documental con Julio César como protagonista.

Si hoy tuviéramos a Cicerón aquí no nos entenderíamos con él y el no entendería nada de nuestra vida”

Pregunta.-¿Cuáles son los peligros de ver la historia con los ojos de hoy, de no contextualizar?
Respuesta.- Ese es el gran peligro de los que investigamos la historia y de los que la aprenden, claro. Es complejo, porque en el caso de los romanos, ellos comparten muchos de los problemas que podamos tener hoy en día, como el vivir en una gran ciudad, pero si hoy tuviéramos a Cicerón aquí, seguramente no nos entenderíamos con él y el no entendería nada de nuestra vida. Tendemos a quedarnos solo con los paralelismos, pero siempre es en realidad un tira y afloja, un toma y daca. Es como si el historiador fuera una persona que está caminando sobre una cuerda floja. A un lado miras y ves algo totalmente desconocido y raro, y a otro lado es todo muy familiar y muy como nosotros. Para mí esta es la parte interesante de estudiar el pasado y es algo que no solo pasa con la Antigüedad, ocurre aunque estudies el siglo XIX. Tampoco hay una respuesta correcta necesariamente a eso, por lo que lo único que trato de hacer es mostrarle a la gente esas dos partes para que por un lado les atraiga la familiaridad, porque si no te ves relacionado de alguna forma contigo no puedes empatizar; y por otro lado presentar algo raro y anómalo, que gusta y ofrece un atractivo de estudio y de conocimiento.

P.- Como comentaba el otro día en el Museo Arqueológico, ¿cómo nos concierne hoy Roma? ¿Qué podemos aprender y dónde acaban estas enseñanzas?
R.- Hay que tener mucho cuidado a la hora de pretender tomar lecciones de Roma sin examinarlas. No tenemos que pensar que esas enseñanzas podemos aplicarlas sin más, sin actualizarlas. Quizá tenemos nosotros más que enseñar a los romanos que al revés. No estoy muy interesada en esos profesores e historiadores nostálgicos que piensan que Roma es algo que hay que copiar y emular. Mejor no hacerlo, créame. Pero sí pienso que la historia de los romanos, esa época de la Antigüedad, podría llevarnos a entendernos mejor a nosotros mismos, es decir, el estudio de las diferencias nos hace vernos con otros ojos, para lo bueno y para lo malo. Establecer un diálogo con esa época es una manera de reexaminarnos a nosotros mismos más que de aprender lecciones.

En muchos aspectos somos herederos de los debates políticos y sociales que ya se daban en Roma hace 2.000 años”

En ese sentido, Beard destaca que en muchos casos no somos conscientes de la impronta y de la influencia que en muchos aspectos políticos y sociales de nuestro día a día tiene la cultura romana, cuya visión del mundo y legado son alargados. “Sin duda la cultura occidental no debe todo a los griegos o romanos, y yo lo agradezco, pero sin duda hemos heredado muchas convenciones y reglas del mundo clásico”, explica. “Hoy en Occidente tenemos unos debates muy similares a los que podía haber en Roma, aunque las respuestas quizá podrían no ser las mismas. Pero hemos heredado formas de pensar y de afrontar los dilemas y cuestiones políticas, y en cierta forma somos herederos de sus mismos debates, como por ejemplo las libertades civiles y todo eso”. Recuerda la historiadora que “han existido en la historia de Roma una serie de debates constantes, como el terrorismo político plasmado en figuras como Julio César o Catilina o la esclavitud y sus límites, que han trascendido hasta hoy y se han convertido en mitos funcionales de nuestras sociedades“. Es en esta capacidad de Beard para acercar Roma a la actualidad, para demostrar que nuestros dilemas ya estaban sobre el tablero hace 2.000 años, en donde radica la mayor parte de su éxito.

P.- En toda su obra late la idea de que en toda su historia, mítica y real, Roma deja claro su papel inclusivo y multicultural, ¿deberíamos recoger hoy ese mensaje? ¿Cómo?
R.- Sí, es cierto que Roma, tanto a nivel Imperio como a nivel ciudad, no solo era inclusiva, sino que además tenía una alta conciencia de serlo que estimaba mucho, porque no es lo mismo serlo por casualidad y no a propósito. Eso es algo que a nosotros nos sorprende hoy en día, pero lo que tenemos que tener en cuenta es que quizá no todo era de color de rosa, que también allí había xenofobia y marginalidad. Pero en líneas generales de esa cualidad del espíritu romano debemos sacar lecciones, porque lo describamos como lo describamos, un imperio exitoso, brutal o militarista, se construyó a base de incorporar a los extranjeros y no a base de excluirlos. Ellos lo hicieron de esa manera y nosotros, en cierto modo, estamos haciendo las cosas distintas. Aún así, la comparación no es posible a ningún nivel más que general, es una locura comparar el Imperio romano con la Unión Europea, pero aunque no nos adhiramos a su sistema, por lo menos debería servirnos para ver que existen otros caminos, otras vías posibles a las que está explotando Europa hoy en día.

El multiculturalismo de Roma debería servirnos para ver que existen otras vías posibles a las que está explotando Europa”

La intensiva visita de Mary Beard a nuestro país se ha cerrado esta tarde con otra conferencia, pronunciada en este caso en el auditorio de la Fundación Telefónica, en la que la historiadora británica se ha explayado sobre uno de sus temas favoritos, la perspectiva feminista, el análisis del papel de la mujer en ese mundo clásico que tan bien conoce y las consecuencias derivadas de esa visión antigua en la actualidad. “Quiero reflexionar sobre la silenciacion de la mujer desde el homerismo clásico hasta la Roma imperial y sobre alguna de las formas en las que las voces de las mujeres no se escuchan en las variadas esferas de nuestro mundo actual. Una sordera generalizada en nuestra sociedad”, ha comenzado.

Así, bajo el título de Women’s speech, women’s power, Beard ha hablado de los discursos que han influido en el silenciamiento de las mujeres desde la Grecia antigua hasta la actualidad y el papel que juega la mitología clásica en nuestras propias representaciones del poder, o la ausencia de este, en el caso de las mujeres. “Este tema es mucho más complicado que una simple misoginia, a lo que alguna gente quiere reducir este problema”, se ha lamentado. “Hay una gran carga histórica detrás de la silenciación de las mujeres que se remonta a toda la tradición clásica grecolatina y que pervive hoy, pero ya va siendo hora de cambiarlo”.

 

9 septiembre 2017 at 10:00 am 1 comentario

Mary Beard, la latinista que no esquiva ninguna pelea en Twitter

La profesora de Cambridge, autora de ‘SPQR’, llena auditorios en su gira española

Mary Beard, fotografiada este viernes en la Fundación Telefónica. CARLOS ROSILLO

Fuente: GUILLERMO ALTARES > Madrid  |  EL PAÍS
8 de septiembre de 2017

¿Puede un tipo llamado Quintus Lollius Urbicus, nacido en Argelia en el siglo segundo de nuestra era, ser el protagonista de una tormenta de fango en las redes sociales, con miles de tuits? Sí, si está Mary Beard en medio. Esta profesora de estudios clásicos en Cambridge es, a la vez, una erudita muy respetada, autora de libros como SPQR, Pompeya o El Triunfo Romano, y una celebridad global por sus documentales en la cadena británica BBC o su presencia en redes sociales, donde decidió hace tiempo no esquivar ninguna pelea. Mary Beard (Shropshire, 1955) ha visitado esta semana España para ser investida doctora honoris causa por la Universidad Carlos III y ha impartido dos conferencias, en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) el miércoles y ayer en el Espacio Telefónica. En el museo, la cola superaba de lejos el jardín del edificio y solo los que llegaron dos horas antes pudieron entrar. En Telefónica, las entradas gratuitas se agotaron a la hora de ofrecerse en la red. Después de su paso por Madrid, el domingo comenzará en Cádiz el rodaje de un nuevo documental, con Julio César como protagonista.

Público asistente a la conferencia de la académica Mary Beard en la Fundación Telefónica. CARLOS ROSILLO

Su última batalla en Twitter se produjo este verano cuando la BBC emitió un documental para niños en el que mostraba a una familia en la Inglaterra romana donde el padre era negro. Eso provocó una serie de tuits abiertamente racistas y Mary Beard entró al trapo, tanto en su blog del Times Literary Suplement como en la red social, donde tiene casi 150.000 seguidores. Frente a los insultos, se dedicó a razonar, a dar información y datos: el hombre retratado era el citado Quintus Lollius Urbicus, gobernador de Britania bajo Antonino Pío, y tenía grandes posibilidades de ser subsahariano. Lo que más desconcertó a Beard durante esa polémica fue la dificultad con la que los acosadores en las redes lidiaban con la incertidumbre. “Me decían cosas como ‘entonces cuál era el porcentaje de negros en la Inglaterra romana’, a lo que yo respondía: ‘cómo lo vamos a saber si ni siquiera sabemos qué población tenía la Inglaterra romana”, explica en una entrevista en Madrid antes de sus conferencias.

140 caracteres

“Con 140 caracteres, no es el mejor medio para mantener discusiones sutiles”, señala entre carcajadas (la profesora Beard casi siempre se está riendo y es capaz de hacer que la transcripción latina más obtusa sea entretenida). “Y desde luego la Red no está preparada para explicar que no saber algo no significa un fracaso, sino simplemente que no tenemos pruebas para ello. Lo grave es que el debate político también rehúye la incertidumbre, nos pide certezas ante las que no tenemos respuestas, como ¿debemos salir de la UE? Sí o no. No podemos decir que no entendemos la pregunta”.

También cree que los romanos disponían de algo parecido a Twitter, las pintadas en las paredes. Ella ha estudiado a fondo las de Pompeya, el lugar del mundo donde más se conservan, y en las que aparecían inscripciones tan delicadas como “Publius Comicius Restitutus estuvo aquí con su hermano” mientras que alguien había escrito al lado: “¿Y cagó?”. “Todas las sociedades han inventado una forma de decir yo estoy aquí. El problema es que en Pompeya lo leían unos pocos, unos miles como mucho. Ahora puede ser masivo y en ocasiones Twitter se ha convertido en una ciénaga con cosas horribles, pero también hay cosas buenas. Yo he recibido muchos insultos, pero también apoyos, elogios, gente que me agradece que me enfrente a esos imbéciles”.

El éxito de Mary Beard no se explica solo por sus documentales para la BBC —disponibles en plataformas como Filmin o YouTube—, ni por la calidad de sus libros, sino por su capacidad para acercar Roma a la actualidad, para demostrar que muchos de los dilemas a los que nos enfrentamos ahora ya estaban sobre la mesa hace 2.000 años.

Siempre ha mantenido que no debemos admirar a Roma, que no debe ser ejemplo para nosotros, pero sí mantiene que explica muchas cosas. Por ejemplo, en el Museo Arqueológico Nacional, que recorrió el miércoles, se conserva una bellísima estatua de Livia, la esposa del primer emperador Augusto, que fue acusada por Tácito y Suetonio de todo tipo de maldades (entre ellas de envenenar a su esposo), explotadas luego por Robert Graves en Yo, Claudio. “Livia tenía muy mala reputación. Ellos no lo inventaron y lo que refleja es la sospecha general que las mujeres despertaban en el Imperio romano. Pero también tiene otra lectura: tras el final de la República, las decisiones se tomaban en secreto, lo importante ocurría fuera de la vista del público. Y alguien tan cercano al emperador como Livia levantaba sospechas. ¿No ocurre ahora lo mismo con Donald Trump aunque, al menos por ahora, no tenga un poder absoluto? ¿No se dice lo mismo de Ivanka o Melania?”.

LA ACTUALIDAD DE TÁCITO

“Nunca ha habido un mejor analista de la corrupción del poder”, asegura Mary Beard sobre el historiador romano Tácito (y no es la única experta en literatura romana que lo piensa). Este escritor y político romano, que vivió entre los años 55 y 120, relató la historia de los primeros emperadores en sus Anales.

“Uno de sus aspectos más increíbles es que la corrupción también llega a su estilo, que es muy difícil, lo que cuenta se transparenta en la forma en la que lo relata. También estoy segura de que en todas las épocas, siempre ha existido alguien que pensaba que era el mejor momento para leer a Tácito”. Al principio de su gran obra —de la que se ha perdido gran parte a lo largo de los siglos—, Tácito asegura que escribe “sin ira y sin parcialidad” y tal vez sea ese otro de los motivos por los que 2.000 años después seguimos leyéndolo.

 

Guardar

8 septiembre 2017 at 8:47 pm Deja un comentario

El Museo Arqueológico acoge desde mañana un ciclo de conferencias sobre Roma

El Museo Arqueológico Nacional acogerá desde mañana y hasta el próximo 20 de diciembre “Diálogos con el mundo clásico”, un ciclo de conferencias sobre la antigua Roma que inaugurará la Premio Princesa de Asturias Mary Beard.

Fuente: EFE  |  LA VANGUARDIA

Madrid, 5 sep.- Estas jornadas, organizadas por la Comunidad de Madrid, arrancan mañana con una sesión inaugural a cargo de Beard, profesora de la Universidad de Cambridge y estandarte de la divulgación de la civilización romana clásica cuya ponencia, “Roma y nosotros. Cómo entender la herencia romana en nuestro tiempo”, se retransmitirá en directo a las 18.30 en www.madrid.org/dialogos.

Con estos diálogos, que coordinan a catedrática de la Universidad Autónoma de Madrid Carmen Fernández Ochoa y el doctor Javier Salido Domínguez, el Gobierno autonómico apuesta por promover la difusión de la Arqueología y la Historia Antigua entre todos los públicos, según ha indicado la Comunidad de Madrid en un comunicado.

En estas conferencias participarán figuras como el doctor Simon Keay de la Universidad de Southampton o los profesores Pensabene y Orlandi de “La Sapienza” de Roma, que mantendrán coloquios con catedráticos españoles como Beltrán, Rodá o Zarzalejos.

Los diferentes expertos explicarán aspectos de la vida cotidiana de la antigua Roma seleccionados por su actualidad y por ser objeto de una continua revisión historiográfica y pondrán especial atención a los grupos sociales, el papel de la mujer o el de los esclavos.

Las conferencias atenderá a escenarios tanto privados como públicos, en la corte del emperador o en los foros o edificios de espectáculos.

Con esta visión se podrá reconocer en la sociedad romana “aspectos que culturalmente nos distinguen a través de la realidad que se vivió hace más de dos mil años”, ha indicado el Gobierno regional.

El fin es dar a conocer, de forma “clara y amena”, costumbres y tradiciones, virtudes y vicios, diversiones y placeres de la sociedad romana además de su arquitectura, arte y cultura, ha detallado la Comunidad.

 

5 septiembre 2017 at 6:06 pm Deja un comentario

Italia busca el barco de las orgías de Calígula

La búsqueda de la tercera nave de Calígula reaviva la fascinación que siguen despertando los gobernantes más crueles y extravagantes

Ilustración del siglo XVIII de una nave como las que utilizaba Calígula. CORBIS / HULTON ARCHIVE

Fuente: DANIEL VERDÚ  |  EL PAÍS
23 de agosto de 2017

La leyenda toma cuerpo científico y en Nemi se frotan las manos. La pequeña localidad, a 33 kilómetros al sureste de Roma, rastrea el fondo de su lago en busca de la tercera gran nave de Calígula. Dos de aquellas villas flotantes, que el emperador mandó construir multiplicando su fama de excesivo, ya fueron recuperadas por Mussolini entre 1928 y 1932, expuestas en un museo junto al lago y quemadas la noche del 31 de mayo de 1944 en la huida alemana ante el avance aliado sobre Roma. Sobrevivieron en el incendio pocos trozos de madera, algunas monedas y el voluntarista deseo de que no fueran los únicos barcos. Ahora, la posibilidad de encontrar un tercero, como apuntaban ya documentos del siglo XV, devuelve vigor a la fascinación por un emperador que gobernó cuatro años y que las crónicas convirtieron en 1.400 días de terror.

Nemi y sus naves fueron el prototipo romano de fiesta veraniega flotante: sexo, alcohol y horario ilimitado. Pero más allá de la hipérbole y las anécdotas de la microhistoria que confirman nuestra predilección por el relato de los gobernantes canallas, lo que se conservó 2.000 años bajo el agua dulce del lago fue también la caja negra de una de las etapas más turbulentas del imperio. De modo que, tras cuatro siglos de estériles inmersiones para recuperarlas, Mussolini contrató a una empresa milanesa que vació el lago con una prodigiosa bomba hidráulica. Unos 40 millones de metros cúbicos de agua fueron canalizados hasta el mar a través de viejos acueductos romanos y bajo el lodo, poco a poco, aparecieron los dos barcos: el primero medía 71 metros, y el segundo, 75. Palacios flotantes con estancias de mármol, esculturas y avances tecnológicos como conducciones de plomo para que el agua caliente regase las juergas. Todo un símbolo de la desmesura que rigió la vida de Calígula.

Pero los mismos excesos, de algún modo, le condujeron a la muerte. El 24 de enero del año 41 decidió ir a darse un baño para aliviar una molesta resaca. Los arrebatos paranoicos no le impidieron aquel día adentrarse en un callejón del palacio en Roma, donde fue acuchillado por un grupo de centuriones que ejercieron como mensajeros. Tenía 28 años y solo había gobernado cuatro cuando le mandaron al otro barrio. Su corto mandato, como le sucedió a Nerón por distintos motivos, se convirtió en la imagen de la corrupción y la perversión del poder absoluto en Roma. El único inconveniente es que ese retrato se construyó sobre la resbaladiza damnatio memoriae, la página en blanco de la historia surgida al borrar todos los registros oficiales de sus obras. Incluidas las naves de Nemi, hundidas por sus sucesores.

El inquietante relato oficial de Calígula —en realidad, Cayo Julio César Augusto Germánico— habla de un hombre que amagó con nombrar cónsul a su caballo, que prostituía a sus hermanas, abusaba de su poder sistemáticamente y violaba a las esposas de sus súbditos como pasatiempo. Sin embargo, su representación tiene que ver también con la coartada moral que edificaron sus autores para sacárselo de encima, como defiende la historiadora y premio Princesa de Asturias 2016 Mary Beard: “Gran parte de la historia fue exagerada o inventada después de su muerte para justificar el asesinato. Eso no significa que piense que Calígula fue un buen emperador, de hecho, ahora es casi imposible diferenciar el hecho de la ficción. Aunque estoy bastante segura de que no era exactamente como se le pinta”.

Esos barcos fueron el prototipo de fiesta: sexo, alcohol y horario ilimitado. Son la ‘caja negra’ de una de las etapas más turbulentas del imperio

Las mejores crónicas se escriben a la contra. Sucede todavía con algunos presidentes, cuya excentricidad y tendencia al caos son la receta perfecta para cultivar visitas en cualquier medio de comunicación online. Calígulas contemporáneos, suele bromear Tom Holland, autor de Dinastía (Ático Historia). Los excesos como magnate de Donald Trump, su torre y sus barcos, sus comentarios sobre las mujeres, la errática toma de decisiones como presidente, la aversión por los impuestos, sus provocaciones en Twitter o la afición por nombrar y decapitar asesores conforman una irresistible invitación a los parecidos razonables. “Calígula nos fascina 2.000 años después porque todavía sirve como arquetipo de los caprichos de crueldad del poder absoluto”, señala Holland.

Pero la verdadera génesis del mal quizá tenía que ver en el caso de Calígula con los problemas sucesorios y la falta de una lógica clara que ordenase ese proceso sin conspiraciones ni violencia. En los primeros 100 años de imperio, como recuerda Beard, la muerte de los emperadores estuvo rodeada de ese tipo de mecanismos y sospechas. Su asesinato podría atribuirse a grupos de poder que no querían que Roma fuera más tiempo una autocracia dinástica. La resistencia de cierto establishment acentuó esa sensación de acorralamiento y su obsesión por la seguridad. Pero que uno sea paranoico no quiere decir que no le persigan.

Retrato del emperador Calígula. GETTY

Más allá del mito, Calígula es hoy una oportunidad comercial para Nemi. Un lugar de apenas 2.000 habitantes que atrajo a artistas como Goethe, Byron, Stendhal o Turner y que, quizá, se conformaría hoy con la fama de sus deliciosas fresas de bosque. De momento, el indestructible magnetismo del emperador permanece en los imanes con su rostro y en los souvenirs de la tienda de Santino Lenzi, un artesano que peina sus canas como un auténtico romano a la espera de noticias. En septiembre se conocerán los resultados de las sondas que han rastreado el fondo del lago. Las primeras informaciones dejan entrever más ganas que indicios. Pero hasta entonces, como celebra el alcalde del pueblo, Alberto Bertucci, todos han vuelto a mirar hacia Nemi en busca de respuestas.

 

28 agosto 2017 at 9:49 am Deja un comentario

Mary Beard afronta las críticas por defender la “diversidad” del Imperio Romano

  • La historiadora británica ha denunciado un “torrente de insultos negativos” a través de las redes sociales.
  • Beard defendió un vídeo en el que uno de los legionarios romanos era negro.
  • J. K. Rowling y Diane Abbott han apoyado a la premio Princesa de Asturias.

Mary Beard ha sido reconocida con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016 (ARCHIVO)

Fuente: EFE  |  20minutos.es
7 de agosto de 2017

La historiadora británica Mary Beard, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de 2016, se ha visto envuelta en una “tormenta” de críticas por afirmar que la “diversidad étnica” era común en las islas británicas en la época del Imperio Romano.

La Universidad de Cambridge, donde es catedrática, expresó este lunes su respaldo oficial a la historiadora, que ha denunciado en una columna en la revista The Times Literary Supplement que ha sufrido “ataques” y un “torrente de insultos agresivos” en las redes sociales.

La polémica comenzó cuando Beard defendió un vídeo educativo de la cadena pública BBC sobre los romanos en la antigua Britania, en el que uno de los legionarios de alto rango que aparece es negro, una interpretación que la conocida divulgadora del mundo clásico considera “bastante acertada”.

“La evidencia de que Britania era en efecto una sociedad multiétnica es abrumadora”, señala la universidad en una nota que incluye cinco referencias bibliográficas de consulta.

Personajes conocidos como la escritora J.K. Rowling, la política laborista Diane Abbott y la exbecaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky, conocida por su relación con el expresidente de EE.UU. Bill Clinton, han apoyado públicamente asimismo a Mary Beard.

Las críticas, sin embargo, han arreciado en la red, donde el ensayista Nassim Nicholas Taleb, conocido por su libro superventas The Black Swan, ha cargado las tintas contra la historiadora y el vídeo divulgativo sobre Britania.

“La BBC estaba aplicando cuotas de manera retroactiva (realmente retroactiva)”, escribió en su blog el académico, que en enero ofreció en la Universidad de Cambridge una charla sobre “eventos extremos y cómo convivir con ellos”. Taleb criticó lo que él considera la “policía de lo políticamente correcto” y sentenció que “la academia está muerta en el Reino Unido”.

La divulgadora considera que el soldado negro de alto rango representado en la BBC puede estar basado en Quintus Lollius Urbicus, que llegó a ser gobernador de Britania, provincia romana en isla de Gran Bretaña, entre los años 139 y 142 después de Cristo.

 

17 agosto 2017 at 8:41 am 1 comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

noviembre 2017
L M X J V S D
« Oct    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente