Posts tagged ‘Juan Pedro Bellón’

Descubierta en Jaén una ciudad íbera destruida por Escipión durante la Segunda Guerra Púnica

Arqueólogos jiennenses encuentran artillería romana por primera vez en la Península Ibérica

Restos de artillería romana del asedio a Iliturgi, datados en el año 206 antes de Cristo.

Fuente: JAVIER LÓPEZ > ABC Andalucía
19 de julio de 2017

El Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén ha descubierto un oppidum (ciudad) ibérico de los siglos IV y III antes de Cristo en el cerro de la Muela, en Mengíbar, que se corresponde con el de Iliturgi, destruido y abandonado como consecuencia del asedio militar romano en el contexto de la Segunda Guerra Púnica. Los trabajos, dirigidos por los investigadores del centro Juan Pedro Bellón y Carmen Rueda, se han desarrollado durante los meses de junio y julio dentro de la campaña de excavación realizada en el proyecto ‘Iliturgi Delenda Est (Iliturgi debe ser destruida), que ha contado con la financiación del Ayuntamiento de Mengíbar y del Instituto de Estudios Giennenses (IEG).

La superficie del oppidum tiene entre 12 y 14 hectáreas, lo que aclara su importancia, tanto en tamaño como por la posición estratégica que ocupa en el territorio, según expone Bellón, quien asegura que los restos del asedio localizados son fundamentales para la investigación de la historia militar romana y sitúan en primer plano las investigaciones arqueológicas realizadas en la provincia de Jaén. En concreto, en esta zona próxima a la capital, en la que, se ha descubierto la ciudad romana de Iliturgi, en cerro Maquiz, y el oppidum íbero en el cerro de La Muela, donde se han encontrado por primera vez en la península restos de artillería romana, concentrados en el entorno de uno de los accesos a la acrópolis del asentamiento.

La historia de esta artillería está también documentada. Tras la toma de Carthagonova en el año 209 antes de Cristo, Escipión el Africano no sólo consiguió un importante botín, sino que accedió al arsenal cartaginés de la ciudad, y tan sólo 3 años después las máquinas de guerra capturadas fueron utilizadas en el cerro de la Muela, donde probablemente se ubicó la Iliturgi destruida por los romanos en el año 206 antes de Cristo. Por esta razón, el investigador considera que su equipo ha descubierto un lugar único, desde el punto de visto arqueológico, del conocimiento y patrimonial.

Para la localización del sitio se ha tenido como base una fotografía aérea de los años 1945 y 1946, así como la descripción de Tito Livio sobre la destrucción de Iliturgi. El historiador resalta que primero se produjo la toma de la ciudadela y después se bajó al resto de la ciudad, lo que coincide con la topografía del lugar. En 1945 la huella era muy evidente, la fortificación de la ciudad estaba conservada. Hoy ha desaparecido esa huella, pero el centro andaluz de arqueología está convencido de que si excava, la encontrará.

En los trabajos han participado además miembros del Departamento de Cartografía, Geodésica y Fotogrametría de la Universidad de Jaén, equipos de la Universidad Complutense de Madrid que se ha encargado de la prospección georradar, así como los laboratorios de Paleoambiente y Arqueometría del propio Instituto de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, que ha realizado los análisis químicos de los elementos encontrados, como tachuelas y restos de artillería romana. Tanto los restos documentados como la particularidad y originalidad de los mismos, únicos en el ámbito del Mediterráneo antiguo, permiten evaluar el inicio de un proyecto de puesta en valor del sitio, dada localización y fácil acceso desde una de las principales vías de comunicación de la provincia, la Autovía 44.

 

19 julio 2017 at 9:24 pm Deja un comentario

Denuncian que obras de un riego han arrasado los restos de la ciudad romana de Iliturgi

El Seprona investiga la denuncia de la UJA en Cerro Maquiz (Mengíbar) en lo que puede ser uno de los mayores atentados contra el Patrimonio jienense

Mapa que acompaña a la denuncia con la situación de las zanjas en el recinto amurallado. ideal

Fuente: JUAN ESTEBAN POVEDA > Jaén  |  Ideal.es
26 de marzo de 2017

Catorce kilómetros de zanjas para instalar un riego en un olivar han arrasado los restos arqueológicos de la antigua ciudad romana de Iliturgi, en Cerro Maquiz (Mengíbar). Fue en su tiempo una de las más importantes de la Alta Andalucía. Un yacimiento conocido desde hace más de un siglo, y en el que se han hecho varias excavaciones. Según la denuncia que ha puesto ante la Justicia la Universidad de Jaén, UJA, y que ya investiga el Seprona de la Guardia Civil, podría haber sufrido una de las mayores agresiones al Patrimonio Histórico de Jaén, si se confirma la magnitud de los daños.

LAS CIFRAS

  • 15% de la superficie total del yacimiento, de la vieja ciudad romana, ha quedado afectada.
  • 32.000 metros cuadrados de terreno ocupan las zanjas excavadas recientemente.

«La estimación de la superficie afectada se ha realizado con un Sistema de Información Geográfica, el cual muestra 14 kilómetros lineales de tubería. Considerando una mínima afección de más de 32.000 metros cuadrados, es decir, que la obra ejecutada sin ningún tipo de control o vigilancia arqueológica y destruyendo el interior de una ciudad romana supera el 15% del total de su superficie fortificada. Valorar los daños causados al conocimiento y al patrimonio es incalculable. Valorar el coste de una intervención que documente lo afectado y restituya y consolide los restos es la mínima responsabilidad exigible», asegura el arqueólogo de la UJA Juan Pedro Bellón, que iba a iniciar una excavación con todos los permisos en Cerro Maquiz cuando se descubrieron los destrozos.

El Cerro Maquiz y su yacimiento arqueológico están inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, por lo que goza de «de una singular protección y tutela».

Propietarios

La ley andaluza establece que «las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, se hallen o no catalogados, tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores. A estos efectos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá asesorar sobre aquellas obras y actuaciones precisas para el cumplimiento del deber de conservación».

PÉRDIDAS MONUMENTALES

  • El único templo romano que se había excavado en la provincia se ha visto afectado
  • El tamaño de los sillares levantados al remover la tierra da idea de los edificios enterrados

«Nos sorprende que la propiedad del terreno, conocedora del potencial arqueológico del sitio, haya afectado y destruido de esta manera uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos de la Alta Andalucía, conocido desde finales del siglo XIX y cuyos materiales se exponen en la Real Academia de la Historia o el propio Museo Arqueológico Nacional de Madrid», añade el científico.

En un primer examen tras comprobar que se habían hecho obras para instalar un sistema de regadío, los científicos de la UJA estiman que se han abierto zanjas sin autorización alguna en más de 20 hectáreas, «destrozando a lo largo de su trazado numerosos sillares, materiales cerámicos y evidentemente estratigrafía arqueológica de la ciudad romana. En determinados puntos los sillares extraídos del subsuelo son de tal envergadura que no han podido ser cubiertos quedando en la superficie actual de la parcela».

Bellón considera «especialmente hiriente la afección de estas zanjas en el entorno de las grandes termas romanas, cuyos restos aún emergen en la zona central de Cerro Maquiz, en la que se ha destrozado parte de su estructura, arrancando grandes sillares de piedra arenisca que formaban parte de esta estructura monumental. Del mismo modo, el trazado de estas zanjas ha afectado a los restos de un templo romano y una plaza pública o foro, excavados por el Instituto Arqueológico Alemán a finales de los años 80 del siglo XX. En esta zona, la destrucción de la estratigrafía arqueológica de época romana ha favorecido la aparición de expoliadores con detector de metales que han sustraído los materiales metálicos procedentes de los depósitos arqueológicos destruidos».

El arqueológico reclama «una actividad de urgencia que valore los daños causados al único ejemplar de templo (sacellum) romano visible en nuestra provincia».

El informe preeliminar sobre los daños que obra en poder de la Justicia estima que «en la zona de la puerta norte de la ciudad, cerca de la ermita actual, se constatan remociones de tierra, sillares desplazados, y con seguridad pueden haber alterado la fortificación de la misma. En la zona de la puerta norte de la ciudad, o puerta de Aurgi, sobre la ladera de Cerro Maquiz que da a la vega del río Guadalbullón, se observa la destrucción de parte de la estructura de la posible puerta de la ciudad. En la zona oeste de la fortificación, en su entorno central y próximo a la propia fortificación, aparecen desplazados sillares de enorme tamaño (de 1.20 metros de lado), así como losas de dimensiones considerables, las cuales podrían constituir la cubierta de alguna cisterna o conducción hidráulica monumental. Por toda la finca han quedado esparcidos restos de estructuras monumentales, los cuales pertenecen a edificios de notable envergadura, posiblemente edificios públicos tales como templos, termas, estructuras de hábitat etc».

Investigación

Los científicos consideran que «la acción ha sido ejecutada en pocos días, de forma apresurada, que las zanjas más amplias y los pozos o arquetas han sido removidos y tapados sistemáticamente pero manifestando superficialmente la evidencia del daño patrimonial».

Juan Pedro Bellón explica que el proyecto de investigación que el equipo del que forma parte iba a emprender «se ve afectado también por esta destrucción sin precedentes, obligándonos a replantear nuestros objetivos».

«Manifestamos la necesidad de garantizar la protección patrimonial del sitio a través de su declaración como Bien de Interés Cultural para evitar, en lo posible, afecciones como la aquí presentada y nos ponemos a disposición de las autoridades competentes», asegura Bellón.

 

26 marzo 2017 at 11:25 am 1 comentario

Iliturgi, donde Escipión el Africano vengó a su padre

Restos del letal asedio romano han aparecido en Cerro de la Muela. El asalto acabó con la vida de hombres y niños

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Restos del asedio romano en Cerro de Muela (Jaén) – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC
23 de septiembre de 2016

La historia es un constante ajuste de cuentas. Cuando Escipión el Africano arrasó Iliturgi en el 206 antes de Cristo lo hizo movido por la venganza. Pocos años antes la ciudad había traicionado a su padre Publio y a su tío Cneo, que murieron a manos del ejército cartaginés. Tras descubrir numerosos restos del asedio en el cerro de la Muela un equipo de expertos de la Universidad de Jaén desarrolla un proyecto para documentar arqueológicamente la destrucción del llamado «oppidum» ibérico.

La descripción geográfica que el historiador Tito Livio hace de Iliturgi en su «Historia de Roma desde su Fundación» encaja con el paraje donde realiza sus prospecciones el instituto universitario de arqueología ibérica. Además, las armas descubiertas a flor de tierra aclaran que en esta zona, situada en el término municipal de Mengíbar, tuvo lugar un impresionante asedio.

El equipo trata de determinar ahora si las tropas romanas hostigaron a una guarnición de gran importancia o a una ciudad ibérica defendida por cartagineses. Dadas las características de los hallazgos, el director del proyecto, Juan Pedro Bellón, se inclina por la segunda opción.

Combate feroz

Las piezas de plomo lanzadas con ondas, las puntas de flechas y jabalinas, las hojas de lanza y las tachuelas del calzado de los soldados romanos que jalonan Cerro Muela son las pruebas que certifican que en este espacio no tuvo lugar una escaramuza, sino un feroz asedio. Tito Livio cuenta que Escipión no tuvo piedad de los iliturgitanos.

Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad. El botín no entraba en sus planes. Se limitaron a asesinar a los hombres, armados o indefensos, que poblaban la ciudad fortificada. También a los niños. Tras la matanza, el general ordenó prender fuego a las casas y dirigió sus tropas, para saldar cuentas pendientes, hacia Cástulo, que se rindió sin presentar batalla.

Escipión quería borrar de la memoria a Iliturgi. Y lo habría conseguido de no ser por el relato de Tito Livio. También ayuda a mantenerla viva el trabajo de campo desarrollado por el equipo de este proyecto, financiado por la Junta de Andalucía, que determinará previsiblemente la ubicación del asedio de la ciudad ibérica.

«Las tropas romanas no hicieron prisioneros ni saquearon la ciudad»

La romana, con el mismo nombre, está ubicada a un kilómetro de cerro de la Muela, en cerro Maquiz, en el que se superponen las acrópolis, ya que se han descubiertos vestigios de una población del siglo V antes de Cristo.

Iliturgi tenía una gran importancia estratégica en la antigüedad. Radicada en la confluencia de tres ríos (Guadalquivir, Guadalimar y Guadalbullón), era la puerta de entrada hacia el valle del primero, y también paso obligado de las migraciones bélicas que se dirigían hacia la zona oriental mediterránea. De ahí la pugna de romanos y cartagineses por hacerse con el control de la ciudad, que paso de unas manos a otras hasta que Escipión acabó con ella.

Primer asedio

La relevancia del hallazgo radica en que por primera vez se documentará arqueológicamente el asedio del ejército de Roma a una ciudad cartaginesa en el marco de la segunda guerra púnica. Así, el asedio romano a Sagunto se sustenta en la literatura histórica, pero no se ha esclarecido sobre el terreno. «No porque no sucediera, por supuesto, sino porque no contamos con evidencias arqueológicas al respecto», aclara Bellón.

«El deseo de venganza de los romanos se trasladó hasta el final de las Guerras Púnicas»

Por fortuna, en cerro de la Muela, en lugar de viviendas hay olivares, lo que facilita los trabajos previos a la excavación, que debe de autorizar la Junta de Andalucía. Hasta el momento sólo se han llevado a cabo prospecciones superficiales en el terreno, del que, además de las armas, han surgido varias monedas cartaginesas y otra romana de gran rareza en la Península.

El instituto arqueológico, que prevé comenzar a excavar cerro Muela durante el primer trimestre de 2017, confía en encontrar en el subsuelo numerosas huellas y también los restos de las víctimas de la matanza. La rabia y el deseo de venganza de los romanos se trasladaron hasta el final de las Guerras Púnicas, cuando Cartago fue destruida y arrasada.

El general que derrotó a Aníbal

Desde muy joven: Luchó contra los cartagineses de Aníbal que habían invadido Italia en Tesino en 218 a. C., cuando tenía 18 años. Allí rescató a su padre herido.

Coraje en la derrota: En Cannas, Aníbal infligió a Roma la mayor derrota de la historia (entre 50.000 y 70.000 romanos muertos). Escipión estaba allí, con 20 años, en 216 a. C. Se sobrepuso con coraje.

Muerte familiar: Después de Cannas, el hermano de Aníbal, Asdrúbal, aniquiló el ejército romano en Hispania. Mueren su padre y su tío, tras la traición de varias ciudades, como Iliturgi.

Casi procónsul a los 24: Roma vive sus horas más bajas, nadie se atreve a pedir el mando de la revancha en Hispania. Escipción se ofrece aunque no tenía la edad. Al final le envían como general.

Toma Cartagena: Escipión decide dar un golpe decisivo y lanza su ejército contra la capital púnica en Hispania, la actual Cartagena, una audacia y logro logístico que devolvió la moral a Roma.

Victoria: La II Guerra Púnica se alarga hasta la victoria de Escipión sobre Aníbal en Zama en 201 a. C. Allí se decidió el declive de Carthago y la hegemonía de Roma, ya casi imperial.

 

23 septiembre 2016 at 12:26 pm Deja un comentario

Un investigador asegura que Baecula es el campo de batalla más antiguo de Europa

Durante la última campaña de excavaciones se han hallado armas, monedas, utensilios e impedimenta del ejército

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Un arqueólogo señala hacia el lugar donde pudo encontrarse el segundo campamento romano en la batalla de Baécula / IDEAL

Fuente: EFE  |  Ideal Digital

El investigador Juan Pedro Bellón asegura que Baecula, en la provincia de Jaén, “es el campo de batalla más antiguo que se conoce en el entorno del Mediterráneo y en el ámbito europeo”.

Bellón ha presentado, junto al subdirector del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica, Manuel Molinos, los resultados obtenidos tras la última campaña de prospecciones y excavaciones arqueológicas en ese campo de batalla.

Durante la última campaña de excavaciones se ha incrementado la superficie del campo muestreada, con lo que han obtenido más información y de mayor calidad y han hallado armas, monedas, utensilios e impedimenta del ejército.

“Este es un proyecto espectacular porque te da la posibilidad de detectar en el territorio un instante, y de determinar qué ocurrió en un momento y un lugar concreto en el que se encontraron romanos, iberos y púnicos”, ha explicado Manuel Molinos.

Una parte significativa en la última campaña de trabajo arqueológico del proyecto Baecula ha sido la realización de sondeos en la cima del Cerro de las Albahacas, donde se sitúan los campamentos de Asdrúbal Barca (el campamento cartaginés que fue atacado por los romanos) y el campamento de Escipión (que establecieron los romanos tras la batalla en la misma zona).

Los restos localizados con los sondeos indican la existencia de estructuras asociadas al campamento donde se realizaban labores de reciclaje de materiales recogidos del campo de batalla, y donde posiblemente se preparaban los materiales para el abastecimiento del ejército.

Por otro lado, Bellón ha explicado que los restos de cerámica ibérica hallados muestran signos de violencia, fueron destruidos intencionadamente y se hallan un estado de conservación excepcional.

“Todo ello indica que tras la batalla el ejército romano saqueó los almacenes de la ciudad de Baecula para aprovisionarse de todo tipo de productos y que posteriormente destruía los recipientes que se usaban para almacenarlos, como ánforas, kalathos y urnas globulares”, ha señalado.

Una de las formas de saber el movimiento de tropas en el campo de batalla se ha hecho a través de las tachuelas de las zapatillas romanas, que solían llevar aproximadamente unas 24 por calzado, y que se iban cayendo.

13 noviembre 2014 at 7:34 pm 1 comentario

Nuevas evidencias sobre la derrota de Cartago en la Batalla de Baécula

  • El enfrentamiento sucedió en el 208 a.C y marcó un punto de inflexión en la II Guerra Púnica
  • El Instituto Universitario de Arqueología Ibérica terminó en septiembre el trabajo de campo

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Moneda Hispano-Cartaginesa | Instituto Universitario de Arqueología Ibérica

En el año 208 a.C. una batalla por el control del mediterráneo enfrentó a los dos grandes imperios del momento: Cartago y Roma en la actual Santo Tomé, en la provincia de Jaén. No era la primera ni la última vez que los dos ejércitos se verían las caras, pero la derrota de Cartago fue crucial y supondría la entrada de Roma en el Valle del Guadalquivir, el último de los territorios que controlaban en la Península y de una importancia estratégica fundamental como medio de abastecimiento de sus ejércitos, tal y como explica Juan Pedro Bellón, director del proyecto arqueológico sobre la Batalla de Baécula. Además obligaría a Asdrúbal a marchar a Italia para ayudar en la batalla contra Roma a su hermano Aníbal Barca, empresa en la que le costó la vida.

La batalla se enmarca dentro de la Segunda Guerra Púnica y según Juan Pedro Bellón, director del proyecto, “supone la entrada de Roma en el Valle del Guadalquivir, el último territorio controlado por Cartago y de una importancia estratégica fundamental como medio de abastecimiento de sus ejércitos”.

Un hallazgo de magnitudes ingentes

Según los expertos que han trabajado en el proyecto, los hallazgos no pueden ser más impactantes. Se han encontrado numerosas armas y monedas fechadas en el año 210 aC. y más de 3000 piezas que han ayudado a perfilar “el corpus de elementos que definen un campo de batalla de la Segunda Guerra Púnica”, apunta Juan Pedro Bellón. Asimismo, cree que este hallazgo “será un referente para cualquier investigación o descubrimiento futuro”.

Tanto es así que Juan Pedro Bellón se atreve a afirmar que “son los restos arqueológicos más completos, contextualizados y coherentes de una batalla de la antigüedad que conocemos en toda Europa“.

Estos hallazgos son el culmen del trabajo de más de una década. El Instituto Universitario de Arqueología Ibérica (IAI) decidió en 2006 iniciar un proyecto de investigación sobre la Batalla de Baécula. El trabajo de campo ha sido ingente y en él han confluido muchas disciplinas, “desde la numismática hasta la arqueometría”, señala el director del proyecto.

La primera fase de este proyecto permitió localizar el escenario exacto de la lucha entre cartagineses y romanos y la ubicación de los campamentos militares de los dos ejércitos. Si bien existía controversia respecto al lugar exacto al que hacía alusión el término Baécula, las evidencias indican que tuvo lugar en Santo Tomé por “la topografía del sitio, similar a la descrita por las fuentes romanas y el conjunto de elementos (más de 3000) que, sin lugar a dudas, pertenecen a un contexto bélico de la Segunda Guerra Púnica”, apunta Juan Pedro Bellón.

La segunda fase se ha enfocado más hacia los detalles del desarrollo de la Batalla de Baécula y hacia el análisis de los descubrimientos previos, sus conclusiones finales se presentarán en unas jornadas en la Universidad de Jaén el 13 y 14 de noviembre que contarán con la presencia de expertos nacionales e internacionales.

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Restos de cerámica ibérica destruida en el contexto de la batalla. Tanto cartagineses como romanos saqueaban los almacenes ibéricos para abastecer al ejército

En la actualidad el Instituto Universitario de Arqueología Ibérica negocia la posibilidad de iniciar la investigación de la Batalla de Zama en Túnez -que supuso la derrota de Aníbal y el fin de la Segunda Guerra Púnica y abrió la puerta a la creación del Imperio Romano-. Asimismo, se ha iniciado un proyecto similar en Iliturgi (Mengíbar).

Dos grandes imperios que anhelaban el Mediterráneo

Como en enfrentamientos anteriores entre Roma y Cartago, el motivo de la lucha era el control del Mediterráneo, una empresa nada desdeñable en la que las dos potencias del momento desplegaron todo su ingenio y destreza para salir victoriosas.

El hermano de Aníbal, Asdrúbal Barca , lideraba el ejército cartaginés, mientras que a las órdenes del batallón romano estaba Escipión “El Africano”. Fue finalmente Roma quien se impuso militarmente y se alzó con la victoria.

“Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí”, escribió Tito Livio.

Bastante pronto, se percibió que los romanos ganarían aquella batalla, hecho que no pasó desapercibido a Asdrúbal. Una vez que éste vio que sus fuerzas estaban siendo derrotadas, decidió tomar su dinero y marcharse.

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Batalla de Baécula

Así lo cuenta Polibio: “Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros,unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey“.

Fuente; LIDIA GÓMEZ  |  EL MUNDO

24 octubre 2014 at 5:05 pm 1 comentario

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Científicos españoles identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia andaluza

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Recreación artística de la batalla de Baecula

Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

“Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo”.

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla

Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio, se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, “una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos”. Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. “Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando”. Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. “Fue entonces -explica a ABC Arturo Ruiz- cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos”.

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.

De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de “tenaza” utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.

El “proyecto Baecula”, sin embargo, no está cerrado. “Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante”.

Así fue la batalla de Baecula

Los textos históricos recopilados por el equipo de Arturo Ruiz ofrecen un relato apasionante de la batalla de Baecula, una de las más importantes de la Segunda Guerra Púnica. Reproducimos aquí, por su interés, las descripciones de Tito Livio y Polibio sobre el enfrentamiento, facilitadas a ABC por el propio investigador:

La secuencia de la batalla está bien recogida por Polibio (X 38, 7 a 40) cuando señala: “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Castulo, alrededor de la ciudad de Becula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento […]” (Polibio X 38, 7 y 8).

Tito Livio confirma esta información y añade algún dato más “El ejército cartaginés más próximo, el de Asdrúbal, estaba cerca de la ciudad de Baecula. Delante del campamento tenían avanzadillas de caballería; los escaramuceadotes, las tropas de vanguardia y las que iban a la cabeza de la columna, (Se refiere al ejercito romano) sobre la marcha y antes de buscar emplazamiento para el campamento, lanzaron un ataque contra éstas tomándolas tan poco en serio que no había duda sobre cuál era la moral de uno y de otro bando, los jinetes fueron rechazados en una huida atropellada hasta el campamento, y las enseñas romanas llegaron casi hasta las mismas puertas. Aquel día, simplemente se avivó el espíritu de combate y los romanos acamparon” (Tito Livio XXVII 18, 1 a 4).

Cambio de campamento

Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[…] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).

La batalla

La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).

Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).

Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14).

El ataque final

Polibio detalla que fue entonces cuando “[…] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).

Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[…] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).

La retirada de Asdrúbal

Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2).

Fuente: José Manuel Nieves | ABC CIENCIA     08/04/2014

8 abril 2014 at 2:06 pm Deja un comentario

“Estamos reconstruyendo la batalla de Baécula con una precisión de horas”

Artículo de Juanma Gallego en EFE FUTURO

EL ARQUEÓLOGO JUAN PEDRO BELLÓN NOS CUENTA CÓMO LOCALIZARON LA BATALLA QUE ENFRENTÓ EN JAÉN A ROMANOS Y CARTAGINESES

Baécula-columna

¿Qué os ha llevado a intentar hallar y estudiar el lugar en el que tuvo lugar la batalla de Baécula?

Esta batalla, que se desarrolló en el año 208 antes de Cristo, supone la entrada de Roma al valle del Guadalquivir. Después de la toma de Cartagena, que era la principal base de aprovisionamiento, comercial y estratégica de Cartago en Hispania, los romanos se dirigieron directamente a ese valle. Por eso Baécula nos proporciona una instantánea del momento en el que comenzó el proceso de romanización de la península.

También tiene una gran importancia en el contexto de la Segunda Guerra Púnica porque es el detonante de que uno de los principales ejércitos cartagineses, el de Asdrúbal Barca -hermano de Aníbal-, se fuera a Italia. Tras la toma de Cartago Nova, la actual Cartagena, Hispania se queda indefensa ante Roma. La única alternativa que les quedaba a los cartagineses era unirse a Aníbal en Italia y tratar de presionar desde allí, porque la península ibérica se estaba perdiendo.

En la geoestrategia de la época, ¿Hispania dejó de ser un campo de batalla principal?

Fue una especie de estrategia de espejo. Aníbal se dirigió a la península itálica para generarle problemas a Roma en su propio territorio. Los romanos utilizaron la estrategia contraria. Aguantaron allí las embestidas de Aníbal pero, por otra parte, eran muy conscientes del valor que tenía la península ibérica como punto de aprovisionamiento para los cartagineses. De aquí obtenían metales, alimentos, y hombres para su ejército. Los romanos sabían que, si eliminaban esos recursos, el ejército cartaginés estaba perdido. Fue una estrategia invertida en ambos casos. Fue precisamente tras la toma de Cartagena y las campañas del valle del Guadalquivir cuando los cartagineses comenzaron a perder la Segunda Guerra Púnica.

¿Qué pasos habéis seguido en vuestra investigación?

Cuando hicimos una síntesis del proceso de conquista romano del Alto Guadalquivir, nos dimos cuenta de que en las fuentes clásicas se le prestaba una gran atención y detalle, pero debían existir otros elementos no narrados en las mismas. Nuestro planteamiento fue buscar desde la arqueología esos eventos contados por las fuentes. Se trataba de transformar la realidad. Desde la arqueología nunca se había abordado algo así de esta manera. El principal problema era que no sabíamos cómo era el campo de batalla, ni qué dimensiones tenía, porque todavía no se había investigado. El escenario de batalla más antiguo del que tenemos constatación arqueológica en toda Europa es precisamente el de Baécula. Estamos aportando un modelo que antes era desconocido.

Es entonces un modelo de innovación…

Sí. De hecho, nosotros fuimos a Roma para comparar los materiales arqueológicos sacados del campo de batalla con los que creíamos que debían existir en Italia en el marco de la Segunda Guerra Púnica. Pero en Italia no encontrábamos ese marco de referencia que necesitábamos.

Has mencionado que las referencias escritas son limitadas para la época. ¿Qué papel han tenido esas fuentes a la hora de localizar el escenario de la batalla?

Nos hemos guiado por dos referencias de Polibio y Tito Livio. El problema de las fuentes clásicas es que cada dato que aportan debe ser sometido a crítica, más aún cuando solo disponemos de las fuentes romanas y no de las cartaginesas.
En el caso de Baécula, la narración de la batalla proporcionaba unos datos orográficos y topográficos sobre cómo era el escenario en el que se desarrolló. Eso nos permitía hacernos una especie de croquis o idealización sobre dónde podía haber tenido lugar.

Teníais el mapa del tesoro…

Exactamente. Las fuentes nos ponían una serie de condicionantes. El lugar no estaba en un llano, ni en una zona donde no hubiera ríos próximos. En una primera fase diseñamos un sistema de prospección selectiva con unos criterios previos que limitaban mucho la zona donde podría haber estado la batalla. Y tuvimos suerte, dimos con el sitio.

El cerro de las Albahacas…

Sí, justo al lado de la localidad de Santo Tomé. Nuestro equipo de investigación defiende la hipótesis de que la batalla tuvo lugar allí. Lo hacemos en base a los materiales que hemos encontrado y en función de la estructura del campo de batalla. Nos quedan pocas dudas. Falta un epígrafe en el que ponga “Aquí tuvo lugar la batalla de Baécula”, pero eso es bastante difícil de conseguir. Habrá un sector de la academia que seguirá pensando que hasta que no aparezca ese rótulo el hallazgo no tendrá el marchamo de autenticidad, pero por nuestra parte no hay dudas.

periplo-romano-Baécula

Periplo seguido por los romanos en Baécula. Imagen: Instituto Universitario de Arqueología Ibérica

Más allá de la propia investigación histórica, ¿qué le aporta todo esto al español de a pie?

Tenemos un proyecto para poner en marcha un centro de interpretación de la batalla de Baécula en Santo Tomé. La idea es insertarlo dentro de la ruta temática ‘Viaje al tiempo de los iberos’, que tiene su propia estructura de centros de recepción e interpretación. En una primera fase se contemplan lugares como Cástulo, Porcuna o Despeñaperros. Nuestra idea es incluir Baécula en esta ruta, al igual que en el proyecto europeo ‘El camino de Aníbal’. Lamentablemente, en este ámbito de la promoción social del yacimiento, nos ha alcanzado la crisis económica.

Nuestra idea es exportar la metodología que estamos empleando en Jaén. En diciembre vamos a establecer un convenio con el responsable de la investigación de la batalla de Zama, en Túnez. Estamos alcanzando sitios que son legendarios para la Historia Antigua. Si finalmente podemos intervenir en Zama, estaremos muy contentos.

Por otro lado, durante la última campaña de 2013 han aparecido estructuras que nos confirman también la presencia en Baécula del campamento de Escipión el Africano. Nosotros teníamos localizado con seguridad el campamento de Asdrúbal y teníamos la hipótesis, en base a la topografía y a datos de superficie, de que después de la batalla los romanos establecieron el campamento en una zona del cerro. Asdrúbal huyó, pero los romanos no le persiguieron para no correr el riesgo que soportaron tres años antes en la misma zona, cuando en la persecución fueron alcanzados por detrás por otros dos ejércitos cartagineses que los masacraron. Por eso los romanos decidieron quedarse unos días en un sitio seguro y estratégicamente muy defendible.

Los datos que estamos analizando abarcan un total de diez días. En base a los materiales que estamos estudiando, podemos hablar incluso de horas concretas. Si encontramos una moneda en un punto y otra moneda en otro, podemos inferir el recorrido de la batalla según las bajas producidas en la huida. Estamos afinando hasta ese punto.

Hay que tener en cuenta que cuando cualquier ejército abandona un campamento, lo habitual es que lo destruyan para que no sea utilizado por otros. Gracias a las excavaciones estamos localizando los restos de esa destrucción. Los romanos saquearon una ciudad ibérica cercana, el oppidum de Baécula y, cuando se fueron, destrozaron todo lo que consiguieron en ese saqueo. Eso es lo que estamos encontrando: recipientes cerámicos destrozados de forma intencional y monedas romanas del 211-210 antes de Cristo.

Juan Pedro Bellón Ruíz es arqueólogo y trabaja como investigador contratado dentro del programa “Ramón y Cajal”, la iniciativa institucional que permite la incorporación de investigadores altamente cualificados en el sistema científico español. Desarrolla su labor de investigación en el Instituto Universitario de Arqueología Ibérica, de la Universidad de Jaén, donde codirige el equipo que ha conseguido documentar arqueológicamente el escenario de la batalla de Baécula.

12 diciembre 2013 at 12:16 am Deja un comentario

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