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Grafólogos determinarán la autenticidad del lienzo ibérico con escritura descubierto en Jaén

El Instituto de Arqueología advierte sobre el elevado nivel de fraude en este tipo de piezas

Las láminas ibéricas recuperadas proceden de yacimientos de Jaén.

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC Andalucía
4 de noviembre de 2017

El valor de las 748 piezas arqueológicas aprehendidas en una operación de la Guardia Civil de Jaén está supeditado al dictamen de la comunidad científica. Aunque el delegado del gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, lo calificó de incalculable, puntualizó que requiere el nihil obstat de los expertos, quienes someterán a análisis profesional la tabla plomada con escritura ibérica, que es en teoría el principal objeto recuperado. Con un objetivo: determinar si tanto el metal como la grafía datan de hace 24 siglos o, por el contrario, constituyen una falsificación.

El director del instituto universitario de investigación en arqueología ibérica, Arturo Ruiz, aclara en este sentido que el nivel de fraude en la escritura sobre plomo es significativo, por lo que anuncia que su departamento, encargado de validar la autenticidad de las piezas, contactará con grafólogos especializados a fin de clarificar si pertenece al período ibérico la lámina de plomo, un metal maleable, lo que facilita la simulación de su envejecimiento.

En caso de que los expertos descarten la manipulación tanto en el lienzo como en la escritura, esta pieza se convertirá previsiblemente en una de las más importantes de cuantas se expondrán en el museo internacional ibero, ya finalizado, pero cuya apertura, tras una inversión de 26 millones, aún no ha fijado la Junta de Andalucía. Ruiz aclara, no obstante, que estrictamente no es una pieza única, ya que se han hallado otras similares, también con grafía ibérica, que no se puede traducir porque no existe un punto de apoyo semántico que sirva de guía.

El análisis grafológico abarcará también a los otros lienzos de plomo recuperados por el servicio de protección de la naturaleza de la Guardia Civil en una operación que se ha saldado con la detención se 6 presuntos expoliadores. Así lo exige la relevancia de una de ellas, que lleva impresa escritura latina, data de hace 20 siglos y es, tras la tabla ibérica, la pieza más relevante del botín recuperado. En el que también destaca una escultura de la época romana y una moneda griega del siglo V antes de Cristo.

Las piezas, una vez se autentifiquen, serán previsiblemente solicitadas por la Consejería de Cultura para exponerlas en el museo ibero, que una vez abra sus puertas mostrará la principal colección de escultura ibérica del mundo, fruto de la riqueza arqueológica de Jaén, que cuenta con 2.500 yacimientos. De uno de ellos, Cerrillo Blanco, localizado en el término municipal de Porcuna, proceden 2 de las principales piezas: el toro y el guerrero de doble armadura.

 

5 noviembre 2017 at 2:58 pm Deja un comentario

Descubren en Jaén una lámina ibera con la escritura más antigua de España

La pieza, de valor excepcional, ha sido aprehendida por la Guardia Civil tras desarticular una banda de expoliadores

La lámina ibera escrita tiene una antigüedad aproximada de 24 siglos – ABC

Fuente: JAVIER LÓPEZ  |  ABC
3 de noviembre de 2017

La Guardia Civil ha recuperado en una operación contra el expolio arqueológico desarrollada en Jaén una lámina de plomo que data del siglo III antes de Cristo, cuyo valor excepcional radica en los signos que contiene. Los expertos aseguran que es la zona cero de la escritura original autóctona de la Península Ibérica. Frente a su importancia palidece la del resto de piezas, 748, recuperadas por el servicio de protección de la naturaleza del instituto armado, entre las que destaca una placa romana fechada en el siglo segundo, la escultura de fauno y un decadracma griego del siglo V ante de Cristo en excelente estado de conservación.

La operación, denominada Alfaíbero, se ha saldado con la detención de 6 personas en Jaén, La Guardia, Andújar y Mancha Real, a las que, además de las piezas, se le ha requisado material para llevar a cabo el expolio. Dado que en la provincia hay 2.500 yacimientos arqueológicos, la Guardia Civil ignora aún el lugar del fue robada la lámina con la inscripción ibérica, si bien confía en que dé sus frutos el estudio que llevará cabo en este sentido el Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica, órgano que en principio ha validado la importancia de la pieza, de la que sólo hay entre 30 ó 40 en el mundo. Es la única, sin embargo, que fue escrita con caracteres iberos hace 24 siglos.

El delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, en su análisis de la operación ha reiterado que el valor de la lámina de plomo es incalculable desde el punto de vista arqueológico, histórico y cultural, al tiempo que ha agradecido a la Guardia Civil el trabajo desarrollado, que se ha prolongado durante años, según ha asegurado el teniente coronel Luis Ortega, jefe de la comandancia, quien ha explicado los pormenores que han llevado a la desarticulación de una banda organizada, especializada en expolios y con un modus operandi profesional.

En la operación se han recuperado gran cantidad de monedas, así como anillos, vasijas y 3 láminas iberas, entre las que destaca la que dio origen a la investigación. Tras constatar su valor, la Guardia Civil hizo un seguimiento de un sospechoso, que se desplazaba con detectores de metales para cometer expolios en yacimientos catalogados de la provincia de Jaén y después se reunía con otros grupos de personas. Entre todos formaban una red dedicada a la comercialización de las piezas. Las vendían en páginas especializadas de las redes sociales, a coleccionistas e incluso a otros expoliadores que después las revendían.

Algunas piezas fueron encontraban en el campo por personas ajenas a la organización mientras llevaban a cabo labores agrícolas, quienes, al desconocer su relevancia, le pedían a un experto de la organización que las evaluara. Si el hallazgo no tenía valor, se lo devolvían, pero, en caso contrario, le decían que había sido aprehendido por la Guardia Civil. Si, a pesar de eso, el agricultor no creía la explicación y exigía la devolución de la pieza, la organización realizaba falsificación de la misma o le entregaba otras similares indicándole que eran más valiosas que la original.

 

3 noviembre 2017 at 2:23 pm Deja un comentario

James Cameron y National Geographic buscan la Atlántida en Jaén

Un documental producido por el cineasta sitúa el reino mítico que describió Platón en los «Diálogos» en un poblado descubierto en Marroquíes Bajos

Fotograma de «El resurgir de la Atlántida» – NATIONAL GEOGRAPHIC

Fuente: JAVIER LÓPEZ > Jaén  |  ABC
12 de marzo de 2017

Un asentamiento de la Edad del Cobre descubierto en Jaén revela la existencia de una sociedad muy avanzada para su época. Del subsuelo de la zona norte de la ciudad surge un poblado prehistórico sorprendente por su extensión (casi 100 hectáreas), por su población (cerca de 40.000 habitantes), por su complejo urbanismo y por la excelente red de canales construida 3.000 años antes de Cristo, lo que evidencia que sus habitantes tenían conocimientos matemáticos. La suma de factores ha motivado que National Geographic sitúe en él la Atlántida, el reino mítico que describió Platón en los «Diálogos».

«El resurgir de la Atlántida», un documental de National Geographic, producido por el cineasta James Cameron y emitido hace unos días, incide en las razones por las que cree que el yacimiento es la Atlántida o una ciudad gemela. A saber: una arquitectura increíble, un urbanismo caracterizado por la utilización de círculos concéntricos con una doble función (canal y foso defensivo) y la construcción de casas individuales redondeadas. Otro argumento a favor es su enorme riqueza, como acreditan los miles objetos descubiertos, entre los que destacan magníficas piezas de cerámica y esculturas.

Para la prestigiosa publicación, está claro que la antigua Jaén y la Atlántida forman parte de un mismo modelo arquitectónico, pero ¿qué opinan los arqueólogos? El departamento de Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Jaén admite que no cuenta con pruebas para confirmar que el yacimiento sea el reino mencionado por el filósofo griego, pero destaca la enorme relevancia del poblado descubierto en Marroquíes Bajos. En primer lugar, por su dimensión, ya que los asentamientos humanos tipo de la época apenas superaban la hectárea, casi 100 veces menos. Y, en segundo lugar, por la modernidad de una sociedad agraria que hace 5.000 años decidió que parte de su población se dedicara en exclusiva a la construcción de los canales, una obra maestra de la ingeniería si se tiene en cuenta que el mayor tiene casi 4 kilómetros de diámetro.

Conocimientos matemáticos

Para Javier Martínez, ingeniero civil, el diseño de un sistema de canales circulares para transportar el agua revela que los antiguos pobladores tenían conocimientos matemáticos. En concreto, de magnitudes de cálculo hidráulico y topográfico. Por eso lograron al construir los anillos concéntricos que la distancia de los habitantes al suministro de agua dentro del poblado fuera mínima. En cierto modo, hicieron que pasara un río cerca de cada casa, según opina este experto, quien considera inusual que una población prehistórica fuera capaz de razonar así. Martínez se muestra asimismo asombrado por la construcción de despensas subterráneas en las viviendas para, al aprovechar que la temperatura bajo tierra es más estable, mantener mejor los alimentos.

Tanto más sorprendente es que sólo con la utilización de hachas de sílex y de frágiles instrumentos de cobre se llevara a cabo la construcción de un poblado con unas características específicas. Al respecto, la Junta de Andalucía califica de sorprendente en un documental el entramado de círculos que se entrecruzan en Marroquíes Bajos. La administración autonómica admite la dificultad de interpretar los espacios por la gran superposición de fosos y de hoyos para postes y para silos. También destaca que el espacio dentro de poblado está asignado a tareas específicas y que el núcleo familiar es mucho más complejo que una simple cabaña de madera, lo habitual en la época. Las cabañas de la zona, añade, contaban con áreas subterráneas para almacenar productos a las que se accedía por escaleras cuyos peldaños estaban excavados en el propio terreno.

Nuevas construcciones

Estos detalles permanecen en la memoria de los arqueólogos y bajo decenas de bloques de viviendas. Los expertos lamentan que National Geographic no emitiera su documental hace 15 años, cuando por mor de la expansión urbanística de la ciudad salió a la luz la gran aldea calcolítica de Marroquíes Bajos. En su día, los arqueólogos documentaron la totalidad de los vestigios que surgieron cuando las máquinas excavaron el terreno. Las piezas de valor fueron entregadas al Museo Provincial, pero el poblado ha acabado casi por completo bajo los cimientos de las nuevas construcciones.

Tan sólo permanece sin sepultar la zona del punto cero del primer círculo concéntrico, en la que se proyecta realizar un museo arqueológico abierto, y una gran extensión adyacente que se ha librado del hormigón porque la Junta de Andalucía ha incumplido los plazos para construir en ella la ciudad de la justicia. Ambas zonas serán el eje de la ruta turística que el Ayuntamiento impulsará para mostrar la peculiaridad del poblado ahora que National Geographic lo ha situado en el mapa.

«La Atlántida existe porque su concepto existe». Para Francisco García Moreno, presidente de la Asociación Andaluza de Filosofía, la realidad idealizada solapa a la realidad geográfica. La Atlántida, por cuanto leyenda, pertenece al primer grupo. García puntualiza, no obstante, que cabe la posibilidad de que Platón se refiriera en los «Diálogos» a un reino concreto, real, si bien desprovisto de elementos fantásticos. A su juicio, la razón por la que la Atlántida mantiene aún su poder de atracción es por la fascinación que ejercen en muchos las historias que empiezan bien y a acaban mal. Al respecto, aclara que la Atlántida fue una sociedad que se extinguió por el éxito.

 

12 marzo 2017 at 10:22 am Deja un comentario

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Científicos españoles identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia andaluza

Batalla-Baecula

Recreación artística de la batalla de Baecula

Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

“Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo”.

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla

Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio, se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, “una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos”. Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. “Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando”. Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. “Fue entonces -explica a ABC Arturo Ruiz- cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos”.

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.

De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de “tenaza” utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.

El “proyecto Baecula”, sin embargo, no está cerrado. “Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante”.

Así fue la batalla de Baecula

Los textos históricos recopilados por el equipo de Arturo Ruiz ofrecen un relato apasionante de la batalla de Baecula, una de las más importantes de la Segunda Guerra Púnica. Reproducimos aquí, por su interés, las descripciones de Tito Livio y Polibio sobre el enfrentamiento, facilitadas a ABC por el propio investigador:

La secuencia de la batalla está bien recogida por Polibio (X 38, 7 a 40) cuando señala: “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Castulo, alrededor de la ciudad de Becula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento […]” (Polibio X 38, 7 y 8).

Tito Livio confirma esta información y añade algún dato más “El ejército cartaginés más próximo, el de Asdrúbal, estaba cerca de la ciudad de Baecula. Delante del campamento tenían avanzadillas de caballería; los escaramuceadotes, las tropas de vanguardia y las que iban a la cabeza de la columna, (Se refiere al ejercito romano) sobre la marcha y antes de buscar emplazamiento para el campamento, lanzaron un ataque contra éstas tomándolas tan poco en serio que no había duda sobre cuál era la moral de uno y de otro bando, los jinetes fueron rechazados en una huida atropellada hasta el campamento, y las enseñas romanas llegaron casi hasta las mismas puertas. Aquel día, simplemente se avivó el espíritu de combate y los romanos acamparon” (Tito Livio XXVII 18, 1 a 4).

Cambio de campamento

Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[…] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).

La batalla

La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).

Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).

Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14).

El ataque final

Polibio detalla que fue entonces cuando “[…] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).

Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[…] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).

La retirada de Asdrúbal

Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2).

Fuente: José Manuel Nieves | ABC CIENCIA     08/04/2014

8 abril 2014 at 2:06 pm Deja un comentario

Roma contra Cartago, arqueología de la batalla de Baécula

El campo donde se enfrentaron Escipión y Asdrúbal, en el 208 aC, sale a la luz en Jaén

Baécula

Año 208 aC. Los ejércitos romano y cartaginés, a las órdenes de Escipión el Africano y Asdrúbal Barca (hermano de Aníbal), están a punto de entablar batalla. Asdrúbal domina un cerro estratégico en el que se ha instalado ante la llegada de su enemigo. Las tropas de Escipión, que han acampado a unos cuatro kilómetros, atacan a los cartagineses: primero con la infantería ligera y luego con el grueso de su ejército, desplegando una maniobra de tenaza para rodear al ejército enemigo. Asdrúbal pierde el combate y huye, llevándose, eso sí, el tesoro y los elefantes. “Es la batalla de Baécula, una de las importantes de la Segunda Guerra Púnica, que enfrenta a las dos potencias del momento por el dominio del Mediterráneo, casi una guerra mundial”, apunta el arqueólogo Arturo Ruiz.

La historia, los detalles de esta batalla, la cuentan los historiadores romanos Polibio y Tito Livio. Pero, ¿dónde se libró exactamente? ¿Qué cerro era ese en el que se defendió Asdrúbal y atacó Escipión? ¿Por dónde avanzó uno y huyó el otro? Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Jaén afirma haber descubierto el lugar del combate y encontrado el rastro de las tropas en sus movimientos sobre el terreno. Los investigadores están leyendo los vestigios directos para entender qué pasó. Lanzas, puntas de flecha y de jabalina, tachuelas de las sandalias, proyectiles de los honderos baleares que lucharon en las filas cartaginesas, broches de los ropajes, espuelas… incluso piquetas de las tiendas de acampada o los agujeros donde clavaron los de Asdrúbal la empalizada de protección, han salido a la luz en los últimos años. En total, estos arqueólogos han recuperado ya más de 6.000 objetos, dos tercios de ellos asociados al acontecimiento del 208 aC. Los ejércitos de las dos potencias, afirman, se enfrentaron en el cerro de Las Albahacas cerca de la actual localidad de Santo Tomé (Jaén), un lugar estratégico de acceso a la cuenca del Guadalquivir desde Cartago Nova (Cartagena) que Escipión había conquistado el año anterior. Asdrúbal estaba a tiro de las minas de cobre y plata de Cástulo. Una región importante para unos y para otros.

Es arqueología de una batalla, de un acontecimiento efímero, algo insólito en la tradición de unas investigaciones que suelen ocuparse de ciudades, templos, tumbas o infraestructuras que perduran durante siglos. “Hasta ahora solo se había excavado así una batalla de la antigüedad, la de Teotoburgo, en Alemania, de romanos contra los germanos, y es muy posterior, del año 9 aC.”, recalca Juan Pedro Bellón, del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica (Universidad de Jaén). “Hay alguna batalla excavada con una metodología similar, pero del siglo XIX, en concreto la de tropas estadounidenses contra indios en Little Big Horn, y algunos campamentos militares, pero nada más”, añade su colega Manuel Molinos. Por ejemplo, las batallas de Aníbal en Italia se sabe que fueron en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas, pero no en qué sitio exactamente, dice Bellón, ni hay restos arqueológicos de ellas.

Con las detalladas descripciones de los historiadores romanos, los investigadores del Instituto de Jaén se plantearon, hace una década, encontrar los vestigios de la batalla de Baécula. “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Cástulo, alrededor de la ciudad de Bécula, no lejos de las minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos cambió de lugar su campamento y se procuró seguridad por un río que fluía a sus espaldas”, escribió Polibio. Y Tito Livio: “El ejército de Asdrúbal estaba cerca de la ciudad de Bécula y por la noche Asdrúbal replegó sus tropas a una altura. Por detrás había un río. La altura, que tenía una explanada en la parte más alta, por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto”.

Los arqueólogos emprendieron una labor casi detectivesca para dar con el lugar de los hechos, con la ayuda de los textos clásicos y técnicas topográficas avanzadas, además de la observación directa sobre el terreno. “Schulten, en 1925, situó la batalla de Baécula al sur de Bailén, pero lo descartamos, porque la geografía no se ajustaba a las descripciones de Polibio y Tito Livio”, cuenta Arturo Ruiz, arqueólogo de la Universidad de Jaén que puso en marcha el proyecto de Baécula. También se habían propuesto otras localizaciones. Poco a poco, el equipo fue identificando posibles cerros y haciendo catas arqueológicas con detectores de metales, hasta que en el cerro de Las Albahacas empezaron a aparecer restos acordes con un enfrentamiento entre dos ejércitos. Desde 2006, realizan excavaciones en el lugar y participan en los estudios una veintena de expertos: topógrafos, numismáticos, conocedores de armamento antiguo, especialistas en paleoclima y en análisis químicos.

La investigación, financiada por el Plan Nacional de Investigación Científica, es una labor ardua y extensa. El teatro de operaciones se extiende por 400 hectáreas, aunque las prospecciones más intensas se centran en 20 hectáreas. Los arqueólogos han hecho decenas de transectos (líneas de prospección con los detectores de metales) y centenares de cuadrículas.

En el 209 aC los romanos han tomado Cartagena y, un año después entran en la zona del alto Guadalquivir, dominado por los cartagineses. Aníbal ha estado en ese territorio de importancia estratégica antes de dirigirse a Italia, recuerda Bellón. Y en la península Ibérica permanecen tres ejércitos cartagineses: dos de ellos al mando de los hermanos de Aníbal, Asdrúbal Barca y Magón Barca, y otro al mando de Asdrúbal Giscón. “La batalla de Baécula abre el control de la Bética a Roma y, en adelante, Andalucía será su almacén de aceite, trigo y minas de plata y plomo”, explica Ruiz. “Según una teoría, Escipión entra en Andalucía por Despeñaperros, pero nosotros sostenemos que lo hace por el valle del río Guadiana Menor”, apunta Bellón. Quiere evitar que Asdrúbal llegue a Italia para apoyar a su hermano Aníbal y, a la vez, evitar que se unan los otros dos ejércitos cartagineses.

La historia solo contaba con las fuentes de una de las partes en conflicto, explica Ruiz. “Y los romanos ensalzan a Escipión como gran estratega que planifica el movimiento envolvente de su ejército, que afronta la dificultad y dureza de la batalla de Baécula y que, al final, derrota a Asdrúbal”, comenta Bellón. Pero ahora los arqueólogos intentan leer directamente las pruebas para averiguar qué paso. Apenas aparecen en el cerro armas cortas, lo que indica que el enfrentamiento cuerpo a cuerpo fue limitado. Sin embargo, añade Bellón, hay muchas armas arrojadizas, como lanzas, flechas, proyectiles de los honderos baleáricos y dardos.

“Asdrúbal elige el cerro sabiendo que es un punto defensivo estratégico para defenderse y para preparar la huida”, continúa Bellón. “Los romanos establecen su campamento a unos cuatro kilómetros e, inmediatamente, fuerzan la batalla atacando a los cartagineses. Tienen desventaja teórica sobre el terreno ya que atacan cuesta arriba, pero tienen ventaja numérica”. No está claro cuántos hombres participaron en la batalla. Tito Livio habla de 70.000 (40.000 romanos y 30.000 cartagineses). Puede ser exagerado. Los arqueólogos de Jaén lo dejan en unos 15.000en total.

“Ni Polibio ni Tito Livio son contemporáneos de los hechos, y escriben basándose en la abundante documentación romana, aunque el primero, que nació en 200 aC, se considera una fuente más fidedigna porque escucharía datos de primera mano. De los cartagineses no hay testimonios porque la ciudad de Cartago fue arrasada al final de la Tercera Guerra Púnica, cuando los romanos finalmente se hicieron con el poder absoluto del Mediterráneo”, apunta Molinos.

Después de Baécula, Escipión permanece poco tiempo en el campamento del cerro que ha tomado al enemigo. Asdrúbal huye y llega a Italia, en el 207 aC. Una vez allí, envía dos emisarios a Aníbal, pero los romanos los interceptan y atacan: Asdrúbal muere en la batalla de Metauro.

El rastro de las tachuelas de sandalias

Las sandalias de los romanos, que no de los cartagineses, llevaban unos remaches de hierro en la suela de cuero, para proteger el material frente al deterioro del uso y para mejorar el agarre. Las tachuelas se desprendían. O el calzado quedaba abandonado por alguna causa. Entonces esas piezas, denominadas clavi caligarii, de un centímetro de diámetro aproximadamente y dos o tres milímetros de alto, con una punta curvada para sujetarlas al cuero, quedan sembradas por el campo. Para los expoliadores carecen de valor, así que permanecen en el lugar durante siglos, hasta convertirse en un tesoro para los arqueólogos.

“Hemos encontrado cientos de tachuelas en Baécula y, gracias a ellas hemos podido localizar no solo el campamento romano, su punto de partida, sino también el camino de unos cuatro kilómetros que recorrió el ejército de Escipión para atacar al enemigo en el cerro, así como la zona donde se desplegó y la batalla”, explica el arqueólogo Juan Pedro Bellón. Es una forma de arqueología dinámica importante, e incluso se han hecho estudios para estimar cuántas tachuelas perdería un soldado romano caminando, añade Bellón.

Las tachuelas salen ahora a la luz con los detectores de metales (apoyados con GPS para una localización exacta de cada pieza), y los arqueólogos de Baécula han analizado los resultados del barrido del territorio con ellos identificando las zonas de mayor densidad de tachuelas (campamentos y batalla) y piezas más dispersas en el camino. Cuando los investigadores han comparado la ruta que marca el rastro de las tachuelas con el mejor camino trazado sobre la topografía de la zona han visto que los romanos acertaron.

¿Y de los movimientos de los cartagineses? Puede haber un rastro de sus monedas, sus armas… El plan de investigación ahora es seguir a las tropas de Asdrúbal en la retirada y profundizar el conocimiento del campo de batalla.

Fuente: Alicia Rivera | El País

17 marzo 2013 at 11:57 am Deja un comentario


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