Posts tagged ‘Historia National Geographic’

Un nuevo símbolo para Badalona: un busto del dios Baco

La impresionante pieza ha sido descubierta recientemente durante unas excavaciones arqueológicas previas a la construcción de un vial lateral en la C-31

Busto de Baco, el dios romano del vino y de la viña, excavado en un antiguo espacio de culto de una domus de Baetulo. Foto: Museu de Badalona

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
24  de marzo de 2017

Badalona, la ciudad que evolucionó de la antigua Baetulo romana, tiene un nuevo símbolo: un espléndido busto de Baco, quien fue adorado como el dios del vino y de los festines, de la embriaguez y del éxtasis. La impresionante pieza, descubierta recientemente durante unas excavaciones arqueológicas previas a la construcción de un vial lateral en la C-31, está hecha de mármol giallo antico, una variedad procedente de Túnez, y formaba parte de una herma, un pilar cuadrado o rectangular sobre el cual se colocaba un busto. El dios del vino y de la viña, el cultivo predominante en la antigua Baetulo, aparece aquí con una barba densa y elegante, con una estética claramente orientalizante, por lo que podría ser una copia de una pieza de época helenística, unas obras que durante la época altoimperial gozaron de mucha popularidad, según explica el Museu de Badalona. El busto de Baco ha sido excavado en un antiguo larario, un pequeño altar sagrado de una de las domus halladas en Baetulo, donde se realizaban ofrendas y oraciones a los dioses.

 

24 marzo 2017 at 12:02 pm Deja un comentario

El Coliseo de Roma inaugura una exposición sobre su historia

El icono de la capital italiana es uno de los monumentos más visitados del mundo. Una nueva exposición muestra hasta el próximo año el papel que ha tenido a lo largo de su historia

Coliseo romano. Recientemente el anfiteatro más afamado del mundo ha pasado a formar parte del nuevo Parque Arqueológico del Coliseo, el más grande del mundo. Este también comprende otros edificios como el Foro, los históricos edificios del Palatino, el antiguo palacio levantado por Nerón: el Domus Aurea, el parque Colle Oppio y el Circo Máximo. Foto: Gtres

Fuente: LAURA FERNÁNDEZ NATIONAL GEOGRAPHIC
21 de marzo de 2017

Los interiores del imponente Coliseo, el anfiteatro romano más afamado del mundo, evocan a una época donde el suelo estaba cubierto de arena y donde las luchas de los gladiadores eran el entretenimiento favorito de la población. Imágenes difundidas por el cine, criticadas por algunas imprecisiones, que han hecho que una de las fotografías más repetidas de aquellos que lo visitan sea el brazo alzado con el puño cerrado y el pulgar indicando al suelo. No es complicado imaginarse aquellas gradas, hoy desérticas, repletas de asistentes. Ni al César en el palco presidencial disfrutando del espectáculo con su corona de laurel y su vaso de vino. Y es que, por así decirlo, aquellas luchas eran para los romanos el equivalente al fútbol en nuestro días. Aunque el recinto no sólo fue utilizado para los combates, sino que en él también se organizaban peleas de leones, espectáculos de saltimbanquis o ejecuciones a condenados, entre otros evento.

EInteriores del Coliseo. El Coliseo romano es visitado anualmente por más de seis millones de turistas cuya imagen del lugar la asocian con la lucha de los gladiadores. La exposición Coliseo. Un icono, trata de mostrar las diferentes épocas por las que ha pasado el anfiteatro y sus diferentes usos. Foto: Gtres

La nueva exposición Coliseo. Un icono, abierta al público desde el 8 de marzo y disponible hasta el mes de enero de 2018, repasa la historia del emblema de la Roma imperial para desvelar algunos de sus secretos mejor guardados. Desde su construcción, en el siglo I d.C, este el anfiteatro ha estado asociado al esplendor que le otorgaron los diferentes césares de la ciudad como centro de ocio y divertimento para la población, a pesar de las aberraciones que se han vivido en sus interiores en contra de los derechos humanos. Fue la época que marcó su historia, aunque no es la única.

¿Qué fue de él durante la Edad Media?

Piezas de la exposición. Bajo el nombre de Coliseo. Un icono, el anfiteatro Flavio expone algunas de las reliquias que fueron encontradas durante las excavaciones y que corresponden a los diferentes periodos de su historia. Foto: Coop Culture

Una parte de la exposición se centra en esclarecer el papel que tuvo el monumento tras el cese de las luchas de gladiadores. Algunos restos óseos, enseres y materiales encontrados enterrados en sus bajos han llevado a los arqueólogos a creer que, tras la caída del Imperio romano, el anfiteatro pudo haber sido utilizado como residencia, pues se encontraron restos de viviendas; un centro comercial, debido al hallazgo de numerosas monedas y restos de animales que podrían proceder de carnicerías; religioso, donde se levantaron ermitas; e incluso un hospital.

En los años que le prosiguieron, durante el Renacimiento, las ruinas llamaron la atención de arquitectos y artistas que se acercaban hasta él para inspirarse. Era la parada más ovacionada del “Gran Tour” que muchos poetas, pintores y escritores realizaron por Europa y cuya admiración dejaron por escrito en numerosas obras. Algunos de ellos fueron Charles Dickens, Goethe y Mark Twain, quienes elevaron el interés del público por conocerlo. Su resurgir hizo que Mussolini lo adquiriese como símbolo de poder, mientras que en los años posteriores a la guerra se convirtió en el escenario de numerosas películas de la época, lo que propició que el público pudiera hacerse una imagen de su función original y de su significado en los primeros años de su existencia.

Alrededores del Coliseo. El Coliseo romano está situado en el centro de la ciudad de Roma, junto otros monumentos emblemáticos como el Arco de Constantino o el Foro. Foto: Gtres

Estas etapas están perfectamente representadas en la exposición Coliseo. Un icono, ubicada en el propio monumento y que muestra cómo lucía el anfiteatro Flavio en los diferentes años, los objetos que fueron encontrados durante las excavaciones, así como sus usos. Lo que no ha cambiado a lo largo de este tiempo es que continúa siendo el centro de atención de la ciudad y, como el propio nombre de la exposición indica, un icono de Italia que cada año es visitado por más de seis millones de turistas.

Subterráneos del Coliseo. En los bajos del Coliseo se encontraron en su día numerosos utensilios, monedas, diferentes materiales y enseres que han hecho que los arqueólogos confirmasen la existencia de viviendas, comercios, centros religiosos y hasta un hospital. Foto: Coop Culture

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21 marzo 2017 at 9:51 pm 1 comentario

La sagrada Acrópolis de Atenas

Recorremos este magnífico testimonio de la época dorada de la Grecia antigua

Desde lo alto de la colina sagrada. En la cima del monte sagrado, la Acrópolis contempla el paso de los siglos sobre la ciudad de Atenas. En ella se reúnen los símbolos de la época de mayor esplendor de la Grecia antigua, el siglo V a.C., todos construidos en un mármol reluciente que el tiempo y las numerosas vicisitudes han transformado en uno de los vestigios antiguos más admirados del planeta. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC
17  de marzo de 2017

Poseidón y Atenea se disputaron una vez el corazón de los atenienses y el nombre de su ciudad. En lo alto de la colina de la Acrópolis, el dios del mar clavó su tridente mientras que la diosa de la sabiduría y la guerra plantó un olivo. El resto de divinidades declararon a Atenea ganadora del singular combate y los habitantes le dedicaron la mayoría de los templos.

Mitología e Historia se entrecruzan a lo largo del recorrido por este recinto de templos que se eleva sobre los populosos barrios de la capital griega. Habitada ya en el Neolítico (4.000-3.000 a.C.), fortificada durante la época micénica y destruida por los persas, la Acrópolis ganó su monumentalidad de la mano de Pericles, gobernador de Atenas entre los años 461 y 429 a.C., quien la dotó de templos con estatuas de bronce y de mármol, pintadas o recubiertas de oro y piedras preciosas.

Acudir a la Acrópolis por aquel entonces equivalía a penetrar en el Olimpo, un templo de templos. El visitante quedaba maravillado desde la misma entrada, donde se erigían la estatua de nueve metros de Atenea Promakos (Campeona) y el conjunto de los Propileos, un vestíbulo con cinco puertas, techo pintado con estrellas doradas, una pinacoteca y varios altares.

Al salir de los Propileos, la vía Panatenaica conducía al Partenón, el colosal edificio dórico terminado el año 438 a.C. que albergaba una estatua de doce metros de Atenea Partenos (Virgen). En el sector norte se erigía el Erecteion, allí donde Atenea y Poseidón se disputaron el nombre de la ciudad y la veneración de sus habitantes. Y mientras las oraciones se realizaban en lo más alto, los espectáculos tenían lugar en el teatro de Dionisos, en la ladera, un “templo” de las artes.

La originalidad del Erecteion. Construido entre el año 421 y el 406 a.C, el Erecteion es uno de los edificios más originales de la Grecia clásica. Debido a que las irregularidades del terreno del monte sagrado no podían anivelarse, el arquitecto construyó un templo único cuyas naves y pórticos quedan a diferentes alturas unas de otras. En el lugar del templo se encontraban las tumbas de Cécrope y Erecteo, míticos reyes griegos, y los regalos que Poseidón y Atenea habían ofrecido a los atenienses durante la lucha por la posesión de la ciudad: un pozo de agua salada y un olivo respectivamente. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Columnata de las Cariátides. En la parte sur del templo se puede contemplar el majestuoso pórtico de las cariátides, que además ofrece una instantánea única sobre la gran extensión urbana de Atenas. La leyenda dice que, puesto que los gobernantes de la ciudad de Karys dieron su apoyo a los persas durante las Guerras Médicas, los atenienses apresaron y esclavizaron a sus bellas mujeres. Como mensaje para futuros enemigos, las colocaron como columnas soportando eternamente el peso del templo sobre sus cabezas. Foto: Shutterstock

 

El Partenón de Atenas. La impresionante estructura del mayor edificio de la Acrópolis está formada por dos cuerpos, la naos y el opistódomos, algo inédito en la época, que reposan sobre una plataforma llamada estilobato. En la naos había un espacio destinado a albergar una enorme estatua de la diosa Atenea esculpida por Fidias en oro y mármol. Una de las partes más interesantes del templo es la fachada, en cuya parte superior se hallan los frisos. Estos representaban las Panateneas –una procesión anual para llevar ofrendas a los dioses– los frontones narraban escenas de la vida de Atenea y en en el resto de los frisos aparecía la historia de diferentes guerras, entre ellas la de Troya. Foto: Gtres

 

El emblema de la democracia griega. Se trata de un templo octástilo (ocho columnas al frente) y períptero (rodeado de columnas) construido bajo la supervisión de Fidias por los arquitectos Calícrates e Ictinos. Dedicado a la diosa Atenea, protectora de la ciudad, se considera el templo más importante de estilo dórico que se conserva actualmente y un símbolo de la Grecia clásica y de su sistema democrático. Fue construido como una ofrenda –eximiéndolo de su función de culto– bajo el gobierno de Pericles, quien otorgó a todos los edificios un carácter público. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Una entrada solemne. El arquitecto Mnesicles terminó la monumental entrada de los propileos en el año 432 a.C. y fueron durante mucho tiempo la única vía de acceso por la que se podía alcanzar el recinto sagrado de la Acrópolis. El aspecto que presentaban era el de un templo hexástilo (de seis columnas en la fachada) de estilo dórico con una separación en medio por donde pasa el camino de entrada. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

Los Propileos. La función de los Propileos era acompañar y guiar al visitante hasta la puerta de la ciudad de los dioses. Además, debido al desnivel que producía la altura del monte, esta construcción también servía para facilitar la subida, algo que el arquitecto Mnesicles consiguió domando las irregularidades topográficas mediante diferentes niveles y escalones. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

El templo de Atenea Niké. El geógrafo griego Pausanias describió este pequeño edificio clásico construido en el año 421 a.C. como el templo de la Victoria áptera o sin alas. Está dedicado a la diosa Atenea y conmemora la batalla de Salamina en la que los griegos vencieron a los persas bajo el influjo de la diosa, en este caso representada sin alas para que nunca pudiera abandonar la ciudad. Foto: AP Images

 

Un templo para la victoria. Calícrates fue el arquitecto encargado del proyecto quien, junto con Ictino, diseñó un templo de pequeñas dimensiones acorde con el espacio que se le había otorgado en uno de los promontorios de los propileos. De orden jónico y planta tetrástila (cuatro columnas en la fachada principal), el friso de este edificio representa escenas de las Guerras Médicas, el acontecimiento que conmemoraba. Foto: YANNIS SKOULAS, Greek National Tourism Organisation

 

El Odeón de Herodes Ático. En la ladera sur de la colina de la Acrópolis, el cónsul romano Herodes Ático construyó, durante el siglo II d. C., este Odeón. Dicho edificio se usaba tanto en Grecia como en Roma para representaciones de tipo musical, teatral o lírico. Tiene una estructura muy parecida a la de un teatro romano, con la diferencia de que los odeones solían estar cubiertos. En sus gradas podía albergar hasta 5.000 espectadores y todavía hoy en verano se celebran conciertos al aire libre. Foto: Gtres

 

Vista aérea de la Acrópolis. Durante los inicios del siglo V a.C., después de vencer a los persas en Marathon y de sufrir y repeler un nuevo ataque por su parte, los atenienses empezaron a construir algunos de los templos, ahora protegidos por la recién construida muralla de Temístocles (en la parte izquierda superior de la imagen). Durante la segunda mitad del siglo V a.C. se construyeron los principales templos que hoy en día siguen en pie: el Partenón, el Erecteion, Atenea Niké y los Propileos. En la esquina inferior derecha se halla el Odeón de Herodes Ático, y en la superior izquierda los restos del teatro de Dionisos, que acogía obras de Sócrates, Esquilo y Eurípides. Foto: Age Fotostock

 

17 marzo 2017 at 7:42 pm Deja un comentario

Las mujeres de Julio César: de Cornelia a Cleopatra

Julio César realizó numerosas conquistas amorosas y utilizó en su propio beneficio, político o económico, a todas las mujeres que conoció

César y la reina de Egipto. El general romano conoció a Cleopatra cuando, persiguiendo a su rival Pompeyo, llegó a Egipto. En el siglo XVIII, Tiépolo recreó el episodio en esta pintura. Museo Arkhangelskoye, Moscú. Foto: Heritage / Scala, Firenze

Fuente: JUAN LUIS POSADAS  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
13 de marzo de 2017

Cayo Julio César fue más conocido por sus amantes –mujeres y hombres– que por sus esposas, y eso que estuvo prometido en una ocasión y casado en otras tres. Su vida sexual estuvo marcada por multitud de relaciones amorosas y conyugales, que no siempre es lo mismo; el historiador Suetonio contaba que sus conquistas de las Galias suscitaban menos entusiasmo durante su desfile triunfal en Roma, al término de la guerra, que sus conquistas “de las galas”. Cuando leemos a Suetonio y otros autores podemos interpretar que la vida sexual de César estuvo marcada por su relación juvenil con el rey Nicomedes de Bitinia, mucho mayor que él. Todas sus historias posteriores con mujeres parecen querer borrar dicho episodio. Según otro historiador antiguo, Dión Casio, la sola mención de este hecho era lo único que le sacaba de quicio, incluso muchos años después de aquel suceso.

César cultivó una doble imagen en lo sexual: moralismo en público y liberalismo en privado. Llegó a ser Pontífice Máximo, el cargo religioso más importante de Roma, por lo que su imagen pública debía ser de la mayor santidad. Esa santidad la subrayó promulgando leyes conservadoras contra la ostentación en el vestir y en el adorno femenino; a la vez, recalcó esa imagen de tradicionalismo moral mediante algunas actuaciones contra el adulterio o contra las relaciones entre mujeres de clase alta y libertos. Pero de forma paralela cultivó una imagen muy liberal en su sexualidad, acorde con su liderazgo del bando de los populares, enfrentados al cerrado moralismo de la otra facción que dominaba la vida política en Roma al final de la República, los aristocráticos optimates.

Adiós, Cosucia

Según era costumbre en Roma, a los catorce años Julio César estuvo comprometido con una tal Cosucia, “de familia ecuestre, pero muy rica”, dice Suetonio, y dos años después fue designado flamen dialis, sacerdote de Júpiter. Esto lo obligaba a casarse con una patricia, algo que no era Cosucia, y Julio César rompió su compromiso para contraer matrimonio en el año 84 a.C. con Cornelia, “hija de Cinna, cuatro veces cónsul”, en palabras del mismo historiador. Lucio Cornelio Cinna era el líder de los populares después de la muerte de su aliado Cayo Mario, tío de César. En ese momento, los populares controlaban el Senado, por lo que esta unión abría a César grandes perspectivas en su carrera política. Pero la inestabilidad de la República desembocó en una guerra civil entre los seguidores de Cinna y los optimates, liderados por Sila.

En un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte

Tras esta guerra en la que resultaron vencedores los optimates, y durante la cual murió el suegro de César, comenzaron las proscripciones de Sila, en las que murieron miles de ciudadanos. Como miembro del partido derrotado, César fue despojado de su sacerdocio y su herencia familiar. Sila quería que repudiara a Cornelia, hija del líder del bando perdedor, pero en un acto de respeto por su esposa y de rebeldía hacia la autoridad, Julio César rehusó y tuvo que esconderse para escapar de la muerte. Al cabo de un tiempo, Sila cedió a las presiones de las vírgenes vestales y de dos parientes de César y le retiró la pena de muerte, pero advirtió que aquel joven sería la ruina del partido optimate pues “en él había muchos Marios”, según Sila.

Tras el perdón, César dejó a su mujer y a su hija en Roma y comenzó su servicio en el exterior. Fue enviado como embajador a la corte del rey Nicomedes IV de Bitinia, en Asia Menor, donde habría mantenido relaciones sexuales con el monarca. El hecho de que Nicomedes fuera mucho mayor que él sólo podía significar que César había desempeñado un papel pasivo. Los romanos denigraban a los homosexuales pasivos y se mofaban de ellos, y es probable que César publicitara una desmedida vida amorosa heterosexual para apagar la infamia de haberse deshonrado por una relación homosexual pasiva con un hombre mayor y extranjero. Él siempre negó la veracidad de la historia, que sirvió de argumento a sus detractores incluso mucho después de su muerte.

La muerte de Cornelia

Julio César mantuvo durante quince años un exitoso y feliz matrimonio con Cornelia, hasta que en 69 a.C. su esposa murió durante el parto de su segundo hijo, que tampoco sobrevivió. César presidió los funerales por su mujer y por su tía Julia, esposa de Cayo Mario, y pronunció un elogio fúnebre por Cornelia. No había precedentes de elogios para mujeres tan jóvenes y esta novedad le granjeó simpatías entre los oyentes, ya que no era frecuente demostrar públicamente el amor conyugal.

Se puede pensar que el verdadero amor de Julio César fue Cornelia, a la que no repudió ni bajo peligro de muerte. Pero a César le interesaba volver a casarse pronto para obtener riquezas y alianzas políticas y la elegida fue Pompeya, nieta de Sila, el viejo rival del padre de Cornelia. Es probable que, en aquellos años difíciles, César quisiera nadar y guardar la ropa, mientras se declaraba popular por sus acciones, intentaba dotarse de un seguro de vida con la facción contraria en esos tiempos convulsos. Sin embargo, el amor y el afecto que sintió por Cornelia desaparecieron del matrimonio con Pompeya, aunque este desinterés parece haber sido compartido por su esposa.

En el año 64 a.C. se hizo pública su relación con Servilia, la amante “a la que amó como a ninguna otra”, según Suetonio. Servilia era hermanastra del gran enemigo de César, Catón el Joven, y ayudó a su amante cuando Catón le acusó de ser cómplice en la conspiración del senador Catilina contra la República. César y Servilia mantuvieron su relación hasta la muerte del primero. Algunos autores de la Antigüedad sostenían que ya habían mantenido un idilio en su juventud, del que pudo haber nacido Bruto, primogénito de Servilia y uno de los asesinos de César. Su relación volvió a salir a la luz en 63 a.C., durante la sesión del Senado en la que se debatía si aplicar la pena de muerte al proscrito Catilina, cuando César se vio obligado a mostrar una lujuriosa nota que le había mandado Servilia.

Y mientras César seguía viéndose en secreto con Servilia, se produjo un incidente que puso de manifiesto la doble vara de medir de César (y de la sociedad romana) para él y para sus esposas. Sucedió durante una festividad religiosa, cuando Pompeya protagonizó el mayor escándalo sexual y religioso de la Roma republicana.

Sacrilegio y divorcio

Aurelia, madre de Julio César, no se fiaba de su nueva nuera, y la vigilaba de cerca porque sospechaba que no era fiel a su hijo. Una noche del año 62 a.C. en la que se celebraba la fiesta de la Bona Dea –reservada a mujeres– en casa de César, entonces pretor y Pontífice Máximo, el joven aristócrata Clodio se coló en la casa disfrazado de mujer y fue descubierto por una criada; ésta llamó a Aurelia, que mandó detener al intruso. El escándalo fue mayúsculo, y, según Plutarco, “al día siguiente corrió por toda la ciudad la noticia de que Clodio había cometido un sacrilegio, por el que debía pagar no solo ante los ofendidos, sino también ante la ciudad y los dioses”.

Julio César repudió a Pompeya y Clodio fue acusado de sacrilegio e, implícitamente, de adulterio contra César, que negó los cargos contra su aliado político durante el juicio. Entonces, preguntado por qué había repudiado a su esposa si no creía que hubiera cometido adulterio, respondió con su famosa frase: “Considero que los míos deben estar tan libres de sospecha como de culpa”.

Tras el divorcio, César estuvo soltero algún tiempo, que no sin pareja, ya que conservó su pasión por Servilia a la que, se decía, regaló una enorme perla valorada en seis millones de sestercios, el equivalente al salario anual de una legión. También buscó placer sexual con amantes de toda condición, incluso reinas. Fuentes y rumores de la época aluden a una larga lista de conquistas y adulterios de César. Dice Suetonio que “corrompió un considerable número de mujeres de familias distinguidas”, entre las que destacan Mucia y Tértula, esposas de los futuros compañeros de César en el triunvirato, Pompeyo y Craso. Más adelante, también seduciría a la reina Eunoe de Mauritania, mujer de su aliado el rey Bogud. Su importancia radicaba en que eran esposas de sus enemigos, con lo que las usaba de informantes, o de sus amigos, y le servían como refuerzo de sus alianzas. No era extraño que un acuerdo entre dos políticos quedara sellado acostándose uno con la mujer del otro.

Boda doble y triunvirato

La carrera política de Julio César continuó, y a los cuarenta años ocupó la dignidad de cónsul por primera vez. Al final del consulado, en el año 59 a.C., volvió a tejer alianzas políticas a través del matrimonio. Concedió la mano de su hija Julia a su compañero de triunvirato Pompeyo, en ese momento líder de los optimates, y él mismo se casó con Calpurnia, hija de un aliado del triunviro conservador. Su gran rival, el estricto Catón, calificó este arreglo entre los dos políticos como “la prostitución de la República con los casamientos”.

Esta boda entre un cuarentón y una joven adolescente fue un intento de engendrar un varón. Desgraciadamente, el matrimonio no tuvo hijos, a pesar de lo cual César siempre manifestó un tierno amor por su mujer, afecto que fue correspondido. La pareja vivió separada casi desde el principio, ya que el “regalo de boda” de Pompeyo fue el nombramiento de César para la conquista de las Galias. En el tiempo que estuvo en campaña parece que su apetito sexual no disminuyó. Cuando celebró el triunfo en Roma, sus soldados cantaban estos versos: “Romanos, vigilad a vuestras mujeres. Os traemos al adúltero calvo; en la Galia te gastaste en putas el oro que aquí tomaste prestado”.

La alianza entre César y Pompeyo se fue debilitando, y la muerte de Julia, hija de César y esposa de Pompeyo, terminó de romper los vínculos entre ambos. Los dos hombres se enfrentaron por el poder en una guerra civil que acabó con la victoria de César y propició su conquista amorosa más célebre, la de Cleopatra VII, reina de Egipto. Se conocieron cuando, en el año 48 a.C., César marchó a Alejandría, la capital egipcia, para acabar con la resistencia de las tropas de Pompeyo, refugiado en aquella ciudad.

En sus crónicas no perdió la oportunidad de criticar a sus enemigos por la vida disipada que llevaban allí; según él, “se habían olvidado del nombre y disciplina del pueblo romano” por casarse con alejandrinas y tener hijos con ellas. Pero en el mismo momento en que escribía esto, él vivía con una alejandrina, Cleopatra. Según Plutarco, César quedó “cautivado por su conversación y su gracia”, es decir, por su inteligencia y talento (y no por su supuesta belleza). El romance con la soberana de Egipto, que constituía una relación casi de concubinato, se prolongó hasta la muerte de César. La unión con la reina más influyente del Mediterráneo hacía de César casi un rey, lo cual venía a sostener su pretensión monárquica en Roma. Además, Cleopatra le proporcionaba un apoyo económico decisivo para obtener la supremacía política en la República. Pero por encima de todo, Cleopatra dio a César el hijo varón que tanto deseaba, Cesarión. La reina, por su parte, obtuvo el trono de Egipto, que disputaba a su hermano Ptolomeo XIII.

El dictador ‘polígamo’

Julio César fue nombrado dictador perpetuo en el año 45 a.C. y acumuló más poder que cualquier otro hombre en la historia de Roma hasta el momento. Paralelamente, mantenía tres relaciones estables a la vez. Calpurnia, su esposa, fue la primera “emperatriz”, ya que fue cónyuge de quien se proclamó imperator, dictador perpetuo y señor absoluto del Estado romano. Fue una mujer discreta y, a pesar de las infidelidades, siempre quiso a su marido, como demuestra el famoso episodio de su pesadilla la noche anterior al asesinato de César, cuando soñó que lo asesinaban e intentó impedir que acudiera al Senado.

Por su parte, tras la guerra civil, Servilia continuó sacando provecho de su larga relación con César. Compró a buen precio muchas propiedades confiscadas a los pompeyanos y obtuvo el perdón para su hijo Bruto, que había sido aliado de Pompeyo. La patricia llegó a ofrecer a César a su hija Junia como esposa, dada la esterilidad de Calpurnia. En cuanto a Cleopatra, César la había invitado a viajar a Roma en otoño del año 46 a.C., y volvió a la ciudad al año siguiente, en una estancia que se prolongó hasta el asesinato del dictador. Ambos revivieron su amor y discutieron de varios asuntos de Estado. Según Dión Casio, se declaró a la reina “aliada y amiga del pueblo romano” y se erigió una estatua de oro de la propia Cleopatra en el templo de Venus Genitrix, construido por César.

Después de los idus de marzo del año 44 a.C. Julio César dejó tres “viudas”. La primera, Calpurnia, representó muy bien el papel que César exigía a las mujeres de su familia; fue discreta en el luto y la administración del testamento político de César. Jamás volvió a casarse. La segunda, Servilia, se convirtió durante unos meses en el árbitro de la política romana, mediando entre los partidarios de César y sus asesinos, entre los que, como hemos dicho, figuraba su hijo Bruto. La tercera, Cleopatra, regresó a Egipto y terminó sus días de manera trágica años más tarde, al lado de su nuevo amante y antiguo colaborador de Julio César, Marco Antonio.

 

13 marzo 2017 at 9:32 pm Deja un comentario

Una antigua calzada romana sale a la luz en Israel

La vía romana, de 2.000 años de antigüedad, ha sido descubierta durante unas excavaciones arqueológicas previas a la instalación de tuberías de agua hacia Jerusalén

Imagen área de la calzada romana de 2.000 años de antigüedad. Foto: The Griffin Aerial Photography Company, courtesy of the Israel

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
7 de marzo de 2017

Una calzada romana de 2.000 años de antigüedad, en un estado de conservación excepcional, ha salido a la luz junto a la carretera 375, cerca de Beit Shemesh y al oeste de Jerusalén, en Israel. La vía romana apareció el pasado mes de febrero durante unas excavaciones arqueológicas previas a la instalación de tuberías de agua hacia Jerusalén, según ha anunciado hoy la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA).

La calzada romana medía hasta seis metros de anchura y se extendía a lo largo de 1,5 kilómetros. Foto: The Griffin Aerial Photography Company, courtesy of the Israel

“La carretera que hemos descubierto, que hace 2.000 años seguía una ruta similar a la que sigue actualmente la 375, medía hasta seis metros de anchura, continuaba a lo largo de 1,5 kilómetros de distancia y al parecer conectaba un asentamiento romano que había en las proximidades de Beit Natif con la vía principal conocida como la Carretera del Emperador, que probablemente fue construida en la época en que el emperador Adriano visitó el país, alrededor del año 130 d.C. o poco después, durante la represión de la Rebelión de Bar Kojba, entre el 132 y el 135 d.C. La presencia de un hito con el nombre del emperador Adriano, descubierto en el pasado cerca de la carretera, refuerza esta hipótesis”, dice Irina Zilberbod, la directora de las excavaciones, de la IAA.

La vía romana se encuentra en un estado de conservación excepcional. Foto: Assaf Peretz, courtesy of the Israel Antiquities Authority

Los arqueólogos han encontrado monedas entre las piedras del pavimento: una moneda del año 67 d.C., el segundo año de la Gran Revuelta Judía; una moneda del período de los omeyas; una moneda de Poncio Pilato, prefecto de la provincia romana de Judea, fechada en el 29 d.C.; y una moneda de Agripa I del año 41 d.C., acuñada en Jerusalén. Durante el Imperio romano, y como consecuencia de las guerras y otras campañas, se desarrolló la red viaria del país a un ritmo sin precedentes.

Monedas halladas entre las piedras del pavimento: una moneda del año 67 d.C., el segundo año de la Gran Revuelta Judía; una moneda del período de los omeyas; una moneda de Poncio Pilato, prefecto de la provincia romana de Judea, fechada en el 29 d.C.; y una moneda de Agripa I del año 41 d.C., acuñada en Jerusalén. Foto: Clara Amit, courtesy of the Israel Antiquities Authority

7 marzo 2017 at 10:09 pm Deja un comentario

Un santuario dedicado al dios Mitra sale a la luz en Córcega

Los arqueólogos del INRAP han descubierto el primer mitreo de Córcega que, a pesar de los signos de destrucción, contiene elementos clave del mitraísmo

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Las ruinas del mitreo de Córcega, con los dos bancos longitudinales en el centro. Y, al fondo, la antigua catedral de Santa María de la Asunción de Lucciana. Foto: Denis Gliksman, Inrap

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
28 de febrero de 2017

Por primera vez se ha descubierto un santuario dedicado a Mitra en la isla de Córcega. El mitreo, donde se veneraba al dios Mitra, ha sido excavado en Mariana, una antigua ciudad romana ubicada cerca de Lucciana, en el noreste de la isla, según anunció el viernes el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (INRAP) de Francia. El mitraísmo fue una religión mistérica, secreta, basada en la transmisión oral y carente de escrituras sagradas. Para participar en ella había que superar unas pruebas iniciáticas y las mujeres estaban excluidas. La religión se originó en el antiguo Irán y se propagó por todo el Imperio romano a través de las legiones, coincidiendo con la difusión del cristianismo.

Los arqueólogos del INRAP han detectado varios espacios, entre ellos una antecámara y un lugar de culto. Los iniciados se reclinaban sobre unos bancos situados a lo largo de las paredes de una sala rectangular iluminada con lámparas de aceite, tres de las cuales se han encontrado intactas. Al fondo había un muro revestido con un bajorrelieve en mármol que ha aparecido fragmentado. Mitra aparece representado con un gorro frigio y sacrificando un toro. Un perro y una serpiente beben la sangre del toro, y un escorpión le pinza los testículos. A la derecha, un personaje porta una antorcha: es el Dadóforo, que simboliza el sol naciente o el ocaso y la muerte. Los arqueólogos también han desenterrado una cabeza de mármol de una mujer, dos campanas de bronce, muchas lámparas rotas, ollas de pasta fina e incluso una placa de bronce y otra de plomo que “contienen inscripciones que aún no se han descifrado“, destaca el INRAP.

Los arqueólogos han encontrado inscripciones que aún no han sido descifradas

El santuario mitraico muestra signos de destrucción: el altar dedicado a Mitra estaba despedazado y el edificio lleno de escombros. “Aún se desconocen las causas exactas de la destrucción, aunque habría que señalar que alrededor del año 400 d.C. se construyó una gran basílica y un baptisterio cristianos en Mariana, que constituyen los primeros vestigios del cristianismo en Córcega, concluye el INRAP.

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Fragmento del relieve en mármol, en el que aparecen el perro y el Dadóforo. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Fragmento del relieve en mármol en el que aparece el toro sacrificado por Mitra. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Fragmento de mármol hallado entre las ruinas del mitreo. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Vista aérea del mitreo. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Los dos bancos paralelos del mitreo y una estructura de ladrillos en el centro. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Las ruinas del mitreo junto a la antigua catedral de Santa María de la Asunción de Lucciana. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Pie de mármol hallado durante las excavaciones. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Campana de bronce utilizada en el culto de Mitra. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Campana de bronce utilizada en el culto de Mitra. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Lámpara de aceite utilizada para iluminar el mitreo. Foto: Denis Gliksman, Inrap

 

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Lámparas de aceite intactas. Foto: Denis Gliksman, Inrap

28 febrero 2017 at 3:08 pm Deja un comentario

Un teatro y unos baños públicos romanos salen a la luz en Hippos-Sussita (Israel)

Miles de personas frecuentaron el teatro de Hippos-Sussita con fines rituales, observando y escuchando a los sacerdotes hasta alcanzar el éxtasis y la catarsis

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Imagen aérea que muestra las diferentes zonas de la antigua ciudad de Hippos-Sussita, uno de los sitios arqueológicos clásicos más importantes de Israel. Imagen: E. Gerstein, Photogrammetry Lab, Zinman Institute of Archaeology

Fuente: ALEC FORSSMANN  |  NATIONAL GEOGRAPHIC
22 de febrero de 2017

Un gran teatro y unos baños públicos romanos han salido a la luz en la antigua ciudad de Hippos-Sussita, uno de los sitios arqueológicos clásicos más importantes de Israel, emplazado en lo alto de una montaña con vistas al mar de Galilea, en el noreste del país. Entre los hallazgos arqueológicos que ha proporcionado este sitio en los últimos años destaca una máscara de bronce de Pan, un descubrimiento sensacional del año 2015. La figura de Pan, el dios de los pastores y los rebaños, era imaginada antiguamente con cabeza y piernas de macho cabrío y acosando a las ninfas y a los pastorcillos.

“Primero descubrimos la máscara de Pan, después una entrada monumental que conducía a lo que empezamos a suponer que era un gran recinto público, un santuario. Y este año hemos hallado unos baños públicos y un teatro en la misma ubicación, ambas instalaciones asociadas en época romana con Asclepio, el dios de la medicina, y con dioses como Dioniso y Pan“, observa Michael Eisenberg, el director de las excavaciones, de la Universidad de Haifa. Parece ser que tanto los baños como el teatro no fueron construidos para el disfrute o entretenimiento de los ciudadanos, sino para llevar a cabo sus prácticas rituales. La entrada monumental, que probablemente incluía la máscara de Pan, ha sido fechada a comienzos del siglo II d.C. y la construcción del teatro presumiblemente se remonta a la misma época.

“Todos los hallazgos sugieren que esto era un gran santuario situado fuera de la ciudad, algo que cambia completamente todo lo que sabíamos sobre Hippos-Sussita y sus alrededores. Posiblemente, y si nuestra hipótesis es correcta, miles de visitantes llegaron al teatro no para disfrutar del último espectáculo en la ciudad, sino para participar en los rituales con los que veneraban a algunos dioses del panteón grecorromano. Observaban y escuchaban a los sacerdotes hasta que entraban en un estado de éxtasis y catarsis“, concluye Eisenberg.

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Los arqueólogos A. Iermolin y Michael Eisenberg (de rodillas) durante la excavación del vomitorio del teatro romano. Foto: A. Nakaryakov

 

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Excavación de la entrada monumental, que incluía la máscara de Pan. Foto: M. Eisenberg

 

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Excavación de la entrada monumental y, al fondo, el mar de Galilea. Foto: M. Eisenberg

 

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Tras la excavación del teatro romano se distingue el pasillo semicircular o praecinctio y la entrada al vomitorio, un pasillo abovedado. Foto: M. Eisenberg

 

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Fotografía aérea de la entrada monumental o Puerta de Pan. Foto: S. Magal

 

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Cresta de la montaña y parte superior del teatro. Foto: M. Eisenberg

 

22 febrero 2017 at 2:58 pm Deja un comentario

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