Posts tagged ‘Historia de Roma’

Mary Beard: “Roma y nosotros. Cómo entender la herencia romana en nuestro tiempo”

“Roma y nosotros. Cómo entender la herencia romana en nuestro tiempo”, conferencia de la Dra. Mary Beard (University of Cambridge), presentada por la Prof. Carmen Fernández Ochoa (Universidad Autónoma de Madrid) y Dr. Javier Salido Domínguez (Universidad Complutense de Madrid), primera del ciclo “Diálogos con el mundo clásico”.

Fuente: Canal del Museo Arqueológico Nacional de España en Youtube

 

Anuncios

12 septiembre 2017 at 1:46 pm Deja un comentario

Mary Beard: “Es una locura comparar el Imperio romano con la Unión Europea”

La historiadora británica, galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales el año pasado, ha estado esta semana en nuestro país cumpliendo una apretada agenda. Además de asistir a su investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad Carlos III ha ofrecido dos conferencias en el Museo Arqueológico y la Fundación Telefónica sobre diversos aspectos del mundo que mejor conoce, el de la Antigüedad clásica.

Mary Beard

Fuente: ANDRÉS SEOANE  |  EL CULTURAL
8 de septiembre de 2017

“Me gusta comparar a la gente con alumnos de primero de carrera. Son inteligentes pero ignoran muchas cosas, y para mí es un placer el poder enseñarles”. Y además lo hace magníficamente. No por nada la historiadora británica Mary Beard (Shropshire, 1955), última Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, es conocida como “la clasicista más conocida del mundo”. Su concepción de la historia, que aúna divulgación con escepticismo y conceptos complejos con explicaciones prácticas (y muy divertidas) causa furor entre el público que lee su libros y columnas y sigue sus documentales en la BBC. También sus, en muchos casos, polémicas y heterodoxas opiniones, que generan encendidos debates en Twitter, donde tiene más de 150.000 seguidores.

Esta semana la autora de SPQR ha estado de gira por España para asistir a su investidura como Doctora Honoris Causa por la Universidad Carlos III, “por sus relevantes méritos académicos y profesionales”, a propuesta del Instituto de Historiografía Julio Caro Baroja. Además ha tenido tiempo para impartir dos conferencias, la primera en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) el miércoles, donde la cola desbordaba el jardín del edificio y solo pudieron entrar los más tempraneros; y la segunda esta tarde en el Espacio Fundación Telefónica, para la que las entradas gratuitas se agotaron una hora más tarde de ser puestas a disposición del público. Todavía permanecerá unos días en nuestro país donde el domingo comenzará en Cádiz el rodaje de un nuevo documental con Julio César como protagonista.

Si hoy tuviéramos a Cicerón aquí no nos entenderíamos con él y el no entendería nada de nuestra vida”

Pregunta.-¿Cuáles son los peligros de ver la historia con los ojos de hoy, de no contextualizar?
Respuesta.- Ese es el gran peligro de los que investigamos la historia y de los que la aprenden, claro. Es complejo, porque en el caso de los romanos, ellos comparten muchos de los problemas que podamos tener hoy en día, como el vivir en una gran ciudad, pero si hoy tuviéramos a Cicerón aquí, seguramente no nos entenderíamos con él y el no entendería nada de nuestra vida. Tendemos a quedarnos solo con los paralelismos, pero siempre es en realidad un tira y afloja, un toma y daca. Es como si el historiador fuera una persona que está caminando sobre una cuerda floja. A un lado miras y ves algo totalmente desconocido y raro, y a otro lado es todo muy familiar y muy como nosotros. Para mí esta es la parte interesante de estudiar el pasado y es algo que no solo pasa con la Antigüedad, ocurre aunque estudies el siglo XIX. Tampoco hay una respuesta correcta necesariamente a eso, por lo que lo único que trato de hacer es mostrarle a la gente esas dos partes para que por un lado les atraiga la familiaridad, porque si no te ves relacionado de alguna forma contigo no puedes empatizar; y por otro lado presentar algo raro y anómalo, que gusta y ofrece un atractivo de estudio y de conocimiento.

P.- Como comentaba el otro día en el Museo Arqueológico, ¿cómo nos concierne hoy Roma? ¿Qué podemos aprender y dónde acaban estas enseñanzas?
R.- Hay que tener mucho cuidado a la hora de pretender tomar lecciones de Roma sin examinarlas. No tenemos que pensar que esas enseñanzas podemos aplicarlas sin más, sin actualizarlas. Quizá tenemos nosotros más que enseñar a los romanos que al revés. No estoy muy interesada en esos profesores e historiadores nostálgicos que piensan que Roma es algo que hay que copiar y emular. Mejor no hacerlo, créame. Pero sí pienso que la historia de los romanos, esa época de la Antigüedad, podría llevarnos a entendernos mejor a nosotros mismos, es decir, el estudio de las diferencias nos hace vernos con otros ojos, para lo bueno y para lo malo. Establecer un diálogo con esa época es una manera de reexaminarnos a nosotros mismos más que de aprender lecciones.

En muchos aspectos somos herederos de los debates políticos y sociales que ya se daban en Roma hace 2.000 años”

En ese sentido, Beard destaca que en muchos casos no somos conscientes de la impronta y de la influencia que en muchos aspectos políticos y sociales de nuestro día a día tiene la cultura romana, cuya visión del mundo y legado son alargados. “Sin duda la cultura occidental no debe todo a los griegos o romanos, y yo lo agradezco, pero sin duda hemos heredado muchas convenciones y reglas del mundo clásico”, explica. “Hoy en Occidente tenemos unos debates muy similares a los que podía haber en Roma, aunque las respuestas quizá podrían no ser las mismas. Pero hemos heredado formas de pensar y de afrontar los dilemas y cuestiones políticas, y en cierta forma somos herederos de sus mismos debates, como por ejemplo las libertades civiles y todo eso”. Recuerda la historiadora que “han existido en la historia de Roma una serie de debates constantes, como el terrorismo político plasmado en figuras como Julio César o Catilina o la esclavitud y sus límites, que han trascendido hasta hoy y se han convertido en mitos funcionales de nuestras sociedades“. Es en esta capacidad de Beard para acercar Roma a la actualidad, para demostrar que nuestros dilemas ya estaban sobre el tablero hace 2.000 años, en donde radica la mayor parte de su éxito.

P.- En toda su obra late la idea de que en toda su historia, mítica y real, Roma deja claro su papel inclusivo y multicultural, ¿deberíamos recoger hoy ese mensaje? ¿Cómo?
R.- Sí, es cierto que Roma, tanto a nivel Imperio como a nivel ciudad, no solo era inclusiva, sino que además tenía una alta conciencia de serlo que estimaba mucho, porque no es lo mismo serlo por casualidad y no a propósito. Eso es algo que a nosotros nos sorprende hoy en día, pero lo que tenemos que tener en cuenta es que quizá no todo era de color de rosa, que también allí había xenofobia y marginalidad. Pero en líneas generales de esa cualidad del espíritu romano debemos sacar lecciones, porque lo describamos como lo describamos, un imperio exitoso, brutal o militarista, se construyó a base de incorporar a los extranjeros y no a base de excluirlos. Ellos lo hicieron de esa manera y nosotros, en cierto modo, estamos haciendo las cosas distintas. Aún así, la comparación no es posible a ningún nivel más que general, es una locura comparar el Imperio romano con la Unión Europea, pero aunque no nos adhiramos a su sistema, por lo menos debería servirnos para ver que existen otros caminos, otras vías posibles a las que está explotando Europa hoy en día.

El multiculturalismo de Roma debería servirnos para ver que existen otras vías posibles a las que está explotando Europa”

La intensiva visita de Mary Beard a nuestro país se ha cerrado esta tarde con otra conferencia, pronunciada en este caso en el auditorio de la Fundación Telefónica, en la que la historiadora británica se ha explayado sobre uno de sus temas favoritos, la perspectiva feminista, el análisis del papel de la mujer en ese mundo clásico que tan bien conoce y las consecuencias derivadas de esa visión antigua en la actualidad. “Quiero reflexionar sobre la silenciacion de la mujer desde el homerismo clásico hasta la Roma imperial y sobre alguna de las formas en las que las voces de las mujeres no se escuchan en las variadas esferas de nuestro mundo actual. Una sordera generalizada en nuestra sociedad”, ha comenzado.

Así, bajo el título de Women’s speech, women’s power, Beard ha hablado de los discursos que han influido en el silenciamiento de las mujeres desde la Grecia antigua hasta la actualidad y el papel que juega la mitología clásica en nuestras propias representaciones del poder, o la ausencia de este, en el caso de las mujeres. “Este tema es mucho más complicado que una simple misoginia, a lo que alguna gente quiere reducir este problema”, se ha lamentado. “Hay una gran carga histórica detrás de la silenciación de las mujeres que se remonta a toda la tradición clásica grecolatina y que pervive hoy, pero ya va siendo hora de cambiarlo”.

 

9 septiembre 2017 at 10:00 am 1 comentario

El primer alcoholímetro de la historia: besar en la boca a la mujer romana

«Eso no estaba en mi libro de historia de Roma» relata curiosidades sobre aquella época recopiladas por el periodista Javier Ramos

Personaje de la ilustración de la portada del libro – ALMUZARA

Fuente:J. L. FERNÁNDEZ  |  ABC
5 de septiembre de 2017

¿Quién inventó los test de alcoholemia? Probablemente, los primeros fueron los romanos, que en el siglo VII antes de Cristo aplicaban una cruel ley que condenaba a muerte a la mujer por ingerir alcohol, al igual que por el adulterio, y la prueba consistía en besar en la boca a la sospechosa de haber empinado el codo. Es más, no solo la sometía a esta humillación su marido, sino también los familiares directos suyos, si así lo disponía él.

Se trata de una de las curiosidades contenidas en el libro recién publicado por la Editorial Almuzara, titulado «Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma», del periodista y comunity manager valenciano afincado en Alicante Javier Ramos de los Santos.

«Eran los inicios de la República y en esta ley se consideraba que el hecho de beber alcohol conducía al libertinaje de la mujer y a una posible infidelidad; luego, en la época del Imperio, las leyes fueron más laxas y benévolas», explica el autor, quien añade, además que «la mayoría de los matrimonios eran de conveniencia, con mucha diferencia de edad entre el marido -muy mayor- y la mujer, por lo que no había mucho amor, con lo que este gesto de acercar los labios a la boca, no solo besar, ya servía como prueba del supuesto delito».

Funeral de una mosca

Una de las anécdotas más cómicamente grotescas del libro revela como el célebre escritor Virgilio, autor de un clásico como la «Eneida», utilizó una ingeniosa treta para que el Estado no le expropiara unas tierras suyas, de las que se regalaban a militares para su retiro, en agradecimiento a sus servicios por la patria en el campo de batalla. Como se excluía a los terrenos en los que hubiera tumbas de familiares o mascotas, el insige literato dio sepultura a una mosca, como su animal de compañía.

«Al funeral acudieron plañideras y actores profesionales y hasta una orquesta, y el cadáver fue enterrado en un mausoleo digno de un emperador construido para la ocasión», relata Ramos.

Y es que en este libro, según su autor, «el lector descubrirá una Roma diferente, vigorosa y descarnada», que tuvo que hacer frente a los problemas cotidianos que plantean las grandes ciudades, que en poco difiere de los actuales. Así, en la capital del imperio «se tuvo que constituir el primer cuerpo de bomberos de la historia, un hecho que contribuyó a la especulación inmobiliaria y a los desahucios».

El autor, Javier Ramos de los Santos – ALMUZARA

Este entusiasta del periodo romano, que ya ha publicado otros textos históricos, recomienda ahora esta nueva obra como «un divertido manual en el que se cuentan hechos por los que los libros de historia pasan de puntillas u olvidan la mayoría de la veces»

Aun con esos asesinatos legales de esposas por beber alcohol o cometer adulterio, la sociedad romana evolucionó y «la mujer gozó de una dignidad y una autonomía similares, si no superiores, a las obtenidas por los movimientos feministas contemporáneos, gracias, en gran parte, a las movilizaciones que llevaron a cabo para reivindicar sus derechos. Así, puede decirse que las mujeres romanas fueron las inventoras del escrache», según el autor.

Prohibido lucir joyas

Manifestándose frente al foro, el ágora, consiguieron frenar otra norma que les perjudicaba, la ley oppia (por el apellido del tribuno romano que la defendía), después de las guerras con los cartagineses, que estipulaba que la mujer no debía hacer ostentación de joyas, abalorios.

Javier Ramos es periodista y experto universitario en Protocolo y Relaciones Institucionales. Con una larga experiencia profesional, ha trabajado en diferentes medios de comunicación como Diario 16, Las Provincias o 20 minutos.

Apasionado por la historia y los viajes, también ha colaborado para diferentes publicaciones relacionadas con estas temáticas, como: Clío, Medieval, Revista de Arqueología, Lonely Planet o Ágora Historia. En la actualidad ejerce de redactor freelance y community manager. Es administrador del blog lugaresconhistoria.com

 

6 septiembre 2017 at 9:27 am Deja un comentario

Octavio: el «hijo» de Julio César que aplastó a Marco Antonio y al Egipto de Cleopatra

  • Tras varios años compartiendo el poder, el heredero del imperator se decidió a derrotar a su compañero triunviro y convertirse en el primer emperador de Roma
  • En la batalla de Actium el victorioso Agripa hizo realidad las aspiraciones del hijo adoptivo del dictador asesinado en los Idus de Marzo

«The Battle of Actium» – Lorenzo A. Castro «National Maritime Museum»

Fuente: RODRIGO ALONSO |  ABC
28 de agosto de 2017

Fue en aguas griegas -frente a la costa de Epiro- donde Octavio (quien más tarde fue conocido como Augusto) escribió para siempre su nombre en la Historia gracias a la victoria sobre Marco Antonio y Egipto en la memorable batalla de Actium (31 a.c)

El que fuera reconocido por el mismísimo Cayo Julio César como hijo adoptivo tenía-gracias a esta épica victoria- vía libre para poder ostentar todo el poder en el que fue el mayor imperio de la antiguedad. Tras largos años en los que tuvo que lidiar con los asesinos de su padre y compartir el poder con Antonio y Lépido por fin había alcanzado el lugar que -en su opinión- le correspondía como descendiente del caído imperator.

Esta es la historia de cómo un joven con genio -pero carente de grandes habilidades militares- logró convertirse en el primer emperador de Roma.

La sangre del padre

La pugna entre Augusto y Marco Antonio tuvo su origen en el magnicidio en los Idus de marzo (15 de marzo del 44 a.C) del victorioso dictador Cayo Julio César. Como explica Pilar Fernández Uriel en «Historia Antigua Universal III: Historia de Roma», los perpetradores del asesinato (el cual fue llevado a cabo en el mismo Senado) fueron incapaces de predecir el resultado de su atentado contra la vida del que fuese «imperator» de las Galias.

Es necesario explicar, en lo que a la labor de César se refiere, que los bastos territorios bajo el control de Roma requerían un cambio en el sistema político con respecto a la fórmula republicana, cuya reinstauración era el prinicipal objetivo de los magnicidas. Como expresa Fernández Uriel, la transformación iniciada por el victorioso imperator no llevaba necesariamente a la imposición de una monarquía (la cual además constituía un delito sagrado). Simplemente, el momento reclamaba la instauración de una figura fuerte y capacitada en lugar de que el poder estuviese repartido entre las distintas familias patricias.

«La muerte de César» – Vincenzo Camuccini

Al mismo tiempo, la plebe romana tampoco acogió el asesinato con satisfacción. No en vano, César había llevado a cabo varias reformas que le habían granjeado buena fama entre el «populus». Fue así como el intento de volver a lo que, ya desde inicios del siglo I a.C, se consideraba una forma de gobierno caduca acabó por explotarle a los asesinos en la cara.

Cuando se producía el asesinato de César, el joven Octavio (su hijo adoptivo posteriormente conocido como Augusto) se hallaba fuera de Roma. Estaba en Apolonia, donde recibía formación militar junto a quien sería su mayor sustento y más destacado oficial en el futuro: el héroe de Actium, Marco Vipsanio Agripa.

Marco Antonio (sobrino y lugarteniente del difunto Julio que, a posteriori, fue el máximo rival de Octavio), supo aprovechar la defunción del otrora imperator de las Galias. Como señala Pierre Grimal en «El Siglo de Augusto», en la sesión del Senado del 17 de marzo -tan solo dos días después de que se llevase a cabo el atentado- el militar y político se opuso enérgicamente a la propuesta de conceder honores excepcionales a los asesinos, a los que por otra parte mantuvo sus cargos. También logró que se respetase la obra de gobierno de César, incluso los proyectos que aún no tenían fuerza de ley.

Los homicidas -como afirma el historiador Gonzalo Bravo en «Historia del Mundo Antiguo: Una introducción crítica»- no asistieron a la sesión ya que sabían que sus acciones no contaban con el beneplácito de gran parte del Senado. Además, gracias a la habilidad de Antonio -que consiguió mediante su panegírico en los funerales de César dirigir el odio del pueblo contra los asesinos- se acabó con cualquier posibilidad de volver a la situación anterior al gobierno del imperator.

Sin embargo, no todo fueron buenas noticias para el lugarteniente de César. Octavio (heredero legítimo) supo hacerse con la lealtad de gran parte del ejército y de la mayoría de los partidarios del difunto gobernante. El objetivo era ser reconocido como el más indicado para ocupar el puesto vacante de su padre adoptivo. Mientras tanto, Antonio, logró convencer al Senado de que le otorgase el gobierno de la Galia por un espacio de cinco años.

El Triunvirato

Como explica Bravo en su obra, los sucesos del año siguiente (43 a.C) fueron claves para la evolución posterior. Antonio se decidió a marchar contra el magnicida Décimo Bruto sin contar con la aprobación del Senado, que envió tras él al mismísimo Octavio y a los cónsules Hirtio y Pansa. Fue en Mutina (Módena) donde tuvo lugar el choque entre los dos ejércitos.

Pese a la victoria de las tropas senatoriales, el lugarteniente del extinto César logró huir y unirse a las tropas del general Lépido en la Galia. Aun así, el resultado de la pugna fue sumamente beneficioso para las aspiraciones de Octavio quien, tras la muerte en combate de Hirtio y Pansa, no tenía que compartir la gloria con nadie. Al mismo tiempo, su control del Norte de Italia a raíz de su triunfo en la campaña suponía un enorme peligro a ojos del Senado. Ante la negativa a la solicitud del joven heredero a prorrogar su consulado, este decidió marchar sobre Roma y ocuparla.

Una vez forzó su elección y la de Quinto Pedio como cónsules, Octavio tomó una serie de disposiciones de suma trascendencia que fueron el embrión del posterior Triunvirato. Como explica Bravo, promulgó la «Lex Pedia», mediante la cual se declaraba la guerra abiertamente a los asesinos de César y a Sexto Pompeyo (hijo de Pompeyo Magno y oficial de la flota romana). Al mismo tiempo, ponía punto y final a la enemistad senatorial con Antonio y Lépido. Esta medida fue tomada fruto de la necesidad, ya que -como afirma Fernández Uriel- ambos contaban con la lealtad de los ejércitos provinciales.

La paz entre los tres militares tuvo lugar en las cercanías de la ciudad de Bonomia (Bolonia) en noviembre del 43. Nacía de este modo el Triunvirato, conocido erróneamente -según explica Bravo- como el Segundo Triunvirato. Tras alcanzar el acuerdo se procedió a una división de los territorios romanos entre los integrantes. De este modo, Antonio conservó el gobierno de las Galias, Lépido se hizo con el control de Hispania y la Narbonense y Octavio logró África, Sardinia (Cerdeña) y Sicilia.

Marco Antonio – Juan Carlos Soler

Según explica Bravo, fruto de la condición plenipotenciaria de los triunviros se llevó a cabo, en apenas diez años, el asesinato de unos 200 miembros del Senado y otros 2.000 caballeros. Entre estos se encontraban no pocos individuos de suma importancia a nivel histórico, como es el caso del afamado orador Cicerón (diciembre del 43). También, a partir de este punto, los magnicidas comenzaron a caer poco a poco. En el 42 Antonio logró derrotar a Bruto y Cassio en la batalla de Filipos. Agripa y Lépido hicieron lo propio venciendo a las fuerzas de Sexto Pompeyo en Sicilia (36).

Durante este tiempo -como afirma Bravo en otra de sus obras: «Poder político y desarrollo social en la Antigua Roma»- Octavio «había restado protagonismo y prestigio político a Antonio». Debido a la necesidad de estrechar lazos entre los triunviros, tuvo lugar en el 40 el matrimonio entre el lugarteniente de César y la hermana del hijo adoptivo: Octavia. También se llevó a cabo un nuevo acuerdo que reformuló el reparto territorial.

A partir de este momento Antonio gobernó en Oriente, Octavio en Occidente y Lépido en África.

En su obra, Grimal afirma que, tras la derrota del hijo de Pompeyo el Grande, Octavio decidió levantar en el interior de Roma un templo a Apolo, a quien consideraba su dios. A este respecto, existía un escandaloso mito en la época según el cual el joven triunviro habría nacido de un abrazo entre su madre -Atia- y la divinidad griega. Esta idea, que rozaba los límites de lo aceptable por la sociedad del momento, nunca habría sido negada por el protagonista.

Antonio, mientras tanto, se instaló en la ciudad de Atenas junto a su esposa Octavia (a la que acabó repudiando al poco tiempo). Como se afirma en la obra «Poder político y desarrollo social en la Antigua Roma», el lugarteniente del difunto César empleó como excusa una campaña contra los partos en el 36 (en la que fracasó dando al traste con buena parte su influencia) para partir rumbo a Egipto con Cleopatra VII. Fruto de su relación con la afamada gobernante ptolemaica tuvo dos hijos.

Señala Fernández Uriel que Antonio «fue atraído enseguida por la vida en la corte y el pensamiento de los antiguos monarcas Ptolemaicos, donde iba asimilando la ideología oriental y transformándose en un monarca helenístico con su aspecto divino». Al mismo tiempo, el heredero militar de César, se dispuso a acometer pactos de vasallaje distintos a los llevados a cabo por Roma.

Octavio no dejó pasar la oportunidad que le brindaba la extranjerización de su rival. Mediante un empleo sublime de la propaganda logró hacer pasar a Antonio por un traidor a ojos del «populus» romano. Con ese fin se hizo con el testamento del consorte de Cleopatra -el cual se encontraba en el templo de las Vestales- y lo hizo público. Según parece -como señalan varios autores- el otrora héroe militar habría puesto por escrito, entre otras cosas, que la capital debía ser trasladada a Alejandría y sus hijos serían los herederos del Imperio. Sin embargo, existe la posibilidad de que este fuese falseado por su enemigo.

En principio Octavio -como señala Víctor San Juan en «Breve historia de las Batallas Navales de la Antigüedad»- no se atrevió a declarar a Antonio enemigo del pueblo romano, pero se decidió a desposeerlo de sus cargos y magistraturas. Se daban de esta forma todas las condiciones para que la ya irremediable guerra entre Roma y Egipto fuese declarada a finales del 32 a.C.

Actium

Como explica Grimal en su obra, con el inicio de las hostilidades culminaba la preparación de Octavio, la cual tuvo como inicio los idus de marzo. De este modo el heredero de César «ya no era un señor tratando de asegurar su dominio sobre el mundo, sino el campeón enviado por los dioses para salvar a Roma y al Imperio».

Parece ser que Antonio y Cleopatra llegaron a reunir un gran ejército terrestre (San Juan lo cifra en torno a los 80.000 efectivos) así como una enorme flota conformada por unos 500 navíos. Aun así, gran parte de la nobleza romana -que en su momento había apoyado al consorte de de la gobernante egipcia- acabó por abandonarle y unirse a la causa del hijo de César. En este contexto llegamos al inevitable desenlace: la batalla de Actium (2 de septiembre, 31).

El heredero de César, a parte de contar con unas tropas parejas en número y experiencia a las de Antonio, tenía junto a él a uno de los oficiales romanos más reputados y competentes de la historiaimperial: Marco Vipsanio Agripa, quien fue el encargado de guiar a los navíos del futuro Augusto en la decisiva batalla de Actium en las costas de Epiro (Grecia).

Busto de Cleopatra – ABC

La victoria marítima del formidable militar ante Antonio y Cleopatra tuvo como resultado el fin de la contienda entre los dos herederos de César. La egipcia partió apresuradamente con sus naves toda vez que la batalla estaba virtualmente perdida. Por su parte, el consorte se dispuso a seguirla con rumbo a las tierras del Nilo. Como explica Bravo, el resto de su flota y ejército se unieron a Octavio, quien ahora contaba con unas 50 legiones.

Fue al año siguiente (agosto del 30) cuando el victorioso heredero llegó a Alejandría acompañado por un gran número de tropas. Ante la negativa de este a llegar a un acuerdo razonable con sus enemigos, Antonio y Cleopatra optaron por el suicidio como la salida más honrosa. No querían convertirse en el «triunfo vivo» de su rival.

Estatua de Augusto – ABC

De Octavio a Augusto

Como explica Fernández Uriel, al margen de la anexión de Egipto al Imperio romano, las consecuencias de Actium fueron mucho más importantes. A partir del triunfo de Octavio el Imperio estaba unido bajo un único «princeps»: Augusto (el nuevo «cognomen» de Octavio).

Se daba así el pistoletazo de salida a una nueva etapa de estabilidad tras las constantes convulsiones fruto de las guerras fratricidas y la inestabilidad tardo republicana.

Augusto, el primer emperador romano, acabó siendo -además de divinizado- una de las figuras más renombradas y representativas de la antigüedad. Su victoria sobre Antonio -amén de su maestría en el empleo de la propaganda- supuso que fuese reconocido como «Restitutor Pacis» (restaurador de la paz).

 

28 agosto 2017 at 10:09 am Deja un comentario

Mary Beard afronta las críticas por defender la “diversidad” del Imperio Romano

  • La historiadora británica ha denunciado un “torrente de insultos negativos” a través de las redes sociales.
  • Beard defendió un vídeo en el que uno de los legionarios romanos era negro.
  • J. K. Rowling y Diane Abbott han apoyado a la premio Princesa de Asturias.

Mary Beard ha sido reconocida con el premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016 (ARCHIVO)

Fuente: EFE  |  20minutos.es
7 de agosto de 2017

La historiadora británica Mary Beard, premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de 2016, se ha visto envuelta en una “tormenta” de críticas por afirmar que la “diversidad étnica” era común en las islas británicas en la época del Imperio Romano.

La Universidad de Cambridge, donde es catedrática, expresó este lunes su respaldo oficial a la historiadora, que ha denunciado en una columna en la revista The Times Literary Supplement que ha sufrido “ataques” y un “torrente de insultos agresivos” en las redes sociales.

La polémica comenzó cuando Beard defendió un vídeo educativo de la cadena pública BBC sobre los romanos en la antigua Britania, en el que uno de los legionarios de alto rango que aparece es negro, una interpretación que la conocida divulgadora del mundo clásico considera “bastante acertada”.

“La evidencia de que Britania era en efecto una sociedad multiétnica es abrumadora”, señala la universidad en una nota que incluye cinco referencias bibliográficas de consulta.

Personajes conocidos como la escritora J.K. Rowling, la política laborista Diane Abbott y la exbecaria de la Casa Blanca Monica Lewinsky, conocida por su relación con el expresidente de EE.UU. Bill Clinton, han apoyado públicamente asimismo a Mary Beard.

Las críticas, sin embargo, han arreciado en la red, donde el ensayista Nassim Nicholas Taleb, conocido por su libro superventas The Black Swan, ha cargado las tintas contra la historiadora y el vídeo divulgativo sobre Britania.

“La BBC estaba aplicando cuotas de manera retroactiva (realmente retroactiva)”, escribió en su blog el académico, que en enero ofreció en la Universidad de Cambridge una charla sobre “eventos extremos y cómo convivir con ellos”. Taleb criticó lo que él considera la “policía de lo políticamente correcto” y sentenció que “la academia está muerta en el Reino Unido”.

La divulgadora considera que el soldado negro de alto rango representado en la BBC puede estar basado en Quintus Lollius Urbicus, que llegó a ser gobernador de Britania, provincia romana en isla de Gran Bretaña, entre los años 139 y 142 después de Cristo.

 

17 agosto 2017 at 8:41 am 1 comentario

No todos los romanos eran blancos: el imperio era más diverso de lo que parece

Un tuitero de la alt-right cree que los romanos eran blancos: los historiadores le corrigen

Una escena del vídeo de la BBC

Fuente: JAIME RUBIO HANCOCK  |  Verne
27 de julio de 2017

Britania, siglo II d.C. Un legionario romano de alto rango da instrucciones a sus soldados para construir un fuerte cada milla. Así comienza un vídeo divulgativo para niños de la BBC que muchos consideran muy poco acertado. ¿La razón? El legionario no es blanco y, para unos cuantos, esto supone ceder a la dictadura de lo políticamente correcto. Pero sí, había legionarios negros, a pesar de que no recordamos ninguno de las películas clásicas de romanos.

La queja racista ha viralizado especialmente después de un tuit de Paul Joseph Watson, que escribe en la web conservadora y conspiranoica Infowars (conocida por propagar bulos como el pizzagate, que alegaba que una pizzaría era el epicentro de una red de pedofilia ligada a Hillary Clinton). Watson lamenta con sarcasmo que se retrate esta provincia romana como “étnicamente diversa. Es decir, ¿a quién le importa la precisión histórica?”.

 

Su tuit se ha compartido más de 2.800 veces y suma 1.400 respuestas. Pero, como le contesta también en Twitter la historiadora Mary Beard, premio Princesa de Asturias, este vídeo es, “de hecho, preciso, hay muchas pruebas firmes de la diversidad étnica en la Britania Romana”, el nombre que daban los romanos a la provincia que ocupaba el centro y sur de la actual isla de Gran Bretaña. El hecho de que la BBC escoja a un protagonista romano de color sirve para poner de manifiesto una realidad a menudo olvidada.

 

Coincide con esta idea Jordi Cortadella, profesor de Historia Antigua en la Universidad Autónoma de Barcelona: “El imperio romano y la legión eran mucho más variopintos de lo que podamos imaginar”, explica a Verne en entrevista telefónica. Un legionario negro “no es descabellado”, aunque sí “raro” si nos referimos en concreto a subsaharianos: “Cruzar el Sáhara en una época en la que aún no había dromedarios en la región era muy difícil”. Eso sí, “los esclavos negros eran buscados y apreciados”, y muchos acababan formando parte “de las legiones o de las tropas auxiliares. En Britania había destacamentos del norte de África”.

También ha respondido en Twitter el profesor de historia británico Mike Stuchbery, que recuerda en una serie de tuits que las legiones se formaban de soldados de todas partes del imperio, incluido el norte de África y Oriente Próximo, y que había ciudadanos británicos de clase alta procedían del Norte de África. En otras respuestas a Watson y saliendo de Britania, también se recuerda a San Mauricio, comandante de la Legión Tebana durante el siglo III, integrada por cristianos egipcios.

Una sociedad étnicamente diversa

La diversidad no era exclusiva de Britania, por supuesto. Mary Beard ha escrito sobre este tema en varios de sus artículos publicados en The Times e incluidos en su libro It’s A Don’s Life.

Por ejemplo, en “Racismo en Grecia y Roma”, Beard explica que ambas sociedades desconfiaban de (y en ocasiones despreciaban a) los extranjeros. “Pero no se preocupaban mucho por el color de la piel”. Y en su libro SPQR añade que con la expansión del imperio se redefinió la palabra “latino” hasta el punto de que “dejó de ser una identidad étnica para referirse a un estatus político sin relación con la raza y la geografía”.

De hecho, sigue sin saberse exactamente cómo de multicultural era la población del Imperio, entre otras cosas porque no se prestaba atención a esta cuestión. A esto se unía que “no había una clase homogénea de esclavos, o una raza o color diferente para sus señores”, además del hecho de que a muchos esclavos se les concedía la libertad. Todo esto “hizo que los ciudadanos romanos fueran el grupo más diverso étnicamente antes de la época moderna”.

Cortadella describe la Roma clásica como “una gran metrópoli comparable a Londres o París en el siglo XIX, o a Nueva York en los siglos XX y XXI”, y que a menudo visitaban embajadores de otras provincias, acompañados de su séquito. Eso sí, la capital era más diversa que el resto del imperio “del mismo modo que Nueva York no se parece tanto al resto de Estados Unidos”.

En Hispania, por ejemplo, esta diversidad depende de si hablamos de la costa o del interior: “Ciudades como Tarraco, Cartago Nova o Gadir eran muy cosmopolitas, debido a la relación marítima con Roma y el resto del imperio. Las ciudades del interior, como Mérida, Córdoba y Iesso (la actual Guissona), eran más heterogéneas”.

Esto no quiere decir que no hubiera inquietudes y fricciones al respecto: muchos se cuestionaban si con tanto esclavo liberado se estaba perdiendo la esencia de la romanidad y otros se quejaban de lo poco que hacían los extranjeros para integrarse, como escribe Beard en un artículo en el que a pesar de todo habla de Roma como una especie de “crisol de culturas”, en la que nadie habría entendido el significado del término “inmigrante ilegal”.

El primer emperador africano

Septimio Severo (146-211) nació en la actual Libia, hijo de un libio y de una europea. Fue el primer emperador romano nacido en el norte de África. Cortadella explica que era “de estirpe bereber y no cabe duda de que su tez era morena”. Y añade: “Esto para Roma no era ningún problema, ya que era una sociedad muy abierta tanto étnica como religiosamente”. Lo importante era “adorar al emperador, que es el equivalente a jurar la Constitución”, además de obedecer las leyes y pagar los impuestos.

Septimio Severo y su familia Museo de Arte Antiguo de Berlín

Beard añade que aunque “probablemente no era negro (cosa que se discute en ocasiones), seguramente no era tan blanco como se deduce de muchos de sus bustos de mármol”. Beard apunta que algunos bustos lo muestran con rasgos africanos, mientras que en otros aparece igual que cualquier otro emperador romano. Lo mismo ocurre con su hijo, Caracalla, de madre siria.

¿Y por qué persiste esta imagen de una Roma europea y blanca? ¿Es por las películas? ¿Es porque los libros de historia no se han ocupado de este asunto? “Roma ha sido reinterpretada en todas las épocas -explica Cortadella-. No se tenía la misma idea de Roma en la Edad Media, que en la Ilustración, que actualmente, cuando tenemos una imagen más parecida a Estados Unidos que a lo que realmente fue el Imperio Romano. Por eso vale la pena redescubrir Roma”.

 

27 julio 2017 at 4:48 pm Deja un comentario

El tupé más famoso de la antigüedad

Alejandro Magno fue una referencia en el mundo romano, una figura que imitar hasta en el peinado

Detalle del mosaico de Isos en el que el conquistador macedonio, melena (y tupé) al viento, carga contra las tropas de Darío III. El mosaico, copia de una pintura griega, fue hallado en la Casa del Fauno, en Pompeya. (DEA / M. CARRIERI / Getty)

Fuente: FÈLIX BADIA LA VANGUARDIA
12 de mayo de 2017

Hace 2.000 años, para ser alguien en la alta política romana, había que parecer, emular, recordar o evocar, aunque fuera remotamente, a Alejandro Magno, el mítico caudillo macedonio que tres siglos antes había construido en tiempo récord un imperio en el sudeste de Europa y Asia. Y había que hacerlo con las obras, pero también con las formas.

Literalmente. Pompeyo, el aliado –primero– y archirrival –después– de Julio César lo creía a pies juntillas, y tras conquistar a sangre y fuego buena parte de Oriente Medio, como hiciera en su día Alejandro, asumió también el apelativo de Magno y, un detalle no tan menor como pudiera parecer, decidió lucir tupé, el característico rasgo del conquistador griego y tal vez uno de los peinados más famosos de la antigüedad.

No se trataba por supuesto de un tupé de aire rockabilly o que anticipara la opinable estética de Donald Trump, sino del peinado que los griegos llamaban ‘anastole’ (poner hacia atrás). A Alejandro se le había representado con él tanto en monedas y esculturas como en pinturas y mosaicos, como el de Isos hallado en Pompeya, en que se le representa en plena carga contra el último rey persa, Darío III.

Pompeyo Magno se hizo representar con un tupé parecido al de Alejandro, y con sus conquistas llegó incluso a emular sus éxitos. Todo ello años antes de perder, literalmente, la cabeza en las costas de Alejandría (Getty)

Para cuando, casi 300 años después, Pompeyo estaba alcanzando el cenit de su celebridad, la figura del conquistador griego se vinculaba de forma inseparable al peinado, así que le faltó tiempo para intentar acercar su imagen a la del general heleno. “Su pelo –explicaba Plutarco– tendía a levantarse en la parte de alta de su frente, y eso (…) producía un parecido, más comentado que real, a las estatuas de Alejandro”.

El detalle es algo más que una anécdota. Peinados al margen, la explotación de la imagen de los líderes y su semejanza o no respecto a los mitos del momento tuvo un papel fundamental en el despiadado juego político del fin de la república (siglo I antes de Cristo). Un uso de la imagen pública que alcanzaría años después su punto más alto ya en el imperio con el reinado de Augusto, quien gracias a ello podría cimentar su poder.

El uso de la representación del líder que se hizo en la antigüedad, recuerda a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, hasta la dulcificada imagen Obama con las mangas eternamente arremangadas que transmitían su disposición a trabajar por su país.

Salvando los siglos transcurridos, este uso de la representación del líder recuerda, y mucho, a la comunicación política del siglo XX e inicios del siglo XXI: desde el culto a la personalidad en las dictaduras –la icónica representación de Stalin con su mirada a lo lejos para guiar al destino del pueblo, o los brazos cruzados de Hitler mostrando fortaleza–, hasta la dulcificada imagen de los políticos en los sistemas liberales –con las mangas eternamente arremangadas de Obama que transmitían su disposición a trabajar por su país–.

Para un político ambicioso, y en la turbulenta Roma del siglo I antes de Cristo los había a decenas, vincularse, pues, a las mayores celebridades del mundo clásico era fundamental. Pompeyo no se limitó al peinado, sino que incluso llegó a visitar la tumba de Alejandro Magno para hacerse con la capa del conquistador. También la visitaron después los emperadores Calígula, que tomó prestada su coraza, y Augusto, que, no se sabe exactamente cómo, rompió de forma involuntaria la nariz de su momia. Con este ritmo de expolio, no es extraño que la ubicación de los restos de Alejandro, suponiendo que aún existan, sea hoy uno de los grandes misterios de la arqueología.

Para un dandi como Julio César la calvicie fue un verdadero tormento. No ayudaba que la tradición romana considerara la alopecia como un signo de mala salud y de poca masculinidad (Getty)

Julio César también veneraba la figura del conquistador macedonio. Suetonio cuenta que, cuando el que más tarde sería dictador pasó por delante de una estatua de Alejandro en Hispania, se echó a llorar. ¿La razón? Tenía en aquellos momentos 33 años, la misma edad a la que había muerto el caudillo griego, y no había alcanzado hasta el momento ningún logro con el que pasar a la posteridad. Aunque hay dudas sobre la certeza de la anécdota, lo que sí parece claro es la influencia que la imagen de Alejandro tenía en el poder establecido del momento. Quién sabe si Julio César habría deseado también lucir el legendario tupé del conquistador. Sin embargo, tenía un problema prácticamente insalvable: una calvicie precoz.

Es cierto que la imagen era un factor de primer orden que los líderes romanos se apresuraban a explotar a fondo, pero, de la misma manera, constituía un factor que los podía convertir en blanco de las críticas de sus adversarios, y Julio César los tenía en cantidades ingentes. En la cultura romana, la calvicie tenía muy mala prensa, en especial, si era prematura, porque el pelo se consideraba un símbolo de fuerza, virilidad, juventud y fertilidad, y, por tanto, se pensaba que quien la sufría adolecía de falta de esas características. “Feo es el campo sin hierba, y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”, escribió Ovidio. Por eso, uno de los grandes hombres de la antigüedad, el mismo que conquistó Galia y Egipto, y el que puso los cimientos de uno de los imperios más importantes que ha visto el planeta, vivió en realidad atormentado por su falta de cabello.

Los enemigos de Julio César se cebaron en su calvicie, Adriano expresó su amor a Grecia al dejarse barba, y Cómodo ostentó espolvoreándose oro en el pelo

El médico y licenciado en Humanidades Xavier Sierra Valentí explicaba hace unos años en un artículo publicado por la revista ‘Piel’, que Julio César pasaba largas horas intentando disimular su falta de pelo y que incluso se peinaba hacia adelante, porque no soportaba las burlas de sus detractores. Sierra añade que, según Suetonio, obtuvo permiso del Senado para llevar en todo momento la icónica corona de laurel como un honor que además le permitía disimular su falta de pelo. No obstante, no todos veían un problema en su calvicie según textos clásicos, que señalan que sus tropas, al regreso de una de sus conquistas, cantaban por las calles: “Ciudadanos, guardad vuestras esposas, traemos a un calvo adúltero”.

En cambio, la aristocracia romana tradicional veía en Julio César, además de un enemigo político, a un perfil contrapuesto a los valores conservadores de la República romana, y por ese motivo, explotaron a fondo su lado más frívolo y su fama de playboy. El que sería el hombre más poderoso de su época y uno de los militares más audaces de su tiempo era también un fashionista, pero, como explica Tom Holland en ‘Rubicón’ (Ático de los Libros), sus cinturones de color naranja y sus ropas demasiado holgadas para el gusto canónico del momento fueron aprovechados en campañas en su contra, de la misma manera que su estilo de vida. “Hombre de todas las mujeres y mujer de todos los hombres”, se decía de él en referencia a su comentada y promiscua bisexualidad.

Como todos los emperadores, en cuanto a la moda Adriano era un prescriptor de tendencias. Fue él quien puso de moda la barba en Roma, una estética que hasta entonces se consideraba bárbara en la capital del imperio (Leemage / Getty)

Si bien la alopecia no estaba bien vista, llevar barba era incluso peor porque se veía como una costumbre de bárbaros. Por eso, un ciudadano que cuidara su imagen debía pasar a menudo por el tonsor, un barbero verdaderamente temible encargado de mantener a los varones romanos dentro de la civilización. Ponerse en sus manos no parece que fuera una experiencia especialmente agradable, porque no se utilizaban cremas para el afeitado y porque el instrumental, por afilado y cuidado que fuera, distaba mucho de tener la sofisticación actual.

Así pues, los nobles romanos debían de ser personas de piel acerada, porque era muy raro que alguno de ellos renunciara a afeitarse, al menos durante el siglo I. Sin embargo, con la llegada de Adriano (76-138) y su barba ensortijada, las cosas empezaron a cambiar. Como el resto de los emperadores, este fue un verdadero creador de tendencias. Pero, como en el caso de Pompeyo o de Julio César, esas tendencias eran más que simple estética para traspasar de nuevo el umbral de la comunicación política.

Tras la muerte de su hermano Geta, Caracalla proclamó la ‘damnatio memoriae’ (que se eliminara toda referencia a él). En la imagen Caracalla de niño (derecha) y a su lado Geta, borrado (Getty)

En este sentido, la barba de Adriano era una declaración de intenciones: si el vello facial había sido considerado poco civilizado en Roma, en Grecia, en cambio, el punto de vista era el opuesto, y el nuevo emperador era un enamorado de todo lo que guardaba relación con el mundo helénico. El look adriánico se completaba con un vistoso pelo rizado, posiblemente gracias al calmistro, una herramienta que se calentaba al fuego y luego se aplicaba al pelo. Una técnica sólo para valientes.

La moda de Adriano se siguió durante mucho tiempo. Bastantes años después, al emperador Caracalla (188-217), famoso entre otras cosas por las gigantescas termas que mandó construir en Roma y por haber solucionado la rivalidad con su hermano Geta por la vía rápida –el asesinato–, se le representaba con barba y pelo rizado. Y cara de pocos, muy pocos, amigos. Cómodo (161-192), al que la tradición describe como un emperador sanguinario, paranoico y apasionado de los juegos de gladiadores –tanto que incluso llegó a lanzarse a la arena–, fue otro de los que se apuntaron a esa moda, aunque le dio una vuelta a la tuerca, al, según algunas versiones, espolvorearse el pelo con oro y hacerse representar como Hércules, en, una vez más, un mensaje político. Los tiempos habían cambiado, y donde Pompeyo dos siglos antes evocaba a un conquistador, Cómodo prefería identificarse, directamente, con un semidiós, hijo del mismísimo Júpiter.

Paranoico, sanguinario, ostentoso… a juzgar por las fuentes clásicas, el emperador Cómodo –el de ‘Gladiator’– no fue precisamente un repositorio de virtudes. En la imagen, personificado, ni más ni menos, que como el semidiós Hércules (DEA / G. DAGLI ORTI / Getty)

 

12 mayo 2017 at 10:47 am Deja un comentario

Entradas antiguas


Follow La túnica de Neso on WordPress.com
logoblog2.gif
Licencia de Creative Commons
Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

Twitter

Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

Tempestas

CALENDARIO

septiembre 2017
L M X J V S D
« Ago    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930  

Archivos

Inscriptio electronica

Amici Chironis

Apasionados del mundo clásico

Suscríbete a esta fuente