Posts tagged ‘Josep Anton Remolà’

La residencia del emperador Adriano

La villa de Els Munts, junto a Tárraco, renace como colosal palacio

El gran pasillo. Este corredor, que conserva unas pinturas excepcionales en la Catalunya romana, comunicaba la parte superior e inferior de la villa (Vicenç Llurba)

Fuente: SARA SANS > Altafulla  |  LA VANGUARDIA
5 de agosto de 2017

En un lugar de ensueño, entre la Vía Augusta y el Mediterráneo, los romanos levantaron una villa colosal. A doce kilómetros de la entonces Imperial Tárraco, la residencia disponía de lujosas salas de recepción, un suntuoso comedor para banquetes, habitaciones con vistas al mar, amplios conjuntos termales, un jardín formidable y un templo dedicado al dios persa Mitra de dimensiones excepcionales. Una casa única. Una residencia para un emperador. La nueva interpretación de la villa romana de Els Munts d’Altafulla la sitúa como el lugar donde se alojaron Adriano y su séquito en su visita a Tárraco, en el invierno del año 122. El Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT) y la Agència Catalana del Patrimoni invertirán más de 1,5 millones de euros para poner al día este monumento e incorporar en su relato su más que probable pasado imperial.

Ubicada entre la Vía Augusta y el mar, la villa contaba con todos los lujos imaginables

“En el siglo II se derriba la casa que había y se levanta otra que no se puede comparar con ninguna otra villa hallada en Hispania, todo aquí es excesivo… Se urbaniza todo el montículo como un conjunto concebido y dimensionado para alguien con mucho poder, alguien como el emperador Adriano”, mantiene Josep Anton Remolà, arqueólogo del MNAT y principal valedor de esta nueva interpretación. Y aunque no hay ninguna prueba concluyente, la suma de evidencias otorga consistencia a su tesis, en cuya publicación está trabajando. De lo que sí hay pruebas es de la visita imperial durante el invierno de 122 y 123. Sobre la estancia de Adriano, Historia Augusta relata una anécdota que vivió el emperador en Tárraco mientras paseaba por unos jardines –¿los de esta villa, quizás?– cuando el esclavo de uno de sus invitados le atacó con una espada; el propio emperador inmovilizó al agresor y lo entregó sin dar mucha importancia al suceso porque consideró que aquel esclavo estaba perturbado. Durante esa estancia, Adriano, el emperador viajero, el militar calculador pero también el hombre fascinado por la cultura griega, convocó en Tárraco una reunión de los concilios provinciales de Hispania que también está documentada. Se acababa de estrenar el teatro, quizás inaugurado por el propio emperador; se había reconstruido el templo de Augusto, y la ciudad, capital de la Hispania Citerior, vivía su momento de mayor esplendor urbanístico. “Era una visita programada, ¿en qué otro lugar se podría haber alojado al emperador y a todo su enorme séquito sino en una villa perfectamente comunicada y con todos los lujos y comodidades imaginables?”, plantea Remolà. Refuerza su hipótesis el hallazgo en la casa de la escultura de mármol blanco policromado de Antínoo, el amante predilecto del emperador que murió ahogado en el Nilo, en presencia del propio Adriano. Desde entonces, Antínoo recibió honores divinos de todo tipo, se fundaron ciudades con su nombre, se acuñaron monedas y se le dedicaron santuarios y también estatuas, pero principalmente en Oriente, por lo que resulta significativa la pieza hallada en Els Munts. Otro elemento que confiere a la villa una característica única es el santuario iniciático dedicado al dios persa Mitra de grandísimas dimensiones (30 metros por 8,10). “Era una especie de secta religiosa que daba una trascendencia a la muerte y eso entusiasmaba a los militares; de hecho, los mitreos suelen encontrarse en campamentos militares, no en villas, y este es el más grande hallado en Occidente… para un gran militar como era Adriano”, mantiene Remolà. Este arqueólogo también participó en las excavaciones del 2004 (las últimas realizadas en Els Munts), en las que se descubrió este templo iniciático, que según los arqueólogos podría dar cabida hasta a 135 personas, y también las conexiones de la casa, a través de un pasillo con columnas, hasta el espectacular conjunto termal. Junto al mar, la villa disponía de otras termas y, presumiblemente, de un pequeño muelle desde donde podían desplazarse en barco hasta Tárraco como alternativa a la Vía Augusta. El conjunto principal de la residencia se situaba en lo alto del montículo, con las habitaciones organizadas a partir de un gran peristilo con columnas e inmejorables vistas al mar. Poco queda de esta zona, en la que sí es visible la completa instalación de cañerías y depósitos de agua para abastecer las necesidades de la residencia, del enorme jardín y, especialmente, de las termas. Estas instalaciones disponían de espacios para baños de vapor, agua caliente y fría, con fuentes, terrazas para tomar el sol y también letrinas. La primera intervención –prevista para después del verano– por el MNAT y la Agència Catalana del Patrimoni Cultural prevé la mejora de la restauración de esta zona, con un presupuesto inicial de 130.000 euros. Sin embargo, la joya del yacimiento es la galería que da acceso a las habitaciones del piso inferior de la villa, que conservan pinturas murales en paredes de casi dos metros de altura y los pavimentos de mosaico. “Aquí se encontraron los restos de un pórtico superior con columnas salomónicas y capiteles”, añade Remolà. Lo que indica que habría un segundo piso en el que se podrían haber alojado el emperador y los huéspedes más distinguidos. Este pasillo inferior da acceso a varias habitaciones. En una de ellas se encontró un espectacular techo moldurado de casetones que todavía no se ha expuesto al público. En el museo sí pueden contemplarse otras piezas significativas halladas en el yacimiento, como la escultura de Antínoo o varios mosaicos. Otra de las habitaciones se reconvirtió más tarde en una cisterna para almacenar agua y es ahí donde se localizó el sello de bronce que ha permitido identificar a los propietarios o ocupantes de la casa después de la estancia del emperador: era Valerius Avitus. Los arqueólogos también localizaron un fresco que corrobora que Avitus y su esposa Faustina vivieron posteriormente en esta villa, que quedó destruida a finales del siglo III. Hasta entonces la villa de Els Munts destacó por sus dimensiones, por sus instalaciones y también por su imponente decoración a base de pinturas, mosaicos y esculturas, por encima del resto de villas localizadas hasta ahora en el entorno de Tárraco, como La Llosa de Cambrils, la de Calípolis (donde se localizó el gran mosaico de los peces) o la villa del Moro de Torredembarra.

Con más de 1,5 millones se mejorarán las termas, la cubierta y el centro de interpretación

“Tenemos prevista una actuación integral en la villa, es un lugar excepcional y hay que revisar y actualizar su explicación”, mantiene la directora del MNAT, Mònica Borrell. Tras la adecuación en las termas está previsto renovar la cubierta de la zona de la casa, actualmente de uralita. El plan director del MNAT y la Agència Catalana del Patrimoni Cultural, de más de un millón y medio de euros incluye también la renovación del centro de interpretación y la adecuación del recorrido. Otros especialistas como el arqueólogo Joaquín Ruiz de Arbulo, que asume plenamente la tesis de Els Munts como residencia del emperador Adriano, trabaja conjuntamente con la Agència del Patrimoni, para que en el futuro este pueda ser un yacimiento de referencia para los estudiantes. “Els Munts tienen un potencial de excavación impresionante, de hecho todavía no hemos situado la puerta de entrada de la villa y quedan muchas zonas por excavar”, mantiene Arbulo.

 

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16 agosto 2017 at 8:24 pm Deja un comentario

Encuentran un área comercial anterior a la construcción del Teatro de Tarraco

Localizan una cerámica con el sello del fabricante y restos que podrían corresponder a una calle en el espacio que ocupa la escena

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Teatro romano de Tarragona

Fuente: Carles Gosálbez Diari Més
9 de febrero de 2017

La excavación que desde hace un mes se lleva a cabo en el Teatro de Tarraco ha puesto al descubierto un área comercial que estuvo activa en un periodo anterior a la construcción del edificio cultural, y trazas de lo que pudo ser una calle que discurría por el espacio que ocupó la escena. En una visita de obras concertada por Diari Més con responsables del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT), su director en funciones, Xavier Llovera, manifestó que «la primera impresión es que hay más restos de los que pensábamos y han aparecido estructuras muy interesantes». Entre las piezas cerámicas que han aflorado, destaca una con el sello de Crispinus, un fabricante del norte de la península Itálica.

El arqueólogo del MNAT, Josep Anton Remolà, informó de que los primeros restos que han aparecido en la zona comercial apuntan a «edificios de gran monumentalidad, de los cuales conoceremos más datos en la medida en que avance la excavación y se llegue a los estratos inferiores». De momento, se desconoce la actividad que se ejercía, pero no se descarta que entre los sedimentos depositados aparezcan piezas de cerámica u otros elementos que permitan definir el uso que se dio a las tabernae, apuntó al director de la excavación, Jacinto Sánchez.

La excavación permite empezar a poder hablar de un antes y un después del Teatro de Tarraco. «Ha salido material arqueológico, que facilitará definir aspectos de la construcción del Teatro», dijo Remolà. El arqueólogo destacó que la localización de la zona comercial puede ser clave en la datación del periodo de edificación de este espacio cultural, el primero de los tres grandes monumentos de la ciudad romana que se levantaron. Todo indica que la zona comercial permaneció en funcionamiento en época tardorepublicana. En uno de los edificios se aprecia la cimentación y sillares que formaban parte de la estructura que sostenía la maquinaria.

El segundo hallazgo de especial relevancia es la huella de una calle que formaría parte de una vía comercial de la zona portuaria de Tarraco. Remolà comentó que, por la escasa información de que se dispone, «es complicado entender» si podía enlazar con el Foro, «por el desnivel del terreno, pero si los romanos tenían que superar una cota importante, lo hacían».

Un proyecto abierto

El director en funciones del MNAT, Xavier Llovera, remarcó que «ahora tenemos más información del barrio portuario». El descubrimiento obligará a revisar el proyecto que se ejecutará para recuperar el monumento para las visitas. Llovera dijo que «tendremos que introducir ligeras modificaciones».

Por otra parte, Llovera subrayó que las columnas que se construyeron en los años setenta para levantar un edificio serán conservadas. «La intención es reutilizarlas y, tal vez, podrían convertirse en punto de apoyo de la pasarela que se construirá para facilitar una visión global del Teatro y que discurría sobre la cávea». «La arqueología nos está definiendo qué tendremos que mostrar al visitante y cómo lo haremos», insistió Llovera, quien apuntó que en el edificio que se levantará como centro de interpretación –planta baja– y las dependencias que abrirá el Ayuntamiento en la superior, se coronará con una plaza–mirador. «Desde este lugar, se podrá visualizar todo el Teatro».

Llovera también se refirió a la importancia que el actual Gobierno de la Generalitat concede al patrimonio histórico de Tarragona. «Es una prioridad para los próximos cuatro años». A largo plazo, «queremos que los monumentos de la Parte Baja sean como estaciones». «La del Teatro y la de las termas, hasta llegar a la Necrópolis y teniendo en cuenta que las dos grandes estrellas serán la Fuente de los Leones y los restos del Camino de la Fonteta, en la calle Francesc Bastos, pero esta actuación no será de hoy para mañana: son temas que hay que resolver», dijo.

 

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11 febrero 2017 at 12:48 pm Deja un comentario

Nueva vida para la necrópolis paleocristiana de Tarragona

El cementerio romano, con tumbas desde el siglo I a. C., estaba cerrado desde 1992

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Primeros visitantes de la renovada necrópolis paleocristiana de Tarragona. / JOSEP LLUIS SELLART

La necrópolis paleocristiana de Tarragona, cerrada desde el año 1992, vuelve a estar abierta al público desde este fin de semana. El Departamento de Cultura de la Generalitat organizó ayer la primera visita al recinto en veinte años, coincidiendo con el Día Internacional de los Museos. El espacio renace con un nuevo itinerario por los recovecos de lo que es considerado como el conjunto funerario tardorromano a cielo abierto más importante del Imperio en Occidente. Las obras de puesta de largo, iniciadas en enero, han sido financiadas por Cultura con un coste de 225.000 euros. “Cataluña recupera una de sus joyas, es increíble que aún no estuviese realizada la restauración”, afirmó ayer el consejero de este departamento, Ferran Mascarell.

Los trabajos, realizados por un equipo multidisciplinar, se han centrado en recuperar la imagen que podría haber tenido el vestigio en época romana y en trazar por él un recorrido coherente. También se han protegido enterramientos degradados, puesto de relieve restos de interés y delimitado visualmente las diferentes áreas con pavimentos cromáticos. La funcionalidad del cementerio es clave para entender el proceso de implantación del primer cristianismo en la urbe, explicaron ayer Jacqueline Pacheco, arquitecta de los Servicios Territoriales del Departamento de Cultura en Tarragona, y Josep Anton Remolà, arqueólogo del Museo Nacional Arqueológico de Tarragona (MNAT). Ambos han sido los encargados de pilotar las actuaciones.

La revitalización del yacimiento, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2000, era una exigencia de la localidad por su valor histórico: Está ubicado en lo que un día fue una extensa zona suburbial de la antigua Tarraco, donde coexistían edificaciones residenciales, talleres y entierros. Los restos arqueológicos están vertebrados por un vial romano paralelo a la orilla del río Francolí, que conectaba el suburbio portuario con las principales salidas de la ciudad, como la Vía Augusta. Al este del vial se encuentran los restos de una antigua casa romana (domus) y al oeste se conserva un sector de la necrópolis paelocristiana. Esta abarca restos romanos de un periodo muy extenso de tiempo, desde el siglo I a. C. hasta el siglo VII d. C. En el área del cementerio se han recabado unas 2.051 inhumaciones que abrazan desde el siglo III d. C. hasta el periodo visigodo. “Pero continúa habiendo tumbas sin excavar”, explicó Remolà.

Los restos fueron depositados en ataúdes de madera, humildes losas, ánforas o sarcófagos de mármol, plomo y piedra e incluso mausoleos, dependiendo de la clase social a la que pertenecían. También se celebraron entierros colectivos en el lugar, que abarca 2.000 metros cuadrados. Además, los arqueólogos manejan la hipótesis de que los restos se encontraban colocados tanto alrededor como en el interior de una basílica. En ella se ha querido identificar una tumba con inscripciones alusivas a tres mártires de Tarraco, Fructuoso, Augurio y Eulogio, quemados vivos en la arena del Anfiteatro. Ballesteros recordó ayer otro hallazgo en los terrenos; el de la conocida como muñeca de Ivori, que data del siglo IV d. C. Aparecida dentro de un sarcófago junto a los despojos de una niña de seis años, que sobrepasa los 20 centímetros de altura y, además, su espalda, codos y rodillas están articuladas.

La necrópolis, recordó Remolà, fue descubierta en 1923. El hallazgo ocurrió durante la construcción de una factoría de la Compañía de Tabacos en la orilla de río. El sacerdote Joan Serra i Vilaró se dedicó con intensidad durante una década a excavar los terrenos. Por eso el espacio encierra otra curiosidad: Tanto apego sentía por la necrópolis el canónigo de la catedral de Tarragona que ordenó ser enterrado en ella. Hoy su tumba preside el espacio. “Su cuerpo fue embalsamado y colocado en una especie de búnker de hormigón”, narró Remolà.

Mascarell aseguró que la intervención de la necrópolis sigue siendo el paso previo de otro proyecto más ambicioso; el de trasladar a La Tabacalera el MNAT, la Biblioteca Pública de Tarragona y el Depósito Nacional Arqueológico. Pero la promesa tendrá que seguir aguardando porque la operación, que debería contar con la implicación del Estado, la Generalitat y la administración local, permanece paralizada. “Estamos centrados en definir bien el proyecto porque es fundamental para articular todo el sistema museístico arqueológico de la ciudad de Tarragona y del futuro del país”, concluyó el consejero.

Fuente: Mercè Pérez Pons | El País

19 mayo 2013 at 8:45 am Deja un comentario


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