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Vídeo: Así fue la catastrófica erupción del Vesubio que acabó con Pompeya

Esta recreación realizada por Zero One Animation junto con el Melbourne Museum nos muestra cronológicamente cómo ocurrió la devastadora erupción del Vesubio que acabó completamente con la ciudad de Pompeya

Recreación de la erupción del Vesubio en Pompeya
Vídeo: YouTube

Fuente: National Geographic
18 de julio de 2018

El primer núcleo estable de la ciudad de Pompeya se remonta aproximadamente al siglo VII o VI a.C., cuando los oscos, un pueblo de la Italia prerromana, se instalaron en el lugar, al pie del monte Vesubio. En el 59 d.C., un altercado entre los habitantes de Pompeya y los de Nuceria con motivo de un espectáculo de gladiadores causó muertos y heridos y el incidente llegó a oídos del emperador Nerón, quien clausuró el anfiteatro pompeyano durante diez años. Lo peor estaba por llegar…

En el 59 d.C. hubo una reyerta en Pompeya, pero lo peor estaba por llegar

En febrero del 62 d.C., tres años después de la reyerta, se produjo un terremoto que ocasionó numerosos daños en Pompeya y en otras ciudades cercanas. La ciudad fue reconstruida y todavía se estaba restaurando cuando, el 24 de agosto del 79 d.C., fue sorprendida por la catastrófica erupción del Vesubio, que causó la muerte de miles de personas y que supuso el fin de Pompeya, sepultada bajo las cenizas y piedras expulsadas por el volcán.

El 26 de agosto volvió a salir el sol y del Vesubio solamente emanaba una columna de humo, pero Pompeya estaba completamente ennegrecida y destruida. El sitio se perdió de la memoria durante más de 1.500 años, hasta que empezaron las primeras excavaciones arqueológicas en 1748 por el ingeniero español Roque Joaquín de Alcubierre, nacido en Zaragoza.

 

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20 julio 2018 at 10:29 am Deja un comentario

Conjuras contra Alejandro Magno, la transformación de un conquistador

En el año 331 a.C., Alejandro Magno derrotó en Gaugamela al soberano persa Darío III y se convirtió en su sucesor al frente del mayor imperio de la época. Entonces adoptó costumbres orientales y actuó como un autócrata, algo que no gustó a los macedonios y dio lugar a tensiones y complots

La muerte de Clito
A medida que Alejandro se adentraba en Asia, se iba orientalizando y toleraba menos las críticas. En un banquete celebrado en Samarcanda en 328 a.C., el propio Alejandro, borracho, acabó con la vida de Clito el Negro, porque éste le reprochó sin reservas su actitud y sus recientes políticas orientalizantes. En la imagen, el rey asesina a su general y amigo Clito el Negro, en 328 a.C. Grabado del siglo XIX.

FOTO: AKG / Album

Fuente: Juan Pablo Sánchez  |  National Geographic
17 de julio de 2018

En el año 330 a.C. tuvo lugar en tierras del actual Afganistán uno de los mayores escándalos del reinado de Alejandro: la ejecución de su comandante Filotas y el asesinato de su padre, Parmenión, a raíz de una supuesta conspiración contra la vida del gran conquistador. Se trata de una historia truculenta, con muchos puntos oscuros o incomprensibles, y en la que un visceral Alejandro y algunos de sus hombres de confianza reaccionaron con una crueldad desproporcionada. Pero el “caso Filotas” sería solamente el primero de una serie de conflictos que agudizarían la ruptura del rey Alejandro con su séquito de macedonios y griegos, junto con quienes, en el año 334 a.C., había atacado al poderoso Imperio persa.

El nuevo rey de Persia

Los primeros tres años de campaña de Alejandro se solventaron con una sucesión de deslumbrantes triunfos en Asia Menor y Mesopotamia sobre el gran rey persa Darío III: en el río Gránico, en Issos y en Gaugamela. Tras esta última victoria, Alejandro se apoderó de Babilonia, Susa y otras capitales del Imperio aqueménida que le aguardaban con sus enormes tesoros acumulados durante siglos. En Egipto, donde había sido recibido como un libertador, Alejandro había fundado la más famosa de las ciudades que llevaron su nombre, e incluso había sido proclamado hijo del dios Zeus Amón por los sacerdotes del prestigioso templo de esta divinidad en el oasis de Siwa.

Poco después, Darío III murió asesinado a traición, así que Alejandro pasó de ser el rey de los macedonios a ser el sucesor de los aqueménidas en el trono persa. Con sus conquistas, cambiaría de tal manera la faz del mundo conocido, que mereció con justicia el apelativo de “Magno” por sus memorables hazañas. Pero también, al ver que nadie le disputaría jamás el imperio, Alejandro se había puesto a imitar apasionadamente el lujo y la magnificencia de los reyes asiáticos.

Y lo cierto es que no había recorrido él solo esos miles de kilómetros. Se había embarcado en esta aventura asiática en compañía de buenos amigos de la infancia, como Ptolomeo, Crátero, Clito y, sobre todo, el leal Hefestión –de quien siempre se dijo que fue amante–. Pero quienes realmente contribuyeron al triunfo del joven rey fueron generales macedonios experimentados, que ya habían servido lealmente en la corte del padre de Alejandro, Filipo II.

El veterano Parmenión, era un noble macedonio de rancio abolengo que mantenía estrechos vínculos con la corte y el ejército

Uno de ellos, el veterano Parmenión, era un noble macedonio de rancio abolengo que, como subordinado inmediato de Filipo y luego de Alejandro, mantenía estrechos vínculos con la corte y el ejército. Parmenión rondaba los sesenta y cinco años y tenía varios hijos, todos ellos con cargos importantes en la corte. Pero quien más destacaba era Filotas, que gozaba de gran consideración como comandante en jefe del cuerpo de la caballería de los Hetairoi o Compañeros de Alejandro, formado por miembros de la nobleza macedonia.

El objetivo: Filotas

Filotas tenía fama de ser valiente y esforzado, además de generoso y amigo de sus amigos; pero era ciertamente altivo y llevaba un tren de vida que despertaba sospechas y envidias. Además, ya en Egipto, Filotas había mostrado su disconformidad con la visita a Siwa y la declaración de Alejandro como hijo de una divinidad. Por ello, Crátero mandó que lo espiaran y se recogieran pruebas de una posible traición a Alejandro.

Filotas tenía fama de ser valiente y generoso, pero era ciertamente altivo y llevaba un tren de vida que despertaba sospechas y envidias

El testimonio más importante que pudo conseguir fue el de una hetera o prostituta griega, de nombre Antígona. Esta mujer aseguró que su amante Filotas trataba a Alejandro de simple mozalbete y que se jactaba de que las victorias del rey se debían, en realidad, a él mismo y a su padre Parmenión. Pero al principio Alejandro no dio mucha credibilidad a estas acusaciones, no sólo por la confianza que había depositado en Filotas, sino también por el honor y el prestigio de que Parmenión gozaba entre los macedonios.

Sin embargo, la verdadera crisis se produjo bastante después, cuando Alejandro ya se había apoderado de toda Persia y había sucumbido, según creían los macedonios, “al lujo y la magnificencia de los reyes asiáticos”. En el año 330 a.C., cuando el ejército invernaba en Frada, la capital de Drangiana (en lo que es hoy Farah, en Seistán), Alejandro recibió la denuncia de un complot en el que estaba envuelto un tal Dimno, uno de los Compañeros.

La conspiración se había descubierto de manera fortuita, cuando Dimno intentó captar a su amante Nicómaco para que se pasara a los conjurados, y el joven, aterrorizado, reveló a su hermano Cebalino los detalles de la acción que se estaba preparando. En este punto es donde Filotas resulta implicado, porque Cebalino se acercó en dos ocasiones a Filotas para informarle de la trama y éste no hizo nada y no informó a Alejandro. Finalmente, Cebalino se dirigió al mismo monarca para denunciar a Dimno.

Este último se suicidó antes de ser arrestado y su cadáver fue exhibido ante todos, al mismo tiempo que se exponían las causas de su muerte. Alejandro llamó entonces a Filotas a capítulo. ¿Por qué no había informado antes de esa conjura? ¿Acaso estaba implicado en ella? Por supuesto, Filotas negó resueltamente la grave acusación de conjura y también aclaró que no había informado de nada porque no había dado crédito a las palabras de Cebalino, creyendo que eran el fruto de una pelea de amantes, y que uno quería vengarse del otro. Así lo recogió Quinto Curcio cuando, en su Historia de Alejandro, puso en boca de Filotas estas palabras: “Yo creí, ¡desgraciado de mí!, que en realidad prestaba oídos a las desavenencias de un amante y su querido y me pareció sospechosa la lealtad de quien no presentaba la denuncia personalmente, sino que se servía secretamente de su hermano”.

Pero los autores de la denuncia insistieron en sus argumentos incriminatorios, así que Alejandro convocó a la asamblea de los macedonios. En presencia de todos, Crátero acusó a Filotas de ser realmente el instigador y no el encubridor del complot, y, entre murmullos de indignación, los demás ya no dudaron de la culpabilidad de Filotas.

Hefestión, Crátero y otros (entre ellos Ceno, casado con una hermana del propio Filotas) torturaron a Filotas toda la noche

Entonces intervino Hefestión para añadir que también se le debería someter a tormento, antes de que fuera ejecutado, con el fin de descubrir la verdad de una vez por todas. Hefestión, Crátero y otros (entre ellos Ceno, casado con una hermana del propio Filotas) torturaron al reo toda la noche hasta que su cuerpo, tumefacto por las llagas, no pudo soportar más el dolor de los golpes. “Crátero, contéstame: ¿qué más quieres saber?”, acabó suplicando Filotas, para, a continuación, ir dando los nombres de los supuestos cómplices. Al día siguiente, el hijo de Parmenión y sus presuntos secuaces fueron lapidados, según la costumbre macedónica.

No hubo más enjuiciamientos, pero se sucedieron las purgas y las degradaciones en las filas del ejército, quedando claro que se castigaría cualquier forma de deslealtad. Alejandro también llevó a cabo ascensos como el de su amigo Hefestión, quien desde entonces compartiría con Clito el Negro la comandancia suprema de la caballería macedonia que antes había estado bajo el mando único de Filotas. Clito era un hombre de confianza del rey –le había salvado la vida en la batalla del Gránico– y estaba muy bien conectado con la vieja guardia que había servido bajo Filipo; por su parte, Hefestión obtenía el primer cargo militar de relevancia en premio a su lealtad. Y desde aquel puesto podría controlar a Clito, quien, como Filotas, se había mostrado algo contrario a las aspiraciones autocráticas de Alejandro.

El asesinato de Parmenión

Alejandro aprovechó la excusa del complot para deshacerse de Parmenión, ya que sus discrepancias políticas con el viejo general se habían hecho demasiado intensas para que pudiera tolerarlas. Parmenión siempre había sido muy influyente en la corte y el ejército, pero es que, además, poseía un temperamento muy cauto, producto de sus muchos años de servicio, que contrastaba con el genio vivo y la amplitud de miras de Alejandro; y estas circunstancias habían dado lugar a frecuentes desacuerdos entre Parmenión y Alejandro en lo relativo a asuntos tácticos y estratégicos. Con todo, Parmenión se había quedado atrás, inmerso en unas operaciones en Ecbatana al mando de soldados ajenos a Macedonia y permanecía totalmente ignorante de la suerte que había corrido su hijo Filotas. Así pues, si el final de Filotas se puede entender como una condena “legal”, el de Parmenión no fue sino un asesinato traicionero por pura conveniencia política.

El de Parmenión no fue sino un asesinato traicionero por pura conveniencia política

Pero Alejandro estaba decidido a reafirmar su autoridad personal de una vez por todas, así que despachó un pequeño destacamento a Ecbatana con la orden de ejecutar a Parmenión y sofocar cualquier reacción levantisca de las tropas allí acantonadas. Después, Alejandro ordenó a Clito que fuera a Ecbatana, se pusiera al mando de las tropas de Parmenión y las trajera en el menor tiempo posible a su presencia para continuar su campaña por Bactriana y Sogdiana. Alejandro se puso en marcha de nuevo a finales del año 330 a.C., pero antes de partir dio un nuevo nombre a la ciudad de Frada: Alejandría Proftasía o “Anticipación”, porque en ella Alejandro se había “anticipado” al complot de Filotas (en realidad, una condena por traición forjada para quitarse de en medio a Parmenión).

El precio del poder

Sin duda, la fulgurante campaña empezada en 334 a.C. y acabada en 331 a.C., que había culminado con la entrada en Babilonia, Susa y Persépolis, hizo pensar que Alejandro era imbatible. A veces se describe al conquistador como una especie de rey-filósofo que iba a promover la helenización de Asia con la fundación de nuevas colonias. Pero sin el control de Parmenión y de otros de la vieja guardia como él, la conducta de Alejandro se parecía cada vez más a la de los autócratas orientales que había derrocado. Incluso los banquetes, que en Grecia eran el espejo de una sofisticada civilización (como escenario de discusiones políticas y filosóficas), degeneraron en peleas e insultos en los que el vino, consumido en exceso, hacía prevalecer la pasión sobre la razón. De hecho, en un banquete celebrado en Samarcanda en 328 a.C., el propio Alejandro, borracho, acabó con la vida de Clito el Negro, porque éste le reprochó sin reservas su actitud y sus recientes políticas orientalizantes.

Sin el control de la vieja guardia, la conducta de Alejandro se parecía cada vez más a los autócratas orientales que había derrocado

A partir de entonces, cualquier sombra de oposición interna o externa provocó una oleada de represión y masacre indiscriminadas. Por ejemplo, a principios de 327 a.C. se descubrió otro complot para acabar con la vida de Alejandro en el que estuvieron implicados varios pajes del rey y también, al parecer, el cronista oficial de la corte, Calístenes, un familiar del filósofo Aristóteles (que había sido maestro de Alejandro). Calístenes ya se había opuesto a saludar a Alejandro según la costumbre persa de la proskynesis, un gesto que griegos y macedonios consideraban humillante para un hombre libre, además de inapropiado, ya que para ellos equivalía a reconocer a Alejandro como un dios. Tampoco ahora le tembló al rey la mano para derramar la sangre de sus hombres. El soberano macedonio fue un gran conquistador, sí, pero no fue ajeno a la intolerancia hacia los disidentes de aquellos que ostentan un poder cada vez mayor. Un poder casi omnímodo, como el de quien se había convertido en el señor de Asia.

 

Babilionia, el cambio de Alejandro
Tras vencer a Darío en Gaugamela, Alejandro fue objeto de un gran recibimiento en Babilonia por parte de su sátrapa o gobernador, el persa Maceo. Allí tomó un nuevo rumbo en su política, al considerar la ciudad como sede de su gobierno en Asia y permitir que Maceo siguiera como sátrapa. Este nombramiento, clave para que Alejandro apuntalase su poder, beneficiaba a una nobleza bárbara vencida (Maceo había combatido contra él en Gaugamela), y eso los macedonios de la vieja guardia, encabezados por Parmenión y Filotas, no podían verlo con buenos ojos. A partir de entonces, Alejandro creó una nutrida corte paralela de sátrapas y eunucos, además de introducir rituales de origen asiático en la etiqueta cortesana que acabaron alejándole de sus propios hombres.

FOTO: Erich Lessing / Album

 

Santuario de Zeus Amón en Siwa
En 331. a.C., Alejandro marchó hasta este oasis en el Sahara para consultar su oráculo, y quedó convencido de que era hijo de este dios y de que conquistaría el mundo. En Egipto, donde había sido recibido como un libertador, Alejandro había fundado la más famosa de las ciudades que llevaron su nombre.

FOTO: Michel Baret / Getty Images

 

El ritual de la Proskynesis. El monarca sentado en el trono es Darío el Grande
La conspiración de los pajes
Dos años y medio después de la muerte de Filotas y Parmenión, en 327 a.C., tuvo lugar la llamada “conspiración de los pajes”, jóvenes que servían al rey durante el día y lo custodiaban por la noche. Según las fuentes, la conspiración tuvo su arranque en la humillación que Alejandro infligió a uno de estos muchachos en una cacería, cuando ordenó que lo azotaran por una falta. El chico consiguió la colaboración de otros para matar al rey, pero una denuncia frustró el magnicidio. Se acusó al historiador Calístenes de estar tras el complot, ya que aquellos jóvenes atendían sus enseñanzas y Calístenes se había manifestado contra las tendencias despóticas de Alejandro y contra su intención de imponer la proskynesis, el gesto con el que los persas reconocían la majestad del soberano (los nobles inclinaban la cabeza ante el monarca y le enviaban un beso con las manos unidas en forma de receptáculo, mientras que el pueblo se arrodillaba e inclinaba la cabeza hasta el suelo). Los pajes fueron ejecutados, y de Calístenes –que era pariente de Aristóteles– no sabemos si también fue ejecutado o murió en prisión.

FOTO: DEA / AGE Fotostock

Faraón de Egipto
Cuando Alejandro llegó a Menfis en 331 a.C., fue reconocido como soberano del país del Nilo. Arriba, su nombre, con escritura jeroglífica, en un cartucho. Louvre.

FOTO: Erich Lessing / Album

 

El nuevo Heracles
Alejandro creía descender del héroe Aquiles por línea materna, y del semidiós Heracles por la paterna. Arriba, Alejandro como Heracles, en un tetradracma.

FOTO: Oronoz / Album

 

Las ruinas de un gran palacio
Arriba, escalinata del Apadana o sala de audiencias de Persépolis, uno de los recintos de la capital aqueménida que Alejandro incendió en el año 330 a.C. El “caso Filotas” fue el primero de una serie de conflictos que agudizarían la ruptura del rey Alejandro con su séquito de macedonios y griegos, junto con quienes, en el año 334 a.C., había atacado al poderoso Imperio persa.

FOTO: Prisma Bildagentur / Getty Images

 

El mejor amigo del rey
Hefestión fue la persona que mayor intimidad tuvo con Alejandro. Su relación con Alejandro revistió una intimidad fuera de lo común (que bien pudo ser de índole sexual), hasta el punto de que Alejandro le consideraba en público su alter ego y, a veces, los súbditos persas confundían al uno con el otro. Esta cabeza de Hefestión en bronce se conserva en el Museo del Prado. Siglo IV a.C.

FOTO: DEA / Album

 

18 julio 2018 at 11:40 am Deja un comentario

Bayas, la ciudad sumergida en el golfo de Nápoles

Unas fotografías aéreas descubrieron frente a Bayas (Italia) los restos, cubiertos por el mar, de un ninfeo y dos lujosas villas romanas

Estatua sumergida
Un arqueólogo submarino observa una de las estatuas sumergidas que en su día adornaron la villa de los Pisones, en la localidad costera de Bayas.

FOTO: Antonio Busiello

Fuente: Rubén Montoya  |  National Geographic
17 de julio de 2018

En la década de 1940, unas fotografías aéreas realizadas por el piloto Raimondo Baucher en el golfo de Pozzuoli, 23 kilómetros al norte de Nápoles, revelaron un amplio conjunto de estructuras ocultas en el fondo del mar. Las imágenes crearon gran expectación y llamaron la atención de aficionados y estudiosos, siempre atentos a nuevos hallazgos arqueológicos en un área muy próxima a los célebres yacimientos de Pompeya y Herculano, perfectamente conservados gracias a la erupción del Vesubio del año 79 d.C.

Pronto se comprobó que esta erupción no fue la única que propició milagros arqueológicos en la región. Desde principios de la Edad Media, un proceso denominado bradisismo, característico del área volcánica vesubiana, había hundido en el mar gran parte de la costa entre Pozzuoli (la antigua Puteoli) y Cumas, y con ella un conjunto de lujosas construcciones romanas que la arqueología podía ahora rescatar. Los restos detectados en las fotografías se encontraban en el pequeño golfo que se extiende ante Bayas, la antigua Baiae. Este lugar era ya conocido por los arqueólogos y amantes de las antigüedades, pues allí, en el área costera que no se había sumergido, se conservaban importantes vestigios arquitectónicos de época romana como edificios termales con salas abovedadas y cúpulas, e incluso restos de lo que pudo haber sido un palacio imperial de finales del siglo II.

Área residencial

A lo largo del siglo I a.C., la zona se desarrolló como lugar de retiro y diversión para los romanos ricos, y luego para los emperadores, debido a la calidad de sus aguas. Autores clásicos como Horacio, Estacio y Marcial elogiaron su belleza, mientras que otros, como Séneca y Varrón, criticaron los vicios y excesos de sus ricos inquilinos estacionales.

En el siglo I a.C., Bayas se convirtió en lugar de retiro y diversión para los romanos ricos

Por otra parte, en 37 a.C. se emprendió en el golfo de Pozzuoli la construcción de un gran complejo portuario, el llamado Portus Iulius, destinado a servir de base a la armada romana. El puerto estaba cerrado por un muelle de 371 metros de longitud, que iba desde Pozzuoli hasta punta Epitafio, y comprendía dos grandes «lagos», el lacus Avernus y el lacus Locrinus. Más allá de la punta Epitafio o el Portus Iulius conectaba con la bahía de Bayas, que también se cerró mediante una serie de construcciones para formar un tercer «lago» o puerto, el Baianus lacus. El puerto de Bayas tuvo un carácter de recreo y comercial, y en él se construyeron una serie de villas residenciales con espectaculares vistas al mar.

Entre los siglos III y V, y de nuevo entre los siglos VII y VIII, los movimientos tectónicos de nidos como bradisismo provocaron el hundimiento de gran parte de la costa entre Pozzuoli y Cumas, incluida Bayas. Pese a ello, ésta mantuvo su fama como balneario: en el siglo VI, el rey godo Atalarico y su secretario Aurelio Casiodoro recomendaban la zona por sus aguas termales, y durante el Renacimiento humanistas como Flavio Biondo y Ciríaco de Ancona mencionaban las propiedades terapéuticas del agua del golfo. A finales del siglo XV se construyó, sobre restos de época romana, el castillo Aragonés, sede del Museo Arqueológico de Bayas, donde se reunieron los hallazgos arqueológicos que se realizaban en la zona.

Primeros hallazgos

Siguiendo la pista de las fotografías de Baucher, en 1959 se realizaron las primeras prospecciones submarinas a cargo de Nino Lambolia –precursor de la arqueología subacuática italiana– y bajo las directrices de Amedeo Maiuri. Se escogió para ello una zona del golfo de Bayas a orillas de punta Epitafio, en cuyas inmediaciones habían aflorado, de manera fortuita, diversas esculturas, elementos arquitectónicos y estructuras desde 1920, durante la urbanización de la zona portuaria. Valiéndose de los medios disponibles entonces, los exploradores hallaron, a 6 metros de profundidad, una calle enlosada, bordeada por dos edificios y restos de estructuras que continuaban mar adentro.

Diez años después, en 1969, la marea descubrió, en el ábside de un edificio, dos esculturas de mármol de gran calidad: ambas formaban parte de un grupo escultórico entre cuyos personajes se reconoció a Odiseo (Ulises), lo que parecía estar relacionado con una antigua tradición que recoge Estrabón, según la cual Bayas derivaría su nombre de un personaje de la Odisea de Homero, el timonel Bayo, enterrado allí por Odiseo.

Según una tradición, el nombre de Bayas derivaría de Bayo, un compañero del héroe Odiseo

En 1980, la primera excavación subacuática sistemática puso al descubierto diversas estancias ricamente decoradas con mármoles. Los investigadores concluyeron que las estructuras correspondían a un complejo termal y a un ninfeo –un espacio con función de triclinio o sala de banquetes–, construidos en época del emperador Claudio (41-54). El ninfeo tenía una planta rectangular rematada por un ábside –donde habían aparecido las estatuas del grupo escultórico de Polifemo y Odiseo–, así como una serie de nichos ornados con dos estatuas de Dioniso, una de Antonia la Menor, madre del emperador Claudio, y posiblemente una hija de éste. Las paredes estaban decoradas con mármoles polícromos. Se especula con que las termas y el ninfeo formasen parte de una residencia imperial.

Mansiones de lujo

El trabajo de los arqueólogos desveló también otros restos sumergidos en la misma zona. Entre ellos destaca la denominada villa de los Pisones, una lujosa residencia con una extensión aproximada de 2.000 metros cuadrados. El complejo, situado a unos 150 metros de la costa y a unos ocho metros de profundidad, fue construido a finales del siglo I a.C. y constaba de diferentes estancias termales y residenciales distribuidas en torno a un amplio jardín porticado; la zona abierta al mar estaba dispuesta en terrazas. La villa contaba con una serie de piscinas ligadas a la actividad pesquera. Los restos de mosaicos y pinturas de algunas habitaciones manifiestan la riqueza de sus propietarios. El nombre de la familia de los Pisones aparece en sellos de plomo hallados en tuberías del complejo, lo que ha llevado a identificar esta residencia con la villa de Cayo Calpurnio Pisón en Bayas, donde Tácito sitúa el origen de la conjura liderada por este personaje contra Nerón. Al final, el emperador confiscó la propiedad y se cree que el complejo fue remodelado para acoger una segunda villa marítima en época de Adriano (117-138).

En la villa de los Pisones, Tácito sitúa el origen de una conjura contra el emperador Nerón

La villa de Protiro

La zona urbanizada de Bayas se comunicaba hacia el suroeste con otras propiedades a través de una calle a la que se abrían numerosas tabernas y que conducía a la entrada monumental de otra villa privada con vistas al Baianus lacus. Los arqueólogos la bautizaron como villa de Protiro porque contaba con un pórtico columnado frente a la puerta de entrada (en griego, pro thyra). La villa se dividía en dos secciones, una residencial y otra de termas privadas, separadas por una piscina de agua marina anqueada por numerosas esculturas. Destacan algunas estancias decoradas con mosaicos geométricos de tema mitológico y revestimientos de mármol. En la zona también se han hallado restos de pórticos y otras estructuras.

La villa de Protiro bordea el canal de más de doscientos metros de largo que comunicaba el mar con el lago artificial, y que ahora está hundido a entre seis y ocho metros de profundidad. Se cree que más allá de este canal, en la mitad meridional del muelle que cerraba el Baianus lacus, había construcciones similares, pero no se conservan restos debido a la erosión causada por siglos de fondeos y actividades portuarias. En esta zona tan sólo se han recuperado restos de estructuras asociadas a la pesca y algunos cimientos.

 

Estatua rescatada
Los buzos extraen del mar, en 1969, la estatua de uno de los compañeros del héroe Odiseo, que lleva un odre con vino para emborrachar al cíclope Polifemo. Esta pieza formaba parte de un grupo escultórico.

FOTO: Paul Fearn / Alamy / ACI

 

Una minuciosa restauración
Unos especialistas limpian y restauran una de las estatuas recuperadas en el yacimiento submarino de Bayas.

FOTO: Jonathan Blair / Getty images

 

El dios Dioniso
Estatua del dios del vino procedente del ninfeo o fuente monumental de Bayas. Museo Arqueológico de los Campos Flégreos.

FOTO: DEA / Album

 

El golfo de Pozzuoli
Mapa que muestra cómo era el golfo de Pozzuoli en el siglo XVI.

FOTO: Bridgeman / ACI

 

17 julio 2018 at 11:45 am Deja un comentario

Perfumes en Roma: el aderezo más preciado

Para los antiguos romanos, los perfumes eran “una de las cosas más exquisitas y más nobles” de la vida

La mujer y el perfume
Esta delicada pintura muestra a una joven ricamente ataviada que vierte con cuidado perfume en un alabastrón. Museo Nacional Romano, Roma.

FOTO: Scala, Firenze

Fuente: María José Noain National Geographic
14 de julio de 2018

El escritor latino Plinio el Viejo decía del perfume que era el más superfluo de los lujos, dado su carácter efímero, y que sólo servía «al placer del que se ha perfumado». El propio origen de la palabra, proveniente del latín per fumum, ya nos está indicando su volatilidad: olor «por medio del humo», ya que en su origen los aromas para perfumar el ambiente se obtenían quemando resinas, raíces y maderas olorosas que producían un humo perfumado. ¿Y hay algo más volátil que el humo?

El origen de la palabra perfume viene del latín per fumum, olor por medio del humo

Pero aunque la palabra que empleamos en nuestros días proviene del latín, el origen del perfume se retrotrae en el tiempo. El gusto de los seres humanos por acicalarse y perfumarse no es un concepto contemporáneo, como podríamos pensar. Desde tiempos inmemoriales hemos buscado el modo de elaborar fragancias, campo en el que los antiguos griegos y romanos alcanzaron una gran pericia.

En la Antigüedad, los fabricantes de perfumes fijaban el aroma en una sustancia cremosa o grasa que retuviera el olor, ya que el alcohol, que habitualmente asociamos con la elaboración de los perfumes, no comenzó a ser utilizado como base de los mismos hasta el siglo XIV.

Fórmulas y materias

La composición del perfume constaba de dos elementos. El primero era la base, de carácter líquido y composición grasa, que amalgamaba y permitía la conservación de los aromas. Estaba formada por un aceite vegetal, principalmente el de oliva, aunque también podía usarse el de sésamo o el de lino. Cuanto más graso era el aceite –como el de almendras–, mayor era la duración del olor. A esta base líquida se le podían añadir conservantes y colorantes, como el cina brio o la orcaneta (una planta vellosa con flores amarillas). El segundo componente, de carácter sólido, eran las plantas, flores, raíces o resinas que se añadían al aceite y le aportaban la fragancia. El repertorio de aromas era muy amplio, aunque el de las rosas destacaba sobre los demás. Otras sustancias empleadas eran la mirra, la canela, el azafrán, el nardo, el narciso o el membrillo.

Las fórmulas para la elaboración de los perfumes, en sus distintas variedades y calidades, podían ser realmente complejas. Plinio aporta los ingredientes de una de estas recetas, compuesta de flor de rosa, aceite de azafrán, cinabrio, cálamo aromático, miel, junco oloroso, flor de la sal, orcaneta y vino. Por su parte, Dioscórides, en su obra De materia medica, precisa incluso las cantidades de cada ingrediente, como los mil pétalos de rosa que, según indica, han de utilizarse para obtener el perfume de esta flor.

Crear una buena esencia

Para obtener el aroma a partir de las materias vegetales, podía usarse el prensado, la maceración en frío o la maceración en caliente. El prensado consistía en aplastar las materias olorosas tensando una tela. En la maceración en frío se colocaban el aceite y los pétalos en capas alternas. Éstos se iban sustituyendo periódicamente para impregnar más y mejor la grasa, llegando a realizarse varios enflorados. Cuantas más veces se añadieran y removieran las flores, más intenso era el aroma. La maceración en caliente, el método más empleado, se efectuaba de la misma manera, pero calentando la mezcla en un caldero o en un horno.

En Roma, los perfumes se comercializaban en tiendas especializadas, las tabernae unguentaria. Estos establecimientos se agrupaban en barrios (vicus unguentarius) que, como los gremios medievales, reunían a estos profesionales. Eran grupos familiares cerrados que guardaban los secretos del proceso y transmitían las fórmulas de generación en generación. Al parecer, era habitual la presencia de mujeres en el negocio, tal y como se desprende de ciertos epitafios funerarios. No queda claro, sin embargo, si se dedicaban sólo a la venta del producto o también a su elaboración.

Los perfumistas pertenecían a grupos familiares cerrados que guardaban celosamente el secreto de su elaboración

Los contenedores de perfumes pasaron a ser elementos de vital importancia, de tal modo que un producto de lujo no estaba formado sólo por el contenido, sino también por el continente. No todos los materiales conservaban igual los aromas: el alabastro, por ejemplo, era una piedra especialmente valorada, dado que era impermeable y estanca, aunque muy cara. La cerámica, muy popular en Grecia, fue sustituida en Roma por el vidrio, que poseía también excelentes cualidades de conservación pero era un material mucho más asequible, reutilizable y reciclable.

Perfumes para todos

Hombres y mujeres se perfumaban por igual, pero no con las mismas esencias, que podían clasificarse en masculinas y femeninas. Decía el poeta Marcial en uno de sus epigramas: «Me seducen los bálsamos porque éstos son los perfumes de los hombres: vosotras, matronas, exhalad los olores deliciosos de Cosmos [famoso perfumista de la época]». Múltiples son las citas que indican que era una costumbre arraigada en ambos sexos. «No todo el mundo puede oler a perfumes exquisitos como hueles tú», dice Tranión a Grumión –ambos personajes masculinos– en la comedia Mostellaria de Plauto. Se decía del emperador Nerón que gustaba de impregnarse las plantas de los pies con perfume, mientras que en la Domus Aurea, su lujoso palacio en Roma, había introducido un curioso método de aromatización según recoge Suetonio: «El techo de los comedores estaba formado por tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de las cuales brotaban flores y perfumes».

El tipo de aroma también variaba según las clases sociales. Los plebeyos utilizaban perfumes baratos o adulterados, hechos con aceites de baja calidad como el de aceitunas verdes o el de ricino, y aromatizados con plantas como el junco oloroso. Era el caso de las prostitutas. Adelfasia, personaje de la comedia Poenulus de Plauto, le dice a su hermana: «¿Acaso quieres mezclarte allí entre estas prostitutas […], despojos de mujeres de baja estofa, miserables harapientas perfumadas con perfume barato?». Nada que ver con los perfumes destinados a las élites, más densos, aromatizados con exóticos productos y que podían llegar a costar precios astronómicos. El indiscutible valor del perfume queda recogido en uno de los epigramas de Marcial. Concretamente en su libro Xenia, en el que describe los regalos que solían intercambiarse en las fiestas de las Saturnales, dice: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos. Tenga él tu dinero; éstos todos a ti mismo dátelos».

El poeta Marcial decía: «Nunca dejes a tu heredero ni el perfume ni los vinos»

En cambio, su uso era criticado por los moralistas e, incluso, en la Atenas de Solón y en la Roma republicana se emitieron leyes para prohibirlos. También los espartanos, conocidos por su austeridad, echaron de su territorio a los vendedores de este tipo de mercancías. Lo cuenta el estoico Séneca, que en uno de sus textos moralizantes recuerda cómo «los lacedemonios expulsaron de su ciudad a los perfumistas y les instigaron a que se apresurasen a pasar la frontera porque desperdiciaban el aceite». Para la mayoría de los filósofos latinos y para ciertos emperadores, el uso del perfume era una frivolidad imperdonable. Suetonio, en la vida de Vespasiano, cuenta cómo el emperador «habiéndose presentado muy cargado de perfumes un joven a darle gracias por la concesión de una prefectura, se volvió disgustado y le dijo con severidad: “Preferiría que olieses a ajos”, y revocó el nombramiento».

Sin embargo, los perfumes se aceptaban plenamente en ciertos contextos. Por ejemplo, el uso de aceites perfumados en el mundo del deporte aparece desde tiempos de Homero. En Roma, los atletas que acudían a practicar deporte a las termas solían llevar consigo un «kit de belleza», con ungüentarios que contenían el preciado aceite con el que se ungían antes del ejercicio y que retiraban después con el estrígilo, una pieza curva de bronce.

Para los dioses y los difuntos

Perfumar el ambiente para sacralizar los ritos y las ceremonias, tanto en los templos como en el ámbito doméstico, era asimismo algo habitual en la Antigüedad. Los aceites olorosos podían entregarse como ofrendas en los altares familiares a los dioses o a los antepasados, y también se perfumaban las estatuas de culto y los animales para el sacrificio. «El efecto placentero de los perfumes ha sido admitido […] entre las cosas agradables de la vida más exquisitas e incluso más nobles, y su consideración ha comenzado a extenderse hasta para las honras fúnebres», cuenta Plinio. En las necrópolis romanas, los ungüentarios de vidrio eran uno de los elementos funerarios más comunes. Contenían los perfumes y aceites necesarios para ungir el cuerpo del difunto. Narra el mismo autor, hablando de la canela, que «ni con la cosecha de un año se cubriría tanta cantidad como la que el emperador Nerón mandó quemar en el último adiós a su [esposa] Popea».

Para saber más

La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio. J. Carcopino. Temas de Hoy, Madrid, 2001.

Històries de tocador (catálogo). Generalitat de Catalunya, Barcelona, 2018.

Historia natural. Plinio el Viejo. Gredos, Madrid, 2010.

 

Caja para cosméticos
Arqueta de madera, con elaboradas incrustaciones de marfil, que contenía útiles de belleza. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

FOTO: DEA / Album

 

Cupidos perfumistas
Este fresco de la casa de los Vettii en Pompeya recrea una escena de fabricación y venta de perfume, cuyos protagonistas son pequeños cupidos.

FOTO: Foglia / Scala, Firenze

 

Víctima sacrificial
Un sacerdote vierte aceite perfumado sobre un toro que va a ser sacrificado. Relieve. Museo de Historia, Berna.

FOTO: AKG / Album

 

14 julio 2018 at 6:00 pm Deja un comentario

Tesoro de Hoxne: el mayor botín de la Britania romana

En 1992, un vecino de Hoxne descubrió con su detector de metales un extraordinario alijo de monedas, vajilla y joyas de época romana

Pulseras oro
La zona en la que se produjo el hallazgo se barrió con más detectores para asegurar que se recuperaba todo. En ese día, y en algunas puntuales revisiones posteriores del terreno, se recuperaron un total de 15.234 monedas de oro y plata, datadas entre los siglos IV y V, así como unos 150 objetos de ese mismo período. El tesoro contenía una colección de diecinueve brazaletes de este metal, guardados en tres paquetes separados.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

Fuente: Rubén Montoya  |  National Geographic
11 de julio de 2018

“Eric encuentra un botín de 10 millones de libras. ¡Impresionante!”. Tal era el titular del diario británico The Sun el 19 de noviembre de 1992, la primera vez en su historia que una noticia arqueológica ocupaba la portada. La ocasión lo merecía. Acababa de filtrarse a la prensa el descubrimiento, en Hoxne, en el condado de Suffolk, del mayor tesoro de objetos de oro y plata jamás hallado en el Imperio romano. En la fotografía del diario, el descubridor, Eric Lawes, un vecino del pueblo descrito como un “cazador de tesoros”, aparecía ufano junto a su detector de metales.

Todo había sucedido tres días antes. El 16 de noviembre, Eric Lawes buscaba con su detector de metales el martillo que su amigo Peter Whatling había perdido mientras trabajaba cuando el aparato empezó a emitir señales que indicaban la presencia de objetos metálicos. No se trataba del martillo, sino de un conjunto de cadenas de oro, monedas y cucharas de plata. En total, llenó dos bolsas de plástico, pese a lo cual el detector, por su parte, seguía indicando la existencia de más objetos en el subsuelo. Tras hacérselo saber a su amigo Whatling, ambos decidieron notificar el hallazgo a las autoridades del condado de Suffolk, propietario del terreno.

A escasos centímetros de la superficie se encontraron diversos bloques de objetos metálicos ordenados, perfectamente conservados

Para evitar el expolio por parte de coleccionistas de antigüedades y aficionados, los responsables arqueológicos del condado decidieron realizar en secreto una excavación arqueológica de urgencia. Lo que no podían imaginar era la dimensión de lo que estaban a punto de descubrir. A escasos centímetros de la superficie se encontraron diversos bloques de objetos metálicos ordenados, perfectamente conservados; incluso algunos de ellos tenían aún restos de la tela que los envolvía.

Un hallazgo mediático

La zona se barrió con más detectores para asegurar que se recuperaba todo. En ese día, y en algunas puntuales revisiones posteriores del terreno, se recuperaron un total de 15.234 monedas de oro y plata, datadas entre los siglos IV y V, así como unos 150 objetos de ese mismo período, entre vajilla de mesa y joyería. También se recuperó el martillo que Whatling había perdido. Todo el material –incluido el martillo– fue llevado inmediatamente al Museo Británico para ser sometido a un meticuloso estudio.

Los intentos de mantener la excavación en secreto hasta investigar completamente el yacimiento resultaron fallidos. Apenas 72 horas después, The Sun se hizo eco del descubrimiento. Un día después, el 20 de noviembre, el Museo Británico convocó una rueda de prensa urgente y anunció oficialmente lo poco que se sabía sobre el hallazgo.

Se recuperaron un total de 15.234 monedas de oro y plata, datadas entre los siglos IV y V, así como unos 150 objetos de ese mismo período

Al cabo de un año se anunció que, de acuerdo con la ley británica, el tesoro no podía ser reclamado por los dueños del terreno debido a su antigüedad. En cambio, los descubridores recibirían un pago en metálico por el valor del hallazgo, que se fijó en 1,75 millones de libras por el Comite de Valoración de Hallazgos de Tesoros. Eric Lawes no dudó en compartir equitativamente esta cantidad con su amigo Whatling.

Guardado en un arca

Desde el principio se reconoció el honesto comportamiento de Lawes y Whatling, que permitió llevar a cabo una meticulosa excavación, aunque fuera de urgencia. Los arqueólogos pudieron así determinar que los objetos del tesoro habían sido colocados rectilíneamente. Esto, más la presencia de clavos y refuerzos de cajas, llevó a los investigadores a concluir que los objetos fueron depositados a propósito en diferentes contenedores que, a su vez, se colocaron dentro de un arca de roble de unos 60 centímetros de largo por 40 de ancho y 30 de alto, decorada con incrustaciones de hueso y cerrada con candados de plata.

Probablemente, se depositaron en primer lugar los enseres personales y la vajilla de mesa; tras ello, las monedas de oro, seguramente en una bolsa hoy desaparecida; por último, las monedas de plata se colocaron aleatoriamente sobre el arca, rellenando el hueco que aún quedaba libre en su interior. Además, los arqueólogos encontraron evidencias de un agujero en el suelo, que se cree pudo contener un poste, a modo de señal, bajo el cual el dueño de las pertenencias las habría enterrado.

La información proporcionada por las monedas permitió a los investigadores situar la ocultación del tesoro a comienzos del siglo V, probablemente al final de la primera década. Las más antiguas datan de época de Constantino II (337-340), mientras que las más modernas son del reinado de Constantino III (407-411).
En total se recuperaron cinco tipos de monedas: 579 sólidos de oro, 60 miliarenses de plata, 2 siliquas completas de plata, 5 medias siliquas de plata, 24 bronces y, 14.565 siliquas reducidas de plata. Estas 15.235 monedas se habrían acuñado en catorce lugares diferentes de las actuales Italia, Francia, Croacia, Serbia, Grecia y Turquía. Entre ellas, también había imitaciones de la moneda oficial en circulación.

Joyas y vajillas

Dentro del arca había también más de 150 objetos de uso cotidiano y personal, meticulosamente ordenados, envueltos en tela y metidos en diversas cajas. Las joyas, de las que se recuperaron 29 piezas entre cadenas, brazaletes, anillos y collares, eran de excelente calidad. Entre ellas destacaba un conjunto de cadenas de adorno corporal femenino, cuyo único paralelo es un ejemplar más tardío proveniente de Egipto. Entre los brazaletes, decorados con escenas de caza típicas del período, destaca uno con la inscripción Utere Felix Domina Iuliane, “Que lo disfrutes, señora Juliana”, tal vez un regalo de un miembro de su familia, o de alguien inferior.

Oculto 1.500 años

El resto de objetos estaban fabricados en plata y comprendían diversos ejemplares de vajilla de mesa: 19 cucharones y 118 cucharas de diferentes tipos, cuatro escurridores y embudos, y seis vasos y cuencos. La colección también contenía el asa de una bandeja en forma de tigresa, que había sido arrancada antes de la ocultación del tesoro, y diferentes utensilios de aseo personal como palillos de dientes y bastoncillos de oídos. Por su calidad destacaban cuatro pimenteros. El más exquisito representa el busto de una emperatriz, del siglo IV a juzgar por el peinado, que algunos estudiosos han identificado con Helena, la madre de Constantino, por su relación con el cristianismo. Los otros tres representan a los héroes Hércules y Anteo, una cabra y un perro atacando una liebre.

En el tesoro aparecieron un total de 52 inscripciones, entre ellas algunas que evidenciaban las creencias cristianas de sus dueños: un crismón (monograma de Cristo) decoraba una de las cadenas de oro, mientras que muchas cucharas presentaban otro tipo de crismón, formado a partir de una cruz. Entre los 22 nombres personales, relacionados con los dueños de los objetos o miembros de la familia propietaria, el que más se repetía –unas diez veces– era el de Aurelio Ursicino.

Lo más curioso es que no se han encontrado restos de asentamientos rurales o de otro tipo en un radio de tres kilómetros a la redonda

Lo más curioso del descubrimiento es su carácter aislado. No se han encontrado restos de asentamientos rurales o de otro tipo en un radio de tres kilómetros a la redonda. Los puntos más cercanos son Scole (a 3,2 kilómetros) y Stoke Ash (a 8 kilómetros), que están comunicados por una calzada romana hoy conocida como Pye Road.
Los estudiosos consideran que en el primero de ellos se puede localizar la llamada Villa Faustini, mencionada en el Itinerario de Antonino, un documento del siglo III en el que se recopilan las rutas del Imperio romano.

Aun así, cabe señalar que en la propia Hoxne se halló en 1732 una moneda de oro de similar cronología. A unos tres kilómetros al sudoeste de Hoxne, cerca del río Dove in Eye, en 1781 unos obreros hallaron una caja de plomo con 650 monedas de oro de entre los siglos IV y V; las similitudes con el tesoro de Hoxne han llevado a algunos investigadores a pensar que ambas cajas pertenecieron al mismo conjunto antes de ser enterradas.

En Britania se conocen más de 95 depósitos parecidos al de Hoxne. La mayoría se remontan al mismo período final del Imperio romano, cuando la ocupación romana de Britania tocaba a su fin. Por ello, se ha supuesto que un tesoro como el de Hoxne perteneció a una familia acomodada que decidió esconder temporalmente sus pertenencias y que, por las circunstancias que fueran, abandonó luego la zona.

Algunos investigadores relacionan este tipo de tesoros con determinadas tradiciones del mundo romano. Se trataría, en este caso, de un depósito votivo o de algún proceso de intercambio de bienes.

Comoquiera que sea, se puede afirmar que el lugar escogido para dejar el tesoro respondió a un propósito: esconderlo. Y así permaneció, inalterado, durante casi 1.500 años, hasta que una casualidad cambió el curso de la historia. Sus descubridores perdieron un martillo y encontraron un tesoro que, hoy en día, es uno de los más aclamados de Inglaterra y una de las joyas del Museo Británico.

Los elementos de vajilla del tesoro de Hoxne, aunque no son tan ricos como otros que se han descubierto, presentan algunas particularidades, como los pimenteros, un elemento poco habitual. La pimienta era una especia muy cara y estos objetos son muy raros en el Imperio romano. También contenía numerosas cucharas de distintos tamaños, cucharones,  jarras y platos.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Colocados deliberadamente
Los arqueólogos pudieron así determinar que los objetos del tesoro habían sido colocados rectilíneamente. Esto, más la presencia de clavos y refuerzos de cajas, llevó a los investigadores a concluir que los objetos fueron depositados a propósito. Sólido de oro de la imagen fue acuñado por el usurpador Magno Clemente Máximo, proclamado emperador por sus tropas en Britania en 383 d.C.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Pimentero en forma de emperatriz
El más exquisito representa el busto de una emperatriz, del siglo IV a juzgar por el peinado, que algunos estudiosos han identificado con Helena, la madre de Constantino, por su relación con el cristianismo.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Las cucharillas de una gran vajilla
Los objetos estaban fabricados en plata y comprendían diversos ejemplares de vajilla de mesa: 19 cucharones y 118 cucharas de diferentes tipos, cuatro escurridores y embudos, y seis vasos y cuencos.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Objetos decorados
Jarra de plata y plata dorada con una sola asa en forma de P, acabada en sus extremos en cabezas de aves. La decoración sigue un patrón vegetal.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Cadena corporal de oro y amatista
Se trata de un ejemplo de ornamento corporal muy usado en época helenística y romana. Las cadenas se pasaban sobre los hombros y bajo los brazos, y se unían en el pecho y la espalda. Por su reducido tamaño, ésta debió de pertenecer a una mujer joven.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Una vajilla de plata
Seis de las cucharas son de mango corto y cabeza cóncava más grande. El mango tiene forma de cabeza de ave. En Britania se conocen más de 95 depósitos parecidos al de Hoxne. La mayoría se remontan al mismo período final del Imperio romano

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Motivos animales
Asa en forma de tigresa, animal asociado al dios del vino, Baco. Con otra asa, debió de formar parte de un recipiente que no se ha conservado.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

Mondadientes
Estas curiosas piezas en forma de ave zancuda se usaron por un extremo como mondadientes y por el otro como bastoncillo para los oídos.

FOTO: The Trustees of the British Museum / Scala, Firenze

 

11 julio 2018 at 8:25 pm Deja un comentario

Un tesoro de monedas del siglo III a.C. en la necrópolis etrusca de Poggetto Mengarelli

Las monedas de bronce, unas 15 en total, pertenecen a las primeras emisiones romanas y, sobre un lado, presentan la proa de una nave y, sobre el otro, al dios Jano bifronte

Monedas de bronce: primeras emisiones romanas
Foto: Carlo Casi

Fuente: Alec Forssmann  |  National Geographic
3 de julio de 2018

Un tesorillo de monedas que se remonta al siglo III a.C. ha sido hallado sobre la teja de cierre de un nicho funerario de la necrópolis etrusca de Poggetto Mengarelli en Vulci, en la provincia de Viterbo, al norte de Roma, según explica Carlo Casi, el director de las excavaciones, a National Geographic. El tesorillo, formado por 15 monedas de bronce de grandes dimensiones, probablemente estaba dentro de un monedero de piel; los arqueólogos también han encontrado un estrígil (una rascadera de metal) y varios materiales cerámicos, “un claro comportamiento ritual a favor de los dos difuntos”, sostiene el arqueólogo. Las monedas pertenecen a las primeras emisiones romanas y, sobre un lado, presentan la proa de una nave y, sobre el otro, al dios Jano bifronte.

Uno de los difuntos, inhumado, y seguramente de sexo masculino, tenía una moneda similar a las otras sobre el hombro izquierdo y junto a una fíbula de bronce y otros objetos de hierro y cerámica a los pies del individuo. “La muerte podría ser atribuida al elemento de hierro, ¿una lanza?, hallado en las inmediaciones del cráneo“, comenta Casi. El segundo individuo, incinerado, fue depositado sobre una plataforma: sus huesos estaban envueltos en un sudario, probablemente sujeto con una fíbula de bronce prácticamente idéntica a la otra. En el vestíbulo de la tumba se ha descubierto otro individuo inhumado y, entre su ajuar funerario, destaca una pequeña vasija de forma circular y con tapa de plomo.

“El hallazgo forma parte de las investigaciones extensivas y sistemáticas que se realizan desde hace años en la necrópolis de Poggetto Mengarelli y que han sacado a la luz más de 100 tumbas comprendidas entre la mitad del siglo VIII y el II a.C. En este caso específico es interesante el estudio de semejante contexto porque nos permite definir mejor la continuidad social entre los etruscos y los romanos inmediatamente después de la conquista de Roma en el 280 a.C.“, concluye Casi.

 

Vasijas de cerámica
Foto: Carlo Casi

 

Estrígil o rascadera de metal
Foto: Carlo Casi

 

Cuerpo inhumado con el cráneo atravesado
Foto: Carlo Casi

 

Cráneo atravesado… ¿por una lanza?
Foto: Carlo Casi

 

Tesorillo de monedas de bronce
Foto: Carlo Casi

 

Inhumación con ajuar funerario en los pies
Foto: Carlo Casi

 

4 julio 2018 at 9:26 am Deja un comentario

Hallazgo en el fuerte romano de Vindolanda, en Inglaterra: una mano de bronce de un realismo inquietante

La mano ha sido atribuida a Júpiter Doliqueno, un dios romano con rasgos orientales y occidentales, cuyo culto mistérico fue muy popular en el Imperio romano desde comienzos del siglo II hasta mediados del siglo III d.C.

Realismo inquietante
La mano de bronce, de 10 centímetros, ha sido excavada junto a un templo dedicado a Júpiter Doliqueno, en un foso de relleno del periodo severo de Vindolanda, entre el 208 y el 212 d.C. aproximadamente. Hoy se encuentra expuesta en el museo de Vindolanda.

Foto: The Vindolanda Trust

Fuente: Alec Forssmann National Geographic
28 de junio de 2018

Una mano pequeña de bronce, del tamaño de la de un niño, ha sido descubierta a 1,5 metros de profundidad aproximadamente en el fuerte romano de Vindolanda, en el norte de Inglaterra y junto a la Muralla de Adriano, según ha anunciado The Vindolanda Trust. La mano, de un realismo inquietante, ha sido atribuida a Júpiter Doliqueno, un dios romano con rasgos orientales y occidentales, cuyo culto mistérico fue muy popular en el Imperio romano desde comienos del siglo II hasta mediados del siglo III d.C. Júpiter Doliqueno aparece habitualmente representado sosteniendo un rayo con una mano y con el otro brazo levantado como símbolo de su poder destructivo, mientras que la mano votiva abierta simboliza la protección y el bienestar que también proporcionaba el dios romano.

La mano de bronce, de 10 centímetros, ha sido excavada junto a un templo dedicado a Júpiter Doliqueno, en un foso de relleno del periodo severo de Vindolanda, entre el 208 y el 212 d.C. aproximadamente, una época caracterizada por el conflicto interno, la guerra civil, el genocidio y la rebelión contra el dominio romano. La mano fue desechada en el foso y, según ha revelado la inspección de la pieza, originalmente estaba anexada a otra pieza a través de la palma, pero se ha perdido; y la parte inferior se podía encajar, probablemente en un poste. El culto a Júpiter Doliqueno está rodeado de misterio, pues se han conservado pocas evidencias sobre sus mitos, liturgias o rituales. La información conocida se limita a las inscripciones, esculturas u otras formas de arte decorativo procedentes de diferentes partes del Imperio romano.

 

Hallada en un foso
La mano de bronce tal y como fue hallada, antes de su conservación.

Foto: The Vindolanda Trust

 

Palma de la mano
La mano estaba originalmente anexada a otra pieza a través de la palma, pero se ha perdido.

Foto: The Vindolanda Trust

 

28 junio 2018 at 1:49 pm Deja un comentario

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