Posts tagged ‘Jesús Callejo’

Alejandro Magno

La momia de Alejandro ha tenido mucho trajín. Fue visitada durante 700 años sin parar. Acudían turistas y peregrinos para rendirle homenaje entre los años 323 a.C. al 400 de nuestra era. Sabemos que la visitaron Julio César y Octavio Augusto, y que éste le colocó una corona de oro a la momia del conquistador y de paso le rompió la nariz accidentalmente al besarla

Copia romana (ca. I a.C.) de una pintura helenística (ca. 325 a.C.) conservada en la Casa del Fauno, en Pompeya / Mosaico de Issos

Fuente: JESÚS CALLEJO – Madrid  |  Cadena SER
19 de abril de 2018

Calígula fue más osado y le quitó la coraza para ponerle la suya de menor calidad. En el siglo V se pierde su pista. La tumba o “soma” algunos dicen que fue fundida para aprovechar el oro y otros dicen que estaría bajo la cripta de la actual mezquita de Nabi Daniel en Alejandría, construida a finales del siglo XVIII en el emplazamiento de un templo romano del siglo IV, pero nada se ha encontrado que se parezca a una tumba, salvo una habitación vacía que en el pasado pudo haber contenido un adoratorio.

El libro Alejandro Magno. El destino final de un héroe, de Nicholas J. Saunders, profesor de antropología del University College de Londres, documenta todas las teorías y búsquedas del emplazamiento tanto de la tumba de tan egregio personaje como de sus restos mortuorios, que los considera el verdadero “grial” de la arqueología. Saunders propone que su momia pudo ser troceada y convertida en millares de amuletos desperdigados por todo el ancho mundo durante la Edad Media.

Otra teoría sobre su posible ubicación fue expuesta por el británico Andrew Chugg y pronto levantó ampollas. Y señaló a la basílica de San Marcos en Venecia como el lugar que podría contener no los restos del evangelista, sino nada menos que el cuerpo momificado de Alejandro Magno. Chugg considera que se deben exhumar las supuestas reliquias santas bajo el altar de la basílica para someterlos a una prueba de ADN. El rey macedónico murió en Babilonia a la temprana edad de 32 años y en circunstancias muy extrañas. Se habla de envenenamiento, malaria o leucemia. Da igual. El caso es que el cadáver de Alejandro fue enterrado en una tumba construida en la ciudad egipcia de Alejandría, donde yació durante 700 años y después desapareció. Andrew Chugg sostiene que la confusión histórica sobre la suerte del cuerpo de Alejandro se explica porque el cadáver fue disfrazado de San Marcos para evitar su profanación y destrucción durante una insurrección cristiana a finales del siglo IV. Ambos cuerpos se dice que fueron momificados con lino y uno desapareció al mismo tiempo que apareció el otro, en casi exactamente el mismo lugar, cerca de un cruce de carreteras de Alejandría. En el año 828, las supuestas reliquias de San Marcos fueron robadas de Alejandría por navegantes italianos, que las llevaron a Venecia, donde actualmente se conservan en la Basílica construida ex profeso para albergar sus restos. Si eso es verdad, entonces fueron los restos de Alejandro, no los de San Marcos, los que fueron robados por mercaderes venecianos unos cuatro siglos más tarde para devolverlos a su ciudad natal.

Al menos en el 2014 se encontró e identificó la tumba del padre de Alejandro, Filipo II, en la ciudad griega de Vergina.

 

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19 abril 2018 at 6:03 pm Deja un comentario

Julio César y las supersticiones de Roma

Decir “Salud” al estornudar, entrar en una habitación siempre con el pie derecho o romper un cordón eran algunos de los símbolos supersticiosos de la antigua Roma. Algunos de ellos se heredaron en las civilizaciones posteriores e incluso todavía siguen vigentes en la actualidad

Fuente: JESÚS CALLEJO > Madrid  |  Cadena SER
8 de febrero de 2018

No deja de sorprender que una ciudad-estado como era la antigua Roma, todo un imperio extendido por medio mundo gracias a su poder militar, fuera tan supersticioso como el que más.

En eso no era único ni original. Muchas de sus prácticas mágicas estaban influidas por los griegos, por los etruscos y los caldeos. Es sabido la afición que tenían los romanos de consultar a augures, arúspices y oráculos, prácticas que se incrementaron cuando pasaron de ser una austera República y se convirtieron en Imperio. Los emperadores o césares se creyeron divinos y vitalicios, rindiéndoseles un culto que iba más allá del mero aspecto político. Eso tenía su contrapartida: cualquier desastre militar -o incluso de la naturaleza- se le imputaba a la debilidad del soberano. Al emperador Nerón le achacaron el origen del terremoto ocurrido en la Italia meridional, aparte de algún que otro incendio de sobra conocido.

Cualquier persona que tuviera un sueño profético atinente a la suerte del Estado podía comunicárselo al Senado. Julio César creía en los vaticinios, aunque no los hizo mucho caso en los momentos finales de su vida, Tiberio se rodeó de varios astrólogos y Septimino Severo anotaba cuidadosamente los oráculos que se referían a su persona. Hubo una época en que los adivinos se hicieron imprescindibles hasta que fueron prohibidos por los emperadores cristianos.

Diversos autores latinos se encargaron de darnos a conocer estas múltiples supersticiones romanas. Una obra poco conocida de Cicerón (106-43 a.C.), titulada De Adivinatione, recoge algunas de estas creencias: “El tropezar, romper un cordón y estornudar tienen un significado supersticioso digno de atención”. Ovidio, en los Fastos, asegura: “si los proverbios tienen alguna importancia para tí, la gente dice que no es bueno para las esposas que se casen en mayo”.

Pero, sin duda, fue el escritor y historiador latino Plinio el Viejo (23-79 d.C.) el que se encargó de recopilar muchas de las supersticiones que practicaron los romanos y que luego, durante la Edad Media, pasaron a la cultura occidental. Su sobrino, Plinio el Joven, también se dedicó a esta clase de recopilaciones en su Epistolario, aunque con menos empeño. Hay algunas, tan conocidas hoy en día, como entrar en una habitación siempre con el pie derecho (ya mencionada por Petronio) o el exclamar “¡Salud!” cuando alguien estornuda en nuestra presencia (algo que exigía el emperador Tiberio) o bien el llevar consigo una pata de liebre o de conejo como amuleto para aliviarse de ciertas enfermedades o ahuyentar la mala suerte.

En su Historia Natural (enciclopédica obra compuesta por 37 libros sobre distintos aspectos del mundo de la naturaleza), Plinio el Viejo recoge creencias y supersticiones sobre los asuntos y objetos más variopintos, que van desde los alfileres (“tener varios alfileres que se hayan cogido de una tumba clavados en el umbral de una puerta es una protección contra las pesadillas nocturnas”) hasta los nudos (“Para curar las fiebres se suele poner una oruga en un trozo de lino con un hilo pasado tres veces alrededor y atado con tres nudos, repitiendo a cada nudo la razón por la que el mago realiza la operación”).

Se sabe que portaban toda clase de amuletos y que una de las supersticiones más extendidas era la utilización de tablillas (generalmente de plomo) donde aparecían los nombres a los que se quería hacer daño y que luego eran utilizados en un conjuro mágico.

Lo bueno, o lo malo, es que muchas de esas supersticiones las hemos heredado también nosotros…

 

9 febrero 2018 at 2:49 pm Deja un comentario


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Reunificación de los Mármoles del Partenón

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